No temeré – Ene 8

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Señor es mi Pastor

Aviva Nuestros Corazones

Ene 8 – No temeré

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/no-temere/

Annamarie Sauter: Tan a menudo vivimos en temor… ¿Sabes cuál es el antídoto?

Nancy DeMoss Wolgemuth: El hecho de que la presencia de Dios es real, es el antídoto para cada temor. No es el hecho de que sientas que Dios está contigo, no es el hecho de que pienses que Dios está contigo, ni tampoco que percibas la presencia de Dios, sino el hecho de que Él está ahí. Esa es la cura. Esa es la solución. Ese es el antídoto a todo temor. Mientras caminas por el valle, Él camina contigo acompañándote para compartir la experiencia contigo.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Necesidad e incertidumbre. Es algo que experimentamos en este mundo y ante lo cual debemos pausar y reflexionar, «¿responderé en temor o responderé con fe?». Hoy Nancy nos hablará acerca de cómo podemos responder con fe, como parte de la serie titulada, «El Señor es mi Pastor».

Nancy: Si entras al internet y buscas una lista de fobias, encontrarás una colección de más de 500 temores y fobias recopilados por un hombre llamado Fredd Culbertson. No estoy segura de por qué escogió este pasatiempo.

Déjame leerte unas cuantas. Es toda una lista en orden alfabético. Veamos si tienes alguno de estos temores: 

Nictofobia: Miedo a la oscuridad

Acrofobia: Miedo a las alturas

Agateofobia: Miedo a la locura

Agliofobia o algofobia: Miedo al dolor

Aicmofobia: Miedo a objetos cortantes o punzantes

Anuptafobia: Miedo a permanecer soltera

Quizás en los años que estuve soltera tuve esa fobia 

Apifobia: Miedo a las abejas

Araquibutirofobia: Miedo a que la mantequilla de maní se te pegue al paladar.

Atomosofobia: Miedo a una explosión atómica. 

Eso sí debería darnos miedo. 

Atiquifobia: Miedo al fracaso 

Y aquí hay una que tomé de la sección de la letra «P»:

Penterafobia –de seguro la has experimentado: Miedo a la suegra. 

Bueno, estamos en el Salmo 23, y el tema del temor aparece aquí. Tenemos un Buen Pastor, uno que nos ama, uno que provee para nosotras, uno que ministra a nuestras necesidades, pero a veces podemos estar en medio de circunstancias que nos asustan, lugares que nos causan temor. 

El salmista dice en el versículo 4: «Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo». No temeré mal alguno. 

El salmista reconoce aquí que existe el mal. Esto no quiere decir que nunca vas a enfrentar el mal. No quiere decir que Dios te va a colocar en este pequeño capullo, en esta burbuja de protección donde nunca vas a experimentar dolor o problemas. Vas a pasar por el valle.

Recuerda que en el programa anterior dijimos que el pastor dirige a sus ovejas de los lugares bajos a los terrenos más altos, pero que tienen que pasar por unos barrancos oscuros y profundos que son peligrosos. Dios nos está llevando a lugares más altos. Nos está llevando a parecernos más a Jesús. Nos está santificando y un día seremos glorificadas. Pero mientras, nos está transformando para que seamos como su Hijo Jesús. 

Pero en este proceso tenemos que enfrentar el mal, así como Jesús lo hizo en este mundo. Él fue tentado por el maligno. Fue probado. Estuvo cansado. Hay una cruz en nuestro evangelio. De hecho, si no hay cruz, no hay evangelio. No habría salvación si Jesús no hubiera caminado por el valle de profunda oscuridad. 

Así que, mientras seguimos Sus pasos, Dios nos guia a tomar nuestra cruz y a seguirle. En este mundo hay oscuridad. Hay muerte. Hay maldad. Pero la clave aquí es que no tenemos que temer porque el que es justicia, el que es luz, el que es vida, está con nosotros. «No temeré mal alguno porque tú estarás conmigo».

Hebreos capítulo 2 nos dice que como nosotros somos carne y hueso, Jesús mismo tuvo que hacerse de carne y hueso. Y dice en los versículos 14 y 15: «para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo, y librar a los que, por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida».

Esa es la victoria del calvario. Es ahí donde Jesús aplastó a la serpiente. Es ahí donde la despojó de su poder. Satanás ha mantenido a las personas en esclavitud, en cautiverio, durante todas sus vidas usando el temor a la muerte, usando el temor al valle de profunda oscuridad, el valle de sombra de muerte. El evangelio es que Jesucristo vino a darte libertad de la esclavitud, libertad del cautiverio, libertad del temor a la muerte, libertad del temor al valle de profunda oscuridad. 

Así que sí, algunas circunstancias nos causan temor. Es real. No es fingido. Los barrancos son reales. Las rocas filosas son reales. La oscuridad es real. Las hienas en esos barrancos, en esos lugares oscuros, son reales. 

Jesús estuvo en el desierto donde había animales salvajes. El Evangelio de Marcos nos da ese pequeño detalle. Es importante porque caminamos en lugares donde hay animales salvajes, donde hay maldad. Pero el temor no nos agobia. No nos paraliza. No nos destruye. No nos pone en cautiverio. La maldad a nuestro alrededor puede ser muy grande, muy real, muy poderosa. 

Algunas de ustedes quizás están en ambientes de trabajo o en un lugar donde la presencia del mal está presente día tras día y vives con ello. Tal vez estás justo en el centro de la voluntad de Dios ahí. Pero de acuerdo a la Palabra de Dios, Él te guía y Él va contigo en el valle de profunda oscuridad; así que no debes temer al mal porque Él está contigo.

No importa cuán grande sea el mal a tu alrededor… el que está contigo es mayor.

Es interesante que, hasta este punto en el salmo, David ha estado hablando acerca de su pastor. Ha usado términos dulces, íntimos, preciosos. Pero ahora, en este valle de profunda oscuridad, él empieza a hablarle al pastor. En el lugar donde el peligro, el temor y la amenaza es mayor, él hace esta declaración de fe. 

«No temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo» (v. 4).

En la profunda oscuridad, a veces no puedes ver al pastor, a veces no percibes que Él está ahí. Pero David está diciendo, «voy a expresar fe en lo que sé que es verdad aun cuando todo a mi alrededor parece gritar, ¡Dios no está aquí! Dios me ha abandonado. Estoy solo».

Lo que él está diciendo es,«tal vez me siento así. Tal vez no puedo ver a Dios en este momento. Tal vez no percibo la presencia de Dios en mi vida. Pero el hecho es que Él está conmigo. Sé que es verdad. Es verdad sin importar si lo siento o no».

¿No es cierto que Dios está más cerca de nosotras, es más amado, más personal cuando estamos pasando a través de dificultades y dolor, si le permitimos ser nuestro pastor? Cuando las cosas prosperan, cuando tenemos esos pastos verdes, esas aguas de descanso, hablamos de Dios. Pero cuando venimos al valle de profunda oscuridad, le hablamos a Él.

Esto no es solo un conocimiento teórico y teológico de la presencia de Dios, es un hecho. Él verdaderamente está aquí conmigo, en estas circunstancias, en este hogar, en esta relación, en esta situación sobre la que no tengo control. Él está aquí. 

Tal vez camines por el valle de profunda oscuridad, y a veces así será. Pero si Él es tu Pastor, si tú eres Su hija, nunca vas a pasar por el valle sola.

Dejame decirte, si no eres su oveja, si no tienes una relación personal con Jesucristo, entonces ese valle de profunda oscuridad, el valle de muerte, es algo temible porque tendrás que pasar por él sola y no podrás hacerlo sola.

He visto personas vivir tragedias y pruebas, aun hasta el punto de morir sin Cristo; y es inimaginable para mí que puedan hacerlo, porque no hay esperanza. Y si no tienes la presencia de Dios contigo, estás en verdaderos problemas y no puedes hacerlo. Pero para un hijo de Dios hay esta certeza, «Él está conmigo. El Pastor está conmigo». 

¿No es eso lo que cantamos en ese hermoso himno, Grande es tu fidelidadTierno me guías por sendas de paz; eres mi fuerza, mi fe, mi reposo, y por los siglos mi Padre serás.

Cuando necesitas ánimo, cuando necesitas guía, cuando estás en el valle de profunda oscuridad, ahí es donde encontramos Su presencia. 

Isaias capitulo 43:1-2, dice:

«Mas ahora, así dice el SEÑOR tu Creador…el que te formó… No temas, porque yo te he redimido, te he llamado por tu nombre; mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo, y si por los ríos, no te anegarán; cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama te abrasará» (LBLA)

¿Por qué? ¿Por qué no debes temer? Porque Él dice, «Yo estaré contigo».

No conozco una promesa más alentadora en toda la Palabra de Dios. No conozco nada mejor a que aferrarme en cada circunstancia y época de la vida, que a la realidad, a la promesa de que Dios está conmigo. 

La realidad, el hecho de la presencia de Dios, es el antídoto para cada temor. No el hecho de que sientas que Dios está contigo, no el hecho de que pienses que Dios está contigo, no el hecho de que percibas la presencia de Dios, sino el hecho de que Él está ahí. Esa es la cura. Esa es la solución. Ese es el antídoto para todo temor. 

Y mientras caminas a través de ese valle, Él camina contigo. Él comparte esa experiencia contigo.

Hablé con una esposa recientemente y tanto ella como su esposo están caminando por un valle de profunda oscuridad. Pero ella me dijo, «no estamos haciendo esto solos». ¿Y no te llena de consuelo, de esperanza, que no estás atravesando sola ninguna situación en tu matrimonio, ni en tu vida, ni en tus relaciones? Él es tu compañero. Él es el guía y te lleva a través del valle para mostrarte la salida. Es muy oscuro ese valle. No podemos ver. 

Pero mi Señor conoce el camino a través del desierto. Todo lo que tienes que hacer es seguirlo. Él es un buen protector. Él es el consolador. Él está ahí en todos esos tiempos. Solo piensa, el Dios del universo que es alto y está en el cielo, que llena el universo, Él está contigo. Él está conmigo. 

Tal vez estás enfrentando algún desastre o catástrofe o problema o presión en tu vida, pero sea lo que sea, no lo estás enfrentando sola. El Señor está contigo. 

Esta promesa de la presencia de Dios contrasta grandemente con lo que leemos en el salmo anterior donde escuchamos estas palabras de desesperación, de angustia, «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»

Ahí es cuando se nos recuerda que solo una Persona, solo Jesús, solo Cristo, pudo decir estas palabras a Dios: «¿Por qué me has abandonado?» Y ese es el Señor Jesucristo, el gran Pastor de las ovejas, quien llevó sobre Sí nuestros pecados en la cruz. Dios le dió la espalda a su Hijo. Jesús fue abandonado en la cruz por el Padre.

Pero como Él pasó por el calvario por nosotros y estuvo dispuesto a ser abandonado por Dios, ningún hijo de Dios tiene que decir jamás: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»

Podemos sentirnos solas, abandonadas. El sentirlo no es un pecado. Lo que es pecado es asumir que lo que sientes es un hecho. El hecho es que no has sido abandonada, no estás sola. Él está contigo.

Recuerdo un tiempo en mi vida cuando todo estaba oscuro como resultado de diferentes circunstancias y pérdidas que había experimentado. Era uno de esos puntos, realmente el único que he vivido como ese, donde todos, todos los cimientos de mi vida parecían sacudirse. Cosas de las que antes siempre estaba segura ahora las cuestionaba. Estaba llena de dudas. 

Durante meses tuve muy poco sentido de la presencia de Dios en mi vida. Como dijo Job, «veo a la derecha, veo a la izquierda, veo frente a mí, veo detrás de mí, y no puedo encontrar a Dios». 

Pero después, en su angustia, Job recuerda, tal vez yo no pueda ver a Dios pero Él me ve a mí. Él está ahí. Job 23, dice: «Pero Él sabe el camino que tomo; cuando me haya probado, saldré como el oro» (vv.9-10).

Miro hacia atrás a esa experiencia y veo claramente que Dios estuvo ahí todo el tiempo. Él nunca se fue. Nunca me dejó. Aunque quisiera decir que pasé por esa experiencia sin temor, no fue así, no confié en mi Pastor. 

Meses después de pasar por esa experiencia recuerdo que me desperté a media noche con una canción en mi corazón. No había tenido canciones en la noche durante meses y meses. 

Recuerdo haber pensado, «¿por qué dudé de mi Pastor?» Y era tan claro para mí. Él estaba ahí. Él está ahí. ¿Por qué dudé de Él?

¿Por qué dudo ahora? No hay razón. El Señor es mi Pastor.

Como dice este antiguo himno: 

«El alma que anhele la paz que hay en mí,

 jamás en sus luchas la habré de dejar.

Si todo el infierno la quiere perder, 

yo nunca, no nunca la puedo dejar, 

nunca, no nunca la habré de dejar».

Así que, hemos visto: 

«El Señor es mi pastor, nada me faltará; en lugares de verdes pastos me hace descansar; junto a aguas de reposo me conduce. Él restaura mi alma; me guía por senderos de justicia por amor de Su nombre. Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo; Tu vara y Tu cayado me infunden aliento».

Recuerda que este es el mismo versículo donde David está hablando de caminar por el valle de profunda oscuridad. Es un lugar donde necesita y anhela ser consolado, donde necesita aliento. La palabra confortar tiene unos sinónimos en el Antiguo Testamento. Puede significar «animar, consolar, avivar, alentar, alegrar, vigorizar, alegrar el corazón, estimular, refrescar».

La palabra confortar en inglés, es una palabra compuesta por, «con» y «fort», que al ponerlas juntas significa, «con fuerza, devolver la fuerza cuando tu corazón ha perdido el consuelo; cuando ha perdido el vigor». Confortar significa que Dios está devolviendo fuerza a nuestros corazones. 

Me gusta lo que un escritor dijo, un comentarista de los salmos. Él escribió: «El confortar o consolar o animar, es ayudar a otro que está ahogado en dolor y temor a respirar libremente y darle aire a su corazón». 1

¿No te trae esto a la memoria tiempos cuando has estado ahogada en dolor y miedo? Cuando has estado llorando tanto que apenas puedes respirar. Puede ser exteriormente, literalmente, o en lo más profundo de tu corazón. Este escritor dice: «Confortar a alguien es ayudar a esa persona a respirar libremente, darle aire a su corazón». Eso es confortar. 

Al meditar en este versículo me he preguntado, «¿cuáles son algunas de las formas en las que las personas buscan consuelo cuando tienen miedo, cuando se sienten amenazadas, cuando están confundidas o desalentadas?»

Recuerda que este es el mismo versículo que habla del valle de profunda oscuridad. Es un tiempo en que necesitas consuelo.

Hay muchas maneras en las que tratamos de encontrar consuelo. Algunas veces buscamos amigos, alguien que nos pueda abrazar y alentar, a la familia. A veces lo buscamos en el trabajo, tratamos de encontrar alivio del dolor. 

A lo mejor tratamos de apaciguar el dolor con comida. Algunos lo hacen con el alcohol, con las drogas. Algunas personas van de compras. Eso las hará sentir muy bien, al menos hasta que le llegue la cuenta a final de mes, por supuesto. 

Algunas personas buscan acabar con el dolor o encuentran consuelo a través de la pornografía o de relaciones ilícitas en brazos de hombres que las entienden. Estas son algunas de las formas en las que las personas tratan de encontrar consuelo. 

Y algunas de estas cosas que hemos mencionado no tienen nada de malo. No hay nada de malo con la comida o con ir al trabajo o con tener amigos o familia; a menos que estés buscando en esa persona o en esa cosa, el consuelo que Dios y solo Dios quiere traer a tu vida.

Es interesante como el salmista, al hablar de lo que le trae consuelo, menciona algunas cosas que yo no pensaría como medios de consuelo. 

«Tu vara y tu cayado», le dice a su pastor, «me infunden aliento», me consuelan. 

No sé tú, pero eso no suena muy consolador para mí. No pienso en estos como instrumentos que traigan consuelo. Sí, el brazo de alguien alrededor de mí o palabras de aliento o notas de ánimo. Pero ¿una vara y un cayado?

¿Cómo es que una vara y un cayado de un pastor pueden proveer consuelo a una oveja? ¿Cómo es que la vara de Dios y su cayado proporcionan consuelo a Sus ovejas, a nosotras?

La vara del pastor es un símbolo de su poder. Es un palo largo y se usa para defender a las ovejas en contra de bestias salvajes, provee protección de los lobos y de los ladrones. Tal vez fue lo que usó David cuando mató al oso que estaba tratando de atacar a sus ovejas.

Esa vara provee seguridad a las ovejas. Esa vara o caña, les da la certeza de que están protegidas de sus enemigos. Ellas no se pueden protegerse a sí mismas. Esas ovejas están desvalidas, indefensas. 

Pero ellas saben que su pastor tiene una vara, tiene un instrumento que será usado, si es necesario, para ahuyentar a los enemigos. Así es que esa vara las conforta. Saber que la vara está en manos del pastor. 

Y después tenemos el cayado que es un palo con una curva al final. Tiene múltiples usos, pero uno de ellos es refrenar a las ovejas de vagar

Si vagan por ahí y caen en un hoyo, el cayado se usa para halar y sacar a la oveja de ese hoyo. O si se queda atorada en un matorral, el cayado se puede usar para empujar o guiar a las ovejas. Es un medio de consuelo. 

Phillip Keller escribió un estudio clásico del Salmo 23, La vida en el redil. Él mismo fue pastor de ovejas y dice:

«Siendo criaturas muy tercas, las ovejas frecuentemente se encuentran en dilemas totalmente ridículos y absurdos. He visto mis propias ovejas, codiciando un bocado más de pasto verde, bajar por empinados acantilados donde se han resbalado y caído al mar. Solo con mi largo cayado fue que pude sacarlas del agua, regresarlas a tierra firme. Un día de invierno estuve varias horas rescatando a una oveja que había hecho esto con anterioridad varias veces. Su terquedad era su perdición». 2

¿Suena eso como alguien que conoces? Tu dirás, «sí, tengo algunos niños así». 

Bueno, el hecho es que con frecuencia somos así, y Dios usa Su vara y Su cayado para rescatarnos, para protegernos, para dirigirnos

Phillip Keller también habla en ese libro de cómo usa el cayado para examinar a las ovejas, especialmente cuando la lana se pone muy gruesa; para examinarlas de parásitos, insectos, quemaduras o enfermedades. Él usa ese cayado para inspeccionarlas, para separar la lana y ver por debajo de la superficie y examinarlas a fondo. 

¿No es eso lo que Dios hace con Su Palabra? Él toma Su Palabra y la hace brillar dentro de nuestros corazones por el poder de Su Espíritu Santo. Él dice: «Yo soy el Dios que escudriña todas las cosas. Yo soy el Dios que conoce todas las cosas. Quiero conocerte, no solo en la superficie, lo que otros ven de ti, lo que otros piensan que tú eres. Quiero que veas ese viejo yo dentro de ti, debajo de la superficie. Todas las personas creen que eres tan amable, amorosa y buena, pero por debajo de la superficie hay una actitud muy distinta».

El Pastor está exponiendo eso. Algo así sería aterrador. Es algo que no quisiéramos que pasara a menos que supiéramos que lo hace un pastor amoroso que puede restaurar y sanar cualquier cosa que exponga. 

Así que, al traer esa vara y ese cayado a nuestras vidas, Él nos conforta, nos consuela en nuestra aflicción, nos anima en tiempos de terror, en tiempos de peligro. Él usa Su Palabra. Su Palabra es ese cayado con el que nos guía, nos rescata cuando nos hemos extraviado. Su Palabra, mientras la leemos o la escuchamos cuando alguien la enseña o la prédica. 

Me encantan esos versículos del Salmo 119:50 y 52 que dicen: «Este es mi consuelo en la aflicción: que tu palabra me ha vivificado… Me acuerdo de tus ordenanzas antiguas, (tu palabra), oh Señor, y me consuelo». 

Y entonces Dios usa a Su pueblo. Ellos pueden ser esa vara y ese cayado en Su mano para protegernos, para dirigirnos, para consolarnos, para proveer exhortación, para que rindamos cuentas. Yo necesito personas piadosas en mi vida que sean instrumentos en las manos de Dios para ayudarme a ser rescatada, para decirme, «hay peligro adelante y no creo que te estés dando cuenta. Cuidado. Debes tener cuidado en esa situación. Veo algo que es un punto ciego en tu vida».

Da gracias al Señor por esas personas. Se convierten en instrumentos en las manos de Dios para confortarte. 

Dios usa las circunstancias. Él usa las experiencias de la vida. Exactamente las que hubiéramos querido evitar, frecuentemente se convierten en instrumentos de consuelo y de bendición en nuestras vidas al usar esas circunstancias para entrenarnos y protegernos.

Recientemente tuve una conversación con alguien que es parte de nuestro ministerio y me dijo, «¿has escuchado este mensaje de John Piper?» Yo no lo había escuchado. Así que me lo recomendó y me dijo: «pienso que esto sería de gran ayuda y de gran bendición para ti mientras estás pensando y meditando en todos estos temas. Era un mensaje sobre la vida de Adoniram Judson. Y oh, Señor, mientrasme senté ahí, lloraba y sollozaba porque era justo lo que necesitaba.

La vara y el cayado especial para mi vida en ese momento. Y me retó en algunas áreas donde yo no estaba pensando correctamente, y donde yo necesitaba ese mensajero de Dios, ese instrumento de Dios para que me protegiera.

En última instancia, todo el consuelo viene del Señor mismo. 

La segunda carta a los Tesalonicenses en 2: 16-17, dice:

«Y que nuestro Señor Jesucristo mismo, y Dios nuestro Padre, que nos amó y nos dio consuelo eterno y buena esperanza por gracia, consuele sus corazones y los afirme en toda obra y palabra buena».

Gracias, Señor, por Tu vara y Tu cayado. Gracias porque Tú sabes dónde y cuándo usarlos. Eres un buen Pastor. No nos golpeas. Tal vez nos castigas, pero es siempre con la meta de restaurarnos. Nos proteges, nos guías, nos consuelas. Alegras nuestras almas y nos animas y avivas nuestros corazones con Tu Palabra, a través de Tus medios de gracia para traernos consuelo. Te damos gracias en el nombre de Jesús, amén. 

Annamarie:Amén. Nancy DeMoss Wolgemuth te ha estado recordando que Dios es tu verdadera fuente de consuelo. Si Él es tu Pastor, no tienes razón para vivir en temor. Te animo a reflexionar hoy acerca de lo que has escuchado y a evaluar si estás viviendo en temor o en fe. Recuerda que en Cristo encontrarás la gracia que necesitas para enfrentar tus circunstancias.

¿Cuál es el mayor problema que estás enfrentando en este momento? Es difícil de creer pero ese problema podría convertirse en una fuente de gozo. Acompáñanos el lunes para escuchar más sobre esto, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Te recordamos que la lectura bíblica para hoy es Génesis capítulos 28 al 30.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

1 George Adam Smith, Four Psalms, p. 13.

2 Phillip Keller, A Shepherd Looks at Psalm 23, p. 90.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

«Sabes si le conoces» (1 Jn. 2:3-6) – 4/29

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Andemos en Luz (Las cartas de Juan)

4/29 – «Sabes si le conoces» (1 Jn. 2:3-6)

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

Tu sufrimiento y el carácter de Dios

Iglesia Bautista Internacional

Serie: Sermones

Tu sufrimiento y el carácter de Dios

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

www.integridadysabiduria.org

El que amas, está enfermo

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Sermones IBSJ

El que amas, está enfermo | Juan 11:1-6 

Salvador Gómez Dickson

Salvador Gómez Dickson pertenece al Consejo de Pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, donde tiene la responsabilidad de exponer la Palabra de Dios cada domingo, además de impartir clases de Escuela Dominical. Es profesor de la Academia Ministerial Logos de IBSJ, donde ha impartido clases de Hermenéutica, Exégesis Bíblica, Griego, Doctrina del Hombre, de Cristo y de la Salvación, Introducción al Nuevo Testamento, entre otras. Está casado con Johanny Pérez y juntos tienen 4 hijos.

http://www.ibsj.org

IGNACIO DE ANTIOQUÍA

BITE

Serie: Biografías

IGNACIO DE ANTIOQUÍA

El discípulo del apóstol Juan MARTIRIZADO en ROMA

Ignacio de Antioquía vivió en el siglo II en medio de la iglesia cristiana. Al reprochar públicamente al emperador, porque él le daba gracias a ídolos paganos por sus victorias militares, es sentenciado a muerte. El largo viaje por tierra y mar a Roma le dio tiempo para meditar y adquirir una nueva y renovada resignación a la voluntad de Dios. Y así, Ignacio llegó a esta conclusión: «Deseo no solo ser llamado cristiano; debo ser cristiano de verdad». Después de su llegada a Roma, alguien le preguntó por qué mencionaba tanto el nombre de Jesús. Ignacio contestó: «El nombre de mi querido Jesús está escrito muy dentro de mi corazón. Si el corazón me fuera sacado y despedazado, el nombre de Jesús se encontraría escrito en cada pedazo». También dijo: «Yo soy el grano de Dios. Seré molido por los dientes del animal, para que pueda ser hallado pan puro de Cristo, quien es para mí el pan de la vida».

CIBERGRAFÍA

Ignatius of Antioch: http://bit.ly/2PUKW6g

BIBLIOGRAFÍA

Historia del cristianismo, por Justo González: https://amzn.to/2DsVX9i

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35/42 – Cantar de los Cantares

El Proyecto Biblia

Serie: Antiguo Testamento

35/42 – Cantar de los Cantares

Antiguo Testamento

Mira nuestro video de Lee la Biblia sobre el libro de Cantar de los cantares, que analiza el diseño literario del libro y su flujo de pensamiento. El Cantar delos Cantares es una colección de antiguos poemas de amor israelitas que celebran la belleza y el poder del amor y el deseo sexual como regalos de Dios.

#Cantar de los Cantares #BibleProject #VideosDeLaBiblia

ST500S Teología Sistemática, Lección 8.5

Serie: Introducción a la Teología Sistemática

Plan de estudio: https://drive.google.com/file/d/1-Al6rOq6Tox4zb4wBU2nWqekLnhk6l9W/view

ST500S Teología Sistemática, Lección 8.5

Biblia y Teología es un podcast del Dr Larry Trotter, dedicado a la exposición bíblica y la enseñanza teológica.  Larry es pastor de Florida Coast Church en Pompano Beach, Florida y profesor adjunto de Knox Theological Seminary en Fort Lauderdale, Florida.

Vivió veinticuatro maravillosos años como pastor en México y conferencista en distintos países de Latinoamérica. El propósito de Biblia y Teología es proporcionar enseñanza avanzada y en una forma accesible.

www.seminarioreformado.org

¿Necesito seguir un patrón al orar?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Preguntas claves sobre la oración.

¿Necesito seguir un patrón al orar?

Robert Rothwell

Nota del editor: Este es el octavo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Preguntas claves sobre la oración.

Orar es difícil para mí. No es que no quiera orar, sino que considero que la oración es una práctica difícil. Mi mente tiende a divagar mientras oro. A veces mis oraciones se convierten en una lista variada de cosas que quisiera que Dios me dé a mí o a mis amigos y a mi familia. Por esto, he hecho casi todo lo posible por convertir la oración en una práctica más sencilla. He practicado la oración, he leído libros sobre la oración y he asistido a clases sobre la oración.

Orar a través de los Salmos, sustituyendo mis intereses por las peticiones específicas del salmista según su contexto, me ha ayudado a orar no solo por mis propias necesidades, sino también por los asuntos más amplios del Reino de Dios.

Pero ¿sabes qué es lo que más me ha ayudado? El seguir un patrón de oración.

Mi objetivo es responder la pregunta: “¿Necesito seguir un patrón al orar?”. Después de buscar qué Dios enseña en las Escrituras sobre la oración, debo responder: “No, pero…”.

Considera esto: en la Biblia encontramos muchas oraciones, pero no encontramos ningún texto que diga: “Tienes que orar según este patrón”. Lo más cercano que tenemos a esto es el Padre nuestro. Enseñando a Sus discípulos a orar, nuestro Señor introdujo la oración, diciendo: “Cuando oréis, decid…” (Lc 11:1-4), y: “… orad de esta manera…” (Mt 6:9-13). Durante siglos los cristianos han considerado que esto significa que Jesús dio el Padre nuestro como un patrón, como un ejemplo del tipo de cosas por las que debemos orar. Pero los apóstoles no siempre siguieron este modelo con exactitud. Varias oraciones apostólicas no siguen este patrón, sino que incluyen solo algunos elementos de este (por ejemplo, Ef 3:14-21Jud 24-25). Y cuando vamos al Antiguo Testamento, encontramos diversos tipos de oraciones. Por ejemplo, el libro de los Salmos presenta muchas oraciones distintas, aunque estas pueden agruparse en varias categorías.

Si tuviéramos que seguir un patrón establecido al orar, de seguro en la Palabra de Dios no se hubieran registrado tantos tipos de oraciones. Sin embargo, el hecho de que la Escritura sí contiene muchas oraciones y patrones de oraciones indica que, aunque ninguna de ellas es obligatoria para nosotros, seguir la estructura y los temas de las oraciones bíblicas es una buena práctica.

Personalmente, he comprobado que esto es cierto. Orar a través de los Salmos, sustituyendo mis intereses por las peticiones específicas del salmista según su contexto, me ha ayudado a orar no solo por mis propias necesidades, sino también por los asuntos más amplios del Reino de Dios. Asimismo, me he beneficiado de patrones de oración que son extrabíblicos pero que están basados en la Escritura. El Dr. R.C. Sproul frecuentemente recomendaba el patrón CASA (ACTS en inglés) para que incluyéramos confesión de pecados (C), adoración (A), súplicas (S) y agradecimiento (A) en nuestras oraciones. A Simple Way to Pray [Una manera sencilla de orar] por Martín Lutero nos ayuda a producir oraciones integrales y, al mismo tiempo, nos enseña el Padre nuestro, el Credo Apostólico y los Diez Mandamientos. Podría nombrar muchos ejemplos más.

La cantidad de patrones de oración que podemos seguir es casi innumerable. No estamos obligados a seguir ninguno de ellos, pero sabio es el creyente que utiliza los recursos que Dios ha provisto a Su Iglesia para ayudarnos a orar.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Robert Rothwell
Robert Rothwell

Robert Rothwell es editor adjunto de Tabletalk Magazine y profesor adjunto permanente en Reformation Bible College en Sanford, Florida.

El valle de profunda oscuridad – Ene 7

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Señor es mi Pastor

Aviva Nuestros Corazones

Ene 7 – El valle de profunda oscuridad

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/el-valle-de-profunda-oscuridad/

Annamarie Sauter: ¿Estás en un valle emocional oscuro? Nancy te recuerda que…

Nancy DeMoss Wolgemuth:…tu Pastor te llevó ahí, y recuerda que estás pasando por ese valle de profunda oscuridad para que puedas salir al otro lado. Tal vez no parezca así —pareciera que tu valle dura para siempre. Pero déjame decirte que no será así.

Annamarie:Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nos demos cuenta o no, diariamente tomamos un sinnúmero de decisiones. En algunos momentos esto puede ser agotador, pero si somos ovejas de Cristo, nuestro Buen Pastor no nos ha dejado sin dirección. Hoy Nancy nos habla más acerca de esto como continuación de la enseñanza titulada, «El Señor es mi Pastor».

Nancy: Constantemente en Aviva Nuestros Corazones recibimos correos de nuestras oyentes, pero es interesante que muchos de esos correos son de personas que necesitan dirección del Señor. 

No saben en qué dirección ir. ¿Debo tomar este trabajo? ¿Debo renunciar a este trabajo? ¿Me debo casar con esta persona? ¿Cómo debo actuar en esta situación con mis padres? ¿Cómo debo actuar en esta situación con mi hijo? Tenemos este problema financiero, ¿qué hacemos? 

Por supuesto, nos hacen preguntas para las que realmente no tenemos respuestas. Podemos orar con ellas al respecto, pero todo lo que podemos hacer –en última instancia– es dirigirlas hacia el Pastor, porque el Salmo 23 nos dice que nuestro Buen Pastor nos guía por senderos de justicia por senderos correctos, por amor a su nombre.

Si quieres saber qué dirección tomar en tu vida sobre asuntos grandes, pequeños, monumentales, problemas del día a día o situaciones devastadoras, necesitas ir a tu Pastor [con «P» mayúscula]. Necesitas seguir al Pastor. Él es el que sabe hacia dónde llevarte. Él es el único que puede ver adelante. Él es el que te conoce, te hizo, te ama y tiene un plan para tu vida. Él dirige a Sus ovejas por senderos de justicia por amor a Su nombre. 

Ahora, la traducción literal de este versículo es que, Él me guía por senderos correctos, por amor de Su nombre. Él me guía por senderos, y donde quiera que me guíe es siempre el sendero correcto. Puedes confiar en que, si estás siguiendo al Pastor, Él nunca te va a guiar por el sendero equivocado. 

Ahora, si nos dejara andar por nosotras mismas, nos iríamos por muchos senderos equivocados. Quedaríamos paralizadas ante todo tipo de situaciones y lugares en los que no deberíamos estar y a los que nunca habríamos llegado si hubiéramos seguido la voz de nuestro Pastor. Si seguimos nuestro propio discernimiento, nuestro propio camino, nuestro propio juicio, nos perderemos. Nos perderemos y nos confundiremos sin remedio. Necesitamos Su dirección. 

Si decides estar a cargo de tu vida, aún de los pequeños detalles, si te resistes a Su dirección, vas a terminar en senderos equivocados. Por ejemplo, si te casas fuera de la voluntad de Dios, si haces una compra, cambias de trabajo o te mudas, sin buscar la dirección del Señor y sin obedecer lo que Él te muestra en Su Palabra, y después terminas con un desastre, no le eches la culpa al Señor. 

De hecho, hay un versículo en el libro de Proverbios que dice que esta es nuestra tendencia. En Proverbios 19, versículo 3, dice: «La insensatez del hombre pervierte su camino, y su corazón se irrita contra el Señor». Y la NTV dice: «La gente arruina su vida por su propia necedad,y después se enoja con el Señor». ¿Y no es esto cierto? Nos metemos en situaciones. Leo muchos correos electrónicos de personas que están en muy, pero muy malas situaciones, en algunos casos se ve claramente –por lo que han dicho– que violaron la ley de Dios. Quizás nunca se debieron haber casado con esa persona.

Ahora, aquí en Aviva Nuestros Corazones tratamos de extenderles la compasión de Cristo, de ser compasivas, porque sabemos que todas somos susceptibles a caer. Están en esta mala situación en este momento y queremos ayudarlas. Es por eso que es maravilloso que tenemos un Pastor que restaura nuestras almas. Pero primero debemos reconocer que no debimos haber ido por ese camino. Debe haber arrepentimiento antes de que haya una restauración. 

Es por eso por lo que proverbios dice: «Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus sendas» (3:5-6). Él me guía por sendas de justicia cuando lo sigo. 

Me siento tan feliz de tener a un Dios que nos guía, que nos dirige en la dirección correcta, que nos lleva en la dirección adecuada. La vida está llena de tantas decisiones y piensas que cualquier decisión –si hubiera ido a una universidad diferente, o si hubiera estudiado algo diferente o si mi primer trabajo hubiera sido diferente– solo piensa qué distinto sería el curso de tu vida entera. Una pequeña decisión puede afectar toda tu vida. 

¿No te alegra saber que tenemos un Pastor que nos dirige a través del laberinto de esta vida, que siempre nos dirige a la luz de lo que Él sabe que es mejor? Creo que al buscar la dirección de Dios es importante recordar, que la voluntad de Dios no es un lugar, no es un trabajo, es un estilo de vida, es un corazón. 

Él me guía por senderos de justicia, por caminos correctos, por amor de su nombre. Creo que a Dios no le importa tanto en qué ciudad vives, en qué casa vives, a pesar de que necesitamos buscar Su dirección para estas cosas, pero en última instancia, la voluntad de Dios es un estilo de vida. Es la actitud del corazón. Él nos dirige por medio de Su Palabra. 

Segunda de Pedro capítulo 1, dice que la Palabra de Dios es una lámpara que brilla en un lugar oscuro. Vivimos en un mundo oscuro, y si quieres saber para dónde ir, más vale que tengas una lámpara. Más vale que tengas luz; y la Palabra de Dios es esa luz. Es lámpara a nuestros pies y lumbrera a nuestro camino. Dios nos guía por Su Santo Espíritu que vive dentro de nosotras, el Santo Espíritu que nos guía a toda verdad, que nos recuerda las cosas de Cristo, que nos ayuda a aplicar la Palabra de Dios a nuestra vida. 

Tenemos los recursos para caminar en sendas correctas. Tenemos un Pastor que nos guía. Dios ha prometido que nos guiará por sendas correctas, pero déjame decirte que algunas veces, esas sendas que Dios escoge para nosotras, esas sendas a las que nos dirige, no parecen ser las sendas correctas. Vamos en esas sendas y decimos, «Señor, pensé que te estaba siguiendo, pero esto es un desastre. Este es un terreno accidentado, es muy difícil».

He estado leyendo El Progreso del Peregrino, y hay algunos lugares muy muy difíciles por los que Peregrino, Cristiano, tiene que transitar mientras sigue al Señor. Va por el sendero correcto, pero va subiendo una montaña de dificultad. Va por lugares muy peligrosos. Veremos más de estos más adelante en esta serie sobre el Salmo 23. Él va por los senderos correctos, pero son difíciles. 

A veces, en medio de esos lugares difíciles, puedes detenerte y decir, «¿será que no entendí? ¿Perdí el enfoque del Pastor? Dios, ¿fuiste tú quien me trajo hasta aquí?» Los caminos de Dios, la dirección de Dios algunas veces puede ser difícil. 

Tal vez te dirija al horno de fuego como hizo con aquellos tres jóvenes hebreos. Ellos estaban justo en el centro de la voluntad de Dios en ese horno de fuego. Por cierto, nunca estuvieron más cerca del Señor Jesús que cuando estaban ahí en ese horno de fuego, cuando se les apareció en persona a su lado. Estaban en la voluntad de Dios. Era el sendero correcto para ellos. 

El sendero de Dios tal vez te lleve a un desierto como lo hizo con los judíos cuando salieron de Egipto. Iban camino a la tierra prometida. Estaban tan emocionados. «¡Hemos sido liberados. Hemos sido rescatados de 400 años de cautividad y esclavitud!» Un retrato de nuestra salvación, siendo rescatados de nuestro pecado y de este mundo. «¡Y ahora vamos de camino a la tierra prometida!», pero Dios dice: «Primero quiero llevarte por un desierto».

Ahora, los 40 años que anduvieron errantes por el desierto, no era el plan original de Dios para ellos, pero la Escritura dice en Éxodo 13, que Dios no los llevó por el camino de los Filisteos, a pesar de que era la ruta más cercana y más directa. Dios dirigió al pueblo fuera de Egipto por el camino del desierto hacia el mar Rojo, hacia una situación que parecía «sin esperanza». Dios los llevó allí, al desierto, hacia el mar Rojo donde iban a estar total y absolutamente dependientes de Él. Ese era el sendero correcto. Esa era la voluntad de Dios. 

Dios llevó a Su propio Hijo, Jesús, al desierto. Mateo capítulo 4, dice: «Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo» (v. 1). Ese era el sendero correcto. Él estaba siguiendo a Su Señor, y algunas veces Dios tal vez te lleve al valle de sombra de muerte, el sendero correcto o como dice en el lenguaje original, «al valle de profunda oscuridad», profunda oscuridad. Y te preguntas, ¿será este el sendero correcto?

Él me lleva por sendas correctas. ¿Puede un sendero estrecho y sinuoso ser el correcto? Ahí es donde Dios llevó a Su Hijo, y si vas a ser como Cristo, habrá momentos cuando Dios te lleve ahí también. 

Puede ser difícil. Puede ser difícil de entender ese desierto, ese horno ardiente, ese valle de profunda oscuridad, pero es el sendero correcto si has estado siguiendo a tu Pastor. Mientras vas por esos senderos, por esos senderos difíciles, que son los correctos, Dios está cumpliendo Sus propósitos eternos en tu vida. 

¿Por qué lo hace? Él me guía por senderos de justicia por amor de Su nombre. Se trata de Él. No se trata de mí. No se trata de mi felicidad. No se trata de mi conveniencia. No te trata de mis preferencias. Es lo que agrada a Dios, es por amor de Su nombre. 

Escucha, necesitas llegar al punto en tu vida en el que te intereses más por lo que Dios quiere que por lo que tú quieres. La razón de nuestra existencia es traer gloria a Su nombre. El Dios de este universo no existe para salvar tu matrimonio roto, o para sacarte de tus deudas o para ayudarte a sentirte mejor o para ayudarte a manejar mejor el estrés. Existimos para glorificarle a Él, no para que Él haga lo que nosotras queremos que haga. 

Todas las cosas son de Él y por Él y para Él. Todo en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra y encima de ella –todo gira entorno a Él. La forma como vivimos, todo lo que hacemos, todo lo refleja a Él. Su reputación está en juego, así que Él nos guía por causa de Su nombre. Y en el contexto de otros pasajes de la Escritura podemos decir que Él también nos dirige para hacernos bien. ¿Sabes por qué? Necesitamos la aflicción. ¿No es eso lo que dice el salmista en el Salmo 119? «Bueno es para mí ser afligido, para que aprenda tus estatutos» (v. 71).

Hay cosas que Dios hará para conformarte a la imagen de Cristo cuando estás en esa senda difícil, que no aprenderías de ninguna otra forma, y ¿sabes por qué? No es solo por tu bien. Es también por el bien de otros. El Apóstol Pablo dijo: «Pero si somos atribulados, es para vuestro consuelo y salvación» (2 Corintios 1:6).

Tú no sabes qué otra persona –tu esposo, tus hijos, tus padres, tu jefe, alguien en tu iglesia, alguien que ni siquiera conoces, alguien de edad mucho más avanzada– podría ser influenciada y acercada al Pastor por tu disposición de caminar por ese sendero difícil. 

Así que deja que tu Pastor escoja los senderos correctos para ti. Tú dirás, «Señor, ¡no estás llevando a nadie más por este sendero! ¿Por qué a mí? ¿Por qué tengo que caminar por este sendero difícil y los de mi alrededor van por el camino fácil? 

Pero Dios te dice: «Déjame eso a mí. Yo voy a escoger los caminos correctos para ti». No compares el sendero que él escoge para ti con el sendero que escoge para alguien más. 

A veces me he preguntado, cuando estoy en el sendero, «Señor, ¿se te olvidó leer el mapa? ¿Estás seguro? ¿Esto es lo que quieres decir?» ¿Pero saben qué? He aprendido a no cuestionar al Señor, porque yo sé, que yo sé, que yo sé que Él siempre tiene la razón, y mirando hacia atrás, puedo decir al 100% que Sus caminos siempre han sido los correctos. 

No siempre voy a poder ver todo lo que voy a ver y voy a saber en la eternidad. Hay mucho que no veo ahora. Algunas veces simplemente tienes que estar dispuesta a vivir en el misterio, con algo que no puedes entender; pero una y otra y otra vez Dios me ha mostrado que ese era el sendero correcto. Veo atrás, y le agradezco. Y digo, «Señor, tú sabías. Tú sabías. Tú sabías que ese era el sendero correcto para mi vida. Gracias Señor».

Él me guía por senderos de justicia; senderos justos, correctos, por amor de Su nombre. El salmista ha hablado de descansar en verdes pastos, de caminar junto a aguas de reposo, de que su alma es restaurada, que es guiado por senderos de justicia; pero ahora viene la parte del salmo que, tal vez, es por lo que frecuentemente es citado en funerales. Él dice en el versículo 4: «Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo». 

Ahora, en el lenguaje original, el valle de sombra de muerte se podría traducir mejor como «el valle de profunda oscuridad». Este no es un versículo solo acerca de la muerte. La muerte puede ser uno de esos valles profundos. Puede ser parte de una oscuridad muy profunda, pero él está hablando de algo más amplio, de cualquier valle de profunda oscuridad. 

El valle aquí no es algo así como un exuberante prado entre dos colinas. Este es un barranco, un precipicio profundo, peligroso y oscuro en las colinas de Palestina. En Palestina, temprano en el año, los rebaños se alimentan de pastos en tierras bajas. Después, en los meses de verano, el sol derrite la nieve de las montañas, y el pastor lleva a sus rebaños a un terreno más alto para que se alimenten donde pueden encontrar más pastizal. Pero, para llevar al rebaño de las tierras bajas a los pastizales en terreno más alto tienen que pasar por algunos barrancos. 

Estos eran lugares donde había precipicios, donde los árboles frondosos bloqueaban la entrada de la luz del sol, así que eran lugares oscuros aún durante el día. Por la noche, había una penetrante y profunda oscuridad. Un mal paso en estos valles, en estos barrancos, podía provocar una caída de rocas dentadas al precipicio y que perdieras la vida. 

Había serpientes. Había lobos. Había hienas acechando, listas para atacar estas ovejas indefensas, despistadas y desamparadas. Y el pastor llevaba a las ovejas por estos barrancos. Tenían que pasar a través de ellos para llegar al terreno alto. Y qué imagen tan clara de que nuestro Pastor necesita llevarnos por valles oscuros, por lugares peligrosos y con dificultades para llevarnos de las tierras bajas de nuestra vida cristiana a terrenos más altos.

Y dices, «Señor quiero un terreno más alto en mi vida. Quiero conocerte mejor. Quiero estar más cerca de ti», y Dios dice, «oh, ¿de verdad?; entonces tenemos que ir por algunos senderos que son difíciles».

Esta frase, «profunda oscuridad», el valle de profunda oscuridad –esa frase es usada nueve veces en el libro de Job. Job entendía en su sufrimiento y en su insoportable dolor, lo que significaba estar en profunda oscuridad; y dice en Job 28 que es como la oscuridad más profunda y lóbrega del pozo de una mina.

No puedes ver. Es opresivo. Isaías dice que esta profunda oscuridad es el lugar donde las personas tropiezan como si estuvieran ciegas. Es un lugar de profunda desesperación, sin esperanza. Es una oscuridad tenebrosa. Puede incluir cualquier tipo de peligro o cosa que cause terror. 

Les dije antes que he estado leyendo El Progreso del Peregrino. Hay un momento en esa historia cuando Cristiano viene al Valle de Sombra de Muerte, y lo describe como un lugar solitario, un lugar apartado. Dice que el camino que atraviesa este valle era estrecho. Era peligroso. Era un lugar de profunda oscuridad, de terror y opresión demoníaca. 

De hecho, en ese lugar, él llegó a la misma boca del infierno, no adentro, pero justo a la entrada y podía ver las llamas ardiendo, saliendo del infierno. Y él dice:

«Sobre ese valle colgaban nubes de desánimo y confusión mientras la muerte extendía sus alas y volaba sobre él. Era una vista espantosa, hacia donde miraras había solo desorden. El camino aquí era tan oscuro que frecuentemente, cuando Cristiano trataba de dar un paso al frente, él no sabía qué se encontraría al pisar»1. 

¿Te hace esto recordar alguna etapa en tu vida cuando todo lo que veías eran nubes oscuras, llenas de desaliento y confusión; no podías ver para dar el siguiente paso, no tenías ni idea a dónde ibas o qué estaba pasando? En ese momento, en el valle de sombra de muerte, él oía voces demoníacas que le gritaban. Era aterrador. 

De hecho, en otros escritos de John Bunyan, incluyendo su autobiografía, aprendemos que tuvo algo de su propia experiencia, de la vida real, en el valle de profunda oscuridad, particularmente durante un periodo de 12 años cuando estuvo en prisión por su fe, por predicar. Él estuvo en prisión cuando tenía alrededor de 30 años. Su esposa y cuatro hijos tuvieron que valerse por sí mismos durante ese periodo de 12 años y Bunyan dice: «En una ocasión estuve en una condición muy triste y de muy poco ánimo por muchas semanas».

De hecho, él describe cómo era atormentado por pensamientos de muerte. Él dice: «Estaba en ese momento tan poseído del pensamiento de la muerte que me sentía como si estuviera subiendo el banco de la horca con la soga al cuello». Dijo en otro momento: «De repente cayó sobre mí una nube de gran oscuridad que escondió de mí las cosas de Dios y de Cristo como si nunca las hubiera visto ni conocido en mi vida»; sin sentido de la presencia de Dios. 

El valle de profunda oscuridad –si no has estado ahí en algún punto de tu vida cristiana, probablemente lo harás antes de llegar al cielo, y hay diferentes grados de esto. No todo es tan tormentoso como lo que acabamos de leer, pero lo puede llegar a ser para aquellos cristianos que están siguiendo al Buen Pastor. 

¿Recuerdas el versículo que está justo antes de este? El versículo 3, dice: «me guía por senderos de justicia por amor de su nombre». Este valle de profunda oscuridad es uno de esos senderos correctos a los que algunas veces el pastor guía a sus ovejas.

Cuando entras a ese valle, asumiendo que no fue por hacer tu propia voluntad, pensando que no fue tu culpa, asumiendo que no abandonaste al Pastor y seguiste tu propio camino, no culpes al Pastor. Pero si has estado siguiendo al Pastor, has estado confiando en Él, amándolo, obedeciéndole, sirviéndole fielmente y Él te lleva a ese lugar obscuro, a ese valle de profunda oscuridad, entonces, cuando llegues allá, recuerda cómo llegaste ahí.

Recuerda que tu Pastor te llevó allí, y recuerda que estás pasando a través del valle de profunda oscuridad y que vas a salir al otro lado. Quizás piensas que no saldrás. Tal vez sientas que en el matrimonio que tienes, este valle de profunda oscuridad parece que va a durar para siempre. Escucha lo que te digo, no será así. Tal vez dure toda esta vida, pero no durará por la eternidad. Y la eternidad es mucho más larga que esta vida. 

Recuerda cómo llegaste ahí. Recuerda que este es el Pastor que te ama. Este es el Pastor que se preocupa por Sus ovejas y las cuida. Queremos que el Señor nos lleve a esos lugares altos, pero no queremos tener que pasar por el valle de profunda oscuridad para llegar allá. 

¿Me permites decirte que no hay atajos? Tienes que hacerlo. Tienes que pasar a través de él. Es fácil recordar que Dios está con nosotros cuando todo está bien, cuando estás reposando en esos pastos verdes o junto a esas aguas tranquilas, pero recuerda que Él también está con nosotros cuando no todo va bien, cuando nos encontramos en esa profunda oscuridad, en tiempos de depresión inexplicable, en enfermedad, en situaciones de salud, de rechazo, cuando hemos perdido a un ser amado, cuando hay presiones financieras, cuando hay problemas en el matrimonio, relacionales, cuando tenemos pensamientos tormentosos, algunas veces tentaciones implacables y feroces, y cuando nos sentimos en intensa soledad. 

Sientes como que nadie más entiende. Nadie puede entrar en lo que estás experimentando, tiempos de pesadillas espirituales, emocionales, mentales o físicas, tiempos de confusión, de preguntas sin respuesta, de misterios muy profundos. No parece consistente con los caminos de Dios que esto esté pasando en tu vida. 

Aun cuando tengas que enfrentar tu propia muerte, recuerda, «aunque pase por el valle de profunda oscuridad, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo» (parafraseado). Las pruebas y los ataques parecerán implacables, sin tregua, sin descanso, parecerá que duran para siempre. Pero cuando estés en medio de ese valle, confía en tu Pastor.

Confía en Su corazón. Confía en Su bondad. Confía en Su sabiduría. Confía que Él sabe lo que está haciendo y recuerda esto: Su meta es llevarte a un lugar más alto, a pastos verdes, aún más cerca de Su corazón. 

Annamarie: Nancy DeMoss Wolgemuth nos ha traído palabras de esperanza. Aún si estás atravesando un valle de profunda oscuridad en este momento de tu vida, tienes esperanza. Ese mensaje es parte de la serie titulada, «El Señor es mi Pastor». Si te perdiste alguno de los programas anteriores en esta serie, encuéntralo en AvivaNuestrosCorazones.com.

Cuando estás en un valle de profunda oscuridad, ¿cómo sabes que Dios realmente está ahí contigo? Descúbrelo mañana en la continuación de nuestro estudio del Salmo 23.

Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Te recordamos que la lectura bíblica para hoy es Génesis capítulos 23 al 27.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

1John Bunyan, Pilgrim’s Progress.

El Señor es mi Pastor, Jonathan & Sarah Jerez, Periscopio ℗ 2017 Jonathan & Sarah Jerez.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Él restaura – Ene 6

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Señor es mi Pastor

Aviva Nuestros Corazones

Ene 6 – Él restaura

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/el-restaura/

Annamarie Sauter:El rey David sabía en quién había creído. 

Nancy DeMoss Wolgemuth: Él sabía que tenía un Dios Pastor que estaba en el negocio de la restauración, el negocio de restaurar, de tomar cosas viejas, cosas usadas, cosas maltratadas, cosas destrozadas, cosas despreciadas, cosas que nadie más quiere, cosas gastadas que nadie quiere usar, Dios las toma y las restaura; las hace nuevas. Tenemos un Dios redentor que hace nuevas todas las cosas.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

¿Cómo describirías tu vida en este momento? Más aún, ¿cómo describirías el estado de tu corazón y tu fe en medio de las circunstancias en que te encuentras? Hoy Nancy te trae algo de perspectiva al continuar con la serie titulada, «El Señor es mi Pastor».

Nancy: Mientras estudiamos el Salmo 23, es importante que recordemos que el hombre que escribió esto, el rey-pastor David y los judíos que leían este salmo en aquellos días vivían en la tierra de Palestina. 

Palestina era una tierra desértica. No era fácil encontrar pastos verdes y corrientes de agua. El pastor debía saber cómo encontrarlos y dónde encontrarlos para su rebaño. Por eso es tan significativo cuando David dice: «El Señor es mi Pastor, nada me faltará. En lugares de verdes pastos me hace descansar; junto a aguas de reposo me conduce» (23:1-2).

Lo que él está diciendo es, el Señor es el tipo de pastor que sabe dónde encontrar lo que sus ovejas necesitan, aún en un lugar donde es difícil encontrar esos pastos verdes y esas aguas de reposo.

Mientras lees el Salmo 23 y meditas en él, podrías pensar, «bueno, yo no vivo en Palestina, pero como que sí describe mi vida». Tal vez tienes cinco hijos y piensas, «es difícil encontrar esas aguas de reposo en este tiempo de mi vida». O tal vez esa circunstancia, esa situación en tu vida se sienta tan…a veces eres parte de esa generación sándwich en la que estás cuidando a tus padres ancianos pero al mismo tiempo tienes hijos adolescentes, y sientes como que en todo momento alguien te necesita. ¿Cómo encuentras esos pastos verdes? ¿Cómo encuentras esas aguas de reposo? 

Solo déjame decirte: Primero, sigue al Pastor. Él sabe cómo encontrarlos para ti. Necesitas confiar en tu Pastor. Él los va a encontrar y sabe que son importantes. Si lo sigues, Él te guiará a esos lugares. Hay momentos en mi vida en los que siento que casi no puedo respirar… Si solo descanso en mi propio entendimiento no voy a encontrar esos verdes pastos, esas aguas de descanso.

Si voy al Señor y le digo, «Señor, soy tu oveja, Tú eres responsable por mí. Por favor muéstrame en este tiempo de mi vida cómo encontrar esos verdes pastos y esas aguas de reposo», Él lo va a hacer.

Recuerda que cuando Jesús escogió a Sus doce discípulos –en Marcos 3– nos dice que «los escogió para que estuvieran con Él y para luego enviarlos a ministrar a otros» (v.14, parafraseado). Necesitamos estar con el Señor. Necesitamos tener comunión, compañerismo, intimidad con Él, antes de que podamos ser útiles para salir y ministrar a otros –aún si esos otros son los preescolares que tienes en casa. Tienes que pasar tiempo con el Señor antes de poder ser efectiva y útil para servirle. 

Entonces, cuando los discípulos salieron, Marcos 6 nos dice que regresaron a Jesús. Después de haber hecho el ministerio, le dijeron todo lo que habían hecho y enseñado.

«Y Él les dijo: “Vengan, apártense de los demás a un lugar solitario y descansen un poco”. Porque había muchos que iban y venían, y ellos no tenían tiempo ni siquiera para comer.Y se fueron en la barca a un lugar solitario, apartado» (vv. 30-32).

Ahora, en este caso, no duró mucho tiempo porque las multitudes los seguían y Jesús recibía a las multitudes con gracia y tuvo compasión de ellas. Pero Él sabía que ellos necesitaban, aunque fuera ese corto periodo de tiempo para alejarse y estar con Él, para recalibrarse, para reponerse, para recargar combustible, para poder regresar y atender a esas multitudes necesitadas. Es por eso que necesitamos esos tiempos de silencio, esos momentos de quietud, esos lugares quietos para ser reabastecidas. 

Necesitas alimentarte de Jesús. Necesitas beber de Él antes de que puedas invertir en la vida de otros. 

Una mamá que está amamantando necesita estar bien alimentada, antes de poder nutrir a su bebé. Si ella se alimenta de comidas equivocadas, de comidas que no la nutren, puede terminar teniendo a su bebé con cólicos o enfermo del estómago. Por eso es tan importante lo que dejamos entrar, los alimentos que comemos, antes de poder pasarlo a otros.

El Salmo 1 nos dice que aquel que «en la ley del Señor está su deleite, y en Su ley medita de día y de noche» –estas no son palabras de apuro, son palabras de reflexión, de meditación. Son palabras desconocidas para nuestra mentalidad del siglo 21. Pero el que medita en la ley de Dios, el que se deleita en ella, «será como árbol plantado junto a corrientes de agua». Ahí tenemos esa imagen del agua otra vez. Será como «árbol que da su fruto a su tiempo, y su hoja no se marchita; en todo lo que hace, prospera» (vv. 2 y 3).

Y quizás tú digas, «yo me estoy marchitando. Estoy seca. No puedo producir fruto. Me siento exhausta». Entonces puede ser que no estés plantada junto a esas corrientes de agua; no has venido a esas aguas de reposo; no has estado meditando en la Palabra de Dios, deleitándote en ella. 

«En lugares de verdes pastos me hace descansar». Algunas veces simplemente tienes que estar quieta y dejar de moverte. Y otra vez les digo, este es un pensamiento extraño para nuestra cultura. Piensas en el ritmo de nuestras vidas; en el ritmo de vida de la persona promedio. Comemos a la carrera. En la manera en que vivimos los detalles de nuestras familias son todos deprisa. 

En su libro Síndrome de la Sobrecarga, Richard Swenson dice:

«Aun el mejor equipo no puede arreglar un carro de carreras si va a 200 millas por hora. Tampoco nuestros cuerpos pueden recuperarse en medio de un estilo de vida tan acelerado». 

No puedes obtener el descanso que necesitas, la frescura que necesita tu alma, tu espíritu e incluso tu cuerpo, arrebatando minutos por aquí o por allá de vez en cuando. Si intentas dormir un poquito por aquí, otro poquito por allá, o un poquito de descanso en la presencia de Dios, de poquitos por aquí, otro por allá, a la larga no puedes sostener la vida espiritual ni la física. 

No puedes sostener tu vida espiritual solo escuchando unos cuantos minutos de radio cristiana de camino al trabajo. Eso es comer a la carrera. Es tratar de llenarle el tanque al auto mientras va a 200 millas por hora. 

Dice el Señor: «Estén quietos, y sepan que Yo soy Dios» (Sal. 46:10). Necesitamos tiempos de descanso. 

Hice unas anotaciones de cosas que han sido de ayuda en mi vida y quisiera compartirlas con ustedes y animarlas, y quisiera decir que en esto soy una peregrina en proceso también. Soy una oveja que vive a la carrera muchas veces y una oveja que necesita este versículo, que necesita descansar en pastos verdes, necesita dejar que su Pastor le guíe a aguas de reposo. Hay cosas que estoy descubriendo que me están ayudando en ese proceso mientras sigo a mi Pastor.

Una de esas cosas en las que estoy siguiendo a mi Pastor es viendo la importancia del Sabbath –el descanso– un día a la semana. Esto es algo que he sabido que es importante en la Palabra de Dios y en diferentes medidas he intentado practicarlo a través de los años. Mi padre y mi madre le daban un lugar muy importante en nuestra familia. 

Tal vez algún día hagamos una serie completa acerca de cómo tomar un día de descanso, de reposo. Pero déjame decirte que he llegado al lugar, aun estudiando este pasaje, donde realmente no estaba tomando un día para desconectarme, para apagar la computadora, para parar la maquinaria que va a mil por hora y simplemente dejar que Dios me llene. He estado tratando de hacer esto los domingos. Sé que tengo amigos que lo hacen otros días de la semana. No voy a entrar en un debate sobre esto, pero lo que sí estoy diciendo es que Dios nos hizo para que nuestros cuerpos, nuestros espíritus, necesitaran ese día, un día a la semana.

Dios les dijo a los israelitas, «si no lo hacen con la tierra, si no dejan que la tierra descanse un año de cada siete, vendrá el día cuando la tierra no va a producir más cultivos». Vas a tener que darle ese tiempo de una o de otra forma. Tal vez sea con una crisis –física, emocional, mental o espiritual– pero de una u otra forma, vas a tener que tomar ese descanso. Cuánto mejor sería tomarlo regularmente como Dios nos lo ha mandado. 

He estado pensando acerca de esos domingos. Son un regalo de Dios para mi alma. Recíbelo como un regalo. Y también creo que necesitamos esos Sabbath, esos descansos, al principio de cada día. Ese tiempo de quietud, a solas delante del Señor, donde nos llenamos de Su Palabra y comenzamos nuestro día con Él. 

Déjame decirte algo verdaderamente radical acerca del tiempo de descanso. Necesitamos tiempo para desconectarnos de la tecnología. Para desconectar la radio, apagar la televisión, apagar la computadora, apagar el celular. Algunos de sus hijos crecerán sin saber lo que es tener al menos diez minutos sin tener sonido conectado a sus oídos. Eso no está bien, eso no es sano para el alma. 

Necesitamos tiempos cuando todo apague, todo se desconecte de todo y simplemente escuches la voz del Señor hablar. Y si has participado en algunas de nuestras conferencias, ya sea de Revive Our Hearts o Aviva Nuestros Corazones, sabes que al final de la sesión del viernes por la noche retamos a las mujeres a hacer una especie de ayuno. Un ayuno de las redes sociales, de los medios de comunicación, que comienza el viernes por la noche, todo el sábado –que estaríamos sentadas en la conferencia– y así las invito a que hagan este ayuno.

Que no prendan la radio en sus automóviles, que no prendan la TV cuando lleguen a sus habitaciones de hotel, que no se conecten en las computadoras para chequear sus correos electrónicos, que no abran sus teléfonos durante un tiempo, solamente para contestar alguna llamada importante de sus casas, quizás.

El punto es que las animamos a hacer eso, y nos sorprendemos de cuán difícil es esto para la mayoría de ellas. Y estamos hablando de solo una noche y un día. Hemos desarrollado una adicción a estas cosas. Eso no es bueno.

También es importante descansar por momentos durante nuestro día. Tal vez sea mientras esperas en algún lugar, como una sala de espera. Lleva un buen material para leer y mantenlo contigo. Yo guardo una versión pequeña del Antiguo Testamento y de los salmos y los proverbios en mi bolso para tener siempre algo en qué meditar cuando tengo tiempo extra –tiempos cuando puedes concentrarte, enfocarte y llenarte. 

No estoy hablando de ser floja, haragana. No estoy hablando de evadir responsabilidades, de tener una vida fácil. Debemos ser diligentes, soldados, guerreros, porque estamos en una batalla. Estoy hablando de ordenar tu vida y tus días y tus horas en torno al Señor, poniendo primero lo primero, nutriendo y ministrando tu alma para que estés lista para la batalla. 

Aquí hay otra cosa: No llenes cada segundo de tu día con actividades o conversaciones. Necesitas tiempo para reflexionar, y eso requiere que examines tu horario periódicamente. Tienes que hacerlo porque nuestros horarios se llenan de cosas rápidamente. 

Necesitas examinar el horario de tu familia –en lo que puedas controlar. Va a requerir tomar decisiones difíciles. Significa que tus hijos no van a poder estar involucrados en todas las actividades que quisieran. Significa que tus hijos probablemente no van a participar en todos los deportes y actividades en los que a lo mejor sus amigos participan. Pero tus hijos necesitan aprender cómo caminar en pastos verdes y junto a aguas de reposo. Tal vez tengas que cortar algunas cosas del horario de tu familia –algunos compromisos y actividades– y decir, «necesito tener tiempo para llenarme de Dios si quiero poder darlo a otros».

Hemos citado a George Mueller durante esta serie. Él habla de la importancia de alimentar nuestras almas con la Palabra de Dios. Él dijo: 

«¿Cómo haremos para obtener esta quietud feliz del alma? ¿Cómo aprenderemos a disfrutar a Dios? Contesto: Esta felicidad se obtiene mediante el estudio de las Sagradas Escrituras. Es absolutamente necesario, para que esta felicidad en el Señor continúe, que leamos las Escrituras regularmente. Ellas son el medio que Dios ha escogido para alimento del hombre interior…No la lectura simple de la Palabra de Dios, como si solo pasara por nuestra mente, como el agua pasa por una tubería, sino considerando lo que leemos, meditándola y aplicándola a nuestros corazones». 

Así que, al dejar tiempos libres en tu horario, sacas algo de ruido, sacas la basura, sacas las cosas innecesarias para que puedas tener espacio, tiempo y quietud de mente y corazón para reunirte con el Señor, para dejar que tu alma se nutra con Su Palabra, y mientras te metes en la Palabra, gozarte en Cristo que es la Palabra viva. 

Jesús nos invita y dice: «Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar» (Mateo 11:28).

Él sabe lo que necesitas y cuándo lo necesitas. Él sabe cuántas horas de sueño necesitas. Él sabe lo que tu alma necesita. Si le das tus días y tus horas y tus momentos, creo que Él va a multiplicar lo que necesitas. Es simplemente sobrenatural. Él puede hacer que esos pequeños momentos que te encuentres en Su presencia te lleven a través de varias horas de un día frenético con todas tus responsabilidades

Ahora, no tomes eso como excusa para tomar atajos, pero hay temporadas en la vida que son mucho más difíciles. Dios lo sabe. Confía en Él, y confía en que Él te va a guiar. Él sabe cómo llevarte a esos pastos verdes. Él sabe cómo encontrarlos para ti, y sabe cómo guiarte junto a aguas de reposo. 

Ahora, el versículo 3 dice que el Pastor «restaura mi alma». Mientras David, el rey-pastor reflexionaba acerca de lo que había significado para él ser pastor y de cómo cuidaba de sus ovejas, estoy segura de que él pensaba, «cuando mis ovejas necesitaban comida, cuando necesitaban agua, cuando necesitaban descanso, cuando estaban hambrientas, cuando estaban cansadas, yo cuidé de sus necesidades. Yo encontraba lo que necesitaban. Las llevaba a los lugares que necesitaban. Yo les proveía. Yo restauraba sus almas».

Creo que probablemente también pensaba en los tiempos cuando esas ovejas se perdían, se decarriaban, se escapaban del rebaño. Pensaba cómo dejaba el resto del rebaño y salía a buscar a esa ovejita que se había extraviado –tal vez atrapada en algún barranco, tal vez atrapada en un matorral, tal vez en la noche oscura, asustada y sola –y él pensaba, «en esos momentos yo restauraba a mis ovejas».

Tal vez pensaba en esos tiempos cuando las ovejas estaban esperando crías, y se caían de lado y quedaban boca arriba, y se quedaban atoradas –no podían pararse; estaban muy gordas. Ese tipo de ovejas es a las que se les llamaba abatidas –no se podían poner de pie ellas mismas. «¿Por qué te desesperas, alma mía?» (Salmo 42:5). Cuando a las ovejas les pasaba eso, el pastor venía y las levantaba y las ponía sobre sus patas. Él restauraba a esa oveja. 

Así es que estoy segura de que él estaba pensando en diferentes tiempos y épocas en la vida de las ovejas cuando el pastor restauraba a esas ovejas. 

Y David pensaba, «mi Pastor Dios restaura mi alma en esas diferentes estaciones y necesidades y tiempos de mi vida».

Ahora, la palabra restaura, el significado en el lenguaje original de esta palabra se traduce como «volver atrás, girar, regresar». Frecuentemente en el Antiguo Testamento se usa para hablar de un regreso espiritual al Señor. Dios dice: «Volveos a mí… y yo me volveré a vosotros» (Zac. 1:3).

Significa «refrescar, avivar». Aviva nuestros corazones. Restaura nuestros corazones, oh Señor». 

El significado básico de esta palabra tiene que ver con regresar al punto de partida. De alguna manera te saliste del camino, de alguna manera te caíste, de alguna manera tus necesidades no están siendo satisfechas. Has perdido ese lugar de abundancia, de llenura y provisión. Te has ido y es Dios restaurándonos a ese punto de partida.

De hecho, algunas veces esta palabra en el Antiguo Testamento, se traduce como convertirse o arrepentirse. Dios trae mi alma al arrepentimiento. Él me convierte. Él me cambia. Él me regresa a donde necesito estar. 

Ahora, la promesa de que Dios restaura nuestras almas sugiere que va a haber tiempos cuando nuestras almas necesitan ser restauradas. Me dirás, «bueno, eso es algo bastante obvio». Pero piensa cuáles son algunos de estos tiempos:

  • Necesitamos ser restauradas espiritualmente y en nuestras almas cuando estamos débiles o desmayando. 
  • Necesitamos ser restauradas cuando nos hemos extraviado, hemos sido rebeldes o hemos fallado. 

Veamos algunas de esas temporadas y cómo necesitamos ser restauradas.

Primero, cuando estamos débiles o desmayando. Creo que hay varias cosas que pueden ocasionar que estemos débiles o desmayando espiritualmente. Una de ellas es cuando hemos estado sirviendo a otros. Las que son madres, ustedes que son esposas o que sirven en una iglesia o en su lugar de trabajo, tú sabes lo que es dar tanto para ministrar las necesidades de los demás. 

Hay tiempos cuando sientes que te estás cayendo, que te estás marchitando –con manos y corazones caídos. Necesitamos ser avivadas, necesitamos ser estimuladas. Nos agotamos cuando damos tanto y necesitamos reponer nuestras reservas. Necesitamos llenar el tanque. Lo necesitamos.

Hice esto hace unas semanas. Me estaba alistando para un tiempo de ministerio, una temporada de ministerio muy ocupada y acababa de salir de otra temporada parecida. Sabía que necesitaba detenerme para poner combustible en mi tanque y chequear algunas cosas –espiritualmente hablando.

Así que me tomé algunos días e hice una especie de retiro. Le pedí a una amiga si podía irme a un lugar apartado que ella tiene. Durante ese tiempo del año nadie va a este lugar. Así que estuve allí, la mayor parte del tiempo sola. Pasé el tiempo leyendo, buscando al Señor, escuchando la voz del Señor, disfrutando de aquel lugar –desde adentro, claro, porque era un lugar frío. 

Estaba ahí dejando que Dios restaurara mi alma. No me desconecté totalmente. Lo que hice fue que tenía contacto a través de correo electrónico durante esa semana, aunque hay veces que probablemente necesite también desconectarme del correo electrónico. Pero fue un tiempo tan precioso con Dios… lo que Dios hizo allí conmigo. Salí de allí restaurada, renovada, lista para comenzar de nuevo y con mi alma llena, satisfecha y lista para comenzar esa temporada de ministerio que tenía por delante.

El punto es que necesitaba eso. En esos tiempos, la mayor cosa que Dios usa para restaurar nuestras almas es Su Palabra. Su Palabra restaura el alma. El Salmo 19 dice: «La ley del Señor es perfecta, que restaura el alma» (v. 7). Esa es la palabra, restaurar. Él restaura nuestra alma, Él restaura nuestra mente, nuestras emociones, nuestro espíritu a través de Su Palabra. 

Así que, cuando hemos estado sirviendo y llegamos a ese punto de debilidad y casi desmayar, necesitamos a Dios para que nos restaure. 

Hay otra cosa que nos puede hacer débiles y que puede llevarnos a desmayar, y es cuando hemos sufrido, cuando hemos pasado por la aflicción. El Salmo 71 versículo 20, dice: 

«Tú que me has hecho ver muchas angustias y aflicciones, me volverás a dar vida, (me restaurarás) y me levantarás de nuevo de las profundidades de la tierra».

Y me encanta ese versículo en 1 Pedro 5:10. Al final de todo el libro hablando del tema de sufrimiento, Pedro dice:

«Y después de que hayan sufrido un poco de tiempo, el Dios de toda gracia, que los llamó a Su gloria eterna en Cristo, Él mismo los perfeccionará, (y ahí está la palabra, restaurará) afirmará, fortalecerá, y establecerá».

¿No es maravilloso? Él restaura mi alma cuando he servido y cuando he sufrido. Cuando estoy débil y desfalleciendo, cuando estoy agotada, Él me vuelve a llenar. Él ministra gracia a mi corazón. El Dios de toda gracia es el Pastor que restaura mi alma. 

Hay algunas ocasiones cuando necesitamos ser restauradas, no porque estemos débiles o desfalleciendo, sino porque hemos sido rebeldes y hemos fallado. Cuando hemos pecado, nos hemos desviado, hemos tropezado. 

La tendencia de las ovejas es a separarse del rebaño, a perderse. Así es que cuando cae la noche, podrían estar en gran peligro. Podrían ser presas fáciles de animales salvajes. Podrían caer en algún barranco. Así es que cuando el pastor descubre que una de ellas falta, es muy importante para él ir a buscarla, encontrarla y cargarla en sus hombros –probablemente ustedes han visto esa imagen– y llevarla de regreso al redil. 

Por supuesto, David sabía de lo que estaba hablando, no solo por haber sido pastor, sino por ser un pecador. Él sabía lo que significaba alejarse del Pastor. Él sabía lo que era el haber sido ungido, elegido rey por Dios, dejar el rebaño e ir por la esposa de su prójimo. David, el pastor David, el rey David, el poeta David, el hombre de Dios, David el adúltero…sabía lo que era necesitar desesperadamente al Pastor para que lo restaurara, cuando se encontraba en rebeldía y fallando. 

Es por eso que escribió y oró en el Salmo 51 esa gran oración penitente: oh, Dios, ahora que me he arrepentido, «restitúyeme (restáurame) el gozo de Tu salvación» (v.12). Él sabía que tenía un Dios Pastor que estaba en el negocio de la restauración, el negocio de restaurar –de tomar cosas viejas, cosas usadas, cosas maltratadas, cosas destrozadas, cosas despreciadas, cosas que nadie más quiere, cosas gastadas que nadie quiere usar, Dios las toma y las restaura. Las hace nuevas. Tenemos un Dios redentor que hace nuevas todas las cosas. 

Así es que, quizás has pecado voluntaria o involuntariamente, y estás viviendo con una profunda culpa y dolor por haberte alejado del Señor y te preguntas, «¿cómo pude haber hecho esto? Me alejé. Estoy tan lejos de Dios. He pecado. ¿Podrá Dios perdonarme algún día? ¿Podrá restaurarme algún día? 

Puedes haber dejado tu primer amor –tal vez te has alejado en formas que no son tan evidentes. De todas formas (independientemente del caso), necesitas ser restaurada. 

Tenemos un Dios pastor que dice, «te voy a restaurar». No necesitas permanecer alejada. 

¿No crees que es maravilloso que tenemos un Dios que busca a las ovejas que se han alejado? Él busca a aquellas que son suyas. Él te quiere restaurar. Él quiere regresarte a tener una completa y total comunión con Él. Quiero decir, en la economía de Dios, Él no solo te pone una vendita y lo deja como era antes. He visto a Dios hacer esto en matrimonios, donde Él restaura y lo hace aún mejor que como era, mejor que cualquier cosa que nadie pudo haber imaginado. No existen situaciones sin esperanza. No es demasiado tarde. 

Si Él es el Pastor de tu alma, Él puede restaurarte totalmente. Él puede restaurar, Joel el profeta dice: «los años que ha comido la langosta» (2:25, parafraseado), Él te los puede regresar y más aún. 

No vivas con remordimientos del pasado. Si te has arrepentido, si lo has dejado atrás, si lo has confesado y te has apartado, deja que el Pastor restaure tu alma. Deja que te devuelva esperanza. Deja que te dé la satisfacción y el gozo que nunca imaginaste tener. 

¿Tu alma necesita ser restaurada? Entonces ve al Pastor. 

No necesariamente vas a encontrar restauración a través de vacaciones, música, entretenimiento, terapia, medicamento. Puedes hacer todo eso y aun tener un alma cansada y rebelde. Esas cosas por sí solas nunca restaurarán tu alma. 

La restauración se encuentra en una Persona, el Señor Jesucristo, el Gran Pastor de las ovejas.

Señor, hay algunas ovejas escuchando este mensaje que necesitan que su alma sea restaurada. Quiero orar por ellas en este momento y pedirte que les ministres gracia de acuerdo a su necesidad; que le des esperanza; que les hagas saber que las estás buscando, las estás siguiendo, que las quieres restaurar a tener comunión contigo, que quieres renovarlas, que quieres avivar su corazón. 

Señor, ¿restaurarías esas almas el día de hoy? Venimos como esas ovejas necesitadas, frágiles, rebeldes, cansadas, desmayando, alejadas… Hazlo Señor, Pastor de mi alma, hazlo Señor; en el nombre de Jesús oramos, amén. 

Annamarie: Amén. ¿Estás cansada? No dejes pasar este día sin acercarte a tu Buen Pastor para ser restaurada. Nancy DeMoss Wolgemuth te ha animado a hacer esto y te ha recordado que solo en Cristo hallarás descanso para tu alma.

Hay momentos de la vida en que llegas a lugares inesperados de los que no puedes escapar. Pero aún allí, tienes esperanza en Jesucristo. Mañana Nancy te hablará más acerca de esto como continuación de la serie, «El Señor es mi Pastor».

Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Te recordamos que la lectura bíblica para hoy es Génesis capítulos 19 al 22.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

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