CONFIANZA EN DIOS | Proverbios 3:5


Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Proverbios 3:5

INTRODUCCIÓN: Salomón, personaje considerado, aun por la crítica histórico-literaria más radical, como un pensador agudo y de profunda sapiencia en lo relacionado con la naturaleza humana, ha dicho en frases inmortales: «Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia» (Pr. 3:5). Sin duda alguna vivimos en un mundo donde impera la más absoluta desconfianza. Hay ocasiones en que la misma está sobradamente justificada. Pues son tantos los engañadores, los charlatanes, que es necesario estar alerta y quizás un poco desconfiados de todo lo que nos dicen. Sin embargo, la historia—la gran maestra de la vida—nos enseña que los hombres que triunfan son los confiados y no los desconfiados. Observando a través de los principios emanados de la experiencia cotidiana y aun de la Palabra de Dios, vemos que en materia de «confianza o fe», hay tres aspectos o facetas distintas.

  1. La confianza en uno mismo: esto es, la confianza en nuestras propias capacidades: en nuestras propias fuerzas, en nuestro valor personal. Sin duda alguna que el ser humano que afronte cualquier tipo de problemas y destierre de su mente la idea de que él es capaz de salir airoso en ciertas circunstancias más o menos convencionales o naturales, estará irremediablemente condenado al fracaso.
    Hay un refrán o adagio que reza: «El triunfo es de los osados». Pues bien, y ¿qué es la osadía, sino la confianza en uno mismo elevada a un grado sumo? Sin duda alguna que elemento de mucha importancia y relieve en la obtención del éxito humano es la confianza en uno mismo.
  2. La confianza en los demás: los grandes señores del éxito han sido hombres y mujeres que, además de confiar en sí mismos, han confiado en los demás (ej.: un general victorioso es un general que puso su confianza en su propia capacidad de estratega y en el valor y coraje de sus soldados; un industrial que tiene éxito es un industrial que además de confiar en su pericia y conocimiento, confía en la capacidad, destreza y habilidad de sus obreros).
    a) Piedra angular en la formación ideológica de un dirigente es la confianza depositada por él en aquellos que lo rodean y que le han servido de sostén y pedestal. Su éxito como jefe estará en proporción directa con su confianza y fe en aquellos que lo rodean.
    b) Ésa es la gran lección de la historia humana. en la raíz de toda empresa noble y honrada que se ha visto coronada por el éxito, ha habido una semilla de fe y confianza de uno para todos y todos para uno que ha florecido y fructificado.
    Ahora bien, si importante para el éxito en toda empresa humana es la confianza en uno mismo y en los demás, no es menos cierto que tanto en estos menesteres como en los problemas relacionados con la naturaleza inherente al ser humano, depende fundamentalmente de que depositemos nuestra confianza en Dios para que seamos recompensados con el éxito. Aunque muchos crean lo contrario, es absolutamente cierto que en los problemas del alma y del espíritu fallan de manera ridícula los dos aspectos primarios del tema en cuestión. La capacidad del hombre está limitada intrínsecamente a lo exterior, corpóreo y material; pero el hombre se encuentra incapacitado para resolver por sí mismo los graves y apremiantes problemas de su malparada naturaleza espiritual. Y es aquí, precisamente, a donde queríamos llegar. Únicamente cuando el hombre, sobreponiéndose a sus propios fracasos, se levanta y va y deposita a los pies del Trono de la Gracia su confianza en el Autor y Sustentador de la vid, estará en vías de ser restaurado y de vislumbrar en el futuro, el disfrute a plenitud de los grandes valores espirituales y éticos de que Dios le hizo depositario, desde el mismo instante en que alentó vida en su nariz.
  3. Confianza en Dios: he ahí la fórmula capaz de erradicar los males, cada vez mayores, de una humanidad descreída y desorientada …
    a) Confianza, seguridad y fe en que Dios escuchará nuestra oración, si implorantes y humillados acudimos ante él. Certeza de que el sacrificio de Jesucristo hace veinte centurias en el madero del Calvario, es perfectamente capaz de salvarnos, precisamente porque «Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos».
    b) Confianza en que Dios cumplirá sus promesas de redención para la raza de Adán, sí sólo miramos al Cristo de la cruz.
    c) Confianza en que Dios ha edificado su iglesia sobre la Roca inconmovible de los siglos, Cristo Jesús y en que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.
    d) Confianza en que Dios nos habrá de librar lo mismo del horno de fuego que del foso de los leones.
    e) Confianza en que Dios es Amor, y por lo tanto capaz de tener compasión por nosotros y ser propicio a nuestro pecado.
    CONCLUSIÓN: «Fíate de Jehová en todo tu corazón», ha dicho Salomón. Y Jehová te ungirá con el óleo santo de la paz y la vida eterna.

Vila, S. (2001). 1000 bosquejos para predicadores (pp. 744-745). Editorial CLIE.

Cuando Dios nos pide esperar | Charles Stanley

Los retrasos pueden ser agonizantes, pero Dios tiene una visión panorámica de todo, y su tiempo es perfecto. En este práctico mensaje, el Dr. Stanley nos habla de seis cosas que necesitamos para recibir lo mejor de Dios en cada situación.

Conocer los principios bíblicos es esencial para caminar en los pasos de Dios como Él desea.

Uno de los principios más importantes es obedecer al Señor y dejar todas las consecuencias en sus manos. Y junto a este, también hay otro igual de transcendental, el cual nos enseña a esperar por el tiempo del Señor. Obedecer a Dios no solo implica hacer su voluntad, sino también obrar en su tiempo y de la manera que nos indique hacerlo.

Para mantenernos en el centro de la voluntad perfecta de Dios, debemos evitar adelantarnos a su tiempo.

Aunque no siempre es fácil esperar en el Señor, no fallaremos si con paciencia le dejamos guiarnos de acuerdo a su tiempo. Si nos adelantamos, caeremos en problemas; pero si confiamos en su dirección, nos guiará hacia su voluntad y hará más de lo que esperábamos.

Antes de tomar una decisión rápida y avanzar, en vez de esperar en el tiempo de Dios, prestemos atención a las palabras del Salmo 27.14: “Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová”.

El tiempo de Dios no solo es bueno, sino perfecto.

Es Omnisciente y conoce cada aspecto del pasado, del presente y del futuro. El Señor ve cada área de nuestra vida; conoce todas nuestras necesidades y deseos. Comprende lo que es mejor para nosotros. Su plan divino para nuestra vida siempre es perfecto y cumple su buena voluntad.

En cambio, casi siempre estamos apurados para obtener lo que deseamos. Como poseemos un conocimiento limitado, debemos orar y esperar a que el Señor nos muestre el camino a seguir. Pero, en nuestra prisa por avanzar, casi siempre tomamos decisiones sin pedirle a Dios que nos muestre su tiempo perfecto para ese aspecto de nuestra existencia.

Sin embargo, el Señor ha provisto todo lo que necesitamos para obedecerlo. Al salvarnos, su Espíritu vino a morar a nuestra vida para siempre. Una de las responsabilidades del Espíritu Santo es guiarnos de acuerdo a la voluntad y a la Palabra de Dios. Nos advierte acerca de los caminos equivocados y nos exhorta para que hagamos lo correcto, pues no tenemos la capacidad para tomar decisiones sabias por nosotros mismos.

Cuando Dios dice que debemos esperar, eso es exactamente lo que desea que hagamos.

Así que debemos aprender a escucharlo y a seguir su dirección, en vez de tomar nuestras propias decisiones. Si nos acostumbramos a escucharlo en todo momento, estaremos listos para oírle cuando necesitemos ser guiados en situaciones difíciles. El Señor promete en su Palabra que contestará nuestras oraciones y dirigirá nuestro andar; aunque a veces debemos esperar a que nos muestre el camino. Aunque quizás deseamos una respuesta inmediata, Dios, por su amor y omnisciencia, conoce lo que es mejor para nosotros hoy y en el futuro, pues su perspectiva es eterna.

¿Cuáles son los requisitos para esperar en Dios?

• Fe. Si comprendemos quien es Dios, confiaremos en Él, pues sabe más que nosotros y su tiempo es siempre perfecto. No nos priva de nada, sino que hace lo que es mejor para nuestra vida, de acuerdo a su conocimiento y sabiduría. Nos invita a pedir, a buscar y a llamar en oración, y promete respondernos de acuerdo a su divino propósito y a su tiempo perfecto (Mt 7.7).

Por tanto, no debemos pensar que, si su respuesta no llega de manera inmediata, significa que no nos dará lo que le hemos pedido. Por el contrario, tenemos que recordar el poder, la sabiduría, el amor y el conocimiento de Dios, confiar en que tiene el control de toda situación y que nos dará lo que es bueno. Si su provisión no llega inmediatamente, es porque no la necesitamos, o porque no es bueno para nosotros, o no es el tiempo adecuado para recibirla.

• Paciencia. El Salmo 37.7 enseña: “Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres…”. Tener que esperar puede causar ansiedad e impaciencia, pues cuando lo hacemos pareciera que Dios no hiciera nada. Sin embargo, debemos recordar que nos ama y ofrece dirección, provisión, ayuda y fortaleza durante el tiempo de espera.

Cuando David fue ungido como rey de Israel siendo aún adolescente, no sabía que tendría que esperar más de doce años antes de que esa promesa se hiciera realidad. Lo que parecía como un tiempo perdido era parte del plan perfecto que Dios tenía con su vida. El Señor no estaba perjudicando a David con ese retraso, lo estaba ayudando.

• Valentía. Cuando una oferta u oportunidad parece buena, se requiere de gran valor para esperar en Dios, pues quizás tendremos que rechazarla. Aunque los demás no comprendan nuestra decisión y nos insten a proseguir, si esto no está de acuerdo al tiempo y a la voluntad del Señor, no debemos tomar la decisión equivocada. No podemos entender las dificultades que tendremos que enfrentar si avanzamos en desobediencia, en vez de esperar con paciencia y valor hasta que Dios nos muestre el camino a seguir.

• Determinación. Como la influencia de otros tiene un efecto poderoso en nuestra vida, se requiere de fortaleza para esperar en el Señor. Aunque la situación parezca buena, si el Espíritu Santo nos advierte, debemos cambiar de parecer para obedecerlo y no dejarnos guiar por los consejos de otras personas.

• Fortaleza. Si nos sentimos tentados a adelantarnos a Dios, debemos recordar que el Todopoderoso es la fuente de nuestra fuerza y quien provee el poder que necesitamos para esperar con paciencia. Además, es Dios quien puede cambiar los deseos de nuestro corazón para alinearlos con su voluntad y darnos pasión para obedecerlo.

• Perseverancia. Si el Señor nos llama a esperar, necesitamos perseverar para mantenernos firmes cuando otros den sus opiniones y ofrezcan sugerencias sobre lo que debemos hacer.

Aunque el mundo está lleno de ofrecimientos tentadores y muchos se apresuran para decirnos cómo debemos vivir, solo hay un Ser superior al que debemos escuchar, y es el Señor. Nuestra responsabilidad es obedecer y dejar las consecuencias en sus manos. Andar en la voluntad de Dios es la mejor decisión que podemos tomar. Aunque no recibiremos todo lo que anhelamos de acuerdo con nuestros planes, no nos perderemos las bendiciones del Señor, las cuales sí concuerdan con el tiempo y la voluntad de Dios. Por tanto, en todo momento debemos buscar la sabiduría de Dios en oración, mientras esperamos por su dirección y observamos cómo obra en nuestra vida.

REFLEXIÓN

¿Desea hacer la voluntad de Dios por encima de todo, aunque eso signifique que no le dará lo que desea, ni lo hará en el tiempo que esperaba recibirlo? De no ser así, ¿qué le impide confiar en el Señor?

¿Qué peticiones espera que Dios le conteste? ¿Cuáles de los atributos del Señor le asegura que obra a su favor cada día?

Fuente: https://www.encontactoglobal.org/vea/sermons/cuando-dios-nos-pide-esperar

“Y pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto, y será aceptado paraexpiación suya.” Levítico 1: 4

23 de Enero
“Y pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto, y será aceptado para
expiación suya.” Levítico 1: 4.
Si al poner su mano sobre el novillo, este se convertía en el sacrificio del oferente,
¿cuánto más no se volverá Jesús nuestro cuando ponemos sobre Él la mano de
la fe? “Mi fe en verdad su mano pone Sobre esa amada cabeza Tuya, En tanto
que como penitente estoy, Confesando allí mi pecado.”
Si un novillo podía ser aceptado en lugar de una persona para hacer expiación
por ella, ¿cuánto más no será el Señor Jesús nuestra propiciación plena y toda
suficiente? Algunos contienden con la gran verdad de la sustitución; mas, en
cuanto a nosotros, es nuestra esperanza, nuestro gozo, nuestra jactancia y
nuestro todo. Jesús es aceptado en lugar nuestro para hacer expiación por
nosotros, y nosotros somos “aceptos en el Amado”. El lector ha de apresurarse de
inmediato para poner su mano sobre el sacrificio consumado del Señor, para que,
aceptándolo, pueda obtener su inmediato beneficio. Si ya lo ha hecho una vez,
que lo haga otra vez. Si no lo hubiere hecho nunca, que extienda su mano sin
demorarse ni un momento. Jesús es tuyo ahora si quieres tenerlo. Apóyate en Él;
apóyate fuertemente en Él; y es tuyo más allá de toda duda; estás reconciliado
con Dios, tus pecados han sido borrados, y tú le perteneces al Señor.

Devocional: La Chequera del Banco de la Fe, por Charles Spurgeon.

Los Anhelos del Pecador | Salvador Gómez Dickson


También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.
Lucas 15:11–13

Si recordamos que una parábola es la presentación de una verdad espiritual utilizando el recurso de una terrenal, ¿qué quiso el Señor comunicar con la petición de este hijo y su conducta posterior? Sin duda alguna quiso representar a los publicanos y pecadores que los fariseos menospreciaron tanto en sus días. En su apreciación personal, los fariseos eran justos en sí mismos, merecedores de toda bendición divina. La rigurosidad con que se conducían en todos los aspectos externos de la religión les elevaba muy por encima de los demás mortales. Y Cristo, ante la realidad de que nadie entrará al reino de Dios con el ego inflado, en muchas ocasiones razonó y usó de misericordia para llevarles a entender el verdadero estado de sus corazones.
Fue precisamente ante las murmuraciones de los escribas y fariseos que nuestro Señor ofreció las parábolas que se encuentran en Lucas 15. “Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Éste a los pecadores recibe, y con ellos come” (vv. 1–2), es “amigo de publicanos y pecadores” (Lucas 7:34). En su mentalidad, si Jesús era un profeta santo de Dios, no debía entrar en contacto con los pecadores. Así pensó Simón el fariseo: “Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora” (v. 39). Y al razonar así, estos religiosos estaban confundiendo la misión misma que el Mesías había venido a realizar.
En su contacto con ellos en otras ocasiones, Jesús aseveró este punto muy diáfanamente. En Lucas 5 nos encontramos con el llamamiento de Leví, publicano o cobrador de impuestos, gente odiada por el pueblo por tener la reputación de traicionar la nación quitando el dinero de sus conciudadanos para darlo al imperio romano. Como una muestra de gratitud al Señor, Leví le preparó un banquete, invitando también a muchos de sus compañeros publicanos. Esto fue otro motivo para la murmuración. Los fariseos no se podían explicar cómo Jesús, clamando ser el Mesías enviado de Dios, comía y bebía con publicanos y pecadores. Fue en esa ocasión cuando Cristo dijo aquellas palabras tan conocidas hoy: “Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Lucas 5:31–32).
La misión de Cristo es salvar pecadores, sanar las almas enfermas con el cáncer del pecado. Por ello, cuando un hombre o una mujer se considera una persona tan justa y buena a los ojos de Dios como para no tener que experimentar un sentido de la culpa y odiosidad del pecado, nos encontramos frente a alguien que se rehúsa a ser sanado por Jesús, aun y cuando con urgencia necesita de la medicina que sólo Dios puede brindarle. El hombre tiene un grave problema con el pecado, y sólo Dios puede ayudarle. Los fariseos no veían esta necesidad, y por tanto, habían despreciado el único remedio para la sanidad de sus corazones.
En el capítulo 19 de su Evangelio, Lucas vuelve a narrar el contacto de Jesús con un publicano. En este caso, con uno de los jefes de los publicanos: Zaqueo. El Señor entró en casa de Zaqueo, levantando inmediatamente la queja de sus opositores. “Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador” (v. 7). Ciertamente era un hombre pecador. Él mismo confesó el pecado de hurto, arrepintiéndose y haciendo restitución por ello. Pero así llegó la salvación a su casa. “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (v. 10).
De esto se trata la parábola del hijo pródigo. Es la historia de un pecador que se arrepiente de sus pecados y es perdonado por su padre. Sabiamente, el Señor presenta el caso de un gran pecador, para así exaltar todavía más el abundante perdón de Dios para los que reconocen su condición y recurren al Salvador por medio de la fe. Pero los que no se consideran perdidos, nunca serán hallados; los que no se ven a sí mismos como muertos delante de Dios, jamás serán vivificados en su presencia.
Cristo trata primero con la oveja perdida (Lucas 15:1–7). Luego con la moneda perdida (vv. 8–10). Y finalmente con el hijo perdido (vv. 11–32). ¿Cuál es el punto entonces? Que el hombre está perdido en sus pecados y necesita de la salvación de Dios; que cuando éste se arrepiente, es alcanzado por la misericordia perdonadora del Señor, lo cual es causa y motivo de gran gozo y celebración en el reino de los cielos.
Lo primero que observamos en el contenido de esta parábola es una manifestación de los anhelos y deseos del hijo menor. Casi podemos sentir las palpitaciones del corazón de este joven. Sus principales anhelos quedan al descubierto; abrió su corazón, y lo que brotó puso en evidencia las más bajas inclinaciones de su alma. “De la abundancia del corazón habla la boca” (Mt. 12:34).
Antes de proseguir, debemos decir algunas palabras con respecto a los personajes de nuestro relato. El padre de la parábola es Dios. Obviamente, con esto Jesús no tiene la intención de afirmar que Dios es el Padre espiritual de todos los hombres. En otros lugares da a entender claramente lo contrario (Juan 8:44). Lo que Cristo está más bien argumentando es que Dios es Señor y Soberano sobre todos en virtud de Su identidad como Creador, que tiene autoridad sobre todos por cuanto es el Dador y Sustentador de la vida de cada una de Sus criaturas. “Él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas” (Hch. 17:25), y por esta razón tiene autoridad para mandar a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan (v. 30). Al final de la historia, aunque la opinión de los hombres aquí en la tierra haya sido diferente, cada uno dará cuenta a Aquel que es soberano sobre todos (v. 31).
El padre bueno de la parábola es Dios, porque cuida y protege su creación como ningún padre jamás lo ha hecho ni lo hará. Las normas de Su hogar son las mejores: perfectas. Ha provisto al mundo de todos los recursos necesarios para toda la humanidad en todas las épocas conforme a Su misericordia y bondad. “Hace salir su sol sobre malos y buenos… hace llover sobre justos e injustos” (Mt. 5:45). ¿Quién no quisiera tener a Dios como Padre?
Sí, hay alguien que prefiere no tenerle dirigiendo sus asuntos: el pecador. Y esto nos lleva a nuestro segundo personaje: el hijo menor. Por lo que hemos explicado anteriormente acerca del contexto de esta parábola, vemos a los publicanos y pecadores representados en él.
El hijo mayor no es mencionado sino hasta el final de la narración, segmento que consideraremos en los capítulos finales de nuestro estudio. Por ahora, podemos simplemente afirmar que el papel que representa este personaje es el de los escribas y fariseos, pecadores igual que los demás, pero con un alto sentido de justicia personal.
No se nos dice mucho acerca del hogar de esta familia. Pero no sería ir muy lejos pensar que las condiciones en las cuales creció el pródigo fueron las mejores. Hay fuertes elementos emotivos en la parábola. Todo padre se puede identificar muy fácilmente con el dolor que el padre del hijo pródigo debió experimentar. A medida que avancemos en nuestro estudio veremos surgir cada uno de estos elementos. He aquí el caso de un padre con un hogar modelo, ordenado bajo principios justos y poniendo a disposición de sus hijos aquellas cosas que más le convenían. Pero nada de esto impidió la trágica decisión tomada por su hijo.
Otra información ausente en el texto es una descripción del tipo de vida que el hijo había tenido hasta ese momento. No parece ser el caso que éste haya sido delincuente o borracho; ni siquiera podemos afirmar que haya sido desobediente. Esto es un punto más a favor de pensar que este personaje no sólo representa a pecadores criminales, sino a todo tipo de pecadores. Todos estamos representados en él. No importa si usted creció en un hogar cristiano o si vivió perdidamente por largos años, está representado por él. Todo pecador está representado aquí con sus anhelos e inclinaciones.
¿Por qué es importante esta última declaración? Porque a menos que usted se identifique como uno de los perdidos que Cristo vino a salvar, no irá en la actitud del pródigo a encontrar el remedio para su condición. Veamos cuáles eran los grandes anhelos del hijo menor, y así podremos observar nuestro propio retrato en él.
Al realizar una radiografía de su corazón, nuestro personaje revela dos objetos principales de deseo:
Independencia
Con las palabras: “Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde”, este joven estaba procurando experimentar una independencia plena de la influencia paterna. Era como si le estuviera diciendo: “Padre, yo sé que hasta ahora me has querido dar lo mejor. Sé que tienes una forma de ver las cosas, una manera de pensar. Pero ha llegado el momento para separarme de ti, para no encontrarme más bajo tu sombra. Puedes tener planes conmigo, pero otros son los que yo tengo para mí mismo. Hay cosas que quiero conocer y disfrutar, que me serían imposible de experimentar estando bajo tu techo. Dame mis bienes, porque de ahora en adelante voy a manejar mis cosas a mi manera y por mi propia cuenta.”
Sus palabras nos revelan una gran insatisfacción con su padre y con la casa de su padre. Empezó a observar que las cosas no siempre eran como él quería. Poco a poco fue surgiendo el deseo de una mal llamada libertad. No era libertad de un padre tirano; quería estar libre de la influencia del testimonio y del ejemplo paterno. Quería independencia espiritual para tomar su propio camino hacia el mundo. ¿No le parece haber leído algo similar en otro lugar de las Escrituras?
Eva fue tentada por el diablo precisamente en el terreno de la independencia moral. La serpiente cuestionó la moral de Dios y Su autoridad para legislar sobre la vida del hombre. Incitó a la mujer a actuar por iniciativa propia, independientemente de aquello en lo que había sido instruida previamente. Esa búsqueda de libertad de nuestros primeros padres ha sido la causa de todos los males y pecados de la humanidad. Nuestro Creador sabe lo que más conviene a Sus criaturas. Pero en su soberbia, el hombre siempre ha querido intentar una mejor opción, un camino más corto hacia la felicidad. ¿Resultado? La ruina y maldición del pecador; y con el pródigo no iba a ser diferente.
Pero no podemos olvidarnos de lo siguiente: la parábola está hablando de todo pecador. El hombre sin Cristo anhela la independencia de Dios. Es importante observar que no es necesario ser un ateo para ser incrédulo. Con tan sólo dejar de tomarle en cuenta es suficiente (Rom. 1:28).
Al igual que un padre de familia tiene reglas en su hogar que garanticen el buen orden y la paz doméstica, Dios también tiene sus reglas. Pero el hombre no quiere someterse al gobierno de su Creador; no quiere verse atado a tener que continuar siendo obediente a los principios y valores de su Hacedor. Él nos presenta un camino; el pecador prefiere tomar otra ruta hacia la felicidad. “Cada cual se apartó por su camino” (Isaías 53:6).
Placer
El segundo elemento que encontramos en el corazón del pecador, tal como la narración de esta parábola evidencia, es el placer. Todo pecador es hedonista de corazón, aunque las manifestaciones sean tan variadas como los gustos de cada quién. El disfrute de la vida se ha convertido en la pasión de la humanidad. Billones de dólares son destinados al único fin de promover la diversión. El razonamiento del hombre es el siguiente: “La vida es breve, y hay que gozarla”; aunque para lograr sus propósitos pisotee la voluntad de Dios revelada en Su Palabra.
En esencia, la humanidad del siglo I no es diferente a la de nuestra generación. “Comamos y bebamos, porque mañana moriremos” parece ser una expresión extraída de los debates modernos. Pero no es otra cosa que una declaración del hedonismo que el Apóstol Pablo confrontó (1 Cor. 15:32). Un ‘buen’ momento, una buena risa, un buen descanso, parece ser el sentido de la vida.
Pero todo esto no es más que la posposición de un pensamiento serio sobre la eternidad y el propósito y significado de la vida. Salomón fue alguien que cayó en esta trampa. “No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno… Y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol” (Ecl. 2:10, 11). Su perspectiva de la vida cambió; el placer no suplió las grandes necesidades de su alma. “Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete; porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo pondrá en su corazón. Mejor es el pesar que la risa; porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón” (7:2, 3).
Quizá para usted sea un sueño poder entregarse a todos los placeres que se le antoje a su corazón. ¡Pero Salomón lo hizo! Si veía algo que le gustaba, podía asumirse que ya era suyo. Ciertamente alguien pensaría que en eso radica la verdadera felicidad: en hacer lo que se quiere cuando se desee. El caso de Salomón nos demuestra lo contrario… ¡y la parábola del hijo pródigo lo confirma todavía más!
Este joven era el prototipo de un pecador que quiere ver sus sueños hechos realidad. El freno moral es la calamidad de la criatura que se rebela contra su Hacedor. Disfrutar de la vida ya no era el vivir en plena comunión con su padre, sino el poder dilapidar el dinero en lo que a su entender producía la máxima satisfacción. Por esto ha sido llamado “pródigo”; quiere quemar el dinero y las oportunidades de la vida en un instante. “No me hables de placer para el futuro; lo quiero ahora.”
Pasó lo mismo con Esaú, quien estuvo dispuesto a cambiar su primogenitura por un plato de lentejas (Gén. 25:29–34). El guiso, en el momento, significó mucho más que las bendiciones relacionadas a sus derechos como primer hijo. En el instante pensó que había hecho el trato de su vida. Pero pasado el tiempo lamentó su decisión. “Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas” (Heb. 12: 17).
El hijo de nuestra parábola estaba haciendo exactamente lo mismo. El placer pasajero y temporal vino a ser el todo en la vida, borrando de su vista lo verdaderamente importante. Se fue tras espejismos e ilusiones con una firme pero triste resolución. “Se fue lejos a una provincia apartada” (Luc. 15:13). Quería estar lejos, lejos, bien lejos de su padre; como el pecador, que prefiere alejarse de Dios para así poder entregarse a la vanidad de su corazón. ¡Ay de aquellos que le piden a Dios que se vaya de sus vidas! Porque en ocasiones el Señor hace exactamente lo que le piden. “Entonces toda la multitud de la región alrededor de los gadarenos le rogó que se marchase de ellos… Y Jesús, entrando en la barca, se volvió” (Luc. 8:37). ¿Puede haber una situación más triste para el pecador?
El padre de la parábola no le impidió a su hijo que realizara el acto más descabellado de toda su vida. Su corazón debía estar destrozado; pero le dejó ir. Y así, “desperdició sus bienes viviendo perdidamente” (v. 13b).

Dickson, S. G. (2010). Amigo de Pecadores: El Abrazo Perdonador de Dios en Acción (pp. 1-10). Salvador Gómez Dickson.

¿Todo cristiano es de alguna manera político?

Sí, desde una perspectiva reformada —bíblica y clásica— se puede afirmar que todo cristiano, de alguna manera, está involucrado en la dimensión política, aunque no necesariamente en partidos, militancia o activismo.

Aquí te explico por qué, con equilibrio pastoral y teológico:

🟦 1. El cristiano vive en “dos reinos” (doctrina reformada clásica)

Los teólogos reformados como Lutero (doctrina de los dos reinos) y Calvino afirmaron que Dios gobierna el mundo en dos esferas:

Reino espiritual → donde Cristo reina por Su Palabra y Espíritu.

Reino civil → donde Dios ejerce Su gobierno mediante autoridades, leyes, justicia y estructuras sociales.

Bajo esta visión, todo cristiano pertenece a ambos reinos.
Y por tanto, existe una responsabilidad inevitable hacia ambos.

🟦 2. La Biblia enseña que todo cristiano tiene responsabilidades públicas

Textos como:

Romanos 13:1–7 —somos llamados a someternos, orar y honrar a las autoridades.

1 Timoteo 2:1–2 —debemos interceder por los gobernantes.

Jeremías 29:7 —buscar el bienestar de la ciudad donde Dios nos coloca.

Mateo 5:13–16 —ser luz y sal también en lo público.

Esto significa que nuestra fe nunca existe aislada del contexto social y político en el que vivimos.

Aunque no seamos candidatos ni activistas, la sola presencia de la iglesia en el mundo afecta la vida pública.

🟦 3. ¿Entonces todo cristiano es “político”?

Depende de cómo definamos político.

✔ Si “político” significa:

ejercer influencia moral,

buscar el bien común,

vivir bajo leyes,

orar por gobernantes,

participar como ciudadanos responsables…

Entonces sí:

Todo cristiano es, por definición, un ser político.
No por militancia, sino por vocación ante Dios y el prójimo.

❌ Pero si “político” significa:

afiliarse a un partido,

promover ideologías humanas,

convertir el evangelio en propaganda partidista…

Entonces no:

La fe cristiana no requiere militancia ni identificación con plataformas políticas humanas.

🟦 4. La perspectiva reformada evita dos extremos
❌ Politización del evangelio

Convertir la iglesia en herramienta de ideologías.
(La Reforma siempre rechazó esto.)

❌ Apoliticismo irresponsable

Ignorar la justicia, el bien común o la voz profética ante el mal.
(Los profetas, Jesús, Pablo, incluso Calvino, no fueron apáticos al estado.)

✔ El equilibrio reformado

El cristiano no debe ser partidista, pero sí debe ser responsablemente político.
Es decir, vivir como ciudadano del cielo y de la tierra, buscando reflejar el carácter de Cristo en ambas dimensiones.

🟦 5. Ejemplos de Cristianos que participación responsable en la vida pública, defensa de la justicia, influencia ética y búsqueda del bien común, la historia de la iglesia reformada ofrece varios ejemplos de cristianos que, sin convertir la fe en partidismo, tuvieron un impacto político profundo.

1. Juan Calvino (1509–1564)

No fue un político profesional, pero su labor pastoral y teológica transformó la vida pública en Ginebra.

  • Desarrolló una comprensión bíblica del gobierno civil.
  • Promovió la educación obligatoria para todos.
  • Influenció constituciones, leyes justas y sistemas de bienestar.

Su visión formó la base de:

  • el gobierno representativo,
  • la separación de poderes,
  • la noción de responsabilidad civil,
  • y el derecho a resistir la tiranía (siempre bajo parámetros bíblicos).

Por eso muchos historiadores dicen que Calvino fue “político sin querer serlo”, simplemente porque la Palabra transforma sociedades.


2. John Knox (1514–1572)

Reformador escocés.

  • Su predicación impulsó cambios nacionales.
  • Promovió reformas al sistema educativo y legal.
  • Movilizó al parlamento escocés para establecer fundamentos bíblicos de justicia.

Su influencia llevó a una nación a renovar su marco moral.


3. Abraham Kuyper (1837–1920)

Tal vez el ejemplo más claro de un cristiano reformado literalmente político.

  • Pastor reformado.
  • Teólogo.
  • Fundó una universidad.
  • Fundó un periódico.
  • Y llegó a ser Primer Ministro de los Países Bajos (1901–1905).

Su frase más famosa revela su visión reformada del mundo:

“No hay un solo centímetro cuadrado en toda la creación sobre el cual Cristo no diga: ¡Mío!”

Kuyper enseñó que la fe debe iluminar cada área de la vida: arte, ciencia, educación, familia, economía y, sí, política.


4. William Wilberforce (1759–1833)

Aunque anglicano evangélico (no estrictamente reformado), su teología abrazaba los principios de la Reforma.

  • Parlamentario británico.
  • Lideró la abolición de la esclavitud en Inglaterra.
  • Reformó leyes laborales y prisiones.
  • Su servicio público se basaba en su fe en Cristo.

Es un ejemplo perfecto de cómo la fe transforma estructuras injustas.


5. Martín Bucero (1491–1551)

Reformador temprano que influyó a Calvino.

  • Trabajó activamente con autoridades civiles.
  • Diseñó reformas urbanas basadas en principios cristianos.
  • Promovió asistencia social para pobres y enfermos.

6. Samuel Rutherford (1600–1661)

Pastor y teólogo presbiteriano.

  • Escribió Lex Rex (“La ley es rey”), argumento revolucionario que decía que el gobernante está sujeto a la ley.
  • Sus ideas inspiraron más tarde la Declaración de Independencia de Estados Unidos y sistemas constitucionales modernos.

Conclusión

Estos cristianos reformados no fueron “políticos partidistas”, pero sí:

  • influyeron gobiernos,
  • moldearon leyes,
  • defendieron a los oprimidos,
  • promovieron justicia y libertad,
  • ejercieron ciudadanía cristiana fiel.

Ejemplo clave:

Un cristiano reformado no busca poder político, pero ejerce una influencia pública que transforma sociedades porque su vida está sometida al Señorío de Cristo.

«Recuerda que una mente renovada y un corazón firme en Cristo pueden transformar cualquier vida.» AEA
Somos el Ministerio Alimentemos El Alma.
Que la gracia y la paz de Cristo estén con todos ustedes hoy y siempre.

A Su imagen y semejanza | Génesis 1:26–27

A Su imagen y semejanza
Devocional 2/10
Serie: “Génesis: Los comienzos de la Gracia”
Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.
Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”— Génesis 1:26–27

Estas palabras coronan el relato de la creación.
Después de llenar los cielos y la tierra de vida, Dios hace algo único: forma al hombre y a la mujer a Su imagen.
No somos fruto del azar, sino el reflejo intencional de un Dios personal, santo y lleno de amor.
Ser creados “a Su imagen” significa que fuimos hechos para reflejar Su carácter, Su bondad y Su gloria en todo lo que hacemos.

En 2018, durante los incendios forestales en California, un fotógrafo captó una escena conmovedora:
un bombero, cubierto de ceniza, sostenía entre sus brazos a un pequeño venado que había rescatado del fuego.
Aquel gesto de compasión se volvió símbolo de esperanza en medio del desastre.
Y es que esa capacidad de cuidar, de sentir misericordia y actuar con amor,
es parte de la imagen de Dios impresa en cada ser humano.
Aun en medio del caos, cuando la creación gime bajo el peso del pecado,
Dios sigue revelando destellos de Su imagen en actos de bondad y gracia (Romanos 8:22).

Ser creados a imagen de Dios significa que fuimos hechos para reflejar quién es Él.
Amamos porque Él nos amó primero — “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.” (1 Juan 4:19).
Perdonamos porque Él nos perdonó — “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.” (Efesios 4:32).
Y servimos porque Cristo vino a servir — “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” (Marcos 10:45).

El pecado no destruyó por completo esa imagen divina, pero la distorsionó.
Desde la caída, el hombre busca identidad en lo creado en vez de en el Creador.
Pero Cristo, “la imagen del Dios invisible” — Colosenses 1:15 — vino para restaurar esa semejanza perdida.
Y por medio de Su Espíritu, somos transformados cada día “de gloria en gloria” — 2 Corintios 3:18 — hasta reflejar Su carácter plenamente.Tu valor no depende de lo que haces, ni de lo que tienes, sino de quién te hizo.
El mundo mide la dignidad por logros o apariencias, pero la Palabra de Dios enseña que toda vida tiene valor porque lleva Su imagen.Tratar a otros con respeto, amar sin condiciones y cuidar de la creación es honrar al Creador que nos formó.
Y si estás en Cristo, esa imagen está siendo renovada cada día por Su gracia y Su Espíritu Santo (Efesios 4:24).

El ser humano fue creado para reflejar la gloria de su Creador.
Fuimos formados para mostrar Su amor, redimidos para anunciar Su gracia
y transformados para vivir conforme a Su verdad.
Tu existencia tiene sentido solo cuando tu vida apunta a Él.
Fuiste creado para reflejar a Cristo.

Señor, gracias porque me creaste a Tu imagen y semejanza.
Aunque el pecado ha manchado lo que soy, en Cristo me haces nuevo.
Restaura en mí Tu reflejo, y que mi vida muestre Tu amor y Tu gracia.
Porque en tiempo favorable me escuchaste, y en el día de la salvación me socorriste. ¡He aquí ahora el tiempo más favorable! ¡He aquí ahora es el día de salvación!», lo ruego en el nombre de Jesús, Amén.

«Recuerda que una mente renovada y un corazón firme en Cristo pueden transformar cualquier vida.» AEA
Somos el Ministerio Alimentemos El Alma.
Que la gracia y la paz de Cristo estén con todos ustedes hoy y siempre.

En el principio, Dios | Génesis 1:1

En el principio, Dios

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra.” — Génesis 1:1

Toda la Escritura comienza con una afirmación gloriosa: Dios es el origen de todo. Antes del tiempo, antes de la materia, antes del ser humano, Dios ya era. El relato no intenta probar Su existencia; simplemente la declara. En una sola frase, se nos muestra la majestad del Creador que habla, y el universo obedece. Génesis 1:1 nos recuerda que todo lo que existe proviene de Dios y existe para Su gloria. Nada es fruto del azar. Cada átomo, cada estrella, cada vida, fue formada por la voluntad soberana del Señor. En el principio, no hay caos fuera del control divino: hay orden, propósito y gracia en acción.

En 1968, durante la misión del Apolo 8, los astronautas dieron la vuelta a la luna por primera vez. Mientras contemplaban la Tierra suspendida en la oscuridad del espacio, uno de ellos, William Anders, tomó una Biblia y leyó al micrófono: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.”Millones escucharon aquellas palabras desde el espacio. En ese momento, la humanidad, que había alcanzado un logro tecnológico sin precedentes, reconoció su pequeñez frente a la inmensidad de un Creador eterno.

La creación no solo muestra poder, sino intención redentora. Juan 1:3 nos dice que “todas las cosas por Él fueron hechas”, refiriéndose a Cristo. Desde el primer versículo de la Biblia, el Hijo eterno está obrando. Esto significa que el mundo no es un accidente; fue diseñado para reflejar la gloria del Hijo. La belleza de la naturaleza, el orden del universo y la vida misma son ecos de Su sabiduría. Sin embargo, este mundo caído nos recuerda que el hombre, al apartarse de su Creador, trajo la maldición del pecado. Pero aun así, Dios sigue buscando y llamando a pecadores por medio de Su Espíritu. El mismo Dios que dio forma al vacío del principio, hoy forma nueva vida en quienes confían y creen en Cristo……

Señor ayúdanos a comprender que cada amanecer, cada respiración, cada detalle de nuestra existencia nos grita: “Dios está en control”. En tiempos de incertidumbre, de prueba debemos recordar que Dios “en el principio” ya tenía un plan perfecto para nosotros, el cual si confiamos y perseveramos en la Fe de Dios nos traerá paz, una paz que busca y anhela el hombre, pero que no la encuentra en nada, ni nadie fuera de Dios.

Así como el universo no surgió sin propósito, tampoco tu vida es un accidente. Eres parte de la historia que Dios escribe con gracia. El mismo poder que hizo los cielos actúa en ti, moldeando tu carácter conforme a la imagen de Cristo.

Génesis 1:1 no solo abre la Biblia, abre también nuestro entendimiento: la vida comienza con Dios y solo encuentra sentido en Él. Cuando el alma reconoce su origen en el Creador, encuentra salvación, dirección, propósito y descanso. Todo empieza —y termina— en Dios…….

Padre amado, gracias por recordarme que Tú eres el principio y el fin. Nada en mi vida escapa de Tu control. Así como diste forma al vacío del universo, forma hoy mi corazón conforme a Tu voluntad. Hazme descansar en Tu poder creador y en la gracia de Cristo, que renueva todas las cosas. Porque en tiempo favorable me escuchaste, y en el día de la salvación me socorriste. ¡He aquí ahora el tiempo más favorable! ¡He aquí ahora es el día de salvación!», lo ruego en el nombre de Jesús, Amén.

«Recuerda que una mente renovada y un corazón firme en Cristo pueden transformar cualquier vida.»

Somos el Ministerio Alimentemos El Alma.

«Que la Gracia y la Paz de Cristo estén con todos ustedes hoy y siempre.»

Youtube: https://youtu.be/2GeweeghtZQ

¿Qué significa honrar a los padres hoy en día? | Veronica Valero

En un mundo que valora el individualismo, pensar en el mandamiento de honrar a los padres es muy importante. Esto desafía las tendencias culturales de hoy. 

Sin embargo, este principio bíblico sigue siendo muy importante hoy en día. No es solo una regla antigua, sino un criterio clave que Dios estableció para el bienestar de las familias y las sociedades.

“Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días sean prolongados en la tierra que el Señor tu Dios te da”(Éxodo 20:12, NBLA).

Este mandamiento, ubicado estratégicamente como puente entre nuestros deberes hacia Dios y hacia el prójimo, destaca la importancia que el Creador otorga a las relaciones familiares. 

No es casualidad que el Señor vincule directamente el respeto a los padres con la obediencia a Él mismo. La honra a los padres refleja que entendemos la autoridad divina y establece el fundamento para todas las demás relaciones sociales.

El mandamiento de honrar a los padres es el único acompañado de una promesa específica. Nos invita a explorar su significado profundo y aplicación cotidiana.

El fundamento bíblico de honrar a los padres

El mandamiento de honrar a los padres aparece inicialmente en Éxodo 20:12 como parte del decálogo entregado a Moisés en el monte Sinaí. Es tan importante que se repite en Deuteronomio 5:16 para enfatizar la promesa: 

Este principio no quedó sólo en el Antiguo Testamento; en el Nuevo, el apóstol Pablo lo reafirma en Efesios 6:1-3

“Hijos, obedezcan a sus padres en el Señor, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre (que es el primer mandamiento con promesa), para que te vaya bien, y para que tengas larga vida sobre la tierra”. Efesios 6:1-3

Pablo identifica específicamente este mandamiento como “el primer mandamiento con promesa”, y subraya así su carácter único y su continuidad en la era cristiana.

La promesa de este mandamiento —”para que te vaya bien y tengas larga vida”— no es una fórmula mágica. Es un principio espiritual. Las sociedades que honran a los mayores son más estables. Las familias que respetan a las generaciones mayores tienen más bienestar. Las personas que agradecen a quienes les dieron la vida son más equilibradas ante los desafíos.

La Biblia establece así que la honra a los padres no es opcional ni temporal, sino un principio permanente del diseño divino para las relaciones humanas.

¿Qué implica honrar?

La honra a los padres va mucho más allá de la simple obediencia infantil. La palabra hebrea “kavod” significa “honrar”. Esta palabra está relacionada con “peso” o “gravedad”. Esto sugiere que debemos dar a nuestros padres una gran importancia.

Debemos valorarlos y tratarlos con la dignidad que merecen. Esta concepción abarca dimensiones mucho más profundas que el simple cumplimiento temporal de instrucciones concretas.

Honrar implica respeto expresado en palabras y actitudes. Significa cuidado práctico, especialmente en la vejez o enfermedad. Incluye gratitud por la vida recibida y los sacrificios realizados. Es también dignificación al tratar a los padres como personas de valor inherente, independientemente de sus logros o limitaciones.

Es importante entender que el mandamiento de honrar a los padres no es solo para una etapa de la vida. No se dirige solo a los niños pequeños que están bajo la autoridad de sus padres. Este mandamiento se refiere a una actitud que cambia con el tiempo. Evoluciona según las circunstancias de los hijos y de los padres.

La Biblia nos ofrece varios ejemplos de esta honra. Por ejemplo, José, a pesar de su posición de poder y autoridad en Egipto, honró a su padre, Jacob, al traerlo a vivir con él y cuidarlo en su vejez. 

Rut demostró extraordinaria honra hacia su suegra Noemí, cuando la acompañó y le proveyó de alimento y protección en circunstancias extremadamente difíciles. Y Jesús mismo, incluso desde la cruz, se aseguró de que su madre María fuera cuidada encomendándola al discípulo amado.

La honra, por lo tanto, es una actitud del corazón que se traduce en acciones concretas de respeto, cuidado y valoración.

Honrar en momentos difíciles

Una pregunta que surge frecuentemente es cómo honrar a padres que han sido abusivos, han estado ausentes o han tomado decisiones que han lastimado a sus hijos o familias. 

Aquí es crucial establecer que honrar no equivale necesariamente a aprobar conductas incorrectas. La honra no requiere sumisión a influencias negativas ni justificación de comportamientos dañinos.

El evangelio ofrece un enfoque redentor para estas situaciones complejas. El poder de Cristo nos ayuda a ver la diferencia entre la persona y sus acciones. La persona fue creada a imagen de Dios, pero sus acciones pueden estar manchadas por el pecado. 

Por eso, podemos honrar a los padres y establecer límites saludables. También podemos ofrecer perdón sin aceptar el abuso. Además, podemos buscar la reconciliación cuando sea posible, sin ponernos en situaciones dañinas.

La honra en momentos difíciles puede incluir orar por los padres que nos han lastimado. También implica hablar de ellos con respeto ante otros, evitando la difamación. Buscar ayuda profesional para sanar heridas es importante. Debemos confiar en que Dios puede redimir incluso las historias familiares más dolorosas. 

El mandamiento de honrar a los padres no anula otros principios bíblicos como la protección de los vulnerables o la búsqueda de la verdad y la justicia.

En estas situaciones, recordemos que nuestro Padre celestial entiende bien el dolor de las relaciones rotas. Él puede guiarnos sobre cómo honrar de manera saludable, incluso desde la distancia si es necesario.

La honra hoy en día

En el contexto contemporáneo honrar a los padres adquiere expresiones concretas según nuestra etapa de vida. Como adultos, la honra incluye cuidado emocional (mantener vínculos significativos), apoyo económico cuando sea necesario (1 Timoteo 5:8), y presencia genuina (tiempo de calidad, no solo por obligación).

En la vida diaria, la honra se muestra en nuestro lenguaje. Esto incluye cómo hablamos con nuestros padres y de ellos con otros. También se refleja en nuestras actitudes, como tener paciencia con sus limitaciones o diferencias generacionales. Además, se ve en nuestras decisiones, al pensar en cómo nuestras elecciones les afectan.

Un aspecto fundamental del mandamiento de honrar a los padres es transmitirlo a las nuevas generaciones. Enseñamos esta norma principalmente con nuestro ejemplo. Cuando nuestros hijos nos ven honrar a sus abuelos, ellos aprenden. 

Los honramos llamándolos, visitándolos y hablando bien de ellos. También consideramos sus consejos y los cuidamos en momentos difíciles. Así, ellos aprenderán a tratarnos a nosotros en el futuro.

Es importante crear oportunidades para que las generaciones se conecten, compartan historias y construyan recuerdos significativos. Las familias que honran sus raíces suelen tener un sentido más profundo de identidad y pertenencia. El mandamiento con promesa se convierte así en un legado intergeneracional.

En una cultura que a menudo margina a los ancianos o idolatra la juventud, vivir el mandamiento de honrar a los padres ofrece un poderoso testimonio contracultural. Cuando las comunidades cristianas cuidan y valoran a los mayores, muestran un aspecto importante del carácter de Dios. Dios se identifica como Padre y honra la función de ser padre en su ley.


El mandamiento de honrar a los padres trasciende su estructuración legal y nos revela un principio espiritual de profundo alcance. Honrar a nuestros padres es reconocer el orden establecido por Dios, valorar nuestras raíces, y participar en un ciclo de bendición intergeneracional. Es el único mandamiento acompañado específicamente de una promesa, lo cual su importancia para el bienestar individual y colectivo.

Este principio bíblico nos plantea un reto tanto personal como práctico: ¿De qué manera honro a mis padres actualmente? ¿Mis palabras, actitudes y comportamientos reflejan la importancia que Dios da a esta relación? ¿He dejado que los conflictos, desacuerdos o simplemente la falta de atención debiliten mi compromiso con este mandamiento?

La invitación está abierta para redescubrir la honra a los padres no como una obligación cultural anticuada, sino como un acto vital de fe y obediencia. Cualquiera que sea tu relación con tus padres, el principio bíblico sigue siendo válido.

Puede que tengas una relación cercana o lejana. Tal vez sea buena o tensa. Incluso puede que solo los recuerdes si ya han partido. La promesa sigue: “para que te vaya bien y tengas larga vida en la tierra”.

Vivir este mandamiento con promesa puede transformar a nuestras familias y nuestra comprensión de la autoridad, la gratitud y el valor inherente de cada persona creada a imagen de Dios.

¿Algo está mal cuando las mujeres cristianas luchan por un lugar en las plataformas y conferencias, más que disfrutar de su hogar al lado de su esposo e hijos? | Karla de Fernández


Me atrevo a decirlo así, porque, cuando disfrutas de tu hogar, lo último que quieres es estar hablando a mujeres y hombres desde un escenari
La Biblia nos habla y enseña a vivir en familia, en comunidad, compartiendo unos con otros en nuestra iglesia local.
Si tienes la oportunidad de en algún momento compartir con muchas mujeres a través de un taller o una conferencia, gloria a Dios, Dios te use y sea glorificado. No estoy peleada con eso.
Solo te animaría a ver a tu alrededor, tu casa, tu familia, tu iglesia local. Seguramente podrás ayudar más ahí, ¿por qué estás en el lugar donde estás? Porque todos los miembros del cuerpo se ayudan entre sí, juntos (Ef. 4).
Quizás seas el único miembro sano que Dios usará para traer convicción a la vida de una persona más, y esa persona a otra más y a otra más ¡Qué glorioso!
Así, juntos, será más sencillo ser luminares en un lugar donde quizá la luz del evangelio no les ha resplandecido.
No busquemos plataformas, mujer, usemos los dones y talentos que Dios nos ha dado para impactar en el hogar a los hijos que en un futuro serán quienes hablen el evangelio.
No menospreciemos ese lugar glorioso que Dios nos ha dado en el hogar, por querer explotar esos dones y talentos en buscar la fama temporal y banal que trae un escenario.
Cuida y guarda tu corazón. Cualquiera puede suplirte en un escenario, pero nadie puede hacerlo en tu hogar.
🌷«No les tengan miedo. Acuérdense del Señor, que es grande y temible, y luchen por sus hermanos, sus hijos, sus hijas, sus mujeres y sus casas».
(Neh. 4:14 NBLA).
¡Luchemos por más familias fuertes! Esa es la prioridad.
Caminemos uno al lado del otro, conociéndonos, siendo íntegros, hospitalarios, amando al de al lado; esto conlleva tiempo, esfuerzo y mucho amor por las almas de aquellos por quien Cristo también murió.
Dios nos ayude y guíe a edificar hogares sólidos, familias fuertes que luchen por más familias fortalecidas en el Señor.

Karla de Fernández está casada con Jorge Carlos y es madre de tres varones. Con su esposo radican en Querétaro, México, donde son miembros de la iglesia A Su Imagen. Es autora de Hogar bajo Su graciaEl azul es para los niños, El temor y nuestra sed de aprobaciónUna mujer elegida y Femenina, no feminista. Puedes encontrarla en YouTubeInstagramFacebook y Twitter.

Paz en Cristo | Christopher Shaw

Paz en Cristo

Por Christopher Shaw

Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. Juan 16.33

La sinceridad de Cristo con sus discípulos presenta un marcado contraste con la proclamación de una gran cantidad de «profetas» de nuestro tiempo. Ellos ofrecen una vida llena de bendiciones, donde todo es victoria y alegría. Inclusive, uno de los famosos grupos religiosos que han surgido en los últimos años tiene como lema: «¡Pare de sufrir!»
Cristo no anduvo con vueltas, ni trató de esconder la realidad a sus discípulos. Su declaración es sencilla y directa: «¡En el mundo tendréis aflicción!»
No hacía falta que diera mayores explicaciones acerca del tema, pues los discípulos mismos eran testigos del sufrido paso de Jesús por la tierra. Se había visto obligado a luchar con el hambre, el cansancio y el frío. A diario debía manejar el acoso de las multitudes, con su interminable procesión de curiosos, interesados y necesitados. Además de esto, debió lidiar con los cuestionamientos, las sospechas y las agresiones por parte de los movimientos religiosos del momento. Y, ¿qué podremos decir de las angustias particulares que el grupo de hombres cercano a él le produjeron en más de una ocasión? Todo esto formaba parte de la experiencia de transitar por este mundo.
En esta ocasión Cristo acompaña esta revelación con algunos principios importantes. Gran parte del sufrimiento en tiempo de aflicción no procede de la circunstancia misma, sino de la manera en que reaccionamos a ella. Nuestra reacción frecuentemente es negativa porque nos sorprende lo que nos ha tocado vivir. La inocencia de nuestro pensar queda admirablemente expuesta cuando exclamamos: «¿por qué a mí?» Jesús les dijo que lo que les había compartido era para que tuvieran paz en él. Es decir, ninguno de ellos podía aducir que nadie les había advertido lo que les esperaba como consecuencia de ser discípulo del Mesías. Se reducía, de esta manera, un importante obstáculo en el manejo de conflictos.
Acompañó esta observación declarando que, como hijos de Dios, tenían acceso a la paz. Esta es, de hecho, la característica más sobresaliente de aquellos que viven conforme al Espíritu, y no a la carne. No es que están libres de las dificultades, los contratiempos, y los sufrimientos, sino que en medio de las más feroces tormentas experimentan una quietud y un sosiego interior que no tiene explicación. Son inamovibles en sus posturas, porque lo que ocurre fuera de ellos no logra derribar la realidad interna.
Cristo les hizo notar, sin embargo, que esta paz la tenían en él. No era producto de la disciplina, ni del cumplimiento de una serie de requisitos religiosos, ni de una decisión que habían tomado en el pasado de seguir a Jesús. La paz estaba en la persona de Cristo y solamente tendrían acceso a ella quienes estaban cerca de él. La paz es, en última instancia, el resultado directo de Su victoria, no de la nuestra.

Para pensar: Dios en su sabiduría no nos da la paz, sino acceso a la persona que tiene la paz. Esto nos obliga a buscarlo siempre a él, fuente eterna de vida y plenitud. ¿Pecados privados?

Shaw, C. (2005). Alza tus ojos. Desarrollo Cristiano Internacional.