UN NIÑO COMO NINGÚN OTRO

Coalición por el Evangelio

Noticias de gran Gozo

UN NIÑO COMO NINGÚN OTRO

«Porque un Niño nos ha nacido, un Hijo nos ha sido dado,
Y la soberanía reposará sobre Sus hombros.
Y se llamará Su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz.
El aumento de Su soberanía y de la paz no tendrán fin
Sobre el trono de David y sobre su reino,
Para afianzarlo y sostenerlo con el derecho y la justicia
Desde entonces y para siempre.
El celo del SEÑOR de los ejércitos hará esto» (Isaías 9:6-7).

Las palabras de Isaías pudieron ser tomadas con escepticismo. El pueblo enfrentaba una invasión potencial por parte de Asiria que les causaba una angustia inmensa. Las autoridades aumentaban la desesperanza al sembrar el caos producto de sus propias maquinaciones y alianzas políticas fallidas.

El pueblo temeroso estaba sumido en teorías de conspiración que causaban más pánico y ninguna solución (8:12). Habían dejado la Palabra fiel y poderosa de Dios para buscar respuestas inciertas en adivinos y espiritistas (8:19-20). En medio de esa realidad angustiante y desesperanzada, Isaías afirma en nombre de Dios: «Pero no habrá más melancolía para los que estaban en angustia» (9:1). Más de uno podría haber pensado que Isaías estaba loco o era un cínico despiadado, pero esto no era un pensamiento positivo del profeta, sino Palabra de Dios.

El mensaje era desafiante porque declaraba que la historia humana no es el fin de la historia. Dios es el Señor de la historia y su final no lo escriben los imperios de este mundo ni sus actores circunstanciales, sino la mano del Rey Todopoderoso. Por eso Isaías señala que, desde los extremos oscuros de las tinieblas y las sombras de muerte, surgirá una luz resplandeciente y una alegría abundante. Un regocijo que no surgirá por ellos, sino por la «presencia» de Dios y la victoria divina absoluta sobre el opresor (9:3-4).

Esta victoria completa tiene una garantía sorprendente. Isaías anuncia la llegada de un «Niño», pero no un humano cualquiera, sino el Mesías, el Redentor prometido, el Dios Soberano hecho hombre. En completa oposición a todos los tiranos destructores y violentos del mundo, Él será «Príncipe de Paz» (9:6). Era extraño el anuncio de un niño-rey cuando se necesitaba un rey maduro que trajera liberación inmediata al pueblo. Pero el Señor tiene control sobre la historia y su plan se cumplirá en su tiempo. Isaías estaba anunciando con anticipación a Jesucristo, quien luego de morir y resucitar por nosotros en el tiempo divino, ya reina, está sentado a la diestra del Padre y gobierna con «el derecho y la justicia Desde entonces y para siempre» (9:7).

Todavía hoy estamos sumidos en melancolía y angustia al enfrentar conspiraciones y enemigos al acecho, pero te animo a que no descanses en tus fuerzas o en los sueños utópicos del mundo pasajero. En cambio, descansa en el «Admirable consejero, Dios poderoso, Padre eterno, Príncipe de Paz», quien pagó por tu liberación, ya reina y volverá sin falta por segunda vez.

¿Con quién podrías compartir hoy esta grandiosa promesa de salvación?

ANHELOS POR DIOS

El valle de la visión

Oraciones Puritanas

ANHELOS POR DIOS

¡Mi querido Señor!
Yo solo puedo decirte que Tú sabes que yo no ansío nada sino Tú mismo;
nada, a no ser la santidad; nada, a no ser la unión con Tu voluntad. Tú
me concedes esos deseos, y sólo Tú puedes darme lo que es deseado. Mi
alma anhela la comunión con el Señor, para mortificación de la corrupción
que habita en mí, especialmente el orgullo espiritual. ¡Cuán precioso es
tener un tierno sentimiento y clara comprensión del misterio de piedad, de
la verdadera santidad! ¡Qué bienaventuranza es ser como Tú, tanto
cuanto sea posible para una criatura ser como su Creador! Señor, dame
más de Tu semejanza; dilata mi alma para contener la plenitud de la
santidad; hazme vivir para Ti. ayúdame a estar menos satisfecho con mis
experiencias espirituales, y cuando me siento a gusto después de dulces
comuniones, enséñame que es muy poco lo que sé y hago. Bendito Señor,
permite elevarme más cerca de ti, y amar anhelar y luchar contigo, y
aspirar por la liberación del cuerpo de pecado, pues mi corazón está errante
y sin vida, y mi alma se lamenta al pensar que alguna vez pierda de vista a
su amado. Envuelve mi vida en Divino amor, y mantenme siempre deseoso
por Ti, siempre humilde y resignado a Tu voluntad, más fijo en Ti mismo,
para que yo pueda estar capacitado para la obra y el sufrimiento.

SINCERIDAD

El valle de la visión

Oraciones Puritanas

SINCERIDAD
¡Señor de la inmortalidad!
Delante de quien los ángeles y arcángeles esconden el rostro, capacítame
para servirte con reverencia y piadoso temor. Tú que eres Espíritu y
demandas la verdad en lo íntimo, ayúdame a que te adore en espíritu y en
verdad. Tú que eres justo, no me dejes albergar el pecado en mi corazón, o
satisfacer un carácter mundano, o buscar satisfacción en las cosas que
perecen.
Apresúrame en dirección a un momento cuando los propósitos y las
posesiones terrenales parecerán vanos, cuando será indiferente si he sido rico
o pobre, exitoso o decepcionado, admirado o despreciado. Más será un
momento eterno si yo me he lamentado por el pecado, he sentido hambre y
sed de justicia, he amado al Señor Jesús con sinceridad, gloriándome en su
Cruz. ¡Que estos objetivos absorban mi principal preocupación! Produce en
mí esos principios y disposiciones que vuelvan Tu adoración en perfecta
libertad.
Expulsa de mi mente todo el miedo y vergüenza pecaminosa, para que con
firmeza y coraje pueda confesar al Redentor delante de los hombres,
proseguir con Él escuchando Su reproche, ser celoso con su conocimiento,
para ser llenado con su sabiduría, caminar con su circunspección, solicitar
su consejo en todas las cosas, recorrer las Escrituras por Sus órdenes,
mantener en mi mente Su paz, sabiendo que nada me puede acontecer sin
Su permiso, designación y administración.

PARA QUE ANDEMOS EN EL ESPÍRITU

Coalición por el Evangelio

Noticias de gran Gozo

DÍA 6

PARA QUE ANDEMOS EN EL ESPÍRITU

«Por tanto, ahora no hay condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte. Pues lo que la ley no pudo hacer, ya que era débil por causa de la carne, Dios lo hizo: enviando a Su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne, para que el requisito de la ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu» (Romanos 8:1-4).

La realidad del pecado supone al menos dos problemas básicos para los pecadores: estamos condenados y muertos por el pecado. Es decir, a causa de la caída hay una imposibilidad legal y moral que nos impide acercarnos, obedecer y relacionarnos con nuestro Creador. Pero en Romanos, Pablo anuncia que nuestra condición de muerte espiritual y culpabilidad ante Dios ahora es cambiada por aceptación, perdón, libertad, vida y justicia. «No hay condenación para los que están en Cristo» (v.1).

Las demandas de la ley eran imposibles de cumplir por nosotros debido a nuestra debilidad e inclinación hacia el pecado (v. 3). Además, la misma ley que exige obediencia también exige castigo al pecador por desobedecerla. Es debido a esto que Dios envió a Su Hijo para que por medio de su vida, muerte y resurrección, Él cumpliese por nosotros todo lo que se requiere para que seamos perdonados y recibamos el favor divino. Cristo se hizo hombre por nosotros para castigar el pecado en su carne y así librarnos de su poder.

En el evangelio, el requisito legal y moral para entrar en una correcta relación con Dios es provisto enteramente por Cristo. En Él tenemos el perdón, la justicia y el poder que nos hace libres para que vivamos para el Señor (v. 2). Estamos unidos a Cristo, quién nos comparte su justicia (la que obtuvo por medio de su vida, muerte y resurrección) y también nos comparte su poder (por medio de su Espíritu) para ayudarnos a vivir en obediencia.

Las buenas noticias de salvación nos motivan para una vida de obediencia, pero el evangelio es mucho más que una motivación. La gracia de Cristo provee, sobre todas las cosas, el fundamento y la capacidad para una vida que agrada a Dios. Así que no hay condenación para los redimidos porque Cristo la llevó por nosotros en la cruz, somos libres del pecado por el poder del Espíritu que nos dio nueva vida y, tenemos la justicia de nuestro Señor que es nuestra por la fe. ¡Cuánta abundancia! Tenemos vida nueva, somos libres del pecado y hoy podemos andar en el Espíritu. Cristo vino para asegurar esta realidad y somos alentados al reflexionar en esto durante la Navidad.

MEJOR QUE MOISÉS

Coalición por el Evangelio

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DÍA 5

MEJOR QUE MOISÉS

«El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos Su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan dio testimonio de Él y clamó: “Este era del que yo decía: ‘El que viene después de mí, es antes de mí, porque era primero que yo’”. Pues de Su plenitud todos hemos recibido, y gracia sobre gracia. Porque la ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad fueron hechas realidad por medio de Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, Él lo ha dado a conocer» (Juan 1:14-18).

Vivieron en Egipto por 400 años. Allí crecieron, se multiplicaron y terminaron bajo la mano opresora de un rey que parecía la misma serpiente de Edén. Y los israelitas clamaron a Dios por rescate. Dios los escuchó; ellos eran su pueblo. De la mano de Moisés los condujo cruzando el mar Rojo hasta Sinaí. Pero Moisés no era la salvación.

Dios los salvó por su gracia, mediante Moisés. Desde allí les hizo un regalo, la Ley, y les mostró cómo relacionarse con Él, un Dios perfecto y santo. La ley era la manera en que podían mostrar su lealtad a Dios a través de la obediencia, pero ellos se rebelaron. Moisés fue su mediador, un vehículo de la gracia de Dios que apuntaba al día en que la gracia cobraría forma humana. Sin embargo, la desobediencia no escapó a Moisés. Sus ojos tuvieron que mirar desde lejos la Tierra Prometida.

Moisés fue mediador en el pacto de la Ley, el pacto que no pudimos cumplir. Fue un mediador que murió, que también pecó. Un mediador cuya obediencia fue imperfecta. Sin embargo, Cristo es un mejor mediador que Moisés y aun mejor que el sacerdocio que Dios estableció en el Antiguo Testamento para interceder por el pueblo. Jesucristo es el mediador perfecto y eterno, «poderoso para salvar para siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos. Porque convenía que tuviéramos tal Sumo Sacerdote: santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores, y exaltado más allá de los cielos» (Heb 7:25-26).

El Señor reveló su gloria a Moisés y declaró de Sí mismo que era abundante en misericordia y verdad (Éx 34:6). Esa misma frase es evocada por las palabras de Juan en el pasaje que citamos al inicio: la gracia y la verdad, hechas realidad, en Cristo. Con Moisés, Dios hizo un pacto; en Cristo, nos dio la máxima y mejor expresión de su fidelidad al pacto. En el pacto con Moisés, Dios reveló quién era, su carácter. En Cristo, culminó la revelación de Dios. Él es el nuevo pacto (Heb 9:15).

Moisés vivió como siervo, Cristo vivió como Hijo. Moisés se acercó a un monte que lo aterrorizaba, nosotros en Cristo podemos llegar a Sión, la ciudad del Dios vivo (Heb 12:21-24). Moisés fue profeta para ellos, pero les anunció un profeta mayor que ahora tenemos en Cristo (Dt 18:18, Hch 7:37). Moisés fue grande, pero el Verbo encarnado y que vino a nosotros en la primera Navidad es mejor; y en Él, en Cristo, tenemos nuestra esperanza.

ASOMBRO ANTE EL QUE DESCENDIÓ

Coalición por el Evangelio

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DÍA 4

ASOMBRO ANTE EL QUE DESCENDIÓ

«Cuando veo Tus cielos, obra de Tus dedos,
La luna y las estrellas que Tú has establecido,
Digo: ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él,
Y el hijo del hombre para que lo cuides?
¡Sin embargo, lo has hecho un poco menor que los ángeles, Y lo coronas de gloria y majestad!
Tú le haces señorear sobre las obras de Tus manos;
Todo lo has puesto bajo sus pies» (Salmo 8:3-6).

Toda persona es asombrada de manera especial por ciertas cosas. Algunos se asombran, en primer lugar, por la última película de Marvel; otros se asombran por la situación económica difícil de sus países, o por el nuevo vehículo de una marca prestigiosa o lo majestuosa que puede resultar la vista de una montaña.

Vale la pena preguntarnos: ¿Cuáles son las cosas que más nos asombran? ¿Qué es aquello que más nos impacta y cautiva nuestros pensamientos y hasta nuestra imaginación? Nuestra respuesta puede revelar qué es lo que más moldea a nuestro corazón y cuál es el estado de nuestra alma. A fin de cuentas, si no nos asombran primero las cosas que deben asombrarnos en primer lugar, eso indica que hay algo en nosotros que no está bien.

En este salmo, vemos a David estallar en asombro ante el hecho de que el hombre, siendo menor que los ángeles

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y una parte muy pequeña de la creación en comparación a los cielos, ha sido dotado de una dignidad única en la creación. Dios nos cuida y piensa en nosotros, siendo Él tan infinito y santo, siendo nosotros tan pequeños y pecadores.

Pero en este salmo hay más de lo que parece a primera vista. Siglos después de que se escribió, el autor de Hebreos cita este pasaje para hablarnos del descenso de Jesús para nuestra redención y su posterior ascenso a la gloria que siempre tuvo y tendrá (Heb 2:6-8). El Salmo 8 tiene en Jesús su verdadero y mayor cumplimiento. Él es «Aquel que fue hecho un poco inferior a los ángeles, es decir, a Jesús, coronado de gloria y honor a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios probara la muerte por todos» (v. 9).

Aquel que sostiene todas las cosas con el poder de Su Palabra y es heredero de todo, se hizo más pequeño que las estrellas del cielo y los ángeles para sufrir por nosotros y redimirnos, para luego ser coronado de gloria y honor (Heb 1:2-4).

¿Cómo podemos cultivar nuestro asombro ante el Salvador que realizó tal hazaña para rescatarnos?

Hijos de Dios

Coalición por el Evangelio

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DÍA 3

HIJOS DE DIOS

«Él estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de Él, y el mundo no lo conoció. A lo Suyo vino, y los Suyos no lo recibieron. Pero a todos los que lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en Su nombre» (Juan 1:10-12).

El Creador caminó entre su creación. El Sustentador de todas las cosas fue sostenido en los brazos de una mujer que Él mismo formó. El Rey de todo se despojó de todo. El que amó al mundo fue rechazado por el mundo. El que conoce los detalles más íntimos del corazón de cada ser humano fue tratado como un desconocido.

Nada de esto fue un estorbo para cumplir su plan ni alteró su misión. Lo hizo porque quiso. Jesús ensució sus pies con el polvo que llena la tierra, aunque podría juntarlo todo con tres dedos (Is 40:12, RV60); Jesús permaneció callado ante las autoridades que lo acusaban, aunque Él «reduce a la nada a los gobernantes» (Is 40:23).

La humildad, la vulnerabilidad, el rechazo y el desconocimiento no fueron impuestos sobre nuestro Salvador. El Señor se hizo siervo porque se deleitó en mostrar su gran amor, aunque ninguno de nosotros lo merecíamos.

El Creador tocó a los que eran considerados intocables y los sanó, restaurando el orden que el pecado robó a la creación. El sustentador fue afligido hasta la muerte,

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experimentando en carne propia la debilidad y el sufrimiento como nuestro sumo sacerdote. El Rey se puso de rodillas y lavó los pies de quienes lo traicionarían. El que amó al mundo, lo escuchó gritar «¡crucifícalo!» (Lc 23:21). El que nos conoce desde la eternidad, el que mira las profundidades más oscuras de nuestros corazones pecaminosos, fue a la cruz y dijo «consumado es» para pagar por nuestra maldad (Jn 19:30).

¿Habrá un amor mayor que este?

El sacrificio del Hijo es lo que hoy nos permite ser llamados hijos. La vida perfecta, muerte sacrificial y resurrección victoriosa de Cristo nos ha dado el derecho de correr hacia Dios y ser abrazados por el Padre. No se trata de lo bien que nos portamos o lo mucho que nos esforzamos. Se trata de quien Jesús es y lo que Él ha hecho a nuestro favor.

Hoy podemos caminar como lo que Cristo nos dio el derecho de llegar a ser. Deja de huir y mirar tu insuficiencia. Contempla la suficiencia del Creador y Sustentador; contempla la suficiencia del Rey que te conoce y te ama.

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APLASTADOR DE SERPIENTES

Coalición por el Evangelio

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DÍA 1

APLASTADOR DE SERPIENTES

«Pondré enemistad
Entre tú y la mujer,
Y entre tu simiente y su simiente;
Él te herirá en la cabeza,
Y tú lo herirás en el talón» (Génesis 3:15).

Los conflictos a nuestro alrededor tienden a distraernos del mayor problema de nuestro planeta: debido a nuestra rebelión contra Dios, ahora Satanás está ejerciendo su dominio (Ef 2:1-2). Él es un dragón furioso que respira muerte contra los escogidos de Dios (Ap 12:12-13). Pero sus días están contados.

Las palabras citadas arriba y que encontramos en Génesis son una promesa que nos hizo el Creador al comienzo de la historia. Muchos siglos después, un grupo de judíos oyeron estas palabras de Jesús, que apuntan al cumplimiento de esa promesa: «Ya está aquí el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera» (Jn 12:31).

Cristo prevaleció sobre Satanás en el desierto. Allí obedeció al Padre y venció la tentación, comenzando a desmantelar el reino de las tinieblas (Mt 4:1-11). En los próximos años, Él trajo sanidad a los oprimidos y un evangelio que redimía a los cautivos (Hch 10:37-38). Pero el golpe letal contra la serpiente llegó con la «herida en el talón» de la simiente prometida.

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El asesinato de Jesús parecía una victoria para las tinieblas, ¡pero solo cumplió el plan eterno de redención (Hch 3:17-18)! La muerte de Jesús quita nuestros pecados ante Dios y anula toda acusación de la serpiente contra nosotros. Reconciliados con Dios, fuimos rescatados del adversario y acercados al reino de Jesucristo (Col 1:13-14; 2:13-15).

Ahora aguardamos al regreso de Jesús, quien triturará la cabeza de Satanás para siempre. La serpiente será arrojada a un lago de fuego y los escogidos por Dios heredaremos el paraíso (Ro 16:19-20; Ap 19-22). Mientras tanto, el evangelio nos asegura que nada ni nadie —ni siquiera Satanás— podrá separarnos del amor de Dios (Ro 8:38-39). Su obra nos hace más que vencedores y solo es cuestión de tiempo para que nuestra esperanza sea consumada.

Hasta entonces, ¿cómo puedes demostrar tu confianza en Aquel que derrotó a tu más poderoso adversario?

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¿POR QUÉ CELEBRAMOS EL ADVIENTO?

Coalición por el Evangelio

Noticias de gran Gozo

¿POR QUÉ CELEBRAMOS EL ADVIENTO?

La palabra «Adviento» no es una con la que crecí en la iglesia evangélica. Cuando la conocí, me sonó como algo que más bien creía la Iglesia católica romana. Luego me llevé una sorpresa al aprender que, a lo largo de la historia del cristianismo, el Adviento es visto como uno de los momentos más especiales en todo el año, solo comparable en importancia a la conmemoración de lo que Jesús hizo en la Semana Santa.

¿Por qué es tan especial el Adviento? La palabra viene del latín adventus Redemptoris, que significa «venida del Redentor». Eso es exactamente lo que se busca celebrar y recordar en este tiempo. Siempre ha sido visto por los creyentes como una temporada especial para meditar en el misterio de la encarnación de Jesús y gozarnos en lo que significa, y así preparar nuestros corazones para gozarnos más en Dios.1

Esta realidad, que el Hijo de Dios se hizo hombre para redimirnos y darnos vida eterna junto a Él, lo cambia todo. Nos muestra hasta qué punto el Dios infinito en gloria fue capaz de descender por nosotros para luego elevarnos junto a Él. Nos muestra que el regalo más grande que Dios decidió darnos, cuando más bien merecemos el castigo eterno por nuestros pecados, es Él mismo.

El Adviento es una época para recordar el amor de Dios, un amor que corazones distraídos como los nuestros tienden a olvidar con facilidad. Este es un amor que nos llena de consuelo, paz y esperanza cuando hemos fallado o cuando estamos en medio del dolor. Un amor que también nos lleva a darle toda la gloria a Dios en nuestros momentos de alegría, y a compartir de su gracia con un mundo que la necesita desesperadamente.

Todo esto está en el corazón del evangelio. Por eso los grandes líderes de la Reforma protestante del siglo XVI promovieron la celebración del Adviento con fervor. Si la salvación es por gracia sola, por medio de la fe sola, y por medio de Cristo solo, entonces tenemos el mayor de los motivos para gozarnos en Dios en respuesta a su salvación.

Así que el Adviento es un tiempo para buscar conocer más profundamente a Jesús a la luz de su encarnación, mientras también nos identificamos con las personas que en tiempos del Antiguo Testamento aguardaban la llegada del Mesías prometido, tratando de ponernos en sus zapatos mientras esperamos que llegue el día de celebración de la Navidad. Sin embargo, no somos llamados a mirar únicamente al pasado, sino también al futuro, preparándonos para aquel día en que veremos al Señor regresar para consumar su reinado.

Oramos que las siguientes meditaciones te ayuden a crecer más en tu amor por Dios y desear con más fervor el segundo adviento del Rey que nos redimió por su gracia.

Josué Barrios

Editor General

Acompáñanos por un viaje de veinticinco días de reflexión que nos lleve a través de algunos de los pasajes bíblicos más significativos sobre el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo y lo que Él vino para realizar.

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Dedicación Matinal

El valle de la visión

Oraciones Puritanas

Dedicación Matinal

¡Dios Todopoderoso!
Mientras cruzo el umbral de este día, yo Te confío, a mí misma alma,
cuerpo, relaciones, amigos, a tu cuidado. Vigílame, guárdame, oriéntame,
dirígeme santifícame, bendíceme. Inclina mi corazón hacia Tus caminos.
Moldéame totalmente a imagen de Jesús, como un alfarero hace con el
barro. Que mis labios sean un arpa bien afinada para resonar Tu alabanza.
Haz que aquellos que me rodean me vean viviendo por Tu Espíritu, pisando
el mundo bajo los pies, no conformado a las mentirosas vanidades,
transformado por una mente renovada, revestido con toda la armadura de
Dios, brillando como una luz que nunca disminuye, demostrando santidad
en todas mis acciones. No permitas que ningún mal este día manche mis
pensamientos, palabras, manos. Que yo pueda peregrinar por caminos
lodosos con una vida pura de mancha u oscuridad. En las acciones
necesarias, haz que mi afecto esté en el cielo, y mi amor elevado en llamas
de fuego, mi mirada fija en cosas invisibles, mis ojos abiertos al vacío,
frágiles, lejos de la tierra y sus vanidades. Que yo pueda consultar todas las
cosas en el espejo de la eternidad, a la espera de la venida de mi Señor,
oyendo el llamado de la última trompeta, avivando el nuevo cielo y la
nueva tierra. Ordena en este día todas mis conversaciones de acuerdo con
Tu sabiduría, y a la ganancia del bien común. No permitas que yo no sea
beneficiado o hecho útil. Que yo pueda hablar cada palabra como si fuera
mi última palabra, y andar cada paso como el último. Si mi vida fuera a
terminar hoy, que este sea mi mejor día.

Oraciones Puritanas