Por qué «Abba» no significa «papito»

Coalición por el Evangelio

Por qué «Abba» no significa «papito»

JUSTIN TAYLOR

En ocasiones se nos ha dicho que la palabra Abba en arameo (Ro 8:15Gá 4:6) indica que debemos llamar a Dios Padre «papito», como una expresión de intimidad relacional reverente.

Murray Harris, el estudioso del Nuevo Testamento quien ha sido llamado una de las más grandes mentes griegas de nuestros días, nos dice por qué esto no es cierto.

A continuación comparto un extracto de su libro Navigating Tough Texts: A Guide to Problem Passages in the New Testament (Navegando por textos difíciles: Una guía de pasajes problemáticos en el Nuevo Testamento).


Es cierto que en el Talmud judío y otros documentos judíos encontramos declaraciones tales como: «cuando un niño experimenta el sabor del trigo (esto es, cuando es destetado), aprende a decir ‘abbā ‘immā» (en el Talmud babilónico Berakot 40a) (= nuestro «dada» y «mama»).

Sin embargo, aun si el término abba comenzó como un balbuceo infantil (y esto no está muy claro), en los tiempos de Jesús era una palabra de adultos que significa «Padre» o «mi Padre» (como un vocativo) o «el Padre» o «mi Padre» (como una referencia).

Es decir, abba no es un término infantil de guardería comparable a «papito». Era un término cordial y serio, pero también coloquial y familiar, usado con regularidad por hijos e hijas adultos al referirse a su padre. Unida a esta palabra familiar de confianza y obediencia infantil están las nociones de simplicidad, intimidad, seguridad y afecto. Entonces, para evocar la sensación de intimidad cálida y confiada que pertenece a la palabra, podríamos parafrasearlo de manera apropiada como «querido padre».

Si Pablo hubiese querido expresar el sentido de «papito», él pudo haber usado una palabra en griego que él sin duda conocía: papas pappas que quiere decir «papá» o «papito», la primera palabra que un niño dice para «padre».

Estas son cuatro razones por las que «papito» no es una traducción apropiada para Abba.

Primero: En los tres pasajes del Nuevo Testamento donde la palabra abba aparece (Mr 14:36Ro 8:15Gá 4:6), es traducido de manera inmediata con el término «Padre» (ho patēr, el nominativo articular griego usado en un sentido vocativo).

Segundo: Jesús mismo indicó a sus seguidores que llamarán a Dios como «nuestro Padre», pater hēmōn (Mt 6:9).

Tercero: Cada una de las diecisiete oraciones de Jesús (no contando los paralelos) registradas en los Evangelios comienzan con «Padre», posiblemente Abba en cada caso.

Cuarto: Es totalmente inapropiado que los cristianos, jóvenes o mayores, llamen a Dios «papito», ya que el término usado en español es muy casual, ligero y modesto como para ser usado para llamar al Señor Dios Todopoderoso, el creador y sustentador de todas las cosas, sin mencionar el hecho de que «papito» se abrevia comúnmente como «papi».

Es posible que un sentido inadecuado de familiaridad con Dios por parte de algunos cristianos llevó a Pedro a decir: «Y si invocan como “Padre” a Aquel que imparcialmente juzga según la obra de cada uno, condúzcanse con temor durante el tiempo de su peregrinación» (1 P 1:17).

Es decir, llamar a Dios como «Padre nuestro que estás en los cielos» en el Padre Nuestro es recordar que Él es el Juez Supremo, omnisciente e imparcial de cada persona, que debemos acercarnos a Él con reverencia, no como si fuera simplemente otro «papito».


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.

Justin Taylor es el vicepresidente y editor general de libros en Crossway. También escribe en su blog Between Two Worlds. Lo puedes seguir en Twitter.

La oración de alabanza y adoración de David

Domingo 21 Noviembre

Tuya es, oh Señor, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor… nosotros alabamos y loamos tu glorioso nombre… ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos.1 Crónicas 29:11-14

Todo tipo de oraciones (13) – La oración de alabanza y adoración de David

El rey David, ya mayor, estaba a punto de dejar el trono a su hijo Salomón, quien tendría el privilegio de construir el templo de Dios. David preparó todo, pues para él este asunto era muy importante. Reunió al pueblo, le habló del futuro templo e hizo un llamado a hacer donaciones. El pueblo, de un solo corazón, ofreció materiales en abundancia para la casa de Dios. Entonces David, feliz y agradecido, dirigió a Dios la oración de alabanza y adoración que leemos en el versículo del día. Celebró su grandeza y se maravilló de tener el privilegio de ofrecer algo a un Dios tan grande y bondadoso e invitó a todos los presentes a postrarse ante Dios.

Esta alabanza brotó espontáneamente del corazón del rey David. La grandeza, el poder y la bondad de Dios produjeron en él un profundo sentimiento de su pequeñez y una adoración ferviente.

Cristianos, la bondad de Dios hacia hombres pecadores y enemigos se manifestó de forma todavía más maravillosa mediante el don de su muy amado y unigénito Hijo. Como David, nos sentimos muy pequeños ante tanta bondad. Nos unimos al apóstol Pablo para exclamar: “¡Gracias a Dios por su don inefable!” (2 Corintios 9:15). Nuestro corazón desborda de agradecimiento hacia el autor de nuestra salvación: “Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre… a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 1:5-6).(mañana continuará)

Job 25-27 – Hebreos 10:19-39 – Salmo 130 – Proverbios 28:7-8

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La fe recompensada

Sábado 20 Noviembre

El Señor recompense tu obra, y tu remuneración sea cumplida de parte del Señor… bajo cuyas alas has venido a refugiarte.Rut 2:12

La fe recompensada

En un relato de la Biblia, en el libro de Rut, leemos que Noemí y su marido dejaron Belén para huir de la hambruna e ir a un país vecino. Allí sus dos hijos se casaron con mujeres moabitas: Orfa y Rut, quienes no conocían a Dios. Noemí perdió a su marido y luego a sus dos hijos. Entonces se enteró de que Dios había hecho cesar el hambre en su país, y decidió volver. Explicó a sus nueras su decisión de dejarlas.

Rut escuchó a Noemí hablar del poder de Dios a favor de su pueblo y decidió acompañarla. Le dijo: “Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios” (Rut 1:16). Cuando llegó a Belén como extranjera, Rut se fue a los campos a espigar para conseguir alimentos. Esos campos eran de un creyente, Booz, quien conocía los pensamientos de Dios. Él vio la fe sincera de Rut y pronunció la bendición del versículo arriba citado. Rut, por su fe en Dios, encontró un refugio en él. Y Dios la bendijo mucho más de lo que podía esperar, pues Booz se casó con ella.

Carente de esa preciosa fe, Orfa, la cuñada de Rut, retrocedió. Su suegra Noemí dijo a Rut: “He aquí tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a sus dioses” (Rut 1:15). Así, Orfa no encontró refugio en el Dios verdadero.

Hoy Dios sigue siendo el mismo. Nunca desprecia al que se refugia en él. Todos somos pecadores ante Dios, pero él no quiere castigar al pecador. Jesús dijo: “Al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37). “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).

Si usted se refugia en Dios, aceptando a su Hijo Jesucristo como su Salvador, encontrará mucho más de lo que espera.

Job 24 – Hebreos 10:1-18 – Salmo 129 – Proverbios 28:5-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿Qué ventaja tiene ser cristiano?

Viernes 19 Noviembre

Los que temen al Señor… serán para mí especial tesoro, ha dicho el Señor… los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve. Entonces… discerniréis la diferencia entre… el que sirve a Dios y el que no le sirve. Malaquías 3:16-18

¿Qué ventaja tiene ser cristiano?

¿Acaso los cristianos no sufren decepciones, pruebas y sufrimientos como los incrédulos? Por supuesto que sí, pero los atraviesan con Dios.

El cristiano tiene una razón de vivir. El apóstol Pablo afirmaba: “Lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).

El cristiano tiene convicciones sólidas, una esperanza basada en las promesas de Dios contenidas en su Palabra. “Estas palabras son fieles y verdaderas” (Apocalipsis 22:6).

El cristiano dispone de la ayuda de un Dios poderoso, a quien se dirige para hallar fuerza y ánimo. “Anímate y esfuérzate, y manos a la obra; no temas, ni desmayes, porque el Señor Dios… estará contigo; él no te dejará ni te desamparará” (1 Crónicas 28:20).

El cristiano recibe del Señor la paz interior que le permite aceptar la prueba con serenidad, que lo hace capaz de atravesar un mundo donde corren las lágrimas, conociendo anticipadamente algo de la felicidad del cielo. “Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7).

Por último, los privilegios del cristiano no se limitan al tiempo de su paso por la tierra, pues posee la vida eterna. ¡Ante él se abre una eternidad bienaventurada junto a Jesús su Salvador!

Job 22-23 – Hebreos 9:15-28 – Salmo 128 – Proverbios 28:3-4©

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Midiendo el éxito

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Midiendo el éxito

Por Larry G. Mininger

Alrededor de cuarenta personas dispersas en sillas de metal me saludaron en mi primer domingo de mi primer (y único) pastorado, en una pequeña y pintoresca capilla enclavada en el bosque entre enormes naranjales al oeste de Orlando, Florida. No habían bancos para sentarse, órgano, alfombras ni carreteras pavimentadas que condujeran a este lugar. Habían serpientes en el corredor y cocodrilos en el lago cercano. ¡Pensé que estaba en la jungla!

Cuando tenía cerca de un año en el ministerio, una visitante, felicitándome por el sermón, me susurró: «No estarás aquí por mucho tiempo». Desconcertado al principio, me di cuenta de que ella quería decir que yo no tendría que trabajar por mucho tiempo en este recóndito escenario. ¡Yo era suficientemente bueno para obtener una iglesia más grande! Los sentimientos de halago se transformaron en frustración. ¿Se suponía que yo debía estar insatisfecho con mi congregación? ¿Acaso estas personas no valían el sacrificio de mi vida? ¿Es el pastorado como un negocio donde subes la escalera corporativa hacia el «verdadero éxito»? Decidí que no permitiría que esa mentalidad dirigiera mi ministerio.

La fascinación por la grandeza eclipsa la verdad de que Jesús, el constructor (Mt 16:18) y la cabeza (Ef 1:22) de la Iglesia, ha edificado muchas más congregaciones pequeñas que grandes. Iglesias pequeñas, no grandes, son la norma. En los Estados Unidos, la congregación que tiene más de setenta y cinco miembros está por encima del promedio. Un informe reciente de una denominación orientada al crecimiento de iglesias reveló que un tercio de sus congregaciones tiene menos de cincuenta miembros y la mitad tiene menos de cien.

Aunque la primera iglesia en Jerusalén comenzó con tres mil almas y rápidamente aumentó a cinco mil, no se obtuvieron resultados similares en Asia. ¿Qué tan grandes eran las congregaciones en Éfeso o en Colosas? La Iglesia visible de Cristo creció inmensamente, pero no en un solo lugar. Al igual que hoy, el tamaño de sus congregaciones variaba ampliamente en ese entonces.

El hecho de que es decisión del Señor que las congregaciones varíen en tamaño puede deducirse de varios textos. Primero, en Mateo 25:14-29 tenemos la parábola de Jesús sobre la repartición de talentos. A cada siervo se le dio una cantidad diferente con la cual servir, y cada uno regresó con un incremento diferente. Todos conocemos pastores que no solo predican a sus congregaciones, sino que también convierten sus sermones en libros para «kilometraje adicional» y luego ponen esos sermones en la radio para un ministerio aún más grande. Esto ilustra que Jesús ha confiado diferentes cantidades de talentos a diferentes siervos que generan resultados diferentes. ¡Acredítale la diferencia a Jesús!

Segundo, en Mateo 13:23, Jesús proclamó que la semilla sembrada en buena tierra (es decir, la Palabra predicada) produce varias cosechas: a treinta, sesenta o cien. Según Jesús, debemos esperar resultados variables de la misma semilla y del mismo trabajo. Dios, no el predicador, es quien produce el incremento diverso. La salvación es del Señor. Él edifica Su Iglesia como Él quiere.

Tercero, considera que «hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios el que hace todas las cosas en todos» (1 Co 12:4-6).

Nota que el Espíritu Santo ha creado deliberadamente una variedad en Su Iglesia: una diversidad de dones espirituales, una diversidad de ministerios y una diversidad de operaciones («diversas funciones», NVI). ¿No ayuda esta diversidad divinamente determinada a explicar los diferentes tamaños de las congregaciones de Jesús?

Además, la experiencia nos dice que no a todos les va bien en una iglesia grande. Algunas almas se pierden en la multitud, mientras que otras lo hacen así a propósito. Otras no disfrutan la atención que reciben en una iglesia pequeña; la rendición de cuentas que se da con naturalidad resulta demasiado evidente para ellas. Una iglesia grande puede ofrecer grandes programas (que, por cierto, a menudo bendicen a las iglesias más pequeñas), mientras que la mayoría de los santos se sienten más necesitados en una iglesia más pequeña. Una iglesia grande tiene un personal diverso y especializado, mientras que en una iglesia pequeña cada miembro puede relacionarse con el pastor como con un entrenador personal de su alma.

Por lo general, una iglesia pequeña tiene la relación pastor-miembro más favorable. En este sentido, una iglesia pequeña es más como el ministerio de Jesús a los doce o como la iglesia promedio del Nuevo Testamento. Un pastor de una iglesia pequeña puede visitar cada hogar, conocer bien a toda su gente e interceder por sus necesidades de oración más íntimas.

Finalmente, ¿qué es lo más importante para Jesús en cualquier iglesia? ¿No es la combinación de la proclamación bíblica de Su Palabra, la administración fiel de Sus sacramentos, así como el cuidado amoroso y la disciplina de Su pueblo a la manera de Jesús? Una buena iglesia pequeña puede proveer todo esto a las ovejas de Jesús y, en el caso de cuidado y disciplina, probablemente más intensivamente que una buena iglesia grande.

No hay correcto e incorrecto cuando se trata de tamaño. Aunque el tamaño seguramente se ve afectado por nuestra fe versus nuestro pecado, al final es el Señor Jesús quien hace ese llamado. Él edifica la Iglesia como Él quiere. Él reparte Sus dones, ministerios y resultados, y reúne a Su pueblo en rebaños alrededor de la tierra según Su propia sabiduría. Las iglesias grandes, medianas o pequeñas realmente no están en competencia entre sí, sino que son partes diversas del plan integral y eterno del Señor para reunir a todo Su pueblo en una Iglesia visible, finalmente, en gloria. Entonces, cada pastor y congregación, según las diversas habilidades dadas por Dios, responde a la comisión de Jesús, y los resultados y la gloria pertenecen a Cristo.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Larry G. Mininger
Larry G. Mininger

El Dr. Larry G. Mininger es pastor emérito de la Lake Sherwood Orthodox Presbyterian Church, en Orlando, Florida. Además, sirve como encargado de atención estudiantil en el Reformation Bible College, Sanford, Florida.

 El penetrante poder de la Palabra

Soldados de Jesucristo

Noviembre 18/2021

Solid Joys en Español

 El penetrante poder de la Palabra

John Piper

John Piper

Encuentra más devocionales de John Piper en Español
en nuestro sitio web:
https://devocionalsolidjoys.com/

Encuentra más recursos gratuitos en: http://sdejesucristo.org
Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/SoldadosDeJe…
Síguenos en Instagram: https://www.instagram.com/SoldadosDeJ…
Síguenos en Twitter: https://twitter.com/sdJesucristo

¿Demasiado culpable?

Jueves 18 Noviembre

Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.Isaías 1:18

¿Demasiado culpable?

A petición de un amigo, visité a un enfermo que se oponía mucho al Evangelio. Yo no lo conocía. Nuestra conversación solo me dejó la posibilidad de evocar a su padre, un fiel cristiano que había conocido hacía muchos años.

Algunos meses más tarde su médico me dijo que el enfermo se había agravado y por ello debía ser hospitalizado. Me animó a ir a verlo lo antes posible, pues podría morir en breve. Fui rápidamente a visitarlo. El Señor le había hablado. Tomó conciencia de que había ofendido gravemente a Dios durante toda su vida de rebelión contra él. ¡Necesitaba su perdón! Pero pensaba que había hecho mucho daño y que era demasiado culpable; por ello decía: “¡El Señor no puede perdonarme!”.

Leímos juntos la escena del evangelio de Lucas en la que uno de los malhechores, crucificado al lado de Jesús, y quien poco antes lo había insultado (Mateo 27:44), se dirigió a él y le dijo: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” (Lucas 23:42).

Me detuve y le pregunté: ¿Qué respondió Jesús a ese malhechor? ¿Acaso le dijo: Hiciste o dijiste demasiadas cosas malas? No, escucha esta maravillosa respuesta: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). Jesús está vivo, te habla ahora. ¡Esta respuesta también es para ti! Inmediatamente la paz de Dios llenó el corazón del enfermo. Sus angustias dieron lugar a una gran calma. Al día siguiente estaba con Jesús.

“Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento” (Lucas 15:7).

Job 21 – Hebreos 9:1-14 – Salmo 127 – Proverbios 28:1-2

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Una visión para impactar a la cultura poscristiana

Coalición por el Evangelio

SAMUEL JAMES

Una visión para impactar a la cultura poscristiana

Un amigo estaba hace poco compartiendo conmigo algunos pensamientos sobre Hechos 17, el capítulo que incluye el sermón del apóstol Pablo a los griegos paganos en el Areópago (o colina de Marte). Pablo le dice a la multitud que ha visto uno de sus altares que tenía la inscripción «al dios desconocido» y procede a predicarles el evangelio, proclamando que Cristo es, aunque desconocido para ellos, el único Dios verdadero digno de su confianza y obediencia. Mientras pensábamos en esa parte, la proclamación de Pablo me llamó la atención como nunca antes: «Pues lo que ustedes adoran sin conocer, eso les anuncio yo» (Hch 17:23).

Mientras rumiaba estas palabras en mi mente, me di cuenta de que esta oración no era un simple comentario preliminar dirigido a una sociedad politeísta antigua, sino que este comentario contenía una gran visión para impactar a la cultura contemporánea con el evangelio.

Todo el mundo adora

La sociedad ateniense, cuyo panteón de ídolos «enardeció» a Pablo (Hch 17:16), era una cultura preparada para escuchar el evangelio del Dios verdadero. El altar al dios desconocido era más que una curiosidad sociológica; era una confesión transparente de los impulsos religiosos que estallaban dentro de este pueblo pagano. Si bien las buenas noticias sobre Yahvé y Jesús de Nazaret pueden no haber sido lo que estas personas religiosas pensaban que necesitaban escuchar, Pablo sabía que, en esencia, era algo que querían escuchar. Sus corazones estaban inquietos, por eso Pablo les predicó dónde encontrar descanso.

Los cristianos de hoy en Occidente deberían considerar con cuidado cómo esto pudiera describir nuestro contexto. Me temo que a veces usamos la palabra «secular» de forma descuidada, etiquetando con ligereza cada faceta de la cultura occidental como secular y reforzando la noción de que vivimos en una especie de generación posreligiosa. Si bien es cierto que las instituciones y formas tradicionales de religión no tienen la misma influencia que alguna vez tuvieron, también es cierto que la cultura contemporánea en Occidente es (sin discusión alguna e incluso de manera agresiva) religiosa.

Hace unos años leí un ensayo del dueño de una librería que estaba atormentado porque un volumen en particular se estaba vendiendo bien, pero él no estaba de acuerdo con su planteamiento político. Escribió: «¿Qué puedes hacer cuando un cliente quiere un libro que no solo encuentras objetable, sino que también crees que es muy peligroso por las lecciones que presagia en medio de una época tan precaria en lo político?».

Sonreí cuando leí esta línea porque inmediatamente me recordó a mi infancia. Vengo de un hogar de un pastor evangélico conservador, donde nos destacamos como peces fuera del agua debido a que evitábamos ciertas películas, libros, programas de televisión y música. El vendedor de libros angustiado demostró de manera útil lo que ahora he visto en innumerables ensayos, libros y conversaciones sobre política y justicia: se puede sacar a una persona de la iglesia, pero no se puede sacar la iglesia de una persona. Si Dios está muerto, ese no es el final de la historia. Hay que nombrar un sucesor.

Una sociedad poscristiana no es lo mismo que una sociedad posreligiosa. El sabor religioso de nuestro discurso político y ético es abrumador. Todo el mundo adora, porque tienes que servirle a alguien.

Todo el mundo adora, porque tienes que servirle a alguien 

Ya sea que este altar estadounidense esté dedicado al dios del partidismo, al dios de la autoayuda terapéutica, al dios de la interseccionalidad o simplemente al todopoderoso dólar, el punto es el mismo.

Quizás el ejemplo más claro de religiosidad poscristiana es la cultura de la vergüenza. ¿Quién hubiera soñado alguna vez que el Internet, el libertino más grande jamás construido por seres humanos, se hubiera convertido en un teatro de reprimendas y condenas morales que haría a Nathaniel Hawthorne, escritor moralista del siglo XIX, reconsiderar su posición?

Como señala el ensayista Wilfred McClay en uno de los ensayos más importantes [en inglés] escritos en la última década, un pueblo que ha abandonado las doctrinas cristianas del pecado, la expiación y el perdón termina gastando su energía moral reprimida promulgando un juicio escatológico uno sobre el otro. Cada turba de castigo en línea que arruina la carrera o la reputación de un extraño es una liturgia viva de la necesidad que tienen los seres humanos de purgar el pecado y experimentar la absolución.

Esto anunciamos

Así como el apóstol Pablo sabía cómo presentar el evangelio a la clase de personas que construían altares a dioses desconocidos, los seguidores de Jesús en una cultura poscristiana deben saber cómo empuñar las buenas nuevas.

El darnos cuenta de que nuestra plaza pública es religiosa, aunque no cristiana, debería hacernos valientes: valientes para hablar en lenguaje moral, sabiendo que nuestra audiencia puede decirse a sí misma que son relativistas, pero no viven así cuando hablan sobre las elecciones o el racismo en Facebook.

Los seguidores de Jesús en una cultura poscristiana deben saber cómo empuñar las buenas nuevas 

Por un tiempo, los cristianos en Estados Unidos temieron que hablar del juicio de Dios aislaría a las personas y las alejaría más de Jesús. Pero como ha señalado Derek Rishmawy, cada rincón de la sociedad moderna parece clamar por un Dios que puede y hará todo bien, incluyendo amontonar justicia sobre las cabezas de los malvados.

Seguir el ejemplo de Pablo podría significar decirle a la sociedad occidental contemporánea: «Veo que quieres justicia en todos los sentidos. El Dios del cielo y de la tierra es un Dios de perfecta justicia y ha designado a Jesucristo para juzgar al mundo. Acude a Él con fe y encuentra el perdón y esperanza segura de una eternidad justa».

Para aquellos cuyos corazones están cautivos de la sección de autoayuda y quieren la seguridad de que pueden vivir una vida de significado y gozo, los cristianos ofrecen al único Salvador manso y humilde, quien es nuestra sabiduría, justicia y santificación. Las almas exhaustas y heridas necesitan escuchar que no necesitan ser un macho alfa o #girlboss (#jefas) para conocer una vida que valga la pena vivir. A este mundo podemos decirle: «Percibo que quieres propósito y significado en todos los sentidos. Jesucristo ofrece descanso perfecto, libertad de la vergüenza y un reino real al cual entregarse en cuerpo y espíritu. Acude a Él con fe y encuentra ayuda y esperanza».

Cuando miramos hacia afuera y vemos nuestra sociedad poscristiana, no deberíamos ver un muro impenetrable de secularismo. Deberíamos ver lo que realmente está sucediendo: adoración, adoración, adoración. Los clamores del alma de aquellos que viven perseguidos por el espectro de la verdad trascendente gritan fuerte. Están esperando que alguien les explique cómo ellos ya viven. Necesitan que la iglesia de Jesús se ponga de pie y diga: «lo que ustedes adoran sin conocer, eso les anunciamos».

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición

Samuel James trabaja en la oficina del presidente de la comisión de ética y libertad religiosa de la convención Bautista del Sur. Puedes leer más de sus escritos en su blog y seguirlo en Twitter.

La paz de Dios es como un río

Lunes 15 Noviembre

Sus pies se apresuran para derramar sangre; quebranto y desventura hay en sus caminos; y no conocieron camino de paz.Romanos 3:15-17Habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz… aboliendo en su carne las enemistades.Efesios 2:13-15La paz de Dios es como un río

Son jóvenes extremistas, tienen sus convicciones, y la vida por delante… Sin embargo, prefieren perder esta vida y robar salvajemente la de otros, pues, ¿cuál es la fuente de esta tendencia tan antigua a destruir al prójimo?

La Biblia no nos esconde nada al respecto. Desde sus primeras páginas leemos: “Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató” (Génesis 4:8). La causa profunda es esta: cada ser humano tiene en sí mismo la raíz del mal, y esto lo convierte en un potencial asesino. Jesús dijo a sus discípulos: “Del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias” (Mateo 15:19).

Algunos dicen que cada uno puede dar lo mejor de sí mismo gracias a la educación, la religión… ¡Pero la Biblia advierte solemnemente que cada ser humano es capaz de lo peor! También nos dice cuál es la causa de esta triste realidad: el alejamiento de Dios, la rebelión contra un Creador cuya existencia muchas veces es negada, el orgullo ciego del hombre que pretende, desde hace milenios, encontrar el camino de la paz, mientras hace la guerra a Dios.

Pero la Biblia también ofrece el remedio para el mal: habla de una paz “como un río” (Isaías 48:18). Su fundamento es el sacrificio de Cristo, quien hizo “la paz mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1:20). Todos los que creen en Jesús reciben la paz con Dios. Él los invita a seguir la paz “con todos” (Hebreos 12:14). ¡Él es el Señor de paz!

Job 16-17 – Hebreos 7:1-17 – Salmo 124 – Proverbios 27:19-20

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La fe de Abraham

Jueves 11 Noviembre

Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena.Hebreos 11:8-9

La fe de Abraham

Lectura propuesta: Hebreos 11: 8-19

“Vete de tu tierra y de tu parentela” (Génesis 12:1). Esto fue lo que Dios ordenó a Abraham: debía dejar lo que amaba. Pero, ¿para ir a dónde? “A la tierra que te mostraré”. Entonces Abraham dejó su país y también, en varias etapas, a su familia. Se dejó guiar por Dios y llegó al país de Canaán, tierra que su descendencia heredaría. Tal fue la fe de Abraham: escuchó el llamado de Dios y obedeció confiando en sus promesas.

Un hecho sorprendente lo esperaba: el país al que llegó estaba ocupado por pueblos idólatras e inmorales. ¿Debía declararles la guerra? No, pues Dios todavía quería mostrar su paciencia hacia esos pueblos. Entonces Abraham vivió en ese país prometido como en tierra extranjera. ¿Estaba resignado, desanimado? ¿Se devolvería? ¡No! Sabía que iba a poseer el país, él o sus descendientes. ¡Pero incluso veía más alto! Aunque fue llamado a dejar un país para poseer otro en la tierra, esperaba una patria mejor, es decir, una patria celestial, la que Dios preparó en el cielo para todos los creyentes (Hebreos 11:16).

Abraham también comprendió que vería el reinado glorioso del Mesías en la tierra, y para él fue un inmenso gozo poder verlo por la fe (Juan 8:56).

Así Abraham, el padre de los creyentes, sintió una profunda felicidad y una gran esperanza. ¡Todo esto tiene un significado para nosotros hoy! La confianza en Dios, la seguridad de que él cumplirá lo que prometió, siempre serán una fuente de paz y felicidad.

Job 10-11 – Hebreos 3 – Salmo 120 – Proverbios 27:11-12

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch