¿DEBERÍA LA MUJER SER SUMISA A LA AUTORIDAD DEL HOMBRE? | Elisabeth Elliot

¿DEBERÍA LA MUJER SER SUMISA A LA AUTORIDAD DEL HOMBRE?

Elisabeth Elliot

“Simplemente no puedo soportar la idea de ser una alfombra”, dijo Jo cuando traté de hablarle sobre el principio bíblico de gobierno y sumisión. Está a punto de divorciarse porque está decidida a encontrar su libertad; y su matrimonio, dice ella, no era cincuenta-cincuenta como ella cree que debería ser. A ella le han vendido un contrato de bienes aquellos que han declarado que la sumisión de cualquier tipo es esclavitud. Sí, ha habido grandes errores en la sociedad. Sí, estoy de acuerdo que los hombres no deben oprimirse entre sí. Sí, es cierto que algunos hombres han tratado a las mujeres como alfombras. No, al esposo no se le ordena dominar, ni a la esposa ser servil. Ha habido toda clase de ataduras humanas que el cristiano debería ser el primero en deplorar y corregir. Jesús vino a dar libertad a los cautivos.

Pero la sumisión a la autoridad dada por Dios no es cautiverio. Si tan solo hubiera podido ayudar a Jo a ver esto; pero cuando le pregunté lo que ella pensaba que debería distinguir un matrimonio cristiano de todos los demás, ella dijo: “igualdad”. La igualdad es, por un lado, una imposibilidad humana en el matrimonio. ¿Quién está en posición de distribuir todo de acuerdo con la preferencia o la competencia? “Si me gusta, lo hago” decía Jo, “y debería ser yo quien lo haga. Si no me gusta, Bill lo hace. Si a él tampoco le gusta, entonces lo dividimos por la mitad”. Suena bien al principio. Ciertamente es la forma en que se hacen muchas cosas en cualquier hogar, supongo, y no diría que está mal. ¿Pero, existe un hogar verdaderamente feliz donde los miembros hacen sólo lo que les gusta y nunca hacen con gusto lo que no les gusta? Es un punto de vista ingenuo de la naturaleza humana suponer que dos iguales pueden turnarse para liderar y seguir, y pueden, debido a que son “maduros”, hacerlo sin ningún rango. El sentido común les ha dicho a las mujeres de todas las sociedades y de todas las épocas que el cuidado del hogar les corresponde a ellas. Los hombres han sido los proveedores. Ciertamente hay circunstancias en nuestra compleja sociedad moderna que exigen modificaciones. Conozco a muchas esposas de estudiantes de seminario que tienen que trabajar para poder pagar la matrícula de sus esposos y las compras del supermercado. Obviamente, los esposos deben hacer parte del trabajo doméstico y del cuidado de los hijos. Este es un recurso temporal y la mayoría de ellos, esposos y esposas, esperan con ansias el día en que las cosas vuelvan a ser normales.

Si nos hemos vuelto tan maduros, de mente abierta, adaptables y liberados que los mandatos de las Escrituras dirigidos a las esposas —“adaptarse”, “someterse”, “sujetarse”— han perdido su significado; si la palabra cabeza ya no tiene ninguna connotación de autoridad, y la jerarquía ha llegado a significar tiranía; hemos sido ahogados en la corriente de la ideología de la liberación.

Le dije a Jo, y te digo a ti lo que Pablo les dijo a los cristianos romanos: “Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios” (Romanos 12:2). Dios quiere que seamos íntegros, seguros y fuertes, y una de las formas para encontrar esa integridad, seguridad y fortaleza es someternos a las autoridades que Él ha puesto sobre nosotros. (La cuestión sobre la autoridad política, a la que la Biblia también dice que debemos someternos, se vuelve grandemente complicada y dolorosa para algunos. En los tiempos modernos Dietrich Bonhoeffer, Corrie ten Boom y su familia y Richard Wurmbrand han tenido que luchar con esto. No está dentro del alcance de estas cartas discutir ese tema, pero lo menciono por si alguien piensa que tiendo a simplificar demasiado y usaría los mismos argumentos para defender, por ejemplo, la esclavitud).

La sumisión por causa del Señor no equivale a servilismo. No conduce a la autodestrucción, el sofocamiento de los dones, la personalidad, la inteligencia o el espíritu. Si la obediencia misma requiere un suicidio de la personalidad (como lo afirma un escritor), tendríamos que concluir que la obediencia a Cristo demanda esto. Pero las promesas que Él nos ha dado difícilmente apuntan a la autodestrucción: “Yo los haré descansar” (Mateo 11:28). “Mi paz les doy” ( Juan 14:27). “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” ( Juan 10:10). “Para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, sino que tenga vida eterna” ( Juan 3:16). “Pero el que beba del agua que Yo le daré, no tendrá sed jamás” ( Juan 4:14). “El que pierda su vida por causa de Mí, la hallará” (Mateo 16:25). “El Padre de ustedes ha decidido darles el reino” (Lucas 12:32).

Dios no le está pidiendo a nadie convertirse en un cero a la izquierda. ¿Cuál fue el diseño del Creador en todo lo que hizo? Él quería que fuera bueno, es decir, perfecto. Precisamente lo que Él quería: libre para ser lo que Él destinó que fuera. Cuando le ordenó a Adán a “someter” y “ejercer dominio” sobre la tierra, no le estaba ordenando que destruyera su significado o su existencia. Él estaba, podemos decir, “orquestando”, dando la dirección a uno, sometiendo a otro, para producir una completa armonía para Su gloria.

En Déjame ser mujer, Elisabeth Elliot escribe con claridad sobre lo que significa ser una mujer cristiana. Tanto si eres joven como mayor, soltera, comprometida, casada o viuda, entenderás mejor cómo encajas en el plan de Dios, y saldrás con una maravillosa sensación de paz sobre quién eres realmente como mujer cristiana..

Debe ser muy difícil para las personas que no han sido criadas en hogares disciplinados, aprender la relación entre autoridad y amor, porque para ellos la autoridad habrá estado asociada con elementos fuera de su hogar, como la ley civil. Pero tenemos a un Dios amoroso que arregló las cosas no solo para nuestro “mejor interés” (no siempre estamos deseosos de tener lo que es “bueno para nosotros”) sino para la libertad y el gozo. Cuando hizo a Eva, fue porque el Jardín del Edén habría sido una prisión de soledad para Adán sin ella. No era bueno para él estar solo, y para liberarlo de la prisión y traer libertad y gozo, Dios le dio a la mujer. La libertad y el gozo de Eva eran ser el complemento de Adán.

Cuando Pablo habla de la sumisión de la mujer, basa su argumento en el orden de la creación. La mujer fue creada de y para el hombre. Sigue naturalmente que ella tuvo que ser creada después del hombre. La posición cronológica secundaria de la mujer no prueba necesariamente (a pesar de Richard Hooker y otros) una inteligencia inferior. Pero aquellos que descartan la posibilidad de las diferencias sexuales en los dones intelectuales no están considerando toda la información. Hay algunas estadísticas intrigantes que apuntan a razones biológicas para tales diferencias. Los hombres parecen estar mejor equipados para tratar con más altos niveles de abstracción. Una demostración de esto es el hecho de que, si bien en la actualidad hay ochenta y dos grandes maestros de ajedrez, ninguno es mujer. De los quinientos mejores jugadores de ajedrez de la historia, ninguno ha sido mujer. Pero miles de mujeres, particularmente en la Unión Soviética, juegan ajedrez.

Leí sobre esto en un libro llamado La inevitabilidad del patriarcado por Steven Goldberg. Goldberg se esfuerza grandemente por mostrar que de ninguna manera él está sugiriendo que los hombres son generalmente superiores a las mujeres. Son diferentes, y sus diferencias están determinadas por las hormonas:

Es necesario señalar, una vez más, que no hay razón para creer que hay diferencias sexuales en la inteligencia en todos sus múltiples aspectos. Considerar la capacidad para teorizar como una mayor demostración de inteligencia que la percepción o la perspicacia no es menos arriesgado que considerar la fuerza física más importante que la longevidad como medida de buena salud.

Para el cristiano, las estadísticas de Goldberg son interesantes. Para el cristiano que cree en un orden jerárquico, son aún más interesantes, porque, aunque creemos que el orden patriarcal tradicional no es meramente cultural y sociológico, sino que tiene su fundamento en la teología, es interesante descubrir que también tiene un fundamento biológico válido.

Hay un principio espiritual involucrado aquí. Es la voluntad de Dios. Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, se nos muestra en incontables historias en el trato de Dios con las personas que es Su voluntad liberarlas y darles alegría. A veces, el proceso de liberarlas es doloroso. Significó la muerte para el Hijo del Hombre —Su vida a cambio de la nuestra—. No vino a condenar, ni esclavizar, ni a meternos en una prisión. Él vino a dar vida.

Y es la voluntad de Dios que la mujer esté sujeta al hombre en el matrimonio. El matrimonio es usado en el Antiguo Testamento para expresar la relación entre Dios y Su pueblo de pacto y en el Nuevo Testamento entre Cristo y la iglesia. Ningún esfuerzo por mantenerse al día, por adaptarse a los movimientos sociales modernos ni a los cultos a la personalidad nos autoriza a invertir este orden. Tremendas verdades celestiales se exponen en la sujeción de la esposa a su esposo, y el uso de esta metáfora en la Biblia no puede ser accidental.

Este artículo ¿Debería la mujer ser sumisa a la autoridad del hombre? La respuesta de Elisabeth Elliot fue adaptado de una porción del libro Déjame ser mujer, publicado por Poiema Publicaciones.

¿Por qué los cristianos necesitamos escuchar el evangelio todos los días? | Cameron Smart

Algunas personas creen que el evangelio solo es útil para la evangelización, un mensaje que solo los incrédulos necesitan oír. Pero la Biblia enseña que los seguidores de Jesús necesitan continuar escuchando el evangelio aún después de haber nacido de nuevo. Los cristianos deben meditar sobre el evangelio todos los días en su lectura personal de la Biblia, y los pastores deben predicar el evangelio en cada sermón. Necesitamos escuchar regularmente de la vida, muerte, sepultura, resurrección y ascensión de Jesús, así como el llamado a arrepentirnos de nuestros pecados y acudir a Jesús con fe.

Aquí tienes ocho razones por las que necesitamos escuchar las verdades del evangelio todos los días:

1. Para evocar alabanzas y agradecimiento a Dios. Dios nuestro Padre es quien debería estar en los titulares de las noticias cada día. En lugar de dar por sentado su increíble obra de salvación por nosotros, debemos reflexionar diariamente en lo que ha hecho en Cristo y ofrecerle la adoración y el agradecimiento que tanto merece (Romanos 11:33-36; Apocalipsis 5).

2. Para recordarnos nuestra identidad en Cristo. Escuchar el evangelio cada día y cada semana nos ayuda a centrarnos en Cristo (Col. 3:1-41 Co. 15:1-11). Olvidamos fácilmente quién es verdaderamente Cristo y quiénes somos nosotros en él. Las buenas nuevas despejan la niebla del olvido y nos recuerda lo que Dios ha hecho en la historia y en su pueblo.

3. Para sostenernos. Meditar en la Palabra de Dios y la verdad del evangelio arraiga nuestra fe, nos hace fructíferos, nos alimenta, nos refresca, nos hace crecer y nos mantiene firmes en medio de las pruebas (Salmo 1; Juan 6:22-59; Judas 20-21).

4. Para guardarnos del pecado. El evangelio nos santifica porque por medio de él crecemos en el amor a nuestro Padre y deseamos complacerle con nuestra vida. El evangelio es un tesoro más grande que cualquier recompensa temporal, un placer más grande que cualquier pecado que podamos disfrutar. Saber que no hay nada bueno que podamos hacer que haga que Dios nos ame más en Cristo nos da la libertad de amarle y obedecerle en lugar de aprovecharnos de su gracia (ver todo Romanos 6).

5. Para motivarnos a hacer buenas obras. La resurrección de Jesucristo nos libera para que ya no invirtamos nuestra vida en nosotros, sino en aquellos que nos rodean (Ti. 2:11-14; Ef. 2:1-10).

6. Para protegernos de la desesperación. Ningún pecado que cometamos hace que Dios nos ame menos. El evangelio nos libera de la desesperación. Nada puede separarnos del amor de Cristo, que se nos ha mostrado por medio del evangelio de la Cruz (Ro. 8:31-39).

7. Para animar a los que nos rodean. Cuando se nos recuerda el evangelio, somos más propensos a compartir una palabra de aliento con otros a lo largo de día. Esta palabra de aliento a su vez, los edifica en el evangelio y ministra la verdad a sus corazones (2 Ti. 2:1-7).

8. Para derribar nuestro orgullo. Una sobria reflexión sobre nuestro pecado y lo que Dios ha hecho por nosotros en el evangelio destruye nuestro orgullo y cultiva un espíritu de humildad ante el Señor y los demás (Juan 3:16, 5:24; Ti. 3:1-7).


Escrito por Cameron Smart, Cameron Smart es un plantador de iglesias en Asia Central
9Marcas
El ministerio 9Marcas existe para equipar con una visión bíblica y recursos prácticos a líderes de iglesias para que la gloria de Dios se refleje a las naciones a través de iglesias sanas.

La desprotestantización de las iglesias cristianas | J.C. Ryle

La desprotestantización en la iglesia

J.C. Ryle

El principal punto que quiero fijar en las mentes de todos es el siguiente: que la idolatría se ha manifestado decididamente en la Iglesia visible de Cristo y en ninguna parte de forma tan clara como en la Iglesia de Roma.
IV. Y ahora, en último lugar, permítaseme mostrar la abolición definitiva de toda idolatría. ¿Qué acabará con ella?
Considero que el alma del hombre que no anhela el momento en que no exista ya la idolatría carece de salud. Difícilmente puede estar reconciliado con Dios el corazón que piensa en los millones que están hundidos en el paganismo o que honran al falso profeta Mahoma u ofrecen oraciones diarias a la virgen María y no clama: “O, mi Dios, ¿cuándo llegará el fin de todas estas cosas? ¿Durante cuánto tiempo, oh Señor, durante cuánto tiempo?”.

Aquí, como en otras cuestiones, la palabra cierta de la profecía viene en nuestra ayuda. Un día llegará el fin de toda idolatría. Su condenación está señalada. Su destrucción es segura. Ya sea en los templos paganos o en las supuestas Iglesias cristianas, la idolatría será destruida en la Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo. Entonces se cumplirá plenamente la profecía de Isaías: “Quitará totalmente los ídolos” (Isaías 2:18). Entonces se cumplirán las palabras de Miqueas (5:13): “Haré destruir tus esculturas y tus imágenes de en medio de ti, y nunca más te inclinarás a la obra de tus manos”. Entonces se cumplirá la profecía de Sofonías (2:11): “Terrible será Jehová contra ellos, porque destruirá a todos los dioses de la tierra, y desde sus lugares se inclinarán a él todas las tierras de las naciones”. Entonces se cumplirá la profecía de Zacarías (13:2): “En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, quitaré de la tierra los nombres de las imágenes, y nunca más serán recordados”. En una palabra, se cumplirá plenamente el Salmo 97: “Jehová reina; regocíjese la tierra, alégrense las muchas costas. Nubes y oscuridad alrededor de él; justicia y juicio son el fundamento de su trono. Fuego irá delante de él, y abrasará a sus enemigos alrededor. Sus relámpagos alumbraron el mundo; la tierra vio y se estremeció. Los montes se derritieron como cera delante de Jehová, delante del Señor de toda la tierra. Los cielos anunciaron su justicia, y todos los pueblos vieron su gloria. Avergüéncense todos los que sirven a las imágenes de talla, los que se glorían en los ídolos. Póstrense a él todos los dioses”.

La Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo es esa bendita esperanza que debiera consolar a los hijos de Dios bajo la actual dispensación. Es la estrella polar que debe guiar nuestro viaje. Es el punto en el que todas nuestras expectativas debieran concentrarse: “Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará” (Hebreos 10:37). Nuestro David ya no vivirá en Adulam, seguido por unos pocos menospreciados y rechazados por la mayoría. Manifestará su gran poder, reinará y hará que toda rodilla se doble ante Él.

Hasta entonces no disfrutamos perfectamente de nuestra redención, como dice Pablo a los efesios: “Fuisteis sellados para el día de la redención” (Efesios 4:30). Hasta entonces, nuestra salvación no está completa, como dice Pedro: “Sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero” (1 Pedro 1:5). Hasta entonces, nuestro conocimiento sigue siendo defectuoso, como dice Pablo a los corintios: “Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido” (1 Corintios 13:12). En resumen, lo mejor está por venir.

Pero, en el día del regreso de nuestro Señor, todo deseo recibirá su plena satisfacción. Ya no estaremos abatidos y exhaustos por este sentimiento de constante fracaso, de debilidad y decepción. En su presencia, y no en otro lugar, hallaremos que hay plenitud de gozo; y cuando despertemos a su semejanza seremos satisfechos, si no lo fuimos antes (cf. Salmo 16:11; 17:15). Ahora hay muchas abominaciones en la Iglesia visible ante las que solo podemos gemir y clamar como el fiel en tiempos de Ezequiel (cf. Ezequiel 9:4). No podemos eliminarlas. El trigo y la cizaña crecen juntos hasta que llega la cosecha. Pero se acerca un día en que el Señor Jesús purificará una vez más su Templo y echará todo lo que lo ensucia. Hará esa obra de la que los actos de Ezequías y Josías fueron un pálido tipo hace mucho tiempo. Echará las imágenes y purgará la idolatría en todas sus manifestaciones.

¿Quién anhela ahora la conversión del mundo pagano? No la verás en su plenitud hasta la aparición del Señor. Entonces, y no hasta entonces, se cumplirá ese texto tan frecuentemente mal aplicado: “Aquel día arrojará el hombre a los topos y murciélagos sus ídolos de plata y sus ídolos de oro, que le hicieron para que adorase” (Isaías 2:20).

¿Quién anhela ahora la redención de Israel? No la verás en su perfección hasta que el Redentor venga a Sion. La idolatría en la Iglesia profesante de Cristo ha sido una de las más poderosas piedras de tropiezo en el camino de los judíos. Cuando comience a caer, empezará a retirarse el velo sobre el corazón de Israel (cf. Salmo 102:16).

¿Quién anhela ahora la caída del Anticristo y la purificación de la Iglesia de Roma? Creo que no sucederá hasta la culminación de esta dispensación. Ese vasto sistema de idolatría quizá sea consumido y matado con el Espíritu de la boca del Señor, pero jamás será destruido salvo por el resplandor de su Venida (cf. 2 Tesalonicenses 2:8).

¿Quién anhela una Iglesia perfecta, una Iglesia en la que no haya la más mínima mancha de idolatría? Debes esperar el regreso del Señor. Entonces, y no hasta entonces, veremos una Iglesia perfecta, una Iglesia sin mancha ni arruga ni cosa semejante (cf. Efesios 5:27), una Iglesia en la que todos los miembros estarán regenerados y todos serán hijos de Dios.
Si esto es así, los hombres no deben sorprenderse de que les instemos a estudiar la profecía y les ordenemos, por encima de todo, asirse firmemente de la gloriosa doctrina de la Segunda Venida de Cristo y de su Reino. Esta es la “antorcha que alumbra en lugar oscuro” a la que haremos bien en prestar atención. Dejemos que otros se entreguen a su fantasía, si así lo desean, con la idea de una imaginaria “Iglesia del futuro”. Dejemos que los hijos de este mundo sueñen con alguna clase de “hombre venidero” que lo entienda todo y lo arregle todo. Solamente están cultivando una amarga decepción. Se darán cuenta de que sus visiones son infundadas y vacías como un sueño. Es a estos a los que bien pueden aplicarse las palabras del Profeta: “He aquí que todos vosotros encendéis fuego, y os rodeáis de teas; andad a la luz de vuestro fuego, y de las teas que encendisteis. De mi mano os vendrá esto; en dolor seréis sepultados” (Isaías 50:11).

Pero deja que tus ojos miren hacia el día de la Segunda Venida de Cristo. Ese es el único día en el que se rectificará todo abuso y se purgará toda corrupción y fuente de tristeza. Aguardando ese día, trabajemos y sirvamos a nuestra generación; no estando ociosos como si no se pudiera hacer nada para refrenar el mal, pero no descorazonados porque no vemos todas las cosas puestas aún bajo nuestro Señor. Después de todo, la noche está avanzada y se acerca el día. Te exhorto a esperar en el Señor.

Si esto es así, los hombres no deben sorprenderse de que les advirtamos que se cuiden de cualquier inclinación hacia la Iglesia de Roma. Sin duda, cuando la idea de Dios con respecto a la idolatría se nos revela tan claramente en su Palabra, parece el colmo del capricho unirse a una Iglesia tan impregnada de idolatría como la Iglesia de Roma. Entrar en comunión con ella cuando Dios dice: “Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas” (Apocalipsis 18:4), buscarla cuando el Señor nos advierte de que la abandonemos, convertirnos en sus súbditos cuando la voz del Señor clama: “Escapa por tu vida, huye de la ira venidera”. Todo esto es ciertamente ceguera mental, una ceguera como la de aquel que, a pesar de haber sido advertido, se embarca en un barco que está naufragando; una ceguera que sería casi increíble si nuestros propios ojos no vieran ejemplos de ello continuamente.

Todos debemos estar en guardia. No debemos dar nada por supuesto. No debemos suponer apresuradamente que somos demasiado sabios para que se nos engañe y decir como Hazael: “¿Qué es tu siervo, este perro, para que haga tan grandes cosas?”. Aquellos que predican deben clamar en voz alta y no callar, no permitir que ninguna falsa amabilidad les silencie con respecto a las herejías de la época. Aquellos que escuchan deben tener los lomos ceñidos con la Verdad y sus mentes llenas de claras ideas proféticas en relación con el fin al que llegarán todos los adoradores de ídolos. Intentemos todos comprender que el fin del mundo se avecina y que la abolición de la idolatría se acerca. ¿Es momento de aproximarse a Roma? ¿No es más bien tiempo de alejarse y mantenerse al margen para no vernos envueltos en su caída? ¿Es momento de mitigar y paliar las múltiples corrupciones de Roma y negarnos a ver la realidad de sus pecados? Sin duda más bien debiéramos ser doblemente celosos de cualquier tendencia a romanizar la religión, doblemente cuidadosos de evitar la connivencia con cualquier traición contra Cristo nuestro Señor y doblemente dispuestos a protestar contra la adoración antiescrituraria de cualquier tipo. Repito una vez más, pues, que debemos recordar que la destrucción de la idolatría es cierta y, por tanto, cuidarnos de la Iglesia de Roma.

El asunto que estoy tratando es de una importancia profunda y trascendente y exige la seria atención de todos los clérigos protestantes. No sirve de nada negar que una gran parte del clero y de la congregación de la Iglesia de Inglaterra está haciendo todo lo posible para unir la Iglesia de Inglaterra con la idólatra Iglesia de Roma. La publicación de ese monstruoso libro llamado Eirenicon, del Dr. Pusey, y la formación de una “sociedad para promover la unidad en la cristiandad” son una clara prueba de lo que estoy diciendo. “Que corra el que leyere en ella” (Hab. 2:2).

La existencia de un movimiento como este no sorprenderá a quien ha seguido de cerca la historia de la Iglesia de Inglaterra en los últimos cuarenta años. Las tendencias del Movimiento de Oxford y del ritualismo se han dirigido constantemente hacia Roma. Cientos de hombres y mujeres han abandonado limpia y sinceramente nuestras filas y se han convertido en abiertos papistas. Pero muchos cientos se han quedado y son aún clérigos nominales en nuestro seno. El pomposo ceremonial semicatólico romano que se ha introducido en muchas iglesias ha preparado las mentes de los hombres para los cambios. Una forma extravagantemente teatral e idólatra de celebrar la Cena del Señor ha allanado el camino para la transustanciación. Ha estado en marcha durante mucho tiempo un exitoso proceso de desprotestantización. La pobre antigua Iglesia de Inglaterra se encuentra en un plano inclinado. Su misma existencia como Iglesia protestante se encuentra en peligro.
Sostengo que este movimiento romanista debe resistirse firmemente. A pesar del rango, la erudición y la devoción de algunos de sus defensores, lo considero un movimiento sumamente pernicioso, destructor de almas y contrario a la Escritura. Decir que la reunión con Roma sería un insulto para nuestros reformadores martirizados es ser muy suaves: ¡sería un pecado y una ofensa contra Dios! Antes de que se reúna con la idólatra Iglesia de Roma preferiría ver mi amada Iglesia perecer y destruirse en pedazos. ¡Mejor morir que volver a ser papista!.

Sin duda, la Unidad abstracta es algo excelente: pero la Unidad sin Verdad es inútil. La Paz y la Uniformidad son bellas y valiosas: pero la Paz sin el Evangelio —la Paz basada en un episcopado común y no en una fe común— carece de valor y no merece ese apelativo. Cuando Roma haya revocado los decretos de Trento y sus adiciones al Credo, cuando Roma se haya retractado de sus doctrinas falsas y antiescriturarias, cuando Roma haya renunciado formalmente a la adoración de imágenes, la adoración a María y la transustanciación; entonces, y no hasta entonces, será hora de hablar de reunirnos con ella. Hasta entonces hay un abismo sobre el que no se puede tender un puente sinceramente. Hasta entonces, llamo a todos los clérigos a resistir hasta la muerte esta idea de reunirse con Roma. Hasta entonces, nuestro lema debe ser: “¡No a la paz con Roma! ¡No a la comunión con los idólatras!”. Bien dice el admirable obispo Jewell en su Apología: “No rechazamos la paz y la concordia con los hombres; ¡pero no mantendremos un estado de guerra con Dios para estar en paz con los hombres!”. ¡Este testimonio es cierto! ¡Mejor le iría a la Iglesia de Inglaterra si todos sus obispos hubieran sido como Jewell!
Escribo estas cosas con pena. Pero las circunstancias de la época hacen que sea absolutamente necesario pronunciarse. Independientemente del lugar del horizonte al que mire, veo serios motivos para la alarma. No temo en absoluto por la verdadera Iglesia de Cristo. Pero por la Iglesia de Inglaterra establecida y por todas las iglesias protestantes de Inglaterra, ciertamente tengo serios temores. La marea de acontecimientos parece ir en contra del protestantismo y a favor de Roma. Parece como si Dios tuviera una controversia con nosotros como nación y estuviera a punto de castigarnos por nuestros pecados.

No soy profeta. No sé hacia dónde nos dirigimos. Pero, al paso que van las cosas, creo que es bastante factible que, dentro de pocos años, la Iglesia de Inglaterra se una a la Iglesia de Roma. Quizá la corona de Inglaterra descanse una vez más sobre la cabeza de un papista. Quizá se repudie formalmente el protestantismo. Quizá un obispo católico romano presida una vez más el Palacio de Lambethy. Quizá se diga misa una vez más en las abadías de Westminster y de S. Pablo. ¡Y el resultado será que todos los cristianos lectores de la Biblia deberán abandonar la Iglesia de Inglaterra o bien aprobar la adoración de ídolos y convertirse en idólatras! ¡Dios nos conceda que jamás lleguemos a semejante estado de cosas! Pero, a este paso, me parece bastante posible.
Y ahora solo me queda concluir lo que he estado diciendo mencionando algunas salvaguardas para las almas de todos los que lean este capítulo. Vivimos en una época en que la Iglesia de Roma camina entre nosotros con fuerzas renovadas y jactándose de que pronto recuperará el terreno perdido. Se nos están presentando constantemente falsas doctrinas de las formas más sutiles y especiosas. No se puede considerar irrazonable que ofrezca algunas salvaguardas prácticas contra la idolatría. Qué es, de dónde proviene, dónde está, qué acabará con ella; todo eso ya lo hemos visto. Permítaseme señalar cómo podemos estar a salvo de ella y me abstendré de decir más.

1) Armémonos, pues, por un lado, con un profundo conocimiento de la Palabra de Dios. Leamos nuestras biblias más diligentemente que nunca y familiaricémonos con cada parte de ellas. Que la Palabra habite en nosotros abundantemente. Cuidémonos de cualquier cosa que nos haga dedicar menos tiempo y menos empeño a la lectura atenta de sus sagradas páginas. La Biblia es la espada del Espíritu; jamás la dejemos a un lado. La Biblia es la verdadera antorcha en momentos de oscuridad; cuidémonos de no viajar sin su luz. Si conociéramos la historia secreta de las numerosas secesiones en nuestra Iglesia a favor de Roma, que deploramos, tengo fuertes sospechas de que, en casi todos los casos, uno de los pasos más importantes en la cuesta abajo se hallaría en el abandono de la Biblia, en una mayor atención a las formas, los sacramentos, los cultos diarios, el cristianismo primitivo, etcétera, y una menor atención a la Palabra escrita de Dios. La Biblia es la calzada real. Una vez que la abandonamos por un camino secundario —por hermoso, antiguo y frecuentado que este parezca—, no debemos sorprendernos si acabamos adorando imágenes y reliquias y yendo al confesionario con regularidad.

2) Armémonos, en segundo lugar, con un celo piadoso por la más mínima parte del Evangelio. Cuidémonos de sancionar el más somero intento de sustraerle una jota o una tilde o de eclipsar alguna parte por medio de la exaltación de cuestiones religiosas secundarias. Parecía una nimiedad que Pedro se abstuviera de comer con los gentiles; sin embargo, Pablo les dice a los gálatas: “Le resistí cara a cara, porque era de condenar” (Gálatas 2:11). No tengamos en poco cualquier cosa concerniente a nuestras almas. Seamos muy meticulosos al decidir a quién escuchamos, adónde vamos, qué hacemos, así como en todas las cuestiones relativas a nuestra adoración personal; y no nos preocupe la acusación de ser aprensivos y excesivamente escrupulosos. Vivimos en tiempos en los que en los pequeños actos están implícitos grandes principios, y cuestiones religiosas que hace cincuenta años se consideraban absolutamente inocuas, ahora ya no lo son debido a las circunstancias. Evitemos jugar con cualquier tendencia hacia Roma. Es de necios jugar con fuego. Creo que muchos de los que se han pervertido y apartado comenzaron pensando que no podía ser muy dañino atribuir un poco más de importancia a las cosas externas. Pero, una vez que empezaron a bajar por la pendiente, fueron de una cosa a otra. Provocaron a Dios, ¡y Él les abandonó a su suerte! Fueron entregados a un gran engaño y se les dejó creer una mentira (2 Tesalonicenses 2:11). Tentaron al diablo, ¡y este vino a ellos! Comenzaron con nimiedades, como muchos las llaman neciamente, y han acabado en una manifiesta idolatría.

3) Armémonos, por último, con ideas claras y sanas acerca de nuestro Señor Jesucristo y de la salvación que es en Él. Él es la “imagen del Dios invisible”, la “imagen misma de su sustancia” y la verdadera protección contra toda idolatría cuando se le conoce verdaderamente. Edifiquémonos profundamente en el fuerte fundamento de la obra que completó en la Cruz. Tengamos claro que Jesucristo ha hecho todo lo necesario a fin de presentarnos sin mancha ante el trono de Dios y que una fe sencilla por nuestra parte como la de un niño es lo único que hace falta para que participemos de la obra de Cristo. No dudemos que teniendo esta fe estamos completamente justificados a los ojos de Dios; nunca estaremos más justificados aunque vivamos tantos años como Matusalén y hagamos las obras del apóstol Pablo; y no podemos añadir nada a esa justificación completa por medio de actos, palabras, ayunos, oraciones, limosnas, cumplimiento de las ordenanzas o cualquier otra cosa por nuestra parte.
¡Por encima de todo, mantengamos una comunión continua con la persona del Señor Jesús! Moremos en Él diariamente, alimentémonos de Él diariamente, mirémosle diariamente, apoyémonos en Él diariamente, vivamos dependiendo de Él diariamente y tomemos de su plenitud diariamente. Comprendamos esto y la idea de otros mediadores, otros consoladores y otros intercesores parecerá completamente absurda. “¿Qué falta hace?”, responderemos: “Tengo a Cristo y en Él lo tengo todo. ¿Qué tengo yo que ver con los ídolos? Tengo a Jesús en mi corazón, a Jesús en la Biblia, a Jesús en el Cielo, ¡y no quiero nada más!”.
Una vez que permitimos al Señor Jesucristo ocupar el lugar correcto en nuestros corazones, todas las demás cosas en nuestra religión se ajustarán al lugar adecuado. La Iglesia, los ministros, los sacramentos, las ordenanzas, todo descenderá y ocupará un segundo lugar.
A menos que Cristo se siente como Sacerdote y Rey en el trono de nuestro corazón, ese pequeño reino interior estará en perpetua confusión. Pero solo con que le permitas ser el “todo en todo” ahí, todo irá bien. Ante Él caerá todo ídolo, todo Dagón. Conocer a Cristo correctamente, creer en Cristo verdaderamente, amar a Cristo de corazón es la verdadera protección contra el ritualismo, el catolicismo romano y toda forma de idolatría.

Ryle, J. C. (2003). Advertencias a las iglesias (D. C. Williams, Trad.; Primera edición, pp. 147-157). Editorial Peregrino.

Por qué conocer a tu rebaño es algo crítico para la predicación significativa | Jared C. Wilson

Por qué conocer a tu rebaño es algo crítico para la predicación significativa
Por Jared C. Wilson

El predicador se paseó por el escenario, mirando seriamente a la congregación. Era el momento de su invitación semanal. Él pidió a los que respondieron que levantaran la mano. Ninguna mano fue levantada. Pero no tenía ninguna manera de saber esto porque estaba en una pantalla de video.

Me encontraba a mi mismo en el local más cercano de esta iglesia con diferentes locales por una asignación del pastor, un hombre que recientemente que contrató para hacer un trabajo independiente de investigación para él. Visitar uno de sus muchos servicios remotos estaba supuesto a ayudarme a obtener «algo» de su ministerio. Y ciertamente lo hizo. Pero no podía evitar ser golpeado por el sentimiento de que esta forma de hacer ministerio no podía ayudar al predicador a «conocer» su congregación.

No sé lo que piensas sobre los lugares con videos o el modelo de locales múltiples de crecimiento de iglesia en general, pero esta experiencia y otras sólo ha afirmado algunas de las preocupaciones que tengo por la desconexión entre el predicador y el rebaño, y dilema en aumento en todo tipo de iglesias, grandes y pequeñas.

En realidad, este dilema no sólo está limitado a las iglesias que tienen diferentes locales o que trabajan a partir de la presentación de videos. Los pastores de iglesias en crecimiento de todos los tamaños lucharán continuamente con conocer sus congregaciones. Y la tentación de aislarse cada día más aumenta cuando es añadida complejidad a una iglesia en crecimiento.

Y por supuesto, es imposible que aún un predicador de una iglesia pequeña sea el mejor amigo de todo el mundo en su iglesia, y es imposible que los predicadores de grandes iglesias conozcan bien a todo el mundo. Pero el predicador cuyo ministerio está enfocándose cada vez más en la predicación y menos en el pastorado, ¡está socavando la tarea a la cual trata de dedicar más de su tiempo! La buena predicación requiere un pastorado de cerca. El ministerio de la predicación no puede estar divorciado del ministerio del cuidado de las almas; de hecho, la predicación es realmente una extensión del cuidado de almas. Más importantes.

La predicación significativa tiene en mente los ídolos de las personas
Cuando viajo a predicar a servicios de iglesias y conferencias, una de las primeras preguntas que regularmente le hago al pastor que me invita es «¿Cuáles son los ídolos de tu gente?» Quiero poder no sólo llegar y «hacer lo mío», sino también servir a este pastor y su congregación hablando lo mejor que pueda hacia cualquiera de las esperanzas y sueños que él puede identificar en su iglesia que no están devocionalmente unidas a Cristo como su mayor satisfacción. Tristemente, algunos pastores no saben cómo responder la pregunta.

Cuando Pablo entró a Atenas, vio que la ciudad estaba llena de ídolos (Hechos 17:16). Dicho esto, él no sólo vio esto como un problema filosófico sino espiritual que personalmente lo atribulaba. Y cuando él habló del mismo, lo hizo de manera tan específica refiriéndose a su devoción como el «dios no conocido» (17:23). Y cada vez que Pablo se dirigía a iglesias específicas en sus cartas, notarás que los tipos de pecados y mentiras a las que se dirigía eran muy específicos. Él no habló sobre generalidades. Él sabía lo que estaba sucediendo en esas iglesias.

Claro, esto no significa que comiences a avergonzar o exponer a las personas desde el púlpito. Pero sí significa que estás lo suficientemente en medio de la vida congregacional como para hablar en términos familiares. Hasta que un pastor no ha pasado tiempo de calidad con personas de su congregación, los ídolos que su predicación debe combatir con el evangelio serán meramente teóricos. Todos los seres humanos tienen algunos ídolos universales en común. Pero las comunidades donde las iglesias están localizadas, las congregaciones como una subcultura en sí mismas, y aún los grupos y las demografías específicas de las congregaciones tienden a transitar en ídolos patrones de pecados más específicos.

Conocer de antemano las esperanzas equivocadas a nivel financiero, de carrera y familiares de tu congregación te ayudará a saber cómo predicar. Te ayudará a escoger los textos correctos y hacer el énfasis correcto al explicar esos textos. Esto es lo que hace de la predicación un ministerio, y no simplemente un ejercicio.

La predicación significativa tiene a las personas que sufren como su enfoque
Puedo decirte de primera mano que mi predicación cambió después que comencé a estrechar la mano de las personas mientras morían y escuchaba el corazón de las personas mientras lloraban. Hasta que no has escuchado suficientes personas compartir sus pecados, temores, preocupaciones y heridas, tu predicación puede ser excelente y apasionada, pero no será todo lo que puede ser—profunda.

Muchos predicadores llevan la carga de la Palabra de Dios al púlpito, y esto es algo bueno. Recibir el manto pesado de la predicación llena de la gloria de Cristo, tener la carga de proclamar el favor del Señor en el evangelio es una tarea noble, digna y maravillosa. Pero el predicador también debe sentir el peso de su gente en ese púlpito. Debe subir a predicar luego de haber estado en el valle con ellos. Su manuscrito debería estar lleno de las lágrimas de su gente.

Conocer los sufrimientos que afligen a su gente de manera regular, evitará que el predicador se convierta en un tono sordo para su congregación. Él no será ligero en los lugares equivocados. Esto afectará todo tipo de ilustración que utilice, los tipos de historias que cuente, y—más importante aún—las disposiciones con las que maneja la Palabra. He visto predicadores hacer bromas sobre cosas con las que personas de su congregación estaban luchando. Y he sido ese predicador. Estamos para quitar cargas, pero con nuestras palabras no cuidadosas terminamos añadiéndole a éstas.

Predicador, ¿tienes un corazón genuino para tu gente? No me refiero a «¿eres tu alguien enfocado en las personas?» Me refiero a, ¿sabes lo que sucede en la vida de tu congregación, y esto te motiva y te atribula? ¿Has llorado con los que lloran? Si no es así, con el tiempo tu predicación lo mostrará. Piensa en Moisés, atribulado por los pecados de su pueblo (Éxodo 32:32). O en las lágrimas abundantes de Pablo (Hechos 20:31, 2 Corintios 2:4, Filipenses 3:18, 2 Timoteo 1:4). Piensa también en la compasión de Cristo, vista en los corazones de las personas (Mateo 9:36). Puedes creer que puedes trabajar en estos sentimientos sin conocer realmente tu congregación, pero no es lo mismo, especialmente no para ellos. No es lo mismo para ellos de la misma manera que cuando escuchas una palabra emocionante de un modelo a seguir no es lo mismo que escuchar una palabra emocionante de su padre. Predicador, no prediques tu texto sin llevar las verdaderas cargas de tu gente en tu corazón.

La predicación significativa tiene nombre de personas en la oración
Cada predicador fiel ora por su sermón. Ora para que la Palabra de Dios no retorne vacía (Isaías 55:11). Oran para que las personas sean receptivas. Oran para que las almas sean salvas y las vidas cambiadas. Estas son oraciones buenas. Y mejor aún es el sermón preparado y compuesto de oraciones de John Smith y Julie Thompson y la familia Cunninghan en los labios del predicador. Mejor aún es el sermón por el cual se ora sobre los escritos por la salvación de Tom Johnson y el arrepentimiento de Lewis y la sanidad de Mary Alice.

Repitas veces Pablo le dice a la gente bajo su cuidado que él los recuerda en sus oraciones (Efesios 1:6, 2 Timoteo 1:3, Filemón 1:4). Y debido a que él está frecuentemente mencionando nombres, sabemos que no lo hace de manera general. Y aunque Pablo no estaba pastoreando una congregación de cerca sino que servía mayormente como un misionero plantador de iglesia, trabajó duro para conocer a las personas que ministraba desde la distancia y buscaba visitarlas lo más frecuentemente posible. ¡Cuánto más debería el pastor de la iglesia local desarrollar relaciones con su gente! Él debería conocer sus nombres y llevar sus nombres en oración al cielo.

Es importante conocer a quién estás predicando. Es importante saber que la dama sonriente y que está asintiendo cerca del frente tiene una tendencia a no recordar nada de lo que has dicho. Cuándo sabes estas cosas, puedes orar por tu gente de una manera más profunda, personal y pastoral. Tu predicación será mejor. Será más real. No solo será algo que viene de tu mente y tu boca, sino de tu corazón, tu alma y tus agallas.

Claro, todo esto sume que estás interesado en este tipo de predicación. Si ves la predicación como algo que simplemente provee un «recurso espiritual» para las mentes interesadas y una charla para aquellos con inclinaciones religiosas y no como algo que ofrece un testimonio profético a partir de la Palabra de Dios revelada a los corazones de la gente, entonces puedes ignorar todos los puntos descritos anteriormente.

Responder al llamado de Dios | R.C. Sproul

Responder al llamado de Dios
Por R.C. Sproul
Cada día vivimos sometidos a un montón de autoridades que delimitan nuestra libertad: desde los padres hasta los policías de tránsito y los cazadores de perros. Todas las autoridades deben ser respetadas y, como dice la Biblia, honradas. Pero solo una autoridad tiene el derecho intrínseco de atar la conciencia. Solo Dios puede imponer una obligación absoluta, y lo hace por el poder de Su voz santa.

Él llama al mundo a la existencia por medio de un mandato divino, de un decreto santo. Él llama a Lázaro, quien estaba muerto y descompuesto, a la vida. Él llama a personas que no eran nadie: «Mi pueblo». Él llama de las tinieblas a la luz. Él nos llama eficazmente a la redención. Él nos llama a servir.

Nuestra vocación lleva ese nombre por su raíz latina vocatio, «un llamado». El término «elección vocacional» es una contradicción de términos para el cristiano. Es cierto que la escogemos y que, de hecho, podemos desobedecerla. Pero previo a la elección y colocado sobre ella con poder absoluto está el llamado divino, la imposición de un deber del que no nos atrevemos a huir.

Fue la vocación lo que llevó a Jonás a emprender su viaje hacia Tarsis e hizo que los navegantes aterrorizados lo arrojaran al mar para calmar la tempestad vengativa. Fue la vocación lo que provocó el grito angustiado de Pablo: «¡… ay de mí si no predico el evangelio!» (1 Co 9:16). Fue la vocación lo que puso una horrenda copa de amargura en las manos de Jesús.

Dios no siempre nos llama a una vocación glamorosa, y muchas veces su fruto en este mundo es agridulce. Sin embargo, Dios nos llama de acuerdo a nuestros dones y talentos, y nos dirige hacia los servicios que serán más útiles para Su reino. Cuánto hubiéramos perdido si Jonás hubiera llegado a Tarsis, si Pablo se hubiera negado a predicar, si Jeremías se hubiera rehusado a ser profeta o si Jesús hubiera rechazado amablemente la copa.

Coram Deo: vivir delante del rostro de Dios
Piénsalo… ¿cuáles serían las pérdidas espirituales si no respondes al llamado de Dios?

Para estudiar más a fondo
2 Corintios 10:15-16
Romanos 15:20
Filipenses 1:17

Publicado originalmente en el Blog de Ligonier Ministries.
R.C. Sproul
El Dr. R.C. Sproul fue fundador de Ministerios Ligonier, primer ministro de predicación y enseñanza en Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, y primer rector del Reformation Bible College. Fue autor de más de cien libros, entre ellos La santidad de Dios.

La Verdad Acerca Del Pecador | Martyn Lloyd Jones

La Verdad Acerca Del Pecador
Por: Martyn Lloyd Jones

Escritura: Romanos 5:7-8

“Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros.» – Romanos 5:7-8

«Así es como el Apóstol demuestra su caso. Él apunta hacia arriba, primero que todo, desde el hombre justo hasta el bueno. Y entonces, cuando termina apunta hacia abajo. ¿Dónde estamos nosotros? Ciertamente no entre los ‘buenos’. ¿Y entre los justos? Ni siquiera entre los justos. Pues bien, ¿qué somos entonces? ¡Pecadores! No hay, en lo absoluto, nada digno de ser amado en nosotros. Dios muestra Su amor y prueba Su amor para con nosotros en que Cristo murió por nosotros no porque fuésemos dignos de ser amados, deseables y buenos. Entonces, no obstante no hayamos sido dignos de ser amados, y deseables, ¿hemos sido correctos bajo algún estándar? ¿hemos permanecido en la ley? ¡De ninguna manera! No hemos sido justos. La verdad acerca de nosotros es que éramos pecadores y un pecador es exactamente lo opuesto a un hombre bueno y justo. Un pecador es un transgresor. Un pecador es un hombre que ha perdido su calificación, que se ha quedado corto. No hay absolutamente nada de justicia en él. El mismo término sugiere depravación moral, no excelencia moral sino fracaso moral. No solamente no hemos guardado la Ley, sino que somos culpables de transgredir la Ley, de quebrantarla. Eso es lo que un pecador realmente es. Estos son los términos usados en la Biblia para describirlo. En otras palabras, el pecador no es tan sólo un hombre culpable de depravación moral y transgresiones, de acciones erradas e iniquidades, y debido a esto, culpable a los ojos de Dios; el pecador es reprehensible delante de la Ley y es merecedor del desagrado divino y de la ira de Dios.

«Esa es la verdad acerca del pecador. Es alguien que ha burlado deliberadamente la Ley de Dios, es alguien que no está interesado en Dios, que no le agrada Dios, es alguien que odia a Dios. Y debido a eso, dicho pecador opone su voluntad a la voluntad de Dios. Él dice, ‘¿con que he aquí dijo Dios, no? Muy bien, pues yo haré todo lo contrario. ¿Este es un mandamiento? Pues yo lo quebrantaré. Él me dice que no desee algo, pero yo lo deseo y voy a obtenerlo.’ El pecador, por lo tanto, ha ofendido deliberadamente a Dios, se ha rebelado en contra de él, lo ha atacado, ha burlado Su Ley, ha desechado su voz, ha seguido su propio camino según su propia voluntad, y se ha hecho culpable ante los ojos de Dios.

«Ése es el tipo de persona por la cual Cristo murió. ‘No a los justos- sino a pecadores vino Jesús a llamar’. No a hombres buenos y dignos de ser amados, ¡sino a los viles y aborrecibles!»

«…Sólo cuando dimensionamos esto somos capaces de seguir el argumento del Apóstol. Y el argumento es este. Dios demuestra Su amor para con nosotros en que, mientras éramos así, cuando merecíamos la ira de Dios en Su justicia, y merecíamos su castigo y perdición y el destierro de Su mirada, Dios realmente envió a Su Hijo a morir por nosotros. Si eso no prueba el amor de Dios hacia nosotros, nada podrá ni nada lo hará. Las personas que más han apreciado el amor Dios han sido las que más se han dado cuenta de su propia pecaminosidad.»

Martyn Lloyd Jones (Romanos, Cap.5, pág.121-123)

Traducido por José de La Fuente


MARTYN LLOYD JONES
Dr. David Martyn Lloyd-Jones nació el 20 December 1899 en Gales y fue ministro en Westminster Chapel de Londres. También fue un reconocido doctor en medicina que llegó a trabajar en la familia real de inglaterra. Él tuvo una tremenda influencia en el ala reformada de la iglesia evangélica del siglo 20 con un gran énfasis en el evangelio. Lloyd-Jones describió el don de predicar como «lógica ardiente.» Su entrenamiento en medicina preparó o le dió un corte lógico a sus sermones. Toda su lógica estaba basada en su formacón como médico, por esta razón encontraba tremendamente atrantivo el evangelio y las escrituras. Después de una vida llena de trabajo, murió tranquilamente mientras dormía en Ealing Londres el 1 Marzo de 1981.

La teología de Arminio en lo tocante al libre albedrío y la predestinación | Sugel Michelén

Arminio rechazó enfáticamente el pelagianismo en lo tocante a las consecuencias del pecado de Adán en su descendencia. Hablando acerca del hombre en su estado caído, Arminio declara que su libre albedrío en lo que respecta al verdadero Dios, no sólo se encuentra “herido, mutilado, enfermizo, debilitado; sino que también ha sido hecho cautivo, destruido y perdido”; de tal manera que el libre albedrío humano es totalmente inútil “a menos que sea asistido por la gracia”.

Según Arminio, debido al oscurecimiento del entendimiento y la perversidad del corazón, el hombre ha quedado en un estado de impotencia moral. “La voluntad del hombre no es libre de hacer ningún bien a menos que sea… libertada por el Hijo de Dios a través del Espíritu de Dios.”

Más aún, para manifestar su completo acuerdo con Agustín, Arminio comenta lo siguiente acerca del texto de Juan 15:5: “Separados de mí nada podéis hacer”: “Después de haber meditado diligentemente en cada una de las palabras de este pasaje, Agustín comenta de esta forma: ‘Cristo no dice, Sin mi sólo pueden hacer poco; tampoco dice, Sin mí no podréis hacer ningún trabajo arduo, ni tampoco Sin mí haríais las cosas con dificultad: Sino que dice, Sin mí nada podéis hacer’”.

En cuanto a esto, Arminio parece estar de acuerdo con Agustín, Lutero y Calvino. De hecho, Arminio tenía en muy alta estima los comentarios de Calvino y su Institución de la Religión Cristiana (él recomendaba a sus estudiantes hacer un amplio uso de los comentarios de Calvino).

El punto controversial radica en el hecho de que Arminio enseñaba que, aunque la gracia de Dios es necesaria para la salvación, no asegura la salvación de nadie; en otras palabras, la gracia es una condición necesaria, pero no suficiente.

Arminio declara: “Toda persona no regenerada posee una voluntad libre, y la capacidad de resistir al Espíritu Santo, de rechazar la gracia de Dios que le es ofrecida, de menospreciar el consejo de Dios contra sí mismos, de rehusar aceptar el Evangelio de la gracia, y de no abrirle a aquel que toca la puerta de su corazón”.

De modo que si el pecador no responde al llamado, la culpa es enteramente suya (en eso todos estamos de acuerdo); pero ¿qué si acepta? En otras palabras ¿quién es, a final de cuentas, el que tiene la decisión de la salvación en sus manos? Por implicación, según Arminio la salvación depende, en última instancia, de la decisión humana y no de la soberanía de Dios. La gracia de Dios es una condición necesaria para la salvación, pero no es una condición suficiente.

Arminio intenta aclarar su posición teológica a aquellos que le adversan con esta ilustración: Imaginemos a un hombre rico que ayuda con sus bienes a un pordiosero para que éste pueda mantener a su familia. ¿Dejaría de ser un regalo de pura gracia por el hecho de que el mendigo tenga que extender su mano para recibir lo que se le ofrece? ¿Pudiéramos decir con propiedad que la limosna depende parcialmente de la liberalidad del donante, y parcialmente de la libertad del receptor, por el hecho de que este último tiene que extender su mano para recibir el beneficio? Si no es así, cuanto menos podemos decirlo del don de la fe.

El problema de este símil es que presupone una necesidad que el mendigo tiene conscientemente y la cual él desea suplir; mientras que en el caso del pecador, éste no desea, sino que rechaza con todas sus fuerzas, el don que se le ofrece gratuitamente en Cristo. Al igual que en el caso del mendigo, el pecador tiene que extender sus manos hacia Dios para recibir el don; pero, según el Calvinismo, éste sólo podrá hacerlo si Dios cambia la disposición de su corazón.

En cuanto a la predestinación, tanto uno como los otros afirmaban que la predestinación para salvación era una enseñanza bíblica; pero, mientras el calvinismo afirma que los elegidos ejercen fe porque fueron predestinados por Dios desde antes de la fundación por el puro afecto de Su voluntad (como enseña claramente Pablo en Ef. 1:3-6), Arminio enseñaba más bien que Dios predestinó a todos aquellos que Él sabía de antemano que iban a creer. Así que el foco del debate no era si había predestinación o no, sino más bien en cuál era la base de dicha predestinación.

A pesar de eso, en 1603 Arminio fue llamado a asumir la cátedra de teología en la Universidad de Leyden, donde sus doctrinas opuestas al calvinismo fueron más conocidas aún. Esto trajo como consecuencia un enfrentamiento con los calvinistas, de manera particular con otro profesor de la facultad, Francisco Gomaro. Este debate fue subiendo de tono, a tal punto que tuvo ramificaciones políticas.

Luego de la muerte de Arminio, en 1609, sus puntos de vista fueron sistematizados por su pupilo y sucesor en Leyden, Simón Episcopio. Al ser acusados de herejía, en 1610 los seguidores de Arminio presentaron a los Estados de Holanda un Memorial de Protesta (Remonstrance en inglés, por lo que fueron llamados “remonstrantes”), en el que planteaban su posición, incluyendo en la segunda parte los cinco puntos de su propia doctrina.

Estos artículos fueron firmados por 46 ministros remonstrantes. Los calvinistas, por su parte, emitieron una contra protesta. Pero, como no llegaban a un acuerdo, finalmente se decidió resolver la disputa mediante un Sínodo al que fueron invitados casi todas las iglesias nacionales reformadas.

Éste fue celebrado en Dordrecht desde el 13 de Noviembre de 1618 hasta el 9 de mayo de 1619. Estuvieron presentes 84 miembros y 18 comisionados seculares del Palatinado, Hesse, Nassau, Frieslandia Oriental, Bremen, Emden, Inglaterra, Escocia, Ginebra y Suiza alemana.

Los Cánones del Sínodo de Dort condenaron la posición arminiana, a la vez que presentaron cinco puntos contrarios, que han sido conocidos como los cinco puntos del Calvinismo.

Por un lado declaran que el hecho de que “sólo algunos de entre los miembros de la raza humana pecadora alcancen la fe, debe atribuirse al Consejo eterno de Dios. Dios eligió en Cristo un número definido de seres humanos para la salvación, en tanto que, en su justicia, dejó a los demás entregados a la perdición.”

En cuanto a la eficacia de la muerte de Cristo, afirman que ésta “es suficiente para expiar los pecados de todo el mundo.” Sin embargo, su obra de expiación está limitada en el hecho de que Dios tenía la intención de que fuese eficaz solamente para quienes “fueron elegidos desde la eternidad para salvación.”

También afirman la total depravación de la raza humana, así como la gracia irresistible de Dios. “Finalmente, los Cánones enseñan que Dios preserva a los elegidos de tal modo que no caen de su gracia. En esto también se atribuye la gloria Dios; permanecemos en la gracia, no por el poder de nuestra voluntad, sino porque, por su gracia, Dios ‘inicia, preserva, continúa y perfecciona su obra en nosotros’.”

Repetidas veces los calvinistas del Sínodo acusaron a los remonstrantes de enseñar las doctrinas de Pelagio, a pesar de que tanto Arminio como sus seguidores se empeñaron en condenar el pelagianismo. Estrictamente hablando los arminianos podían ser catalogados de ser semipelagianos; pero es probable que los teólogos del Sínodo hayan tenido en mente la conexión que existe entre ambas posturas.

No obstante, el arminianismo no murió allí. Sus doctrinas fueron asimiladas por los bautistas generales en Inglaterra, los menonitas holandeses y, un poco más tarde, por el metodismo wesleyano (aunque este último se aleja aún más de la doctrina reformada de la salvación). Hoy día es la doctrina de la mayoría de las iglesias en América.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

El ASESINATO de los 5 MISIONEROS que cambió el panorama de las MISIONES | BITE

Ed McCully, Peter Fleming y Jim Elliot

Mártires asesinados con lanzas: la muerte de cinco misioneros que avivó el impulso misionero
Han pasado más de sesenta años desde la trágica muerte de cinco misioneros en Ecuador, pero su historia sigue siendo fuente de inspiración para la iglesia.

El 11 de enero de 1956, Johnny Keenan, piloto de la Mission Aviation Fellowship (MAF), sobrevolaba en un monoplano Piper Cruiser PA-14 el río Curaray, en el este de Ecuador. Se asomó por la ventanilla en busca de señales de vida y divisó los restos de otra avioneta Piper de color amarillo. Cuando vio el cuerpo de un joven flotando boca abajo en el agua, a unos 400 metros río abajo, agarró inmediatamente la radio para informar del hallazgo.

Mientras Johnny hacía la llamada, a 50 millas de distancia, Marj Saint, esposa del piloto del Piper amarillo, estaba sentada mientras recibía el mensaje. Otras tres mujeres estaban a su lado mientras escuchaba el informe.

El miércoles por la noche, los indígenas quichuas que le conocían identificaron el cadáver del estudiante de derecho convertido en misionero, Ed McCully. Como no pudieron recuperar su cuerpo en el río Curaray, trajeron su reloj y arrojaron a la orilla su zapatilla del número 13,5 como forma de identificación.

El 13 de enero, un grupo de búsqueda formado por soldados ecuatorianos, algunos quichuas, un militar estadounidense y un fotógrafo de la revista Life, Cornell Capa, recorrieron 40 kilómetros de selva a pie y en canoa para llegar al lugar. Descubrieron los restos de un trágico suceso, unos pocos objetos personales, una olla de verduras volcada y los cadáveres de cinco jóvenes misioneros: el paracaidista de la Segunda Guerra Mundial Roger Youderian, Peter Fleming, el profundamente espiritual Jim Elliot, el innovador piloto de la MAF Nate Saint y Ed McCully. El grupo de búsqueda enterró los cuerpos en la selva durante una fuerte tormenta, y Jack Shalanko, que formaba parte del grupo, escribió más tarde que “Estaban descompuestos hasta quedar irreconocibles. Algunos aún tenían lanzas”.

Los hombres, que tenían entre 27 y 32 años, eran esposos y padres (con un total de 8 hijos de 7 años o menos y un bebé más que nacería dentro de un mes). Todos ellos tenían un fuerte deseo de compartir las buenas nuevas de Jesús con aquellos que nunca habían oído hablar de Él. La “Operación Auca” había llegado a su fin, ¿o no?

Una jungla muy peligrosa
La idea de la “Operación Auca” surgió en las mentes de Saint, Elliot, McCully y Fleming. Los tres primeros se conocían de su época en el Wheaton College. Saint recibía clases en la universidad, mientras que Elliot y McCully eran figuras destacadas en el campus como atletas estrella y conocidos por sus bromas pesadas. Se referían a ellos como “los chicos de los Hermanos”, ya que trabajaban a las órdenes de los Hermanos de Plymouth. En sus conversaciones, sopesaban la posibilidad de establecer un contacto pacífico con un grupo indígena aislado y hostil de Ecuador, conocido como “Aucas” (que significa “salvaje” en la lengua quichua de las tierras bajas) y ahora conocido como “Waorani” (que significa “el pueblo” en la lengua de la misma tribu).

En 1952, Jim y su amigo Peter Fleming se embarcaron en un viaje como misioneros hasta Guayaquil. Luego pasaron seis meses en Quito para mejorar su español, antes de viajar al interior para establecer su base misionera en Shandia, en medio de la selva amazónica. Durante ese mismo año, McCully llegó a Quito y al año siguiente se había unido a sus dos compañeros en la jungla.

Por otro parte, el piloto de la Segunda Guerra Mundial Nate Saint, se había unido a la MAF, para servir a los equipos misioneros dispersos por toda la selva ecuatoriana. Estando en esta labor, Saint conoció a Roger Youderian, un misionero que había estado trabajando en la evangelización indígena durante varios años. Youderian quería regresar a los Estados Unidos, pero Saint, que previamente había conocido a Elliot, McCully y Fleming y a su plan, le propuso a Youderian que se quedara y se uniera al proyecto.

A finales de 1955, unos 500 waoranis vivían en un área una tercera vez más pequeña que El Salvador. Sus tierras estaban situadas cerca de donde estaban destinados Elliot, McCully y Saint. Los waorani se desplazaban con frecuencia y vivían en pequeños claros, por lo que resultaba difícil localizarlos. Muchos forasteros los evitaban, ya que los waorani recibían a los visitantes con lanzas de 2,5 metros de largo. Pero en septiembre de 1955, cuando Saint y Fleming divisaron entre la selva varios claros waorani, creyeron que podrían utilizar un avión para allanar el camino hacia un contacto pacífico en tierra.

Del 6 de octubre al 23 de diciembre de 1955, Saint, acompañado por McCully o Elliot, realizó 13 vuelos sobre los claros waorani. Fleming proporcionó apoyo logístico y de oración desde su estación. Saint dejó en tierra regalos como una olla de aluminio decorada con cintas flotantes, botones, pantalones, camisas (ya que los waorani sólo llevaban tangas de algodón), una cabeza de hacha, cuchillos, fotos y machetes. Los waorani recibieron estos regalos con sonrisas y cierta amabilidad, y también empezaron a devolver regalos de agradecimiento como una diadema, hilo tejido, cola de mono ahumada, dos ardillas y un loro. Durante estos intercambios, los misioneros gritaban frases cuidadosamente elegidas en la lengua waorani que habían aprendido de Dayuma, una joven waorani que había escapado de la violencia tribal y vivía como sirvienta en una hacienda cercana.

Debido a la aparente apertura de los waorani y al clima favorable, los misioneros decidieron planear un contacto pacífico a principios de enero de 1956. Un mes antes de la misión, incorporaron a Roger Youderian, miembro de la Unión Misionera Evangélica que había sobrevivido a la Batalla de las Ardenas durante la Segunda Guerra Mundial. El plan se fijó para el martes 3 de enero. Saint transportó a los otros cuatro al lugar designado, que estaba a seis millas del claro waorani más cercano. El viernes 6 de enero llegaron “los vecinos”, dos mujeres y un hombre waorani. Desde la perspectiva de los misioneros, fue una visita amistosa. Los waorani probaron hamburguesas y los misioneros compartieron su repelente de insectos con ellos. Uno de los hombres waorani, Naenkiwi, estaba fascinado con el avión, así que Saint lo llevó a dar una vuelta por la aeronave. Los waorani eran muy habladores, pero ninguno de los dos grupos entendía mucho al otro.

Contacto peligroso
Los misioneros ignoraban que su contacto con estos tres waorani les había colocado en medio de un conflicto potencialmente mortal. Naenkiwi quería casarse con una aborigen llamada Gimari, pero su hermano, llamado Nampa, se oponía. Los waorani, que tenían un historial de conflictos violentos entre ellos, solían matar por cuestiones menos importantes. La ira se redirigió hacia los cinco misioneros, a los que se les llamaba cowodi (que significa “forasteros” o “caníbales”) y enemigos tradicionales. Años más tarde, Geketa, miembro del grupo de alanceadores, dio su perspectiva de los hechos en una película producida por el Instituto Lingüístico de Verano:

Un día nos sobrevoló un avión. Daba vueltas y vueltas… Desde el avión nos arrojaron ropa y cuchillos. Luego nos llamaron: “Vengan, vengan, vengan con nosotros”… Algunos de nuestro grupo fueron a reunirse con ellos. Más tarde, la noche siguiente, Nampa montó en cólera por una boda a la que se oponía. Nampa… cogió todas sus lanzas y me gritó: “Ven, vamos a matar”. Aquí cerca están los cowodi. Recuerda cómo nos advertían nuestras madres cuando éramos niños. Los cowodi siempre han llevado armas y nos han disparado. Ahora es nuestra oportunidad, matémoslos”… [Al día siguiente] el avión… aterrizó en el banco de arena, entonces salimos con nuestras lanzas a matar. Los cowodi estaban en el banco de arena llamándonos. Nampa corrió hacia uno con una lanza. El hombre disparó a Nampa, y el hombre cayó allí mismo… Alanceamos a otro, y mientras corrían, alanceé a dos más… El último cowodi nos llamó. “No lances. No lances”. Y entendimos. “Sólo hemos venido a verlos. No vamos a matarlos. ¿Por qué nos matas?” Estaba de pie sobre un tronco que sobresalía del río cuando Kimu le atravesó el pecho con una lanza y cayó al agua.

Los waoranis llegaron a “Palm Beach” a las 3:00 PM. con la intención de dividir a los extranjeros antes de atacarlos. Enviaron a tres mujeres al otro lado del río, una de ellas se quedó oculta en la selva, pero las otras dos se dejaron ver. Elliot y Fleming cruzaron el río para saludarlas, pero fueron atacados por la espalda. Algunas versiones dicen que Elliot, el primer misionero herido, sacó su pistola pero no hizo ningún disparo contra sus atacantes. Fleming, antes de ser herido, reiteró desesperadamente sus ofertas amistosas y les preguntó en inglés a los waoranis por qué los estaban asesinando.

Mientras tanto, los guerreros restantes atacaron a los misioneros que se encontraban en la playa. Primero lancearon a Saint y después a McCully cuando intentó detenerlos. Youderian intentó huir hacia el avión con la intención de usar la radio, pero fue asesinado con una lanza cuando alcanzaba el micrófono.

Los waoranis arrojaron los cuerpos y pertenencias de los misioneros al río y destruyeron el revestimiento de su avión. Luego regresaron a su aldea y, temiendo una posible venganza, la quemaron completamente y huyeron a la selva.

Aunque muchos detalles concretos siguen siendo inciertos, se cree que el disparo de la pistola, probablemente alcanzó a Nampa, que murió más tarde. Los misioneros no opusieron ninguna resistencia organizada y ninguno de ellos intentó salvarse aparte de sus amigos. El suceso concluyó a media tarde del domingo 8 de enero. El reloj de Nate Saint se detuvo a las 15:12.

Héroes internacionales
La historia de los cinco misioneros asesinados en Ecuador se difundió rápidamente por todo el mundo y sobre todo tuvo un profundo impacto en los evangélicos estadounidenses. Durante el siglo XX, se calcula que 26 millones de personas fueron asesinadas en todo el mundo en parte a causa de su fe cristiana. Sin embargo, la mayoría de estas muertes pasaron desapercibidas. Pero las muertes de estos cinco misioneros se hicieron ampliamente conocidas, celebradas, casi veneradas, e incluso décadas más tarde, se siguen produciendo libros y películas, y mucha gente todavía los recuerda. La pregunta es: ¿por qué ocurrió esto?

Parte de la razón por la que la historia de estos cinco misioneros resonó en muchas personas reside en el carácter de los cinco hombres y sus esposas. Eran valientes, profundamente espirituales, aventureros y actuaban bajo una genuina preocupación por el bienestar espiritual de los waorani. Estaban dispuestos a sacrificar sus vidas para librar a esta gente del sufrimiento del infierno y eso es exactamente lo que hicieron.

La situación era tal que tuvo un gran atractivo para el público. Los hombres, con sus esposas e hijos, encarnaban los ideales que los estadounidenses de posguerra tenían para sus propias familias. Los nuevos medios de comunicación mundial permitieron una atención pública sostenida en los primeros días de la difusión instantánea de noticias. La emisora de radio misionera de Quito HCJB transmitió la historia por onda corta, la revista Life envió al fotógrafo Cornell Capa al lugar de los hechos, Reader’s Digest recogió la historia, incluyendo notas de los diarios de los hombres, y el libro de Elisabeth Elliot “Portales de esplendor” se convirtió en un éxito en ventas. Los artículos de las revistas destacaron el compromiso de las esposas, ya que cuatro de ellas se quedaron para continuar su servicio misionero.

Para la gente que buscaba un propósito en un mundo consumido por los temores de la Guerra Fría, la perspectiva eterna de la vida que ofrecía la misión de estos cinco hombres resultaba muy atractiva. Como el historiador Dana Robert ha señalado de otros héroes misioneros, en la muerte, los cinco hombres se convirtieron en misioneros más significativos para su propio país de lo que pudieron serlo para los waorani. A lo largo de los años, muchas personas han citado la muerte de estos hombres como un factor decisivo para su propia conversión o llamado al campo misionero.

Los waorani hasta hoy
¿Qué ocurrió con los waorani tras la muerte de los cinco misioneros? Antes de la muerte de los hombres, una mujer waorani llamada Dayuma había trabajado como informadora lingüística para Rachel Saint, la hermana mayor de Nate, que era miembro del Instituto Lingüístico de Verano (ILV). Dayuma allanó el camino para que Rachel y Elisabeth Elliot, la viuda de Jim, contactaran pacíficamente con la familia extensa de Dayuma, incluidos los hombres que habían matado a sus seres queridos.

Los waorani llevaban más de seis décadas de violentas y sangrientas venganzas entre ellos. Los antropólogos James Yost y James S. Boster han calculado que más del 60% de las muertes durante este periodo fueron causadas por la violencia, lo que convierte a los waorani en una de las culturas más violentas del planeta. En la cultura waorani, Raquel y Elisabeth deberían haber buscado venganza por la muerte de sus seres queridos. Pero cuando en su lugar hablaron de Dios, presentaron a los Waorani una forma alternativa de acabar con el ciclo de violencia.

En los 20 años siguientes se produjo un cambio significativo en la cultura waorani. La mayoría de los miembros de la etnia ya no eran tan violentos como antes. Sin embargo, en 1987, dos misioneros católicos fueron asesinados por guerreros de un grupo aislado de waoranis. Incluso en 2003 se produjo un trágico brote de violencia en el seno de la tribu.

En diciembre de 1961, Elisabeth Elliot abandonó a los waorani. Rachel Saint, salvo por unos pocos años, vivió entre el pueblo hasta su muerte en 1994. Ella inició la traducción del Nuevo Testamento a la lengua wao, que más tarde completaron Catherine Peeke y Rosi Jung, miembros del personal del ILV. El antropólogo James Yost y la coordinadora de alfabetización Pat Kelley también aprendieron la difícil lengua wao y pasaron largas temporadas con el pueblo durante las décadas de 1970 y 1980. En 1995, el hijo mayor de Nate Saint, Steve, y su familia vivieron entre los waorani. Todos ellos han intentado demostrar lo que significa ser cristiano, aunque a lo largo de los años ha habido controversia sobre su participación y la de otros misioneros.

Para el cambio de siglo, la población waorani rondaba los 2 000 habitantes y se habían enfrentado a una serie de retos como consecuencia de su creciente interacción con el mundo exterior. Algunos de ellos han rechazado el cristianismo tal y como lo entienden, mientras que otros han abrazado la versión limitada del “no matarás”, al mismo tiempo que otros buscan una fe significativa y plena basada en su comprensión de la Palabra de Dios.

A pesar de los retos, la semilla del evangelio se ha plantado, y hay waoranis que viven la fe por la que los cinco misioneros dieron su vida hace casi 70 años.

Este artículo está basado en el trabajo de Kathryn Long y Carolyn Nystrom, publicado en CT; y en el trabajo de Justin Taylor, publicado en TGC.

Abraham, mata a tu hijo: entendiendo un mandato impactante | Alex Duke

Algunas personas realmente odian la Biblia. El ateo Richard Dawkins está entre ellos.

Sin embargo, algunas personas realmente aman la Biblia y no solo aman partes de ella, aman cada palabra. Estas personas no son ingenuas ni neandertales que accidentalmente sobrevivieron al siglo XXI. No son deformes ni maliciosas. Simplemente son cristianos normales, nacidos de nuevo.

Una parte de la Biblia que los cristianos normales y nacidos de nuevo realmente aman es una parte que Dawkins realmente odia: Génesis 22.

Aquí está el comentario de Dawkins sobre el pasaje:

“Dios le ordenó a Abraham que hiciera una ofrenda quemada del hijo que había deseado por tanto tiempo. Abraham construyó un altar, le puso leña y ató a Isaac encima de la madera. Su cuchillo asesino ya estaba en su mano cuando un ángel intervino dramáticamente con la noticia de un cambio de planes de último minuto: Dios solo estaba bromeando después de todo, ‘tentando’ a Abraham y probando su fe… Esta vergonzosa historia es un ejemplo simultáneo de abuso infantil, intimidación en dos relaciones de poder asimétricas y el primer uso registrado de la defensa de Nuremberg: ‘Solo estaba obedeciendo órdenes’”.

En la superficie, lo que Dawkins dice aquí puede parecer una lectura razonable, aunque un poco prejuiciada, del texto. Después de todo, sospecho que muchos cristianos se han preguntado alguna versión de estas preguntas en silencio. ¿Entonces, qué hacemos con Génesis 22? ¿Moisés nos muestra belleza o intimidación? ¿Gracia o desgracia? ¿Abuso infantil o una bendición que se transmite por fe de un padre amoroso a un hijo fiel?

Tras la investigación, queda claro que lo que dice Dawkins no es razonable. De hecho, está bastante mal.

Génesis 22 es una “prueba”
Como narrador cuasi-omnisciente, Moisés enmarca los eventos: “Aconteció que después de estas cosas, Dios probó a Abraham…” (Gn 22:1). Es importante destacar que Moisés no dice que Dios castigó a Abraham o que tentó a Abraham.

¿Por qué importa esto? Bueno, cualquier lector con discernimiento se preguntará: ¿Por qué Dios ordena el sacrificio de niños? Eso es algo que haría Moloch, no Yahvé. La pregunta nos molesta. Como un sonido en el motor, nos preguntamos por qué está ahí y si nos está diciendo que algo podría estar terminalmente mal con Dios.

Algunos podrían decir: “Bueno, Dios no le ordenó a Abraham que matara a su hijo en realidad”. Pero esto requiere algo de gimnasia interpretativa a nivel olímpico. Abraham tenía la intención de matar a Isaac; eso está claro. Entonces, ¿cómo desenredamos el nudo de si Dios es inmoral por ordenar una acción inmoral?

La palabra “prueba” es nuestra llave maestra. Dios le ordena a Abraham que haga esto como un exámen de una única pregunta: “Abraham, ¿confías en mí?”. Anteriormente, Abraham obtuvo una “F” en este examen. Recuerda: este es el mismo hombre que mintió sobre su esposa dos veces para protegerse (Gn 12, 20) y se acostó con la sirviente de su esposa porque dudaba que Dios cumpliera su palabra (Gn 16).

Dios le ordena a Abraham que mate a su hijo como un exámen de una única pregunta: ‘Abraham, ¿confías en mí?’

Por supuesto, Dios ya sabe lo que pasará. Moisés podría ser un narrador cuasi-omnisciente, pero Yahvé es un Dios completamente omnisciente. Esta prueba no está llenando un vacío en el entendimiento de Dios; está llenando un vacío en la fe de Abraham.

Puede que estés leyendo esto con el ceño fruncido. Podrías pensar que soy el peor defensor público que existe y que mi defensa del Señor carece de sentido y sensibilidad. Tu mente es como un jurado en desacuerdo. Todavía te preguntas: ¿cómo puede Dios hacer esto? Esto es simplemente… incorrecto.

Si ese eres tú, entonces es probable, un poco como Abraham, que dudas del carácter de Dios. Sabes quién Él dice ser, pero tu experiencia de Él ha acumulado evidencias de lo contrario. Tus circunstancias enjuician al Señor y, a veces, si eres honesto, construyen un caso convincente.

Está bien. Todos hemos estado allí. Quizás Génesis 22 es la prueba de Dios para ti, en la que Él te hace la misma pregunta que le hizo a Abraham: “¿Confías en mí?”.

Sin duda, Génesis 22 pone a prueba la fortaleza del carácter de Abraham. En la solicitud en sí, es como si Dios estuviera afilando su cuchillo asesino, para tomar prestada una frase de Dawkins: “Toma ahora a tu hijo, tu único, a quien amas…” (Gn 22:2). Con cada frase, las chispas vuelan a medida que se afila el cuchillo, a medida que la herida en su corazón se hace más profunda. La petición de Dios aplica una presión increíble al punto más débil de Abraham, esa pregunta constante que se ha hecho a sí mismo durante años: “¿Realmente cumplirá Dios su promesa?”.

¿Cómo respondería Abraham esta vez? ¿Ha cambiado? ¡Sí! “Abraham se levantó muy de mañana, aparejó su asno y tomó con él a dos de sus criados y a su hijo Isaac” (Gn 22:3).

Abraham espera que Isaac muera… y vuelva a la vida
A menos que esté engañando intencionalmente a sus siervos, lo cual no tenemos razón para creer, está claro que Abraham cree que Isaac regresará con él: “Quédense aquí con el asno. Yo y el muchacho iremos hasta allá, adoraremos y volveremos a ustedes” (Gn 22:5).

También queda claro a partir de los hechos siguientes, los cuales Moisés narra detallada y magistralmente hasta generar tensión, que Abraham también creía que mataría a su hijo.

¿Acaso la pregunta inocente de Isaac destruye esta tesis? Con la madera atada a la espalda, pregunta: “Aquí están el fuego y la leña… pero ¿dónde está el cordero para el holocausto” (Gn 22:7). Abraham responde de una forma un tanto enigmática: “Dios proveerá para Sí el cordero para el holocausto, hijo mío” (Gn 22:8).

Quizás Génesis 22 es la prueba de Dios para ti, en la que Él hace la misma pregunta que le hizo a Abraham: ‘¿Confías en mí?’

Estamos cara a cara con una dificultad interpretativa: ¿Es el “hijo mío” de Abraham afectuoso o (para usar un término técnico) aposicional? ¿Está diciendo: “Hijo mío, no te preocupes, Dios proveerá un cordero” o está diciendo, “Dios proveerá un cordero, es decir, mi hijo”? Creo que es la segunda opción, aunque es posible que Abraham originalmente se refería a la primera, pero, mientras la arena se le acababa al reloj de arena, lentamente se dio cuenta de que aunque su corazón había planeado un camino, el Señor había determinado sus pasos.

Cuando llegamos al Nuevo Testamento, cualquier niebla relacionada con Génesis 22 se desvanece. Olvídate del comentario de Richard Dawkins. Aquí está el comentario del autor de Hebreos sobre la concepción milagrosa de Isaac. Debemos comenzar aquí:

“También por la fe Sara misma recibió fuerza para concebir, aun pasada ya la edad propicia, pues consideró fiel a Aquel que lo había prometido. Por lo cual también nació de uno, y este casi muerto con respecto a esto, una descendencia como las estrellas del cielo en número, e innumerable como la arena que está a la orilla del mar” (Hebreos 11:11-12).

¡Ajá! Acabamos de recibir información vital. Pero antes de decirte de qué se trata, debemos seguir leyendo:

“Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía a su único hijo. Fue a él a quien se le dijo: ‘En Isaac te será llamada descendencia’. Él consideró que Dios era poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde también, en sentido figurado, lo volvió a recibir” (Hebreos 11:17-19).

El autor de Hebreos entiende lo que Moisés está haciendo en Génesis 22, y por eso comprende lo que Dios está haciendo en Génesis 22. Él sabe que esto era una “prueba” (Heb 11:17). Pero, ¿cómo sabe que Abraham “consideró que Dios era poderoso para levantar aun [a Isaac] de entre los muertos”?

Dos razones: primero, porque eso es lo que sucedió en el momento, al menos en sentido figurado (Heb 11:19). El cuchillo de matar de Abraham colgaba de manera ominosa sobre el cuello de Isaac (Gn 22:10). Pero luego oyó, no un sonido en el motor, sino un ruido en el matorral (Gn 22:13). Isaac estaba casi muerto, hasta que Dios intervino. ¡Qué misericordia!

Pero hay una segunda razón, la cual considero más esencial, por la que Abraham creía que Isaac sería resucitado. Porque la vida de Abraham había sido definida por la resurrección, y tal vez finalmente se dio cuenta en camino al monte Moriah. Quizás, al escuchar la extraña petición del Señor, la vida de Abraham vino a su memoria y finalmente llegó a la conclusión correcta: Dios puede hacer cualquier cosa, y por eso confío en Él.

Quizás recordó que aunque él y su esposa “eran ancianos [y] entrados en años” y “Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres” (Gn 18:11; Heb 11:11), Dios prometió darle un hijo. Tal vez recordó la risa de Sara cuando escuchó la promesa y su jocosa respuesta: “¿Tendré placer después de haber envejecido, siendo también viejo mi señor?” (Gn 18:12). Quizás incluso recordó la suave reprensión: “¿Hay algo demasiado difícil para el SEÑOR?” (Gn 18:14). Quizás miró hacia atrás en su vida y, por primera vez, vio lo que siempre había estado allí: resurrección, resurrección, resurrección.

La vida de Abraham fue un despliegue de resurrección. Desde el momento en que Dios lo llamó a salir de Ur, Dios había mostrado su poder de resurrección una y otra vez

La vida de Abraham fue un despliegue de resurrección. Desde el momento en que Dios lo llamó a salir de Ur, Dios había mostrado su poder de resurrección una y otra vez. Esa es la razón por la que el autor de Hebreos puede decir que Abraham, al igual que Isaac y Sara, estaba “casi muerto” (Heb 11:12). No tenía un hijo, pero de él nació “una descendencia como las estrellas del cielo en número, e innumerable como la arena que está a la orilla del mar” (Heb 11:12; cf. Gn 22:17). ¡Qué misericordia!

En resumen, Abraham creyó que Isaac moriría y resucitaría porque Abraham sabía que él mismo ya había muerto y resucitado. ¡Él y Sara tuvieron un hijo! ¿Es una resurrección demasiado difícil para el Señor? Por supuesto que no. Entonces, ¿por qué no otra?

¿Qué ves?
Cuando lees Génesis 22, ¿qué ves? Ojalá sea aquello que Abraham vio: que nada es demasiado difícil para el Señor.

Todo esto, por supuesto, es como un letrero de neón que señala la muerte del Hijo unigénito del Padre, Jesús, a quien Él amaba. Las conexiones son tan obvias que casi parecen alegóricas: hay un padre amoroso; hay un hijo obediente caminando hacia su muerte; hay madera atada a su espalda; hay un cordero sustituto.

Pero quizás más predictiva que esos detalles es la ubicación de Génesis 22: el monte Moriah, el futuro lugar del templo (2 Cr 3:1). Esto significa que el sacrificio de Isaac que fue evitado se institucionalizó para el pueblo de Dios a lo largo de las generaciones. Al hacer sacrificios en el templo una y otra vez, la historia y la experiencia de Abraham se convirtieron en suyas. Ofrecieron sacrificios y alabaron a Dios por su provisión continua, una y otra vez.

La muerte de Jesús terminó con todo esto; su sangre removió cualquier necesidad de un sistema de sacrificios repetitivo (Heb 9:11). No hay necesidad de que el sacrificio de Isaac sea institucionalizado para nosotros porque la institución se ha derrumbado, y en su lugar, está Jesús.

Cuando lees Génesis 22, ¿qué ves? Ojalá sea aquello que Abraham vio: que nada es demasiado difícil para el Señor

Así que no hacemos nada para volver a experimentar la salvación. Simplemente creemos y creemos, una y otra vez, y, como Abraham, nuestra fe nos es contada como justicia (Gn 15:6; Gá 3:6). Y, como Isaac, demostramos que somos “hijos de Abraham”. Por eso Pablo le dijo a una iglesia que parecía obsesionada con impresionar a Dios con sus obras:

“Sepan que los que son de fe, estos son hijos de Abraham… Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros, porque escrito está: ‘Maldito todo el que cuelga de un madero’, a fin de que en Cristo Jesús la bendición de Abraham viniera a los gentiles, para que recibiéramos la promesa del Espíritu mediante la fe” (Gálatas 3:7, 13-14).

Entonces, te preguntaré de nuevo: cuando lees Génesis 22, ¿qué ves? Ojala veas una historia del amor de un padre por su hijo, la confianza de un hijo en su padre y una bendición prometida que se transmite por fe de una generación a la siguiente, hasta que llegó hasta ti. ¡Qué misericordia!

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
Alex Duke es el director editorial de 9Marks. Vive en Louisville, Kentucky, donde también sirve como director del ministerio de jóvenes y entrenamiento eclesiológico en la iglesia Third Avenue Baptist Church. Puedes seguirlo en Twitter.

Soy Reformado | Augustus Nicodemus

Soy Reformado

Augustus Nicodemus

Me considero reformado, pero eso sólo significa que tengo la Reforma Protestante del siglo XVI como mi marco histórico de fe. Para mí, ser llamado «reformado» significa identificarse con las doctrinas y prácticas adoptadas por los reformadores. Sin embargo, entiendo que la Reforma fue esencialmente un regreso a las fuentes, en este caso, un regreso a las Escrituras.
Antes de verme como reformado, me veo como cristiano. Los reformadores fueron instrumentos de Dios en un momento específico y crítico de la historia de la iglesia para mantenerla en el camino de la verdad. No los idolatro, pero reconozco humildemente que fueron personas extraordinariamente utilizadas por Dios, y sus escritos nos ayudan a comprender mejor el mensaje de la Biblia.
Me gusta pensar en la fe reformada como la mejor expresión de ese conjunto de doctrinas reveladas en las Sagradas Escrituras. Sin embargo, no considero que la fe reformada sea la única fe legítima y aceptable. Conozco a muchos queridos hermanos que no son reformados, pero son creyentes dedicados y comprometidos con el Señor Jesucristo.
Busco la verdadera comunión con quienes profesan los puntos centrales de la fe cristiana, aunque no sean necesariamente partidarios de los puntos centrales de la Reforma protestante, como los 5 puntos del calvinismo, por ejemplo.

Comprender la Reforma Protestante es fundamental, porque nos permite profundizar en la historia cristiana, y fortalecer nuestra propia fe a la vez. Profundizar nuestra comprensión de las raíces de nuestra fe nos inspira a comprometernos más profundamente con el Evangelio.
Además, la Reforma sirve como un recordatorio constante de la importancia de valorar y defender la libertad religiosa. Muchos reformadores enfrentaron persecución por sus creencias, dejando un poderoso testimonio sobre la necesidad de proteger la libertad de practicar nuestra fe.