La Verdad Acerca Del Pecador | Martyn Lloyd Jones

La Verdad Acerca Del Pecador
Por: Martyn Lloyd Jones

Escritura: Romanos 5:7-8

“Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros.» – Romanos 5:7-8

«Así es como el Apóstol demuestra su caso. Él apunta hacia arriba, primero que todo, desde el hombre justo hasta el bueno. Y entonces, cuando termina apunta hacia abajo. ¿Dónde estamos nosotros? Ciertamente no entre los ‘buenos’. ¿Y entre los justos? Ni siquiera entre los justos. Pues bien, ¿qué somos entonces? ¡Pecadores! No hay, en lo absoluto, nada digno de ser amado en nosotros. Dios muestra Su amor y prueba Su amor para con nosotros en que Cristo murió por nosotros no porque fuésemos dignos de ser amados, deseables y buenos. Entonces, no obstante no hayamos sido dignos de ser amados, y deseables, ¿hemos sido correctos bajo algún estándar? ¿hemos permanecido en la ley? ¡De ninguna manera! No hemos sido justos. La verdad acerca de nosotros es que éramos pecadores y un pecador es exactamente lo opuesto a un hombre bueno y justo. Un pecador es un transgresor. Un pecador es un hombre que ha perdido su calificación, que se ha quedado corto. No hay absolutamente nada de justicia en él. El mismo término sugiere depravación moral, no excelencia moral sino fracaso moral. No solamente no hemos guardado la Ley, sino que somos culpables de transgredir la Ley, de quebrantarla. Eso es lo que un pecador realmente es. Estos son los términos usados en la Biblia para describirlo. En otras palabras, el pecador no es tan sólo un hombre culpable de depravación moral y transgresiones, de acciones erradas e iniquidades, y debido a esto, culpable a los ojos de Dios; el pecador es reprehensible delante de la Ley y es merecedor del desagrado divino y de la ira de Dios.

«Esa es la verdad acerca del pecador. Es alguien que ha burlado deliberadamente la Ley de Dios, es alguien que no está interesado en Dios, que no le agrada Dios, es alguien que odia a Dios. Y debido a eso, dicho pecador opone su voluntad a la voluntad de Dios. Él dice, ‘¿con que he aquí dijo Dios, no? Muy bien, pues yo haré todo lo contrario. ¿Este es un mandamiento? Pues yo lo quebrantaré. Él me dice que no desee algo, pero yo lo deseo y voy a obtenerlo.’ El pecador, por lo tanto, ha ofendido deliberadamente a Dios, se ha rebelado en contra de él, lo ha atacado, ha burlado Su Ley, ha desechado su voz, ha seguido su propio camino según su propia voluntad, y se ha hecho culpable ante los ojos de Dios.

«Ése es el tipo de persona por la cual Cristo murió. ‘No a los justos- sino a pecadores vino Jesús a llamar’. No a hombres buenos y dignos de ser amados, ¡sino a los viles y aborrecibles!»

«…Sólo cuando dimensionamos esto somos capaces de seguir el argumento del Apóstol. Y el argumento es este. Dios demuestra Su amor para con nosotros en que, mientras éramos así, cuando merecíamos la ira de Dios en Su justicia, y merecíamos su castigo y perdición y el destierro de Su mirada, Dios realmente envió a Su Hijo a morir por nosotros. Si eso no prueba el amor de Dios hacia nosotros, nada podrá ni nada lo hará. Las personas que más han apreciado el amor Dios han sido las que más se han dado cuenta de su propia pecaminosidad.»

Martyn Lloyd Jones (Romanos, Cap.5, pág.121-123)

Traducido por José de La Fuente


MARTYN LLOYD JONES
Dr. David Martyn Lloyd-Jones nació el 20 December 1899 en Gales y fue ministro en Westminster Chapel de Londres. También fue un reconocido doctor en medicina que llegó a trabajar en la familia real de inglaterra. Él tuvo una tremenda influencia en el ala reformada de la iglesia evangélica del siglo 20 con un gran énfasis en el evangelio. Lloyd-Jones describió el don de predicar como «lógica ardiente.» Su entrenamiento en medicina preparó o le dió un corte lógico a sus sermones. Toda su lógica estaba basada en su formacón como médico, por esta razón encontraba tremendamente atrantivo el evangelio y las escrituras. Después de una vida llena de trabajo, murió tranquilamente mientras dormía en Ealing Londres el 1 Marzo de 1981.

La teología de Arminio en lo tocante al libre albedrío y la predestinación | Sugel Michelén

Arminio rechazó enfáticamente el pelagianismo en lo tocante a las consecuencias del pecado de Adán en su descendencia. Hablando acerca del hombre en su estado caído, Arminio declara que su libre albedrío en lo que respecta al verdadero Dios, no sólo se encuentra “herido, mutilado, enfermizo, debilitado; sino que también ha sido hecho cautivo, destruido y perdido”; de tal manera que el libre albedrío humano es totalmente inútil “a menos que sea asistido por la gracia”.

Según Arminio, debido al oscurecimiento del entendimiento y la perversidad del corazón, el hombre ha quedado en un estado de impotencia moral. “La voluntad del hombre no es libre de hacer ningún bien a menos que sea… libertada por el Hijo de Dios a través del Espíritu de Dios.”

Más aún, para manifestar su completo acuerdo con Agustín, Arminio comenta lo siguiente acerca del texto de Juan 15:5: “Separados de mí nada podéis hacer”: “Después de haber meditado diligentemente en cada una de las palabras de este pasaje, Agustín comenta de esta forma: ‘Cristo no dice, Sin mi sólo pueden hacer poco; tampoco dice, Sin mí no podréis hacer ningún trabajo arduo, ni tampoco Sin mí haríais las cosas con dificultad: Sino que dice, Sin mí nada podéis hacer’”.

En cuanto a esto, Arminio parece estar de acuerdo con Agustín, Lutero y Calvino. De hecho, Arminio tenía en muy alta estima los comentarios de Calvino y su Institución de la Religión Cristiana (él recomendaba a sus estudiantes hacer un amplio uso de los comentarios de Calvino).

El punto controversial radica en el hecho de que Arminio enseñaba que, aunque la gracia de Dios es necesaria para la salvación, no asegura la salvación de nadie; en otras palabras, la gracia es una condición necesaria, pero no suficiente.

Arminio declara: “Toda persona no regenerada posee una voluntad libre, y la capacidad de resistir al Espíritu Santo, de rechazar la gracia de Dios que le es ofrecida, de menospreciar el consejo de Dios contra sí mismos, de rehusar aceptar el Evangelio de la gracia, y de no abrirle a aquel que toca la puerta de su corazón”.

De modo que si el pecador no responde al llamado, la culpa es enteramente suya (en eso todos estamos de acuerdo); pero ¿qué si acepta? En otras palabras ¿quién es, a final de cuentas, el que tiene la decisión de la salvación en sus manos? Por implicación, según Arminio la salvación depende, en última instancia, de la decisión humana y no de la soberanía de Dios. La gracia de Dios es una condición necesaria para la salvación, pero no es una condición suficiente.

Arminio intenta aclarar su posición teológica a aquellos que le adversan con esta ilustración: Imaginemos a un hombre rico que ayuda con sus bienes a un pordiosero para que éste pueda mantener a su familia. ¿Dejaría de ser un regalo de pura gracia por el hecho de que el mendigo tenga que extender su mano para recibir lo que se le ofrece? ¿Pudiéramos decir con propiedad que la limosna depende parcialmente de la liberalidad del donante, y parcialmente de la libertad del receptor, por el hecho de que este último tiene que extender su mano para recibir el beneficio? Si no es así, cuanto menos podemos decirlo del don de la fe.

El problema de este símil es que presupone una necesidad que el mendigo tiene conscientemente y la cual él desea suplir; mientras que en el caso del pecador, éste no desea, sino que rechaza con todas sus fuerzas, el don que se le ofrece gratuitamente en Cristo. Al igual que en el caso del mendigo, el pecador tiene que extender sus manos hacia Dios para recibir el don; pero, según el Calvinismo, éste sólo podrá hacerlo si Dios cambia la disposición de su corazón.

En cuanto a la predestinación, tanto uno como los otros afirmaban que la predestinación para salvación era una enseñanza bíblica; pero, mientras el calvinismo afirma que los elegidos ejercen fe porque fueron predestinados por Dios desde antes de la fundación por el puro afecto de Su voluntad (como enseña claramente Pablo en Ef. 1:3-6), Arminio enseñaba más bien que Dios predestinó a todos aquellos que Él sabía de antemano que iban a creer. Así que el foco del debate no era si había predestinación o no, sino más bien en cuál era la base de dicha predestinación.

A pesar de eso, en 1603 Arminio fue llamado a asumir la cátedra de teología en la Universidad de Leyden, donde sus doctrinas opuestas al calvinismo fueron más conocidas aún. Esto trajo como consecuencia un enfrentamiento con los calvinistas, de manera particular con otro profesor de la facultad, Francisco Gomaro. Este debate fue subiendo de tono, a tal punto que tuvo ramificaciones políticas.

Luego de la muerte de Arminio, en 1609, sus puntos de vista fueron sistematizados por su pupilo y sucesor en Leyden, Simón Episcopio. Al ser acusados de herejía, en 1610 los seguidores de Arminio presentaron a los Estados de Holanda un Memorial de Protesta (Remonstrance en inglés, por lo que fueron llamados “remonstrantes”), en el que planteaban su posición, incluyendo en la segunda parte los cinco puntos de su propia doctrina.

Estos artículos fueron firmados por 46 ministros remonstrantes. Los calvinistas, por su parte, emitieron una contra protesta. Pero, como no llegaban a un acuerdo, finalmente se decidió resolver la disputa mediante un Sínodo al que fueron invitados casi todas las iglesias nacionales reformadas.

Éste fue celebrado en Dordrecht desde el 13 de Noviembre de 1618 hasta el 9 de mayo de 1619. Estuvieron presentes 84 miembros y 18 comisionados seculares del Palatinado, Hesse, Nassau, Frieslandia Oriental, Bremen, Emden, Inglaterra, Escocia, Ginebra y Suiza alemana.

Los Cánones del Sínodo de Dort condenaron la posición arminiana, a la vez que presentaron cinco puntos contrarios, que han sido conocidos como los cinco puntos del Calvinismo.

Por un lado declaran que el hecho de que “sólo algunos de entre los miembros de la raza humana pecadora alcancen la fe, debe atribuirse al Consejo eterno de Dios. Dios eligió en Cristo un número definido de seres humanos para la salvación, en tanto que, en su justicia, dejó a los demás entregados a la perdición.”

En cuanto a la eficacia de la muerte de Cristo, afirman que ésta “es suficiente para expiar los pecados de todo el mundo.” Sin embargo, su obra de expiación está limitada en el hecho de que Dios tenía la intención de que fuese eficaz solamente para quienes “fueron elegidos desde la eternidad para salvación.”

También afirman la total depravación de la raza humana, así como la gracia irresistible de Dios. “Finalmente, los Cánones enseñan que Dios preserva a los elegidos de tal modo que no caen de su gracia. En esto también se atribuye la gloria Dios; permanecemos en la gracia, no por el poder de nuestra voluntad, sino porque, por su gracia, Dios ‘inicia, preserva, continúa y perfecciona su obra en nosotros’.”

Repetidas veces los calvinistas del Sínodo acusaron a los remonstrantes de enseñar las doctrinas de Pelagio, a pesar de que tanto Arminio como sus seguidores se empeñaron en condenar el pelagianismo. Estrictamente hablando los arminianos podían ser catalogados de ser semipelagianos; pero es probable que los teólogos del Sínodo hayan tenido en mente la conexión que existe entre ambas posturas.

No obstante, el arminianismo no murió allí. Sus doctrinas fueron asimiladas por los bautistas generales en Inglaterra, los menonitas holandeses y, un poco más tarde, por el metodismo wesleyano (aunque este último se aleja aún más de la doctrina reformada de la salvación). Hoy día es la doctrina de la mayoría de las iglesias en América.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

El ASESINATO de los 5 MISIONEROS que cambió el panorama de las MISIONES | BITE

Ed McCully, Peter Fleming y Jim Elliot

Mártires asesinados con lanzas: la muerte de cinco misioneros que avivó el impulso misionero
Han pasado más de sesenta años desde la trágica muerte de cinco misioneros en Ecuador, pero su historia sigue siendo fuente de inspiración para la iglesia.

El 11 de enero de 1956, Johnny Keenan, piloto de la Mission Aviation Fellowship (MAF), sobrevolaba en un monoplano Piper Cruiser PA-14 el río Curaray, en el este de Ecuador. Se asomó por la ventanilla en busca de señales de vida y divisó los restos de otra avioneta Piper de color amarillo. Cuando vio el cuerpo de un joven flotando boca abajo en el agua, a unos 400 metros río abajo, agarró inmediatamente la radio para informar del hallazgo.

Mientras Johnny hacía la llamada, a 50 millas de distancia, Marj Saint, esposa del piloto del Piper amarillo, estaba sentada mientras recibía el mensaje. Otras tres mujeres estaban a su lado mientras escuchaba el informe.

El miércoles por la noche, los indígenas quichuas que le conocían identificaron el cadáver del estudiante de derecho convertido en misionero, Ed McCully. Como no pudieron recuperar su cuerpo en el río Curaray, trajeron su reloj y arrojaron a la orilla su zapatilla del número 13,5 como forma de identificación.

El 13 de enero, un grupo de búsqueda formado por soldados ecuatorianos, algunos quichuas, un militar estadounidense y un fotógrafo de la revista Life, Cornell Capa, recorrieron 40 kilómetros de selva a pie y en canoa para llegar al lugar. Descubrieron los restos de un trágico suceso, unos pocos objetos personales, una olla de verduras volcada y los cadáveres de cinco jóvenes misioneros: el paracaidista de la Segunda Guerra Mundial Roger Youderian, Peter Fleming, el profundamente espiritual Jim Elliot, el innovador piloto de la MAF Nate Saint y Ed McCully. El grupo de búsqueda enterró los cuerpos en la selva durante una fuerte tormenta, y Jack Shalanko, que formaba parte del grupo, escribió más tarde que “Estaban descompuestos hasta quedar irreconocibles. Algunos aún tenían lanzas”.

Los hombres, que tenían entre 27 y 32 años, eran esposos y padres (con un total de 8 hijos de 7 años o menos y un bebé más que nacería dentro de un mes). Todos ellos tenían un fuerte deseo de compartir las buenas nuevas de Jesús con aquellos que nunca habían oído hablar de Él. La “Operación Auca” había llegado a su fin, ¿o no?

Una jungla muy peligrosa
La idea de la “Operación Auca” surgió en las mentes de Saint, Elliot, McCully y Fleming. Los tres primeros se conocían de su época en el Wheaton College. Saint recibía clases en la universidad, mientras que Elliot y McCully eran figuras destacadas en el campus como atletas estrella y conocidos por sus bromas pesadas. Se referían a ellos como “los chicos de los Hermanos”, ya que trabajaban a las órdenes de los Hermanos de Plymouth. En sus conversaciones, sopesaban la posibilidad de establecer un contacto pacífico con un grupo indígena aislado y hostil de Ecuador, conocido como “Aucas” (que significa “salvaje” en la lengua quichua de las tierras bajas) y ahora conocido como “Waorani” (que significa “el pueblo” en la lengua de la misma tribu).

En 1952, Jim y su amigo Peter Fleming se embarcaron en un viaje como misioneros hasta Guayaquil. Luego pasaron seis meses en Quito para mejorar su español, antes de viajar al interior para establecer su base misionera en Shandia, en medio de la selva amazónica. Durante ese mismo año, McCully llegó a Quito y al año siguiente se había unido a sus dos compañeros en la jungla.

Por otro parte, el piloto de la Segunda Guerra Mundial Nate Saint, se había unido a la MAF, para servir a los equipos misioneros dispersos por toda la selva ecuatoriana. Estando en esta labor, Saint conoció a Roger Youderian, un misionero que había estado trabajando en la evangelización indígena durante varios años. Youderian quería regresar a los Estados Unidos, pero Saint, que previamente había conocido a Elliot, McCully y Fleming y a su plan, le propuso a Youderian que se quedara y se uniera al proyecto.

A finales de 1955, unos 500 waoranis vivían en un área una tercera vez más pequeña que El Salvador. Sus tierras estaban situadas cerca de donde estaban destinados Elliot, McCully y Saint. Los waorani se desplazaban con frecuencia y vivían en pequeños claros, por lo que resultaba difícil localizarlos. Muchos forasteros los evitaban, ya que los waorani recibían a los visitantes con lanzas de 2,5 metros de largo. Pero en septiembre de 1955, cuando Saint y Fleming divisaron entre la selva varios claros waorani, creyeron que podrían utilizar un avión para allanar el camino hacia un contacto pacífico en tierra.

Del 6 de octubre al 23 de diciembre de 1955, Saint, acompañado por McCully o Elliot, realizó 13 vuelos sobre los claros waorani. Fleming proporcionó apoyo logístico y de oración desde su estación. Saint dejó en tierra regalos como una olla de aluminio decorada con cintas flotantes, botones, pantalones, camisas (ya que los waorani sólo llevaban tangas de algodón), una cabeza de hacha, cuchillos, fotos y machetes. Los waorani recibieron estos regalos con sonrisas y cierta amabilidad, y también empezaron a devolver regalos de agradecimiento como una diadema, hilo tejido, cola de mono ahumada, dos ardillas y un loro. Durante estos intercambios, los misioneros gritaban frases cuidadosamente elegidas en la lengua waorani que habían aprendido de Dayuma, una joven waorani que había escapado de la violencia tribal y vivía como sirvienta en una hacienda cercana.

Debido a la aparente apertura de los waorani y al clima favorable, los misioneros decidieron planear un contacto pacífico a principios de enero de 1956. Un mes antes de la misión, incorporaron a Roger Youderian, miembro de la Unión Misionera Evangélica que había sobrevivido a la Batalla de las Ardenas durante la Segunda Guerra Mundial. El plan se fijó para el martes 3 de enero. Saint transportó a los otros cuatro al lugar designado, que estaba a seis millas del claro waorani más cercano. El viernes 6 de enero llegaron “los vecinos”, dos mujeres y un hombre waorani. Desde la perspectiva de los misioneros, fue una visita amistosa. Los waorani probaron hamburguesas y los misioneros compartieron su repelente de insectos con ellos. Uno de los hombres waorani, Naenkiwi, estaba fascinado con el avión, así que Saint lo llevó a dar una vuelta por la aeronave. Los waorani eran muy habladores, pero ninguno de los dos grupos entendía mucho al otro.

Contacto peligroso
Los misioneros ignoraban que su contacto con estos tres waorani les había colocado en medio de un conflicto potencialmente mortal. Naenkiwi quería casarse con una aborigen llamada Gimari, pero su hermano, llamado Nampa, se oponía. Los waorani, que tenían un historial de conflictos violentos entre ellos, solían matar por cuestiones menos importantes. La ira se redirigió hacia los cinco misioneros, a los que se les llamaba cowodi (que significa “forasteros” o “caníbales”) y enemigos tradicionales. Años más tarde, Geketa, miembro del grupo de alanceadores, dio su perspectiva de los hechos en una película producida por el Instituto Lingüístico de Verano:

Un día nos sobrevoló un avión. Daba vueltas y vueltas… Desde el avión nos arrojaron ropa y cuchillos. Luego nos llamaron: “Vengan, vengan, vengan con nosotros”… Algunos de nuestro grupo fueron a reunirse con ellos. Más tarde, la noche siguiente, Nampa montó en cólera por una boda a la que se oponía. Nampa… cogió todas sus lanzas y me gritó: “Ven, vamos a matar”. Aquí cerca están los cowodi. Recuerda cómo nos advertían nuestras madres cuando éramos niños. Los cowodi siempre han llevado armas y nos han disparado. Ahora es nuestra oportunidad, matémoslos”… [Al día siguiente] el avión… aterrizó en el banco de arena, entonces salimos con nuestras lanzas a matar. Los cowodi estaban en el banco de arena llamándonos. Nampa corrió hacia uno con una lanza. El hombre disparó a Nampa, y el hombre cayó allí mismo… Alanceamos a otro, y mientras corrían, alanceé a dos más… El último cowodi nos llamó. “No lances. No lances”. Y entendimos. “Sólo hemos venido a verlos. No vamos a matarlos. ¿Por qué nos matas?” Estaba de pie sobre un tronco que sobresalía del río cuando Kimu le atravesó el pecho con una lanza y cayó al agua.

Los waoranis llegaron a “Palm Beach” a las 3:00 PM. con la intención de dividir a los extranjeros antes de atacarlos. Enviaron a tres mujeres al otro lado del río, una de ellas se quedó oculta en la selva, pero las otras dos se dejaron ver. Elliot y Fleming cruzaron el río para saludarlas, pero fueron atacados por la espalda. Algunas versiones dicen que Elliot, el primer misionero herido, sacó su pistola pero no hizo ningún disparo contra sus atacantes. Fleming, antes de ser herido, reiteró desesperadamente sus ofertas amistosas y les preguntó en inglés a los waoranis por qué los estaban asesinando.

Mientras tanto, los guerreros restantes atacaron a los misioneros que se encontraban en la playa. Primero lancearon a Saint y después a McCully cuando intentó detenerlos. Youderian intentó huir hacia el avión con la intención de usar la radio, pero fue asesinado con una lanza cuando alcanzaba el micrófono.

Los waoranis arrojaron los cuerpos y pertenencias de los misioneros al río y destruyeron el revestimiento de su avión. Luego regresaron a su aldea y, temiendo una posible venganza, la quemaron completamente y huyeron a la selva.

Aunque muchos detalles concretos siguen siendo inciertos, se cree que el disparo de la pistola, probablemente alcanzó a Nampa, que murió más tarde. Los misioneros no opusieron ninguna resistencia organizada y ninguno de ellos intentó salvarse aparte de sus amigos. El suceso concluyó a media tarde del domingo 8 de enero. El reloj de Nate Saint se detuvo a las 15:12.

Héroes internacionales
La historia de los cinco misioneros asesinados en Ecuador se difundió rápidamente por todo el mundo y sobre todo tuvo un profundo impacto en los evangélicos estadounidenses. Durante el siglo XX, se calcula que 26 millones de personas fueron asesinadas en todo el mundo en parte a causa de su fe cristiana. Sin embargo, la mayoría de estas muertes pasaron desapercibidas. Pero las muertes de estos cinco misioneros se hicieron ampliamente conocidas, celebradas, casi veneradas, e incluso décadas más tarde, se siguen produciendo libros y películas, y mucha gente todavía los recuerda. La pregunta es: ¿por qué ocurrió esto?

Parte de la razón por la que la historia de estos cinco misioneros resonó en muchas personas reside en el carácter de los cinco hombres y sus esposas. Eran valientes, profundamente espirituales, aventureros y actuaban bajo una genuina preocupación por el bienestar espiritual de los waorani. Estaban dispuestos a sacrificar sus vidas para librar a esta gente del sufrimiento del infierno y eso es exactamente lo que hicieron.

La situación era tal que tuvo un gran atractivo para el público. Los hombres, con sus esposas e hijos, encarnaban los ideales que los estadounidenses de posguerra tenían para sus propias familias. Los nuevos medios de comunicación mundial permitieron una atención pública sostenida en los primeros días de la difusión instantánea de noticias. La emisora de radio misionera de Quito HCJB transmitió la historia por onda corta, la revista Life envió al fotógrafo Cornell Capa al lugar de los hechos, Reader’s Digest recogió la historia, incluyendo notas de los diarios de los hombres, y el libro de Elisabeth Elliot “Portales de esplendor” se convirtió en un éxito en ventas. Los artículos de las revistas destacaron el compromiso de las esposas, ya que cuatro de ellas se quedaron para continuar su servicio misionero.

Para la gente que buscaba un propósito en un mundo consumido por los temores de la Guerra Fría, la perspectiva eterna de la vida que ofrecía la misión de estos cinco hombres resultaba muy atractiva. Como el historiador Dana Robert ha señalado de otros héroes misioneros, en la muerte, los cinco hombres se convirtieron en misioneros más significativos para su propio país de lo que pudieron serlo para los waorani. A lo largo de los años, muchas personas han citado la muerte de estos hombres como un factor decisivo para su propia conversión o llamado al campo misionero.

Los waorani hasta hoy
¿Qué ocurrió con los waorani tras la muerte de los cinco misioneros? Antes de la muerte de los hombres, una mujer waorani llamada Dayuma había trabajado como informadora lingüística para Rachel Saint, la hermana mayor de Nate, que era miembro del Instituto Lingüístico de Verano (ILV). Dayuma allanó el camino para que Rachel y Elisabeth Elliot, la viuda de Jim, contactaran pacíficamente con la familia extensa de Dayuma, incluidos los hombres que habían matado a sus seres queridos.

Los waorani llevaban más de seis décadas de violentas y sangrientas venganzas entre ellos. Los antropólogos James Yost y James S. Boster han calculado que más del 60% de las muertes durante este periodo fueron causadas por la violencia, lo que convierte a los waorani en una de las culturas más violentas del planeta. En la cultura waorani, Raquel y Elisabeth deberían haber buscado venganza por la muerte de sus seres queridos. Pero cuando en su lugar hablaron de Dios, presentaron a los Waorani una forma alternativa de acabar con el ciclo de violencia.

En los 20 años siguientes se produjo un cambio significativo en la cultura waorani. La mayoría de los miembros de la etnia ya no eran tan violentos como antes. Sin embargo, en 1987, dos misioneros católicos fueron asesinados por guerreros de un grupo aislado de waoranis. Incluso en 2003 se produjo un trágico brote de violencia en el seno de la tribu.

En diciembre de 1961, Elisabeth Elliot abandonó a los waorani. Rachel Saint, salvo por unos pocos años, vivió entre el pueblo hasta su muerte en 1994. Ella inició la traducción del Nuevo Testamento a la lengua wao, que más tarde completaron Catherine Peeke y Rosi Jung, miembros del personal del ILV. El antropólogo James Yost y la coordinadora de alfabetización Pat Kelley también aprendieron la difícil lengua wao y pasaron largas temporadas con el pueblo durante las décadas de 1970 y 1980. En 1995, el hijo mayor de Nate Saint, Steve, y su familia vivieron entre los waorani. Todos ellos han intentado demostrar lo que significa ser cristiano, aunque a lo largo de los años ha habido controversia sobre su participación y la de otros misioneros.

Para el cambio de siglo, la población waorani rondaba los 2 000 habitantes y se habían enfrentado a una serie de retos como consecuencia de su creciente interacción con el mundo exterior. Algunos de ellos han rechazado el cristianismo tal y como lo entienden, mientras que otros han abrazado la versión limitada del “no matarás”, al mismo tiempo que otros buscan una fe significativa y plena basada en su comprensión de la Palabra de Dios.

A pesar de los retos, la semilla del evangelio se ha plantado, y hay waoranis que viven la fe por la que los cinco misioneros dieron su vida hace casi 70 años.

Este artículo está basado en el trabajo de Kathryn Long y Carolyn Nystrom, publicado en CT; y en el trabajo de Justin Taylor, publicado en TGC.

Abraham, mata a tu hijo: entendiendo un mandato impactante | Alex Duke

Algunas personas realmente odian la Biblia. El ateo Richard Dawkins está entre ellos.

Sin embargo, algunas personas realmente aman la Biblia y no solo aman partes de ella, aman cada palabra. Estas personas no son ingenuas ni neandertales que accidentalmente sobrevivieron al siglo XXI. No son deformes ni maliciosas. Simplemente son cristianos normales, nacidos de nuevo.

Una parte de la Biblia que los cristianos normales y nacidos de nuevo realmente aman es una parte que Dawkins realmente odia: Génesis 22.

Aquí está el comentario de Dawkins sobre el pasaje:

“Dios le ordenó a Abraham que hiciera una ofrenda quemada del hijo que había deseado por tanto tiempo. Abraham construyó un altar, le puso leña y ató a Isaac encima de la madera. Su cuchillo asesino ya estaba en su mano cuando un ángel intervino dramáticamente con la noticia de un cambio de planes de último minuto: Dios solo estaba bromeando después de todo, ‘tentando’ a Abraham y probando su fe… Esta vergonzosa historia es un ejemplo simultáneo de abuso infantil, intimidación en dos relaciones de poder asimétricas y el primer uso registrado de la defensa de Nuremberg: ‘Solo estaba obedeciendo órdenes’”.

En la superficie, lo que Dawkins dice aquí puede parecer una lectura razonable, aunque un poco prejuiciada, del texto. Después de todo, sospecho que muchos cristianos se han preguntado alguna versión de estas preguntas en silencio. ¿Entonces, qué hacemos con Génesis 22? ¿Moisés nos muestra belleza o intimidación? ¿Gracia o desgracia? ¿Abuso infantil o una bendición que se transmite por fe de un padre amoroso a un hijo fiel?

Tras la investigación, queda claro que lo que dice Dawkins no es razonable. De hecho, está bastante mal.

Génesis 22 es una “prueba”
Como narrador cuasi-omnisciente, Moisés enmarca los eventos: “Aconteció que después de estas cosas, Dios probó a Abraham…” (Gn 22:1). Es importante destacar que Moisés no dice que Dios castigó a Abraham o que tentó a Abraham.

¿Por qué importa esto? Bueno, cualquier lector con discernimiento se preguntará: ¿Por qué Dios ordena el sacrificio de niños? Eso es algo que haría Moloch, no Yahvé. La pregunta nos molesta. Como un sonido en el motor, nos preguntamos por qué está ahí y si nos está diciendo que algo podría estar terminalmente mal con Dios.

Algunos podrían decir: “Bueno, Dios no le ordenó a Abraham que matara a su hijo en realidad”. Pero esto requiere algo de gimnasia interpretativa a nivel olímpico. Abraham tenía la intención de matar a Isaac; eso está claro. Entonces, ¿cómo desenredamos el nudo de si Dios es inmoral por ordenar una acción inmoral?

La palabra “prueba” es nuestra llave maestra. Dios le ordena a Abraham que haga esto como un exámen de una única pregunta: “Abraham, ¿confías en mí?”. Anteriormente, Abraham obtuvo una “F” en este examen. Recuerda: este es el mismo hombre que mintió sobre su esposa dos veces para protegerse (Gn 12, 20) y se acostó con la sirviente de su esposa porque dudaba que Dios cumpliera su palabra (Gn 16).

Dios le ordena a Abraham que mate a su hijo como un exámen de una única pregunta: ‘Abraham, ¿confías en mí?’

Por supuesto, Dios ya sabe lo que pasará. Moisés podría ser un narrador cuasi-omnisciente, pero Yahvé es un Dios completamente omnisciente. Esta prueba no está llenando un vacío en el entendimiento de Dios; está llenando un vacío en la fe de Abraham.

Puede que estés leyendo esto con el ceño fruncido. Podrías pensar que soy el peor defensor público que existe y que mi defensa del Señor carece de sentido y sensibilidad. Tu mente es como un jurado en desacuerdo. Todavía te preguntas: ¿cómo puede Dios hacer esto? Esto es simplemente… incorrecto.

Si ese eres tú, entonces es probable, un poco como Abraham, que dudas del carácter de Dios. Sabes quién Él dice ser, pero tu experiencia de Él ha acumulado evidencias de lo contrario. Tus circunstancias enjuician al Señor y, a veces, si eres honesto, construyen un caso convincente.

Está bien. Todos hemos estado allí. Quizás Génesis 22 es la prueba de Dios para ti, en la que Él te hace la misma pregunta que le hizo a Abraham: “¿Confías en mí?”.

Sin duda, Génesis 22 pone a prueba la fortaleza del carácter de Abraham. En la solicitud en sí, es como si Dios estuviera afilando su cuchillo asesino, para tomar prestada una frase de Dawkins: “Toma ahora a tu hijo, tu único, a quien amas…” (Gn 22:2). Con cada frase, las chispas vuelan a medida que se afila el cuchillo, a medida que la herida en su corazón se hace más profunda. La petición de Dios aplica una presión increíble al punto más débil de Abraham, esa pregunta constante que se ha hecho a sí mismo durante años: “¿Realmente cumplirá Dios su promesa?”.

¿Cómo respondería Abraham esta vez? ¿Ha cambiado? ¡Sí! “Abraham se levantó muy de mañana, aparejó su asno y tomó con él a dos de sus criados y a su hijo Isaac” (Gn 22:3).

Abraham espera que Isaac muera… y vuelva a la vida
A menos que esté engañando intencionalmente a sus siervos, lo cual no tenemos razón para creer, está claro que Abraham cree que Isaac regresará con él: “Quédense aquí con el asno. Yo y el muchacho iremos hasta allá, adoraremos y volveremos a ustedes” (Gn 22:5).

También queda claro a partir de los hechos siguientes, los cuales Moisés narra detallada y magistralmente hasta generar tensión, que Abraham también creía que mataría a su hijo.

¿Acaso la pregunta inocente de Isaac destruye esta tesis? Con la madera atada a la espalda, pregunta: “Aquí están el fuego y la leña… pero ¿dónde está el cordero para el holocausto” (Gn 22:7). Abraham responde de una forma un tanto enigmática: “Dios proveerá para Sí el cordero para el holocausto, hijo mío” (Gn 22:8).

Quizás Génesis 22 es la prueba de Dios para ti, en la que Él hace la misma pregunta que le hizo a Abraham: ‘¿Confías en mí?’

Estamos cara a cara con una dificultad interpretativa: ¿Es el “hijo mío” de Abraham afectuoso o (para usar un término técnico) aposicional? ¿Está diciendo: “Hijo mío, no te preocupes, Dios proveerá un cordero” o está diciendo, “Dios proveerá un cordero, es decir, mi hijo”? Creo que es la segunda opción, aunque es posible que Abraham originalmente se refería a la primera, pero, mientras la arena se le acababa al reloj de arena, lentamente se dio cuenta de que aunque su corazón había planeado un camino, el Señor había determinado sus pasos.

Cuando llegamos al Nuevo Testamento, cualquier niebla relacionada con Génesis 22 se desvanece. Olvídate del comentario de Richard Dawkins. Aquí está el comentario del autor de Hebreos sobre la concepción milagrosa de Isaac. Debemos comenzar aquí:

“También por la fe Sara misma recibió fuerza para concebir, aun pasada ya la edad propicia, pues consideró fiel a Aquel que lo había prometido. Por lo cual también nació de uno, y este casi muerto con respecto a esto, una descendencia como las estrellas del cielo en número, e innumerable como la arena que está a la orilla del mar” (Hebreos 11:11-12).

¡Ajá! Acabamos de recibir información vital. Pero antes de decirte de qué se trata, debemos seguir leyendo:

“Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía a su único hijo. Fue a él a quien se le dijo: ‘En Isaac te será llamada descendencia’. Él consideró que Dios era poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde también, en sentido figurado, lo volvió a recibir” (Hebreos 11:17-19).

El autor de Hebreos entiende lo que Moisés está haciendo en Génesis 22, y por eso comprende lo que Dios está haciendo en Génesis 22. Él sabe que esto era una “prueba” (Heb 11:17). Pero, ¿cómo sabe que Abraham “consideró que Dios era poderoso para levantar aun [a Isaac] de entre los muertos”?

Dos razones: primero, porque eso es lo que sucedió en el momento, al menos en sentido figurado (Heb 11:19). El cuchillo de matar de Abraham colgaba de manera ominosa sobre el cuello de Isaac (Gn 22:10). Pero luego oyó, no un sonido en el motor, sino un ruido en el matorral (Gn 22:13). Isaac estaba casi muerto, hasta que Dios intervino. ¡Qué misericordia!

Pero hay una segunda razón, la cual considero más esencial, por la que Abraham creía que Isaac sería resucitado. Porque la vida de Abraham había sido definida por la resurrección, y tal vez finalmente se dio cuenta en camino al monte Moriah. Quizás, al escuchar la extraña petición del Señor, la vida de Abraham vino a su memoria y finalmente llegó a la conclusión correcta: Dios puede hacer cualquier cosa, y por eso confío en Él.

Quizás recordó que aunque él y su esposa “eran ancianos [y] entrados en años” y “Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres” (Gn 18:11; Heb 11:11), Dios prometió darle un hijo. Tal vez recordó la risa de Sara cuando escuchó la promesa y su jocosa respuesta: “¿Tendré placer después de haber envejecido, siendo también viejo mi señor?” (Gn 18:12). Quizás incluso recordó la suave reprensión: “¿Hay algo demasiado difícil para el SEÑOR?” (Gn 18:14). Quizás miró hacia atrás en su vida y, por primera vez, vio lo que siempre había estado allí: resurrección, resurrección, resurrección.

La vida de Abraham fue un despliegue de resurrección. Desde el momento en que Dios lo llamó a salir de Ur, Dios había mostrado su poder de resurrección una y otra vez

La vida de Abraham fue un despliegue de resurrección. Desde el momento en que Dios lo llamó a salir de Ur, Dios había mostrado su poder de resurrección una y otra vez. Esa es la razón por la que el autor de Hebreos puede decir que Abraham, al igual que Isaac y Sara, estaba “casi muerto” (Heb 11:12). No tenía un hijo, pero de él nació “una descendencia como las estrellas del cielo en número, e innumerable como la arena que está a la orilla del mar” (Heb 11:12; cf. Gn 22:17). ¡Qué misericordia!

En resumen, Abraham creyó que Isaac moriría y resucitaría porque Abraham sabía que él mismo ya había muerto y resucitado. ¡Él y Sara tuvieron un hijo! ¿Es una resurrección demasiado difícil para el Señor? Por supuesto que no. Entonces, ¿por qué no otra?

¿Qué ves?
Cuando lees Génesis 22, ¿qué ves? Ojalá sea aquello que Abraham vio: que nada es demasiado difícil para el Señor.

Todo esto, por supuesto, es como un letrero de neón que señala la muerte del Hijo unigénito del Padre, Jesús, a quien Él amaba. Las conexiones son tan obvias que casi parecen alegóricas: hay un padre amoroso; hay un hijo obediente caminando hacia su muerte; hay madera atada a su espalda; hay un cordero sustituto.

Pero quizás más predictiva que esos detalles es la ubicación de Génesis 22: el monte Moriah, el futuro lugar del templo (2 Cr 3:1). Esto significa que el sacrificio de Isaac que fue evitado se institucionalizó para el pueblo de Dios a lo largo de las generaciones. Al hacer sacrificios en el templo una y otra vez, la historia y la experiencia de Abraham se convirtieron en suyas. Ofrecieron sacrificios y alabaron a Dios por su provisión continua, una y otra vez.

La muerte de Jesús terminó con todo esto; su sangre removió cualquier necesidad de un sistema de sacrificios repetitivo (Heb 9:11). No hay necesidad de que el sacrificio de Isaac sea institucionalizado para nosotros porque la institución se ha derrumbado, y en su lugar, está Jesús.

Cuando lees Génesis 22, ¿qué ves? Ojalá sea aquello que Abraham vio: que nada es demasiado difícil para el Señor

Así que no hacemos nada para volver a experimentar la salvación. Simplemente creemos y creemos, una y otra vez, y, como Abraham, nuestra fe nos es contada como justicia (Gn 15:6; Gá 3:6). Y, como Isaac, demostramos que somos “hijos de Abraham”. Por eso Pablo le dijo a una iglesia que parecía obsesionada con impresionar a Dios con sus obras:

“Sepan que los que son de fe, estos son hijos de Abraham… Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros, porque escrito está: ‘Maldito todo el que cuelga de un madero’, a fin de que en Cristo Jesús la bendición de Abraham viniera a los gentiles, para que recibiéramos la promesa del Espíritu mediante la fe” (Gálatas 3:7, 13-14).

Entonces, te preguntaré de nuevo: cuando lees Génesis 22, ¿qué ves? Ojala veas una historia del amor de un padre por su hijo, la confianza de un hijo en su padre y una bendición prometida que se transmite por fe de una generación a la siguiente, hasta que llegó hasta ti. ¡Qué misericordia!

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
Alex Duke es el director editorial de 9Marks. Vive en Louisville, Kentucky, donde también sirve como director del ministerio de jóvenes y entrenamiento eclesiológico en la iglesia Third Avenue Baptist Church. Puedes seguirlo en Twitter.

Soy Reformado | Augustus Nicodemus

Soy Reformado

Augustus Nicodemus

Me considero reformado, pero eso sólo significa que tengo la Reforma Protestante del siglo XVI como mi marco histórico de fe. Para mí, ser llamado «reformado» significa identificarse con las doctrinas y prácticas adoptadas por los reformadores. Sin embargo, entiendo que la Reforma fue esencialmente un regreso a las fuentes, en este caso, un regreso a las Escrituras.
Antes de verme como reformado, me veo como cristiano. Los reformadores fueron instrumentos de Dios en un momento específico y crítico de la historia de la iglesia para mantenerla en el camino de la verdad. No los idolatro, pero reconozco humildemente que fueron personas extraordinariamente utilizadas por Dios, y sus escritos nos ayudan a comprender mejor el mensaje de la Biblia.
Me gusta pensar en la fe reformada como la mejor expresión de ese conjunto de doctrinas reveladas en las Sagradas Escrituras. Sin embargo, no considero que la fe reformada sea la única fe legítima y aceptable. Conozco a muchos queridos hermanos que no son reformados, pero son creyentes dedicados y comprometidos con el Señor Jesucristo.
Busco la verdadera comunión con quienes profesan los puntos centrales de la fe cristiana, aunque no sean necesariamente partidarios de los puntos centrales de la Reforma protestante, como los 5 puntos del calvinismo, por ejemplo.

Comprender la Reforma Protestante es fundamental, porque nos permite profundizar en la historia cristiana, y fortalecer nuestra propia fe a la vez. Profundizar nuestra comprensión de las raíces de nuestra fe nos inspira a comprometernos más profundamente con el Evangelio.
Además, la Reforma sirve como un recordatorio constante de la importancia de valorar y defender la libertad religiosa. Muchos reformadores enfrentaron persecución por sus creencias, dejando un poderoso testimonio sobre la necesidad de proteger la libertad de practicar nuestra fe.

¿Qué hace que un cristiano sea reformado? | Marty Foord

¿Qué hace que un cristiano sea reformado?

Marty Foord

«Reformado» es una palabra que todo el mundo utiliza de muchas maneras. Pero ¿qué es realmente un cristiano «reformado»?

Históricamente, «reformado» se refiere a una tradición dentro del cristianismo que surgió a raíz de la Reforma del siglo XVI. Espero aclarar lo que significa para ayudarnos a entender algo de lo que ocurrió en la propia Reforma y su importancia para nosotros hoy.

El problema con las etiquetas
Las etiquetas como «reformado» pueden ser utilizadas de forma inapropiada. Algunos cristianos utilizan «reformado» para intimidar a otros. Por ejemplo, algunos la usan para excluir: «Tú no eres realmente reformado porque no crees en la expiación limitada». Otros usan la etiqueta para reclamar superioridad: «Nosotros los reformados afirmamos la gracia de Dios en la salvación, a diferencia de ustedes los arminianos».

Sin embargo, las etiquetas tienen su valor. Nos ayudan a clasificar la información para comprenderla mejor. Tanto «pino» como «eucalipto» son árboles. Pero sus etiquetas nos ayudan a entender las diferencias entre dos tipos de árbol, contribuyendo así a su cuidado y florecimiento. De la misma manera, una etiqueta como «reformado» nos ayuda a identificar las características únicas de una rama dentro de la tradición cristiana y a evaluar si su énfasis y su lectura de las Escrituras favorecen nuestro amor y servicio a Dios.

El problema con “calvinista”
Muchos utilizan la etiqueta «calvinista» como sinónimo de «reformado». Pero esto plantea dos problemas. En primer lugar, «calvinista» fue originalmente un término peyorativo, por lo que carecía de un significado preciso. Con el paso de los años ha ido acumulando aún más carga, lo que ha enturbiado aún más su significado. En segundo lugar, y lo que es más importante, ningún cristiano reformado de los siglos XVI o XVII consideraba que Juan Calvino definiera su tradición en su totalidad. Se le consideraba una figura entre otras como Ulrico Zwinglio, Martín Bucero, Enrique Bullinger, Juan Ecolampadio y Pedro Mártir Vermiglio, que ayudaron a fundar la tradición reformada. Sí, Calvino fue un gigante entre ellos. Pero sus escritos no fueron ni confesionales ni regulativos para los reformados. Calvino no es suficiente.

El problema con el “TULIP”
Muchos sostienen que los llamados cinco puntos del calvinismo son lo que define a un cristiano «reformado». Los cinco puntos son supuestamente un resumen del Sínodo de Dort (1618-1619) utilizando el acrónimo TULIP por sus siglas en inglés: Total depravity (depravación total), Unconditional election (elección incondicional), Limited atonement (expiación limitada), Irresistible grace (gracia irresistible) y final Perseverance (perseverancia de los santos).

Pero hay dos dificultades al utilizar los cinco puntos de esta manera. En primer lugar, el Sínodo de Dort no fue un intento de definir la tradición reformada en su conjunto, sino de resolver una controversia particular (la Remonstranza) en una tradición reformada ya existente. En 1979-1980 hubo una disputa sobre por qué el cricket australiano se jugaba con una bola ocho. Se decidió oficialmente que el cricket en todo el mundo utilizaría una bola seis. Esta controversia resolvió un elemento dentro del juego del críquet. No definió el juego en su totalidad. Por lo tanto, el críquet no puede definirse simplemente como «una bola seis». Es mucho más que eso. Así es la relación de Dort (TULIP) con la tradición reformada. No definió la totalidad de la tradición, sino que resolvió un elemento de la misma. De modo que, los cinco puntos del calvinismo por sí solos no determinan si una persona es reformada.

Cuando una media verdad se toma como una verdad absoluta, se convierte en una falsedad

El segundo problema con usar los cinco puntos del calvinismo es que este resumen en inglés de un documento en latín, con su acrónimo TULIP, no logra transmitir los matices de Dort. Los «cinco puntos» y el acrónimo «TULIP» se desarrollaron cientos de años después de Dort, y eliminan importantes distinciones hechas en Dort. Tomemos, por ejemplo, el tercer punto, el más controversial: la «expiación limitada». Ningún teólogo de los siglos XVI y XVII utilizó jamás la palabra «limitada» en referencia a la muerte de Cristo. Todos los teólogos reformados estaban de acuerdo en que, en cierto sentido, la expiación tenía una suficiencia infinita a la vez que, en otro sentido, una eficacia solo para los elegidos. Estas dos afirmaciones permitían diversas posturas sobre el alcance de la expiación, pero excluían la postura arminiana (o remonstrante). Así pues, el eslogan «expiación limitada» no transmite las afirmaciones suficientes y eficientes de Dort. Y cuando una media verdad se toma como una verdad absoluta, se convierte en una falsedad.

Acerca de ser reformado
¿Qué hace, entonces, que un cristiano sea reformado? Si la tradición reformada surgió de la tradición cristiana protestante (en la Reforma), en primer lugar debemos saber cómo definir la tradición cristiana y, en segundo lugar, la tradición protestante.

Cristianismo católico

La tradición cristiana también se conoce como «católica», en el sentido de universal y no romana. Históricamente, el cristianismo católico se expresa en el Credo Niceno. Fue redactado en los concilios de Nicea (325 d. C.) y Constantinopla (381 d. C.) contra la herejía arriana. Este credo contiene un resumen del evangelio trinitario. Establece los límites de las creencias de la tradición cristiana que engloba a protestantes, católicos romanos, ortodoxos orientales, y a la antigua Iglesia de Oriente. Dado que las tradiciones no trinitarias, como los Testigos de Jehová y el mormonismo, no pueden afirmar el Credo Niceno, no pueden ser llamadas cristianas.

Cristianismo protestante

La tradición protestante dentro del cristianismo surgió en la Reforma del siglo XVI encabezada por Martín Lutero. Los reformadores se llamaban a sí mismos «evangélicos» mucho antes de que se utilizara el término «protestante», para mostrar que el evangelio (euangelion) era fundamental para su comprensión de las Escrituras y la teología.

La tradición protestante suele distinguirse por las clásicas «solas»: Escritura sola, gracia sola, Cristo solo, fe sola. Afirma que solo la Escritura es la autoridad suprema (no la única) para los creyentes, y que la salvación es por la gracia sola de Dios debido a la obra sola de Cristo recibida por la fe (o confianza) sola. En oposición a esto, el catolicismo romano defiende la autoridad suprema de la Escritura y la tradición, así como la salvación por la fe y por las buenas obras del creyente (incluso si son impulsadas por el Espíritu).

Cristianismo reformado

Sin embargo, en la Reforma surgieron dos tradiciones dentro del campo protestante: la luterana y la reformada. Lo que originalmente distinguía a ambas no era la predestinación, sino la Cena del Señor. Lutero y sus seguidores sostenían que el cuerpo y la sangre de Cristo estaban físicamente presentes en el pan y el vino (la presencia real). Mientras que representantes reformados como Zwinglio, Bullinger y Calvino negaban esto. Pero «la presencia real» era tan importante para Lutero y sus seguidores que llevó a una separación oficial entre luteranos y reformados.

Los límites de las creencias de la tradición luterana se definieron oficialmente en el Libro de la Concordia (1580), una colección de confesiones importantes y afirmaciones luteranas. Sin embargo, como la tradición reformada abarcaba varias comunidades geográficas distintas (en Francia, Escocia, Inglaterra, Renania y los Países Bajos, por nombrar algunas), cada grupo elaboró su propia confesión. De ahí que la tradición reformada se caracterice por una serie de confesiones: la Confesión Gálica (o Francesa) (1559), la Confesión Escocesa (1560), la Confesión Belga (1561), los Treinta y Nueve Artículos (1563), el Catecismo de Heidelberg (1563) y la Segunda Confesión Helvética (1566). A estas confesiones fundacionales se añadió el Sínodo de Dort (1618/9), que resolvió una controversia particular en una tradición ya existente. Posteriormente se refinó con las grandes confesiones del siglo XVII, como la Confesión de Fe de Westminster (1647) para los presbiterianos, la Declaración de Saboya (1658) para los congregacionalistas y la Confesión de Fe Bautista de Londres (1689) para los bautistas reformados.

Así pues, un cristiano es reformado si es capaz de afirmar una o varias de sus principales confesiones. Podemos diagramar esto de la siguiente manera:

Cuando definimos la tradición reformada de este modo, se derivan varias implicaciones importantes. En primer lugar, ser reformado no tiene que ver únicamente con la predestinación. Las confesiones reformadas fundacionales incluyen también una comprensión particular, por ejemplo, de la iglesia, del ministerio y de los sacramentos, gran parte de lo cual se ha perdido para muchos que dicen ser reformados.

En segundo lugar, los que pertenecen a la tradición reformada son libres de discrepar sobre muchas cuestiones sobre las que las confesiones reformadas divergen o no definen. Por ejemplo, tanto los bautistas como los paidobautistas pueden ser reformados. Los presbiterianos, congregacionalistas y episcopales pueden ser reformados. En cuanto al alcance de la expiación, los seguidores de John Owen, Moïse Amyraut y John Davenant encajan en la tradición reformada. Los que niegan o afirman el llamado «pacto de obras» son reformados en conjunto. Tanto los que afirman la simple como la doble predestinación son reformados. Todos estos debates son intramuros o dentro de la propia tradición reformada.

En tercer lugar, las doctrinas exclusivas de la tradición reformada no tienen tanto peso como las que definen la catolicidad. Por ejemplo, la doctrina nicena de la Trinidad es mucho más importante que las opiniones sobre «la presencia real» de Cristo en la Cena (que no carecen de importancia).

Publicado originalmente en The Gospel Coalition Australia. Traducido por Equipo Coalición.
Marty Foord es profesor de Teología en el Evangelical Theological College Asia de Singapur. Antes de que existiera la World Wide Web, trabajaba en informática. Pero entró en el ministerio anglicano en 1996. Marty está casado con Jenny, y le encanta pasar tiempo con ella. A Marty y Jenny les encanta servir juntos al pueblo de Dios en la iglesia local.

El Señor Jesús, ¡un desconocido tan accesible!

Domingo 22 Octubre
Jesús… vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas.
Marcos 6:34
El Señor Jesús, ¡un desconocido tan accesible!
Alguien dijo de Cristo: “Él fue el Hombre de mayor gracia, el más accesible que jamás hubo”. En su forma de ser vemos una ternura y una bondad nunca vistas en otros hombres y, sin embargo, vemos que siempre fue un “extraño” en la tierra. Sin embargo, estuvo muy cercano tan pronto como la miseria o la necesidad humanas lo reclamaban. Tanto la distancia a la que se mantenía como la intimidad que expresaba eran perfectas. Hacía mucho más que observar la miseria a su alrededor: se compenetraba de ella, demostrando una simpatía que le era peculiar. Por otro lado, hacía mucho más que repudiar la corrupción que lo rodeaba: mantenía siempre una plena distancia entre la santidad misma y toda contaminación y mancha.

Véanlo manifestando esta combinación de distancia y de proximidad en el relato de Marcos 6. Es una escena impresionante. Tras un largo día de servicio, los discípulos vuelven a él; Jesús se interesa por ellos; la fatiga que sienten toca su corazón; él lo toma en cuenta y de pronto provee lo necesario: “Venid vosotros aparte… y descansad un poco” (v. 31). Pero la multitud los siguió, y él se vuelve hacia ella con la misma prontitud; conoce su estado moral y, viendo que se hallan como ovejas sin pastor, comienza a enseñarles.

En todo esto lo vemos cercano, muy cercano a las múltiples necesidades que se van suscitando a su alrededor, ya sea la fatiga de sus discípulos o el hambre de la multitud. Pero de repente los discípulos se muestran algo resentidos al ver la atención de Jesús hacia la muchedumbre y le piden que la envíe a sus casas. Sin embargo, esto no lo afectará en ningún sentido; y en ese mismo instante se produce un distanciamiento entre Jesús y los discípulos, el que hallará su expresión cuando poco después les manda entrar en la barca. Los vientos y las olas se levantaron contra ellos en el mar, y entonces, en medio de su angustia, ¡Jesús nuevamente se les acercó para socorrerlos y ponerlos a salvo!

J. G. Bellett
© Believer’s Bookshelf Canada Inc.

Jeroboam y su culto falso

Sábado 21 Octubre
Y habiendo tenido consejo, hizo el rey [Jeroboam] dos becerros de oro, y dijo al pueblo… he aquí tus dioses, oh Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto. Y puso uno en Bet-el, y el otro en Dan. Y esto fue causa de pecado; porque el pueblo iba a adorar delante de uno hasta Dan.
1 Reyes 12:28-30
Tras aquellos acudieron también de todas las tribus de Israel los que habían puesto su corazón en buscar a Jehová Dios de Israel; y vinieron a Jerusalén para ofrecer sacrificios a Jehová, el Dios de sus padres.
2 Crónicas 11:16
Jeroboam y su culto falso
Después de los tiempos gloriosos de gran consagración a Dios bajo el reinado de David y Salomón, ¡qué triste es ver cómo se impuso una nueva forma de adoración que era, ciertamente, una adoración falsa! Con esto los hijos de Israel abandonaron a Dios por los ídolos. Sin embargo, hubo quienes permanecieron fieles porque sus corazones permanecieron en Dios.

Es terrible ver lo cambiante que es el corazón del hombre: convencido de algo un día, abandona al siguiente lo que creía tan verdadero. Puede ser por conveniencia que cambie de opinión de esta manera, o por lazos o influencias familiares, o para obtener, más o menos conscientemente, alguna ventaja. O puede ser que esta nueva forma de pensar sea más atractiva que la anterior. Nuestras mentes están, por supuesto, convencidas de que tenemos razón, pero debemos recordar que nuestro corazón natural es engañoso y desesperadamente perverso.

Sin embargo, leemos que los “que habían puesto su corazón en buscar a Jehová Dios de Israel” hicieron lo que Dios quería. Se dieron cuenta de que este nuevo culto no era conforme a la Palabra de Dios, y lo rechazaron, porque querían ser fieles a Dios y obedecerlo. Buscaban su aprobación y su comunión. Que nosotros también tengamos un corazón que busque a Dios y su gloria, dándole el lugar que le corresponde.

Albert Blok
© Believer’s Bookshelf Canada Inc.

Otros pueden, tú no

Otros pueden, tú no

Si Dios te ha llamado a ser realmente como Jesús, Él exigirá de ti una vida de crucifixión y humildad, y pondrá sobre ti tal demanda de obediencia que no te será posible seguir a otros, ni medirte a ti mismo por otros cristianos. En muchos asuntos Él aparentemente permitirá a otras personas practicar actividades dudables, los cuales no te permitirá a ti tocar.

Aparentemente religiosos y útiles hombres pujan por avanzar, buscan para llegar más alto, y planean ardides para llevar a cabo sus planes, pero a ti no se te permite. Y si lo intentas hacer, te encontrarás con tal fracaso y reprensión del Señor como para dejarte bien arrepentido.

Otros pueden jactarse de sí mismos, de sus obras, de sus éxitos, de sus escritos, pero el Santo Espíritu no te permitirá a ti hacerlo. Si comienzas a hacerlo, Él te sumirá en una profunda mortificación, la cual hará que te desprecies a ti mismo y a todas tus buenas obras.

A otros les puede ser permitido tener éxito en ganar dinero, o pueden obtener una herencia dejada para ellos. Pero es probable que Dios quiera tener para ti alguna cosa mucho mejor que el oro- una desaliada dependencia en Él, para que Él pueda tener el privilegio de suplir tus necesidades día a día, de una tesorería escondida.

El Señor puede permitir a otros ser honrados y puestos en alto, y guardarte a ti escondido en oscuridad, porque Él quiere producir algún selecto, fragrante fruto para su venidera gloria, el cual se produce solamente en la sombra. Él puede permitir a otros ser distinguidos, pero te guardará pequeño. Él puede permitir a otros trabajar para Él y obtener el reconocimiento por esto, pero dejará tus trabajos y fatigas, dejando desconocido lo que tú estás haciendo. Y para hacer tu obra aún más preciosa, Él puede permitir a otros obtener el crédito por las obras que tú has hecho, haciendo tu recompensa diez veces más grande cuando Jesús venga.

El Espíritu Santo pondrá alrededor de ti una estricta guarda de amor celoso, y te reprenderá por pequeñitas palabras bruscas y chiquitos sentimientos irritados, o por malgastar tu tiempo, aunque otros cristianos nunca parecen haber aflicción por estos. Para que tengas en mente que Dios es un Soberano infinito, y tiene el derecho de hacer como a Él le place con lo que es suyo. Él puede no explicarte mil cosas, las cuales dejan perplejo tu entendimiento acerca de su trato contigo, pero si tú entregas completamente para ser su esclavo de amor, Él te rodeará de celoso amor; te dará muchas bendiciones que vienen sólo a los que están dentro de su círculo más íntimo.

Resuelve esto para siempre, entonces, que tú necesitas tratar directamente con el Espíritu Santo, y que Él tenga el privilegio de atar tu lengua, o contener tu mano, o cerrar tus ojos, en maneras que no parezca Él usar con los otros. Note la respuesta de Jesús cuando Pedro estaba interesado más con lo que Juan debía hacer que su propia responsabilidad. «¿Qué a ti? Sígueme tú.» (Juan 21:22)

Cuando tú seas tan posesionado con el Dios viviente que estés, en lo secreto de tu corazón, complacido y lleno de contentamiento con esta particular, personal, privada y celosa guarda del Espíritu Santo sobre tu vida, habrás encontrado el portal del cielo.

«Si habéis pues resucitado con Cristo,… Poned la mira en los cosas de arriba, no en los de la tierra. Porque muertos sois, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.» (Colosenses 3:1-3)

«Y porque…no me levante descomedidamente, me es dado un aguijón en mi carne…Por lo cual tres veces he rogado al Señor, que se quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi potencia en la flaqueza se perfecciona. Por tanto de buena gana me gloriaré más bien en mis flaquezas, porque habite en mí la potencia de Cristo.» (2 Corintios 12:7-9)

«Porque cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.» (Romanos 14:12)

-por G.D.W.

Tres cosas para recordar al consolar a personas en duelo | Randy Alcorn

Tres cosas para recordar al consolar a personas en duelo

Randy Alcorn

“Gócense con los que se gozan y lloren con los que lloran” (Ro. 12:15). Tendemos a ser mejores en el regocijarnos. Como no nos gusta sentir dolor, tendemos a ignorar el dolor de los demás. Pero ellos necesitan que nos convirtamos en los brazos de Cristo para ellos.

Aquí hay tres cosas que debemos recordar cuando somos llamados a consolar a aquellos que están en duelo:

  1. Ignorar el dolor de alguien es añadir a ese dolor.
    En lugar de temer que digamos algo equivocado, deberíamos acercarnos a las personas que están en dolor. Muchas veces es mejor simplemente poner nuestros brazos alrededor de alguien y llorar con ellos; las personas casi siempre aprecian cuando reconoces su pérdida. Siempre que tu corazón esté en el lugar correcto, decir algo es casi siempre mejor que decir nada.

En lugar de temer que digamos algo equivocado, deberíamos acercarnos a las personas que están en dolor.

La gente necesita sentirse amada. Un niño en dolor necesita sentir los brazos de su padre alrededor de él. Cuando el padre está ausente, puede dejar palabras de amor escritas, como Dios lo ha hecho en su Palabra. Sin embargo, también puede pedirle a los hermanos y hermanas mayores del niño que expresen su amor hacia su hijo.

  1. Hay un tiempo para el silencio, para solo sentarse y escuchar, y llorar con los que lloran.
    A menudo condenamos a los amigos de Job, pero debemos recordar que ellos empezaron bien. Cuando vieron su miseria, lloraron en voz alta. Y luego, durante siete días y noches, se sentaron con él, en silencio, expresando sin palabras su preocupación por él (Job 2:11-13).

Si no sabemos qué decirle a un amigo en crisis, recuerda que mientras los amigos de Job permanecieran callados, le ayudaron a soportar su dolor. Más tarde, cuando comenzaron a dar consejos y reprensión no solicitada, Job no solo tuvo que lidiar con su sufrimiento, sino con respuestas engreídas de sus amigos, lo que aumentó su sufrimiento.

Cuando alguien en dolor expresa crudamente sus emociones, no debemos regañarlos. Los amigos dejan que sus amigos compartan sus sentimientos honestos. Cuando la corrección prematura y equivocada de los amigos de Job hirió a Job, ellos no tuvieron suficiente tacto para decir “lo siento”, y luego callarse. Ellos continuaron haciendo daño. Job les dijo: “Consoladores molestos son todos ustedes” (Job 16:2).

Darrell Scott me contó que después de que su hija Rachel fuera asesinada en Columbine, la gente a menudo le citaba Romanos 8:28. No estaba listo para oírlo. Cuán triste es que un verso tan poderoso, citado descuidada o prematuramente, se convierta en una fuente de dolor cuando debería ofrecer gran consuelo. Piensa en las verdades de Dios como herramientas. No uses un martillo cuando necesites una llave. Sobre todo, no utilices algunas de ellas cuando necesites darle a alguien un abrazo, una manta, o una comida, o simplemente llorar con ellos.

Los amigos dejan que sus amigos compartan sus sentimientos honestos.

Por otro lado, Nancy Guthrie dice que las personas que sufren deben extender gracia a los consoladores insensibles que les hacen daño. Lo último que necesita una persona afligida es llevar la carga del resentimiento. “Sean más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándose unos a otros, así como también Dios los perdonó en Cristo” (Ef. 4:32).

  1. No te desaparezcas ni evites a tu amigo que te necesita ahora más que nunca.
    Mi madre murió en 1981, cuando yo era un pastor joven. Diez años antes, no mucho después de convertirme en cristiano, tuve el gozo de conducir a mi madre a Cristo. Crecimos juntos, leyendo y discutiendo las Escrituras y grandes libros, orando y riendo juntos, y luego discutiendo sobre mis hijas, sus nietas, Karina y Angela. Cuando ella murió, lloré mi pérdida, la de mi esposa, y sobre todo la de mis hijas. Sentí que arrancaron una parte de mí.

Cuando entré en la iglesia ese primer domingo después de la muerte de mamá, sentí como si mi presencia separaba el Mar Rojo. En lugar de saludarme calurosamente en su manera habitual, la gente se hizo a un lado. Sabía que lo hacían porque no sabían qué decir, pero eso magnificó mi soledad.

La mayoría de nosotros hemos visto a amigos desaparecer cuando más los necesitábamos y, sin querer, hemos hecho lo mismo con otros. Si te encuentras en la posición de no querer hacer una llamada telefónica cuando te enteras de la crisis de alguien, recuerda que cualquier expresión de preocupación es mejor que ninguna. Cuando las personas pierden a un ser querido, no quieren “seguir adelante” como si la persona nunca hubiera existido. Usualmente quieren y necesitan hablar de ellos, aunque hacerlo les haga llorar.

Originalmente publicado por Eternal Perspectives Ministries, donde también puedes leer una extensa lista de libros (en inglés) recomendados por el autor. Traducido por Diana Rodríguez.

Randy Alcorn es el autor de más de 40 libros y también el fundador y director de Ministerios Eterna Perspectiva. Él ama a Jesús, su esposa Nanci, sus hijos, y sus cinco nietos.