¿Por Qué Ir a la Iglesia? Escrito por Peter Goeman, profesor del Seminario Teológico Shepherds.
Publicado originalmente bajo el título «Why Go to Church?«
Asistir a la iglesia ha sido una larga tradición para muchas personas. Sin embargo, en los últimos años ha habido una disminución en la asistencia a la iglesia en muchas partes del mundo. Con el auge del secularismo y la disponibilidad de formas alternativas de entretenimiento y comunidad, muchas personas cuestionan la relevancia y la necesidad de ir a la iglesia. Todo eso tiene sentido entre la población “cristiana” en general, pero incluso los verdaderos cristianos se han hecho la pregunta válida: ¿por qué vamos a la iglesia?
La idea de ir a la iglesia se ha vuelto más cuestionada, en parte, debido a toda la situación de COVID. Las iglesias dejaron las reuniones en persona y transmitieron sus servicios en vivo. La gente comenzó a preguntarse si ir a la iglesia tenía algún beneficio o no. ¿Ver una transmisión en vivo no calificaría técnicamente como ir a la iglesia? Escribí un artículo en 2020 que explicaba que el compañerismo de la iglesia es esencial en una era tecnológica. Aquí simplemente quiero explorar la teología real acerca de por qué los cristianos deberían ir a la iglesia. Si alguien me hiciera la simple pregunta, «¿Por qué ir a la iglesia?» así les respondería.
Ir a la iglesia es un mandamiento En muchos casos, esto es lo único que importa. En Hebreos 10:24–25, se nos ordena en términos inequívocos: “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”
En otras palabras, a los cristianos se les ordena que no dejen de reunirse. No creo que sea posible argumentar que esto puede suceder virtualmente. Los autores bíblicos reconocen regularmente la importancia de la interacción cara a cara. Juan parece indicar que hay algo especial en el acto de reunirse cuando escribe: “Yo tenía muchas cosas que escribirte, pero no quiero escribírtelas con tinta y pluma, porque espero verte en breve, y hablaremos cara a cara.” (3 Juan 13–14). Somos criaturas sociales, e incluso los no cristianos entienden que no se puede reemplazar la interacción cara a cara.
Ir a la iglesia nos ayuda a obedecer otros mandamientos Este punto está íntimamente relacionado con el anterior. La razón por la que Dios ordena a los creyentes que no descuiden el congregarse es porque hay ciertos mandamientos que no podemos obedecer fuera de la congregación. Por ejemplo, aunque a la gente no le gusta pensar en esto, ¿cómo vamos a confrontarnos unos a otros por el pecado y, si es necesario, sacar a los hermanos o hermanas desobedientes de la comunión?
Mateo 18:15–18 ordena claramente a los miembros de la iglesia que se interesen activamente en la santidad y la santificación de los hermanos y hermanas y, si es necesario, que los reprendan con amor. Aunque la disciplina de la iglesia es el pilar olvidado de la iglesia, es esencial para una iglesia saludable. Venimos a la iglesia para ser estimulados a las buenas obras y también para ser desafiados a vivir una vida santa (ver. 1 Pedro 1:15). Aquellos que no estén interesados en vivir una vida santa deben ser expulsados de la asamblea (algo que no es posible si hacer clic en un enlace de transmisión en vivo es todo lo que se requiere para ser parte de una iglesia).
Hay muchos otros ejemplos de mandatos que solo se pueden realizar en asamblea, pero quizás la cena del Señor podría ser un ejemplo final. Pablo dice: “Así que, hermanos míos, cuando os reunís a comer, esperaos unos a otros” (1 Cor 11:33). La suposición de Pablo es que los creyentes se reunirán (es decir, se reunirán para comer y beber juntos). Esto es solo algo que se puede hacer reuniéndonos como iglesia. De hecho, es obligatorio.
Ir a la iglesia es para los ángeles Esta es mi parte favorita de la respuesta. Por lo general, cuando las personas preguntan por qué vamos a la iglesia, no esperan esto. Sin embargo, esto es parte de la respuesta de Pablo a los creyentes de Éfeso. Cuando Pablo explica su papel como emisario de Cristo a los gentiles, señala que el propósito de su proclamación es “para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales” (Ef. 3:10). En otras palabras, el diseño de Dios de la iglesia muestra la sabiduría de Dios a los “principados y potestades en los lugares celestiales” que observan. ¿Quiénes son los “principados y potestades” que residen en los lugares celestiales? El uso de estos términos en Efesios 1:21 y 6:12 indica que estamos hablando de seres espirituales (es decir, ángeles).
Podría ser que Pablo esté apuntando específicamente a los ángeles caídos aquí, pero creo que él está usando este término genérico a propósito. Pablo está diciendo que la sabiduría de Dios se manifiesta en la forma en que la iglesia existe. Eso es lo que todo el reino celestial observa (ángeles buenos y ángeles malos). ¿De qué manera se manifiesta Su sabiduría?
Bueno, piénselo. Cuando la iglesia se reúne, múltiples etnias se juntan. Hay personas con distintos colores de piel, trasfondos, culturas, etc. ¡La iglesia es una tremenda mezcla de personas! El punto, por supuesto, es que algunas de estas personas y etnias tendrían/deberían odiarse entre sí. Y, sin embargo, están unidos por un hilo común: la unión compartida en la muerte y resurrección de Cristo. Se unen y demuestran que el evangelio es una solución mundial, no una solución parcial.
Entonces, en un sentido muy real, debemos ir a la iglesia para “presumir” ante los ángeles. ¡Somos una parte crucial de la imagen de la redención para los ángeles que miran! “Mostramos” el hecho de que nuestro Dios es un Dios asombroso que ha salvado a personas de todas las lenguas y de todas las naciones. ¡Él no es solo un salvador, es el Salvador todopoderoso que es la única solución al pecado para el mundo entero! Y Su salvación es efectiva, cambiando la naturaleza misma de aquellos que lo abrazan como Salvador y Señor.
En resumen, ir a la iglesia no es solo una mera sugerencia sino un mandato bíblico que debemos obedecer como creyentes. Reunirnos como iglesia nos ayuda a practicar y obedecer otros mandamientos, como confrontarnos unos a otros con el pecado y vivir vidas santas. Además, ir a la iglesia no es solo para nuestro propio beneficio, sino también para los ángeles. Específicamente, cuando vamos a la iglesia (como se nos manda) mostramos la multiforme sabiduría de Dios a través de la unidad de Su pueblo conformado por personas de toda lengua y nación. Preguntar por qué vamos a la iglesia no es algo malo. De hecho, me encanta cuando la gente hace esa pregunta. Sin embargo, ¡necesitamos saber la respuesta! Y así es como creo que deberíamos responder a esta pregunta.
Este artículo ha sido traducido y adaptado con el consentimiento de su autor.
Sábado 12 Agosto [Dios] No ha notado iniquidad en Jacob, ni ha visto perversidad en Israel. Números 23:21 La obra de Dios en y por nosotros Israel había actuado errónea e incrédulamente durante su viaje por el desierto, lo que llevó a Moisés a exclamar: “Rebeldes habéis sido a Jehová desde el día que yo os conozco” (Dt. 9:24). La evaluación que este hombre de Dios hizo de ellos, después de 40 años de experiencia, fue que eran un pueblo obstinado y rebelde; pero el veredicto que Dios expresa en el versículo de hoy, en el cual los justifica, es totalmente opuesto a la evaluación que Moisés realizó acerca de la condición moral del pueblo.
Al aplicar esto a nosotros mismos, es muy importante hacer una clara distinción entre dos cosas: (1) el juicio del Espíritu de Dios en nosotros, el cual pone al descubierto la condición moral en la que nos encontramos en la práctica, lo que a su vez se debe al mal que hay en nuestra carne; (2) y el testimonio del Espíritu en relación al veredicto de Dios sobre nosotros tal y como nos ve en Cristo. A menudo pensamos que el trabajo hecho en el alma por el Espíritu de Dios implica un justo juicio sobre ella, olvidando que la base sobre la que estamos ante Dios (el lugar sobre el que reposa la fe) es la obra que el Señor Jesús hizo a nuestro favor.
El Espíritu de Dios juzga el pecado en mí según su carácter, a la luz de la santidad de Dios; pero me dice que no soy juzgado por ello, porque Cristo sufrió el castigo por mí. No se trata de examinar el bien o el mal que encontramos en nosotros mismos; se trata completamente del valor de la obra de Cristo. O estamos bajo la plena condena de Dios; o, habiendo creído, somos hechos “aceptos en el Amado” (Ef. 1:6). Al final de un largo rumbo de fracasos por parte de los hijos de Israel, cuando su maldad quedó plenamente expuesta, Dios “no vio iniquidad en Jacob, ni ha visto perversidad en Israel”. No puede haber paz si el alma del creyente confunde el veredicto del Espíritu en su interior, respecto a su estado moral, con el juicio de Dios a través de la obra de Cristo a su favor.
Karl Marx se quejó una vez de que la filosofía «solo ha interpretado el mundo de diversas maneras; el punto es cambiarlo». ¿Qué hay de la teología? ¿Tiene un mejor historial efectuando cambios?
Hoy en día, algunos descartan alegremente la teología por considerar que hace tiempo que pasó su fecha de caducidad. Esta postura es corta de vista. La verdad es que los pastores-teólogos son dones del Cristo ascendido para la iglesia (Ef 4:8). Informados por la Palabra y fortalecidos por el Espíritu, Cristo usa a los pastores teólogos tanto para interpretar el mundo como para transformarlo. Como si fueran socorristas, se adentran en la crisis de nuestro mundo poscristiano y forman discípulos para atender sus necesidades más urgentes.
Desastre en potencia Ya no estamos en países cristianos. Las señales reveladoras de nuestro mundo poscristiano son la disminución de la influencia del cristianismo, el descenso de la asistencia a las iglesias, la disminución del respeto por la iglesia y la disminución de la influencia cristiana en los principales ingredientes de nuestra cultura: sus creencias, valores y prácticas. En nuestro mundo poscristiano, también se ha producido un cambio en la forma en que las personas entienden y reaccionan ante el término «cristiano».
Informados por la Palabra y fortalecidos por el Espíritu, Cristo usa a los pastores teólogos tanto para interpretar el mundo como para transformarlo
En algún momento del siglo XX, el mundo occidental se despertó, al igual que el ministro de la novela de John Updike In the Beauty of the Lilies [En la belleza de los lirios], para descubrir que había perdido la fe. La velocidad a la que el «post» ha afectado el entendimiento del cristianismo es sorprendente. ¿Qué acaba de pasar?
Ningún argumento o descubrimiento científico es responsable del fin de la era cristiana. La obra de Charles Taylor A Secular Age [Una era secular] sugiere que la revolución fue interior, en la forma en que la sociedad imagina el mundo y el lugar de la humanidad en él. Las razones son complejas, pero el resultado es palpable: habitamos un mundo en el que la existencia de Dios no se siente como algo obvio, intuitivamente correcto o plausible. El mundo se siente de este mundo.
Una de las muchas consecuencias de nuestra cultura poscristiana sobresale: la posalfabetización. Desde el principio, y más aún después de la Reforma y la imprenta, el cristianismo se ha centrado en la Palabra. En una cultura posalfabetizada, sin embargo, las personas se comunican a través de una variedad de plataformas multimedia; la palabra escrita ya no ocupa un lugar de honor. En una cultura saturada de TikTok, Instagram y YouTube, los periodos de atención deben ser de solo unos minutos (lo siento, predicadores de larga duración).
Una cosa es tener una visión elevada de las Escrituras, y otra muy distinta saber leer los diversos libros y géneros de la Biblia como parte de una historia canónica unificada
Si combinamos poscristiano y posalfabetizado, el resultado es el analfabetismo bíblico: la incapacidad de comprender la gramática, la historia o la lógica del cristianismo bíblico. Una cosa es tener una visión elevada de las Escrituras, y otra muy distinta saber leer los diversos libros y géneros de la Biblia como parte de una historia canónica unificada. En nuestra cultura poscristiana, incluso a los cristianos les cuesta saber cómo leer bien la Biblia o cómo navegar por los desacuerdos interpretativos.
Las personas siguen consumiendo noticias, pero el evangelio (las buenas noticias) es en gran medida ininteligible en un mundo poscristiano. La sobrecarga de información y las continuas noticias de última hora nos insensibilizan ante lo que realmente necesitamos saber: la verdadera noticia de última hora de que el reino de Dios está irrumpiendo en nuestro mundo a través del Espíritu de Jesucristo. No se puede concebir una noticia mejor.
El pastor-teólogo como socorrista Para un secularista, el mundo es materia en movimiento, sin sentido a menos que los humanos puedan hacer algo con él. Abundan las historias distópicas y se respira un desencanto general. Sin embargo, en lugar de dejarse llevar por el pánico, muchos se divierten hasta la muerte.
La situación actual es una catástrofe en la que los pastores-teólogos actúan como socorristas, personas preparadas y capaces de aparecer y ayudar en emergencias y crisis.
Cuando oímos «socorristas», tendemos a pensar en bomberos, paramédicos y personal de búsqueda y rescate. Sin embargo, los pastores-teólogos también están en las trincheras, enfrentándose a vidas quebrantadas, familias fracturadas, muerte y desesperación. Están en la primera línea de los debates sobre ética, espiritualidad y política.
Podría decirse que la crisis más importante a la que deben enfrentarse los pastores-teólogos es el analfabetismo bíblico en la iglesia. La iglesia es la sociedad de Jesús, y los pastores son los encargados de garantizar que la historia que gobierna el imaginario de la congregación es la historia de lo que el Padre está haciendo en el Hijo a través del Espíritu para reunir todas las cosas a Cristo (Ef 1:10) y renovar y reconciliar todas las cosas en Él (2 Co 5:17-19).
Los pastores-teólogos responden a las exigencias de la vida y al reto exegético de leer la Biblia sirviendo a Cristo: proclamando, enseñando y celebrando su nueva realidad de el «ya pero todavía no».
La iglesia local: Lugar para la alfabetización bíblica y el cristianismo de nuevo nacimiento No es momento para la desesperanza. No necesitamos reinventar la iglesia, sino redescubrirla, porque la iglesia es creación de Dios. No es momento de abandonar la teología, sino de profundizar en ella para llevar cautivo a Cristo todo pensamiento y todo imaginario social. La iglesia local es el lugar para cultivar la alfabetización bíblica, para aprender lo que todo cristiano necesita saber para representar a Cristo y Su reino.
No es momento de abandonar la teología, sino de profundizar en ella para someter a Cristo todo pensamiento y todo imaginario social
La iglesia local es la esperanza del mundo, pero solo si permanece en el dominio de la Palabra, al ser un lugar donde se cultivan hábitos de lectura y donde la Palabra que se lee se escucha y se practica. Los pastores-teólogos, quienes ministran la Palabra, son catalizadores de la alfabetización cristiana en parte ayudando a las personas a leerla como su principal narrativa de identidad.
Es en la iglesia local donde aprendemos la historia del Cristo cuyo nombre llevamos. Es en la vida en común de la iglesia donde el cristianismo se hace sentir socialmente plausible. El lugar de la iglesia local es en el mundo poscristiano, pero no es desde él donde el cristianismo debe nacer de nuevo.
El gobierno de Cristo se hace visible cuando llama, reúne y reconcilia la vanguardia de una nueva humanidad. ¿Puedes ver soplar al Espíritu?
Con disculpas a Marx, quien pensaba que había que superar el cristianismo, la verdad es que el mundo poscristiano nunca podrá ser más que precristiano, porque el mundo ya es y siempre será del Señor: «Del SEÑOR es la tierra y todo lo que hay en ella» (Sal 24:1).
Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Eduardo Fergusson. Kevin J. Vanhoozer es profesor de investigación de teología sistemática en la Trinity Evangelical Divinity School de Deerfield, Illinois. Es autor de varios libros sobre teología, hermenéutica y cultura.
Introducción Piensa en todos los lugares en los que las personas experimentan cualquier tipo de compañerismo y comunidad. La fiesta luego de un partido de fútbol… la barbería… una reunión familiar… la iglesia local. Hechos 2:42 dice que los primeros cristianos: «Perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones». Eso nos lleva a la pregunta que quiero que discutamos al comenzar la clase: ¿En que se diferencia la comunión cristiana de las amistades y las relaciones del mundo?
Lo que realmente diferencia a la comunión cristiana del resto de las relaciones es el amor de Cristo.
En las primeras semanas de este seminario vimos cómo se crea la unidad en la iglesia a través de la institución de la nueva identidad que todos compartimos en Cristo en los diferentes aspectos de nuestra vida juntos, desde la membresía de la iglesia, hasta la predicación, la oración y la manera en la que gobernamos la iglesia. El día de hoy, estaremos conversando acerca de la comunión que existe dentro de la iglesia, específicamente, cómo los miembros de la iglesia se aman unos a otros en base al vínculo de la unidad que Dios ha formado en nosotros. ¿Cómo son las relaciones en una comunidad espiritual sobrenatural?
La próxima semana veremos el lado negativo: Cómo lidiar con el descontento en la iglesia cuando la comunión no marcha bien. Pero antes de llegar allí, queremos declarar positivamente cómo debe ser nuestra comunión para tener un testimonio convincente a un mundo que nos observa.
¿Qué caracteriza a las sanas relaciones en la iglesia? Así que consideremos primero la pregunta de cómo nosotros, como cristianos, debemos relacionarnos unos con otros. Específicamente: ¿Qué caracteriza a las sanas relaciones en la iglesia? La respuesta es simple y profunda a la vez: el amor. El amor de Cristo es lo que distingue a nuestra comunión de cualquier otra comunidad terrenal. Jesús dijo en Juan 13:34-35: «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros».
¿Por qué es importante el amor? Porque Dios se glorifica cuando personas que tienen poco en común excepto Cristo, conviven en amor genuino. Esta es la razón por la que Pablo se emociona tanto en el capítulo 3 de Efesios, porque pueblos que anteriormente estaban en conflicto, como los judíos y los gentiles, ahora son una familia unida en la iglesia. Esta reconciliación sobrenatural hace que los ángeles en el cielo se postren en asombro.
Piensa en ello: ¿Por qué Dios muestra su gloria al mundo a través de nuestro amor en la iglesia? Porque nuestro amor modela, aunque sea solo un pálido reflejo, la unidad del amor en el Dios trino. Esto es exactamente por lo que Jesús ora al Padre en Juan 17:22-23: «La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado».
Nuestro amor mutuo, arraigado en nuestra comunidad en Cristo, es una imagen de la amorosa unidad de la Deidad.
Breve panorama del amor cristiano Por tanto, si el aspecto clave de la comunión cristiana es el amor, pasemos algo de tiempo reflexionando sobre lo que conlleva el amor. «Amor» es una palabra y un concepto tan común que tenemos que asegurarnos de que no se convierta en algo sin importancia. La sencilla definición de Jonathan Edwards es útil aquí. El amor es: «esa disposición o afecto por el cual uno es querido por otro». Como cristianos, nos amamos unos a otros porque Dios nos ama. Ser hijo de Dios implica amar lo que Dios ama. Y Dios ama a la iglesia, la ama tanto que la compró con su propia sangre. Así, el amor de Dios enseña que el amor no es simplemente una emoción o un sentimiento. El amor de Dios modela, entonces, que el amor no es meramente una emoción o un sentimiento, es una disposición hacia otro que se expresa en acciones concretas para lograr el bien supremo de esa persona.
Si eso es lo que es el amor, quiero que notemos algunas cosas. La primera es que, el amor cristiano es difícil. El amor nace en nuestros corazones, y nuestros corazones son el peor lugar de todos porque somos pecadores. ¿Por qué hay tantas exhortaciones en el Nuevo Testamento para que los cristianos se amen entre sí? ¡Porque necesitamos escuchar esto una y otra vez! En nuestra carne, preferimos una conversación fácil en lugar de una difícil. Preferimos relajarnos en vez de servir. Preferimos satisfacer nuestras necesidades que renunciar a nuestras preferencias. Y las personas a las que estamos llamados a amar también son pecadores. Nos decepcionan, dicen cosas incómodas e insensibles, rechazan nuestros consejos… lo que, por cierto, debería ayudarnos a apreciar más cuán paciente y misericordioso es Cristo con nosotros, porque nosotros hacemos lo mismo.
Lo segundo que quiero que observemos es que, si bien el amor cristiano puede ser difícil, podemos mostrar tal amor por la gracia de Dios. Amamos porque Dios nos amó primero (cf. 1 Juan 4:19). ¿Qué significa eso? ¿Se trata de un intercambio? Algo como por ejemplo: «¿Invitaré a esa persona a cenar porque ella me invitó la semana pasada?». No. Significa que nuestra capacidad de amor proviene del amor de Dios para con nosotros. Dios es la fuente y el modelo de nuestro amor. De nuevo, Edwards lo expresa maravillosamente bien: «Es a partir de los soplos del Espíritu [Santo] que surge el amor del cristiano, tanto hacia Dios como hacia los hombres. El Espíritu de Dios es un espíritu de amor. Y, por tanto, cuando el Espíritu de Dios entra en el alma, el amor entra. Dios es amor, y el que tiene a Dios viviendo en él por su Espíritu, tendrá al amor viviendo en él».
La manera más espectacular en la cual Dios nos ha mostrando su amor es entregándonos a su hijo unigénito para que no perezcamos, sino que tengamos vida eterna. Así, leemos en 1 Juan 3:16: «En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros, también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos».
En otras palabras, no podemos alcanzar la madurez para amar a los demás a no ser que nos esforcemos por alcanzar la madurez para comprender las dimensiones del amor de Dios. Mientras más apreciemos la magnitud del amor que Cristo nos has demostrado al morir por cada uno de nuestros pecados, más nuestras vidas estarán caracterizadas por el amor. ¿Quieres ser más amoroso? Jesús dijo: «Aquel a quien se le perdona poco, poco ama» (Lucas 7:47); cuando sabemos lo mucho que hemos sido perdonados, entonces nuestro amor fluye.
Y el tercer aspecto del amor cristiano es que, produce alegría. No solamente es difícil para los pecadores amar, es supremamente valioso. Amar a otros no solo les hace bien a ellos, nos da la clase de satisfacción para la que fuimos creados. El Salmo 133:1: «¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!». ¿Qué dice Juan en 2 Juan 12 cuando le escribe a una iglesia que conoce bien? «Tengo muchas cosas que escribiros, pero no he querido hacerlo por medio de papel y tinta, pues espero ir a vosotros y hablar cara a cara, para que nuestro gozo sea cumplido».
¿Cómo es la comunión amorosa? Manteniendo estos importantes principios en mente, quiero pasar el resto de la clase considerando cómo, en la práctica, podemos cumplir este mandamiento de amarnos unos a otros dentro de la iglesia. Cuando nuestra comunión se caracteriza por el amor de Cristo, ¿qué clase de comunión será? Identificaremos seis aspectos de la comunión amorosa.
6 aspectos de la comunión amorosa
(1) La comunión en la diversidad: El amor busca el entendimiento Como ya hemos discutido en este seminario, la comunión de la iglesia es única porque implica una diversa clasificación de personas todas unidas en torno a Cristo. ¿Qué significa esto para nuestras relaciones en la iglesia? Significa que el amor busca el entendimiento. El amor alcanza a quienes son distintos a ti, a quienes son «preciados» para ti a causa del evangelio, y busca entender sus anhelos y sueños, sus luchas y pecados, sus trasfondos y batallas. Busca la reconciliación donde ha habido desapego y busca una cálida amistad donde el mundo ha trazado líneas de separación.
Este es el motivo por el cual Santiago 2 es tan firme en señalar que no deberíamos mostrar favoritismo personal. Es la razón por la que Pablo dice en Romanos 12:16 que no debemos ser orgullosos, sino que debemos asociarnos con los humildes.
¿Puedes imaginar una iglesia así? Una comunidad en la que las personas se esfuerzan por hacer amistades reales e importantes con quienes tienen un trasfondo cultural diferente, con quienes no están en su mismo rango de edad, con quienes se encuentran en una etapa diferente de la vida, con quienes tienen una personalidad distinta… ¿Todo con Cristo en el centro? Hablamos extensivamente acerca de esto hace unas semanas, por lo que no repetiré lo que ya dijimos, pero quiero señalar algunas advertencias. Primero: ten cuidado con los estereotipos. A lo que me refiero es, no busques acercarte a alguien diferente a ti solo para marcar tu casilla personal de diversidad. No, procura acercarte a otros porque Cristo murió por ellos y porque quieres verlos crecer.
Y segundo, sé sensible al intentar acercarte para conocer a personas que son diferentes, reconociendo que tu manera de buscar entablar una amistad con ellos proviene de tu propia personalidad y cultura. Un buen consejo que recibí luego de la última clase acerca de este tema fue recordar que si pretendes hacerle a la gente una larga lista de preguntas para conocerlas, eso puede ser intimidante para algunas personas, si siempre comienzas preguntándole a alguien de dónde se mudó y en dónde estudió, eso hace suponer que la persona no es de aquí y que estudió, ¡pero esas cosas no siempre son ciertas para todos! Esto es solo algo a considerar.
Alabado sea Dios porque hay muchos ejemplos del amor que traspasa fronteras en nuestra iglesia. Pienso en Homere Whyte invitando a familias a cenar cuando era un universitario soltero; el grupo que se reunió recientemente para hablar acerca del libro Bloodlines (Genealogías) y la reconciliación racial; cómo Maxine Zopf siemore asiste a todas las despedidas de soltera de mujeres más jóvenes, podría seguir y seguir.
(2) La comunión en el servicio: El amor requiere sacrificio Segundo, nuestra comunión debería caracterizarse por un amor sacrificial. Somos una comunidad que se reúne no para ser servida, sino para servir. Escucha 1 Juan 4:10-11: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros».
Una forma de poder hacer esto en nuestra iglesia es llevando las cargas de otros, como dice Pablo que hagamos en Gálatas 6:2. Nuestro pacto congregacional declara que acordamos: «Llevar las cargas y los pesares de los demás». ¿Cómo? Esto significa estar al lado de alguien que atraviesa un tiempo difícil, espiritual, físico, el que sea y, literalmente, ayudarle a llevar su carga. Esto puede significar lidiar pacientemente con las luchas espirituales de alguien por un período de tiempo prolongado en una relación de discipulado. Es posible que signifique brindar recursos para ayudar a alguien que está en necesidad: alimentos, un préstamo, un aventón, entre otros. Puede significar renunciar a tus viernes por la noche para visitar a alguien que está enfermo. El servicio en la iglesia puede ciertamente implicar ofrecerse para ayudar en diferentes áreas: el cuidado de los niños, el sonido, el cuidado de los niños, la hospitalidad, el cuidado de los niños… Pero si eres la clase de persona que ama alistarse para «hacer cosas» en la iglesia, permíteme animarte a no ignorar el tipo de servicio que sucede principalmente en las relaciones personales que a menudo requieren más tiempo y pueden ser confusas.
Nuevamente, esto es, por la gracia de Dios, algo normal en nuestra iglesia; desde la máquina bien aceitada para proveer comidas para las familias que acaban de tener un bebé, o que están en enfrentando un tiempo de crisis hasta la forma en la que una multitud de miembros renunció a su servicio dominical para limpiar la propiedad de la señora Luisa y contribuir con su testimonio ante sus vecinos, hasta infinidad de otros ejemplos de amor como proveer a quienes están en necesidad con un lugar para alojarse, un empleo, un hombro para llorar toda la noche en el hospital.
(3) La comunión en la verdad: El amor conduce a la santidad Tercero, una iglesia cristiana es una comunidad que anda en la verdad. A diferencia de otras comunidades, nosotros debemos caracterizarnos por una transparencia inusual y una honestidad audaz al hablar la verdad de la Escritura entre nosotros. Y hacemos esto por un deseo de ver a otros crecer en santidad. Jesús le preguntó al Padre en Juan 17:17: «Santifícalos es decir, hazlos más santos y puros en tu verdad, tu palabra es verdad». Pablo le dijo a los colosenses: «La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros sabiduría» (Colosenses 3:16).
Pensemos en dos aspectos de esta comunión en la verdad. El primero es la transparencia: decir las verdades embarazosas acerca de ti. Santiago 5:16: «Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados». Esto no quiere decir que debes abrirte y confesar tus luchas más oscuras a todos los miembros de la iglesia, pero si no estamos abriéndonos con 1 o 2 personas, deberíamos preguntarnos por qué. ¿Tememos ser expuestos? ¿Ser reprendidos? ¿Tememos admitir que no tenemos todo bajo control? Considera que si escondemos nuestros pecados y faltas de quienes nos aman, les robamos la oportunidad de hacer un bien espiritual. Considera que si das ejemplo de transparencia, eso enseñará a otros lo que es humillarse, y les hará un bien espiritual.
El segundo aspecto es la proclamación: decir la verdad acerca de Dios y de su Palabra en todo tiempo, incluso cuando no es fácil que alguien la escuche. Pablo dice en Efesios 4:15: «Siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo». Esto incluye las interacciones normales en la iglesia. Incluye la relaciones de discipulado en las que nos reunimos con alguien del mismo género para leer un libro o estudiar la Biblia juntos con el único propósito de ayudarles a crecer espiritualmente.
Esto implica ejercer una supervisión espiritual mutua. Así, leemos en Hebreos 3:13: «Antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado». Cultiva la capacidad de exhortar en amor. La mayoría de nosotros nos alejamos de esto porque queremos evitar la confrontación, pero esto es algo amoroso. El pecado aspira engañar y nuestras mentes son propensas a divagar. Deberíamos cuidar especialmente a quienes parecen estar alejándose de la verdad. Levítico 19:17 enseña: «Razonarás con tu prójimo, para que no participes de su pecado». Cuando leemos en Santiago 5:19: «Hermanos, si alguno de entre nosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados».
¿Conoces a amigos que, durante un tiempo, parecían estar particularmente activos en la iglesia y se han apartado, o incluso han dejado de asistir a la iglesia con regularidad? Te animaría a hacerles una llamada o a almorzar con ellos para ver cómo están y qué está sucediendo.
Por supuesto, no solo debemos hablar la verdad unos a otros cuando se trata de un asunto de pecado. Todo el libro de Proverbios demuestra el valor de amigos sabios que pueden abordar hábitos y patrones generales en nuestras vidas. Un amor genuino por los demás examinará estas áreas: ¿Aceptar ese trabajo le ocasionaría estrés a tu familia?; ¿Hacer ese viaje de negocios te pondrá en una posición de tentación?; ¿Están orientados tus hábitos de invertir tiempo y dinero completamente hacia lo que Dios valora?
Alabado sea Dios porque esta es una iglesia en la que hablamos unos a otros con la verdad. Me encanta escuchar a Michael Reeb citar la Escritura los miércoles en las noches de estudio. Amo toparme con Alex Schuh en una cafetería, ver que se está reuniendo con una mujer de la iglesia y que su Biblia está abierta. Me encanta ver cómo Jean Durso comunica regularmente palabras de estimulo y aliento cuando hablo con ella antes de la iglesia.
(4) La comunión en el perdón: El amor extiende misericordia Cuarto, nuestra comunión no solo se diferencia por nuestra disposición a decir la verdad, pero también por nuestra disposición a perdonar y reconciliarnos cuando la comunión se ha roto. Pablo dice en Colosenses 3:13: «Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros».
El perdón de Cristo es la base para el nuestro. Cuando alguien peca contra nosotros, ¿cuál es nuestro instinto? Bien sea, alejarnos llenos de amargura: «Ya no quiero tener nada que ver con ellos; o ¡me vengaré y los haré pagar!». Pero ninguna de estas dos posiciones debería tener lugar en la iglesia. Dios no se ha apartado de esa persona, la ha adoptado en su familia. Y Cristo ya ha absorbido la justa ira de Dios por el pecado de esa persona, ya no es necesaria la «venganza». Así, los aspectos relacionales y judiciales del perdón de Dios hacen posible nuestro perdón. Como alguien a quien Dios le ha perdonando mucho, ¿cómo podríamos dejar que el pecado que Dios ya ha resuelto se interponga entre nosotros y nuestros hermanos y hermanas en Cristo? Recuerda la parábola del siervo infiel cuya deuda de un millón de dólares fue cancelada, pero que luego se indignó cuando alguien más no le pudo pagar a él una miseria. Perdonar desde una postura de misericordia, significa rehusarnos a dejar que el pecado se interponga en el camino de una relación amorosa, y rehusarnos a guardar rencor por el pecado de alguien.
¿Cómo podemos cultivar esta postura de misericordia, sabiendo que personas en la iglesia pecarán contra nosotros? Por un lado, deberíamos creer que los demás tienen buenas intenciones en sus palabras y acciones en lugar de saltar a conclusiones en nuestras mentes, sospechando algún intento malicioso. Una buena regla de oro es nunca suponer las intenciones de alguien. Sabes, pues percibir los hechos. Pero no siempre puedes percibir las intenciones. La humildad brinda el beneficio de la duda.
Considera que como cristianos pertenecemos a Cristo en la eternidad unos con otros. Un día habitaremos juntos en perfecta comunión, sin pecado entre nosotros. Por tanto, cuando veamos a otras personas en la iglesia, deberíamos recordar que estaremos eternamente unidos en Cristo. Estás amando a alguien que está en su camino a la perfección de Cristo en el que no habrá nada desencantador o abrasivo en él. Eso debería darnos paciencia y perspectiva, esta persona no siempre será difícil de amar.
(5) La comunión en el sufrimiento: El amor produce comodidad Quinto, la comunión cristiana es única porque el sufrimiento destruye nuestra comunidad, nos une. Pablo dice en 2 Corintios 1, versículos 4-5:
«[Cristo] nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación».
Esto quiere decir que nuestras relaciones deben caracterizarse por una compasión y una amabilidad que son un reflejo de la compasión de nuestro Salvador. Jesús amó de esta manera, me encanta el relato en Marcos 1:40-41: «Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio».
Jesús no tuvo que tocar al leproso para sanarlo, sino que lo hizo para expresar compasión y para demostrar que él no puede contaminarse, sino que él limpia al sucio y al abatido.
Como la iglesia, nosotros somos el cuerpo de Cristo. Experimentamos lo que Jesús experimenta. Esto significa que sufriremos y significa que seremos consolados por su Espíritu. Los cristianos no fueron hechos para sufrir solos. Si estás sufriendo, una de las formas en las que Dios quiere consolarte es a través de la iglesia. Si conoces a alguien que está sufriendo, es probable que ahora no sea el tiempo para esa palabra de reprensión, sino para el toque compasivo semejante al de Cristo. Es el tiempo para la palabra suave, el abrazo, la oración, para sentarse con alguien y escuchar.
Ofrecer consuelo a alguien que sufre realmente no es la clase de cosas que puedes marcar de tu lista ni es algo en lo que puedes alistarte. Primero debes construir relaciones, y luego cuando lleguen las pruebas, debes estar listo para estar disponible. Cuando nos reunimos los domingos, miro alrededor y veo a muchos que están sufriendo, con dolor y enfermedad, con infertilidad, con corazones rotos y duelo, con desesperación, con crisis financieras… pero también veo a muchos que hacen de su habito ofrecer consuelo a través de la oración, de su presencia, de ayuda práctica o simplemente cantando un poco más fuerte para que las canciones de ánimo puedan rodear a quienes se sienten demasiado débiles para cantar.
(6) La comunión como un solo cuerpo: El amor considera el todo Finalmente, existe un sexto aspecto a considerar. Hemos hablado acerca de amar a los demás como miembros individuales de nuestra iglesia. Pero la Escritura nos llama a amar y a estar comprometidos con toda la congregación, no solo con un subconjunto. 1 Corintios 10 resalta la realidad de que tomar la Cena del Señor juntos como iglesia nos une como un solo cuerpo. ¿Pero cómo podemos ser fieles para amar a toda la congregación cuando simplemente no es factible conocer bien a todos los miembros de la iglesia? Cuatro sugerencias breves:
Primero, ora por el directorio de la iglesia, una página o dos cada día. Esa es una excelente forma de amar y servir a toda la congregación. Si no conoces las necesidades particulares de algunos miembros, entonces ora por ellos de manera general, usa algunas de las oraciones que vemos a Pablo orar en el Nuevo Testamento.
Segundo, podemos amar a toda la congregación al edificar a algunas personas a través del discipulado, la enseñanza, etc., para que a su vez ellos puedan tomar lo que han aprendido y ministrar a otros en la congregación. Por tanto, haz que sea una parte clave de tu discipulado, enseñarle a quienes discípulas cómo discipular a otros. Otro aspecto de esto es cuando sirves cuidando de los niños, amas a todas la congregación al permitir que muchos padres sean discipulados por la enseñanza de la Palabra. Gracias por hacer eso.
Tercero, una de las cosas más amorosas y prácticas que podemos hacer es dar nuestras ofrendas fiel y generosamente por el bien de toda la congregación.
Y cuarto, podemos comprometernos a asistir a las reuniones de miembros. Que no te engañen todos los folletos y las gráficas de presupuesto, estas reuniones no tratan únicamente de negocios. Aquí es donde mostramos amor a los miembros nuevos al afirmar su profesión de fe, y a los miembros que se van al aceptar sus dimisiones. Es donde supervisamos la misión y la salud de la iglesia, es decir, es donde mostramos amor por toda la congregación e interés por lo que hace el cuerpo.
Conclusión Al preparar esta clase, observé que los apuntes acerca de este material tenían los nombres de muchas personas que fueron grandes ejemplos de amor en esta iglesia. Pero las notas eran de hace algunos años, y muchas de esas personas ya no están. Dios ha hecho que salieran o las ha llamado a casa. Eso fue aleccionador para mí. Me recordó que, siempre y cuando Dios esté con nosotros en esta tierra, seguiremos amándonos hasta el último día. Nosotros en CHBC nos derramaremos en amor por más personas cada año incluso cuando cada año, algunos de nuestros hermanos y hermanas digan adiós. Ese es nuestro llamado lleno de gozo. Y aun en el último día, ¿qué permanecerá cuando este mundo con todo su brillo y glamur pase? El amor. Pablo dice que las profecías se acabarán y cesarán las lenguas y la ciencia, pero el amor nunca dejará de ser (cf. 1 Corintios 13:8). Jonathan Edwards dijo: «El cielo es un mundo de amor». Allí, nuestro amor por los demás será perfecto y completo porque fluirá eternamente de Aquel que es Amor.
Viernes 11 Agosto Publiqué ayuno allí junto al río Ahava, para afligirnos delante de nuestro Dios, para solicitar de él camino derecho para nosotros, y para nuestros niños, y para todos nuestros bienes. Porque tuve vergüenza de pedir al rey tropa y gente de a caballo… porque habíamos hablado al rey, diciendo: La mano de nuestro Dios es para bien sobre todos los que le buscan; mas su poder y su furor contra todos los que le abandonan. Esdras 8:21-22 Después de la cautividad en Babilonia (23) Guía y protección Cuando Esdras reunió a los que se dirigían a Jerusalén junto al río Ahava, no encontró a ningún levita entre ellos (v. 15). Es triste decirlo, pero los hombres llamados por Dios a su servicio son escasos en la mayoría de los grupos que buscan conocer la forma en que Dios quiere que su pueblo se reúna. Pero Esdras, eventualmente, encontró levitas “sirvientes del templo” (v. 17), y para acompañarlos, netineos (leñadores y aguadores, personas que realizaban los servicios más humildes). Hoy en día también se necesitan obreros con un corazón dispuesto.
Antes de emprender el largo viaje, Esdras proclamó un ayuno para humillarse y buscar el “camino derecho” para ellos, sus hijos y sus posesiones. Años antes, el Faraón había intentado llegar a un acuerdo con Moisés, tratando de impedir que los israelitas salieran de Egipto. Su propuesta fue: “Dejen sus hijos y sus posesiones aquí” (véase Éx. 10). Moisés no cayó en esta trampa, ni tampoco lo haría Esdras. En aquellos días, Dios ya no guiaba a su pueblo mediante una columna de nube o de fuego. De forma similar, desde el comienzo de la era cristiana, ya no hay señales y prodigios como los que hacía Dios entonces. Pero Dios sigue respondiendo a las oraciones sinceras y humildes de su pueblo.
Su pueblo no necesita recurrir a las autoridades para que lo protejan. A Esdras le dio vergüenza pedir al rey una escolta militar. Había sido testigo del fiel cuidado de Dios por su pueblo. Una vez más, Dios protegió fiel y magistralmente a los que confiaron en él. Todo el grupo de viajeros, con sus niños, bienes y tesoros, llegaron sanos y salvos a su destino.
Jueves 10 Agosto Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. 2 Corintios 3:17 Libertad cristiana (2) Hemos visto que la verdadera libertad cristiana nos permite servir al Señor, no por miedo y obligación, sino por gratitud y amor. Nos permite centrarnos en los demás y no en nosotros mismos.
¡El versículo de hoy nos muestra cómo encontrar esta libertad! ¡La encontramos cuando nos enfocamos en la Persona de Cristo! En el contexto de 2 Corintios 3, Pablo insiste en que Cristo es la clave del Antiguo Testamento. Muchos ven en este versículo 17 una clara declaración de la deidad del Espíritu Santo, pero lo que hay que destacar en este pasaje es que todos los tipos y sombras del Antiguo Testamento hallan su cumplimiento en Cristo. Por lo tanto, este versículo realmente nos está alentando, diciéndonos que donde se reconoce a Jesucristo como Señor, ¡allí hay libertad!
Romanos 8:15 nos recuerda que el Espíritu Santo nos introduce a una vida de libertad: “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!”. El trabajo del Espíritu Santo en nuestras vidas es dirigirnos a la persona de Cristo (Jn. 16:13-15). Al contemplarlo, somos transformamos a su imagen (2 Co. 3:18) para que su luz en nosotros brille en el mundo perdido en el que vivimos (2 Co. 4:1-7).
Pablo fue un maravilloso ejemplo de ello, como vemos en 2 Corintios 4:7-11. ¡Él vivió la realidad de la verdadera libertad cristiana! Llevó la muerte del Señor Jesús en su cuerpo, ¡para que así la vida de Jesús también se manifestara en su cuerpo! Estaba dispuesto a que su “vaso de barro” se rompiera para que la luz del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo pudiera verse a través de él. ¡Esta es la libertad de Cristo!
¿Eres un hombre de integridad? Introducción: La integridad es un aspecto vital del carácter cristiano. Engloba la honestidad, la rectitud moral y la adhesión constante a los estándares de Dios en todas las áreas de la vida. Como hombres cristianos, nuestro objetivo debe ser reflejar el carácter de Cristo, quien personificó una integridad perfecta. En este artículo, exploraremos la importancia de vivir una vida marcada por la integridad, comprendiendo su fundamento bíblico y descubriendo formas prácticas de cultivarla en nuestra vida diaria. Punto 1: Comprendiendo el Fundamento Bíblico de la Integridad Definición de Integridad: La integridad, según la Biblia, va más allá de simples apariencias externas. Implica la alineación de nuestros pensamientos, palabras y acciones con la verdad y la justicia de Dios. Proverbios 10:9 dice: «El que camina en integridad anda confiado; más el que pervierte sus caminos será descubierto». Este versículo enfatiza que una persona íntegra camina con confianza, sabiendo que está guiada por los principios de Dios. Imitar el Ejemplo de Cristo: Jesucristo es nuestro modelo supremo de integridad. Demostró consistentemente una perfecta alineación entre su carácter, sus palabras y sus acciones. En Juan 8:29, Jesús dice: «Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo siempre hago lo que le agrada». Como hombres cristianos, estamos llamados a imitar el ejemplo de Cristo y esforzarnos por tener integridad en todos los aspectos de nuestras vidas. Punto 2: La Importancia de la Integridad Un Reflejo del Carácter de Dios: La integridad no es simplemente una virtud personal; es un reflejo del propio carácter de Dios. Salmo 25:21 dice: «Integridad y rectitud me guarden, porque en ti he esperado». Cuando vivimos vidas de integridad, honramos a Dios y señalamos a otros hacia su justicia. Nuestro compromiso con la honestidad y la rectitud moral se convierte en un testimonio del poder transformador del evangelio. Ganar Confianza e Influencia: La integridad es el fundamento de la confianza y la influencia. Cuando otros ven que vivimos consistentemente según nuestras convicciones, es más probable que confíen en nosotros. Proverbios 20:7 afirma esto al decir: «El justo camina en su integridad; ¡dichosos serán sus hijos después de él!». Al cultivar la integridad, impactamos no solo nuestras propias vidas, sino que también influenciamos positivamente a quienes nos rodean, incluyendo a nuestras familias y las futuras generaciones. Punto 3: Cultivando la Integridad en la Vida Diaria Cuidando Nuestros Corazones y Mentes: Cultivar la integridad requiere esfuerzo intencional. Proverbios 4:23 nos aconseja: «Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida». Debemos cuidar nuestros corazones y mentes contra las influencias corruptoras del mundo. Sumergirnos regularmente en la Palabra de Dios y buscar su guía a través de la oración nos equipa para tomar decisiones justas y mantener la integridad. Responsabilidad y Comunidad: Ser parte de una comunidad de creyentes brinda responsabilidad y apoyo en nuestra búsqueda de la integridad. Proverbios 27:17 dice: «El hierro con hierro se aguza; y así el hombre aguza el rostro de su amigo». Rodearnos de personas afines que nos animen y nos desafíen a vivir con integridad es crucial. Esto incluye participar en una iglesia local, unirse a un grupo pequeño o encontrar un mentor que nos ayude a crecer en esta área. Tomar una Postura y Hacer Enmiendas: La integridad a menudo nos exige tomar una postura por lo que es correcto, incluso cuando es difícil. Efesios 4:25 nos recuerda: «Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros». Cuando cometemos errores, es esencial humillarnos, buscar perdón y hacer enmiendas. Una persona íntegra asume la responsabilidad de sus acciones y busca la reconciliación. Conclusión: La integridad no es un atributo opcional para un hombre cristiano; está en el núcleo de nuestra identidad como seguidores de Cristo. Al comprender el fundamento bíblico de la integridad, reconocer su importancia como un reflejo del carácter de Dios y cultivarla intencionalmente en nuestra vida diaria, podemos esforzarnos por ser hombres de integridad que glorifiquen a Dios en todo lo que hacemos. Al imitar el ejemplo de Cristo, ganar confianza e influencia, y buscar activamente la integridad, nos convertimos en catalizadores de un cambio positivo en nuestras familias, comunidades y en el mundo que nos rodea. Que busquemos continuamente la guía y el poder del Señor mientras nos embarcamos en este viaje de vivir vidas marcadas por la honestidad, la integridad y la rectitud moral. __ Edgar Nazario
Miércoles 9 Agosto Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Mateo 5:16 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles. Marcos 8:38 Mostrar nuestros verdaderos colores Hace mucho tiempo, cuando Francia e Italia estaban en guerra, un hombre que vivía en la zona fronteriza se vio muy afectado por estas batallas, ya que su propiedad estaba justo en la frontera de estas dos naciones en guerra. Para garantizar su seguridad, se había hecho una chaqueta reversible con las banderas francesa en un lado e italiana en el otro. Mientras observaba el desarrollo de la batalla, llevaba los colores de los vencedores en el exterior para demostrar su lealtad a los ganadores. Así es como trató de vivir pacíficamente, disfrutando del favor de uno u otro de los dos enemigos.
No hay nada inusual en las acciones de este hombre. Simón Pedro, el discípulo audaz y seguro de sí mismo, le dijo al Señor: “Mi vida pondré por ti” (Jn. 13:37). Pero cuando entró en la casa del sumo sacerdote, donde el Señor fue llevado bajo arresto, fue reconocido y denunciado como uno de los seguidores de Jesús. Sin embargo, negó al Señor, maldiciendo y jurando no conocerlo. De esta forma, Pedro, simbólicamente, le dio vuelta a su chaqueta y ocultó sus verdaderos colores.
Pero luego vemos cómo actuaron José de Arimatea y Nicodemo. Después de la muerte del Señor Jesús en la cruz, José, un discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, dejó de ocultarse y se identificó con Cristo, junto con Nicodemo. Lo hicieron cuando muchos habían huido. Estos dos discípulos cuidaron del cuerpo de su Señor cuando su rechazo por parte de los hombres estaba en su punto más álgido.
¿Qué hay de nosotros? ¿Mostramos nuestros verdaderos colores!
1. Introducción Quiero iniciar haciendo una pregunta relacionada con quién toma las decisiones en nuestra iglesia. Si eres miembro de CHBC, cuando asistes a las reuniones de miembros, a menudo puede dar la sensación de que los ancianos son quienes toman las decisiones y lideran a la iglesia. Si ese es el caso, ¿cuál es el rol de la congregación en la toma de decisiones?
Eso es en lo que queremos considerar el día de hoy: el gobierno de la iglesia. No estoy seguro de que muchos de nosotros despertamos a mitad de la noche preocupados por el gobierno de la iglesia. Con toda honestidad, el gobierno de la iglesia no es algo en lo que la mayoría de los cristianos piensan. Es como un pistón en el motor de un carro. Sabemos que es importante, pero no pensamos mucho en ello. Sin embargo, si no estuviera allí o estuviera roto, definitivamente lo notaríamos.
Esa es la razón por la que queremos dedicar toda una clase para hablar acerca del gobierno de la iglesia, ya que es una parte fundamental para que la iglesia se mantenga fiel a su misión dada por Dios durante muchas, muchas décadas. Y mientras más conocemos cómo funciona el gobierno de la iglesia, podemos ajustar mejor la manera en la que vivimos como miembros de una congregación para promover la unidad de la misma.
Para comenzar, definamos qué es el gobierno de la iglesia. El gobierno de la iglesia es el sistema a través del cual se toman las decisiones en la iglesia, donde reside la autoridad. Así que, por ejemplo, ¿de la pregunta acerca de qué debería contener nuestra declaración de fe? La forma en la que decidimos esa pregunta depende de nuestro sistema de gobierno. El gobierno de la iglesia puede ser una gran herramienta para la unidad, o un gran oponente de la unidad en la iglesia. Si piensas en quién detenta la autoridad para la toma decisiones en una familia, demuestra cuán crucial es este concepto: cuando los niños quieren comer helado en la cena y quedarse despiertos hasta la 1 de la madrugada, necesitan que se les recuerde que mamá y papá están a cargo, no ellos. Asimismo, necesitamos saber quién detenta la autoridad en la iglesia.
El gobierno de la iglesia es importante porque Dios escribió al respecto en su Palabra. Por lo que él recibe la gloria cuando seguimos sus instrucciones. Y cuando lo hacemos, la autoridad correcta debería proteger y hacer prosperar la unidad de la iglesia.
Dicho eso, permíteme presentar un breve bosquejo para nuestro tiempo esta mañana. Veremos los dos principales oficios de liderazgo en la iglesia dados en la Escritura, los ancianos y los diáconos. Luego estudiaremos el rol de la congregación como la máxima autoridad en la toma de decisiones. Al considerar estos temas, queremos enfocarnos especialmente en la unidad: cómo organizar la iglesia según la Escritura promueve la unidad, y cómo podemos cada uno vivir dentro de esa organización para incrementar el amor y el testimonio de nuestra iglesia.
Los oficios bíblicos en la iglesia Primero veamos los cargos en la iglesia que se describen en la Biblia: los ancianos y los diáconos.
No pasaré mucho tiempo describiendo estos oficios porque muchos de nosotros estamos familiarizados con ellos y habríamos sido presentados a ellos en las clases de membresía. Sin embargo, para nuestros fines de hoy quiero enfocarnos en el beneficio que estas estructuras de autoridad proveen para la unidad en la iglesia.
A. Los ancianos
Comencemos con el oficio de anciano. El término anciano (o, en griego, presbuteros), se usa de manera intercambiable para supervisor u obispo (Episkopus) y pastor (Poimenas)[1]. (cf. Hechos 20-17-37).
Los ancianos son responsables de la supervisión espiritual de la iglesia. Por eso, en Hechos 20:28, Pablo les dice a los ancianos de Éfeso: «Mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre».
Vemos en Hechos 6 que los ancianos deben dedicarse especialmente a la oración y al ministerio del mundo. También son responsables de gobernar el cuerpo de la iglesia. 1 Timoteo 5:17: «Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor»; (cf. 1 Pedro 5:2-5).
Ahora bien, con ese trasfondo en mente, permíteme sugerir cuatro formas de tener un obispado bíblico que promueva y proteja la unidad de la iglesia:
Primero, este modelo de liderazgo delega la autoridad en quienes están más capacitados para ejercerlo. Encomienda los principales deberes de la predicación y la enseñanza, junto con la autoridad para tomar decisiones importantes, a quienes reúnen ciertos requisitos establecidos en 1 Timoteo 3 y Tito 1:6-9 (1 Timoteo 5:17; Hebreos 13:17)[2]. Así como es probable que no le confíes tu cuidado médico a alguien sin un doctorado médico, la iglesia se asegura de que a quienes se les encomiende las responsabilidades más significativas reúnan cierto criterio bíblico que determine su carácter y capacidad de servicio. Esto fomenta la unidad porque reconocemos un estándar común que los ancianos deberían cumplir.
Segundo, el liderazgo de los ancianos coloca la responsabilidad especial por la salud espiritual de la membresía en manos de quienes tienen una responsabilidad especial ante Dios. Así en Hebreos 13:17, leemos que los ancianos: «velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta». Esto quiere decir que si tenemos ancianos piadosos, ellos nos guiarán como hombres que temen a Dios primero, no a nosotros. Dios los responsabiliza de obedecer. Efesios 4:12-13 dice que el trabajo de los pastores es preparar a la iglesia para obras de servicio para que todos podamos llegar a la unidad en la fe.
Una tercera forma en la que el liderazgo promueve la unidad es por medio del mandamiento de Dios para los miembros de «obedecer» a sus pastores y «someterse a su autoridad» (cf. Hebreos 13:17). Cuando nos sometemos juntos a la autoridad, eso fomenta la unidad. ¿Por qué? Piensa en esta postura de sumisión: la sumisión hace que seamos más humildes y menos orgullosos, más respetuosos y menos desafiantes. Al igual que en el hogar, o en nuestra propia relación con Dios, reconocer con humildad la autoridad correcta trae beneficios. Hebreos 13:17 dice: «Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; para que lo hagan con alegría y no quejándose, porque esto no es provechoso».
Ahora bien, a muchas personas, principalmente en mi generación, les incomoda la idea de la autoridad en cualquier parte, sin mencionar la iglesia. La autoridad puede ser abusada. Puede ser desviada pecaminosamente. Pero Dios inventó la autoridad. Es por nuestro bien como congregación. También es por el bien de los miembros individualmente, porque aprender a confiar en la autoridad es bueno para nosotros espiritualmente. En la iglesia, cuando la autoridad de los ancianos se usa con el consentimiento de la congregación por su bien, la congregación se beneficiará a medida que Dios edifica a su iglesia.
Como miembros, estamos llamados a someternos; pero, por otro lado, los ancianos están llamados a ejercer su autoridad correctamente. Así, en 1 Pedro 5, dirigiéndose a los ancianos, Pedro les dice: «Apacentad la grey de Dios, no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey» (versículos 2-3). Los ancianos deben caracterizarse por usar su autoridad de una manera que demuestre que entienden que la iglesia no les pertenece a ellos, sino a Cristo. Deben tener un corazón de siervo y exhibir esa misma humildad que exhibió Cristo.
Cuarto y por último, el modelo bíblico del liderazgo de los ancianos promueve la unidad al establecer una pluralidad de ancianos, en lugar de hacer que el liderazgo de la iglesia descanse pesadamente sobre los hombros de un solo hombre. En Hechos 14:23, leemos: «Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído».
Y muchos otros versículos respaldan esta idea de un liderazgo plural. ¿De qué manera el tener varios ancianos fomenta la unidad?
Por una parte, es más probable que las decisiones tomadas por los ancianos de manera colectiva y no por un solo anciano sean más apoyadas por toda la congregación. Piensa en Proverbios 15:22: «Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; mas en la multitud de consejeros se afirman». Contar con una pluralidad de ancianos significa que los ancianos deben ser humildes al relacionarse entre sí, y su humildad debe ser un modelo para toda la iglesia. Por otra parte, una pluralidad de ancianos aumenta la confianza de los miembros en el proceso de toma de decisiones mientras que aligera la carga del pastor de tener que soportar todas las críticas por una decisión.
Además, la pluralidad de ancianos permite que el liderazgo conozca mejor a la congregación. Es más fácil que varios ancianos conozcan y cuiden de diferentes partes de la congregación que un solo pastor. Con una pluralidad de ancianos, es menos probable que los miembros de la iglesia se sientan olvidados, o que sientan que no tienen acceso al liderazgo.
Aplicación:
Entonces, ¿cómo este entendimiento del oficio de anciano cambia la manera en la que vivimos como miembros de la iglesia para que podamos desarrollar nuestra unidad como congregación?
Primero, y esto es obvio, deberíamos obedecer a nuestros ancianos y sujetarnos a su liderazgo. La autoridad de los ancianos en este asunto está vinculada a la fiel enseñanza de la Escritura, por tanto, Hebreos 13:7 dice: «Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios».
Ahora, ¿esto significa que un anciano puede decirte que compres un carro azul en vez de uno rojo? No. Los ancianos tienen autoridad para guiar a la congregación al explicar la Palabra de Dios y aplicarla en circunstancias específicas. Ellos brindan sabiduría piadosa sobre principios y verdades bíblicas. Por lo que los miembros deberían obedecerlos. En unas semanas, dedicaremos gran parte de nuestra clase a la pregunta de qué hacer cuando no estamos de acuerdo con ellos. Pero, por lo general, debemos obedecerlos.
Segundo, esfuérzate por hacer que los ancianos trabajen con alegría y no quejándose. Sabemos de Hebreos 12:17 que esto no es bueno. Así que, busca formas de animar a los ancianos y de orar por ellos. Parte de eso implica la percepción que creamos de los ancianos ante los demás, especialmente ante creyentes más nuevos; la manera en la que hablan acerca de los ancianos con otras personas, y la forma en la que se acercan a los ancianos en las reuniones de miembros. Esto no quiere decir que nunca hagamos preguntas de los ancianos o les pidamos que expliquen a qué se refieren, significa que lo hacemos de un modo que supone lo mejor, y ayuda a que otros se alinean a la manera en la que los ancianos lideran.
Tercero, considera las capacidades de quienes son presentados como posibles ancianos. Aunque deberíamos darle gran peso a las recomendaciones que hacemos a los ancianos de un nuevo anciano prospecto, también deberíamos esforzarnos por conocerlos. Si no conoces a un posible anciano, busca la oportunidad entre el tiempo en que la persona es nominada y cuando la congregación vota por él (aproximadamente dos meses), habla con él, hazle preguntas. De hecho, la constitución de nuestra iglesia dice que solo podemos votar en contra de reconocer a un anciano prospecto si hemos hablado con ese anciano con tiempo de antemano acerca de nuestras inquietudes. La razón detrás de ello es simple: Si tienes alguna clase de preocupación por la capacidad de ese individuo de liderar a esta congregación que sea lo suficientemente significativa como para que retengas tu voto, podría ser una buena razón para que los ancianos remuevan la nominación de esa persona.
En todo esto, recuerda que nuestros ancianos sirven como pastores supervisados por el Gran Pastor. No serán perfectos como Jesús lo es. Cuando lideran como Jesús, debemos animarles. Deberíamos seguirles como ellos siguen a Cristo.
B. Los diáconos
La segunda clase de oficio claramente establecida en la Escritura es el oficio de diácono. En el Nuevo Testamento, la palabra diakonos puede traducirse como diácono o servidor, que se refiere al servicio en general. Los diáconos se encargan de los detalles prácticos de la vida de la iglesia tales como la administración, el mantenimiento y el cuidado de los miembros de la iglesia con necesidades físicas (cf. Hechos 6:1-6).
Los requisitos para los diáconos aparecen en 1 Timoteo 3:8-12, y son similares a los requisitos de los ancianos. Sin embargo, existen dos diferencias notorias. A diferencia de los ancianos, los diáconos pueden ser mujeres y hombres. En segundo lugar, en contraste con los ancianos, a los diáconos no se les exige ser aptos para enseñar (cf. 1 Timoteo 3).
Entonces, ¿de qué manera un entendimiento bíblico correcto de la relación entre diáconos y ancianos fomenta la unidad dentro de la iglesia? En Hechos 6, vemos algo de la raíz de la distinción en los roles y las responsabilidad de los diáconos y de los ancianos. En el capítulo 6, versículo 1, leemos que los judíos griegos se quejaban de los judíos hebreos porque sus viudas estaban siendo desatendidas en la distribución diaria de los alimentos.
Y así, en base a la recomendación de los apóstoles, la iglesia eligió diáconos para hacer que la distribución de la comida entre las viudas fuera más equitativa (versículos 2-5). De allí, vemos tres formas en las que los diáconos contribuyen a la unidad de la iglesia.
Primero, los diáconos cuidan de todos los miembros de la iglesia. Su trabajo entre las viudas en Hechos 6 era importante porque el descuido físico de las viudas griegas estaba causando desunión espiritual. Un grupo de cristianos estaba comenzando a quejarse en contra de otro grupo, y de una forma específicamente peligrosa, entre líneas culturales. Esto parece ser lo que, en particular, llamó la atención de los apóstoles, los diáconos resolvieron la situación y preservaron la unidad.
Segundo, los diáconos en Hechos hicieron posible que los apóstoles dedicaran su tiempo al ministerio de la Palabra y a la oración. En los versículos 2-4 de Hechos 6, leemos:
«Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra».
Actualmente, los diáconos desempeñan el mismo rol en el apoyo del ministerio de los ancianos. Nuestros ancianos a menudo pueden pasar 1 o 2 horas en oración en sus reuniones precisamente porque los diáconos coordinan gran parte del ministerio de la iglesia. Esta es una imagen viva de la unidad: los diáconos procurando servir con humildad mientras que los ancianos enseñan y dirigen, cada uno abrazando el rol que Dios les ha dado.
Finalmente, una tercera manera en la que los diáconos cultivan la unidad es distribuyendo el trabajo en toda la congregación. Esto evita que una cantidad desproporcionada del trabajo caiga solo sobre unos pocos miembros; y permite que todos los miembros tengan la oportunidad de participar en el gozo de servir a los demás.
¿Cuáles son algunas de las implicaciones del trabajo de los diáconos para el resto de nosotros? Un par de comentarios:
Primero, este entendimiento de los diáconos debería orientar nuestra elección de los diáconos. Si los diáconos son quienes deben estimular la unidad, entonces quienes sirven en esta área deberían ser «unidores y no divisores». No deberían preocuparse por proteger su territorio, no deberían ser la clase de personas que siempre están alardeando de sus grandes ideas. No son como una segunda casa de legislatura, compitiendo con los ancianos. En cambio, vienen en nombre de toda la congregación a servir necesidades particulares, sí, pero con el propósito de contribuir a todo el cuerpo.
Segundo, como miembros, debemos apoyar a los diáconos ofreciendo nuestra ayuda en sus distintos ministerios. Al hacerlo, promovemos la unidad en la iglesia al animar a los diáconos, servir a la congregación y ayudar a distribuir el trabajo equitativamente. Hablaremos más detalladamente acerca de servir en la iglesia en la semana 11.
El congregacionalismo Bien, hasta ahora hemos considerado los oficios de la iglesia establecidos en la Escritura. ¿Pero qué hay de la forma de gobierno de la iglesia? ¿Quiénes deben tener la última palabra en asuntos de la iglesia?
Cuando leemos la Biblia, vemos que es la congregación la que tiene la autoridad suprema en tres asuntos particularmente significativos en la vida de la iglesia: la disciplina, la membresía y la doctrina. Así, el peso de la Escritura respalda una forma de gobierno congregacional (y con ello, me refiero a que la congregación es la corte de apelación final).
Así que, primero, sabemos gracias a Mateo 18 (versículos 15-17), que la congregación tiene la última palabra en asuntos de disciplina. Si un miembro ha pecado contra otro, y se rehúsa a escuchar incluso luego de ser confrontado por otros miembros, Jesús dice en Mateo 18:17: «Dilo a la iglesia».
Asimismo, en 1 Corintios 5, vemos que solo la congregación tiene la autoridad para disciplinar a los miembros. Pablo dice en 1 Corintios 5:4: «En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús». También, en 2 Corintios 2 (versículos 6-8), Pablo insta a toda la iglesia a readmitir a alguien que había sido expulsado previamente de la iglesia en Corinto, y que aparentemente se había arrepentido, así que vemos en este ejemplo que la congregación también posee la máxima autoridad sobre asuntos de membresía.
Por último, este es el caso en relación con asuntos de doctrina. En Gálatas 1:8 Pablo dice a los cristianos en las iglesias, no solo a los pastores: «Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema». Y muchas otras veces en el Nuevo Testamento, se responsabiliza a la iglesia por malas enseñanzas, no a los líderes (cf. 2 Timoteo 4:3-4). Por tanto, la iglesia es finalmente responsable por asuntos doctrinales.
La pregunta para nosotros es: ¿Esta autoridad congregacional ayuda a nuestra unidad como congregación?
Creo que la respuesta es sí. Por un lado, esta autoridad nos da como miembros una gran cantidad de mayordomía en la iglesia local. Hay una responsabilidad, un sentido de que tenemos que responderle a Jesús por la manera en la que desempeñamos nuestro rol. Si la salud de la iglesia dependiera finalmente de los líderes, podríamos sentarnos y relajarnos. Pero si depende de nosotros, deberíamos estar interesados en la salud del cuerpo, lo que debería llevarnos a cuidarnos y amarnos los unos a los otros, y hacer todo lo que podamos para procurar la unidad.
Esta autoridad también fomenta la unidad al permitir que la congregación proteja la pureza del evangelio, que es lo que nos une como cristianos. La congregación sirve como una cerca para proteger a la iglesia contra falsas enseñanzas o disciplinar a un miembro que está en pecado impenitente. Piensa en el observador que está por encima de alguien que está levantando pesas con una carga extremadamente pesada. Si el levantador de pesas está en peligro, el observador ejerce su autoridad, interrumpe el ejercicio y se hace cargo. Al igual que ese observador, la congregación está llamada a salvaguardar el evangelio y asegurarse de que se conserve. Y este arreglo tiene sentido. La historia nos enseña que es más probable que se descarríen algunos líderes de la iglesia que toda una congregación de creyentes regenerados que conocen el evangelio y están llenos del Espíritu Santo[3].
Eso nos lleva a nuestro último tema de hoy: el equilibrio entre el liderazgo de los ancianos y el congregacionalismo. Hemos visto que la Escritura enseña la idea del liderazgo de los ancianos en la iglesia (de hecho, Hebreos 13 declara que los miembros deben obedecer a sus líderes y sujetarse a su autoridad (cf. 1 Timoteo. 5:17)) y, sin embargo, hemos visto que la Escritura delega a la congregación la última palabra en ciertos asuntos de importancia. Esta tensión hace surgir dos preguntas:
La primera es: ¿Qué hay de los otros asuntos que se dan en la vida de la iglesia además de la disciplina, la doctrina, la membresía y las disputas personales? Así que, por ejemplo, en situaciones como: ¿Deberíamos hacer renovaciones en parte del edificio o proveer recursos para un misionero en el extranjero? ¿Debería la congregación tener la última palabra en esta clase de asuntos? Bien, el Nuevo Testamento no aborda esta pregunta. Por lo que, cuánto debería involucrarse una congregación corporativamente en asuntos de presupuesto, misiones, entre otros, es algo que debe tratarse con discreción y prudencia. Nuestra constitución, por ejemplo, exige una votación congregacional para aprobar el presupuesto anual; para escoger a los ancianos, elegir a los diáconos y convocar al pastor principal y a los pastores asociados, entre otras cosas.
La segunda pregunta es: ¿Cómo podemos obedecer el mandamiento bíblico de obedecer y sujetarnos a nuestros líderes y, al mismo tiempo, ejercer nuestra responsabilidad como miembros de guardar la pureza del evangelio?
Bien, una manera útil de pensar en esto es considerar la importancia y la claridad del problema.
Por ejemplo, digamos que el tema acerca de si la Biblia es la Palabra de Dios inspirada, o si solo partes de la Biblia son inspiradas. El asunto es importante y claro, la Biblia en su totalidad es inspirada. Esta es la clase de asunto doctrinal que si los ancianos enseñan algo falso, la congregación no debería posponer. Aquí es donde la congregación tiene el deber de intervenir como el observador para preservar la integridad del mensaje del evangelio.
Por otra parte, ¿qué pasa si la congregación debería aprobar la recomendación de los ancianos de que un posible miembro sea admitido en la membresía? Esto también es algo serio, pero en la mayoría de los casos, no será tan claro para toda la congregación porque no todos los miembros pueden conocer el testimonio de esa persona íntimamente. Esta es la clase de área en la que es más importante para la congregación confiar en los ancianos. En muchos sentidos, es en esta clase de problemas donde los ancianos sirven más particularmente a la iglesia al hacer el trabajo específico de entrevistar y considerar a los posibles miembros. Debido a que la membresía requiere la aprobación congregacional, debemos informar esa decisión lo antes posible, y si tenemos una buena razón para dudar de la recomendación de los ancianos, deberíamos avisarles, pero generalmente, esta es un área en la que debemos confiar en los ancianos.
Entonces, ¿cómo podemos nosotros, como miembros, contribuir a la unidad participando en el proceso de toma de decisiones de la iglesia? Déjame sugerir dos modos de hacerlo:
Primero, deberíamos tomar seriamente la responsabilidad que tenemos de proteger a la iglesia de las falsas doctrinas y del error. Me encanta cómo se describe a los bereanos en Hechos 17:11: «Y estos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así». Si crees que existe un error doctrinal que se esté enseñando desde el pulpito, entonces eres responsable de aprender más al respecto, e ir a hablar con un anciano en persona para averiguar lo que el pastor o los ancianos creen acerca de ese punto. Si alguna vez llegan a alejarse de nuestra declaración de fe, la congregación debe intervenir.
Segundo, deberíamos considerar seriamente los privilegios y las responsabilidades de nuestra membresía, incluyendo nuestro privilegio de votar. Por tanto, deberíamos asistir a las reuniones de los miembros de la iglesia, que se llevan a cabo cada dos meses, y deberíamos participar en las diferentes votaciones que vengan. Esta es otra manera en la que podemos promover la unidad en la congregación. Al votar junto con el resto de la congregación en asuntos importantes tales como la aprobación del presupuesto o la elección de nuevos ancianos, demostramos nuestra conformidad (suponiendo que estamos de acuerdo) con los ancianos y el resto de la iglesia en estos asuntos.
Conclusión Al reflexionar sobre nuestra autoridad como iglesia, no olvidemos que solo poseemos esta autoridad porque Cristo delegó su autoridad en nosotros. Él venció a la muerte por nuestros pecados y fue levantado a la vida por nuestra justificación. Debemos seguir su ejemplo de humildad al gobernar esta iglesia, su iglesia, para la gloria de Dios.
[1]Aunque algunas iglesias desde el siglo II A.D., han utilizado la palabra «obispo» para referirse a un solo individuo con autoridad sobre muchas iglesias, esto fue una posterior evolución del término y no se encuentra en el Nuevo Testamento.
[2]La Biblia es clara en que únicamente los hombres pueden servir como líderes. En 1 Timoteo 2:11-14, leemos que la mujer no debería enseñar o tener autoridad sobre el hombre. También puedes ver 1 Corintios 14:34-36; 11:2-16. Cualquiera que sea la autoridad exacta de la que Pablo intentó hablar aquí como inapropiada, claramente involucra a las mujeres enseñando.
[3]Históricamente, así es como han funcionado las cosas por lo general. Si el liderazgo nacional de una iglesia con gobierno jerárquico adopta una falsa doctrina, ese error puede ser impuesto en las iglesias locales, creando desunión y disputa entre los miembros de la iglesia. Así que, si bien queda claro que ninguna forma particular de política eclesial previene a las iglesias de equivocarse, políticas más centralizadas parecen tener un peor historial que el congregacionalismo en mantener un testimonio fiel, vital y evangélico. Además, considera lo que sucede cuando una iglesia congregacional cae en un error doctrinal. Con el tiempo, es probable que simplemente muera, no tiene la capacidad de imponer ese error en otras iglesias.
Martes 8 Agosto Cuando hayan padecido por un poco de tiempo, el Dios de toda gracia, quien los ha llamado a su eterna gloria en Cristo Jesús, él mismo los restaurará, los afirmará, los fortalecerá y los establecerá. 1 Pedro 5:10 RVA-2015 El llamamiento divino (11) – Camino a la gloria El Señor le encomendó tareas especiales al apóstol Pedro, pues él era un instrumento preparado por el Maestro. Pedro era un hombre muy práctico, y les escribió a todos los creyentes para que crecieran “en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 P. 3:18). Crecer es el mejor remedio contra los esfuerzos del enemigo, quien busca estorbarnos o derribarnos (véase Ef. 4:14-16).
El propósito, el consejo y la gracia de Dios son suficientes para proveer todo lo necesario para afrontar aceptar todos los desafíos. Mediante su llamamiento, Dios nos ha sacado de este mundo que yace bajo el maligno y cuyo líder es Satanás, el dios de este siglo. El llamamiento de Dios también nos ha puesto en el camino que lleva a la gloria eterna. Pedro insiste en que este llamamiento proviene del “Dios de toda gracia”, pues él mismo es su fuente. En Dios están todos los recursos que necesitamos para salvarnos y andar por el camino de la fe. Nos conduce a nuestro destino celestial, que es su gloria eterna. Estos planes se llevan a cabo “en Cristo Jesús”, porque lo que hemos recibido ha sido forjado por él en su obra consumada. La expresión “en Cristo Jesús” incluye también la obra que, en su gracia, realiza ahora en nosotros por medio del Espíritu Santo.
Mientras que el camino de Dios nos conduce a nuestro destino eterno, por nuestra parte se necesita fe, y esto involucra sufrimiento. Mientras estemos en la tierra, estaremos en la escuela de Dios, donde aprenderemos muchas lecciones. Este entrenamiento, bajo su control, nos lleva a una perfección práctica (no a una perfección sin pecado). El propósito de este ejercicio es hacernos comprender prácticamente, en nuestra vida actual, la posición en la que hemos sido puestos en Cristo, conformándonos a su imagen. Este proceso nos permite convertirnos en cristianos más fuertes, que han aprendido a confiar en Cristo y a recibir de él todo lo que necesitan.