Viviendo como una iglesia – Clase 9: La disciplina en la iglesia

Viviendo como una iglesia

Por Capitol Hill Baptist Church (CHBC)

Clase 9: La disciplina en la iglesia

  1. Introducción
    El tema central que recorre esta clase es la tensión que existe entre el gran propósito de Dios para la iglesia —que nosotros seamos la manifestación de su gloria en la tierra— y nuestro pecado. Gran parte de lo que hemos discutido ha sido cómo pueden los cristianos propensos al pecado glorificar a Dios por medio de su amor y unidad juntos. Pero hay veces en las que el pecado ataca a nuestra iglesia y quienes caen en él no se arrepienten. Esos son tiempos difíciles para la unidad de la iglesia.

Podríamos escoger ignorar el pecado, y amenazar el llamado distintivo de la iglesia de Cristo. Por otro lado, podríamos actuar con dureza como fariseos, destruyendo nuestra unidad. Afortunadamente, la Biblia ha arrojado la sabiduría que a nosotros nos falta en relación con este tema. Nos referimos al enfoque de la Biblia como la disciplina en la iglesia, una respuesta bíblica al pecado impenitente. Y, lejos de las percepciones de los juicios de brujas y de las cartas rojas, la disciplina es algo inherentemente positivo: se ordena en la Escritura por nuestro bien. Significa que cuidamos los unos de los otros al hablar la verdad en amor acerca de nuestro pecado. Significa que protegemos a la iglesia del pecado impenitente grave que no honra a Cristo. Trágicamente, el mundo a menudo puede burlarse del comportamiento de la iglesia. «¡Él es un líder en la iglesia, pero es peor que nosotros!». La disciplina es la herramienta normal de Dios para preservar la reputación de Cristo en su iglesia al aclarar que Cristo no aprueba tal pecado.

El modelo para la disciplina en la iglesia es la disciplina que nuestro amoroso Padre celestial ejerce al lidiar con nosotros. El libro de Hebreo nos dice: «Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo» (Hebreos 12:6). La meta de la disciplina es la justicia. «Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados» (Hebreos 12:11).

El día de hoy, consideraremos cómo la Biblia nos enseña a practicar la disciplina en la iglesia, y hacer esto bien fortalece la unidad en la congregación y protege la reputación de Cristo. También hablaremos acerca de cómo nosotros, como miembros, tenemos la responsabilidad de estar involucrados en el proceso de disciplina.

No obstante, antes de seguir avanzando, necesitamos algo de claridad en cuanto a ciertos conceptos.

  1. Dos clases de disciplina
    En realidad existen dos tipos de disciplina: la disciplina formativa y la disciplina correctiva. Por lo general, cuando hablamos de «la disciplina en la iglesia» nos referimos a la segunda. Pero la primera es mucho más común.

Por tanto, veamos primero la «disciplina formativa». Consiste en guiar a las personas hacia la madurez en Cristo a través de la instrucción y la enseñanza positiva. Por ejemplo, cuando se predica la Palabra y somos confrontados, o cuando nos alentamos unos a otros, esa es la disciplina formativa (cf. Efesios 4:11-12; Hebreos 10:24-25; Colosenses 3:16). La disciplina formativa es importante porque Dios la usa para prevenir el pecado que necesitaría de la disciplina correctiva.

Por otro lado, la «disciplina correctiva» consiste en corregir el pecado en la vida de un creyente. Desde confrontarnos mutuamente hasta la excomulgación formal. Es donde tenemos que decir: «Hey, Tom, creo que estabas equivocado al decir eso». O incluso, finalmente, según la enseñanza de Jesús: «María, sé que dices ser cristiana, pero debemos tratarte como a un no cristiano, porque no dejas de mentir». Esa es la disciplina correctiva.

  1. El propósito de la disciplina correctiva
    Hoy nos centraremos en la segunda de estas clases de disciplina, la disciplina correctiva. ¿Por qué la ejercemos? Principalmente porque la Biblia nos dice que lo hagamos. Pero también nos da algunas metas específicas al hacerlo.

Primero, el bien de la persona disciplinada. La disciplina es amorosa porque nos advierte y corrige nuestro pecado, y nos beneficiamos de eso. Y para la persona que vive en pecado impenitente, deja en claro que sus acciones no respaldan una profesión de fe en Cristo.

Segundo, el bien de los demás cristianos que ven la grave naturaleza del pecado y sus consecuencias.

Tercero, la salud de la iglesia como un todo. Da un alto al pecado que podría causar discordia y conflicto, o confusión para cristianos menos maduros acerca de lo que significa seguir a Jesús.

Cuarto, el testimonio corporativo de la iglesia. La disciplina en la iglesia protege nuestro testimonio corporativo ante un mundo que nos observa. Las personas se dan cuenta de que existe una comunidad de creyentes cuyas vidas son diferentes a las del mundo. Ellos pueden fácilmente desacreditar nuestro mensaje cuando nuestro comportamiento es igual al de la gente que nos rodea.

Todo en contribución a la meta principal de la disciplina en la iglesia: dar a conocer la excelencia de nuestro Redentor.

  1. ¿Cómo ejercemos la disciplina correctiva en la iglesia?
    Pasaremos el resto de nuestro tiempo hablando acerca de cómo podemos ejercer la disciplina correctiva en la iglesia por nuestro bien y para la gloria de Dios. Para ello, abordaremos las preguntas que verás en tu folleto.

A. ¿Qué pasa si alguien peca contra ti?
Entonces, ¿qué haces si un creyente peca contra ti? ¿Cómo deberías reaccionar? ¿Le dices por qué estás enojado, y luego le das el trato de la indiferencia? Veamos qué dice Jesús.

Mateo 18:15-17:

«Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia.; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano».

Paso #1: Ve con el ofensor
Primero deberíamos ir y hablar con quien que pecó contra nosotros (llamaré esa persona el ofensor). Si se niega a escuchar, debemos llevar con nosotros a una o dos personas más. Si continúa rehusándose, debemos comunicarlo a la iglesia, la cual debe expulsarlo si se niega a arrepentirse.

Considerando esto más detalladamente, hablemos acerca del primer paso. En la mayoría de los casos, esa primera conversación resolverá el problema. La persona se arrepentirá o te darás cuenta de que estabas equivocado. ¿Cómo podemos prepararnos para una conversación como esa?

Primero, ora por esa persona. Ora para que Dios le ayude a crecer espiritualmente; para que desee conocer más a Dios. Esto suavizará tu corazón hacia él o ella en preparación para su plática.

Segundo, asegúrate de tener una buena razón para ir al ofensor. Algunos pecados son objetivos. «¡Él me golpeó!». Otros no tanto. «¡Se ha comportado soberbiamente!». Podemos hablar con otro creyente acerca de cualquiera de estas categorías. Pero mientras menos objetivo sea un pecado, más necesitaremos estar listos para explicar nuestra preocupación, pero luego soltar el problema si la persona no está de acuerdo. No te apresures en decir: «¡Eres soberbio! Arrepiéntete o lo diré a la iglesia». En cambio, podrías intentar decir: «Hermano, considerando las palabras que estás escogiendo, realmente temo que estés hablando con soberbia. ¿Crees que eso podría ser cierto?».

Tercero, examina tu corazón para asegurarte de que tus motivos sean los correctos; asegúrate de no ir al ofensor enojado, con deseo de venganza, con aires de superioridad o alguna otra actitud pecaminosa (cf. Romanos 12:19). Asegúrate de que tu deseo sea la reconciliación de la relación por el bien del ofensor, por tu bien y para la gloria de Dios. Como dice Jesús, confiesa tu pecado. Y entonces podrás ver más claramente el pecado de tu hermano (Mateo 7:5).

Cuarto, ten mucho cuidado al hablar con otras personas acerca del pecado del ofensor. Aquí vemos que Jesús va a hablar con él. No con su mejor amigo, o con su esposa. Habla con él. Está bien pedir a otros que te aconsejen acerca de cómo tener esa conversación si tienes que hacerlo. Pero ten mucho cuidado y no permitas que la conversación se convierta en un chisme. Y recuerda que, incluso cuando necesites el consejo de otra persona, casi siempre puedes obtener su consejo sin mencionar el nombre del ofensor.

Finalmente, cuando hables con el ofensor, recuerda actuar y hablar con un espíritu de gentileza, humildad y amor. La respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa leña al fuego.

Todas estas cosas harán que el paso de acercarse al ofensor sea más efectivo, y preserva y protege la unidad de la iglesia al evitar obstáculos tales como el orgullo y las habladurías.

Ahora, antes de pasar al siguiente paso en Mateo 18, permíteme establecer dos puntos extra acerca de este primer paso en Mateo.

Primero, podrías preguntarte: ¿Debo acudir a mi hermano por cada pequeña ofensa? Ciertamente no. El amor cubre multitud de pecados. Proverbios nos dice que pasar por alto una ofensa es algo glorioso y demuestra paciencia y tolerancia (cf. Proverbios 19:11). Así que, ¿cuándo deberías ir? Aquí tienes dos preguntas que debes hacerte.

a. ¿La ofensa ha causado la ruptura de su relación? ¿Piensas frecuentemente en ello? ¿Te hace sentir diferente hacia esa persona por más que un momento de pasada? ¿Es difícil para ti perdonar? Si la respuesta es sí a cualquiera de estas preguntas, entonces es probable que debas ir y hablar con el ofensor.

b. ¿Cuál es el peligro de este pecado para el ofensor? Recuerda lo que Santiago escribe: «sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados» (5:20). ¿El pecado del que estamos hablando pone en peligro la capacidad del ofensor de reflejar a Cristo al mundo que lo rodea? ¿Es una señal de problemas más graves, o podría causarlos?

El segundo punto que quiero señalar en respuesta a la pregunta: «¿Cuándo debería ir?», es que Jesús nos dice que comencemos una conversación, sea que nosotros seamos los ofensores o los ofendidos. Mateo 18 le dice a la persona perjudicada que debe procurar la reconciliación. Pero Mateo 5:23-24 dice que si crees que alguien resiente algo contra ti, es decir, si eres el ofensor, entonces también es tu obligación hablar. Mateo 5 incluso dice que si mientras intentas adorar a Dios, recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, debes detenerte, y buscar reconciliarte. ¡Jesús se preocupa mucho por tus relaciones en la iglesia! Esa es la razón por la que es fundamental que examinemos nuestras relaciones con los demás antes de llegar a la mesa del Señor. Cuando hay conflicto, tanto el ofensor como la persona que ha sido agraviada deben iniciar la reconciliación. Es casi como si nos tropezáramos unos con otros apresurándonos para reconciliarnos. ¡Qué gran ilustración!

Paso #2: Toma contigo a uno o dos hermanos
De vuelta a Mateo 18. Si la persona ofensora no escucha, y es evidente que ha pecado, debemos llevar con nosotros a una o dos personas más. Esto con dos propósitos: En primer lugar, es más probable que el ofensor escuche a una tercera parte neutral que a la persona a quien ha ofendido. Esta otra persona también sirve para dar testimonio de lo que ocurrió en la reunión en caso de que la disciplina avance al próximo paso.

Permíteme ofrecer algunas sugerencias acerca de este proceso si alguna vez te encuentras en este escenario. Primero, antes de tomar este paso, considera cuán objetivo es el pecado. ¿Confrontas a la persona porque piensas que invierte mucho dinero o porque crees que actúa con altivez? Solo Dios conoce su corazón. Si se trata de un caso subjetivo como ese, es mejor que entregues el problema y ores al Espíritu Santo para que la confronte. Segundo, si avanzas, asegúrate de que la persona o personas que lleves contigo sean confiables y discretas, imparciales y de buen juicio. Y tercero, comunícale al ofensor lo que estás a punto de hacer. No inicies una conversación sin antes advertirle. Cuarto, ten cuidado de no intentar poner a los testigos de tu lado; los hechos hablan por sí solos.

Paso 3: Dilo a la iglesia
Avanzando al paso #3, si el ofensor sigue negándose a escuchar, la iglesia debe intervenir. Y puede excomulgarlo si se rehúsa a arrepentirse. En Mateo 18, Jesús no específica si se debe hablar con los líderes de la iglesia antes de llevar el asunto a la iglesia. Pero ciertamente el paso inmediato parece apropiado y consistente con estas instrucciones. Al ver estos pasos en Mateo 18, podemos ver a Jesús tratando de involucrar el menor número de personas posible. Pero está dispuesto a hacer que las cosas se hagan públicas si eso es lo que hará que el ofensor despierte. En el estado final, incluso usa a quienes están fuera de la iglesia y al propio Satanás para propiciar providencialmente el arrepentimiento.

B. ¿Qué pasa si ves a un miembro pecar contra otro miembro?
Mateo 18 nos brinda una guía acerca de qué hacer cuando alguien peca contra ti. ¿Pero qué pasa si observas que alguien peca contra otro miembro de la iglesia? ¿Qué deberías hacer?

La respuesta es: «depende». Gálatas 6:1 nos dice: «Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre». Y Lucas 17:3 dice: «Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale». Por otro lado, la Biblia también nos advierte que no debemos ser chismosos en busca de oportunidades para señalar las faltas de los demás1 . Todos nosotros somos pecadores, por lo que sería imposible y, honestamente, poco productivo enfocar la atención en cada uno de los pecados que observamos. Por tanto, ¿cómo sabemos cuando es un buen tiempo para abordar a un hermano o hermana por su pecado?

Permíteme ofrecer algunas directrices para tu juicio:

Primero: ¿El pecado deshonra a Dios? ¿Es lo suficientemente visible para que ultraje el nombre de Dios ante los no cristianos?

Segundo: ¿Representa una tentación para otros o establece un mal ejemplo para cristianos más jóvenes?

Tercero: ¿Podría causar discordia y desunión en la iglesia?

Cuarto: ¿Está lastimando gravemente al ofendido al dañar su relación con Dios o en otras formas?

Si una o más de estas respuestas son sí, entonces probablemente sería apropiado hablar con el ofensor acerca del pecado. Mientras menos cercano seas a la persona, más alta será la barrera para hablar con ella. Mientras mejor la conoces, y mientras más confías en su relación, más baja será la barrera.

C. ¿Qué pasa si alguien peca de forma escandalosa?
Con los años, se han establecido muchas diferencias entre el caso de disciplina de 1 Corintios 5, en el que Pablo dice a la iglesia que excomulgue a un hombre por acostarse con la mujer de su padre, y Mateo 18, que acabamos de considerar. En 1 Corintios 5, Pablo no pregunta por el arrepentimiento del hombre; simplemente ordena a la iglesia que lo expulse de la comunión. Entonces, ¿qué ocurre aquí? ¿Existe algún tipo de disciplina «acelerada» que Jesús no describió?

Bueno, algo así. Lo que parece estar sucediendo en 1 Corintios 5, es que el pecado era tan atroz, por encima de lo que era aceptable en esa sociedad, que realmente no había nada que el hombre pudiera decir para convencer a la iglesia de su arrepentimiento. En general, seguimos el principio de «inocente hasta que se demuestre lo contrario». Permaneces en la iglesia hasta que, a través de los pasos de Mateo 18, se haga evidente que no estás arrepentido. Pero en ocasiones, la credibilidad de cualquier declaración de arrepentimiento es tan arriesgada que la iglesia debe moverse rápidamente para expulsarte fuera de su comunión. Por tu bien y por la reputación de Cristo, como vemos en 1 Corintios 5. Entonces, si por la gracia de Dios tu declaración de arrepentimiento se vuelve creíble otra vez, ese interdicto de excomulgación es removido.

D. ¿Cómo me relaciono con alguien que ha sido excomulgado?
Muchas veces esto no será un problema porque la persona que ha sido excomulgada se muda fuera del área, o ya no se asocia con la iglesia o sus miembros. Pero ha habido varios ejemplos en los que nuestra iglesia votó para cancelar la membresía de una persona, y el individuo continúa asistiendo a los servicios de la iglesia luego de haber sido expulsado, lo que es maravilloso. Queremos que eso pase. Queremos que la persona escuche constantemente la Palabra de Dios y se convenza de su pecado. ¿Pero qué pasa si esa persona también empieza a aparecer en eventos sociales de la iglesia, como la cena después del servicio por la noche? ¿Qué debemos hacer?

En 1 Corintios 5:11, leemos que no debemos «juntarnos» con dicha persona. En Mateo 18:17, Jesús dice que debes tratar a la persona como lo harías con un gentil o publicano. ¿Cómo se ve esto en la práctica? Significa que deberías tratar a la persona como si fuera un no creyente. Pero no solo cualquier inconverso; un inconverso que trágicamente cree estar bien. Así que, deberíamos animarle a que asista a la iglesia como acabo de mencionar. Y debemos tratarle con amor y amabilidad cuando le veamos. Pero cuando lo hagamos, deberíamos preocuparnos por instarle a que se arrepienta. Nunca deberíamos actuar como si todo estuviera bien, como lo haríamos con otro cristiano o incluso con un no creyente que sabe que no es cristiano. Esa es la lógica de 1 Corintios 5:11: «con el tal ni aun comáis». Por supuesto, cuando la persona excomulgada es un familiar o un compañero de trabajo, otras obligaciones bíblicas que tenemos con la relación a menudo pueden tener prioridad.

E. ¿Qué pasa si un líder de la iglesia peca?
Finalmente, el último tema que quiero abordar hoy es lo que la Escritura dice acerca del pecado entre los líderes de la iglesia. El pasaje guía para estas situaciones se encuentra en 1 Timoteo 5:19-20: «Contra un anciano no admitas acusación, sino con dos o tres testigos. A los que persisten en pecar, repréndelos delante de todos, para que los demás también teman».

Pablo da una caución especial para proteger a los ancianos de falsos ataques: antes de que una acción disciplinaria sea admitida en contra de un anciano, debe haber dos o tres «testigos». La sabiduría de esto es clara: los líderes de la iglesia a menudo participan en situaciones que podrían dar origen a acusaciones especulativas en su contra.

Con este pasaje en mente, permíteme abordar dos situaciones que podrían surgir en la iglesia: Primero, ¿qué pasa si escuchas rumores de una acusación en contra de un anciano? Segundo, ¿qué ocurre si descubres que un anciano está en pecado?

Rumores de acusación
¿Qué sucede si alguien te dice que ha visto a un anciano pecar o piensa que lo ha hecho? ¿Cuál es tu responsabilidad? Primero y principal, asegurarte de no ser parte de un chisme o de una difamación. Dile que hable con el anciano al respecto. No contigo. Como lo harías en cualquier otra situación. Desanímale activamente a dejar de infamar a ese anciano en una conversación como esa.

Hay dos excepciones a esta regla: Si también has visto ese pecado en especifico y esta persona se te acerca en calidad de testigo conforme a lo establecido en 1 Timoteo 5:19, o si te pide que sirvas como testigo incluso cuando no has sido un testigo presencial. Hablaremos un poco más acerca de eso en breve.

Si ves a un anciano en pecado
Segundo, ¿qué pasa si un anciano peca contra ti, o eres testigo de que un anciano peca? ¿Qué debes hacer? Sencillo, habla con él al respecto. Ten presente que la situación puede no ser lo que aparenta ser. Así que actúa con humildad, recuerda que la persona sirve como anciano porque, al menos en el pasado, la iglesia lo consideró irreprochable. Por lo que es sabio darle el beneficio de la duda. ¿Qué ocurre si no te sientes cómodo acercándote? Tal vez (aunque oro para que esto nunca suceda), ¿ha pecado contra ti de una manera intimidante o abusiva? Está bien acercarse a otro anciano o a otra persona en la iglesia con tu preocupación. Cuando tu intención es mantener el problema en silencio y discreción, e involucrar el menor número de personas posible, no estás violando 1 Timoteo 5:19.

Bien, digamos que discutiste el asunto con el anciano, quizá abriste la Biblia para mostrarle su pecado, pero no se arrepiente. ¿Ahora qué? Recuerda lo que dije anteriormente acerca de cuán objetivo es un pecado. Si se trata de un problema de orgullo, algo de lo que no puedes estar seguro, entonces desiste y ora. Sin embargo, si se trata de algo objetivamente verificable, como un asunto de malversación de fondos o una conducta sexual, por ejemplo, entonces debes proceder con 1 Timoteo 5:19. Digo «debes» porque la disciplina, incluso la disciplina de un anciano, no es opcional en la iglesia. Esta es tu responsabilidad ante Dios. ¿Cuál es el siguiente paso? Hablar con aquellos que sabes que han visto el pecado, y pedirles que confronten al anciano contigo y, si es necesario, informar el problema a otros ancianos. Ellos actuarán como los testigos que se necesitan en 1 Timoteo 5:19.

¿Qué pasa si no hay más testigos? ¿Qué se debe hacer? Toma por ejemplo, una situación hipotética en la que un anciano se acerca inapropiadamente a una mujer en la iglesia, y la mujer es la única testigo. En esas circunstancias, la mujer puede hablar con otro miembro maduro (más convenientemente un anciano) acerca de la situación. Y esto no contradeciría 1 Timoteo 5:19 porque su acusación no sería suficiente por sí sola para iniciar el proceso de disciplina formal que se presenta en ese pasaje. En este asunto, el lenguaje específico aquí es instructivo. Dice: «Contra un anciano no admitas acusación, sino con dos o tres testigos». En este caso, esta mujer no está acusando formalmente a un anciano ante la iglesia, o pidiendo que otros que acepten una acusación como cierta. Simplemente está pidiendo que alguien más le ayude a establecer si su afirmación es verdadera o no. La confesión de la mujer a otra persona llevaría a una mayor investigación por parte de esta última, y quizá de los ancianos. Pero eso en sí no desencadenaría la disciplina formal de la iglesia.

Para que comience la disciplina formal de la iglesia, la persona que ha sido agraviada debe traer a uno o dos individuos que estén dispuestos a actuar como co-acusadores junto con ella. Las personas que pueden cumplir con el rol de testigos en 1 Timoteo 5:19 incluso si no han sido testigos presenciales, debido a su meticulosa investigación, a su conocimiento del acusado, a su conocimiento del acusador, etc. Puedes imaginar que en un caso como este, por lo general, es mejor acercarse a otros ancianos primero porque es más probable que tengan información acerca de acusaciones previas contra este anciano. Por lo que están en una mejor posición para cumplir ese rol de testigo y co-acusador. Recuerda lo que Pablo dijo a los líderes de la iglesia inmediatamente seguido de estos versículos: «Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, y de sus ángeles escogidos, que guardes estas cosas sin prejuicios, no haciendo nada con parcialidad». Palabras muy fuertes. Tus ancianos tienen la responsabilidad única ante Dios de no dejar pasar por alto el pecado en la congregación. Lo segundo que Pablo dijo en 1 Timoteo 5:19-20, es que el pecado cometido por el líder de una iglesia es algo muy grave. El mandato de Pablo de reprender públicamente a un anciano pecador significa que debe hacerse alguna declaración de la naturaleza de la ofensa a la iglesia. ¡Incluso si se arrepiente! Para resumir lo que sucede aquí: los ancianos son más vulnerables a las acusaciones. Por tanto, Pablo nos dice que debemos tener cuidado al determinar su culpabilidad. Pero el pecado por parte de un anciano puede ocasionar gran daño a la iglesia, así que incluso cuando hay arrepentimiento, se trata más públicamente.

Conclusión
Entonces, ¿por qué es importante la disciplina en la iglesia? Porque la iglesia es importante. Y la iglesia solo importa cuando es diferente al mundo. Piensa en las palabras de Jesús en Mateo 5:13 «Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal pierde su sabor, ¿cómo podría volver a ser salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres». La disciplina en la iglesia es la herramienta que Jesús nos dio en Mateo 18 cuando inauguró a la iglesia para mantenernos diferentes del mundo. Nos estimulamos unos a otros hacia el amor y las buenas obras. Protegemos el mensaje del evangelio para la siguiente generación. Pero cuando somos iguales al resto del mundo, todo esto se desvanece en la nada.

Por tanto, trabajemos juntos como iglesia para perseverar en la fe, usando esta herramienta de la disciplina cuando debamos para la gloria de Dios y la salvación de nuestro mundo.

[1] 2 Tesalonicenses 3:11, 1 Pedro 4:15

La mano de nuestro Dios estaba sobre nosotros, y nos libró de mano del enemigo

Lunes 21 Agosto
La mano de nuestro Dios estaba sobre nosotros, y nos libró de mano del enemigo y del acechador en el camino. Y llegamos a Jerusalén… fue luego pesada la plata, el oro y los utensilios, en la casa de nuestro Dios… Los hijos de la cautividad… ofrecieron holocaustos al Dios de Israel, 12 becerros por todo Israel, 96 carneros, 77 corderos, y 12 machos cabríos por expiación, todo en holocausto a Jehová. Y entregaron los despachos del rey a sus sátrapas.
Esdras 8:31-33, 35-36
Después de la cautividad en Babilonia (24) A la llegada
El viaje de los hijos de Israel desde Babilonia hasta Jerusalén duró 4 meses. Dios, a quien habían acudido para que los protegiera, los guardó. Esdras no lo da por algo normal, sino que reconoce con gratitud que la mano de Dios estaba sobre ellos. ¿Nos damos cuenta de que Dios actúa con bondad hacia nosotros, o lo damos por sentado?

El Dios de Israel había confiado cosas preciosas a los que habían hecho el viaje a Jerusalén: tesoros de plata y oro, monedas y utensilios preciosos ofrecidos al Señor por el rey y sus súbditos, así como por sus hermanos israelitas. Todas estas cosas se habían pesado cuidadosamente antes de salir y al llegar. Todo había sido anotado. Nuestro Señor enseñó que durante su ausencia ha confiado talentos y minas a sus siervos (Mt. 25:14-30; Lc. 19:11-27). Y también mantiene un seguimiento de estas cosas. Pronto llegará el día en que tendremos que dar cuenta de todo lo que se nos ha confiado.

Los que habían regresado de Babilonia, ahora ofrecían sacrificios por todo Israel, no solo por ellos mismos, sino por todo el pueblo de Dios. Estos sacrificios representan los diversos aspectos de la obra de Cristo. Perdemos fácilmente de vista el hecho de que nuestra reunión o participación común con los creyentes es solo una parte muy pequeña de la Iglesia por la que murió nuestro Señor. Cada miembro es precioso a sus ojos. ¿Oramos también por ellos?

El rey también le había dado órdenes a Esdras para que las transmitiera a quienes lo representaban allí. Esdras cumplió esta tarea. Puesto que vivimos en una época en la que Cristo aún no gobierna, sometámonos también a las autoridades existentes.

Eugene P. Vedder, Jr.
© Believer’s Bookshelf Canada Inc.

Resurrección y victoria

Domingo 20 Agosto
Envió desde lo alto; me tomó, me sacó de las muchas aguas. Me libró de mi poderoso enemigo, y de los que me aborrecían; pues eran más fuertes que yo. Me asaltaron en el día de mi quebranto, mas Jehová fue mi apoyo.
Salmo 18:16-18
Resurrección y victoria
Este salmo presenta al Señor Jesús bajo las profundas aguas del sufrimiento y la muerte en el Calvario, rodeado de enemigos que no conocían la razón de su sumisión que lo llevó a tal muerte. Por lo tanto, mientras se unían para burlarse de él y despreciarlo, ellos no tuvieron en cuenta el maravilloso sacrificio que él estaba realizando en ese mismo momento.

Ese día, Satanás y los hombres unieron cruelmente todas sus fuerzas en oposición a él. Y más que eso, Dios, en su absoluta justicia, lo desamparó para que sufriera en solitaria agonía, cargando sobre él el pecado y la culpa de los pecados de muchos. Pero, al mismo tiempo, el corazón del Padre se deleitó en este sacrificio perfecto, amándolo por poner su vida.

Cuando todo se cumplió, el enemigo se regocijó en su victoria, y los hombres sellaron la tumba para que su victoria fuera lo más segura posible. Pero se habían olvidado de Dios. Cristo fue crucificado en debilidad (2 Co. 13:4), y sus enemigos, en su orgullo carnal, pensaron que habían triunfado. Pero Dios intervino desde arriba: lo “sacó de las muchas aguas” y lo “libró” de su “poderoso enemigo”. Entonces el poder del hombre se convirtió en una evidente debilidad. Los soldados de la tumba estaban aterrorizados y sin fuerzas. Al conocer esta noticia, los gobernantes se escandalizaron y se asustaron; recurrieron a burdas mentiras para protegerse. Dios resucitó a su Hijo de entre los muertos. ¡El Varón de dolores ahora era el Vencedor! No queda duda: toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. Si los enemigos tiemblan, los creyentes se alegran y rinden sincera adoración al Padre y al Hijo.

L. M. Grant
© Believer’s Bookshelf Canada Inc.

10 características de un líder humilde | Moses Y. Lee

10 características de un líder humilde
MOSES Y. LEE

Las historias recientes de pastores famosos y líderes de adoración apostatando me han hecho pensar en la idea del liderazgo cristiano. Si los líderes caen en desgracia a regañadientes debido a un fracaso moral o renuncian públicamente a su fe en Instagram para ser más “auténticos”, una cosa está clara: la humildad no es un factor contribuyente.

Aunque no me considero un líder humilde —puedo ser descarado y cabezota (tanto en sentido literal como figurado)—, por la gracia de Dios he sido bendecido al servir con muchos líderes humildes. He visto muchos más desde la distancia.

En lo que he observado, he podido notar 10 rasgos comunes de los líderes que demuestran humildad, en contraste con aquellos que demuestran orgullo. Al proteger nuestros corazones de los engaños penetrantes del orgullo y, especialmente los líderes, de las tentaciones tóxicas del poder, es bueno reflexionar sobre cuáles de estos rasgos marcan nuestras propias vidas.

Líderes humildes vs. líderes arrogantes
Los líderes humildes tienden a compartir sus recursos, tengan poco o mucho. Los líderes arrogantes tienden a atesorar sus recursos, y están dispuestos a compartir solo si obtienen algo a cambio.
Los líderes humildes tienden a construir puentes, y se niegan a demonizar o descuidar a los demás. Los líderes arrogantes tienden a trabajar solos, y se niegan a asociarse con otros, especialmente aquellos que tienen puntos de vista diferentes.
Los líderes humildes tienden a ignorar los chismes, pues son lo suficientemente sabios como para saber que siempre hay otro lado de la historia. Los líderes arrogantes tienden a difundir y oír chismes, siempre queriendo escuchar lo peor de los demás para sentirse mejor.
Los líderes humildes tienden a ser hacedores de reyes, sin exigir ser ellos los reyes. Los líderes arrogantes tienden a buscar atención, y prefieren quemar puentes o llegar con armas de fuego si no se salen con la suya.
Los líderes humildes tienden a celebrar los logros de los demás y no los suyos. Los líderes arrogantes tienden a ignorar los logros de otras personas si no beneficia su agenda.
Los líderes humildes tienden a dar el beneficio de la duda, pues saben que nadie está siempre en su mejor momento. Los líderes arrogantes tienden a asumir lo peor, y son incapaces de ver las vigas en sus propios ojos.
Los líderes humildes tienden a apreciar los matices, ya que saben que se han equivocado muchas veces antes. Los líderes arrogantes tienden a ver todo extremadamente blanco y negro, y están poco dispuestos a considerar puntos de vista contrarios.
Los líderes humildes tienden a ser empáticos, y a menudo priorizan a las personas sobre las ideas. Los líderes arrogantes tienden a ser rígidos, incapaces de recibir críticas constructivas.
Los líderes humildes tienden a aceptar la rendición de cuentas, porque saben cuánto la necesitan. Los líderes arrogantes tienden a rechazar la rendición de cuentas, y la consideran una molestia o una pérdida de tiempo.
Los líderes humildes tienden a reconocer sus errores, ya que saben que están lejos de ser perfectos. Los líderes arrogantes tienden a culpar a los demás por sus defectos o fracasos, y no están dispuestos a reconocer sus propias tendencias pecaminosas.
Cristo, el líder perfecto
Jesús no es solo un modelo a seguir y admirar; Él es la imagen a la que nos estamos conformando.

Quizá esta lista te abruma. ¿Cómo llegaré a ser un líder humilde?, te preguntas. Pero la belleza del evangelio es que, en Jesús, ya tenemos el modelo perfecto de liderazgo humilde. Y no es solo un modelo a seguir y admirar; Él es la imagen a la que nos estamos conformando por el poder del Espíritu Santo en nosotros.

Jesús muestra que el liderazgo humilde comienza en la cruz: “Quien quiera ser grande entre ustedes debe ser su servidor, y quien sea el primero entre ustedes debe ser su siervo. Así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido sino para servir, y dar su vida en rescate por muchos” (Mt. 20:26-28). El líder-siervo que se inclina para lavar los pies de los infieles (Jn. 13:1-17) pone de cabeza la idea que el mundo tiene del liderazgo. Él nos muestra el camino hacia arriba (Lc. 22:26), y que el postrero será el primero (Mt. 20:16). En su reino, la ambición egoísta conduce a la muerte, mientras que servir a los demás hasta el punto de la muerte conduce a la vida (Fil. 2:2-9).

Incluso para los cristianos, que tienen el modelo perfecto de humildad en Jesús, ese tipo de liderazgo sigue siendo una lucha. Esto es un testimonio a la incansable atracción del orgullo en nuestros corazones. Por supuesto, el mundo del posicionamiento en las redes sociales, la construcción de plataformas, y la obsesión con las celebridades no ayuda. Pero pocas cosas confunden más al mundo y endurecen los corazones hacia el evangelio que seguidores de Jesús que secuestran Su nombre para promocionarse ellos mismos. ¿Por qué nosotros, que llevamos el nombre del hombre más humilde de la historia, seríamos tan pomposos? Eso es confuso y da tristeza.

La necesidad de un liderazgo humilde, el de cristianos que realmente se parecen a Cristo en la forma en que viven y lideran, es urgente. Que podamos controlarnos con sobriedad y volver a comprometernos humildemente por Su causa, para nuestro testimonio y Su gloria.

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
Imagen: Lightstock.
Moses Y. Lee (MDiv, ThM) es un plantador de iglesias que vive y sirve en la “DC Metro Area” de los Estados Unidos.

Libertad cristiana (3)

Sábado 19 Agosto
Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad.
Santiago 2:12
Libertad cristiana (3)
La verdadera libertad cristiana no es una licencia para hacer lo que se me antoje. Hemos visto que está ligada al deseo de vivir para Cristo y para los demás. ¡La hallo y la poseo cuando estoy ocupado con Cristo!

En el versículo de hoy, Santiago habla de “la ley de la libertad”. Al utilizar la palabra ley busca indicar que se trata de “la fuerza que controla” o “el principio de acción”. La ley (dada por Moisés) exigía a los judíos que amaran al prójimo, pero no les daba la fuerza, y los condenaba si no lo hacían. Pero bajo la gracia se nos da la fuerza para amar al prójimo. Los verbos “hablad” y “haced” se refieren a nuestras palabras y acciones, a lo que decimos y a cómo caminamos: ¡ambas cosas deben ir a la par! Cuando no es así, estamos infringiendo la ley de la libertad y se dará cuenta de esta falta en el tribunal de Cristo (1 Co. 3:14-15; 2 Co. 5:9, 10). En Romanos 14:10-13, Pablo establece un paralelismo entre el tribunal de Cristo y la ley de la libertad, ¡con ello busca motivarnos y recordarnos que la ley de la libertad debe regir nuestras vidas!

Pero, ¿qué impide que esta libertad se vea en nuestras propias vidas y en nuestras asambleas locales? Santiago asocia la ley de la libertad con la Palabra de Dios (Stg. 1:21-27). Para poner en práctica la Palabra, debemos atesorarla en nuestro corazón para que nos sirva de guía en todos los aspectos o detalles de nuestra vida. Debe ser nuestra estándar; es un instrumento eficaz para evitar que nos dejemos influir por el mundo que nos rodea. Al descuidar la Palabra de Dios, permitimos que el mundo dicte nuestros pensamientos y nuestra conducta. ¡Seremos verdaderamente libres si miramos a la perfecta ley de la libertad y perseveramos en ella, no siendo “oidores olvidadizos” sino “hacedores” de la palabra!

Tim Hadley, Sr.
© Believer’s Bookshelf Canada Inc.

¿Cristianismo carnal? | Alexander León

Si Jesús dijo que el que bebiera del agua que Él daría no tendría sed (Juan 4:14),

¿Por qué será que hay tantos cristianos aún sedientos, buscando en cisternas rotas?
Si Jesús dijo que Él vino para que tengamos vida en abundancia (Juan 10:10),

¿Por qué tantos de los que van a las iglesias viven aún como los que están muertos espiritualmente, es decir, siguiendo la corriente del mundo? (Efesios 2:2)
Si Pablo afirma que los que hemos muerto al pecado, no podemos vivir aún en él. (Romanos 6:2)

¿Por qué afirman ciertos predicadores que hay cristianos que pueden vivir continuamente como inconversos y aún así ser salvos?
La Biblia dice que el que ha nacido de Dios no practica el pecado (I Juan 5:18), entonces

¿Por qué hay tantos cristianos que aún viven esclavizados al pecado ?
La respuesta a todas estas preguntas es: por causa de la predicación de la errónea doctrina del «cristiano carnal».

Tal condición hace pensar a muchos que son salvos aunque aún no han experimentado el cambio de corazón que hace el Espíritu Santo, no tienen fe verdadera y por lo tanto no han tenido un arrepentimiento verdadero tampoco.

Se les anima a pensar a estas personas y hasta confesar que sí son salvos y que nadie puede cuestionarles su salvación. Esta perniciosa doctrina es la culpable de que las iglesias estén mezcladas, con una gran cantidad de impíos que pasan por cristianos y a los verdaderos creyentes sufriendo las consecuencias, siendo tratados como los «muy fanáticos», los «santurrones», los «intolerantes», etc, etc.

Por muchos años yo viví engañándome a mí mismo y engañando a otros, pensando que era cristiano, pero no lo era, así habría seguido para siempre, hasta recibir la condenación del Juicio, si no fuera por la Gracia Soberana de Dios que actuó para darme vida en Cristo, abriendo mis ojos y mis oídos y regocijarme en Su Verdad.
No es mi afán atormentar a nadie con dudas, pero preferiría hacerlo un poco para provocar un auto-examen, que dejar que las almas vivan una falsa seguridad y en el día final escuchan las espantosas palabras «Nunca os conocí, apartaos de mí»

Pastor Alexander Leon

Confiar en Jesús

Jueves 17 Agosto
Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo. Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro.
Juan 11:3-5
Confiar en Jesús
¡Qué confianza en el Señor mostraron María y su hermana Marta cuando enviaron un mensaje para informarle que su hermano Lázaro estaba enfermo! Apelaron a su tierno corazón. Sabían que Jesús los amaba, y mencionaron a Lázaro por una necesidad particular. Tenían plena confianza en que Jesús podía ayudarles. Muchas veces en el pasado habían sido testigos del poder milagroso del Señor, quien nunca había rechazado a nadie. Todos los que acudían a él recibían ayuda, a menudo más allá de las esperadas. Esto es lo que leemos Marcos 7:37: “En gran manera se maravillaban, diciendo: bien lo ha hecho todo; hace a los sordos oír, y a los mudos hablar”. ¿Se negaría ahora el Señor a responder a su clamor?

Todos podemos identificarnos con María y Marta. No hay hogar, ni familia, donde la enfermedad y el miedo a la muerte no hayan aparecido inoportunamente. A veces nos sentimos totalmente desesperados. Las enfermedades prolongadas de las esposas, los padres o los hijos, agotan nuestras fuerzas, nos privan del sueño y nos dejan completamente exhaustos. A veces nuestra paciencia llega a su límite, y sentimos que nadie nos entiende ni se preocupa por nosotros, o eso parece.

Jesús conocía la ansiedad de las dos hermanas y simpatiza con ellas. También sabía que esta enfermedad era “para la gloria de Dios”, y por eso esperó a que llegara el momento perfecto en los planes de Dios. ¡Qué confianza y paz sentimos al ver cómo se desarrolla esta escena! También nosotros podemos confiar plenamente en Aquel que “hace todo bien”. Él atrae nuestros corazones al suyo para que cada uno de nosotros esté convencido de que nos ama tanto como amó a Marta, María y Lázaro.

Jacob Redekop
© Believer’s Bookshelf Canada Inc.

Viviendo como una iglesia – Clase 8: El liderazgo de la iglesia

Viviendo como una iglesia

Por Capitol Hill Baptist Church (CHBC)

Clase 8: El liderazgo de la iglesia

  1. Introducción
    Hoy hablaremos acerca del liderazgo de la iglesia y, específicamente, acerca de la interacción entre el liderazgo y la congregación. Recordarás que hace unas semanas consideramos los oficios bíblicos de los ancianos y los diáconos. En esa clase, el énfasis recaía en la manera en la que Dios nos ha instruido acerca de la organización en la iglesia para su gloria y por nuestro bien. En contraste, la clase de hoy del tema del liderazgo aborda el lado personal del liderazgo de la iglesia. Concretamente, lo que nosotros, como miembros de la iglesia, podemos hacer para promover la unidad a través de nuestra sumisión y respaldo fiel para con el liderazgo. Mientras que al mismo tiempo hacemos nuestro trabajo como congregación para proteger a la iglesia de errores doctrinales graves.

Permíteme comenzar esta clase con la siguiente pregunta: ¿Cómo podemos nosotros, como miembros de la iglesia, relacionarnos con nuestros ancianos en formas que promuevan la unidad y glorifiquen a Dios?

Hebreos 13:17 nos dice: «Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso». Estas son palabras fuertes: «obedeced», «sujetaos», especialmente en la cultura igualitaria e individualista de hoy.

Pero estas palabras no están allí solo para mantener el orden. Leemos que la sumisión en la iglesia es para nuestro provecho. A través de la sumisión podemos dar ejemplo de la humildad piadosa que debería caracterizarnos. Por medio de la sumisión mantenemos la unidad en medio de los desacuerdos, demostrando que nuestro llamado en Cristo es más importante que los choques de opinión. Finalmente, nuestra confianza o seguridad en quienes nos lideran es mucho más que una simple confianza en el hombre, porque hasta los mejores hombres caen. En cambio, se trata de una confianza en Cristo, que da líderes a su iglesia y trabaja a través de ellos para bendecirnos.

¿Quiere esto decir que debemos decir «sí» a todo? No, de hecho, en el Nuevo Testamento los miembros de la congregación, y no sus líderes, son los responsables de toda enseñanza antibíblica que se filtra en la iglesia. No, en el Nuevo Testamento, en realidad son los miembros de las congregaciones y no solo sus líderes quienes rinden cuentas por la enseñanza no bíblica en la iglesia. Confiar en el liderazgo no significa que debemos considerar las opiniones de nuestros ancianos como verdaderas sin vacilar. Como lo expresó un escritor: «La libertad cristiana se corrompe cuando los laicos se enamoran cada vez más de los decretos de los ancianos y de los mandamientos de los hombres» (Roger Beardmore, ed., Shepherding God’s Flock (Pastoreando el rebaño de Dios) (Harrisonburg, Va: Sprinkle Publications, n.d.) 105-6.).

Empezaremos considerando lo que podemos hacer positivamente para alentar el liderazgo de nuestra iglesia. Haciéndoles trabajar con alegría como leímos en Hebreos 13. Luego dedicaremos el resto de la clase a examinar cómo deberíamos responder cuando discrepamos con el liderazgo de nuestra iglesia. Así que, ¡comencemos!

  1. Haz que los líderes trabajen con alegría y sin quejarse
    Una de las mejores cosas que podemos hacer para promover la unidad en nuestra iglesia es ayudar a nuestros líderes a ver su trabajo como un deleite dado por Dios. Por supuesto, esto se complica por el hecho de que tanto nosotros como ellos, somos pecadores. Al reconocer todo eso, nuestro llamado en la Escritura como vimos hace unos minutos es: «Obedecerles para que trabajen con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso».

Nunca deberíamos subestimar la conexión entre la actitud de una congregación y la capacidad de sus líderes. Muchas situaciones infelices se resolverían si las congregaciones vieran a sus líderes como compañeros en el gran llamado de la iglesia para reflejar la gloria de Cristo y no como adversarios que vencer. Los líderes son seres humanos, que luchan con la indecisión. Pueden encontrar que las decisiones que deben tomar exceden su sabiduría y experiencia. Pueden luchar con la inseguridad. Pueden ser lastimados y desanimados en su trabajo por la ignorancia o la insensibilidad de los miembros de la iglesia. A menudo, suponemos implícitamente que nuestros líderes deben ser perfectos. Por lo que, cuando vemos señales de su imperfección, ya sea pecado, decisiones cuestionables o características irritantes, sentimos que podemos ridiculizar su liderazgo.

Recuerda que nosotros somos el objeto de la supervisión cuidadosa de los líderes. «Ellos velan por nuestras almas» (Hebreos13:17). Dios valora nuestras almas. Por tanto, él escoge líderes para advertirnos de los peligros espirituales. Así que, ¿cómo podemos ayudarles a cumplir con su labor? Aquí tienes algunas ideas. Como referencia, éstas están basadas en el libro de Wayne Mack y David Swavely llamado Life in the Father’s House: A Member’s Guide to the Local Church (La vida en casa del Padre: La guía de un miembro para la iglesia local).

A. Cree en Jesucristo y camina en obediencia
El primer punto es obvio, pero siempre vale la pena mencionarlo. Podemos alentar a nuestros líderes creyendo en el evangelio y caminando en obediencia a la Palabra de Dios. Piensa en la declaración de 3 Juan 4: «No tengo yo mayor gozo que éste, el oír que mis hijos andan en la verdad».

Da gozo ver la mano de Dios obrar en los miembros para conformarlos cada vez más a la imagen de Cristo. Da gozo ver al pueblo de Dios usar sus dones para la edificación del cuerpo. Da gozo ver a los miembros compartir el amor de Cristo entre sí. Da gozo ver a los santos perseverar en la fe en tiempos difíciles.

Por supuesto, ¿cómo podrán los líderes de la iglesia sentirse alentados por nuestro deleite y crecimiento en Cristo si no lo manifestamos? ¡Deja que los ancianos sepan lo que Cristo está haciendo en tu vida! Y cuando te pregunten cómo estás, diles. Lo que Cristo está haciendo en tu vida, y la forma en la que necesitas oración y consejo.

B. Cultiva y preserva la unidad en el cuerpo
Pablo escribió acerca de esto a los filipenses cuando dijo: «Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa» (Filipenses 2:1-2). Cuando los ancianos buscan candidatos para el diaconado, buscan a alguien que tenga un efecto «amortiguador» y esclarecedor en situaciones susceptibles. Y eso no es algo solo para los diáconos; es algo a lo que todos estamos llamados a hacer. Después de todo, como escribió Santiago: «Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz» (Santiago 3:18). Esa clase de congregación es de gran estimulo para sus líderes.

Ahora bien, ¿cómo podemos promover la unidad actuando como «amortiguadores»? De esto se ha tratado todo este seminario, por lo que algunas de estas sugerencias sonarán familiares. Pero es bueno refrescar nuestras mentes con estas cosas.

Primero, trata a los demás con amor. Recuerda lo que Pedro escribe: «Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados» (1 Pedro 4:8).
Segundo, y en ese mismo sentido, recuerda en medio del desacuerdo que aunque nuestras opiniones son temporales, las personas con quienes discrepamos son eternas. En medio de una discusión, ten cuidado de no tentar a un hermano o hermana a pecar enojado o con resentimiento.
Tercero, anima a otros a confiar en los líderes. Sí, los líderes no son perfectos. Pero aun así deberíamos inclinarnos hacia la confianza y no hacia el cinismo. Cuando alguien se nos acerca con una preocupación por la decisión de un líder de la iglesia, y nosotros sabemos el motivo de esa decisión, podemos explicarlo. Si no lo sabemos, o si una mejor explicación no alivia su inquietud, deberíamos sugerirle rotundamente que hable directamente con ese líder de la iglesia en vez de hacer que las cosas se agraven.
C. Ora por los líderes de la iglesia
En 2 Corintios 1:10-11, Pablo escribe: «En quien Cristo esperamos que aún nos librará, de tan gran muerte; cooperando también vosotros a favor nuestro con la oración, para que por muchas personas sean dadas gracias a favor nuestro por el don concedido a nosotros por medio de muchos». Este pasaje nos recuerda dos razones por las que debemos orar regularmente por los líderes de la iglesia. En primer lugar, ellos han recibido un deber formidable: actuar en su humanidad para pastorear una congregación de personas pecaminosas. Pero además, debemos orar por los líderes de la iglesia para que podamos regocijarnos y agradecer a Dios cuando nuestras oraciones sean contestadas. Entonces estaremos asombrados por su poder y experimentaremos la alegría que es nuestra en Cristo.

D. Expresa tu amor por ellos.
Más adelante en 2 Corintios, Pablo describe cómo esto lo hizo sentir. Dice: «Porque de cierto, cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestro cuerpo, sino que en todo fuimos atribulados; de fuera, conflictos; de dentro temores. Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló con la venida de Tito; y no sólo con su venida, sino también con la consolación con que él había sido consolado en cuanto a vosotros, haciéndonos saber vuestro gran afecto, vuestro llanto, vuestra solicitud por mí, de manera que me regocijé aún más» (7:5-7).

Qué increíble giro el que Pablo describe aquí. De «ningún reposo tuvo nuestro cuerpo» a «me regocijé aún más». Considera el hecho de que tu ánimo podría ser el consuelo de Dios para un líder que está luchando con el desánimo. Y si no eres el tipo de persona efusiva que a menudo hace comentarios alentadores, tus palabras podrían hundirse incluso más profundamente.

E. Busca su consejo y acepta con gratitud su reprensión
El consejo de los líderes de la iglesia, solicitado o no, debería ser una parte valiosa de nuestras vidas. Parte de su trabajo como pastores es identificar y abordar los problemas en nuestras vidas antes de que se vuelvan dañinos. Dos comentarios al respecto: Primero, recuerda que para que su consejo o reprensión sea específico y bien concebido, nuestros líderes deben saber lo que sucede en nuestras vidas. Es un buen hábito asegurarnos de que al menos un líder de nuestra iglesia esté consciente de nuestras luchas, de futuras decisiones importantes y de lo que nos desanima. Así que, habla regularmente con los líderes de la iglesia, tanto con los ancianos como con los miembros del personal y los líderes de un grupo pequeño.

Y, por supuesto, ve la reprensión piadosa como una consideración cuidadosa. Como leemos en Proverbios 9:8: «No reprendas al escarnecedor; para que no te aborrezca. Corrige al sabio, y te amará».

Ora para que Dios nos ayude a crecer en la madurez de Cristo para que podamos reaccionar positivamente a la reprensión cuando se nos presente, y no de manera defensiva.

F. Cree lo mejor de su carácter y de sus decisiones
En 1 Tesalonicenses 5:12-13, Pablo escribe: «Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros».
Permíteme leerte un párrafo del libro que mencioné anteriormente de Mack y Swavely, ya que captura bien este punto de la Escritura.

«Aunque siempre somos propensos a darnos ‘el beneficio de la duda’, nuestra naturaleza pecaminosa siente la fuerte tendencia a ser desconfiada, escéptica e incluso cínica para con los demás. Esto es especialmente cierto con nuestros líderes. Muchos miembros desarrollan el hábito de disfrutar ‘quemar al pastor’ en su almuerzo, pero el amor bíblico según 1 Corintios 13:7: ‘Todo lo sufre, todo lo espera’. Un miembro amoroso supondrá lo mejor de sus líderes y confiará en ellos hasta que algunas palabras o acciones claras le hagan preocuparse legítimamente por su sabiduría o intenciones».

Debemos confiar en nuestros líderes si no hay razones claras para lo contrario. Y no deberíamos esforzarnos por suponer sus intenciones a no ser que exista un fin elemental para ello. Con mucha frecuencia, no nos molesta lo que se hace, sino el porqué se hace. Lo que, claro está, es totalmente presuntivo a menos que la persona nos diga por qué hizo algo.

A menudo, desconocemos el porqué de las decisiones que se toman. Es peligroso confiar demasiado en nuestra opinión de lo que debería haberse hecho, sin conversar con los líderes de la iglesia. Y es riesgoso suponer razones pecaminosas del porqué se hicieron las cosas. Solo Dios conoce el corazón del hombre, nunca deberíamos creer que nosotros conocemos sus motivos.

Este es el lugar apropiado para hablar de la crítica piadosa hacia los líderes de nuestra iglesia. Nuestros líderes son seres humanos. Son imperfectos como el resto de nosotros. Debemos recordar ser humildes, amorosos y amables al acercarnos a un líder con una crítica apropiada y constructiva. Debemos tener cuidado de no ser excesivamente críticos o directos con comentarios negativos con mucha frecuencia. Pero también deberíamos recordar que hay ocasiones en las que es necesario algo de crítica piadosa, y no deberíamos renunciar a nuestra responsabilidad en esta área. Recuerda esta sección de nuestro pacto congregacional: «Caminaremos juntos en amor fraternal, como miembros de la iglesia de Cristo; nos cuidaremos y supervisaremos en amor, nos amonestaremos y oraremos fielmente los unos por los otros según la ocasión lo amerite».

Aplica tanto para los líderes de la iglesia como para los miembros de la iglesia, ¿cierto? Debemos trabajar arduamente por cultivar una cultura en la que la crítica amorosa y considerada sea dada con prudencia y aceptada libremente. Recuerda Proverbios 25:11: «Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene».

Por tanto, seis formas en las que podemos obedecer el mandamiento bíblico de respetar a quienes nos sirven como líderes, especialmente los ancianos, y ayudarles a trabajar con alegría: (1) camina en obediencia a Cristo; (2) cultiva y preserva la unidad; (3) ora por los líderes de la iglesia; (4) expresa tu amor por ellos; (5) busca su consejo y acepta su reprensión, y (6) confía en su carácter y decisiones.

Y no puedo culminar esta sección sin señalar lo provechoso que es cuando el cuerpo de la iglesia hace esto. El cuidado y el amor que los miembros tienen por sus líderes es asombroso y evidente. ¡Alabado sea Dios por su gracia en eso!

  1. ¿Qué hacemos cuando no estamos de acuerdo?
    La segunda parte de nuestra clase es lo que deberíamos hacer cuando no estamos de acuerdo con los líderes de la iglesia. Permíteme decir desde el principio que hablaremos dentro de unas pocas semanas acerca de lo que debemos hacer cuando un anciano está en pecado.

Inevitablemente habrá veces para todos nosotros en la que los ancianos tomen decisiones con las que no estemos de acuerdo. Nuestra respuesta puede marcar la diferencia entre promover la unidad o fomentar el disentimiento.

Es posible que hayas visto un útil diagrama ser usado en nuestra iglesia antes, con un eje midiendo cuán clara es la respuesta a una pregunta en específico, y el otro midiendo su importancia. Está en tu folleto y me referiré a él el resto de nuestra discusión.

Comenzando en el cuadrante izquierdo superior, tenemos las cosas que están claras en la Escritura, pero que no son importantes. Honestamente, es difícil pensar en algo que encaje en esta categoría. Si Dios decide algo que es lo suficientemente importante como para que quede claro en la Biblia, deberíamos prestar atención.

Avanzando hacia el cuadrante izquierdo inferior, tenemos las cosas que no son importantes ni claras. Por ejemplo, ¿qué marca de fotocopiadora deberíamos comprar? ¿Cuánto debería durar nuestro tiempo de silencio luego de que culmina el servicio? Puede ser bueno tener discusiones sabias acerca de estos temas. Pero una iglesia haría bien en someterse a las decisiones de sus líderes, quienes probablemente están delegando muchas de estas preguntas al personal o a otros miembros de la iglesia. Si tienes algo qué decir acerca de esta clase de temas, hazlo, pero nunca de manera conflictiva.

Y ahora, en los dos cuadrantes derechos es donde las preguntas se ponen más desafiantes. ¿Qué pasa con los asuntos que son bastante importantes, pero nada claros? ¿Deberíamos reconocer a alguien como anciano o comprar una gran propiedad? Es en estas situaciones que la congregación debe escuchar cuidadosamente a los ancianos y darles el beneficio de la duda. Es por ello que Dios los ha puesto para guiarnos.

Ahora bien, eso no quiere decir que algunas de estas decisiones no sean difíciles de aceptar. Entonces, ¿cómo podemos discrepar de manera piadosa acerca de cosas que están lejos de estar claras, pero cuyas implicaciones son importantes para nosotros como iglesia? Aquí tienes algunas sugerencias:

Primero, debemos reconocer que tenemos un importante rol que desempeñar, y es informar a los ancianos. Los ancianos no siempre están conscientes de todas las necesidades de la iglesia ni están perfectamente informados. Como iglesia, creemos en esto tan fuertemente que hemos escrito en nuestra constitución la norma de que ningún miembro de la iglesia puede hablar públicamente contra un anciano o contra un candidato a diácono a no ser que haya hablado antes con un anciano. La razón para esto NO es que los ancianos tratan de controlar tu voto. Se debe simplemente a que si existe una razón por la que estás en contra de la nominación de esta persona, podría ser una buena razón para que los ancianos reconsideren su decisión.

Por tanto, puedes desempeñar un rol útil al informar a los ancianos. Pero luego deberíamos confiar en lo que ellos decidan hacer con esa información.

Segundo, si no estás de acuerdo con una decisión hecha por el liderazgo, siéntate y habla con ellos para entender su razonamiento. Los ancianos están dispuestos a hacerlo. Ellos ven su cuidado espiritual por la congregación como su máximo deber en la iglesia. Así que, date le oportunidad de ser persuadido por ellos, y abordar el asunto con un espíritu enseñable.

Tal vez te preguntes, ¿qué pasa si me siento intimidado por los ancianos? ¿Cómo puedo participar en esta clase de conversación? Bueno, a la larga, puedes contradecir ese sentimiento conociendo mejor a los líderes. A corto plazo, es probable que de todos modos debas hablar con ellos acerca de tu inquietud, aunque a veces tener una conversación primero con otro líder de la iglesia, como el líder de tu grupo pequeño, puede ser sabio.

Incluso si luego de hablar con los ancianos sigues discrepando acerca de un asunto en esta categoría, está bien. No todos los cristianos pensarán siempre del mismo modo. Puedes confiar en ellos y no discrepar al mismo tiempo. Aquí es donde realmente la teoría se pone a prueba en relación con Hebreos 13:17. Una cosa es obedecer a los ancianos cuando estás entusiasmado y crees que tienen una excelente idea. Otra cosa es sujetarte a ellos cuando no estás de acuerdo con su decisión. En el segundo caso, nos sujetamos porque actuamos en fe. Por fe confiamos en que Cristo nos gobierna por su Palabra y Espíritu y a través de sus líderes.

Y en este punto, solo déjame decir que esto es lo que los ancianos están llamados a hacer cuando discrepan entre sí. Están llamados a someterse a la mayoría de los obispos. Habrá un tiempo en el que cada anciano pertenecerá a la minoría en una votación acerca de un determinado tema. En esas circunstancias, ese anciano está llamado a sujetarse a la mayoría, confiando en que Dios está obrando a través los otros ancianos en la votación. Así que, si uno de los ancianos sale perdiendo en una votación, tiene que dejarlo pasar. No debe buscar apoyo moral luego de la votación ni guardar rencor porque el resto del equipo no compartió su punto de vista. Nuestros ancianos hacen lo mejor para ser un ejemplo de sumisión para la congregación.

Tercero, cuida cómo discutes este asunto con otros. Para los temas en esta categoría de importante, pero incierto, nuestra unidad como iglesia glorificará más a Cristo que el tomar decisiones óptimas. No vayas a espaldas de los ancianos, buscando el apoyo de la congregación, para tratar de derrocar su decisión. No te burles de la decisión de los ancianos al conversar con otros, y corras el riesgo de hacer que sea más difícil para ellos confiar en sus líderes. Y sí hablas acerca de tu posición en una reunión de miembros, hazlo con gracia, bondad y humildad. ¿Cuántas veces hemos escuchado acerca de reuniones de los miembros en las iglesias que terminan en gritos y sentimientos de dolor y enojo?

Finalmente, cuando otros intenten menospreciar al liderazgo al conversar contigo, explícales que deberían hablar con los ancianos directamente si tienen una preocupación. Que hay buenas y malas maneras de criticar esas decisiones.

Ahora, consideremos la última categoría en la matriz donde los asuntos son claros y también importantes. Aquí es donde la congregación se convierte en el respaldo final contra las malas decisiones hechas por los ancianos. Es en estos temas de disciplina y doctrina en los que los apóstoles apelan en el Nuevo Testamento a la iglesia para que actúe. ¿La iglesia en Corinto continuaría aceptando en su comunión a un hombre en grave pecado? ¿Las iglesias de Galacia cambiarían los requisitos del evangelio? Aquí la congregación debe actuar. En este punto, la reputación de Cristo será mejor servida si nos apegamos a la respuesta correcta en lugar de a la unidad visible. Pero incluso aquí las preguntas abundan. ¿Cómo se llevaría a cabo esta acción? ¿Y cómo podemos cumplir nuestro rol bíblico como congregación mientras cuidamos gentilmente la reputación de Cristo entre nosotros y las almas de aquellos con quienes no estamos de acuerdo?

La manera en la que esto sucedería es que la congregación votaría a favor de la moción en cuestión por parte de los ancianos, de nuevo si esa moción es claramente antibíblica. En algunas situaciones, también deberían pedir la renuncia de los ancianos. Pero a lo largo de esto, una iglesia debe tener varias cosas en mente.

Primero, una iglesia no es un lugar para campañas y escrutinios secretos. Si un miembro de la congregación siente que los ancianos están cruzando la línea en temas de disciplina o doctrina, él o ella debe ser franco con los ancianos. Incluso al hablar con otros miembros de la iglesia sobre el mejor curso de acción.

Segundo, si existe un problema en esta categoría en la que los ancianos defienden una posición no bíblica, este es un buen momento para buscar el consejo de líderes piadosos de otras iglesias. Preferiblemente aquellos que conozcan bien a la iglesia y a sus líderes. Simplemente el hecho de que la congregación es la autoridad final en asuntos de disciplina y doctrina, de ninguna manera insinúa que no deberían buscar el consejo piadoso en ninguna otra parte.

Tercero, debemos tener mucho cuidado para proteger el nombre de Cristo en medio de lo que bien puede ser un desacuerdo desgarrador. A veces lees una historia en el periódico de que miembros de una iglesia han contactado medios externos por un desacuerdo en su iglesia, probablemente para reunir apoyo y ejercer presión sobre sus oponentes. Qué espantoso. Qué mundano. El apóstol Pablo arremetió contra la iglesia en Corinto por llevar los desacuerdos entre los miembros de la iglesia ante un tribunal civil. Imagínate cómo habría reaccionado ante la trompeta del desacuerdo de toda una iglesia ante el mundo en general. Sin embargo, lo más importante es pensar en cómo Dios ve estas tácticas. La reputación de Cristo debe dominar nuestras mentes. No debemos tomar medidas ni decir algo, independientemente de las circunstancias, que podría llegar a difamar el nombre de Cristo ante los ojos del mundo que nos rodea. Aún más que la unidad de nuestra iglesia, Cristo debe ser nuestro gozo y nuestro tesoro.

Al ver esta última categoría de desacuerdo, oro para que nuestra iglesia nunca tenga que recorrer un camino tan difícil. Pero si ese día llegara, esperemos de la increíble manera en que nos ha perseverado como cuerpo a través de tres siglos diferentes. Y alegrémonos de que los propósitos de Dios triunfan independientemente de nuestro comportamiento.

  1. Conclusión
    Cerraré con las palabras de un pastor anciano, Edward Griffin, hablando a su iglesia acerca de su jubilación. Estas son palabras que haríamos bien en prestar atención a todos aquellos que Dios nos ha dado como líderes.

«Por tu propio bien, y por el bien de tus hijos, cuida y respeta a quien has elegido para que sea tu pastor. Él ya te ama; y pronto te amará como ‘hueso de su hueso y carne de su carne’. Será igualmente tu deber y tu interés hacer que su trabajo sea lo más agradable posible para él. No exijas demasiado. No demandes visitas demasiado frecuentes. Si pasara, de esta manera, la mitad del tiempo que algunos exigen, deberá descuidar por completo sus estudios, si no se hunde antes bajo la carga. No le reportes todas las cosas desagradables que puedan decir en su contra; ni insinúes constantemente, en su presencia, oposición. Aunque es un ministro de Cristo, considera que tiene los sentimientos de un hombre». Que así podamos glorificar a Cristo a través del cuidado de nuestros líderes.

Contacto personal con Jesús

Miércoles 16 Agosto
[Jesús fue con Jairo] y le seguía una gran multitud… cuando [una mujer] oyó hablar de Jesús, vino por detrás… y tocó su manto.
Marcos 5:24-27
Contacto personal con Jesús
Cuando vemos a la multitud que rodea al Señor, podemos suponer que todos creían en él. Lo mismo ocurre hoy cuando vemos los edificios religiosos llenos de cristianos que profesan ser adoradores de Cristo. Podemos tener la impresión de que hay una multitud de creyentes en Cristo, ya que oímos que se pronuncian himnos y oraciones en su nombre, y también vemos diversas obras que se realizan en el nombre de Cristo. Ciertamente, así es como juzgan los hombres, ya que se llaman a sí mismos cristianos y dicen que su país está “cristianizado”. Pero, ¿implica esto que todos ellos creen realmente en el Señor Jesús? ¡Ay, no! En la multitud de personas que dicen conocerlo, y que poseen una profesión externa, el Señor sabe distinguir a los que tienen una fe personal en él: “Conoce el Señor a los que son suyos” (2 Ti. 2:19).

La multitud de los que rodeaban a Jesús podía ser sincera, ya que veían sus milagros y recibían beneficios de él, pero no sentían realmente la necesidad de pertenecer a Cristo; no tenían, por tanto, una fe personal en él. Del mismo modo, hoy en día, la gente puede ser bastante sincera cuando se adhiere, como dicen, a la religión cristiana. Pero este compromiso exterior con el cristianismo (unirse a la multitud que sigue a Jesús) no dará la salvación al alma; no resolverá la cuestión del pecado, la muerte y el juicio; no romperá el poder del pecado, ni nos librará de la corrupción, la carne y el mundo.

Para que haya una bendición real, debe haber una fe personal en el Señor Jesús. No tenemos que hacer grandes cosas para asegurar esta bendición, eso solo halagaría nuestro orgullo; pero al creer en el Salvador estamos dispuestos a no ser nada, y a darle a él toda la gloria. El poder está en Cristo, no en la fe; la fe, aunque sea débil, asegura la bendición al ponernos en contacto con Aquel que posee todo el mérito.

Hamilton Smith
© Believer’s Bookshelf Canada Inc.

La Iglesia de Ayer | Alexander Leon

La Iglesia de Ayer
Por Alexander Leon

Al final de este artículo viene un link para escuchar el cántico al cual se hace referencia: «La Iglesia de Ayer» usando la música del cántico gospel «Old fashioned meeting» compuesto por Herbert Buffum en 1922.

OH CUAN BELLO EL RECUERDO DE LA IGLESIA DE AYER, CÓMO EL PUEBLO CRISTIANO ADORABA AL SEÑOR, SENCILLEZ, REVERENCIA PERO GRAN FERVOR, AL ENTRAR EN LA CASA DE ORACIÓN Y LOOR

Las iglesias evangélicas experimentaron cambios muy notorios a partir de la segunda mitad del siglo 20. Pero el hecho de que ya en 1922 un compositor de cánticos gospel escribiera un canto cuyo tema fuera “la manera antigua de las reuniones evangélicas”, demuestra que los cambios en las iglesias no parecen haber sido bruscos, sino que década tras década las iglesias fueron cediendo ante las sugerencias del mundo.

El estilo de adoración y la actitud en la Iglesia es algo que se fue descuidando paulatinamente hasta llegar al punto en que hoy muy pocos entienden que la Iglesia debería ser primeramente una “Casa de Oración”. Por eso hay tantos que se extrañan y se incomodan si se les pide puntualidad, reverencia y decoro en un culto.

Y ¡QUÉ HIMNOS CANTABAN, EN LA IGLESIA DE AYER! Y ELEVABAN PLEGARIAS REVERENTES A DIOS; PECADORES CONVICTOS SE RENDÍAN ALLÍ, EL MUNDO ABANDONANDO, PARA A CRISTO SEGUIR

Muchos evangélicos ignoran qué es un himno y nunca han visto un Himnario en sus iglesias. Esto prueba la desconexión histórica que sufre el evangelicalismo. Muchas iglesias sólo conocen los cantos compuestos en los últimos 20 años o 40 como máximo, y la himnodia y el Salterio de siglos pasados son completamente desconocidos o considerados anticuados.

¿Y las plegarias? – Se le enseña a las personas en muchos lugares a exigirle a Dios y declarar y decretar, pero las rogativas y la verdadera oración están ausentes. El culto de oración no está dentro de los programas de muchas iglesias.

Un incrédulo puede visitar una iglesia y sentirse cómodo al escuchar música pop muy similar a la que está de moda. La gente puede unirse a las iglesias sin asumir ningún compromiso, no tienen que dejar nada. Por eso, hay tantos que han «cambiado de iglesia», pero sus corazones nunca han cambiado y siguen tan mundanos como siempre.

YO FUI UNO DE AQUELLOS, QUE EN LA IGLESIA DE AYER, ESCUCHÉ EL EVANGELIO Y SENTÍ SU PODER; CRISTO FUE PREDICADO Y SU GRAN REDENCIÓN, HUBO GRACIA ABUNDANTE, RECIBÍ SALVACIÓN.

Muchos evangélicos modernos no pueden dar un testimonio de conversión y cayeron en la trampa en que habían caído tanto los católicos romanos como los de “Iglesias Estatales”, pensando que por haber nacido en un “hogar cristiano”, ellos automáticamente son cristianos. Los Metodistas del siglo 18 espantaron a muchos respetables clérigos de la Iglesia Anglicana cuando les decían que eran pecadores y que tenían que nacer de nuevo, y por eso, los expulsaron de sus iglesias. Pero ¡Oh tristeza», muchas iglesias Metodistas de hoy no permitirían a los hermanos Wesley predicar en sus iglesias, así como muchos Bautistas de hoy no soportarían la predicación de John Bunyan y muchos Presbiterianos de hoy no sufrirían la predicación de John Knox en sus iglesias. Lo mismo pudiera decirse de cada denominación evangélica y sus antiguos líderes.

MUCHOS YA SE ADAPTARON A LA MODERNIDAD SIN PENSAR SE RINDIERON ANTE LA VANIDAD Y DEJARON LA BIBLIA Y SU CENTRALIDAD POR ENTRETENIMIENTO Y MUNDANALIDAD

Las diferentes denominaciones evangélicas se fueron rindiendo ante la presión del modernismo. La llamada “guerra por los estilos de adoración” que se libró en los años 1980´s, en la cual ciertos sectores conservadores trataron de defender un estilo sobrio, se perdió ante los promotores de la llamada “Música Cristiana Contemporánea”. Aclaro que esta afirmación de que la guerra se perdió se basa en los números, porque quedan pocas iglesias cuyo estilo de adoración se mantiene conservador o tradicional.

El problema es que este no era un asunto de “estilos de música” solamente, era un asunto de enfoque. ¡Los cultos dejaron de estar centrados en la Biblia!

En la tradición evangélica la Biblia había sido el centro de todo, por eso les llamaron «el pueblo del libro». Se cantaba la Palabra de Dios expresada en himnos y cánticos espirituales, se leía la Palabra de Dios de manera sistemática, se enseñaba la Palabra de Dios y se predicaba la Palabra de Dios. El evangélico conocía su Biblia. Hoy en día hay evangélicos que no pueden recitar los libros de la Biblia y se asombrarían si el predicador menciona un profeta llamado Habacuc o una epístola dirigida a Filemón. Pero eso sí, tienen todos los artefactos necesarios para un sonido espectacular y una plataforma llena de instrumentos para la banda que se encarga de entretenerlos al punto que el culto es básicamente música, música y más música. La actividad que se realiza en ciertas iglesias se parece más a un espectáculo y a un concierto de rock que a un culto en una Casa de Oración.

EL SEÑOR NUNCA CAMBIA, SU PALABRA ES FIEL, A LAS SENDAS ANTIGUAS HOY DEBEMOS VOLVER; ESTRATEGIAS HUMANAS HAY QUE RECHAZAR LA LEY Y EL EVANGELIO DEBEMOS PREDICAR

El Dios que se ha revelado a sí mismo en la Biblia se nos muestra claramente como un Dios Santo. Santo más allá de nuestra comprensión y tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, la adoración se presenta como un acto solemne y espiritual. No es algo carnal. El incrédulo que visita una iglesia bíblica, debería muy pronto percibir que él carece de la actitud de los adoradores y que esto no es algo sentimental o emocional solamente. No es que los sentimientos y las emociones no estén involucrados, pero no es una manipulación de sentimientos o emociones la que lleva a estos adoradores a exaltar a Cristo.

Algunos evangélicos parece que todavía desean ganar almas para Cristo, pero le dan a los mundanos lo que los mundanos quieren en vez de darles lo que ellos necesitan.

Lo que los pecadores necesitan es arrepentirse de sus pecados y creer en el Evangelio, pero ¿cómo se va a arrepentir el pecador si no conoce la Ley de Dios que le muestra la condenación que merece? ¿Cómo apreciará el Evangelio del bendito Salvador si no se ha sentido perdido y condenado?

Coro:

ERA UN CULTO SENCILLO, EN LA IGLESIA DE AYER,  DONDE SE PERCIBÍA LA PRESENCIA DE DIOS  EL ESPÍRITU SANTO EN CADA SERMÓN,  EXALTABA A CRISTO, REVELANDO SU AMOR

Así era el culto bíblico, sin artificios humanos. No se necesita la pompa y superstición de la Iglesia medieval, lo que se necesita es percibir la presencia de Dios que Él prometió a los que se reúnen en el nombre de Cristo. Tristemente ciertos evangélicos “sienten” o “no sienten” la presencia de Dios y es una percepción subjetiva emocional. De eso no se trata.

El poder transformador del Espíritu Santo no tiene que ver con excesos emocionalistas que tienen un efecto temporal pasajero. El Espíritu Santo actúa por la Palabra predicada para que todo el que creen experimente el amor salvador de Jesucristo.

Los escritos de los primeros siglos de la era cristiana muestran que el culto cristiano, es decir, la adoración a Cristo era un evento solemne pero sencillo. Los Reformadores del siglo 16 siempre defendieron sus liturgias que procuraban asemejar a la de la iglesia primitiva.

Oremos por un derramamiento del Espíritu Santo para que en las iglesias se restaure una adoración bíblica y la proclamación de la Palabra de Dios y la fiel administración de las ordenanzas sagradas (sacramentos) cumplan su propósito. Veremos entonces genuinas conversiones de pecadores rindiéndose a Cristo al ser testigos de Su poder trasnformador.

Justino Mártir que vivió en el segundo siglo escribió:

EN «EL DÍA QUE SE LLAMA «DEL SOL»» SE REÚNEN TODOS LOS CRISTIANOS DEL CAMPO Y DE LA CIUDAD, Y SE LEEN EN PÚBLICO LOS «RECUERDOS DE LOS APÓSTOLES», O LOS ESCRITOS DE LOS PROFETAS. EL QUE PRESIDE LA ASAMBLEA HACE UNA EXHORTACIÓN PARA QUE EL PUEBLO IMITE LOS EJEMPLOS QUE SE HAN LEÍDO. LOS PRESENTES ELEVAN ORACIONES SUPLICANDO LA GRACIA PARA PERMANECER FIELES AL MENSAJE EVANGÉLICO. TRAS LAS ORACIONES, SE DAN MUTUAMENTE EL SALUDO DE LA PAZ. LUEGO «EL QUE PRESIDE A LOS HERMANOS» RECIBE DE LA ASAMBLEA PAN Y UN VASO DE VINO MEZCLADO CON AGUA, TRIBUTA ALABANZAS AL PADRE, AL HIJO Y AL ESPÍRITU SANTO, Y PRONUNCIA «UNA LARGA ACCIÓN DE GRACIAS». EL PUEBLO RESPONDE «AMÉN». LOS DIÁCONOS DAN A CADA UNO DE LOS ASISTENTES UNA PARTE DEL PAN Y DEL VINO MEZCLADO CON AGUA.