Todo lo que tenía en el corazón

Domingo 21 Febrero

La reina de Sabá… le expuso todo lo que en su corazón tenía. Y Salomón le contestó todas sus preguntas. 1 Reyes 10 : 1-3

(Jesús dijo :) La reina del Sur… vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y he aquí más que Salomón en este lugar. Mateo 12 : 42

Todo lo que tenía en el corazón

El rey Salomón, hijo de David, tenía muchas riquezas y gloria, pero también una sabiduría extraordinaria. Su fama había llegado a los oídos de una reina lejana. Esta, escéptica, quiso constatarlo por sí misma y emprendió un largo viaje para ver a Salomón. Le hizo todas las preguntas que quiso, y Salomón no tuvo ninguna dificultad para responderle. La reina volvió maravillada al constatar aquella sabiduría y gloria que sobrepasaba lo que le habían contado.

Cuando Jesús estuvo en la tierra, hizo alusión a esta reina que había ido a consultar a Salomón. Y hablando de sí mismo, afirmó que él era mayor que Salomón. En efecto, Jesús no solo era un hombre muy sabio, como Salomón, sino que era la sabiduría de Dios personificada (1 Corintios 1 : 24). Ninguno de los que se acercaron a él fue decepcionado. Los guardias encargados de arrestar a Jesús declararon : “¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre !” (Juan 7 : 46).

Hoy todos debemos enfrentarnos a preguntas difíciles. A veces tenemos en nuestro corazón algunos “por qué” muy dolorosos. Y nuestra sabiduría no puede encontrar una explicación a todo.

Vayamos con confianza a Jesús y expongámosle nuestros enigmas personales. No hay nada, absolutamente nada, que se le escape. Sin duda no comprendemos todo, pero nos tranquilizará saber que él nos ama y que hay una explicación, una razón que él conoce.

2 Samuel 14 – Hechos 5 : 17-42 – Salmo 25 : 6-10 – Proverbios 10 : 9-10© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿Cuál es el mayor peligro de la sociedad hoy en día?

No es tan simple como parece

¿Cuál es el mayor peligro de la sociedad hoy en día?

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

http://www.integridadysabiduria.org

Cristo Vino Para Llevar A Cabo La Voluntad De Dios

HeartCry Missionaty Society

Cristo Vino Para Llevar A Cabo La Voluntad De Dios

Escritura: Salmo 40:6-7, Hebreos 10:5

Thomas Boston

“Cristo aceptó el oficio de Redentor y se comprometió a hacer que Su alma fuera una ofrenda por el pecado. Él, con gozo, asumió esta obra en aquella transacción eterna que hubo entre el Padre y Él. Él estaba feliz de tomar el lugar del elegido, y someterse a los terribles golpes de la justicia vengadora. El Salmista describe a Cristo como alguien que está ofrendándose a Sí mismo como fianza (garantía) en lugar de los hombres: “Sacrificio y ofrenda no te agrada…” “…Entonces dije: He aquí, vengo…” (Salmo 40:6-7). Él voluntariamente aceptó todas las condiciones que eran requeridas para lograr nuestra redención. Él estaba feliz de tomar un cuerpo para de esta forma ser capaz de sufrir. La deuda no podía ser pagada, ni tampoco cumplir los artículos del pacto, sino era en la naturaleza humana. Por tanto, Él debía tener una naturaleza capaz y preparada para sufrimientos. Por esto es que se dice, “Sacrificio y ofrenda no quisiste; más me preparaste cuerpo” (Hebreos 10:5). Le correspondía a Él tener un cuerpo capaz de sufrir aquello que estaba representando éstos sacrificios legales con los cuales Dios no se complacía. Entonces Él tomó este cuerpo de carne, rodeado de todas las dolencias de nuestra naturaleza caída, con la excepción solamente del pecado. Él tuvo la condescendencia de echar a un lado las túnicas de Su gloria, para convertirse en alguien sin reputación, para tomar forma de siervo, y hacerse similar a los hombres” (Traducido de Works, Vol.1, p.310).

“El Padre dispuso y diseño que Su propio Hijo, el Verbo eterno, debía, con el propósito de hacer misericordia a la perdida raza humana, tomar la naturaleza de ellos, y convertirse en hombre. Él vio que los sacrificios y ofrendas no solucionarían el caso; la deuda era más grande que lo que sería el pago a ese costo; la redención de las almas solamente podía lograrse por medio de una persona de infinita dignidad: por esta razón, habiendo dispuesto que el amado atributo de misericordia debía ilustrarse en el caso de la humanidad perdida, Él quiso que la raza humana estuviera unida en el tiempo a la naturaleza divina, en la persona de Su Hijo. He aquí entonces que, el Hijo, como Verbo eterno, la segunda persona de la gloriosa Trinidad, sin tener otra relación cercana con el hombre que Su condición de Señor y soberano Creador, inmediatamente estuvo de acuerdo: “‘Sacrificio y ofrenda no quisiste; más me preparaste cuerpo… Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad” (Hebreos 10:5). El Verbo eterno accedió a ser hecho carne, para que toda carne no pereciera: Él accedió a convertirse en hombre, llevar en Él mismo una unión personal con la naturaleza humana, a saber, un cuerpo verdadero y un alma razonable, de acuerdo con el designio eterno de Su Padre. Esto fue un ejemplo de asombrosa condescendencia. El `más alto monarca del planeta consentir en dejar a un lado sus túnicas de majestad para vestirse con harapos y convertirse en mendigo, aun así no se compararía con lo que sucedió aquí. Tampoco el consentimiento del más alto ángel en convertirse en gusano, no es comparable con el hecho de que el eterno Hijo de Dios, igual al Padre, accediera a convertirse en hombre: pues la distancia entre la naturaleza divina y la humana es infinita; mientras la distancia entre la naturaleza angelical y la naturaleza de los gusanos de la tierra es finita” (Obras, Vol.8, p. 409)

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1676-1732

Thomas Boston (1676-1732) fue un líder de la iglesia escocesa. Nació en Duns, Berwickshire. Fue educado en Edimburgo y obtuvo la licencia del presbiterio de Chirnside en 1697. En 1699 se convirtió en ministro de la pequeña parroquia de Simprin. En 1704, mientras visitaba a un miembro de su rebaño, encontró un libro traído a Escocia por un soldado de la Commonwealth. Era el famoso libro Marrow of Modern Divinity (la médula de la teología moderna), de Edward Fisher, un compendio de las opiniones de los principales teólogos de la Reforma sobre la doctrina de la gracia y la oferta del Evangelio, que desencadenó la Marrow Controversy (controversia de la médula).

Ester – 40/42

El Proyecto Biblia

Serie: Antiguo Testamento

40/42 – Ester

Antiguo Testamento

Mira nuestro video de Lee la Biblia sobre el libro de Ester, que analiza el diseño literario del libro y su flujo de pensamiento. En Ester, Dios providencialmente usa a dos israelitas exiliados para rescatar a su pueblo de una destrucción segura, sin hacer ninguna mención explícita sobre Dios o su actividad.

BibleProject​ #VideosDeLaBiblia​ #Ester

PEDRO VALDO

BITE

Serie: Biografías

PEDRO VALDO

El primer REFORMADOR antes de la REFORMA

En 1170, Valdo era un comerciante muy rico y bien conocido en la ciudad de Lyon. Tenía una esposa, dos hijas y muchas propiedades. Pero algo sucedió: algunos dicen que presenció la muerte repentina de un amigo, otros dicen que escuchó una canción espiritual de un juglar itinerante. Lo cierto es que Valdo se sintió profundamente preocupado por su estado espiritual. Esto lo condujo a una crisis por saber cómo podría salvarse.

Su primera decisión fue empezar a leer la Biblia. Pero como solo existía la Vulgata Latina en ese momento y su conocimiento del latín era precario, contrató a dos eruditos para que la tradujeran a su idioma y así poder estudiar el texto sagrado él mismo.

Luego, buscó el consejo espiritual de un sacerdote, quien le enseñó la historia del joven rico en los Evangelios y citó a Jesús: “Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.” (Lucas 18:22).

Las palabras de Jesús en el evangelio traspasaron el corazón de Valdo. Al igual que el joven rico, Valdo se dio cuenta en ese instante de que había estado sirviendo al dinero, no a Dios. Pero a diferencia del joven rico que se alejó de Jesús, Valdo se arrepintió e hizo exactamente lo que Jesús dijo: entregó todo lo que tenía a los pobres.

Después de hacer las provisiones adecuadas para su esposa e hijas, Valdo decidió vivir una vida alejada de las riquezas e invirtió todo su dinero en la labor evangelística, viviendo en completa dependencia de Dios.

Valdo inmediatamente comenzó a predicar desde su Biblia en las calles de Lyon, especialmente a las personas pobres.

Muchos lo siguieron, y para el año 1175 un grupo considerable de hombres y mujeres se habían convertido en discípulos de Valdo. Ellos también renunciaron a sus posesiones y se dedicaron a predicar.

La gente comenzó a llamar a los seguidores de Valdo «los pobres de Lyon». Más tarde, a medida que el grupo se convirtió en un movimiento y se extendió por toda Francia y otras partes de Europa, se les conoció como «valdenses».

Cuanto más Valdo estudiaba las Escrituras, más se preocupaba por ciertas doctrinas, prácticas y estructuras del gobierno de la Iglesia de Roma, sin mencionar su riqueza, que se contraponía con la visión y la experiencia de lo que significaba ser cristiano para Valdo.

Pero Pedro Valdo no se quedó callado, sino que se pronunció valientemente contra estas cosas.

Sin embargo, este tipo de posiciones incomodaban a la Iglesia, así que Roma prohibió oficialmente la predicación laica, y Valdo y su grupo atrajeron imediatamente la oposición de los líderes de la iglesia.

El arzobispo de Lyon se sintió particularmente molesto por este movimiento de reforma autodidacta y sin educación y movió sus influencia para neutralizarlo. Pero en el año 1179, Valdo apeló directamente al Papa Alejandro III (1105-1181) y recibió su aprobación. El Papa le otorgó un voto de pobreza. Sin embargo, solo cinco años después, un nuevo papa, Lucio III (1097-1185), se puso del lado del arzobispo.

En 1183, Valdo y sus seguidores fueron excomulgados por violar la prohibición de la predicación y fueron expulsados de la ciudad. Fueron condenados formalmente en un consejo eclesiástico en el año 1184 junto con otros presuntos herejes, incluidos los cátaros, contra quien Valdo había predicado anteriormente.

Si la Iglesia de Roma no hubiese expulsado a Valdo, tal vez el movimiento se hubiera convertido en una comunidad religiosa más, de las decenas que existían ya dentro de la Iglesia.

Realmente Valdo nunca tuvo la intención de separarse de Roma, y mantuvo numerosas doctrinas católicas tradicionales. Pero después de la excomunión, y continuando más allá de la muerte de Valdo, hacia el año 1205, las convicciones separatistas de los valdenses aumentaron y se solidificaron.

CIBERGRAFÍA:

The First Tremor: http://bit.ly/2CNBLQk​
Valdes: http://bit.ly/2To0mAH​
El primer tremor: Pedro Valdo: http://bit.ly/2LNPqJs​

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Maravillado por la resurrección

Soldados de Jesucristo

Febrero 20/2021

Solid Joys en Español

Maravillado por la resurrección

John Piper

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Espejos que deforman

Sábado 20 Febrero

Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso ; ¿quién lo conocerá ? Yo el Señor. Jeremías 17 : 9

El Señor… aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones. 1 Corintios 4 : 5

Espejos que deforman

Entre todas las atracciones del museo que visitamos con nuestros hijos, los espejos deformadores de la imagen fueron los más llamativos. Cada uno se divertía viendo al otro con el busto regordete o las piernas enormes, y se burlaba alegremente, sin darse cuenta de lo ridícula que también era su propia imagen.

“Conócete a ti mismo”, era el lema del filósofo griego Sócrates (470 a 399 a. C.). Pero, ¿cómo llegar a ese conocimiento ? ¿Confiando en su propio juicio ? ¡Es muy difícil ser juez de uno mismo ! ¿Confiando en los demás ? No, pues la amabilidad, el interés o la envidia falsearían su juicio. Todos nuestros espejos deforman en mayor o en menor grado. Pero existe uno totalmente verídico : la Biblia, la Palabra de Dios. Ella revela perfectamente todo lo que nos gustaría esconder, todos nuestros pecados, el fin de nuestras palabras y acciones… Es inútil creernos inocentes ante la luz de Dios. ¡Solo podemos declararnos culpables ! Pero la Biblia también nos anuncia que Jesús vino para salvar a los culpables y liberar a los condenados.

Conocerse bien significa saber exactamente lo que Dios piensa de nosotros. Saber que quiere salvarnos es considerar un nuevo comienzo. Apropiarse, por la fe, del sacrificio de Cristo en la cruz es tomar ese punto de partida y empezar una vida nueva. Cristo “por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Corintios 5 : 15).

2 Samuel 13 – Hechos 5 : 1-16 – Salmo 25 : 1-5 – Proverbios 10 : 7-8

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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9 – Enemigos de la Palabra

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Vida y Enseñanzas de Jesús

9 – Enemigos de la Palabra

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

El plan de redención – Parte 1

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 19/26

El plan de redención – Parte 1

  1. Introducción: El problema de la salvación

En las últimas semanas, hemos estudiado a Dios, principalmente a la persona del Espíritu Santo. El día de hoy, comenzamos una encuesta acerca de cómo Dios trabajó desde la eternidad pasada y trabaja en la eternidad futura para reconciliar a un pueblo elegido con él a través de la obra expiatoria de Cristo en la cruz. Pero primero quiero hablar de una palabra común: «salvación».

La palabra «salvación» en sí plantea un problema en nuestra cultura posmoderna, una cultura que dice que la verdad es relativa. ¿Cuál es el problema? Bueno, la salvación supone que tenemos una situación difícil. Supone que necesitamos ser salvados. ¿Pero salvados de qué? ¿Salvados para qué? ¿Salvados por quién?

Nuestra cultura ha perdido el vocabulario de palabras como «pecado» y «santidad». En nuestra cultura terapéutica, «el pecado» ya no se define por quiénes somos aquí [en el corazón], sino más bien por los errores e injusticias que se han cometido contra nosotros afuera. No hay verdaderos conspiradores, solo víctimas.

Nuestro problema fundamental, dice nuestra cultura, no es la presunción espiritual, sino la baja autoestima. Pero ésta es la esencia del orgullo. Nuestra cultura les dice a todos que se expresen; que se recompensen… pero, ¿qué dice el Señor? Él nos llama a negarnos a nosotros mismos, no a abandonar a Dios para encontrar en nosotros mismos lo que una vez encontramos en Dios y solo podemos encontrar en él.

Esa clase de abandono yace en el corazón de ese primer pecado en el huerto, el deseo de no vivir para Dios sino ser Dios. En Edén, nuestros primeros padres trataron de quitarle a Dios su trabajo, y nosotros lo hacemos todo el tiempo. Con demasiada frecuencia no nos vemos como criaturas dependientes. En cambio, nos vemos a nosotros mismos como los autores de nuestra propia existencia, los jueces de nuestros propios valores y los dueños de nuestros propios destinos. Así como el pecado se ha desvanecido, también lo ha hecho Dios de nuestra conciencia.

No es sino hasta que captamos las profundidades de nuestra depravación, de nuestro pecado, no es sino hasta que entendemos el mal que reside aquí (en el corazón) que podemos entender correctamente que necesitamos ser salvados no solo de nosotros mismos, sino de Dios. Y ese remedio para la salvación no está en nosotros, sino fuera de nosotros.

Me gusta la forma en que Spurgeon lo expresó, él dijo: «El que no piensa seriamente acerca del pecado, no pensará seriamente acerca del salvador»… Mi deseo es que podamos ser los que piensan profundamente acerca de la salvación porque entendemos lo que la Biblia dice acerca de nosotros: que somos pecadores y necesitamos ser salvados.

  1. El orden de la salvación

Entonces, ¿cómo se da la salvación? ¿Qué sucede realmente cuando alguien es salvo? Estamos en el punto dos en tu folleto: El orden de la salvación.

En las clases anteriores, hablamos acerca del hecho de que todos hemos pecado y merecemos el castigo eterno de Dios. Sin embargo, al morir obedientemente en la cruz, Cristo logró la redención de su pueblo. Con «redención» me refiero a que Cristo pagó el precio para comprarnos de nuestra esclavitud al pecado; cuando alguien redime algo, como en una casa de empeño, la persona debe pagar un precio para recuperar lo que le pertenece. Cristo, a través de su obra en la cruz, ganó nuestra salvación…

Hoy, veremos la forma en que Dios aplica esa salvación a las vidas individuales.

A lo largo de las próximas cuatro clases veremos que «la salvación es del Señor». Dios no solo logró algo en la cruz; él también aplica los beneficios de la cruz a personas individuales.

De manera que cuando la Biblia habla de la salvación, no habla de un «acto simple e indivisible». Al contrario, habla de la salvación que comprende una «serie de actos y procesos». La Escritura habla de la salvación en el pasado, presente y futuro. Los cristianos han sido salvos (Efesios 2:8), están siendo salvos (1 Corintios 1:18), y serán completamente salvos algún día de las consecuencias del pecado (Romanos 5:9).

Dado que la aplicación de la redención no es una acción única, sino más bien una serie de actos y procesos, no debería sorprendernos que siga un orden determinado y distinto con una disposición de varios pasos. Sin embargo, ningún versículo de la Escritura menciona cada acto o proceso en este «orden de la salvación».

En cambio, una comparación cuidadosa de varios pasajes del Nuevo Testamento nos da un marco para el orden de la salvación. [Eso es lo que hace la teología sistemática: ver toda la Biblia para ver lo que ella dice respecto a un tema o pregunta].

Considera Romanos 8:29-30, por ejemplo: «Porque a los que antes [Dios] conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó».

Así que vemos que la predestinación precede al llamado, que precede a la justificación, que a su vez precede a la glorificación. Esto tiene sentido, ¿no? Dios no podía, por ejemplo, glorificar a un pecador que no había sido justificado, ¿o no? Hay un orden lógico de cómo se aplica la salvación a las personas.

Bueno, el orden de la salvación que consideraremos en las próximas semanas es el siguiente [esto está en la parte delantera de tu folleto]:

  • La elección (Dios escoge las personas que serán salvas)
  • El llamado del evangelio (proclamar/escuchar el mensaje del evangelio)
  • La regeneración (nacer de nuevo)
  • La conversión (fe y arrepentimiento)
  • La justificación (posición legal correcta; la justicia de Cristo es imputada)
  • La adopción (membrecía en la familia de Dios)
  • La santificación (crecimiento en obediencia y conocimiento; mayor conformidad con Cristo)
  • La perseverancia (continuar en la fe; permanecer en Cristo)
  • La muerte (estar con el Señor)
  • La glorificación (recibir un cuerpo resucitado)

Deberíamos observar que algunos de los aspectos de la salvación dependen completamente de Dios (como la elección). Otros, como la conversión, requieren de la actividad humana junto con la actividad de Dios. El arrepentimiento y la fe son dones a los que debemos responder (2 Ti. 2:25).

Además, ten en cuenta que este orden de la salvación no es estrictamente cronológico: sabes que esto sucede, entonces eso sucede. Por ejemplo, en el momento en que realmente nos arrepentimos y ponemos nuestra confianza en Cristo, Dios nos justifica y nos adopta, y comienza el proceso de santificación. No todo sucede a la vez, claro está, obviamente somos regenerados antes de ser glorificados. Pero principalmente, el orden de salvación es uno de orden lógico más que un orden cronológico.

El día de hoy, intentaremos cubrir el proceso inicial de la salvación mirando las doctrinas de la elección, el llamado y la regeneración. Y abordaremos el resto durante las próximas tres semanas. Así que aquí vamos, punto 3: Doctrina de la elección/predestinación.

  1. La doctrina de la elección/predestinación

La primera sección con la que debemos  empezar es la elección de Dios. Como dijimos antes, la salvación comienza con Dios. Si te fijas en tu folleto, definimos la elección como: «un acto de Dios antes de la creación en el que él escoge que algunas personas sean salvas, no a causa de ningún mérito previsto en ellas, sino solo por su beneplácito y soberano placer».

En otras palabras, Dios escogió salvar a un número específico y definido de personas. Él garantizó su salvación, ganó en la cruz por Jesús, y otorgó los beneficios de la muerte y resurrección de Jesús a sus vidas.

Si dependiera del hombre, todos permaneceríamos para siempre en nuestros pecado, porque tal como está escrito: «No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios» (Romanos 3:10).

Solo un poderoso acto sobrenatural por parte de Dios puede rescatar a los pecadores en esta condición. Si van a ser rescatados, Dios debe tomar la iniciativa, y esto es precisamente lo que Dios hace. Él soberanamente saca a un hombre del reino de Satanás y lo coloca en el reino de Cristo (Col. 1:13).

Esta doctrina de la elección o predestinación, como a veces es llamada por los apóstoles, está claramente expuesta en las Escrituras; los escogidos son referidos al menos 25 veces en el Nuevo Testamento. Así que veamos la Biblia, porque queremos ver las cosas por nosotros mismos en las Escrituras.

Entonces, Lucas escribe en Hechos 13:48 acerca de Pablo y Bernabé predicando a los gentiles en Antioquía. Él dice que cuando los gentiles escucharon el mensaje: «se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna». Aquí vemos que los escogidos de Dios son los que creen en el evangelio.

Efesios 1:4-5 dice: «Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad».

Pablo en 1 Tesalonicenses 1:4-5 dice: «Porque conocemos, hermanos amados de Dios, vuestra elección; pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros». Pablo sabe que estos cristianos de Tesalónica son escogidos de Dios porque tienen fe en el evangelio. 

La implicación, por supuesto, es que el amor electivo de Dios debe dirigirse hacia un individuo antes de que sea posible una respuesta de fe salvadora. Escribiendo a esa misma iglesia, Pablo escribe más tarde: «Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación» (2 Tesalonicenses 2:13).

La elección de Dios de salvar a ciertos individuos descansa únicamente en su voluntad soberana. Es una elección incondicional. No hacemos nada para merecerla. Su elección de salvar a pecadores particulares no se basó en ninguna respuesta u obediencia prevista de su parte, como la fe y el arrepentimiento.

Por el contrario, Dios da fe y arrepentimiento a cada individuo que escoge. Cualquier acto de obediencia como la fe y el arrepentimiento son el resultado, y no la causa de la elección de Dios.

Nunca encontrarás en las Escrituras que nuestra fe fue la razón por la que Dios nos escogió. La salvación es completamente por gracia. Por tanto, la elección de Dios del pecador, no la elección de Cristo por parte del pecador, es la gran causa de la salvación. Amamos porque Dios nos amó primero… elegimos a Dios porque él nos escogió primero.

También vemos elecciones incondicionales en el Antiguo Testamento. Recuerda, estamos viendo toda la Biblia para este tema. En Deuteronomio 7:7-8, Dios claramente expone la razón por la cual escogió soberanamente a Israel para ser su pueblo elegido: «No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos;  sino por cuanto Jehová os amó…».

El propósito de Dios en la elección de Israel no estaba basado en el pueblo. Estaba basado en Dios. Y observa que estaba basado en el amor de Dios.

Dios está diciendo: «Te escogí porque te amaba». Podríamos detenernos allí hoy, ¿no? Recuerdo que una vez un mentor mío estaba hablando de una ocasión en que su esposa le preguntó por qué la amaba. Y aunque tenía un millón de razones, simplemente dijo: «Cariño, te amo… porque te amo». Eso es lo que le pasa a Dios, no podemos conocer su mente más allá de lo que él revela en su Palabra. Así que debes saber que si estás en Cristo, Dios te escogió porque te amaba. ¿Por qué te ama? Porque te ama.

En el Nuevo Testamento vemos que la elección no se explica en ninguna parte más claramente que en Romanos, capítulo 9, versículos 10-16. Dice:

«Y no sólo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre  (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama),  se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí. ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia»

¿«A Esaú aborrecí»? ¡Qué fuerte! Suena injusto. Sin embargo, cuando hacemos la pregunta que Pablo hace: «¿Hay injusticia en Dios?», debemos decir: «¡No, en lo absoluto!». Dios pudo haber dicho con toda razón: «Aborrezco a Esaú a Jacob». Si miras la vida de Jacob en Génesis, especialmente durante sus primeros años, verás que su comportamiento es detestable: es un traidor, mentiroso e intrigante. La pregunta difícil no es cómo puede Dios aborrecer a Esaú, sino cómo puede amar justificadamente a Jacob, un pecador.

El verdadero misterio no es: «¿por qué Dios solo salvaría a algunos?», sino: «¿por qué él salvaría a alguno de nosotros?» Todos merecemos la condenación eterna, pero en su amor y misericordia, Dios planeó salvar a algunos de nosotros.

Observa en este pasaje que el propósito de Dios en la elección se lleva a cabo incluso antes de que nazcan Jacob o Esaú, antes de haber hecho ellos algo bueno o malo.

La elección de Dios no estaba condicionada a sus acciones, sino a la voluntad soberana de Dios. Para nosotros es difícil lidiar con esto, pero me gusta la forma en que Thabiti Anyabwile lo expresa: «Dios no se avergüenza de su ira, ni nosotros deberíamos estarlo»…

Además, una objeción común a la doctrina de la elección que a menudo es manifestada es que la elección significa que los incrédulos nunca tienen la oportunidad de creer. Pero la Biblia no apoya esta objeción.

Cuando las personas rechazan a Jesús, él siempre echa la culpa a su decisión voluntaria de rechazarlo, no a algo decretado por Dios. En Juan 5:40, Jesús dice: «no queréis venir a mí para que tengáis vida».

Este es el patrón consistente en las Escrituras: las personas que permanecen en la incredulidad lo hacen porque no están dispuestas a acercarse a Dios, y la culpa de tal incredulidad siempre recae en los incrédulos, nunca en Dios.

[¿Qué significa para nosotros prácticamente que Dios escoge a algunos para ser salvos? (Es un consuelo, Romanos 8 muestra que Dios siempre actúa por el bien de aquellos a quienes llamó; Nos da humildad y un corazón agradecido, la salvación no se encuentra en nosotros; Hace que el evangelismo sea esperanzador, en Hechos 18, el Señor le dice a Pablo en una visión que se quede en Corinto y continúe predicando porque: «[Tiene] mucho pueblo en esta ciudad»)].

Debido a que la elección es tan crucial pasamos mucho tiempo en ella; ahora bien, avancemos más rápidamente en nuestros próximos dos acontecimientos en el orden de la salvación.

  1. La invitación del evangelio

Hemos establecido el hecho de que nuestra salvación comienza con nuestra elección por parte de Dios. Ahora debemos tratar de entender cómo se lleva a cabo esta salvación, y así llegamos a lo que se conoce como la invitación del evangelio; este es el punto número dos en el orden de salvación.

Sin la invitación del evangelio, o el llamado del evangelio, nadie sería salvo. «¿Y cómo creerán [los hombres] en aquel de quien no han oído?» (Romanos 10:14). Pablo le dice a los tesalonicenses que Dios los llamó a la salvación a través del evangelio (2 Tesalonicenses 2:14). Sin embargo, es importante notar que el llamado del evangelio es un llamado con dos aspectos diferentes.

Mientras que un llamado evangelizador externo y general va dirigido a todos los hombres, algo que algunos rechazan… un llamado interno más fuerte y más efectivo es dado por nuestro Dios soberano, quien convoca a las personas de manera que siempre responden con fe salvadora a través de la obra del Espíritu Santo.

Romanos 8:29 dice que aquellos a quienes Dios predestinó, él también llamó. Como podemos ver, este llamado es un llamamiento eficaz y es un acto de Dios que garantiza una respuesta porque, como dice Pablo, los que fueron llamados también fueron justificados y glorificados. Dios llama a los hombres «de las tinieblas a su luz admirable» (2 Pedro 2:9).

Debemos llamar a todos a arrepentirse de sus pecados y confiar en Cristo. Pero también debemos ser conscientes de que no todos responderán al evangelio. Como dijo Jesús: «muchos son llamados, y pocos escogidos».

Solo Dios puede llamarnos efectivamente. En Juan 6:44, Jesús dice: «Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero». En el versículo 65 de ese mismo capítulo, repite esta enseñanza: «Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre». Aquellos de nosotros que somos cristianos hemos sido llamados a serlo. Hemos recibido oídos para escuchar y ojos para ver la luz del evangelio.

Sabemos que hemos sido escogidos y llamados por Dios si hemos creído en Dios, nos hemos arrepentido de nuestros pecados y hemos confiado en el Señor Jesucristo. Esto es lo que Pedro quiere decir cuando le dice a los escogidos de Dios: «Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección» (2 Pedro 1:10). Hacemos esto al examinar nuestras vidas y ver si reflejan la enseñanza bíblica de una respuesta fiel al evangelio.

Avancemos al punto 5, la regeneración.

  1. La regeneración

Hemos hablado de esto en nuestras clases acerca del Espíritu Santo, pero ¿cuándo se considera que el hombre ha sido regenerado? ¿Antes o después de escuchar el evangelio?

Bueno, sabemos por las Escrituras que la regeneración viene antes de que podamos responder al evangelio con fe salvadora. Sin embargo, es difícil determinar el momento exacto en el que una persona escucha la proclamación del evangelio y es regenerada. ¡Así que no te preocupes si no sabes la hora!

Sin embargo, debemos decir que la predicación del evangelio generalmente coincide con la regeneración del hombre. Al menos esto es lo que sucedió en la casa de Cornelio en Hechos 10. Mientras Pedro todavía estaba hablando el evangelio, el Espíritu Santo vino sobre todos los que escucharon el mensaje.

La regeneración es un acontecimiento instantáneo en el que el Espíritu Santo obra en nosotros y nos permite tener fe y seguir a Cristo. Luego sigue la conversión y la justificación, que veremos la próxima semana, si Dios quiere.

¿Recuerdas antes cómo hablamos acerca de cómo algunos eventos en la salvación dependen completamente de Dios? Bueno, la regeneración es uno de ellos. El hombre es completamente pasivo en su propia regeneración. No puede darse a sí mismo vida física, ni puede darse a sí mismo vida espiritual. Sería como un cuerpo en la morgue tratando de darse RCP, simplemente no funciona.

La regeneración es la obra del Espíritu Santo. Y cuando la gente habla acerca de «nacer de nuevo», lo que realmente dicen es que han sido regenerados, porque eso es lo que significa. La regeneración es otra forma de decir «nacer de nuevo».

Vemos la regeneración en el Antiguo Testamento. En Ezequiel 36:26-27, cuando Dios hace promesas sobre lo que hará por su pueblo, dice: «Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra». Observa que es Dios quien está actuando. «Haré» estas cosas, dice.

Vemos la regeneración en el Nuevo Testamento. Juan 1:13 dice que los cristianos «no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios». Es Dios quien debe dar ese primer paso para darnos la capacidad de arrepentirnos y creer.

Es muy importante que entendamos esto. Necesitamos ser regenerados primero antes de que podamos producir fe salvadora. Muchos cristianos bien intencionados dicen que si crees en Cristo como tu Salvador, entonces nacerás de nuevo, después de que creas. Pero las Escrituras NO dicen esto.

Por ejemplo, en Hechos 16:14, Lucas dice de Lidia: «El Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía». Primero, Dios abrió su corazón, luego ella pudo responder con fe. Puede ser solo por una mínima fracción de segundo, pero la regeneración precede a la fe.

No podemos tener un corazón suave y oídos para escuchar hasta que Dios nos los dé. Piénsalo de esta manera: antes de que tu corazón pueda tomar una decisión, primero tiene que tener pulso. La regeneración es el desfibrilador espiritual que hace latir el corazón antes de que pueda hacer cualquier cosa, como creer en Dios.

La regeneración siempre produce frutos en la vida cristiana, y la verdadera regeneración se evidenciará en una vida transformada.

Todo lo que hablamos hoy, la elección, el llamado del evangelio, la regeneración… todo el camino hasta nuestra glorificación, es un paquete. Dios no puede fallar en la salvación. Nuestra redención está escrita y perfectamente completa por Él.

La regeneración crea en nosotros un estado de corazón y espíritu que nos hace apartarnos de nuestro pecado y comprometernos con Cristo en la fe. «Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios» (1 Juan 3:9). Hay más textos como Juan 3 y la historia de Nicodemo que podríamos debatir, pero permíteme detenerme aquí.

Oremos.

APÉNDICE A

Doctrina de la reprobación

Si Dios soberanamente escoge salvar a algunos, eso necesariamente significa que no todos son escogidos. Algunos necesariamente perecerán. Esta es la doctrina de la reprobación.

La reprobación puede definirse como: «la decisión soberana de Dios antes de la creación de pasar por alto a algunas personas, decidir no salvarlas y castigarlas por sus pecados, y así manifestar su justicia».

¿Escuchar esto te enoja? ¿Quieres objetar? ¿Crees que esta doctrina simplemente no puede ser verdad de un Dios amoroso? Si respondes que sí, entonces no estás solo. Esto es algo con lo que mucha gente lucha.

«El amor que Dios nos da por nuestros semejantes y el amor que nos ordena que tengamos hacia nuestro prójimo nos hace retroceder en contra de esta doctrina, y es justo que tengamos miedo al contemplarla. Es algo en lo que no querríamos creer, y no lo creeríamos, a menos que las Escrituras lo enseñen claramente»[1]. Sin embargo, las Escrituras sí lo enseñan, así que tenemos la responsabilidad de creerlo, conocerlo y reconocer que de alguna manera, en la sabiduría de Dios, el hecho de que algunos serán eternamente condenados muestra la justicia de Dios y esto da como resultado que su gloria se muestre a los objetos de su gracia.

A menos que pienses que no hay fundamentos para esta doctrina, escucha estos versículos en las Escrituras:

  • Judas 4 dice: «Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que… niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo».
  • En 1 Pedro 2:8, Pedro dice que los que rechazan el evangelio: «tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados».
  • Proverbios 16:4 dice: «Todas las cosas ha hecho Jehová para sí mismo, y aun al impío para el día malo».

Pablo también alude a esta idea de la reprobación en Romanos 9:18-23, donde exhorta ante su audiencia que es completamente justo para Dios «hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra», y que es totalmente justo que Dios «[muestre] su ira y [haga] notorio su poder» al tratar con aquellos que son  «vasos de ira» preparados para la destrucción.

Un gran estudio que hacer es observar no solo la existencia de la doctrina de la elección en las Escrituras, sino cómo los autores bíblicos la perciben. Los autores de las Escrituras se regocijaron en esta doctrina como una señal del amor y la misericordia de Dios y de la gracia y la soberanía de Dios. Es por eso que debemos hablar sobre el amor electivo de Dios. Si nos escogió, entonces será fiel para ser no solo el autor de nuestra fe sino también el consumador. ¡Sabemos que él trabajará por el bien de aquellos de nosotros que le amamos, que somos llamados de acuerdo con su propósito salvador!

Entonces, si Dios ha escogido salvar a algunos, ¿por qué necesitamos evangelizar y comunicar el evangelio a los demás? (Comunicar el evangelio es el medio que Dios usa para atraer a los escogidos. Nuevamente, la elección no hace que el evangelismo sea inútil, sino esperanzador. Dios nos ordena que proclamemos a los demás el evangelio, lo que nos lleva a nuestro siguiente tema…).

Comentarios adicionales

¿La elección nos convierte en robots que no tienen opciones reales? Nuestras elecciones son voluntarias porque son lo que queremos y decidimos hacer. También tenemos verdadera responsabilidad por nuestras elecciones. Un supervisor a menudo dirige las acciones de sus empleados sin violar su libertad o responsabilidad. Lo mismo ocurre con Dios, pero en un sentido más grande y más perfecto. 1 Pedro 2:8 dice de los malvados: «tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados». Para los justos, podemos decir que «Dios nos hace escoger a Cristo voluntariamente»[2](Otros ejemplos son Faraón, José y sus hermanos, etc.).

¿Cómo crece alguien en la fe? Bueno, una forma de hacerlo está en Romanos 10:17«La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios». La fe no solo proviene inicialmente de la Palabra de Dios, sino que también crece a medida que es alimentada por la Palabra de Dios.

Pregunta: Estoy de acuerdo en que debemos confiar en Jesús para salvación porque es por medio de la fe que somos salvos, ¿pero no estás diciendo que una persona también debe arrepentirse, es como decir que también debemos trabajar para ser salvos porque estamos agregando algo para creer? Después de todo, he escuchado que el Evangelio de Juan, que es uno de los libros más evangelísticos del Nuevo Testamento, solo habla a la gente que cree y no menciona el arrepentimiento, sino solo el creer.

  • Cuando Jesús envió a los doce, Marcos 6:12 dice que predicaban que los hombres se arrepintiesen. En el mismo relato en Lucas 9:6 dice que salieron predicando el evangelio (Véase también Hechos 20:20-21). De hecho, en Lucas 3:13, Jesús dice que si no nos arrepentimos, pereceremos.
  • Si bien el Evangelio de Juan puede no contener la palabra «arrepentirse», sí habla del arrepentimiento. Por ejemplo, en Juan 8:31-41, Jesús le está hablando a los «judíos que habían creído en él», y establece un contraste entre los verdaderos seguidores que «permanecen en su palabra» y los que no lo hacen, que solo creen sin arrepentimiento. Además, en Juan 12:24-26, Jesús habla del morir a nosotros mismos (es decir, arrepentimiento) para que podamos vivir para Dios y renunciar a la actitud de vivir para nosotros.
  • El arrepentimiento y la fe, aunque son distintos entre sí, necesariamente se unen. No podemos tener verdadera fe en Cristo sin arrepentirnos de nuestro pecado. Lo mismo sucede con la fe y la esperanza: se distinguen, pero la fe nunca deja de tener esperanza. No podemos volvernos a Dios sin volvernos de nuestros pecados (es decir, sin arrepentirnos).
  • ¿Cristo nos llama solo a dar nuestro consentimiento o hay algo más a lo que él nos llama? La fe salvadora no es meramente intelectual. La justificación es solo por fe, pero no por una fe que está sola.
  • El efecto de no llamar a otros a arrepentirse en el llamado del evangelio es producir «hipócritas del evangelio», o aquellos a quienes se les ha dicho que son cristianos porque simplemente creen sin ningún compromiso hecho para seguir a Cristo.

Pregunta: ¿Cuál es la Nueva Perspectiva acerca Pablo (NPP) y su comprensión de la justificación?

  • La NPP sostiene que Pablo no estaba hablando del legalismo judío versus la fe cuando habla de la justificación. En cambio, la NPP dice que Pablo estaba hablando en contra de las tendencias etnocéntricas de los judíos que argumentaban en contra de los cristianos gentiles el ser incluidos en el pacto. El problema con el judaísmo no era porque fuera legalista sino porque no era un cristianismo que aceptara a los gentiles. La ley judía no se mal utilizaba como un medio de autojustificación sino como un medio para excluir a los gentiles. Pablo no estaba hablando acerca de los problemas de la salvación de cómo uno es salvo, sino de los problemas de la membresía en la comunidad del pacto y cómo uno debe saber que están en esa comunidad. Debido a que los judíos pensaban que ellos eran el único pueblo del pacto, negaban que Jesús fuera el Mesías prometido que cumplió las promesas de salvación del Antiguo Testamento tanto para judíos como para gentiles.
  • El término NPP vino de James Dunn, quien elaboró ​​ideas introducidas por E.P. Sanders. N.T. Wright ha retomado y escrito acerca de este enfoque para estudiar a Pablo.
  • La NPP dice que los judíos en la época de Pablo estaban conscientes de la gracia y guardaron la ley por gratitud, como respuesta adecuada a la gracia. Después de todo, los judíos se creían los reconocidos benefactores de la gracia del pacto de Dios (esto no es nada nuevo). Sin embargo, Jesús constantemente mostró que los líderes judíos no conocían a Dios (por ejemplo, Juan 8:47Mateo 23:15) y se exaltaron a sí mismos y a su propia moralidad y no siguieron a Dios, y que este era el problema tal como lo es hoy, incluso entre los cristianos: es un problema universal. Sus corazones estaban llenos de autosuficiencia, como lo demuestra la parábola del fariseo y el recaudador de impuestos.
  • La NPP dice que la justicia de Dios no significa la obediencia salvadora de Cristo que fue imputada al pecador para ser declarado justo. En cambio, la NPP dice, como en Gálatas, que no estar justificados por las obras de la ley significa no ser definidos como cristianos por la circuncisión, el guardar el día de reposo u otras leyes ceremoniales. Si esto era todo de lo que Pablo estaba hablando, entonces la propia fidelidad puede contribuir a la justificación. La justificación se vuelve más pequeña de lo que realmente implica. La NPP dice que nadie puede recibir la justicia de Cristo, es intransferible. Otro ejemplo de esto está en Romanos 3:20, donde dice: «ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él». La NPP diría que no podemos referirnos simplemente a «las obras» como el problema, porque fueron las «obras de la ley», o la fidelidad a la Torá, lo que separó a los judíos de todos los pueblos. Mientras que las obras fueron colocadas en el contexto de guardar la Torá (como era todo en ese momento), pero no era la Torá lo que era el énfasis, sino el confiar en las propias obras para obtener justicia delante de Dios. Entonces, para la NPP, la justificación se trata más de nuestras relaciones con otros creyentes que de nuestra relación con Dios. Resaltaría la insistencia de que todos los que comparten la fe en Cristo pertenecen a la misma mesa sin tener en cuenta las diferencias étnicas. La NPP diría que la justificación tiene una referencia inicial y final. Al principio, somos salvos solo por gracia, pero debemos mantener nuestra relación del pacto mediante la obediencia. La justificación final se basará en parte en nuestra obediencia continua. Uno sube al cielo por gracia, pero uno se queda en el cielo por obediencia.
  • La NPP sostiene que no podemos entender con precisión la Escritura del Nuevo Testamento sin entender el contexto en el que históricamente se encontraba. El texto queda relegado al contexto histórico. Sin embargo, la forma más clara de entender la «justificación» es leer al autor y el contexto en el éste que lo usa.
  • Según la NPP, el evangelio no consiste en llamar a los pecadores a buscar la salvación a través de la fe en Cristo, sino de llevar las promesas de Dios a todas las personas a través de la fe en Cristo.
  • Mientras que la NPP busca cambiar el énfasis de los argumentos de Pablo (y de las Escrituras), podemos ver claramente en varios textos por qué se está argumentando contra la autojustificación (ya sea en un contexto judío o en otro). En Gálatas 3:3, Pablo muestra que está escribiendo en contra de aquellos que tratan de obtener el Espíritu por sus propias obras, la justicia. Además, en Romanos 5:12-21, Pablo muestra claramente que la justificación es hablarle al pecado (v.16, 18) y que la imputación de la justicia de Cristo es necesaria para obtener justificación delante de Dios.

Pregunta: ¿Qué significa para nosotros la doctrina de la justificación a través de la aplicación? Significa que 1) estamos libres de esfuerzos infructuosos para tratar de salvarnos por nuestra propia bondad; 2) somos libres de considerar a los demás de la misma manera en que Dios considera a sus hijos y de amarlos y perdonarlos en sus propios defectos; 3) el evangelio es aplicable para las misiones a todos en todo el mundo porque todos los hombres de todas las razas están en Adán y su pecado; 4) confiar en la justicia de Cristo nos previene de la desesperación en nuestra posición con Dios; y 5) Cristo debe ser exaltado y honrado en nuestras vidas como el que proporcionó la justicia perfecta para nosotros.

Pregunta: Las Escrituras dicen que Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia. ¿Significa esto que nuestra fe es lo que Dios considera justo? No. La justicia que se recibe es la justicia de Cristo (una justicia externa) asegurada en su obediencia hasta la muerte en la cruz. Obtenemos esta justicia confiando en él y no dependiendo de nosotros mismos y de nuestras propias obras. 2 Corintios 5:21 dice: «Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él». Dios hizo que el que no tuvo pecado, haya pecado por nosotros, para que en él seamos justicia de Dios. En Romanos 5:12-19, Pablo muestra claramente que a través de Jesús los hombres reciben la justicia así como en Adán los hombres recibieron el juicio.

[1] W. Grudem, Teología Sistemática, p. 685.

[2] W. Grudem, Teología Sistemática, p. 680.

Mark Deve

Dios es santo

The Master’s Seminary

Dios es santo

Josías Grauman

Hoy da inicio una nueva serie en el blog de TMS: «Viviendo vidas santas». Es importante meditar en esta verdad y ponerla en práctica. Dios demanda que sus hijos vivan vidas santas porque Él es santo (1 P. 1:16). Vivir una vida santa no pasa de moda. Es tan relevante hoy como lo fue cientos o miles de años atrás. Parece oportuno, pues, que al terminar un año más y estar en vísperas de un nuevo, se dedique este espacio para reflexionar en la necesidad de que el creyente viva una vida santa cada día y en cada situación. Por eso, por espacio de veintiún semanas, hablaremos de diferentes aspectos o facetas en la vida del creyente que deben reflejar la santidad que Dios demanda de sus hijos.

Antes de hablar de vivir vidas santas, es necesario hablar de la santidad de Dios. La santidad de Dios un atributo de vital importancia. Entender primero su santidad es fundamental para todo aquel que es su hijo y que desea obedecer el mandato de vivir vidas santas.

Aunque los teólogos discuten la santidad de Dios bajo la categoría de estudio de los atributos de Dios, también se debe considerar como parte de la misma esencia de Dios. Es cierto que, más adelante en la Escritura —en particular en el Nuevo Testamento— la santidad de Dios se trata de la separación de Dios del mal y de que Dios es moralmente puro. Sin embargo, la idea original de la palabra santidad solamente se trata de algo que está apartado o separado en términos ontológicos, es decir, separado en su esencia.

La santidad ontológica de Dios se ve claramente en el Antiguo Testamento, por ejemplo, cuando los Israelitas están edificando el tabernáculo. En un momento hay un tenedor que es común y no hay nada especial con ese tenedor en particular. Sin embargo, tan pronto como se dedica ese utensilio y se aparta para el uso del tabernáculo —es decir, para el servicio a Jehová—, ese tenedor es santo. Ha sido santificado. Un ejemplo de esto se encuentra en la rebelión de Coré. Dios juzgó a Coré y a sus seguidores. Por eso la tierra los «devoró». Pero los incensarios se quedaron, así que exige que los Israelitas los preservaron.

Por eso, la idea de que Dios es santo en su sentido original significa que Dios es un ser distinto al hombre. Es ontológicamente santo. Es un ser totalmente distinto al ser humano. Simplemente no tiene comparación.

La santidad ontológica de Dios es una verdad fundamental en la Biblia. De hecho, en el Salmo 50:21, Dios dice: «pensaste que yo era tal como tú; pero te reprenderé». De lo anterior se entiende que es pecado pensar que Dios es un ser semejante al hombre. Dios no es como el ser humano. Es el alto y sublime, el que habita la eternidad. Es un ser totalmente distinto, totalmente diferente, apartado y separado del hombre.

En su sentido original, la palabra «santidad» solamente se trata de esa separación o diferencia radical con respecto del hombre. De hecho, Davidson argumenta lo siguiente: «Su significado original expresaba la idea de estar separado, o elevado… [la santidad], en un principio no constituyó una idea moral, sino que fue una idea física… los dioses fenicios no eran seres morales, sin embargo, se les llamaba dioses santos (La inscripción de Eshmunazar)»[1]. Es importante evidenciar que, en su sentido original, santo solamente significa diferente, separado o apartado. El punto es que Dios es un ser diferente al hombre.

La gran pregunta que resulta de la discusión anterior es esta: si la palabra santo significa separado —es decir, que Dios es un ser diferente al ser humano—, ¿por qué a lo largo de la Escritura la palabra santidad llega a comunicar la idea de pureza moral? La respuesta es que Dios, cuando quiere hacer ver que es un ser diferente al ser humano, decide resaltar que está apartado del mal. Que Dios piense que su pureza moral es lo que más le distingue del ser humano es increíble, porque si alguien fuera un dios, con todos los atributos de Dios, enfatizaría algo diferente.

Si alguien fuera omnipotente, omnipresente, eterno y omnisciente, un dios que se goza de la aseidad y que no depende de nada ni nadie sino que da vida a todos, seguramente saldría a la palestra algo más que la pureza moral. Un hombre en su lugar enfatizaría alguna de las diferencias incomunicables que se mencionaron antes para hacer notar la diferencia: «yo soy un dios omnipresente y tú eres un humano limitado a un espacio en particular; soy omnisciente y tú ni sabes cómo gobierno la tierra; soy omnipotente y a ti te cuesta levantarse de la cama en la mañana». A menudo parece que estos atributos incomunicables en particular son más significativos y que distinguen más a Dios de nosotros.

Sin embargo, cuando Dios quiere mostrar que es un ser diferente, la característica que Él resalta es: «Yo Jehová soy un ser diferente porque no peco, porque amo la justicia, porque estoy apartado del mal, y tú estás habituado al mal». Esta realidad ayuda a entender un poco más de por qué es tan importante para Dios que sus hijos anden en santidad. Para Dios, lo más importante en la vida de los suyos no tiene nada que ver con lo físico, ya sean talentos, apariencia o posesiones materiales. Lo que Dios desea es que sus hijos vivan apartados del mal. Él busca adoradores que anden en justicia y que obedezcan su palabra.

El imperativo «sed santos porque yo soy santo» (1 P. 1:16) se convierte en el mandato más destacado de la Biblia porque Dios quiere mostrar que esa es la cualidad más importante. Dios aborrece el pecado. Por eso, la necesidad más urgente de todo ser humano es recibir el perdón de sus pecados. El hombre no es santo, y no hay nada que pueda hacer para convertirse en santo. Pareciera que no hay esperanza.

La buena noticia es que sí hay esperanza. Dios, en su infinita gracia, mandó a su Hijo Jesucristo a este mundo para que pudiera cargar con el pecado del ser humano y así recibir la ira que el hombre merece por su pecado. Ya que Cristo pagó la deuda del pecado de sus hijos, Dios perdona sus pecados y promete hacerlos partícipes de su santidad (2 P. 1:4). Qué bendición saber que un día sus hijos se gozarán de un estado de ser totalmente separados del pecado, tan separados del pecado como Dios mismo.

[1] A. B. Davidson, The Theology of the Old Testament (New York: Wentworth Press, 2019), 145.

Josías Grauman

Josías Grauman

Josías Grauman es decano de educación en español y profesor de exposición bíblica en The Master’s Seminary. El Dr. Grauman comenzó su ministerio a tiempo completo como capellán de hospital, sirviendo durante 5 años en el Hospital del Condado de Los Ángeles. Más tarde, él y su esposa sirvieron en la Ciudad de México como misioneros, donde Josías ayudó al Seminario Palabra de Gracia a lanzar su programa de idiomas bíblicos. Josías fue ordenado en Grace Community Church, donde actualmente sirve como anciano en el ministerio en español, junto con su esposa y tres hijos. Josías estudió un B.A. en idiomas bíblicos en The Master’s University, un M.Div. y un D.Min. en The Master’s Seminary. Entre sus obras se encuentran las siguientes: Griego para pastores y Hebreo para pastores.