La Encarnación y el Nacimiento de Cristo

El Púlpito de la Capilla New Park Street

La Encarnación y el Nacimiento de Cristo

NO. 57
Sermón predicado la mañana del Domingo 23 de Diciembre, 1855

Charles Haddon Spurgeon

En la Capilla de New Park Street, Southark, Londres

«Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.» — Miqueas 5: 2.

Esta es la estación del año cuando, querámoslo o no, estamos obligados a pensar en el nacimiento de Cristo. Considero que es una de las cosas más absurdas bajo el cielo pensar que hay religión cuando se guarda el día de Navidad. No hay ninguna probabilidad que nuestro Salvador Jesucristo haya nacido en ese día, y su observancia es puramente de origen papal; sin duda quienes son católicos tienen el derecho de reverenciarlo, pero no puedo entender cómo los protestantes consistentes pueden considerarlo de alguna manera sagrado. Sin embargo, yo desearía que hubiese diez o doce días de Navidad al año; porque hay suficiente trabajo en el mundo y un poco más de descanso no le haría daño a la gente que trabaja.

El día de Navidad es realmente una bendición para nosotros; particularmente porque nos congrega alrededor de la chimenea de nuestra casa y nos reunimos una vez más con nuestros amigos. Sin embargo, aunque no seguimos los pasos de otras personas, no veo ningún daño en que pensemos en la encarnación y el nacimiento del Señor Jesús. No queremos ser clasificados con aquellos que:

«Ponen más cuidado en guardar el día de fiesta
De manera incorrecta,
Que el cuidado que otros ponen
Para guardarlo de manera correcta.»
Los antiguos puritanos hacían ostentación de trabajo el día de Navidad, sólo para mostrar que protestaban contra la observancia de ese día. Pero nosotros creemos que protestaban tan radicalmente, que deseamos, como descendientes suyos, aprovechar el bien accidentalmente conferido por ese día, y dejar que los supersticiosos sigan con sus supersticiones.

Procedo de inmediato al punto que tengo que comentarles. Vemos, en primer lugar, quién fue el que envió a Cristo. Dios el Padre habla aquí, y dice: «de ti me saldrá el que será Señor en Israel.» En segundo lugar, ¿dónde vino al momento de Su encarnación? En tercer lugar, ¿para qué vino? «Para ser Señor en Israel.» En cuarto lugar, ¿había venido ya antes? Sí, ya lo había hecho antes. «Sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.»

I. Entonces, en primer lugar, ¿QUIÉN ENVIÓ A CRISTO? La respuesta nos es entregada por las propias palabras del texto: «De ti,» dice Jehová, hablando por la boca de Miqueas, «de ti me saldrá.» Es un dulce pensamiento que Jesucristo no vino sin el permiso, autoridad, consentimiento y ayuda de Su Padre. Fue enviado por el Padre, para que fuera el Salvador de los hombres. ¡Ay! Nosotros estamos inclinados a olvidar que, si bien es cierto que hay distinciones en cuanto a las Personas de la Trinidad, no hay distinción en cuanto al honor; y muy frecuentemente atribuimos el honor de nuestra salvación, o al menos las profundidades de Su misericordia y el extremo de Su benevolencia, más a Jesucristo que al Padre. Este es un gran error. ¿Y qué si Jesús vino? ¿Acaso no lo envió el Padre? Si fue convertido en un niño, ¿acaso no lo engendró el Espíritu Santo? Si habló maravillosamente, ¿acaso el Padre no derramó gracia en Sus labios, para que fuera un capaz ministro del nuevo pacto?

Si Su Padre lo abandonó cuando tomó la amarga copa de hiel, ¿acaso no lo amaba aún? Y después de tres días ¿no Lo levantó de los muertos y Lo recibió en lo alto, llevando cautiva la cautividad? ¡Ah!, amados hermanos, quien conoce al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo como debería conocerlos, nunca coloca a Uno por encima del Otro; no está más agradecido al Uno que al Otro; Los ve a todos en Belén, en Getsemaní y en el Calvario, Todos igualmente involucrados en la obra de salvación. «De ti me saldrá.» Oh cristiano, ¿has puesto tu confianza en el hombre Cristo Jesús? ¿Has colocado tu seguridad únicamente en Él? Y ¿estás unido a Él? Entonces debes creer que estás unido al Dios del cielo; puesto que eres hermano del hombre Cristo Jesús, y tienes una íntima relación con Él, entonces por esa razón estás ligado al Dios eterno, y «el Anciano de días» es tu Padre y tu amigo. «De ti me saldrá.»

¿Acaso nunca has visto la profundidad del amor que había en el corazón de Jehová, cuando Dios el Padre equipó a Su Hijo para la grandiosa empresa de misericordia? Había habido un día triste en el cielo una vez antes, cuando Satanás cayó, y arrastró consigo a un tercio de las estrellas del cielo, cuando el Hijo de Dios, lanzando de Su grandiosa diestra los truenos omnipotentes, arrojó al grupo rebelde al foso de perdición; pero si pudiéramos concebir una pena en el cielo, debe haber sido un día más triste cuando el Hijo del Altísimo dejó el seno de Su Padre, donde había descansado desde antes de todos los mundos. «Ve,» dijo el Padre, «¡con la bendición de Tu Padre sobre Tu cabeza! Luego viene el despojarse de Sus vestidos. ¡Cómo se reúnen los ángeles alrededor, para ver al Hijo de Dios quitarse Sus vestiduras! Puso a un lado Su corona; dijo «Padre mío, yo soy Señor de todo, bendito por siempre, pero voy a hacer mi corona a un lado, y voy a ser como los hombres mortales.» Se despoja de Su brillante vestimenta de gloria; «Padre,» dice «voy a ponerme un vestido de barro, justo el mismo que usan los hombres.» Luego se quita todas esas joyas con las que era glorificado; hace a un lado Sus mantos bordados de estrellas y Sus túnicas de luz, para vestirse con las simples ropas del campesino de Galilea. ¡Cuán solemne debe haber sido ese desvestirse!

Y en seguida, ¿pueden imaginarse la separación? Los ángeles sirven al Salvador a lo largo de las calles, hasta que se acercan a las puertas, cuando un ángel exclama: «¡Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y saldrá el Rey de gloria!» ¡Oh!, me parece que los ángeles deben haber llorado cuando perdieron la compañía de Jesús; cuando el Sol del Cielo les arrebató toda Su luz. Pero lo siguieron. Descendieron con Él; y cuando Su espíritu entró en la carne, y se volvió un bebé, Él fue servido por ese poderoso ejército de ángeles, quienes después de haber estado con Él en el pesebre de Belén, y después de verlo descansar en el pecho de Su madre, en su camino de regreso hacia lo alto, se aparecieron a los pastores y les dijeron que había nacido el Rey de los judíos. ¡El Padre lo envió! Contemplen ese tema. Sus almas deben aferrarse a ese tema, y en cada período de Su vida piensen que Él sufrió lo que el Padre quiso; que cada paso de Su vida fue marcado con la aprobación del grandioso YO SOY. Cada pensamiento que tengan acerca de Jesús debe estar conectado con el Dios eterno, siempre bendito; pues «Él,» dice Jehová, «me saldrá.» Entonces, ¿quién lo envió? La respuesta es, Su Padre.

II. Ahora, en segundo lugar, ¿ADÓNDE VINO? Una palabra o dos relativas a Belén. Se consideró bueno y adecuado que nuestro Salvador naciera en Belén, y eso debido a la historia de Belén, al nombre de Belén, y a la posición de Belén: pequeña en Judá.

1. En primer lugar, se consideró necesario que Cristo naciera en Belén, debido a la historia de Belén. Muy querida para todo israelita era la pequeña aldea de Belén. Jerusalén podía brillar más que ella en esplendor, pues allí estaba el templo, la gloria de toda la tierra, y «Hermosa provincia, el gozo de toda la tierra, es el monte de Sion;» sin embargo alrededor de Belén ocurrió un número de incidentes que la convirtieron siempre en un agradable lugar de descanso para la mente de cada judío. Inclusive el cristiano no puede evitar amar a Belén.

Creo que la primera mención que tenemos de Belén es triste. Allí murió Raquel. Si buscan en el capítulo 35 de Génesis, encontrarán que el versículo 16 dice: «Después partieron de Bet-el; y había aún como media legua de tierra para llegar a Efrata, cuando dio a luz Raquel, y hubo trabajo en su parto. Y aconteció, como había trabajo en su parto, que le dijo la partera: No temas, que también tendrás este hijo. Y aconteció que al salírsele el alma (pues murió), llamó su nombre Benoni; mas su padre lo llamó Benjamín. Así murió Raquel, y fue sepultada en el camino de Efrata, la cual es Belén. Y levantó Jacob un pilar sobre su sepultura; esta es la señal de la sepultura de Raquel hasta hoy.» Este es un incidente singular: casi profético. ¿No habría podido María haber llamado a su propio hijo Jesús, su Benoni?; pues Él iba a ser ‘el hijo de mi dolor.’

Simeón le dijo: «(y una espada traspasará tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones.» Pero aunque ella pudo haberlo llamado Benoni, ¿cómo lo llamó Dios Su Padre? Benjamín, el hijo de mi mano derecha; Benjamín en cuanto a Su Divinidad. Este pequeño incidente parece ser casi una profecía que Benoni: Benjamín, el Señor Jesús, debía nacer en Belén.

Pero otra mujer hace célebre este lugar. El nombre de esa mujer era Noemí. Allí en Belén vivió en días posteriores otra mujer llamada Noemí, cuando tal vez la piedra que el amor de Jacob había levantado, ya estaba cubierta de musgo y su inscripción estaba borrada. Ella también fue una hija de gozo, pero una hija de amargura a la vez. Noemí fue una mujer a quien el Señor había amado y bendecido, pero tenía que marcharse a una tierra extraña; y ella dijo: «No me llaméis Noemí (delicia) sino llamadme Mara (amargo); porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso.» Sin embargo, ella no estaba sola en medio de todas sus pérdidas, pues se aferró a ella Rut la moabita, cuya sangre gentil se debía unir con el torrente puro y sin mancha del judío que debía engendrar al Señor nuestro Salvador, el grandioso Rey tanto de los judíos como de los gentiles.

El bellísimo libro de Rut tenía todo su escenario en Belén. Fue en Belén que Rut salió a recoger espigas en los campos de Booz; fue allí que Booz la miró, y ella se inclinó a tierra ante su señor; fue allí que se celebró su matrimonio; y en las calles de Belén, Booz y Rut recibieron una bendición que los hizo fructíferos, de tal forma que Booz se convirtió en el padre de Obed, y Obed el padre de Isaí, e Isaí engendró a David. Este último hecho ciñe a Belén con gloria: el hecho que David haya nacido allí: el héroe poderoso que mató al gigante filisteo, que libró a los descontentos de su tierra de la tiranía de su monarca y que después, con el pleno consentimiento de un pueblo que así lo quería, fue coronado rey de Israel y de Judá.

Belén era una ciudad real, porque reyes fueron engendrados allí. Aunque Belén era pequeña, tenía mucho para ser estimada; porque era como ciertos principados que tenemos en Europa, que no son celebrados por nada sino por haber engendrado a consortes de las familias reales de Inglaterra. Era un derecho, entonces, por la historia, que Belén debía ser el lugar del nacimiento de Cristo.

2. Pero además, hay algo en el nombre del lugar. «Belén Efrata.» La palabra Belén tiene un doble significado. Quiere decir «la casa del pan,» y «la casa de la guerra.» ¿No debía nacer Cristo en «la casa del pan?» Él es el pan de Su pueblo, de Quien recibe su alimento. Como nuestros padres comieron maná en el desierto, así nosotros vivimos de Cristo aquí abajo. Hambrientos frente al mundo, no podemos alimentarnos de sus sombras. Sus cáscaras pueden gratificar el gusto porcino de los mundanos, pues ellos son puercos; pero nosotros necesitamos algo más sustancial, y en ese bendito pan del cielo, hecho del cuerpo magullado de nuestro Señor Jesús, y cocido en el horno de Sus agonías, encontramos un alimento bendito. No hay alimento como Jesús para el alma desesperada o para el más fuerte de los santos. El más humilde de la familia de Dios va a Belén por su pan; y el hombre más fuerte, que come sólidos alimentos, va a Belén por ellos.

¡Casa de Pan! ¿De dónde podría venir nuestro alimento fuera de Ti? Hemos probado al Sinaí, pero en sus cumbres abruptas no crecen frutos, y sus alturas espinosas no producen el trigo que pueda alimentarnos. Hemos ido al propio Tabor, donde Cristo fue transfigurado, y sin embargo allí no hemos sido capaces de comer Su carne y beber Su sangre.

Pero tú Belén, casa de pan, correctamente fuiste nombrada; pues allí se le dio al hombre por primera vez el pan de vida. Y también es llamada «la casa de la guerra;» porque Cristo es para un hombre «la casa del pan,» o de lo contrario, «la casa de la guerra.» Mientras Él es alimento para el justo, hace la guerra al impío, según Su propia palabra: «No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa.»

¡Pecador! Si tú no conoces a Belén como «la casa del pan,» será para ti una «casa de guerra.» Si de los labios de Jesús nunca bebes la dulce miel; si tú no eres como la abeja, que sorbe el dulce licor delicioso de la Rosa de Sarón, entonces de esa misma boca saldrá una espada de dos filos en tu contra; y esa misma boca de la que los justos sacan su pan, será para ti la boca de la destrucción y la causa de tu mal.

Jesús de Belén, casa de pan y casa de guerra, confiamos en que te conocemos como nuestro pan. ¡Oh!, que algunos que no están en guerra Contigo puedan oír en sus corazones, así como en sus oídos el himno:

«Paz en la tierra, e indulgente misericordia,
Dios y los pecadores reconciliados.»
Y ahora nos vamos a referir a esa palabra: Efrata. Ese era el viejo nombre del lugar, que los judíos conservaban y amaban. Su significado es, «fecundidad,» o «abundancia.» ¡Ah! Qué adecuado fue que Jesús naciera en la casa de la fecundidad; pues ¿de dónde vienen mi fecundidad y tu fecundidad, hermano mío, sino de Belén? Nuestros pobres corazones infecundos nunca produjeron ningún fruto, ni flor, hasta que fueron regados con la sangre del Salvador.

Es Su encarnación la que enriquece el suelo de nuestros corazones. Por toda su tierra había espinas punzantes, y venenos mortales antes que Él viniera; pero nuestra fecundidad viene de Él. «Yo seré a él como la haya verde; de mí será hallado tu fruto.» «Todas mis fuentes están en ti.» Si nosotros somos como árboles plantados junto a corrientes de aguas, dando fruto en nuestro tiempo, no es porque hayamos sido naturalmente fructíferos, sino a causa de las corrientes de aguas junto a las cuales fuimos plantados.

Es Jesús Quien nos hace fecundos. «El que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto.» ¡Gloriosa Belén Efrata! ¡Nombrada muy adecuadamente! Fecunda casa de pan; ¡la casa de abundante provisión para el pueblo de Dios!

3. A continuación notamos la posición de Belén. Se dice que es «pequeña para estar entre las familias de Judá.» ¿Por qué se dice esto? Porque Jesucristo siempre va en medio de los pequeños. Él nació en la pequeña aldea «para estar entre las familias de Judá.» No en la alta colina de Basán, ni en el monte real de Hebrón, ni en los palacios de Jerusalén, sino en la humilde pero ilustre aldea de Belén.

Hay un pasaje en Zacarías que nos enseña una lección: se dice que un varón que cabalgaba sobre un caballo alazán, estaba entre los mirtos que había en la hondura. Ahora, los mirtos crecen en las honduras; y el varón cabalgando el caballo alazán siempre cabalga allí. Él no cabalga en la cima de la montaña; Él cabalga entre los humildes de corazón. «Miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra.»

Hay algunos pequeños entre nosotros hoy: «pequeña para estar entre las familias de Judá.» Nadie escuchó antes el nombre de ustedes, ¿no es verdad? Si los enterraran e inscribieran sus nombres en sus tumbas, pasarían desapercibidos. Quienes pasaran por allí dirían: «eso no significa nada para mí: nunca lo conocí.»

No sabes mucho de ti mismo, ni tienes una gran opinión acerca de ti mismo; tal vez a duras penas puedes leer. O si tienes algunas habilidades y talentos, eres despreciado por los hombres; o, si no eres despreciado por ellos, tú te desprecias a ti mismo. Tú eres uno de los pequeños. Bien, Cristo siempre nace en Belén entre los pequeñitos. Cristo nunca entra en los grandes corazones; Cristo no habita en los grandes corazones, sino en los pequeñitos. Los espíritus poderosos y orgullosos nunca tienen a Jesucristo, pues Él entra por puertas bajas, y nunca entrará por puertas elevadas.

Quien tiene un corazón quebrantado, y un espíritu humillado, tendrá al Salvador, pero nadie más. Él no sana ni al príncipe ni al rey, sino «Él sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas.» ¡Qué dulce pensamiento! Él es el Cristo de los pequeñitos. «Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel.»

No podemos abandonar este tema sin otro pensamiento aquí, que es, ¡cuán maravillosamente misteriosa fue esa providencia que trajo a la madre de Jesucristo a Belén, en el mismo momento que iba a dar a luz! Sus padres residían en Nazaret; ¿y con qué motivo hubieran querido viajar en ese momento? Naturalmente, hubieran permanecido en casa; no es nada probable que Su madre hubiera hecho un viaje a Belén encontrándose en esa condición especial. Pero Augusto César promulga un edicto que todo el mundo debe ser empadronado. Muy bien, entonces que sean empadronados en Nazaret. No; le agradó a Él que todos debían ir a Su ciudad. ¿Pero por qué Augusto César pensó en eso precisamente en ese momento en particular? Simplemente porque mientras el hombre piensa su camino, el corazón del rey está en la mano de Jehová.

¡Mil variables se relacionaron entre sí, como dice el mundo, para producir este evento! Primero que nada, César tiene una disputa con Herodes; uno de la familia de Herodes fue depuesto. César dice: «voy a imponer impuestos a Judea, y voy a convertirla en una provincia, en vez de mantenerla como un reino separado.» Pues bien, tenía que hacerse así. Pero, ¿cuándo debe hacerse? Esta ley impositiva, se dice, se comenzó cuando Cirenio era gobernador. Pero, ¿por qué debe llevarse a cabo este censo en ese momento en particular, supongamos que en Diciembre? ¿Por qué no se hizo en el mes de Octubre anterior? Y ¿por qué la gente no hubiera podido ser censada en el lugar en que residía? ¿No era su dinero tan bueno en el lugar en que vivía como en cualquier otro? Era un capricho de César; pero era el decreto de Dios.

¡Oh!, amamos la doctrina sublime de la absoluta predestinación eterna. Algunos han dudado que sea consistente con el libre albedrío del hombre. Bien sabemos que es así y nunca hemos visto ninguna dificultad en el tema; creemos que los filósofos metafísicos son los que han creado las dificultades; nosotros no vemos ningún problema. Nos corresponde creer que el hombre hace lo que le parece, pero sin embargo siempre hace lo que Dios decreta. Si Judas traiciona a Cristo, «para eso fue destinado;» y si Faraón endurece su corazón, sin embargo, «Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra.» El hombre hace lo que quiere; pero también Dios hace que el hombre haga lo que Él quiere. Más aún, no sólo está la voluntad del hombre bajo la absoluta predestinación de Jehová; sino que todas las cosas, grandes o pequeñas, son de Él. Bien ha dicho el buen poeta: «Sin duda, la navegación de una nube tiene a la Providencia como su piloto; sin duda la raíz de un roble es nudosa debido a un propósito especial, Dios rodea todas las cosas, cubriendo al globo como aire.» No hay nada grande o pequeño, que no sea de Él.

El polvo del verano se mueve en su órbita, guiado por la misma mano que dispersa a las estrellas a lo largo del cielo; las gotas de rocío tienen su padre, y cubren el pétalo de la rosa conforme Dios lo ordena; sí, las hojas secas del bosque, cuando son desparramadas por la tormenta, tienen una posición asignada donde caen, y no pueden modificarla. En lo grande y en lo pequeño, allí está Dios: Dios en todo, haciendo todas las cosas de acuerdo al consejo de Su propia voluntad; y aunque el hombre busca ir contra su Hacedor, no puede.

Dios le ha puesto un límite al mar con una barrera de arena; y si el mar levanta una ola tras otra, sin embargo no excederá su límite asignado. Todo es de Dios; y a Él, que guía las estrellas y le da sus alas a los gorriones, que gobierna a los planetas y también mueve los átomos, que habla truenos y susurra céfiros, a Él sea la gloria; pues Dios está en cada cosa.

III. Esto nos lleva al tercer punto: ¿PARA QUÉ VINO JESÚS? Él vino para ser «Señor en Israel.» Es algo muy singular que se dijera de Jesucristo que era «nacido el rey de los judíos.» Muy pocos alguna vez han «nacido reyes.» Algunos hombres nacen como príncipes, pero rara vez nacen como reyes. No creo que encuentren algún caso en la historia donde un niño haya nacido rey. Nació como príncipe de Gales, tal vez, y tuvo que esperar un número de años, hasta que su padre muriera, y entonces lo hicieron rey, poniéndole una corona en su cabeza; y un crisma sagrado, y otras cosas extrañas por el estilo; pero no nació rey. No recuerdo a nadie que haya nacido rey, excepto Jesús; y hay un significado enfático en ese verso que cantamos:

«Nacido para liberar a Tu pueblo;
Nacido niño, pero sin embargo, rey.»
En el instante que vino a la tierra Él era un rey. No tuvo que esperar su mayoría de edad para poder asumir Su imperio; pero tan pronto como Su ojo saludó a la luz del sol, era rey; desde el momento que Sus manos pequeñitas tomaron alguna cosa, tomaron un cetro: tan pronto latió Su pulso, y Su sangre comenzó a fluir, Su corazón latió con latidos reales, y Su pulso latió con una medida imperial, y Su sangre fluyó en una corriente de realeza. Él nació rey. Él vino para ser «Señor en Israel.» «¡Ah!», dirá alguien, «entonces vino en vano, pues muy poco ejerció Su gobierno; «A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron;» vino a Israel pero no fue su rey, sino que fue más bien «despreciado y desechado entre los hombres,» rechazado por todos ellos, y abandonado por Israel, a quien vino.»

Ay, pero «no todos los que descienden de Israel son israelitas,» ni tampoco porque sean de la simiente de Abrahán son todos también llamados. ¡Ah, no! Él no es Señor de Israel según la carne, sino que es Señor de Israel según el espíritu. Muchos le han obedecido en Su carácter de Señor. ¿Acaso los apóstoles no se inclinaron ante Él, y le reconocieron como Rey? Y ahora, ¿no lo saluda Israel como su Señor? ¿Acaso toda la simiente de Abrahán según el espíritu, todos los creyentes, pues él es el «padre de los creyentes,» no reconoce que a Cristo pertenecen los escudos de los poderosos, pues Él es el Rey de toda la tierra? ¿No gobierna en Israel? Ay, verdaderamente sí reina; y aquellos que no son gobernados por Cristo no son de Israel. Él vino para ser Señor de Israel.

Hermano mío, ¿te has sometido al gobierno de Jesús? ¿Es Señor de tu corazón, o no? Podemos conocer a Israel por esto: Cristo ha venido a sus corazones, para ser Señor de ellos. «¡Oh!» dirá alguien, «yo hago lo que me dé la gana, nunca he estado bajo la servidumbre de nadie.» ¡Ah!, entonces odias el señorío de Cristo. «¡Oh!», dirá otro, «yo me someto a mi ministro, a mi clérigo, a mi sacerdote, y pienso que lo que me dice es suficiente, pues él es mi señor.» ¿Es así? ¡Ah!, pobre esclavo, no conoces tu dignidad; pues nadie es tu señor legal sino el Señor Jesucristo. «Ay,» dice otro, «he profesado Su religión, y soy Su seguidor.» Pero, ¿gobierna en tu corazón? ¿Tiene Él el comando de tu corazón? ¿Guía tu juicio? ¿Buscas en Su mano el consejo cuando experimentas dificultades? ¿Estás deseoso de honrarlo, y poner coronas sobre Su cabeza? ¿Es él tu Señor? Si es así, entonces tú eres uno de Israel; pues está escrito: «será Señor en Israel.»

¡Bendito Señor Jesús! Tú eres Señor en los corazones de los que son de Tu pueblo, y siempre lo serás; no queremos otro señor salvo Tú, y no nos someteremos a nadie más. Somos libres, puesto que somos siervos de Cristo; estamos en libertad, puesto que Él es nuestro Señor, y no conocemos ninguna servidumbre ni ninguna esclavitud, porque sólo Jesucristo es el monarca de nuestros corazones. Él vino para ser «Señor en Israel;» y fíjense bien, esa misión Suya no está terminada todavía, y no lo estará hasta las glorias postreras. Dentro de poco verán a Cristo venir de nuevo, para ser Señor sobre Su pueblo Israel, y gobernar sobre ellos no sólo como el Israel espiritual, sino también como el Israel natural, pues los judíos serán restaurados a su tierra, y las tribus de Jacob cantarán en las naves de su templo; a Dios serán ofrecidos nuevamente, himnos hebreos de alabanza, y el corazón del judío incrédulo será derretido a los pies del verdadero Mesías.

En breve, Quien en Su nacimiento fue saludado como rey de los judíos por unos orientales, y de Quien en Su muerte un occidental escribió: Rey de los judíos, será llamado Rey de los judíos en todas partes; sí, Rey de los judíos y también de los gentiles; en esa monarquía universal cuyo dominio se extenderá por todo el globo habitable, y cuya duración será sin tiempo. Él vino para ser Señor en Israel, y con toda certeza será Señor, cuando reine gloriosamente en Su pueblo, con todos sus antepasados.

IV. Y ahora, el último punto es, ¿VINO JESUCRISTO ALGUNA VEZ ANTES? Respondemos que sí: pues nuestro texto dice: «sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.»

Primero, Cristo ha tenido Sus salidas en Su divinidad. «Desde los días de la eternidad.» Él no había sido una persona secreta y silenciosa hasta ese momento. Ese niño recién nacido ha obrado maravillas desde hace mucho tiempo; ese bebé dormido en los brazos de Su madre, es bebé hoy, pero es el Anciano de la eternidad; ese niño que está allí no ha hecho Su primera aparición en el escenario de este mundo; Su nombre todavía no ha sido escrito en el registro de los circuncidados; pero aunque no lo sepas, «sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.»

1. Desde tiempos antiguos, Él salió como nuestra cabeza del pacto en la elección, «según nos escogió en él antes de la fundación del mundo.»

«Cristo sea Mi primer elegido, dijo,
Y luego eligió nuestras almas en Cristo nuestra Cabeza.»
2. Él salió por Su pueblo, como su representante ante el trono, aun antes que ese pueblo fuera engendrado en el mundo. Fue desde la eternidad que Sus poderosos dedos tomaron la pluma, y la estilográfica de las edades, y escribió Su propio nombre, el nombre del eterno Hijo de Dios; fue desde la eternidad que firmó el pacto con Su Padre, que pagaría sangre por sangre, herida por herida, sufrimiento por sufrimiento, agonía por agonía, y muerte por muerte, a favor de Su pueblo; fue desde la eternidad que Se entregó a Sí mismo, sin murmurar una palabra, que desde Su cabeza hasta la planta de Sus pies sudaría sangre, que sería escupido, traspasado, se burlarían de Él, sería partido en dos, sufriría el dolor de la muerte, y las agonías de la cruz. Sus salidas como nuestra garantía fueron desde la eternidad.

¡Haz una pausa, alma mía, y asómbrate! Tú has tenido salidas en la persona de Jesús desde la eternidad. No solamente cuando naciste en este mundo te amó Cristo, pero Sus deleites estaban con los hijos de los hombres antes de que hubieran hijos de los hombres. A menudo pensaba en ellos; desde la eternidad hasta la eternidad Él había puesto Su afecto en ellos. ¡Cómo!, creyente, Él ha estado involucrado en tu salvación desde hace tanto tiempo, y ¿no va a alcanzarla? ¿Desde la eternidad Él ha salido para salvarme, y va a perderme ahora? ¡Cómo!, ¿me ha tenido en Su mano, como Su joya preciosa, y dejará que resbale en medio de Sus preciosos dedos? ¿Me eligió antes que las montañas fueran colocadas, o fueran esculpidos los canales de las profundidades, y va a perderme ahora? ¡Imposible!

«Mi nombre de las palmas de Sus manos
La eternidad no puede borrar;
Grabado en Su corazón permanece,
Con marcas de gracia indeleble.»
Estoy seguro que no me amaría durante tanto tiempo, para luego dejar de amarme. Si tuviera la intención de cansarse de mí, ya se hubiera cansado de mí desde hace mucho tiempo. Si no me hubiera amado con un amor tan profundo como el infierno y tan inexpresable como la tumba, si no me hubiera dado todo Su corazón, estoy seguro que me hubiera abandonado desde hace mucho tiempo. Él sabía lo que yo sería, y Él ha tenido mucho tiempo para considerarlo; pero yo soy Su elegido, y eso es definitivo. Y a pesar de lo indigno que soy, no me corresponde refunfuñar, si Él está contento conmigo. Pero Él está contento conmigo: debe estar contento conmigo; pues Él me ha conocido lo suficiente para conocer mis fallas. Él me conoció antes que yo me conociera; sí, Él me conoció antes que yo existiera. Antes que mis miembros fueran formados, fueron escritos en Su libro: «Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.» Sus ojos de afecto se enfocaron en esos miembros. Él sabía cuán mal me iba a portar con Él, y sin embargo ha seguido amándome:

«Su amor de tiempos pasados me impide pensar,
Que me dejará al fin en problemas que me hundan.»
No; puesto que «sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad,» serán «hasta la eternidad.»

En segundo lugar, creemos que Cristo ha salido desde tiempos remotos a los hombres, de tal forma que los hombres lo han visto. No me detendré para decirles que fue Jesús Quien se paseaba en el huerto del Edén, al aire del día, pues Sus deleites estaban con los hijos de los hombres; ni los voy a demorar señalándoles todas las diversas maneras en que Cristo salió a Su pueblo en la forma del ángel del pacto, el Cordero Pascual, la serpiente de bronce, la zarza ardiendo, y diez mil tipos con los que la historia sagrada está tan repleta; pero prefiero señalarles cuatro ocasiones cuando Jesucristo nuestro Señor ha aparecido en la tierra como un hombre, antes de Su grandiosa encarnación para nuestra salvación.

Y, primero, les ruego que vayamos al capítulo 18 de Génesis, donde Jesucristo apareció a Abraham, de quien leemos: «Después le apareció Jehová en el encinar de Mamre, estando él sentado a la puerta de su tienda en el calor del día. Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él; y cuando los vio, salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos, y se postró en tierra. Pero, ¿ante quién se postró? Dijo: «Señor,» solamente a uno de ellos. Había un hombre en medio de los otros dos, de lo más conspicuo debido a Su gloria, pues se trataba del Dios-hombre Cristo; los otros dos eran ángeles creados, que habían asumido la apariencia de hombres temporalmente. Pero éste era el hombre Cristo Jesús. «Y dijo: Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, te ruego que no pases de tu siervo. Que se traiga ahora un poco de agua, y lavad vuestro pies; y recostaos debajo de un árbol.» Notarán que este hombre majestuoso, esta persona gloriosa, se quedó retrasado para hablar con Abraham. En el versículo 22 se dice: «Y se apartaron de allí los varones, y fueron hacia Sodoma;» esto es, dos de ellos, como verán en el siguiente capítulo: «pero Abraham estaba aún delante de Jehová.» Notarán que este hombre, el Señor, sostuvo una dulce comunión con Abraham, y le permitió a Abraham interceder por la ciudad que estaba a punto de destruir. Estaba positivamente como un hombre. De tal forma que cuando caminó en las calles de Judea no era la primera vez que era un hombre; lo había sido antes, en «el encinar de Mamre, en el calor del día.»

Hay otra instancia; su aparición a Jacob, que tenemos registrada en el capítulo 32 de Génesis, en el versículo 24. Toda su familia se había ido, y «Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices. Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios.» Este era un hombre, y sin embargo era Dios. «porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.» Y Jacob sabía que este hombre era Dios, pues dice en el versículo 30: «Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.»

Encontrarán otro ejemplo en el libro de Josué. Cuando Josué atravesó la poco profunda corriente del Jordán, y entró en la tierra prometida, y estaba a punto de sacar a los cananeos, ¡he aquí!, este poderoso hombre-Dios se apareció a Josué. En el capítulo 5, en el versículo 13, leemos: «Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? Él respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora.» Y Josué vio de inmediato que había divinidad en Él; pues se postró sobre rostro en tierra, y adoró, y le dijo: «¿Qué dice mi Señor a su siervo?» Ahora, si éste hubiera sido un ángel creado hubiera regañado a Josué, diciendo: «yo soy un siervo como tú.» Pero no; «el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo.»

Otra instancia notable es la que está registrada en tercer capítulo del libro de Daniel, donde leemos la historia cuando Sadrac, Mesac y Abed-nego son echados en medio de un horno de fuego ardiendo, y como lo habían calentado mucho, la llama del fuego mató a aquellos que los habían alzado. Súbitamente el rey preguntó a los de su consejo: «¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego?» Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey. Y él dijo: «He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses.» ¿Cómo podía Nabucodonosor saber eso? Sólo porque había algo tan noble y majestuoso en la forma en que ese maravilloso Hombre se comportaba, y una terrible influencia lo circundaba que tan maravillosamente quebrantó los dientes consumidores de esa llama devoradora y destructora, de tal forma que ni siquiera podía chamuscar a los hijos de Dios. Nabucodonosor reconoció Su humanidad. No dijo: «veo a tres hombres y a un ángel,» sino que dijo: «veo positivamente a cuatro hombres, y la forma del cuarto es como el Hijo de Dios.» Ven, entonces, lo que significa que Sus salidas son «desde los días de la eternidad.»

Observen aquí por un momento, que cada una de estas cuatro ocurrencias, sucedieron a los santos cuando ellos estaban involucrados en deberes muy eminentes, o cuando estaban a punto de involucrarse. Jesucristo no se aparece a Sus santos cada día. Él no vino a ver a Jacob hasta que no estuvo en aflicción; Él no visitó a Josué antes de que estuviera a punto de involucrarse en una guerra santa. Es solamente en condiciones extraordinarias que Cristo se manifiesta así a Su pueblo.

Cuando Abraham intercedió por Sodoma, Jesús estaba con él, pues uno de los empleos más elevados y más nobles de un cristiano es ese de la intercesión, y es cuando él está ocupado de esa manera que tendrá la probabilidad de obtener una visión de Cristo. Jacob estaba involucrado en luchar, y esa es una parte del deber de un cristiano, que nunca han experimentado algunos de ustedes; consecuentemente, ustedes no tienen muchas visitas de Jesús. Fue cuando Josué estaba ejercitando la valentía que el Señor se encontró con él. Lo mismo con Sadrac, Mesac y Abed-nego: ellos se encontraban en los lugares altos de la persecución debido a su apego al deber, cuando Él vino a ellos, y les dijo: «estaré con ustedes, pasando a través del fuego.»

Hay ciertos lugares especiales en los que debemos entrar, para encontrarnos con el Señor. Debemos encontrarnos en grandes problemas, como Jacob; debemos estar en medio de grandes trabajos, como Josué; debemos tener una gran fe de intercesión, como Abraham; debemos estar firmes en el desempeño de un deber, como Sadrac, Mesac, y Abed-nego; de lo contrario no lo conoceremos a Él «cuyas salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.» O si lo conocemos, no seremos capaces de «comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento.»

¡Dulce Señor Jesús! Tú, cuyas salidas fueron desde el principio, desde los días de la eternidad, Tú no has abandonado Tus salidas todavía. ¡Oh, que salieras hoy para animar al desmayado, para ayudar al cansado, para sanar nuestras heridas, para consolar nuestras aflicciones! ¡Sal, te suplicamos, para conquistar a los pecadores, para someter corazones endurecidos; para romper las puertas de hierro de las concupiscencias de los pecadores, y cortar las barras de hierro de sus pecados y hacerlas pedazos! ¡Oh, Jesús! ¡Sal; y cuando salgas, ven a mí! ¿Soy un pecador endurecido? Ven a mí; yo te necesito:

«¡Oh!, que tu gracia someta mi corazón;
Quiero ser llevado triunfante también;
Un cautivo voluntario de mi Señor,
Para cantar los honores de Tu palabra.»
¡Pobre pecador! Cristo no ha dejado de salir todavía. Y cuando sale, recuerda, va a Belén. ¿Tienes tú un Belén en tu corazón? ¿Eres pequeño? Él saldrá a ti todavía. Ve a casa y búscalo por medio de una oración sincera. Si has sido conducido a llorar a causa del pecado, y te sientes demasiado pequeño para que te vean, ¡ve a casa, pequeño! Jesús viene a los pequeños; Sus salidas son desde el principio, y Él está saliendo ahora. Él vendrá a tu vieja pobre casa; Él vendrá a tu pobre corazón desdichado; Él vendrá, aunque estés en la pobreza, y estés cubierto de harapos, aunque estés desamparado, atormentado y afligido; Él vendrá, pues Sus salidas han sido desde el principio, desde los días de la eternidad. Confía en Él, confía en Él, confía en Él; y el saldrá y habitará en tu corazón por toda la eternidad.

Charles H. Spurgeon (1834-1892) fue un predicador bautista británico que sigue siendo muy influyente entre los cristianos de diferentes denominaciones, entre los que todavía se le conoce como el «Príncipe de los predicadores». 
Predicó su primer sermón, de 1 Pedro 2: 7, en 1851 a los 16 años y se convirtió en pastor de la Iglesia en Waterbeach en 1852. Publicó más de 1.900 sermones diferentes y predicó a alrededor de 10.000.000 de personas durante su vida. 
Además, Spurgeon fue un autor prolífico de muchos tipos de obras, incluidas una autobiografía, un comentario, libros sobre oración, un devocional, una revista, poesía, himnista y más. 
Se transcribieron muchos sermones mientras hablaba y luego se tradujeron a muchos idiomas. 
Podría decirse que ningún otro autor, cristiano o no, tiene más material impreso que CH Spurgeon.

http://www.spurgeon.com.mx/indice.html

¿Si Dios siempre ha existido, por qué no puede el universo haber existido siempre?

No es tan simple como parece

¿Si Dios siempre ha existido, por qué no puede el universo haber existido siempre?

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

www.integridadysabiduria.org

¿Eso es lo que me espera?

Un Mensaje a la Conciencia

¿Eso es lo que me espera?

Carlos Rey y Linda Stewart

En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio http://www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:

«Veo a mis padres levantarse cada día a las cinco de la mañana y volver a las ocho de la noche…. Suelo verlos agotados casi siempre y sin tiempo de nada…. Cada vez que me despierto para ir a la universidad y los veo, me desilusiono pensando: “¿Eso es lo que me espera vivir como empresario?” Las rutinas me aterran. Detesto que el mundo tenga que funcionar así…. Tengo miedo de esa vida triste.»

Este es el consejo que le dio mi esposa:

«Estimado amigo:

»Es prudente que ya esté contemplando las ramificaciones de la carrera que está emprendiendo. Las largas horas que trabajan sus padres son, en definitiva, una desventaja del empleo que tienen. Usted no lo dice, pero al parecer tiene planes de seguir sus pasos y tal vez hacerse cargo del negocio de ellos en el futuro. Es posible que usted sienta que no tiene más opción que esa debido a las expectativas de ellos.

»Aunque muchas personas tienen pocas opciones y consiguen empleos aburridos y físicamente extenuantes, un título universitario por lo general les depara más oportunidades. Como usted ya está cursando estudios universitarios, tiene un porvenir con buenas perspectivas. Pudiera parecer que lo que estudia actualmente lo limitará a ciertas profesiones, pero un título universitario en cualquier rama de estudios lo preparará para una amplia gama de profesiones….

»Si usted de veras siente que debe seguir los pasos de sus padres, es importante que recuerde que podrá valerse de tecnología que no existía sino hasta hace pocos años. Mientras cursa estudios en la universidad, tiene una magnífica oportunidad de investigar las maneras en que pudiera revolucionar los procesos que emplea ese negocio. Desde luego, le llevará varios años incorporar tales adelantos, y quizá tenga que convencer a sus padres (si el negocio les pertenece en la actualidad).

»Si no se le ocurre ninguna opción que pudiera hacer más emocionantes sus planes actuales para un futuro empleo, entonces le recomendamos que considere otras posibilidades…. [Ninguna carrera] es una buena opción a menos que esté relativamente seguro de que pueda sustentarse usted mismo y sustentar a su futura familia con sus ingresos. Una de las razones por las que tantas personas tienen empleos que no las satisfacen es que comprenden que el sustentar a la familia es aún más importante que tener una profesión satisfactoria.

»Dios sabe lo que más le conviene a usted, así que necesita su sabiduría divina. Si está dispuesto a entregarle su vida a Él y a seguir sus pasos, entonces podrá confiar en que lo guíe de modo que descubra una carrera y una vida que lo satisfagan a usted. Los que confían en Dios no tienen por qué sentir miedo.1»

Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, se puede leer si se pulsa la pestaña en http://www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 501.

1 Sal 56:11

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JOHN WYCLIFFE: La ESTRELLA de la mañana de la REFORMA

BITE

Serie: Biografías

JOHN WYCLIFFE

La ESTRELLA de la mañana de la REFORMA

Causó un gran impacto en la iglesia: 43 años después de su muerte, los funcionarios desenterraron su cuerpo, quemaron sus restos y arrojaron las cenizas al río Swift.

Aún así, no pudieron deshacerse de él. Sus enseñanzas, aunque suprimidas, continuaron extendiéndose.

John Wycliffe nació en 1330 en Yorkshire, al interior de Inglaterra, en una granja de ovejas a 200 millas de Londres.

Ingresó a la Universidad de Oxford en 1346, pero debido a la Peste Negra, no pudo obtener su doctorado hasta 1372. Sin embargo, para entonces ya era considerado el principal filósofo y teólogo de Oxford.

Se aplicó rigurosamente al estudio de la teología y de las Escrituras. Mientras lo hacía, se dio cuenta de lo mucho que la iglesia se había desviado.

En 1374, Wycliffe se convirtió en rector de la parroquia en Lutterworth.

Mientras tanto, Roma había exigido apoyo financiero de Inglaterra, mientras luchaba por recaudar dinero para resistir un posible ataque francés. Wycliffe aconsejó a su señor local, John de Gaunt, que le dijera al Parlamento que no cumpliera. Argumentó que la iglesia ya era demasiado rica y que Cristo llamó a sus discípulos a la pobreza, no a la riqueza.

Tales opiniones, y sus escritos, hicieron que Wycliffe se metiera en problemas, y fuera llevado a Londres para responder a los cargos de herejía. La audiencia apenas había comenzado cuando la controversia se avivó en el recinto. Pronto estallaron en una discusión abierta que terminó con la reunión. Tres meses después, el papa Gregorio XI emitió cinco toros, o edictos de la iglesia, contra Wycliffe, en los cuales fue acusado de 18 cargos y fue llamado «maestro de los errores».

En una audiencia posterior ante el arzobispo en el Palacio de Lambeth, Wycliffe respondió: «Estoy listo para defender mis convicciones hasta la muerte… He seguido las Sagradas Escrituras». Continuó diciendo que el Papa y la iglesia estaban en segundo lugar en autoridad a las Escrituras.

Esto no le cayó bien a Roma, pero debido a la popularidad de Wycliffe en Inglaterra y a una posterior división en el papado, hoy conocido como el Gran Cisma de 1378, cuando se eligieron dos papas rivales, Wycliffe fue puesto bajo «arresto domiciliario» y dejó de pastorear.

Creyendo que cada cristiano debería tener acceso a las Escrituras ya que solo las traducciones en latín estaban disponibles en ese momento, comenzó a traducir la Biblia al inglés, con la ayuda de su amigo John Purvey.

Pero no solo era necesario traducir la Biblia; también tuvo que ser copiada y distribuida. Este proyecto se emprendió antes de la invención de la imprenta, inventada en 1440, por lo que las copias tenían que hacerse cuidadosamente a mano. A pesar de los desafíos, cientos de Biblias fueron producidas y distribuidas por el ejército de pastores de Wycliffe, quienes predicaron en toda Inglaterra. Los seguidores de Wycliffe llegaron a llamarse Lolardos.

Wycliffe permaneció convencido de la autoridad y la centralidad de las Escrituras y se dedicó al llamado de su vida: ayudar a los cristianos a estudiar la Biblia.

John Wycliffe murió el 30 de diciembre de 1384, casi exactamente cien años antes de que naciera Martín Lutero.

CIBERGRAFÍA

The Morning Star of the Reformation: http://bit.ly/2VOr87i​
John Wycliffe, Medieval «protestant»: http://bit.ly/2sp5BEX​
John Wycliffe, English theologian: http://bit.ly/2smvoxh​

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La ciudad perfecta

Soldados de Jesucristo

Febrero 13/2021

Solid Joys en Español

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Los dos fundamentos

Sábado 13 Febrero

Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras… fue sepultado, y… resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras. 1 Corintios 15 : 3-4

Los dos fundamentos

– La muerte de Jesucristo en la cruz es la base sobre la cual Dios cumple todos sus planes de gracia hacia la humanidad. Ella es y será eternamente la mayor prueba del amor de Dios nuestro Salvador. “Consumado es” (Juan 19 : 30), dijo Jesús muriendo en la cruz por nosotros, hombres culpables. Esta expresión confirma que su obra está concluida. “Consumado es” : una sola palabra en la lengua original, que antiguamente se anotaba en la parte inferior de una factura pagada. Esta es la palabra impresa después de la larga lista de mis pecados, si creo que Cristo llevó en la cruz el castigo que ellos merecían. Entonces soy hecho justo ante Dios : “Justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3 : 24).

– La resurrección de Jesús mediante el poder divino atestigua que su obra satisfizo perfectamente la justicia de Dios. Jesús murió por nuestros pecados, y Dios lo resucitó para nuestra justificación (Romanos 4 : 25).

Sí, del lado de Dios, todo fue perfectamente cumplido para salvar al hombre perdido. Él dio la prueba de ello, lo anuncia a los hombres y espera la respuesta de su corazón. ¿Cuál será la mía ?

– ¿la duda, que hace de Dios un mentiroso ?

– ¿el orgullo, que no quiere someterse a Dios ?

– ¿pretender que “mis buenas obras pueden salvarme”, como si la obra de Cristo no fuese suficiente ?

– ¿la ingratitud hacia aquel que murió por mí ?

– ¿la indiferencia ?

– ¿o la fe que acepta simplemente el don de Dios y la obra de Cristo para salvarme ?

2 Samuel 6 – Mateo 27 : 1-31 – Salmo 22 : 12-15 – Proverbios 9 : 1-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Nacido Para Morir – 7

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Vida y Enseñanzas de Jesús

7 – Nacido Para Morir

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

La obra del Espíritu Santo – Parte 3

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase18/26

La obra del Espíritu Santo – Parte 3

  1. Introducción (Panorama de las clases anteriores)

Bienvenido al seminario «Teología Sistemática», parte 2. Mi nombre es Charles Hedman y sirvo en CHBC como pastor.

En las últimas semanas, hemos examinado detalladamente la persona y obra del Espíritu Santo. Después de haber visto el panorama introductorio de la primera parte de este seminario, en la semana 15, vimos la persona del Espíritu Santo y su relación con el Padre y el Hijo, sus propiedades personales y actividades personales.

Luego, en la semana 16, empezamos a estudiar la obra del Espíritu Santo, específicamente la obra del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento, la obra del Espíritu Santo en la persona de Cristo, y la obra del Espíritu Santo en el cristiano.

La semana pasada, dimos un vistazo más profundo a la obra del Espíritu Santo en el creyente, específicamente los temas de convicción y conversión, unión con Cristo y santificación. También hablamos acerca de la obra del Espíritu Santo en la vida de la iglesia, inspirando e iluminando la Escritura, levantando líderes que enseñen la Palabra de Dios y produciendo unidad y diversidad en la iglesia.

  1. El bautismo en el Espíritu Santo

Habiendo pasado tiempo abordando la principal obra realizada por el Espíritu Santo, queremos pasar tiempo esta semana hablando acerca de ciertas frases en la Escritura inherentes al Espíritu Santo que han si tomadas para significar cosas distintas.

La primera frase que queremos considerar es lo que significa ser «bautizados con el Espíritu Santo». Esta frase aparece en siete pasajes del Nuevo Testamento.

Por ejemplo, en Lucas 3:16, Juan el Bautista dice: «Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego». Y en Hechos 1:5, el Señor dice: «Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días».

Este último versículo muestra que cualquiera que sea el bautismo del Espíritu Santo, ciertamente sucedió en el día de Pentecostés.

Hay cuatro formas principales en que la frase «bautizado con el Espíritu Santo» ha sido interpretada a lo largo de la historia de la iglesia.

La primera forma es la forma pentecostal. Los pentecostales toman estos dos versículos y presentan la siguiente posición: 1) que el bautismo en el Espíritu Santo es ordinariamente un acontecimiento después de la conversión; y 2) que el bautismo en el Espíritu Santo se evidencia en el don de lenguas, porque los discípulos hablaron en lenguas en el día de Pentecostés[1].

Lo positivo asociado con este punto de vista es que muy probablemente veamos dos obras del Espíritu Santo en el libro de Hechos, primero con los discípulos en Hechos 2, luego con los samaritanos en Hechos 8, más adelante en la casa de Cornelio en Hechos 10 y, por último, Efeso en Hechos 19.

Sin embargo, los aspectos negativos asociados con este punto de vista es que parece que fundamentalmente no comprende lo que sucedió en el día de Pentecostés. Como hemos visto, el día de Pentecostés es un acontecimiento redentor-histórico único. No es repetible al igual que la crucifixión, la resurrección o la ascensión. Lo que significa que no deberíamos anticipar un «pentecostés personal» que experimentaremos como un cruce personal del mar Rojo o un Getsemaní personal.

Además, mientras vemos otras conversiones en Hechos, varias no mencionan el hablar en lenguas. Además, 1 Corintios 12:30 aclara que no se espera que todos los cristianos hablen en lenguas y que hablar en lenguas es un «don» y no un indicador de alguien que es más santo.

El segundo punto de vista en lo que se refiere a ser bautizado en el Espíritu Santo es la opinión de que es únicamente aquello que sucede cuando uno primero es salvado y regenerado.

Los defensores de esta posición argumentan que tal enseñanza se alinea con 1 Corintios 12:13, que dice: «Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu». En lo que respecta a Pablo, dicen, «el bautismo en el Espíritu Santo» se refiere a la actividad del Espíritu Santo al comienzo de la vida cristiana cuando se nos da nueva vida espiritual en la regeneración y… recibimos una clara ruptura con el poder del pecado[2]. El bautismo en el Espíritu Santo no es una segunda experiencia solo para los cristianos extra espirituales[3].

Los detractores de esta opinión, una vez más, argumentan que al parecer tanto con los discípulos como con los samaritanos, el derramamiento del Espíritu Santo tuvo lugar algún tiempo después de su conversión inicial. Entonces, tienes a los discípulos claramente convertidos en Hechos 1, pero Jesús les dice que esperen para salir a proclamar el evangelio hasta que sean fortalecidos por el Espíritu Santo. Entonces, este es un claro problema.

La tercera opinión, defendida por Sinclair Ferguson y otros dentro de la historia eclesiástica, es que el bautismo en el Espíritu Santo se refiere a una entrada en dos etapas en la plenitud de la bendición del Espíritu. La primera etapa es la regeneración del Espíritu (por tanto, conversación-iniciación), y la segunda etapa es el bautismo con el Espíritu. Entonces, en algún momento durante el período descrito por los Evangelios, los apóstoles fueron regenerados. Más tarde, en  el día de Pentecostés, experimentaron una nueva obra del Espíritu; fueron bautizados y llenos del Espíritu y hablaron en otras lenguas como una evidencia de esta nueva etapa de su actividad en sus vidas. De acuerdo con este punto de vista, si bien el patrón de dos etapas que surge no es paradigmático –o normativo– de lo que podemos esperar para la iglesia de hoy. El día de Pentecostés se retrata como un acontecimiento redentor-histórico, que no debe ser interpretado existencial y neumatológicamente, sino escatológicamente y cristológicamente.

Lo que sucede, según este punto de vista, es una expansión del evangelio a todas las naciones, como lo predice Hechos 1:8. Este proceso de 2 etapas, entonces, es el medio por el cual los efectos del evangelio se ven claramente para los gentiles y para las naciones, ya que se ven lenguas de fuego y se hablan lenguas. Así, el evangelio viene a Jerusalén en el día de Pentecostés. El evangelio llega a Samaria en Hechos 8. El evangelio llega a Cesarea en Hechos 10. Y el evangelio llega a Éfeso en Hechos 19. Todos los actos históricos redefinidos que son acontecimientos hechos una vez y para siempre.

Como tal, los cristianos en la actualidad no experimentan la entrada en dos etapas del Espíritu Santo. Más bien, en el punto de la fe y en el momento de la conversión, los cristianos participan individualmente en el efecto del derramamiento del Espíritu de Pentecostés. Es un acontecimiento de una sola etapa en el que tanto la conversión de los discípulos como los efectos del día de Pentecostés se nos dan de una sola vez.

Los detractores de este punto de vista argumentarán que mantener ese punto de vista es hacer suposiciones implícitas que no se dan explícitamente en otra parte. Claro que es histórico-redentor, pero ¿podemos decir definitivamente que no puede suceder ahora? Además, de acuerdo con Romanos 8:9: «Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él». Si el Espíritu Santo no residió completamente en los discípulos, ¿podemos realmente decir que se convirtieron?

La cuarta opinión, defendida por muchos, incluido John Piper, es que el bautismo del Espíritu Santo es una obra posterior de gracia sobre un creyente individual con el propósito explícito de recibir un poder espiritual extraordinario para el ministerio exaltador de Cristo.

Aquí, el argumento es que en cada caso en el libro de Hechos donde se da el Espíritu Santo, se lo da con el propósito explícito de proclamar el evangelio y  para la llenura el poder del ministerio. En Hechos 1:8, Lucas describe ser bautizado con el Espíritu como el recibir poder para testificar cuando el Espíritu Santo viene sobre ti. Además, en Lucas 24:49, Lucas dice que ser bautizado en el Espíritu es ser revestido con poder desde lo alto para que el mensaje de Cristo pueda ser llevado efectivamente a todas las naciones del mundo.

Para Piper entonces, el bautismo del Espíritu Santo es un empoderamiento subsecuente y especial del Espíritu para hacer cosas poderosas para Jesús en el nombre de Jesús.

Los detractores de esta posición argumentarían que pareciera estar sucediendo más en el bautismo del Espíritu Santo que solo el empoderamiento. Dirían que hay una segunda obra de gracia en donde la plenitud del Espíritu Santo se da en la efusión del Espíritu.

  1. La llenura del Espíritu Santo

La segunda frase usada repetitivamente en las Escrituras que debemos ayudar a aclarar es la frase «ser lleno del Espíritu». Así que, piensa en Hechos 4:31«Cuando hubieron orado… todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios».

Por tanto, es apropiado entender el hecho de ser lleno del Espíritu Santo no como un acontecimiento único sino como un acontecimiento que puede y debe ocurrir una y otra vez en la vida de un cristiano[4]. En Hechos, la vida de Esteban fue caracterizada como alguien que estaba lleno del Espíritu Santo (Hechos 6:5). Pablo a menudo oraba para que la gente a la que ministraba recibiera más del Espíritu Santo (Efesios 1:17). Y observa que Pablo oró por todos los santos en la iglesia, no solo por los pastores, diáconos, líderes.

Pero, ¿cómo puede un cristiano, que ya tiene el Espíritu Santo, ser más lleno del Espíritu Santo? Bueno, para responder a esto, piensa en un globo. Un globo ya está lleno de aire, pero si inyectamos más aire en él, el globo se llena más. Podemos ser llenos del Espíritu Santo y al mismo tiempo poder recibir mucho más de él y su poder transformador. Fue solo Jesús a quien el Padre le dio el Espíritu sin medida. Juan 3:34 dice: «Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no da el Espíritu por medida».

La cuarta opinión, la de Piper, sostiene que la llenura del Espíritu Santo es sinónimo de ser bautizado con el Espíritu Santo, y por tanto, es continuo a lo largo de la historia de la iglesia y es aplicable a nosotros hoy en día. Entonces, vemos en Hechos 2, por ejemplo, que las personas son «llenas del Espíritu Santo»…

  1. Los dones del Espíritu Santo

Hay mucha discusión y confusión acerca del tema de los dones espirituales. Si has crecido en la iglesia, es probable que hayas tenido diversas experiencias con respecto al tema. A veces puede ser divisivo en una iglesia. Pero hemos visto que no debería ser así.

Vuelve conmigo al libro de Efesios. En esta magnífica carta, el apóstol Pablo se propone mostrarle al lector el alcance del plan eterno de Dios. Comienza en el capítulo 1 presentando las maravillas del evangelio de la gracia. Es «en Cristo» que recibimos toda bendición espiritual (1:3). El poder de ese evangelio se pone de manifiesto en el capítulo 2. No solo trae a la vida a los muertos espiritualmente, reconciliando a Dios con el hombre (2:4-5), sino que es a través del evangelio que Dios destruye el muro de hostilidad entre judíos y gentiles (2:14). En Cristo, hay una nueva comunidad, unida no por raza, etnia o género, sino por Cristo. El capítulo 3 lo deja claro entonces, es a través de la iglesia que Dios muestra su múltiple sabiduría, su impresionante gloria (3:10).

Esa manifestación no es fácil, ¿verdad? ¿Mantener una comunidad unida y amorosa de pecadores? Pablo reconoce el desafío y, en el capítulo 4, exhorta a la iglesia a «guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz» (4:3). ¿Cómo hacemos eso? Él continúa escribiendo en Efesios 4:7: «Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo». Por eso dice: «Subiste a lo alto, cautivaste la cautividad, tomaste dones para los hombres». Aquí, Pablo vuelve al Antiguo Testamento, citando el Salmo 68:18 para señalar que la efusión de dones espirituales representa la caída de los enemigos de Cristo: la victoria de la iglesia.

Desde allí, Pablo nota algunos de los dones espirituales que comienzan en el v. 11:

Efesios 4:11–16: «Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,  a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor».

Ahora bien, esta no es la única lista de dones espirituales en el Nuevo Testamento. Otras listas aparecen en 1 Corintios 12, Romanos 12 y 1 Pedro 4. Pero de estas listas aprendemos varias cosas.

A. Primero, no parece haber una sola lista completa de los dones espirituales en ningún pasaje del Nuevo Testamento. El punto es que no debes sentir que has perdido tu llamado si no puedes encontrar tu «don» en una lista en particular. Puedes tener más de un don, pero Jesús es el único que tenía todos los dones.

B. Segundo, parece haber una prioridad en los dones relacionados con la Palabra. En cada una de las listas, el escritor comienza y se enfoca en los dones basados ​​en las Escrituras.

C. Tercero, los dones son regalos dados por Dios. Él da lo que quiere. Entonces en 1 Corintios 12:11, Pablo nos dice que el «Espíritu… [reparte] a cada uno en particular como él quiere». Vemos lo mismo en 1 Co. 12:18 y Ef. 4:11. Esto es útil para combatir cualquier sentimiento de envidia. Los dones son dados por un Dios bueno que sabe lo que hace y no comete errores en su asignación. Nuestro trabajo no es contradecir su diseño, sino ser fieles. Además, es en la diversidad de los dones dados que el cuerpo funciona mejor. Y a pequeña escala, esto sucede en el matrimonio. Hoy es mi primer aniversario, así que voy a jactarme de mi esposa por un segundo: ella tiene dones increíbles que yo no tengo. Por tanto, naturalmente me complementa de una manera que es tan útil para mí a medida que crezco en la vida. Lo mismo ocurre con la iglesia, deberíamos usar nuestros dones para ayudar a nuestra iglesia a crecer. Lo que me lleva a señalar…

D. Cuarto, el propósito de los dones espirituales es la edificación de la iglesia. Ya lo hemos visto en Ef. 4:12, Cristo dio dones «a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo». O en 1 Co. 12:7, Pablo escribe: «Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho». Muchas veces, la forma en que se descubren los dones es interviniendo y sirviendo. Entonces, pregunto o identifico una necesidad en la iglesia y luego me preparo para ayudar a que otros puedan ser edificados. No decimos: «Bueno, mi don es la enseñanza, así que no puedo ayudar a limpiar». Mi don es el animar a otros, así que no voy a evangelizar. ¡No! Deberíamos buscar necesidades y formas de bendecir a los demás para que puedan conocer a Dios y ser edificados.

E. Quinto, en todas las cosas, el AMOR es la guía principal en el ejercicio de los dones espirituales. Esto está en el centro del argumento de Pablo en su discusión acerca de los dones espirituales en 1 Corintios 12-14. Parece que la iglesia de Corinto había elevado el don de lenguas por encima de otros y muchos clamaban por tener el don para poder ser realmente espirituales y reconocidos. Solo un comentario adicional: me parece interesante y alentador: que las lenguas siempre han sido el don con el que luchan las iglesias. Pero nuestros dones espirituales no son para hacernos un nombre: ¡son para amar a los demás y dar a conocer a Dios! Es por eso que entre dos capítulos acerca de los dones espirituales, 1 Corintios 12 y 14, está 1 Corintios 13, el capítulo acerca del amor. La manera en que debemos predicar, animar, dar, servir, dirigir, exhortar, hagamos lo que hagamos, es hacerlo con amor.

Entonces, ¿qué pasa con los dones espirituales de sanidad, milagros o hablar en lenguas?

Tal vez un buen lugar para comenzar es notar que hay un amplio espectro de respuestas. En un extremo están  aquellos que argumentan que estos dones son normativos para la iglesia y deben ser una parte regular de nuestras reuniones semanales. (Los continuacionistas).

En el otro extremo están aquellos que argumentan que tales dones han cesado por completo y buscarían refutar cualquier afirmación de que ocurran hoy. (Los cesionistas).

Y luego hay muchos que se encuentran en algún punto intermedio. No esperan que sea una parte normal de la reunión semanal de una iglesia, ni se sentirán obligados a refutar a alguien que dijera tener un determinado don. Si sucediera, simplemente mirarían las instrucciones de Pablo en 1 Corintios 12-14 para asegurarse de que la iglesia fuera edificada y en buen orden.

Ahora bien, no necesitamos estar de acuerdo en esto para ser una iglesia, hay diferentes personas que tienen puntos de vista diferentes. Cada uno de nosotros debe ser convencido de las Escrituras y  procurar ser tolerantes los unos con los otros.

Pero permítanme ofrecer una observación adicional para nosotros mientras pensamos esto. Al leer las Escrituras desde el Génesis hasta el Apocalipsis, una cosa que notarás es que hay una concentración de acontecimientos milagrosos que marcan acontecimientos clave en la historia del pueblo de Dios.

Entonces, por ejemplo, en el Éxodo, tienes 10 plagas, la separación del mar Rojo, el agua que brota de una roca, el maná que cae del cielo y otros milagros. Otras veces cuando se da la Ley, cuando los profetas declaran una palabra de Dios, durante el exilio o algún evento clave en la historia de las Escrituras, dichas señales parecen confirmar y establecer la relación de Dios con su pueblo.

Lo mismo es cierto en el Nuevo Testamento. Entonces, en los Evangelios con la venida de Jesús o en Hechos 2, que marca el inicio de la iglesia y el derramamiento del Espíritu Santo, ¿qué ocurre? Hay un aparente aumento en los acontecimientos milagrosos. Pedro nota esto en Hechos 2:22; El ministerio de Pablo y Bernabé es confirmado por milagros en Hechos 14:3. Incluso más tarde en 2 Corintios 12:12, Pablo argumenta que la marca del apóstol del Nuevo Testamento se confirma con «señales, prodigios y milagros». Todo esto tiene sentido porque el Nuevo Testamento estaba siendo escrito (Efesios 2:20) y el mensaje del evangelio estaba siendo confirmado. Una vez que se estableció esta base, las señales no se mencionan con tanta frecuencia (como en las epístolas pastorales).

¿Eso significa que Dios no puede obrar de maneras milagrosas hoy? ¡Ciertamente no! ¿Eso significa que debe hacerlo? ¡Ciertamente que no! Deberíamos continuar orando para que Dios haga milagros: para que sane, para que el Espíritu les dé nueva vida a aquellos espiritualmente muertos, y para que Dios se dé a conocer. Dios puede y hará lo que crea conveniente. Pero no debemos suponer que la forma principal en que Dios debe revelarse a sí mismo en la actualidad es a través de la práctica de estos dones milagrosos. Dios nos ha dado su palabra; Él nos ha dado su Espíritu, y él está obrando a nuestro alrededor.

Oremos.

[1] 1 Corintios 12:30 deja en claro que no se espera que todos los cristianos hablen en lenguas y que hablar en lenguas es un «don» y no un indicador de alguien que es más santo.

[2]Grudem.

[3] Entre aquellos que sostienen la enseñanza en dos etapas acerca del bautismo del Espíritu Santo, hay un pensamiento de que el Espíritu debe ser usado a disposición del hombre, como si pudiéramos afectar su presencia mediante la imposición de manos. Niega la gracia de Dios que es suficiente para el comienzo de la vida de un cristiano, pero es necesario que haya otros pasos y condiciones para obtener una vida más plena y victoriosa.

[4] «Aunque no encuentro soporte bíblico para una segunda teología de bendición, encuentro soporte para una segunda, tercera, cuarta o quinta teología de bendición» (Don Carson, Showing the Spirit, p. 160).

Mark Deve

La santidad, ¿una cuestión pública o privada?

The Master’s Seminary

La santidad, ¿una cuestión pública o privada?

Heber Torres

En 1966 el escritor japonés Shusaku Endo publicaba una novela de ficción titulada «Silencio» que pronto alcanzaría un éxito notable al punto de convertirse en todo un referente literario[1]. En ella se relata la historia de unos misioneros jesuitas que en el siglo XVII viajan a Japón para divulgar su credo. Su aventura termina rápido. Pronto experimentan la oposición de las autoridades locales siendo obligados a apostatar de su fe, enfrentando el dilema de ocultar su profesión o renegar de la misma para sobrevivir. En las últimas décadas, aun en el mundo occidental, se ha podido identificar un creciente interés por parte de gobiernos y agentes sociales en promover un modelo de fe silenciosa en el que aparentemente el individuo tiene el derecho de mantener cualquier creencia siempre y cuando no la traslade a la esfera pública, y mucho menos pretenda hacer prosélitos de ella.

Sin embargo, el cristianismo bíblico tiene por naturaleza una vocación pública. ¡Resulta imposible concebirlo de otra manera! Cuando el cristiano se acerca a las páginas de las Escrituras observará que no existe un espacio privado en el que pueda acomodar cierta «faceta espiritual» (Dn. 3:17–18). Al contrario, hay razones de peso que confirman la necesidad de cultivar una vida de santidad en nuestra relación con las personas que nos rodean.

La conexión

Estar en Cristo es formar parte del cuerpo de Cristo. Él se dio a sí mismo para santificar a cada uno de sus redimidos para que, sin mancha ni arruga, puedan experimentar una comunión santa e inmaculada con Él (Ef. 5:25–27). Pero este camino de santificación no se transita en solitario. Como resultado de lo que Cristo ha hecho el cristiano está unido con aquel que es la cabeza, pero también con todos los que han sido salvos por su sangre.

Es posible que algunas personas interpreten erróneamente el concepto de «apartados» o «separados» para Dios implícito en el término santidad. Pero la santidad de cada hijo de Dios no es una cuestión exclusivamente personal, sino que afecta estrechamente la realidad de los que son sus hermanos en Cristo, con los que está íntimamente conectado. Los creyentes son miembros los unos de los otros, de manera que, «si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él; y si un miembro es honrado, todos los miembros se regocijan con él» (1 Co. 12:26). La santidad y la obediencia de un cristiano afecta directamente a todo el conjunto de la Iglesia, porque lo que finalmente está en juego es el testimonio de Cristo y de su cuerpo. El que un individuo se aleje de la comunión de sus hermanos trae un mal nombre al evangelio. Ya sea que el cristiano lo piense o no, sus acciones (y aun sus omisiones) tienen ramificaciones en la vida de otros, y esto es recíproco: sin el aporte de ellos en su vida, su desarrollo espiritual resultaría inviable.

En estos meses de pandemia el consumo de teléfonos, tabletas u ordenadores personales se ha disparado. Muchos profesionales trabajan telemáticamente y un buen número de estudiantes cursa sus clases sin salir de casa. Los seres humanos viven en la era de lo individual. La cultura aspira y disfruta de un estilo de vida personalizado al más mínimo detalle. Y lo que ya era tendencia en cuanto al tiempo de ocio, se ha convertido casi en normativo con respecto a otras áreas de la vida. Sin embargo, el plan de Dios para con los suyos ha sido diseñado para ser vivido en comunión y colaboración con otros (Ro. 12:4–16). Francisco Lacueva lo explica así: «El nuevo Testamento desconoce un cristiano individualista. Tan pronto como alguien nace de nuevo y cree en el Señor, Dios lo añade en la [Iglesia]. Estar en Cristo y estar en la iglesia son fórmulas que se implican mutuamente»[2].

La realidad del cristiano como hijo de Dios no puede ser restringida a sí mismo como sujeto autónomo. Necesita de la presencia de otros, así como debe de estar presente y colaborar en el crecimiento de otros. Por eso no existe un contexto más apropiado para progresar en su andar con Cristo que la comunión de los santos. Siendo parte de la Iglesia el cristiano es exhortado y exhorta también a otros. Es animado y anima también a otros. Es orientado y orienta también a otros. Sirve y es servido por otros. Rinde cuentas, es guiado, instruido y corregido, y todo ello redunda directamente en nuestro avanzar espiritual (Gá. 6:1–2). La Biblia enumera hasta 26 obligaciones que cada creyente tiene para con sus hermanos en Cristo[3]. El cristiano que alimenta su fe en el entorno de la iglesia local se beneficia del ministerio de otros y tiene la oportunidad de desarrollar los dones que Dios le ha dado. ¡Pensar en vivir una vida santa en solitario es tan descabellado como pretender que un órgano cumpla con su función alejado del resto del organismo!

La confirmación

Cristo mismo rechazó con determinación la hipocresía de algunos religiosos que pretendían deslumbrar a sus contemporáneos por medio de una actuación santurrona y carente de vida. Sin duda algunos judíos habían terminado por imitar el mismo «despliegue» ritualista que caracterizaba a los paganos de su época (Mt. 6:1). Sin embargo, también insistió en la necesidad de que sus discípulos produzcan un fruto visible que confirme la legitimidad de su fe y, de esa forma, el Padre sea glorificado (Jn. 15:8).

Del mismo modo que «una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa [—dice el Hijo de Dios—]. Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mt. 5:14–16). En estos versículos, Jesús no limita la actuación visible de sus seguidores a la proclamación verbal del evangelio, sino que específicamente enfatiza la importancia de sus buenas acciones. El hijo de Dios no tiene libertad para escoger cómo quiere vivir su vida cristiana. Jesús demanda una vida santa, no solo en lo secreto del corazón, sino también en la manera en la que se comporta cada uno de sus seguidores. En palabras de J.C. Ryle: «El hombre santo procurará practicar un espíritu de misericordia y benevolencia hacia los demás. No permanecerá inactivo todo el día. No se contentará con no hacer daño. Tratará de hacer el bien. Se esforzará todo lo posible por ser útil en su época y generación, y de aliviar las necesidades espirituales y los sufrimientos a su alrededor»[4].

En su primera epístola a Timoteo, el apóstol Pablo exhorta a su pupilo a tener un especial cuidado de su vida espiritual, pero le recuerda que su devoción ha de trascender al ámbito de lo privado. No solamente en lo relativo a su enseñanza, sino también en lo concerniente a su comportamiento. Timoteo debía ser un ejemplo en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza, de modo que su aprovechamiento llegase a ser evidente a todos. Solamente de esa forma aseguraría la salvación tanto para sí mismo como para los que eran receptores de su ministerio (1 Ti. 4:11–16). Porque, finalmente, la manera en la que uno se conduce públicamente con su prójimo confirma que experimenta una comunión genuina con Dios (1 Jn. 4:12, 20–21).

Conclusión

El activismo eclesial en el que muchos viven atrapados hace necesario invitarlos a escapar de la espiral de programas e iniciativas en los que se ven envueltos con el fin de dedicar tiempo a solas con Dios. Sin embargo, nunca al precio de descuidar su testimonio para con los que están más cerca. William Gurnall percibía el peligro de una comunión privada que no tiene repercusiones en nuestra interacción con otros: «¿Escuchas y oras, pero sin encontrar ya la fuerza para cumplir con una promesa o vencer la tentación? ¡Deshonras a Dios cuando bajas del monte de la comunión y rompes las ta­blas de su ley en cuanto te alejas! No encontrar la fe y la fuer­za renovadas en la comunión con Él es señal segura del declive espiritual»[5].

Eso que eres en lo secreto ha de impactar tu manera de relacionarte con los demás. De modo que tus familiares, amistades, compañeros de trabajo o cualquiera que se cruce en tu camino debe poder reconocer que eres de los que verdaderamente pasa tiempo con Jesús y está siendo conformado a su misma imagen (Hch. 4:13; 2 Co. 3:18). Vive para la gloria de Dios en todo lo que hagas.

[1] Shusaku Endo, Silencio (Barcelona: Edhasa, 2009).

[2] Francisco Lacueva, La Iglesia cuerpo de Cristo (Barcelona: Clie, 1997).

[3] Véase Romanos 12:10; 12:16; 14:13; 14:19; 15:14; 1 Corintios 6:7; 7:5; 12:25; Gálatas 5:26; Efesios 4:25; 5:21; Filipenses 2:3; Colosenses 3:9; 3:13; 3:16; 1 Tesalonicenses 4:18; 5:11; 5:13; 5:15; 1 Timoteo 2:1; Hebreos 10:24; Santiago 4:11; 1 Pedro 4:10; 5:5; 5:14; 1 Juan 1:7.

[4] J.C. Ryle, La santidad (Moral de Calatrava: Editorial Peregrino).

[5] William Gurnall, El Cristiano con toda la armadura de Dios (Moral de Calatrava: Editorial Peregrino), 237.

Heber Torres

Heber Torres

Heber Torres (M.Div.) es profesor de teología en el Seminario Berea (León, España) y pastor en la Iglesia Evangélica de Marín (España). Dirige el sitio «Las cosas de Arriba», que incluye podcast y blog. Está casado con Olga y juntos tienen tres hijos: Alejandra, Lucía y Benjamín.

La gratitud en la oración

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Preguntas claves sobre la oración

La gratitud en la oración

Kevin Struyk

Nota del editor: Este es el capítulo 13 de 25 en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Preguntas claves sobre la oración.

La postura no es algo que comentamos muy a menudo. De hecho, hablar sobre la postura —cómo posicionar el cuerpo cuando estamos en ciertos lugares para lograr ciertos propósitos— puede sonar absurdo hoy en día. En una sociedad que valora la libertad de expresión y el deshacerse de las ataduras de los modales antiguos, incluyendo las tradiciones, las prácticas y los valores bíblicos, ser intencional con nuestra postura no es una gran prioridad. Sin embargo, los discípulos de Jesucristo comprenden la importancia y el gran privilegio de venir ante nuestro santo y justo Dios en oración. Por lo tanto, al comunicarnos con nuestro Señor, debemos considerar cómo nuestra postura afecta nuestras oraciones.

Por Su gracia y misericordia, Dios inclina nuestros corazones para que crezcamos en amor, devoción e intimidad con Él mientras somos santificados por Su Palabra y por Su Espíritu.

En Occidente, el hombre típicamente se arrodilla al proponerle matrimonio a su futura esposa. Esta postura, por lo general, muestra la devoción, el amor y el deseo del hombre de servir a su futura esposa, la cual merece honor y respeto. Estar de rodillas también demuestra sumisión y vulnerabilidad. La capacidad de uno ver y moverse es muy limitada en esa posición. Este ejemplo nos ayuda a entender el significado de nuestra postura al orar.

Estar de rodillas es común para los que oran. Al igual que un hombre que está proponiendo matrimonio, el que está arrodillado en oración asume una posición baja y humilde, mostrando dependencia, devoción y honor al Señor. Vemos a nuestro Señor y Salvador Jesucristo demostrando Su dependencia al arrodillarse para orar en el jardín de Getsemaní (Lc 22:40-41). Pablo, luego de contarle a sus amigos sobre su partida, se arrodilló con los ancianos para orar (Hch 20:36). Pedro, antes de ordenarle a Tabita que se levantase de los muertos, se arrodilló y oró (9:40). Tanto al arrodillarse como al doblegarse, el cuerpo se encorva, limitando las distracciones, mostrando honor y trayendo a la memoria nuestra total dependencia del Señor.

Sentarse, ponerse de pie y levantar las manos en oración son otras posturas que encontramos en la Biblia. David se sienta ante el Señor en oración (2 Sam 7:18), Salomón se pone de pie y extiende sus manos en oración (1 Re 8:22), y Pablo exhorta a Timoteo y a otros a orar levantando manos santas (1 Tim 2:8). Durante el transcurso de un día normal, lo más común es que nos encontremos sentados o de pie. Tal vez estás sentado en una mesa, en un carro o en un escritorio. Quizás te gusta caminar, correr o hacer ejercicios. Cualquiera que sea el caso, es bueno, correcto y apropiado orar al Señor en estas distintas posturas. Las instrucciones de Pablo a orar en todo tiempo y sin cesar probablemente incluían el estar sentado y de pie, así como otras posiciones (Ef 6:181 Tes 5:16-18).

De todos modos, lo más importante no es la postura externa del cuerpo, sino la postura interna del corazón; nuestros corazones deben expresar quebrantamiento, contrición, humildad y dependencia. Por Su gracia y misericordia, Dios inclina nuestros corazones para que crezcamos en amor, devoción e intimidad con Él mientras somos santificados por Su Palabra y por Su Espíritu. Comunicarse con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo es un privilegio indescriptible. Que nuestra postura, tanto la interna como la externa, demuestre nuestra sincera devoción y gratitud al Señor.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Kevin Struyk
Kevin Struyk

El Rev. Kevin Struyk es un pastor asociado en Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, FL y un graduado del Reformed Theological Seminary en Orlando, Fla.