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Biblia y Teología es un podcast del Dr Larry Trotter, dedicado a la exposición bíblica y la enseñanza teológica. Larry es pastor de Florida Coast Church en Pompano Beach, Florida y profesor adjunto de Knox Theological Seminary en Fort Lauderdale, Florida.
Vivió veinticuatro maravillosos años como pastor en México y conferencista en distintos países de Latinoamérica. El propósito de Biblia y Teología es proporcionar enseñanza avanzada y en una forma accesible.
Pedro había pescado en vano toda la noche con sus compañeros. Por la mañana, mientras limpiaba sus redes, Jesús se le acercó y le pidió que llevase su barca a aguas profundas y echase las redes. Pedro respondió: “Maestro… nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red”. Creyó y obedeció lo que Jesús le dijo. Entonces atraparon tantos peces que las redes se rompían.
¿Pedro simplemente dio las gracias a Jesús y continuó su trabajo? ¡No! Algo profundo se produjo en su interior. Por medio de dicho milagro comprendió que este hombre, Jesús, al que los peces obedecían, era Dios mismo. Su conciencia fue alcanzada, supo que sus faltas lo hacían indigno de permanecer en la presencia de Jesús y le pidió que se alejase de él: “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador”. Pero al mismo tiempo se echó a sus pies y reconoció su estado. Jesús no se fue, no lo dejó en esa situación, sino que le dijo: “No temas”, y dio la paz a su conciencia: Pedro supo que había sido perdonado. Era un hombre liberado, justificado.
La gracia de Dios va más lejos; no solo perdona, sino que enriquece. Jesús encomendó a su discípulo una misión espiritual: “Desde ahora serás pescador de hombres”. Pedro anunciaría el Evangelio y llevaría muchas personas a la fe: «pescaría» hombres. Dejando su actividad de pescador en el lago, se convirtió en un siervo de Dios; dejó todo para seguir a Jesús.
Leemos en Hechos 2:14 a 41 acerca de una gran “pesca” de hombres por Pedro guiado por el Espíritu Santo.
2/3 – Tres pruebas severas para un ministerio autentico
Ravi Zacharias
“Pensemos con el Dr. Ravi Zacharias” es una producción de RZIM y es un excelente recurso para los cristianos que anhelan entender la fe y testificar con inteligencia.
Gladys Aylward en Londres, Inglaterra, en una familia cristiana pobre. Cuando tenía 14 años, abandonó la escuela para trabajar como empleada doméstica de una familia adinerada.
Con 28 años de edad, Gladys solicitó ir al país oriental como misionera. Pero su dificultad para aprender el idioma y las tradiciones chinas, le cerraron las puertas.
La desconsolada Gladys oyó hablar de una misionera anciana en China, llamada Jeannie Lawson, que necesitaba a otro misionero para trabajar con ella.
En 1932, con el dinero ahorrado de su trabajo como empleada doméstica, partió en tren desde Londres hacia China, a través de Rusia. El viaje no fue nada fácil ya que ese mismo año había estallado una guerra entre Rusia y China.
Cuando Gladys finalmente llegó a China, no pudo encontrar a la anciana misionera. Le dijeron que se había mudado a otra aldea, que estaba a dos días en mula a través de las montañas. Entonces, Gladys contrató a un guía para que la llevara hasta allí.
La misionera, la Sra. Jeannie Lawson, de 73 años, se sorprendió al ver a Gladys cuando llegó al pueblo. Rápidamente la puso a trabajar reparando la gran, vieja y destartalada casa en la que vivía. La señora Lawson quería convertir la casa en un hotel para los arrieros de mulas chinos.
Un día, la Sra. Lawson resbaló y se cayó del balcón de un segundo piso. Unas semanas más tarde, ella murió. Después de la muerte de la señora Lawson, Gladys no pudo pagar los impuestos del hotel.
Gladys quedó sola, sin dinero y era la única persona de habla inglesa en kilómetros a la redonda. Ella no sabía qué hacer.
Durante siglos, los pies de las niñas chinas se envolvían firmemente al nacer para evitar que crecieran. Los chinos pensaban que los pies pequeños eran más bonitos. Pero una nueva ley prohibía esta práctica. En medio de la confusión, Gladys recibió una petición del gobernador del pueblo para que fuera su inspectora oficial de pies.
Al principio, Gladys se negó. Ella no creía que las personas escucharía a alguien a quien llamaban «diablo extranjero». Sin embargo, el gobernador le había concedido un permiso para hablarle a cada aldeano sobre Jesús.
Así que Gladys visitó cada aldea quitándole las vendas de los pies a muchas niñas, contando historias bíblicas y predicando el evangelio.
Gladys hizo un trabajo tan bueno como inspectora de pies que cuando estalló un motín en una prisión de la ciudad, la llamaron de nuevo. Esta vez el gobernador de la prisión quería que calmara a los prisioneros. Temerosa, Gladys oró pidiendo ayuda y luego convenció a los presos para que terminaran con el motín. Luego visitó la prisión todos los días y ayudó a mejorar las condiciones de vida de los prisioneros.
Un día, mientras Gladys caminaba por una aldea, vio a una anciana tratando de vender a una niña. No podía soportar dejar a la niña con esta mujer, así que Gladys compró a la niña por menos de dos dólares. Esta niña fue la primera de casi 100 niños en venta que vinieron a vivir con ella posteriormente.
Durante muchos años, los japoneses habían estado en guerra con China. Gladys pensó que la aldea en la que vivía estaba tan bien escondida y que nunca sería atacada. Sin embargo, una mañana de primavera de 1938, aviones japoneses llenaron el cielo. Lanzaron bombas, destruyeron la aldea y mataron a muchas personas. Gladys, que estaba arriba liderando un grupo de oración, fue golpeada y cayó al primer piso. Cuando se despertó, salió a auxiliar a los heridos.
El pueblo estaba en ruinas y habían cadáveres en las calles. Soldados japoneses estaban en camino a matar a todos los que todavía estaban vivos. Gladys, alrededor de 100 niños de su hogar y los aldeanos huyeron, encontrando seguridad en las cuevas. Mientras los japoneses seguían acercándose a ellos, ella y los niños caminaron muchos días sin comida, pero pudieron tomar un último tren hacia la libertad. Gladys no perdió a ninguno de sus niños en esta travesía.
Pero Gladys enfermó. Tan pronto como los niños fueron atendidos, ella cayó en coma. Fue hospitalizada durante dos meses y estuvo a punto de morir.
Gladys decidió regresar a Inglaterra después de muchos años en China. Luego de un largo periodo de recuperación y cuando se sintió mejor, empezó a visitar las iglesias persuadiendolos sobre la necesidad de más misioneros en China.
Mira nuestro video de Lee la Biblia sobre el libro de Amós, que analiza el diseño literario del libro y su flujo de pensamiento. En este libro, Amós acusa a Israel de romper su pacto con Dios y destaca cómo su idolatría les ha llevado a la injusticia y al descuido de los pobres.
Biblia y Teología es un podcast del Dr Larry Trotter, dedicado a la exposición bíblica y la enseñanza teológica. Larry es pastor de Florida Coast Church en Pompano Beach, Florida y profesor adjunto de Knox Theological Seminary en Fort Lauderdale, Florida.
Vivió veinticuatro maravillosos años como pastor en México y conferencista en distintos países de Latinoamérica. El propósito de Biblia y Teología es proporcionar enseñanza avanzada y en una forma accesible.
Tenemos lucha… contra principados… contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Efesios 6:12
Resistid al diablo, y huirá de vosotros. Santiago 4:7
El combate cristiano (5): un escudo eficaz
Entre las piezas que constituyen la armadura de Dios, el cristiano es invitado a tomar “sobre todo… el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno” (Efesios 6:16).
¿Cuáles son esos dardos? Son pensamientos que Satanás hace penetrar en nuestra mente, para llevarnos a dudar de Dios y de su Palabra.
Esos dardos son “de fuego”, lo cual hace que sean muy peligrosos. Un pequeño fuego, si lo dejamos propagar, puede provocar un gran incendio. Asimismo, si toleramos un pensamiento de duda, este nos lleva a otro, y puede conducirnos a un gran desconcierto. Necesitamos, pues, mucho ese escudo de la fe.
Tomar ese escudo significa creer a Dios sin reserva. Es responder firmemente, como Jesús cuando fue tentado por Satanás: “Vete, Satanás, porque escrito está” (Mateo 4:10). Es decir, como el apóstol Pablo en medio de la tempestad: “Yo confío en Dios” (Hechos 27:25).
Cristianos, a partir del momento en que un pensamiento de duda relacionado con la bondad de Dios, con su sabiduría, su justicia o su amor se presenta, rechacémoslo enérgicamente. Opongámonosle con el argumento de la fe: “Escrito está”.
No tratemos de discutir o refutar los argumentos de Satanás mediante nuestra propia sabiduría, pues el adversario es poderoso y la derrota segura. El escudo de la fe es la única arma eficaz contra los argumentos del diablo. Es un arma probada, segura, eficaz, infalible. Dios afirma que con ese escudo podremos “apagar todos los dardos de fuego del maligno”.
No te preguntamos: “¿Es Cristo Tu “Salvador?” Sino ¿Es El, de verdad y realmente tu Señor? Si él no es tu Señor, entonces con toda seguridad El no es tu “Salvador.” Aquellos que no han recibido A Cristo Jesús como su “Señor” y aun suponen que es su “Salvador,” están engañados, y su esperanza descansa sobre un fundamento de arena. Multitudes son engañadas acerca de este punto vital, y por consiguiente, si el lector aprecia su alma, le rogamos que haga una lectura más cuidadosa a este pequeño tratado.
Cuándo preguntamos, ¿Es Cristo tu Señor? No preguntamos, ¿crees en la Divinidad de Jesús de Nazareth? ¡Los demonios hacen eso (Mat. 8:28,29) ya a pesar de eso perecen! Usted puede firmemente quedar convencido de la Deidad de Cristo, y aún puede estar en sus pecados. Usted puede hablar de El con mucha reverencia, llamarle por sus títulos divinos en sus oraciones y aún puede no ser salvo. Usted puede abominar a aquellos que menosprecian Su persona y niegan Su divinidad, y sin embargo no tener ningún amor espiritual hacia El.
Cuándo preguntamos, Es Cristo tu Señor, queremos decir, ¿Ha ocupado El de verdad el trono de tu corazón? ¿Gobierna realmente El tu vida? “Todos nos descarriamos como ovejas, cual se apartó por su camino” (Isa 53:6) describe el camino que todos seguimos por naturaleza. Antes de la conversión cada alma vive para complacerse a sí misma. Antiguamente estaba escrito, “cada uno hacía lo que bien le parecía” y ¿por qué? “En estos días no había rey en Israel” (Jueces 21:25). ¡Ah! ese es el punto que queremos poner en claro al lector. Hasta que Cristo se convierta en tu Rey (1 Tim 1:17; Apocalipsis 15:3), hasta que te rindas a Su gobierno, hasta que Su voluntad se convierta en la regla de tu vida, el ego llevará el control, y así Cristo es negado.
Cuando el Espíritu Santo comienza Su obra de gracia en un alma, El primero convence de pecado. Él me muestra la naturaleza verdadera y horrible del pecado. Él me hace consciente de que se trata de una rebelión, un desafío a la autoridad de Dios, colocar mi voluntad en contra de la de El. El me enseña que al “ir por mi camino” (Isa. 53:6), al agradarme a mí mismo, he estado luchando en contra de Dios. Cuando mis ojos son abiertos para ver la rebelión de toda mi vida, y ver que tan indiferente he sido respecto al honor de Dios, qué tan indiferente he sido respecto a Su voluntad, me lleno de angustia y horror, y me maravillo que el tres veces Santo no me haya arrojado al infierno. Lector, ¿ha experimentado usted alguna vez esto? Si no, ¡hay razón muy seria para temer que usted aún esté muerto espiritualmente!
La conversión, la verdadera conversión, la conversión que salva, es una volver del pecado hacia Dios en Cristo. Es un abandonar las armas de mi guerra en contra de El, un cese de despreciar e ignorar Su autoridad. La conversión del Nuevo Testamento está descrita así: “os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir [estar sujetos, obedecer] al Dios vivo y verdadero” (1 Tes. 1:9). Un “ídolo” es cualquier objeto para al cual rendimos lo que solo le pertenece a Dios –el lugar supremo de prioridad de nuestros deseos, la influencia que modela nuestros corazones, el poder que domina nuestras vidas. La conversión es un cambio completo, donde el corazón y la voluntad repudian el pecado, el ego, y el mundo. La conversión genuina es siempre evidenciada por “Señor ¿qué quieres que haga?” (Acto 9:6); es una claudicación incondicional de nosotros mismos hacia Su santa voluntad. ¿Te has rendido a El? (Rom. 6:13).
Hay muchas personas que les gustaría ser salvos del Infierno, pero quién no quiere ser salvado de su voluntad propia, de apartarse de su propio camino ni de una vida (alguna forma) de cosas mundanas. Pero Dios no los salva según sus términos. Para salvarse, debemos someternos a Sus términos: “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia” (Isa. 55:7). Dijo Cristo: “Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.” (Lucas 14:33). Los hombres tienen que ser convertidos “de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios para que reciban… perdón de pecados y herencia entre los santificados” (Hechos 26:18).
“Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él” (Col. 2:6). Esa es una exhortación a los cristianos, y su implicación es que debemos continuar como comenzamos. Pero ¿cómo hemos comenzado? Por recibir a “Cristo Jesús el Señor,” rindiéndose a El, por someternos a Su voluntad, dejando de agradarnos a nosotros mismos. Ahora pertenecen a Su autoridad y Sus mandamientos se han convertidos en su regla de vida. Su amor los constriñe a una obediencia alegre e incondicional. “Se dieron primeramente al Señor” (2 Cor. 8:5). ¿Ha hecho usted esto, mi estimado lector? ¿Si? ¿Se manifiesta en tu vida? ¿Pueden ver aquellos con quienes tienes contacto de que ya no vives para complacer tu ego (2 Cor 5:15)?
¡Oh mi querido lector, no yerres en este punto: La conversión que el Espíritu Santo produce es algo muy radical! Es un milagro de gracia. Es cuando se le entrona a Cristo en la vida de uno. Y tales conversiones son muy raras. Multitudes de personas tienen suficiente “religión” para hacerles miserables. Se rehúsan a abandonar cada pecado conocido –y no hay verdadera paz para un alma hasta que lo haga. Ellos nunca han “recibido a Cristo Jesús el Señor” (Col 2:6). Si lo hubieran hecho entonces, “el gozo del SEÑOR” serían su fuerza (Neh. 8:10). Pero el lenguaje de sus corazones y sus vidas (no de sus “labios”) es, “No queremos que éste reine sobre nosotros” (Lucas 19:14). ¿Es este su caso?
El gran milagro de gracia consiste en transformar a un rebelde impío en un súbdito cariñoso y leal. Es una “renovación” del corazón, donde la persona ha llegado a aborrecer lo que antes amaba, y las cosas que le parecían molestas ya le son muy atractivas (2 Cor. 5:17). “Según el hombre interior” el, “se deleita en la ley de Dios” (Rom. 7:22). Él descubre que los mandamientos de Cristo “no son gravosos” (1 Juan 5:3), y que “en guardarlos hay grande galardón” (Sal. 19:11). ¿Es esta su experiencia? ¡Tendría que ser si hubieras recibido a Cristo Jesús EL SEÑOR!
Pero el recibir a Cristo Jesús el Señor está totalmente más allá del poder humano. Esa es la última cosa que desea el corazón no renovado. Debe haber un cambio de parecer sobrenatural en el corazón antes de que pueda existir aun el deseo de que Cristo ocupe su trono. Y ese cambio, nadie lo puede realizar sino solamente Dios (1 Cor. 12:3). Por lo tanto, “Buscad a JEHOVA mientras pueda ser hallado” (Isa. 55:6). Vaya en busca de El con todo su corazón (Jer. 29:13). Lector, puede ser que hayas profesado ser cristiano por muchos años, y hayas sido muy sincero en tu profesión. Pero si a Dios le ha agradado utilizar este tratado para mostrarte que nunca en verdad o con sinceridad has “recibido a Cristo Jesús el Señor,” si ahora en tu propia alma y conciencia te das cuenta de que el EGO te ha gobernado hasta ahora, ¿podrías ponerte de rodillas y confesarlo a Dios, confesarle tu obstinación, tu rebelión hacia El, y rogarle que obre en tu vida para que de una vez, puedas entregarte por completo a Su voluntad y convertirte en Su súbdito, Su siervo, Su esclavo amado, de hecho y en verdad? – Por A.W. Pink
Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)
David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.