8/9 – El matrimonio: una gran oportunidad para el discipulado

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: La iglesia local y el discipulado

8/9 – El matrimonio: una gran oportunidad para el discipulado

Otto Sánchez

El matrimonio: una gran oportunidad para el discipulado – Otto Sánchez

La iglesia local y el discipulado
Intensivo 9 Marcas.

17 – 19 de Enero del 2020

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¿Quién está a cargo en la Iglesia?

The Master’s Seminary

¿Quién está a cargo en la Iglesia?

Michael Mahoney

Cristo es la cabeza de la iglesia. Difícilmente alguien se atrevería a decir lo contrario; sin embargo, no siempre es así en la práctica. El Nuevo Testamento usa varios títulos para describir a Jesucristo: abogado (1 Jn 2:1), alfa y mega (Ap 21:6), autor de la vida (Hch 3:15), pan de vida (Jn 6:35), luz del mundo (Jn 9:5) y Señor de gloria (1 Cor 2:8), entre otros. Cristo es la principal piedra del ángulo (1 P 2:6), la cabeza del ángulo de la iglesia (Hch 4:11; Ef 2:20; 1 Pe 2:7) y el Esposo de la iglesia (Mt 9:15; Ap 21:2; 2 Cor 11:2; Ap 21:9). Efesios 1:20 dice que Cristo es “sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero”.  Cristo no tiene rival y Su autoridad está establecida supremamente. Esto es cierto también en la iglesia. La iglesia es de Él y por ello prevalecerá: las “puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mt 16:18). Cristo es quién está a cargo: “Él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia” (Col 1:18), y “lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia” (Ef 1:22).

A pesar de los intentos por negar que Cristo es la cabeza de la iglesia, la Escritura no da lugar a ambigüedad. El no aferrarse a esta verdad ha hecho que la iglesia esté perdida y débil hoy en día. Entender esta doctrina es entender la magnitud de la iglesia. Por otro lado, ignorar esta doctrina es alejarse de la autoridad de Cristo sobre Su iglesia. En última instancia,  es la verdad más simple de la iglesia y la más importante. ¡Cristo es la cabeza de la iglesia!

Porque Cristo es cabeza de la iglesia, debemos nuestra fidelidad y
lealtad a Él. Debemos dirigir nuestra atención a Él y evitar distraernos con
diferentes modas y filosofías que han invadido la iglesia y que han tomado
cautiva la atención de los mismos que deberían defender y guardar
fervientemente esta verdad. En ocasiones la iglesia parece importarse más por defender
causas sociales y aspectos socio-políticos que defender que Cristo es la cabeza
de la iglesia. Parece que para el creyente a veces es más importante escuchar filosofías
de vida, charlas amenas y mensajes motivaciones que escuchar Su Palabra siendo
predicada fielmente. ¿Cómo puede ser que la voz de la cabeza de la iglesia ha
sido silenciada por la misma que debería protegerla? Cristo ha perdido Su voz; por
lo tanto, ¡Cristo ha perdido su posición como cabeza! La autoridad de Jesucristo
como cabeza de la iglesia es sin lugar a dudas una verdad esencial para la
salud y efectividad de la iglesia. ¡Hay hombres que han sacrificado su propia
sangre defendiendo a Cristo y Su autoridad! Debemos defender y predicar que cristo
es la cabeza de la iglesia con un celo mucho mayor que nunca antes. Aún más,
debemos vivir a la luz de esta verdad, sometidos a Él en todo.

La caída en Génesis 3 ha producido en la humanidad una aversión a la
sumisión. La humanidad, sin Dios, buscará siempre ser independiente y evitar la
responsabilidad. Desafortunadamente, todo esto se ha adentrado en la iglesia y
socava la autoridad de Cristo como cabeza. La debilidad resultante no es debido
a una falta de conocimiento, sino debido al pecado. Nos resistimos a someternos
por orgullo. El orgullo es un estratega habilidoso. El tema debe ser abordado. En
una cultura donde nadie se somete a nadie y que se jacta en la autonomía,
hablar de que Cristo es la cabeza no puede ser más irrelevante o sin
importancia. De hecho, provoca un rechazo automático. La cultura dicta que no
debemos someternos a nadie. La iglesia lo ha creído y por eso no queremos someternos
a Cristo.

El debate y el rechazo a Cristo como cabeza de la iglesia no solo se
encuentra en la iglesia, sino también
en la arena académica y
teológica. Hay teólogos que levantan su voz contra ese liderazgo y autoridad,
ya que no quieren a Cristo como Señor. Algunos teólogos afirman que cuando la
Escritura dice “cabeza”, no lo hace para significar liderazgo y autoridad. Por
ejemplo, para este grupo, el término “cabeza” en Efesios 5:23 significa
“fuente”: “porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de
la iglesia”. El resultado es que desestiman el significado que Dios quiso
transmitir e imponen al texto sus preconcepciones o agendas. No desean
someterse a Cristo ni a nadie. Lo que desean es traer igualdad a la relación
matrimonial y deshacerse de la idea que el hombre es el líder y cabeza en el
hogar, y por su supuesto, deshacerse de la noción que Cristo es la cabeza de la
iglesia y del hombre. Wayne Grudem, que ha escrito exhaustivamente al respecto,
muestra que el argumento no tiene fundamento:

Aún no hay ejemplos inequívocos [sin ambigüedad] durante el tiempo del Nuevo Testamento o antes en los cuales kephalē tenga el sentido metafórico de “fuente”, y ningún léxico especializado en el período neo-testamentario incluye dicho significado, ni tampoco el léxico de Liddell y Scott incluye dicho significado aplicado a personas o a cosas que no son también el punto final de algo más…Además, incluso si el significado “fuente” o “parte prominente” fueran adoptados para algunos ejemplos de la palabra kephalē, aún no tendríamos ejemplos de “fuente” o “parte prominente” sin el matiz adicional de autoridad o mandato. Incluso en los textos donde se alega que “fuente” o “parte prominente” son el significado correcto, la persona que es llamada “cabeza” está siempre en liderazgo o autoridad. Por lo tanto no hay base lingüística para proponer que los textos del Nuevo Testamento que hablan de Cristo como cabeza de la iglesia o del esposo como cabeza de la esposa pueden ser leídos de manera correcta aparte de la atribución de autoridad al designado como “cabeza”.

John Piper y Wayne Grudem, “Recovering Biblical Manhood & Womanhood” (Wheaton, IL: Crossway Books, 1991) 467–8.

Grudem nos ayuda a ver más allá de la hermenéutica de la ambigüedad. Desafortunadamente, hay muchos hoy que adoptan este tipo de hermenéutica, torciendo las palabras para que signifiquen lo que quieren que signifiquen. La hermenéutica de la ambigüedad lucha solamente para quitar el significado que es claro y obvio. Hoehner, en su comentario de Efesios nos recuerda lo siguiente:

Primero, Dios ha sujetado todo en la creación bajo los pies de Cristo; y segundo, Dios dio a Cristo a la iglesia como cabeza sobre todo, lo que implica que es la cabeza sobre la iglesia. Ciertamente hay una progresión de pensamiento respecto del rol de Cristo.

Harold W. Hoehner, “Ephesians, An Exegetical Commentary”, (Grand Rapids: Baker Academic, 2002), 290.

Hay una claridad inequívoca en la asombrosa verdad del liderazgo de Cristo sobre la iglesia. Debemos obedecer y actuar en consecuencia a lo que Su Palabra revela. Cristo es Señor. Él es la cabeza de la iglesia y Él cuida de ella. No le pertenece a nadie más. Solo Él debe tener el lugar preponderante en la iglesia. Él debe ser adorado y debe tener la primacía. Que Su Palabra guíe nuestra teología y práctica. Sigamos al Maestro, oigamos Su voz únicamente y que Él reciba toda la gloria de principio a fin.

Michael Mahoney se unió al personal de Grace Community Church en 2004 como pastor asociado de Ministerios Españoles. Actualmente se desempeña como pastor de administración en Grace Church (Sun Valley, Los Ángeles, California, Estados Unidos). Michael Mahoney tiene antecedentes misioneros en América Latina y también ha servido como pastor principal de una iglesia durante ocho años en Oxnard, California. Michael recibió su M.Div. de The Master’s Seminary.Mahoney también ha servido como intérprete de himnos cristianos junto al Grupo Musical de Gracechurch. Él y su esposa, Madeline, tienen dos hijas y un hijo.

Nuestro mundo desvergonzado

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Nuestro mundo desvergonzado

Andrew M. Davis

Nota del editor: Este es el tercer capítulo en la serie «La vergüenza», publicada por la Tabletalk Magazine.

La primera vez que se habla de la vergüenza en las Escrituras en realidad se celebra la ausencia de ella: Adán y Eva estaban desnudos y no sentían vergüenza (Gn. 2:25). Las Escrituras apuntan a un destino final: la Nueva Jerusalén, donde nada vergonzoso jamás entrará (Ap. 21:27), un lugar donde los redimidos de cada nación celebrarán su eterna limpieza de la vergüenza por la sangre de Cristo. Antes de llegar allí, sin embargo, se desarrolla una historia trágica y sórdida en la que los descendientes de Adán exploran con creciente osadía las profundidades de la vergüenza a la que nuestra raza puede sumergirse. Aquí destacaremos tres maneras en las que nuestro mundo muestra corrupción en lo que a la vergüenza se refiere, concluyendo con un consejo a los cristianos sobre cómo debemos responder a nuestro mundo desvergonzado.

Deleitándose en lo que es vergonzoso

La vergüenza central de la raza humana es la idolatría, descrita en Romanos 1:22-25. Allí, Pablo dice que la raza humana «cambió la gloria de Dios por imágenes» e «intercambió la verdad de Dios por una mentira, y adoró y sirvió a la criatura en lugar del Creador». La raza humana se ha negado a adorar al Dios verdadero, a cambio, vergonzosamente concibe dioses y diosas, crea imágenes como el centro de su adoración y se deleita en ellas. Esta es la mayor vergüenza de todas: adorar y servir a las cosas creadas en lugar del glorioso Creador. Por lo tanto, el deleite en todas las religiones no cristianas, o en el ateísmo materialista, es vergonzoso.

En nuestro evangelismo, es esencial proclamar la ley de Dios para producir esa convicción y los correspondientes sentimientos de vergüenza en nuestros oyentes.

A partir este punto central, fluyen todas las demás vergüenzas menores. Romanos 1 revela que Dios entregó a la raza humana a una mente depravada (Ro. 1:28), y parte de esta depravación es deleitarse en lo que Dios llama vergonzoso. En Isaías 3:9, el profeta condena al pueblo de Jerusalén: «y como Sodoma publican su pecado; no lo encubren. ¡Ay de ellos!» Observa que Isaías está sorprendido de que no hagan ningún esfuerzo por ocultar su pecado, sino que realmente lo proclaman descaradamente como lo hizo Sodoma. Es muy malo pecar en secreto, pensando que ni siquiera Dios puede verte (Is. 29:15). Pero no hacer ningún esfuerzo por ocultarlo, como si el pecador estuviera realmente orgulloso de las cosas perversas que estaba haciendo, muestra una mayor profundidad de maldad. Peor aún, el pecador extiende su deleite depravado a los demás: «los cuales, aunque conocen el decreto de Dios que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también dan su aprobación a los que las practican» (Ro. 1:32).

El mundo se deleita en pecadores audaces que burlan la Palabra de Dios y no esperan ningún castigo. Nuestra cultura celebra al habilidoso asesino de sangre fría, al ladrón audaz , al justiciero arrogante, al cantante obsceno, al creador rebelde, al comediante blasfemo, a la actriz desnuda, a esa «pareja glamorosa» que fornica , al atleta que se idolatra, al ocultista místico y demás. Tal vez el ejemplo más claro en nuestros días haya sido el movimiento de la homosexualidad; de ser algo casi universalmente considerado como vergonzoso, a convertirse en algo en lo que deberíamos complacernos. El movimiento por los derechos de los homosexuales busca no solo la tolerancia de lo que Dios llama pecaminoso, sino la celebración de ello en toda la sociedad.

Suprimiendo la vergüenza verdadera

Romanos 1:18 revela que las personas «reprimen la verdad» por su injusticia. Esta poderosa imagen muestra a los pecadores como reteniendo la verdad que se impone con fuerza sobre sus corazones. La santidad de Dios y nuestra vergüenza son verdades apremiantes. Cuando Adán y Eva comieron la fruta del árbol del conocimiento del bien y del mal, sus ojos se abrieron a su vergüenza e inmediatamente se escondieron el uno del otro. Pero mucho más importante, se escondieron de Dios, aterrorizados, debido a su sentimiento de vergüenza. La fabricación con hojas de higuera y el ocultarse detrás de los árboles de la presencia de Dios representan sus esfuerzos por reprimir su vergüenza a través de la auto-salvación.

De la misma manera, los pecadores de hoy a menudo sienten una profunda vergüenza por los pecados cometidos, y la Biblia revela que deberían sentirla. La frase frecuentemente repetida: «¡Deberías estar avergonzado de ti mismo!», es una verdad en la mayoría de los casos con respecto a nuestra pecaminosidad. Pero en lugar de correr hacia el Dios viviente por la salvación, los pecadores intentan una variedad de estratagemas para aliviar la quemadura de la vergüenza. Principalmente, atacan la vergüenza en sí misma. Proverbios 30:20 dice: «Así es el camino de la mujer adúltera: come, se limpia la boca, y dice: No he hecho nada malo». Muchos corren hacia psiquiatras y otros consejeros que son hábiles para persuadirlos de que sus acciones fueron «perfectamente normales». Más allá de esto, las personas tratan de ocultar sus sentimientos de vergüenza haciendo buenas obras o adormeciendo sus mentes con drogas, alcohol o placeres terrenales.

Buscando avergonzar a los justos

Por el contrario, nuestro mundo también amontona abusos contra aquellos que defienden la justicia en nuestra era corrupta. Isaías 5:20 capta la brújula moral defectuosa de nuestra época: «¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas!» Entonces nuestra cultura se deleita en lo que es vergonzoso y se avergüenza de lo que Dios encuentra deleitoso. Recientemente vi una camiseta que proclamaba: «La homosexualidad no es vergonzosa; la homofobia sí». El nuevo término homofobia (hacia 1969) implica que la convicción bíblica sobre ese pecado es en sí misma una forma de enfermedad mental. Cuando el jugador de fútbol de la Universidad de Missouri, Michael Sam, se declaró homosexual, sus compañeros le dieron una gran ovación en un partido de baloncesto. Cualquiera que se negara a pararse y echar porras ciertamente lo hubieran hecho sentir avergonzado.

Nadie en la historia ha experimentado una humillación más injusta que Jesús. El único hombre perfecto que alguna vez vivió no tenía nada de qué avergonzarse, pero Su perfecta justicia suscitó un profundo odio por parte de Sus enemigos. «Fue despreciado y desechado de los hombres» (Is. 53:3), y derramaron vergüenza sobre Él. Ser arrestado en público, enjuiciado, condenado, despojado y azotado, escupido y burlado, exhibido por las calles de Jerusalén hasta que estuvo fuera de las puertas, y crucificado a la vista de la multitud que pasaba, todas estas cosas fueron diseñadas para avergonzarlo al máximo. Sin embargo, Jesús consideró que esta vergüenza pública no tenía importancia en comparación con la gloria insuperable que estaba trayendo a Su Padre mediante esta obra expiatoria, y el gozo eterno que estaba trayendo a Sus ovejas al morir por ellas: «Jesús …quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, menospreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios» (Heb. 12:2). Las palabras «menospreciando la vergüenza» dejan en claro que el mundo lo colmó de abusos, pero al sopesarlo con el gozo que estaba comprando, pensó que era un pequeño precio a pagar.

Ahora bien, si el Jefe de la familia fue abusado tan vergonzosamente, también deberíamos esperar lo mismo. El mundo busca agresivamente avergonzar a los cristianos que viven abiertamente para Dios, que predican el evangelio de Cristo como el único camino de salvación, que defienden valientemente a los pobres y necesitados, que se oponen a las leyes injustas. Pablo sintió el mecanismo poderoso y avergonzante del mundo cuando iba de lugar en lugar predicando el evangelio de Cristo y fue arrestado y golpeado en muchos de ellos. Pero él afirmó abiertamente: «Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree» (Ro. 1:16). Pedro dijo que el mundo se sorprenderá amargamente cuando no participemos en la misma inundación de libertinaje en que viven, y nos ultrajarán (avergonzarán) (1 Pe. 4:4).

Cómo debería responder la Iglesia

Los cristianos deben mostrar humildad en el tema de la vergüenza y dar un ejemplo al mundo. Debemos reconocer que nuestro pecado es algo vergonzoso, y que los sentimientos de vergüenza son respuestas razonables a la convicción del Espíritu Santo (Ro. 6:21 ). En nuestro evangelismo, es esencial proclamar la ley de Dios para producir esa convicción y los correspondientes sentimientos de vergüenza en nuestros oyentes. Pero también debemos mostrar y proclamar el gozo del perdón total que la cruz de Jesucristo prodiga a cualquiera que cree solamente en Él. Como Romanos 10:11 dice: «Todo el que cree en Él no será avergonzado».

También deberíamos esperar que el mundo inconverso se deleite en una vergüenza cada vez mayor, «yendo de mal en peor» (2 Ti. 3:13). No deberíamos sorprendernos si el mundo nos odia y busca avergonzarnos (1 Jn. 3:13). Pero como Cristo, debemos soportar el sufrimiento, menospreciando (pensando muy poco de) la vergüenza (Heb. 12:2). Como Pablo, debemos predicar con valentía el evangelio y no avergonzarnos de él (Ro. 1:16). Debemos resistir cualquier tentación de avergonzarnos de Cristo y de Sus palabras en esta generación adúltera y pecadora (Mr. 8:38), para que Él no se avergüence de nosotros cuando regrese en gloria. Y deberíamos estar dispuestos a permanecer bajo la cruz de Cristo, fuera de la puerta, y soportar el oprobio que soportó (Heb. 13:12–13). Solo de esta manera, Dios nos usará para rescatar a los pecadores de la vergüenza eterna.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Andrew M. Davis
Andrew M. Davis
El Dr. Andrew M. Davis es pastor de la First Baptist Church en Durham, Carolina del Norte, y profesor adjunto de teología histórica en Southeastern Baptist Theological Seminary.

M7 – Entrenamiento intencional

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

M7 – Entrenamiento intencional

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/Entrenamiento-intencional/

Entrenamiento intencional

Carmen Espaillat: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Tenemos una obligación; tenemos una responsabilidad de involucrarnos en la vida de estas jóvenes. Si no están pensando con claridad, si no están viviendo vidas piadosas, si no están teniendo éxito en sus matrimonios o con la crianza de sus hijos, nosotras como mujeres mayores debemos preguntarnos, “¿Hemos cumplido con nuestra responsabilidad de formar a estas jóvenes para que sean prudentes, sensatas y con dominio propio?”

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

En la sesión anterior Nancy inspiraba a muchas personas a invertir en las vidas de las jóvenes. Hoy en la continuación de la serie El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 , ofrecerá diferentes formas de comenzar a hacerlo. Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy: Tengo varios amigos que están entrando en la etapa del nido vacío. Sus hijos se están graduando de la universidad; se están casando. Estas mujeres han pasado tantos años invirtiendo sus vidas en las vidas de sus hijos. Algunas de ellas educan en el hogar, y sus vidas están en una etapa de grandes cambios ahora mismo.

He oído algunas de estas mujeres preguntarse en voz alta, “¿Qué se supone que haga ahora? La vida cambia tanto. ¿Cuál es mi propósito? ¿Cuál es mi identidad? ¿Cuál es mi misión en esta etapa de la vida?”

Bueno, gracias a Dios, Su Palabra te dice lo que estás supuesta a hacer si te encuentras en esta situación. Si te encuentras entrando en esa etapa de la vida donde ya no tienes niños en la casa, Dios tiene un propósito para ti en esta etapa tan crucial de tu vida. Es una etapa crucial para el cuerpo de Cristo. Es una función; es un rol; es una responsabilidad que nadie más que tú puede llenar.

Y de eso es de lo que estamos hablando en esta serie sobre Tito capítulo 2. Ahora estamos viendo el carácter de las mujeres mayores o ancianas. En el Nuevo Testamento estas mujeres tenían alrededor de 60 años. Pero la edad no es tan importante como la etapa de la vida que están atravesando.

Ellas han criado sus hijos. Ellas han sido fieles como esposas y como madres. Y ahora están en una nueva etapa de sus vidas. Dios les dice, en primer lugar, qué tipo de carácter están supuestas a tener.

Hemos visto quienes son, el tipo de vida que están supuestas a vivir, el tipo de vida que están supuestas a modelar a las más jóvenes.

Por eso Tito capítulo 2 versículo 3 nos dice que las mujeres mayores deben ser:

• Reverentes en su conducta.

• No calumniadoras.

• Tienen que controlar su lengua.

• No esclavas de mucho vino.

• No están supuestas a ser adictas.

• Están supuestas a estar bajo el control del Espíritu Santo.

De manera que este es el tipo de mujeres que deben ser.

Ahora nos encontramos en nuestro estudio con lo que estas mujeres están supuestas a hacer, no solo en su carácter, sino más bien su misión, su ministerio. Y leemos al final del versículo 3 que deben enseñar lo que es bueno. Hablamos de eso en la última sesión.

Y luego el versículo 4 dice, “Que enseñen a las mujeres jóvenes.” Deben enseñar lo bueno y enseñárselo a las más jóvenes.

Estas mujeres que han cumplido con su responsabilidad de formar a sus propios hijos. Ahora son responsables de ayudar a formar los hijos de la próxima generación.

Ahora el verbo que está traducido en la versión que uso de la Biblia de las Américas y creo que también en la Nueva Versión Internacional, para la palabra enseñar, es una palabra que se traduce de manera diferente en algunas traducciones. Es un verbo. Si quieres saber la palabra en griego, es sophronidzo. Este es el único lugar donde se usa esta palabra en el Nuevo Testamento.

Hemos visto este verbo usado como adjetivo, la palabra sophron. La vimos en el capítulo 1, y luego lo volvimos a ver en el capítulo 2, el versículo 2, donde se nos dice que los hombres mayores deben ser prudentes o sensatos. Esa es una palabra similar a la palabra “para enseñar” que estamos viendo ahora.

Es una gran “familia de palabras”, un grupo de palabras en diferentes formas. Esta palabra, en sus diferentes formas, se usa seis veces en el libro de Tito. Al comenzar el estudio de un libro, una de las cosas que hago es circular o marcar las palabras que se repiten; que están enfatizadas. Debo observar esto. He circulado la palabra prudente cada vez que aparece en el libro de Tito. Esta palabra aparece seis veces en sus diferentes formas.

Eso nos dice, que “Este es un concepto importante.” Es un concepto que Pablo enfatizó ya que quería que estos nuevos creyentes supieran como hacer el Evangelio creíble en una cultura pagana. Es un concepto importante, no solo en la cultura pagana de la época de Pablo, sino también en nuestra cultura que es igual o más pagana y que necesita desesperadamente ver esta cualidad del carácter de la sensatez y de la prudencia.

Hoy queremos ver esta palabra, este concepto, en el contexto de las instrucciones de Pablo a las mujeres mayores. Pero vamos a volver a esta palabra nuevamente a medida que vayamos avanzando en esta serie, cuando lleguemos al versículo 5, donde la palabra se usa de otra forma en lo que se refiera a las mujeres más jóvenes.

Así que estamos en la primera parte del versículo 4: “Que enseñen a las más jóvenes”. La Nueva Versión Internacional dice y a “aconsejar a la más jóvenes”. La Nueva Biblia Latinoamericana de hoy lo traduce para que puedan instruir exhortar a las más jóvenes y la Reyna Valera Contemporánea dice que deben enseñar a las mujeres más jóvenes.

Esto es en realidad un verbo complejo que no se traduce fácilmente en una sola palabra. Es por eso que vemos diversas traducciones de la misma palabra. Significa «hacer de una mente sana, instruir o entrenar a alguien a comportarse de manera prudente y adecuada.» Tiene que ver con las mujeres mayores capacitando a las mujeres más mujeres jóvenes a pensar y a actuar con una mente sana, enseñándolas a ser mentalmente estables.

Tiene que ver con devolver la sensatez a una persona. Algunas de ustedes que tienen niños de dos años de edad dirán: «¡Sí, eso es exactamente lo que estoy haciendo en mi vida ahora mismo, tratando de traer sensatez a este niño!» O tal vez tienes un adolescente, y estás en ese proceso de entrenamiento, tratando de llevarlo a la sensatez para que piense correctamente. Porque sabes que si piensan correctamente, van a vivir correctamente.

Se trata de mujeres mayores ayudando a las más jóvenes a tener estabilidad en sus pensamientos, sanidad de mente—a ser mentalmente sanas, y que esto a su vez repercuta en la forma cómo viven. Es el concepto de entrenar a alguien para que sea prudente, para que sea espiritualmente disciplinado.

Ahora bien, supongo que te habrás dado cuenta de que esto no es algo que ocurre en una sola lección. Se trata de ir desarrollando nuevos patrones, nuevas formas de pensar. Se trata de un entrenamiento. Se trata de un proceso, de un entrenamiento a través de ofrecer consejo, ánimo y aliento, de instarlas y ayudarlas a llegar a un lugar de estabilidad, y donde puedan permanecer firmes espiritualmente.

De manera que se trata de la formación en el arte de la prudencia y del dominio propio. Ahora, no hace falta ser un genio para saber que muchas mujeres en nuestra cultura de hoy están viviendo vidas que no son prudentes. No son sobrias, no son sensatas.

Solo tienes que leer la revista “Vanidades”. Basta con ver en el tipo de historias e imágenes y anécdotas que puedes encontrar en una revista así. O solo tienes que ver la televisión y las novelas ver el tipo de mujeres se destaca en la actualidad. ¿Son razonables? ¿Son sensatas? ¿Son prudentes? Ese no es el tipo de mujer que aparece en la primera plana en nuestra cultura de hoy.

Pero, lamentablemente, esto también es cierto de muchas mujeres, esposas y madres dentro de la iglesia, no solo ocurre en nuestra cultura pagana. Si miras a tu alrededor, en nuestras iglesias en la comunidad cristiana de hoy, podrás ver una gran cantidad de mujeres cuyas vidas están fuera de control.

Lo que digo es que la mayoría de las mujeres de hoy en día cuando se enfrentan a una crisis en sus vidas, incluso las mujeres cristianas, no saben cómo mantenerse firmes sobre sus pies . Ellas no saben cómo pensar de manera sana y sensata.

Así que se abruman, se dejan confundir, se dejan vencer. Y, mientras nos adentramos en esta serie, veremos algunas de las consecuencias de no pensar sana y correctamente. Así que tenemos una gran cantidad de mujeres hoy en día que están viviendo vidas frívolas, por descuido, gastando su tiempo en actividades vacías. Sus conversaciones son tontas y huecas. Son arrastradas por los valores de este mundo.

Para aquellas de nosotras que somos mujeres mayores o que nos estamos dirigiendo hacia esa categoría, hay una tentación (la enfrento en mi propia vida) y es mirar a estas mujeres más jóvenes de las nuevas generaciones y mirar hacia arriba y suspirar y pensar: «El problema con esta generación es. . .” y ahí puedes terminar tú la frase.

“Yo no puedo creer cómo actúan las mujeres hoy en día. No puedo creer… esto o aquello de las mujeres de hoy”.

Bueno, de acuerdo a la Palabra de Dios, si estás teniendo esos pensamientos—y que yo misma los tengo— no debemos simplemente mantenernos al margen y criticar. Nosotras, como ancianas como mujeres mayores tenemos que preguntarnos, «¿Hemos cumplido con nuestra responsabilidad de entrenar a estas jóvenes para que sean prudentes, sensatas y tengan dominio propio?»

Como mujeres mayores se supone que debemos estar modelando la belleza de una vida ordenada, que ha vivido bajo el control y el señorío de Jesucristo. Nuestras vidas están supuestas a crear sed, apetito hambre en las vidas de estas mujeres más jóvenes.

Debiéramos estar acercándonos a ellas, vida a vida, corazón a corazón, acercándonos personalmente, metiéndonos en sus vidas, encarándolas, amándolas, entrenándolas, instándolas, amonestándolas y alentándolas; ayudándolas a desarrollar una vida que se vive bajo el control y el señorío de Jesucristo.

Me parece que las jóvenes de hoy en día, solo por la forma en que han sido criadas —o malcriadas— no tienen idea de muchos aspectos prácticos sobre el matrimonio y la crianza de los hijos. Ellas no tienen idea de cómo hacer que un matrimonio funcione o cómo criar a los niños.

Estoy pensando en una amiga que tuvo su primer hijo a la edad de 27 años. Ella nunca había cargado un bebé en su vida. Necesitaba una mujer mayor junto a ella para ayudarla, no solo en las grandes cosas teológicas y teóricas —que son necesarias también— sino simplemente en las cosas prácticas. “Esto es lo que tienes que hacer como una nueva mamá.”

Las mujeres mayores de la iglesia tienen que involucrarse en la formación de estas nuevas madres, de estas esposas jóvenes; enseñarles cómo vivir de manera sobria, vidas sabias y cómo luce esto en las diferentes áreas de la vida; cómo cumplir con su deber para con Dios y para con su esposo y sus hijos y hacia otras personas y cómo manejar todas esas cosas al mismo tiempo.

¿Recuerdas cuando estabas en esa etapa y todo te parecía tan abrumador? ¿Cuántas de ustedes habrían dado lo que fuese solo por tener una mujer a su lado que te abrazara y te animara y te ayudara? Tal vez tú sí tenías eso.

Antes solíamos tener más madres y abuelas que estaban alrededor y que tenían relaciones entre ellas y vivían cerca para poder tener ese tipo de relaciones. Quizás alguna de ustedes, tienen esto con su madre y sus hermanas que viven en la misma área. Pero muchas mujeres no tienen eso hoy en día.

Así que como el Cuerpo de Cristo, como una comunidad de fe, tenemos que ir hacia esas mujeres y tomarlas de la mano, animarlas, instruirlas y ayudarlas.

Y pienso mucho en estas mujeres jóvenes de hoy que están en la etapa de procrear y criar sus hijos. Están completamente agotadas. La vida se siente como una gran presión constante. Es una etapa difícil de sus vidas.

Ahora cada etapa de la vida tiene sus desafíos. Pero yo no conozco ninguna etapa de la vida que sea más difícil en ciertos aspectos, como esa época de ser una joven esposa y madre, tratando de mantenerlo todo funcionando en orden .

Es un momento donde fácilmente fluye la amargura y el resentimiento, los pensamientos equivocados y la depresión ; especialmente todo esto relacionado con la depresión posparto. Creo que una de las razones que esto ocurre es que las mujeres jóvenes de hoy en día se sienten muy solas. Tienen todos estos niños y toda la responsabilidad, solo necesitan el estímulo y la estructura de toda la comunidad de fe para estar a su lado.

Ahora bien, no es que ellas necesitan necesariamente diez mujeres en sus vidas, pero si necesitan algunas a su lado que puedan ser útiles para ellas, ayudándolas a mantener su equilibrio espiritual y emocional.

Creo que —y esto no lo dicen las Escrituras— pero me parece que eso fue lo que probablemente sucedió cuando María de Nazaret se enteró de que iba a tener un hijo. Ella tenía probablemente 14 años de edad más o menos, una adolescente. Esa no era la forma como ella hubiera escrito el guión, pero fue la manera en que Dios lo escribió para ella.

¿Recuerdas lo que ella hizo tan pronto le dieron la noticia? ¿Adónde fue? Ella fue a la casa de su prima mayor, Elisabeth, y pasó meses allí con esta mujer. Pero las Escrituras no nos dice de qué hablaron.

Pero sí sabemos que cuando María llegó a la casa de Elisabeth, Elisabeth la alentó. Elisabeth alabó al Señor con María por el regalo que Dios le había dado a ella y la elección de Dios en su vida.

¡Qué bendición debe haber sido para María durante esos meses el estar cerca de esta mujer mayor que podía servirle de mentora, que podía nutrirla! Elizabeth no tenía mucha experiencia como madre, pero si tenía mucha experiencia con el Señor, un montón de experiencia en la vida. Ella había aprendido a esperar en el Señor, y a confiar en el Señor.

Creo que fue durante esta etapa que Elizabeth estaba invirtiendo en la vida de María, para que María pudiera estar preparada para la época en su vida que le tocara ser esposa y madre.

Hay muchas áreas en donde las más jóvenes necesitan el aporte de las mujeres mayores. Hay un montón de falsas enseñanzas en la actualidad. Hoy en día puedes entrar en una librería cristiana, y puedes ver libros y revistas para mujeres cristianas que tienen ideas erróneas, enseñando cosas no están sustentadas en las Escrituras. A veces no está muy claro que es un error. Eso es lo que hace que sea engañosa, porque luce correcto, pero no es cierto.

Las mujeres somos fácilmente engañadas a comprar las filosofías del mundo que son tan destructivas. Así que el papel de la mujer mayor es instruir con amor y enseñar lo que es bueno, enseñar los caminos de Dios.

Ahora servir de mentora involucra:

• Disciplina y no es fácil.

• Requiere la voluntad de cultivar una relación continua.

• Requiere paciencia.

• Como mujer mayor, requiere la voluntad de ser honesta de abrir tu propia vida y compartir tus fracasos.

• Además toma tiempo.

Y al igual que en la educación del niño, rara vez se ven resultados espectaculares de la noche a la mañana. No se trata de simplemente decir, «Ven a mi clase de seis semanas sobre cómo ser una mujer de Dios.» Es caminar a su lado durante la vida, estar junto a ellas. Y eso toma tiempo.

Toma tiempo quizás en el teléfono o tal vez en reunirse para compartir sus vidas; tal vez que ellas vayan a tu casa a conversar. Eso toma tiempo.

Entonces, ¿cuál es el reto aquí, sobre todo para las mujeres mayores o las ancianas? El diseño de Dios para ti es que debes ser intencional en esta etapa de la vida para estar involucrada, para estar comprometida en la vida de las mujeres más jóvenes a tu alrededor, para llevarlas a la madurez espiritual.

No mires a tu alrededor y digas: «¿Quién está enseñando a estas mujeres?» Esa es una buena pregunta. Se supone que tú debes estar haciendo eso. Enseñar lo que es bueno. Capacitar a las jóvenes.

Esto no es una opción. Esto es lo que estoy tratando de hacer día a día a través de los medios de Aviva Nuestros Corazones. Pero no solo lo hago a través del programa de radio y los libros que estoy escribiendo; como mujer que está envejeciendo soy responsable de hacer esto en el contexto de mi vida cotidiana. Trato de hacer eso en la iglesia, en el teléfono, durante la semana, en la medida que me involucro con diversas mujeres en las diversas etapas de la vida.

Pero ¿sabes qué? Esto no es solo para las mujeres que tienen ministerios visibles. Esto es lo que se supone que tú debes estar haciendo.

Por cierto, déjenme decirles, que cada mujer es una mujer mayor con relación a otra. Puedes tener 23 años, pero eres mayor que una que tiene 16 años. Así que tiene sentido el que todas participemos continuamente en el desarrollo espiritual de las mujeres más jóvenes.

¿De quién están aprendiendo las más jóvenes a tu alrededor? Ellas están aprendiendo. ¿Quién las está capacitando? ¿Quiénes son sus maestras? ¿Son sus mismas compañeras sus mismas amigas?

Por cierto, eso es uno de los peligros, en mi opinión, de las iglesias que solo tienen personas de la misma edad. Muchas iglesias están orientadas de esa manera. Quieren alcanzar un segmento en particular y reciben personas de esa edad solamente.

Esa no es una iglesia saludable. Ahora bien, es bueno tener compañeras amigas que amen al Señor y que te estén alentando en tu caminar. Sin embargo, las mujeres más jóvenes necesitan las mujeres mayores.

Entonces, ¿de quién están aprendiendo? ¿Es solo de sus amigas? O ¿Es de las series de televisión? ¿De los personajes de las novelas? ¿Es de los “expertos” que conducen los programas de entrevistas en los medios? O, ¿es de ti? ¿Quién está influyendo en sus vidas? Eso significa que como mujer mayor necesitas tener un espíritu disponible y accesible.

Pero déjame decirte esto. Si eres una mujer mayor, no esperes a que las mujeres más jóvenes vengan a ti. Búscalas. Toma la iniciativa. Diles: «¿Cómo puedo te puedo alentar? ¿Cómo puedo orar por ti? ¿Qué está haciendo Dios en tu vida?» Haz preguntas; comprométete.

Y ahora finalmente unas palabras a las más jóvenes. De acuerdo con este pasaje ustedes tienen también una responsabilidad. ¿Y cuál es? Se supone que estás siendo entrenada, que estás siendo capacitada no solo por tus iguales, sino por las mujeres mayores. Y para las mujeres más jóvenes —y yo escucho decir esto en las iglesias— «las mujeres mayores no se involucran en nuestras vidas.»

Y he oído a las mujeres mayores decir: «Las mujeres más jóvenes no quieren que nos involucremos en sus vidas.»

Así que aquí tienen una solución para esto. No esperes a que la otra venga a ti. Toma la iniciativa. Si eres una mujer más joven toma la iniciativa. Encuentra una mujer mayor.

Dile: «He estado observando su vida, y veo su relación con el Señor. Veo que usted tiene un matrimonio que se ha mantenido unido, y que tiene hijos que caminan con el Señor. Ese es el tipo de testimonio que yo quiero tener algún día. ¿Podría usted darme ánimo? ¿Podría usted orar por mí? Tengo algunas preguntas.”

Toda mujer debe estar o formando a otras o siendo formada por otras, o mejor aún, ambas cosas al mismo tiempo.

Entonces, ¿Dónde empezar? Di: «Sí, Señor.» No importa en la etapa de la vida en que te encuentres, solo di: «Señor, sí. Voy a hacer esto. Estoy comprometida en este proceso de entrenamiento. Estoy disponible. Úsame a mí. »

las mujeres mayores pídanle a Dios que ponga una o más mujeres jóvenes en su camino para que puedan comenzar a influenciarlas de manera intencional. No es tratar de cambiar toda una generación de mujeres jóvenes. solo pídele a Dios que cambie una o dos o tres. solo pídele a El que te haga sensible mientras estás alrededor de estas mujeres más jóvenes para saber cómo pudieras impactar sus vidas de manera intencional.

Y las mujeres más jóvenes, pídanle al Señor que las dirija a una o más mujeres mayores. Y comienza a hacerles preguntas . «¿Alguna vez luchaste con esto?» ¡Lo que sea! «¿Cómo manejaste esto cuando tenías mi edad? ¿Puedes orar por mí?»

Ahora bien, si necesitan algún recurso como apoyo en estas mentorías podría recomendarles que lean o estudien algún libro juntas.

Pero déjenme decirles que estas relaciones de Tito 2, de mujeres mayores formando a las mujeres más jóvenes, no es solo un programa. No se trata de una enseñanza formal o pública. Si la mayoría de ustedes piensan de esa manera van a estar tan intimidadas que nunca van a hacerlo.

Es simplemente regalar una amistad, un consejo, dar ánimo, exhortar con tu ejemplo, con tus palabras, de persona a persona, en el contexto de la vida cotidiana.

¿Cómo formas a tus hijos?

• Estás ahí.

• Estás con ellos.

• Observas.

• Caminas con ellos a través de la vida.

• Lidias con los problemas a medida que surgen.

• Buscas momentos de enseñanza.

De la misma manera nosotros formamos a las mujeres más jóvenes. No es que sean niñas, pero es similar en el sentido de que se lleva a cabo en el contexto de la vida cotidiana.

En la próxima sesión vamos a hablar con algunas mujeres acerca de algunas de las razones por las cuales no tenemos más de este tipo de relaciones entre mujeres mayores y jóvenes. Y vamos a hablar sobre lo que podemos hacer al respecto y cómo podemos comenzar a ver este tipo de ministerio en nuestra iglesia.

Carmen : Nancy Leigh DeMoss ha estado describiendo un nuevo movimiento entre las mujeres, uno en el que las mujeres buscan a Dios juntas para servirle con fidelidad, obedecerle y conocerle.

En estos días hay grandes barreras que impiden que las mujeres mayores se relacionen con las más jóvenes y las enseñen. Vamos a abordar estas barreras en el próximo programa. Por favor, sintoniza de nuevo Aviva Nuestros Corazones.

Si deseas apoyar nuestro ministerio económicamente o hablarnos sobre cualquier inquietud, puedes hacerlo llamando al 1-800-569-5959 o visitando nuestra página de internet, www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

¿Espejismo o fuente de agua?

Jueves 13 Agosto
Me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.
Bendito el varón que confía en el Señor, y cuya confianza es el Señor.
¿Espejismo o fuente de agua?

El fenómeno de los espejismos es muy conocido por los que viajan en el desierto. Este se debe al reflejo de la luz en las capas de aire caliente por encima de la arena. Se tiene la impresión de ver agua, pero no hay nada.

A menudo la Palabra de Dios compara el mundo donde vivimos con un desierto, porque a pesar de las apariencias –los «espejismos»–, no encontramos nada para satisfacer las aspiraciones profundas del ser humano: necesidad de ser amado, de certezas sobre el sentido de la vida, de verdad, de justicia… y sobre todo, de perdón.

En Jesucristo nosotros tenemos certezas, especialmente ese perdón definitivo de nuestros pecados, porque Cristo pagó el precio en la cruz. Comprendemos que Dios nos ama y nos amará siempre, y nos volvemos hacia él, teniendo así un objetivo. Él está con nosotros en nuestro viaje, atento a cada una de nuestras situaciones. Sí, para cada uno de los que le han confiado su vida, Dios es “fuente de agua viva”.

¿A quién iremos? Fuente siempre nueva
Que refresca nuestros corazones y
alimenta nuestra fe,
Tus palabras, Señor, son la vida eterna:
Las bebemos, felices, reunidos
en torno a ti.
¿A quién iremos? Tu voz amante y serena
Nos dice: ¡No teman, confíen en mí!
Tú consuelas nuestros corazones, y
enjugas nuestras lágrimas:
¿A quién, pues, iremos, si no es a ti?

Grace en Español

Nuestro Sumo Sacerdote

Josías Grauman

 

 

Josías Grauman

Josías es licenciado en idiomas bíblicos por The Master’s University y con Maestría en Divinidad por The Master’s Seminary. Sirvió durante cinco años como capellán del Hospital General de Los Angeles (California), y sirvió como misionero por dos años en la Ciudad de México. En la actualidad , está encomendado como anciano de la iglesia Grace Community Church donde sirviendo en el ministerio hispano. Josías y su esposa Cristal tienen tres hijos.

https://www.gracechurch.org/espanol

1 – Memorización de las Escrituras

CONSULTORIO BÍBLICO

SERIE: Vida Cristiana

1 – Memorización de las Escrituras

DAVID LOGACHO

Cuando un ejército está en guerra, como parte de su estrategia, identifica objetivos militares en el bando enemigo para tomarlos o destruirlos. Pues nuestro archí enemigo, Satanás y su hueste de demonios, también hace lo propio con nosotros los creyentes. Identifica objetivos militares. Estos objetivos militares pueden ser, por ejemplo, alguna debilidad de nuestra carne. Satanás y sus demonios intentarán sacar provecho de esto para lograr sus fines. Otro objetivo militar de Satanás y sus demonios es la mente de los creyentes. Si Satanás logra que el creyente permita que entre a su mente cualquier cosa pecaminosa, habrá logrado una victoria importante. Por eso es importante cuidar lo que perciben nuestros ojos, lo que miramos en la televisión, o en las revistas, o en los periódicos, o en la calle. Es importante cuidar lo que perciben nuestros oídos, en la radio, en la rueda de amigos, en el trato con otras personas. Los sentidos son vehículos que llevan información a nuestra mente. Debemos poner un guardia en cada uno de nuestros sentidos para examinar lo que intenta penetrar a nuestra mente y desechar cualquier cosa que no nos ayude en nuestro crecimiento espiritual. Por otro lado, debemos fomentar actividades que sabemos, por seguro, van a proveer de buen material para nuestra mente. Una de estas actividades es la memorización de palabra de Dios y es otra de las características de la vida auténticamente cristiana. La memorización de las Escrituras toma tiempo y esfuerzo. Por eso es que pocos creyentes han adquirido este hábito importante. Satanás es el más interesado en que los creyentes no memoricen las Escrituras, porque él sabe que es muy difícil luchar contra un creyente que tiene las Escrituras en su mente. Siendo que memorizar las Escrituras toma tiempo y esfuerzo, es necesario tener buenas razones para hacerlo. Permítame compartir algunas. La primera, porque así honramos a Dios. Al guardar su palabra en nuestra mente estamos poniendo el alto no solo la palabra de Dios sino al Dios de la palabra. Note el alto concepto que tenía el salmista de la persona de Dios, al juzgar por su palabra. Salmo 119:72 dice: “Mejor me es la ley de tu boca que millares de oro y plata” La riqueza más representativa del mundo, no tiene ni punto de comparación con la maravilla de la palabra de Dios. Al memorizarla estamos honrando a Dios. La segunda, porque la palabra de Dios memorizada es el apoyo que necesitamos en tiempos de dificultad. Salmo 119:116 dice: “Susténtame conforme a tu palabra, y viviré; y no quede yo avergonzado de mi esperanza” Las pruebas son inevitables en la vida cristiana. Cuánto bien nos hace tener a flor de labios la palabra de Dios memorizada. Será nuestro sustento, jamás seremos avergonzados. La tercera, porque la palabra de Dios memorizada produce deleite en el corazón. Salmo 119:103 dice: “¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca.” El salmista hallaba verdadero deleite pronunciando la palabra de Dios. Para él era algo tan dulce que lo más cercano en comparación era el sabor de la miel. La cuarta, porque la palabra de Dios memorizada nos da la luz para reconocer el camino en que debemos andar. Salmo 119:130 dice: “La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples.” Muchas veces nos encontramos en una encrucijada. Ambas opciones parecen buenas, pero una debe ser mejor. No sabemos cuál. En casos así es muy útil tener en la mente la palabra de Dios para que nos alumbre. La quinta razón es porque la palabra de Dios memorizada nos protege para no caer en pecado. Observe lo que dice Salmo 119:133 “Ordena mis pasos con tu palabra, y ninguna iniquidad se enseñoree de mí.” Cuando la palabra de Dios satura la mente de una persona es muy difícil que ceda a la tentación a pecar. Esa fue la experiencia del salmista: Ordena mis pasos con tu palabra, o dicho de otra manera, quiero que todos mis actos, todos mis pensamientos, todas mis motivaciones se ajusten a lo que tú has dicho en tu palabra. ¿Cuál va a ser la consecuencia de esta acción? El salmista dice: Ninguna iniquidad se enseñoreará de mí. ¿Quiere tener una vida limpia de pecado? Uno de los ingredientes es guardando la palabra de Dios en la mente. Aunque Jesús no podía pecar por ser Dios-Hombre, sin embargo, cuando fue tentado por Satanás, usó la palabra de Dios memorizada, para defenderse de las tentaciones de Satanás. La primera tentación tuvo lugar en el desierto. Jesús fue llevado a ese lugar por el Espíritu Santo, en donde pasó en ayuno por cuarenta días. Satanás sabía que Jesús estaba con hambre, de modo que le tentó diciendo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. La respuesta de Jesús fue citando de memoria Deuteronomio 8:3 donde en esencia dice: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. La segunda tentación tuvo lugar sobre el pináculo del templo. Satanás tentó a Jesús diciendo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra. Qué interesante. Satanás sabe también las Escrituras, y las sabe de memoria, pero las distorsiona para lograr sus fines malignos. La respuesta de Jesús fue nuevamente citando de memoria las Escrituras. Esta vez citó Deuteronomio 6:16 donde en esencia dice: No tentarás al Señor tu Dios. La tercera tentación tuvo lugar en un monte muy alto, donde Satanás mostró a Jesús los reinos del mundo y todo su esplendor. Satanás dijo entonces: Todo esto te daré, si postrado me adorares. La respuesta de Jesús fue nuevamente citando de memoria las Escrituras, esta vez Deuteronomio 6:13 donde en esencia dice: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás. Por tres ocasiones Jesús hizo frente a las tentaciones de Satanás citando de memoria las Escrituras. La táctica fue efectiva, porque dice la Biblia que Satanás le dejó. Si el Hijo de Dios echó mano de las Escrituras para defenderse de las tentaciones del diablo, cuánto más nosotros. Ahora bien, no sé en su caso, pero al menos en el mío, las tentaciones no me vienen solamente cuando tengo la Biblia en mi mano, de modo que pueda ir a la concordancia y buscar algún texto que me ayude a enfrentar la tentación. A decir verdad, la mayoría de las veces que soy tentado, no tengo ninguna Biblia a la mano. Por tanto necesito tener la Biblia en la mente. La sexta razón para memorizar la palabra de Dios es para saber como responder a los que demandan razón de nuestra fe. Eso es lo que muestra 1 Pedro 3:15 donde dice: “Sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” Es natural que el mundo no esté de acuerdo con la manera que piensan y actúan los creyentes. De tanto en tanto van a aparecer personas incrédulas con preguntas sinceras acerca de cosas espirituales. ¿Por qué creen eso? ¿Por qué no hacen esto? ¿Por qué dicen aquello? No siempre tenemos a la mano la Biblia para explicar los motivos para creer lo creemos y practicar lo que practicamos. Pero si tenemos algunas porciones de la Biblia en nuestra mente, no será problema echar mano de esa información para explicar de una manera clara y amable lo que creemos y lo que vivimos. Son razones para invertir tiempo y esfuerzo memorizando las Escrituras. Terminando ya, me gustaría compartir algunas sugerencias para comenzar a memorizar las Escrituras. Hay dos palabras claves para una buena memorización de las Escrituras. La primera es: Selección. Sería excelente memorizar toda la Biblia desde Génesis hasta Apocalipsis, pero, a lo mejor, para algunos de nosotros, es un tantito difícil. Por eso, quizá sea mejor seleccionar algunos versículos o pasajes bíblicos claves, con directa aplicación a postulados doctrinales importantes o a asuntos prácticos de la vida cristiana. Una vez que se han seleccionado estos textos claves, se debe pasar a la segunda etapa del proceso de memorización. Se llama repetición. Es necesario leer y releer el texto que se va a memorizar entendiendo muy bien su significado y luego repetir y repetir. Esta es la forma de grabar el texto en la mente. Para muchos ha sido de gran ayuda escribir los textos en papeles pequeños, de diez centímetros por cinco, fáciles de llevar en el bolsillo de la camisa y aprovechar los tiempos muertos para memorizar el texto. Tiempos muertos son aquellos que todos tenemos que gastar mientras esperamos para pagar una cuenta en un mercado, o mientras hacemos fila en un banco, o mientras viajamos en un autobús. Este tiempo se puede aprovechar para memorizar las Escrituras. No olvide, la memorización de las Escrituras es otra característica de la vida auténticamente cristiana.

Ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones, trabajó por años para la NASA, decidió abandonar su carrera profesional para prepararse para servir al Señor en un Instituto Bíblico en Argentina. Dirigió el Ministerio La Biblia Dice… durante más de 2 décadas hasta su retiro en 2015.

Disponible en Internet en: http://www.labibliadice.org

Contenido publicado con autorización de La Biblia Dice para: Alimentemos El Alma

Av.Galo Plaza Lasso N63-183 y de los Cedros
Telf. 00593-2-2475563
Quito-Ecuador

¿Todos los CREYENTES son DISCÍPULOS?

Teología Express

¿Todos los CREYENTES son DISCÍPULOS?

Giancarlo Montemayor

Giancarlo Montemayor ha sido hasta el año 2018 director del ministerio cristiano IX Marks en español, y actualmente es director de la editorial evangélica B&H. Para más información pueden consultar nuestra web:
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¿Todos los creyentes son discípulos?
Discípulos, Discipulado

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Música: Samuel Barceló – Vida Eterna (CD Vida Eterna)

Dios les bendiga. Soli Deo Gloria

Lo que hace la vergüenza

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Lo que hace la vergüenza

James Coffield

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie «La vergüenza», publicada por la Tabletalk Magazine.

En un momento preñado de tristeza y esperanza, dignidad y depravación, sufrimiento y gloria, una madre bajo duelo se paró frente a los dolientes que se habían reunido para honrar la vida de un hombre, y pronunció las siguientes palabras: “La vergüenza mató a mi hijo Lucas. La vergüenza lo mantuvo tranquilo, viviendo con secretos sombríos y con terrible remordimiento, rodeado de amigos, pero aun así muy solo”. Después de repasar los rostros de los que estaban reunidos y al reconocer silenciosamente a los que ella sabía que también habían luchado con la adicción, les amonestó: “No permitan que la vergüenza gane. El maligno ha llenado su pluma con vergüenza, desconexión, secretos y pena y está escribiendo su historia tenebrosa. La historia de luz proveniente de Dios con redención, esperanza, comunidad, verdad y gloria, está escrita con Su propia sangre”.

Lucas Johnson apagó su propia vida el año pasado al final de una batalla prolongada contra la adicción y la vergüenza. Aunque era bastante joven y había crecido en un hogar cristiano y había profesado fe en Cristo, había perdido toda esperanza. Lucas no había captado la verdad de que el evangelio de gracia reemplazaba su identidad basada en vergüenza con una identidad en Cristo. Su historia es narrada por la voz de la vergüenza, en marcado contraste con el evangelio de Lucas, el cual está salpicado de historias en las cuales la vergüenza es sofocada por la gloria. En el evangelio según Lucas Johnson, el maligno secuestró la historia de gloria y la cubrió de vergüenza. Una persona envuelta en vergüenza se concentrará en sí misma; se aislará y culpará a otros por su situación. La vergüenza a la postre crea un estilo relacional de evasión. Queremos evitar ser descubiertos, para prevenir que nuestros lugares más oscuros sean expuestos.

Como creyentes nuestras historias serán tejidas y culminarán en gloria.

Esta no es solamente la historia de Lucas Johnson, porque la vergüenza es parte de la historia de todos. La vergüenza se escribe a sí misma dentro de la historia de nuestras vidas. La vergüenza se hace manifiesta por el aislamiento, la autoprotección, el odio propio, la autodestrucción, autopreservación y la ilusión de control. La primera dinámica es el aislamiento, la cual es la postura de la vergüenza.

A pesar de la popularidad y los amigos de Lucas, él creó un mundo que no le conocía, un mundo de aislamiento. El pecado de la vergüenza tiene una singular manera de distanciarnos de los demás. Una manera simple de definir el pecado es decir que nos separa más profundamente de Dios; de nosotros mismos, de otros; y finalmente de la creación. Una persona cargada de vergüenza se aislará de gente saludable o en buen estado emocional, y aunque no comparta sus propios secretos, será arrastrada hacia relaciones con otras personas marcadas por la vergüenza. Evitará la vulnerabilidad y se moverá hacia el cinismo en sus relaciones. Las relaciones del individuo cargado de vergüenza son a menudo superficiales, disfuncionales y enfocadas en conductas externas comunes (juegos, música, entretenimientos) contrario a las experiencias emocionales compartidas. A fin de crear una postura de aislamiento, el motor que mueve esta actitud es la autoprotección.

Si una persona siente como que están a punto de “descubrirla,” entonces se deja sobrecoger por el temor. Las buenas relaciones demandan vulnerabilidad; el compromiso con la autoprotección mata la vulnerabilidad. Muy parecido a un soldado tras las fronteras enemigas, el individuo cargado de vergüenza siempre se la pasa revisando y evaluando el ambiente buscando alguna señal de exposición potencial. Las barreras saludables son importantes, especialmente en las nuevas relaciones, pero las relaciones solo pueden crecer a medida que se toman riesgos más significativos para desarrollar afinidad. La vergüenza previene que se tomen estos riesgos. A medida que crecen el aislamiento y la autoprotección, se reducen las relaciones positivas. La ausencia de influencias estimulantes y perspectivas saludables promueve el creciente odio propio.

La motivación detrás de todas las estrategias relacionales negativas es el odio propio. El nivel de vergüenza que se ha escabullido en la historia de uno, se correlaciona con el nivel de odio propio que se experimenta. La gente cargada de vergüenza se enfurecerá consigo misma y se ofenderá solo de pensar en la gracia. A menudo estos viven en un estado de ambigüedad, con un sentido tanto de derecho como de indignidad. Hay una demanda por socorro o liberación, pero a la vez hay un sabotaje cuando este se ofrece. A menudo demandan una gran dosis de atención mientras que simultáneamente sabotean esta atención porque se sienten indignos. Se encuentran en una danza constante con la mentira de la inevitabilidad: “Soy una persona indeseable; es solo asunto de tiempo antes de que todo mundo se entere de quién soy”.

A Satanás se lo conoce como el “acusador de los hermanos,” y él nos susurra y nos recuerda que nuestros momentos más oscuros han de ser revelados. En Jeremías, el pueblo de Dios está sediento en medio del desierto. En Jeremías 2:13 él declara que han cometido dos pecados. El primer pecado es que le han dado las espaldas a Dios, la fuente de aguas vivas, y el segundo es que se han “cavado para sí cisternas, cisternas agrietadas que no retienen el agua”; a saber, neciamente han elaborado sus propias maneras creativas de satisfacer su sed. Es el acusador que causa que sintamos repugnancia por nuestra sed en vez de sentirnos arrepentidos de nuestra propia rebelión.

Dios usa imágenes poderosas en las Escrituras para describirnos como hambrientos, sedientos, encarcelados, en cautiverio y esclavizados. Estos descriptores son usados para describirnos cuando no mantenemos una relación con Él. La vergüenza nos invita a aborrecer nuestra sed, nuestros deseos hambrientos de conexión y redención, y hace que odiemos aún la posibilidad de esperanza.

La característica más insidiosa de la vergüenza, no obstante, es la habilidad de provocar que la gente considere la creencia errónea de que en su esencia han sido diseñados defectuosamente. Es el odio propio quien le dijo a Lucas que no había salida y que él era demasiado indeseable y muy alejado de la redención. Sus “cisternas agrietadas que no retienen agua” eventualmente se secaron, abandonándolo a la creencia de que estaba solo y sin posibilidad de redención.

El odio propio da paso a comportamientos desesperados y autodestructivos. La vergüenza se correlaciona con la conducta destructiva. Investigaciones muestran una alta correlación entre la vergüenza y la participación en la intimidación, la agresión y el suicidio. Para Lucas, la conducta destructiva era adicción; en otros, pudiera ser actividades que anestesian el alma. La vergüenza opera como un filtro y amplificador. Filtra la dignidad que es parte de ser un portador de la imagen de Dios y amplifica nuestra depravación. Puede que algunos vivan una vida orientada hacia el temor y que nunca tomen riesgos apropiados. El alma desesperada anhela ser anestesiada.

El temor a la exposición cuando uno atenta preservar las trizas restantes de la dignidad, llega a ser profundo. La cantidad de energía que se requiere para esconder la lucha creciente es inmensa. El vivir da paso al sobrevivir; el relacionarse da paso a la autopreservación. Es imposible llegar a ser orientado hacia otro u orientado hacia Dios cuando uno está enfocado en sobrevivir. En este estado de sobrevivencia mayor, la ansiedad aumenta, hay una probabilidad creciente de depresión, y comenzamos a mantener y proteger secretos sombríos de lo que pensamos que somos, de lo que hemos hecho, y en algunos casos, de lo que nos han hecho. Cuando la meta de uno es autopreservación, la ilusión del autocontrol es imperativa.

Paradójicamente la vergüenza le da a la persona cargada de vergüenza la ilusión de control. Permite que nos sintamos como si fuéramos capaces de cavar nuestras propias cisternas: “Si el problema soy yo, puedo resolverlo. No necesito ser dependiente de Dios o de nadie. Yo puedo arreglarme”. Un principio de vida es que solo luchamos batallas que creemos que podemos ganar, y la vergüenza nos permite reestructurar la realidad y creer que nosotros somos el problema y la solución; por lo tanto, podemos ganar. La vergüenza invita a la persona a llevar la carga, y al lograrlo, provee un falso sentido de control. A la persona cargada de vergüenza se le permite llevar esta carga y no confiar en Dios o en otros, jamás. La historia de gloria de Lucas fue secuestrada por la vergüenza, mientras que el evangelio de Lucas nos cuenta de la gloria que se desató de historias que inicialmente fueron bañadas de vergüenza.

El evangelio bíblico de Lucas incluye historias de los marginados o privados de derechos: el leproso, el paralítico, la mujer con el flujo de sangre. Las historias de Lucas invitan a los lectores a ver a Cristo como el transformador y el sanador. Lucas aun introduce la gran historia de gloria en un lugar que muchos considerarían vergonzoso: un establo con pastores. La gran historia de gloria de Dios es un torrencial de historias como la del menesteroso, el enfermo, el abandonado y el despreciado, pero Su presencia convierte lo vil en lo exaltado. Como creyentes nuestras historias serán tejidas y culminarán en gloria.

Lucas Johnson cegó su propia vida, creyendo que al hacerlo significaría que su historia llegaría a su final. Aun así, el Señor sigue usando su historia para consolar, instruir y motivara otros. Su familia sigue usando su dolor para educar y consolar a otros que se sienten como si estuvieran perdiendo esperanza. Es tanto aleccionador como tonificante el darnos cuenta que la voz de Satanás conducirá a la vergüenza, pero que la voz de Dios conducirá a la gloria. Así como la vergüenza puede conducir a la autodestrucción, el vivir en gloria conducirá a la transformación.

 

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.

James Coffield

James Coffield

El Dr. James Coffield funge como profesor adjunto de consejería y es el director clínico del programa de maestría en consejería en el Seminario Teológico Reformado en Orlando, Florida.