Cómo resolver el conflicto doctrinal

Cómo resolver el conflicto doctrinal
Por Fred Greco

Nota del editor:Este es el quinto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Conflicto en la iglesia

La historia de la iglesia está llena de conflictos doctrinales. Los cristianos modernos podrían pensar que esos conflictos son un fenómeno nuevo causado por nuestra distancia de las enseñanzas de Jesús y de la Iglesia primitiva. Sin embargo, en los primeros siglos de la Iglesia primitiva, hubo debates sobre diferencias teológicas significativas, las cuales, finalmente, fueron zanjadas por concilios de la iglesia, como los de Nicea y Calcedonia. ¿Cómo, entonces, deberían resolverse los conflictos doctrinales? La buena noticia para nosotros es que no es necesario que adivinemos o inventemos un modelo o un método: en Hechos 15, el Espíritu Santo nos ha dado una historia inspirada sobre cómo lidiar con los conflictos doctrinales.

PASO UNO: RECONOCER EL CONFLICTO Y BUSCAR AYUDA

Hechos 15 comienza con un acontecimiento conocido: surge un conflicto en la iglesia local porque había hombres enseñando lo que ellos creían que era una doctrina obligatoria para la iglesia (Hch 15:1). Eso no concordaba con la enseñanza de la iglesia local, por lo que Pablo y Bernabé contendieron con ellos, lo que dio lugar a «gran disensión y debate» (v. 2). En vez de dividir la iglesia o aceptar sus discrepancias, los líderes enviaron un grupo a Jerusalén para pedir ayuda. Sabían que la importancia de este asunto doctrinal iba más allá de su asamblea local, así que buscaron la sabiduría de toda la iglesia. De la misma manera, cuando surge un conflicto doctrinal en la iglesia hoy, debemos reconocer que es mejor buscar solucionarlo y no dejar que el conflicto se encone y genere división. La iglesia debe estar unida en su testimonio ante el mundo que la observa. Buscar ayuda más allá de la iglesia local es fácil en mi contexto presbiteriano, que cuenta con una serie de tribunales a los que podemos apelar. Pero incluso en un contexto congregacionalista, es posible convocar a un grupo de iglesias con ideas afines para abordar los conflictos doctrinales.

PASO DOS: LA IGLESIA SE REÚNE PARA RESOLVER EL CONFLICTO
Buscar ayuda solo es valioso si la iglesia en general está dispuesta a ayudar a resolver los conflictos doctrinales y es capaz de hacerlo. Eso es lo que vemos que hace la iglesia en Hechos 15. Pablo y Bernabé llevan el problema ante la iglesia de Jerusalén, y «los apóstoles y los ancianos se reunieron para considerar este asunto» (v. 6). Aquí no hubo un concurso de popularidad ni un deseo de llegar a un término medio para evitar los efectos nocivos del conflicto. Por el contrario, los apóstoles y los ancianos se reunieron para escudriñar las Escrituras y debatir el tema en cuestión. No tenemos una transcripción del debate. Sin embargo, vemos que tanto Pedro como Santiago aplican la verdad de la Palabra de Dios, incluyendo su doctrina de la justificación por la fe y la profecía del Antiguo Testamento sobre el llamado de los gentiles, para resolver el conflicto. Hoy en día, sería sabio que siguiéramos el ejemplo de la Iglesia primitiva y nos reuniéramos para resolver las disputas doctrinales. La historia de la iglesia está llena de ejemplos de esta clase de resoluciones para guiarnos. Algunos conflictos antiguos han vuelto a surgir (como ciertos postulados sobre la Trinidad), y nuevas aplicaciones en nuestra cultura contemporánea de enseñanzas establecidas han causado conflicto en la iglesia (como la naturaleza de la tentación y el pecado).

PASO TRES: PUBLICAR LA RESOLUCIÓN DEL CONFLICTO
Después de zanjar la pregunta de si la circuncisión es necesaria para la salvación, la iglesia dio el paso importante de redactar una carta y enviar su decisión a la congregación de Antioquía y a las demás iglesias. Esto no solo sirvió para resolver el problema doctrinal, sino también para «animar y fortalecer» a las iglesias con la decisión. Las diferencias doctrinales habían producido una brecha en la paz de la iglesia local y también obstaculizado los esfuerzos de evangelismo y misiones.

El concilio de Jerusalén terminó con esa crisis mediante su pronunciamiento concluyente. Quizás nos preguntemos si esta es una solución posible para la iglesia de hoy, ya que no tenemos apóstoles como Pedro y Santiago para que nos corrijan. La tentación es decir que hoy los conflictos doctrinales nunca pueden ser resueltos por los concilios de la iglesia, pues no son exactamente iguales al concilio de Jerusalén. Sin embargo, eso es negar la realidad de que la iglesia a nivel mundial concuerda en las doctrinas de la Trinidad, la persona de Jesucristo y la autoridad de la Biblia porque los concilios del pasado se han pronunciado al respecto. Decir que la iglesia habla con autoridad no significa que hable de forma infalible (Confesión de Fe de Westminster 31.4). Los conflictos doctrinales son una oportunidad para que la iglesia adopte una postura clara en favor de la verdad de la Palabra de Dios. Debemos recurrir a la obra del Espíritu Santo al interior de la iglesia si queremos encontrar ayuda para nuestra fe y nuestra práctica.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Fred Greco
El reverendo Fred Greco es pastor principal de Christ Church (PCA) en Katy, Texas.

¿QUÉ SIGNIFICA BIENAVENTURADOS LOS POBRES EN ESPÍRITU?

QUÉ SIGNIFICA BIENAVENTURADOS LOS POBRES EN ESPÍRITU?
POR ALISTAIR BEGG

“Volviendo Su vista hacia Sus discípulos, decía: ‘Bienaventurados ustedes los pobres, porque de ustedes es el reino de Dios’”. Lucas 6:20

Jesús exalta lo que el mundo menosprecia y rechaza lo que este admira.

Este es el gran reto de las Bienaventuranzas y sobre todo de esta enseñanza de Jesús sobre las riquezas. Vivimos en un mundo que nos mueve a exaltarnos, en particular en el ámbito de las finanzas y de las riquezas materiales. La comodidad es suprema en nuestra cultura y la cultura es el agua en la que todos nadamos.

Así que las primeras palabras de la enseñanza de Jesús en este sermón nos enfrentan: “Bienaventurados ustedes los pobres”. ¿Qué está haciendo Jesús? ¿Está sugiriendo que la pobreza material de alguna manera es clave para la salvación? ¡Para nada! Más bien, está explicando que los que en verdad toman consciencia de su pobreza espiritual entrarán al reino de Dios.

Por supuesto, hay algunos que afirman que la enseñanza de Jesús es que, si eres pobre, debes estar agradecido porque automáticamente eres parte del reino de los cielos. Pero ese tipo de pobreza no es la clave para entrar en el reino de Dios, como tampoco las riquezas en sí mismas son la principal razón para la exclusión de otro. De hecho, tanto los pobres como los ricos son bienvenidos a Su reino si se dan cuenta de su necesidad de perdón y si llegan a la fe en Jesús como su Salvador. Si este no fuera el caso, entonces una mujer llamada Lidia que vivía en Filipos como comerciante adinerada nunca habría abierto sus ojos y su corazón a la verdad del evangelio (Hch 16:11-15). No, lo que se necesita es la consciencia de nuestra pobreza espiritual estando separados de Cristo.

La Palabra de Dios es un regalo glorioso. Nuestro Padre nos la ha dado para que conozcamos a Su Hijo y para que vivamos en el poder de Su Espíritu, en obediencia a Su verdad.

No obstante, es importante notar que la pobreza financiera también puede ser un medio de bendición espiritual. Esta pobreza a menudo lleva a las personas a descubrir su dependencia absoluta en Dios, no solo para sus necesidades físicas y materiales, sino también para las bendiciones espirituales. Por esta razón, la pobreza tiende a provocar una respuesta mucho mejor al evangelio que la riqueza. Disfrutar de abundancia material fácilmente puede cegarnos a nuestra necesidad más profunda: nuestro acceso al reino de Dios. La riqueza es a menudo un terreno fértil para el orgullo, de manera que nuestro corazón se olvida de que, tanto el rico como el pobre “pasará como la flor de la hierba” (Stg 1:10).

Juan Calvino lo explicó así: “Solo aquel que es reducido a nada en sí mismo y que descansa en la misericordia de Dios es pobre en espíritu”. La pobreza puede traer consigo pruebas, pero ¿alguna vez te has dado cuenta de que la riqueza también trae consigo las tentaciones del orgullo, de la autodependencia y de la autocomplacencia espiritual?

Así que ¿estamos dispuestos a admitir nuestra pobreza espiritual? ¿O estamos demasiado seguros en nosotros mismos y satisfechos en nuestras riquezas terrenales? Aquí está una manera en la que podemos conocer la verdadera respuesta a estas preguntas: ¿puede tu corazón resonar con la oración de Agur en Proverbios: “No me des pobreza ni riqueza” (Pro 30:8)?


Este artículo sobre ¿Qué significa bienaventurados los pobres en espíritu? fue adaptado de una porción del libro Verdad para vivir, publicado por Poiema Publicaciones.

Luchando por la fe

Luchando por la fe
Por Nate Shurden

Nota del editor:Este es el cuarto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Conflicto en la iglesia

Todavía recuerdo cuando mi profesor de tercer grado de la escuela dominical me contó la famosa (y dudosa) historia del intercambio (o algo así) que hubo entre Nicolás de Mira y Arrio de Alejandría en el Concilio de Nicea el año 325 d. C. Según la leyenda, Nicolás de Mira —más conocido hoy como San Nicolás— estaba presente en el primer concilio ecuménico. Allí, Arrio argumentó que el Hijo de Dios no es igual a Dios Padre, sino el primer ser creado, el más elevado de todos (este punto de vista, conocido como arrianismo, fue justamente condenado como herético en el Concilio de Nicea). Mientras los obispos escuchaban atentos la propuesta de Arrio, Nicolás se sentía inquieto y frustrado. Finalmente, se le agotó la paciencia. Se puso de pie, atravesó la sala y abofeteó a Arrio.

La veracidad de esta historia es difícil de confirmar, pero no dejes que su punto central pase inadvertido. Si el hombre del que viene la leyenda del alegre San Nicolás es recordado por abofetear a alguien debido a un asunto doctrinal, entonces quizá debemos por lo menos considerar la posibilidad de que la doctrina es lo suficientemente importante como para contender por ella. Si me permites el atrevimiento de decirlo, la fidelidad a Jesucristo requiere que todos juntemos el coraje y la sabiduría para involucrarnos en conflictos doctrinales (aunque siempre debemos resistir la tentación de abofetearnos los unos a los otros).

La lógica es simple. Si Cristo estuvo involucrado regularmente en disputas teológicas y nosotros estamos llamados a tomar la cruz y seguirlo, entonces no podemos ser realistas y a la vez esperar que pasaremos por la vida sin involucrarnos en algún conflicto doctrinal. Los siervos siguen el camino del maestro, y nuestro Maestro no echó pie atrás ante los conflictos doctrinales necesarios. Nosotros tampoco debemos hacerlo.

Lo cierto es que no podemos proclamar la verdad del evangelio y esperar que las mentiras del maligno permanezcan dormidas. El conflicto siempre acompaña al ministerio del evangelio, así que debemos estar preparados para los conflictos doctrinales si vamos a compartir el evangelio y vivir sus implicaciones en el mundo.

Por eso, todas las cartas del Nuevo Testamento proclaman la verdad del evangelio, corrigen el error doctrinal de algún modo y denuncian a los enemigos de la verdad. Todo es un paquete. Incluso cuando las cartas no están involucradas directamente en un conflicto doctrinal ni desenmascaran a los falsos maestros, tienen la mira en los conflictos doctrinales y los falsos maestros del futuro.

Pedro nos recuerda las verdades que sabemos, porque vendrán falsos maestros, «los cuales encubiertamente introducirán herejías destructoras» (2 P 2:1). Pablo advierte a Timoteo: «Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, conforme a sus propios deseos, acumularán para sí maestros, y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a los mitos» (2 Ti 4:3-4). Estos son solo dos ejemplos de las muchas advertencias del Nuevo Testamento (ver 2 Co 11:13-14; Col 2:8; 1 Jn 4:1-2).

Ahora bien, en toda esta discusión sobre el conflicto doctrinal, debemos cuidarnos de caer en la tentación del sectarismo doctrinal. Cada vez que convertimos asuntos doctrinales de segundo y tercer orden en temas de importancia suprema, hacemos daño a la iglesia. «Las diferencias de opinión sobre asuntos no esenciales no debe ser la base de cismas entre cristianos bajo ninguna circunstancia», señala sabiamente Juan Calvino (este es un concepto que todos los cristianos deberíamos tener en cuenta).

Dicho esto, el problema más frecuente al que nos enfrentamos en nuestros días es la displicencia doctrinal. Somos demasiado indiferentes hacia la verdad. Rara vez juzgamos alguna doctrina como algo por lo que valga la pena luchar. Pero ten por seguro que cuando se llega a un acuerdo vago y carente de contenido para buscar la «unidad», esa paz es falsa, un fundamento de arena. Para que la iglesia sea la columna y el sostén de la verdad (1 Ti 3:15), debemos reunirnos en torno a aquello sobre lo que estamos fundados: la enseñanza de los apóstoles y los profetas, siendo Cristo Jesús la piedra angular (Ef 2:20).

A la luz de esto, resistamos la tentación de restar importancia a las diferencias doctrinales por miedo a irritar a alguien. En lugar de bajar el perfil a diferencias teológicas fundamentales como si fueran asuntos de simple perspectiva o interpretación, debemos «luchar ardientemente por la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos» (Jud 3) con amor y gran cuidado, con mansedumbre y gracia, pero a la vez con valor y perseverancia, pues por esta fe vale la pena luchar.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.

Nate Shurden
El reverendo Nate Shurden es pastor principal de Cornerstone Presbyterian Church y miembro adjunto de la facultad del New College Franklin en Franklin, Tennessee. Puedes seguirle en Twitter como @NateShurden.

¿Se puede criticar antes de haber leído?

Lunes 14 Noviembre
Al que responde palabra antes de oír, le es fatuidad y oprobio.
Proverbios 18:13
¿No es mi palabra como fuego, dice el Señor, y como martillo que quebranta la piedra?
Jeremías 23:29

¿Se puede criticar antes de haber leído?

Un misionero viajaba por los alrededores de México. Se detuvo dos días en una aldea para anunciar el Evangelio. Durante las horas calurosas del día, sentado cerca de su hospedaje, respondía las preguntas de los que acudían a él.

Un joven se acercó, observó al misionero de modo decidido y declaró:

 – Vine para discutir con usted, porque no creo en lo que anuncia.

Como respuesta el misionero le dio una Biblia, diciéndole:

 – Este libro es la Palabra de Dios. Léelo, y cuando quieras, podremos hablar sobre él.

Sorprendido, el joven tomó la Biblia, se sentó a la sombra de un árbol y empezó su lectura.

Al día siguiente el misionero se despidió de sus nuevos amigos. El joven decidió recorrer una parte del camino con él. En la aldea siguiente le devolvió la Biblia, diciendo:

 – Es un libro interesante. No encontré nada que quiera discutir.

 – La Palabra de Dios debe ser creída y no discutida; sigue con tu búsqueda y hallarás la vida eterna, le contestó el misionero, al tiempo que le regalaba la Biblia.

Veinte años más tarde el misionero volvió a la aldea y reconoció al joven de otros tiempos. Estaba feliz de contar, delante de todos los presentes, cómo este libro de Dios lo había llevado al arrepentimiento y a la fe en el Señor Jesús. Para él la Biblia vino a ser su más grande tesoro. Ya no tenía ganas de discutir sus enseñanzas. Al contrario, las vivía.

Josué 3 – Hebreos 6 – Salmo 123 – Proverbios 27:17-18

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El pecado… ¿qué es para usted?

Domingo 13 Noviembre

Así como por la desobediencia de un hombre (Adán) los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno (Jesús), los muchos serán constituidos justos.

Romanos 5:19

(Jesús dijo:) No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.

Lucas 5:32

El pecado… ¿qué es para usted?

Vivimos en una cultura en la cual la noción de pecado es cuestionada. Para la opinión general, el homicidio, la traición, el robo son faltas graves, si se comparan con el hecho de mentir, engañar, codiciar… Pero el pecado es más que malas acciones, e incluso que palabras malvadas o malos pensamientos. Es una fuerza inherente a nuestra naturaleza, heredada de nuestros padres, que nos incita a vivir sin Dios, y en consecuencia en oposición a su voluntad.

La palabra “pecar”, originalmente significa “fallar al blanco, equivocarse”. El blanco es el modelo ideal de perfección reconocido por Dios y cumplido por Jesús, el Hijo de Dios, hombre perfecto. Comparado con él, es claro que todo hombre ha perdido el objetivo que Dios había dado a su criatura. Todos somos, pues, pecadores (Romanos 3:23).

Incluso los que no han robado ni matado deben reconocer que alguna vez mintieron o tuvieron malos pensamientos; a veces calificamos esto como una falta ligera, como un pecado insignificante. Pero el pecado, cualquiera que sea su gravedad, nos aleja de Dios, nos conduce al juicio y a la condenación. Sin embargo, Dios no nos deja sin esperanza ante esta situación. Para liberarnos de este estado, él quiere que admitamos que somos pecadores; él nos ofrece su perdón. ¿Aceptamos este perdón?

Por medio de Jesucristo “se os anuncia perdón de pecados… en él es justificado todo aquel que cree” (Hechos 13:38-39).

Josué 2 – Hebreos 5 – Salmo 122 – Proverbios 27:15-16

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EL FIN DE LA FAMILIA

John MacArthur es el pastor-maestro de Grace Community Church en Sun Valley, California, así como también autor, orador, rector emérito de The Master’s University and Seminary y profesor destacado del ministerio de medios de comunicación de Grace to You.

En el año 1969, después de graduarse en el Talbot Theological Seminary, John llegó a Grace Community Church. El énfasis de su ministerio en el púlpito es el estudio diligente y la exposición versículo a versículo de la Biblia, con especial atención dedicada al antecedente histórico y gramatical detrás de cada pasaje. Bajo el liderazgo de John, los dos servicios matutinos de adoración de Grace Community Church colman el auditorio cuya capacidad es de 3500 personas. Varios miles de miembros participan cada semana en docenas de grupos de hermandad y programas de entrenamiento, la mayoría de ellos conducidos por líderes laicos; y cada uno de ellos, dedicado a equipar a los miembros para el ministerio a nivel local, nacional e internacional.

En el año 1985, John fue nombrado presidente de The Master’s College (anteriormente, Los Angeles Baptist College, y ahora, The Master’s University), una Universidad cristiana de cuatro años, acreditada en humanidades, en Santa Clarita, California. En el año 1986, John fundó The Master’s Seminary, una escuela de posgrado dedicada a la formación de hombres para que desempeñen roles pastorales y trabajo misionero a tiempo completo.

John también es el Presidente y profesor destacado de Grace to You. Fundada en el año 1969, Grace to You es la organización sin fines de lucro responsable de desarrollar, producir y distribuir los libros de John, los recursos de audio y los programas de Grace to You de radio y televisión. El programa de radio de “Grace to You” se emite más de 1000 veces diariamente a lo largo del mundo de habla inglesa, alcanzando a los centros de mayor población con la verdad bíblica. También se transmite casi 1000 veces al día en español, llegando a 23 países a lo largo de Europa y Latinoamérica. El programa de televisión de “Grace to You” se transmite semanalmente en DirecTV en los Estados Unidos y está disponible de manera gratuita por medio de Internet en todo el mundo. Todos los 3000 sermones de John, que abarcan más de cuatro décadas de ministerio, están disponibles de manera gratuita en ese sitio web.

Desde que completó su primer libro que fue un éxito en ventas, El Evangelio según Jesucristo, en el año 1988, John ha escrito cerca de 400 libros y guías de estudio, incluyendo Fuego Extraño, Avergonzados del Evangelio, El Asesinato de Jesús, El Hijo Pródigo, Doce Hombres Inconcebibles, Verdad en Guerra, El Jesús que no Puedes Ignorar, Esclavo, Una Vida Perfecta y la serie de Comentarios MacArthur del Nuevo Testamento. Los títulos de John han sido traducidos a más de dos docenas de idiomas. La Biblia de estudio MacArthur, el recurso que es la piedra angular de su ministerio, está disponible en el idioma inglés (NKJ, NAS y ESV), español, ruso, alemán, francés, portugués, italiano, árabe y chino.

En el año 2015, completó la serie Comentarios MacArthur del Nuevo Testamento. En sus 23 volúmenes, John lo lleva detalle por detalle, versículo a versículo, a lo largo de todo el Nuevo Testamento.

John y su esposa, Patricia, viven en el sur de California y tienen cuatro hijos casados: Matt, Marcy, Mark y Melinda. Ellos también disfrutan de la alegre compañía de sus 15 nietos.

Solamente un “adiós”

Sábado 12 Noviembre

Yo en ti confío, oh Señor; digo: Tú eres mi Dios. En tu mano están mis tiempos.

Salmo 31:14-15

Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.

Isaías 26:3

Solamente un “adiós”

Una cristiana contó: Yo estaba hospitalizada debido a unos problemas de salud. Una pared móvil separaba mi cama de la de una joven paciente que tenía un mal incurable. Su médico había renunciado a todo tratamiento curativo y, como ella sufría demasiado, le administraban fuertes dosis de calmantes. Un día, mientras ella respondía al teléfono, la escuché decir a su interlocutor: “Esto no mejorará. Quiero regresar a casa. Me gustaría morir en la casa”.

Estas palabras me impactaron. Ella iba a morir y lo sabía. ¿Estaba preparada para encontrar a Dios? Pedí al Señor que me diera las palabras para hablar a su corazón. Me acerqué a su cama y le hablé de Jesús, de su sacrificio en la cruz para darnos la vida eterna. Le repetí las palabras que Jesús dijo a Nicodemo y por las cuales muchas personas han sido conducidas a la fe: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Ella me miró y, sonriendo, me dijo: “Yo también soy creyente”. Al otro día partió para “morir en su casa”, y cuando le dije adiós, ella me mostró el cielo y me dijo: “Sí, adiós; nos volveremos a ver allá arriba”.

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él” (1 Tesalonicenses 4:13-14).

Josué 1 – Hebreos 4 – Salmo 121 – Proverbios 27:13-14

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

«Porque él no desprecia ni tiene en poco el sufrimiento del pobre; no esconde de él su rostro, sino que lo escucha cuando a él clama»(Sal. 22:24).

SALMO 22
«Porque él no desprecia ni tiene en poco el sufrimiento del pobre; no esconde de él su rostro, sino que lo escucha cuando a él clama»
(Sal. 22:24).

En el momento más crítico de la historia de la humanidad, cuan- do todo parecía perdido y el Hijo de Dios agonizaba en la cruz del Calvario, este fue el salmo que estuvo en Su mente y corazón (Mat. 27:46). Se trata de uno de los pasajes de la Biblia más explíci- tos sobre el sufrimiento incomparable de Jesús por nosotros.
Al igual que David, el autor humano del salmo, Jesús soportó gran aflicción antes de ser exaltado como el Rey del pueblo de Dios. Sin embargo, las cosas que en este salmo lucen como exageraciones o meras figuras literarias por parte de David para ilustrar y expresar su dolor, fueron verdaderas en Jesús.
Los vestidos de Jesús fueron repartidos y otros echaron suerte sobre ellos mientras Él estaba desnudo y en vergüenza (v. 18; comp. Mat. 27:35). Sus manos y pies fueron horadadas en verdad (v. 16). La gente lo miró colgado en la cruz, y menearon la cabeza en burla hacia Él mientras le decían: «Este conf ía en el SEÑOR, ¡pues que el SEÑOR le ponga a salvo!» (v. 8; comp. Mat. 27:43). En aquella cruz, Él experimentó realmente el abandono de Dios para que nosotros no tengamos que experimentarlo jamás si creemos el evangelio (v. 11; comp. Mat. 27:46).
El Salmo 22 parece escrito por el mismo Jesús mientras ago- nizó en el Calvario. Por lo tanto, es un salmo que nos llama a la esperanza en Dios. No importa cuán terrible sea la adversidad que enfrentemos, sabemos que Dios está con nosotros porque Su Hijo sufrió hasta lo sumo para que eso fuese una realidad. Cristo fue tratado como un criminal ante el Juez del universo para que tú y yo podamos ser recibidos como hijos.
Además, este salmo nos recuerda que Dios conoce el dolor no solo porque conoce todas las cosas, sino también porque lo ex- perimentó por nosotros. Nuestro Salvador es varón de dolores experimentado en aflicción (Isa. 53:3). Esto no brinda todas las respuestas que quisiéramos aquí y ahora a todas nuestras preguntas en medio del sufrimiento, pero sí es la muestra más grande de que Dios no es indiferente a nuestra aflicción. El sufrimiento de Jesús en la cruz es la muestra irrefutable de Su amor por nosotros que nunca nos dejará (Rom. 5:8; 8:31-39)
Al mismo tiempo, este salmo no solo nos apunta al sufrimiento de Cristo, sino también a Su exaltación (v. 22) y nuestra adoración a Dios en respuesta a Su salvación (v. 23-31). Por tanto, ora que el Señor te conceda deleitarte más en Su amor revelado en el evan- gelio, y que así tu corazón sea movido a la alabanza en medio de la prueba. Cristo no se quedó en el sepulcro. Él fue exaltado. En esto tenemos la certeza de nuestra salvación y esperanza.

Conflictos necesarios

Conflictos necesarios
Por Roland Barnes

Nota del editor:Este es el tercer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Conflicto en la iglesia

La confrontación rara vez o nunca es agradable, pero a menudo es necesaria. En 1 Corintios 11:18-19, el apóstol Pablo considera muy necesario confrontar a la iglesia de Corinto por las divisiones y facciones que están proliferando entre ellos:

Pues, en primer lugar, oigo que cuando se reúnen como iglesia hay divisiones entre ustedes, y en parte lo creo. Porque es necesario que entre ustedes haya bandos, a fin de que se manifiesten entre ustedes los que son aprobados.

Cuando el pecado es confrontado y se produce un conflicto, surge una oportunidad para el arrepentimiento y la reconciliación. Cuando el pecado no se controla porque estamos evitando el conflicto, dejamos que el pecado y la incredulidad pongan en peligro a la iglesia. El apóstol Pablo instruye a Tito que se enfrente a los falsos maestros de las iglesias de Creta en Tito 1:10-13:

Porque hay muchos rebeldes, habladores vanos y engañadores, especialmente los de la circuncisión,a quienes es preciso tapar la boca, porque están trastornando familias enteras, enseñando por ganancias deshonestas, cosas que no deben… Por eso, repréndelos severamente para que sean sanos en la fe. 

La palabra griega traducida como «reprender» tiene varios significados: desenmascarar, convencer, reprobar. El vocablo también se encuentra en Efesios 5:11, donde el apóstol Pablo da instrucciones sobre cómo enfrentarnos a las tinieblas: «Y no participen en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien, desenmascárenlas». Cuando las desenmascaremos, de seguro habrá un conflicto.

El conflicto es muy necesario para que la iglesia siga siendo una iglesia verdadera, fiel al evangelio. Cuando confrontamos el error como en 1 Corintios 11, preservamos la fe cristiana genuina. Pablo afirma eso en el versículo 19: «Porque es necesario que entre ustedes haya bandos, a fin de que se manifiesten entre ustedes los que son aprobados».

Aunque la palabra «conflicto» no se encuentra en el versículo 19, Pablo está confrontando a los que promueven herejías y causan divisiones en la iglesia, y el resultado suele ser un conflicto necesario. Esto es necesario para preservar la pureza del evangelio y distinguir a los creyentes genuinos de los que no lo son. Cuando las facciones (los maestros de herejías) son confrontadas en la iglesia, las personas que creen verdaderamente y siguen de verdad a Cristo son reconocidas.

En Gálatas, Pablo enfrentó frontalmente los errores de los judaizantes, y el conflicto necesario resultante preservó a las almas de muchas de las seducciones engañosas de aquel otro «evangelio», que no era el evangelio verdadero en absoluto. Los que enseñaban que la circuncisión es necesaria para la salvación estaban destruyendo el verdadero evangelio de la gracia y no debían ser vistos como creyentes genuinos. Pablo escribe en Gálatas 1:6:«Me maravillo de que tan pronto ustedes hayan abandonado a Aquel que los llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente».

Una y otra vez, a lo largo de la historia de la iglesia, los conflictos necesarios han servido para preservar la pureza del evangelio. En el primer siglo, el conflicto necesario confrontó a los judaizantes y preservó al evangelio de la gracia redentora de Dios del error de la justicia basada en las obras. A principios del siglo IV, el conflicto necesario confrontó los errores de los arrianos, y así se preservó la doctrina de la deidad plena de Cristo. A comienzos del siglo V, el conflicto necesario preservó la naturaleza soberana de la gracia de Dios cuando Agustín confrontó a Pelagio. En la Reforma, el conflicto necesario confrontó muchos errores que se habían colado en la vida de la iglesia durante la Edad Media, entre ellos la corrupción del culto, de los sacramentos, del papel del clero y del propio evangelio.

Fue necesario confrontar estos errores, y, como resultado, estallaron grandes conflictos en la iglesia. Muchos hombres piadosos perdieron la vida. Sin embargo, esos conflictos eran totalmente necesarios para restaurar la salud y vitalidad espiritual de la iglesia. Los errores fueron confrontados y los hombres piadosos perseveraron en medio de los conflictos, y así la iglesia verdadera fue preservada, y las personas que no creían de verdad fueron desenmascaradas.

Los conflictos pueden ser desagradables, pero son necesarios si queremos ser fieles a Cristo y tratar de preservar la pureza de Su iglesia. Que Dios nos dé sabiduría para poder discernir cuándo es necesaria la confrontación y cómo manejar los conflictos resultantes de manera que Cristo sea honrado y Su iglesia sea preservada.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Roland Barnes
Roland Barnes

El reverendo Roland Barnes es pastor principal de Trinity Presbyterian Church (PCA) en Statesboro, Georgia.

Tres cruces

Viernes 11 Noviembre

Allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.

Juan 19:18

Tres cruces

En la colina del Gólgota, cerca de Jerusalén, erigieron tres cruces; en cada una de ellas fue clavado un hombre. A cada lado había un malhechor, pero Jesús, en la cruz del medio, era diferente, era inocente. Su juez declaró: “Ningún delito hallo en este hombre” (Lucas 23:4); sin embargo, incitado por la multitud, lo condenó a muerte. Jesús sufrió, pues, el atroz suplicio reservado a los criminales, según las leyes romanas de la época. Todos se burlaban de él y lo injuriaban, incluso los dos malhechores crucificados con él. “Los principales sacerdotes… decían: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él” (Mateo 27:41-42). Pero Jesús no lo hizo por amor a cada uno de nosotros, por amor a los que estaban allí insultándolo, por quienes oró: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).

Al oír esto, uno de los dos malhechores cambió de actitud, aceptó este perdón para sí mismo y se encomendó a Jesús para el más allá. “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”. La respuesta fue inmediata: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:42-43).

En esta escena se encuentra toda la historia de la humanidad. Todos los hombres son culpables ante Dios y merecen su juicio. Todos excepto uno, Jesucristo, Dios hecho Hombre para sufrir ese juicio en lugar del culpable, para que así Dios pudiera perdonar al pecador. Unos aceptan esta gracia, otros son indiferentes.

Y usted, ¿de qué lado está?

“Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:14-15).

Deuteronomio 34 – Hebreos 3 – Salmo 120 – Proverbios 27:11-12

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