¿Es bíblica la enseñanza “declárelo – reclámelo”?

«El declárelo y reclámelo» o el «evangelio de la prosperidad» no es bíblico y, es en cierto modo la antítesis del verdadero mensaje del evangelio y a la clara enseñanza de las escrituras. Aunque hay muchas versiones diferentes de la filosofía que se predica hoy en día del declárelo y reclámelo, todas tienen características similares. En el mejor de los casos, esta enseñanza proviene de la tergiversación y la mala interpretación de algunas escrituras y, en el peor de los casos, es una enseñanza completamente herética que tiene características de una secta.

Las raíces del movimiento de la palabra de fe y el mensaje de declárelo y reclámelo tienen más en común con la metafísica de la nueva era que con el cristianismo bíblico. Sin embargo, en lugar de crear nuestra realidad con nuestros pensamientos, como orientan los proponentes de la nueva era, los maestros del declárelo y reclámelo nos dicen que podemos utilizar el «poder de la fe» para crear nuestra propia realidad o conseguir lo que queremos. En el fondo, la fe se ha redefinido desde «una confianza en un Dios santo y soberano a pesar de nuestras circunstancias» hasta «una manera de controlar a Dios para darnos lo que queremos». La fe se convierte en una fuerza que nos permita conseguir lo que queremos, en lugar de una inquebrantable confianza en Dios, incluso en tiempos de tribulaciones y sufrimientos.

Hay muchas áreas donde el declárelo y reclámelo se desvía del cristianismo bíblico. La enseñanza realmente exalta al hombre y su «fe» por encima de Dios. De hecho, muchos de los más extremos maestros de la palabra de fe enseñan que el hombre fue creado en términos de igualdad con Dios y que el hombre es de la misma categoría a la de Dios mismo. Esta peligrosa y herética enseñanza niega los principios básicos del cristianismo bíblico, razón por la cual los extremos promotores de la enseñanza del declárelo y reclámelo deben ser considerados como de una secta y no verdaderamente cristianos.

Tanto las sectas de la metafísicas y la enseñanza de declárelo y reclámelo distorsionan la verdad y abrazan la falsa enseñanza de que nuestros pensamientos controlan la realidad. Ya se trate del poder del pensamiento positivo, o el evangelio de la prosperidad, la premisa es la misma: lo que usted piense o crea que sucederá, en definitiva es lo que controla lo que va a suceder. Si usted tiene pensamientos negativos o carece de fe, va a sufrir o no va a obtener lo que desea. Pero por otro lado, si usted tiene pensamientos positivos, o simplemente tiene «suficiente fe», entonces usted puede tener salud, riqueza y felicidad ahora. Esta falsa enseñanza resulta atractiva a uno de los instintos más básicos del hombre, que es una de las razones por las cuales es muy popular.

Mientras que el evangelio de la prosperidad y la idea de controlar el futuro de alguien con sus pensamientos o su fe es atractiva para el hombre pecador, es insultante para un Dios soberano que se ha revelado a si mismo en las escrituras. En lugar de reconocer el poder soberano absoluto de Dios como se revela en la biblia, los seguidores del declárelo y reclámelo, abrazan a un dios falso que no puede operar independientemente de su fe. Presentan un punto de vista falso de Dios al enseñar que Él quiere bendecirlo con salud, riqueza y felicidad, pero que no puede hacerlo a menos que USTED tenga suficiente fe. Por lo tanto, Dios ya no está en el control, sino el hombre. Por supuesto, esto es totalmente la antítesis de lo que enseñan las escrituras. Dios no depende de la «fe» del hombre para actuar. En las escrituras vemos a Dios bendiciendo a quien Él elige para bendecir y sanando a quien Él elige para sanar.

Otro problema con la enseñanza de declárelo y reclámelo, es que fracasa al no reconocer que Jesús mismo es el mejor tesoro por el que vale la pena sacrificarlo todo (Mateo 13:44), y en su lugar ve a Jesús como poco más que una forma de conseguir lo que ahora queremos. El mensaje de Jesús para un cristiano es «niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?» (Mateo 16:24-26). Contraste eso con el mensaje del evangelio de la prosperidad. En lugar de ser un mensaje de abnegación, el evangelio de la prosperidad es un mensaje de auto-satisfacción. Su objetivo no es parecerse cada vez más a Cristo a través del sacrificio, sino en tener que lo que queremos aquí y ahora, contradiciendo claramente las palabras de nuestro Salvador.

La biblia enseña que «todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución» (2 Timoteo 3:12), pero la enseñanza de declárelo y reclámelo es que cualquier sufrimiento por el que atravesemos es simplemente el resultado de una falta de fe. El evangelio de la prosperidad está completamente centrado en conseguir las cosas que el mundo nos ofrece, pero 1 Juan 2:15 nos dice que no debemos «amar al mundo, ni las cosas que están en el mundo» y, de hecho, las personas con una debilidad por las cosas del mundo, se convierten en enemigos de Dios (Santiago 4:4). El mensaje del evangelio de la prosperidad simplemente no puede ser más opuesto a lo que la biblia realmente enseña.

En su libro Su Mejor Vida Ahora, el maestro de la prosperidad Joel Osteen dice que la clave para una vida más gratificante, una mejor casa, un matrimonio más fuerte y un mejor trabajo, se encuentra en un «simple pero profundo proceso para cambiar la forma de pensar acerca de su vida y le ayuda a lograr lo que es verdaderamente importante». Qué tan diferente es eso de la verdad bíblica, de que esta vida ahora no se compara con la vida por venir. El mensaje del evangelio de la prosperidad se centra alrededor de los «tesoros» o cosas buenas que queremos y podemos tener ahora, mientras que Jesús dijo, «No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón» (Mateo 6:19-21).

Jesús no vino a darnos la salud, riqueza y felicidad ahora. Él vino a salvarnos de nuestros pecados, para que podamos tener una eternidad feliz con Él. Seguir a Cristo no es un medio para obtener todas las cosas materiales que el hombre desea en esta vida, sino la única forma de experimentar lo que es verdaderamente la vida, y hacerlo por toda la eternidad. Nuestro deseo no debe ser el tener nuestra mejor vida ahora, sino el tener la actitud del apóstol Pablo, que había aprendido a estar contento «cualquiera que fuera su situación» (Filipenses 4:11).

El factor miedo

Serie: Un mundo nuevo y desafiante

El factor miedo
Por Keith A. Mathison

Nota del editor:Este es el séptimo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Un mundo nuevo y desafiante

Cuando me mudé al centro de Florida en 1992, me dijeron que esta parte del estado no había sido golpeada directamente por un huracán desde los años cincuenta. En ocasiones nos golpearon los bordes exteriores de algunos huracanes y tormentas tropicales, pero nada importante. Todo eso cambió en 2004, cuando esta pequeña parte del estado fue golpeada, no por uno, sino por tres fuertes huracanes en el corto espacio de seis semanas. El huracán Charley nos golpeó la noche del 13 de agosto. Tres semanas después nos golpeó el huracán Frances. Tres semanas después nos golpeó el huracán Jeanne. No fue un tiempo agradable para vivir en esta parte de Florida.

Hubo un efecto secundario en esa temporada de huracanes de 2004 que quizás debí anticipar, pero no lo hice. Tiene que ver con el efecto que tendría en nuestros meteorólogos locales. Al acercarse la temporada de huracanes de 2005, algunos de ellos enloquecieron. Si se me permite un poco de hipérbole, el informe meteorológico típico de ese año podría parafrasearse así: «Se ha formado una depresión tropical frente a la costa de África. Es probable que se convierta en un gran huracán. Probablemente va a golpearnos y probablemente todos vamos a morir». Ellos parecían tener un objetivo: crear un estado perpetuo de miedo y ansiedad. Dejé de verlos después de unas semanas y le pedí a mi esposa que solo me dijera si era necesario tapar las ventanas o evacuar.

Quienes hayan visto o leído las noticias en los últimos años probablemente hayan notado esta tendencia, independientemente del lugar donde se viva. Al ver las noticias lo suficiente comienza a desarrollarse un monólogo en tu mente: «La economía se derrumbará pronto, obstaculizando nuestra guerra contra los terroristas que están a punto de atacarnos de nuevo. Lo único que puede detenerlos es una pandemia de gripe aviar, gripe porcina o la peste negra, pero esta pandemia solo afectará a aquellos de nosotros que no hayan sucumbido ya a los efectos nefastos del cambio climático. Quédate en sintonía para un informe sobre qué producto alimenticio popular ha demostrado producir cáncer en ratas de laboratorio y chimpancés».

¿Cómo podemos lidiar con toda esta paranoia, miedo y ansiedad inducidos por los medios de comunicación? Un ejemplo en la historia de la iglesia resulta instructivo. San Agustín (354-430) vivió en una época de gran temor y ansiedad. Su mundo cambió dramáticamente en el año 410 d. C. cuando el bárbaro Alarico I entró en Roma. Fue el principio del fin de la mitad occidental del Imperio romano. Mientras los refugiados huían al norte de África, trayendo todo tipo de informes nefastos, Agustín se vio obligado a lidiar con varios problemas, ya que muchos llegaron a culpar al cristianismo de la caída de Roma. Su obra clásica La ciudad de Dios fue escrita para responder a esa crisis. Una de mis citas favoritas de este libro se refiere al temor de sus lectores. Anima a los cristianos que están rodeados de peligros por todas partes, diciendo: «Entre los peligros diarios de esta vida, cada hombre en la tierra está amenazado de la misma manera por innumerables muertes, y no se sabe cuál de ellas le llegará. Y por eso la cuestión es si es mejor sufrir una al morir o temerlas todas al vivir» (libro 1, cap. 11). Estas son las palabras de alguien que confía en la soberanía de Dios. Agustín sabía que no tenía sentido vivir temiendo a todos los peligros que le rodeaban. Sabía que Dios tenía el control y que ni un solo cabello podía caer de su cabeza si no era por la voluntad de Dios.

El mundo tiene miedo y está ansioso, pero ese miedo y ansiedad es por las cosas equivocadas. El mundo tiene miedo por la economía. El mundo tiene miedo por las finanzas de las pensiones. El mundo teme las catástrofes naturales y las provocadas por el hombre. El mundo tiene miedo del terrorismo y de las enfermedades. Sin embargo, el mundo no teme a Dios. Jesús nos dijo que no debemos temer a los que pueden matar el cuerpo, pero que no pueden matar el alma. En cambio, debemos temer a Dios, que puede destruir ambas cosas (Mt 10:28). La ira de Dios hace que todos los demás objetos de los temores del mundo parezcan nada en comparación. Lo verdaderamente aterrador es caer en las manos del Dios vivo (He 10:31).

Sin embargo, quienes han puesto su fe en Jesucristo no tienen nada que temer del hombre ni de cualquier otra cosa. Los que confían en Cristo no tienen nada que temer de los huracanes, las enfermedades, el colapso económico, la guerra, el hambre o incluso la muerte. Todas estas cosas están bajo el control de nuestro Padre soberano en el cielo. Por supuesto, decir esto es muy fácil, pero con demasiada facilidad quitamos nuestros ojos de Dios y solo vemos los peligros que nos rodean.

¿Hay algo que podamos hacer para combatir esta ansiedad y miedo mundanos? Creo que Pablo nos da una pista importante al contrastar el miedo con la oración. Él escribe: «Por nada estén afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús» (Fil 4:6-7). Descuidar la oración casi siempre se traduce en el aumento de nuestro miedo y ansiedad. Esto no es coincidencia. La oración es un acto de fe en Dios, y la fe en Dios conduce a la paz de Dios.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Keith A. Mathison
El Dr. Keith A. Mathison es profesor de teología sistemática en Reformation Bible College en Sanford, Florida. Es autor de varios libros, entre ellos The Lord’s Supper: Answers to Common Questions [La Cena del Señor: respuestas a preguntas comunes].

El orgullo me había impedido arrepentirme

Lunes 19 Septiembre
¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?
Romanos 2:4
El orgullo me había impedido arrepentirme
Testimonio
“En mi infancia tuve una instrucción cristiana. Aparentaba ser un cristiano, incluso a los ojos de los creyentes. No me daba pena decir a mis amigos que yo era un cristiano evangélico; sin embargo, estaba perdido, lejos de Dios. A menudo, en la noche, tenía pesadillas que me aterrorizaban. La eternidad sin Dios me asustaba, porque yo sabía que era un pecador ante él y que él no llevaría pecadores al cielo. Con frecuencia reflexionaba sobre el sentido de la vida y llegaba a la conclusión de que yo llevaba una vida inútil. Y me decía: “¿De qué sirve esta vida? No tiene sentido porque todo pasa”. Nunca había tomado una decisión firme en mi corazón, pero la necesidad de creer en Cristo crecía en mí.

Y fue así como una tarde, después de haber escuchado una vez más la invitación a aceptar a Jesucristo como mi Salvador personal, convencido de ser un pecador, me arrepentí de mis pecados y creí en Cristo. Reconocí mis pecados y pedí perdón a Dios, rogándole que hiciera de mí su hijo. El orgullo que durante años me había impedido arrepentirme de mis pecados y humillarme delante de Dios fue vencido con su ayuda. Al instante sentí que un peso era quitado de mis espaldas; el gozo y la paz llenaron mi corazón; gustaba la bondad de Dios. A partir de ese momento estuve seguro de ser salvo.

Así comenzó mi vida en Cristo. El Señor estaba conmigo, fortaleciéndome en la fe”.

Giacinto B
Jeremías 50:1-20 – 2 Corintios 8 – Salmo 106:19-23 – Proverbios 23:22

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Palabras del evangelio: Ora a tu Padre (4)

Domingo 18 Septiembre
Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará.
Mateo 6:6
Palabras del evangelio: Ora a tu Padre (4)
Antes de subir al cielo, Jesús reveló a sus discípulos la relación nueva y maravillosa que ellos tenían ahora con Dios, basada en Su obra cumplida en la cruz. “Subo a mi Padre y a vuestro Padre” (Juan 20:17). Hechos hijos de Dios, podemos dirigirnos a él sin temor, con la certeza de ser escuchados.

“Ora a tu Padre”. Dejémonos tocar por esta palabra de Jesús. Él no nos dice: “Oren a Dios”, ni siquiera: “Ora a tu Dios”, sino: “Ora a tu Padre”. Para esto es necesario apartarnos, cerrar la puerta por un momento sobre nuestras vidas agitadas. Para uno será poner un poco a un lado su actividad profesional; para otro, apagar su teléfono móvil o su computador; y para cada uno, cerrar la puerta a los pensamientos que lo agitan.

Cerrar mi puerta para encontrar a mi Padre que está en lo privado. Él ve lo más profundo de mi corazón, mis heridas ocultas, mis penas, mis gritos silenciosos, y su mirada es una mirada de amor. La confianza en el amor de mi Padre es la base de toda oración.

Orar en lo secreto es orar con verdad, sin querer interpretar un personaje, pero pidiendo a Dios que nos dé la gracia de la humildad, del temor y de la confianza en su compañía.

“Y tu Padre… te recompensará”. Las recompensas de Dios a nuestras oraciones son innumerables. Cuando oramos, el Espíritu Santo nos comunica una paz profunda. En su presencia, nuestros miedos y nuestras lágrimas desaparecen para dar lugar al gozo de ser amados por nuestro Padre que está en los cielos.

Jeremías 49:23-39 – 2 Corintios 7 – Salmo 106:13-18 – Proverbios 23:19-21

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IDEOLOGÍA DE GENERÓ

Agustín Laje
Nació en la ciudad de Córdoba (Argentina) el 16 de enero de 1989. Desde muy joven comenzó a interesarse por las ideas políticas, convirtiéndose en columnista de importantes medios nacionales con solo 18 años. Es autor de los libros Losmitos setentistas (2011), Cuando el relato es una Farsa (2013) y su último trabajo se llama El libro negro de la Nueva Izquierda (2016), en coautoría con Nicolás Márquez. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Católica de Córdoba. Además, estudió contraterrorismo y combate contra el crimen organizado en el Center of Hemispheric Defense Studies, de la National Defense University en Washington DC. En 2020, se tituló como Máster en filosofía por la Universidad de Navarra. Ha sido premiado tanto en Argentina como en el extranjero numerosas veces.

Actualmente dirige el think tank «Fundación LIBRE». Sus columnas han sido publicadas en medios locales, nacionales e internacionales. Actualmente es columnista de La Gaceta de la Iberósfera, El American, PanamPost, AltMedia y El Liberal de España. Sus ensayos de filosofía política han sido premiados cinco años consecutivos en México por Caminos de la Libertad. Ha brindado conferencias en distintos países, tales como Uruguay, Argentina, Chile, Perú, Paraguay, Ecuador, Bolivia, México, El Salvador, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Guatemala, Puerto Rico, Estados Unidos y España.

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¿Quién fundó la iglesia de Cristo? ¿Jesucristo o los apóstoles?

Por: David Logacho

La palabra “iglesia” es la traducción de la palabra griega “ekklesía”, la cual significa “llamado afuera”. El significado de este término, tal como se utiliza en el Nuevo Testamento es doble. Se refiere a aquellos que son llamados afuera de entre las naciones como un pueblo para su nombre, los cuales constituyen “la iglesia” el cuerpo de Cristo.

En este sentido, es un organismo. También se refiere a aquellos que son llamados afuera de alguna determinada comunidad. Para poner en práctica los principios y preceptos de Cristo que aparecen en el Nuevo Testamento. Como un cuerpo de cristianos, en este sentido es una organización.

En cuanto a la iglesia como organismo, se le conoce como el cuerpo místico de Cristo. Del cual Él es la cabeza viviente y los creyentes regenerados son los miembros. El Nuevo Testamento describe a este cuerpo místico de Cristo a través de siete figuras, una de las cuales tiene que ver con lo que fue motivo de su consulta.

La figura del templo de Dios. Hablando de todos los creyentes, note lo que dice Efesios 2:20-22. “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas. siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”

Según este pasaje bíblico, la iglesia de Cristo se describe como un templo para Dios. Este templo fué edificado sobre el fundamento de los apóstoles y profetas. Esto se refiere a los apóstoles y profetas del Nuevo Testamento, no se puede referir a los profetas del Antiguo Testamento. Porque a ellos no se les reveló absolutamente nada sobre la iglesia de Cristo. El texto no está diciendo que el fundamento de ese templo para Dios son los apóstoles y profetas. Lo que los apóstoles y profetas hicieron fue solamente poner el fundamento del templo para Dios.

El fundamento del templo para Dios es Jesucristo. Note lo que dice Pablo en 1 Corintios 3:11 hablando de los creyentes como templo o edificio para Dios. “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo”. Los apóstoles y profetas del Nuevo Testamento pusieron el fundamento que es Jesucristo por medio de enseñar sobre la persona y obra de Jesucristo.

Cuando Pedro confesó que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Jesús anunció que su iglesia se edificaría sobre esa roca, es decir sobre la solemne verdad que Jesús es el ungido de Dios y el único Hijo de Dios. El fundamento de todo edificio se pone una sola vez. Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto por los apóstoles y profetas, el cual es Jesucristo. Pero Jesucristo no sólo es el fundamento de este templo para Dios que es la iglesia de Cristo, Sino que también él es la principal piedra del ángulo.

Esto significa que Jesucristo ocupa el lugar de preeminencia en todo lo que es la iglesia de Cristo. Por el hecho que toda la estructura del edificio usa esta piedra como referencia, esta piedra reviste capital importancia para el edificio. Viene a ser así una figura apropiada de lo que es Jesucristo para su iglesia.

De modo que, el fundador y el fundamento de la iglesia de Cristo es Cristo mismo. Los apóstoles y profetas del Nuevo Testamento fueron los encargados de colocar este fundamento y una vez colocado nadie puede cambiarlo.

¡Tú no eres mi jefe!

Sábado 17 Septiembre
No sois vuestros… Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo.
1 Corintios 6:19-20
(El siervo hebreo dice:) Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos, no saldré libre.
Éxodo 21:5
¡Tú no eres mi jefe!
¿Ha oído a un adolescente decir: Tú no eres mi jefe? ¡No solo los adolescentes detestan que les den órdenes! En algunas ocasiones esta reacción es sana porque siempre existe el riesgo de inclinarse servilmente delante de los que quieren dominar. Pero a menudo ella traduce el rechazo a la autoridad, y este es uno de los defectos del corazón orgulloso del hombre, desde la transgresión del mandato de Dios en el huerto del Edén.

“Tú no eres mi jefe”. Sin formularlo explícitamente, ¿no es, en el fondo, lo que decimos al Señor Jesús cuando lo excluimos de ciertas esferas de nuestra vida? Sin embargo, él es nuestro Señor, el Señor de toda nuestra vida.

La actitud del siervo en el libro del Éxodo (versículo citado en el encabezamiento) nos muestra cómo la sumisión y la libertad pueden ir a la par en la vida del creyente: “Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos, no saldré libre”. ¿Qué hace libre al esclavo? El amor por su señor y por los suyos. Esta es exactamente la situación del creyente en sus relaciones con Dios y con Jesús, su Señor.

Cuanto más confiemos en Jesús, en su amor, en su perdón, más desearemos abrirle la puerta de nuestra vida. “Habéis obedecido de corazón”, escribió el apóstol Pablo a los romanos (Romanos 6:17). Su obediencia no era solo exterior, como cuando nos sometemos al Código civil, sino la respuesta de su corazón a Jesucristo, la respuesta de la fe. La verdadera obediencia cristiana es la libertad, ella trae reposo al alma.

Jeremías 49:1-22 – 2 Corintios 6 – Salmo 106:6-12 – Proverbios 23:17-18

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

«El SEÑOR es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré?…»(Sal. 27:).

SALMO 27
«El SEÑOR es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré?…»
(Sal. 27:).
Esperar es una virtud que muchas veces no es cultivada en el tiempo que vivimos. Vivimos en el tiempo de la comida rápida, de acceder a información en segundos, y de poder ir a otros continentes en pocas horas. En este momento que estamos enfrentado, la humani- dad ha sido llamada a esperar. Providencialmente el mundo se ha detenido y todos nuestros planes, metas y sueños se han detenido instantáneamente. En estos momentos somos llamados a poner en práctica nuestras creencias, a verdaderamente tener una absoluta confianza en Dios y aprender a esperar en Él, porque sabemos que Él es bueno.

Hay diferentes opiniones de cuándo escribió este salmo David. Lo que es claro en el mismo es que David muestra la respuesta piadosa de una persona que conf ía en Dios en momentos de dificultad. Este salmo nos debe ayudar tanto a prepararnos para el tiempo difícil, como para sostenernos en el tiempo difícil, ya que comparte ver- dades sobre quién es Dios y que su cercanía es nuestro sostén en tiempos devastadores.
David comienza alabando a Dios por su obra redentora:
El SEÑOR es mi luz y mi salvación: ¿a quién temeré?
El SEÑOR es el baluarte de mi vida: ¿quién podrá amedrentarme? (v. 1).
En estos momentos es importante que recordemos que Dios nos ha salvado. Nos ha salvado del pecado, de sus consecuencias y he- mos sido librados de la mayor demostración de Su ira. Básicamente sí, Dios nos ha salvado, y no tememos porque al que debemos de temer está de nuestra parte. Esta verdad debe ser suficiente para nosotros, calmar nuestras almas para dar paz y traer consuelo; Aquel que debemos temer es Aquel que nos salva.
Y eso lleva al creyente a desear la cercanía de Dios. Ya no tenemos que temer al que debemos temer, pero algo más increíble es que podemos acercarnos a Él. No es que solamente me libre de Él, sino

que con un corazón lleno de fe podemos pedirle Su cercanía:
Una sola cosa le pido al Señor,
y es lo único que persigo:
habitar en la casa del Señor
todos los días de mi vida,
para contemplar la hermosura del Señor y recrearme en su templo.
Porque en el día de la aflicción
él me resguardará en su morada;
al amparo de su tabernáculo me protegerá,
y me pondrá en alto, sobre una roca (vv. 4-5).
El comienzo del versículo 4 siempre me sorprende, David pudo pedir muchas cosas y pidió una sola: estar en la casa del Señor. Él sabe que el lugar de protección es estando en la cercanía de Dios. En medio de este tiempo de espera, los animo a cultivar intimidad con Dios, sin olvidar que el templo del Señor se manifiesta en su expresión máxima en la tierra cuando todos juntos nos reunimos presencialmente como Iglesia.
En este tiempo de angustia clamamos y pedimos a Dios que nos permita prontamente estar como Iglesia juntos, porque donde está Su pueblo ahí Dios habita.
Al final, el salmista termina reconociendo que sin la cercanía de Dios no hubiera podido continuar:

Pero de una cosa estoy seguro: he de ver la bondad del SEÑOR en esta tierra de los vivientes. Pon tu esperanza en el SEÑOR; ten valor, cobra ánimo;
¡pon tu esperanza en el SEÑOR! (vv. 13-14).
Por eso esperamos, en este tiempo donde estamos aislados, donde parece que el enemigo se está adelantando, esperamos en el momento que estemos junto al pueblo de Dios con Aquel que nos salvó. Solo esperamos por medio de Jesús, porque sin Cristo en lugar de salvación y esperanza, tendríamos juicio y desanimo.

Comprometer la verdad y la práctica

Comprometer la verdad y la práctica
Por Walter J Chantry

Nota del editor:Este es el sexto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Un mundo nuevo y desafiante

Justo antes de que Jesús fuera llevado al cielo, dijo a Sus discípulos: «recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes; y serán Mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra» (Hch 1:8). Dar testimonio de quién es Jesús y de lo que enseñó debía ser transcultural. A medida que Sus discípulos se enfrentaban a nuevos cambios sociales y culturales, se esperaba que se aferraran a la verdad y a la justicia para ser luces brillantes de Su reino en todo el mundo.

Hoy en día se están produciendo cambios rápidos en el mundo en el que debemos llevar a cabo la gran comisión. El mundo sigue marcado por hombres «amadores de sí mismos», «avaros» o «amadores de los placeres en vez de amadores de Dios» (2 Ti 3). Estas tendencias de la naturaleza humana caída descubren constantemente nuevas formas de manifestarse en cada sociedad de la tierra. Sigue habiendo una necesidad crítica de que los testigos de Jesús sean contraculturales allí donde abunda el pecado.

Los cambios sociales en los Estados Unidos son tan rápidos que pocos son conscientes de las presiones radicales que sufren los cristianos y sus iglesias. En los últimos cincuenta años, incluso el sentido de pertenencia a una comunidad ha desaparecido en gran medida. El atractivo de las zonas rurales atrae a los cristianos a querer criar a sus familias en lugares donde se pueden construir casas bonitas cerca de campos y arroyos. Pero sus trabajos se encuentran en lugares que a veces están a horas de distancia de esos hogares. Al mismo tiempo, puede haber una «buena» iglesia a una hora o más de viaje en una dirección diferente a la del lugar de trabajo.

Dado que a menudo no se planifican de antemano las consecuencias, hay muchos menos creyentes que pueden asistir a los servicios de culto de la iglesia de forma regular. Hacerlo simplemente exigiría más horas de viaje que de reunión con los santos. Las iglesias cancelan las reuniones de oración porque hoy en día es poco práctico para la mayoría asistir. Así, en lugar de dos o tres sesiones en las que se enseña la Palabra de Dios, el número se reduce a una por semana. Esto ocurre en un momento en que necesitamos más predicación, no menos. Al mismo tiempo, los niños están siendo entrenados por la experiencia y el ejemplo de los padres de que ir a la iglesia durante más o menos una hora a la semana es normal.

Algunos complementan su dieta espiritual escuchando a su(s) predicador(es) favorito(s) en CD, iPod o en línea. Su intercambio de ideas con otros creyentes es frecuentemente en blogs o a través de otros contactos informáticos sin rostro. Estos hábitos están sustituyendo a veces el «congregarnos» (He 10:25) como manda la Escritura. Pero las transmisiones electrónicas no pueden duplicar la presencia del Espíritu Santo en una congregación de santos. Además, hay un descuido de aspectos importantes del cuidado pastoral y de las exhortaciones.

Este aislamiento y la falta de presencia en la propia comunidad no era habitual hace cincuenta años. Es más difícil ser testigos con una vida que transcurre en un hogar que es poco más que un dormitorio y una sala de ordenadores con, quizás, una sala de escuela unifamiliar, al tiempo que se pasan incontables horas en la autopista yendo de aquí para allá.

Otro cambio, del que muchos no son conscientes pero que nos presiona, es la variedad inmensa de enseñanzas dentro de los círculos evangélicos. Debido a que los cristianos enseñan varias doctrinas, a menudo se piensa que es de poca importancia el conjunto de doctrinas que creemos. Deseando la unidad entre el número cada vez menor de cristianos en nuestra nación, no deseamos discutir las enseñanzas conflictivas entre «nosotros». Es bastante satisfactorio engrosar nuestros números siendo muy inclusivos. Con esta actitud de tolerancia, las mismas doctrinas preciosas que hemos afirmado mantener han sido a menudo abandonadas.

El catolicismo romano ha afirmado durante mucho tiempo que sigue otras autoridades además de las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento. Por el contrario, el protestantismo en los días de la Reforma plantó una bandera inscrita con «la Escritura sola». Es esencial para la naturaleza misma de nuestra herencia protestante que cada artículo de fe y conducta cristiana debe establecerse sobre la base de la enseñanza de la Escritura. 2 Timoteo 3:17 enseña que la Escritura hace al hombre de Dios «perfecto, equipado para toda buena obra». Esta piedra fundamental del pensamiento protestante fue proclamada valientemente por Martín Lutero en las famosas palabras: «Mi conciencia está cautiva de la Palabra de Dios». Sin embargo, hoy en día, aunque numerosos cristianos carismáticos sostienen fuentes de revelación distintas de la Biblia, y sin embargo se declaran protestantes o incluso protestantes reformados, muchos los aceptan como si «la Escritura sola» fuera un elemento no esencial de nuestra teología.

Otra teología, desarrollada siglos después de la Reforma, es el «dispensacionalismo». Durante sus enfrentamientos con Roma en el siglo XVI, los reformadores insistieron en que la salvación llega a los pecadores caídos solo por la fe en Cristo. Con el advenimiento del dispensacionalismo, algunos evangélicos empezaron a enseñar que en otras épocas de la historia se ofrecía una forma diferente de salvación, basada en las obras y no centrada en Cristo. Muchos hoy en día incluso enseñan que los judíos pueden ser salvos sin la fe en Cristo o sin el bautismo en Su iglesia, y que el camino de la salvación solo por la fe en Cristo es solo para los gentiles. Sin embargo, una vez más, hay acuerdo con aquellos que sostienen tales enseñanzas y se llaman a sí mismos reformados o protestantes a pesar de que estas enseñanzas son ajenas a la Reforma. ¿Es esta una cuestión menor que hay que dejar de lado para que podamos tener una mayor comunión y cooperación cristiana?

Empezamos a preguntarnos cuáles son los principios que definen la tradición reformada. ¿Cuáles son las cuestiones vitales de las que damos testimonio?

Las iglesias no solo están perdiendo su testimonio al adaptarse a las nuevas tendencias entre los «evangélicos». También se están transformando en conformidad con el mundo. Nada menos que el orden de la iglesia está siendo reestructurado para complacer la voz cada vez más insistente del feminismo. Pero el apóstol dijo: «Yo no permito que la mujer enseñe ni ejerza autoridad sobre el hombre» (1 Ti 2:12). Las grandes denominaciones «reformadas» están haciendo ahora a las mujeres «diáconos», como hicieron los liberales hace años. Cuando estos cambios han ocurrido dentro de las iglesias en el pasado, lo siguiente siempre ha sido la aceptación de las mujeres como ancianas.

Cuando las actitudes seculares tienen tanta importancia para la Iglesia reformada en Europa y Norteamérica, aquellos con actitudes positivas hacia la homosexualidad comienzan a presionar a la iglesia también. El patrón es primero callar sobre Génesis 19, Romanos 1 y 1 Corintios 6. Después de todo, todavía hay mucho de la Biblia para enseñar, así que ¿por qué no dejar de lado las notas que suenan allí? ¿Habrá quien dé un testimonio a los homosexuales para su verdadero bien? ¿O también habrá un acobardamiento ante la demanda de nuestra sociedad sobre este tema?

Hay un cambio constante dentro y alrededor de las iglesias. Se produjeron grandes cambios entre los años 1875-1930, cuando el liberalismo devoró grandes sectores de las iglesias que antes eran reformadas. Desde 1950 hasta el presente hubo un reavivamiento en la enseñanza de la Escritura sola, Cristo solo, la fe sola, la gracia sola y a Dios solo la gloria. ¿Seguirá siendo esta nuestra postura? Ya se han hecho concesiones.

¿Qué nos deparará el futuro? ¿Seremos testigos? ¿Cuánto de la persona, la obra y las enseñanzas de Jesús es vital para nosotros? ¿Y para nuestra iglesia?

«Si el mundo los odia, sepan que me ha odiado a Mí antes que a ustedes. Si ustedes fueran del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero como no son del mundo, sino que Yo los escogí de entre el mundo, por eso el mundo los odia» (Jn 15:18-19). Y a veces también las iglesias desprecian nuestra postura.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Walter J Chantry
El reverendo Walter J. Chantry fue pastor de Grace Baptist Church en Carlisle, Pensilvania, durante treinta y nueve años. Más adelante fue editor de la revista The Banner of Truth [Estandarte de la verdad] durante casi siete años.