Miércoles 20 Julio (Jesús dijo:) El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor. Marcos 10:43 Servíos por amor los unos a los otros. Gálatas 5:13 La grandeza de servir Mientras los discípulos discutían por saber quién de ellos ocuparía un lugar de honor en el reino de Dios, Jesús los invitó a acercarse a él y les dijo: “El que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:44-45). Amigos cristianos, solo acercándonos a Jesús podemos descubrir la verdadera grandeza ante Dios: la de servirnos unos a otros.
Hay grandeza en el hecho de servir porque es el amor en acción. Jesús ilustró esta grandeza moral lavando los pies de sus discípulos (Juan 13). Obrando así el Señor, el Maestro, tomó el lugar más humilde, el lugar asignado a los esclavos, e invitó a sus discípulos a hacer lo mismo. El gesto de Jesús es un gesto simbólico, un modelo de humildad, de amor, de servicio.
Nosotros somos llamados a servirnos unos a otros en amor, porque sirviendo a los demás servimos a Jesús mismo.
“Todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él… Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios. Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres… porque a Cristo el Señor servís” (Colosenses 3:17, 22-24).
“Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún” (Hebreos 6:10).
Por R.C. Sproul Por gracia, Dios ofrece la justicia de Cristo a todo aquel que pone su confianza en Él. Para aquellos que creen, todos aquellos que tienen fe en Él, el mérito de Cristo es imputado a su cuenta.
¿Excluye esto las buenas obras en la vida del creyente? De ninguna manera. Nuestra justificación siempre conduce a las buenas obras. Aunque no hay mérito alguno en nuestras obras, ni las de antes ni las de después de nuestra conversión, las buenas obras son un fruto necesario de la verdadera fe.
«¿Fruto necesario?». Sí, necesario. Las buenas obras no son necesarias para ganarnos nuestra justificación. Nunca son la base de nuestra justificación, sino que son necesarias en un sentido más estricto. Son consecuencias necesarias de la fe verdadera. Si una persona dice tener fe pero no da fruto alguno de obediencia, esto es evidencia clara de que su afirmación de tener fe es falsa. La fe verdadera produce fruto de manera inevitable y necesaria. La ausencia de fruto indica la ausencia de fe.
No somos justificados por el fruto de nuestra fe. Somos justificados por el fruto de los méritos de Cristo. Recibimos Su mérito solo por la fe, pero es solo por la fe verdadera. Y toda fe verdadera produce fruto verdadero.
Coram Deo: vivir delante del rostro de Dios Examina tu fe y tu fruto espiritual en oración.
Para estudiar más a fondo Gálatas 5:22-25
Publicado originalmente en el Blog de Ligonier Ministries. Cómo aprender las leyes de Dios
R.C. Sproul El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida y primer presidente de Reformation Bible College. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.
Lunes 18 Julio El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo. Romanos 8:16-17 La herencia Después de la revocación del Edicto de Nantes * en el año 1685, los protestantes fueron perseguidos y sus reuniones prohibidas. Pero ellos se reunían secretamente en los bosques, por la noche, confiados en la promesa hecha por Jesús a sus discípulos: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20). Como hermanos y hermanas, se reunían en torno a Cristo, su Salvador muerto y resucitado.
Una joven que iba a esas reuniones fue detenida por un soldado del rey: -¿A dónde vas tan tarde? La joven temía que, al decir la verdad, provocaría numerosos arrestos. Sin embargo, no quería mentir. – Mi hermano murió, respondió ella sin vacilar. Tenemos una reunión familiar y vamos a leer su testamento.
Ella pudo continuar su camino, pero a su regreso fue detenida nuevamente por el mismo soldado.
– Entonces, ¿tu hermano fue generoso contigo?
– Sí, me dio todo.
El Nuevo Testamento (segunda parte de la Biblia) leído en esa reunión le recordó que el Hijo de Dios vino a la tierra y dio su vida por ella. La joven creía esta buena noticia y se había convertido en una hija de Dios, según la promesa hecha al comienzo del evangelio de Juan: “A todos los que le recibieron (a Jesús como Salvador), a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). Y si somos hijos de Dios, también somos… herederos de Dios y coherederos con Cristo.
El Edicto de Nantes firmado en 1598 autorizaba la libertad de conciencia y de culto en Francia.
¡Señor Jesús! Ninguna mente humana puede concebir o inventar el evangelio. Actuando en eterna gracia, Tú eres tanto Tu mensajero y Tu mensaje, viniste a la tierra por compasión infinita, viviste para ser insultado, herido, muerto, a fin de que yo pueda ser redimido, rescatado, liberado. ¡Bendito seas Tú, oh Padre!, por providenciar este camino, Gracias a Ti por siempre, ¡Oh Cordero de Dios!, por abrir este camino, ¡Alabanza perpetúa a Ti, Santo Espíritu!, por aplicar este camino a mí corazón, Gloriosa Trinidad, imprime el evangelio en mi alma, hasta que su virtud alcance todas mis facultades; que él sea oído, reconocido, sentido profesado. Enséñame a dar cobijo a esta poderosa bendición; Ayúdame a abandonar los pecados que más atesoro, a presentar mi corazón y vida a Su mando, a tener en Él mi voluntad, controlando mis afectos, moldeando mi entendimiento; siguiendo de cerca las reglas de la verdadera religión, a no separarme de ellos, en ningún caso. Llévame a la cruz para buscar la gloria de su infamia; Líbrame de congratularme por la supuesta justicia de mis propias acciones. ¡Oh misericordioso! Te he descuidado a Ti durante tanto tiempo, frecuentemente Te crucifique, Te crucifique a Ti varias veces por mi impenitencia. Te agradezco por la paciencia que Tu utilizas conmigo durante tanto tiempo, y por la gracia que ahora me haz dispuesto a ser tuyo. Úneme a Ti con lazos inseparables, que nada me separe de Ti jamás, mi Señor, mi Salvador.
Domingo 17 Julio Lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Romanos 1:19-20 Discernir lo invisible Dios es invisible, está por encima de todo, habita “en luz inaccesible”. Sin embargo:
– Dios se manifestó. Él quiso que cada ser humano pudiera tener un conocimiento inmediato de él. El primer testimonio que nos dio es el mundo que nos rodea. Desde el comienzo de la humanidad, cada uno es interpelado por las maravillas de la naturaleza creada.
– Las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad: su poder no se ve, está como escondido más allá de la materia y del tiempo. De la divinidad del Creador no hay nada visible, él está totalmente por encima de nosotros. No vemos sus caracteres, sin embargo, Dios nos ha dado la capacidad de percibirlos.
– Se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas. Incluso un niño pregunta quién hizo el mundo. Es un punto ineludible en nuestro pensamiento. Lo que existe proviene de alguna cosa, nada se hace solo. Así, mediante la reflexión, puedo pensar en el poder de Dios, en su eternidad.
– Los hombres son inexcusables. Nadie tiene excusa para no buscar, honrar y agradecer a Dios, pues él nos ha dado una conciencia. Sin embargo, los hombres cambiaron este primer pensamiento de Dios por toda clase de representaciones. Por ejemplo, el hombre moderno pretende reducir a Dios a la materia y a la energía, por así decirlo. Pero Dios continúa hablándonos por medio de la naturaleza y de muchas otras maneras.
Un libro del Nuevo Testamento que hace un hincapié particular en la asombrosa gracia soberana de Dios es la carta de Pablo a los Romanos. Según Pablo, esta gracia hace que tanto judíos como gentiles sean coherederos del reino de Dios con el fiel Abraham (Rom. 4:16). Establece paz entre Dios y los pecadores, quienes son sus enemigos (Rom. 5:2). Solo esta gracia es más fuerte que las fuerzas del pecado, trayendo libertad genuina y duradera del dominio del pecado (Rom. 5:20-21; 6:14). La gracia divina equipa a los hombres y mujeres cristianos con dones variados para servir en la iglesia de Dios (Rom. 12:6). Esta gracia en última instancia va a conquistar a la muerte y es el presagio seguro de vida eterna para todos los que la reciben (Rom. 5:20-21), porque es una gracia que data de antes de la creación del tiempo y, sin respetar el mérito humano, elige hombres y mujeres para la salvación (Rom. 11:5-6).
Esta idea de que la salvación se debe totalmente a la gracia de Dios es el tema central no solo en Romanos sino también en todas las epístolas de Pablo. Por ejemplo, Pablo comienza su carta a los Filipenses con una oración por la Iglesia en la que dice: “el que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús” (1:6). “La simiente de Dios vendrá a la cosecha de Dios”, escribe Samuel Rutherford. La salvación no es ni nuestra ganancia ni nuestra obra. Es por eso que Pablo oraba con gozo y acción de gracias cada vez que recordaba los Filipenses. Si el hombre habría comenzado la obra de la salvación, la continuaría, y tendría que completarla, la alabanza de Pablo sería silenciada. Pero debido a que la salvación fluye de una obra divina que persiste día a día a pesar de las luchas y contratiempos del hombre, una obra que sin duda se perfeccionará en el gran día, todo es para alabanza de la gloria del Dios trino. Es por esto que Pablo da gracias a Dios por todas las doctrinas de la gracia, y es movido a gozo cada vez que piensa en los creyentes siendo atraídos a Cristo. Al aferrarnos a la gracia de Dios, nosotros, al igual que Pablo, podemos ser cristianos gozosos que victoriosamente confiesan: “Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” (Rom. 8:31).
La gracia nos llama (Gal. 1:15), nos regenera (Tito 3:5), nos justifica (Rom. 3:24), nos santifica (Heb. 13:20-21), y nos preserva (1 Pe. 1:3-5). Necesitamos de la gracia para ser perdonados, para volvernos a Dios, para sanar nuestros corazones rotos, y para fortalecernos en tiempos de problemas y de guerra espiritual. Solo mediante la gracia libre y soberana de Dios podemos tener una relación salvadora con Él. Solo a través de la gracia podemos ser llamados a la conversión (Ef. 2:8-10), la santidad (2 Pe. 3:18), el servicio (Fil. 2:12-13) o sufrimiento (2 Cor. 1:12).
La gracia soberana aplasta nuestro orgullo. Nos avergüenza y nos humilla. Queremos ser los sujetos, no los objetos, de la salvación. Queremos ser activos, no pasivos, en el proceso. Nos resistimos a la verdad de que Dios es el único autor y consumador de nuestra fe. Por naturaleza, nos rebelamos contra la gracia soberana, pero Dios sabe cómo romper nuestra rebelión y hace que seamos amigos de esta gran doctrina. Cuando Dios le enseña a los pecadores que su misma esencia está depravada, gracia soberana se convierte en la doctrina más alentadora posible.
Desde la elección hasta la glorificación, la gracia reina en espléndida soledad. Juan 1:16 dice que recibimos “gracia sobre gracia”, que literalmente significa “gracia frente a la gracia”. La gracia sigue a la gracia en nuestras vidas como las olas siguen unas a las otras hasta la orilla. La gracia es el principio divino por el cual Dios nos salva; es la provisión divina en la persona y obra de Jesucristo; es la prerrogativa divina que se manifiesta en la elección, el llamado, y la regeneración; y es el poder divino que nos permite abrazar libremente a Cristo para que podamos vivir, sufrir y hasta morir por su causa y ser conservado en Él por la eternidad.
Los calvinistas entienden que, sin la gracia soberana, todo el mundo se perdería para siempre. La salvación es completamente por gracia y es toda de Dios. Primero tiene que venir vida de Dios antes de que el pecador pueda levantarse de la tumba.
La gracia gratuita clama por tener expresión en la iglesia de hoy en día. Las decisiones humanas, manipulaciones de multitudes y llamados al altar no producirán convertidos genuinos. Solo el evangelio antiguo de la gracia soberana capturará y transformará a los pecadores por el poder de la Palabra y el Espíritu de Dios.
Publicado originalmente en Ligonier. Traducido por Markos Fehr. Dr. Joel R. Beeke es el presidente y profesor de teología sistemática y homilética en el Puritan Reformed Theological Seminary y un pastor en Heritage Netherlands Reformed Congregation en Grand Rapids, Mich.
Sábado 16 Julio Como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen… no solo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican. Romanos 1:28, 32 Decadencia del Imperio romano (2): La historia se repite Un científico británico del siglo 18, Edward Gibbon, estudió la historia de la decadencia y caída del Imperio romano y buscó sus causas. De su análisis extraemos las siguientes causas: el rápido aumento de los divorcios y con esto la destrucción del núcleo familiar; la sed de placeres, que llegó a ser demencial, con una práctica de deportes cada vez más sensacionales y brutales; el desarrollo gigantesco de los armamentos; la creencia, que llegó a ser un simple formalismo.
La actualidad de las conclusiones del historiador es impresionante. ¿Nuestra época no se distingue por los mismos caracteres que los del Imperio romano en su ocaso? ¿No anunciarán una rápida decadencia de nuestra civilización? Constantemente se oye hablar de crisis; por cierto, es la palabra que conviene.
Todas estas perturbaciones nos hablan del próximo retorno de Jesús. Él viene para buscar a los suyos; entonces, resucitará a los creyentes fallecidos y transformará a los vivos. Así escaparán a los terribles juicios que alcanzarán la tierra (véase 1 Tesalonicenses 1:9-10).
Muy afectuosamente quisiéramos formularle esta pregunta capital: ¿Usted formará parte de los que serán arrebatados en la venida de Cristo, por haber reconocido su estado pecaminoso y haber aceptado a Jesús como su Salvador? ¿O será usted dejado lejos de Dios, perdido para siempre? “El Señor está cerca” (Filipenses 4:5).
Dios le dijo a Isaías: «Ve, y di a este pueblo: «Escuchad bien, pero no entendáis; mirad bien, pero no comprendáis». Haz insensible el corazón de este pueblo, endurece sus oídos, y nubla sus ojos, no sea que vea con sus ojos, y oiga con sus oídos, y entienda con su corazón, y se arrepienta y sea curado» (Is 6:9-10).
Pablo explica este tipo de juicio en Romanos 1:28: «Y como ellos no tuvieron a bien reconocer a Dios, Dios los entregó a una mente depravada, para que hicieran las cosas que no convienen».
El peor castigo que puede caer sobre nosotros es que Dios nos entregue a nuestros pecados. Esto anticipa el veredicto de Dios en el juicio final: «Que el injusto siga haciendo injusticias, que el impuro siga siendo impuro» (Ap 22:11a).
Cada vez que se proclama la Palabra de Dios, cambia a todos los que están a su alcance. Nadie puede permanecer inafectado al oír la Palabra de Dios. Para aquellos que la escuchan de manera positiva, hay crecimiento en gracia. A los que la rechazan o son indiferentes a ella se le añaden callosidades a sus almas y sus corazones se endurecen. El ojo se va cerrando, el oído oye cada vez menos, y el misterio del reino es cada vez más oscuro. El que tiene oídos para oír, que oiga.
Coram Deo: vivir delante del rostro de Dios Pídele a Dios que abra tus oídos a Su voz, que despeje tus ojos espirituales y que te permita entender con el corazón.
Para estudiar más a fondo Isaías 6:9-10
Romanos 1:28
Publicado originalmente en el Blog de Ligonier Ministries. Cómo aprender las leyes de Dios R.C. Sproul El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida y primer presidente de Reformation Bible College. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.
Jueves 14 Julio Ve, fortalécete, y considera y mira lo que hagas. 1 Reyes 20:22 No temas… yo soy tu socorro, dice el Señor. Isaías 41:14 Declaración de los deberes de los hombres (2) “Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Deuteronomio 6:5). “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19:18). – “Yo (Jesús) os digo: Amad a vuestros enemigos… orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:44). – “Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no” (Mateo 5:37). – “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros” (Efesios 4:32). – “Cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido” (Efesios 5:33). – “Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Mateo 7:12). – “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:48).
Tal vez usted diga: -¡No vaya más lejos! Nunca lo lograré. ¡Puedo pensar que un mundo así, el que Dios quiso, sería hermoso, pero está más allá de mis fuerzas!
– Reconocerlo es dar el primer paso para entrar en ese mundo que usted sabe que es hermoso.
– No, ¡es imposible hacerlo solo!
– Tiene razón; entonces, tienda la mano a Jesús. Él nunca deja en la incertidumbre a quien confiesa su incapacidad para obedecer a Dios. Él escucha esta confesión; y si usted cree que Jesús murió por sus pecados y resucitó, él le responderá, lo perdonará y le dará la vida eterna. Mediante esta nueva vida, y debido a su amor, somos capaces y felices de obedecerle.
(continuará el próximo jueves) Números 24 – Lucas 4:16-44 – Salmo 83:9-18 – Proverbios 19:13-14
Existe un principio en el Nuevo Testamento que a menudo es descuidado. Yo lo llamo el principio de la «responsabilidad gradual». El principio lo enseñó Jesús en Lucas 12:48b: «A todo el que se le haya dado mucho, mucho se demandará de él».
Este dicho es parte de la parábola del mayordomo fiel. Enfatiza los términos del juicio con los que el señor de la parábola mide a sus siervos. El castigo impuesto es directamente proporcional al conocimiento previo de cada siervo:
Y aquel siervo que sabía la voluntad de su señor, y que no se preparó ni obró conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes;48 pero el que no la sabía, e hizo cosas que merecían castigo, será azotado poco (vv. 47-48a). Aquí vemos que el juicio y el castigo son impuestos de acuerdo al conocimiento y la acción. A mayor conocimiento, mayor responsabilidad.
Coram Deo: vivir delante del rostro de Dios ¿Eres un fiel mayordomo sobre todas las cosas que Dios te ha confiado?
Para estudiar más a fondo Lucas 12:47-48 – 1 Corintios 4:2
El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida y primer presidente de Reformation Bible College. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.