Domingo 8 Mayo Raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. 1 Timoteo 6:10 Éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias… Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó. Tito 3:3-5 Me sentía cansada y sin rumbo (1) Testimonio “Nací en China. Fui educada en el marxismo, pero no creía nada de lo que me enseñaban. Mi divisa era: “Solo se puede contar con uno mismo”. La vida no era fácil en China; todos los miembros de mi familia trabajaban duro, con la esperanza de tener un futuro mejor.
Cuando terminé mis estudios universitarios, conseguí un buen empleo. Para muchos, el dinero era lo más importante. Los ricos miraban a los pobres con desprecio, y los fuertes explotaban a los débiles. Un día me di cuenta de que me había vuelto como esos ricos. Entonces empecé a odiarme.
Me sentía cansada y sin rumbo. ¿Acaso la gente no podía vivir en paz, con corazones puros? ¿No podían amarse unos a otros? Esto era fácil de decir, pero se necesitaba una fuerza especial para poder llevarlo a cabo. ¡Yo no tenía esa fuerza! Me hacía preguntas sin hallar respuestas.
Mi marido y yo emigramos a Canadá en 2001. Allí tuvimos la suerte de conocer nuevos amigos, Jack y Carol. Me sentía muy bien con ellos, como si nos conociésemos desde siempre. Cuanto más nos acercábamos, más me sorprendían. ¡Vivían de forma tan sencilla y eran tan cariñosos! Podíamos ver la paz y la felicidad en sus rostros. ¿Cómo hacían para vivir así? Entonces quise conocer el secreto de esta paz y de esta felicidad”.
Cuando pasamos por periodos difíciles, quizás “escondamos” la cabeza esperando días mejores. Nadie desea los tiempos de prueba, sin embargo, Dios permite que pasemos por ellos para enseñarnos lecciones que no podríamos aprender de otra manera. Por ejemplo, ¿cómo podríamos ser consolados por él si nunca tuviésemos tristezas?
El Señor Jesús prometió a sus redimidos la paz que da el descanso de la conciencia (Juan 14:27), y también la paz que el corazón puede experimentar aceptando su voluntad, sea cual fuere. Confiando en el Señor podremos considerar cada día, fácil o difícil, como un nuevo regalo de su parte, una nueva ocasión para conocerlo como aquel que quiere compartir nuestras alegrías y tristezas. Detrás de cada circunstancia de nuestra vida, tratemos de ver la mano amorosa de Dios, y comprendamos su objetivo.
Jesús compara una de las actividades de su Padre respecto a sus hijos con el trabajo del viticultor que labra su viña (Juan 15:1-8). La poda puede ser dolorosa, pero su objetivo siempre es fortalecer la viña para que produzca más fruto. Dios no permite sufrimientos inútiles para sus hijos. Cada uno de ellos tiene su razón de ser, pues él “no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres” (Lamentaciones 3:33). ¡Él nos ama!
Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.
Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría
Nota del editor: Este es el tercer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: La ansiedad.
a ansiedad parece que va en aumento en el mundo hoy. Según una organización de salud: «Los tHan pasado casi dos años desde que alguien vino y me dijo: «Creo que tienes mucha ansiedad y ni siquiera lo sabes». Sonreí y pensé con orgullo: «¿De qué está hablando? No tengo ansiedad». Nunca nadie me había sugerido tal cosa. Me comprometí a considerar en oración la preocupación de esta persona. Aproximadamente un mes después, los ancianos de nuestra iglesia me concedieron un año sabático de emergencia. Esta persona tenía razón en ambos aspectos. Ciertamente estaba experimentando una gran cantidad de ansiedad, y ni siquiera lo sabía.
Descubrí que mi ansiedad no me había estado afectando a mí solamente. Debido a que influyó en la forma en que interactuaba con los demás, había afectado negativamente a los miembros de nuestro personal en diferentes grados. Pasé mucho tiempo disculpándome con ellos y pidiéndoles perdón. Todos mostraron gracia. Nunca lo olvidaré. Cuando mi año sabático llegó a su fin, ya no cuestioné si tenía ansiedad. En cambio, comencé a hacer una pregunta muy importante: «¿De dónde viene mi ansiedad?».
Sin duda, quería omitir esa pregunta. En el fondo, sabía que Jesús era la solución definitiva a mi ansiedad. Creía que Él podía destruir la ansiedad que me estaba destrozando, y quería que Su bola de demolición comenzara a obrar, pero ¿qué destruiría? Las cosas son muy diferentes hoy. Todavía lucho con la ansiedad de vez en cuando, pero soy consciente de ello cuando sucede y he aprendido cómo encontrar alivio a través de la fe en Cristo. Para cualquiera que desee afrontar la ansiedad, comprender la causa es una parte importante de la ecuación.
La ansiedad es difícil de definir. Involucra elementos de preocupación, nerviosismo, aprensión y miedo. A veces la ansiedad se experimenta sin ninguna razón discernible. A menudo, está conectada a la anticipación del peligro, la desgracia o la pérdida. Vemos mucho la ansiedad en la Biblia. El padre de Saúl se puso ansioso cuando no sabía dónde estaba Saúl (1 Sam 10:2). El salmista habla metafóricamente acerca de «[comer] el pan de afanosa labor» (Sal 127:2). Isaías tiene palabras para aquellos con un «corazón tímido» (Is 35:4). Daniel dijo que su espíritu estaba angustiado dentro de él (Dn 7:15). Marta estaba «preocupada y molesta por tantas cosas» (Lc 10:41). Incluso el apóstol Pablo experimentó ansiedad (2 Co 11:28). No debería sorprendernos, entonces que cuarenta millones de personas en los Estados Unidos solamente luchen con la ansiedad de manera regular. Todo el mundo ocasionalmente lucha con algún nivel de ansiedad; es inevitable.
En última instancia, la causa de la ansiedad es la caída de la humanidad. Cuando Adán y Eva comieron el fruto prohibido y sumergieron al mundo en el pecado y la miseria, la siguiente emoción que experimentaron fue miedo (Gn 3:10). El miedo, por supuesto, es uno de los elementos de la ansiedad. Una vez que la relación previamente perfecta entre Dios y el hombre había sido dañada, el sentido de seguridad y paz de Adán y Eva desapareció. No sabían lo que les deparaba el futuro. No sabían lo que Dios haría en respuesta a su pecado. Él había prometido que morirían si comían el fruto prohibido (2:17). Tal vez no sabían completamente lo que eso significaba. Sin embargo, por primera vez, tuvieron miedo. Estaban ansiosos. La caída es la causa principal de la ansiedad.
Así como se producen ondas cuando arrojas una roca a un estanque, hay una variedad de efectos relacionados con la ansiedad que fluyen de la caída. Podríamos llamar a estos efectos causas secundarias de la ansiedad. Los seres humanos caídos se ven afectados por estas causas secundarias de diferentes maneras y en diversos grados. Una causa secundaria de la ansiedad es el impacto de la caída en la bioquímica humana. En Estados Unidos, alrededor del 18% de personas luchan con la ansiedad debido a un desequilibrio químico en su cerebro. Tienen un trastorno de ansiedad clínicamente diagnosticado. La terapia y la medicación a menudo son necesarias.
Lamentablemente, los cristianos que se encuentran en tal situación a menudo son alentados a simplemente «orar más» o «leer más la Biblia». He sentido dolor junto con miembros de nuestra iglesia que se han sentido como ciudadanos de segunda clase debido a comentarios (bien intencionados) como estos. Por lo tanto, es muy importante reconocer la similitud entre los trastornos de ansiedad y otras condiciones médicas crónicas. El problema no es que el individuo no esté haciendo lo suficiente. El problema a veces está fuera de su control. Si no le diríamos a alguien que usa una silla de ruedas que «simplemente ore más», no deberíamos decirle esas cosas a alguien con un trastorno de ansiedad diagnosticado. Estas preciadas personas necesitan compasión e intervención médica, no clichés.
Otras causas secundarias que contribuyen a la ansiedad incluyen la personalidad, experiencias de vida y situaciones estresantes. Puede haber aspectos de tu personalidad dada por Dios que te hacen más propenso que otros a tener ansiedad. Tal vez tienes ansiedad por algo que te sucedió cuando eras más joven. Si uno de tus padres perdió su trabajo cuando eras niño, no sería sorpresa que tiendas a ponerte muy ansioso cada vez que tu jefe quiera hablar contigo. Las causas secundarias de la ansiedad son variadas y complejas.
Sin lugar a duda, una de las causas secundarias más poderosas de la ansiedad es el pecado. Cuando pecamos, experimentamos culpa y vergüenza. Nos ponemos ansiosos pensando en las posibles consecuencias. Piensa en el temor y la angustia que Jacob sintió cuando se enteró que Esaú, a quien había defraudado (dos veces), venía de camino (Gn 32:7). El rey David habló de un profundo conflicto interno derivado del pecado no confesado (Sal 32:3). Santiago nos dice: «Confiésense sus pecados unos a otros, y oren unos por otros para que sean sanados» (Stg 5:16). Seguramente parte de nuestra sanidad es el alivio de la ansiedad relacionada con el pecado. La buena noticia es que servimos a un Dios de gracia que siempre está listo para perdonarnos y renovarnos en Cristo.
Otra causa secundaria importante de la ansiedad es una fe débil. Considera lo que Jesús dice en Mateo 6:25-34. Él nos instruye a no estar ansiosos por satisfacer nuestras necesidades básicas (comida, ropa). Observa cómo Él compara nuestro valor con el valor de las aves (v. 26). Si no creemos que somos valiosos para Dios, estaremos ansiosos acerca de si Él proveerá para nosotros. Jesús también dice que estar ansioso no puede alargar nuestras vidas (v. 27). Si no estamos seguros de lo que sucederá cuando muramos, no podremos evitar sentirnos ansiosos por nuestras muertes inevitables. Luego, Jesús se refiere a la ropa (v. 28). Aparentemente, preocuparse por nuestra apariencia no es nada nuevo. Finalmente, Jesús conecta estas tres formas de ansiedad con una causa: «hombres poca fe» (v. 30).
Alguien con ansiedad puede simplemente necesitar fortalecer su fe en la soberanía, bondad y fidelidad de Dios. Puede que necesite pasar mucho más tiempo considerando la forma en que la cruz revela cuán valiosos somos para Dios. Jesús enseña que hay una clara conexión entre tener una fe fuerte y tener menos ansiedad (no clínica). Sin embargo, Él no enseña que podemos tener suficiente fe para eliminar permanentemente la ansiedad. Debemos tener cuidado de no equiparar una fe fuerte con la ausencia de ansiedad. El apóstol Pablo tuvo una fe más fuerte que tal vez cualquier otro ser humano en la historia, y sin embargo, como se mencionó anteriormente, él experimentó ansiedad. Pero no debemos asumir que no hay nada que podamos hacer con respecto a nuestra ansiedad. Una vez que hemos identificado las causas secundarias de nuestra ansiedad, debemos preguntarnos a nosotros mismos y a los demás cómo luciríamos si tuviéramos una fe más fuerte. En mi caso, mi ansiedad provenía en gran medida de una peligrosa mezcla de orgullo y una carga de trabajo inmanejable. Estaba tratando de hacer demasiado, no estaba pidiendo ayuda, y estaba siendo aplastado por el peso de más responsabilidad de la que podía llevar. Fortalecer mi fe en Cristo requería estar dispuesto a no sobrecargarme en el trabajo.
Comprender la causa primaria de la ansiedad e identificar las secundarias es un paso de crítica importancia hacia la libertad. Estar conscientes de tales cosas nos ayuda de dos maneras. Primero, nos ayuda a ser amables, compasivos y pacientes con las personas que experimentan ansiedad. Saber que la ansiedad tiene un conjunto complejo de causas nos impide sugerir soluciones simples. Nos permite ayudar a las personas que tienen ansiedad en lugar de causarles involuntariamente aún más preocupación o miedo. Segundo, comprender la causa primaria e identificar las causas secundarias de la ansiedad son ejercicios de esperanza.
Nada es demasiado difícil para el Señor (Gn 18:14). Todas las cosas son posibles con Dios (Mt 19:26). Y podemos hacer todo en Cristo que nos fortalece (Flp 4:13). Muchos, muchos cristianos (incluyéndome a mí) se han convencido aún más de estas verdades debido a la forma en que el Señor los ha ayudado con gracia y poder a manejar, e incluso superar, la ansiedad. Si luchas con la ansiedad, dos cosas son ciertas. Necesitas ayuda, y tu ayuda viene del Señor (Sal 121:2).
Publicado originalmente en Tabletalk Magazine. Matt Ryman El Rev. Matt Ryman es un plantador de iglesias en Minneapolis, Minnesota. Anteriormente, sirvió como pastor principal de University Presbyterian Church en Orlando, Florida.
MEDITACIÓN DIARIA El temor en la adversidad Ríndase al Señor, y deje que Él cumpla sus propósitos a través de las pruebas.
6 de mayo de 2022
Salmo 56
Es imposible vivir en este mundo sin enfrentar alguna vez dudas, confusión o temores. La Palabra de Dios no descarta estas preocupaciones. En cambio, nos dice qué hacer cuando tenemos miedo. La mejor respuesta es reconocerlo ante el Señor y confiar en que Él resolverá la situación de acuerdo con su voluntad y su tiempo.
Muchas personas quieren responsabilizar de sus problemas a cualquiera que no sea Dios; eso es porque no pueden conciliar por qué el Dios bueno permitiría su situación. De lo que no se dan cuenta, es que el Señor es soberano sobre todo, incluyendo los acontecimientos de la vida de cada creyente. E incluso las dificultades tienen un propósito en su plan. Pueden ser herramientas para fortalecer nuestra fe y hacernos madurar espiritualmente. Cuando elegimos confiar al Señor nuestros temores e incertidumbres, se nos promete un resultado mejor que cualquier cosa que pudiéramos haber ideado nosotros mismos (Pr 3.5, 6).
Si usted está pasando por una dificultad, Salmo 56.8 (NTV) dice: “Tú llevas la cuenta de todas mis angustias”, e incluso en todas esas circunstancias Él está a su favor. Ríndase al Señor, y deje que cumpla sus propósitos a través de las pruebas. Cuando confiamos en Dios, no tenemos motivos para tener miedo.
La represa de la Grande Dixence (en los Alpes suizos) mide 285 metros de altura y 200 metros de grosor en la base. Permite acumular una gran cantidad de agua: ¡400 millones de metros cúbicos que provienen de 35 glaciares! Hace algunos años producía el 20% de la energía consumida en Suiza. Al visitar las instalaciones de la represa, pensé: toda esta agua podrá ser convertida en energía en las turbinas solo si se abren las válvulas.
Esta obra extraordinaria, fuente de tanta energía, me recuerda el poder de Dios que siempre está disponible para el creyente. Pero es necesario abrir las válvulas, para que los obstáculos que tan a menudo nos paralizan, desaparezcan. Los obstáculos son numerosos, por ejemplo, una mala conciencia. Dios, quien es santo, no puede manifestarnos su bendición y su poder si en nuestras vidas toleramos el mal (mentira, orgullo, conducta inmoral…).
El poder de Dios también puede ser limitado si hago de mí mismo el centro de todo. Dios no lo pondrá a nuestra disposición para satisfacer nuestro egoísmo. Demos a Jesucristo el primer lugar, pensemos en sus intereses. Vivamos para él y pongámonos al servicio de los demás. Entonces nuestras expectativas estarán más acordes con su voluntad, nuestras oraciones más eficaces, y veremos intervenir su poder.
No pensemos que nuestra falta de competencia es una discapacidad; al contrario, reconozcamos la poca fuerza que tenemos para decir, como el apóstol Pablo: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:10).
MEDITACIÓN DIARIA El amor imposible hecho posible El Espíritu Santo que habita en nosotros obra para producir su fruto.
5 de mayo de 2022
Gálatas 5.13-23
Cristo dijo que los dos mandamientos más grandes son estos: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” y “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22.37-39). ¡Qué tarea tan abrumadora!
Con nuestras propias fuerzas, encontraremos que tener éxito en esto está más allá de nuestro alcance, pero el Señor ha provisto una manera para que los cristianos logremos lo imposible. El Espíritu Santo que habita en nosotros obra para producir su fruto (Gn 5.22, 23). La primera cualidad mencionada es el amor, y las ocho restantes son, en realidad, descripciones de cómo se expresa.
El amor no se produce esforzándose más por mostrar buena voluntad hacia alguien que es irritante o con quien es difícil llevarse bien. En vez de eso, piense en el proceso más como si fuera la savia que corre a través de una rama en una vid. De manera similar, el Espíritu fluye a través de nosotros, produciendo el amor de Dios, para que podamos expresarlo a Él y a los demás.
Cada vez que demostramos bondad, paciencia o gentileza es obra de Dios, no nuestra. Incluso la adoración que le ofrecemos no es algo que producimos en nuestro corazón sin su ayuda. Aunque el mandato de amar es abrumador, la gracia de Dios lo hace posible.
Al venir a la tierra Jesús, el Hijo de Dios, vivió como un hombre. Y en esta condición humana, tomada voluntariamente, su confianza en Dios fue absoluta. El primer hombre, Adán, dudó de Dios, pero la confianza de Jesús fue perfecta hasta la muerte, para la gloria de Dios.
A continuación están unas cosas en que Jesús confió:
– en el poder de Dios: Afirmó a sus discípulos: “Todas las cosas son posibles para Dios”, y los animó: “Tened fe en Dios”. En Getsemaní, antes de la crucifixión, lo escuchamos orar: “Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti” (Marcos 10:27; 11:22; 14:36).
– en la sabiduría de Dios: Frente al sacrificio que le costaría la vida, depositó su confianza en la sabiduría de su Padre, y dijo: “Padre mío… no sea como yo quiero, sino como tú… hágase tu voluntad” (Mateo 26:39, 42).
– en su amor: Oró a su Padre diciendo: “Los has amado a ellos como también a mí me has amado… me has amado desde antes de la fundación del mundo… para que el amor con que me has amado, esté en ellos” (Juan 17:23-26). El amor de su Padre era su gozo, su fuerza y su sostén, durante todos los sufrimientos de su vida en la tierra.
Jesús nos mostró que Dios era digno de toda confianza. Y Dios lo resucitó y lo glorificó.
Cristianos, sigamos su ejemplo y nunca dudemos del poder, la sabiduría y el amor de nuestro Dios. ¡Esta es la mejor manera de agradarle!
Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.
Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría
Sabiduría para el Corazón comenzó en 2007 como una extensión del ministerio de enseñanza de Stephen Davey a su congregación, la Iglesia Bautista Colonial, ubicada en Carolina del Norte, EEUU. Desde entonces, el ministerio ha crecido, y hoy por hoy es un ministerio internacional, transmitido a través de todo el mundo vía radio e internet en seis idiomas: Inglés, Español, Portugués, Árabe, Chino Mandarín, y Swahili.
Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.
Por la gracia de Dios esperamos proveer contenido bíblico y confiable en más idiomas y alcanzar al mundo con el mensaje de la Palabra de Dios.