Complacido con sus preceptos

Soldados de Jesucristo

Mayo 08/2021

Solid Joys en Español

Complacido con sus preceptos

John Piper

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Una exhortación para los padres cristianos

Sábado 8 Mayo

Las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas.Romanos 1:20

Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan… y vuestro Padre celestial las alimenta.Mateo 6:26

Una exhortación para los padres cristianos

En nuestro mundo actual es muy importante llamar la atención de nuestros hijos sobre las señales de la existencia, del poder y del amor de Dios. Así les ayudamos a abrir su inteligencia y su sensibilidad a la relación que existe entre la naturaleza y el Creador.

Un niño que no ha tenido la oportunidad de maravillarse ante la grandeza del Todopoderoso, ante la belleza y la realidad de su creación, tendrá una concepción falsa de Dios, y una visión reducida y limitada de las cosas. Por ello debemos aprovechar cada oportunidad para hablar a nuestros hijos de la gloria de Dios. Ante un arco iris o frente a las poderosas olas del mar, e incluso ante un cielo lleno de estrellas, les ayudamos a tomar consciencia de que alguien infinitamente más grande que ellos creó el universo, y que ese Creador “sustenta todas las cosas con la palabra de su poder” (Hebreos 1:3).

Nuestros hijos necesitan maravillarse ante la creación, y este puede ser el primer encuentro objetivo con Dios. Aprovechemos este momento para enseñarles a ver más allá de lo visible, a ver a Dios, infinito y eterno.

Llevémoslos a tomar conciencia de la presencia del Dios Creador Todopoderoso, mostrémosles la fuente del verdadero y eterno gozo. Y cuando les hablamos de las respuestas a nuestras oraciones, tienen la prueba de que el Señor también está muy presente en nuestra vida. Les ayudamos a comprender que el Señor está cerca de ellos y que, incluso en las dificultades, está listo para manifestarles su presencia y su gracia.

1 Reyes 7:1-22 – Marcos 9:1-29 – Salmo 55:1-7 – Proverbios 15:3-4

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Las Dudas de Natanael – 26

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Vida y Enseñanzas de Jesús

26 – Las Dudas de Natanael

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

¿Cómo puedo crecer en mi entendimiento de la teología bíblica?

9Marcas

¿Cómo puedo crecer en mi entendimiento de la teología bíblica?

1. Estudia las Escrituras de forma temática. Aunque debes estudiar toda la Escritura profunda y ampliamente, puede ser muy útil leer a través de las Escrituras para trazar temas que se encuentran a lo largo de la Biblia. Si estudias la manera en que temas como la creación y la nueva creación, el reposo del sábado, el reinado, el pacto y la morada de Dios en medio de su pueblo se desarrolla a través de la Escritura, obtendrás una visión panorámica de la gloria de Dios y la maravilla de la salvación.

2. Adopta la actitud del Nuevo Testamento hacia el Antiguo Testamento. Mientras estudias el Nuevo Testamento presta atención de cerca a la manera como se cumple, aclara, amplifica y algunas veces reemplaza algo en el Antiguo Testamento. Y mientras lo haces podrás entender la unidad de la Escritura, la unidad de los propósitos salvadores de Dios a través de la historia y la riqueza multifacética de la obra salvadora de Cristo.

3. Estudia el Antiguo Testamento con una visión hacia Jesús y el Nuevo Testamento. Mientras lees el Antiguo Testamento haz preguntas como: «¿Dónde encaja este pasaje en la cronología de la historia redentora? ¿Cómo este pasaje apunta hacia Jesús? ¿Cómo este pasaje da forma al fundamento de lo que un cristiano cree? ¿Cuáles pasajes del Nuevo Testamento ofrecen luz a estas preguntas?».

4. Estudia los libros proféticos del Antiguo Testamento. Los libros proféticos del Antiguo Testamento contienen algunas de las enseñanzas más ricas de la Biblia sobre la vida, ministerio y supremacía de Jesucristo. También profundizan nuestro conocimiento de Dios y apuntan hacia la consumación de la obra salvadora de Dios.

5. Lee un buen libro sobre teología bíblica. Comienza con el libro de  Graeme Goldsworhthy titulado The Goldsworthy Trilogy [La trilogía Goldsworthy] o el de Vaughan Roberts God’s Big Picture: Tracing the Storyline of the Bible [Panorama de Dios: trazando la historia de la Biblia].

Mark Deve

Viviendo santamente como hermano

The Master’s Seminary

Viviendo santamente como hermano

Luis Silva

Vivir en santidad no es para débiles. Requiere paciencia, perseverancia y dependencia. En un mundo cada vez más hostil, vivir una vida santa puede ser un verdadero reto para el creyente, sobretodo porque hoy en día la verdad se ha convertido en algo relativo. Para muchos, simplemente no es relevante. Sin embargo, la Escritura es clara en cuanto a que el creyente debe vivir santamente —independientemente de dónde se encuentre y de la situación que enfrente— puesto que Él es santo (1 P. 1:16). La santidad es una de las doctrinas prácticas del cristianismo. No es algo que solo debes conocer. Toda persona que se haya arrepentido de sus pecados y que confiese que Jesucristo es su Señor y Salvador (Ro. 10:8) tiene el privilegio y responsabilidad de ser un testimonio vivo de la obra regeneradora de Jesús en su vida.

Dios es santo y no cambia, así como tampoco lo hacen sus estándares. La Biblia enseña que «Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos» (He. 13:8). Esta porción del libro de Hebreos es una declaración preciosa de la inmutabilidad de Dios. El creyente puede tener la certeza y seguridad de que es hijo de y sirve a un Dios santo, poderoso y soberano que no cambia, que se ha revelado y se ha dado a conocer desde el principio como tal: «Porque yo soy el Señor vuestro Dios. Por tanto, consagraos y sed santos, porque yo soy santo» (Lv. 11:44a). Verdaderamente hay un llamado por parte de Dios a la santidad. Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, tanto en Levítico como en 1 Pedro, Dios manda a los suyos a vivir vidas santas porque Él es santo. Él es el mismo. El estándar no ha cambiado, la vara de medición sigue siendo la misma. Hay consistencia en el llamado de Dios a vivir una vida santa. Es un mandato que debe cumplirse. Por eso, todo creyente genuino debe anhelar esta verdad y perseverar en vivir santamente todos los días de su vida.

Relaciones piadosas en familia

Si bien es cierto que el creyente tiene el privilegio de pertenecer a la familia más grande y hermosa que existe sobre la faz de la tierra: la familia de Dios —la Iglesia—, también debe entender que hay relaciones adicionales que deben caracterizarse por la santidad. La familia de cada creyente no es la excepción a esto. El cristiano debe modelar el carácter de Cristo con cada uno de los miembros de su familia. Debe vivir piadosamente, de tal manera que el Señor sea honrado y que no haya oportunidad de ser un mal testimonio. Mucho está en juego. Si verdaderamente el cristiano es quién dice ser: hijo de Dios, habrá evidencia —fruto— como testimonio de ello. R.C. Sproul, en su libro «La santidad de Dios», afirma lo siguiente: «La verdadera fe siempre produce una conformidad real a Cristo. Si la justificación nos sucede, entonces la santificación seguramente la seguirá. Si no hay santificación, significa que nunca hubo justificación»[1]. Si eres hijo de Dios, debes obedecer a tu Señor, buscando agradarle y cumplir su voluntad, «lo que es bueno, aceptable y perfecto» (Ro. 12:2).

El deseo de Dios de ver a sus hijos viviendo en santidad es hecho manifiesto cuando Jesús ora al Padre, diciendo: «Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad» (Jn. 17:17). Esto no se refiere únicamente al contexto de la iglesia. No se trata de vivir vidas santas al encontrarse con hermanos en la fe nada más. El cristiano debe «[vivir] de una manera digna de la vocación con que [ha] sido [llamado]» (Ef. 4:1), ya sea en la iglesia, en el trabajo o en casa con su familia.

El pecado mina las distintas relaciones interpersonales, especialmente las relaciones familiares. Por eso, cada día es más común encontrar discordias, pleitos y enemistades entre parientes cercanos. Hay divisiones familiares provocadas por la disputa de herencias o simples desacuerdos, por ejemplo. A menudo, estas roturas llevan a consecuencias muy trágicas: odio, ira, homicidio, violencia, rechazo, venganza o actos atroces. Es de esperarse cuando el Señor no está en medio de una relación, cuando no se vive en santidad sino sujeto a pasiones y emociones bañadas de orgullo y egoísmo. Verdaderamente para el cristiano es muy difícil sostener relaciones piadosas con los diferentes miembros de la familia, si es en sus propias fuerzas.

El camino equivocado

Sin embargo, esto no es nuevo. Dios advirtió a Caín lo siguiente en Génesis 4:7: «el pecado yace a la puerta y te codicia». Sin embargo, Caín hizo caso omiso a lo que sigue: «pero tú debes dominarlo» (Gn. 4:7). Caín lo había experimentado y sabía lo que Dios estaba diciéndole, pero de igual forma no se controló. No dominó ese pecado que tocó a su puerta. Por eso, este hombre pasaría a la historia como el autor intelectual y material del primer caso bíblico de envidia, egoísmo y asesinato. Por primera vez, un hombre levantaba su mano contra su hermano: «Y Caín dijo a su hermano Abel: vayamos al campo. Y aconteció que cuando estaban en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel y lo mató» (4:8).

Este triste acto ilustra lo que el pecado es capaz causar en el ser humano. Tan poderoso fue el egoísmo y la envidia que Caín sintió en contra de su hermano Abel, que terminó quitándole lo que Dios le había dado: la vida. Esto trajo consecuencias devastadoras sobre sí mismo y su descendencia. Caín fue maldecido (4:11) y sería «vagabundo y errante» (4:12), viviendo en temor. Una vez que se deja entrar al pecado, causará dolor y devastación. Sin Cristo, las relaciones son duras, sufridas e irreconciliables. Solo viviendo una vida piadosa en completa dependencia del Señor hará que vivas santamente como hermano, a diferencia de Caín.

El camino correcto

Solo un corazón regenerado por Cristo, que anhela vivir agradando a Dios, que renuncia cada día al orgullo y que vive aferrado a su Señor, puede vivir en santidad personal y en cada una de las relaciones interpersonales en las que esté involucrado. Esto incluye las relaciones familiares más cercanas tales como hermanos y primos, entre otros. A lo largo de la Biblia se encuentran enseñanzas sabias que, al ponerlas en práctica en dependencia del Espíritu Santo, harán que el carácter de Dios se forme poco a poco en la vida del creyente. Es indispensable que el cristiano se aferre a la verdad de la Escritura para ser transformado, buscando sabiduría de lo alto para aprender a vivir en santidad. Un ejemplo de ello se encuentra en el libro de Proverbios: «La discreción del hombre le hace lento para la ira, y su gloria es pasar por alto una ofensa» (Pr. 19:11). Incluso si tu hermano, tu primo, tu sobrino o cualquier otro familiar cercano te ofendió, debes ejercer dominio propio. Debes evitar ser como Caín. Realmente no era algo serio lo que sucedió con Abel. Simplemente se dejó dominar por el pecado. Podría haber no mucha diferencia entre el enojo de Caín y el enojo que llegues a sentir contra tu hermano. Ten mucho cuidado y no te dejes dominar por el pecado, sino que satúrate de la Palabra de Dios, dependiendo de tu Señor en todo momento. Es Él quien es «lento para la ira y abundante en misericordia» (Nm. 14:18), no tú; por lo tanto, aférrate a Él y acude a Él, de tal manera que puedas ser como Él.

Por la gracia de Dios, el cristiano ha sido «[sellado] en Él con el Espíritu Santo de la promesa, que [le] es dado como garantía de [su] herencia, con miras a la redención de la posesión adquirida de Dios, para alabanza de su gloria» (Ef. 1:13–14). Por lo tanto, tu vida no puede reflejar nada diferente que una vida consagrada al Señor. Tanto tus padres, como tus hermanos, primos y demás familiares deben ser partícipes de ese testimonio. Además, si alguno de ellos no es creyente, tu responsabilidad es aún mayor. Ten cuidado. No dejes de lado tu testimonio como hijo de Dios. No des lugar para que hablen mal de Cristo. Testifica a todos con tus acciones que eres cristiano. Busca vivir de acuerdo a tu posición en Cristo (Gl. 2:20), «[haciendo] todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por medio de Él a Dios el Padre» (Col. 3:17). Recuerda que eres de Dios y, como tal, “no [te] ha llamado a impureza, sino a santificación” (1 Ts. 4:7).

Una vida santa refleja amor por Jesús (Jn. 14:15). Si quieres que tu relación con tu hermano, primo o pariente cercano se caracterice por la piedad, debes primero amar a tu Dios «con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu fuerza, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo» (Lc. 10:27). No puedes amar de una manera diferente a esto. No hay atajos. No hay alternativas. Ama a tu hermano, no cedas ante el pecado que toque a la puerta. No cedas a tu orgullo y emociones. Procura siempre su bienestar. Busca agradar a Dios a través de tu trato. Vive para Dios y sé testimonio siempre, amando a todo el que esté a tu alrededor y buscando servir en lugar de ser servido. Comienza por tu casa, por tu familia. Que siempre testifiques de Jesucristo ante el mundo manteniendo relaciones piadosas con tu hermano y tu familia para la gloria de Dios, consistente con la fe que profesas, «estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en [ti] la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús» (Fil. 1:6).

[1] R. C. Sproul, La santidad de Dios (Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia, 1998), 141.

El ahora cuenta para siempre

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

El ahora cuenta para siempre

R.C. Sproul 

El siguiente artículo apareció por primera vez en la edición de mayo de 1977 de Tabletalk Magazine:

El título de esta sección: «El ahora cuenta para siempre», intenta centrar la atención en la importancia que tiene nuestra vida actual frente al destino eterno al que nos enfrentamos.

Vivimos en una cultura que pone el énfasis en el «ahora». Se llama la «generación Pepsi»; se nos dice que vivamos la vida con «entusiasmo» porque «solo viviremos una vez». Metas de corto plazo, métodos pragmáticos de resolución de problemas, una histeria silenciosa para hacer que suceda «ahora», todo apunta a la desesperación del hombre moderno con respecto al futuro. La suposición tácita es que es «ahora o nunca» porque no hay un futuro final para la humanidad.

Nuestra aserción cristiana es que hay algo más para nuestras vidas que el «ahora». Si no es así, entonces incluso el «ahora» carece de propósito. Sin embargo, decimos que el ahora cuenta. ¿Por qué? El ahora cuenta porque somos criaturas que tenemos un origen y un destino que está arraigado y fundamentado en Dios.

¿Dije «arraigado»? ¿Por qué es tan importante esa palabra? Recientemente hemos experimentado un fenómeno cultural de proporciones épicas. El drama televisivo, Raíces, ya ha tenido un efecto estremecedor en nuestra gente. ¿Podemos explicar la reacción nacional a Kunta Kinte y la lucha racial? No lo creo. Ni tampoco Alex Haley. Raíces tipifica un problema que trasciende la raza. Es el problema de identidad que enfrenta todo hombre moderno: ¿quién soy?

La pregunta de la identidad nunca puede ser respondida solo en términos del presente. Saber quién soy implica un descubrimiento de mi pasado (mi origen) y al menos un vistazo a mi futuro (mi destino). Si soy un accidente cósmico que surge del polvo y está destinado a convertirse en polvo, entonces no soy nada. Soy un chiste: una historia contada por un idiota. Pero si mis verdaderas raíces están arraigadas en la eternidad y mi destino está anclado en esa misma eternidad, entonces sé algo sobre quién soy. Sé que soy una criatura de trascendencia eterna. Si es así, mi vida importa. Lo que hago hoy cuenta para siempre. Ahora, el «ahora» significa algo. 

Raíces nos conmovió profundamente porque provocó la esperanza de que, si retrocedemos lo suficiente, podríamos encontrar continuidad y estabilidad. Raíces tenía su figura mesiánica en el Gallero George. Un episodio completo transcurrió y la figura del Gallero George nunca se hizo visiblemente presente. Sin embargo, su «presencia invisible» impregnaba cada escena. Nunca he visto una producción televisiva en la que un personaje estuviera tan obviamente presente sin aparecer en la pantalla. Cuando George apareció, condujo a su familia en un nuevo éxodo a una nueva tierra prometida. Raíces miró hacia atrás y hacia adelante de tal manera que le dio significado al presente. 

Mientras que la televisión nos regaló Raíces, así mismo Hollywood nos ha regalado a Rocky. Esta película ha capturado la imaginación del público de una manera fresca. Tal vez representa solo un ejercicio de nostalgia, un regreso a Frank Merriwell y al final feliz original. O quizás representa una protesta a la era del antihéroe y la trama de caos que caracteriza a la cinematografía moderna. Sea cual sea el motivo, la película reflexiona no en el tema de la Cenicienta, sino el retrato de la sensibilidad humana que se muestra en la misericordia de Rocky como recaudador de deudas para el prestamista y su ternura en la pista de hielo. 

Una calidez encomiable se ve en el amor de Rocky por los animales y los adolescentes rebeldes y en su afecto por su mánager. El fruto de la disciplina, la perseverancia y la devoción a la dignidad son en realidad puestos en roles de virtud. Rocky trabajó y luchó no por un premio momentáneo sino por una actitud de valor que perdura. 

Tal vez Rocky sea un hito. Quizás estamos empezando a ver que hay más en la vida que la Pepsi-cola. No es ahora o nunca, sino ahora y para siempre. El ahora cuenta, para la eternidad.

Han pasado treinta años desde que escribí mi ensayo original bajo el título «El ahora cuenta para siempre». Fue en la década de 1970, en un momento en que nuestra cultura aún se tambaleaba por los efectos perjudiciales de la guerra de Vietnam, y aún más significativamente de la revolución moral radical que marcó la década de 1960. La historia ha demostrado que la revolución moral de la década de 1960 ha introducido muchos más cambios en la vida en los Estados Unidos que la revolución política de 1770. Nuestra cultura fue descrita en la década de 1970 como una que estaba fuertemente influenciada por el secularismo. La idea principal del secularismo es que la vida está desligada de la eternidad. Toda la vida debe ser vivida en el aquí y el ahora, en este saeculum, porque no hay una dimensión eterna. 

Tras el secularismo vino la filosofía del relativismo. Aunque el relativismo fue adoptado en muchos ámbitos en la década de 1970, desde entonces se ha establecido tan firmemente en nuestra cultura que el número estimado de estadounidenses que adoptan alguna forma de relativismo filosófico o moral alcanza más del 95 por ciento. En este sentido, nuestra cultura ha pasado de lo que entonces se llamaba neopaganismo a una cultura ahora de neobarbarianismo. Aunque la ley a favor del aborto conocida como Roe v. Wade ya estaba vigente cuando escribí mi primer ensayo, la proliferación del aborto a demanda —que alcanza el millón y medio al año— ha marcado de tal manera nuestra cultura como una cultura de muerte, que todos los vestigios de nuestra cultura civilizada mueren con la muerte de cada bebé no nacido. Nuestra nación es una nación en guerra consigo misma, donde los valores, la familia y la moralidad han sido tan golpeados en familias y condados, estados y la nación, que la base unificada de nuestra antigua civilización ha sido hecha añicos.

Sin embargo, hay algo que no ha cambiado en los últimos treinta años, y es el hecho de que porque Dios reina, todo lo que sucede hoy tiene consecuencias que duran hasta la eternidad. Es tan cierto hoy como lo fue la primera vez que tomé el bolígrafo para escribir el título, lo que sucede ahora cuenta para siempre. Que la cultura sea paganizada, que la cultura sea bárbara, pero que la Iglesia sea la Iglesia y nunca negocie la dimensión eterna de la vida.

Este articulo fue publicado originalmente en el Blog de Ligonier Ministries.
R.C. Sproul
R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

No sirvamos a Dios

Soldados de Jesucristo

Mayo 07/2021

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 No sirvamos a Dios

John Piper

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La comunicación

Viernes 7 Mayo

Y lo contarás en aquel día a tu hijo.Éxodo 13:8

Animaos unos a otros, y edificaos unos a otros.1 Tesalonicenses 5:11

¿Cómo oirán sin haber quien les predique?Romanos 10:14

La comunicación

Los medios de comunicación han tenido un auge increíble. Sin embargo, todo el mundo se queja de que hay mala comunicación entre padres e hijos, en la pareja, entre vecinos, en la empresa…

Muchos de nosotros lo sienten. Las dificultades en la comunicación son muchas y variadas, según los individuos, la educación, las condiciones de vida…

En los versículos de hoy Dios nos invita a “contar a nuestros hijos”. Esto supone un interés particular por ellos, el deseo de presentarles la Palabra de Dios de manera adaptada a su edad y a su situación. Es importante introducir diariamente en nuestra vida familiar un momento de tranquilidad para ello, para que podamos establecer una verdadera comunicación con nuestros hijos, tomando también el tiempo para escucharlos.

Además, somos discípulos de Cristo, aquel que vino y vivió en medio de los hombres para manifestar el amor de Dios, y a Dios mismo. Esto no solo significa hablar, sino vivir de tal manera que mediante nuestras reacciones y nuestro comportamiento podamos transmitir un mensaje, y que este corresponda a la sensibilidad y la comprensión del otro, para alcanzar, a la vez, su corazón y su conciencia.

El apóstol Pablo escribió a los creyentes: Vosotros “sois carta de Cristo” (2 Corintios 3:3). La gracia y la verdad, la ternura y la compasión, el celo y la firmeza, la humildad y la devoción, la paciencia y el perdón… se mezclan armoniosamente. ¡Hermosos frutos del Espíritu!

1 Reyes 6 – Marcos 8:22-38 – Salmo 54 – Proverbios 15:1-2

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Cautivado por la gloria

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Cautivado por la gloria

Irwyn Ince

Mientras escribo esto, estoy en la fase final de un entrenamiento para un maratón de remo. Sí, de remar, no de correr. Remar 42 195 metros en la máquina de remo Concept2 Erg es el equivalente a correr unos 42 kilómetros. Creo que completarlo me tomará alrededor de tres horas y media. Mi entrenamiento durante los últimos cuatro meses se ha centrado en aumentar mi resistencia, desarrollando tolerancia a la incomodidad y fortaleza mental para seguir adelante cuando llegan los momentos dolorosos. Yo (al igual que cualquier otra persona que intente un evento como este) tengo necesidad de perseverancia.

Esto es lo que el pastor dice en Hebreos 10:35-36:

Por tanto, no desechéis vuestra confianza, la cual tiene gran recompensa. Porque tenéis necesidad de paciencia [o, perseverancia], para que cuando hayáis hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.

Lo interesante aquí es cómo el autor de Hebreos comienza a abordar las preocupaciones de sus lectores. Él quiere que ellos perseveren, pero no comienza su mensaje diciéndoles: «Aguanten», «No se desanimen» o «Perseveren en la fe». Todas estas cosas las dirá o las insinuará más adelante en la carta, pero no al principio. En cambio, comienza con un punto teológico: la gloria, majestad y autoridad inigualables del Hijo de Dios.

Tal vez no haya otro capítulo en la Biblia que presente la divinidad de Jesucristo tan enfáticamente como el primer capítulo de Hebreos. Sin embargo, el autor no ofrece un conocimiento intelectual separado del corazón. Lo que me encanta es que toda esta rica teología sobre Jesucristo es el epítome de la teología aplicada a la vida.

Para poder perseverar como cristianos en medio del caos de la vida, lo que tiene que estar a la vista es cuán glorioso es Jesús. Ninguna exhortación a perseverar en la fe será eficaz a menos que seamos cautivados por la gloria incomparable de Jesucristo. Seguir a Jesús es costoso. Si nuestros corazones no están palpitando al ritmo de la grandeza de Jesús, nunca creeremos que vale la pena ser cristiano.

El desfibrilador teológico que resucita el corazón del cristiano y lo mantiene latiendo a través de cada valle es que Jesús es el Profeta glorioso, el Sacerdote glorioso y el Rey glorioso.

Ninguna exhortación a perseverar en la fe será eficaz a menos que seamos cautivados por la gloria incomparable de Jesucristo.

EL PROFETA GLORIOSO

La Palabra de Dios en Cristo nos fue hablada plena y definitivamente. Tenemos lo que los padres de la fe, como Abraham, no tuvieron: la plena, completa y definitiva Palabra de Dios. En pocas palabras, Dios ha elevado el estándar. Jesús no es simplemente uno de los profetas; Él es el heredero de todas las cosas. Él tiene una herencia: el mundo entero. Él vino a reclamar el mundo como Su posesión, porque fue a través de Él que el mundo fue creado. Él es el resplandor de la gloria de Dios y la expresión exacta de Su naturaleza.

La devoción a esta verdad es lo que nos recuerda que debemos someter las palabras que nos habla el mundo a Aquel quien es la Palabra. Hay demasiadas voces diciéndonos demasiadas cosas en esta era de la información. Estamos sobresaturados. ¿Cuál es el filtro a través del cual nuestros corazones y nuestras mentes deben examinar toda esta información? Cada voz que escuchamos tiene que estar subordinada a la voz de Jesús.

EL SACERDOTE GLORIOSO 

Cuando vino Aquel que es el resplandor de la gloria de Dios, vino como el Cordero de Dios sin mancha que quita el pecado del mundo. Vino como la ofrenda de sacrificio y como el que la ofrece. Él es el gran sumo Sacerdote que se ofreció a Sí mismo como el único que podía aplastar el pecado. Mientras era golpeado y latigado, mientras la sangre fluía de Su cabeza, Sus manos y Sus pies, se estaba llevando a cabo la purificación por los pecados de todo aquel que pone su confianza en Él. Es como lo dice el compositor de este himno:

De Su cabeza, manos, pies
Preciosa sangre allí corrió;
Corona vil de espinas fue
La que Jesús por mí llevó
(Himno «La cruz excelsa al contemplar», de Isaac Watts)

Cuando Jesús expió nuestros pecados, se sentó. La obra había sido terminada, y ya no hay necesidad de ningún otro sacrificio por el pecado.

Permíteme hacer esta pregunta: ¿En qué área de tu vida estás siendo tentado a purificarte tú mismo para ser aceptado por Dios? Esta tentación puede seguir asediándonos aunque seamos cristianos, y es algo que conduce a la autojustificación. Deleitarnos continuamente en Jesús y reconocerlo cada día como nuestro gran y glorioso sumo Sacerdote le da confianza a nuestros corazones de que somos aceptos en el Amado.

EL REY GLORIOSO

No fue en ningún lugar antiguo donde Jesús se sentó. Fue a la derecha de la Majestad en lo alto. Él es el Rey y Juez supremo. Nos cuesta ver cómo todas las cosas están sujetas a Su señorío. Pero la declaración de que el Hijo es el heredero de todas las cosas, la expresión exacta de la naturaleza de Dios y Aquel que sostiene el mundo es contundente. En verdad, no existe nada sobre lo cual Él no tenga autoridad absoluta. Esto debe ser reconfortante para aquellos que creen y una advertencia para aquellos que no.

Hay una sola manera de perseverar y crecer como cristiano. Incluso me atrevería a decir que hay una sola manera de perseverar y crecer en la vida, punto. Y se empieza teniendo una visión clara de la gloria de Jesucristo: el Profeta glorioso que nos declara la Palabra definitiva de Dios, el Sacerdote glorioso que nos purifica y el Rey glorioso que nos gobierna y nos protege.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Irwyn Ince
Irwyn Ince

El Dr. Irwyn Ince es pastor asistente de Grace Presbyterian Church en Washington, D.C., y director del Grace DC Institute for Cross-Cultural Mission.

El conocimiento verdadero trae mayor gozo

Soldados de Jesucristo

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