El gran intercambio

Soldados de Jesucristo

Abril 28/2021

Solid Joys en Español

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John Piper

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Incredulidad fatal

Miércoles 28 Abril

Jesús… nos libra de la ira venidera.1 Tesalonicenses 1:10

(Jesús dijo:) Y no queréis venir a mí para que tengáis vida.Juan 5:40

Creo; ayuda mi incredulidad.Marcos 9:24

Incredulidad fatal

Durante el reinado de Joram (siglo 9 antes de Cristo), el poderoso ejército sirio rodeó a Samaria, capital del norte del reino de Israel, para sitiarla. La hambruna alcanzó así proporciones indescriptibles (2 Reyes 7). Repentinamente, Dios envió un mensaje de esperanza por medio del profeta Eliseo. Este se puede resumir así: mañana habrá alimento en abundancia.

Un oficial del ejército, sobre cuyo brazo el rey de Israel se apoyaba y quien había vivido todo ese sitio muy de cerca, oyó la palabra del profeta. Pero en vez de creer lo que el profeta decía, se burló, diciendo: Si Dios hiciere “ventanas en el cielo”, ¿se cumpliría esta palabra? Para él, librar tan rápido a Samaria de los sirios era imposible.

Pero, como siempre, la Palabra de Dios se cumplió. Dios hizo que los asaltantes escuchasen un ruido de carros y de caballos… Imaginaron que un ejército llegaba y huyeron para salvar su vida, abandonando en su campamento sus caballos y sus provisiones. Al día siguiente, cuando el pueblo salió para saquear el campamento abandonado, el oficial que se había burlado fue pisoteado en la puerta de la ciudad y murió. Aunque vio la liberación, no pudo disfrutar la bendición que Dios había enviado a su pueblo.

Hoy Dios hace anunciar su mensaje de salvación a toda la humanidad: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16:31). ¿Lo creemos o lo ponemos en duda, como lo hizo el oficial del rey? Estimado lector, reciba el Evangelio, para que no sea testigo de la salvación de otros mientras usted mismo sigue perdido.

Jonás 1-2 – Marcos 4:1-20 – Salmo 49:16-20 – Proverbios 14:19-20

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El aislamiento hace tu carga más pesada

Iglesia Bautista Internacional

Serie: Un yugo ligero, ¿Y una vida tan pesada?

El aislamiento hace tu carga más pesada

Miguel Núñez, Héctor Salcedo y Joel Peña

Hoy presentamos una nueva serie basada en conversaciones pastorales titulada «Un yugo ligero, ¿Y una vida tan pesada?» con los pastores Héctor Salcedo, Joel Peña y Miguel Núñez.

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El poder de las palabras – 7

Iglesia Evangélica Unida

Serie: Santiago

7 – El poder de las palabras

Samuel Pérez Millos

Samuel Pérez Millos

 Casado con Noemí Susana Colacilli, misionera durante 24 años en Palabra de Vida.

Samuel es responsable del área de formación bíblica en la Iglesia Unida de Vigo.

 Licenciado y Master en Teología (TH. M) por el Instituto Bíblico Evangélico.

Pastor de la Primera Iglesia Evangélica de Vigo, hoy Iglesia Evangélica Unida, desde el 26 de septiembre de 1981.

Profesor de Biblia y Teología en la Facultad Evangélica de España y del Departamento de Teología Sistemática de la escuela Escrituras.

http://www.unidavigo.es

LO QUE LOS CRISTIANOS QUIEREN SABER PERO TIENEN MIEDO DE PREGUNTAR – 16

Sabiduría para el Corazón

Serie: ESTUDIO DE JOB

16 – LO QUE LOS CRISTIANOS QUIEREN SABER PERO TIENEN MIEDO DE PREGUNTAR

Stephen Davey

Texto: Job 20-21
¿Por qué Dios parece favorecer a todos menos a mi? Esta es una pregunta sincera que muchos cristianos tienen miedo de preguntar. Esta es la pregunta que Job tiene en mente también. Acompáñenos a descubrir la respuesta a esta y otras preguntas más a través de el estudio de estos dos capítulos del libro de Job.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin. Este ministerio se sostiene gracias a las oraciones y ofrendas de sus oyentes. Si quisiera ofrendar a este ministerio puede hacerlo en nuestra página https://sabiduriaespanol.org/ofrendar/

Metáforas familiares para la vida cristiana

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Metáforas bíblicas para la vida cristiana.

Metáforas familiares para la vida cristiana

Donald S. Whitney

Nota del editor: Este es el octavo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Metáforas bíblicas para la vida cristiana.

¿Alguna vez te han dicho que eres familia de algún famoso del pasado? Durante mi infancia, escuchaba con frecuencia que era descendiente de Davy Crockett, héroe del Álamo, por parte de mi padre. Eso no lo he confirmado, pero he confirmado algo infinitamente más significativo: soy parte de la familia de Dios.

Si eres mi hermano o hermana en Cristo, entonces también eres parte de la familia de Dios. Pero tu conexión no es distante ni trivial como la mía con Davy Crockett; más bien, es más cercana que la que tienes con tus propios padres terrenales.

Nuestra primera y más alta lealtad es a la familia de Dios.

Aunque es menos importante, es gloriosamente cierto que también eres familia de personajes bíblicos como Abraham, David, Elías, María, Pedro, Juan y Pablo, así como de Agustín, Martín Lutero, Juan Calvino, Jonathan Edwards, Charles Spurgeon y un sinnúmero de otros héroes de la historia cristiana. Cuando los conozcas en el cielo, te llamarán sinceramente: «¡Hermano!» o «¡Hermana!», y experimentarás un vínculo con ellos que aún no puedes imaginar, y una intimidad que nunca has conocido en la tierra.

Todo esto, y mucho más, lo revelan las metáforas familiares usadas en la Biblia para el pueblo de Dios. Aquí hay una lista parcial de ellas, seguida de algunas breves observaciones.

RELACIONES BÍBLICAS

  • Jesús nos dice en Mateo 6:9 que nos dirijamos a Dios en oración como Padre.
    Juan 1:12-13 dice que Dios da a los creyentes en Jesús el derecho de llegar a ser «hijos de Dios», y que estos han «nacido… de Dios».
  • Efesios 1:5 enseña que Dios nos predestinó para «adopción como hijos para Sí» a través de Jesucristo.
  • Efesios 2:19 declara que somos «miembros de la familia de Dios».
  • Efesios 5:2330 enfatiza que la iglesia es «Su cuerpo» y que «somos miembros de Su cuerpo».
  • Efesios 5:25-27 nos recuerda que Jesús trata a la Iglesia como un novio amoroso trata a su novia.
  • Hebreos 2:11 proclama que Jesús no se avergüenza de llamarnos hermanos.
    Pablo nos enseña que debemos tratar a los creyentes ancianos como a padres, «a los más jóvenes como a hermanos, a las ancianas como a madres, a las jóvenes como hermanas, con toda pureza» (1 Tim 5:1-2).
  • Tanto Pablo como Juan se dirigen a los creyentes que leían sus cartas llamándoles «hijitos» (Gal 4:191 Jn 2:112-14283:7184:45:21).

OBSERVACIONES

Estos términos son familiares. Por supuesto, el Nuevo Testamento se refiere a los cristianos con muchos otros términos relacionales, incluyendo «amigos», «discípulos», «seguidores» y «siervos». Pero los términos que indican relaciones familiares superan en número al resto.

Vuelve a revisar la lista. Todas estas son relaciones amorosas, no económicas. Somos hijos de Dios, no Sus clientes. No oramos para simplemente obtener cosas de Dios; más bien, el génesis de toda oración es «¡Abba! ¡Padre!» (Rom 8:15Gal 4:6).

Somos parte de la familia de Dios, no meros súbditos de Su Reino. Ciertamente nos relacionamos con Dios como nuestro Creador, Rey, Señor, Juez y de muchas otras maneras. Estos términos enfatizan Su poder, autoridad y soberanía sobre nosotros. Son títulos y verdades preciosas en formas únicas. Pero Jesús también enfatizó y quiso que recordáramos que «el Padre mismo os ama» (Jn 16:27). Casi podríamos decir que nos ama «doblemente», ya que somos Sus hijos tanto por nuevo nacimiento (Jn 1:13) como por adopción (Ef 1:5). Incluso cuando nuestro Padre nos disciplina, lo hace porque nos ama. Como nos recuerda el escritor de Hebreos: «Porque el Señor al que ama disciplina», y cuando lo hace: «Dios os trata como a hijos» (Heb 12:6-7).

Dios es nuestro Padre ahora, y lo será para siempre cuando vivamos con Él en la «casa de nuestro Padre» (Jn 14:2). Luego de que lleguemos allí, nos regocijaremos en medio de una familia eterna. ¿Has visto alguna vez esas reuniones de hermanos que fueron separados por la guerra o alguna tragedia y que llevaban cincuenta años sin verse pensando que el otro estaba muerto? Es hermoso contemplar los abrazos amorosos y las lágrimas de alegría. Cristiano, pronto y por toda la eternidad verás los rostros sonrientes de personas que corren para abrazarte, gritando: «¡Hermano!» o «¡Hermana!».

Estos son términos de intimidad. Los que correrán para abrazarte realmente serán tus hermanos y hermanas, más cercanos que cualquier persona que hayas conocido en este mundo. Nota como todos estos términos se relacionan con el núcleo familiar. La Biblia no habla de tías, tíos ni primos en nuestras relaciones con Dios ni con Su pueblo. Puede que algunos de tus parientes te saluden en el cielo, pero allí te saludarán como «¡Hermano!» o «¡Hermana!» (incluyendo tu padre, madre o cónyuge terrenal, si están allí).

¿Te has dado cuenta de que ninguna otra relación de las que disfrutes en la tierra, por más larga o íntima que haya sido, se comparará con el vínculo que sentirás con cada persona en el cielo? Esto ocurrirá debido a la obra del Espíritu Santo y a los cambios inimaginables que experimentará cada parte de nuestro ser. De hecho, incluso ahora el Espíritu nos ha unido con otros creyentes, y esa unión es más profunda que la que tenemos con nuestra familia terrenal. Debido a esto, y de una manera coherente con todos los mandamientos bíblicos sobre cómo debemos relacionarnos con nuestra familia terrenal, nuestra primera y más alta lealtad es a la familia de Dios.

Estos son términos ideales. Con esto quiero decir que estos términos se refieren a lo que deberían ser nuestras relaciones, sin ninguna de las asociaciones negativas que pudieran tener en este mundo. En esta tierra quizás tengamos que soportar a un padre cruel, una rivalidad entre hermanos o a un cónyuge infiel. Y por causa de estas experiencias, a algunos les cuesta pensar bíblicamente acerca de Dios como Padre, o de sus compañeros cristianos como hermanos y hermanas en Cristo, y de Cristo como Esposo. Las Escrituras reconocen que el pecado mancha toda relación de este lado del cielo, incluso las relaciones cristianas más amorosas. Sin embargo, somos llamados a buscar la pureza y la santidad (el ideal) en todas ellas (ver 1 Tim 5:1-2).

La realidad en este momento es que Dios es un Padre perfecto y que Jesús es un Hermano perfecto. Un día, junto con todos los creyentes, seremos una novia perfecta para Cristo, «santa y sin mancha» (Ef 5:27). En aquel día, en el cielo que Jonathan Edwards llamó «un mundo de amor», toda relación con cualquier otra persona será verdaderamente perfecta.

Cristiano, todos estos términos son tu patrimonio espiritual. Úsalos, y regocíjate en ellos.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Donald S. Whitney
Donald S. Whitney

El Dr. Donald S. Whitney es profesor de Espiritualidad Bíblica en el Southern Baptist Theological Seminary en Louisville, Ky. Es autor de varios libros, incluyendo Disciplinas espirituales para la vida cristiana y Orando la Biblia.

Hijos de un Dios que canta

Soldados de Jesucristo

Abril 27/2021

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Hijos de un Dios que canta

John Piper

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Yo soy la luz del mundo (2)

Martes 27 Abril

Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.Juan 8:12

Yo soy la luz del mundo (2)

Ese segundo “yo soy”, pronunciado por Jesús, alude a la profecía de Isaías con respecto al Mesías, quien debía traer la luz no solo a Israel, sino a todo el mundo. “Que tú seas… por luz de las naciones” (Isaías 49:6).

La luz dada por Dios “resplandece” en las tinieblas: nos muestra el verdadero rostro del mundo que nos rodea, descubre lo que queremos esconder en nuestro corazón. Ella “alumbra a todo hombre” (Juan 1:59), pero su efecto siempre depende de la manera en que es recibida. Podemos escondernos o huir de ella, tal como hacen los insectos que corren a esconderse en otro lugar cuando levantamos la piedra que los cubría. Entonces no tiene efecto. “Los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Juan 3:19). Pero si el corazón está realmente comprometido, como lo subraya la expresión “el que me sigue”, esa luz es una guía y una fuente de bendición. Para el corazón, es “la luz de la vida”.

Seguir a Jesús es confiar en él en todos los aspectos de mi vida, pues me ama y es más sabio que yo; es obedecerle en todo lo que me dice. “Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas” (Juan 12:46).

Antiguamente, el pueblo de Dios avanzaba hacia la tierra prometida siguiendo la nube que lo iluminaba y lo conducía. Así Jesús camina hoy con nosotros, y su Palabra es una luz a nuestro camino.

“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105).(continuará el próximo martes)

Abdías – Marcos 3 – Salmo 49:10-15 – Proverbios 14:17-18

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La Parábola del Buen Samaritano

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

La Parábola del Buen Samaritano

Salvador Gómez Dickson

Salvador Gómez Dickson pertenece al Consejo de Pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, donde tiene la responsabilidad de exponer la Palabra de Dios cada domingo, además de impartir clases de Escuela Dominical. Es profesor de la Academia Ministerial Logos de IBSJ, donde ha impartido clases de Hermenéutica, Exégesis Bíblica, Griego, Doctrina del Hombre, de Cristo y de la Salvación, Introducción al Nuevo Testamento, entre otras. Está casado con Johanny Pérez y juntos tienen 4 hijos.

http://www.ibsj.org

Consejos para un futuro pastor

Esclavos de Cristo

Consejos para un futuro pastor

Juan Manuel Vaz

Empezar a desarrollar el ministerio pastoral en una iglesia local es un paso muy importante. Muchas personas comienzan llenas de ilusiones, proyectos y buenas intenciones. Sin embargo, es común que en el comienzo del ministerio, uno se enfrente a situaciones duras, inclusive peligrosas, de las cuales un seminario o instituto no prepara y que tan solo la experiencia de otros puede ayudar.

Por ese motivo, y fruto de la experiencia vivida, aquí proveemos algunos consejos a aquellos inician en el servicio pastoral:

Guarda tu corazón

Quizá no parezca algo tan importante como para darle la primera posición de nuestra lista de consejos, pero esto es algo en lo que muchos fallan. De hecho, faltar a esto en el comienzo puede ocasionar el fin de un ministerio. Los aplausos y elogios, el reconocimiento como guía, consejero o referente puede ocasionar que la humildad se vuelva soberbia. Esto te puede hace sentir que eres necesario, o peor, imprescindible en la obra que se está desarrollando. «Con toda diligencia guarda tu corazón, porque de él brotan los manantiales de la vida.» (Proverbios 4:23) Nunca olvides que todo lo que sucede es fruto de la obra de Dios y no de tus manos: todos somos sustituibles y prescindibles en la obra de Dios.

No cambies la misión por tu propia visión

En diferentes congregaciones he notado lo común que es escuchar frases como: «Mi visión», «lo que Dios me dio», «a lo que yo he sido llamado», etc. Resultando en congregaciones que pierden el foco principal. Es cierto que cada congregación tiene una identidad o personalidad distinta, una manera de proceder o imagen diferente, pero nuestra misión es conjunta. Como Iglesia de Cristo tenemos una misión: vivir para la gloria de Dios en medio de un mundo oscuro, llevar a Cristo a las naciones y manifestar Su luz a los perdidos.

No olvides la gran comisión

La mayoría de los pastores en la actualidad son hombres apasionados por la obra de Dios, el rescate de las almas perdidas y la predicación genuina del Evangelio. Sin embargo, es fácil perder la pasión que te llevó a el ministerio y empezar a centrarte en los creyentes: enseñanza, consejería, visitas, juntas de trabajo, etc., olvidando que la Gran Comisión sigue siendo parte de la vida de todo cristiano, incluyendo al pastor. «Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.» (Marcos 16:15) Dale el tiempo necesario a la congregación. Recuerda lo que dijo Charles H. Spurgeon: «todo cristiano es un misionero o un impostor». Ve, enseña, ora y aconseja a la Iglesia, pero cuando salgas de nuevo a la calle sigue predicando.

Eres un siervo, no un jefe

Muchas veces, antes del pastoreado, solíamos ser personas altamente serviciales, que colaboraban desde la oración hasta la limpieza, pero que cuando tomamos el cargo pastoral olvidamos el servicio y empezamos a delegar todas esas tareas. Recordemos siempre que Cristo no vino para ser servido sino para servir. Pablo el apóstol sirvió y todos somos llamados a hacerlo. «Pero el mayor de vosotros será vuestro servidor.» (Mateo 23:11). La mejor manera de enseñar a otros a servir no es mandando, sino con el ejemplo. Nunca pierdas el corazón de siervo. Recuerda que somos esclavos de un Señor, Cristo es nuestro Señor, y a él debemos servir.

Todo es de Cristo

La expresión «la iglesia del pastor…» puede confundir a muchas personas dando a entender que la iglesia es propiedad del ministro cuando en realidad es pertenencia de Cristo (Romanos 11:36). Jesús debe ser el centro de todo: sea sermón, actividad o proyecto. La Iglesia, cada congregación y cada oveja son de Cristo. Considerar que algo de esto es tuyo tiene dos inconvenientes. El primero es creer que los frutos vienen, exclusivamente, de tu trabajo y desempeño. El segundo es frustrarte cuando las cosas no salen como lo pensabas como si fuese culpa tuya. Descansa, cumple tu cometido, haz tu labor con desempeño y amor, porque la obra es de Cristo y dará frutos debidos a su tiempo.

Esperamos que estos consejos te ayuden en ese gran paso que vas a dar o que llevas poco tiempo recorriendo. Sigue sirviendo con desempeño, amor y cuidado en esta hermosa labora que Dios te ha encomendado.

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.