¿Por qué Dios no puede solamente perdonarnos? | Tim Keller

¿Por qué Dios no puede solamente perdonarnos?

por Tim Keller

En 2005, Rick Warren, pastor de una megaiglesia y autor del éxito de ventas Una vida con propósito, tuvo un intercambio de ideas con un destacado periodista en un foro de opinión patrocinado por Pew Foundation. A algunos de los allí presentes les suponía un problema la posible implicación civil de una creencia cristiana particular, a saber, que Dios condena a algunas personas a castigo eterno. Uno de los participantes se dirigió a Warren en los siguientes términos:

Puede que para Ud. no sea un problema la contradicción implícita en que Wendy [una de las periodistas presentes, no cristiana] sea plena ciudadana norteamericana, y merecedora por ello de toda la protección que en la vida presente pueda merecer el miembro más veterano de su congregación, y que cuando ella muera vaya a ir al infierno porque no es salva, tal como Vd. lo entiende en cristiano. La pregunta entonces es, ¿cree verdaderamente que los seguidores de su iglesia –o las personas que asisten a cualquier otra iglesia, las personas que leen los libros que Vd. escribe, y las personas a las que Vd. se dirige incluso al nivel mundial– tienen realmente una mente tan sofisticada como para poder aceptar semejante contrasentido?…1

A lo que Warren respondió que, en su opinión, no había contradicción alguna entre ambas cuestiones. Respuesta que, sin embargo, no convenció a la mayoría de los periodistas asistentes, y objetaron que el infierno como destino para algunos lleva implícita una desigualdad en cuanto a la dignidad y la valoración de las personas. Lo cual no hacía sino poner de relieve las dudas de muchos respecto al concepto cristiano de un Dios que juzga a las personas, condenándolas al infierno y que, además, semejante creencia resulta en exclusión, abuso, división y manifiesta violencia.

La Doctrina del Juicio de Dios es ofensiva.

En nuestro entorno cultural y social, el juicio divino es una de las doctrinas cristianas que más ofenden. Como ministro de culto y como predicador, me encuentro a menudo hablando acerca de textos bíblicos que tratan de la ira de Dios, del juicio final y de la doctrina de la condenación al infierno. Durante muchos años mantuve abierto un foro para responder dudas y preguntas tras los cultos del domingo. La dinámica era de “tormenta” de preguntas acerca de todas esas enseñanzas. Yo entendía perfectamente que les causaran problemas estos aspectos de la fe cristiana histórica. Y aun siendo, sin duda, la objeción al juicio y al infierno una actitud más visceral que duda metódica, siguen estando ahí presentes unas creencias muy específicas. Procedamos a examinar estas creencias erradas sobre Dios.

No puede haber un Dios de juicio

Robert Bellah, en su muy influyente libro Habits of the Heart, se ocupa del “individualismo de expresión” dominante en la cultura americana. En ese sentido, apunta que el 80% de los norteamericanos piensa que “cada individuo tiene derecho a su propia fe o religión con independencia de cualquier iglesia o sinagoga”.2 La conclusión de Bellah es que, para el común de la mentalidad nacional, la verdad moral es algo relativo que tiene que ver exclusivamente con la conciencia personal. Así, se piensa más bien en un Dios de amor, favorable al ser humano independientemente de su conducta. Pero, en el punto opuesto de la cuestión, se resiente la idea de que ese Dios pueda castigar a las personas por creencias personales que puede que sean erróneas. Lo interesante a notar es que tal actitud viene avalada por una visión del desarrollo de la cultura en la historia.

En su libro The Abolition of Man, ya todo un clásico, C. S. Lewis indica lo que él veía cómo las principales diferencias entre la visión antigua y moderna de la realidad. Para ello empieza por desmontar la creencia de que los antiguos creían en la magia y que después hizo su aparición la ciencia moderna y ocupó su lugar. Como experto en estudios medievales y la posterior transición a la modernidad, Lewis sabía bien que había habido muy poco de mágico en ese período y que la verdadera edad dorada de lo mágico habían sido los siglos XVI y XVII, coincidiendo justamente con el desarrollo de la ciencia moderna y, según contendía, con una misma génesis.

La indagación seria en lo mágico y en lo científico nació en parto doble: la primera de esas criaturas era débil y enfermiza y pronto murió, la otra era fuerte y prosperó. Aun así, fueron gemelas en su primer momento, naciendo de un mismo impulso.3

Lewis da razón de ese impulso como novel aproximación a la realidad moral y espiritual:

Hay un nexo de unión entre la magia y las ciencias aplicadas, pero desmarcándose ambas por igual de la “sabiduría” de épocas anteriores. Así, para los sabios de otros tiempos, el problema principal había sido cómo adecuar el alma espiritual a la realidad física, siendo su respuesta el conocimiento obtenido mediante autodisciplina y virtud. Tanto para la magia como para las ciencias aplicadas, el problema consistía en someter la realidad a los deseos del hombre: la solución era, pues, la técnica; y ambas disciplinas, en la aplicación de su técnica, se hallan en disposición de hacer cosas hasta entonces tenidas por deleznables e impías…4

En los tiempos antiguos, se daba por supuesta la existencia de un orden moral externo al yo, intrínseco al entramado propio del universo. El violar ese orden metafísico tenía consecuencias tan graves como las de la trasgresión de la realidad física al poner la mano en el fuego. La actitud sabia era la de obrar en conformidad con los distintos órdenes de lo creado. Sabiduría que, por otra parte, se adquiría ejercitando el propio carácter en humildad, en compasión, en valor, en discreción y en lealtad.

La modernidad cambio el paradigma medieval con respecto al bien y el mal.

El advenimiento de la modernidad alteró por completo ese modelo. En última instancia, la realidad era cosa no tanto de un orden sobrenatural sino de un mundo natural maleable. Así, en vez de tratar de amoldar nuestros deseos a la realidad, nos afanamos por controlar y configurar la realidad según intereses personales. Donde antes se discernía ansiedad, prescribiéndose un cambio de carácter espiritual, la modernidad habla de técnicas de manejo del estrés.

Lewis era consciente de que sus lectores podían pensar que estaba en contra del progreso científico como tal, asegurando vehemente todo lo contrario. Su intención era hacernos ver que la modernidad se había gestado en un ámbito de “sueños de poder”. Escribiendo durante la Segunda Guerra Mundial, Lewis era consciente de vivir en medio de uno de los más amargos frutos del espíritu moderno. J. R. R. Tolkien, amigo de Lewis, reflejó en su trilogía, El Señor de los anillos, las consecuencias de un ansia desmedida de control y poder, que para nada tiene en cuenta la sabiduría y el disfrute gozoso de la creación de Dios, tal como ésta es.5

La determinación del bien y el mal en nuestras manos: La consecuencia del modernismo.

El espíritu de la modernidad nos dejó la carga de discriminar entre lo que está bien y lo que está mal. Esa recién adquirida confianza en que podemos controlar el entorno físico a nuestro antojo ha ido creciendo hasta el punto de hacernos creer que podemos incluso remodelar el ámbito de lo metafísico. De ahí que no nos parezca justo que podamos primero determinar que el sexo fuera del matrimonio es algo permisible, para luego encontrarnos con que existe un Dios que va a castigarnos por ello. Estamos tan convencidos de que nos asisten derechos personales que la mera idea de un Día del Juicio Divino nos parece imposible. Aun así, y tal como Lewis se esfuerza por hacernos ver, esa renuencia va ligada a la búsqueda desmedida de control y poder que tan terribles consecuencias ha tenido en la historia más reciente. Pero no toda la raza humana ha aceptado la visión de las cosas de la modernidad. ¿Qué razones hay para que pensemos que es un proceso ya irreversible?

¿Cómo puede Dios ser moral si pasa por alto los pecados negándose a juzgarlos?

En una de las sesiones del foro tras el culto, una de las personas presentes dijo que la mera idea de la existencia de un Dios que juzga era ya algo ofensivo. A lo que yo respondí preguntando: “¿Por qué en cambio no le ofende la idea de un Dios que perdona?”. Ante su expresión de perplejidad, proseguí: “Con todo respeto, le animo a que reflexione acerca del origen y trasfondo cultural de ese rechazo suyo de la doctrina cristiana sobre el infierno como algo ofensivo”. Acto seguido, procedí a señalar que el espíritu secularizado actual de Occidente se siente incómodo con la doctrina acerca del infierno, pero consideran en cambio muy aceptable la enseñanza bíblica que insta a poner la otra mejilla y a perdonar al enemigo. Finalmente, le pedí que se detuviera a pensar en cómo ven el cristianismo gentes de otras culturas. En sociedades tradicionales, la enseñanza de “poner la otra mejilla” no tiene ningún sentido. De hecho, ofende sus más íntimas convicciones acerca de lo que está bien y es justo. En cambio, la doctrina de un Dios que juzga no es algo problemático. Rechazan, pues, lo que en Occidente se considera aceptable, y se sienten atraídos por aspectos que el Occidente secularizado no puede tolerar.

Como apunte final, ¿qué razones pueden aducirse para que las sensibilidades occidentales se arroguen el derecho de juzgar si el cristianismo es válido o no? Mi pregunta a esa persona fue entonces si creía que su cultura era superior a otras distintas. Su respuesta fue un claro y rotundo “no”. “En ese caso –proseguí– ¿qué razones hay para que las objeciones de nuestra cultura al cristianismo trastornen sus distintas opiniones?”.

Conclusión.

En un deseo de profundizar aún más, imaginemos que el cristianismo no es producto exclusivo de una cultura particular, sino que es de hecho la verdad definitiva y transcultural sobre Dios. Si esa fuera la realidad del caso, cabría esperar que generara polémica y ofendiera a toda posible entidad cultural en alguno de sus puntos, y ello por la simple razón que no hay cultura o sociedad que no sea imperfecta y que no esté en perenne cambio. Si el cristianismo es cierto tendría al mismo tiempo que ofender y corregir en sus pronunciamientos. La doctrina cristiana del juicio divino podría ser ese punto de inflexión. Si Dios es Dios, entonces tiene que juzgar el pecado, si Dios es Dios, El no podia perdonarnos sin la muerte de Cristo. La Doctrina del Juicio de Dios ofende, dejemos que ofenda.

Adaptado de: Timothy Keller, La Razón de Dios: Creer en una época de escepticismo, trans. Pilar Florez, 1a Edición. (Barcelona: Andamio; Gbu Conecta, 2014), 123-129.

Sobre el autor:
Timothy J. Keller (1950-), es un pastor, teologo y autor estadounidense. BA. Bucknell University, M. Div. Gordon-Conwell Theological Seminary, D. Min. Westminster Theological Seminary (PA). Keller fue profesor por en Westminster Theological Seminary (PA), donde enseñaba eclesiologia y plantaciones de Iglesias. Keller es uno de los teólogos mas influyentes en el cristianamos en la actualidad tanto en Estados Unidos como Europa. Entre sus temas de interés e investigación estan: Apologética, Religion versus evangelio, Ministerio Urbano, Justicia Social y Política, Idolatría versus Adoración, entre otros. Keller es pastor de la Iglesia Presbiteriana del Redentor en Nueva York, (USA). Entre sus numerosos libros se encuentran: “La Cruz del Rey”, “La Razon del Matrimonio”, “Iglesia Centrada”, ” Justicia Generosa”, entre muchos otros disponibles en español.

Notas:

1 23 Mayo, 2005, Conferencia Bianual Faith Angle de Pew Forum sobre religión, política y vida pública, en Cayo Oeste, Florida. Con fecha 5 de Septiembre, puede consultarse la correspondiente transcripción en http://www.pewforum.org/Christian/Evangelical-Protestant-Churches/Myths-of-the-Modern-Megachurch.aspx ID=80.

2 Robert Bellah, et al., Habits of the Heart: Individualism and Commitment in American Life, 1.ª ed. (Universidad de California, 1985), p. 228.

3 De C. S. Lewis, The Abolition of Man (Collins, 1978), p. 46. En relación con este tema, véase también el libro de Lewis, English Literature in the Sixteenth Century, Excluding Drama en la serie Oxford History of English Literature (Oxford University Press, 1953), pp. 13–14.

4 Lewis, Abolition of Man, p. 46.

5 Alan Jacobs, en su biografía de Lewis, hace notar que insistió repetidamente en que no disentía del método propio de la ciencia como tal. Dicho método asume, de entrada, la uniformidad de la naturaleza, y no pocos estudiosos han hecho notar, en ese sentido, que ha sido el cristianismo la fuerza impulsora de las investigaciones por su propia cosmovisión. Pero lo que Lewis está ahí tratando de hacer ver es que la ciencia moderna nació ya con claros “sueños de poder”. Véase Jacobs, The Narnian: The Life and Imagination of C. S. Lewis (Harper San Francisco, 205), pp. 184–187.

El regreso de Cristo

Martes 14 Marzo

Estar con Cristo… es muchísimo mejor.

Filipenses 1:23

Estaremos siempre con el Señor.

1 Tesalonicenses 4:17

El regreso de Cristo

Todo creyente que conoce a Dios y vive con él tiene el profundo deseo de estar con él. La Biblia nos muestra varios testimonios que nos animan y nos interpelan:

“Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios del Señor” (Salmo 84:2). “… Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?” (Salmo 42:1-2).

Cuando Esteban era martirizado, Dios le permitió ver a Jesús en el cielo en la gloria (Hechos 7:55). Pablo deseaba estar con Cristo (versículo de hoy).

Para los cristianos, quienes han depositado su esperanza y fe en Jesús, la Palabra de Dios evoca el momento del regreso del Señor por los suyos: “Y si me fuere… vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo” (Juan 14:3). Este momento está muy cerca: “Ciertamente vengo en breve” (Apocalipsis 22:20). Será un hecho excepcional y milagroso: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos… los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Corintios 15:51-52).

Esta espera paciente del alma, ¿forma parte de nuestra vida? ¡Dicha esperanza anima a los que sufren debido a una enfermedad! Si anheláramos encontrarnos con el Señor, quien dio su vida por nosotros, le consagraríamos nuestra vida. El Señor quiere decir a cada uno: “Has sido fiel… entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:21).

Ezequiel 9 – Hechos 19:1-22 – Salmo 33:1-9 – Proverbios 11:17-18

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Atenderé a mis caminos | Charles Spurgeon

14 de marzo
«Atenderé a mis caminos».
Salmo 39:1

Compañero de peregrinación, no digas en tu corazón: «Yo iré aquí y allá y no pecaré», porque nunca estarás tan lejos del peligro de pecar como para alardear de seguridad. El camino es muy fangoso: será difícil que limpies tu senda de manera que tus vestidos no se ensucien. Este es un mundo de betún; debes, por tanto, velar constantemente si al rozarte con él quieres conservar tus manos limpias. Hay un ladrón en cada recodo del camino para robar tus joyas; hay una tentación en cada virtud; hay una trampa en cada alegría; y, si alguna vez llegas al Cielo, será por un milagro de la gracia divina que debe atribuirse exclusivamente al poder de tu Padre. Está, pues, vigilante. Cuando alguien lleva una bomba en la mano, debe intentar no acercarse a una vela; tú también has de tener cuidado de no entrar en tentación. Aun tus actos corrientes son instrumentos afilados; debes, pues, pensar en cómo manejarlos. No hay nada en el mundo que estimule la piedad de un cristiano; en cambio hay muchas cosas que la destruyen. ¡Cuán deseoso debieras estar de recurrir a Dios para que él te guarde! Tu oración debería ser: «Sostenme y estaré seguro». Después de haber orado, debes velar, cuidando cada pensamiento, palabra y obra con celo santo. No te expongas, si no tienes necesidad; pero si eres llamado a exponerte, si se te ordena ir adonde los dardos vuelan, nunca te aventures a salir sin tu escudo. Porque si el diablo te encuentra alguna vez sin el mismo, se alegrará de que su hora de triunfo haya llegado, y de que pronto te hará caer herido por sus flechas. Aunque no te puede matar, sí le es posible herirte. Sé sobrio, sé vigilante; el peligro se puede presentar en un momento cuando todo te parezca seguro. Por tanto, atiende a tus caminos y vela en oración. Ninguno cae en el error por ser demasiado vigilante. Que el Espíritu Santo nos guíe en todos nuestros caminos, para que estos siempre agraden al Señor.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 82). Editorial Peregrino.

Perseguidor y condenado

Lunes 13 Marzo
El Señor es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? El Señor es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?
Salmo 27:1
He aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado.
Apocalipsis 3:9

Perseguidor y condenado
Mensajes de cristianos perseguidos

Cuando era perseguido debido al Evangelio, una vez fui condenado a muerte. Pero el Señor me protegió, pues en vez de ser ejecutado, me dejaron en la cárcel.

Algún tiempo después, el juez que había pronunciado mi condena tuvo problemas con la justicia. Debido a sus actividades políticas fue condenado a una larga pena. ¡No solo fue llevado a la misma cárcel donde yo estaba, sino a la misma celda!

Cuando me reconoció, empezó a llorar y a decir: «¡Oh, Dios, me rindo! ¡Oh, Jesús, me rindo realmente!».

Así continuó durante cuatro o cinco minutos, luego se dirigió a mí y me dijo: «Así que estoy con usted. ¿Se acuerda de mí? Su vida estaba en mis manos. Yo lo condené a muerte, y mandé ejecutar la sentencia en varias ocasiones, pero cada vez había algo que retrasaba su ejecución. ¿Quién hubiera podido pensar que yo estaría aquí en la cárcel, junto con usted? Veo que su Dios preservó su vida. Usted está en Sus manos. ¡Pero yo estoy en las manos de los jefes del partido! ¡Ellos no me dejarán vivir! Perdóneme, por favor. ¡Necesito a Jesús!».

Lo miré. Había sido mi juez, y ahora yo podía ser el suyo. Y el Señor me mostró qué clase de juicio debía pronunciar: Dios perdona, y nosotros debemos hacer lo mismo. En cuanto a nuestra vida, está en las manos de Dios: “Ni uno de ellos (los pajarillos) cae a tierra sin vuestro Padre” (Mateo 10:29).

Li An (China)
Ezequiel 8 – Hechos 18 – Salmo 32:8-11 – Proverbios 11:15-16

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¿Cuál es el mensaje esencial de la cruz?

¿Cuál es el mensaje esencial de la cruz? | Preguntas bíblicas
OSKAR AROCHA

Nota del editor:
Este es un fragmento adaptado del libro Dios salva pecadores: Una exposición bíblica a los 20 temas más importantes de la salvación de Dios (Poiema Publicaciones, 2016), por Oskar E. Arocha.

El apóstol Pablo dijo: «Jamás acontezca que yo me gloríe, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo» (Gá 6:14), porque la cruz es la vida, gozo, alegría, deleite y felicidad del cristiano. Pues no hay ira tan profunda que la cruz de Cristo no apacigüe, ni transgresión tan grave que no quite, ni sufrimiento tan profundo que no pacifique, ni mancha tan sucia que no limpie. No hay pecado que la cruz de Cristo no borre, ni deuda tan grande que no pague. ¡Oh, excelsa cruz de Cristo!

En la cruz fue la muerte expiatoria de nuestro Señor Jesucristo, pero ¿cuál es el mensaje esencial de la cruz? Es que Cristo murió haciendo expiación penal en sustitución por nosotros. Dios, en Su Palabra, presenta que la muerte expiatoria de Cristo fue una muerte sustitutoria, penal y satisfactoria.

Una muerte sustitutoria
La sustitución señala un glorioso intercambio: Cristo tomó nuestro lugar. Nos tocaba ser humillados y avergonzados como Él lo fue. Nos tocaba recibir el castigo que Él recibió y sufrir lo que Él sufrió. Él murió la muerte que nos tocaba morir. En esos términos coinciden todos los pasajes que hablan de este tema.

El apóstol Pablo escribió a los hermanos en Corinto: «Al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros» (2 Co 5:21). También dijo a los de Galacia: «Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros» (3:13). El autor de Hebreos escribió: «para que por la gracia de Dios [Jesús] probara la muerte por todos» (2:9). El apóstol Juan en su carta dijo que Jesús «es la propiciación por nuestros pecados» (1 Jn 2:2).

Jesús dijo de Sí mismo: «el Hijo del hombre vino… para dar Su vida en rescate por muchos» (Mr 10:45; cp. Mt 20:28). Así que en estos pasajes vemos la descripción explícita de que la muerte de Cristo fue, en esencia, sustitutoria, es decir, en lugar de aquellos por quienes murió.

Una muerte penal
El elemento penal de la muerte de Cristo significa que Su muerte fue aquel castigo prescrito como pena a todo aquel que se rebela en contra de Dios y viola Su ley. Cabe señalar que el problema del hombre con Dios no mejora con un cambio de conducta. Tampoco podemos asumir que la vida de Cristo fue tan solo un gran ejemplo a seguir y que desafortunadamente terminó en las manos del Imperio romano. Su muerte no fue una corrección, ni una calamidad, ni una disciplina, sino un castigo penal.

¿Por qué castigar? Porque Dios ha atado la gloria de Su nombre a Su justicia y Su justicia demanda que toda maldad sea pagada. Él ha declarado y no se retractará: «Yo pagaré» (Dt 32:35; Ro 14:19). La muerte es el castigo que merece el pecado. La justicia de Dios demanda castigo y el castigo es la muerte. La Palabra dice: «El día que de él comas, ciertamente morirás» (Gn 2:17), «el alma que peque, esa morirá» (Ez 18:20), «la paga del pecado es muerte» (Ro 6:23; cp. Lv 24:15-16; Gá 3:10).

Por tanto, sabemos que solo hay dos opciones: o paga el pecador, o paga Cristo, y si paga Cristo somos «hechos justicia de Dios en Él» (2 Co 5:21), porque en Él fue anulado «el documento de deuda que consistía en decretos contra nosotros y que nos era adverso, y lo ha quitado de en medio, clavándolo en la cruz» (Col 2:14).

Una muerte satisfactoria
El elemento de satisfacción es nuestra garantía de que no hay manera que se pague dos veces por un mismo pecado. Cuando Cristo murió por los pecados, todos los pecados fueron pagados y la justicia de Dios fue satisfecha. Dios quedó satisfecho por completo, porque una compensación completa fue realizada. Así lo expresa el autor de Hebreos:

Y así como está decretado que los hombres mueran una sola vez, y después de esto, el juicio, así también Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente lo esperan (Heb 9:27-28).

El pasaje muestra que, en ambos casos, el nuestro y el de Cristo, hay un aspecto finito: Los hombres mueren una sola vez. El caso del hombre es grave porque sus oportunidades para prepararse para el juicio terminan cuando muere, pero, entonces, Cristo es introducido para llevar los pecados. En medio de la explicación, el autor vuelve e inserta la misma extraordinaria frase una sola vez, a fin de que no quede duda de que la obra de Cristo en la cruz logró satisfacer el juicio de Dios.

El apóstol Juan resalta la misma garantía en su evangelio. Cuando llegó el momento de que Jesús terminara Su obra, lograra la redención y la salvación para los suyos, Jesús dijo: «Consumado es» (Jn 19:30). Con esas últimas palabras Jesús selló la obra que finalizó el castigo, y la justicia de Dios quedó satisfecha.

Por tanto, podemos estar seguros de que «tenemos paz para con Dios» (Ro 5:1), que habiendo Dios entregado a Su Hijo por nosotros, sabemos también que «nos dará también con Él todas las cosas» (Ro 8:32) y que nada ni nadie «nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro» (Ro 8:37-39).

Una “mesa de tres patas”
Como se dijo al principio, la esencia de la cruz contiene estos tres elementos imprescindibles, mostrando que la muerte expiatoria de Cristo fue una muerte 1) sustitutoria, 2) penal y 3) satisfactoria. Esta unidad inseparable la podemos ilustrar con una mesa de tres patas. Si le quitas una de las patas a la mesa, la mesa se cae. De igual manera, si solo suspendemos uno de los elementos, hemos perdido la esencia de la cruz.

Agradecemos al Padre que derramó toda su ira por nuestros pecados sobre Jesús. Y damos gracias a Jesús, quien puso Su vida en sustitución por la nuestra. Por eso sabemos que Dios quedó satisfecho y ya «no hay condenación para los que están en Cristo Jesús» (Ro 8:1).

Adquiere el libro: Físico
​Oskar Arocha es Ingeniero Agrónomo, y posee una maestría en Estudios Teológicos (M.T.S.), del Seminario Bautista Reformado, en Carolina del Sur. Conoció al Señor en el año 1981, y fue ordenado como diácono en el año 2006, en la Iglesia Bautista de la Gracia. A lo largo de su caminar con Cristo, Oskar ha servido como líder de jóvenes, coordinador de eventos de parejas, director de alabanza, y otros ministerios más.

¿De quién eres tú? | Charles Spurgeon

12 de marzo
«¿De quién eres tú?».
1 Samuel 30:13
En religión no puede haber neutralidad: o militamos bajo la bandera del Príncipe Emanuel, sirviéndolo y luchando a su lado, o somos vasallos del funesto príncipe Satanás. «¿De quién eres tú?».
Lector, permíteme ayudarte a responder esta pregunta. ¿Has nacido de nuevo? Si así es, perteneces a Cristo; de lo contrario, no puedes ser suyo. ¿En quién confías? Porque los que confían en Jesús son los hijos de Dios. ¿La obra de quién estás haciendo? ¿Estás seguro de servir a tu Maestro?; porque aquel a quien sirves tiene el derecho de ser tu señor. ¿Qué amistad cultivas? Si eres de Jesús, fraternizarás con los que visten la librea de la cruz. ¿Qué clase de conversación tienes? ¿Es celestial o terrenal? ¿Qué has aprendido de tu Maestro?; porque los siervos aprenden mucho de los amos de quienes dependen. Si has estado en comunión con Jesús, se dirá de ti aquello que se dijo de Pedro y de Juan: «Les reconocían que habían estado con Jesús» (Hch. 4:13).
Insistimos en la pregunta: «¿De quién eres tú?». Responde honradamente antes de dormir. Si no eres de Cristo, estás en una miserable esclavitud. ¡Huye de tu cruel amo! Entra al servicio del Señor de amor, y gozarás de una vida de bendición. Si eres de Cristo, permíteme aconsejarte cuatro cosas… Eres de Cristo: obedécele; que su palabra sea tu ley, que su voluntad sea la tuya. Eres del Amado: ámalo entonces, deja que tu corazón lo abrace; que toda tu alma se llene de él. Eres del Hijo de Dios: confía en él, pues; no reposes en ningún otro sino en él. Eres del Rey de Reyes: entonces muéstrate decidido por él. Así, sin llevar ninguna marca en la frente, todos sabrán de quién eres.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 80). Editorial Peregrino.

Dios no siempre callará

Domingo 12 Marzo
Dios… ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia.
Hechos 17:30-31
Dios no siempre callará

En la pared de un campo de trabajos forzados, un condenado escribió: «Creo en Dios incluso cuando calla».

A veces la gente interpreta el silencio de Dios como indiferencia o, peor aún, como una supuesta prueba de que él no existe. Así, cuando suceden hechos atroces e inadmisibles, la gente exclama: «¿Cómo puede existir un Dios bueno?».

Quisiéramos tener un Dios «guardián», capaz de contener todas las cosas que nos molestan, un Dios que cumpla la función que le asignemos. Le señalamos obligaciones y deberes, olvidando que somos nosotros quienes debemos rendirle cuentas, y no al contrario. Olvidamos simplemente que Dios es Dios, que es soberano y que sus planes escapan a nuestra comprensión.

Hoy, como antes, los hombres son oprimidos, los niños sufren, hay muchas injusticias… Dios calla y parece que no hace nada. ¡Pero él ve todo y se acordará de todo! De ningún modo aprueba la injusticia, pues dice: “Desmenuzar bajo los pies a todos los encarcelados de la tierra, torcer el derecho del hombre delante de la presencia del Altísimo, trastornar al hombre en su causa, el Señor no lo aprueba” (Lamentaciones 3:34-36). Viene el día en que Dios ejercerá el juicio, y será terrible: “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (Hebreos 10:31).

Pero Dios ama a los hombres y no quiere condenarlos, sino salvarlos. Él ofrece su gracia a todos los que le confiesan sus pecados y confían en Jesús, quien murió por ellos. No abuse de esta paciencia, ¡acepte su gracia!

Ezequiel 7 – Hechos 17:16-34 – Salmo 32:5-7 – Proverbios 11:13-14

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¿Qué es la Cristología? | Josias Grauman

90 Segundos de teología Sistemática
Josias Grauman
Es decano de educación en español y profesor de exposición bíblica en The Master’s Seminary. El Dr. Grauman comenzó su ministerio a tiempo completo como capellán de hospital, sirviendo durante 5 años en el Hospital del Condado de Los Ángeles. Más tarde, él y su esposa sirvieron en la Ciudad de México como misioneros, donde Josías ayudó al Seminario Palabra de Gracia a lanzar su programa de idiomas bíblicos. Josías fue ordenado en Grace Community Church, donde actualmente sirve como anciano en el ministerio en español, junto con su esposa y tres hijos. Josías estudió un B.A. en idiomas bíblicos en The Master’s University, un M.Div. y un D.Min. en The Master’s Seminary. Entre sus obras se encuentran las siguientes: Griego para pastores y Hebreo para pastores.

Y a ti te llamarán: Buscada | Charles Spurgeon

11 de marzo
«Y a ti te llamarán: Buscada».
Isaías 62:12 (LBLA)
La excelsa gracia de Dios se ve muy claramente en el hecho de que nosotros no solo fuimos buscados, sino angustiosamente buscados. Los hombres buscan algo que han perdido en el suelo de la casa, pero ese buscar no es el buscar angustioso a que se refiere el texto. La pérdida se siente más, y la exploración se hace más persistente, cuando una cosa se busca angustiosamente. Nosotros estábamos mezclados con el barro; nos hallábamos como cuando una preciosa joya de oro ha caído en un sumidero y los hombres revuelven y, cuidadosamente, examinan el montón de abominable basura hasta encontrar el tesoro. O, para usar otra figura: Nosotros estábamos perdidos en un laberinto, vagábamos de aquí para allá y, cuando la misericordia vino tras nosotros con el evangelio, no nos halló enseguida, sino después de indagar y buscarnos angustiosamente. Porque nosotros, como ovejas, estábamos desesperadamente perdidos y habíamos vagado por un país tan extraño que parecía imposible que hasta el Buen Pastor reconociera el rastro de nuestras tortuosas andanzas. ¡Gloria a la invencible gracia, porque fuimos angustiosamente buscados! Ninguna oscuridad pudo ocultarnos, ni inmundicia cubrirnos; fuimos hallados y conducidos al hogar. ¡Gloria al infinito amor, pues Dios el Espíritu Santo nos restauró!
Si las vidas de algunos creyentes pudieran escribirse, nos llenarían de admiración. Extraños y maravillosos son los medios que Dios utiliza para encontrar a los suyos. ¡Bendito sea su nombre! Él nunca deja de buscar a sus escogidos hasta hallarlos. Los suyos no son un pueblo buscado hoy y dejado de buscar mañana: la omnipotencia y la sabiduría no fallarán; su Iglesia será llamada «Buscada». Que se busque a alguien es ya una gracia incomparable; pero que se nos busque a nosotros, es gracia por encima de toda consideración. No resulta posible hallar explicación a esto, fuera del soberano amor de Dios, y solo podemos levantar nuestros corazones admirados y alabar al Señor, porque esta noche respondemos al nombre de «Buscada».

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 79). Editorial Peregrino.

El testimonio de Roberto (2)

Sábado 11 Marzo
Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.
Gálatas 2:20
El testimonio de Roberto (2)
Mucho más tarde Roberto escribió: «Vine a esta sala movido por necesidades espirituales… mi alma buscaba a Dios; no lo conocía, pero sabía que existía. Nadie me había hablado del Evangelio, ignoraba todo sobre la religión, pues ni mis padres ni yo íbamos a la iglesia. No era más que un pobre chico, criado sin Dios, sin fe, que progresivamente sintió necesidades espirituales, un llamado hacia Dios. ¡Lo necesitaba mucho! Quizá lo que hizo que buscase a Dios en mi juventud fue la pérdida de mi hermana mayor. Es cierto que el sufrimiento puede llevarnos a buscar a Dios.

Y lo encontré, plenamente revelado en Cristo, en quien hallé a mi Salvador y Señor. Desde entonces, las tristezas y las decepciones no han podido alterar mi fe, porque ¡sé en quien he creído! No es una idea, ni una imaginación, ¡sino una realidad vivida! Nunca podré agradecer lo suficientemente a Dios por haberse manifestado a mí, por revelarme a su Hijo y su amor, por permitirme llevar mi mirada y mi corazón hacia lo que será el futuro, la eternidad junto a él. Es uno de los maravillosos planes de Dios».

Luego Roberto consagró su vida a hablar incansablemente del amor de Dios revelado en la persona de Jesucristo. Pudo experimentar que Dios es un Padre bueno y tierno para aquellos que confían totalmente en él.

Usted también puede clamar a Dios, creer lo que la Biblia le dice, y vivir la misma experiencia.

Ezequiel 6 – Hechos 17:1-15 – Salmo 32:1-4 – Proverbios 11:11-12

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