No pongas tu afecto en las cosas de la tierra | Charles Spurgeon

10 de marzo
«El hombre […] corto de días y hastiado de sinsabores». Job 14:1

Puede sernos muy útil, antes de conciliar el sueño, recordar este triste hecho; pues el mismo nos enseñará a desprendernos de las cosas terrenales. No hay, en verdad, nada agradable en recordar que no estamos libres de los dardos de la adversidad; pero ese recuerdo puede humillarnos y evitar que nos jactemos como lo hizo el Salmista, cuando dijo: «No seré jamás conmovido» (Sal. 30:6). Ese recuerdo puede también impedir que echemos demasiadas raíces en este suelo del cual muy pronto tendremos que ser trasladados al Edén celestial.

Recordemos cuán breve es nuestra posesión de los favores temporales. Si tuviésemos presente que todos los árboles de la tierra están marcados por el hacha del leñador, no haríamos tan prontamente nuestros nidos sobre ellos. Debemos amar, sí, pero con el amor que aguarda la muerte y no olvida la separación. Nuestros seres queridos solo nos han sido prestados, y la hora en que tendremos que devolvérselos al prestamista puede estar cercana. Lo mismo podemos decir de nuestros bienes terrenales. ¿No toman las riquezas alas y vuelan? Nuestra salud es igualmente precaria: siendo frágiles flores del campo, no debemos pensar que floreceremos para siempre. Hay un tiempo señalado para la debilidad y la enfermedad, en el que tendremos que glorificar a Dios mediante el sufrimiento y no mediante la febril actividad. No hay siquiera un solo momento de la vida que pueda verse libre de las afiladas flechas del dolor; de los pocos días con que contamos, ni uno solo está exento de pesar. La vida del hombre es un tonel lleno de amargura: el que en ella busca gozo sería mejor que buscara miel en un océano de salmuera.

Querido lector, no pongas tu afecto en las cosas de la tierra, busca más bien las cosas de arriba; porque aquí la polilla corrompe y los ladrones minan y hurtan, pero allí todos los goces son perpetuos y eternos. La senda de la aflicción es el camino al hogar. Señor, haz de este pensamiento una almohada para muchas cabezas fatigadas.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 78). Editorial Peregrino.

El testimonio de Roberto (1)

Viernes 10 Marzo
¿Dónde está Dios mi Hacedor?
Job 35:10
Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo.
Salmo 42:1-2
Tu rostro buscaré, oh Señor.
Salmo 27:8
El testimonio de Roberto (1)

Roberto era un joven apesadumbrado, cuyas condiciones de vida no eran fáciles. Aunque había sido criado sin religión, se interesó en la Biblia desde que un compañero le dijo que ella hablaba sobre los orígenes de la humanidad. Un día vio en un periódico local la dirección donde podría conocer el Evangelio. «Si tienen el Evangelio, pensó, también deben tener la Biblia». Deseoso de saber más, se dirigió a ese lugar un poco indeciso, llegó tarde… y no retuvo gran cosa de lo que escuchó. Pero al menos consiguió lo que quería, es decir, pudo comprar una Biblia, y se fue sin esperar el cambio.

Algunos días después Roberto volvió a ese pequeño local, que sería el punto de partida de la luz de su vida. Allí oraron por los nuevos asistentes. Roberto nunca había tenido contacto con creyentes, y tampoco había leído nada sobre el Evangelio. «Ya no recuerdo exactamente lo que me dijeron, escribió más tarde; simplemente creí, oré con ellos y todo cambió. Desde entonces jamás he tenido la más mínima duda; al contrario, es como un ámbito en el cual entré a mis 18 años de edad, y donde cada día descubro cosas maravillosas, o más bien, una cosa maravillosa: el amor misericordioso de Dios hacia mí».

Roberto creyó, y lo que llama el «ámbito» en el cual entró es la “nueva vida” que Jesús ofrece a los que creen en él.

(mañana continuará)
Ezequiel 5 – Hechos 16:11-40 – Salmo 31:21-24 – Proverbios 11:9-10

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La batalla por tu mente 3/10 | Miguel Núñez

Miguel Núñez

Serie: Guerra Espiritual

Es vicepresidente de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puedes encontrarlo en Twitter.

Audio original del Ministerio integridad & Sabiduría: https://integridadysabiduria.org/

¿De qué se trata en verdad el crecimiento espiritual?

by Josué Barrios

¿De qué se trata en verdad el crecimiento espiritual?

La Biblia tiene mucho para hablarnos al respecto, pero te invito a que respondamos esta pregunta con la ayuda del apóstol Pablo. En 2 Corintios escribió una de las explicaciones más claras sobre cómo sucede el crecimiento espiritual de los creyentes.

Al hablar de cuán superior es el nuevo pacto de Dios con Su pueblo redimido (el pacto que tú y yo experimentamos al creer en Cristo), Pablo expone esto: mientras en el viejo pacto mediado por Moisés un solo hombre miró y reflejó la gloria del Señor (el mismo Moisés, según Éxodo 37:29-35), en el nuevo pacto todos los creyentes miran la gloria de Jesús y la reflejan en su carácter.

A diferencia de los judíos inconversos que leen o escuchan la Palabra con sus corazones velados, explica Pablo: «Todos nosotros, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu» (2 Co 3:18).

Podemos decir, entonces, que los cristianos somos como rollos fotográficos que resultan transformados por la impresión de la luz cuando están ante ella. Así como en estos rollos se imprime una imagen cuando son expuestos a la luz, la imagen de Cristo es impresa en nosotros cuando contemplamos su gloria. Así nos convertimos en fotografías de Jesús, por así decirlo. La gloria de Dios nos transforma.

Necesitamos ver a Cristo

Por lo tanto, la vida cristiana consiste en vivir con nuestra mirada puesta en el Señor (He 12:1-2). Cuanto más veamos a Cristo, más de Él se verá en nosotros. Así daremos fruto que le honre (Jn 15:4-5). No seremos idénticos a Cristo en este lado de la eternidad, ya que aún estamos en guerra contra nuestro pecado. Pero seremos semejantes a Cristo cuando le veamos perfectamente (1 Jn 3:2). Y si esa es nuestra esperanza, buscaremos verlo más y más ahora (1 Jn 3:3).

Mírate a ti mismo con honestidad y verás que estás lleno de contradicciones, debilidades, y fallas. También soy así, frágil y necesitado de misericordia constante. Pero miremos a Cristo, y hallaremos que en Él está todo lo que necesitamos y mucho más. Bien lo dijo Robert Murray M’Cheyne: «Por cada vez que te mires a ti mismo, mira diez veces a Cristo». Él es el sol que hace florecer el fruto en nuestras vidas. Él es la luz que nos convierte en fotografías vivas de Su gloria.

El evangelio de la gloria

Tal vez pienses lo mismo que yo cuando empecé a aprender esta realidad: «Eso de ver la gloria de Jesús es extraño». ¿Cómo entenderlo?

Primero, debemos comprender que la gloria de Cristo es una gloria que hoy no se percibe con nuestra vista humana. Es una gloria que se percibe espiritualmente. De hecho, si creemos el evangelio, ya hemos empezado a «ver» esa gloria transformadora. Fue lo que ocurrió en nuestra conversión, como afirma Pablo:

Y si todavía nuestro evangelio está velado, para los que se pierden está velado, en los cuales el dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor, y a nosotros como siervos de ustedes por amor de Jesús. Pues Dios, que dijo: «De las tinieblas resplandecerá la luz», es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Cristo (2 Co 4:3-6).

Las personas en perdición no pueden ver el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo. Ellas están ciegas y muertas espiritualmente. Pero por la gracia de Dios los creyentes tenemos vida espiritual. Podemos ver a Cristo tan hermoso y poderoso como realmente lo es, mientras el resto del mundo piensa que el evangelio es una locura (1 Co 1:22-25; 2:14). Podemos responder a la revelación de la gloria de Dios en Cristo.

En el evangelio, Dios muestra Sus atributos, como Su amor, Su justicia, Su gracia, Su sabiduría, Su poder. Muestra una belleza indescriptible, una que nos atrapa, nos lleva a vivir para Él, y nos hace más como Jesús. Nada en el universo es más espectacular que esto. Por eso toda la Escritura se trata sobre Jesús (Lc 24:27; Jn 5:39). En la Biblia, Cristo es revelado para que veamos Su gloria al conocerlo.

Ten la mirada en Cristo

Entonces, ¿qué concluimos hasta ahora? Si el evangelio es el centro de la Palabra, y es el evangelio de la gloria de Cristo, y si Dios en Su misericordia nos ha dado ojos espirituales para ver esa gloria que nos transforma, entonces contemplamos la gloria de Cristo y crecemos en el Señor al buscar profundizar en la Palabra de Dios para mirar más a Jesús.

Esto significa que nuestra mayor necesidad antes de la conversión es ver la gloria de Cristo en Su Palabra, y nuestra mayor necesidad luego de la conversión es seguir viendo esa misma gloria, creciendo en el conocimiento de Él. Por eso predicadores como Martyn Lloyd-Jones, Charles Spurgeon, y muchos otros han hablado sobre la importancia de predicarnos a diario el evangelio a nosotros mismos.

Y es por eso que las disciplinas espirituales son tan importantes: necesitamos disciplinarnos para crecer en el conocimiento de Dios, con la mirada puesta en Jesús.

En resumen, la única forma de avanzar hacia la meta que Dios tiene para nosotros es levantando la mirada por encima de nosotros mismos, nuestras circunstancias, las distracciones, y los mensajes que constantemente nos da nuestra cultura de espalda a Dios. Crecemos cuando vemos hacia arriba, al Cristo que vivió, murió, y resucitó por nosotros, y que ahora reina en majestad.

Sobre Josué

Soy un cristiano que ama aprender y enseñar sobre cómo seguir a Jesús en una era distraída, digital y secular (con todo lo que eso implica). Aparte de enseñar en conferencias y charlas al respecto, he podido contribuir en varios libros y soy el autor de Espiritual y conectado: Cómo usar y entender las redes sociales con sabiduría bíblica.

Permaneced en mí | Charles Spurgeon

9 de marzo
«Permaneced en mí».
Juan 15:4

La comunión con Cristo es un remedio seguro para los males. Ya se trate del ajenjo del dolor o del empalago de los placeres terrenales, la íntima comunión con el Señor Jesús quitará la amargura del uno y el hartazgo del otro. Vive cerca de Jesús, cristiano, y el que habites en la montaña del honor o en el valle de la humillación será un asunto de importancia secundaria. Si vives cerca de Jesús, estarás cubierto por las alas de Dios y debajo de ti tendrás los brazos eternos. Que nada te aleje de aquel sagrado roce que es el privilegio de un alma desposada con el bien Amado.

No te contentes con una entrevista de vez en cuando, sino procura siempre contar con su compañía, porque solo en su presencia tendrás solaz o seguridad. Jesús no debiera ser para nosotros un amigo que nos visita alguna que otra vez, sino uno con quien andamos siempre. Tú, que te diriges al Cielo, tienes delante de ti un camino difícil. Mira, pues, que no vayas sin tu Guía. Has de pasar por un horno ardiendo; no entres en él a menos que, como Sadrac, Mesac y Abed-nego, cuentes con la compañía del Hijo de Dios. Tienes que tomar la Jericó de tus maldades; no ordenes batalla hasta que, como Josué, veas al Príncipe del ejército del Señor con la espada desenvainada en su mano. Debes encontrarte con el Esaú de tus muchas tentaciones; no vayas a su encuentro hasta que en el vado de Jaboc te hayas asido del ángel y hayas prevalecido.

En cualquier caso y condición, necesitarás de Jesús; pero de una manera especial precisarás de él cuando las puertas de hierro de la muerte se abran para ti. Mantente cerca del Esposo de tu alma, reclina la cabeza sobre su pecho, pídele que te refresque con el sabroso vino de su granada, y así serás hallado por él, finalmente, sin mancha, ni arruga ni cosa semejante. Ya que has vivido con él y en él aquí en la tierra, estarás con él para siempre en el más allá.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 77). Editorial Peregrino.

Caminar con Dios

Jueves 9 Marzo
Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios.
Génesis 5:24
Andad como hijos de luz… comprobando lo que es agradable al Señor… Seáis… entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.
Efesios 5:8, 10, 17
La comunión (2)
Caminar con Dios

Cada día, mientras caminamos hacia el lugar de trabajo, mi amigo Carlos y yo hablamos sobre muchos temas. Cuando llegamos cerca de su oficina, aplazamos nuestra conversación, pero sabemos que la podremos continuar al día siguiente. Andamos juntos, compartimos nuestros pensamientos, tenemos “comunión” el uno con el otro.

Al principio de la Biblia se habla de un hombre llamado Enoc, cuya vida está descrita en pocas frases; pero dos veces dice: “caminó Enoc con Dios” (Génesis 5:22, 24). Esto quiere decir que Enoc estaba en comunión con Dios, era como si paseasen juntos. Un día sucedió algo misterioso: Enoc desapareció, porque Dios se lo llevó. Enoc vivía cerca de Dios, y al final Dios lo tomó para siempre con él.

Otros creyentes también caminaron con Dios, por ejemplo, Abraham, a quien Dios mismo llamó “mi amigo” (Isaías 41:8).

Caminar con alguien permite hablar con él. «Caminar con el Señor» es incluirlo en todas las circunstancias de nuestra vida. Es buscar su voluntad, hacerle preguntas y esperar sus respuestas.

¿Dios puede caminar con nosotros? ¿Estamos de acuerdo con él? ¿Nuestro paso por la tierra podrá resumirse con estas palabras: «Él o ella caminó con Dios»?

“Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios” (Hebreos 11:5).

(continuará el próximo jueves)
Ezequiel 4 – Hechos 15:36-16:10 – Salmo 31:14-20 – Proverbios 11:7-8

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Contra mí son todas estas cosas | Charles Spurgeon

8 de marzo
«Llamó su nombre Benoni [hijo de mi tristeza]; mas su padre lo llamó Benjamín [hijo de la mano derecha]».
Génesis 35:18

En todas las cosas hay un lado claro y otro oscuro. Raquel estaba abrumada por el pesar de sus dolores de parto y de muerte. Jacob, aunque lloraba la pérdida de la madre, podía ver la bendición del nacimiento del hijo. Será un bien para nosotros si mientras la carne se lamenta por las pruebas, nuestra fe se regocija en la fidelidad divina. El león de Sansón produjo miel; y nuestras adversidades, si las consideramos correctamente, harán lo mismo. El tormentoso mar alimenta con sus peces a multitudes; la selva sin cultivar produce hermosas florecillas; el viento huracanado barre la peste, y la cáustica escarcha ablanda el suelo. Las nubes oscuras destilan cristalinas gotas y la tierra negra produce vistosas flores. La veta del bien puede encontrarse en toda mina del mal. Los corazones melancólicos tienen una peculiar habilidad para descubrir los ángulos más desventajosos y mirar desde ellos las pruebas.

Si solo hubiese una ciénaga en el mundo, pronto estarían los tales hundidos en ella hasta el cuello; si en el desierto se encontrase un solo león, ellos oirían su rugido. Todos tenemos algo de esta desgraciada manía, y somos propensos a clamar como Jacob: «Contra mí son todas estas cosas». La norma de vida de la fe es echar toda ansiedad sobre el Señor y, después, prever buenos resultados de las peores calamidades. A semejanza de los hombres de Gedeón, la fe no se impacienta por los cántaros rotos, sino que se regocija porque las teas brillen más. De la ostra de las dificultades, la fe extrae la rara perla de la honra, y de las profundidades del océano de la aflicción, levanta el inapreciable coral de la experiencia.

Cuando la marea de la prosperidad baja, la fe halla en la arena tesoros escondidos; y cuando el sol del placer declina, ella dirige su telescopio de esperanza al cielo estrellado de las promesas. Cuando la misma muerte aparece, la fe apunta a la luz de la resurrección allende el sepulcro, y así hace que nuestro agonizante Benoni se transforme en nuestro viviente Benjamín.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 76). Editorial Peregrino.

¿Qué es una mujer? | Catherine Sheraldi

¿Qué es una mujer?
CATHERINE SCHERALDI

Una de las grandes ironías de nuestra época es que mientras el mundo celebra hoy el Día de la Mujer, por lo general no pueden explicar exactamente y de manera razonable qué se debería celebrar hoy. Hay confusión sobre qué es una mujer y qué la hace única, en especial debido a que el feminismo ha distorsionado el verdadero rol de la mujer y sus características, y también por el auge de la ideología de género. ¿Qué es una mujer? En este escrito, quiero invitarte a reflexionar en cómo la Biblia y la ciencia nos ayudan a responder esta pregunta.

En el jardín del Edén, Dios creó una pareja binaria que consistía solo en un hombre y una mujer. Era una pareja con una naturaleza santa, que caminaba en relación íntima con su Creador como portadora de Su imagen. Dada la grandeza y sabiduría de Dios, Él creó dos géneros con grandes similitudes y diferencias para que, al vivir en armonía, lo pudieran reflejar ante el mundo de una manera mejor que si solo hubiera un género. Ambos, el hombre y la mujer, serían capaces de mostrar la sabiduría y grandeza de Dios.

Al ver a la pareja en el jardín notamos que eran iguales en dignidad, aunque tenían roles diferentes que cada uno aceptó (Gn 1:27-28; 2:15-18; 3:2-3). No obstante, a pesar de sus diferencias, cada uno valoraba al otro y juntos tenían una meta en común por la que trabajaban en equipo (2:23-23; 1:28). Como al comienzo no conocían el pecado, había una inocencia en sus formas de pensar y actuar, y cada uno confiaba en el otro (2:25; 3:2-3).

Es lamentable, pero en la actualidad tenemos una confusión respecto al género, porque la cosmovisión en auge en nuestra cultura está a años luz de la realidad diseñada por Dios. Hoy se afirma que el género no es binario y que es posible ser de un género y estar «atrapado» en el cuerpo del sexo opuesto, lo cual requiere nuestra «emancipación de dicha tiranía», como algunos han sugerido. Sin embargo, solo una generación individualista puede concluir que la esencia de una persona puede ser definida con base en los sentimientos, incluso si estos sentimientos son contrarios a la genética, embriología, endocrinología, neurobiología y neurofisiología.

Aunque la diferencia genética entre el hombre y la mujer es de solo un 1 %, las implicaciones de este porcentaje son inmensas en manos de un Dios sabio e infinito

La ciencia pone al descubierto el diseño radicalmente distinto del hombre y de la mujer. Por ejemplo, aunque parecen iguales en el aspecto anatómico, la función fisiológica es distinta en cada género. Aunque la diferencia genética entre el hombre y la mujer es de solo un 1 %, las implicaciones de este porcentaje son inmensas en manos de un Dios sabio e infinito. Con el descubrimiento de las resonancias funcionales y las tomografías por emisión de positrones, se han demostrado las diferencias en la función cerebral de cada género, lo que a su vez demuestra las diferencias en las habilidades de cada género.

Por ejemplo, desde el embarazo, el cerebro femenino experimenta cambios y se prepara para lidiar con la vida multitarea que se le avecina. A través de las feromonas, la madre es capaz de apegarse a su niño de una manera especial incluso antes de que nazca, no necesita esperar hasta ver a su bebé para amarlo. Además, estos cambios cerebrales producen que por lo general sea más paciente con las rabietas del niño al punto de inclinarse a consentirlo más, y entonces el padre usualmente balancea esta permisividad con la justicia. De esta forma, ambos demuestran diferentes aspectos del amor de Dios: la mujer llena de una manera particular la necesidad del niño de sentirse amado y el hombre lo prepara para enfrentarse con un mundo caído.

Dios siempre ha sido relacional; existe eternamente una relación perfecta entre las tres personas de la Trinidad. Con esto en mente, también podemos entender que Él ha formado a la mujer con una necesidad y capacidad particular de relacionarse con otros, de una manera distinta a la del hombre, y así ella también demuestra que Dios la creó conforme a Su imagen y semejanza. Su particularidad, por ejemplo, promueve en ella el deseo de armonía en las relaciones. Debido a las conexiones cerebrales que tiene, su reacción más común es evitar una confrontación, a diferencia del hombre (a quien le faltan algunas de estas conexiones y tiene más facilidad para confrontar). De nuevo, podemos ver que tanto el hombre como la mujer son necesarios para reflejar a Dios como Él ha diseñado que lo hagamos. Dios mismo nos buscó para quitar la enemistad que nuestro pecado produjo (2 Co 5:18-19), por lo que la disposición a confrontar en amor también es un aspecto del carácter de Dios que es necesario que reflejemos (Gn 3:11-19).

Al hablar sobre qué es una mujer, no podemos dejar de mencionar el rol de ayuda idónea que le fue otorgado en su creación

Al hablar sobre qué es una mujer, tampoco podemos dejar de mencionar el rol de ayuda idónea que le fue otorgado en su creación (2:18). Adán recibió las instrucciones de cuidar y cultivar el huerto antes de la creación de Eva (2:15); sin embargo, para llevar a cabo esta tarea asignada por Dios, fue necesario unir a dos personas con una multiplicidad de características típicas de su diseño. Entonces, a Adán se le otorgó el rol de ser cabeza y líder, mientras Eva lo complementaba para desarrollar la creación como fue ordenado por Dios (1:28). Aunque este rol de ayuda idónea alcanza una expresión muy especial en el matrimonio, dada sus condiciones de diseño original, la contribución de las mujeres ha sido monumental en el desarrollo de las civilizaciones. Es por eso que podemos decir que no hay esfera de la vida humana que no se beneficie profundamente de la intervención de las mujeres, sean solteras o casadas, en la medida en que ellas caminan según el diseño de Dios para sus vidas.

Ahora bien, nada de esto quiere decir que las mujeres siempre manifiestan estas características de la misma forma. Cada persona es diferente y, por lo tanto, sus características innatas debido a su género pueden tener distintos matices de expresión en diferentes contextos y etapas de la vida. Por ejemplo, aunque las mujeres por lo general prefieren no confrontar, es posible que una mujer no tenga dificultad en hacerlo. Esto no la hace menos mujer. Recordemos también que el trasfondo cultural de las personas también ejerce una gran influencia. Por consiguiente, tanto los hombres como las mujeres pueden tener diferentes grados de expresión de aquellas cualidades que son típicas de uno u otro. Pero lo que nunca se puede negar es que las mujeres y los hombres son distintos por diseño, cada uno con rasgos particulares que derivan de la forma en que Dios los hizo para Su gloria, incluso en detalles que son imperceptibles a menos que los examinemos de cerca.

Entonces, ¿qué es una mujer? Es uno de los dos géneros que Dios creó, con un conjunto de características divinas específicas. Fue hecha con la capacidad de complementar al hombre y brindar su aporte a las áreas donde él necesita ayuda para desarrollar la creación y glorificar a Dios. De esta manera, trabajando juntos en armonía demuestran al mundo quién es Dios.

Mientras el mundo en general está confundido con respecto a qué es una mujer, recordemos y proclamemos con alegría y asombro esta verdad para la gloria de nuestro Dios.

​Catherine Scheraldi de Núñez es la esposa del pastor Miguel Núñez, y es doctora en medicina, con especialidad en endocrinología. Está encargada del ministerio de mujeres Ezer de la Iglesia Bautista Internacional. Conduce el programa Mujer para la gloria de Dios, en Integridad y Sabiduría. Puedes seguirla en Twitter.

¿Cuáles son sus perspectivas?

Miércoles 8 Marzo
Mis días fueron más veloces que la lanzadera del tejedor, y fenecieron sin esperanza.
Job 7:6
Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.
1 Juan 5:11
¿Cuáles son sus perspectivas?

¿Cuál es el sentido de mi vida? ¿Qué perspectivas tengo ante mí, aparte de vivir todavía algunos decenios y luego morir? Debo hacerme estas preguntas, pues la vida que poseo es mi bien más preciado. A mi alrededor hay personas que saben que la vida es corta y tratan de disfrutar al máximo, negándose a pensar en lo que vendrá después. También están los que se «matan» trabajando, esperando una jubilación que quizá nunca llegará. Pero, ¿cuáles son sus perspectivas a largo plazo? ¡Porque todo tiene un fin en esta tierra! La Biblia muestra la constatación que hizo el rey Salomón, conocido por su sabiduría: “¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?… He aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu” (Eclesiastés 1:3, 14).

Dios quiere dar un sentido a nuestra vida. La Biblia nos dice por qué estamos en la tierra, por qué existe la muerte… y qué es lo que le sigue. Dios creó al hombre a su imagen, lo colocó en un huerto de delicias donde no faltaba nada a su felicidad, pues vivía en armonía con su Creador. Luego el hombre desobedeció a Dios y perdió su relación de confianza con él. Al final se volvió enemigo de Dios. Desde entonces su vida parece sin sentido.

Pero “Dios es amor” (1 Juan 4:8). Él ama a su criatura y desea su felicidad. Jesús, el Hijo amado de Dios, se ofreció a sí mismo para que pudiésemos acercarnos a Dios y recibir su perdón y la vida eterna. Creer y aceptar a Jesús como Salvador abre una perspectiva eterna de felicidad junto a él.

Ezequiel 3 – Hechos 15:1-35 – Salmo 31:9-13 – Proverbios 11:5-6

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¿Por quién muere JESÚS? | Samuel Pérez Millos

Samuel Pérez Millos
Nació en Vigo (Pontevedra) España en 27 de Enero de 1943. Fui guiado en el estudio de la Palabra de la mano del insigne teólogo español Dr. Francisco Lacueva. Master en Teología por el IBE (Instituto Bíblico Evangélico) actualmente es miembro de la Junta Rectora del IBSTE (Instituto Bíblico y Seminario Teológico de España) y profesor activo en las áreas de Prologómena, Bibligrafía y Antropología. Une a su preparación académica la valiosa experiencia vital y pastoral de su anterior labor por más de 25 años como pastor de la Primera Iglesia Evangélica de Vigo (España).

Autor de más de treinta obras de teología y estudios bíblicos, conferenciante en el ámbito internacional y consultor adjunto de la Editorial CLIE en el área de lenguas bíblicas.