Lunes 13 Marzo El Señor es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? El Señor es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? Salmo 27:1 He aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado. Apocalipsis 3:9
Perseguidor y condenado Mensajes de cristianos perseguidos
Cuando era perseguido debido al Evangelio, una vez fui condenado a muerte. Pero el Señor me protegió, pues en vez de ser ejecutado, me dejaron en la cárcel.
Algún tiempo después, el juez que había pronunciado mi condena tuvo problemas con la justicia. Debido a sus actividades políticas fue condenado a una larga pena. ¡No solo fue llevado a la misma cárcel donde yo estaba, sino a la misma celda!
Cuando me reconoció, empezó a llorar y a decir: «¡Oh, Dios, me rindo! ¡Oh, Jesús, me rindo realmente!».
Así continuó durante cuatro o cinco minutos, luego se dirigió a mí y me dijo: «Así que estoy con usted. ¿Se acuerda de mí? Su vida estaba en mis manos. Yo lo condené a muerte, y mandé ejecutar la sentencia en varias ocasiones, pero cada vez había algo que retrasaba su ejecución. ¿Quién hubiera podido pensar que yo estaría aquí en la cárcel, junto con usted? Veo que su Dios preservó su vida. Usted está en Sus manos. ¡Pero yo estoy en las manos de los jefes del partido! ¡Ellos no me dejarán vivir! Perdóneme, por favor. ¡Necesito a Jesús!».
Lo miré. Había sido mi juez, y ahora yo podía ser el suyo. Y el Señor me mostró qué clase de juicio debía pronunciar: Dios perdona, y nosotros debemos hacer lo mismo. En cuanto a nuestra vida, está en las manos de Dios: “Ni uno de ellos (los pajarillos) cae a tierra sin vuestro Padre” (Mateo 10:29).
Li An (China) Ezequiel 8 – Hechos 18 – Salmo 32:8-11 – Proverbios 11:15-16
¿Cuál es el mensaje esencial de la cruz? | Preguntas bíblicas OSKAR AROCHA
Nota del editor: Este es un fragmento adaptado del libro Dios salva pecadores: Una exposición bíblica a los 20 temas más importantes de la salvación de Dios (Poiema Publicaciones, 2016), por Oskar E. Arocha.
El apóstol Pablo dijo: «Jamás acontezca que yo me gloríe, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo» (Gá 6:14), porque la cruz es la vida, gozo, alegría, deleite y felicidad del cristiano. Pues no hay ira tan profunda que la cruz de Cristo no apacigüe, ni transgresión tan grave que no quite, ni sufrimiento tan profundo que no pacifique, ni mancha tan sucia que no limpie. No hay pecado que la cruz de Cristo no borre, ni deuda tan grande que no pague. ¡Oh, excelsa cruz de Cristo!
En la cruz fue la muerte expiatoria de nuestro Señor Jesucristo, pero ¿cuál es el mensaje esencial de la cruz? Es que Cristo murió haciendo expiación penal en sustitución por nosotros. Dios, en Su Palabra, presenta que la muerte expiatoria de Cristo fue una muerte sustitutoria, penal y satisfactoria.
Una muerte sustitutoria La sustitución señala un glorioso intercambio: Cristo tomó nuestro lugar. Nos tocaba ser humillados y avergonzados como Él lo fue. Nos tocaba recibir el castigo que Él recibió y sufrir lo que Él sufrió. Él murió la muerte que nos tocaba morir. En esos términos coinciden todos los pasajes que hablan de este tema.
El apóstol Pablo escribió a los hermanos en Corinto: «Al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros» (2 Co 5:21). También dijo a los de Galacia: «Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros» (3:13). El autor de Hebreos escribió: «para que por la gracia de Dios [Jesús] probara la muerte por todos» (2:9). El apóstol Juan en su carta dijo que Jesús «es la propiciación por nuestros pecados» (1 Jn 2:2).
Jesús dijo de Sí mismo: «el Hijo del hombre vino… para dar Su vida en rescate por muchos» (Mr 10:45; cp. Mt 20:28). Así que en estos pasajes vemos la descripción explícita de que la muerte de Cristo fue, en esencia, sustitutoria, es decir, en lugar de aquellos por quienes murió.
Una muerte penal El elemento penal de la muerte de Cristo significa que Su muerte fue aquel castigo prescrito como pena a todo aquel que se rebela en contra de Dios y viola Su ley. Cabe señalar que el problema del hombre con Dios no mejora con un cambio de conducta. Tampoco podemos asumir que la vida de Cristo fue tan solo un gran ejemplo a seguir y que desafortunadamente terminó en las manos del Imperio romano. Su muerte no fue una corrección, ni una calamidad, ni una disciplina, sino un castigo penal.
¿Por qué castigar? Porque Dios ha atado la gloria de Su nombre a Su justicia y Su justicia demanda que toda maldad sea pagada. Él ha declarado y no se retractará: «Yo pagaré» (Dt 32:35; Ro 14:19). La muerte es el castigo que merece el pecado. La justicia de Dios demanda castigo y el castigo es la muerte. La Palabra dice: «El día que de él comas, ciertamente morirás» (Gn 2:17), «el alma que peque, esa morirá» (Ez 18:20), «la paga del pecado es muerte» (Ro 6:23; cp. Lv 24:15-16; Gá 3:10).
Por tanto, sabemos que solo hay dos opciones: o paga el pecador, o paga Cristo, y si paga Cristo somos «hechos justicia de Dios en Él» (2 Co 5:21), porque en Él fue anulado «el documento de deuda que consistía en decretos contra nosotros y que nos era adverso, y lo ha quitado de en medio, clavándolo en la cruz» (Col 2:14).
Una muerte satisfactoria El elemento de satisfacción es nuestra garantía de que no hay manera que se pague dos veces por un mismo pecado. Cuando Cristo murió por los pecados, todos los pecados fueron pagados y la justicia de Dios fue satisfecha. Dios quedó satisfecho por completo, porque una compensación completa fue realizada. Así lo expresa el autor de Hebreos:
Y así como está decretado que los hombres mueran una sola vez, y después de esto, el juicio, así también Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente lo esperan (Heb 9:27-28).
El pasaje muestra que, en ambos casos, el nuestro y el de Cristo, hay un aspecto finito: Los hombres mueren una sola vez. El caso del hombre es grave porque sus oportunidades para prepararse para el juicio terminan cuando muere, pero, entonces, Cristo es introducido para llevar los pecados. En medio de la explicación, el autor vuelve e inserta la misma extraordinaria frase una sola vez, a fin de que no quede duda de que la obra de Cristo en la cruz logró satisfacer el juicio de Dios.
El apóstol Juan resalta la misma garantía en su evangelio. Cuando llegó el momento de que Jesús terminara Su obra, lograra la redención y la salvación para los suyos, Jesús dijo: «Consumado es» (Jn 19:30). Con esas últimas palabras Jesús selló la obra que finalizó el castigo, y la justicia de Dios quedó satisfecha.
Por tanto, podemos estar seguros de que «tenemos paz para con Dios» (Ro 5:1), que habiendo Dios entregado a Su Hijo por nosotros, sabemos también que «nos dará también con Él todas las cosas» (Ro 8:32) y que nada ni nadie «nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro» (Ro 8:37-39).
Una “mesa de tres patas” Como se dijo al principio, la esencia de la cruz contiene estos tres elementos imprescindibles, mostrando que la muerte expiatoria de Cristo fue una muerte 1) sustitutoria, 2) penal y 3) satisfactoria. Esta unidad inseparable la podemos ilustrar con una mesa de tres patas. Si le quitas una de las patas a la mesa, la mesa se cae. De igual manera, si solo suspendemos uno de los elementos, hemos perdido la esencia de la cruz.
Agradecemos al Padre que derramó toda su ira por nuestros pecados sobre Jesús. Y damos gracias a Jesús, quien puso Su vida en sustitución por la nuestra. Por eso sabemos que Dios quedó satisfecho y ya «no hay condenación para los que están en Cristo Jesús» (Ro 8:1).
Adquiere el libro: Físico Oskar Arocha es Ingeniero Agrónomo, y posee una maestría en Estudios Teológicos (M.T.S.), del Seminario Bautista Reformado, en Carolina del Sur. Conoció al Señor en el año 1981, y fue ordenado como diácono en el año 2006, en la Iglesia Bautista de la Gracia. A lo largo de su caminar con Cristo, Oskar ha servido como líder de jóvenes, coordinador de eventos de parejas, director de alabanza, y otros ministerios más.
12 de marzo «¿De quién eres tú?». 1 Samuel 30:13 En religión no puede haber neutralidad: o militamos bajo la bandera del Príncipe Emanuel, sirviéndolo y luchando a su lado, o somos vasallos del funesto príncipe Satanás. «¿De quién eres tú?». Lector, permíteme ayudarte a responder esta pregunta. ¿Has nacido de nuevo? Si así es, perteneces a Cristo; de lo contrario, no puedes ser suyo. ¿En quién confías? Porque los que confían en Jesús son los hijos de Dios. ¿La obra de quién estás haciendo? ¿Estás seguro de servir a tu Maestro?; porque aquel a quien sirves tiene el derecho de ser tu señor. ¿Qué amistad cultivas? Si eres de Jesús, fraternizarás con los que visten la librea de la cruz. ¿Qué clase de conversación tienes? ¿Es celestial o terrenal? ¿Qué has aprendido de tu Maestro?; porque los siervos aprenden mucho de los amos de quienes dependen. Si has estado en comunión con Jesús, se dirá de ti aquello que se dijo de Pedro y de Juan: «Les reconocían que habían estado con Jesús» (Hch. 4:13). Insistimos en la pregunta: «¿De quién eres tú?». Responde honradamente antes de dormir. Si no eres de Cristo, estás en una miserable esclavitud. ¡Huye de tu cruel amo! Entra al servicio del Señor de amor, y gozarás de una vida de bendición. Si eres de Cristo, permíteme aconsejarte cuatro cosas… Eres de Cristo: obedécele; que su palabra sea tu ley, que su voluntad sea la tuya. Eres del Amado: ámalo entonces, deja que tu corazón lo abrace; que toda tu alma se llene de él. Eres del Hijo de Dios: confía en él, pues; no reposes en ningún otro sino en él. Eres del Rey de Reyes: entonces muéstrate decidido por él. Así, sin llevar ninguna marca en la frente, todos sabrán de quién eres.
Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 80). Editorial Peregrino.
Domingo 12 Marzo Dios… ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia. Hechos 17:30-31 Dios no siempre callará
En la pared de un campo de trabajos forzados, un condenado escribió: «Creo en Dios incluso cuando calla».
A veces la gente interpreta el silencio de Dios como indiferencia o, peor aún, como una supuesta prueba de que él no existe. Así, cuando suceden hechos atroces e inadmisibles, la gente exclama: «¿Cómo puede existir un Dios bueno?».
Quisiéramos tener un Dios «guardián», capaz de contener todas las cosas que nos molestan, un Dios que cumpla la función que le asignemos. Le señalamos obligaciones y deberes, olvidando que somos nosotros quienes debemos rendirle cuentas, y no al contrario. Olvidamos simplemente que Dios es Dios, que es soberano y que sus planes escapan a nuestra comprensión.
Hoy, como antes, los hombres son oprimidos, los niños sufren, hay muchas injusticias… Dios calla y parece que no hace nada. ¡Pero él ve todo y se acordará de todo! De ningún modo aprueba la injusticia, pues dice: “Desmenuzar bajo los pies a todos los encarcelados de la tierra, torcer el derecho del hombre delante de la presencia del Altísimo, trastornar al hombre en su causa, el Señor no lo aprueba” (Lamentaciones 3:34-36). Viene el día en que Dios ejercerá el juicio, y será terrible: “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (Hebreos 10:31).
Pero Dios ama a los hombres y no quiere condenarlos, sino salvarlos. Él ofrece su gracia a todos los que le confiesan sus pecados y confían en Jesús, quien murió por ellos. No abuse de esta paciencia, ¡acepte su gracia!
90 Segundos de teología Sistemática Josias Grauman Es decano de educación en español y profesor de exposición bíblica en The Master’s Seminary. El Dr. Grauman comenzó su ministerio a tiempo completo como capellán de hospital, sirviendo durante 5 años en el Hospital del Condado de Los Ángeles. Más tarde, él y su esposa sirvieron en la Ciudad de México como misioneros, donde Josías ayudó al Seminario Palabra de Gracia a lanzar su programa de idiomas bíblicos. Josías fue ordenado en Grace Community Church, donde actualmente sirve como anciano en el ministerio en español, junto con su esposa y tres hijos. Josías estudió un B.A. en idiomas bíblicos en The Master’s University, un M.Div. y un D.Min. en The Master’s Seminary. Entre sus obras se encuentran las siguientes: Griego para pastores y Hebreo para pastores.
11 de marzo «Y a ti te llamarán: Buscada». Isaías 62:12 (LBLA) La excelsa gracia de Dios se ve muy claramente en el hecho de que nosotros no solo fuimos buscados, sino angustiosamente buscados. Los hombres buscan algo que han perdido en el suelo de la casa, pero ese buscar no es el buscar angustioso a que se refiere el texto. La pérdida se siente más, y la exploración se hace más persistente, cuando una cosa se busca angustiosamente. Nosotros estábamos mezclados con el barro; nos hallábamos como cuando una preciosa joya de oro ha caído en un sumidero y los hombres revuelven y, cuidadosamente, examinan el montón de abominable basura hasta encontrar el tesoro. O, para usar otra figura: Nosotros estábamos perdidos en un laberinto, vagábamos de aquí para allá y, cuando la misericordia vino tras nosotros con el evangelio, no nos halló enseguida, sino después de indagar y buscarnos angustiosamente. Porque nosotros, como ovejas, estábamos desesperadamente perdidos y habíamos vagado por un país tan extraño que parecía imposible que hasta el Buen Pastor reconociera el rastro de nuestras tortuosas andanzas. ¡Gloria a la invencible gracia, porque fuimos angustiosamente buscados! Ninguna oscuridad pudo ocultarnos, ni inmundicia cubrirnos; fuimos hallados y conducidos al hogar. ¡Gloria al infinito amor, pues Dios el Espíritu Santo nos restauró! Si las vidas de algunos creyentes pudieran escribirse, nos llenarían de admiración. Extraños y maravillosos son los medios que Dios utiliza para encontrar a los suyos. ¡Bendito sea su nombre! Él nunca deja de buscar a sus escogidos hasta hallarlos. Los suyos no son un pueblo buscado hoy y dejado de buscar mañana: la omnipotencia y la sabiduría no fallarán; su Iglesia será llamada «Buscada». Que se busque a alguien es ya una gracia incomparable; pero que se nos busque a nosotros, es gracia por encima de toda consideración. No resulta posible hallar explicación a esto, fuera del soberano amor de Dios, y solo podemos levantar nuestros corazones admirados y alabar al Señor, porque esta noche respondemos al nombre de «Buscada».
Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 79). Editorial Peregrino.
Sábado 11 Marzo Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. Gálatas 2:20 El testimonio de Roberto (2) Mucho más tarde Roberto escribió: «Vine a esta sala movido por necesidades espirituales… mi alma buscaba a Dios; no lo conocía, pero sabía que existía. Nadie me había hablado del Evangelio, ignoraba todo sobre la religión, pues ni mis padres ni yo íbamos a la iglesia. No era más que un pobre chico, criado sin Dios, sin fe, que progresivamente sintió necesidades espirituales, un llamado hacia Dios. ¡Lo necesitaba mucho! Quizá lo que hizo que buscase a Dios en mi juventud fue la pérdida de mi hermana mayor. Es cierto que el sufrimiento puede llevarnos a buscar a Dios.
Y lo encontré, plenamente revelado en Cristo, en quien hallé a mi Salvador y Señor. Desde entonces, las tristezas y las decepciones no han podido alterar mi fe, porque ¡sé en quien he creído! No es una idea, ni una imaginación, ¡sino una realidad vivida! Nunca podré agradecer lo suficientemente a Dios por haberse manifestado a mí, por revelarme a su Hijo y su amor, por permitirme llevar mi mirada y mi corazón hacia lo que será el futuro, la eternidad junto a él. Es uno de los maravillosos planes de Dios».
Luego Roberto consagró su vida a hablar incansablemente del amor de Dios revelado en la persona de Jesucristo. Pudo experimentar que Dios es un Padre bueno y tierno para aquellos que confían totalmente en él.
Usted también puede clamar a Dios, creer lo que la Biblia le dice, y vivir la misma experiencia.
10 de marzo «El hombre […] corto de días y hastiado de sinsabores». Job 14:1
Puede sernos muy útil, antes de conciliar el sueño, recordar este triste hecho; pues el mismo nos enseñará a desprendernos de las cosas terrenales. No hay, en verdad, nada agradable en recordar que no estamos libres de los dardos de la adversidad; pero ese recuerdo puede humillarnos y evitar que nos jactemos como lo hizo el Salmista, cuando dijo: «No seré jamás conmovido» (Sal. 30:6). Ese recuerdo puede también impedir que echemos demasiadas raíces en este suelo del cual muy pronto tendremos que ser trasladados al Edén celestial.
Recordemos cuán breve es nuestra posesión de los favores temporales. Si tuviésemos presente que todos los árboles de la tierra están marcados por el hacha del leñador, no haríamos tan prontamente nuestros nidos sobre ellos. Debemos amar, sí, pero con el amor que aguarda la muerte y no olvida la separación. Nuestros seres queridos solo nos han sido prestados, y la hora en que tendremos que devolvérselos al prestamista puede estar cercana. Lo mismo podemos decir de nuestros bienes terrenales. ¿No toman las riquezas alas y vuelan? Nuestra salud es igualmente precaria: siendo frágiles flores del campo, no debemos pensar que floreceremos para siempre. Hay un tiempo señalado para la debilidad y la enfermedad, en el que tendremos que glorificar a Dios mediante el sufrimiento y no mediante la febril actividad. No hay siquiera un solo momento de la vida que pueda verse libre de las afiladas flechas del dolor; de los pocos días con que contamos, ni uno solo está exento de pesar. La vida del hombre es un tonel lleno de amargura: el que en ella busca gozo sería mejor que buscara miel en un océano de salmuera.
Querido lector, no pongas tu afecto en las cosas de la tierra, busca más bien las cosas de arriba; porque aquí la polilla corrompe y los ladrones minan y hurtan, pero allí todos los goces son perpetuos y eternos. La senda de la aflicción es el camino al hogar. Señor, haz de este pensamiento una almohada para muchas cabezas fatigadas.
Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 78). Editorial Peregrino.
Viernes 10 Marzo ¿Dónde está Dios mi Hacedor? Job 35:10 Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. Salmo 42:1-2 Tu rostro buscaré, oh Señor. Salmo 27:8 El testimonio de Roberto (1)
Roberto era un joven apesadumbrado, cuyas condiciones de vida no eran fáciles. Aunque había sido criado sin religión, se interesó en la Biblia desde que un compañero le dijo que ella hablaba sobre los orígenes de la humanidad. Un día vio en un periódico local la dirección donde podría conocer el Evangelio. «Si tienen el Evangelio, pensó, también deben tener la Biblia». Deseoso de saber más, se dirigió a ese lugar un poco indeciso, llegó tarde… y no retuvo gran cosa de lo que escuchó. Pero al menos consiguió lo que quería, es decir, pudo comprar una Biblia, y se fue sin esperar el cambio.
Algunos días después Roberto volvió a ese pequeño local, que sería el punto de partida de la luz de su vida. Allí oraron por los nuevos asistentes. Roberto nunca había tenido contacto con creyentes, y tampoco había leído nada sobre el Evangelio. «Ya no recuerdo exactamente lo que me dijeron, escribió más tarde; simplemente creí, oré con ellos y todo cambió. Desde entonces jamás he tenido la más mínima duda; al contrario, es como un ámbito en el cual entré a mis 18 años de edad, y donde cada día descubro cosas maravillosas, o más bien, una cosa maravillosa: el amor misericordioso de Dios hacia mí».
Roberto creyó, y lo que llama el «ámbito» en el cual entró es la “nueva vida” que Jesús ofrece a los que creen en él.
Es vicepresidente de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puedes encontrarlo en Twitter.