Cómo El Sufrimiento Revela Su Verdadero Yo

Alimentemos El Alma

Paul David Tripp

Cómo El Sufrimiento Revela Su Verdadero Yo

Problemas de Confianza

Esto es lo que sucede en tiempos de sufrimiento.
Cuando aquello en lo que ha estado confiando (lo sepa o no) es destruido, no sólo sufre la pérdida de esa cosa; también sufre la pérdida de la identidad y la seguridad que esta le proporcionaba.
Esto puede no tener sentido para usted si ahora mismo está pasando por algo que no habría planeado para usted mismo, pero la debilidad que ahora es parte de mi vida regular ha sido un gran instrumento de la gracia de Dios (ver 2 Corintios 12:9.)
Ha hecho dos cosas por mí.
Primero, ha expuesto un ídolo del yo que no sabía que estaba allí. El orgullo por mi salud física y mi capacidad de producir me hizo atribuirme el mérito de lo que no podría haber producido por mi cuenta.
Dios creó y controla mi cuerpo físico, y Dios me ha dado los dones que empleo todos los días. La salud física y la productividad deben producir una gratitud y adoración más profunda, no autosuficiencia y orgullo de la productividad. Estoy agradecido por lo que mi debilidad ha expuesto y por haber sido liberado por gracia de tener que probar por más tiempo que soy lo que creo que soy.
Pero hay una segunda cosa que ha sido maravillosa de entender. Tal vez maldecimos la debilidad física porque nos sentimos incómodos al poner nuestra confianza en Dios.
Permítame explicarle. La debilidad simplemente demuestra lo que ha sido verdad todo el tiempo: somos completamente dependientes de Dios para la vida y el aliento y todo lo demás.
La debilidad no fue el final para mí, sino un nuevo comienzo, porque la debilidad proporciona el contexto en el que se encuentra la verdadera fuerza. Pablo dice en 2 Corintios 12:9 que se jactará de su debilidad. Suena raro y loco cuando lo lees por primera vez, pero no lo es. Ha llegado a saber que el “poder de Dios se perfecciona” en su debilidad. Verás, la debilidad no es lo que tú y yo deberíamos temer. Debemos temer nuestra ilusión de fortaleza. Las personas fuertes tienden a no pedir ayuda, porque piensan que no la necesitan. Cuando se ha demostrado que eres débil, te conectas con los interminables recursos del poder divino que son tuyos en Cristo. En mi debilidad, he conocido una fuerza que nunca antes había conocido.
Cuando Nos Sentimos Con Derecho
Una cosa que moldeó la forma en que sufrí físicamente fueron las expectativas poco realistas. El sufrimiento no debería sorprendernos, pero casi siempre lo hace, y seguramente me sorprendió a mí. Entré en mi enfermedad con mi teología en el lugar correcto. Yo creía que vivía en un mundo que gemía clamando por la redención, pero que estaba luchando con algo más dentro de mí. Había esta expectativa de que siempre sería como había sido, es decir, que siempre sería fuerte y saludable. Había poco espacio en mi vida, en mi familia y en mis planes de ministerio para la debilidad interior o los problemas sin ella. De hecho, no había lugar para ninguna interrupción. Gran parte de la forma en que pensaba y planificaba sobre mí mismo se basaba en la expectativa poco realista de que continuaría escapando de la interrupción regular de la vida y de los planes de uno que ocurre en un mundo que no opera como Dios lo diseñó para operar.
No fui seleccionado; Dios no se había olvidado de mí ni me había dado la espalda.
No estaba siendo castigado por mis decisiones, y no estaba recibiendo las consecuencias esperadas por malas decisiones. Mi historia es acerca de las cosas regulares que nos suceden a todos porque vivimos en un mundo que ha sido dramáticamente dañado por el pecado. En este mundo la debilidad y la enfermedad viven, y nuestros cuerpos se descomponen o no funcionan adecuadamente. En este mundo el dolor, a veces crónico y a veces agudo, nos asalta y hace la vida casi inhabitable. Vivimos en un mundo roto donde la gente muere, los alimentos se pudren, las guerras se enfurecen, los gobiernos se corrompen, la gente toma lo que no es suyo e infligen violencia unos a otros, los cónyuges actúan con odio hacia los demás, los niños son abusados en lugar de protegidos, la gente muere lentamente de hambre o de repente de enfermedades, la confusión sexual y de género vive, las drogas son adictas y destruyen, los chismes destruyen reputaciones, la lujuria y la avaricia controlan los corazones, la amargura crece como el cáncer, y la lista podría seguir y seguir y seguir.
Tendrás Problemas
La Biblia no se anda con rodeos. A cada paso, nos informa y nos advierte sobre la naturaleza del mundo, que es la dirección donde todos vivimos. Ya sea una narrativa dramática de la vida, o una doctrina que informa, o un principio de sabiduría sobre cómo vivir bien, la Escritura trabaja para prepararnos, no para que vivamos con miedo, sino para que estemos listos para las cosas que todos enfrentaremos. Dios nos da todo lo que necesitamos para que vivamos con expectativas realistas y para que los momentos de dificultad no estén llenos de conmoción, miedo y pánico, sino que se experimenten con fe, calma y opciones seguras.
Aunque tenía la teología correcta, de alguna manera, a nivel de la calle, mis expectativas eran poco realistas, y las expectativas poco realistas siempre hacen que el sufrimiento sea más difícil. Lo que quiero decir es que soy un ejemplo vivo de la verdad de que usted y yo nunca sufrimos sólo lo que estamos sufriendo, sino que también sufrimos de la misma manera que lo estamos sufriendo. Cada uno de nosotros trae a nuestro sufrimiento cosas que dan forma a la forma en que sufrimos. Todos sufrimos, pero no de la misma manera, porque nuestro sufrimiento está determinado por lo que llevamos en las dificultades que se nos presentan.
¿Qué Moldeará Su Sufrimiento?
Esto es lo que es tan importante de entender: su sufrimiento está más poderosamente moldeado por lo que hay en su corazón que por lo que hay en su cuerpo o en el mundo que le rodea. No malinterpreten lo que estoy diciendo. Mi sufrimiento fue real, la disfunción en mi cuerpo fue real, el daño a mis riñones es real, el dolor que sufrí fue horriblemente real, y la debilidad que es ahora mi vida normal es real. Pero la manera en que experimenté todas esas duras realidades fue moldeada por los pensamientos, deseos, sueños, expectativas, antojos, miedos y suposiciones de mi corazón. Lo mismo es cierto para usted. Sus respuestas a las situaciones de su vida, ya sean físicas, relacionales o circunstanciales, siempre están más determinadas por lo que hay dentro de usted (su corazón) que por las cosas a las que te enfrentas. Esta es la razón por la que la gente tiene respuestas dramáticamente diferentes a las mismas situaciones de dificultad. Por eso el escritor de Proverbios dice: “Con toda diligencia guarda tu corazón, porque de él brotan los manantiales de la vida (Prov 4:23).
Como una corriente, tus actitudes, elecciones, reacciones, decisiones y respuestas a lo que sea que estés enfrentando fluyen de tu corazón. El corazón es el centro de tu personalidad. El corazón es su núcleo causal, así como la tierra seca se absorbe en el líquido de un arroyo. El sufrimiento atrae los verdaderos pensamientos, actitudes, suposiciones y deseos de tu corazón.
Es verdad que nunca venimos con las manos vacías a ninguna experiencia. Y seguramente siempre arrastramos algo al sufrimiento que entra por nuestra puerta. ¿Qué hay de usted? ¿Qué es lo que lleva consigo que tiene el poder de causarle problemas a usted mismo? ¿Qué tiene el poder de permitirle olvidar que no importa lo doloroso que sea lo que esté soportando, como hijo de Dios es imposible para usted soportarlo todo por usted mismo? Aquel que creó este mundo y lo gobierna con sabiduría, justicia y amor está en usted, con usted y para usted, y nada tiene el poder de separarle de su amor.

Adaptado de Suffering: Gospel Hope When Life Doesn’t Make Sense por Paul David Tripp.

El Misticismo

Alimentemos El Alma

El Misticismo

Martyn Lloyd-Jones

“Y nuestra comunión verdadera es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo” 1 Juan 1: 3

Hemos visto juntos que este es en realidad el gran ofrecimiento del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo. Es lo más importante que nos ofrece, lo que nos permitirá vivir en un mundo que, como hemos visto repetidamente en las Escrituras, se opone fundamentalmente a Dios y, por tanto, a todo lo que le pertenece. “Si el mundo es aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros”, dice Nuestro Señor en Juan 15:18, y como cristianos nunca deberíamos perder esto de vista: El mundo en su perspectiva y mentalidad se opone a Dios, y mientras no se convierta, mientras no reciba una nueva vida, así seguirá siendo.

El problema, pues, al que nos enfrentamos es: ¿cómo debemos vivir esa vida cristiana y divina en un mundo que demuestra semejante oposición en todos sentidos? Y la respuesta de esta epístola, y la de todo el Nuevo Testamento, es que solo hay un modo de hacerlo, y es tener esa comunión con Dios; y eso, según Juan, es la cosa más asombrosa que Nuestro Señor vino a hacer; y no solo nos la reveló, sino que la posibilitó para nosotros. Este es el gran distintivo. No se trata solamente de una enseñanza, es más que una enseñanza: es lo que Él hace por nosotros.

Ahora bien, hemos estado examinando esta gran afirmación desde ciertos ángulos; hemos considerado ciertos requisitos previos para que fuera posible la obra de Cristo y posteriormente hemos intentado considerarla directamente para recordase qué significa exactamente. Pero durante todo este tiempo no he dejado de hacer advertencias. No hay ninguna cuestión, y creo que todos estaremos de acuerdo, que haya sido fuente de tantos malentendidos como precisamente esta. Toda esta idea es tan elevada y maravillosa que, tan pronto comprendemos que es factible siquiera, debe interesarnos de inmediato tenerla y experimentarla; y en cierto sentido, la historia de la Iglesia puede describirse como la historia de los diferentes caminos por los que los hombres y las mujeres han intentado llegar a esta comunión con Dios. Algunas de las más grandes adoraciones de la experiencia cristiana han sido el resultado de este particular interés y empeño, de manera que es una cuestión que debe abordarse con cuidado. Además de haber cambios verdaderos para buscar esa comunión con Dios, también existen caminos falsos.

Ahora bien, es imposible tratar los todos, así que considero que lo más conveniente es mostrar las dos principales formas en que los hombres han buscado la comunión con Dios: la forma evangélica y la forma mística. Ésa es una clasificación muy general. Hay muchos ejemplos en las biografías de los hombres y de las mujeres cristianos que parece combinar las dos formas, y que se solapan mutuamente. Hay muchas subdivisiones en la forma mística, y evidentemente no es razonable esperar tratarla todas en un solo sermón; haría falta todo una serie de sermones. Existe un gran número de volúmenes escrito sobre ellas; bien podríamos decir que hay bibliotecas enteras acerca de toda la cuestión del misticismo. Es un asunto de lo más fascinante y absorbente y, sin duda, apasionante. Evidentemente, pues, sólo puedo tratar lo que describiría como la esencia de la posición evangélica y la esencia de la tesis mística. (Si se me permite de paso, recomendaré un libro que, a mi entender, es uno de los más valiosos e instructivos al respecto, se trata de una serie de conferencias impartidas en mi 1928 y publicado el pago el título de The Vision of God, [La Visión de Dios], por Kenneth E. Kirk)

Aquí tenemos, pues, una cuestión que debe llamarnos la atención, pues lo místico y luego lo evangélico son en ciertos aspectos muy similares, y quizá sea de ahí de donde surge el peligro. El místico y el evangélico están de acuerdo en que Dios trata directamente con nuestros espíritus y nos proporciona un conocimiento de sí mismo. Ambos coinciden en que la comunión no es algo formal y que la verdadera posición cristiana no es meramente externa y mecánica. El místico y el evangélico están de acuerdo en que nuestro objetivo y empeño debería ser la comunión con Dios; ninguno de los dos se da por satisfecho meramente con desempeñar ciertas funciones, o adecuarse a ciertas normas morales. No se trata de eso, dice; el mundo lo puede hacer, y también otras religiones. No —dicen—, lo especial de la religión cristiana es que ofrece comunión al hombre, una intimidad, un conocimiento de Dios, y a ambos les interesa obtenerla.

Pero, tal como intento demostrar, divergen en la forma en que buscan alcanzarla. Vuelvo a recordarte que hubo ciertos casos en que uno debe reconocer que la persona implicada era evangélica y mística al mismo tiempo. Hay casos en los que las personas eran suficientemente evangélicas para darse cuenta de los peligros de su propio misticismo, y eso lo hace bastante difícil desde el punto de vista de la clasificación. Permítaseme dar un ejemplo. Consideremos a Bernardo de Claraval: claramente era místico, pero hemos de reconocer que era evangélico, y hay otros ejemplos. Charles Wesley tenía una importante dimensión mística, aunque era fundamentalmente evangélico, y lo mismo podemos decir de su hermano John. Existen casos que parecen difíciles de clasificar; vayamos, por tanto, a los grandes principios.

¿En qué consiste esa idea de la búsqueda de la comunión con Dios por el llamado camino místico? Como hemos dicho, el misticismo tiene muchas subdivisiones. Puede ser no cristiano por entero; muchos de los filósofos paganos griegos eran místicos en el pleno sentido de la palabra; Hay místicos paganos, como también religiosos, así como, en un sentido, místicos cristianos. Hay cosas comunes a todos ellos; creen por regla general que un hombre puede tener un tipo de intuición inmediata del infinito y de lo eterno. Una definición del término es: “El misticismo es la creencia de que Dios puede ser conocido cara a cara sin intermediario; la conciencia y el conocimiento directos de Dios “. O, quizá, mejor aún: “El misticismo es la teoría que dice que la pureza y la bendición derivadas de la comunión con Dios no se obtienen de la Escrituras ni del empleo de los medios de gracia normales, sino por medio de una influencia sobrenatural e inmediata, y para obtenerla el alma no tiene más que plegarse a ella sin pensamiento o esfuerzo “.

Por regla general, podemos decir que el misticismo hace del sentimiento la fuente del conocimiento de Dios, en detrimento del intelecto, la razón y el entendimiento.

Éste es verdaderamente el hecho diferencial del misticismo. El místico es una persona que dice que ese conocimiento de Dios no se obtiene como resultado de la comprensión o de cualquier conocimiento externo objetivo; es inmediato, una línea directa entre el corazón y el Espíritu de Dios mismo, Y ocurre principalmente en la esfera de los sentimientos. Dios da conocer la Verdad al místico bajo algún modelo o forma.

Y esto supone una gran dificultad para el enfoque evangélico.

El Evangélico siempre afirma la primacía de la palabra de Dios, la revelación objetiva; el místico tiende a despreciarla y dice: “No, lo que he de hacer de algún modo es someterme, y en este estado pasivo, Dios hará alguna cosa en mi espíritu mediante los sentimientos y las sensibilidades, y llegaré a conocer a Dios”.

La supremacía y el énfasis están en la sensibilidad y no en la comprensión.

Ahora bien no todos los místicos están interesados en lo mismo. No quiero entrometerme con términos técnicos, pero hay tres tipos principales. Existe lo que podríamos denominar el teopático*, el

místico que le interesa el sentimiento y la sensación puros. Luego están los teosóficos, las personas que hoy día se llaman así mismas “teósofas”, y a quienes interesa un conocimiento de Dios que procede de la experiencia y quieren someter a examen su conocimiento. Y, por último, el teúrgico, interesado en los fenómenos; deseos de tener visiones y experimentar fenómenos extraños; el tipo de misticismo que se deleita ver esferas de luz o iluminaciones, y a quien le gusta hablar de trances y “sentir” el poder de Dios.

Es interesante echar un vistazo a la historia del misticismo. Casi de forma invariable surge como protesta contra algún tipo de formalismo y entumecimiento de la iglesia. Ocurre sobre todo en la Iglesia Católica Romana y en menor grado en protestantismo. Lo considero muy significativo de por sí; los católicos romanos siempre han producido más místico que los protestantes. El místicos que los protestantes. El misticismo es también una protesta contra el racionalismo y una tendencia a intelectualizar en exceso la fe cristiana. Veremos, pues, que por regla general el misticismo tiende a aparecer en ciertos períodos de la historia de la Iglesia. En los primeros siglos de la Iglesia, cuando hubo un gran debate acerca de la doctrina cristiana, y cuando los doctores de la Iglesia dedicaban su tiempo a elaborar argumentos contra la filosofía griega a fin de salvaguardar la fe cristiana, el peligro radicaba en que todo el Evangelio podía acabar convertido en un sistema intelectual. Y fue en este punto cuando los primeros místicos cristianos hicieron su aparición. “Hemos de ser cuidadosos -decían con todas estas definiciones, corremos el peligro de perder la vitalidad”. En un sentido, pues, el misticismo comenzó en los primeros siglos en Egipto, como protesta contra el enfoque puramente intelectual de la fe cristiana.

Más adelante tuvo lugar el gran estallido del misticismo en la Edad Media con Bernardo y otros parecidos, y de nuevo es claro que surgió por la misma causa. Existia el peligro de que la Iglesia católica romana del tiempo estuviera intentando crear una escuela filosófica oficial. Se había vuelto materialista y estaba muerta e inerte, y ciertos hombres, aun en la Iglesia católica romana en aquello oscuros años medievales, empezaron a decirse unos a otros: “Estamos perdiendo la vida; el propósito de la fe cristiana es llevar a los hombres al conocimiento de Dios; aquí los eruditos filósofos debaten acerca de la naturaleza exacta delos ángeles y de cuantos ángeles pueden sostenerse a la vez en la punta de un alfiler y de todas esas maravillosas abstracciones filosóficas. Esto es, —decían— una negación intrínseca de la fe cristiana”. En la Edad Media se produjo, pues, un estallido místico tal como había ocurrido en el siglo I.

También tenemos pruebas de esto en el protestantismo. Es obvio que con la Reforma ocurrida en el siglo XVI se produjo una gran comprensión de cierto tipo de poder espiritual. Pero como ocurre casi invariablemente después de un avivamiento, fue seguido por un periodo de adormecimiento. Mas tarde se inicia la era de los teólogos, y de nuevo vemos que algunas personas empezaron a sentir que se había perdido la vitalidad; que esa excelente teología, de un modo u otro, se había vuelto mecánica, y se produjo una reacción hacia el misticismo. Los puritanos empezaron a poner un nuevo acento en el Espíritu Santo, y una de las manifestaciones fue lo que se ha dado en llamar cuaquerismo.

Aquí de nuevo encontramos a los místicos, la suya era una protesta contra el intelectualismo de la fe cristiana o contra una declaración meramente mecánica de cierta enseñanza. A finales del siglo XVII y a principios del siglo XVIII tenemos, pues, las principales manifestaciones del misticismo dentro del protestantismo entre los cuáqueros y otros. Una de las personas más destacadas en Gran Bretaña fue William Law con su libro The Serious Call (El llamamiento Importante). Tuvo una gran influencia en los hermanos Wesley, y fue el hombre que Dios utilizó para llevarlos a la luz y a la verdad.

El misticismo desea, pues, hacer su hincapié en la realidad del conocimiento de Dios y de la comunión con Él. ¿Cómo lo hace? Ya he bosquejado su método general, pero a su vez existen dos principales escuelas místicas entre los místicos. La primera escuela cree en el quietismo, pura pasividad. Dicen que no hay que hacer nada sino estar tranquilo y relajado; esta enseñanza sigue gozando de popularidad en algunos lugares. “No debes intentar pensar —dicen—, no debes intentar hacer ningún esfuerzo; lo que hay que hacer es abandonarse a Dios, y Dios te hablará, y te hará cosas, y alcanzarás ese conocimiento de Èl”: pasividad y quietismo. El gran exponente de este aspecto en particular fue la famosa francesa, Madame Guyon.

Esta es una forma, pero existe otro tipo de místico que es más activo. Es muy injusto y muy falso concebir el místico que como una persona vaga y nebulosa. Alguien dijo una vez que si queremos ser justos con el misticismo, no debemos confundirlo con la mística. Hay un tipo de misticismo que es muy activo, y que dice que esa espléndida visión y ese conocimiento de Dios sólo se tiene mediante una disciplina muy rígida. Debes abandonarte a la introspección, debes examinarte a ti mismo; luego debes proseguir con la meditación, debes pensar en esas cosas y más tarde pasar a la fase en que, tras meditar y examinarte a ti mismo, tienes una especie de intuición de Dios. Es lo que se llama “el camino místico”, que te llama a purgarte a ti mismo del pecado, y luego quizá debas pasar por un período conocido como “la oscura noche del alma”, en el que tendrás la sensación de que no conoces a Dios. Pero simplemente mantienes la quietud, prosigues con la introspección, la meditación y tus prácticas ascéticas y, si lo haces, alcanzarás un estado de iluminación, empezarás a ver la Verdad. Empezarás a alcanzar un estado de comprensión, y entonces simplemente contemplarás, y por fin llegarás a un estado de unión con Dios cuando, en cierto modo, te habrás perdido a ti mismo.

Veremos que estos místicos han sido muy activos; su único empeño ha sido llegar a conocer a Dios. La mayoría de los hombres que abandonaron la vida del mundo y se hicieron monjes y anacoretas y entraron en los monasterios, se dedicaron precisamente a esto. Se vestían con camisas de pelo de camello, se mutilaban, por así decirlo, con la creencia de que este era el camino que los llevaría finalmente al estado de unión con Dios; y, como resultado de todo ello, afirmaban tener diversas experiencias. Oímos hablar de éxtasis y visiones gozosas.

¿Y cuál es la critica evangélica a todo esto? Permítaseme definirla de este modo. La principal critica del evangélico puede expresarse de esta forma: afirma ser una prolongación de la inspiración. En un sentido,

el místico afirma que Dios tiene un trato tan directo con él como con los profetas del Antiguo Testamento; afirma que Dios le trata como trato a los Apóstoles.

Ahora bien, como evangélicos creemos que Dios dio un mensaje a los Profetas y a los Apóstoles; pero decimos que puesto que Dios ya lo ha hecho, no hay necesidad de que lo haga directamente con nosotros. Yo no afirmo que lo que estoy diciendo me haya sido dado por inspiración directa de Dios: estoy aquí para exponer las Escrituras. Yo afirmo que el Espíritu Santo me capacita para ello, pero no afirmo que he recibido un mensaje directo de Dios. No, este es el mensaje, el mensaje que fue dado a Juan y a los demás Apóstoles; yo he pasado a formar parte de la comunión con los Apóstoles y repito su mensaje. Pero el místico dice que ha recibido un mensaje novedoso y que se encuentra en un estado de inspiración directa.

Mi segunda crítica sería que el misticismo forzosamente deja de lado a las Escrituras y las hace casi innecesarias. Siempre veremos que las personas con una tendencia mística no hablan mucho de la Biblia. No la leen mucho; ciertamente creo que esto es aplicable a la mayoría de las personas místicas. Dicen: “No, yo no sigo un plan de lectura de la Biblia; por regla general me basta con un versículo. Leo un versículo y me pongo a meditar”. Eso es típico del místico. No necesita esa revelación objetiva; quiere algo con lo que empezar su meditación y luego la recibirá como venida directamente de Dios; devalua las Escrituras. Ciertamente, no dudo en ir más lejos aún y decir que el misticismo, en conjunto, llega a hacer innecesario a Nuestro Señor mismo. Esta es una afirmación muy seria, pero puedo justificarla. Hay personas místicas que afirman que sus almas tienen acceso directo a Dios. Dicen que, tal como son, solo tienen que relajarse, dejarse llevar y permitir que Dios les hable y Èl lo hará; no mencionan al Señor Jesucristo Y no solo eso, creo que se puede expresar en estos términos: el peligro del misticismo es concentrarse tanto en la obra del Señor en nosotros que se olvida de la obra del Señor por nosotros. En otras palabras, se preocupa tanto por la obra inmediata en el alma que olvida por completo la obra preliminar que tuvo que llevarse a cabo para que se pudiera obrar en el alma. Tiende a olvidar la Cruz y la necesidad absoluta de la muerte expiatoria de Cristo antes de que la comunión con Dios sea posible.

O, ciertamente, podemos ir más lejos aún y decirlo de otro modo. El misticismo nunca es demasiado severo con respecto a la doctrina del pecado. El místico tiende a decir: “Mira, no hay nada de que preocuparse. Si quieres conocer a Dios tal como eres, hay que empezar teniendo comunión con Él, que te hablará y te dará todas las bendiciones”. Nunca mencionan la doctrina del pecado, en el sentido de que la culpa del pecado es una cosa tan terrible que nada salvo la venida del Hijo de Dios al mundo y el hecho de que acarreara nuestros pecados en su propio cuerpo en la Cruz, habría permitido jamás que Dios hablase al alma.

Otra seria crítica al misticismo es que nos deja siempre sin un patrón por el que regirnos. Imaginemos que es el camino místico. Empiezo a tener experiencias; pienso que Dios me está hablando; ¿cómo sé que es Dios el que me habla? ¿Cómo puedo saber que no estoy hablando al hombre; cómo puedo estar seguro de no ser una víctima de alucinaciones, tal como le ha ha sucedido a muchos místicos? Si creo en el misticismo como tal, sin la Biblia, ¿cómo puedo comprobar mis experiencias? ¿Cómo pruebo las Escrituras? ¿Cómo descartar la posibilidad de estar siendo engañado por Satanás en forma de ángel de luz para apartarme del Dios vivo y verdadero? Carezco de un patrón.

En otras palabras, mi última crítica es que el misticismo siempre tiende al fanatismo y al exceso. Si anteponemos los sentimientos al entendimiento, acabaremos así irremisiblemente, dado que no tenemos nada con qué comprobar nuestras experiencias, y no tendremos ninguna razón para controlar nuestras sensaciones y nuestras propensiones.

“Muy bien —dice que alguien— si esta es su crítica al misticismo, ¿cuál es el camino evangélico para llegar a ese conocimiento y comunión con Dios?”. Es bastante simple y es este: siempre empieza por las Escrituras; las Escrituras son la única autoridad y criterio definitivo en lo concerniente a estos asuntos, con respecto al conocimiento de Dios. La doctrina evangélica dice que no mire dentro de mí, sino que mire a la Palabra de Dios; que no me examine a mí mismo, sino que examine la Revelación que me ha sido dada. Me dice que Dios sólo puede ser conocido a su propia manera, la manera revelada en las Escrituras mismas.

He de empezar por la obra que Cristo hizo por mí. No hay un verdadero conocimiento de Dios sin Cristo. “Nadie viene al Padre, sino por mí”, dice Nuestro Señor (Juan 14: 6). He de ir a través de Cristo, y de ir por medio de la Cruz. La enseñanza de Cristo no puede llevarme a Dios porque existe la culpa de mi pecado. Es la obra de Cristo por mí antes de la obra de Cristo en mí; aquello que objetivamente ha hecho en esa transacción, es anterior a su obra en mi alma.

Empiezo, pues por eso, y luego tras afrontar la culpa de mi pecado, creo que Él me da vida. Es un don de Dios; no puedo decir que soy capaz de alcanzarlo siguiendo el camino místico; la vida eterna es un don de Dios, y es de comprender que sólo viene a mí a condición de haber visto mi pecado y creer en el Señor Jesucristo y que por tanto debo confiar en Él para la reconciliación. Y dado que la vida eterna es un don de Dios, no he de buscarla directamente; vendrá como resultado de seguir a Dios. Nuestro Señor lo expresó claramente de una vez por todas en el Sermón del Monte. No dijo: “Bienaventurados los hambrientos y sedientos de experiencias espirituales, bienaventurados los hambrientos y sedientos de gozo y felicidad “, ¡de ningún modo! Los bienaventurados, aquellos que experimentan una bendición “tienen hambre y sed de justicia: Porque ellos serán saciados” (Mateo 5:6).

No hemos de buscar directamente esta cosa tan grandiosa; tu y yo hemos de buscar la justicia, y si lo hacemos, Dios nos dará la bendición. Esta maravillosa experiencia de comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo es lo que da a todos los que verdaderamente le buscan de la forma que El nos ha enseñado. Es el tema principal de esta primera Epístola de Juan; el modo de obtener esta comunión, esta maravillosa experiencia, es leer su Palabra, no tomar un versículo y luego introducirlo en nuestra meditación mística. No, es la revelación objetiva, los hechos de la Encarnación, la vida, los milagros, la muerte, la Resurrección, los hechos de la salvación. “Estas cosas —dice Juan— que hemos visto y testificado; estas pruebas que hemos tocado y sentido y palpado”.

La forma evangélica de comunión con Dios es, pues, acudir directamente a la Palabra, conocer su verdad, creerla y aceptarla: orar sobre esta base y esforzarse por entero en un intento y empeño por vivirla y practicarla. “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán saciados”; saciados de la plenitud de Dios, con el conocimiento de Dios y bendiciones que sólo Dios puede dar.

El misticismo es un intento de llegar por un atajo a esas grandes experiencias; el camino de las Escrituras es el otro camino: sencillo, indirecto pero seguro, y libre de todos los efectos del fanatismo y de los excesos, y que lleva a una vida cristiana equilibrada, fiel a Dios y a su Palabra, en línea con los Apóstoles y en línea con la poderosa tradición evangélica de siglos.

Que el Señor abra nuestros ojos a los peligros de esos desvíos y a todos los excesos y al fanatismo que en última instancia desvirtúan al Señor y su gran salvación, y que nos mantenga siempre en esa sincera fidelidad a Jesucristo.

MARTYN LLOYD JONES

Dr. David Martyn Lloyd-Jones nació el 20 December 1899 en Gales y fue ministro en Westminster Chapel de Londres. También fue un reconocido doctor en medicina que llegó a trabajar en la familia real de inglaterra. Él tuvo una tremenda influencia en el ala reformada de la iglesia evangélica del siglo 20 con un gran énfasis en el evangelio. Lloyd-Jones describió el don de predicar como «lógica ardiente.» Su entrenamiento en medicina preparó o le dió un corte lógico a sus sermones. Toda su lógica estaba basada en su formacón como médico, por esta razón encontraba tremendamente atrantivo el evangelio y las escrituras. Después de una vida llena de trabajo, murió tranquilamente mientras dormía en Ealing Londres el 1 Marzo de 1981.

Este articulo fue tomado de: http://www.lumbrera.me/2017/09/26/el-misticismo-martynlloyd-jones/

No es fácil

Alimentemos El Alma

No es fácil

No resulta fácil…
Pedir perdón, empezar de nuevo, aceptar un consejo,
Admitir un error,
Ser generoso, enfrentar la crítica, ser amoroso, seguir probando,
Ser considerado, evitar las equivocaciones mostrarse modesto en el éxito,
beneficiarse de los errores, perdonar y olvidar, salirse de la rutina,
pensar y después actuar,
pensar primero y hablar después,
Lograr lo mejor de lo poco,
Dominar un temperamento rebelde,
Mantener un nivel elevado,
Aceptar una culpa merecida,
Ver la luz al final del tunel,
Pero siempre merece la pena. Procúrelo.

 

Tomado de internet del sitio web: Literatura Bautista

 

No abandone el verdadero comienzo

Alimentemos El Alma

Desatando la Verdad de Dios un día a la vez

Serie: Las lecturas diarias de MacArthur

No abandone el verdadero comienzo

John MacArthur

Ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquier de todo viento de doctrina. Efesios 4:14

Muchos de los que deberían ser conocedores a cabalidad, los pastores y lideres cristianos quienes de manera habitual defienden la fe contra las enseñanzas falsas, han sido tentados a abandonar la batalla por la correcta interpretación de los primeros capítulos de Génesis. Hace poco un pastor evangélico se me acercó después de que prediqué. Se encontraba confundido e intimidado por varios libros que había leído, todos escritos por destacados autores evangélicos, donde se presentaban argumentos a favor de que la tierra ha existido por miles de millones de años. Estos autores tratan a la mayoría de las teorías evolucionistas como irrefutables hechos científicos. En algunas casos estos escritos muestran poseer credenciales científicas o académicas que persuaden a los lectores a estimar que sus opiniones son resultado de la investigación a cabalidad, aunque en realidad se tratan de presunciones naturalistas que incorporan al texto bíblico. Este pastor me preguntó si creía posible que los tres primeros capítulos de Génesis fueran solo una seria de artificios literarios o poéticos con el propósito de darles una aplicación <<espiritual>> de lo que ocurrió durante miles de millones de ańos de evolución.

Le respondí sin rodeos: No, no lo creo. Estoy convencido de Génesis capítulos 1 al 3 deben recibirse como lo que son: La historia de la creación revelada por Dios. Nada en el texto mismo de Génesis indica que el registro bíblico de la creación sea simbólico, poético, alegórico, o mítico. El mensaje central del pasaje no puede reconciliarse con la noción de que la creación ocurrió de modo natural mediante procesos evolutivos durante largos periodos de tiempo. Además, no creo que un tratamiento justo del texto bíblico según principios aceptables de hermenéutica, pueda reconciliar estos capítulos con la teoría de la evolución o cualquier otra de las teorías denominadas científicas acerca del origen del universo.

¿Cómo se ha sentido tentado a ceder a la idea del mundo acerca de la verdad?

The battle for the Beginning, pp. 18-19

John MacArtur

Desatando la verdad de Dios, un día a la vez

Las lecturas diarias de MacArthur

 

 

 

El verdadero comienzo

Alimentemos El Alma

Desatando la Verdad de Dios un día a la vez

Serie: Las lecturas diarias de MacArthur

El verdadero comienzo

John MacArthur

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Genesis 1:1

Dios sí creó los cielos y la tierra. Y hay un solo documento que con credibilidad reclama ser un registro revelado divinamente de esa creación: El libro de Génesis. A menos que exista algún creador que nos haya dejado sin información con respecto a nuestros origen y propósito, el pasaje de Génesis 1 y 2 no tiene paralelo y es la única descripción de la creación revelada por Dios. En otras palabras, si hay un Dios que creó los cielos y la tierra, y si Él dio a conocer a la humanidad algún registro de la creación, ese registro es el Génesis. Si el Dios de las Escrituras no creó los cielos y la tierra, entonces estamos sin respuesta reales a cualquier asunto de importancia. Todo esto se reduce a esas dos simples opciones.

Así que si creemos en el registro de Génesis o no influye en todo lo demás.

Podemos creer o no en lo que dice Génesis. Si Génesis 1.1 es verdad, entonces el universo y todo lo que hay en él fue creado por un Dios amoroso y personal cuyos propósitos nos han sido revelados en las Escrituras. También, si el registros de Génesis es verdadero, nosotros llevamos el sello de Dios y Él nos ama, y porque somos hechos a su imagen, los seres humanos tenemos dignidad, valía y obligaciones que sobrepasan a las de todas las otras criaturas. Por otra parte, si Génesis es verdad, no solo tenemos las respuestas del mismo Dios a las preguntas de quiénes somos y cómo llegamos donde estamos, sino que además tenemos la promesa de salvación de nuestro pecado.

¿De qué manera el hecho de que Dios creó el mundo afecta su modo de ver la vida?

The Battle for the Beginning, pp. 42-43 

John Mac Artur

La definición de la Verdad

Alimentemos El Alma

Desatando la Verdad de Dios un día a la vez

Serie: Las lecturas diarias de MacArthur

La definición de la Verdad

John MacArthur

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Juan 14:6

Entonces, ¿qué es la verdad?

Esta es una definición simple tomada de lo que enseña la Biblia: La verdad es lo que es coherente con la mente, voluntad, carácter, gloria y ser de Dios.

Yendo más allá en el punto: La verdad es la propia expresión de Dios. Ese es el significado bíblico de verdad y es la definición que empleo a lo largo de este libro. Porque la definición de verdad fluye de Dios, la verdad es teológica.

La verdad también es ontológica, que es una extraña manera de decir que es como las cosas realmente son. La realidad es lo que es porque Dios lo declaró y lo hizo así. Por eso, Dios es el autor, fuente, determinante, gobernador, árbitro, máximo ejemplo y juez definitivo de toda la verdad.

El Antiguo Testamento hace referencia al Todopoderoso como <<Dios de verdad>> (Deuteronomio 32:4; Salmos 31:5; Isaias 65:16). Cuando Jesús dijo de sí mismo:<<Yo soy…….la verdad>>(Juan 14:6, énfasis agregado), de ese modo Él estaba haciendo una profunda declaración acerca de su propia deidad. Él estaba aclarando también que toda <<verdad>> debe ser definida en términos de Dios y su eterna gloria. Después de todo, Jesús es <<el resplandor de su gloria [la de Dios], y la imagen misma de sus sustancia [su persona]>> (Hebreos 1:3).

El es la verdad encarnada, la perfecta expresión de Dios y de ahí, la encarnación absoluta de todo lo que es verdad.

Jesús también dijo que la Palabra escrita de Dios es verdad. No contiene meramente trozos de verdad; ella es la pura, inalterable e inviolable verdad,  que (según Jesús) <<no puede ser quebrantada>> (Juan 10:35).

Dios se reveló a sí mismo a la humanidad mediante las Escrituras y mediante su Hijo. Los dos encarnas perfectamente la esencia de qué es la verdad.

¿De qué manera tiene que someterse a la verdad que Dios ha revelado en Su Palabra?

Verdad en guerra, pp2-3

 

John Mac Artur

 

 

 

 

 

La importancia de la Verdad

Alimentemos El Alma

Desatando la Verdad de Dios un día a la vez

Serie: Las lecturas diarias de MacArthur

La importancia de la Verdad

John MacArthur

Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Juan 8:32

Cada cristiano verdadero debería conocer y amar la verdad. Las escrituras dicen que una de las características claves de <<los que se pierden>> (aquellas personas que están condenadas por su incredulidad) es que <<no recibieron el amor de la verdad para ser salvos>> (2 Tesalonicenses 2:10). Es claro que el amor genuino por la verdad se edifica en la fe salvadora. Es por lo tanto, una de las distintivas de cada  creyente verdadero. Según las palabras de Jesús, ellos conocieron la verdad, y la verdad los ha hecho libres (Juan 8:32).

 En una época en que la sola idea de verdad está siendo atacada con desdén (aun en la iglesia donde las personas deberían reverenciar la verdad), el consejo sabio de Salomón nunca fue tan oportuno: <<Compra la verdad, y no la vendas>> (Proverbios 23:23)

No hay nada en todo el mundo más importante o más valioso que la verdad. Y la iglesia tendría que ser <<columna y baluarte de la verdad>> (1 Timoteo 3:15)

No saber lo que usted cree es, por definición, una especie de incredulidad. Negarse a reconocer y defender la verdad revelada de Dios es una especie particularmente tenaz y perniciosa de la incredulidad. Abogar por la ambigüedad, exaltar la incertidumbre u otra cosa que deliberadamente nubla la verdad es una manera pecaminosa de nutrir la incredulidad.

¿Dónde tiene dudas en sus creencias?

Verdad en guerra, pp. xi-xii

John Mac Artur

La incomparable, inconmensurable Majestad del Señor.  

Alimentemos El Alma

Isaias 40:12-31

La incomparable, inconmensurable Majestad del Señor.  

1¿Quién midió las aguas en el hueco de Su mano,

Y con Su palmo tomó la medida de los cielos,

O con un tercio de medida calculó el polvo de la tierra?

¿Quién pesó los montes con la báscula,

Y las colinas con la balanza?

¿Quién guió al Espíritu del Señor,

O como consejero suyo le enseñó?

¿A quién pidió consejo y quién le dio entendimiento?

¿Quién lo instruyó en la senda de la justicia, le enseñó conocimiento,

Y le mostró el camino de la inteligencia?

Las naciones le son como gota en un cubo,

Y son estimadas como grano de polvo en la balanza.

Él levanta las islas como al polvo fino.

El Líbano no basta para el fuego,

Ni bastan sus bestias para el holocausto.

Todas las naciones ante Él son como nada,

Menos que nada e insignificantes son consideradas por Él.

¿A quién, pues, asemejarán a Dios,

O con qué semejanza lo compararán?

El artífice funde el ídolo,

El orfebre lo recubre de oro

Y el platero le hace cadenas de plata.

El que es muy pobre para tal ofrenda

Escoge un árbol que no se pudra;

Se busca un hábil artífice

Para erigir un ídolo que no se tambalee.

¿No saben? ¿No han oído?

¿No se lo han anunciado desde el principio?

¿No lo han entendido desde la fundación de la tierra?

Él es el que está sentado sobre la redondez de la tierra,

Cuyos habitantes son como langostas.

Él es el que extiende los cielos como una cortina

Y los despliega como una tienda para morar.

 Él es el que reduce a la nada a los gobernantes,

Y hace insignificantes a los jueces de la tierra.

Apenas han sido plantados,

Apenas han sido sembrados,

Apenas ha arraigado en la tierra su tallo,

Cuando Él sopla sobre ellos, se secan,

Y la tempestad como hojarasca se los lleva.

«¿A quién, pues, ustedes me harán semejante

Para que Yo sea su igual?» dice el Santo.

Alcen a lo alto sus ojos

Y vean quién ha creado estos astros:

El que hace salir en orden a su ejército,

Y a todos llama por su nombre.

Por la grandeza de Su fuerza y la fortaleza de Su poder

No falta ni uno.

¿Por qué dices, Jacob, y afirmas, Israel:

«Escondido está mi camino del Señor,

Y mi derecho pasa inadvertido a mi Dios?».

¿Acaso no lo sabes? ¿Es que no lo has oído?

El Dios eterno, el Señor, el creador de los confines de la tierra

No se fatiga ni se cansa.

Su entendimiento es inescrutable.

Él da fuerzas al fatigado,

Y al que no tiene fuerzas, aumenta el vigor.

Aun los mancebos se fatigan y se cansan,

Y los jóvenes tropiezan y vacilan,

Pero los que esperan en el Señor

Renovarán sus fuerzas.

Se remontarán con alas como las águilas,

Correrán y no se cansarán,

Caminarán y no se fatigarán.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA)

Leer versión: Nueva Biblia de las Américas

Nueva Biblia de las Américas  (NBLA) es una traducción precisa y fiel de los idiomas originales hebreo, arameo y griego. La NBLA usa los mismos principios de traducción que  La Biblia de las Américas , pero está en el español moderno y contemporáneo que se habla en América Latina. Por ejemplo, usa el pronombre personal «ustedes» en lugar de «vosotros», los pronombres posesivos «su / suyo / suya» se usan en lugar de «vuestro», y usa el pronombre personal segunda persona «los, les, se» en lugar de «os».

El NBLA es atractivo para el lector temprano y avanzado mediante el uso de un español refrescante pero no diluido, lo que lo convierte en una lectura elegante. Reemplaza el «he aquí» con «miren» y lo elimina en algunos casos. El texto no incluye el uso excesivo de «Y» y reduce el uso de «sucedió que o sucedió» y «sucedió que».

Se prestó especial atención para actualizarlo gramaticalmente de acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española.

http://www.alimentemoselalma.com

 

Muerto al Pecado

Alimentemos El Alma

Desatando la Verdad de Dios un día a la vez

Serie: Las lecturas diarias de MacArthur

Muerto al Pecado

John MacArthur

Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez y por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Romanos 6:10

Los cristianos han muerto al pecado. Por tanto, es inconcebible para Pablo que podamos seguir viviendo en el pecado del que fuimos librados por la muerte de Cristo. Solo una mente corrupta usando la lógica pervertida podría argumentar que continuar en pecado magnifica la gracia de Dios. Es evidente que la muerte termina la vida, es igualmente obvio que la muerte al pecado debe poner fin a una vida de continua transgresión.

[ Muerto al pecado ]habla de un hecho histórico que se refiere a nuestra muerta en la muerte de Cristo. Ya que estamos [ en Cristo ] (Romanos 6:11; 8.1) y Él murió en nuestro lugar (Romanos 5.6-8), somos contados como muertos con Él. Por tanto, estamos muertos a la pena y dominio del pecado. La muerte es permanente. La muerte y la vida son incompatible. Así que la persona que ha muerto al pecado no puede seguir viviendo en pecado. Ciertamente podemos cometer pecados, pero no vivimos más en la dimensión del pecado y bajo el dominio del pecado (cp. Romanos 8.2-4). No es solo que no debemos seguir viviendo en pecado continuo, sino que no podemos.

La frase [ los que hemos muerto al pecado ] no describe una clase avanzada de los cristianos. Pablo está hablando aquí de todos los creyentes. Su argumento es que una vida justificada debe ser una vida santificada. Santidad práctica en tanto la obra de Dios como cualquier otro elemento de la redención. Cuando nacemos de nuevo, Dios no solo nos declara justos, sino que también comienza a cultivar la justicia en nuestras vidas. No hay tal cosa como un verdadero convertido a Cristo que es justificado pero que no está siendo santificado.

¿Qué le resulta más difícil acerca de la noción de [ morir al pecado ]?

The Gospel According to the Apostles, pp.113-114 

John MacArthur