¿Qué es teología cristiana?

La palabra «teología» proviene de dos palabras griegas que significa «Dios» y «palabra». Al combinarlas, la palabra «teología» significa «el estudio de Dios». La teología cristiana es el estudio de lo que la biblia enseña y lo que los cristianos creen. Muchos creyentes consideran la teología cristiana como algo que trae división, o algo que hay que evitar. ¡En realidad, la teología cristiana debería unir! La palabra de Dios enseña la verdad y debemos estar unidos tras esa verdad. Sí, hay desacuerdos y disputas en la teología cristiana. Sí, hay libertad para discrepar sobre aspectos que no son importantes de la teología cristiana. Por otra parte, hay muchas cosas en las cuales los cristianos deberían estar unidos. Una teología cristiana basada en la biblia nos permitirá comprender mejor a Dios, la salvación y nuestra misión en este mundo.

Para algunos, la palabra «teólogo» evoca imágenes de ancianos malhumorados examinando minuciosamente polvorientos volúmenes de textos antiguos en habitaciones con muy poca luz, estudiando cosas que están completamente lejos de la vida real. Nada podría estar más lejos de la verdad. Segunda Timoteo 3:16-17 nos dice que toda la escritura es inspirada por Dios, literalmente fue hablada por Dios, y es indispensable para nosotros porque nos hace completos y sin faltarnos absolutamente nada. Ser un teólogo, es ser uno que busca el rostro de Dios para encontrar al creador del universo y a su hijo Jesucristo, y abrazarlo como el señor de nuestras vidas, de modo que él se convierta en el centro de nuestros deseos, afectos y conocimiento. Esta intimidad se extiende a todos los aspectos de nuestras vidas, estremeciéndonos con sus bendiciones, consolándonos en tiempos de pérdida, fortaleciéndonos en nuestras debilidades y sosteniéndonos hasta el fin de nuestras vidas cuando lo veamos cara a cara. La escritura es la historia de Dios, y entre más estudiemos su palabra, mejor le vamos a conocer.

A continuación se presentan las diferentes categorías de la teología cristiana. El entender lo que la biblia dice acerca de las diferentes áreas de la teología cristiana, es clave para el crecimiento espiritual y la efectividad en la vida cristiana.

Teología propiamente dicha / Paterology – el estudio de Dios el padre.

Cristología – el estudio de la persona y la obra de Jesucristo.

Pneumatología – el estudio de la persona y la obra del Espíritu Santo.

Bibliología – el estudio de la palabra de Dios.

Soteriología – el estudio de la salvación a través de Jesucristo.

Antropología cristiana – el estudio de la naturaleza de la humanidad.

Hamartiología – el estudio de la naturaleza y los efectos del pecado.

Angelología – el estudio de los ángeles.

La demonología cristiana – el estudio de los demonios.

Eclesiología – el estudio de la naturaleza y la misión de la iglesia.

Escatología – el estudio de los tiempos finales / los últimos días.

GotQuestion.org es un ministerio de siervos voluntarios dedicados y preparados, que tienen el deseo de asistir a otros en su entendimiento de Dios, la Escritura, la salvación y otros tópicos espirituales. Somos cristianos protestantes, conservadores, evangélicos, fundamentalistas y sin denominación. Nos consideramos como un ministerio paralelo al de la iglesia, trabajando hombro con hombro con la iglesia para ayudar a la gente a encontrar respuestas a sus preguntas de índole espiritual.

Yo soy un católico, ¿por qué debo considerar el convertirme en cristiano?

Primero, por favor comprende que no intentamos ofenderte en la redacción de esta pregunta. Verdaderamente recibimos preguntas de católicos, tales como; “¿Cuál es la diferencia entre católicos y cristianos?” En conversaciones cara a cara con católicos, literalmente hemos escuchado, “Yo no soy cristiano, soy católico” Para muchos católicos, el término “cristiano” y “protestante” son sinónimos. Con todo lo expuesto, el intento de este artículo es que los católicos estudien lo que dice la Biblia acerca de ser un cristiano, y quizás consideren que la fe católica no es la mejor representación de lo que describe la Biblia.

La diferencia clave entre católicos y cristianos es la visión que se tiene de la Biblia. Los católicos ven la autoridad de la Biblia al mismo nivel de la autoridad de la Iglesia y la tradición. Los cristianos ven la Biblia como la suprema autoridad para la fe y la práctica. La pregunta es, ¿cómo se presenta la Biblia a sí misma? 2 Timoteo 3:16-17 nos dice, “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” La Escritura, por sí misma, es suficiente para que el cristiano sea enteramente preparado para toda buena obra. Este texto nos dice que la Escritura no es “solo el principio”, o “solo las bases”, o el “cimiento para una más completa tradición eclesiástica.” Por el contrario, la Escritura es perfecta y totalmente suficiente para todo en la vida cristiana. La Escritura puede enseñarnos, reprendernos, corregirnos, entrenarnos, y equiparnos. Los cristianos bíblicos no niegan el valor de las tradiciones de la iglesia. Más bien, los cristianos sostienen que para que una tradición de la iglesia sea válida, debe estar basada en una clara enseñanza de la Escritura, así como estar en concordancia con la misma. Amigo católico, estudia la Palabra de Dios por ti mismo. En la Palabra de Dios encontrarás la descripción y la intención de Dios para Su iglesia. 2 Timoteo 2:15 dice, “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.”

Una segunda diferencia clave entre católicos y “cristianos bíblicos” es el entendimiento de la manera en que podemos aproximarnos a Dios. Los católicos tienden a aproximarse a Dios a través de intermediarios, tales como María o los santos. Los cristianos se aproximan a Dios directamente, ofreciendo oraciones a nadie más que a Dios mismo. La Biblia proclama que nosotros podemos aproximarnos al trono de Gracia de Dios confiadamente (Hebreos 4:16). La Biblia es perfectamente clara en que Dios desea que le oremos a Él, que tengamos comunicación con Él, que le pidamos a Él las cosas que necesitamos (Filipenses 4:6; Mateo 7:7-8; 1 Juan 5:14-15). No hay necesidad de mediadores o intermediarios, porque Cristo es nuestro único y solo mediador (1 Timoteo 2:5), y tanto Cristo como el Espíritu Santo, están ya intercediendo a nuestro favor (Romanos 8:26-27; Hebreos 7:25). Amigo católico, Dios te ama íntimamente y ha provisto una puerta abierta para una comunicación directa a través de Jesucristo.

La diferencia más crucial entre católicos y “cristianos bíblicos” está en el tema de la salvación. Los católicos ven la salvación casi enteramente como un proceso, mientras que los cristianos ven la salvación de dos formas; como un estado y un proceso. Los católicos se ven a sí mismos como “siendo salvados”, mientras que los cristianos se ven a sí mismos como “habiendo sido salvados”. 1 Corintios 1:2 nos dice, “… a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos…” Las palabras “santificados” y “santos” vienen de la misma raíz griega. Este verso establece ambas cosas, que los cristianos son santificados y llamados a ser santos. La Biblia presenta la salvación como un regalo que es recibido al momento en que una persona pone su fe en Jesucristo como su Salvador (Juan 3:16). Cuando una persona recibe a Cristo como Salvador, él / ella es justificada, (declarada justa – (Romanos 5:9), redimida (rescatada de la esclavitud del pecado – 1 Pedro 1:18), reconciliada, (logrando la paz con Dios – Romanos 5:1), santificada (puesta aparte para los propósitos de Dios – 1 Corintios 6:11), y renacida como una nueva creación (1 Pedro 1:23; 2 Corintios 5:17). Cada una de estas características son hechos consumados que son recibidos al momento de la salvación. Los cristianos son entonces llamados a vivir y practicar (llamados a ser santos), lo que ya es una realidad, posicionalmente (santificados).

El punto de vista católico es que la salvación se recibe por fe, pero entonces ésta debe ser “mantenida” por buenas obras y participación en los Sacramentos. Los cristianos bíblicos no niegan la importancia de las buenas obras o que Cristo nos llama a observar las ordenanzas en memoria de Él y en obediencia a Él. La diferencia es que el punto de vista cristiano es que estas cosas son el resultado de la salvación, y no un requerimiento para la salvación, o un medio para mantener la salvación. La salvación es una obra completa, comprada por el sacrificio expiatorio de Jesucristo (1 Juan 2:2). Como resultado, todos nuestros pecados son perdonados y se nos promete la vida eterna en el cielo, al momento en que recibimos el regalo que Dios nos ofrece – la salvación a través de Jesucristo (Juan 3:16).

Amigo católico, ¿deseas esta “salvación tan grande” (Hebreos 2:6)? Si es así, todo lo que debes hacer es recibirla (Juan 1:12), a través de la fe (Romanos 5:1). Dios nos ama y nos ofrece la salvación como un regalo (Juan 3:16). Si recibimos Su gracia, por fe, tenemos la salvación como nuestra eterna posesión (Efesios 2:8-9). Una vez salvados, nada podrá separarnos de Su amor (Romanos 8:38-39). Nada puede arrebatarnos de Su mano (Juan 10:28-29). Si deseas esta salvación, si deseas obtener el perdón de todos tus pecados, si deseas tener la seguridad de tu salvación, si deseas tener acceso directo al Dios que te ama – recíbela y es tuya.

Esta es la salvación por la que Jesús murió para concedérnosla y la que Dios ofrece como un regalo.

Monergismo vs. sinergismo ¿Cuál doctrina es la correcta?

Este tema ha sido intensamente debatido dentro de la iglesia por siglos.

No es exagerado decir que este debate concierne la esencia misma del Evangelio. Primero, vamos a definir los dos términos. Cuando hablamos de monergismo vs. sinergismo, teológicamente hablando, estamos hablando acerca de quién realiza nuestra salvación. El monergismo, que proviene de una palabra griega compuesta que significa “trabajar solo”, es la creencia de que solo Dios efectúa nuestra salvación. Esta doctrina es sostenida primeramente por las tradiciones calvinistas y reformistas y están estrechamente unidas a lo que se conoce como las “doctrinas de la gracia”. El sinergismo, que también proviene de una palabra griega compuesta, significa “trabajar juntos”, y es la creencia de que Dios trabaja junto con nosotros para efectuar la salvación. Mientras que el monergismo está estrechamente asociado con Juan Calvino, el sinergismo está asociado con Jacob Arminio, y sus opiniones han influido grandemente en el panorama evangélico moderno. Calvino y Arminio no son los creadores de estos puntos de vista, pero son los proponentes más conocidos del Calvinismo y el Arminianismo.

Estas dos posturas fueron fuertemente debatidas a principios del siglo XVII, cuando los seguidores de Arminio publicaron Los Cinco Artículos de la Reconvención (FAR – por sus siglas en inglés), un documento que declara en qué parte su teología difiere de la de Calvino y sus seguidores. El punto crucial en este debate, está entre la doctrina calvinista de la elección incondicional, contra la doctrina arminiana de la elección condicional. Si uno cree que la elección es incondicional, entonces uno se inclinará a la doctrina monergística de la salvación. Por el contrario, si uno sostiene que la elección está basada en el conocimiento previo de Dios de quién va a creer en Él, entonces uno se inclinará hacia la perspectiva sinergista.

El punto de vista de una elección incondicional se establece en la Confesión de Fe de Westminster, “A aquellos que Dios ha predestinado para vida, desde antes que fuesen puestos los fundamentos del mundo, conforme a su eterno e inmutable propósito y al consejo y beneplácito secreto de su propia voluntad, los ha escogido en Cristo para la gloria eterna. Dios los ha predestinado por su libre gracia y puro amor, sin previsión de su fe o buenas obras, de su perseverancia en ellas o de cualquiera otra cosa en la criatura como condiciones o causas que le muevan a predestinarlos; y lo ha hecho todo para alabanza de su gloriosa gracia” (CFW III.5, énfasis añadido). Como podemos ver, la elección incondicional enseña que la decisión de Dios de los elegidos, está basada en el beneplácito de Su voluntad y nada más. Además, Su opción en la elección, no se basa en Su presciencia de la fe de una persona o de alguna buena obra, o de la perseverancia de esa persona en la fe o en buenas obras.

Hay dos pasajes bíblicos clásicos que apoyan esta doctrina. El primero es Efesios 1:4-5, “Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad”. De acuerdo con este pasaje, fuimos elegidos por Dios para estar en Cristo – santos y sin mancha – antes de la creación del mundo, y esta elección estaba basada en “el puro afecto de su voluntad”. El otro pasaje es Romanos 9:16, “Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia”. La elección de Dios no depende de nada de lo que hagamos o creamos, sino que se hace únicamente a discreción de la misericordia de Dios.

La esencia del calvinismo, y el argumento monergístico, es que Dios está en el negocio de salvar realmente a las personas y no solo hacer que se salven. Puesto que toda la gente nace en pecado, y por su naturaleza caída (total depravación), ellos siempre rechazarán a Dios; Él debe actuar salvando a los elegidos sin ninguna condición previa de parte de ellos, como la fe. A fin de otorgar las bendiciones de salvación y vida eterna a los elegidos, Dios debe primero expiar sus culpas (expiación limitada). Entonces, esta gracia y salvación se debe aplicar a los elegidos, y así, el Espíritu Santo aplica los efectos de la salvación a los elegidos, por medio de la regeneración de sus espíritus y llevándolos a la salvación (gracia irresistible). Finalmente, aquellos a quien Dios ha salvado, Él los preservará hasta el final (perseverancia de los santos). De principio a fin, la salvación (en todos sus aspectos) es una obra de Dios, y solo de Dios – ¡monergismo! El punto es que textualmente la gente está siendo salvada – los elegidos. Considera Romanos 8:28-30. En este pasaje, vemos que hay un grupo de gente a quienes Dios llama “… conforme a su propósito”. Estas personas son identificadas como “los que aman a Dios”. Estas personas también son aquellas que en los vv. 29-30 son conocidas de antemano, predestinadas, llamadas, justificadas y glorificadas. Es Dios quien está moviendo a este grupo de gente (los que aman a Dios, los elegidos) desde el conocimiento previo a la glorificación, y ninguno se pierde en el camino.

En apoyo al argumento sinergístico, volvamos nuestra atención a los Cinco Artículos de la Reconvención: “Que Dios, por un eterno e inmutable propósito en Jesucristo Su Hijo, antes de la fundación del mundo, ha determinado, que de la raza caída de hombres pecadores, salvaría en Cristo, por amor a Cristo, y a través de Cristo, a quienes, a través de la gracia del Espíritu Santo, han de creer en éste Su hijo Jesús, y han de perseverar en esta fe y obediencia de la fe, a través de esta gracia, incluso hasta el final; y, por otra parte, dejar al incorregible e incrédulo en el pecado y bajo la ira, y condenarlos como alejados de Cristo, según la palabra del Evangelio en Juan 3:36: ‘El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él’. Y también de acuerdo a otros pasajes de la Escritura” (CAR, Artículo I, énfasis añadido). Aquí vemos que la salvación es condicional a la fe y perseverancia del individuo. Lo que hace la elección condicional, es colocar el factor determinante de nuestra salvación directamente sobre nosotros, en nuestra capacidad de elegir a Jesús y permanecer en Él. Ahora, los arminianos afirmarán que nuestra capacidad de elegir a Jesús es el resultado de una gracia universal que Dios da primeramente a todas las personas, que compensa los efectos de la caída, y le permite al hombre decidir aceptar o rechazar a Cristo. En otras palabras, Dios debe hacer algo incluso para posibilitar la elección de la salvación, pero al final es nuestra elección la que nos salva. La referencia bíblica que proporciona el Artículo I, ciertamente afirma que aquellos que creen tienen vida eterna y quienes se resisten a creer no tienen vida eterna, así que parecería que hay algún apoyo bíblico para esta doctrina. Por tanto, el argumento sinergista asegura que Dios hace posible la salvación, pero es nuestra elección la que la hace efectiva.

Así que, mientras que el monergismo asegura que Dios es una condición necesaria y suficiente para nuestra salvación, el sinergismo estará de acuerdo en que Dios es una condición necesaria, pero negará Su suficiencia. Nuestro libre albedrío más la actividad de Dios es lo que la hace suficiente. Lógicamente hablando, debemos ser capaces de ver el error en el argumento sinergista – que realmente Dios no salva a nadie. Esto coloca la responsabilidad de la salvación en nosotros, porque somos nosotros quienes tenemos que hacer realidad esa salvación al poner nuestra fe en Cristo. Si Dios realmente no salva a nadie, entonces es posible que nadie vaya a salvarse. Si Dios verdaderamente no salva a nadie, ¿cómo podemos explicar pasajes tan poderosos como Romanos 8:28-30? Todos los verbos griegos en ese pasaje son ariosto/indicativo, significando que la acción ahí descrita está completa; no hay ninguna potencialidad implicada en este pasaje. Desde la perspectiva de Dios, la salvación ha sido efectuada. Más adelante, el Artículo IV de la Reconvención dice que la gracia de Dios es resistible, y el Artículo V afirma que aquellos que han elegido la gracia de Dios, también pueden caer de esa gracia y “regresar a este mundo impío” convirtiéndose en “desprovistos de la gracia”. Esta postura contradice la clara enseñanza de la Escritura respecto a la seguridad eterna del creyente.

Si ese es el caso, ¿cómo entonces respondemos al apoyo bíblico de la elección condicional (cfr. Juan 3:36)? No se niega que la fe sea necesaria para hacer la salvación “efectiva” en nuestra vida, pero ¿qué lugar tiene la fe en el orden de la salvación? (Ordo Salutis)? Nuevamente, si consideramos Romanos 8:29-30, vemos una progresión lógica de la salvación. La justificación, que normalmente se ve cuando consideramos la salvación por fe, es la cuarta en esa lista, precedida por el conocimiento previo, la predestinación y el llamamiento. Ahora, el llamado puede dividirse en lo siguiente: regeneración, evangelismo, fe y arrepentimiento. En otras palabras, el “llamado” (referido como “llamado eficaz” por los teólogos reformados), primero debe incluir haber nacido de nuevo por el poder del Espíritu Santo (Juan 3:3). Después viene la predicación del Evangelio (Romanos 10:14-17), seguido por la fe y el arrepentimiento. Sin embargo, antes de que cualquiera de esto ocurra, lógicamente debe estar precedido por el conocimiento previo y la predestinación.

Esto nos trae a la pregunta de la presciencia. Los arminianos afirmarán que la presciencia se refiere a que Dios conoce la fe de los elegidos. Si ese es el caso, entonces la elección de Dios ya no está basada en el “puro afecto de su voluntad,” sino más bien en nuestra disposición de haberlo elegido, independientemente de nuestra condición caída, la cual, de acuerdo a Romanos 8:7 es hostil hacia Dios, e incapaz de hacerlo. La visión arminiana de la presciencia también contradice la clara enseñanza de los pasajes arriba mencionados en apoyo a la elección incondicional (Efesios 1:4-5 y Romanos 9:16). Este punto de vista esencialmente le roba a Dios Su soberanía y coloca la responsabilidad de la salvación directamente sobre los hombros de las criaturas que son totalmente incapaces de salvarse a sí mismas.

En conclusión, el peso de la evidencia lógica y el peso de la evidencia bíblica, apoya la creencia monergística de la salvación – Dios es el autor y consumador de nuestra salvación (Hebreos 12:2). “Aquel que comenzó en nosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6). El monergismo no solo tiene un profundo impacto en la forma en que uno ve la salvación, sino también el evangelismo. Si la salvación está basada únicamente en la gracia salvadora de Dios, entonces no hay razón para que nos gloriemos, y toda la gloria le pertenece únicamente a Él (Efesios 2:8-9). Además, si Dios realmente salva a la gente, entonces nuestros esfuerzos evangelísticos deben dar fruto, porque Dios ha prometido salvar a los elegidos. ¡El monergismo es sinónimo de dar mayor gloria a Dios!

¿Por qué mueren las personas?

¿Por qué mueren las personas?

Las personas mueren a causa de lo que se denomina el «pecado original», es decir la desobediencia de Adán y Eva en el jardín del Edén. Dios había advertido a la primera pareja que si transgredían su ley, esto resultaría en su muerte (Génesis 2:17), y eso fue lo que sucedió. «La paga del pecado es muerte» (Romanos 6:23a).

Adán y Eva fueron estaban destinados a habitar con Dios para siempre, así que probablemente ni siquiera sabían lo que significaba «morir». Desafortunadamente, en algún momento de la eternidad pasada, el pecado invadió el reino celestial de los ángeles, y Satanás tentó a Eva y ella cayó en pecado. Eva dio el fruto a su esposo, y él la siguió en el pecado. Ese pecado trajo la muerte al mundo, mientras que la humanidad se separaba de la fuente de la vida.

Desde ese momento, cada ser humano producido por una mujer con la ayuda de un hombre, ha producido hijos en pecado. Esta naturaleza pecaminosa trae consigo la muerte. «Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron» (Romanos 5:12).

Génesis 3 describe la maldición que Dios proclamó sobre el mundo. La maldición incluyó estas palabras para Adán: «hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás» (Génesis 3:19). La muerte física del cuerpo es de lo que Dios habló aquí. La muerte física no ocurrió inmediatamente para Adán y Eva, pero, a causa de su pecado, los animales inocentes murieron (Génesis 3:21).

La muerte espiritual fue el otro tipo de muerte que el pecado de Adán y Eva trajo; sus espíritus fueron separados del Espíritu de Dios; su relación estaba rota. Esta muerte espiritual se produjo inmediatamente después de que comieron el fruto prohibido, y esto produjo temor y vergüenza (Génesis 3:10). La muerte espiritual, al igual que la muerte física, se transmitió a sus descendientes (Efesios 2:1).

Desde Adán, la raza humana ha trabajado bajo «la ley del pecado y de la muerte» (Romanos 8:2). Dios, en su bondad, envió a su hijo para abolir la ley del pecado y de la muerte, y para establecer «la ley del Espíritu que da vida» (Romanos 8:2). 1Corintios 15:20-26 dice, «Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados…Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte».

¿Qué es la gloria de Dios?

La gloria de Dios es la belleza de Su espíritu. No es una belleza estética o material, sino una belleza que emana de Su carácter, de todo lo que Él es. Santiago 1:10 hace un llamado al hombre rico para que se “gloríe en su humillación,” indicando una gloria que no tiene que ver con la riqueza, el poder o la belleza material. Esta gloria puede coronar a un hombre o llenar la tierra. Es vista dentro de un hombre y en la tierra, pero no es de ellos; es de Dios. La gloria del hombre es la belleza del espíritu del hombre, la cual es falible y eventualmente pasajera, y por lo tanto es humillación – como lo dice el verso. Pero la gloria de Dios, la cual es manifiesta en el conjunto de todos Sus atributos, jamás se desvanece. Es eterna.

Isaías 43:7 dice que Dios nos creó para Su gloria. En contexto con otros versos, puede decirse que el hombre “glorifica” a Dios porque a través del hombre, la gloria de Dios puede ser vista en cosas tales como el amor, la música, el heroísmo, etc. – cosas pertenecientes a Dios que nosotros llevamos en “vasos de barro” (2 Corintios 4:7). Somos los vasos que “contienen” Su gloria. Todas las cosas que somos capaces de hacer y de ser, encuentran su fuente en Él. Dios interactúa con la naturaleza de la misma manera. La naturaleza exhibe Su gloria. Su gloria es revelada en la mente del hombre a través del mundo material en muchas formas, y con frecuencia de diferentes maneras para diferentes personas. Una persona puede quedar cautivada por la vista de las montañas, y otra persona puede amar la belleza del mar. Pero quién está detrás de ambos (la gloria de Dios) le habla a ambas personas y las conecta con Dios. De esta manera, Dios es capaz de revelarse a Sí mismo a todos los hombres, sin importar su raza, herencia o lugar. Como dice el Salmo 19:1-4. “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo sus palabras.”

El Salmo 73:24 llama “gloria” al mismo cielo. Solía ser común escuchar a los cristianos hablar de la muerte como ser “recibido en la gloria,” la cual es una frase tomada de este Salmo. Cuando el cristiano muere, él será llevado a la presencia de Dios, y en Su presencia estará naturalmente rodeado por la gloria de Dios. Seremos llevados al lugar donde literalmente reside la belleza de Dios – la belleza de Su Espíritu estará allí, porque Él estará allí. Nuevamente, la belleza de Su Espíritu (o la esencia de Quien Es Él) es Su “gloria.” En ese lugar, Su gloria no necesitará venir a través del hombre o la naturaleza, en vez de ello será vista claramente, así como lo dice 1 Corintios 13:12, “Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.”

En el sentido terrenal/humano, la gloria es una belleza o vitalidad que descansa sobre lo material de la tierra (Salmo 37:20, Salmo 49:17), y en ese sentido, es pasajera. Pero la razón de su desvanecimiento es porque las cosas materiales no perduran. Éstas se marchitan y mueren, porque la gloria que se encuentra en ellas pertenece a Dios, y vuelve a Él cuando el deterioro o la muerte se adueñan de lo material. Piensa en el hombre rico que mencionamos antes. Los versos dicen, “El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación, pero el que es rico, en su humillación; porque él pasará como la flor de la hierba.” ¿Qué significa esto? El verso está advirtiendo al hombre rico, que se dé cuenta que su riqueza, poder y belleza proceden de Dios, y que se humille al recapacitar en que es Dios quien hizo lo que él es, y le dio todo cuanto tiene. Y el estar consciente de que él perecerá como la hierba, lo traerá a la conclusión de que la gloria procede de Dios. Que Dios es la fuente, el manantial de donde emanan todas las pequeñas glorias.

Puesto que la gloria procede de Dios, Él no permitirá establecer la afirmación de que la gloria proviene del hombre, o de los ídolos del hombre, o de la naturaleza. En Isaías 42:8, vemos un ejemplo del celo de Dios por Su gloria. Este celo por Su propia gloria es de lo que Pablo está hablando en Romanos 1:21 cuando habla sobre las maneras en las que la gente adora a la criatura en vez de al Creador. En otras palabras, ellos miran al objeto a través del cual procede la gloria de Dios, y en vez de dar a Dios el crédito por ello, ellos adoran a ese animal, o árbol u hombre como si la belleza que poseyeran se hubiera originado dentro de ellos. Este es el corazón mismo de la idolatría y es un hecho muy común. Todo aquel que haya vivido, ha cometido este error en uno u otro momento. Todos nosotros hemos “cambiado” la gloria de Dios a favor de la “gloria del hombre.”

Este es el error que mucha gente continúa haciendo: confiando en cosas terrenales, en relaciones terrenales, en sus propios poderes, talentos o belleza, o en la bondad que ven en otros. Pero cuando estas cosas se desvanecen y caen como lo harán inevitablemente (siendo sólo contenedores temporales de la gloria mayor), esta gente cae en la desesperación. Lo que todos necesitamos considerar es que la gloria de Dios es constante, y que los que viajamos a través de la vida, la veremos manifestada aquí y allá, en esta persona, o ese bosque, o en una historia de amor o heroísmo, ficticia o no, o en nuestras propias vidas. Pero al final, todo eso regresa a Dios. Y el único camino a Dios es a través de Su Hijo, Jesucristo. Es en Él donde encontraremos la fuente misma de toda la belleza en el cielo, si estamos en Cristo. Nada será una pérdida para nosotros. Todas esas cosas que se desvanecieron en la vida, las encontraremos nuevamente en Él.

¿Qué es el misticismo cristiano?

¿Qué es el misticismo cristiano?

El misticismo cristiano es una palabra difícil de definir. A veces se piensa como en la práctica del conocimiento experiencial de Dios. El término también puede aplicarse al misterio de la eucaristía en el catolicismo romano, así como los supuestos significados ocultos de las escrituras, como en el gnosticismo. La biblia no tiene significados ocultos, ni los elementos de la comunión se convierten literalmente en el cuerpo y la sangre de Cristo. Si bien es cierto que los cristianos experimentan a Dios, el misticismo cristiano tiende a elevar el conocimiento experiencial y deleitarse en lo misterioso, centrándose en la mística para el crecimiento espiritual. El cristianismo bíblico se centra en conocer a Dios por medio de Su palabra (la biblia) y la comunión con el Espíritu Santo a través de la oración. El misticismo tiende a ser una práctica individual y subjetiva, mientras que el cristianismo bíblico es una relación particular con Dios y una relación que necesariamente se vive en comunidad. No existe tal cosa como la de un cristiano solitario. No todo lo que se podría considerar «misticismo cristiano» es malo, pero en gran parte es, y un enfoque en el misticismo sin duda puede conducir al error.

El misticismo se puede encontrar en muchas religiones. A menudo involucra el ascetismo de alguna clase y busca la unión con Dios. Es verdad que uno quiere acercarse a Dios, pero la unión mística con Dios es diferente del tipo de intimidad con Dios, a la que están llamados los cristianos. El misticismo tiende a buscar la experiencia y a veces se ve como secreto o elitista. Los cristianos son conscientes y se involucran en las realidades espirituales (Efesios 1:3; 6:10-19) y el cristianismo bíblico comprende la experiencia espiritual, pero la intimidad con Dios está destinada para todos los cristianos y no está velada por cualquier clase de práctica misteriosa. Acercarse a Dios no es nada misterioso o elitista, sino que implica cosas como la oración regular, el estudio de la palabra de Dios, adorar a Dios, y tener comunión con otros creyentes. Nuestros esfuerzos palidecen en comparación con la obra que Dios mismo hace en nosotros. De hecho, nuestros esfuerzos son más una respuesta a Su obra y no algo que se origina en nosotros.

Los cristianos tienen lo que podrían considerarse experiencias místicas. Cuando aceptamos a Jesús como Salvador, el Espíritu Santo habita en nosotros. El Espíritu Santo nos transforma y nos permite vivir el llamado de Dios. A menudo, un cristiano lleno del Espíritu Santo, demostrará gran sabiduría, fe o discernimiento espiritual. Un cristiano lleno del Espíritu Santo también demostrará cosas como el amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe y dominio propio (Gálatas 5:22-23). El Espíritu Santo ayuda a que los creyentes entiendan la verdad y la vivan (1 Corintios 2:13-16). Este no es el resultado de prácticas místicas, sino una señal de la permanencia del Espíritu Santo obrando en nosotros. La segunda carta a los Corintios 3:18 habla acerca de la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas: «Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor».

El movimiento carismático, con su énfasis en sueños y visiones, sentimientos y experiencias, y la nueva revelación, es una forma de misticismo cristiano. Ya que tenemos toda la palabra de Dios, no estamos llamados a buscar sueños, visiones o revelación extra de parte de Dios. Aunque es posible que hoy en día Dios se revele a sí mismo en sueños y visiones, debemos tener cuidado de la naturaleza subjetiva de los sentimientos e impresiones espirituales.

Es importante recordar que cualquier cosa que un cristiano experimente debe alinearse con la verdad de la biblia. Dios no se contradice a sí mismo. Él no es el autor de la confusión (1 Corintios 14:33). Dios ciertamente está más allá de nuestra comprensión, y hay mucho respecto a Él que es misterioso. Sin embargo, Él se nos ha revelado. En lugar de buscar experiencias místicas, debemos involucrarnos en las cosas que Dios nos ha revelado (Deuteronomio 29:29). Efesios 1:3-14 habla de las bendiciones espirituales en Cristo. En parte, este pasaje dice, «dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra» (v. 9-10). Dios ha revelado el misterio y nos invita a caminar fielmente en Sus caminos mientras completa Su plan (Juan 15:1-17; Filipenses 3:20-21; 2 Corintios 5:16-21).

Segunda de Pedro 1:3-8 resume muy bien nuestro llamado: «Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo». Hay misterio, sin embargo, la manera en la que estamos llamados a vivir no es nada misterioso. Estudie la palabra, busque honrar a Dios y permita que Su Espíritu Santo obre dentro de usted.

¿Qué dice la Biblia acerca de la depresión?

¿Qué dice la Biblia acerca de la depresión?

¿Cómo puede un cristiano vencer la depresión?

La depresión es un padecimiento que se ha propagado grandemente afectando a millones de personas, tanto a cristianos como a no cristianos. Quienes sufren de depresión pueden experimentar intensos sentimientos de tristeza, ira, desesperanza, fatiga y una variedad de otros síntomas. Pueden empezar a sentirse inútiles y aún pensar en el suicidio, perdiendo interés en cosas y personas con las que antes disfrutaban. Con frecuencia la depresión es provocada por las circunstancias de la vida, tales como la pérdida del trabajo, la muerte de un ser querido, el divorcio o problemas psicológicos como el abuso o la baja autoestima.

La biblia nos dice que estemos llenos de gozo y alabanza (Filipenses 4:4; Romanos 15:11), así que aparentemente Dios propone que vivamos vidas con gozo. Esto no es fácil para alguien que atraviesa por una situación depresiva, pero ésta puede mejorar a través de los dones de Dios en la oración, estudios bíblicos y su aplicación, grupos de apoyo, compañerismo con otros creyentes, confesión, perdón y consejería. Debemos hacer un esfuerzo consciente para no estar absortos en nosotros mismos, sino más bien dirigir nuestros esfuerzos al exterior. Los sentimientos de depresión con frecuencia pueden resolverse cuando el que sufre quita la atención de sí mismo y la pone en Cristo y los demás.

La depresión clínica es una condición física que debe ser diagnosticada por un médico especialista. Puede que no sea causada por circunstancias desafortunadas de la vida, ni los síntomas pueden ser aliviados por voluntad propia. Contrariamente a lo que algunos creen en la comunidad cristiana, la depresión clínica no siempre es causada por el pecado. En ocasiones la depresión puede ser un desorden que necesita ser tratado con medicamentos y/o consejería. Desde luego, Dios es capaz de curar cualquier enfermedad o desorden; sin embargo, en algunos casos, el consultar a un doctor por una depresión, no es distinto a ir a un médico por una herida.

Hay algunas cosas que pueden hacer quienes sufren de depresión, para aliviar su ansiedad. Deben asegurarse de estar firmes en la Palabra, aún cuando no sientan deseos de hacerlo. Las emociones pueden desviarnos, pero la Palabra de Dios permanece firme e inmutable. Debemos mantener firme también nuestra fe en Dios, y acercarnos aún más a Él cuando pasemos por tribulaciones y tentaciones. La biblia nos dice que Dios nunca permitirá en nuestras vidas, aquellas tentaciones que estén más allá de nuestra capacidad para manejarlas (1 Corintios 10:13). Aunque el estar deprimido no es pecado, el cristiano sí es responsable de la manera cómo responda a la aflicción, incluyendo el obtener la ayuda profesional que necesite. “Así que, ofrezcamos siempre a Dios por medio de Él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesen su nombre” (Hebreos 13:15).

¿Cuál es el modelo bíblico del liderazgo de la iglesia?

¿Cuál es el modelo bíblico del liderazgo de la iglesia?

Hay un modelo distinto para el liderazgo de la iglesia en el Nuevo Testamento, aunque este modelo pareciera que se asume en lugar de ser recomendado específicamente. El Nuevo Testamento menciona dos posiciones oficiales en la iglesia: diáconos y ancianos (también llamados pastores o supervisores).

Las palabras anciano (a veces traducido «presbítero»), pastor (que puede ser traducido como «pastor») y supervisor (a veces traducido como «obispo») se usan indistintamente en el Nuevo Testamento. Aunque estos términos con frecuencia significan cosas diferentes entre las diversas iglesias de hoy en día, el Nuevo Testamento al parecer indica un oficio, que fue ocupado por varios hombres piadosos dentro de cada iglesia. Los siguientes versículos ilustran cómo los términos se cruzan y se usan indistintamente:

En Hechos 20:17-35, Pablo está hablando a los líderes de la iglesia de Éfeso. Se les llama «ancianos» en el versículo 17. Luego en el versículo 28 dice, «Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor». Aquí los ancianos son llamados «obispos» y sus deberes pastorales están implícitos ya que a la iglesia se le llama «rebaño».

En Tito 1:5-9, Pablo da las calificaciones de los ancianos (versículo 5) y dice que estas calificaciones son necesarias porque «es necesario que el obispo sea irreprensible» (versículo 7). En 1 Timoteo 3:1-7, Pablo da las calificaciones para los obispos, que son esencialmente las mismas que las calificaciones para los ancianos en Tito. En 1 Pedro 5:1-4, Pedro les dice a los ancianos que «pastoreen el rebaño de Dios». De estos pasajes, vemos que el oficio de anciano/pastor/supervisor-obispo es uno. Aquellos que ocupan este cargo deben dirigir, enseñar y cuidar la iglesia de la misma manera que un pastor.

Además, vemos que cada iglesia tiene ancianos (plural). Se supone que los ancianos deben gobernar y enseñar (1 Timoteo 5:17). El modelo bíblico es que un grupo de hombres (y los ancianos siempre son hombres) es responsable del liderazgo espiritual y el ministerio de la iglesia. No se menciona una iglesia que tenga un solo anciano/pastor que esté a cargo de todo, ni tampoco se menciona el gobierno congregacional (aunque la congregación juega un papel).

Aunque los ancianos son responsables de enseñar y dirigir el rebaño, aún queda mucho por hacer a nivel físico. El oficio del diácono se enfoca en las necesidades materiales de la iglesia. En Hechos 6, la iglesia de Jerusalén satisfacía las necesidades materiales de muchas personas de la iglesia por medio de la distribución de alimentos. Algunas de las viudas acudieron a los apóstoles porque no recibían lo que necesitaban. Los apóstoles respondieron: «No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas» (Hechos 6:2). Para aliviar a los apóstoles, se le dijo al pueblo «Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra. Pero nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra» (versículos Hechos 6:3-4). Aunque los hombres escogidos aquí no se llaman diáconos, la mayoría de los eruditos bíblicos los ven como los primeros diáconos, o al menos como un prototipo del cargo. La palabra diácono simplemente significa «siervo». Los diáconos son nombrados oficiales de la iglesia que atienden las necesidades más físicas de la iglesia, aliviando a los ancianos para atender un ministerio más espiritual. Los diáconos deben estar espiritualmente preparados, y las cualidades de los diáconos se dan en 1 Timoteo 3:8-13.

En resumen, los ancianos dirigen y los diáconos sirven. Estas categorías no son mutuamente excluyentes. Los ancianos sirven a su pueblo dirigiendo, enseñando, orando, aconsejando, etc.; y los diáconos pueden dirigir a otros en el servicio. De hecho, los diáconos pueden ser los líderes de los equipos de servicio dentro de la iglesia. Sin embargo, existe una distinción básica entre los responsables del liderazgo espiritual de la iglesia y los responsables del servicio.

Entonces, ¿dónde encaja la congregación en el modelo de liderazgo de la iglesia? En Hechos 6, fue la congregación la que eligió a los diáconos; por lo tanto, muchas iglesias de hoy harán que la congregación designe y ratifique a los diáconos de la iglesia. Y, por supuesto, los miembros de la congregación serán los principales ministros y evangelistas que alcancen a un mundo perdido. La idea de que la congregación contrate ministros profesionales para hacer el trabajo de la iglesia no es bíblica.

Puede haber algunas variaciones locales en el liderazgo de la iglesia porque esto es sólo un modelo básico; cada detalle no está descrito en las Escrituras. El modelo básico que se encuentra en el Nuevo Testamento es que toda iglesia debe tener una pluralidad de ancianos piadosos (hombres) que sean responsables de dirigir y enseñar a la iglesia y diáconos piadosos que sean responsables de facilitar los aspectos materiales del ministerio de la iglesia. Una pluralidad de ancianos protege a la iglesia de las debilidades y posibles excesos que un solo anciano podría ocasionar. Mientras se siga este modelo básico, la iglesia funciona según el modelo bíblico. Tener un único pastor que controle la iglesia no es el modelo bíblico, y tampoco lo es un acuerdo en el que el pastor trabaje para los diáconos que realmente dirigen la iglesia. La congregación debe seguir la dirección de los pastores que siguen a Cristo. En su sabiduría, los ancianos pueden pedir la aprobación de la congregación para decisiones importantes, pero la congregación no debe ser la autoridad final. La responsabilidad recae en los ancianos/pastores/supervisores, los cuales responden a Cristo.

¿Entregar los problemas a Dios?

¿Entregar los problemas a Dios?

Muchas veces es una verdad desconcertante para muchos cristianos que, aunque pertenecemos a Dios por la fe en Cristo, parece que seguimos experimentando los mismos problemas que sufríamos antes de ser salvos. A menudo nos desanimamos y nos enfrascamos en las preocupaciones de la vida. El hecho de que tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento traten este problema de la misma manera, demuestra que Dios sabe que los problemas y las preocupaciones son inevitables en esta vida. Afortunadamente, Él nos ha dado la misma solución que nos dio tanto en los Salmos como en la carta de Pedro. «Echa sobre el Señor tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo» (Salmo 55:22), y «echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros» (1 Pedro 5:7).

Estos dos versículos contienen unas verdades asombrosas: Dios nos sostendrá, nunca nos dejará postrados y cuida de nosotros. En primer lugar, vemos que Dios declara tanto Su capacidad como Su voluntad para ser nuestra fortaleza y apoyo, mental, emocional y espiritualmente. Él puede ( y lo mejor de todo, está dispuesto) tomar todo aquello que amenaza con agobiarnos y usarlo para nuestro beneficio. Él ha prometido que «todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados». Incluso en los momentos en que dudamos de Él, sigue obrando para nuestro bien y Su gloria. También ha prometido que no permitirá que ninguna prueba sea tan grande que no podamos soportar en el poder de Cristo y que proveerá una salida (1 Corintios 10:13). Con esto quiere decir que no nos dejará postrados, como prometió en el Salmo 55:22.

La tercera afirmación – «él cuida de ti»- nos da la motivación que hay detrás de Sus otras promesas. Nuestro Dios no es indiferente, insensible o caprichoso. Por el contrario, es nuestro amoroso Padre celestial, cuyo corazón es compasivo para con Sus hijos. Jesús nos recuerda que, al igual que un padre terrenal no negaría el pan a sus hijos, de la misma manera Dios ha prometido darnos «buenas cosas» cuando se las pedimos (Mateo 7:11).

Con la intención de pedir buenas cosas, primero debemos orar y decirle al Señor que entendemos lo que dice en Juan 16:33, donde Jesús dice: «Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo». Luego, debemos pedirle al Señor que nos muestre cómo Él ha «vencido» nuestros problemas, nuestras preocupaciones, nuestra ira, nuestros miedos y nuestra culpa.

El Señor nos revela a través de Su Palabra, la Biblia, que podemos tener buen «ánimo», y que podemos:

1) alegrarnos de nuestros problemas porque Dios los usará para nuestro beneficio. «sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza» (Romanos 5:3-4);

2) ver nuestras «preocupaciones» como una oportunidad para practicar Proverbios 3:5-6, «Fíate del Señor de todo tu corazón,

Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas»;

3) contrarrestar nuestra ira obedeciendo Efesios 4:32, «Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo»; y

4) tratar con cualquier sentimiento pecaminoso creyendo y actuando sobre la verdad de 1 Juan 1:9, «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad». Todos nuestros problemas pueden ser superados mediante la simple fe en la Palabra de Dios.

Dios es más grande que todas nuestras preocupaciones y problemas juntos, y debemos darnos cuenta de ello si queremos tener alguna victoria en nuestras vidas. Todo el mundo sufre con estas dificultades, porque la Biblia enseña que la tentación es «común» a la humanidad (1 Corintios 10:13). No debemos dejar que Satanás nos engañe pensando que todos nuestros problemas son culpa nuestra, que todas nuestras preocupaciones se harán realidad, que toda nuestra ira nos condena o que toda nuestra culpa proviene de Dios. Si pecamos y nos confesamos, Dios perdona y limpia. No tenemos que sentirnos avergonzados, sino aceptar la palabra de Dios de que Él perdona y limpia. Ninguno de nuestros pecados es tan pesado como para que Dios no pueda quitárnoslos y arrojarlos a lo más profundo del mar (ver Salmo 103:11-12).

En realidad, los sentimientos provienen de los pensamientos, así que, aunque no podamos cambiar la forma en que nos sentimos, sí podemos cambiar la forma en que pensamos. Y esto es lo que Dios quiere que hagamos. Por ejemplo, en Filipenses 2:5, se les dice a los cristianos: «Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús». En Filipenses 4:8, se les dice a los cristianos que piensen en cosas «verdaderas», «honesto», «justas», «puras», «amable» y «dignas de alabanza». En Colosenses 3:2, se nos dice: «Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra». Por lo tanto, cuando lo hacemos, disminuyen nuestros sentimientos de culpa.

Así que, cada día, dando un paso a la vez, debemos orar para que la Palabra de Dios nos guíe, leer o escuchar la Palabra de Dios, y meditar en la Palabra de Dios cuando los problemas, las preocupaciones y las ansiedades de la vida se presenten. El secreto para entregar las cosas a Cristo no es en realidad ningún secreto: es simplemente pedirle a Jesús que tome nuestra carga del «pecado original» y sea nuestro Salvador (Juan 3:16), además de someternos a Jesús como nuestro Señor en nuestra vida diaria.

¿Por qué nos permite Dios pasar por pruebas y tribulaciones?

¿Por qué nos permite Dios pasar por pruebas y tribulaciones?

Una de las partes más difíciles de la vida cristiana es el hecho de que ser un discípulo de Cristo no nos hace inmune a las pruebas y las tribulaciones de la vida. ¿Por qué un Dios bueno y amoroso nos permitiría pasar por cosas tales como la muerte de un niño, enfermedades y daños a nosotros mismos y nuestros seres queridos, dificultades financieras, preocupación y temor? Ciertamente, si nos amara, quitaría todas estas cosas de nosotros. Después de todo, ¿no significa el amarnos que Dios quiere que nuestras vidas sean fáciles y cómodas? No, no es así. La Biblia enseña claramente que Dios ama a aquellos que son Sus hijos, y “todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28). Eso debería significar entonces que las pruebas y tribulaciones que Él permite en nuestras vidas son parte de todas las cosas que nos ayudan a bien. Por lo tanto, para el creyente, todas las pruebas y tribulaciones deben tener un propósito divino.

Como en todas las cosas, el propósito final de Dios es que seamos transformados más y más a la imagen de Su Hijo (Romanos 8:29). Esta es la meta del cristiano, y todo en la vida, incluyendo las pruebas y tribulaciones, está diseñado para permitirnos alcanzar esa meta. Es parte del proceso de la santificación, siendo apartados para los propósitos de Dios y equipados para vivir para Su gloria. Se explica la manera en que las pruebas logran esto en 1 Pedro 1:6-7: “En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo”. La fe del verdadero creyente se reforzará mediante las pruebas que experimentamos para que podamos descansar en el conocimiento de que es real y va a durar para siempre.

Las pruebas desarrollan el carácter piadoso, y eso nos permite “…[gloriarnos] en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:3-5). Jesucristo fue el ejemplo perfecto. “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Estos versículos revelan aspectos de Su propósito divino tanto para las pruebas y tribulaciones de Jesucristo como por las nuestras. El perseverar comprueba nuestra fe. «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13).

Sin embargo, debemos tener cuidado de nunca hacer excusas por nuestras “pruebas y tribulaciones” si son el resultado de nuestra propia maldad. «Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno» (1 Pedro 4:15). Dios perdonará nuestros pecados porque el castigo eterno para ellos ha sido pagado por el sacrificio de Cristo en la Cruz. Sin embargo, todavía tenemos que sufrir en esta vida las consecuencias naturales por nuestros pecados y malas decisiones. Pero Dios usa incluso esos sufrimientos para moldear y formarnos para Sus propósitos y nuestro bien supremo.

Las pruebas y tribulaciones vienen con un propósito y una recompensa. “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna… Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman»(Santiago 1:2-4,12).

A través de todas las pruebas y tribulaciones de la vida, tenemos la victoria. “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:57). Aunque estamos en una batalla espiritual, Satanás no tiene autoridad sobre el creyente en Cristo. Dios nos ha dado Su Palabra para guiarnos, Su Espíritu Santo que fortalecernos, y el privilegio de venir a Él en cualquier lugar y en cualquier momento, a orar por todo. Él también nos ha asegurado que no habrá tentación que nos pondrá a prueba más allá de nuestra capacidad para resistir, y “dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10:13).