¿Cómo y por qué surgieron las denominaciones en la iglesia? 

Coalición por el Evangelio

¿Cómo y por qué surgieron las denominaciones en la iglesia? 

SAM MASTERS

Desde la época de Martín Lutero, la diversidad de denominaciones protestantes ha servido como uno de los argumentos más usados por apologistas católicos en contra de la Reforma. Esto a pesar de que dentro de la Iglesia católica romana existe una diversidad parecida, pero el dogma de la supremacía del obispo de Roma sirve para enmascarar tales diferencias doctrinales y políticas entre los fieles católicos.

Aún así, podemos reconocer que no es ideal el mercado variado de denominaciones evangélicas que existe hoy. En 1 Corintios 1, Pablo advierte del peligro de ser unos de Pablo y otros de Apolos (v. 12). No parece equivocado aplicar esto a la tendencia que tenemos de ser unos de Lutero y otros de Calvino.

Entonces, ¿qué debemos hacer? La solución no es sencilla, ya que Pablo también nos advierte que ser “de Cristo” puede ser tan partidista como ser de Pablo o de Apolos (1 Co. 1:12-13). En todo esto, es evidente que necesitamos entender cómo y por qué surgieron las denominaciones.

Aunque los protestantes han generado una gran proliferación de denominaciones, muchas veces esto ha sido sin querer. Martín Lutero no pensaba fundar la nueva Iglesia luterana, sino reformar la antigua Iglesia católica. Así también los puritanos buscaban reformar la Iglesia anglicana, pero con el paso del tiempo algunos hombres fieles llegaron a la conclusión de que el proyecto de una iglesia genuinamente reformada solo se podía lograr fuera del contexto de la “Iglesia oficial”. De la misma forma, John Wesley quiso liderar una renovación dentro de la Iglesia anglicana y no formar una denominación distinta.

La misma naturaleza de la Reforma protestante creó un ambiente donde la proliferación de denominaciones fue casi inevitable.

 

Estas separaciones siempre estuvieron acompañadas de mucho dolor. No es fácil separarse de la “iglesia madre”. Inevitablemente, hay hombres fieles que creen que conviene continuar con el proyecto de reforma antes de producir la división. Así encontramos que puritanos piadosos como William Perkins y Richard Sibbes nunca abandonaron la Iglesia anglicana. J. C. Ryle, del siglo XIX, y J. I. Packer, quien todavía está con nosotros, son ejemplos de teólogos ejemplares que no quisieron abandonar la Iglesia anglicana histórica.

A la vez, aquí cabe señalar que el crecimiento de las iglesias evangélicas ha ocurrido a menudo por movimientos separatistas. Estas iglesias nacieron de la convicción de que el proyecto de reforma requería nuevas formas eclesiásticas.

Factores en la formación de nuevas denominaciones

A veces, las separaciones han deshonrado la causa de Cristo. Por ejemplo, la Convención Bautista del Sur en Estados Unidos se formó de una división en el siglo XIX debido a un desacuerdo relacionado con la trata de esclavos. A pesar de esto, el Señor en su bondad ha usado grandemente a la Convención Bautista en la propagación del evangelio en el mundo. En los últimos años, han hecho una mea culpa histórica ejemplar. Por mi parte, encuentro mis raíces entre Bautistas Independientes que, motivados más bien por personalismos que por legitimas cuestiones doctrinales, se han divido reiteradas veces.

La misma naturaleza de la Reforma protestante creó un ambiente donde la proliferación de denominaciones fue casi inevitable. Aunque los protestantes siempre han valorado la unidad, su experiencia de la Iglesia romana los llevó a entender que esta solo se podía lograr en base a un común acuerdo en cuanto a la verdad. Nunca podía ser a expensas de la verdad. Por esto, el protestantismo histórico fue confesional. Las grandes confesiones de fe, como la de Westminster, la Confesión Belga, y la Bautista de Londres han cumplido un rol aglutinador.

A pesar de la influencia unificadora de las grandes confesiones, varios principios de la Reforma han obstaculizado la unidad total a nivel institucional. Primero, tenemos el principio de Sola Scriptura. Los reformadores rechazaron la autoridad máxima del magisterio católico reemplazándola por la autoridad de la Biblia. Sin duda, esto ha generado una gran libertad espiritual. Esta libertad se ha expresado por medio de otros principios claves: el sacerdocio de cada creyente y la libertad de conciencia. Segundo, hubo una creciente convicción en muchos sectores del protestantismo de que la Iglesia debía separase del Estado. Con el resultante desacople de las iglesias del Estado y su poder de coerción en cuestiones de fe y práctica, la diversificación de denominaciones era casi ineludible.

Hay otro factor más que contribuye a la formación de nuevas denominaciones: nuestras limitaciones humanas. Pablo escribió que por ahora vemos como en un espejo, oscuramente (1 Co. 13:12). Tenemos en nuestras manos la eterna Palabra de Dios, pero nuestra visión difícilmente se extiende más allá de nuestros limitados horizontes históricos. Tenemos el don del Espíritu Santo, pero vivimos con los límites que vienen por nuestra posición escatológica del Reino iniciado pero aún no culminado.

¿Cuál debe ser nuestra postura frente a las denominaciones?

Dado que nuestra visión histórica no es más aguda que la de Lutero, quizá nuestra primera reacción frente a la realidad de las denominaciones debería ser la humildad. Dudo que yo hubiera logrado un mejor resultado si me hubiera tocado vivir las circunstancias históricas de nuestros antepasados protestantes.

La segunda reacción que conviene tener es la de cultivar el catolicismo evangélico. Por supuesto, aquí uso la palabra “católico” en su significado técnico, que quiere decir “universal”. ¿Cómo cultivamos un catolicismo evangélico? Con la unidad bíblica. La unidad puede ser expresada de muchas maneras a pesar de las diferencias denominacionales. Por empezar, debemos valorar el trabajo y la historia de otros. Y hay ciertos proyectos donde podemos bendecirnos mutuamente. Por mi parte, como bautista, estoy muy agradecido ante mis hermanos presbiterianos por la excelencia de la capacitación teológica que me brindaron cuando estudié en el Reformed Theological Seminary. También debemos apoyar proyectos como la Coalición para el Evangelio, que crea un ambiente de cooperación basado en las verdades esenciales del evangelio.

La unidad puede ser expresada de muchas maneras a pesar de las diferencias denominacionales.

 

A la vez, no debemos caer en el relativismo. Entre bautistas y presbiterianos, por ejemplo, hay una diferencia histórica sobre el tema del bautismo. Esto quizá sea un tema secundario, pero no deja de tener importancia, en especial al momento de plantar una iglesia local. Difícilmente un bautista coherente puede plantar una iglesia con un presbiteriano coherente. Sin embargo, si un hermano presbiteriano quiere plantar una Iglesia en Argentina, con mucho gusto yo haría todo lo posible por ayudarlo desde afuera.

También conviene sostener y aprovechar las estructuras denominacionales existentes. Nuestra generación tiene ciertos prejuicios anti-institucionales que no ayudan a la expansión del Reino. Entendemos que la Iglesia universal debe ser nuestra prioridad máxima, y que la iglesia universal encuentra su expresión más importante en la iglesia local. Pero las estructuras denominacionales pueden ser de gran utilidad, ya que participar de una red de iglesias multiplica las capacidades de quienes anhelan tener un impacto a nivel mundial para la gloria del Señor.

Por último, podemos orar por las iglesias locales y denominaciones. El padre de las misiones modernas, William Carey, escribió en 1792 que, dado la condición dividida del cristianismo de su época, era muy difícil emprender un proyecto misionero conjunto. Sin embargo, dijo que no había impedimento para orar juntos por el avance del Reino de Dios. Hoy podemos decir lo mismo. Lo maravilloso es que la oración conjunta es la herramienta más efectiva que podemos usar.


Samuel E. Masters 

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Está casado con Carita y tienen tres hijos. Vive desde hace 32 años en Argentina. Es el pastor fundador de la Iglesia Bíblica Bautista Crecer (En Córdoba, Argentina), presidente de The Crecer Foundation (EE. UU.), y rector del Seminario Bíblico William Carey. Obtuvo su Masters of Arts In Religion en Reformed Theological Seminary y tiene un doctorado en Biblical Spirituality del Southern Baptist Theological Seminary.

La oración de fe sanará al enfermo

Coalición por el Evangelio

La oración de fe sanará al enfermo

MIGUEL NÚÑEZ • JOSÉ «PEPE» MENDOZA • FABIO ROSSI

La Biblia dice que la oración de fe sanará al enfermo, y que todo lo que pidamos al Padre en el nombre de Jesús, nos será dado. Pero, ¿cómo debemos orar por los enfermos? ¿Cómo debemos entender estos pasajes y cómo se aplican a la vida cristiana hoy? De eso es lo que hablaremos en este episodio, con nuestro invitado especial, el pastor Miguel Núñez.

Miguel Núñez es vicepresidente de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puedes encontrarlo en Twitter.

​José «Pepe» Mendoza es el Director Editorial en Coalición por el Evangelio. Sirvió como pastor asociado en la Iglesia Bautista Internacional, en República Dominicana, y actualmente vive en Lima, Perú. Es profesor en el Instituto Integridad & Sabiduría, colabora con el programa hispano del Southern Baptist Theological Seminary, y también trabaja como editor de libros y recursos cristianos. Está casado con Erika y tienen una hija, Adriana. Puedes seguirlo en twitter.

Fabio Rossi sirve como Director Ejecutivo en Coalición por el Evangelio, estando a cargo de la administración general del equipo de trabajo, liderando todas nuestras iniciativas y supervisando el funcionamiento de nuestras diferentes plataformas. También sirve como Anciano Pastor en la Iglesia Centro Bíblico El Camino, en la Ciudad de Guatemala, donde vive junto a su esposa Carol, y sus dos hijos.

¿Debo salir de mi iglesia?

Coalición por el Evangelio

¿Debo salir de mi iglesia?

SUGEL MICHELÉN • SAM MASTERS

Sugel Michelén: Es indudable que hay momentos en que un creyente tiene que salir de su Iglesia local, sin embargo, la membresía de la Iglesia no es algo ligero. Por lo tanto, para que una persona salga de una Iglesia local tiene que tener muy buenas razones para hacerlo. Eso no tiene que ver con el hecho de que tal vez hay algunos programas en la Iglesia que a mí no me agradan, ni con el hecho de que tal vez hay otros lugares donde hay otros pastores que predican de una manera que es más afín a mí. Si estás en una iglesia donde se predica el evangelio (sabiendo de antemano que no es una iglesia perfecta porque iglesia perfecta no existe en la tierra), estás en una Iglesia donde el pastor o los pastores son hombres de carácter probado, y estás en una iglesia que no está predicando herejías, yo te animaría a que te quedaras en tu iglesia. Te animaría a que ores al Señor para que tú mismo puedas ser un agente de cambio en la vida de tu iglesia local, porque la iglesia somos todos. La iglesia no son los pastores, la iglesia no son sus líderes únicamente. Por lo tanto, nosotros somos parte del problema que pueda haber en una iglesia, y en todas las iglesias los hay, pero también somos parte de la solución. Nosotros vemos en el Nuevo Testamento una iglesia como los Corintios, y el apóstol Pablo no anima a los hermanos de esta iglesia a que se vayan de ahí, a pesar de que era una iglesia que tenía muchos problemas.

Sam Masters: Exactamente. A veces sí tenemos que salir, pero es muy complicado y es un tema muy sensible que requiere de mucha sabiduría. Los reformadores hacían la misma pregunta, porque ellos salen de la iglesia católica, pero hay que entender que esa distinción es muy grande; entre la iglesia católica y una iglesia protestante o evangélica. Y ellos decían que hay que definir qué es una iglesia sana, una idea básica, y decían que es donde se predica la Palabra de Dios (se predica la salvación); es donde se usan los sacramentos de forma correcta, (o sea, no la misa que entendemos; la idea de que me salva hacerlo); y en algunos casos se practicaba la idea de la disciplina bíblica. Entonces eso nos da un marco. Si no estamos en una iglesia que sea así, quizás haya que salir. Por ejemplo, en Argentina, de donde vengo yo, hay iglesias que enseñan nada más que el evangelio de la prosperidad, y el verdadero evangelio nunca se predica. También hay otras iglesias donde todo es pura psicología y sinceramente nunca se predica la Palabra. Bueno, quizás en ese momento si debas salir. Pero como tú decías, muchas veces hay muchas variables. A lo mejor nosotros vamos a ser de influencia para bien en la iglesia, y si nos vamos se pierde esa oportunidad.

Sugel Michelén: También deberías tomar en cuenta si los que están dirigiendo la iglesia o el pastor de la iglesia es un hombre enseñable; un hombre que tiene un carácter probado normalmente es un hombre enseñable. Un miembro de la Iglesia debe orar por sus pastores y aún regalarle buenos libros que puedan ser de influencia. Pero sobre todas las cosas, debe orar por su iglesia y amarla, porque creo que nosotros como pastores (solo voy hablar como un pastor), cuando tenemos un miembro que evidentemente es parte de la congregación, está involucrado en la iglesia, ama su iglesia, y viene a nosotros con alguna duda o aún con un comentario de algo que piensa que debería cambiar en la iglesia, nosotros vamos a tener un mejor oído para este hermano. Vamos a tener un mejor oído para él que para una persona que está continuamente criticando, chismeando o hablando a espaldas de los líderes, y eso es un mal espíritu que Dios no bendice.

Sam Masters: Hay que encontrar un equilibrio que a veces es difícil encontrar. Como miembros de la iglesia tenemos una responsabilidad de cuidar la sana doctrina, pero tenemos que hacerlo de una forma muy respetuosa y llena de amor.

Sugel Michelén: Y Dios está obrando a través de iglesias pequeñas, a través de iglesias que no son conocidas. Hay un mal en esta época, y es que todo el mundo quiere dejar las iglesias pequeñas para irse a las iglesias grandes. Creo que de esa manera no estamos edificando el Reino de Dios. No estamos edificando el Reino. Así que yo te animaría a que pensaras muy bien antes de dar ese paso de irte de la iglesia. Aunque como decía Sam, hay ciertas marcas que una iglesia de Dios tiene: se predica la Palabra, se practican las ordenanzas del Señor (el bautismo y la Santa Cena), se practica la disciplina eclesiástica, hay una membresía definida; si estás en una iglesia así, apoya a tu Iglesia.

​Sugel Michelén

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Ha sido por más 35 años uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde tiene la responsabilidad de predicar regularmente la Palabra de Dios. Es autor de varios libros, incluyendo De parte de Dios y delante de Dios El cuerpo de Cristo. El pastor Michelén y su esposa Gloria tienen 3 hijos y 5 nietos. Puedes seguirlo en Twitter.

Samuel E. Masters

 Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Está casado con Carita y tienen tres hijos. Vive desde hace 32 años en Argentina. Es el pastor fundador de la Iglesia Bíblica Bautista Crecer (En Córdoba, Argentina), presidente de The Crecer Foundation (EE. UU.), y rector del Seminario Bíblico William Carey. Obtuvo su Masters of Arts In Religion en Reformed Theological Seminary y tiene un doctorado en Biblical Spirituality del Southern Baptist Theological Seminary.

Los dones espirituales: ¿han cesado o no?

Coalición por el Evangelio

Los dones espirituales: ¿han cesado o no?

JOSÉ MERCADO • JOSÉ «PEPE» MENDOZA • FABIO ROSSI

En los últimos años ha surgido confusión respecto a los dones del Espíritu Santo, y particularmente una controversia sobre la vigencia de algunos de ellos.

¿Qué son los dones espirituales? ¿Quién los da y cómo los recibimos? ¿Por qué decimos que hay dones extraordinarios? ¿Han cesado o siguen vigentes? De esto y más conversaremos en este episodio con el pastor Joselo Mercado.

José (Joselo) Mercado es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Oriundo de Puerto Rico, renuncia a su carrera de consultoría en el año 2006 para ingresar al colegio de pastores de Sovereign Grace Ministries. Es el pastor principal de la Iglesia Gracia Soberana en Gaithersburg, Maryland. Joselo completó su Maestría en Artes en estudios teologícos en SBTS, y está casado con Kathy Mercado y es padre de Joey y Janelle. Puedes encontralo en Facebook y Twitter.

¿Quiénes son los Testigos de Jehová?

Coalición por el Evangelio

¿Quiénes son los Testigos de Jehová?

Preguntas Bíblicas

 ERIC ABISROR

Nota del editor: Este artículo es la adaptación de un episodio de podcast publicado originalmente en Teología en tu vida.

Los Testigos de Jehová son una secta o grupo religioso que empezó en los Estados Unidos en el año 1870. Se reúnen en edificios que ellos llaman «salón del reino de los Testigos de Jehová» y promueven doctrinas que atentan contra la enseñanza bíblica sobre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, entre otras.

Su fundador fue Charles Taze Russell, quien nació y murió en los Estados Unidos (1852-1916). Russell comenzó a estudiar la Escritura a los 18 años y terminó por afirmar que la Biblia solo podía entenderse de acuerdo con las interpretaciones particulares que él proponía. Además, tuvo problemas para aceptar las doctrinas bíblicas sobre el infierno eterno y la deidad de Cristo.

La «biblia» que usan los Testigos de Jehová

Los Testigos de Jehová intentan justificar sus creencias al usar su propia versión alterada de la Biblia. Ellos creen que todas las versiones de la Biblia que los cristianos tenemos corrompieron su contenido. Es por eso que hicieron su propia traducción de la Biblia, conocida como la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras». Sin embargo, los supuestos traductores de esta versión han alterado muchos versículos, hasta el punto de que cambian el significado original del mensaje de la Biblia sobre doctrinas de primer orden.

Por ejemplo, al inicio del Evangelio de Juan vemos una frase muy importante sobre la divinidad de Jesús:

«En el principio ya existía el Verbo (la Palabra), y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios» (Juan 1:1, NBLA).

Pero la versión errónea de la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras dice:

«En [el] principio la Palabra era, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era un dios» (Juan 1:1; cursiva añadida).

Al leer esta traducción, puedes ver cómo cambia el significado de una doctrina esencial: la divinidad de Cristo, al minimizarlo a un dios pequeño. Esta doctrina promovida por los Testigos de Jehová atenta contra la evidencia bíblica de que Cristo es Dios y que es preexistente; verdades negadas por los Testigos, pero respaldadas por la Biblia (p. ej., Col 1:15-20He 1:8-10).

El «dios» de los Testigos de Jehová

Esto plantea una pregunta: ¿Cómo los Testigos de Jehová entienden la frase «hay un solo Dios»? Veamos un ejemplo en el libro de Isaías: «Acuérdense de las cosas anteriores ya pasadas, porque yo soy Dios, y no hay otro; yo soy Dios, y no hay ninguno como yo» (Is 46:9, NBLA).

La cita anterior lleva a los Testigos de Jehová a creer que Jehová es la única forma correcta para llamar a Dios. Sin embargo, la Biblia registra algo muy diferente sobre los nombres de Dios. Varios personajes bíblicos hablaron del Señor usando varios nombres. Por ejemplo, el escritor de Génesis 1:1 usó el nombre hebreo «Elohim», aunque en nuestras versiones en español no se ve esta diferencia. En el Salmo 8:1, el salmista usó el nombre hebreo «Adonai». También, leemos en el Nuevo Testamento que a Dios se le confieren títulos, tales como «Padre» (p. ej., Mt 6:9Ro 1:71 Co 1:3).

Los Testigos de Jehová y la Trinidad

Al mismo tiempo, los Testigos de Jehová no tienen un entendimiento correcto sobre la doctrina de la Trinidad, porque no creen que esta doctrina sea bíblica. Ellos argumentan que no aceptan esta doctrina porque la Biblia no menciona esta palabra y porque el énfasis de ellos está en que hay «un solo Dios».

Lo que ellos mencionan es cierto; la palabra Trinidad no está en la Biblia y también hay un solo Dios. Pero como hablé con más detalle en un artículo sobre la Trinidad, la Biblia nos cuenta cómo es que hay un solo Dios en tres Personas. Los cristianos creemos que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres personas distintas.

La salvación en la que creen

Los Testigos creen que una persona puede obtener la salvación por fe en Cristo, pero también al pertenecer a su grupo y obedecer sus reglas. Como en otras religiones, en esta secta vemos que creen en la salvación como resultado de una combinación de fe y obras.

Sin embargo, los cristianos creemos que la salvación es un regalo de Dios que recibimos por la fe en Cristo (Ef 2:8-10). No hay obras que podamos hacer para alcanzar la salvación en Cristo (Ro 3:20). Creemos que las obras que los cristianos producen en sus vidas son un resultado directo de la salvación que recibimos en Cristo.

El «Cristo» de los Testigos de Jehová

Además, ellos creen que Cristo ya regresó al mundo en un evento espiritual e invisible. También creen que Jesús fue creado por Jehová y, por lo tanto, Cristo es «un dios», pero no como Jehová. 

Sin embargo, la Biblia es clara al afirmar que la segunda venida de Cristo será un evento físico, con muchas señales y maravillas. En otras palabras, la gente sabrá cuando Cristo regrese.

Palabras finales

Hay aproximadamente ocho millones de Testigos de Jehová, los cuales pertenecen a una secta que enseña falsas doctrinas antiguas. Lo más lamentable es que ellos viven sin esperanza verdadera, y no tienen la herencia y salvación que solo viene por la fe en Cristo.

La teología importa mucho en nuestras vidas y las doctrinas falsas tienen consecuencias eternas. Esforcémonos en comprender mejor nuestras doctrinas esenciales para compartir la Palabra con fidelidad.

Eric Abisror vive en Córdoba, Argentina con su esposa Danica y sus cinco hijos. Eric es misionero de Alcanzando y Capacitando, consejero bíblico certificado con ACBC y profesor en el Seminario William Carey. Actualmente, está haciendo un doctorado en consejería bíblica en el Seminario Midwestern. Puedes escucharlo en su podcast: Teología en tu vida.

No es la fe la que salva, es Cristo por medio de la fe

Coalición por el Evangelio

No es la fe la que salva, es Cristo por medio de la fe

Por Sugel Michelén

Contrario al pensamiento de muchos, no es la sinceridad o cantidad de la fe lo que importa, sino el objeto en el que descansa la fe. Si una persona ingiere un veneno por error creyendo sinceramente que es jugo de naranja, la sinceridad de su creencia no eliminará el efecto nocivo del veneno.

De igual manera, aquellos que viajen atemorizados en avión tendrán más probabilidades de llegar a su destino que aquellos viajeros ilegales que se arriesgan abandonar su país en una frágil embarcación, por más seguridad que tengan de que llegarán sanos y salvos a la otra orilla. Los primeros tienen poca fe en un objeto confiable, mientras los segundos están depositando mucha fe en uno que no lo es.

Pues lo mismo ocurre en lo tocante a la vida eterna. La Palabra de Dios enseña en Proverbios 16:25 que “hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte”. Este hombre transita confiado por una senda equivocada, creyendo sinceramente que va por buen camino, pero la sinceridad de su creencia no eliminará el hecho de que ese es un camino de muerte.

Y es que la fe no tiene poder en sí misma para salvar. Ella opera más bien llevándonos de la mano a confiar en el único que puede salvar al pecador: nuestro Señor Jesucristo. Todo el que descansó sinceramente en cualquier otro medio de salvación, aparte del Señor Jesucristo, se perderá, porque no es la fe la que salva, sino Cristo por medio de la fe.

La fe que conduce a la salvación es una mano desnuda que se extiende confiadamente para recibir lo que el Señor Jesús ofrece en el evangelio. Él se hizo Hombre siendo Dios, vivió una vida perfecta y luego murió en una cruz para pagar la deuda de todos aquellos a quienes vino a salvar; y ahora, en base a esa obra de redención, ofrece perdón y vida eterna a todo aquel que cree. Su justicia perfecta es puesta en nuestra cuenta por medio de la fe.

En Juan 6:47 dice el Señor: “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí tiene vida eterna”. Y en otro lugar añadió: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna” (Juan 10:27-28). Sólo las ovejas de Cristo tienen vida eterna, no las de ningún otro pastor; y esas ovejas se distinguen en que oyen su voz y le siguen; ellas prestan atención a las enseñanzas de Cristo reveladas en Su Palabra, la Biblia. Creer sincera y profundamente en cualquier otro medio de salvación no servirá de nada; es Cristo el que salva, por medio de la fe.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

Por qué debemos reposar los domingos

Coalición por el Evangelio

Por qué debemos reposar los domingos

 JOSÉ MERCADO

Las estadísticas muestran que los feligreses comprometidos con la iglesia solo asisten a la misma un promedio de dos veces al mes. ¡Y estos son los comprometidos! Asistir a la iglesia por beneficio propio refleja nuestra cultura que enfatiza el consumismo.

Una de las cosas que más me preocupa pastoralmente no es que las personas falten los domingos, sino que falten sin sentir convicción por ello. Esto no es legalismo. Debemos informar nuestras creencias por medio de la Palabra de Dios. Necesitamos convicciones bíblicas que informen nuestros corazones al momento de tomar la decisión de si tenemos una razón válida para no congregarnos.

En parte, esta cultura casual hacia la reunión de la iglesia viene de una mala enseñanza sobre el día del Señor. Por esto quiero compartir mi convicción personal acerca de observar este día.[1] Creo que guardar el sabbat (reposo) tiene continuidad para el creyente en el nuevo pacto, observándolo el día del Señor. Una aclaración: creo que los creyentes pueden participar de actividades recreativas que no impidan el congregarse con su iglesia local durante el domingo. Desde mi perspectiva, observamos el descanso al celebrar la resurrección de Jesús, la cual apunta al descanso eterno que experimentaremos (como lo afirma el autor de Hebreos).[2]

Un tema de conciencia

Primeramente, vale la pena dejar en claro que este es un tema de conciencia, y buenos hermanos han llegado a diferentes convicciones.[3] En nuestra iglesia local no tenemos una posición definida para todos los miembros. Les he dado a conocer mi convicción, pero no la impongo. Colosenses 2:16 dice: “Por tanto, que nadie se constituya en juez de ustedes con respecto a comida o bebida, o en cuanto a día de fiesta, o luna nueva, o día de reposo”. Este pasaje me limita a no ponerme de juez sobre otros, pero sí deseo que nuestra congregación forme sus convicciones de acuerdo a la Biblia.

Un mandato desde la creación

Aquellos que nos identificamos con la teología del pacto vemos tanto continuidad como discontinuidad entre el antiguo y nuevo pacto. Estaremos analizando ambos aspectos a continuación.

El argumento principal y uno de los más convincentes de la continuidad del sabbat es que es un mandato dado en la creación. Los “mandatos de creación” son los mandamientos dados antes de la Caída.[4] Lo vemos en Génesis 2:2-3:

“En el séptimo día ya Dios había completado la obra que había estado haciendo, y reposó en el día séptimo de toda la obra que había hecho. Dios bendijo el séptimo día y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que El había creado y hecho”.

Considero firmemente que los mandatos de creación son normativos para los creyentes hoy, y esto incluye el mandato de guardar un día de reposo santificado por Dios. Éxodo 20 apunta a este mandato de creación como la razón por la cual Israel debía observar el día de reposo.

“Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día es día de reposo para el SEÑOR tu Dios. No harás en él trabajo alguno, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el extranjero que está contigo. Porque en seis días hizo el SEÑOR los cielos y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay, y reposó en el séptimo día. Por tanto, el SEÑOR bendijo el día de reposo y lo santificó”, Éxodo 20:8-11.

Hay una falta de consistencia en los creyentes al practicar los mandatos de creación. Por ejemplo, es común usar Génesis para defender y argumentar sobre el llamado al matrimonio entre hombre y mujer (Gn. 1:27), para defender el liderazgo masculino (Gn. 3:9), o el llamado a multiplicarnos y subyugar la tierra (Gn. 1:28). Todos estos principios se encuentran antes de la Caída. Si usamos estos mandatos como normativos para el creyente hoy, ¿no deberíamos también incluir el llamado a guardar el día de reposo?

Un texto que ha resonado en mí durante el último año es Isaías 58:13-14:

“Si por causa del día de reposo apartas tu pie para no hacer lo que te plazca en Mi día santo, y llamas al día de reposo delicia, al día santo del SEÑOR, honorable, y lo honras, no siguiendo tus caminos, ni buscando tu placer, ni hablando de tus propios asuntos, entonces te deleitarás en el SEÑOR, y Yo te haré cabalgar sobre las alturas de la tierra, y te alimentaré con la heredad de tu padre Jacob; porque la boca del SEÑOR ha hablado”.

Este texto claramente llama a los creyentes a guardar estrictamente el día de reposo. ¿A qué creyentes se refiere Isaías? Bien, este pasaje hace referencia al futuro. Los capítulos 56 al 66 llaman a los creyentes de todas las épocas a guardar el pacto. ¿Y cómo se guarda el pacto? Desde la creación, la forma más evidente es observando el día del Señor. Todo lo que hacemos como creyentes tiene que ver con el pacto.

Del día de reposo al día del Señor

Dijimos que la teología del pacto ve continuidad y discontinuidad con respecto al antiguo y nuevo pacto. La continuidad se encuentra en seguir observando el sabbat, y la discontinuidad se encuentra en celebrarlo no el sábado, sino el domingo. Por supuesto, esto levantará preguntas. ¿Por qué creo que el día de reposo debe observarse el domingo? La respuesta sencilla es: a eso apunta el Nuevo Testamento. Así lo vemos en estos versos:

“El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche”, Hechos 20:7.

“Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas”, 1 Corintios 16:2.

Entonces, la iglesia del Nuevo Testamento comenzó a congregarse los domingos, el primer día de la semana, el día en que Jesucristo venció la muerte. Ese era el día en que Jesús venció a nuestro enemigo, y eso ahora celebramos. Por lo tanto parece a haber una transición del día de reposo en sábado al día del Señor el domingo. El día del Señor ahora representa la observación del reposo cristiano al descansar de nuestras obras para celebrar la resurrección de nuestro Señor.

¿Cómo se debe practicar este día?

Cada creyente debe llegar a convicciones propias. Algunos pensarán que ya el sábado ha sido cumplido en Cristo. Para aquellos que pensamos que el sabbat continúa en el día del Señor, debemos saber que diferentes creyentes pueden observar este mandato de diferentes formas. Eso sí, todo creyente debe tomar en serio el reunirse con la iglesia, evitando a ausentarse.

En nuestra familia, vemos el domingo como el día apartado para adorar a Dios y descansar en Él al congregarnos con los santos. Comparto algunos consejos que, como familia, nos han ayudado a observar el reposo en el día del Señor.

  • Nos restringimos de cualquier actividad que nos impida estar listos para participar del servicio.
  • Desde el sábado estamos pendientes de ir a la cama a una hora adecuada para no estar dormidos en el servicio.
  • Nuestros hijos no hacen trabajo escolar los domingos. Descansan de lo que es su trabajo.
  • Mi esposa se abstiene de hacer tareas domésticas que le causen ansiedad y la distraigan durante el servicio.
  • Yo corro los domingos. Esta actividad me ayuda a servir mejor los domingos. Los días que corro estoy más alerta y muchas veces pienso más claramente.

Creemos que es un mandato congregarnos todos los domingos con excepción de circunstancias extremas. Por esta razón, cuando estamos de vacaciones, buscamos una iglesia donde se predique el evangelio y se observen los sacramentos, y planeamos visitarla. Le queremos comunicar a nuestros hijos que no vamos a la iglesia porque papi es pastor, vamos a la iglesia porque somos cristianos.

Les animo a que no se dejen influenciar por el mundo en este tema. Estúdienlo con detenimiento, pues es de gran importancia para el creyente. Dios le dio gran importancia a esta observación a través de toda la Biblia. Nosotros debemos entonces, por su gracia, tomarla en serio también.


[1] La cual es una posición denominada “sabataria continental” en el mundo teológico.

[2] Esta es la posición histórica de los bautistas reformados que siguen la Declaración Bautista de Fe de 1689. La tradición reformada paedobautista que encontramos en la Confesión de Westminster afirma una convicción sabataria más rígida donde el día del Señor se separa de toda actividad recreativa, y solo se permite la participación de actividades de adoración a Dios. Es por esto que muchas iglesias presbiterianas ofrecen sus servicios en la mañana y en la tarde.

[3] En Del sábado al día del Señor, D. A. Carson defiende una posición contraria a la sabataria continental, pero al final concluye el libro exponiendo que el participar del servicio de adoración es normativo para todo creyente.

[4] Algunos dispensacionalistas y de la nueva teología del pacto consideran que aunque estos mandatos tienen enseñanza para los creyentes, pero no son normativos.


José (Joselo) Mercado es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Oriundo de Puerto Rico, renuncia a su carrera de consultoría en el año 2006 para ingresar al colegio de pastores de Sovereign Grace Ministries. Es el pastor principal de la Iglesia Gracia Soberana en Gaithersburg, Maryland. Joselo completó su Maestría en Artes en estudios teologícos en SBTS, y está casado con Kathy Mercado y es padre de Joey y Janelle. Puedes encontralo en Facebook y Twitter.

¿Cómo seguir a Cristo sin ser moralista o estar en libertinaje?

Coalición por el Evangelio

WILL GRAHAM

¿Cómo seguir a Cristo sin ser moralista o estar en libertinaje?

Desde los días de la época apostólica, la Iglesia cristiana se ha visto obligada a pelear contra dos grandes tentaciones espirituales, a saber, el moralismo y el libertinaje.

Recientemente el pastor dominicano Sugel Michelén se ha referido a estas dos corrientes con los términos mitológicos Escila y Caribdis. Eran los dos monstruos marinos que se ubican en los dos lados del estrecho de Mesina, en la mitología griega. El marinero que se alejaba de Escila se acercaba a Caribdis (y viceversa) poniendo su vida en peligro.[1]

¿Cómo podemos vencer la seducción del moralismo y el libertinaje? Antes que nada, veamos una definición de ambas tendencias.

Entendiendo el moralismo

La primera bestia indomable se llama Moralismo. Y su apellido es Legalismo.

El moralista es aquél que coloca la ética en el lugar que le corresponde a la gracia salvadora de Dios, porque piensa que heredará la vida eterna en base a su obediencia externa a los mandatos del Señor. El moralista no depende de la justicia de Dios en Cristo para salvación, sino de su propia justicia personal (la cual es una verdadera anti-justicia, por cuanto todos están bajo el poder del pecado).

El moralismo es el pecado favorito de todos los hijos de Adán. Si preguntas a cualquier persona incrédula que conoces si se cree buena o mala persona, lo más seguro es que te contestaría diciendo que es buena. ¿Por qué? “Porque nunca he matado a nadie. Nunca he robado nadie”. ¿Cierto? Es el evangelio de la auto-justicia.

Irónicamente, los pecadores utilizan este argumento diabólico para consolar sus conciencias sin darse cuenta de que es precisamente esta clase de fe falsa la que los envía al infierno. Al confiar en su propia justicia, desechan la justicia del Señor Jesucristo (Ro. 10:3).

En la carta a los Gálatas se nos presenta un buen ejemplo bíblico del engaño del moralismo. Tristemente, algunos maestros habían entrado en la iglesia del Señor enseñando que para ser salvos hacía falta fe en Cristo, pero que además de ella los verdaderos creyentes tenían que circuncidarse en obediencia al pacto de Abraham.

Pablo se puso furioso ante esto y escribió esta epístola fogosa explicando que el mensaje de los falsos profetas se trataba de una mentira. La tesis de Gálatas es que la salvación se da únicamente por medio de la fe en el Señor Jesús. En otras palabras, Dios no nos acepta gracias a nuestras obras religiosas como la circuncisión, sino con base en la perfecta justicia de su Hijo aplicada a nuestra cuenta por la fe (Gá. 2:16).

El verdadero creyente coloca su mirada en Jesucristo, no en sus hazañas religiosas. 

En el siglo XVI, podemos considerar a la Reforma protestante, iniciada por Martín Lutero, como una reacción contra el mismo espíritu moralista que se daba a conocer dentro de la Iglesia católica romana. A diferencia de los judaizantes del primer siglo, los católicos no creían que hiciera falta circuncidarse para ser aceptados delante Dios; pero sí tenían que cumplir con una larga lista de deberes religiosos si querían disfrutar del favor de Dios.

¿Cómo respondieron los reformadores? Volvieron a las epístolas de Romanos y Gálatas explicando que el favor del Señor nos es concedido única y exclusivamente en la persona de su glorioso Hijo. El verdadero creyente coloca su mirada en Jesucristo, no en sus hazañas religiosas. Aquel que cree de todo corazón que Cristo murió por sus pecados en la cruz y que Dios le resucitó literalmente al tercer día, será salvado eternamente (1 Co. 15:1-4).

Pablo, Lutero, Zuinglio, y Calvino estuvieron de acuerdo en que el espíritu moralista se vence en el nombre de la intachable obra del Señor Jesucristo. ¿Cómo conquistar el moralismo? Fijándonos en la cruz y en la resurrección del Cristo de Dios.

Entendiendo el libertinaje

El segundo monstruo es conocido como Libertinaje.

Mientras el moralista coloca la ética en el lugar de la gracia salvadora de Dios, el libertino abusa de la doctrina de la gracia de Dios, usándola como un pretexto para vivir en pecado. En otras palabras, convierte la gracia en desgracia. Razona de la siguiente manera: “Ya que mi salvación depende cien por ciento del Señor Jesucristo y no de mi obediencia, puedo hacer lo que me da la gana”. El término teológico que alude a esto es antinomianismo. Etimológicamente hablando, quiere decir “anti-ley” o “contra la ley”.

La lógica del evangelio bíblico, al ser mal entendida, podría llevar a una persona a pensar que puede vivir según sus antojos y caprichos pecaminosos. A fin de cuentas, nuestra salvación está en Cristo, no en nosotros. Por lo tanto, ¿por qué preocuparnos por nuestra obediencia personal?

En cierto sentido, el libertino tiene algo de razón. Es cierto que nuestra salvación eterna depende de la imputación de la justicia de Jesucristo a nuestra cuenta. Es por eso que Martyn Lloyd-Jones decía que si un pastor predica el evangelio correctamente, será acusado de antinomianismo al bajar del púlpito (Pablo recibía la misma acusación, según Romanos 6:1-2).

Pero lo que la lógica humana no alcanza a entender por sí sola es que, cuando el Espíritu de Dios labra la fe salvadora en el alma del creyente, simultáneamente quita el corazón de piedra de aquel individuo para que este pueda gozarse en la ley de Dios. El nacido nuevo ama los mandatos de Dios (Ez. 36:26-27).

La señal de que una persona ha abrazado el evangelio es que abunda en buenas obras por el poder del Espíritu Santo. 

Asimismo, el libertino olvida que Cristo nos salvó para que viviéramos para su gloria. Jesús “se dio a sí mismo por nosotros, para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo para posesión suya, celoso de buenas obras” (Tit. 2:14). Es decir, la señal de que una persona ha abrazado el evangelio es que abunda en buenas obras por el poder del Espíritu Santo.

La carta de Judas nos revela que hubo hombres libertinos en la iglesia apostólica, los cuales convirtieron en libertinaje la gracia de Dios (Jud. 1:4). Y en los días de la Reforma, un tal Johannes Agricola, alumno de Lutero, avivó la herejía antinominiana entre los propios protestantes.

El libertino necesita aprender que la fe auténtica siempre engendra obediencia a Dios.

La solución que necesitamos

¿Cómo podemos evadir los monstruos Moralismo y Libertinaje? La solución reside en entender la relación entre el evangelio y la ética cristiana.

Recuerda que el evangelio no tiene que ver con lo que tú y yo hacemos. Tristemente, se utiliza una frase antibíblica entre los evangélicos contemporáneos —incluso en círculos sanos— la cual afirma que “hay que vivir el evangelio”, o dice: “vivamos el evangelio”, o cosas así por el estilo. No, no hay que vivir el evangelio. La única persona que vivió el evangelio fue el Señor Jesucristo mediante su muerte expiatoria y su resurrección. Lo que hay que hacer es creer en el evangelio del amado Hijo de Dios, arrepintiéndonos de todo pecado.

Cuando nos predicamos el evangelio día tras día, el gozo del Señor comienza a fluir en nosotros y esta maravillosa noticia tocante a la muerte de Cristo crea gozo en nuestros corazones, provocando una vida de obediencia alegre al Señor. La ética nace como una respuesta agradecida a la gracia salvadora de Dios (Ro. 12:1-2).

Por lo tanto, si tenemos clara esta distinción entre el evangelio y la ética, podremos acabar de una vez para siempre con el moralismo y el libertinaje.

Primero, venceremos el moralismo porque sabremos que disfrutamos de la sonrisa del Señor únicamente en la persona del Hijo de Dios. Así daremos toda la gloria a Jesucristo por nuestro estado positivo ante el Padre.

Segundo, triunfaremos sobre el libertinaje porque comprenderemos que aquel que de verdad tiene fe en el Hijo tendrá ganas de obedecer su Palabra sin reservas. Lejos de justificar una vida en pecado, el evangelio bíblico, correctamente entendido, produce vidas obedientes.

Gracias a la obra redentora de Jesús, no tenemos porqué temer ni a Escila ni a Caribdis. ¡Nos vemos en el estrecho de Mesina!


[1] Sugel Michelén, De parte de Dios y delante de Dios: Una guía de predicación expositiva (B&H Español, 2016), pos. 1646.


Casado con Agota, Will Graham sirve como predicador itinerante en España y es profesor de Pneumatología, Apologética y Teología contemporánea en la Facultad de Teología (Córdoba). Escribe semanalmente en sus blogs ‘Brisa fresca’ en Protestante Digital y ‘Fresh Breeze’ en Evangelical Focus. Puedes encontrarlo en Facebook.

Separatismo

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Serie: Entre dos mundos

Separatismo

Por Christopher J. Gordon

Nota del editor: Este es el sexto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Entre dos mundos

Estoy listo para huir de California. Este solía ser el mejor estado de la unión, pero las cosas han cambiado. California acaba de ser calificada como la última en calidad de vida. Las autopistas están abarrotadas, la gente está sobrecargada de impuestos y el costo de vida está en su punto más alto. Quiero mudarme a Idaho, comprar una granja y vivir en hectáreas lejos de la gente y los problemas.

Estoy usando una hipérbole para hacer un punto. La actitud que he descrito es la que tienen muchos cristianos con respecto al mundo. Todo lo que tendría que hacer es sustituir «mundo» por «California», y la aplicación sería la misma. Los cristianos de hoy están muy desanimados por lo que ven en el mundo. Se está volviendo muy difícil ser cristiano y convivir en este mundo con los incrédulos. Los cristianos están pensando mucho en la separación, y una granja para alejarse de todo no parece ser una mala idea.

Ciertamente hay razones legítimas para mudarse a otro lugar. El problema es que muchos cristianos justifican una mudanza porque quieren escapar de los problemas que están experimentando en el mundo. Después de todo, ¿no llamó el Señor a los creyentes a estar separados del mundo (2 Co 6:14-18)? ¿Qué significa esto? ¿Estamos llamados a retirarnos del mundo y no tener contacto con los no cristianos?

Pocos cristianos pensarían que este llamamiento significa que debemos llevar una vida monástica, pero alejarse del mundo y sus problemas puede ser su propio tipo de monasticismo. La ironía es que ese tipo de separación puede ser una búsqueda muy mundana. Supone que en esta vida uno puede alcanzar las glorias de lo que se promete solo en los cielos nuevos y la tierra nueva. Y una separación de este tipo envía un pobre mensaje al mundo: que no nos importan y que solo queremos alejarnos. Con este tipo de separación, ¿qué pasa con la Gran Comisión? Por eso necesitamos una consideración sana de lo que significa estar separados del mundo.

SALIR Y SEPARARSE

Los cristianos siempre han luchado por entender el llamado a ser un pueblo separado en el mundo. Utilizando las categorías clásicas de Richard Niebuhr, siempre ha habido quienes contraponen a Cristo y a la cultura o asimilan a Cristo en la cultura. Podemos volver a caer en el mundo con la misma facilidad con que podemos desear separarnos del mundo. Entonces, ¿a qué tipo de separación llama Dios al cristiano en este mundo?

Una breve reflexión sobre la instrucción de Pablo a los cristianos de Corinto nos proporciona la respuesta. Estaban permitiendo que la mundanalidad no fuera controlada en la iglesia. Algunos de los síntomas incluían divisiones pecaminosas, métodos de ministerio mundanos, prácticas paganas en la adoración, abuso de los dones espirituales, inmoralidad sexual y tolerancia de la falsa doctrina.

El objetivo de Pablo al abordar estos problemas era llamar a la iglesia a separarse adecuadamente del mundo, como pueblo de Dios. En 1 Corintios 5:1, Pablo aborda un informe de que se estaba tolerando la inmoralidad sexual grave en la iglesia. Debido a que la iglesia se negaba a abordar el tema ejerciendo la disciplina eclesiástica, estaban comprometiendo su condición como comunidad santa de Dios.

Al llamar a la iglesia a separarse, Pablo hizo una sorprendente conexión con el Antiguo Testamento: «Limpiad la levadura vieja para que seáis masa nueva, así como lo sois, sin levadura. Porque aun Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado» (1 Co 5:7). Pablo fundamenta su llamado a la separación en la historia de la liberación de Israel de Egipto. La Pascua, junto con la fiesta de los panes sin levadura, celebraba la liberación de Israel de la muerte y su separación de la tierra de Egipto. Cualquier cosa que se trajera entre ellos de su antigua forma de vida era una amenaza a su estatus de separación como pueblo de Dios. La Iglesia, al igual que Israel, fue llamada a «salir de en medio de ellos, y apartarse» (2 Co 6:17). Debían salir de Egipto y no dejar que Egipto volviera a entrar en ellos.

Pablo reconoció que la iglesia de Corinto estaba confundida sobre el tema de la separación. Parece que tomaron su llamamiento a la separación como algo irrazonable. Sus preguntas probablemente eran las siguientes: «¿Qué vamos a hacer? ¿Crear nuestro propio grupito sectario con nuestra propia moral?». ¿Y qué pasa con nuestras diferencias con otros cristianos? Muchos cristianos de hoy comparten esta confusión.

La respuesta de Pablo es muy instructiva para nosotros. Explicó que el llamado a estar separados no significa que no debían tener contacto con los pecadores del mundo. No fueron llamados a dejar el mundo como los monjes trataron de dejar el mundo. La separación no se consigue evitando a los pecadores del mundo. El creyente está llamado a separarse por medio de la comunión. Hay una participación en el cuerpo de Cristo que es única para los creyentes. Pablo estaba llamando a la iglesia a pensar de manera diferente sobre el mundo con respecto a la Iglesia de Cristo.

El mundo siempre será lo que es. Funciona con su propio sistema de valores, atracciones y sabiduría, que a menudo se oponen a la justicia de Dios. Al convertirnos en cristianos, hemos dejado su comunión y nos hemos unido a otra. Nuestro antiguo amor por el mundo ha sido sustituido por el amor a Cristo, pero ninguna de estas verdades implica un alejamiento o un rechazo a mezclarse entre la gente del mundo. Por eso Pablo explicó a los corintios que, dado que vivimos en el mundo, no es posible evitar mezclarse con los incrédulos en la vida cotidiana. Los cristianos también tienen una ciudadanía terrenal, mientras permanezcan en esta tierra.

Sin embargo, los cristianos están separados del mundo en la medida en que nos negamos a unirnos a esa forma de vida que se opone a nuestra ciudadanía celestial. Estamos llamados a separarnos del mundo negándonos a tener comunión con aquellos que practican un modo de vida del que hemos sido liberados. Estamos separados en nuestra condición celestial como cuerpo de Cristo y en la forma en que nos comportamos ante el mundo.

Aquí es donde los corintios habían fallado. Ellos permitieron en su comunión a alguien que decía ser un creyente y sin embargo vivía en inmoralidad sexual. La negativa de la iglesia a separarse de su antigua forma de vida tuvo como consecuencia la unión de la iglesia y el mundo. Por eso Pablo les llamó a no juntarse «con ninguno que, llamándose hermano» (1 Co 5:11) viva de forma incompatible con su nueva identidad como pueblo redimido de Dios. El Señor nos llama a separarnos de aquellos que dicen ser creyentes y, sin embargo, viven de una manera que contradice la fe y la vida cristiana mediante la práctica del pecado sin arrepentimiento. Nos separamos rompiendo la comunión con ellos. La intimidad, el cuidado y la participación que existe entre los creyentes no se comparte con aquellos que se niegan a arrepentirse y creer en el evangelio.

La iglesia de Corinto debía lograr esta separación a través de la disciplina eclesiástica. Al echar al hombre de vuelta al mundo, estaban preservando su estatus de separación como pueblo de Cristo. ¿Seguirían cruzándose con este hombre? Ciertamente. Pero ahora ya no tenían comunión cristiana con él, y su voluntad de mantener la pureza de la Iglesia de Cristo como creyentes en el mundo es lo que significa la separación bíblica.

¿CÓMO DEBEMOS SEPARARNOS?

Con estos principios expuestos, hay algunas formas de avanzar que los cristianos deberían considerar cuando se trata de la separación bíblica.

En primer lugar, la Iglesia de hoy necesita arrepentirse de no tomar en serio el llamado a la separación. En Cristianismo y liberalismo, J. Gresham Machen se lamentó de que la Iglesia haya sido infiel a Cristo al dejar entrar en su membresía a decenas de incrédulos, muchos de los cuales son luego nombrados en puestos de enseñanza en la Iglesia. Machen escribió:

La mayor amenaza para la Iglesia cristiana hoy en día no viene de los enemigos de afuera, sino de los enemigos de adentro; viene de la presencia dentro de la Iglesia de un tipo de fe y práctica que es anticristiana hasta la médula… Una separación entre los dos grupos en la Iglesia es la necesidad urgente del momento.

Una separación, como la que Pablo le describe a los corintios, también es la necesidad urgente del momento para nosotros. Debido a que el llamado a estar separados no ha sido tomado en serio en la Iglesia, la Iglesia de hoy ha perdido su identidad en el mundo. La Iglesia debería ser muy diferente del mundo en cuanto a creencias y prácticas. Muchas iglesias podrían empezar a resolver este problema expulsando a los «acanos» de su entorno (ver Josué 7).

En segundo lugar, los cristianos necesitan establecer las prioridades correctas en su búsqueda de la separación. A menudo los cristianos se separan unos de otros y del mundo en todos los asuntos equivocados. Los cristianos necesitan unirse en lo que es más importante y evitar ser odiosos en nuestras convicciones mientras permitimos diferencias, sin separarnos, en aquellos asuntos de libertad de conciencia. La gran necesidad del momento son los cristianos convencidos que están dispuestos a permanecer juntos por la verdad del evangelio, que están comprometidos a ser formados por la Palabra de Dios y que son capaces de distinguir aquellos asuntos que tienen una importancia duradera en su defensa por la verdad.

Finalmente, los cristianos necesitan considerar su testimonio al mundo. En su Oración Sumo Sacerdotal, Jesús oró específicamente a Su Padre para que los creyentes no fueran sacados del mundo (Jn 17:15). El Señor nos dejó en el mundo para ser Sus testigos. Los incrédulos necesitan el evangelio y por eso estamos aquí. ¿El mundo percibe esto de nosotros? ¿Ven que nos preocupamos lo suficiente como para ayudarles a conocer la bendición que tenemos en Cristo? Llevamos la respuesta en el mensaje de la cruz, pero si la sensación que los incrédulos obtienen de nosotros es que estamos huyendo de ellos, ¿por qué pensamos que se volverán a Jesús y desearán entrar en nuestra comunión? En nuestra propia separación, vamos a ellos con el evangelio y recordamos que nuestro testimonio es la razón por la que el Señor nos preserva en el mundo.

Algún día puede que me vaya de California, pero puede que no sea todo lo que esperaba. Así que creo que, por ahora, trataré de practicar la separación justo donde estoy. Dondequiera que los cristianos estén verdaderamente separados como cuerpo de Cristo, en ese mismo lugar se puede disfrutar de un pedacito de cielo en la tierra, y ahora mismo eso es exactamente lo que todo lugar necesita.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Christopher J. Gordon
Christopher J. Gordon

El Rev. Christopher J Gordon es pastor de predicación en Escondido United Reformed Church en Escondido, California.

El catolicismo y el evangelio

Coalición por el Evangelio

Noticias de gran Gozo

El catolicismo y el evangelio

 JAVIER DOMÍNGUEZ • JAIRO NAMNÚN • STEVEN MORALES

¿Qué significa ser un católico? ¿Qué creen los católicos? ¿Qué son los sacramentos? Aunque algunos piensan que los católicos y los evangélicos creen lo mismo, la verdad es totalmente al contrario. Lo que separa principalmente al evangélico del católico es lo que cree acerca de la salvación: cómo se cumple y quién la cumple. En este episodio de Coalición Radio, Jairo Namnún y Steven Morales conversan con Javier Dominguez sobre su experiencia en la Iglesia Católica y cómo usan muchas de las mismas palabras que los evangélicos, pero con significados muy diferentes.

Javier Domínguez es Pastor Presidente de la Iglesia CIA El Salvador, así mismo Presidente de la Fundación Véritas, dedicada la creación de instituciones educativas cristianas y fundador del ministerio “Regresando a la Palabra”, que a través de conferencias promueve el regresar a la suficiencia de las Escrituras y la preeminencia de Cristo Jesús. Actualmente se encuentra estudiando una maestría en Divinidades en el Centro Latinoamericano de Estudios Reformados (CLER), asociado al Centro de Postgrado Andrew Jumper de Brasil. Casado, padre de tres hijos. Puedes seguirlo en Twitter.


Jairo Namnún
 sirve como Director de Coaliciones Internacionales, y colabora de cerca con el equipo de Coalición por el Evangelio. Es parte del liderazgo de la Iglesia Bautista Internacional en República Dominicana, y tiene estudios en el Southern Baptist Theological Seminary (MATS, M.Div). Está casado con Patricia y tienen tres hijos. Puedes encontrarlo en Twitter.

Steven Morales es el director creativo de The Gospel Coalition. Dirige el equipo creativo, supervisando los esfuerzos de marca, medios y marketing para todos nuestros proyectos. Anteriormente se desempeñó como director de operaciones en Coalición por el Evangelio. Vive en Nashville con su esposa, Gabriela, y su hijo Joaquín. Puedes encontrarlo en Twitter Instagram.