Separatismo

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Serie: Entre dos mundos

Separatismo

Por Christopher J. Gordon

Nota del editor: Este es el sexto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Entre dos mundos

Estoy listo para huir de California. Este solía ser el mejor estado de la unión, pero las cosas han cambiado. California acaba de ser calificada como la última en calidad de vida. Las autopistas están abarrotadas, la gente está sobrecargada de impuestos y el costo de vida está en su punto más alto. Quiero mudarme a Idaho, comprar una granja y vivir en hectáreas lejos de la gente y los problemas.

Estoy usando una hipérbole para hacer un punto. La actitud que he descrito es la que tienen muchos cristianos con respecto al mundo. Todo lo que tendría que hacer es sustituir «mundo» por «California», y la aplicación sería la misma. Los cristianos de hoy están muy desanimados por lo que ven en el mundo. Se está volviendo muy difícil ser cristiano y convivir en este mundo con los incrédulos. Los cristianos están pensando mucho en la separación, y una granja para alejarse de todo no parece ser una mala idea.

Ciertamente hay razones legítimas para mudarse a otro lugar. El problema es que muchos cristianos justifican una mudanza porque quieren escapar de los problemas que están experimentando en el mundo. Después de todo, ¿no llamó el Señor a los creyentes a estar separados del mundo (2 Co 6:14-18)? ¿Qué significa esto? ¿Estamos llamados a retirarnos del mundo y no tener contacto con los no cristianos?

Pocos cristianos pensarían que este llamamiento significa que debemos llevar una vida monástica, pero alejarse del mundo y sus problemas puede ser su propio tipo de monasticismo. La ironía es que ese tipo de separación puede ser una búsqueda muy mundana. Supone que en esta vida uno puede alcanzar las glorias de lo que se promete solo en los cielos nuevos y la tierra nueva. Y una separación de este tipo envía un pobre mensaje al mundo: que no nos importan y que solo queremos alejarnos. Con este tipo de separación, ¿qué pasa con la Gran Comisión? Por eso necesitamos una consideración sana de lo que significa estar separados del mundo.

SALIR Y SEPARARSE

Los cristianos siempre han luchado por entender el llamado a ser un pueblo separado en el mundo. Utilizando las categorías clásicas de Richard Niebuhr, siempre ha habido quienes contraponen a Cristo y a la cultura o asimilan a Cristo en la cultura. Podemos volver a caer en el mundo con la misma facilidad con que podemos desear separarnos del mundo. Entonces, ¿a qué tipo de separación llama Dios al cristiano en este mundo?

Una breve reflexión sobre la instrucción de Pablo a los cristianos de Corinto nos proporciona la respuesta. Estaban permitiendo que la mundanalidad no fuera controlada en la iglesia. Algunos de los síntomas incluían divisiones pecaminosas, métodos de ministerio mundanos, prácticas paganas en la adoración, abuso de los dones espirituales, inmoralidad sexual y tolerancia de la falsa doctrina.

El objetivo de Pablo al abordar estos problemas era llamar a la iglesia a separarse adecuadamente del mundo, como pueblo de Dios. En 1 Corintios 5:1, Pablo aborda un informe de que se estaba tolerando la inmoralidad sexual grave en la iglesia. Debido a que la iglesia se negaba a abordar el tema ejerciendo la disciplina eclesiástica, estaban comprometiendo su condición como comunidad santa de Dios.

Al llamar a la iglesia a separarse, Pablo hizo una sorprendente conexión con el Antiguo Testamento: «Limpiad la levadura vieja para que seáis masa nueva, así como lo sois, sin levadura. Porque aun Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado» (1 Co 5:7). Pablo fundamenta su llamado a la separación en la historia de la liberación de Israel de Egipto. La Pascua, junto con la fiesta de los panes sin levadura, celebraba la liberación de Israel de la muerte y su separación de la tierra de Egipto. Cualquier cosa que se trajera entre ellos de su antigua forma de vida era una amenaza a su estatus de separación como pueblo de Dios. La Iglesia, al igual que Israel, fue llamada a «salir de en medio de ellos, y apartarse» (2 Co 6:17). Debían salir de Egipto y no dejar que Egipto volviera a entrar en ellos.

Pablo reconoció que la iglesia de Corinto estaba confundida sobre el tema de la separación. Parece que tomaron su llamamiento a la separación como algo irrazonable. Sus preguntas probablemente eran las siguientes: «¿Qué vamos a hacer? ¿Crear nuestro propio grupito sectario con nuestra propia moral?». ¿Y qué pasa con nuestras diferencias con otros cristianos? Muchos cristianos de hoy comparten esta confusión.

La respuesta de Pablo es muy instructiva para nosotros. Explicó que el llamado a estar separados no significa que no debían tener contacto con los pecadores del mundo. No fueron llamados a dejar el mundo como los monjes trataron de dejar el mundo. La separación no se consigue evitando a los pecadores del mundo. El creyente está llamado a separarse por medio de la comunión. Hay una participación en el cuerpo de Cristo que es única para los creyentes. Pablo estaba llamando a la iglesia a pensar de manera diferente sobre el mundo con respecto a la Iglesia de Cristo.

El mundo siempre será lo que es. Funciona con su propio sistema de valores, atracciones y sabiduría, que a menudo se oponen a la justicia de Dios. Al convertirnos en cristianos, hemos dejado su comunión y nos hemos unido a otra. Nuestro antiguo amor por el mundo ha sido sustituido por el amor a Cristo, pero ninguna de estas verdades implica un alejamiento o un rechazo a mezclarse entre la gente del mundo. Por eso Pablo explicó a los corintios que, dado que vivimos en el mundo, no es posible evitar mezclarse con los incrédulos en la vida cotidiana. Los cristianos también tienen una ciudadanía terrenal, mientras permanezcan en esta tierra.

Sin embargo, los cristianos están separados del mundo en la medida en que nos negamos a unirnos a esa forma de vida que se opone a nuestra ciudadanía celestial. Estamos llamados a separarnos del mundo negándonos a tener comunión con aquellos que practican un modo de vida del que hemos sido liberados. Estamos separados en nuestra condición celestial como cuerpo de Cristo y en la forma en que nos comportamos ante el mundo.

Aquí es donde los corintios habían fallado. Ellos permitieron en su comunión a alguien que decía ser un creyente y sin embargo vivía en inmoralidad sexual. La negativa de la iglesia a separarse de su antigua forma de vida tuvo como consecuencia la unión de la iglesia y el mundo. Por eso Pablo les llamó a no juntarse «con ninguno que, llamándose hermano» (1 Co 5:11) viva de forma incompatible con su nueva identidad como pueblo redimido de Dios. El Señor nos llama a separarnos de aquellos que dicen ser creyentes y, sin embargo, viven de una manera que contradice la fe y la vida cristiana mediante la práctica del pecado sin arrepentimiento. Nos separamos rompiendo la comunión con ellos. La intimidad, el cuidado y la participación que existe entre los creyentes no se comparte con aquellos que se niegan a arrepentirse y creer en el evangelio.

La iglesia de Corinto debía lograr esta separación a través de la disciplina eclesiástica. Al echar al hombre de vuelta al mundo, estaban preservando su estatus de separación como pueblo de Cristo. ¿Seguirían cruzándose con este hombre? Ciertamente. Pero ahora ya no tenían comunión cristiana con él, y su voluntad de mantener la pureza de la Iglesia de Cristo como creyentes en el mundo es lo que significa la separación bíblica.

¿CÓMO DEBEMOS SEPARARNOS?

Con estos principios expuestos, hay algunas formas de avanzar que los cristianos deberían considerar cuando se trata de la separación bíblica.

En primer lugar, la Iglesia de hoy necesita arrepentirse de no tomar en serio el llamado a la separación. En Cristianismo y liberalismo, J. Gresham Machen se lamentó de que la Iglesia haya sido infiel a Cristo al dejar entrar en su membresía a decenas de incrédulos, muchos de los cuales son luego nombrados en puestos de enseñanza en la Iglesia. Machen escribió:

La mayor amenaza para la Iglesia cristiana hoy en día no viene de los enemigos de afuera, sino de los enemigos de adentro; viene de la presencia dentro de la Iglesia de un tipo de fe y práctica que es anticristiana hasta la médula… Una separación entre los dos grupos en la Iglesia es la necesidad urgente del momento.

Una separación, como la que Pablo le describe a los corintios, también es la necesidad urgente del momento para nosotros. Debido a que el llamado a estar separados no ha sido tomado en serio en la Iglesia, la Iglesia de hoy ha perdido su identidad en el mundo. La Iglesia debería ser muy diferente del mundo en cuanto a creencias y prácticas. Muchas iglesias podrían empezar a resolver este problema expulsando a los «acanos» de su entorno (ver Josué 7).

En segundo lugar, los cristianos necesitan establecer las prioridades correctas en su búsqueda de la separación. A menudo los cristianos se separan unos de otros y del mundo en todos los asuntos equivocados. Los cristianos necesitan unirse en lo que es más importante y evitar ser odiosos en nuestras convicciones mientras permitimos diferencias, sin separarnos, en aquellos asuntos de libertad de conciencia. La gran necesidad del momento son los cristianos convencidos que están dispuestos a permanecer juntos por la verdad del evangelio, que están comprometidos a ser formados por la Palabra de Dios y que son capaces de distinguir aquellos asuntos que tienen una importancia duradera en su defensa por la verdad.

Finalmente, los cristianos necesitan considerar su testimonio al mundo. En su Oración Sumo Sacerdotal, Jesús oró específicamente a Su Padre para que los creyentes no fueran sacados del mundo (Jn 17:15). El Señor nos dejó en el mundo para ser Sus testigos. Los incrédulos necesitan el evangelio y por eso estamos aquí. ¿El mundo percibe esto de nosotros? ¿Ven que nos preocupamos lo suficiente como para ayudarles a conocer la bendición que tenemos en Cristo? Llevamos la respuesta en el mensaje de la cruz, pero si la sensación que los incrédulos obtienen de nosotros es que estamos huyendo de ellos, ¿por qué pensamos que se volverán a Jesús y desearán entrar en nuestra comunión? En nuestra propia separación, vamos a ellos con el evangelio y recordamos que nuestro testimonio es la razón por la que el Señor nos preserva en el mundo.

Algún día puede que me vaya de California, pero puede que no sea todo lo que esperaba. Así que creo que, por ahora, trataré de practicar la separación justo donde estoy. Dondequiera que los cristianos estén verdaderamente separados como cuerpo de Cristo, en ese mismo lugar se puede disfrutar de un pedacito de cielo en la tierra, y ahora mismo eso es exactamente lo que todo lugar necesita.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Christopher J. Gordon
Christopher J. Gordon

El Rev. Christopher J Gordon es pastor de predicación en Escondido United Reformed Church en Escondido, California.

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