Tesis #15 – La trivialización Dios es uno de los pecados capitales de la iglesia de nuestros días

Ministerios Integridad & Sabiduría

Tesis # 15

 La trivialización Dios es uno de los pecados capitales de la iglesia de nuestros días

95 Tesis para la iglesia evangélica de hoy

Miguel Nuñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

No es la fe la que salva, es Cristo por medio de la fe

Coalición por el Evangelio

No es la fe la que salva, es Cristo por medio de la fe

Por Sugel Michelén

Contrario al pensamiento de muchos, no es la sinceridad o cantidad de la fe lo que importa, sino el objeto en el que descansa la fe. Si una persona ingiere un veneno por error creyendo sinceramente que es jugo de naranja, la sinceridad de su creencia no eliminará el efecto nocivo del veneno.

De igual manera, aquellos que viajen atemorizados en avión tendrán más probabilidades de llegar a su destino que aquellos viajeros ilegales que se arriesgan abandonar su país en una frágil embarcación, por más seguridad que tengan de que llegarán sanos y salvos a la otra orilla. Los primeros tienen poca fe en un objeto confiable, mientras los segundos están depositando mucha fe en uno que no lo es.

Pues lo mismo ocurre en lo tocante a la vida eterna. La Palabra de Dios enseña en Proverbios 16:25 que “hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte”. Este hombre transita confiado por una senda equivocada, creyendo sinceramente que va por buen camino, pero la sinceridad de su creencia no eliminará el hecho de que ese es un camino de muerte.

Y es que la fe no tiene poder en sí misma para salvar. Ella opera más bien llevándonos de la mano a confiar en el único que puede salvar al pecador: nuestro Señor Jesucristo. Todo el que descansó sinceramente en cualquier otro medio de salvación, aparte del Señor Jesucristo, se perderá, porque no es la fe la que salva, sino Cristo por medio de la fe.

La fe que conduce a la salvación es una mano desnuda que se extiende confiadamente para recibir lo que el Señor Jesús ofrece en el evangelio. Él se hizo Hombre siendo Dios, vivió una vida perfecta y luego murió en una cruz para pagar la deuda de todos aquellos a quienes vino a salvar; y ahora, en base a esa obra de redención, ofrece perdón y vida eterna a todo aquel que cree. Su justicia perfecta es puesta en nuestra cuenta por medio de la fe.

En Juan 6:47 dice el Señor: “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí tiene vida eterna”. Y en otro lugar añadió: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna” (Juan 10:27-28). Sólo las ovejas de Cristo tienen vida eterna, no las de ningún otro pastor; y esas ovejas se distinguen en que oyen su voz y le siguen; ellas prestan atención a las enseñanzas de Cristo reveladas en Su Palabra, la Biblia. Creer sincera y profundamente en cualquier otro medio de salvación no servirá de nada; es Cristo el que salva, por medio de la fe.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

Un renacimiento occidental

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo VIII

Un renacimiento occidental

Por Nicholas R. Needham

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo VIII

Europa occidental, en el siglo VIII, estuvo dominada por lo que los historiadores llaman el «Renacimiento carolingio», el cual no se debe confundir con el Renacimiento de los siglos XV y XVI. Este renacimiento del siglo VIII recibió su nombre de la dinastía gobernante de Francia, los carolingios. Al principio, ellos eran los mayordomos hereditarios del palacio real francés, quienes disfrutaban de un poder real bajo la figura monárquica de los merovingios. El más famoso de los mayordomos carolingios fue Carlos Martel (690-741), conocido como Carlos «el Martillo» por su decisiva victoria militar sobre los ejércitos musulmanes españoles. A menudo se olvida que, durante gran parte del período medieval, España fue islámica. Un ejército musulmán de África había cruzado el estrecho de Gibraltar en el año 711, y en el 718 había conquistado casi toda la España cristiana. Los musulmanes continuaron su avance hacia Francia. Sin embargo, en el 732, en Tours (o posiblemente en Poitiers), fueron recibidos por un ejército católico francés. Aquí, Carlos Martel derrotó a las fuerzas musulmanas, lo cual detuvo permanentemente el progreso occidental del Imperio islámico. Los franceses obligaron a los musulmanes a regresar a España, y allí se quedaron durante los siguientes 700 años, hasta que finalmente fueron expulsados ​​al norte de África en 1492. Martel salvó a Europa para el cristianismo.

Martel también dio un fuerte apoyo a la cristianización de la Alemania pagana. Esto fue llevado a cabo por una auténtica inundación de monjes misioneros ingleses, el más famoso de los cuales fue Bonifacio (680-754). Durante los próximos trescientos años, los monasterios en esta área fueron los centros vitales de la religión y la cultura cristiana en Alemania.

Esta alianza entre los carolingios y el papado por la evangelización de Alemania se fortaleció después de la muerte de Martel en el 741 y la ascensión al poder de sus hijos Carlomán y Pipino. Martel había puesto a Carlomán y Pipino en un monasterio durante su juventud, donde los monjes los habían criado para tener una preocupación genuina por el bienestar de la Iglesia. Ahora que compartían el trono de Francia, ellos invitaron a Bonifacio para ayudarles a reformar la Iglesia francesa. Dado que Bonifacio actuó como representante del papa, estas reformas fortalecieron el vínculo entre Francia y el papado. Carlomán se convirtió en monje después de que se completaron las reformas de Bonifacio, dejando así a su hermano Pipino como único gobernante de Francia.

Sin embargo, en teoría, Pipino seguía siendo solo el alcalde del palacio, el principal servidor de Childerico III, el último de los débiles reyes merovingios. Los fuegos de la ambición danzaban en el corazón de Pipino; sintió que él, el verdadero gobernante de Francia, debía llevar la corona real. Así que Pipino obtuvo el apoyo del papa Zacarías y en el 751 depuso a Childérico. Luego, Bonifacio, actuando nuevamente en nombre del papa, coronó a Pipino como rey de Francia, el primero de la gran dinastía real carolingia. Esta fue la primera vez que un papa afirmó que su autoridad apostólica incluía el derecho a sancionar el destronamiento de un rey y su reemplazo por otro. Pipino recompensó al papa invadiendo al reino lombardo de Italia en 756, el cual había estado amenazando a Roma. Pipino le dio al papa todas las ciudades lombardas que había capturado. Esta acción, conocida como «la donación de Pipino», creó un gran conjunto de territorios papales con forma de H a través de la parte centro occidental y noreste de Italia: los «estados pontificios». A partir de entonces, los papas serían tanto gobernantes seculares como líderes espirituales.

Cuando Pipino murió en el 768, sus dos hijos, Carlos y Carlomán, lo sucedieron como gobernantes conjuntos de Francia. Carlomán murió en el 771, dejando a Carlos como único gobernante. Carlos reinó durante los siguientes cuarenta y tres años (771-814) y creó el primer gran Imperio occidental desde la caída de Roma en el 410. A él se le conoce como «Carlos el Grande» o Carlomagno (del latín magnus, «grande»).

Carlomagno es una de las figuras verdaderamente colosales de la historia europea. Se le ha llamado el «Moisés de la Edad Media» porque sacó a los pueblos germánicos del desierto de la barbarie pagana y les dio un nuevo código de leyes civiles y eclesiásticas. Su biógrafo, Einhard, nos dice que Carlomagno era físicamente un gigante, sobrio y simple en su vida privada, un gobernante justo y generoso, un padre cariñoso y muy popular entre sus súbditos. Tenía una mente perspicaz, una devoción sincera a la fe cristiana y a la Iglesia católica, y una sensación ardiente de una misión personal de parte de Dios de unir a las naciones occidentales en un Imperio cristiano.

Podríamos pasar gran parte de nuestro tiempo contando la historia de las guerras de Carlomagno, las cuales, finalmente, rompieron la columna del poder pagano en Alemania. Sin embargo, es más provechoso considerar su papel en unir a Francia y Alemania con el pegamento de una nueva cultura cristiana. El principal asesor religioso de Carlomagno, el monje inglés Alcuino de York (730-804), fue clave en esto. Alcuino fue director de la escuela de la catedral de York antes de ingresar al servicio de Carlomagno en el 782. Durante los siguientes veintidós años, fue el maestro principal del Imperio carolingio, el hombre más culto de Europa occidental. Alcuino fue (entre otras cosas) comentarista bíblico, erudito textual, revisor litúrgico, defensor de la ortodoxia, reformador de monasterios, constructor de bibliotecas y astrónomo docto. Las principales contribuciones de Alcuino al Renacimiento carolingio fueron las siguientes:

Lenguaje. Alcuino reformó la ortografía y desarrolló un nuevo estilo de escritura a mano llamado «minúscula carolingia», en el que se basan nuestras letras impresas modernas. Los eruditos carolingios revivieron el latín, lo refinaron y lo enseñaron a todas las personas educadas. Se convirtió en el idioma internacional de la civilización occidental. Cualquiera que fuera su lengua nativa, todos los occidentales educados podían hablar latín.

Literatura. En los días previos a la invención de la imprenta, los monjes tenían que copiar los libros a mano. El ejército de monjes eruditos de Carlomagno hizo numerosas copias de escritos antiguos. La mayoría de nuestros textos sobrevivientes de la antigua Grecia y Roma nos han llegado de copias carolingias. Alcuino supervisó el establecimiento de bibliotecas monásticas en todo el imperio de Carlomagno, donde se copiaron y almacenaron estos libros. De esta manera, el Renacimiento carolingio ayudó a preservar y a transmitir al presente el conocimiento y la cultura del pasado.

La Biblia. Alcuino revisó el texto de la Biblia latina y estableció una edición estándar de la Vulgata de Jerónimo.

Educación. Carlomagno tuvo un fuerte interés personal en la difusión de la educación. Él ordenó a obispos y a abades para que establecieran escuelas para capacitar a sacerdotes y a monjes. Decretó que cada parroquia debía tener una escuela para educar a todos los niños varones del vecindario. Él fundó su propia academia real en Aquisgrán, la cual Alcuino presidió y que alentó el estudio de la lógica, la filosofía y la literatura.

Muchos de los asesores eclesiásticos de Carlomagno vieron la gran extensión de su reino como una recreación del Imperio romano en Occidente. Esto llevó a que Carlomagno fuera reconocido como «emperador de los romanos» en el año 800. En el día de Navidad de ese año, mientras Carlomagno estaba arrodillado en el altar de la iglesia de San Pedro en Roma, recibiendo la comunión, el papa León III mostró una corona y la colocó en la cabeza de Carlomagno. Así nació el «Sacro Imperio Romano». La coronación de Carlomagno por León significaba que él no era simplemente el rey de Francia, sino que también era el heredero de los antiguos emperadores romanos, aquel en quien el Imperio romano había renacido, el gobernante supremo del mundo occidental.

La exaltada visión de Carlomagno sobre la monarquía, sin embargo, lo condujo a un serio conflicto con el papado. Podemos captar el concepto de Carlomagno sobre su propia posición a través de una carta que le envió Alcuino:

Nuestro Señor Jesucristo te ha establecido como el gobernante del pueblo cristiano, en un poder más excelente que el del papa o el emperador de Constantinopla; en sabiduría, más distinguido; en la dignidad de tu gobierno, más sublime. Solo de ti depende toda la seguridad de las Iglesias de Cristo.

A lo largo de su reinado, Carlomagno actuó consistentemente bajo esta teoría de la «monarquía sagrada», considerándose a sí mismo como el superior del papa incluso en asuntos doctrinales. Podemos ver esto claramente en dos casos. En primer lugar, la respuesta de Occidente a la controversia iconoclasta fue formulada por Carlomagno (en vez de por el papa) en los llamados libros carolinos o «libros de Carlos», escritos con la ayuda de sus asesores religiosos, especialmente Alcuino. Los libros carolinos buscaban marcar una postura intermedia entre los defensores orientales y los enemigos de los iconos. En segundo lugar, Carlomagno también sancionó la inserción de la cláusula filioque en el Credo de Nicea, sobre la cabeza de la oposición del papa León III, de modo que el credo ahora dice que el Espíritu Santo procede del Padre «y del Hijo». La Iglesia oriental protestó fervorosamente contra esta alteración unilateral de un credo ecuménico causada por un emperador occidental, pero fue en vano. Esto trajo graves consecuencias, contribuyendo a la separación de Oriente y Occidente en iglesias separadas y mutuamente hostiles en el 1054.

La relación entre Carlomagno y el papado, entonces, era incómoda. La creación del Sacro Imperio Romano allanó el camino para los feroces conflictos entre papas y emperadores en la Edad Media tardía. El papado defendió el gran principio espiritual de la libertad e independencia de la Iglesia del control del Estado. Sin embargo, para asegurar esa independencia, los papas querían poner al Estado bajo el control de la Iglesia. Por otro lado, Carlomagno y sus sucesores se consideraban a sí mismos como «reyes sagrados», gobernantes divinamente elegidos de un Imperio cristiano, responsables ante Dios por su bienestar espiritual y secular. Para ellos, el papa era nada más que su principal consejero espiritual. Mientras la Iglesia y el Estado estuvieran unidos y fueran vistos como dos aspectos de una sola sociedad cristiana, la posibilidad de conflicto religioso y político entre el papa y el emperador era muy real.

Nicholas R. Needham
Nicholas R. Needham

El Dr. Nicholas Needham es pastor de la Iglesia Inverness Reformed Baptist Church de Inverness, Escocia, y profesor de historia eclesiástica en el Highland Theological College de Dingwall, Escocia. Es autor de la obra 2,000 Years of Christ’s Power [2000 años del poder de Cristo], compuesta de varios tomos.

Jóvenes, abran los ojos, ¡los están engañando! (3)

Miércoles 19 Enero

Es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos… Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Romanos 13:11-12

Te alumbrará Cristo.Efesios 5:14

Jóvenes, abran los ojos, ¡los están engañando! (3)

Se les dice: “Interésense en el ocultismo, la magia, la brujería, el esoterismo, ¡tendrán una fuerza y poderes sobrenaturales!”.

 – La Biblia dice: “No sea hallado en ti quien… practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con el Señor cualquiera que hace estas cosas” (Deuteronomio 18:10-12).

Se les dice: “Vayan a donde encuentren señales y milagros, donde hay revelaciones y visiones, donde tendrán experiencias muy especiales”.

 – La Biblia dice: “No creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios” (1 Juan 4:1-3). “Porque se levantarán falsos cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos” (Mateo 24:24).

Se les dice: “¡Serán felices si dan rienda suelta a todos sus deseos, a todos sus impulsos!”.

 – La Biblia dice: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5:8). “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Hebreos 13:4).(mañana continuará)

Génesis 23 – Mateo 13:1-23 – Salmo 12 – Proverbios 3:32-35

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch