Cómo identificar una predicación sana

Coalición por el Evangelio

Cómo identificar una predicación sana

JOSUÉ ORTIZ

La predicación sana determina el bienestar de una iglesia.

Muchos decimos que escuchamos o exponemos predicaciones sanas, pero eso no siempre es así. Necesitamos evaluar los sermones que enseñamos o escuchamos. Si identificamos que ellos no son bíblicos, debemos cambiar nuestra preparación y enfoque al predicar. Pero ¿cómo podemos identificar una predicación sana?

Aunque ninguno de nosotros es la autoridad por sí mismo para afirmar cuándo una predicación es saludable o no, hay algunas cosas que podemos decir al respecto cuando nos basamos en la Palabra de Dios.

La predicación sana hace más que citar la Biblia

Recordemos que Satanás usó las Escrituras erróneamente para tentar a Cristo (Mt. 4:1-11). Los falsos maestros, por lo general, usan la predicación que solo busca textos fuera de contexto que apoyan sus premisas principales. Ellos pervierten el significado del texto para justificar sus intereses mezquinos (2 P. 3.16).

La Palabra no es un trampolín para impulsar tu propio mensaje. Tampoco para exponer sobre intereses personales o temas oportunistas. En cambio, es un pozo para profundizar en el conocimiento del amor y poder de Dios. Él siempre obra a través de su Palabra.

Por lo tanto, el predicador debe “dar sentido al texto” (Neh. 8:8). El predicador necesita comprender el mensaje central del pasaje, luego exponer la verdad de Dios a la congregación, y finalmente promover la aplicación adecuada de sus conclusiones.

Una tentación frecuente para los predicadores es solo buscar predicar pasajes que apoyen los temas que nos apasionan o queremos hablar. No está mal hablar de los temas que consideres importantes para tu iglesia, pero si usas la Biblia solo como una nota al pie de tu sermón, debes preguntarte si usas bien la Palabra de verdad (2 Ti. 2:15).

La predicación sana no se enfoca en tradiciones

Muchos piensan que la predicación es bíblica solo por ser tradicionalista, ya que así contiene muchos estándares y reglas. Ellos hablan de “conservar la llama del pasado” y se jactan de eso. Esto los lleva a legalismos tales como no permitir cierta ropa, prohibir algunos instrumentos musicales, y evitar visitar ciertos lugares. Creen que la iglesia es más espiritual por ser más “tradicional”.

Con esto no quiero decir que los miembros de las iglesias pueden hacer de las suyas sin reglas ni límites, pero los tradicionalistas suelen oponerse a los cambios, incluso a los buenos y necesarios. Hay quienes predican que debemos ser diferentes al mundo. Y debe ser así, pero la definición de “mundo” suele restringirse a solo las últimas décadas. Muchos olvidan que nuestra tarea no es mantener tradiciones sino obedecer la Palabra.

La predicación tradicionalista es parcial, local, y enfocada solo en ciertas opiniones y corrientes denominacionales. La Palabra de Dios, en cambio, va más allá de nuestras denominaciones y rige mucho más que nuestras opiniones e ideas. ¿Sabes si tu predicación prioriza las leyes de los hombres por encima de las de Dios? (Mr. 7:8).

La predicación sana distingue entre moralidad y santidad

Cuando solo predicamos reglas en contra de cualquier pecado, lo único que hacemos es poner metas inalcanzables (Gá. 3:10Stg. 2:10). Esto provoca que las personas tengan una vida doble, tratando de ocultar lo que se supone que está mal. Ese fue el problema de los fariseos (Mt. 23:27-28). Esta predicación no es diferente a las enseñanzas de otros grupos religiosos que también predican moralidad, civismo, y ética.

La predicación sana expone la santidad de Dios, mientras que una predicación deficiente propone la moralidad del hombre

La moralidad y la santidad no son lo mismo. Una predicación sana expone la santidad de Dios, mientras que una deficiente propone la moralidad del hombre. Dios no quiere personas morales, Él quiere personas santas porque ellas serán morales. Pero alguien puede ser moral sin ser santo. Ese es el peligro de la predicación moralista.

Una predicación moralista llega a ser legalista. El legalismo antepone las reglas por encima del poder de Dios. Evita que el creyente ponga su mirada en el Dios que nos transforma. Él es quien nos capacita para evitar aquello que la ley prohíbe. Empezamos a crecer en santidad cuando sometemos nuestra voluntad a Él.

La predicación sana es expositiva

Por predicación expositiva me refiero a la que interpreta y expone el mensaje central de un pasaje de la Escritura.

Aunque habrá momentos donde la iglesia necesite orientación sobre diversos temas, ella no necesita tu opinión personal. En cambio, necesita una exposición clara de lo que la Biblia enseña al respecto. Los ciudadanos del reino necesitan el mensaje del Rey. Tu labor es alimentar y apacentar a la grey de Dios (1 P. 5:2). No es tu iglesia o tu gente. Solo somos administradores de lo que Dios nos encargó por un tiempo.

Así que predica el texto. No te enfoques solo en aplicarlo, sino también en interpretarlo primero. Sé un estudiante de la Palabra. Que seas caracterizado por meditar, interpretar, y exponer la Biblia. Solo así tu predicación será sana y guiarás a tu iglesia a vivir lo que David dijo: “¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca. De tus preceptos recibo entendimiento, por tanto aborrezco todo camino de mentira” (Sal. 119:103-104).

La predicación sana es rica en teología

Una predicación saludable es teológica. Esto no habla de academia o complejidad, sino de profundidad y sentido. La predicación teológica se caracteriza por su rico contenido bíblico. Esta predicación no solo presenta las verdades de Dios, sino que presenta al Dios de las verdades. Todo esto considerando los estándares definidos a lo largo de la historia de las doctrinas cristianas, donde se ha separado lo falso de lo verdadero.

Si afirmamos que Dios se revela en las Escrituras por medio de Jesús (Jn. 14:9), entonces cada predicación debe revelar a Dios por medio de la obra redentora del Mesías. Nuestras predicaciones deben estar centradas en el evangelio. Cada sermón nos dirige a pensar cómo el pasaje se conecta con el mensaje redentor de Cristo.

Cada mandamiento, versículo, y palabra, descansa en el mensaje central de la Biblia: que Dios restaura a su creación por medio de Jesús. Así que si estás en los Salmos o en Gálatas, tu labor no es “armar” creativamente un sermón. Tu labor es ver que tu predicación refleje la imagen de Dios, su revelación, su persona, su plan, su rescate, y su voluntad.

Josué Ortiz (MDiv., DMin.) es pastor fundador de la Iglesia Gracia Abundante en la Ciudad de México. Es doctor en predicación expositiva por The Master’s Seminary. Está casado con Rebekah y juntos tienen tres hijos. Puedes seguirlo en twitter: @pastorjosuecdmx

¿Por qué es importante la doctrina del infierno?

Coalición por el Evangelio

¿Por qué es importante la doctrina del infierno?

TIM KELLER

En 2003, un grupo de investigación descubrió que el 64% de los estadounidenses esperan ir al cielo cuando mueran, pero menos del 1% piensa que podrían ir al infierno. No solo hay muchas personas hoy en día que no creen en la enseñanza de la Biblia sobre el castigo eterno. Incluso aquellos que sí creen en él lo encuentran un concepto irreal y remoto. Sin embargo, es una parte muy importante de la fe cristiana por varias razones.

1. El infierno es importante porque Jesús enseñó sobre esto más que todos los demás autores bíblicos juntos.

Jesús habla de “fuego y castigo eternos” como la morada final de los ángeles y seres humanos que han rechazado a Dios (Mt. 25:4146). Él dice que aquellos que se entreguen al pecado estarán en peligro del “fuego del infierno” (Mt. 5:2218:8-9.) La palabra que Jesús usa para “infierno” es Gehenna, un valle en el que se quemaban diariamente pilas de basura, así como los cadáveres de aquellos sin familia que pudiera enterrarlos. En Marcos 9:43, Jesús habla de una persona que va al “infierno [gehenna], donde su gusano no muere y el fuego no se apaga”. Jesús se refiere a los gusanos que viven en los cadáveres en el montón de basura. Cuando toda la carne es consumida, los gusanos mueren. Sin embargo, Jesús está diciendo que la descomposición espiritual del infierno nunca termina, y es por eso que “su gusano no muere”.

En Mateo 10:28, Jesús dice: “No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; más bien teman a Aquél que puede hacer perecer tanto el alma como el cuerpo en el infierno”. Él está hablando a los discípulos, algunos de los cuales eventualmente serán torturados, cortados por la mitad, desollados, y quemados vivos. Sin embargo, Jesús dice que eso es un picnic comparado con el infierno. Claramente, para Jesús, el infierno era un lugar real, ya que dijo que después del juicio las personas lo experimentarían en sus cuerpos. El infierno es un lugar no solo de sufrimiento físico sino también espiritual.

Si Jesús, el Señor del amor y el autor de la gracia habló sobre el infierno con mayor frecuencia y de una manera más vívida y cruda que nadie, debe ser una verdad crucial.

Jesús describió constantemente al infierno como fuego doloroso y “oscuridad exterior” (Mt. 25:30; cp. Jd. 6,7,13), un lugar de inimaginable y terrible miseria e infelicidad. Si Jesús, el Señor del amor y el autor de la gracia habló sobre el infierno con mayor frecuencia y de una manera más vívida y cruda que nadie, debe ser una verdad crucial. Pero ¿por qué era tan importante para Jesús?

2. El infierno es importante porque muestra cuán infinitamente dependientes somos de Dios para todo.

Prácticamente todos los comentaristas y teólogos creen que las imágenes bíblicas de fuego y oscuridad exterior son metafóricas. (Dado que las almas están ahora en el infierno, sin cuerpos, ¿cómo podría ser un fuego literal y físico?). Incluso Jonathan Edwards señaló que el lenguaje bíblico para el infierno era simbólico, pero, agregó, “cuando se usan metáforas en las Escrituras acerca de cosas espirituales… ellas no llegan a la verdad literal” (tomado de Los tormentos del infierno son excesivamente grandes, en el volumen 14 de la edición de Yale de las obras de Edwards). Decir que la imagen bíblica del infierno de fuego no es del todo literal no es nada cómodo. La realidad será mucho peor que la imagen. ¿Para qué sirven los símbolos de “fuego” y “oscuridad”? Son formas vívidas de describir lo que sucede cuando perdemos la presencia de Dios. La oscuridad se refiere al aislamiento, y el fuego a la desintegración de estar separados de Dios. Lejos del favor y el rostro de Dios, literalmente, horrorosamente y sin cesar, nos separamos.

En la enseñanza de Jesús, la condena final de la boca de Dios es: “apártense de mí”. Eso es extraordinario: ¡simplemente estar lejos de Dios es lo peor que nos puede pasar! ¿Por qué? Porque originalmente fuimos creados para caminar en la presencia inmediata de Dios (Gn. 2). En cierto sentido, por supuesto, Dios está en todas partes y lo sostiene todo. Solo en Él todos hablamos, nos movemos, y tenemos nuestro ser (Hch. 17:28). En ese sentido, entonces, es imposible apartarse del Señor; incluso el infierno no puede existir a menos que Dios lo sostenga. Pero la Biblia dice que el pecado nos excluye del “rostro” de Dios (Is. 59:2). Toda la vida, gozo, amor, fortaleza, y significado que hemos buscado y anhelado se encuentra en su rostro (Sal. 16:11). Es decir, en su favor, presencia, compañerismo, y placer.

El pecado nos separa de ese aspecto de su poder que nos sostiene y nos sustenta. Para nosotros es como el agua es para un pez que se aleja de ella. Nuestra vida se desvanece lentamente. Eso es lo que nos ha estado pasando a lo largo de la historia. Por eso, para Pablo, el fuego eterno y la destrucción del infierno es ser “excluidos de la presencia del Señor” (2 Ts. 1:9). La separación de Dios y sus bendiciones para siempre es la realidad a la que apuntan todos los símbolos. Por ejemplo, cuando Jesús habla de ser “destruido” en el infierno, la palabra que se usa es apollumi, que no significa ser aniquilado de la existencia sino ser destruido y arruinado para ser inútil para su propósito previsto.

La imagen del gehenna y los gusanos significa descomposición. Una vez que un cuerpo está muerto, pierde su belleza, su fuerza, y su coherencia. Comienza a romperse en sus partes constituyentes, apestar, y desintegrarse. Entonces, ¿qué es un alma humana “destrozada”? No deja de existir, sino que se vuelve completamente incapaz de todas las cosas para las que un alma humana es: razonar, sentir, elegir, y dar o recibir amor o alegría. ¿Por qué? Porque el alma humana fue construida para adorar y disfrutar al verdadero Dios, y toda la vida verdaderamente humana fluye de eso. En este mundo, toda la humanidad, incluso aquellos que se han alejado de Dios, todavía son sustentados por “providencias amables” o “gracia común” (Hch. 14:16-17Sal. 104:10-30Stg. 1:17) manteniéndonos todavía capaces de sabiduría, amor, alegría, y bondad. Pero cuando perdemos del todo la presencia solidaria de Dios, el resultado es el infierno.

3. Es importante porque revela la gravedad y el peligro de vivir la vida para ti mismo.

En Romanos 1-2, Pablo explica que Dios, en su ira contra los que lo rechazan, “los entrega” a las pasiones pecaminosas de sus corazones. Los comentaristas (como Douglas Moo) señalan que esto no puede significar que Dios impulsa a la gente a pecar, ya que en Efesios 4:19 se dice que los pecadores se entregan a sus deseos pecaminosos. Significa que el peor (y más justo) castigo que Dios puede dar a las personas es permitirles el deseo más profundo de sus corazones pecaminosos.

El peor (y más justo) castigo que Dios puede dar a las personas es permitirle el deseo más profundo de sus corazones pecaminosos.

¿Qué es eso? El deseo del corazón humano pecador es la independencia. Queremos elegir y seguir nuestro propio camino (Is. 53: 6). Esto no es un inútil “vagar por el camino”. Como Jeremías lo pone: “Ninguno se arrepiente de su maldad… Cada cual vuelve a su carrera, Como caballo que se lanza en la batalla” (8:6). Queremos alejarnos de Dios pero, como hemos visto, esto es lo más destructivo para nosotros. Caín está advertido de no pecar porque el pecado es esclavitud (Gé. 4:7; Jn. 8:34). Destruye tu capacidad de elegir, amar, y disfrutar. El pecado también te produce ceguera: cuanto más rechazas la verdad acerca de Dios, más incapaz eres de percibir cualquier verdad sobre ti o sobre el mundo (Is. 29: 9-10Ro. 1:21)

¿Qué es el infierno, entonces? Es Dios entregándonos activamente a lo que hemos elegido libremente: seguir nuestro propio camino, ser nuestro propio “amo de nuestro destino, el capitán de nuestra alma”, para alejarnos de Él y su control. Es Dios desterrándonos a regiones a las que hemos tratado desesperadamente de llegar todas nuestras vidas. J. I. Packer escribe: “Las Escrituras ven el infierno como elegido por las personas… aparece como el gesto de Dios de respeto por la elección humana. Todos reciben lo que realmente eligieron, ya sea estar con Dios para siempre, adorándolo, o sin Dios para siempre, adorándose a sí mismos” (Concise Theology, p. 262-263). Si lo que más deseas es adorar a Dios en la belleza de su santidad, entonces eso es lo que obtendrás (Sal. 96:9-13). Si lo que más deseas es ser tu propio amo, entonces la santidad de Dios se convertirá en una agonía, y la presencia de Dios en un terror del que huirás para siempre (Ap. 6:16; cp. Is. 6:1-6).

¿Por qué es tan importante enfatizar esto en nuestra predicación y enseñanza hoy? La idea del infierno es inverosímil para las personas porque consideran injusto que se impongan castigos infinitos por pasos falsos finitos, relativamente pequeños (como no abrazar el cristianismo). Además, casi nadie conoce a nadie (incluidos ellos mismos) que parezca lo suficientemente malo como para merecer el infierno. Pero la enseñanza bíblica sobre el infierno responde a estas dos objeciones. Primero, nos dice que las personas solo obtienen en la otra vida lo que más han deseado, ya sea tener a Dios como Salvador y Amo, o ser sus propios salvadores y amos. En segundo lugar, nos dice que el infierno es una consecuencia natural. Incluso en este mundo está claro que el egocentrismo, en lugar de centrarse en Dios, te hace miserable y ciego. Cuanto más egocéntricas, centradas en sí mismas, autocompasivas, y autojustificadas son las personas, más colapsos ocurren relacionalmente, psicológicamente, e incluso físicamente. También profundizan en la negación sobre el origen de sus problemas.

Por otro lado, un alma que ha decidido centrar su vida en Dios y Su gloria se mueve hacia el aumento de la alegría y la integridad. Podemos ver estas dos trayectorias incluso en esta vida. Pero si, como enseña la Biblia, nuestras almas continuarán para siempre, entonces solo imagine dónde estarán estas dos clases de almas en un billón de años. El infierno es simplemente el camino libremente elegido por uno para siempre. Queríamos alejarnos de Dios, y Dios, en su justicia infinita, nos envía a donde queríamos ir.

El infierno es una prisión en la que las puertas primero las cerramos por dentro y por lo tanto Dios las cierra por fuera.

En la parábola de Lucas 16:19 en adelante, Jesús nos habla de un hombre rico que va al infierno, y que ahora está atormentado y tiene una sed horrible debido al fuego (v. 24). Pero hay información interesante sobre lo que está sucediendo en su alma. Insta a Abraham a enviar un mensajero para ir y advertir sobre la realidad del infierno a sus hermanos que aún viven. Los comentaristas han señalado que esto no es un gesto de compasión, sino más bien un esfuerzo por cambiar la culpa. Está diciendo que no tuvo oportunidad, que no tuvo la información adecuada para evitar el infierno. Ese es claramente su punto, porque Abraham dice con fuerza que las personas en esta vida han sido bien informadas a través de las Escrituras. Es intrigante encontrar exactamente lo que esperaríamos: incluso sabiendo que él está en el infierno y sabiendo que Dios lo envió allí, está profundamente en negación, enojado con Dios, incapaz de admitir que fue una decisión justa, deseando poder ser menos miserable (v. 24) pero de ninguna manera dispuesto a arrepentirse o buscar la presencia de Dios.

Creo que una de las razones por las que la Biblia nos habla sobre el infierno es que puede actuar como “sales aromáticas” sobre el verdadero peligro y la gravedad de los pecados, incluso los menores. Sin embargo, he hallado que solo enfatizar los símbolos del infierno (fuego y oscuridad) en la predicación en lugar de ir a lo que se refieren a los símbolos (la descomposición espiritual y eterna) en realidad impide que las personas modernas encuentren al infierno como un elemento de disuasión. Recuerdo que hace algunos años un hombre me dijo que hablar sobre los fuegos del infierno simplemente no lo asustaba. Le parecía demasiado descabellado, incluso tonto. Así que le leí las líneas de C.S. Lewis:

“El infierno comienza con un humor gruñón, siempre quejándose, siempre culpando a los demás… Pero todavía eres distinto de eso. Incluso puedes criticarlo en ti mismo y desearte poder detenerlo. Pero puede llegar un día en que ya no puedas. Entonces no quedará nada para criticar el estado de ánimo o incluso para disfrutarlo, sino solo el gruñido en sí mismo, que continúa como una máquina. No se trata de que Dios nos envíe al infierno. En cada uno de nosotros hay algo que está creciendo, que será un infierno a menos que sea cortado de raíz”.

Para mi sorpresa, se quedó muy callado y dijo: “Ahora eso me asusta de muerte”. Casi de inmediato comenzó a ver que el infierno era perfectamente justo y correcto, y algo a lo que se daba cuenta de que podría ir si no cambiaba. Si realmente queremos que los escépticos y los no creyentes se asusten adecuadamente con el infierno, no podemos simplemente repetir una y otra vez que “el infierno es un lugar de fuego”. Debemos profundizar en las realidades que representan las imágenes bíblicas. Cuando lo hagamos, encontraremos que incluso las personas seculares pueden verse afectadas.

Salimos corriendo de la presencia de Dios y, por lo tanto, Dios nos entrega activamente a nuestro deseo (Ro. 1:2426). Por lo tanto, el infierno es una prisión en la que las puertas primero las cerramos por dentro y por lo tanto Dios las cierra por fuera (Lc. 16:26). Todo indica que esas puertas continúan permaneciendo por siempre cerradas desde adentro. Aunque cada rodilla y lengua en el infierno sabe que Jesús es el Señor (Fil. 2:10-11), nadie puede buscar o desear ese señorío sin el Espíritu Santo (1 Co. 12:3). Por eso podemos decir que nadie se va al infierno si no elige ir y quedarse allí. ¿Qué podría ser más justo que eso?

4. La doctrina del infierno es importante porque es la única forma de saber cuánto nos amó Jesús y cuánto hizo por nosotros.

En Mateo 10:28, Jesús dice que ninguna destrucción física puede compararse con la destrucción espiritual del infierno, de perder la presencia de Dios. Pero esto es exactamente lo que le sucedió a Jesús en la cruz: fue abandonado por el Padre (Mt. 27:46). En Lucas 16:24, el hombre rico en el infierno tiene una sed desesperada (v. 24) y en la cruz Jesús dijo: “Tengo sed” (Jn. 19:28.) El agua de la vida, la presencia de Dios, fue quitada de Él. El punto es este: A menos que nos enfrentemos a esta doctrina terrible, nunca comenzaremos a comprender las profundidades de lo que Jesús hizo por nosotros en la cruz. Su cuerpo estaba siendo destruido de la peor manera posible, pero eso era una picadura de pulga en comparación con lo que le estaba pasando a su alma. Cuando gritó que su Dios lo había abandonado, Él mismo estaba experimentando el infierno. Pero considera esto: si nuestra deuda por el pecado es tan grande que nunca se paga allí, sino que nuestro infierno se prolonga por la eternidad, entonces, ¿qué podemos concluir del hecho de que Jesús dijo que el pago estaba “consumado” (Jn. 19:30) después de solo tres horas? Aprendemos que lo que sintió en la cruz fue mucho peor y más profundo que todos nuestros merecidos infiernos juntos.

Solo a través de la cruz puede eliminarse nuestra separación de Dios y pasaremos toda la eternidad amando y alabando a Dios por lo que ha hecho.

Y esto tiene sentido emocional cuando consideramos la relación que perdió. Si un conocido leve te denuncia y te rechaza, eso duele. Si un buen amigo hace lo mismo, eso duele mucho peor. Sin embargo, si tu cónyuge te deja diciendo: “No quiero volver a verte nunca más”, eso es mucho más devastador aún. Cuanto más larga, profunda, y más íntima sea la relación, más tortuosa es la separación. Pero la relación del Hijo con el Padre no tenía principio y era infinitamente mayor que la relación humana más íntima y apasionada. Cuando Jesús fue separado de Dios, entró en el pozo más profundo y el horno más poderoso, más allá de toda imaginación. Él experimentó la completa ira del Padre. Y lo hizo voluntariamente, por nosotros.

Muy a menudo me encuentro con personas que dicen: “Tengo una relación personal con un Dios amoroso, y sin embargo, no creo en Jesucristo en absoluto”. ¿Por qué?, pregunto. “Mi Dios es demasiado amoroso para derramar sufrimientos infinitos sobre cualquiera por el pecado”. Pero esto muestra un profundo malentendido tanto de Dios como de la cruz. En la cruz, Dios mismo, encarnado como Jesús, tomó el castigo. Él no lo puso en un tercero, por más que aquella persona quisiera.

Entonces la pregunta es: ¿cuánto le costó a tu clase de dios amarnos y abrazarnos? ¿Qué soportó él para recibirnos? ¿Dónde agonizaba, gritaba este dios, y dónde estaban sus uñas y sus espinas? La única respuesta es: “No creo que fuera necesario”. Pero entonces, irónicamente, en nuestro esfuerzo por hacer que Dios sea más amoroso, lo hemos hecho menos amoroso. Su amor, al final, no necesitaba actuar. Era sentimentalismo, no amor en absoluto. La adoración de un dios como este será, a lo sumo, impersonal, cognitiva, y ética. No habrá un abandono alegre, ni una audacia humilde, ni una constante sensación de asombro. No podríamos cantarle: “¡Amor tan asombroso, tan divino, exige mi alma, mi vida, mi todo!”. Solo a través de la cruz puede eliminarse nuestra separación de Dios y pasaremos toda la eternidad amando y alabando a Dios por lo que ha hecho (Ap. 5: 9-14).

El Salvador presentado en el evangelio se adentró en el infierno en lugar de perdernos, y ningún otro salvador retratado jamás nos ha amado a tal costo.

Y si Jesús no experimentó el infierno por nosotros, entonces nosotros mismos somos devaluados. En Isaías se nos dice: “Debido a la angustia de Su alma, El lo verá y quedará satisfecho” (Is. 53:11). Este es un pensamiento estupendo. Jesús sufrió infinitamente más que cualquier alma humana en el infierno eterno. Sin embargo, nos mira y dice: “Valió la pena”. ¿Qué podría hacernos sentir más amados y valorados que eso? El Salvador presentado en el evangelio se adentró en el infierno en lugar de perdernos, y ningún otro salvador retratado jamás nos ha amado a tal costo.

Conclusión

La doctrina del infierno es crucial: sin ella no podemos entender nuestra completa dependencia de Dios, el carácter y el peligro de los pecados más pequeños, y el verdadero alcance del costoso amor de Jesús. Sin embargo, es posible enfatizar la doctrina del infierno de maneras imprudentes. Muchos, por temor a un compromiso doctrinal, quieren poner todo el énfasis en el juicio activo de Dios, y ninguno en el carácter autoelegido del infierno. Irónicamente, como hemos visto, este desequilibrio no bíblico a menudo lo hace menos disuasivo para los no creyentes. Y algunos pueden predicar el infierno de tal manera que las personas reformen sus vidas solo por un temor egoísta de evitar las consecuencias, no por amor y lealtad a la Persona que abrazó y experimentó el infierno en nuestro lugar. La distinción entre esos dos motivos es de suma importancia. El primero crea un moralista, el segundo un creyente nacido de nuevo.

Debemos aceptar el hecho de que Jesús dijo más sobre el infierno que Daniel, Isaías, Pablo, Juan, y Pedro juntos. Antes de descartar esto, debemos darnos cuenta de que le estaríamos diciendo a Jesús, el maestro preeminente del amor y la gracia en la historia: “Soy menos bárbaro que tú, Jesús; soy más compasivo y más sabio que tú”. ¡Seguramente eso debería darnos una pausa! De hecho, al reflexionar, vemos que es debido a la doctrina del juicio y al infierno que las proclamaciones de gracia y amor de Jesús son tan asombrosas.


Publicado primero en Redeemer Churches and Ministries. Traducido por Josué Barrios.

Tim Keller es un autor, teólogo y apologista. Fue el pastor fundador de Redeemer Presbyterian Church (PCA) en Manhattan, Nueva York, y es cofundador y vice presidente de The Gospel Coalition.

¡No creas en ti mismo!

Coalición por el Evangelio

¡No creas en ti mismo!

El sutil orgullo que crece adentro

Marshall Segal 

Una de las cualidades más peligrosas del orgullo es que tiene la capacidad de colarse en lugares de nuestro corazón donde una vez vivieron otros pecados. Tan pronto empezamos a conquistar con la ayuda de Dios alguna actitud pecaminosa, hábito, o adicción, sucede que nos maravillamos de nuestra propia fuerza, resolución, o pureza, como si de alguna manera lográramos todo esto por nuestra cuenta. C.S. Lewis escribe: “Al diablo le gusta ‘curar’ una pequeña falla dándote una grande” (Mero Cristianismo, p. 127). La confianza que sentimos en nosotros mismos después de derrotar el pecado nos puede alejar más de Dios que ese pecado recién conquistado.

Si luchamos contra algunos pecados, pero le damos la bienvenida al orgullo, vamos a perder la guerra. Pero si sofocamos el orgullo, obligaremos a todos los demás pecados a morir de hambre al privarlos de su oxígeno.

La guerra del orgullo en tu contra

El orgullo perdura en nosotros más que la mayoría de los pecados porque no somos capaces de ver cuan venenoso y mortal realmente es. El orgullo colorea nuestra percepción de nosotros mismos y del mundo que nos rodea al soplar una especie de niebla espesa que traiciona la realidad. Paraliza nuestras almas y nos mantiene tan concentrados en nosotros mismos que quedamos casi físicamente incapaces de amar. Y nos maldice si se lo permitimos, arrastrándonos a la muerte, pero haciéndonos creer que estamos en control.

1. El orgullo te mentirá

El orgullo nos convence de que somos más importantes que Dios, y que nuestro punto de vista es mejor que el suyo. “Más engañoso que todo, es el corazón” (Jeremías 17:9). Tu corazón. Más específicamente, el orgullo en tu corazón (Abdías 1:3), que te dice que sabes más que el Dios que todo lo sabe. Podemos ser guiados a ciegas por nuestro orgullo, lo que Salomón llama “la lámpara de los impíos” (Proverbios 21:4).

C.S. Lewis, quien llama al orgullo “el gran pecado”, escribe: “Un hombre orgulloso siempre mira hacia abajo —con desdén— a las cosas y a las personas; y por supuesto, cuando estás mirando hacia abajo, no puedes ver lo que está por encima de ti” (p. 124). El orgullo fija nuestros ojos firmemente en nosotros mismos —en nuestras necesidades, nuestros dones, nuestro esfuerzo, nuestros problemas— y por lo tanto, aleja nuestros ojos de la soberanía, la suficiencia, y la belleza de Dios. Nubla nuestra visión de Él, y eleva nuestra visión de nosotros mismos. Y no solo nos ciega a Él, sino que también elimina cualquier motivación para buscarle (Salmo 10:4).

Y lo peor de todo, el orgullo usa a menudo una apariencia de piedad, pero carece por completo de poder (2 Timoteo 3:2-5), generando una falsa confianza y una segura destrucción.

2. El orgullo te paralizará

El orgullo nos hace ciegos y nos engaña, pero también nos paraliza, nos hace ineficaces e inútiles. Llegamos a estar tan centrados en nuestra propia vida que terminamos desperdiciándola. Una vez más, C.S. Lewis escribe: “El orgullo es un cáncer espiritual: se deshace de la posibilidad misma del amor, el contentamiento, o incluso del sentido común” (p. 125). Si no lo tratamos, el orgullo se multiplica y propaga, llegando incluso a corromper nuestras mejores actitudes y esfuerzos. Tenemos que matarlo, y matarlo consistentemente, probando rutinariamente nuestro corazón, y usando la espada del Espíritu, la palabra de Dios (Efesios 6:17).

Si sentimos una falta de compasión por las necesidades de aquellos que nos rodean, o una sequía en nuestra generosidad, o una frialdad en nuestra preocupación por los inconversos, o una indiferencia, o incluso reticencia, en servir o sacrificarse por los demás, muy probablemente las células malignas del orgullo están reproduciéndose en nuestras almas.

3. El orgullo te puede matar

Si permitimos que el orgullo viva libremente dentro de nosotros, seguramente nos va a matar. Su objetivo principal no es hacernos sentir mejor, sino dirigirnos al dolor y castigo eterno, separados de Dios. Salomón nos advierte: “Delante de la destrucción va el orgullo, y delante de la caída, la arrogancia de espíritu” (Proverbios 16:18). Isaías presenta esa aterradora advertencia con una mayor definición: “Porque el día del Señor de los ejércitos vendrá contra todo el que es soberbio y orgulloso, contra todo el que se ha ensalzado, y serán abatidos” (Isaías 2:12).

Todo orgullo debe perecer. De hecho, cada persona orgullosa debe pagar esa pena horrible. Pero Dios, en Cristo, hizo posible que nosotros podamos morir a nuestro orgullo sin tener que morir por ello. Jason Meyer escribe: “La gloria de Dios y el orgullo del hombre chocarán en uno de dos sitios: el infierno o la cruz. O bien pagamos por nuestros pecados en el infierno, o Cristo paga por nuestros pecados en la cruz” (Killjoys, p. 13, trad.).

Una de dos, o el orgullo te va a matar, o te rendirás a través de la fe y permitirás que Dios mate al orgullo que hay en ti.

Tu guerra contra el orgullo

Entonces, ¿cómo matar ese orgullo que amenaza con matarnos? Meyer continúa: “En última instancia, el orgullo es un asunto de adoración. No podemos pensar en nosotros mismos menos, a menos que pensemos en alguna otra cosa más” (p. 18). No derrotaremos al orgullo pensando más en nosotros mismos, sino centrándonos más en la búsqueda de Dios. Esto hace eco en la definición popular que C.S. Lewis da con respecto a la humildad: “La humildad no es pensar menos de nosotros mismos, sino pensar en nosotros mismos menos”.

En humildad nos ponemos menos atención, y como recompensa ganamos todo.

1. La humildad te abrirá los ojos

El Salmo 25:9 promete que Dios “dirige a los humildes en la justicia, y enseña a los humildes su camino”. Mientras que el orgullo nubla nuestra comprensión del bien y el mal, y nos ciega a Dios, la humildad sana nuestra ceguera y nos ayuda a ver de verdad. Todavía me acuerdo cuando me puse mi primer par de gafas durante el cuarto grado. No entendía el grado de mi ceguera hasta que miré a través de esos lentes. Lo mismo se aplica al orgullo y a la humildad.

El diablo nos ciega a Dios, invadiendo la luz con oscuridad (2 Corintios 4:4). Pero Dios inunda nuestra oscuridad con luz y visión, mostrándonos cuán bueno y verdadero es el Evangelio (2 Corintios 4:6). Vemos la recompensa infinita que tenemos en Cristo, y la desesperada necesidad que tenemos de Él. Meyer dice: “No nos volvemos mejores para necesitar menos de Dios. No. Mas bien, a medida que maduramos, aprendemos a depender más y más en nuestro Padre Celestial” (p. 16).

Si nuestra vida se centra en ver más a Dios y en ayudar a otros a ver más de Dios, estaremos mucho menos preocupados y seremos menos orgullosos.

2. La humildad va a satisfacer tu corazón

La humildad no solo nos cuida y nos muestra la realidad. La verdadera humildad delante de Dios, y su misericordia, satisface todos los anhelos que por el orgullo intentamos satisfacer nosotros mismos. Si supiéramos lo felices que seríamos sin nuestro orgullo, lo habríamos dejado hace ya mucho tiempo.

Dios mismo se deleita en el humilde. “Porque el Señor se deleita en su pueblo; adornará de salvación a los afligidos” (Salmo 149:4). Si estás en Cristo, Dios se complace genuinamente en ti. Dios ama dar gracia a los humildes – más gracia aún por encima de toda la gracia que ya nos ha mostrado. “Y todos, revístanse de humildad en su trato mutuo, porque Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes” (1 Pedro 5:5). El humilde ha podido experimentar una clase de gracia que los soberbios no conocen. A Dios le fascina encontrarse con los humildes, y les da fuerza en la debilidad (2 Corintios 12:9-10).

Los que han sido humillados por Dios, y en el proceso reciben más de Dios, pueden cantar: “En el Señor se gloriará mi alma; lo oirán los humildes y se regocijarán” (Salmo 34:2).

3. La humildad te librará del orgullo

Dios mismo, hablando a Salomón, promete a los humildes: “Si se humilla mi pueblo sobre el cual es invocado mi nombre, y oran, buscan mi rostro y se vuelven de sus malos caminos, entonces yo oiré desde los cielos, perdonaré su pecado y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:14). La libertad que, en nuestro orgullo, anhelamos tan desesperadamente, viene completa y libremente de parte de Dios y mediante la fe. La cura que tratamos de fabricar o ganar en nuestra fuerza, viene completa y libremente de las manos mismas del cirujano.

Santiago (al igual que Pedro) cita Proverbios, diciendo: “‘Dios resiste a los soberbios pero da gracia a los humildes’. Por tanto, sométanse a Dios. Resistan, pues, al diablo y huirá de ustedes. Acérquense a Dios, y Él se acercará a ustedes. Limpien sus manos, pecadores; y ustedes de doble ánimo, purifiquen sus corazones” (Santiago 4:6-8). Esa es una promesa increíble para todas las personas que luchamos contra el orgullo. Si huyes del diablo (y todas sus tentaciones al orgullo), no solo vas a poder escapar, sino que él va a acabar huyendo de ti. Y si humildemente sigues al Dios que has ofendido una y otra vez con tu orgullo, no solo Él te va a recibir, sino que va a correr hacia ti con todo amor y misericordia.

Cree en Dios

Hay que batallar contra el orgullo con la misma firmeza con la que luchamos en contra de todos los demás pecados. Y tal vez más, porque el orgullo es el “gran pecado” que alimenta a los otros. Te va a cegar y a engañar. Te va a paralizar, e incluso matar. A menos que, en humildad y fe, seas liberado de la tiranía del orgullo y del peso de tu rebelión contra Dios.

No creas en ti mismo; cree en Dios. Eres totalmente incapaz de lograr o ganar lo que más desesperadamente necesitas. La belleza del evangelio es que ya no necesitas hacerlo. Esa carga y responsabilidad ahora se apoya en los hombros de Cristo; y su libertad, humildad, y gozo, ahora descansan en los tuyos.

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN DESIRING GOD. TRADUCIDO POR JUAN MANUEL LÓPEZ PALACIOS.

Si Dios es amor, ¿por qué parecen ser las mujeres quienes más aman?

Coalición por el Evangelio

Si Dios es amor, ¿por qué parecen ser las mujeres quienes más aman?

Hoy, me gustaría mirar la versión de Mateo en cuanto a la natividad de Cristo, ver un segmento que es exclusivo del evangelio según Mateo, me refiero al relato de la visita de los magos a Belén. Encontramos esto en el segundo capítulo del evangelio según Mateo: “Después de nacer Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, he aquí, unos magos del oriente llegaron a Jerusalén, diciendo: ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el oriente y hemos venido a adorarle.

Cuando lo oyó el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalén con él. Entonces, reuniendo a todos los principales sacerdotes y escribas del pueblo, indagó de ellos dónde había de nacer el Cristo. Y ellos le dijeron: En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta:

‘Y tu, Belen, tierra de Juda,
de ningun modo eres la mas pequeña entre los principes de Juda;
porque de ti saldra un Gobernante
que pastoreara a mi pueblo Israel.’

Entonces Herodes llamó a los magos en secreto y se cercioró con ellos del tiempo en que había aparecido la estrella. Y enviándolos a Belén, dijo: Id y buscad con diligencia al Niño; y cuando le encontréis, avisadme para que yo también vaya y le adore.

Y habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí, la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo sobre el lugar donde estaba el Niño.

Cuando vieron la estrella, se regocijaron sobremanera con gran alegría. Y entrando en la casa, vieron al Niño con su madre María, y postrándose le adoraron; y abriendo sus tesoros le presentaron obsequios de oro, incienso y mirra”.

Tengo muchos recuerdos de navidad, como seguro todos los tienen. Hoy me acuerdo de diciembre de 1947. Tenía 8 años, no traten de adivinar, ahora tengo muchos años más.

Tenía 8 años y ese diciembre mi madre me llevó al centro de Pittsburgh, permitiéndome acompañarla a hacer sus compras de navidad. Y el golpe de gracia de todo esto fue que ella me dio dinero para comprar un regalo para mi primera novia.

Yo estaba en tercer grado y nunca le había dado un regalo a una chica que no fuera de mi familia y mi madre me dio dos o tres dólares que era lo que se necesitaba para comprar una joya de fantasía, un prendedor con las iniciales de mi novia, M.E.F. ¿Vesta? ¡Correcto! Margaret Ellen Frable. Estoy seguro de que Ellen Frable todavía tiene ese tesoro hasta el día de hoy.

Pero qué aventura tan emocionante y romántica fue que, en nuestra fiesta de navidad en la escuela, yo tenía este paquete tan bien envuelto y le di este regalo romántico y de amor a Ellen. Esa fue mi primera experiencia real de comprender lo que es la alegría de dar.

Recuerdo diciembre de 1956. Fue el año en que mi padre murió. Él murió en noviembre y estábamos deshaciéndonos de nuestra casa y mi madre estaba distribuyendo todos los muebles y las alfombras y todo lo demás, en lo que nos preparábamos para mudarnos a un pequeño departamento.

Yo estaba trabajando en ese entonces y recuerdo que ganaba 75 centavos la hora, eran como 33, 34 horas a la semana y estaba en la secundaria. Mi madre amaba la música y yo trabajaba en una tienda de electrodomésticos y llegó a la tienda un producto nuevo del cual me enamoré. Se le conocía como un equipo estereofónico.

No era una consola de mesa completa, esta tenía patas y contaba con un reproductor de discos; y teníamos discos de demostración que poníamos para los clientes y uno de esos demos era un partido de ping pong y podíamos escuchar los ruidos de tic tic, la separación del sonido gracias a la magia del estéreo.

Nunca en mi vida había escuchado algo así, y dije: “a mi madre le encantará”, pero el precio era de $225. Pero el dueño de la tienda me dejó comprarlo en cuotas y me tomó como un año pagarlo.

Pero en nochebuena lo llevé de la tienda a la casa y le puse un gran lazo de satín y lo escondí detrás de la silla para que en la mañana de navidad, cuando mi madre entrara a la sala, viera este estéreo.

Y no creo que haya habido un estéreo en la historia de Estados Unidos que haya sido usado tan seguido como ese, puesto que mi madre estaba entusiamadísima con la música que salía de ahí. Yo recuerdo esa navidad, no por lo que recibí, sino por lo que di. ¿No es agradable dar regalos a la gente que amamos?

Justo esta semana fui a la tienda de trenes navideños aquí en Orlando. Cada año tenemos la costumbre de armar con los nietos esas montañas de circuitos de trenes; eso me ha estado costando una fortuna. Fui por unos materiales de construcción, algo de pintura, unos moldes para esculpir y cosas por el estilo; y algunas cosas pequeñas para esa navidad.

Y mientras estaba llenando mi carrito de compra con estas cosas, noté que ellos tenían un nuevo modelo de vagón y quedé cautivado con eso, vi cómo daba vueltas en los rieles y dije: “¡Es fantástico! ¿Cuánto cuesta? Me dieron el precio y casi me desmayo, pero dije: “Tengo que llevarlo para mis nietos”. Así que lo compré. Y luego me trajeron otra cosa que jamás había visto y lo compré también.

Cuando salí de la tienda e iba de regreso, llamé a Vesta y le dije: “Vesta, no vas a creer esto” y le dije lo que había hecho y estaba seguro que me iba a decir: “Te volviste loco? Pero, en vez de eso, me dijo: “Bueno, cariño, es navidad”.

Hay algo en la navidad que nos hace disfrutar de esta tradición de pasar semanas, en algunos casos meses, de preparación y búsqueda por los alrededores para encontrar el regalo indicado que queremos dar a los que amamos y esa tradición se remonta siglo tras siglo atrás y recapitula algo que acompañó a la primera navidad.

Es el relato que leo aquí, ahora, de la visita que los magos hicieron al niño Jesús, hombres que llegaron de muy lejos trayendo regalos. Sin duda, fue lo último en el mundo que José y María esperaron cuando iniciaron su ardua caminata a Belén para cumplir con el decreto de César Augusto.

No había árboles de navidad. No había coros de villancicos en las esquinas. No había guirnaldas. No había escarcha navideña. No había música navideña en el ambiente; solo dolor y opresión y pobreza en la noche previa a la navidad.

Como ya hemos escuchado hoy, el primer villancico navideño que se cantó, no fue entonado por seres humanos, sino por los ángeles en los campos fuera de Belén.

Pero hoy no quiero centrarme en la primera nochebuena, ni en el primer villancico, sino que quiero fijarme en los primeros regalos de navidad, los regalos que los magos le trajeron al Cristo niño.

Ahora veamos otra vez el texto, tal como lo tenemos. Mateo dice: “Después de nacer Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, he aquí, unos magos del oriente llegaron a Jerusalén”.

Ahora, hay una increíble cantidad de tradición y folklore que ha surgido de esa simple declaración en el evangelio de Mateo, mucho de lo cual es especulación, mucho de lo cual es pura fantasía y leyenda que no tiene fundamento en la realidad histórica.

Pero notamos que cuando Mateo nos da su relato de esto, en medio de la declaración él dice: “Después de nacer Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, he aquí”.

Ahora esa palabra que viene de la pluma de Mateo es como un centinela que grita: “¡Alto! ¡Detente! ¡Escucha atentamente! ¡Presta atención!”

Nos está dando un aspecto literario del énfasis que no debemos perder. Y luego que él dice: “He aquí”, continúa: “He aquí, unos magos del oriente llegaron a Jerusalén”. Como dije, hay mucha especulación con esto y hay mucho sobre los magos que simplemente no sabemos.

Ahora, permítanme un momento para decirles lo que no sabemos sobre los magos. Lo primero que no sabemos son sus nombres. No hay evidencia bíblica o extrabíblica para apoyar la tradición de que eran Gaspar, Melchor y Baltazar o cualquier otro. No tenemos idea de cuáles fueron sus nombres.

Lo segundo que no sabemos de ellos es cuántos eran los que llegaron. Sé que cantamos: “del oriente somos los tres” y hablamos de los tres magos y nuestros pesebres tienen tres: uno, dos, tres; cuéntenlos, los magos siempre están ahí como parte de la exhibición.

Pero la única razón para suponer que eran tres es que vemos más tarde en el texto y encontramos que hay tres regalos que se mencionan: oro, incienso y mirra. Y tal vez alguien hace la suposición de que tres regalos significan tres donantes y por lo tanto tenemos tres magos.

Pero la Biblia no nos dice cuántos magos eran. Solo sabemos que al menos eran dos ya que se usa el plural. Podrían haber sido doce, pero no lo sabemos. Lo tercero que no sabemos es su procedencia. Todo lo que la Biblia nos dice es que ellos vinieron de Oriente.

Ahora, cuando tú estás en el occidente, el oriente cubre una gran cantidad de terreno, aunque la referencia aquí, en este momento en la historia, y en este idioma, da una fuerte indicación básicamente de dos posibles lugares de los que vinieron estos viajeros.

El debate se centra históricamente en dos posibilidades reales, una, que los sabios vinieron del Imperio Medo-Persa, lo que en la antigüedad se llamaba Persia. La otra posibilidad es que vinieron de Caldea o de lo que se conocía como Babilonia.

Así que esas son nuestras dos opciones: Persia o Babilonia. Ojalá supiéramos cuál de los dos era ya que lo que estos magos eran, también es algo que no sabemos con certeza, y si pudiéramos determinar si vinieron de Persia o de Babilonia, sería muy útil ya que nos ayudaría a discernir exactamente qué tipo de magos ellos eran.

El que se les llame magos es significativo y es útil, pero no es concluyente. La palabra “mago” que extraemos del texto (en el griego magoi, en el latín magi, del singular magus) viene probablemente de una palabra iraní que se refería históricamente a una clase especial de personas religiosas que se encontraban entre los medos y los persas.

Estos hombres religiosos llamados “magos” se destacaron por un par de cosas. Primero, por su aprendizaje. Formaban parte de la intelectualidad del mundo antiguo y eran expertos en asuntos de religión y ciencia.

A veces, los consideramos en términos burdos como astrólogos ordinarios, pero ellos estaban más involucrados en una rama de la astronomía que posiblemente está en relación con la religión. No eran individuos que lanzaban horóscopos y que vendían sus pronósticos a los periódicos locales.

Ese tipo de comportamiento precientífico tuvo que esperar unos cuantos miles de años para hacerse popular; pero en todo caso, estos magos persas también se distinguieron por ser monoteístas. Creían en un Dios.

No tenían doctrina de una expiación. No tenían doctrina sobre cómo escapar de los estragos del pecado, pero fueron instruidos en ética y estaban preocupados por la diferencia entre la virtud y el mal, y con toda probabilidad habían sido expuestos a los judíos del AT, quienes habían emigrado e influenciado a los pensadores medo-persas.

Entonces, podemos especular que, si los magos mencionados aquí son magos persas, ellos habrían sabido algo de las profecías del AT en relación a la visita de un Mesías. ¿Ven? el conocimiento del Mesías venidero no estaba circunscrito simplemente para Israel.

Sabemos, por ejemplo, por las profecías de Balaam que era un pagano, en Números 24, cuando Balaam dio la profecía futura de la estrella que saldría de Jacob y del cetro que se levantaría de Israel, de modo que la expectativa judía de un Mesías que vendría como rey, no se limitaba al territorio de Israel.

Así que, es posible que estos fueran magos persas que habían sido informados de esto. Ahora, ellos también podrían haber sido, como dije, magos babilónicos. Los magos de Babilonia estaban mucho más involucrados en astronomía que los persas; y los astrólogos o astrónomos babilónicos también tenían este punto de vista de los cielos que influyen en los eventos en la tierra y en la vida de las personas.

Y hay una gran especulación debido a la función de la estrella aquí, en esta historia, de que quizás los magos eran de Babilonia, astrólogos babilónicos que interpretaban ciertas aberraciones astronómicas que tuvieron lugar en este año y en este tiempo y las interpretaron desde su perspectiva de la ciencia astrológica. Existían ciertas tradiciones entre los astrólogos babilónicos, por ejemplo, que cuando el planeta Júpiter surgió de cierta manera en un momento determinado, eso indicaba el nacimiento de un gran rey.

Los astrónomos modernos al observar los movimientos y la configuración de los cielos y por los medios sofisticados con los que contamos hoy, pueden retroceder al pasado y calcular los diversos movimientos de las estrellas y los planetas en las edades pasadas;

y los astrónomos modernos calculan que hubo allí una conjunción inusual de dos planetas en esta época de la historia del mundo, una conjunción por la cual estos dos planetas aparecieron muy juntos, los cuales eran Júpiter y Saturno, que según la astrología antigua habrían anunciado la aparición de un rey realmente grande.

Y ahora hacen la pregunta: “¿La estrella que ellos vieron estaba saliendo?” la versión que leo ahora dice: “la estrella que habían visto en el oriente”. El griego dice allí: “vieron la estrella cuando salía”. ¿Están hablando ellos de algo que es parte de las fluctuaciones normales de los cuerpos celestes o vieron estas personas un fenómeno especialmente creado que Dios usó para guiarlos a anunciar el nacimiento de Cristo justo cuando dio su espectáculo magnífico de luz y sonido a los pastores de afuera de Belén? No lo sabemos.

Es decir, si fue un fenómeno natural al que Dios le asignó un significado sobrenatural, o si fue un fenómeno especial creado milagrosamente. Ya ven por qué quería saber con certeza si eran de Babilonia o de Persia, pero sospecho que esto es y seguirá siendo un tema de especulación.

Ahora, hay otra manera en que el término “magos” se usó en el mundo antiguo. Y es una costumbre peligrosa el tomar palabras como esta y explorar sus raíces y derivaciones etimológicas porque el lenguaje es tan fluido que a veces las palabras que usamos están muy alejadas de sus significados originales, de tal forma que al mirar las raíces podemos confundirnos en vez de que nos ayude.

Pero la palabra “magi” o magus se usa en griego y en el NT de una manera muy siniestra para referirse a los magos. Recuerden a Simón el mago, de quien Pedro dijo: ‘Que tú y tu dinero perezcan’. Esa es la forma eufemística de decirle algo más a Simón. Pero ser mago era ser alguien que estaba involucrado en brujería, sustancias, sustancias ilícitas y todo lo demás, por lo que es un término muy negativo en ese sentido.

Pero la misma raíz es la raíz de donde obtenemos nuestro prefijo en español “mega”, y cuando decimos que algo es grande, entonces decimos, “Es mega”. Estamos hablando de algo realmente grande, también la palabra magnus, que significa “magnum opus”, la obra maestra de alguien, su gran trabajo. La misma raíz tiene que ver en el lenguaje para referirse a la grandeza extraordinaria.

Por lo tanto, podría ser que el término “magos” no describa astrólogos, astrónomos o incluso sacerdotes. Simplemente podría referirse a hombres de grandeza, grandes hombres del este que fueron guiados por Dios para salir de su entorno pagano, de su territorio gentil para ir a rendir homenaje al Rey recién nacido.

De nuevo, los villancicos dicen: “Del oriente somos los tres”. La Biblia no los designa como reyes. Es posible de forma muy remota. Toma algunas inferencias de un Salmo y de Isaías y de otras partes, y es posible que fueran reyes, pero el punto que quiero resaltar aquí es que no se identifican específicamente como tales.

​Catherine Scheraldi de Núñez es la esposa del pastor Miguel Núñez, y es doctora en medicina, con especialidad en endocrinología. Está encargada del ministerio de mujeres Ezer de la Iglesia Bautista Internacional. Conduce el programa Mujer para la gloria de Dios, en Radio Eternidad. Puedes seguirla en Twitter.

Biblia de estudio Spurgeon

Coalición por el Evangelio

Biblia de estudio Spurgeon

Cuando estaba en la secundaria leí Discursos a mis estudiantes por Charles H. Spurgeon. Esa lectura no solo impactó mi vida, sino que además me introdujo a la vida y obra del hombre que ha sido llamado, con mucha razón, “el príncipe de los predicadores”. Desde entonces me he beneficiado de leer múltiples sermones y libritos escritos por el predicador bautista del siglo XIX. Sin embargo, no tenía a mi disposición un recurso que reuniera lo mejor de Spurgeon en un solo lugar.

Así que me dio mucho gusto cuando recibí la Biblia de estudio Spurgeonpues suple precisamente esa necesidad. Esta preciosa Biblia, publicada por Holman Bible Publishers, es un producto hecho con los más altos estándares de calidad, y será de mucho provecho para la iglesia hispana.

Una Biblia con un enfoque en Cristo

En los últimos años hemos visto la publicación de varias Biblias de estudio. Somos recipientes de una múltiple cantidad de bendiciones y acceso sin precedentes en la historia hispana a recursos de sana doctrina publicados con altos estándares de calidad. Pero, ¿qué diferencia a la Biblia de estudio Spurgeon a otras Biblias de estudio?

Para empezar, nunca se había publicado en español una Biblia cuyos comentarios vinieran enteramente del predicador bautista. Es importante destacar que los comentarios vienen de los sermones de Spurgeon. El propósito de los comentarios no es proveer un análisis exegético de las frases del texto bíblico, sino que más bien tienen un enfoque aplicativo, muy Cristocéntrico, que calentará el corazón del lector y elevará sus afectos en adoración. Por lo tanto es una lectura más bien devocional, pero de ninguna manera superficial; todo lo contrario.

Puesto que los comentarios vienen de los sermones del predicador, no todas las páginas contienen comentarios, puesto que Spurgeon no predicó de todos los textos ni de todas las secciones de la Biblia (aunque es verdaderamente sorprendente la gran variedad de textos que expuso durante su vida, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, cosa que pocos predicadores hacen hoy en día). Sin embargo esto no se convierte en un problema puesto que la Biblia de estudio Spurgeon contiene numerosos comentarios de todos los libros de la Biblia.

Como en la gran mayoría de las Biblias de estudio, hay una breve sección de introducción a cada libro. Pero lo que la pone aparte es que además de los comentarios al pie de la página, a lo largo de las hojas se pueden encontrar citas destacadas de Spurgeon, las cuales pueden fácilmente implementarse en un sermón. No solamente hay citas destacadas, sino también algunas de las ilustraciones que usó Spurgeon en sus propios sermones. Esto será de ayuda para todo lector, y sin duda alguna a los predicadores y expositores.

Para fácil referencia, la Biblia contiene un índice de citas e ilustraciones. Viene también con una concordancia extensa y siete mapas a todo color.

Mi característica favorita de la Biblia es que contiene 20 de los sermones perdidos de Spurgeon. Estos son sermones que el pastor bautista predicó entre 1851 y 1854, y que fueron publicados hace poco tiempo, después de que se descubrieran por primera vez recientemente. En la Biblia se incluye una reproducción de hoja completa del bosquejo escrito con el puño y letra del predicador, en el lado izquierdo (verso) de la página. Es decir, se reproduce una fotografía del manuscrito original. Del lado derecho (recto) se traduce el bosquejo al español, una traducción buena y fiel. Para mí fue interesante ver cómo bosquejaba Spurgeon. Con razón se ganó el título del “príncipe…”.

Si hay algo que disfruté al leer los comentarios de Spurgeon es su enfoque Cristocéntrico. Para Charles Spurgeon, toda la Biblia se trataba de Jesucristo, y toda ella apunta a Él. Esto se refleja en cómo sus comentarios están saturados de Jesús.

Una Biblia bien producida

Mencioné arriba que esta Biblia está producida con altos estándares de calidad. Eso es algo que me sorprendió: lo bella que es. Esta Biblia viene en varias presentaciones:

  • En pasta dura de tela, color marrón claro.
  • En símil piel, color negro con una franja marrón.
  • En piel genuina, color negro.

La que recibí, de piel genuina color negro, mide 23 cm de alto y 17.5 de largo, con un grosor de unos 4 cm. La letra es grande y fácil de leer, tanto el texto bíblico como los comentarios de Spurgeon al pie de la página. También se incluyen referencias cruzadas, las cuales están bien señaladas en un recuadro aparte color café (cosa que celebro, porque en la mayoría de las Biblias las referencias cruzadas son confusas).

Así que la Biblia de estudio Spurgeon no solamente es una excelente Biblia para uno mismo, sino también para regalar, incluso en ocasiones especiales, ya que es una que durará por años. Y por qué no, podría regalarse de una generación a otra. Indudablemente es un obsequio fenomenal para cualquier pastor.

Charles Spurgeon fue un regalo para la iglesia. Esta Biblia de estudio también lo es. Gracias a Dios por recursos como estos, que estoy seguro tienen como propósito exaltar el nombre de Dios y acercar nuestros corazones a Jesucristo. Recomiendo esta Biblia por su contenido y por el nivel de excelencia que demuestra en su producción.

Emanuel Elizondo (MS, MDiv) sirve como director editorial en Coalición por el Evangelio. Enseña teología en la UCLA y predica en la iglesia Vida Nueva en Monterrey, México, donde vive con su esposa Milka. Estudia un doctorado en predicación expositiva en The Master’s Seminary. Puedes seguirlo en Facebook y Twitter.

¡Este es mi Rey¡

Coalición por el Evangelio

¡Este es mi Rey¡

 

Varios hermanos me pidieron que les copiara la cita del Dr. S. M. Lockridge que usé en la conclusión de mi mensaje de ayer. Estas palabras fueron pronunciadas por el Dr.  Lockridge en una conferencia  cuando alguien le pidió, aparentemente de manera improvisada, que abriera una de las sesiones en oración. Aquí está la traducción al español de parte de lo que él dijo; más abajo está el escrito completo en inglés. Este es, sin duda, un tributo glorioso a nuestro bendito Señor y Salvador; sin embargo, no importa cuánto tratemos de exaltar a Cristo, siempre nos quedamos muy cortos.

La Biblia dice que mi rey

Es el rey de los judíos,
Él es el rey de Israel
Él es el rey de Justicia
Él es el rey de los siglos
Él es el rey de los cielos
Él es el rey de Gloria
Él es el rey de Reyes
Y el señor de Señores
¡Este es mi Rey!
Me pregunto ¿Lo conoces?

Mi rey es un rey Soberano
No hay manera de medir su amor ilimitado
Él es perdurablemente fuerte
Él es totalmente sincero
Es eternamente firme
Es inmortalmente lleno de gracia
Es imperialmente poderoso
Es imparcialmente misericordioso
¿Lo conoces?

Él es el mayor fenómeno
que ha cruzado el horizonte de este mundo
Él es el Hijo de Dios
Él es el salvador de los pecadores
Es la pieza central de la civilización
Él es incomparable
Él no tiene precedente
Es la idea más elevada de la literatura
Es la más alta personalidad en la filosofía
Él es la doctrina fundamental de la verdadera teología
Él es el único calificado para ser el Salvador todo suficiente
Me pregunto ¿Lo conoces?

Él suple de fortaleza a los débiles
Está disponible para los tentados y los afligidos
Él se compadece y salva
Él fortalece y sostiene
Él guarda y guía
Él sana a los enfermos
Él limpia a los leprosos
Él perdona a los pecadores
Él absuelve a los deudores
Él liberta a los cautivos
Él defiende a los débiles
Él bendice a los jóvenes
Él sirve a los desafortunados
Él guarda a los ancianos
Él recompensa a los diligentes
Él embellece a los humildes
¿Lo conoces?

Él es la clave del conocimiento
Él es la fuente a la sabiduría
Él es la entrada a la libertad
Él es el sendero hacia la paz
Él es el camino de justicia
Él es la autopista hacia la santidad
Él es la puerta a la gloria
¿Lo conoces?

Bueno, su vida es incomparable
Su bondad es ilimitada
Su misericordia es eterna
Su amor nunca cambia
Su palabra nos basta
Su gracia es suficiente
Su reino es justo
Su yugo es fácil y ligera su carga

Me gustaría describírtelo
Pero Él es indescriptible
Es incomprensible
Es invencible
Es irresistible
No puedes sacarlo de tu mente
No te lo puedes quitar de las manos
No puedes sobrevivir sin Él
Y no puedes vivir sin Él

Los fariseos no podían soportarlo
Pero se dieron cuenta que no podían detenerlo
Pilatos no pudo encontrar ninguna falta en Él
Herodes no pudo matarlo
La muerte no pudo con Él
Y la tumba no lo pudo retener
¡Este es mi Rey!
¡Este es mi Rey!

Sugel Michelén (MTS) es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Ha sido por más 30 años uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde tiene la responsabilidad de predicar regularmente la Palabra de Dios en el día del Señor. Es autor de Palabras al Cansado, Hacia una Educación Auténticamente Cristiana y un libro ilustrado para niños titulado La más Extraordinaria Historia Jamás Contada. El pastor Michelén y su esposa Gloria tienen 3 hijos y 4 nietos. Puedes encontrarlo en twitter.

¿Por qué no debemos perpetuar el mito de Santa Claus o los Reyes Magos?

Coalición por el Evangelio

¿Por qué no debemos perpetuar el mito de Santa Claus o los Reyes Magos?

 

Algunos padres cristianos no parecen ver ninguna inconsistencia entre su profesión de fe y hacerle creer a sus hijos que Santa Claus o los Reyes Magos realmente van a dejarles regalos en Navidad o en el día de Reyes. Mi deseo con este breve artículo es mostrarles que esa no es una tradición inocente, sino una flagrante contradicción con lo que decimos creer. ¿Por qué no debemos perpetuar el mito de Santa Claus o los Reyes Magos?

En primer lugar, porque es una violación al primer mandamiento de la ley moral: “No tendrás dioses ajenos delante de mí”. Alguien puede replicar: “Pero Santa no es un dios, ni tampoco lo son Melchor, Gaspar y Baltazar”. ¡Oh, sí lo son! Cuando decimos que Santa y los reyes magos saben cuando los niños se portan bien y cuando se portan mal, y que tienen poder para proveer todas las cosas que algunos niños piensan que Santa y los reyes proveen, estamos atribuyéndoles connotaciones divinas. La Biblia dice que son los ojos del Señor los que “están en todo lugar, mirando a los malos y a los buenos” (Pr. 15:3), no los ojos de Santa o de los reyes.

Pero no sólo es una violación al primer mandamiento, sino también al noveno. Eso es una mentira, y todos sabemos quién es el padre de la mentira. El Señor Jesucristo nos dice en Jn. 8:44 que hay dos cosa que caracterizan a Satanás por encima de todas las demás: es homicida y mentiroso.

Más aún, la Biblia también enseña que “todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Ap. 21:8). Mentir a nuestros hijos acerca de esto simplemente porque es Navidad, y es el uso y costumbre de nuestra época, es violar groseramente la Palabra de Dios por nuestra tradición (Mr. 7:8).

En tercer lugar, porque el mensaje que transmite esta tradición es totalmente contrario al evangelio. Dios no bendice a los hombres sobre la base de las buenas, sino sobre la base de gracia (Ef. 2:8-9).

Y en cuarto y último lugar, por le roba la gloria a Dios en Cristo. La Biblia dice que “toda buena dádiva, y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza ni sombra de variación” (Sant. 1:17). Es a Él a quien nuestros hijos deben agradecer todo cuanto reciben, y no a seres inexistentes como Santa o los Reyes. Y su mayor regalo no son juguetes y bienes terrenales, sino la entrega de Su propio Hijo, nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien murió por nuestros pecados para concedernos gratuitamente el don de la vida eterna en Él (Rom. 6:23).

Si desea usar la ocasión para dar regalos a sus hijos, está en perfecta libertad de hacerlo. Pero no sacrifique la verdad y el evangelio en aras de preservar una tradición.

Sugel Michelén (MTS) es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Ha sido por más 30 años uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde tiene la responsabilidad de predicar regularmente la Palabra de Dios en el día del Señor. Es autor de Palabras al Cansado, Hacia una Educación Auténticamente Cristiana y un libro ilustrado para niños titulado La más Extraordinaria Historia Jamás Contada. El pastor Michelén y su esposa Gloria tienen 3 hijos y 4 nietos. Puedes encontrarlo en twitter.

Biblia de Estudio Reina Valera Revisada

Coalición por el Evangelio

Biblia de estudio RVR

En los últimos años hemos visto una creciente oferta de material valioso en nuestro idioma para el estudio de las Escrituras. Vivimos en una época privilegiada, ya que tenemos al alcance diversos recursos impresos y digitales que nos ayudan profundizar en la Palabra de Dios. Dentro de todo este abanico de recursos, las Biblias de estudio son uno de los materiales destacados. Hoy tenemos disponible una nueva opción: La Biblia de Estudio Reina Valera Revisada, publicada por Grupo Nelson.

Biblia de estudio RVR

La RVR Biblia de Estudio es un excelente recurso para todos aquellos que disfrutan de escudriñar las Escrituras. De acuerdo con la editorial, esta Biblia cuenta con alrededor de 15,000 notas que provienen de cerca de 80 académicos y pastores. Publicada originalmente en inglés como NKJV Study Bible, esta Biblia llega al mundo hispano como una verdadera bendición. Debemos reconocer que detrás de cada comentario, artículo, cuadro, y nota hay un tremendo esfuerzo colaborativo con el propósito de brindar material de valor para el estudio de la Palabra de Dios.

Es interesante resaltar la elección de la editorial por utilizar la versión Reina Valera Revisada. En esencia, podríamos decir que este texto es la traducción de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera con adecuaciones a nuestro lenguaje actual. De acuerdo con la editorial, se han actualizado todos los arcaísmos, términos, y variaciones gramaticales ya en desuso, a favor de una mayor claridad del lenguaje. Si estamos acostumbrados a usar la RVR60, esta nueva traducción nos resultará muy familiar.

La RVR Biblia de Estudio está disponible en tres presentaciones: tapa dura, piel color café contemporáneo, y piel color negro clásico. Si bien es cierto que cada una de las presentaciones es visualmente muy atractiva y elegante (sobre todo las versiones en piel), es importante mencionar que debido a las dimensiones y al peso —casi 2 kg— esta Biblia no es la más práctica para llevar a las reuniones de la iglesia.

Si es tu primera vez viendo una Biblia de estudio, es posible que al momento de abrirla puedas sentirte un poco abrumado al ver tanta información delante de tus ojos. Tranquilo, esto es normal. Y es que la editorial ha buscado que cada espacio de la página pueda ser usado para proveer información relevante sobre los pasajes de la Escritura. Poco a poco podremos familiarizarnos con la estructura e identificar rápidamente las secciones principales. La letra Comfort Print es un elemento importante que le permite a esta Biblia diferenciarse de otras. Al ojo del lector, esta fuente resulta en un verdadero beneficio: A pesar de lo saturada que pueda estar la página, el texto bíblico prevalece por encima de lo demás.

¿Vale la pena adquirir una Biblia de estudio?

Considero que la mayor fortaleza de este recurso radica en que cuenta con un equipo de editores y colaboradores conservadores en su teología. Detrás de cada comentario se aprecia respeto y amor por las Sagradas Escrituras. Las introducciones a cada uno de los libros me parecen muy buenas. Vale la pena resaltar pequeños detalles que hacen la diferencia, como la línea del tiempo que permite al lector situarse cronológicamente al momento de estudiar un libro. Me encanta cómo las referencias cruzadas fueron colocadas en una columna entre el texto bíblico y con un fondo de diferente color. Debo admitir que me sorprendió gratamente la cantidad de artículos, cuadros, mapas, y estudio de palabras que se añadieron a lo largo de la Biblia. Cada elemento antes mencionado está estratégicamente colocado con el propósito de ayudar a entender mejor los pasajes en cuestión. Entre las secciones importantes que podemos encontrar al final de la Biblia tenemos el índice de las anotaciones que es, sin duda, un gran aliado al momento de querer buscar rápidamente un tema en el que queramos profundizar. Además, la concordancia en esta Biblia consta de poco más de 100 hojas y considero que es de lo más completo que podemos encontrar en una Biblia de estudio.

Muchos se preguntan: ¿Vale la pena adquirir una Biblia de estudio? En lo personal creo que una Biblia de este tipo ayuda al creyente para tener un primer acercamiento a un estudio serio de las Escrituras. Leer las introducciones a los libros, las referencias cruzadas, y las anotaciones es una excelente manera de comenzar la travesía al momento de prepararse para dar un sermón o estudio, o simplemente para tener un tiempo devocional. Siempre existirá el riesgo de abusar de los comentarios y dar por hecho la perspectiva teológica que provean los editores y comentaristas; lejos de fomentar esta práctica te animo a que tu oración siempre vaya enfocada a mostrarte humilde y contrito de espíritu con el propósito de ser fiel a la Palabra de Dios (Is. 66:2).

Es posible que no cuentes con una amplia biblioteca de estudio que abarque diferentes comentarios de los libros de la Biblia. Si este es tu caso, una Biblia de estudio puede ser una excelente manera de comenzar a empaparte de lenguaje un poco más técnico y de revisar detalles teológicos e históricos relevantes. Desde mi punto de vista, la RVR Biblia de Estudio es un excelente recurso para este tipo de escenarios, ya que provee suficientes herramientas para entender de mejor manera pasajes de la Escritura.

Por otro lado, existen un par de elementos que me parece pueden mejorarse. Las siguientes observaciones no son con el fin de desprestigiar ni significan que no valga la pena adquirir este recurso. De hecho, todo lo contrario, pero más adelante daré mis conclusiones.

Con respecto a los pasajes escatológicos debo mencionar que podremos encontrar comentarios muy generales que básicamente proveen una descripción de las interpretaciones más comunes, pero sin ofrecer argumentos que apoyen alguna de las posturas. Entiendo que al tratarse de una Biblia de estudio es difícil poder profundizar en cada detalle teológico. Pero también debemos considerar que al tener un gran comité de editores con diversas perspectivas escatológicas sería muy difícil poder llegar a un consenso; seguramente se optó por no apoyar ninguna postura sino más bien buscar presentar las perspectivas dejando al lector la oportunidad de realizar un estudio más profundo mediante el uso de otros recursos.

Otro detalle que me parece puede mejorarse en futuras ediciones es la falta de uniformidad en las secciones que conforman las introducciones a cada libro. En algunas se menciona la estructura literaria mientras que en otras no; en otras se delimita una sección con el título de contexto histórico y en otras simplemente no lo encontramos. A veces se establece un encabezado bajo el nombre teología y en otras ocasiones, significado teológico. Pero considero que más grave aún es el hecho de que en algunas de las introducciones se establece el propósito del libro, pero en otras simplemente no se menciona. A mi juicio, es fundamental que se incluya este factor en una Biblia de estudio, ya que es un elemento vital para comprender mejor el contexto de cada libro.

Estudiar para amar

Quiero reiterar la emoción que tengo por contar con recursos como este en nuestro idioma. Gracias a Dios que podemos tener al alcance una Biblia de estudio como esta. Sin ningún temor, me atrevo a recomendar la RVR Biblia de Estudio a todo creyente que tenga el deseo de profundizar en la Palabra de Dios.

Querido hermano o hermana, con sinceridad te lo digo: Si tu deseo es contar con excelentes recursos en tu biblioteca de estudio, debes considerar La Biblia de Estudio Reina Valera Revisada. Si bien es cierto que es probable que las notas y comentarios de los editores no satisfagan todas las dudas que podamos tener, debemos recordar que nuestra oración debe enfocarse a que el Espíritu Santo sea quien abra nuestros ojos para apreciar las maravillas que encontramos en la ley de Dios (Sal. 119:18). Que nuestro deseo, lejos de enfocarnos en los comentarios en letras pequeñas, sea enamorarnos más de nuestro Señor a través de un conocimiento pleno de su Palabra.

Eduardo Izquierdo es originario de Monterrey (México) y actualmente estudia una Maestría en Divinidades en The Master’s Seminary. Junto a su esposa Valeria, y sus hijos Gabriel y Marian, asiste a Grace Community Church en Sun Valley, California (EE.UU.), donde sirve como director musical en el ministerio hispano.

Fui un pastor adicto a la pornografía

Coalición por el Evangelio

Fui un pastor adicto a la pornografía

Garrett Kell

Fui un pastor que amaba a Dios y a mi iglesia, todo esto mientras escondía mi pecado secreto. Pronto aprendí que Dios sabe cómo disciplinar a los hipócritas que ama.

Me convertí en cristiano a los 21 años, y pastor a los 25. A veces me pregunto si debí haberme vuelto pastor tan rápido. Lo bueno es que servimos a un Padre que nunca es frustrado por nuestras decisiones cuestionables.

El pueblo

Al final de una autopista polvorienta dos horas al oeste de Dallas, Texas, encontrarás un pequeño pueblo al que llamé hogar por siete años. Los campos alrededor de Graham están cubiertos con bombas de petróleo que mantienen con vida la economía de la comunidad. La gente del pueblo es amistosa, y los visitantes sienten que han entrado a los años 50. Es un lugar donde las puertas están sin seguro y los pastores aún obtienen descuentos en las comidas.

A Graham no le faltaban iglesias; había alrededor de 40 cuando llegué por primera vez. Este no era el tipo de ministerio que había visto para mí. Yo quería una ciudad con 10 millones de personas sin iglesia y sin conocimiento de Dios. En su lugar, me encontré en un pueblo con 10,000 personas, 40 iglesias, y la mayoría decía que conocía a Dios.

Pero se hizo evidente que debía estar en Graham.

La iglesia

Graham Bible Church nació en el 2003 de una reunión de oración. Trece nuevos amigos que querían ver a Dios cambiar su pequeño pueblo me pidieron predicar. Amé a ese grupo con todo mi corazón. El cariño de esos primeros días todavía trae lágrimas a mis ojos.

Nuestra música usualmente era terrible, pero cantábamos con fervor, y confío en que Dios estaba complacido. Yo era un predicador sin experiencia, pero enseñaba la Biblia lo más claro que podía. Reíamos y llorábamos juntos.

La inmadurez condujo a decisiones tontas en la predicación y el liderazgo, pero Dios nos bendijo a pesar de ello. Nuestra pequeña reunión creció de 13 a 120 personas en cerca de nueve meses. El crecimiento nos llenaba de ánimo, pero al mismo tiempo nos desilusionaba.

Las cosas estaban yendo tan bien en aquellos primeros años que empecé a pensar que Dios estaba dispuesto a pasar por alto el pecado que estaba ocultando.

El pecado interior

A pesar que el ministerio estaba yendo “bien”, no estaba bien con mi alma. Estaba profundamente descontento. Mi vida no estaba yendo de acuerdo a mis planes.

En ese tiempo, estaba teniendo una relación a distancia con mi novia de la universidad. Ella no estaba lista para el matrimonio y yo no estaba dispuesto a dejarla ir, aunque muy en el fondo sabía que Dios no quería que me casara con ella. Nuestra relación de seis años estaba envuelta en pecado, lo que hacía que morir pareciera más fácil que separarnos. Nos comprometimos dos veces y estuvimos a 50 días de la boda antes de que finalmente termináramos las cosas para siempre.

Mi renuencia a rendirme totalmente a Dios, junto con mi inseguridad, descontento, temor al hombre, y deseo de tener una gran reputación, crearon un ambiente en mi corazón que permitió que prosperara la pornografía. Por los primeros tres años de ministerio pastoral, batallé en secreto con este pecado.

Sabía que mi pecado le dolía a Dios, pero mis confesiones apuntaban más a acallar mi culpa que a obtener la ayuda que necesitaba. Cada dos o tres meses me complacía en un mar de pornografía. A esto le seguía dolor, confesiones en privado sobre cuánto odiaba el pecado y cuánto amaba a Jesús, y resoluciones personales de no hacerlo nunca más. Recuerdo sentirme como los israelitas, repitiendo el mismo ciclo en el libro de Jueces. Pecado. Dolor. Llanto. Paz. Una y otra vez.

Durante este tiempo, compartí confesiones vagas con distintos amigos. Confesaba que estaba “batallando con cosas de pureza” sin ser específico acerca de cuánto y cuán a menudo. Cada vez que confesaba, en verdad pensaba que sería la última vez y que podría superar por mí mismo esta batalla. En lugar de eso, el engaño se hizo más oscuro. Nadie tenía una visión clara de lo que en realidad estaba pasando en mi vida.

Vivir una mentira es agotador.

Lo que hacía las cosas más difíciles era la abundancia de fruto que Dios estaba produciendo a través de mí. A nuestra iglesia venían varios cientos de personas. Las vidas estaban cambiando. Así que asumí que Dios estaba pasando por alto mi pecado. Asumí que de alguna forma estaba exento de la destrucción que muchos otros habían conocido.

La carta

Cerca del final del 2006, empecé a salir con la mujer que ahora es mi esposa. Carrie estaba enterada de mi pecado sexual y estaba animada por el progreso que había hecho. Por ese mismo tiempo, un amigo llamado Reid Monaghan y yo empezamos a hacer planes para plantar una iglesia en New Jersey.

La noche antes de volar a Jersey para filmar un video de promoción para la nueva iglesia, escribí “la carta”. Creí que si Reid y yo íbamos a trabajar juntos, necesitaba ser honesto sobre mi pasado. Así que elaboré un recuento detallando mis pecados sexuales desde que me convertí en cristiano hasta ese día.

Ese viaje a Jersey inició una intervención que creo salvó mi alma, mi matrimonio, y mi ministerio. Carrie y yo nos reunimos con Reid en un café y con lágrimas me dijo: “Te amo, hermano, pero luego de leer tu carta, no creo que podamos seguir adelante juntos. Y para ser honesto, no creo que debas ser pastor en este momento”.

Nadie me había hablado así nunca. O por lo menos, no había prestado atención. La mayoría de las personas estaban dispuestas a pasar por alto mis luchas debido a mi talento notable o personalidad. Pero a Reid no lo importaba nada de eso. Él amaba a Dios, y me amaba a mí.

Carrie y yo regresamos a casa, nos reunimos con unos pocos amigos confiables fuera de la iglesia, y luego organizamos una reunión con nuestros ancianos. Mientras les entregaba una copia de la carta, les dije: “Mi vida y ministerio están en sus manos. Díganme qué hacer”.

El yunque

Un yunque es una superficie dura en la que un objeto es colocado para ser golpeado. El año 2007 fue el yunque en el que fui golpeado por la buena mano de Dios. Fue el año más brutal de mi vida, y estoy seguro que para la vida de muchos de esos ancianos, también. Mi pecado puso a aquellos hermanos a través de una gran angustia. Eran buenos hombres que amaban a Cristo y solo querían verlo engrandecido en su pueblo. Pero les lancé un problema a sus manos que ni ellos ni yo sabíamos cómo tratar.

De alguna manera, el contenido de la carta pasó a otra persona en nuestra iglesia. Esa persona lo compartió con otros, y bueno, si has vivido alguna vez en un pueblo pequeño, sabes lo que pasó luego. Los rumores se esparcen rápidamente, con especulaciones de todas las formas más oscuras que puedas imaginar.

Los ancianos sugirieron que realizáramos una reunión para que confesara públicamente mi pecado. No teníamos una membresía con significado en ese entonces, lo que dejó la reunión abierta a todo el que quisiera atender. Como pueden imaginar, todo tipo de personas, algunos que nunca habían visitado nuestra iglesia antes, aparecieron.

El tiempo pasó lentamente mientras estaba sentado en la plataforma esa tarde. Mis grandes temores se estaban volviendo realidad, y aun así estaba agradecido por ello. Vivir una mentira es agotador: el siempre presente temor de que alguien encontrara mi historial de búsquedas, el diablo chantajeando mi corazón con recuerdos vergonzosos, y yo pretendiendo estar bien cuando no lo estaba.

En la siguiente hora, narré mi pecado a todos los que asistieron. Otro anciano hacía preguntas. Algunas personas lloraban. Algunos gritaban. Algunos me miraban con ojos que perforaban más profundo que una espada. Algunos me abrazaron luego. Algunos se fueron y nunca más me hablaron.

Al día siguiente, la iglesia recibió llamadas de personas que no pudieron asistir y preguntaron si podríamos hacerlo otra vez. Lo hicimos. Le siguieron meses de reuniones privadas, intervenciones, sesiones de consejería, y conversaciones llenas de lágrimas. A menudo sentía que ya había “terminado” con el proceso, pero Dios me aseguró que Él determinaría cuándo acabaríamos.

Durante esos meses mi perro murió, varios ancianos renunciaron, y por lo menos una docena de familias dejaron la iglesia. Además de eso, tuve un accidente casi fatal 50 días antes de mi boda. Estaba arreglando mi jardín cuando el combustible explotó, cubriendo el 12% de mi cuerpo con quemaduras de segundo y tercer grado. Mientras estaba siendo preparado para un traslado en avión, Carrie llamó al hospital para preguntar cómo estaba. La persona respondió: “Si, tiene quemaduras muy graves; estará bien. Dios sí sabe cómo darnos lo que merecemos, ¿no?”.

Nada era más doloroso que ver cómo mis decisiones pecaminosas hundían la fe de las personas que amaba. Mi alma aún se siente perseguida por ello.

Las quemaduras y las palabras afiladas duelen, pero era más doloroso que ver cómo mis decisiones pecaminosas hundían la fe de las personas que amaba. Muchos estuvieron dispuestos a perdonar y seguir adelante. Pero no todos. Algunos no se sentían dispuestos a sentarse bajo la palabra predicada al temer que el predicador pudiera ser un fraude como yo. No compartiré aquí los detalles de sus luchas y extravíos, pero mi alma todavía se duele por la forma devastadora que mi pecado afectó a muchos.

La luz

Hay algo liberador en la luz, incluso si te hace estremecer debido a que has estado en la oscuridad por tanto tiempo. Ese año Dios entró a la oscuridad de mi hipócrita protección de imagen personal, y me jaló hacia su luz liberadora. Fue a través de su liberación que aprendí a confiar en Él de maneras que habían sido teóricas antes.

Salir a la luz daba miedo. Le di a Dios, y a otras personas, las riendas de control. Por mucho tiempo intenté controlar mi mundo cubriendo mi pecado, pero Dios me llamó a rendirme. No podía hacer más aquellos días sino solo abrir mis manos y dejarlo obrar a través de personas imperfectas y de un proceso imperfecto, en su manera perfecta.

Me convencí de que le puedo dejar a Dios las consecuencias de mi desobediencia. También aprendí que no solo estaba obrando en mí en este proceso; mi pecado y confesión se volvieron el conducto por el que Dios obró en muchas personas más. Su actitud moralista, la falta de perdón, y la incredulidad de ellos fue expuesta, también. Dando vueltas alrededor de muchos de nosotros había sentimientos de traición, vergüenza, dolor, confusión, enojo, y miedo. Y en el revoloteo, Jesús se mantenía firme. Probó ser mi Buen Pastor, y el de ellos.

Luego de unos meses en este proceso, muchos mentores amados me animaron a irme y empezar en otro lugar de nuevo. Pero muy en el fondo, sabía que a menos que mi iglesia me despidiera, debía quedarme sin importar cuán doloroso fuera el proceso. Dios me convenció a través de su Palabra que mi pecado había causado este lío, y necesitaba quedarme y soportar sus consecuencias.

En un punto, recuerdo estar acostado boca abajo en la alfombra de mi dormitorio. Y dije gritando: “He confesado cada pecado que he cometido, Dios. ¡No sé que más hacer!”. No me habló audiblemente, pero lo sentí diciendo: “Ahora empezaré a usarte”. El Señor me había aplastado porque me amó, y porque no había terminado conmigo todavía.

La restauración

Después de un año, Dios cerró ese capítulo en la vida de nuestra iglesia. Detrás nuestro habían lecciones aprendidas y más daño colateral del que a veces puedo soportar pensar. El siguiente capítulo trajo un nuevo día con una nueva atmósfera en nuestra congregación.

Muchos empezaron a confesar sus propios pecados ocultos. La actitud moralista fue expulsada, y la sanidad sobrenatural vino a mí y a la congregación que quedó. Me mantuve como pastor por otros dos años antes que Dios me llevará lejos de ese rebaño.

Me estremezco al pensar qué hubiera pasado si Dios nunca hubiera expuesto y aplastado mi pecado de la manera que lo hizo. Fue el peor y mejor año de mi vida. Nunca desearía pasar por ello otra vez, pero nunca cambiaría la cercanía a Dios que obtuve de ese momento.

Aquí hay cinco lecciones que aprendí que pueden ayudar a otros que batallan con pecados ocultos.

1. La presión a fingir es real.

No necesitas ser pastor para conocer la presión a fingir que lo tienes todo resuelto. A nadie le gusta ser expuesto. Nuestra vergüenza siempre busca asilo en la oscuridad. Nuestros primeros padres sabían esto cuando se escurrieron entre sombras del Edén (Gn. 3:8).

Si eres pastor, recuerda que la presión que sientes para verte capaz e impecable no viene del Padre. Es Satanás quien se disfraza como ángel de luz (2 Co. 11:14). No caigas en su llamado a encubrir quién eres realmente.

2. La hipocresía debe morir.

Luego de mi confesión, un querido amigo me dio un mensaje intencionado. Con un tono firme pero amable, dijo: “Jesús fue muy paciente con los pecadores sexuales, pero fue muy duro con los hipócritas. No puedes seguir a Jesús mientras pretendas que no lo necesitas realmente”.

Tenía razón. Predicaba sermones acerca de necesitar a Jesús, mientras solo fingía vivir lo que estaba predicando. Si no te quitas la máscara de la hipocresía y respiras el aire de la honestidad, tu alma se marchitará. El engaño se hace más oscuro. Empezarás a creer que estás seguro en tu pecado. Jesús murió por nuestra hipocresía y resucitó para darnos el poder de alejarla de nosotros.

Si no te quitas la máscara de la hipocresía y respiras el aire de la honestidad, tu alma se marchitará.

3. El tiempo para la honestidad es ahora.

Si estás escondiendo pecados, puedes salir con excusas razonables y profundas para esperar una siguiente ocasión para ser honesto. Tu carne se asustará y dirá que nunca sucederá de nuevo. No caigas en ese truco. Hoy es el día para confesarlo todo.

Jesús prometió que todo lo hecho en la oscuridad vendrá a la luz en el juicio de Dios (Lc. 12:2). Aún así, hay misericordia para aquellos que deciden traer a la luz lo que hicieron antes de ese gran día. Si tienes pecado sin confesar, ¿te comprometerías a compartirlo con Dios y con otro amigo cristiano confiable y cercano? Si dices que no, ¿por qué no? ¿Qué te impide honrar a Dios haciéndolo? Cualquiera sea la razón que tengas, revelará los ídolos con los que intentas obtener vida en lugar de hacerlo con Jesús.

4. No puedes hacerlo solo.

Necesitas a alguien en tu vida que te conozca, que te conozca de verdad. No alguien que entiende de manera general cómo luchas, sino alguien que sepa el estado de tus afectos y luchas con el pecado al día de hoy. Todos necesitamos a alguien al lado con quien podamos ir a confesarnos constantemente, arrepintiéndonos y confiando en Jesús.

5. Jesús nunca te dejará.

No importa lo que la honestidad te pueda costar, Jesús estará contigo (Mt. 28:20). Promete nunca dejarte ni desampararte (He. 13:5) Promete que estás completo en Él (Col. 2:10). Promete que nada te separará de su amor (Rm. 8:31–39). Promete completar la buena obra que empezó en ti (Fil. 1:6). Promete caminar contigo a través de los días oscuros que acompañen tu honestidad (Sal. 23:4).

Dios ha sido muy bondadoso contigo, ¿verdad? Querido amigo, su bondad está diseñada para llevarte al arrepentimiento (Rm. 2:4). Hoy es el día para entregarlo todo.

Y a las iglesias que puedan haber sido dejadas a punto de caer, no se desesperen. El Señor las cuidará así como ustedes cuidan a su pastor y se cuidan entre ustedes. Oren mucho, busquen consejo sabio, y confíen Jesús, quien es el mismo ayer, hoy y por siempre (Heb. 13:8).

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN THE GOSPEL COALITION. TRADUCIDO POR HAROLD BAYONA.

9 marcas de una iglesia no saludable

Coalición por el Evangelio

9 marcas de una iglesia no saludable

Kevin DeYoung

Gracias a Mark Dever, muchos de nosotros nos hemos familiarizado con las 9 Marcas de una Iglesia Saludable. Si bien nunca fueron destinadas a ser la última palabra en todo lo que una iglesia debe ser o hacer, las nueve marcas han sido de gran ayuda recordando a los cristianos (sobre todo a pastores) de la sustancia necesaria que a menudo olvidamos en una época obsesionada con el estilo.

En cierto sentido, las nueve marcas de una iglesia no saludable podrían ser simplemente lo contrario de todo lo que hace una iglesia saludable. Las iglesias no saludables ignoran la membresía, la disciplina, la predicación expositiva y todo lo demás. Pero los signos de enfermedad de una iglesia no siempre son tan evidentes. Es posible para tu iglesia enseñar y entender todas las cosas correctas y aún seguir estando en un lugar terriblemente no saludable. Sin duda, hay docenas de indicadores de que una iglesia se ha vuelto disfuncional y enferma, pero vamos a limitarnos a nueve.

Aquí hay nueve marcas de que su iglesia –incluso una que cree en la Biblia, predica el evangelio, y abraza una buena eclesiología– puede ser no saludable:

1. Cuanto más periférico sea el tema del sermón, más se emociona la gente. Una de las cosas que siempre me ha gustado de mi iglesia es que los sermones que ellos más aman son aquellos que tratan los temas más centrales de la Biblia. Les encanta escuchar sobre el pecado y la salvación, sobre la gloria de Dios, sobre la providencia, sobre Cristo y la cruz. No es que ellos nunca escuchan (o que no les gustan) los sermones sobre escatología o problemas sociales o administración financiera o el matrimonio o la paternidad, pero parecen más apasionados acerca de los mensajes que hacen énfasis en la culpa, la gracia y gratitud. Me preocupa cuando una congregación se cansa de oír hablar de la Trinidad, la expiación, el nuevo nacimiento, o la resurrecció,n y quiere escuchar otra larga serie sobre el manejo del estrés o las 70 semanas de Daniel.

2. El personal de la iglesia no disfruta ir a trabajar. Cada trabajo tiene sus altibajos. Cada oficina tendrá tensión de vez en cuando. Pero los líderes laicos deben tomar notas cuando el personal parece resentido, infeliz, y tiene que arrastrarse a la iglesia todos los días. ¿Los miembros del personal de la iglesia disfrutan estar juntos? ¿Hablan entre ellos como amigos en los pasillos? ¿Usted los ha visto riendo juntos? Si no, puede que se hayan quemado en la marcha, haya algún conflicto sin resolver, o algo peor.

3. El pastor y su esposa no se llevan bien. No estoy hablando de las riñas regulares y tiempos difíciles por los que cada pareja pasa de manera períodica. Estoy hablando de un matrimonio que ha crecido frío y sin amor, una relación que es superficial y carente de pasión. Cada iglesia debe tener algún mecanismo para preguntarle al pastor y a su esposa cómo está yendo su matrimonio (o no). Las iglesias pueden sobrevivir muchos conflictos, pero rara vez van a ser lugares saludables y felices si el pastor y su esposa están, en silencio o a voces, enfermos e infelices.

4. Casi nadie sabe a dónde va el dinero. Las iglesias manejan sus finanzas en formas distintas. Mientras las iglesias se hacen más grandes, puede ser más difícil, o incluso imprudente, para todos en la iglesia tener voz y voto en la asignación de cada centavo. Sin embargo, cuando se trata de finanzas, errar en el lado de la transparencia es raramente una mala idea. Como mínimo, debe haber más de un pequeño grupo de personas que saben (y tienen voz y voto) adonde va el dinero. No haga del salario del pastor un asunto de seguridad nacional.

5. El equipo de liderazgo nunca cambia o siempre cambia. Ambas son señales de advertencia. Por un lado, las iglesias se encarnan cuando nunca hay sangre nueva entre los líderes. Si sus ancianos, diáconos, administradores, líderes de grupos pequeños, maestros de escuela dominical, coordinadores de escuelas de vacaciones bíblicas, y los miembros del equipo de adoración son los mismos ahora como lo fueron durante el período inicial, tienes un problema. Tal vez los viejos líderes están hambrientos de poder, tal vez nadie se está entrenando, tal vez nadie nuevo ha llegado a su iglesia en veinte años. Todos son grandes problemas. Por otro lado, si los ancianos no están interesados ​​en servir otro período, y los miembros del personal no se quedan más que un par de años, y los voluntarios solo se ofrecen como voluntarios una vez, la cultura de su iglesia puede ser demasiado confinante, llena de conflictos, o con falta de perdón para errores honestos.

6. Nadie se ha levantado de la iglesia para el ministerio pastoral o ha sido enviado por la iglesia a servicio misionero. Buena predicación inspira a hombres jóvenes a predicar. Claridad sobre el evangelio suscita hombres y mujeres a compartir el evangelio con aquellos que no han oído. Las iglesias más pequeñas pueden no enviar nuevos trabajadores cada año, pero la congregación que casi nunca produce pastores y misioneros casi nunca es una iglesia saludable.

7. Hay un cuello de botella en la toma de decisiones. Esto puede ser culpa de la congregación. Algunos miembros de la iglesia insisten en aprobar cada decisión, desde la contratación de personal, la hora del servicio de adoración hasta al color de la alfombra. Si todo el mundo tiene que votar en cada decisión, su iglesia nunca será más grande que el número de personas que pueden votar con conocimiento en cada decisión (que es bastante pequeño). El pastor también puede tener  la culpa del cuello de botella. En algunas iglesias no pasa nada sin la aprobación personal del pastor y una supervisión directa puede ser la receta para guerras territoriales, retraso en el crecimiento, y el distanciamiento de los líderes dotados.

8. La predicación se ha vuelto errática. Esto puede tomar muchas formas. Tal vez el pastor ya no comparte el púlpito con otros miembros del personal y algún predicador invitado de vez en cuando. Tal vez es lo opuesto, y el pastor parece estar en el banco cada vez más a menudo. Tal vez la predicación se ha vuelto más criticona, o siempre trata el mismo tema, o muestra signos de poca preparación. Tal vez usted ha notado que el predicador está confiando más en cápsulas de vídeo o bosquejos de sermones preenvasados, o constantemente reutiliza materiales de alǵun sermón predicado años atrás. Nadie quiere que la predicación sea aburrida. Alguna variación es de esperar y es bienvenida. Pero echa un vistazo más de cerca si los predicadores parecen doctrinalmente inestables, irritables, o agotados.

9. Hay problemas que todo el mundo conoce pero nadie habla abiertamente. Iglesias no saludables a menudo tienen una importante regla no escrita: la persona que mencione nuestros problemas es el que tiene el problema. Esto podría ser un pastor que no puede predicar, un pianista que nunca se queda en el sermón, un anciano que se rumorea esta en una relación incorrecta, un líder de jóvenes que no sabe cómo hablar con los niños, un miembro del personal que no puede llevarse bien con nadie, un líder que lidera por decreto e intimidación. Sin duda, muchos asuntos deben tratarse en privado y en voz baja, pero esto no es excusa para hacer de la vista gorda a lo que todos pueden ver claramente. Nombrar lo que todo el mundo sabe es a menudo el primer paso para quitarle al problema su poder.

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN THE GOSPEL COALITION. TRADUCIDO POR MANUEL GARCÍA.