Las ideas tienen consecuencias

Las ideas tienen consecuencias

No sé si el deterioro moral de nuestra sociedad se ha agudizado en los últimos años, o si es que ahora tenemos más información que antes, pero últimamente el periódico está que asusta. Tal parece que nuestra sociedad se está cayendo a pedazos, y que la justicia ya no tiene los ojos vendados, sino que se conforma con mirar el panorama sin involucrarse demasiado.

Algunos gritan espantados que “esto es el acabose”; pero, como diría Mafalda, el célebre personaje de Quino ¿no será más bien que éste es el “continuose” del “empezose” de muchas filosofías que han penetrado profundamente en el mundo occidental en las últimas décadas y han minado la base de nuestro edificio moral?

Aunque muchos profesan aún los valores morales más elevados y se espantan cuando ocurren aberraciones como las que vemos en los medios de comunicación todos los días, lo cierto es que esas cosas no son más que consecuencias extremas de la misma filosofía de vida que muchos asumen hoy como buena y válida.

No es lo que profesamos creer lo que revela nuestras convicciones morales, sino el estilo de vida que vivimos.

Creo que si tomáramos una pócima que nos obligara decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, a diario escucharíamos comentarios como éstos: “Yo creo que lo más importante en la vida es ganar mucho dinero como sea, en el menor tiempo posible, y poder disfrutarlo mientras se pueda”. “Me visto sensualmente y con la intención de que los hombres quieran ver más y no me quiten los ojos de encima”. “Creo que mi valía como ser humano lo determina el monto de mi cuenta bancaria, la marca de ropa que uso, el auto que manejo, los lugares que visito y la gente que conozco”. “Gozar de la buena vida es más importante que vivir una vida buena.”

He ahí el producto de una mente secularizada; pero tal parece que muchos no son capaces de ver hacia dónde nos lleva esa clase de filosofía a final de cuentas.

Si profesas creer que somos animales más desarrollados en la cadena evolutiva, que la muerte nos sumerge en la nada de dónde venimos, y que todo es relativo ¿por qué te espantas cuando ves a tantas personas tratar de implantar la ley de la selva y hacer lo que les venga en ganas? Es absurdo intentar levantar un sólido edificio moral echando por tierra la base que lo sostiene.

Debemos vivir de cierto modo porque el Dios que nos creó a Su imagen y semejanza así lo demanda en Su Palabra, y ante Él nos presentaremos algún día para ser juzgados. Quita esa base y estarás edificando sobre arena movediza.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica delSeñor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI)  para América Latina.

El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

La “trivialización” de Dios

La “trivialización” de Dios

Sugel Michelén

Uno de los problemas religiosos más profundos del hombre moderno no es tanto el ateísmo sino más bien la “trivialización” de Dios. El concepto que muchos tienen de Dios es el de una energía impersonal, un “algo” indescriptible que de alguna manera misteriosa incide en el mundo, pero al que no es necesario que tomemos en cuenta a la hora de actuar o tomar nuestras decisiones. Ese “dios” carece de justicia y santidad, y tal parece que su única preocupación es que gocemos de la vida y la pasemos lo mejor que podamos.

Pero independientemente de lo que cada persona piense al respecto, Dios es como Él es, y Él ha revelado de Sí mismo en Su Palabra todo cuanto necesitamos conocer por el momento. Un Dios que no se revela nos dejaría a merced de nuestra imaginación, con la consecuencia inevitable de que terminaríamos fabricando un ídolo a nuestra medida, conforme a nuestra imagen y semejanza. Cuando el hombre fabrica sus dioses hace una proyección en grande de sí mismo. Por eso los dioses olímpicos de la Grecia antigua manifestaban las mismas pasiones pecaminosas y las mismas inconsistencias de sus adoradores.

Pero Dios no nos ha dejado en oscuridad con respecto a la información que necesitamos para conocerle. Él se ha revelado al hombre en la creación (Su revelación general) y en la Biblia (Su revelación escrita).

David nos dice en el Salmo 19 que “los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de Sus manos”. Y el apóstol Pablo dice en un tono similar que “las cosas invisibles de Él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas” (Romanos 1:20). La creación revela el poder del Creador, Su sabiduría, Su inmensidad.

Pero esa información no es suficiente. Necesitamos también una revelación escrita en la que Dios nos comunique, con proposiciones lógicas y razonables, lo que necesitamos saber sobre Sí mismo, sobre la creación y sobre la historia. Sin esa revelación la palabra “dios” queda reducida a un símbolo lingüístico desprovisto de significado.

Por eso no basta con decir que creemos en Dios; debemos aceptar sin reservas Su revelación escrita, de lo contrario, nuestro impulso religioso nos conducirá a la idolatría y no a la adoración del Dios Trino, infinito y personal que es digno de toda gloria y honor; ese Dios a quien todos los hombres deben amar y servir con todo su corazón, con toda su mente y con todas sus fuerzas.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

http://www.coalicionporelevangelio.org

Dios aborrece el orgullo

Dios aborrece el orgullo

¿Hay alguna cualidad más engañosa? ¿Hay algún otro defecto más fácil de ver en los demás, pero más difícil de ver en nosotros mismos? Despreciamos su presencia en otros, pero defendemos su presencia en nosotros. Es el horrible defecto del orgullo, uno de una serie de rasgos hacia los cuales Dios tiene una repugnancia especial.

Dios aborrece el orgullo

“Seis cosas hay que el Señor odia, y siete son abominación para El”. Así lo dice el viejo y sabio Salomón. Y encabezando la lista de estos siete pecados capitales están los “ojos soberbios” (Proverbios 6:16-17). Los ojos soberbios son las ventanas de un hombre arrogante hacia el mundo. Desde lo alto de su propia superioridad, los usa para mirar a otros. Desde su pedestal, creado por él mismo, cree que puede ver con mayor claridad que su Creador.

Después, Salomón pone su mirada no en los ojos sino en el corazón. “Abominación al Señor es todo el que es altivo de corazón; ciertamente no quedará sin castigo” (Proverbios 16:5). En lugar de albergar pensamientos de amor hacia los demás, el hombre orgulloso alberga juicio y amargura. En lugar de expresar bondad y compasión, expresa desprecio. Está convencido de su superioridad en cuanto a logros, intelecto, moralidad, o espiritualidad. Está obsesionado consigo mismo.

El orgullo es, en primer lugar, una actitud de independencia de Dios. En la Escritura es también sinónimo de burla, arrogancia, insensatez, maldad, y crueldad. Se opone directamente a la disposición humilde, temerosa de Dios, sumisa, modesta, confiada, y llena de fe, que es agradable a Dios. “El temor del Señor es aborrecer el mal. El orgullo, la arrogancia, el mal camino y la boca perversa, yo aborrezco”, dice Dios (Proverbios 8:13). Y no es de extrañar. ¿Cómo podría ser de otra manera?

¿Por qué Dios aborrece el orgullo?

El orgullo aparece primero en la lista de los siete pecados capitales porque Salomón está analizando el cuerpo desde la cabeza hasta los pies, pero también porque ningún otro rasgo es más abominable que este. Ningún defecto se opone más a Dios que este. Dios odia el orgullo porque es una manifestación de la más profunda depravación, la raíz de todas las formas de pecado. C.S. Lewis dice: “De acuerdo con los maestros cristianos, el principal defecto y el mayor mal, es el orgullo. La fornicación, la ira, la avaricia, las borracheras y todo eso, son meras picaduras de pulga en comparación con él; fue por orgullo que el diablo se convirtió en el diablo. El orgullo conduce a todos los demás defectos, es el completo estado de la mente en contra de Dios”.

El orgullo es un estado mental, o más esencialmente, una condición del corazón en la que una persona ha suplantado el gobierno de Dios sobre su vida con el gobierno de su propia voluntad. En lugar de depender enteramente de Dios, como era el designio de Dios, un corazón orgulloso ahora se ve a sí mismo para decidir lo que es bueno y malo. Este fue exactamente el error de Adán y Eva cuando decidieron desobedecer a Dios para ser como Dios.

El juicio de Dios sobre el orgullo

Debido a que el orgullo es en primer lugar un acto de traición cósmica, un acto de rebelión contra Dios, debe ser castigado. De hecho, la Biblia a menudo describe a Dios ejerciendo castigo sobre los soberbios. En Isaías, Dios promete castigar al arrogante gobernante asirio: “Y sucederá que cuando el Señor haya terminado toda su obra en el Monte Sion y en Jerusalén, dirá: ‘Castigaré el fruto del corazón orgulloso del rey de Asiria y la ostentación de su arrogancia’” (Isaías 10:12). El rey Nabucodonosor de Babilonia puso su mirada altiva sobre sus logros y sufrió las devastadoras consecuencias. “¿No es ésta la gran Babilonia que yo he edificado como residencia real con la fuerza de mi poder y para gloria de mi majestad?”. Inmediatamente fue reducido a un estado animal hasta que se humilló lo suficiente (Daniel 4:30).

Hablando con la mente de Dios, el rey David dijo: “Destruiré al que en secreto calumnia a su prójimo; No toleraré al de ojos altaneros y de corazón arrogante” (Salmo 101:5). En el Salmo 10 declara que el orgullo es ateísmo práctico: “El impío, en la arrogancia de su rostro, no busca a Dios. Todo su pensamiento es: ‘No hay Dios’” (Salmo 10:4). Santiago declara que Dios actúa con un favor especial hacia los que son humildes, pero con feroz juicio contra los que son orgullosos. “Dios resiste a los soberbios pero da gracia a los humildes” (Santiago 4:6). La persona orgullosa enfrenta la furia de la ira justa de Dios.

Esperanza para el orgulloso

Sin embargo, aunque el orgullo es el pecado principal, también puede ser perdonado. Puede ser perdonado por el humilde Salvador, “el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló El mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:6-8). Dios se humilló a sí mismo haciéndose hombre, sufriendo la indignidad de la muerte, llevando el pecado de la humanidad. El humilde se sustituyó a sí mismo por los soberbios.

Cristo se humilló a sí mismo, por eso pudo ser justamente exaltado. “Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:9-11). Se humilló para que nosotros también pudiéramos ser exaltados. Pero nuestra exaltación requiere primero humildad. Llegar alto requiere ir hacia abajo primero. “Humíllense en la presencia del Señor”, dice Santiago, “y El los exaltará” (Santiago 4:10).

La esperanza de la orgullosa humanidad es la fe humilde en el humilde Salvador. Confiese su orgullo, reciba su perdón y viva para su gloria.Versículos Clave

Si desea profundizar en su estudio personal, aquí hay algunos versículos clave sobre el odio de Dios hacia el orgullo.

Dios aborrece los ojos altivos (Proverbios 6:16-17).

Dios odia una mirada orgullosa (Proverbios 6:16-17).

Dios aborrece al altivo de corazón (Proverbios 16:58:13).

El orgullo es ateísmo práctico (Salmo 10:4).

Cristo es ejemplo de humildad (Filipenses 2:6-11).

Dios humilla a los que se exaltan a sí mismos (Isaías 10:12Daniel 4:20).

Dios exalta a los humildes (Santiago 4:10).

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN CHALLIES. TRADUCIDO POR SAM ORTIZ.

Cómo no ser un mal padre cristiano

Jairo Namnún

Cómo no ser un mal padre cristiano

Ningún padre es perfecto. Aun los mejores tienen ciertos pesares acerca de cosas que hubieran hecho mejor. Y todo hijo cristiano debe entender eso. Ellos ciertamente se equivocaron, pero con toda probabilidad nos amaron y nos aman y tratan de hacer lo mejor que pueden para instruirnos. 

Si eres un padre cristiano, con toda seguridad ya has experimentando tu necesidad de la gracia de Dios para perdonar tus faltas para con tus hijos. En su gracia, Dios no solamente nos perdona, sino que nos capacita para poder cumplir sus mandamientos. Uno de esos mandamientos lo encontramos en Efesios 6:4, donde el Señor nos dice “Y ustedes, padres, no provoquen a ira a sus hijos, sino críenlos en la disciplina e instrucción del Señor”.

Recientemente los hermanos de 9Marks publicaron los siguientes consejos de cómo provocar a nuestros hijos a la ira. Por asuntos de claridad, aquí los traduzco y adapto hacia lo que sí debemos hacer: es decir, cómo no provocar a nuestros hijos a la ira.

10 cosas a tomar en cuenta para no provocar tu hijo a la ira

  1. No disciplines a tu hijo cuando estás molesto
  2. No regañes a tu hijo en público. No lo ridiculices ni te burles de él.
  3. No avergüences a tu hijo delante de sus amigos. No le llames por sobrenombres ofensivos. 
  4. Sé consistente con las reglas, sin dobles estándares que confunden a los hijos.
  5. No prediques un evangelio de autodisciplina. Predica el evangelio de la gracia.
  6. Admite tus errores y pídeles perdón.
  7. No inspecciones cada detallito de tus hijos. No levanten un estándar que sea imposible de cumplir. 
  8. No actúes como juez en una discusión entre tus hijos hasta haber escuchado ambas partes. 
  9. No compares a tu hijo con los demás. 
  10. No le prometas cosas que luego no vayas a poder cumplir. 

Esto de ser padres es un asunto de toda la vida, y por la gracia de Dios cada día es una nueva oportunidad para crecer en la imagen de nuestro Padre amoroso. Muchas gracias a 9Marks por ese recordatorio, y oro que pueda serte de edificación como lo fue para mí.

Jairo sirve como director ejecutivo de Coalición por el Evangelio y está encargado de idear y supervisar el contenido del ministerio.Es director del grupo de universitarios en la Iglesia Bautista Internacional en República Dominicana, y tiene una Maestría en estudios teológicos del Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Patricia. Puedes encontrarlo en Twitter.

Estoy en un noviazgo y mi novio no es creyente, ¿qué hago?

Jairo Namnún

Estoy en un noviazgo y mi novio no es creyente, ¿qué hago?

La pregunta que tenemos por delante es una cada vez más común en nuestros días. De hecho, ni siquiera es tan nueva porque de una manera u otra vemos situaciones similares en el Antiguo Testamento. El asunto es este: a veces una persona empieza un noviazgo y tiempo después conoce al Señor; ahora su alma se siente inquieta por que se da cuenta que su novio o su novia todavía no conoce al Señor y ya los intereses y los gustos de cada uno han variado bastante. O a veces un creyente inicia una relación de noviazgo con un inconverso y el Espíritu Santo le va inquietando y le hace saber que esto no está bien. Pero, ¿por qué? ¿Cuál es el problema?

Definitivamente el Señor nos muestra, como mencioné antes en el Antiguo Testamento, los grandes peligros que sucedieron en Israel al asociarse a las naciones paganas. Pero también de manera específica tenemos en el Nuevo Testamento el mandato del Apóstol en 2 Corintios 6: no se unan en yugo desigual con los incrédulos porque no hay asociación entre luz y tinieblas. Entonces el asunto es este: estos pasajes no están hablando de noviazgo porque bíblicamente tenemos el noviazgo como un periodo de amistad con el propósito del matrimonio. Es un tiempo en el cual estamos alistándonos y conociéndonos para poder casarnos. Los pasajes hablan más específicamente sobre el matrimonio. Sin embargo, si el noviazgo es el periodo en el cual estamos buscando casarnos y el yugo desigual está prohibido en la Palabra, definitivamente el noviazgo con un inconverso no es una decisión sabia y particularmente no es una decisión sana.

¿Entonces qué hacemos? Te recomendaría de manera particular que hables con tus pastores o líderes. Habla con aquellos que conocen al Señor y te conocen a ti, y debes buscar la forma de separarte de esa relación de noviazgo. La razón es que en la Palabra, en la práctica, y en la Iglesia no hay noviazgos misioneros. Tú inicias una relación de noviazgo y luego esperas a ver si el Señor salva esa persona. No hay sabiduría en eso. Más bien la sabiduría está en decir: “Te amo, te aprecio, a mi me encantaría poder vivir una vida contigo a través del santo matrimonio pero ahora mismo nuestras prioridades son muy diferentes. Ahora mismo no estamos en el lugar que debemos estar. Ahora mismo siendo totalmente honestos mi mayor pasión es el Señor. Mi mayor amor está por conocer al Señor, por servir a la Iglesia y en este momento tú no estás ahí”. Le dices: “Hay pocas cosas que yo desearía más que tú conozcas a ese Señor que yo he conocido, y de hecho, tú tienes total libertad de hacerlo”. Puedes ir con el tiempo presentándole el evangelio pero alejándote a la vez, y limitando ese noviazgo lo más pronto posible. La razón última es esta: la Palabra de proverbios nos enseña una y otra vez el peligro de asociarnos con aquellos que no conocen al Señor. El Salmo 1 nos muestra el gran peligro de asociarnos con el inconverso, con aquellos que son escarnecedores.

Un noviazgo es una relación donde hay mucho corazón a flor de piel, donde hay mucho deseo de estar con el otro, de conocer al otro, y de amar al otro. Si esa persona no está conociendo y amando al Señor, esa persona te va alejar del Señor. Así que no solamente hay una franca desobediencia si te casas con un inconverso, sino que hay falta de sabiduría al mantener una relación de noviazgo con un inconverso. Por tanto, una vez más acércate a alguien que conozca al Señor y te conozca a ti y pídele un consejo sabio. Pero desde aquí te puedo decir por amor al Señor y por amor a tu alma, aléjate de esa relación y ora por la salvación de esa pareja.

¿Soy Evangélico o soy Legalista?

¿Soy Evangélico o soy Legalista?

Los herbívoros comen hierbas; los carnívoros, carne; los Evangélicos comen evangelio y los Legalistas comen leyes o reglas religiosas. Hay, pues, una gran diferencia en la lucha espiritual contra el pecado entre el Evangélico y el Legalista. Dicho de otra manera, que uno y otro difieren en los principios espirituales de donde proceden.

El apóstol lo revela con meridiana claridad, nótese: “Si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” (Ro. 8:13). La vida Cristiana es sustentada por el Espíritu de Gracia: “Si por el Espíritu hacéis”, no por una obediencia a las obras de la ley o normas religiosas. En cambio, la lucha contra el pecado del Legalista se sustenta en principios legales, tales como el aplauso y alabanza de los hombres. Obedecen por miedo al infierno, o por los impulsos de una conciencia no regenerada, o por el buen ejemplo de otros. Siendo así, no sería extraño que sean tan celosos por las tradiciones de su denominación, o por los dictados de sus líderes, sean estos modernos o pertenezcan al pasado.

¿Cómo diferenciar al Evangélico del Fariseo?

Tanto uno como el otro están sintonizados en esto: luchar con el pecado y hacer el bien. La diferencia se vería en lo que los energiza. A saber, en sus armas, su objeto, sus razones, y motivaciones.

Sus armas de lucha

El Evangélico lucha contra el pecado con las armas de la gracia, esto es, la Sangre de Cristo, la Palabra de Dios, las promesas del Pacto, y en el poder de la Cruz. Oigámoslo: “Jamás acontezca que yo me gloríe, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo ha sido crucificado para mí y yo para el mundo” (Gal. 6:14). En cambio, el Legalista parece sacar fuerzas de normas y amenazas de la Ley. En eso él piensa que vivirá mejor haciendo esto o aquello, o que fortalece su esperanza haciendo así. Le parece que su obediencia le libraría del infierno al cumplir ciertos requisitos. En breve: Sus armas surgen de su propio poder, votos o resoluciones, y eso le hace sentir seguro. La seguridad del Legalista nace en su mente al leer o recordar ciertos versículos, no de la confianza en la obra de la Cruz.

Su objeto

Es cierto que el Fariseo lucha contra su pecado, y le molesta el pecado ajeno, pero su lucha es contra los pecados de su conducta. En cambio, el verdadero Creyente lucha contra los impulsos carnales de su corazón. Uno cuida su imagen; el otro su corazón. El Creyente no ve tanto si su pecado es grande o pequeño, sino que son contra su Rey y Salvador, a quien ama fielmente. Enfoquemos este caso: “¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte?” (Ro. 7:24). Pablo no miraba su conducta, sino las corrupciones dentro de su pecho. Ya no más Fariseo, sino Cristiano. No sería la obediencia a las normas de la ley que le librarían del cuerpo de pecado, sino que el Capitán de nuestra Salvación, Cristo Jesús, es el Único que podía librarle. El Fariseo se esforzaría aún más para librarse, como si la letra de la ley tuviese algún poder liberador.

Las razones del combate.

El Evangélico o Creyente, a quien la Gracia le enseña a renunciar a la impiedad y deseos mundanos, lucha contra el pecado porque deshonra a Dios, se opone a Cristo, contrista el Espíritu Santo, y le separa de Su Salvador. En cambio el Fariseo o Legalista lucha contra el pecado porque le roba su paz, atribula su conciencia y afecta su reputación religiosa. Mientras la gloria del Creyente es la Cruz, el Fariseo se gloría en su obediencia, o lo que él llama pureza de vida; nótese: “El Fariseo puesto en pie, oraba para sí de esta manera: “Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: estafadores, injustos, adúlteros; ni aun como este recaudador de impuestos” (Luc. 18:1). Su vida es obedecer la Ley. No así el Creyente, ya que su vida es Cristo.

Sus motivaciones

El Creyente o Evangélico no sirve al pecado, porque está vivo para Dios y muerto al pecado: “Nuestro viejo hombre fue crucificado con El, para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido” (Ro. 6:6). En cambio, el Fariseo o Legalista renuncia al pecado, no porque esté espiritualmente vivo, sino para poder vivir por su obediencia a la ley. El Evangélico mortifica al pecado porque Dios lo ama, pero el Legalista abandona al pecado para queDios lo ame, para ganar aprobación divina. Enfoquemos de nuevo al Fariseo: “El Fariseo puesto en pie, oraba para sí de esta manera: “Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres”, esto es, que obedecía para que Dios le amara. Su obediencia a la Ley es el fundamento de su gloria, confort y esperanza. Su íntimo pensamiento fue que Dios le aprobara su conducta.

Otra diferencia entre el Evangélico y el Legalista es cómo atacan contra el pecado. enfoquemos este verso: “Los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”   (Gal. 5:24). El Creyente empieza a luchar contra el pecado en el mismo lugar donde el Espíritu le indica, “en las pasiones y deseos del corazón”. En cambio el Legalista inicia tal obra cuando se asoma o puede salir en su conducta externa. Este signo no solo es como individuo, sino también de manera colectiva. Nuestro Salvador lo reveló así: “Este pueblo con los labios me honra, pero su corazón está muy lejos de mí” (Mt. 15:28). Como congregación adoraban a Dios correctamente en lo que se veía o en lo externo, pero no de corazón. Eran Legalistas: la norma que motorizaba su adoración era sustentada en principios legales, tales como el aplauso y alabanza de los hombres. Así fue Pablo antes de su conversión.

En conclusión

El poder de Cristo para renunciar al mal y hacer el bien no viene por una mera obediencia a las normas bíblicas, o Ley, como pretendería un Fariseo o Legalista, sino por medio de la fe o confianza en las promesas del Nuevo Pacto, como hacen todos los Creyentes o Evangélicos: “Por la fe… siendo débiles, fueron hechos fuertes”  (He. 11:34). ¡Dios nos ayude! Amén.

Cómo tener verdadero descanso en un mundo de saturación tecnológica

Cómo tener verdadero descanso en un mundo de saturación tecnológica

Desactivé la mayoría de las notificaciones en mi teléfono. Me estaban volviendo loco. También dejé de seguir a un montón de personas y cuentas en las redes sociales para seguirlas mejor usando RSS, como en los viejos tiempos, antes de la web 2.0. ¡Había demasiado ruido en mis redes sociales! Y estoy tratando de luchar con la tentación de revisar mi teléfono a primera hora en la mañana.

No soy el único que busca disminuir el ruido y las distracciones que la tecnología ha traído a nuestras vidas de diversas maneras a medida que invade nuestros espacio. Por ejemplo, hay toda una industria creciente en nuestra cultura que gira alrededor del “mindfulness”, una occidentalización de la meditación oriental tradicional que busca entrenar la mente para vivir con más enfoque y calma en medio del caos de la vida moderna saturada de la tecnología.

Al mismo tiempo, uno de los antídotos más populares que se nos ofrecen hoy es el uso de más tecnología para aliviar nuestra saturación de tecnología y dispositivos. Mira el caso de las apps para meditar, por ejemplo. Son aplicaciones que ofrecen sesiones de audio para relajarse, dormir, y meditar. Calm es una de ellas. Ha sido descargada más de 40 millones de veces y ya vale más de 1000 millones de dólares.[1] Según el Centro para la Tecnología Humana (Center for Humane Technology), 99% de sus usuarios la aman.[2] La ironía es inescapable: queremos que la tecnología solucione los problemas causados por nuestro mal uso de ella.

¿Existe un camino mejor para experimentar descanso en un mundo ruidoso?

La disciplina olvidada del silencio y el retiro

Dios nos llama a vivir en comunidad. Debemos glorificarlo en un mundo manchado por el pecado. Las relaciones entre pecadores pueden ser complicadas. Lo mismo sucede con la vida en un planeta donde hay caos. Esto significa que jamás podremos gozar en este mundo el descanso final que nuestros corazones tanto anhelan. Debemos rechazar la idea de que lo mejor para nosotros es apartarnos por completo del resto del mundo.

Los cristianos tenemos permitido y necesitamos tomar tiempos a solas con Dios.

Sin embargo, los cristianos tenemos permitido y necesitamos retirarnos y estar en silencio para tomar tiempos a solas con Dios. Es algo en lo que tenemos que disciplinarnos si queremos florecer en medio de tanta saturación de ruido, notificaciones, información, y caos. Es algo que necesitamos si hemos de disfrutar la calma que solo Dios puede darnos. Si Cristo necesitó de esos momentos, ¡nosotros seguro también! (Mt. 14:23Lc. 4:42).

El silencio y la soledad nos ayudan a minimizar las distracciones cuando en oración derramamos nuestro corazón ante Dios y presentamos ante Él nuestra ansiedad (1 Pe. 5:7). También nos ayudan a minimizar las distracciones para meditar en la Palabra que restaura nuestras almas (Ps. 19:7). Esta es una meditación bastante diferente a la que el resto del mundo nos presenta: en vez de vaciar nuestras mentes o centrarnos en cosas de este mundo, somos llamados a ser saturados por la Palabra de Dios (Col. 3:16). La soledad y el silencio son de inmensa ayuda para esto. Así como Elías necesitó estar a solas para escuchar en un susurro la voz de Dios, nosotros también necesitamos esta disciplina espiritual para conocerlo más a Él.[3]

Esta es la clave bíblica para vivir con enfoque y calma mental en medio del ruido y las distracciones que nos rodean. Es algo tan simple como apagar el teléfono e irte a tu habitación, o a un lugar a solas al aire libre, para leer la Biblia y orar al Dios que te rescató.

Entonces, ¿por qué no buscamos cultivar esta disciplina? ¿Por qué a menudo preferimos sustitutos que, aunque puedan ayudarnos, no terminarán de saciar nuestra sed de tranquilidad?

Lo arriesgado del silencio y la soledad

Estar a solas con Dios es demasiado arriesgado para la mayoría de nosotros.

Por ejemplo, al hablar de las redes sociales, muchos creemos que tenemos muchos mensajes por responder y cosas por hacer. Queremos estar al tanto de las notificaciones que recibimos para no perdernos de algo bueno o malo (lo que los psicólogos han llamado FOMO).[4] Y esto a la larga resulta devastador para nosotros, pues forma una mente más distraída y nos hace sentir más cargas de las que podemos llevar. Esto sucede cuando vemos la cantidad de cosas en el mundo que demandan nuestra atención, y sencillamente no podemos (ni deberíamos tratar de) enfocarnos en todas.[5]

Sin embargo, nos sigue gustando la ilusión de omnisciencia que nos brinda la tecnología. Así que perseguir tiempos de soledad y silencio es arriesgado para muchos de nosotros porque atenta contra la fantasía moderna de que podemos y necesitamos saberlo todo para no quedarnos atrás en la carrera contra el resto del mundo.

No nos gusta apartarnos para estar a solas con Dios porque eso significa reconocer que el mundo no nos necesita tanto como pensamos.

No nos gusta apartarnos para estar a solas con Dios porque eso significa reconocer que el mundo no nos necesita tanto como pensamos. Por ejemplo, considera de nuevo nuestro uso de las redes sociales. Mira nuestro afán por likes que aumentan nuestro sentido de autoestima y estimulan la circulación de dopamina en nuestros cuerpos.[6] ¿No es cierto que las redes sociales no serían tan exitosas si no quisiéramos sentirnos importantes, escuchados, y vistos?

Otra razón por la que percibimos como arriesgado estar a solas con Dios es que, aunque anhelamos descanso, en nuestros corazones no lo queremos en Dios. De hecho, yo diría que esta es la razón principal por la que muchos de nosotros solemos evitar el silencio y la soledad. Esto explica por qué la que la televisión es más popular que la oración. Romanos 3:10-13 enseña, con palabras muy duras, que el hombre separado de Dios no busca en realidad a Dios. No queremos ser confrontados con nuestro pecado, nuestra finitud, y nuestras debilidades.

Por eso amamos las distracciones, como lo dijo Pascal siglos atrás:

“La distracción es la única cosa que nos consuela por nuestras miserias. Sin embargo, es la mayor de nuestras miserias. Por encima de todo, es lo que nos impide pensar en nosotros y así nos conduce imperceptiblemente a la destrucción”.[7]

Nos gusta la distracción porque nos ayuda a ignorar nuestra condición de miseria espiritual y separación de Dios. Esto contribuye de manera especial a nuestra ansiedad por consumir cosas y distraernos con lo último que nos presente la tecnología. Por ejemplo, nos hemos vuelto adictos a mucho contenido en Internet, a nuestros teléfonos, y a la televisión. Esto no es de extrañar. La mayoría del contenido que más nos gusta está diseñado para capturar nuestra mente con el fin de ganar dinero.

Estas son solo algunas de las razones, que se complementan a sí mismas, por las que no buscamos más silencio y soledad con Dios. Pudiéramos seguir hablando al respecto, exponiendo más razones, pero ya entiendes el punto: debido a nuestro pecado, el silencio y la soledad con Dios son cosas que percibimos como demasiado arriesgadas en más de una manera. Se requiere mucho valor para salir de las arenas movedizas de las distracciones, el orgullo, el consumismo, y las fantasías contemporáneas que nos envuelven en la actualidad por medio de la tecnología.

El valor para apartarnos del ruido y el desorden

Así que si somos honestos, veremos que se requiere valentía para redescubrir y perseguir la disciplina de estar a solas con Dios. Al igual que Marta, solemos olvidar qué es aquello que en verdad puede saciarnos y es lo más importante en el universo: “Marta, Marta, tú estás preocupada y molesta por tantas cosas; pero una sola cosa es necesaria, y María ha escogido la parte buena, la cual no le será quitada” (Lc. 11:41-21).

Debido al amor de Dios mostrado en la cruz, ya no tenemos por qué temer acercarnos a Él. No hay razón para distraernos de la realidad y llenarnos de ruido y distracciones.

La clave está en entender que Jesús es lo más necesario e importante. Él vino a morir en una cruz para darnos descanso y llevar el castigo por nuestro pecado. Así podemos tener acceso al Padre, quien desea que entremos en su reposo (Heb. 4:1-11). Así hallaremos descanso verdadero (uno que las apps más modernas y la filosofía pagana no pueden darnos). Al apartarnos del caos por un momento para buscar conocerlo más en oración y estudio profundo de su Palabra, experimentaremos un adelanto del descanso final en Dios que nos aguarda por la eternidad.

Debido al amor de Dios mostrado en la cruz, ya no tenemos por qué temer acercarnos a Él. No hay razón para distraernos de la realidad y llenarnos de ruido y distracciones. Dios conoce todo lo peor sobre nosotros, y a pesar de eso nos amó de tal manera que dió a su Hijo para salvarnos (Jn. 3:16). Al mismo tiempo, ya no tenemos por qué vivir esclavos de la idolatría del consumismo o nuestros propios egos. Ya no tenemos qué seguir la fantasía de pretender estar conectados a todo y simular ser como dioses.

¿Estás profundizando en el evangelio de tal manera que puedas ser valiente y buscar a Dios en el retiro y el silencio?

[1] Calm Raises $88M, Becomes First Mental Health Unicorn.

[2] What’s the difference between apps we cherish vs. regret?

[3] Donald Whitney ha escrito más sobre los beneficios del silencio y el retiro en su libro Disciplinas espirituales para la vida cristiana.

[4] Síndrome FOMO.

[5] Help, I’m Exhausted by Social Media.

[6] Dopamine, Smartphones & You: A battle for your time.

[7] Blas Pascal, Una mente encendida (Miami, Florida: Patmos, 2009), p. 90.

¿Qué aconsejarían los puritanos sobre Netflix?

 

¿Qué aconsejarían los puritanos sobre Netflix?

A pesar de su reputación de aburridos, los puritanos no rechazaban todas las formas de entretenimiento. Simplemente buscaban participar en la recreación y entretenimiento de una manera que honrara a Dios. Y en los siglos XVI y XVII, eso significaba principalmente música, arte, deportes, y libros.

Para ser consciente de lo que leía y ayudar a otros a hacer lo mismo, el pastor puritano Richard Baxter se hacía cuatro preguntas para ayudarlo a guiar su lectura. Con unos cuantos ajustes, estas preguntas pueden ayudarnos a ser más exigentes acerca de las películas y los programas que decidimos ver.

1. ¿Es esta la mejor manera de pasar mi tiempo?

Esta es una excelente primera pregunta. ¿Hay algo más importante y productivo que debería estar haciendo? Si es así, suelta el control remoto y hazlo. El adulto promedio pasa 33 horas mirando el televisor cada semana. Sería difícil argumentar que esto va con Efesios 5:16, donde se nos dice que debemos “redimir el tiempo”.

¿Pero significa eso que nunca podemos sentarnos y relajarnos mientras vemos Netflix? Para nada. Sin embargo, debemos esforzarnos por hacer todo con propósito, incluso ver la televisión.

Puede haber un propósito valioso al relajarse y ver un buen programa o película. Una noche de cine con tu cónyuge o los niños puede ser muy divertido. Como cualquier buena historia, los programas y las películas pueden tener un mensaje profundo que te ayudará a considerar las cuestiones importantes de la vida.

Aun así, la primera pregunta que te debes hacer es si hay algo más importante que exige tu atención. Si has determinado que sentarte y ver algo es un buen uso de tu tiempo, hay tres preguntas más que te ayudarán a decidir qué mirar.

2. ¿Hay [programas y películas] mejores, que me edificarían más?

No dejes que la lista de los programas y películas más populares dicte cómo vas a dedicar tu tiempo. Que algo sea popular no significa que sea bueno.

No es una marca de madurez espiritual poder ver actos de asesinato, desnudez, u otros tipos de inmoralidad sin que te afecte la conciencia

No podemos pretender que aquello a lo que le prestamos atención no nos afecte. De la misma manera que debemos poner atención a lo que comemos para mantenernos en buena forma física, debemos considerar el entretenimiento que consumimos para mantenernos en forma espiritualmente.

No es una marca de madurez espiritual poder ver actos de asesinato, desnudez, situaciones sexuales, violencia gráfica, u otros tipos de inmoralidad sin que te afecte la conciencia. Como Tim Challies observó recientemente:

“No hace mucho tiempo, muchos cristianos pensaban que estaba mal ver cualquier película o programa de televisión. Ese era un fundamentalismo en su forma más legalista, y es bueno que lo hayamos corregido. Sin embargo, me temo que hayamos corregido en exceso, y ahora casi nada está más allá del límite. De hecho, hemos llegado a considerar como una virtud poder ver casi cualquier cosa”.

Esta es una triste —y creo que certera— acusación a las concesiones morales que los cristianos modernos han hecho con el entretenimiento. Pero no debería ser así. Como dijo John MacArthur: “No debemos entretenernos con los pecados por los cuales Cristo murió”.

No tienes que ver programas que glorifican las cosas que no glorifican a Dios.

Ten discernimiento sobre lo que eliges ver. Hay una cantidad casi infinita de programas y películas para elegir. No tienes que ver programas que glorifican las cosas que no glorifican a Dios.

3. ¿Me dirige este programa hacia la Biblia y a una vida santa?

Como cristianos, debemos gravitar hacia expresiones de arte, creatividad, e imaginación que nos dirigen hacia Dios, no lejos de Él.

¿Significa esto que solo deberíamos ver películas cristianas? Afortunadamente, no. Si bien podemos estar agradecidos de que se están produciendo más y más películas cristianas (muchas de las cuales son, de hecho, buenas), no tenemos que limitarnos a las películas que tienen una canción de Casting Crowns en su banda sonora.

Dicho esto, considera la cosmovisión a la que apela el programa que estás viendo. ¿Atrae el contenido la atención de aquellos cuyos corazones están inclinados hacia Dios, o apela principalmente a aquellos cuyos corazones están enfocados en las cosas de este mundo?

Si dudaras en decirle a un amigo cristiano que eres fanático de un determinado programa, o si dudaras en decirle a un amigo fanático que eres cristiano, necesitas pensar de nuevo tus opciones de entretenimiento.

4. ¿Esta [película o programa] aumenta mi amor por la Palabra de Dios, mata mi pecado, y me prepara para la vida venidera?

Recuerda que este mundo no es nuestro hogar. El hecho de que somos pecadores perdonados, comprados por Cristo, y de camino al cielo debería impactar cada aspecto de nuestras vidas.

Además, sabemos por las Escrituras que tenemos un adversario que está decidido a acabar con los soldados de Cristo. ¿Qué soldado pasaría tiempo haciendo cosas que debiliten su armadura?

Sé crítico con lo que eliges cuando decidas qué ver. ¿Te ayuda esta película a apreciar mejor las verdades expresadas en las Escrituras, o carece de elementos redentores? ¿Te anima este programa a apagar el pecado en tu vida, o te incita a ver qué tan cerca puedes llegar a la llama sin quemarte? ¿Te hace esta película desear el reino de Dios, o simplemente aumenta tu deseo por las cosas de la tierra?

Si bien podemos y debemos hacernos estas cuatro preguntas antes de leer un libro, como lo hacía Baxter, también deberíamos hacerlas antes de tomar el control remoto.

No hay nada de malo en disfrutar del entretenimiento. Somos libres en Cristo para participar de ello. Pero recuerda lo que Pablo le dijo a los Corintios: “Ustedes dicen: ‘Se me permite hacer cualquier cosa’, pero no todo les conviene. Dicen: ‘Se me permite hacer cualquier cosa’, pero no todo trae beneficio” (1 Co. 10:23, NTV). Sí, tenemos libertad en Cristo para ver Netflix. Elijamos ver películas que sean útiles y nos levanten en lugar de que obstaculicen nuestro progreso y derriben nuestros esfuerzos por seguir a Cristo.

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN FOR THE CHURCH. TRADUCIDO POR EQUIPO COALICIÓN.

El problema de querer una “iglesia atractiva”

 

El problema de querer una “iglesia atractiva”

En una ocasión tuiteé lo siguiente: “En nuestra iglesia queremos que nuestra música sea lo mejor posible sin que las personas vengan a nuestra iglesia por ella”. Algunas de las respuestas fueron muy reveladoras. Algunas personas, como sucede a menudo, aparentemente leyeron algo que no escribí, y me preguntaron por qué quería promover la mala música, y por qué estaba en contra de que la gente encontrara atractiva la música. Para dejarlo claro, no soy fanático de la mala música (ya sea en letra, tonada, o estilo), y no estoy en contra de que la gente sea atraída a la música (y a las artes en general).

Analizándolo bien, sin embargo, encuentro que ese salto a escuchar lo que no dije es una indicación de un problema fundamental. Sucede siempre que hablo en contra del pragmatismo, y me preguntan por qué estoy a favor de las cosas que no son prácticas. Pero el pragmatismo y la cosas prácticas no son lo mismo. Tampoco es ese paradigma del “movimiento de la iglesia atractiva” idéntico a querer una iglesia que atraiga. Solamente piensan así en entornos donde el medio se ha convertido en el mensaje (una disculpa a Marshall McLuhan). Aquellos que han crecido o están involucrados en el movimiento de la iglesia atractiva muchas veces no pueden ver la enfermedad eclesiástica a su alrededor.

Cuando nació, el movimiento de la iglesia atractiva (o “sensible al buscador”, como solía ser llamada) se trataba de tener tanta gente como fuera posible dentro de las puertas para escuchar las buenas nuevas de Jesucristo. En mis días de ministerio juvenil, usábamos todas las formas tradicionales de seducir a adolescentes, como pizza, juegos tontos, y música estridente. Sin embargo, los servicios de la iglesia para adultos en este movimiento usaban versiones de estas mismas seducciones, supuestamente para contextualizar el mensaje. Algunos llamarían esta manera de ministrar una “venta con señuelo”: hazlos entrar con cosas que les llame la atención, y ya que los tengas cautivos, dales el evangelio.

Eventualmente el ‘movimiento de la iglesia atractiva’ se convirtió solo en el señuelo. Esa manera de hacer las cosas se parece a un caballo de Troya… pero sin gente adentro.

Pero algo malo sucedió. Como prueba de ese dicho que lo que usas para ganar a la gente es lo que la gente seguirá esperando, cada vez más el evangelio de la obra terminada de Jesucristo fue relegado al final del servicio, casi un apéndice a las cosas que en realidad eran el enfoque, e inclusive frecuentemente el evangelio se empujó al final de toda una serie de mensajes, eventualmente solo en ocasiones especiales, y al final ha sido reemplazado por completo con un legalismo que tintinea, o con un deísmo moralista y terapéutico.

Eventualmente el movimiento de la iglesia atractiva se convirtió solo en el señuelo. Esa manera de hacer las cosas se parece a un caballo de Troya… pero sin gente adentro.

Como resultado, muchas personas dentro de este sistema, que han sido pastoreadas por este sistema y se suscribieron a él, no pueden hacer diferencia entre la “iglesia atractiva” y una iglesia que atrae, entre lo práctico y lo pragmático. Cuando perdemos la centralidad del evangelio, perdemos la habilidad de pensar bien.

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN THE GOSPEL COALITION. TRADUCIDO POR EMANUEL ELIZONDO.

Lo fundamental del liderazgo es el carácter

Lo fundamental del liderazgo es el carácter

Nota del editor: Este es un fragmento adaptado de Un líder de convicciones: 25 principios para un liderazgo relevante. Albert Mohler. B&H Publicaciones.

Los líderes no son máquinas y sus seguidores tampoco lo son. Somos seres humanos de carne y hueso que debemos realizar constantes juicios en relación con la confianza. Pareciera que existe un instinto dentro de nosotros que gravita hacia aquellos en quienes podemos confiar y que mira con cautela a los que no inspiran tal confianza. Dentro de nosotros, tenemos una especie de detector de confianza que funciona constantemente, y aprendemos a depender de él incluso desde pequeños. El liderazgo es tan antiguo como la humanidad y también lo es la preocupación por el carácter de los líderes.

Nuestra dificultad para tratar la cuestión de carácter está directamente relacionada con que no tenemos un concepto común de lo que verdaderamente implica el carácter. Este es el punto en el cual el líder cristiano debe tener un llamado al carácter mucho más profundo y urgente; un llamado al carácter que no se trate solo de una cuestión de personalidad pública, no una mera negociación con las confusiones morales de nuestra propia era. Como seguidores de Cristo, sabemos que la afirmación de que podemos tener una vida privada y una pública con diferentes términos morales no tiene legitimidad. Además, también sabemos que los términos morales a los que nos debemos no los establecemos nosotros; Dios los ha revelado en Su Palabra. «Pues como piensa dentro de sí, así es» (Prov. 23:7, LBLA).

La Biblia revela que el carácter es una condición de nuestro corazón. El Antiguo Testamento contiene las leyes mediante las cuales Israel debía aprender sobre el carácter, y el Nuevo Testamento presenta a la Iglesia como una comunidad de carácter. Jesús les dijo a Sus discípulos que debían vivir ante el mundo de modo que su carácter fuera tan evidente que la gente diera gracias a Dios.

Aquellos a quienes lideramos esperan que vivamos y lideremos en concordancia con nuestras convicciones.

Como comunidad de carácter, los cristianos debemos reflejar los compromisos morales a los cuales se nos ha llamado. Tal como Jesús dejó en claro, la credibilidad moral del evangelio depende de aquellos que han sido transformados por la gracia y la misericordia de Dios, y que demuestran esa transformación en toda dimensión de la vida. Dentro de la iglesia, el liderazgo recae sobre aquellos cuya luz brilla con integridad y poder.

La Iglesia debe vivir de acuerdo a la Palabra de Dios y del evangelio de tal manera que los demás se queden rascándose la cabeza, preguntándose cómo es posible que la gente viva así. ¿Por qué se aman los unos a los otros? ¿Por qué son tan generosos? ¿Por qué siguen casados con su primer cónyuge? ¿Por qué viven con tanto esmero? El líder eficaz sabe que las expectativas con respecto al carácter comienzan desde arriba.

Aquellos a quienes lideramos esperan que vivamos y lideremos en concordancia con nuestras convicciones. No se quedarán satisfechos con el carácter que se presente solo en público, una simulación de algo que no somos. Tienen hambre y sed de un verdadero liderazgo y de verdaderos líderes. Han visto adónde conduce el liderazgo sin un carácter recto y no quieren saber nada con él. Una vez que declaramos nuestras convicciones, se esperará que vivamos de acuerdo a ellas en público y en privado. Las convicciones vienen primero, pero el carácter es el producto de esas convicciones. Si no, nuestro liderazgo se hará pedazos y se quemará.

El carácter es indispensable para la credibilidad y la credibilidad es esencial para el liderazgo. Los líderes de carácter producen organizaciones de carácter porque este, al igual que la convicción, es contagioso. Los seguidores se sienten atraídos a aquellos cuyo carácter es tal que lo desean para sí mismos.

El Dr. R. Albert Mohler Jr. es el presidente del Southern Baptist Theological Seminary(Lousville, Kentucky) y una de las voces de mayor influencia en el panorama evangélico de los Estados Unidos actualmente. El Dr. Mohler es conocido por su firme y clara defensa del evangelio y por su fidelidad a las Escrituras. Puedes seguir sus publicaciones mediante su sitio webTwitter y Facebook.

Lo fundamental del liderazgo es el carácter