Lo fundamental del liderazgo es el carácter

Lo fundamental del liderazgo es el carácter

Nota del editor: Este es un fragmento adaptado de Un líder de convicciones: 25 principios para un liderazgo relevante. Albert Mohler. B&H Publicaciones.

Los líderes no son máquinas y sus seguidores tampoco lo son. Somos seres humanos de carne y hueso que debemos realizar constantes juicios en relación con la confianza. Pareciera que existe un instinto dentro de nosotros que gravita hacia aquellos en quienes podemos confiar y que mira con cautela a los que no inspiran tal confianza. Dentro de nosotros, tenemos una especie de detector de confianza que funciona constantemente, y aprendemos a depender de él incluso desde pequeños. El liderazgo es tan antiguo como la humanidad y también lo es la preocupación por el carácter de los líderes.

Nuestra dificultad para tratar la cuestión de carácter está directamente relacionada con que no tenemos un concepto común de lo que verdaderamente implica el carácter. Este es el punto en el cual el líder cristiano debe tener un llamado al carácter mucho más profundo y urgente; un llamado al carácter que no se trate solo de una cuestión de personalidad pública, no una mera negociación con las confusiones morales de nuestra propia era. Como seguidores de Cristo, sabemos que la afirmación de que podemos tener una vida privada y una pública con diferentes términos morales no tiene legitimidad. Además, también sabemos que los términos morales a los que nos debemos no los establecemos nosotros; Dios los ha revelado en Su Palabra. «Pues como piensa dentro de sí, así es» (Prov. 23:7, LBLA).

La Biblia revela que el carácter es una condición de nuestro corazón. El Antiguo Testamento contiene las leyes mediante las cuales Israel debía aprender sobre el carácter, y el Nuevo Testamento presenta a la Iglesia como una comunidad de carácter. Jesús les dijo a Sus discípulos que debían vivir ante el mundo de modo que su carácter fuera tan evidente que la gente diera gracias a Dios.

Aquellos a quienes lideramos esperan que vivamos y lideremos en concordancia con nuestras convicciones.

Como comunidad de carácter, los cristianos debemos reflejar los compromisos morales a los cuales se nos ha llamado. Tal como Jesús dejó en claro, la credibilidad moral del evangelio depende de aquellos que han sido transformados por la gracia y la misericordia de Dios, y que demuestran esa transformación en toda dimensión de la vida. Dentro de la iglesia, el liderazgo recae sobre aquellos cuya luz brilla con integridad y poder.

La Iglesia debe vivir de acuerdo a la Palabra de Dios y del evangelio de tal manera que los demás se queden rascándose la cabeza, preguntándose cómo es posible que la gente viva así. ¿Por qué se aman los unos a los otros? ¿Por qué son tan generosos? ¿Por qué siguen casados con su primer cónyuge? ¿Por qué viven con tanto esmero? El líder eficaz sabe que las expectativas con respecto al carácter comienzan desde arriba.

Aquellos a quienes lideramos esperan que vivamos y lideremos en concordancia con nuestras convicciones. No se quedarán satisfechos con el carácter que se presente solo en público, una simulación de algo que no somos. Tienen hambre y sed de un verdadero liderazgo y de verdaderos líderes. Han visto adónde conduce el liderazgo sin un carácter recto y no quieren saber nada con él. Una vez que declaramos nuestras convicciones, se esperará que vivamos de acuerdo a ellas en público y en privado. Las convicciones vienen primero, pero el carácter es el producto de esas convicciones. Si no, nuestro liderazgo se hará pedazos y se quemará.

El carácter es indispensable para la credibilidad y la credibilidad es esencial para el liderazgo. Los líderes de carácter producen organizaciones de carácter porque este, al igual que la convicción, es contagioso. Los seguidores se sienten atraídos a aquellos cuyo carácter es tal que lo desean para sí mismos.

El Dr. R. Albert Mohler Jr. es el presidente del Southern Baptist Theological Seminary(Lousville, Kentucky) y una de las voces de mayor influencia en el panorama evangélico de los Estados Unidos actualmente. El Dr. Mohler es conocido por su firme y clara defensa del evangelio y por su fidelidad a las Escrituras. Puedes seguir sus publicaciones mediante su sitio webTwitter y Facebook.

Lo fundamental del liderazgo es el carácter

¿Para qué sirven las buenas obras?

¿Para qué sirven las buenas obras?

“Porque por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe, y esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas” Efesios 2:8-10.

Muchas Iglesias están experimentado hoy en día un despertar a las verdades del evangelio. Sin embargo, al contemplar la gracia de Dios en la salvación del hombre es fácil caer a un entendimiento incorrecto de las buenas obras. –Si las buenas obras no nos salvan— pensamos, —¿por qué debo hacerlas?—.

En este video, el pastor Justin Burkholder reflexiona sobre Efesios 2 y el propósito de las buenas obras en la vida cristiana.

 

 

¿Para qué sirven las buenas obras?

La iglesia es una comunidad, no un servicio

La iglesia es una comunidad, no un servicio

Es prudente asumir que si no participas y permaneces dentro de un cuerpo local de discípulos (o como lo conocemos: la iglesia), entonces deberías de estar preocupado acerca de tu salvación. No te preocupes: no estoy intentando argumentar que tu salvación depende de tu asistencia a un servicio o de tu presencia dentro de un edificio. Ir a la iglesia no puede salvarte. De hecho, nada de lo que tú puedas hacer puede salvarte. Por eso Jesús tuvo que hacerlo, con su muerte en la cruz. Sin embargo, lo que me gustaría explicar hoy es que si bien ir a la iglesia no es la causa de tu salvación, ser parte de una es definitivamente un resultado.

No siempre lo entendí así. Recuerdo cuando era niño discutir con mis padres sobre el porqué tenía que ir a la iglesia. Incluso les dije una vez que prefería ir al primer servicio porque “podía salir pronto de ese asunto y continuar con los propios el resto del día”. Mis padres no estuvieron muy felices cuando dije eso. Aun de niño, ¡era un terrible pecador!

Creo que la razón por la cual no comprendía el propósito de ir a la iglesia era parcialmente porque eso era exactamente lo que comprendía (o entendía mal) sobre la iglesia: un lugar para ir o un servicio al cual asistir. Sin embargo, la descripción de iglesia que observamos en la Biblia no es nada de eso. Revisa Hechos 2:42-47:

Y se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración. Sobrevino temor a toda persona; y muchos prodigios y señales (milagros) se hacían por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos y tenían todas las cosas en común; vendían todas sus propiedades y sus bienes y los compartían con todos, según la necesidad de cada uno. Día tras día continuaban unánimes en el templo y partiendo el pan en los hogares, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y hallando favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día al número de ellos los que iban siendo salvos.

Revisa también Hebreos 10:24-25:

Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca.

Por último, revisa 1 Juan 3:11-18:

Porque éste es el mensaje que ustedes han oído desde el principio: que nos amemos unos a otros. No como Caín que era del maligno, y mató a su hermano. ¿Y por qué causa lo mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas. Hermanos, no se maravillen si el mundo los odia. Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un asesino, y ustedes saben que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él. En esto conocemos el amor: en que El puso Su vida por nosotros. También nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanosPero el que tiene bienes de este mundo, y ve a su hermano en necesidad y cierra su corazón contra él, ¿cómo puede morar el amor de Dios en él? Hijos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.

¿Observas el modelo? La iglesia nunca fue algo a lo que los cristianos tenían que ir a, y no deberíamos de enseñar eso, especialmente si también creemos que el solo atender a un servicio o entrar a un edificio podría de alguna manera mediar en nuestra relación con Dios.

Ahora bien, si la iglesia no es un servicio o un edificio, entonces ¿qué es? Yo soy parte de un grupo que está plantando una iglesia en Guatemala y hay una frase que nos gusta usar para describir nuestras reuniones:

No somos un evento al que asistimos, somos una comunidad a la que pertenecemos.

La iglesia no es un edificio y tampoco es un servicio. El término “iglesia” viene de la palabra griega, ekklesiaEkklesia era una palabra que se usaba con frecuencia para expresar “asamblea” o “una reunión de personas”. Sin embargo, su uso en el Nuevo Testamento es un poco diferente. Para Pablo, la iglesia no era un edificio ni era una reunión de personas (o lo que podríamos llamar hoy, un servicio de iglesia). La iglesia eran los reunidos (o mejor dicho “los que han sido llamados a reunirse”), las mismas personas. Nuestra identidad como iglesia debe ser como la de una comunidad que está enraizada en la persona y obra de Jesucristo, en quien mora la plenitud de Dios. La iglesia son las personas. Ninguno es perfecto. En realidad, esa es la mera razón por la que podemos ser una comunidad. Podemos venir de una gran variedad de trasfondos, pero todos tendremos dos cosas en común: todos somos pecadores, y más importante, todos tenemos a Jesús.

De manera que, los cristianos no deberíamos entrar a una comunidad de discípulos esperando encontrar perfección, sino esperando ver a Jesús operando en los corazones de sus miembros. Incluso entonces, ¿es perfección lo que realmente queremos ver? ¿Cuántos de nosotros nos sentiríamos completamente fuera de lugar, inseguros e inadecuados si nos uniéramos a una iglesia y nos diéramos cuenta que nosotros somos los únicos imperfectos? ¡No nos sentiríamos bienvenidos, nos sentiríamos condenados! Sin embargo, muchos de nosotros tratamos a la iglesia de esta manera: como una reunión de domingo donde todos pretendemos ser perfectos mientras el resto de la semana nos estamos ahogando en pecado preguntándonos cómo los demás lo hacen y parece que están bien. La verdad es: nadie está bien. Cuando Jesús murió en la cruz, él hizo evidente que nadie es perfecto. Así que en lugar de actuar como que lo somos, admitamos que nadie lo es y hagamos lo que estamos llamados a hacer: amarnos los unos a los otros y buscar la santidad. Toma tiempo crecer en una iglesia. Toma más que solamente entrar al edificio, sentarse durante un servicio, y salir cuando éste ha terminado. Después de todo, no solamente requiere que compartamos el evangelio: debemos compartir nuestras vidas (1 Tes. 2:8).

El Señor ha preparado Su iglesia para ti, llena de creyentes quebrantados y que son llamados a amarte, enseñarte y ayudarte en tu caminar con el Señor. Y ¡tienes que devolverles ese amor!

Quizá es de suma importancia que recordemos que la comunión con los otros en la iglesia es otra forma de comunión con Cristo. John MacArthur lo expresa mejor cuando dice, “Cualquiera que está en comunión con Cristo debería también estar en comunión con cualquier otro que también está en comunión con Cristo”.

Por lo tanto, mi oración por ti hoy es que en respuesta al amor de Cristo y el poder del evangelio, no solo asistas a la iglesia, pertenezcas a la iglesia.

 

Steven es uno de los pastores de Iglesia Reforma. Sirve como el director de operaciones de Coalición por el Evangelio. Él vive en Guatemala con su

esposa, Gabriela. Escribe para su blog Cultiva y habla sobre temas de fe, cultura y teología en su podcast Confesiones. Puedes encontrarlo

en Twitter Instagram.

 

La iglesia es una comunidad, no un servicio

El Noviazgo de Nuestros Hijos

El noviazgo de nuestros hijos

Consejos para padres en cuanto al noviazgo de sus hijos.

Preparado en base a un curso impartido por Marcos Peña

En asociación con  Iglesia Biblica del Señor Jesucristo

Introducción

Sobre el curso 

¿Por qué dar una charla de noviazgo para padres? Porque hemos encontrado en el pasado que solo se trata el tema con los jóvenes, pero los padres que son los que tienen la autoridad final al respecto, posiblemente no han oído o leído del tema desde el punto de vista bíblico y con frecuencia tienen ideas distorsionadas o equivocadas, influenciadas por la cosmovisión secular.

Sobre Marcos Peña

Fue llamado a salvación en algún momento de su adolescencia pues su madre lo expuso desde pequeño a la Palabra de Dios. Siendo un adolescente le predicó el evangelio a otros jóvenes que posteriormente fundaron Iglesia Biblica del Señor Jesucristo en 1978. Desde los inicios de nuestra Iglesia fue uno de sus jóvenes líderes, pasando algunos años de estudios teológicos formales entre el 1979 y 1980 en el Instituto Bíblico Quisqueyano. Fue elegido como diácono en febrero de 1987 y en abril del 2001 comenzó a formar parte del cuerpo de pastores de IBSJ. Ha dado clases del Antiguo Testamento en el Instituto Bíblico Logos.

Actualmente es responsable del grupo de jóvenes, imparte clases de Escuela Dominical y predica. El pastor Marcos Peña está casado con Carmen Julia Linares y es padre de tres hijas: Ika Marcel, Jennifer y Susan.

Sobre Iglesia Biblica del Señor Jesucristo

La Iglesia Biblica del Señor Jesucristo fue fundada en Santo Domingo, República Dominicana, el 13 de agosto de 1978 en la perspectiva de glorificar al Dios de las Escrituras a través de la promoción de su adoración, la evangelización de los pecadores y la edificación de los santos.

Para más información sobre la Iglesia Biblica del Señor Jesucristo, favor visitar su página web.

PARTE UNO

Un noviazgo radicalmente diferente

Al hablar del noviazgo desde el punto de vista cristiano somos conscientes de entrar en un terreno donde no tenemos muchas directrices bíblicas específicas al respecto. Sin embargo, hay muchos principios generales que se aplican, así como también principios de sabiduría y prudencia.

Esto hace que el noviazgo de nuestros hijos sea, o deba ser, radicalmente diferente al noviazgo del mundo que nos rodea. Y, en algunos aspectos, independientemente de si son creyentes o no.

PARTE DOS

Cultivando la pureza sexual en el noviazgo

¿Pureza sexual en el noviazgo? Esto es casi ya un término obsoleto. Vivimos en una época donde las relaciones prematrimoniales son más la norma que la excepción. Pero nosotros como cristianos no podemos ni debemos aceptar ese esquema porque la Escritura tiene directrices específicas con respecto al contexto de las relaciones sexuales.

Como padres somos responsables ante Dios de todo lo que ocurre bajo nuestra esfera de autoridad/responsabilidad. Sus valores y no los del mundo deben ser nuestros valores

Eso significa que aún nuestros hijos no sean creyentes deben manejarse en sus relaciones bajo ciertos estándares, pues Dios espera y demanda de cada hombre el cumplimiento de sus principios. 

Aprendiendo de Débora

 

Aprendiendo de Débora

¿Conoces la historia de Débora? Si no la conoces en detalle, estoy segura de que por lo menos has escuchado algunas frases que tienen que ver con ella: «Levántate como Débora la guerrera»; «Déboras al frente de la batalla», «Fuimos creadas para ser mujeres guerreras». Frases como estas son el producto de una distorsión de las Escrituras, y una incorrecta interpretación de la historia de esta mujer. Es por esto que quisiera que me acompañes a conocer la historia de Débora de manera correcta.

¿Conoces la historia de Débora? Si no la conoces en detalle, estoy segura de que por lo menos has escuchado algunas frases que tienen que ver con ella: “Levántate como Débora la guerrera”; “Déboras al frente de la batalla”, “Fuimos creadas para ser mujeres guerreras”. Frases como estas son el producto de una distorsión de las Escrituras, y una incorrecta interpretación de la historia de esta mujer. Es por esto que quisiera que me acompañes a conocer la historia de Débora de manera correcta.

Un poco de su historia y contexto

Débora fue una mujer casada (Jueces 4:4), profetisa, y también jueza (Jueces 4:5). Su posición en aquel entonces tendría cierta equivalencia con la de una mujer casada y profesional en el día de hoy.

En el Israel antiguo, como su religión estaba directamente relacionada con su política, los líderes –como los reyes y los sacerdotes– siempre fueron hombres. La única excepción fue la reina Atalía, hija de Jezabel y Acab, y ella no fue nombrada como reina sino que robó el reino cuando su esposo, que era el rey, murió ¡y luego ella mató a todos los hijos de su esposo para que nadie le quitara del reino!

Este fue un tiempo oscuro en la historia de Israel, como también lo fue el tiempo de Débora. Israel había estado 200 años sin líder después de la caída de Jericó.

Débora y el diseño de Dios para la mujer

En la medida en la que vamos avanzando en la historia de Débora, quisiera que tuviéramos en mente el rol dado de parte de Dios a la mujer porque, como vimos al principio, muchos han distorsionado la historia de Débora haciendo de ella una guerrera. Si no conoces acerca del complementarianismo, te recomiendo algunos artículos como “¿Qué es eso del complementarianismo?”, “El rol de la mujer en la iglesia”, y este conversatorio, “Mi esposo es pastor: ¿por qué no soy pastora?”.

Entonces, ¿cuál es el rol que nos fue dado? Complementar a los hombres para que ellos pueden cumplir la labor que el Señor les ha asignado. Ser ayuda y columnas para ellos. Teniendo esto en mente, veamos lo que Débora hace en Jueces 4:6-7: “​Ella mandó llamar a Barac, hijo de Abinoam, de Cedes de Neftalí, y le dijo: “Esto ha ordenado el Señor, Dios de Israel: ‘Ve, marcha al Monte Tabor y lleva contigo a 10,000 hombres de los hijos de Neftalí y de los hijos de Zabulón. Y yo atraeré hacia ti a Sísara, comandante del ejército de Jabín, con sus carros y sus muchas tropas hacia el torrente Cisón, y lo entregaré en tus manos”.

Débora fue profetiza, mientras que Barac fue el guerrero. Baruc era conocedor de la guerra, y él no tenía duda de que el enemigo al que se estaba enfrentando era grande. A menos que él caminara paso a paso con Dios, le sería imposible ganar y sería un masacre para los judíos. Esta historia nos recuerda la suficiencia de Dios.

Por ser profetiza, Débora tuvo una mayor intimidad con Dios que Barac, y sabemos que él así lo reconoció: “Barac le respondió: “Si tú vas conmigo, yo iré; pero si no vas conmigo, no iré”, Jueces 4:8.

Recordemos que Israel había sido oprimido por los Cananitas durante 20 años, y el comandante de su ejército, Sisara, tenía 900 carros de hierro. Los Israelitas no tenían nada, sin embargo esta historia confirma una vez más que Dios es todo lo que necesitamos.

Los tiempos eran tan malos que esta frase era repetida varias veces a través del libro de los Jueces: “En aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que a sus ojos le parecía bien”. Ellos no tenían un líder para animarlos, para dirigirlos o para guiarlos; y los carros de hierro del enemigo eran la última tecnología de aquellos tiempos. Los judíos, que no tenían una fuerza armada, sabían que sin la intervención de Dios esto era una fuerza invencible. Barac no quería ir sin la profetiza. Él sabía que la única forma de ganar esta batalla era a la manera de Dios.

Luego vemos que Barac convocó a Zabulón y a Neftalí en Cedes, y subieron con él diez mil hombres. Débora también subió con él. “Entonces Débora dijo a Barac: “¡Levántate! Porque éste es el día en que el Señor ha entregado a Sísara en tus manos. Ya que el Señor ha salido delante de ti.” Bajó, pues, Barac del Monte Tabor seguido de 10,000 hombres”, Jueces 4:14. Entonces, ¿quién fue al área de combate?, Barac y diez mil hombres no Débora. Ella estaba comportándose como su ayuda, ayudándole oír la voz del Señor.

Madre en Israel, no guerrera

Para poder entender los tiempos tan difíciles que Israel estaba viviendo, escuchemos lo que Débora dice en Jueces 5:6-7 “En los días de Samgar, hijo de Anat, en los días de Jael, quedaron desiertos los caminos, y los viajeros andaban por sendas tortuosas. Cesaron los campesinos, cesaron en Israel, 
hasta que yo, Débora, me levanté,
 hasta que me levanté, como madre en Israel”.

Obviamente las calles eran tan peligrosas que la gente tenía miedo de salir de su casa. Y ¿cómo es que Débora se llama a sí misma? ¿La guerrera? ¿La jefa?  “…madre en Israel”. Ella conocía muy bien su rol. Aunque fue el Señor que la eligió a ella como profetiza, y Él la llamó para decirle a Barac lo que Él debería hacer, no se nota en ella un espíritu de burla por el temor que él sintió, tampoco un espíritu de mandar como jefa, o de intimidar, sino de guianza, servicio y protección, como una buena madre hace con su familia.

Viviendo en sumisión

Viendo la sumisión y el rol de ayuda de Débora para con Barac, pudieras estarte preguntándote si ella era su esposa y la respuesta es no, ella estaba casada con Lapidot (Jueces 4:4). En ella tenemos el ejemplo de que el rol de la mujer es también en sumisión a los líderes, no solamente a sus esposos, aunque el grado de sumisión será diferente según el tipo de relación.

La sumisión a tu esposo no es igual a la sumisión a tu jefe o al vecino, pero nuestra actitud debe ser de sumisión y de respeto. Ahora bien la sumisión no es solamente para las mujeres: en la Palabra también encontramos sumisión de esclavo a amo (1 Ped. 2:18) que sería el equivalente a la sumisión a nuestros jefes; hacia las autoridades (Rom. 13:1), de los creyentes entre sí (Efe. 5:21) y la más importante, de los creyentes hacia a Dios (Stg. 4:7). Si el deseo de Dios es que seamos sumisas en nuestro caminar entonces, cuando no lo soy, a quien no estoy siendo sumisa es a Dios, y entonces estoy caminado en pecado. La sumisión puede resultar difícil en ocasiones, pero en Jesús tenemos el ejemplo perfecto de sumisión al Padre, y su muerte en la cruz nos ha capacitado para que podamos seguir su ejemplo.

¿Quieres ser como Débora? Procura tener una actitud y una vida de sumisión a Dios. Sé una mujer sometida a las autoridades que Dios puso en tu vida.

De hecho, resulta muy interesante que Dios había dicho que la victoria iba ser a través de una mujer, pero esa mujer no fue Débora. Fue una mujer llamada Jael quien terminó con la vida de Sísara (Jueces 4:17-21). Pero la realidad es que la batalla no fue ganada por Jael, ni Débora, ni Barac, sino por Dios, quien orquestó a estos personajes y luego envió una fuerte lluvia para que los carros del enemigo no pudieran avanzar (Jueces 5:21).

Esa es la historia de Débora: no como nosotras queremos interpretarla sino como la Palabra nos las está mostrando. Necesitamos ser mujeres que se acerquen a las Escrituras de manera correcta, no sacando de ella lo que nosotras queremos que diga, sino lo que Él quiere decirnos.

¿Qué significa “atar y desatar”?

¿Qué significa “atar y desatar”?

Tal vez Mateo 16:19 es uno de los versos bíblicos más abusados hoy:

“Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos”.

Muchas personas creen que, con estas palabras de Jesús a Pedro como base, y por extensión a los apóstoles y a todos los demás creyentes, podemos “desatar” bendiciones para nuestras vidas y “atar” toda maldición o espíritu malo que venga contra nosotros.

No es raro oír en algunas iglesias frases como “desato prosperidad para ti”, o “ato todo espíritu de mal en este lugar”. Incluso hay quienes “atan al diablo” para que no les haga daño.

¿Es esa la aplicación correcta del pasaje? ¿A qué se refiere la Biblia por atar y desatar?

UNA AUTORIDAD DADA POR JESÚS

Para entender este versículo, primero notemos esto: Jesús dice estas palabras luego de que Pedro, representando a los doce apóstoles, confesara por revelación de Dios que Jesús es el Cristo (v. 15-17).

Como afirma el pastor y exégeta John MacArthur, en sintonía con otros estudiosos, las llaves del reino de los cielos “representan autoridad, y aquí Cristo da a Pedro (y por extensión a todos los otros creyentes) la autoridad para declarar lo que era atado o desatado en el cielo”.[1]

El erudito William Hendricksen está de acuerdo. Él escribe que “el que ‘tiene las llaves’ (ver Ap. 1:183:7) del reino de los cielos determina quién debe ser admitido y a quién se debe negar la admisión”.[2] Por otro lado, como bien comenta Jonathan Leeman,

“Algunos estudiosos bíblicos hablan acerca de atar y desatar como una actividad judicial o rabínica. Por ejemplo, el rabino decidía cuándo aplicar la ley a una persona en particular y bajo qué circunstancias. Básicamente, Jesús otorgó a los apóstoles esta clase de autoridad: la autoridad de colocarse frente a un confesante, considerar su confesión, considerar su vida y emitir un juicio oficial en nombre del cielo”.[3]

De manera que en Mateo 16:19 hay algo sorprendente: Jesús habla en representación del cielo, le dice a Pedro que su confesión vino del Padre que está en los cielos, y les da autorización a los apóstoles para también representar a Dios en la tierra, atando y desatando aquí lo atado y desatado en el cielo.[4]

En otras palabras, los apóstoles tendrían autoridad para juzgar en la tierra quién debía ser reconocido dentro del Reino de Dios y quién no. De hecho, esta autoridad se menciona otra vez en Juan 20:23, cuando Jesús le dice a los apóstoles: “A quienes perdonen los pecados, éstos les son perdonados; a quienes retengan los pecados, éstos les son retenidos”.

Si somos protestantes, esto puede sonar problemático a primera vista. Nosotros creemos que solo Dios puede perdonar nuestro pecado. No es de extrañar que la Iglesia católica romana use pasajes como estos para justificar algunas de sus enseñanzas sobre la autoridad de ella y el papado. Entonces, ¿cómo entender esto correctamente?

COMPRENDIENDO MEJOR EL PASAJE

La autoridad que Jesús dio a sus apóstoles en Mateo 16 debe entenderse según Mateo 18.[5]En este pasaje vemos cómo se aplica esta autoridad. Allí, Cristo da instrucciones no solo a los doce, sino también a las iglesias locales sobre cómo lidiar con el pecado en la iglesia:

“Si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas; si te escucha, has ganado a tu hermano. Pero si no te escucha, lleva contigo a uno o a dos más, para que toda palabra sea confirmada por boca de dos o tres testigos. Y si rehúsa escucharlos, dilo a la iglesia; y si también rehúsa escuchar a la iglesia, sea para ti como el Gentil (el pagano) y el recaudador de impuestos. En verdad les digo, que todo lo que ustedes aten en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desaten en la tierra, será desatado en el cielo”, Mateo 18:15-18 (énfasis añadido).

Esto nos enseña que la iglesia local tiene autoridad para declarar si alguien debe ser considerado como creyente o no (y por tanto miembro de ella o no), dependiendo de lo que diga la Biblia sobre el estado de esa persona, y dependiendo de si la profesión de fe de la persona es creíble. Por ejemplo, alguien que no se arrepiente de su pecado cuando se le aplica el proceso descrito en Mateo 18 deja de tener una profesión de fe creíble según la Palabra.

Como dice MacArthur:

“La suma de todo esto significa que cualquier cuerpo de creyentes debidamente constituido, actuando de acuerdo con la Palabra de Dios, tiene la autoridad para declarar si alguien es perdonado o no perdonado. La autoridad de la iglesia no es determinar estas cosas, sino declarar el juicio del cielo basado en los principios de la Palabra. Cuando hacen tales juicios sobre la base de la Palabra de Dios, pueden estar seguros de que el cielo está de acuerdo. En otras palabras, todo lo que ‘atan’ o ‘sueltan’ en la tierra ya está ‘atado’ o ‘desatado’ en el cielo. Cuando la iglesia dice que la persona que no se arrepiente está atada al pecado, la iglesia dice lo que Dios dice acerca de esa persona. Cuando la iglesia reconoce que una persona arrepentida ha sido liberada de ese pecado, Dios está de acuerdo”.[6]

Una interpretación errada de algún pasaje bíblico puede conducirnos a confusiones, y dejarnos sin entender y obedecer lo que Dios nos dice.

El siguiente ejemplo puede ayudarnos a entender mejor este asunto.[7]

Supongamos que eres colombiano y extravías tu pasaporte mientras estás en otro país. Vas a una embajada de tu nación, explicas tu caso, y ellos hacen su trabajo y concluyen que eres colombiano. Entonces la embajada te da un nuevo pasaporte. La embajada, entonces, no te hace colombiano. ¡Ya eras colombiano! Simplemente te reconoce como uno y testifica eso ante el mundo.

De igual manera, la iglesia local no te hace cristiano ni puede convertirte en uno. Pero tiene autoridad para reconocerte o no como tal. Ella puede decidir si tratarte o no como ciudadano del Reino de Dios según la Biblia. Se trata de una autoridad que ningún cristiano tiene por sí solo, y que está relacionada al tema de la membresía y disciplina de la iglesia.

Por supuesto, la iglesia no es perfecta, y a veces erramos en el ejercicio esta autoridad. En ocasiones, por ejemplo, podemos no reconocer como creyente a alguien que sí debería ser reconocido como tal. Por eso necesitamos buscar ser bíblicos en todo, de manera que los juicios que emitamos estén conformes a lo que Dios declara en el cielo.[8]

HERMANOS, USEMOS BIEN LA PALABRA

Como puedes ver, hay un abismo enorme entre la interpretación más común que se enseña en muchas iglesias sobre lo que significa atar y desatar, y lo que la Biblia en verdad enseña.

Mateo 16:19 es un texto que nos ayuda a tener un entendimiento de la iglesia más bíblico. Nos habla de la autoridad que tenemos como creyentes para recibir en el nombre de Jesús a otros creyentes en el evangelio, y para dejar de reconocer como creyentes a quienes se aparten de la verdad y no se arrepientan conforme a la Biblia.

Sin embargo, una interpretación errada de este y cualquier otro pasaje bíblico puede conducirnos a muchas confusiones, y dejarnos sin entender y obedecer lo que Dios nos dice. Esto nos recuerda la importancia de 2 Timoteo 2:15: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad”.

Gracias al evangelio de Cristo, quien vino para salvarnos y darnos comunión con Dios, tenemos su Espíritu Santo que nos guía a toda verdad, y recibimos perdón por todos nuestros pecados (incluyendo las veces que hemos usado mal la Biblia). Como pueblo redimido, tenemos la Palabra de Dios y lo necesario para profundizar en ella cada día más.

Oremos que el Señor nos conceda ser cuidadosos al leer la Biblia, de manera que podamos aplicar todo lo que nos corresponda aplicar, y enseñar todo lo que nos toca enseñar.


[1] NASBThe MacArthur Study Bible (Thomas Nelson), loc. 226741.

[2]  William Hendriksen, Comentario al Nuevo Testamento: El Evangelio según San Mateo(Libros Desafío), p. 683.

[3] Jonathan Leeman, La membresía de la iglesia (9Marks)p. 72.

[4] Ibíd, p 71. Algunas Biblias, en sus versiones de estudio o notas al pie (como LBLA), señalan que esa última frase también puede traducirse como “lo que ates en la tierra, habrá sido atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, habrá sido desatado en el cielo”. Así se hace más evidente que esto no se trata de nosotros dictando la agenda del cielo, sino del cielo dictando la agenda que se cumple en la tierra.

[5] Vale destacar que estas son las únicas dos veces que Jesús menciona en los evangelios la palabra que traducimos al español como “iglesia”.

[6] NASB: The MacArthur Study Bible (Thomas Nelson), loc. 226741.

[7] Esta ilustración está tomada y adaptada de Leeman, p. 31-32.

[8] “Jesús condenó definitivamente todo atar y desatar que fuese arbitrario, caso en que el prohibir y permitir, el excluir y admitir y readmitir equivale a una transgresión del mandamiento de Dios (15:1–20; 23:13). Cuando una persona es excomulgada injustamente, el Señor la recibe (Jn. 9:34–38)” (Hendriksen, p. 684).

 

 

 

¿Cómo debemos responder a la Palabra de Dios?

¿Cómo debemos responder a la Palabra de Dios?

Las Escrituras han estado bajo ataque desde que surgió la alta crítica en la época de la Ilustración. Distintas filosofías han cuestionado la inerrancia, infalibilidad, suficiencia de la Biblia, y el impacto de ella en las personas.

El ataque continúa hoy. El nuevo ateísmo con sus argumentos, el movimiento de la nueva era con su mezcla de prácticas orientales, o el secularismo avasallante buscan dejar a la Biblia fuera de la ecuación de la sociedad. Nos llaman a abrazar las novedades y dejar en el pasado el “opio” de la religión.

Sin embargo, es innegable el poder transformador de la Biblia en la vida de millones de personas a lo largo de la historia. En la Biblia conocemos a Dios de manera especial y por eso necesitamos responder a ella correctamente. ¿Cómo hacerlo? Primero, necesitamos mirar qué tenemos en la Biblia.

El Dios que se revela

Dios siempre se ha revelado a nosotros, empezando por su revelación en la creación. El ser humano niega esta realidad debido a su pecado, como Pablo escribe a los Romanos:

“Porque desde la creación del mundo, Sus atributos invisibles, Su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que ellos no tienen excusa. Pues aunque conocían a Dios, no Lo honraron como a Dios ni Le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido”, Romanos 1:20-21.

El rey David también habló de esto en el Salmo 19: “Los cielos proclaman la gloria de Dios” (v. 1). Sin embargo, ese salmo no solo señala la forma en que la creación habla de Dios, sino que también celebra su ley, la Palabra escrita, como otra forma en la que el Creador se ha revelado (v. 7-11). En ella aprendemos cosas sobre Él que no vemos en la creación. Por eso los teólogos hablan de la Biblia como revelación especial de Dios.

A Dios no solo le interesa que sepamos que Él ha hecho todo lo que existe, sino que también desea que conozcamos su carácter. Desea que seamos sus hijos y nos ha dado por escrito su revelación especial: la Biblia. Nota las cualidades que tiene esta Palabra de acuerdo al salmo: es perfecta, confiable, recta, clara, pura, verdadera, más deseable que el oro puro, dulce como la miel, nos advierte, y es una gran recompensa (Sal. 19:7-11).

Solo en la Escritura conocemos el evangelio que puede cambiar nuestras vidas.

Pero el Señor no se detiene allí. Él coronó esta revelación y afirmó su amor haciendo carnesu Palabra. Dios mismo ha venido a estar con los hombres. La Palabra que creó todas las cosas, que estuvo antes del principio y que sostiene todo lo que existe, se humilló a sí mismo y se hizo como uno de nosotros: “El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos Su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Jn. 1:14).

Cristo, la mayor revelación de Dios (Heb. 1:1-2), vivió de forma perfecta, se hizo hombre, fue a la cruz, y se entregó allí por nuestros pecados. “Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro. 5:8). Él no se quedó para siempre en una tumba, sino que venció a la muerte al resucitar. Ahora, tú y yo podemos conocerlo en las páginas de la Escritura.

Nuestra respuesta coherente

Solo en la Biblia podemos conocer todas estas verdades y mucho más sobre Dios. La Escritura es revelación especial de Dios para nosotros hoy. Y cuando vemos toda esta revelación, y el interés de este Dios por el ser humano —su creación más preciada—, demanda una respuesta humilde de nosotros.

Nuestra respuesta debe iniciar con una solicitud de misericordia. La revelación especial de Dios produce un reconocimiento de pecado y una respuesta en arrepentimiento y fe que solicita Su perdón. “¿Quién puede discernir sus propios errores? Absuélveme de los que me son ocultos” (Sal. 19:12).

La misma Palabra provoca que el corazón arrepentido pida ser protegido de sentirse independiente de su Hacedor: “Guarda también a tu siervo de pecados de soberbia” (Sal. 19:13). Finalmente, esa Palabra provoca en el individuo un deseo de que tanto su meditación como lo que exprese con sus labios sean agradables a su Señor (Sal. 19:14). Una maravillosa revelación de Dios demanda una humilde respuesta.

En medio de una época llena de ataques contra la Palabra de Dios, necesitamos aferrarnos a la Biblia y aprender cómo dar defensa de nuestra fe (1. Pe. 3:15), porque solo en la Escritura conocemos el evangelio que puede cambiar nuestras vidas.

Entonces, ¿qué haremos con esa Palabra? ¿No deberíamos exponernos a ella día tras día, convencidos de que no es posible vivir separados de ella? ¿No deberían estar nuestras casas, redes sociales, actividades, e iglesias saturadas de ella? ¿No deberíamos defenderla con pasión? ¿No deberíamos consumirla y someternos a ella?

¿Cuál es la voluntad de Dios para mi vida?

¿Cuál es la voluntad de Dios para mi vida?

R.C.Sproul

¿Qué dice la Biblia sobre la dirección de Dios? Dice que si reconocemos a Dios en todos nuestros caminos, Él dirigirá nuestras sendas (Pr. 3:5-6). Las Escrituras nos animan a aprender cuál es la voluntad de Dios para nuestras vidas, y lo hacemos al enfocar nuestra atención no en la voluntad de decreto de Dios, sino en la voluntad de precepto de Dios. Si quieres saber la voluntad de Dios para tu vida, la Biblia te dice: “Porque ésta es la voluntad de Dios: su santificación” (1 Ts. 4:3). Así que cuando alguien se pregunta si debe tomar un trabajo en esta ciudad o en aquella, o si casarse con Johana o Marta, debe estudiar cuidadosamente la voluntad de precepto de Dios. Debe estudiar la ley de Dios para aprender los principios por los cuales debe vivir su vida diariamente.

El salmista escribe: “¡Cuán bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los escarnecedores, sino que en la ley del SEÑOR está su deleite, y en Su ley medita de día y de noche!”. El deleite del hombre piadoso está en la voluntad de precepto de Dios, y el que se enfoca de esta manera será “como árbol plantado junto a corrientes de agua que da su fruto a su tiempo” (v. 3). El impío, sin embargo, no es así, más bien es “como paja que se lleva el viento” (v. 4).

Si quieres saber qué trabajo tomar, debes conocer los principios bíblicos a perfección. Al hacerlo, descubrirás que la voluntad de Dios es que hagas un análisis sobrio de tus dones y talentos. Entonces debes considerar si un trabajo en particular va de acuerdo a tus dones; si no va de acuerdo a ellos, no deberías aceptarlo. En ese caso, la voluntad de Dios es que busques un trabajo diferente. La voluntad de Dios también es que hagas compatible tu vocación, es decir tu llamado, con las oportunidades de trabajo que tengas, y eso requiere mucho más trabajo que usar una tabla Ouija. Significa que debes aplicar la ley de Dios a las muchas cosas de la vida.

Usualmente queremos saber la voluntad de Dios sobre el futuro, mientras que el énfasis en las Escrituras es en la voluntad de Dios para nosotros en el presente, y eso se refiere a sus mandamientos. 

Cuando se trata de decidir con quién casarte, debes mirar a todo lo que dicen las Escrituras con respecto a la bendición de Dios sobre el matrimonio. Habiendo hecho eso, quizá descubras que hay varias prospectas o prospectos que cubren los requisitos bíblicos. Entonces, ¿con quién te casas? La respuesta a eso es sencilla: cásate con quien quieras casarte. Siempre y cuando la persona que escojas esté dentro de los parámetros de la voluntad de precepto de Dios, tienes completa libertad para actuar de acuerdo a lo que te plazca, y no tienes por qué perder el sueño preguntando si estás fuera o dentro de la voluntad escondida o de decreto de Dios. Primeramente, no puedes estar fuera de la voluntad de decreto de Dios. Segundo, la única manera en que sabrás la voluntad escondida de Dios para ti hoy es esperar hasta mañana, y mañana será clara porque podrás mirar hacia atrás y saber que cualquiera cosa que sucedió es la obra de la voluntad secreta de Dios. En otras palabras, solo conocemos la voluntad secreta de Dios después de que se ha efectuado. Usualmente queremos saber la voluntad de Dios sobre el futuro, mientras que el énfasis en las Escrituras es en la voluntad de Dios para nosotros en el presente, y eso se refiere a sus mandamientos.

Siempre y cuando la persona que escojas esté dentro de los parámetros de la voluntad de precepto de Dios, tienes completa libertad para actuar de acuerdo a lo que te plazca. 

“Las cosas secretas” le pertenecen a Dios, no a nosotros. “Las cosas secretas” no nos incumben porque no nos pertenecen; son de Dios. Sin embargo, Dios ha tomado algunos de sus planes secretos y les ha quitado el secreto, y esas cosas sí nos pertenecen a nosotros. Él ha quitado el velo. A esto lo llamamos revelación. Una revelación es mostrar algo que antes estaba oculto.

El conocimiento que es nuestro a través de la revelación propiamente le pertenece a Dios, pero Dios nos lo ha dado. A eso se refería Moisés en Deuteronomio 29:29. Las cosas secretas le pertenecen a Dios, pero aquello que ha revelado nos pertenece, y no solamente a nosotros, sino también a nuestros hijos. A Dios le ha placido revelarnos ciertas cosas, y tenemos la bendición inefable de compartir esas cosas con nuestros hijos y con otras personas. La prioridad de pasar ese conocimiento a nuestros hijos es uno de los grandes énfasis en Deuteronomio. La voluntad revelada de Dios es dada en y a través de su voluntad de precepto, y esta revelación es dada para que seamos obedientes.

Como dije, muchas personas me preguntan cómo saber la voluntad de Dios para sus vidas, pero rara vez alguien me pregunta cómo puede saber la ley de Dios. La gente no pregunta eso porque sabe cómo conocer la ley de Dios: la encuentra en la Biblia. Uno puede estudiar la ley de Dios para conocerla. La pregunta más difícil es cómo podemos llevar a cabo la ley de Dios. Algunos se preocupan por eso, pero no muchos. La mayoría que pregunta sobre la voluntad de Dios quiere saber algo sobre el futuro, pero eso está cerrado. Si quieres saber la voluntad de Dios en términos de lo que Dios autoriza, de lo que a Dios le agrada, y por lo que Dios te bendecirá, de nuevo, la respuesta se encuentra en su voluntad de precepto, la ley, la cual es clara.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation.

¿Cuál es la voluntad de Dios para mi vida?

Pragmatismo Religioso

Pragmatismo Religioso

Oscar Arocha

En Grecia se le llamaba pragmático al individuo que era muy hábil en los negocios. En base a este concepto nació en los primeros años del siglo XX, en USA, una filosofía denominada pragmatismo, la cual postula lo siguiente: “Que el único criterio válido para juzgar la verdad de toda doctrina científica, moral o religiosa, se ha de fundar en sus efectos prácticos”. Para el pragmatismo, la experiencia tiene la voz o juicio final para aceptar o rechazar una idea o concepto religioso. Pero nuestro propósito presente no es discutir sobre la idea original de la filosofía pragmática, sino sobre una de sus variantes, la cual proclama que la experiencia religiosa es más importante que la doctrina bíblica.

Este pensar se ha introducido en el Cristianismo y está arrastrando no pocos al engaño. El corazón falso de entonces es el mismo hoy. El hombre no ha cambiado mucho, aun cuando experimente progresos sociales, tecnológicos y de derechos humanos. Y esa variante del pragmatismo la encontramos en este verso: “Ciertamente pondremos por obra toda palabra que ha salido de nuestra boca, para ofrecer incienso a la reina del Cielo y derramándole libaciones, como hemos hecho nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes, en las ciudades de Judá como en las plazas de Jerusalén, y tuvimos abundancia de pan, y estuvimos alegres, y no vimos mal alguno” (Jer.44:17). Nótese: “Tuvimos abundancia de pan, y estuvimos alegres, y no vimos mal alguno”. No es nuevo que hombres y mujeres estén juzgando la verdad de la religión por sus experiencias. Si el asunto funciona y te da beneficios, entonces es verdad.

Significado espiritual

Si se compara el pensar de Jeremías con ellos, notará una diferencia, la cual es ésta: El hombre de fe juzga la mente y la voluntad de Dios por lo que está revelado en Su Palabra; en cambio, el pragmático lo interpreta por lo que Dios hace en Sus obras. Ellos dicen que si tienen buenas experiencias, el Señor está con ellos. Si prosperan, si tienen grandes congregaciones, si progresan socialmente, si se les multiplican las diversiones, si logran desarrollar actividades que mantenga la feligresía contenta, es que la providencia divina obra a su favor, o que son bendiciones del amor de Dios. Así piensan.

Operación

El pragmático es como Poncio Festo (Hch. 26): su vista se enfoca básicamente en lo que a su juicio funciona. Sus mentes no dan lugar al mundo de lo invisible, sino a lo que temporalmente les beneficie. La manera cómo opera el pragmatismo es que si ven que sus acciones son exitosas, concluyen que tal conducta es correcta. En cambio, si hacen algo en la religión verdadera, en el Cristianismo, y eso no les trae prosperidad terrenal, aun cuando no tengan base bíblica para censurar lo que hacen, sospechan de la verdad: “Desde que dejamos de quemar incienso a la Reina del Cielo y de derramarle libaciones, nos falta de todo, y somos exterminados por la espada y por el hambre” (Jer.44:18). Era correcto abandonar la práctica idolátrica, sin embargo, como no les dio beneficio material, dudaron de esa buena obra. Juzgan el favor del cielo por el engrosamiento de sus bolsillos. Así una persona rolliza, su médico le prescribe rebajar de peso; antes su figura era de prosperidad, pero ahora se ve delgada, como si estuviera peor de salud cuando está mejor. La realidad de una vida no se juzga solo por la apariencia. Estando mejor es cuando se ve peor. En esta forma de pensar los sentimientos carnales suelen tener una voz de mando excesivamente fuerte, en cambio, lo que es razonable, en ellos es de voz débil. Cuando sus sentidos son afectados dudan de la verdad. Otro caso: “Ofreció sacrificios a los dioses de Damasco que le habían derrotado. Y dijo: Puesto que los dioses de los reyes de Siria les ayudan, yo también les ofreceré sacrificios, para que me ayuden a mí. Pero ellos fueron los que lo hicieron fracasar a él y a todo Israel” (2 Cr. 28:23). Rechazan la verdad, porque en no pocas ocasiones quienes viven más fieles y estrictos con la verdad son más sufridos. En cambio los más infieles tienen menos problemas. Razonan, pues, que Dios trata a los tales con más favores terrenales, y por tanto han de ser más felices. De ese modo bendicen a quienes Dios aborrece.

Empuje

Esta influencia del pragmatismo dentro del pueblo de Dios no debiera ser subestimada, ya que aun grandes Creyentes fueron casi contaminados, y hoy día no pocos de los nuestros a menudo son casi engañados. Un caso muy conocido, Asaf: “En cuanto a mí, por poco se deslizaron mis pies; casi resbalaron mis pasos, porque tuve envidia de los arrogantes, al ver la prosperidad de los impíos” (Sal.73:2-3). Aun nosotros, tú y yo somos tentados a pensar que el lado de la prosperidad es mejor que la verdad. El pragmatismo corrompe el buen juicio y se apresura a condenar al inocente: “Entonces, al recoger Pablo una cantidad de ramas secas y echarlas al fuego, se le prendió en la mano una víbora que huía del calor. Cuando los nativos vieron la serpiente colgada de su mano, se decían unos a otros: ¡Seguramente este hombre es homicida, a quien, aunque se haya salvado del mar, la justicia no le deja vivir!” (Hch.28:3-4). Al juzgar por los ojos de la cara, fueron llevados a conclusiones erradas. Juzgan la mente y voluntad de Dios por los hechos de la providencia y no por Su Palabra revelada en la Biblia. Ocurre algo todavía peor: la manera en que opera su razonamiento los conduce a dilatar el arrepentimiento: “Cuando la sentencia contra la mala obra no se ejecuta enseguida, el corazón de los hijos del hombre queda más predispuesto para hacer el mal” (Ec. 8:11). Como Dios en Su paciencia no los ha castigado, concluyen que pueden seguir haciendo mal y no serán molestados. Jeremías se topó con esta reacción de los judíos en Jerusalén.

Una tentación común

Veamos ahora el caso de un Creyente llegando a razonamientos equivocados por la influencia de este pragmatismo religioso, es decir juzgar la mente y voluntad de Dios solo por lo que está sintiendo o experimentando: “Y Gedeón le respondió: ¡Oh, señor mío! Si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Dónde están todas sus maravillas que nuestros padres nos han contado diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Ahora Jehová nos ha desamparado y nos ha entregado en mano de los madianitas” (Jue.6:13). Así no pocos de nuestros hermanos, verdaderos Creyentes, están inclinados a decir: “Si Dios me habría amado, nunca me hubiese dejado caer en una calamidad tan profunda como esta, o quizás digan de otro modo, que la aflicción que les ha caído es porque Dios no les ama”. Hermanos, si la verdadera religión no fuese asunto de fe, sería propio pensar así, o que la providencia de Dios es solo para agradar los sentidos, o juzgar el amor divino solo por nuestra experiencia. Pero no olvidemos que vivimos por fe no por los sentidos. El pragmatismo es un mal al que tú y yo estamos expuestos.

Hermano, no todo lo que brilla es oro

La prosperidad material de los incrédulos es consistente con el aborrecimiento de Dios. La prueba infalible del amor de Cristo es la salvación. Oye cómo lo dice el salmista: “Acuérdate de mí, oh Jehová, según tu benevolencia con tu pueblo; visítame con tu salvación” (Sal. 106:4). Hay un favor de Dios que es común a todas las criaturas, los bienes materiales, pero hay otro que solo da a los elegidos, quienes han conocido la salvación. Y Pablo agrega: “Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro. 5:8). No podemos decir que un perro que viva en un palacio, con abundante comida y cuidados, sea amado por Dios. ¿Cómo puedo saber si alguien ha recibido ese preciado don espiritual? La respuesta se encuentra en este texto: “Los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu” (Ro. 8:5). La naturaleza de una criatura se conoce por su alimento; los herbívoros, comen hierbas; los carnívoros, carne, y los espirituales, se alimentan de las cosas del Espíritu. Amén.

​Oscar Arocha es pastor de la Iglesia Bautista de la Gracia en República Dominicana. Es profesor de Eclesiología, Homilética y Teología Pastoral en la Academia Ministerial de la Gracia en Santiago. Ha sido conferencista en diferentes ciudades de América Latina. Sus predicaciones y doctrinas son difundidas cada semana en emisoras de Radio y Televisión. Puede encontrarlo en Twitter.

¿Cuál es la edad correcta para casarse?

¿Cuál es la edad correcta para casarse?

 

La Biblia no nos habla de una edad exacta para casarse. Nos habla de la belleza y el propósito de Dios en el matrimonio.

Para saber si es el tiempo de casarse, cada joven debe sumergirse en las Escrituras, buscar el consejo de sus padres, buscar el consejo de sus pastores porque, como dicen las Escrituras, en la multitud de consejeros está la sabiduría.

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