Aconsejando efectivamente a las ovejas | Luis Méndez

Aconsejar es el proceso por el cual buscamos la ayuda y dirección de Dios en una circunstancia particular. Más específicamente, la consejería bíblica provee esa ayuda primordialmente mediante el uso y aplicación de las Escrituras. Todo creyente es parte de un proceso de discipulado donde experimenta crecimiento en santificación progresiva. Pero la consejería es un proceso enfocado para tratar una necesidad particular. Algunos lo llaman un proceso de discipulado intensivo.

La fuente y el agente de la consejería
En Romanos 15, Pablo explica dos elementos clave del proceso de consejería. En el verso 4 el apóstol describe el primer elemento del proceso: la fuente. Él dice: “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que, por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Ro. 15:4). En otras palabras, el proceso de llevar esperanza a un alma necesitada dependerá esencialmente de ministrar las Escrituras. Esa es la fuente por la cual Dios da gozo, consuelo, fortaleza, y guía. ¡Esa distinción es importante! Aunque, como seres humanos, nuestras palabras pueden mostrar afecto y atención, la realidad es que el alma solamente podrá ser sanada y fortalecida si es expuesta a la Palabra de Dios. En adición a la fuente, Pablo también describe el segundo gran elemento del proceso: el agente de la consejería, que es el Espíritu Santo. En el verso 13 el apóstol declara: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Ro. 15:13). En otras palabras, el proceso de llevar esperanza a un alma necesitada dependerá de la intervención particular del poder del Espíritu Santo. Ese es el agente por el cual Dios aplica la Palabra al corazón. Entonces ahí está la combinación. Por un lado tenemos la Palabra inspirada y por el otro tenemos al Espíritu Santo. A manera de resumen, la consejería bíblica es:

El proceso por el cual un creyente (consejero) toma la Palabra de Dios,
la enseña de manera sistemática a otra persona en necesidad (el aconsejado),
y mediante oración se encomiendan a la obra del Espíritu Santo para encontrar la ayuda necesaria.
¡Hablamos, entonces, de teología aplicada! Dicho lo anterior, es obvio que el proceso de consejería bíblica comienza en Dios y termina en Dios. Nosotros somos instrumentos en las manos de un Dios redentor. ¡El que sana es el Señor! Nuestra labor es acercar a los necesitados a Jesús para que Él pueda sanarles Necesitamos humildad y fe para confiar en el poder de Dios, y necesitamos gracia para amar las almas necesitadas.

El proceso comienza en Dios y termina en Dios. Nosotros somos instrumentos en las manos de un Dios redentor. ¡Quien sana es Dios!

Siendo efectivos al aconsejar
A continuación veremos algunos consejos prácticos que nos ayudarán a realizar la consejería bíblica de una manera más efectiva y ordenada. 1. Comienza contigo mismo. Necesitamos ser gente que practica la piedad (1 Ti. 4:8). Si queremos ser usados por Dios, debemos cultivar el gozo de su presencia. Tenemos un llamado que demanda una vida de santidad. Debemos ser gente sensible a la voz del Espíritu para apartarnos del pecado y llenarnos de la Palabra para cultivar fe en sus promesas. Necesitamos la gracia de Dios que nos mantenga cerca de Él. No me refiero a ser completamente perfectos, sino a vivir buscando tener una limpia conciencia delante de Dios y de los hombres (1 Pe. 3:21). Esa santa dependencia en Dios nos hará hombres más sensibles a la hora de recibir sabiduría de Dios, para luego transferirla a otros. 2. Encuentra ayuda en la oración. Esto incluye un tiempo de oración individual y junto con el aconsejado. La oración nos hace conscientes de nuestra necesidad, y al mismo tiempo nos hace conscientes del poder de Dios. Es un simple reconocimiento de nuestra absoluta dependencia de Él. Muchas de las dificultades que enfrentamos en este mundo son parte de la lucha espiritual, y la oración es una de las armaduras que Dios ha provisto para combatir adecuadamente. Cuando el apóstol Pablo quiso ilustrar la necesidad de ser protegidos por el poder de Dios en medio de nuestras luchas, lo expresó así: “Con toda oración y súplica orad en todo tiempo en el Espíritu, y así, velad con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Ef. 6:19).

Muchas de las dificultades que enfrentamos en este mundo son parte de la lucha espiritual, y la oración es una de las armaduras que Dios ha provisto para combatir adecuadamente.

  1. La preparación es clave. Si la consejería se realiza de manera formal como parte del ministerio de la iglesia, será muy útil tener formularios de información que puedan ayudar a entender con antelación la necesidad del aconsejado. Esto ayudará también a disponer de recursos de lectura que puedan ser asignados esta persona. Si la consejería se realiza de manera informal, será recomendable disponer de un lugar apropiado que permita la suficiente privacidad. La idea es que dejemos en claro que se le ha dado la debida importancia a la necesidad del aconsejado, independiente del lugar donde la consejería suceda. 4. Concéntrate en entender el problema. Aprender a hacer buenas preguntas es una parte crucial del proceso de la consejería. Debemos entender la historia del aconsejado y procesarla juntos. Usualmente las preguntas que requieran una explicación extensa son las mejores. Por ejemplo: ¿Qué pasó? ¿Cuándo pasó? ¿Cómo pasó? ¿Por qué hiciste lo que hiciste? ¿Por qué piensas así? Más que ser muy técnicos, debemos orar por un deseo de conocer y ayudar al aconsejado. Aquí se demuestra nuestro sincero interés hacia él. Debemos escuchar y leer el lenguaje no verbal, los gestos y reacciones, pues esto nos ayudará grandemente a discernir la realidad del problema. Entender la problemática nos tomará tiempo, y muy probablemente serán necesarias varias sesiones de trabajo. Para resolver un problema debemos asegurarnos de entenderlo apropiadamente, de lo contrario corremos el riesgo de convertirnos en necios. Proverbios 18:13 advierte claramente: “El que responde antes de escuchar, cosecha necedad y vergüenza”. 5. Escudriña la Palabra. Aunque la consejería no debe ser mecánica, ayuda mucho estudiar previamente algunos pasajes específicos, sobre todo para la primera sesión, ya que en esta el aconsejado usualmente viene más desanimado y necesitado. Este material se convierte en una especie de devocional para llevar las almas necesitadas a Dios. Al fin de cuentas, lo que sana es la Palabra. Así que independientemente de cómo progrese la conversación con el aconsejado, siempre debe haber un momento para ministrar la Palabra. Este es el momento más importante. Es una contradicción cuando se habla de consejería bíblica y no hay espacio para ministrar la Palabra. ¡Tiene que haber un momento cuando callemos y demos paso a que Dios hable! Como consejeros debemos aplicarnos de manera intencional para conocer nuestra Biblia lo mejor que podamos. Ella es la principal herramienta y arma ofensiva que tenemos (Ef. 6:17), por lo que debemos ser gente que conoce, estudia, entiende, y aplica la Palabra (Jn. 5:39; 10:17, 2 Ti. 3:16).

Debemos aplicarnos de manera intencional para conocer nuestra Biblia lo mejor que podamos. Ella es la principal herramienta y arma ofensiva que tenemos, por lo que debemos ser gente que conoce, estudia, entiende, y aplica la Palabra.

  1. Provee esperanza. Al final del día, en medio de una dificultad, lo que nos sostendrá es el ver a Dios. Un escenario, sin importar la condición, no estará completo si no somos capaces de ver a Dios en él. La consejería tiene como propósito principal llevarnos a Dios, sea para confiarle nuestros momentos de aflicción o para temerle en momentos de desobediencia.

La consejería tiene como propósito principal llevarnos a Dios, sea para confiarle nuestros momentos de aflicción o para temerle en momentos de desobediencia.

Dios es nuestra porción, y nuestra alma no será sanada hasta que seamos acercados a Él. En los casos de aflicción, el consuelo no vendrá cuando se resuelva el problema, sino cuando seamos capaces de ver a Dios en medio del problema. En Lamentaciones 3 encontramos esa preciosa transición del desconsuelo a una esperanza viva. Luego de narrar uno de los cuadros más desconsoladores en la Biblia, encontramos esta declaración:

“Esto traigo a mi corazón, por esto tengo esperanza: Que las misericordias del Señor jamás terminan, pues nunca fallan sus bondades; son nuevas cada mañana; ¡grande es tu fidelidad! El Señor es mi porción —dice mi alma— por eso en El espero. Bueno es el Señor para los que en El esperan, para el alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación del Señor”, Lamentaciones 3:21-26.
En medio de nuestras angustias necesitamos acercarnos a Dios para alcanzar esa esperanza que da fuerza para seguir esperando en Él. 7. Dale seguimiento al aconsejado. Nuestro enfoque al aconsejar no son los efectos, sino las causas. Muy pocas veces un problema requerirá de una sola sesión. Debemos aprender a elaborar una agenda de trabajo de acuerdo a los problemas identificados. Las dificultades que confrontamos en la vida están intrínsecamente relacionadas con nuestro corazón. Lo que vemos usualmente son los efectos, pero la causa siempre es más profunda y está ligada a lo que amamos en el corazón. Nuestro Señor Jesucristo lo ilustró de esta manera:

“Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre”, Mateo 7:21-23.
Nuestro enfoque al aconsejar no son los efectos, sino las causas.

  1. Asigna tareas. Una manera de llegar a la causa del problema es asignando tareas. Además de que esto ahorrar un tiempo significativo en la sesión, las tareas proveen un mecanismo extraordinario para que el aconsejado pueda profundizar en las verdades consideradas, y al mismo tiempo facilitan un mecanismo de seguimiento durante el proceso. Las asignaciones deben ser lo más específicas posible. Por ejemplo:

Escribe 20 cosas que aprendiste del devocional que hicimos hoy.
Dame 15 sugerencias prácticas de cómo piensas mostrar tu amor a tu cónyuge esta semana.
Lee un pasaje asignado tres veces durante la semana y trae diez observaciones sobre eso.
Para una pareja con problemas en la relación, quizá pueda ser útil guardar un diario que registre sus conflictos durante la semana, que incluya:

Cuándo sucedió el problema.
Qué pasó exactamente.
Dónde paso.
Cómo lo resolvieron.
Etc.

  1. Algunas precauciones necesarias. Siempre es necesario cultivar algunas medidas de precaución. Una de ellas llene que ver con la consejería a una persona del sexo opuesto. En el caso de un pastor, lo ideal sería que equipemos a nuestras hermanas más maduras en la fe para ejercer este rol. Cuando sea inevitable aconsejar una mujer, lo más sabio es incluir a tu esposa o alguna otra hermana de madurez espiritual, para evitar cualquier conexión emocional incorrecta. Por otro lado, recordemos que nuestro rol es llevar al aconsejado a Cristo. Él es el Gran Pastor. Debemos de tener cuidado de no cultivar en nuestros aconsejados un sentido de codependencia que haga difícil su crecimiento natural con Cristo. Nuestro principal rol es ayudarles a crecer, no establecer un control desmedido sobre ellos. Aunque el ámbito de la consejería bíblica demanda cada vez mayor entrenamiento y preparación, debemos entender que aconsejar es un deber que todo verdadero creyente debe ser capaz de ejercer. Todo discípulo de Cristo debe ser un discipulador, porque tiene la Palabra inspirada y también al Espíritu. En ese sentido, los líderes de las iglesias debemos de ser más intencionales, no solo en prepararnos mejor, sino también en equipar a otros en nuestras iglesias para que puedan cumplir la obra del ministerio (Ef. 4:12). Que el Dios de toda gracia nos conceda ser una generación donde, como parte del crecimiento natural que experimentamos como creyentes, su Palabra sea aplicada, su cruz exaltada, y su nombre glorificado.


Luis Méndez es pastor, sirve como consejero pastoral desde hace más de una década. Fue el director Pastoral del Ministerio Hispano de la iglesia Bethlehem, en Minnesota (Estados Unidos), hasta entrar al cuerpo pastoral de la Iglesia Bautista Internacional en Santo Domingo, República Dominicana. Puedes encontrarlo en Twitter: @luisdvilma.

Ebook gratis: Tres días que cambiaron la historia | Sugel Michelén

Nota del editor: En Coalición por el Evangelio estamos felices de presentarte para descarga gratuita: TRES DÍAS QUE CAMBIARON LA HISTORIA, un ebook nuevo escrito por el pastor Sugel Michelén, ideal para leer en Semana Santa. Aquí tienes el pdf de este recurso: Haz clic para acceder a ebook-semana-santa.pdf. Oramos pueda ser de edificación para ti y te invitamos a compartir con otras personas.

En Coalición por el Evangelio estamos felices de presentarte para descarga gratuita Tres días que cambiaron la historia: Del huerto a la tumba vacía, un ebook nuevo escrito por el pastor Sugel Michelén, ideal para leer en Semana Santa. Aquí tienes el prefacio de este recurso, que oramos pueda ser de edificación para ti y te invitamos a compartir con otras personas.

En la mañana del 11 de enero del año 49 a. C., Julio César se encontraba con su ejército a orillas del río Rubicón, que señalaba el límite entre la Galia Cisalpina e Italia. Según la ley romana, si un general traspasaba ese límite con sus tropas armadas sería declarado enemigo público de la República. César estaba consciente de que cruzar el Rubicón con sus legiones sería interpretado como una declaración de guerra. 

Finalmente, y después de un momento de duda, César dijo a sus soldados: «Alea iacta est», frase en latín que significa «la suerte está echada». El paso del Rubicón provocó una guerra civil que duraría cuatro años y marcaría el final de la República romana para dar paso al imperio. Cuando César entró en Roma, se hizo declarar cónsul y dictador perpetuo. Con el paso del tiempo, «cruzar el Rubicón» vino a significar el hecho de tomar una decisión irrevocable de serias consecuencias.

Nos encontramos con el cruce del Rubicón en la vida de Jesús al llegar al capítulo 11 del Evangelio de Marcos. Por más de tres años, el Señor había estado enseñando la Palabra y haciendo milagros en Israel, pero ahora se encontraba en el principio del fin de Su ministerio terrenal. Su entrada a Jerusalén el llamado domingo de ramos habría de provocar una reacción en cadena —planeada desde la eternidad por el Dios soberano— que culminaría con Su muerte en la cruz del calvario, durante la fiesta de la Pascua.

De modo que, a diferencia de Cesar, el Señor no entró en Jerusalén como un dictador dispuesto a aplastar toda resistencia, sino como un Rey que asume la posición de un siervo para dar Su vida en rescate por muchos. No llegó a Jerusalén rodeado de ejércitos armados, sino montado en un pollino, acompañado de Sus discípulos y de una multitud que le aclamaba sin tener un entendimiento claro de la naturaleza de Su reino.

Esa cruz en la que murió nuestro Señor es el punto focal de toda la historia humana

César entró en Roma para gobernar el Imperio con mano de hierro; Cristo entró en Jerusalén para ser entregado a un procurador romano por los líderes religiosos de Su nación y ser condenado a muerte, durante una fiesta judía en la que miles de corderos eran sacrificados conforme a la ley mosaica. Todos esos corderos inmolados señalaban a ese gran sacrificio que habría de ocurrir ese próximo viernes, cuando el Señor Jesucristo fuera llevado a la cruz como el verdadero cordero pascual que quita el pecado del mundo. 

Esa cruz en la que murió nuestro Señor es el punto focal de toda la historia humana. La línea divisoria entre los que se salvan y los que se pierden; entre el cielo y el infierno. Por eso los evangelistas dedican tanto espacio a los eventos que ocurrieron en esa última semana. Mateo dedica un cuarto de su Evangelio a esa pequeña porción del ministerio terrenal de Jesús. Marcos le dedica un tercio; Lucas un quinto, y Juan la mitad de su Evangelio. Así de importante son estos últimos días. Si sumamos el contenido de los cuatro evangelios, hacen un total de ochenta y nueve capítulos, treinta de los cuales se enfocan en estos siete días. En otras palabras, más de un tercio de los cuatro evangelios está dedicado a narrar con lujo de detalle lo que sucedió durante la semana de la pasión.

En este libro digital que tienes en la mano, me propongo observar contigo tres de las escenas que nos ayudarán a entender la importancia y el significado de esa muerte, acompañada del evento más glorioso de la historia redentora: la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Es mi anhelo y oración que el Señor use estas breves meditaciones para llevar a muchos a decir como Pablo, que «el amor de Cristo nos apremia, habiendo llegado a esta conclusión: que Uno murió por todos, y por consiguiente, todos murieron. Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos» (2 Co 5:14-15).

​Sugel Michelén (MTS) es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Ha sido por más 35 años uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde tiene la responsabilidad de predicar regularmente la Palabra de Dios. Es autor de varios libros, incluyendo De parte de Dios y delante de Dios El cuerpo de Cristo. El pastor Michelén y su esposa Gloria tienen 3 hijos y 5 nietos. Puedes seguirlo en Twitter.

Necesitas una iglesia presencial, no una virtual | Marcos Peña

Marcos Peña

Nota del editor: Este artículo es un resumen de las notas para este sermón predicado en la Iglesia Biblica del Señor Jesucristo (República Dominicana).

Debemos agradecer al Señor por permitirnos vivir en este tiempo de avances tecnológicos durante la pandemia, en el que las iglesias han podido mantener cierto tipo de contacto unos con otros y recibir la enseñanza de la Palabra en cualquier lugar donde se encuentren.

Sin embargo, algo tan bueno puede ser convertido en algo malo por nuestro pecado. En este caso, cuando queremos establecer una excepción como la regla. Me refiero al hecho de haber escuchado que algunos creyentes en diversos lugares se acostumbraron tanto a los cultos virtuales, que ahora no solo no añoran las reuniones presenciales, sino que sueñan con que la iglesia siempre sea virtual por las “comodidades” que esto brinda.

¿Por qué decimos que esto es malo? Porque la propia naturaleza de la iglesia implica reuniones e interacción presencial entre sus miembros.

Miembros de un cuerpo

La Biblia usa diferentes metáforas para referirse a la iglesia, y una de las más usadas es la de un cuerpo cuya cabeza es el Señor Jesucristo (1 Co 12:12-27; Ro 12:4-5). De hecho, el apóstol Pablo usó en sus cartas la palabra “cuerpo” más de 30 veces para ilustrar a la iglesia funcionando.

¿Qué enfatiza esta metáfora? Enfatiza que, aunque los creyentes somos muchos miembros diferentes y con diversas funciones, pertenecemos a una unidad como cuerpo.  De hecho, una unidad que carece de diversidad no será capaz de funcionar como un cuerpo orgánico (1 Co 12:19). Por tanto, tenemos la responsabilidad de usar nuestros dones sin importar que tan insignificantes puedan parecernos. Dios espera de cada miembro la misma fidelidad y rendimiento.

Aunque los creyentes somos muchos miembros diferentes y con diversas funciones, pertenecemos a una unidad como cuerpo

 Al mismo tiempo, como miembros del cuerpo no somos independientes. Dependemos de la cabeza, quien es Cristo. Él es soberano y propietario de la iglesia. Él provee al cuerpo de todo lo necesario para subsistir (Col 2:19; Ef 4:15). Es en virtud de nuestra unión con Cristo que podemos crecer como cuerpo. Él es quien brinda simetría y dirección al cuerpo, capacitándolo para servirle y que le seamos útiles.

Pero no solo dependemos de Cristo. También dependemos de los demás miembros del cuerpo, pues tenemos con ellos una interrelación vital (1 Co 12:21). Cuando cada miembro de la iglesia emplea bien los dones que el Señor le ha dado, la iglesia funciona eficazmente para el bien de todos (Ef 4:15-16). Así que la interacción entre las partes del cuerpo es indispensable. La iglesia, como el cuerpo humano, es una unidad viva. Es un organismo y el bienestar o malestar de sus miembros afecta al todo (1 Co 12:26).

Por lo tanto, no tenemos la más mínima probabilidad de sobrevivir separados de la cabeza y de los demás miembros. Necesitamos desarrollar comunión con Cristo, y esto puede ser obvio para muchos. Pero de igual modo necesitamos desarrollar nuestra comunión con los hermanos. Es a través de ellos que Cristo suplirá lo que nos falta.

Nos necesitamos unos a otros

El deseo de independencia en los miembros es dañino, pues es contrario al verdadero cristiano. Lamentablemente, es fácil ser muy independientes cuando solo nos relacionamos virtualmente con los demás.

Así como cada uno de nosotros necesita de los demás miembros, los demás miembros también necesitan de nosotros. Es nuestra responsabilidad cumplir nuestra función en el cuerpo. Debemos estar comprometidos con el buen funcionamiento de toda la iglesia, ya que cuando nos negamos a ser parte de la vida de la iglesia, la estamos privando de aquello que Dios quiso darle a través de nosotros (1 Co 12:7).

La idea que el Señor tiene de su iglesia requiere la interacción y presencia física de sus miembros

 

Tristemente, el egocentrismo de nuestra época hace que muchos se acerquen a la iglesia como se acercan a un buffet: eligen lo que les gusta y desechan todo lo demás. Este egocentrismo lleva al hombre posmoderno a un fuerte individualismo, por lo que el concepto de ser parte de una comunidad (con todo lo que eso conlleva) es difícil de aceptar. Es la misma razón que lleva a una pareja a vivir juntos sin casarse, pues así ambos reciben los beneficios sin ningún tipo de compromiso.

Queremos escuchar buena predicación de la Palabra, participar del compañerismo de algunos y disfrutar las alabanzas de la iglesia (si ellas nos gustan, pues de lo contrario escuchamos solo el sermón). Todo ello sin comprometernos como miembros.

La visión de la Escritura es otra: cada creyente guarda una relación íntima con Cristo y los demás creyentes. Por eso se nos ordena amarnos unos a otros (Ro 12:10), edificarnos unos a otros (1 Ts 5:11), animarnos unos a otros (1 Tes 5:11), tener preferencia los unos por los otros (Ro 12:10), aceptarnos unos a otros (Ro 15:7), amonestarnos unos a otros (Ro 15:14), saludarnos unos a otros (Ro 16:16), servirnos unos a otros (Gá 5:13), sobrellevar las cargas los unos con los otros (Gá 6:2), y soportarnos unos a otros (Ef 4:21).

¿Se puede hacer todo eso efectivamente de manera virtual?

Es cierto que ningún creyente está obligado a ser miembro de una iglesia local en particular, pero todo creyente debe ser parte de un cuerpo local. Si su conciencia no le permite delante de Dios ser parte de un cuerpo específico, tiene la libertad y el deber de buscar a cuál cuerpo local quiere pertenecer. Lo que no es correcto es pretender ser miembro de un cuerpo y comportarse como si no perteneciera a él.

Lo virtual no se compara a lo presencial

Gracias a la tecnología, muchas iglesias han estado celebrando sus servicios por Internet, de manera virtual. Aunque esto puede ayudarnos en este tiempo, nunca podrá compararse a las reuniones presenciales. La idea que el Señor tiene de su iglesia requiere la interacción y presencia física de sus miembros, y muchos de los mandamientos “unos a otros” asumen el roce presencial de los hermanos y son difíciles de cumplir virtualmente.

Soñar con una iglesia virtual es fallar en entender la naturaleza de la iglesia

 Además, lo virtual tiene complicaciones. Es más fácil distraernos con llamadas o mensajes, o poner el sermón en pausa para hacer otra cosa. Estamos acostumbrados a ver todo tipo de cosas por Internet solo para entretenernos. Corremos el peligro de olvidar qué significa reunirnos como pueblo para escuchar la voz de Dios a través de la predicación.

Soñar con una iglesia virtual es fallar en entender la naturaleza de la iglesia y lo que dice Hebreos 10:24-25: “Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros , y mucho más al ver que el día se acerca”.

Las Escrituras ordenan a cada creyente a que se involucre profundamente en la vida de los demás. Si no consideramos o planeamos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, y hacerlo de todo corazón, entonces estamos desobedeciendo al Señor. Necesitamos a los demás para crecer como Dios espera y para vencer el pecado, y es muy difícil hacer esto virtualmente.

Aprecia la reunión presencial de tu iglesia

Sabemos que hay hermanos con condiciones particulares de fragilidad (ancianos o con condiciones médicas previas) que los lleva a ser prudentes y no exponerse mientras exista, temporalmente, un serio riesgo de contagio. Sin embargo, es lamentable oír de algunos creyentes que van a sus trabajos, al supermercado, o salen de sus casas para hacer diligencias, pero dicen no asistir a la iglesia por la pandemia. Ese cuidado selectivo puede denotar una condición peligrosa del corazón.

Hay hermanos en diferentes partes del mundo que se reúnen clandestinamente sabiendo que ponen en juego sus vidas, mientras muchos de los que viven en países donde hay libertad de culto escogen las reuniones virtuales. Y conocemos a hermanos y familias que cada domingo manejan una hora o más con tal de congregarse en una buena iglesia, en lugar de conformarse con ver los cultos por Internet.

Menospreciar la importancia de ser dependiente de una iglesia local no está en armonía con la mente y el corazón de Dios

 

Así que una cosa es reunirnos virtualmente por razones de salud, y otra muy diferente por comodidad. Menospreciar la importancia de ser dependiente de una iglesia local no está en armonía con la mente y el corazón de Dios. Es por eso que me encantó una carta que el pastor Gerson Morey envió a su iglesia, donde decía:

“Extraño los abrazos, los saludos, las conversaciones, las bromas, y todo lo que hacemos juntos. Es lo que el salmista describía: ‘Habitar los hermanos juntos en armonía’ (Sal 133:1). Ese día será hermoso, como cada domingo o cada vez que nos reunimos…

Las llamadas, los mensajes de texto, los saludos por las redes, y las reuniones por Google Hangouts son una gran herramienta; pero nunca reemplazarán los saludos, los abrazos, el café, el gozo y la emoción que experimentamos al estar presentes.

Hablar en persona con los hermanos es un suceso sin comparación. Esa sensación de pertenencia, de bienestar, de comodidad que se siente cuando estamos juntos son privilegios de los que la tecnología no dispone. Los abrazos son experiencias extrañas para nuestros teléfonos. El toque personal y la mirada a los ojos son eventos únicos e irremplazables”.

Somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. Por lo tanto, vivamos de acuerdo a esta verdad. Solo así la iglesia de Cristo crecerá saludablemente.

Marcos Peña ha sido parte del liderazgo de la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, desde sus inicios. Tiene estudios teológicos formales del Instituto Bíblico Quisqueyano, y ha dado clases de Antiguo Testamento en el Instituto Bíblico Logos. Actualmente sirve como líder del grupo de jóvenes en su iglesia, es maestro de Escuela Dominical y predicador. Está casado con Carmen Julia Linares, y es padre de tres hijas: Ika Marcel, Jennifer y Susan.

Martyn Lloyd-Jones sobre los ingredientes de un avivamiento verdadero | Ben Bailie

Martyn Lloyd-Jones sobre los ingredientes de un avivamiento verdadero |

Por Ben Bailie

El 6 de febrero de 1925, un joven de veinticinco años, miembro del Royal College of Physicians (Colegio real de médicos, en el Reino Unido), pronunció una conferencia polémica titulada «La tragedia de la Gales moderna». Allí fueron objeto de censura los banqueros, los educadores y la «gran abominación» de los predicadores-políticos, al igual que las medias de seda, la radio inalámbrica y las personas que se bañaban a diario. Sin embargo, la «tragedia» de la Gales moderna era en esencia sobre la creciente incompetencia de la iglesia y su decreciente vitalidad. El doctor Martyn Lloyd-Jones lamentó la insignificancia espiritual de las iglesias y la debilidad espiritual de la predicación del momento. Su diagnóstico del cuerpo de Cristo en Gales era que estaba con respiración asistida y necesitaba reanimación.

Ese diagnóstico nunca cambió. Durante los siguientes cincuenta y cinco años, Lloyd-Jones amplió su diagnóstico para incluir al cuerpo de Cristo en todo el mundo de habla inglesa. Tanto si hablaba como médico o como pastor, la necesidad de avivamiento dominó su vida ministerial.

Cada semana, en las reuniones de oración de su iglesia y regularmente en sus sermones, llamaba a su congregación y a la iglesia en general a buscar al Señor y a buscar un avivamiento. A menudo decía cosas como: «Si tengo algún entendimiento de los tiempos, si tengo algún entendimiento de la enseñanza bíblica concerniente a la naturaleza de la iglesia y la obra del Espíritu Santo, no dudo en afirmar que la única esperanza para la iglesia en el tiempo presente yace en un avivamiento».

Esta era la necesidad suprema de la iglesia en el siglo XX.

Definición de avivamiento

Lloyd-Jones nunca escribió una exposición sistemática sobre el avivamiento. La articulación más completa de su teología de los avivamientos se encuentra en los veinticuatro sermones (en inglés) que predicó en 1959 para conmemorar los cien años del gran avivamiento transatlántico de 1859. En esta serie desarrolla y explora temas que mencionaría cientos de veces. Pero el mejor lugar para comenzar con su teología del avivamiento es un sermón de Efesios 4:4-6, predicado el 9 de junio de 1957.

Cada semana, Martyn Lloyd-Jones llamaba a su congregación y a la iglesia en general a buscar al Señor y a buscar un avivamiento.

En este sermón (en inglés), distingue entre las operaciones normales del Espíritu Santo, sobre las que predicó la semana anterior, y la obra extraordinaria del Espíritu Santo. Allí define el avivamiento como el Espíritu obrando en una medida extraordinaria. Es una repetición, hasta cierto punto, de lo que ocurrió en Pentecostés, cuando el Espíritu Santo cayó de forma poderosa sobre numerosas personas simultáneamente.

Según Lloyd-Jones, un avivamiento tiene dos propósitos: «Los que están dentro de la iglesia son elevados a un nuevo nivel de experiencia y comprensión […] y los que están fuera son convertidos y atraídos». Ambos elementos son importantes. Para los que están en la iglesia, hay un nuevo nivel de comprensión de las verdades doctrinales y una poderosa experiencia de la presencia manifiesta del Señor. Para los que están fuera, hay un poderoso encuentro evangelístico con el Dios vivo.

Lloyd-Jones creía que un avivamiento es una obra extraordinaria del Espíritu Santo porque está marcado por esta misteriosa manifestación de la presencia de Dios. No es algo que podamos fabricar o promocionar. Un avivamiento es el descenso especial y soberano del fuego del Espíritu Santo; nuestra labor simplemente es buscarlo. Podemos construir un altar como Elías en el monte Carmelo, pero solo Dios puede enviar el fuego.

Deseando un avivamiento

Pero ¿cómo construimos un altar? ¿Cómo buscamos la presencia especial y manifiesta de Dios?

Aunque Lloyd-Jones creía que Pentecostés es el paradigma, en su serie sobre el avivamiento utiliza Éxodo 33 como texto clave para ilustrar qué es el avivamiento y cómo debemos buscarlo. Predicó ocho sermones sobre Éxodo 33, estableciendo cuatro etapas esenciales para aquellos que desean un avivamiento.

Etapa 1: Reconocer la necesidad, confrontar el pecado (Éx 32:30-33:3)

Moisés tuvo que encontrarse cara a cara con la verdadera condición espiritual del pueblo. Asume la responsabilidad de su estado espiritual y de su pecado colectivo, se pone en la brecha y predica la verdad, aunque no reaccionen favorablemente. Esto es exactamente lo que Lloyd-Jones trató de hacer en los primeros siete sermones de su serie sobre el avivamiento.

Inició con un sermón (en inglés) sobre Marcos 9:28-29, ya que creía que el fracaso de los discípulos para sanar al muchacho poseído por un demonio ilustra el fracaso actual de la iglesia. No se dan cuenta de que esta clase solo puede salir mediante ayuno y oración. El demonio está demasiado adentro. Los métodos y las estrategias que trajeron éxito ministerial en generaciones anteriores no van a satisfacer la necesidad del caso presente.

Etapa 2: Lamento por el pecado (Éx 33:4)

La segunda etapa es cuando el pueblo comienza a afligirse por la ausencia de Dios (en inglés). Una vez que se dan cuenta de su situación, una vez que se ven confrontados con su pecado y amenazados por la ausencia de Dio, se lamentan. No se conformarán con la tierra prometida sin Dios. Se dan cuenta de la gravedad de su pecado y se convencen de que todas sus bendiciones son inútiles sin Su presencia. Porque, ¿de qué servirían la prosperidad y la opulencia exteriores sin Dios? «Si no vienes con nosotros, no nos saques de aquí», se convierte en su clamor.

Las preguntas clave en esta etapa son: «¿Conocemos a Dios? ¿Está con nosotros? ¿Irá Dios con nosotros a la tierra? Si no está realmente entre nosotros, entonces por muy espléndida que sea la tierra de la leche y la miel, no la queremos. No queremos los dones de Dios sin la presencia de Dios».

A lo largo de la serie, Lloyd-Jones llama a la gente a lamentar el estado actual de la iglesia, marcado por una «ortodoxia defectuosa» y, lo que es peor, una «ortodoxia muerta».

Etapa 3: Oración urgente e intercesión (Éx 33:7-17)

Esto nos lleva a la tercera etapa de un avivamiento, la cual consiste en una temporada de oración e intercesión extraordinarias (en inglés). Lloyd-Jones divide esta etapa en tres pasos.

El primer paso (v. 7) es levantar una «tienda de reunión», un lugar para buscar el rostro de Dios fuera del campamento habitual. Él veía esto como un lugar de oración, normalmente establecido solo por una o dos personas —fuera del campamento, fuera de la vida y ritmo regulares de la iglesia— donde buscan la presencia de Dios en nombre del pueblo. Lloyd-Jones creía que Dios a menudo bendecía esos esfuerzos con indicaciones tempranas de Su favor. Hay una renovada calidez espiritual, libertad, expectativa y sensibilidad que marca a los medios ordinarios de gracia. Hay una nueva nota de urgencia en la predicación y de agonía en la oración. Pero ese solo es el primer paso.

El segundo paso sería cuando más y más personas van a la tienda de reunión y comienzan a suplicar por más gracia y más presencia de Dios. La han probado, pero ahora quieren más. ¿De qué quieren más concretamente? Moisés señala el camino (v. 13).

En primer lugar, quiere más certeza personal. No se contenta con saber que es aceptado por Dios y que ha hallado gracia ante Sus ojos. Quiere más. Quiere una manifestación personal y directa del amor de Dios por él. Lloyd-Jones vio esto como un aspecto común de todos los avivamientos; hay hambre de un conocimiento más profundo del amor personal de Dios.

En segundo lugar, hay un deseo de más poder. Todos los intercesores que buscan la presencia de Dios son profundamente conscientes de su debilidad e impotencia ante el enemigo que tienen delante. En los avivamientos verdaderos, hay una conciencia intensa de que separados de Jesús no podemos hacer nada, y un deseo profundo de no estar separados de Él.

En tercer lugar, él ora por una autenticación especial de la misión de la iglesia (v. 16). El motivo profundo para buscar un avivamiento es la gloria de Dios mostrada en el esplendor de la iglesia. Claman a Dios para que haga de la iglesia lo que debe ser: apartada, única, santa, gloriosa, poderosa y hermosa. Ella debía mostrar la gloria de Dios y encarnar el evangelio para que las naciones se maravillen. Pero no es así. Es débil, maltratada, quebrantada e ineficaz. Por eso claman.

El tercer y último paso de la «construcción del altar» es la intercesión urgente. Las oraciones de Moisés son un modelo: es audaz y específico, «argumentando» con Dios y suplicándole por Sus propias promesas.

Etapa 4: Muéstrame tu gloria: Cuando el fuego cae (Éx 33:18-23)

Pero la tercera etapa no es la etapa final de un avivamiento. De hecho, no tienes un avivamiento hasta que cae el fuego. El clamor de Moisés, «muéstrame tu gloria» (en inglés), es el clamor de todos los que buscan un avivamiento. El don de Dios como respuesta es el don de todos los avivamientos verdaderos. A Moisés solo se le ofrece una visión parcial, un breve destello de la gloria de Dios. Pero eso es suficiente, y eso es avivamiento.

Lloyd-Jones creía que todos los avivamientos verdaderos son una repetición de Pentecostés, donde Dios derrama su Espíritu sobre Su pueblo. Pero en muchos sentidos, Pentecostés es una repetición del Sinaí. Un avivamiento manifiesta la gloriosa presencia del Dios vivo, pero para muchas personas en lugar de para una. Cuando sucede a muchos, afecta significativamente a la iglesia y al mundo. La primera señal de que el fuego ha caído es que la iglesia se vuelve consciente de una presencia y un poder en medio de ella. A veces esto está marcado por fenómenos físicos únicos, pero no siempre. Lo que siempre está presente es la conciencia de una presencia gloriosa, una sensación de poder y gloria.

No solo hay una sensación indescriptible de la presencia multiforme de Dios, sino también una confianza renovada en la verdad de Dios. Las grandes doctrinas bíblicas del evangelio se hacen explosivamente reales. A pesar de que los apóstoles se sintieron sacudidos y destrozados, desanimados y abatidos tras la crucifixión, después de Pentecostés se llenaron de seguridad y confianza, declarando con valentía las obras maravillosas de Dios. La iglesia se llena de gran gozo, celebración y acción de gracias.

¿Cómo describir una experiencia así? Lloyd-Jones intentó describirla a los más de dos mil asistentes:

¿Qué significa esto? Bueno, podemos describirlo así. Es una conciencia de la presencia de Dios, el Espíritu Santo, literalmente, en medio de las personas. Probablemente la mayoría de los que estamos aquí nunca hemos conocido eso, pero eso es exactamente lo que significa una visitación del Espíritu de Dios. Es, por encima de todo y más allá, la experiencia más elevada en la vida normal y en la labor de la iglesia. De repente, los presentes en la reunión toman conciencia de que Alguien ha venido entre ellos; son conscientes de la gloria; son conscientes de una presencia. No pueden definirlo; no pueden describirlo, no pueden ponerlo en palabras, solo saben que nunca antes habían conocido algo así. A veces lo describen como «días de cielo en la tierra». Realmente sienten que están en el cielo. […] Han olvidado el tiempo; están más allá; el tiempo ya no tiene sentido para ellos. […] Están en un reino espiritual. Dios ha descendido entre ellos y ha llenado el lugar y a las personas con un sentido de Su presencia gloriosa.

Eso es avivamiento. Un breve destello de gloria. ¿Cómo responde el mundo? De todas las maneras en las que respondió en Pentecostés. Algunos se burlan; otros sienten curiosidad; otros claman por arrepentimiento. Pero hay transformaciones significativas y duraderas. Se construyen iglesias, las personas se sienten atraídas, las tabernas se vacían y el mundo es trastornado.

Publicado originalmente en The Gospel CoalitionTraducido por Eduardo Fergusson.
Ben Bailie (PhD, The Southern Baptist Theological Seminary) es pastor de la iglesia Trinity en Lake Nona. Realizó su tesis doctoral sobre Martyn Lloyd-Jones, centrándose en cómo su formación médica influyó en su ministerio pastoral. Ben apareció en el documental Logic on Fire [Lógica en llamas].

Beneficios de utilizar credos | Gabriel Reyes-Ordeix

Beneficios de utilizar credos

Gabriel Reyes-Ordeix

Imagina esto: el centurión romano entra a la casa del cristiano, pone su espada sobre su garganta y le pregunta: “¿Quién es el señor?”. El cristiano responde: “Jesús es el Señor”, dispuesto a pagar con su vida.

En el imperio romano, una las frases más repetidas era Kaiser Kyrios, que significa: “César es señor”. Decir estas palabras te ganaba el favor de la guardia y del estado; cualquier otra respuesta ponía tu vida en riesgo. Pero la Iglesia fiel nunca se queda callada, y la respuesta de todo cristiano verdadero era Cristos Kyrios. Este fue uno de los primeros credos en la historia de la iglesia.

Un credo es una formulación concisa de creencia, es decir, una confesión doctrinal resumida. El nombre viene del latín credere, de donde viene nuestra palabra “creer”.

Muchas iglesias han dejado a un lado los credos. Algunos por miedo, otros por falta de conocimiento. Se piensa que los credos son demasiado formales, o que son católico romanos. Se alega que la Biblia no necesita reemplazo o ayuda.

Sin embargo, en la historia bíblica vemos múltiples credos, desde el shema —uno de los principales credos de Israel (Deut. 6:4-6)—, hasta las bendiciones finales en las cartas pastorales de Pablo (1 Cor. 15:3-7).1 De la misma manera, la iglesia primitiva se apoyó de credos basados en la Palabra de Dios para preservar la doctrina ortodoxa y sobrevivir a herejías que buscaban eliminar la fe cristiana.

Con esto en mente, veamos 6 razones para volver a los credos.

1) Son cristianos
Los credos no son católico-romanos. Son cristianos, son universales. No pertenecen a una denominación; más bien, están basados en la revelación. Nuestra fe tiene su fundamento en la revelación de Dios en las Escrituras, y los credos ortodoxos comparten la misma genética bíblica. Desde Moisés hasta Pablo, y desde Atanasio hasta Calvino, los cristianos que han impactado, también han adoptado estas fórmulas de creencia (también conocidos como símbolos).2

Estos credos estuvieron en el centro del triunfo del cristianismo sobre las herejías, distorsiones, y controversias históricas. Han servido para reforzar, reformar, y reafirmar los artículos esenciales de la verdad bíblica que dan vida al cristianismo.

2) Representan lo que creemos
Los credos sostienen la doctrina cristiana usando lenguaje sencillo. Afirman la verdad y corrigen el error. El Credo de los apóstoles es uno de los más antiguos. Ambrosio, el primero en mencionarlo, decía: “Es el símbolo que protege a la Iglesia”. Cuando tenemos convicciones teológicas firmes, la Iglesia es relevante. Este credo era lo primero que los creyentes recitaban al bautizarse:

Creo en Dios, Padre omnipotente, creador de cielo y de tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, quien fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la Virgen María, padeció bajo Poncio Pilato, crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos: al tercer día resucitó entre los muertos, ascendió a los cielos, está sentado a la derecha de Dios Padre omnipotente. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y los muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia universal*, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección del cuerpo, y la vida eterna. Amén.

3) Nos guían a adorar
Los credos son una forma de adoración corporal. Así como cantamos al unísono las verdades fundamentales de la Biblia, podemos recitar las mismas verdades, pero sin música. Confesar lo que la Biblia dice sobre nuestro Señor es adoración. Proclamamos al Dios trino según su revelación, y Él se glorifica en esto. El Credo Calcedonio (451 d. C.) dice:

Nosotros, entonces, siguiendo a los santos padres (los primeros pastores y teólogos), todos de común consentimiento, enseñamos a los hombres a confesar a Uno y el mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en Deidad y también perfecto en humanidad; verdadero Dios y verdadero hombre, de cuerpo y alma racional; cosustancial —coesencial— con el Padre de acuerdo a la Deidad, y cosustancial con nosotros de acuerdo a la humanidad; en todas las cosas como nosotros, sin pecado; engendrado del Padre antes de todas las edades, de acuerdo a la Deidad; y en estos postreros días, para nosotros y por nuestra salvación, nacido de la virgen María, de acuerdo a la humanidad; uno y el mismo Cristo, Hijo, Señor, Unigénito, para ser reconocido en dos naturalezas inconfundibles, incambiables, indivisibles, inseparables; de ningún modo borrada la diferencia de naturalezas por causa de la unión, más bien es preservada la propiedad de cada naturaleza, y son concurrentes en una Persona y una hipóstasis, no partida ni dividida en dos personas, sino uno y el mismo Hijo, Unigénito, Dios, la Palabra, el Señor Jesucristo; como los profetas desde el principio lo han declarado con respecto a Él, y como el Señor Jesucristo mismo nos lo ha enseñado, así mismo es el credo de los padres que nos ha sido dado.

Confesar a una voz que Jesús es el único Señor, como lo hicimos individualmente en nuestra conversión, es una declaración de alianza. Igual que el bautismo, los credos son declaraciones públicas que dicen de qué lado estamos.

4) Han sido probados
Aunque no son la Biblia ni son inspirados, estos textos han superado la prueba del tiempo. Los credos no son un sustituto de la Biblia: los mejores credos representan la doctrina de la Biblia misma. Son el producto de la unión y el acuerdo de hombres santos y comprometidos con la verdad de la Palabra.

La mayoría de ellos han surgido como una defensa en contra del error. Una de las mayores herejías de la historia se le debe a Arrio (250–336 d. C.). Su enseñanza decía: “Hubo un tiempo en el que el Hijo no era”.3 Eso significaba que Jesús era una mera creación, y por lo tanto no era Dios. Esta mentira se propagó gracias a la gran capacidad mercadológica del arrianismo.

Esta doctrina anticristiana se pregonó por medio de canciones cortas y pegajosas, y en cuestión de pocos años expandió a lo largo del imperio. Todos cantaban las pegajosas (y herejes) melodías de Arrio.

La respuesta ortodoxa a esta herejía fue el credo de Nicea/Constantinopla (325, 381 d. C.), uno de los textos de la Iglesia primitiva más importantes, poderosos, y unificantes en la historia del cristianismo:

Creemos en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible; y en un solo Señor, Jesucristo, el unigénito de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado, no creado, consustancial con el Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo y se encarnó por obra del Espíritu Santo y de María la Virgen, y se hizo hombre; por nuestra causa fue crucificado en tiempo de Poncio Pilato, y padeció, y fue sepultado, y resucitó al tercer día según las Escrituras, y subió al cielo; y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria, para juzgar a los vivos y a los muertos, y su reino no tendrá fin. Y en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo; que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, que habló por los profetas. En una Iglesia santa, universal,* y apostólica. Confesamos un solo bautismo para la remisión de los pecados. Esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

5) Nos recuerdan que no estamos solos.
Los credos nos recuerdan el gran valor de la Iglesia como la institución de Cristo. Nos recuerdan de lo que somos parte. La Iglesia es universal e histórica. Así como la vida cristiana es una que no se vive de manera solitaria, nuestras iglesias no deben aislarse. El participar de los credos nos une en adoración y alianza a Dios junto a la Iglesia histórica. Nos unimos a cristianos del primer siglo, y a los cristianos del presente.

6) Nos recuerdan que la iglesia ha prevalecido y prevalecerá
Cada credo representa una historia pasada que impacta la historia futura. La Iglesia ha errado mucho. Algunos ejemplos son el arrianismo, nestorianismo, docetismo, modalismo, y otras malas doctrinas han atacado al cristianismo. Pero Dios libró a su Iglesia. Y en gran parte, los credos fueron el medio que utilizó.

Los credos nos recuerdan que la Iglesia está en las manos del Señor, y aunque hemos pasado por valle de sombra de muerte, el Señor sigue siendo nuestro pastor. La iglesia prevalecerá hasta el final.

Conclusión
El cristianismo depende completamente de la doctrina. Si la revelación de Dios es tergiversada, el cristianismo se distorsiona.

Los credos son grandes tesoros para la Iglesia. Son tesoros que no solo tienen valor en el pasado —habiendo sido los defensores de la fe ortodoxa en innumerables batallas teológicas—, sino también en el futuro. Nos ayudan a recordar quién es Dios y por qué se ha revelado en su Palabra. Nos recuerdan que la consecuencia de desviarnos de las Escrituras es la muerte espiritual.

Si la vida de la Iglesia depende de su teología, entonces, con su propia vida, la Iglesia debe defenderla. Los credos que ayudaron a Moisés, Pablo, Atanasio, y Calvino siguen a tu disposición como un escudo teológico para la defensa de tu vida.

  • Originalmente dice “católica”, que se refiere a ‘universal’. No debe confundirse con Católica Romana (nombre propio).
    [1] Otros credos en la Biblia son: 1 Re. 18:39; Mat. 16:16; Hec. 16:31; Rom. 10:9-10; 1 Tim. 3:16; 1 Cor. 12:3; Fil. 2:6-11
    [2] Justo L. Gonzalez, The Story of Christianity, 2nd ed., Vol. 1, p. 77. Del griego σύμβολον (symbolon): símbolo, lema o prenda.
    [3] Atanasio de Alejandría, De Synodis, 15. Atanasio reporta sobre Arrio, “Dios creó al Hijo de la nada, y le llamó Su Hijo … El Verbo de Dios es una de sus criaturas … y … hubo un tiempo en el que Él no era.”
    Imagen: Lightstock.
    Gabriel Reyes-Ordeix (M.Div., Th.M.) tiene un doctorado en estudios históricos y teológicos del Southern Baptist Theological Seminary en Louisville, KY (Estados Unidos). Él está detrás de los perfiles Credo en las redes sociales (Facebook, Twitter e Instagram) en donde comparte información sobre la historia de la iglesia. Junto a su esposa, Ivana, y su hija, Noël, son parte de Sovereign Grace Church of Louisville. Puedes encontrarlo en Twitter.

¿Qué es una mujer? | Catherine Sheraldi

¿Qué es una mujer?
CATHERINE SCHERALDI

Una de las grandes ironías de nuestra época es que mientras el mundo celebra hoy el Día de la Mujer, por lo general no pueden explicar exactamente y de manera razonable qué se debería celebrar hoy. Hay confusión sobre qué es una mujer y qué la hace única, en especial debido a que el feminismo ha distorsionado el verdadero rol de la mujer y sus características, y también por el auge de la ideología de género. ¿Qué es una mujer? En este escrito, quiero invitarte a reflexionar en cómo la Biblia y la ciencia nos ayudan a responder esta pregunta.

En el jardín del Edén, Dios creó una pareja binaria que consistía solo en un hombre y una mujer. Era una pareja con una naturaleza santa, que caminaba en relación íntima con su Creador como portadora de Su imagen. Dada la grandeza y sabiduría de Dios, Él creó dos géneros con grandes similitudes y diferencias para que, al vivir en armonía, lo pudieran reflejar ante el mundo de una manera mejor que si solo hubiera un género. Ambos, el hombre y la mujer, serían capaces de mostrar la sabiduría y grandeza de Dios.

Al ver a la pareja en el jardín notamos que eran iguales en dignidad, aunque tenían roles diferentes que cada uno aceptó (Gn 1:27-28; 2:15-18; 3:2-3). No obstante, a pesar de sus diferencias, cada uno valoraba al otro y juntos tenían una meta en común por la que trabajaban en equipo (2:23-23; 1:28). Como al comienzo no conocían el pecado, había una inocencia en sus formas de pensar y actuar, y cada uno confiaba en el otro (2:25; 3:2-3).

Es lamentable, pero en la actualidad tenemos una confusión respecto al género, porque la cosmovisión en auge en nuestra cultura está a años luz de la realidad diseñada por Dios. Hoy se afirma que el género no es binario y que es posible ser de un género y estar «atrapado» en el cuerpo del sexo opuesto, lo cual requiere nuestra «emancipación de dicha tiranía», como algunos han sugerido. Sin embargo, solo una generación individualista puede concluir que la esencia de una persona puede ser definida con base en los sentimientos, incluso si estos sentimientos son contrarios a la genética, embriología, endocrinología, neurobiología y neurofisiología.

Aunque la diferencia genética entre el hombre y la mujer es de solo un 1 %, las implicaciones de este porcentaje son inmensas en manos de un Dios sabio e infinito

La ciencia pone al descubierto el diseño radicalmente distinto del hombre y de la mujer. Por ejemplo, aunque parecen iguales en el aspecto anatómico, la función fisiológica es distinta en cada género. Aunque la diferencia genética entre el hombre y la mujer es de solo un 1 %, las implicaciones de este porcentaje son inmensas en manos de un Dios sabio e infinito. Con el descubrimiento de las resonancias funcionales y las tomografías por emisión de positrones, se han demostrado las diferencias en la función cerebral de cada género, lo que a su vez demuestra las diferencias en las habilidades de cada género.

Por ejemplo, desde el embarazo, el cerebro femenino experimenta cambios y se prepara para lidiar con la vida multitarea que se le avecina. A través de las feromonas, la madre es capaz de apegarse a su niño de una manera especial incluso antes de que nazca, no necesita esperar hasta ver a su bebé para amarlo. Además, estos cambios cerebrales producen que por lo general sea más paciente con las rabietas del niño al punto de inclinarse a consentirlo más, y entonces el padre usualmente balancea esta permisividad con la justicia. De esta forma, ambos demuestran diferentes aspectos del amor de Dios: la mujer llena de una manera particular la necesidad del niño de sentirse amado y el hombre lo prepara para enfrentarse con un mundo caído.

Dios siempre ha sido relacional; existe eternamente una relación perfecta entre las tres personas de la Trinidad. Con esto en mente, también podemos entender que Él ha formado a la mujer con una necesidad y capacidad particular de relacionarse con otros, de una manera distinta a la del hombre, y así ella también demuestra que Dios la creó conforme a Su imagen y semejanza. Su particularidad, por ejemplo, promueve en ella el deseo de armonía en las relaciones. Debido a las conexiones cerebrales que tiene, su reacción más común es evitar una confrontación, a diferencia del hombre (a quien le faltan algunas de estas conexiones y tiene más facilidad para confrontar). De nuevo, podemos ver que tanto el hombre como la mujer son necesarios para reflejar a Dios como Él ha diseñado que lo hagamos. Dios mismo nos buscó para quitar la enemistad que nuestro pecado produjo (2 Co 5:18-19), por lo que la disposición a confrontar en amor también es un aspecto del carácter de Dios que es necesario que reflejemos (Gn 3:11-19).

Al hablar sobre qué es una mujer, no podemos dejar de mencionar el rol de ayuda idónea que le fue otorgado en su creación

Al hablar sobre qué es una mujer, tampoco podemos dejar de mencionar el rol de ayuda idónea que le fue otorgado en su creación (2:18). Adán recibió las instrucciones de cuidar y cultivar el huerto antes de la creación de Eva (2:15); sin embargo, para llevar a cabo esta tarea asignada por Dios, fue necesario unir a dos personas con una multiplicidad de características típicas de su diseño. Entonces, a Adán se le otorgó el rol de ser cabeza y líder, mientras Eva lo complementaba para desarrollar la creación como fue ordenado por Dios (1:28). Aunque este rol de ayuda idónea alcanza una expresión muy especial en el matrimonio, dada sus condiciones de diseño original, la contribución de las mujeres ha sido monumental en el desarrollo de las civilizaciones. Es por eso que podemos decir que no hay esfera de la vida humana que no se beneficie profundamente de la intervención de las mujeres, sean solteras o casadas, en la medida en que ellas caminan según el diseño de Dios para sus vidas.

Ahora bien, nada de esto quiere decir que las mujeres siempre manifiestan estas características de la misma forma. Cada persona es diferente y, por lo tanto, sus características innatas debido a su género pueden tener distintos matices de expresión en diferentes contextos y etapas de la vida. Por ejemplo, aunque las mujeres por lo general prefieren no confrontar, es posible que una mujer no tenga dificultad en hacerlo. Esto no la hace menos mujer. Recordemos también que el trasfondo cultural de las personas también ejerce una gran influencia. Por consiguiente, tanto los hombres como las mujeres pueden tener diferentes grados de expresión de aquellas cualidades que son típicas de uno u otro. Pero lo que nunca se puede negar es que las mujeres y los hombres son distintos por diseño, cada uno con rasgos particulares que derivan de la forma en que Dios los hizo para Su gloria, incluso en detalles que son imperceptibles a menos que los examinemos de cerca.

Entonces, ¿qué es una mujer? Es uno de los dos géneros que Dios creó, con un conjunto de características divinas específicas. Fue hecha con la capacidad de complementar al hombre y brindar su aporte a las áreas donde él necesita ayuda para desarrollar la creación y glorificar a Dios. De esta manera, trabajando juntos en armonía demuestran al mundo quién es Dios.

Mientras el mundo en general está confundido con respecto a qué es una mujer, recordemos y proclamemos con alegría y asombro esta verdad para la gloria de nuestro Dios.

​Catherine Scheraldi de Núñez es la esposa del pastor Miguel Núñez, y es doctora en medicina, con especialidad en endocrinología. Está encargada del ministerio de mujeres Ezer de la Iglesia Bautista Internacional. Conduce el programa Mujer para la gloria de Dios, en Integridad y Sabiduría. Puedes seguirla en Twitter.

Tu iglesia local es más que un evento

Tu iglesia local es más que un evento
NATHAN DÍAZ

“Antes, exhórtense los unos a los otros cada día, mientras todavía se dice: ‘Hoy’; no sea que alguno de ustedes sea endurecido por el engaño del pecado”, Hebreos 3:13.

Para muchos de nosotros, la iglesia es una especie de evento. Cada domingo pensamos algo parecido a esto: “¿Qué nos prepararon en la iglesia para hoy? Los músicos practicaron para el tiempo de alabanza, y el predicador viene a traer un sermón. Voy a evaluar si lo que hicieron me gustó y suple mis necesidades personales”.

Así, muchos creyentes ven congregarse con la iglesia como ir al cine. Entro al lugar con ciertas expectativas, y salgo evaluando si lo que recibí realmente cumplió con ellas. La ofrenda es como el pago del boleto para entrar. No hay devoluciones y estoy dispuesto a correr el riesgo de que no me guste lo que me ofrecen ese día, pero entiendo que eso es parte de lo que se espera de mí.

Lamentablemente, el tiempo de pandemia y cuarentena fomenta más esta percepción de la iglesia. Los domingos consumimos desde nuestros hogares lo que alguien preparó para nosotros. Se me hace aún más fácil ver el servicio de otra iglesia si me aburro de la mía, o si no me gusta lo que me ofrecen. Después de todo, ¡nadie sabrá cuál servicio estoy viendo!

Pertenecer a la iglesia implica que tengo que conocer a otros y ser conocido por ellos, para poder exhortar y ser exhortado

Pero Hebreos 3:13 nos confronta con uno de los principales propósitos de lo que significa ser iglesia: “Exhórtense los unos a los otros cada día”. Eso significa que escuchar y entonar unas alabanzas y recibir un sermón es solo una pequeña parte de lo que significa la iglesia. Pertenecer a la iglesia implica que tengo que conocer a otros y ser conocido por ellos, para poder exhortar y ser exhortado. Es fácil mantener nuestra vida privada, especialmente cuando está llena de luchas y debilidades. ¡Pero eso es lo que el texto dice que es tan peligroso!

Si nadie conoce mis luchas y mis tentaciones, el autor de Hebreos asume que seré “endurecido por el engaño del pecado”. Será fácil pensar que, mientras otros vean en mí las conductas correctas, lo que hay en mi corazón no tiene que ser expuesto.  

Necesitas la iglesia local para perseverar

¿Qué es lo que hay en nuestro corazón? Una batalla contra la incredulidad. Nuestra tendencia es a no creerle realmente a Dios. Nos inclinamos a dudar que Él es realmente bueno y más sabio que nosotros y, por lo tanto, a pensar que no es digno de que confiemos en Él y en su soberanía para obedecerlo, especialmente cuando es difícil. Así que la batalla contra la incredulidad es la batalla más importante de la vida cristiana.

La batalla contra la incredulidad es la batalla más importante de la vida cristiana

El libro de Hebreos nos muestra que la evidencia de una fe que salva es la perseverancia (2:1; 3:1, 14; 6:11-12; 10:23, 35; 12:1). Y aunque Dios es el que hace la obra de llevarnos hasta el final en su voluntad (13:20-21), una de las principales herramientas que Él usa es la iglesia. Por eso dice en Hebreos 10:23-25:

“Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es Aquél que prometió. Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca”.   

En otras palabras, sin la obra de Dios a través de Su iglesia en tu vida, no vas a perseverar en una fe que batalla contra la incredulidad. Entonces, ¿qué es la iglesia? No es un evento. No es un edificio. No es un video. La iglesia es una familia que está allí para ti, para buscar que la obra de Dios —hacerte llegar hasta el final de tu carrera en la fe— sea una realidad en ti. No menosprecies este regalo no opcional para los hijos de Dios.

​Nathan Díaz es pastor de enseñanza en la Iglesia Evangélica Cuajimalpa en la ciudad de México y productor del programa de radio “Clasificación A”, que se transmite en diversas emisoras a lo largo del mundo hispano. Estudió Biblia y teología en el Instituto Bíblico Moody de Chicago. Él y su esposa Cristin tienen tres hijos, Ian, Cael y Evan.

Jesús es mi pastor | David Barceló

David Barceló

Es interesante notar que varios de los nombres de Dios revelados en el Antiguo Testamento también son aplicados a Jesús en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, en los Salmos encontramos que Jehová es nuestra luz y salvación (Sal. 27), y en Juan encontramos que Jesús es la luz del mundo (Jn. 8:12). En el Salmo 23 Jehová se revela como el pastor, y luego en el Juan encontramos que Jesús se identifica como el Buen Pastor que da su vida por sus ovejas (Jn. 10:11-18).

Y es precisamente a la luz de este pasaje, Juan 10, que el pastor David Barceló nos enseña algunas características del Buen Pastor, y también de nosotros, las ovejas. Y nos alienta al recordarnos cuán incomparable es el cuidado de Jesucristo, pues no estamos en manos de un gobierno ni de las circunstancias, sino del Buen Pastor.

David Barceló es pastor de la Iglesia Evangélica de la Gracia en Barcelona, España, desde sus inicios en el año 2005. Conferencista en varias ciudades de España y Latinoamérica. Felizmente casado con su esposa Elisabet, son padres de cuatro hijos, Moises, Daniel, Elisabet y Abraham.

No eres Dios: Ciencia cognitiva para abrazar tus límites

No eres Dios: Ciencia cognitiva para abrazar tus límites
Ana Ávila

¿Por qué me resulta tan difícil enfocarme? ¿Por qué me toma tanto tiempo aprender y memorizar los conceptos que estudio? ¿Por qué olvido la mayor parte de lo que leo? ¿Por qué estoy tan cansada y tengo mis pensamientos borrosos, incluso cuando dormí bien durante la noche? ¿Qué me pasa?

Mis compromisos teológicos me obligan a examinar mi corazón inmediatamente: busca el pecado, arrepiéntete del pecado, huye del pecado. ¿Soy el perezoso del que habla el libro de Proverbios? ¿Me estoy rebelando en contra de lo que he sido llamada a hacer? ¿Estoy amargada con mi trabajo?

Seguramente algunas veces soy alguna de esas cosas… quizá incluso la mayoría de las veces. Pero no siempre. ¿Qué es lo que siempre soy? Una criatura limitada.

Una ciencia de ciencias
La ciencia cognitiva en realidad no es una ciencia, sino un grupo de ciencias trabajando juntas. ¿La meta? Entender la mente humana; estudiar no solo lo que pensamos, sino cómo pensamos.

Como podrías imaginar (ya que eres un ser humano y posees una mente), entender el funcionamiento cognitivo —nuestro razonamiento, percepción, memoria, la manera en que nos comunicamos y todo lo que sucede dentro de nuestra mente, estemos conscientes de ello o no— no es una tarea sencilla. Diferentes disciplinas —desde la antropología hasta las ciencias informáticas, incluyendo la filosofía, la neurociencia, la psicología y lingüística— contribuyen estudiando desde neuronas individuales hasta datos conductuales.

La ciencia cognitiva tiene el objetivo de proveer una descripción de nuestros procesos mentales desde lo general a lo específico: qué es lo que logra un sistema cognitivo (como el sistema visual, que nos ayuda a reconocer y localizar objetos), cuál es el proceso a través del cual ese sistema cognitivo consigue su objetivo y cuáles son las estructuras cerebrales que permiten que el sistema logre dicha tarea.

No necesito ser fuerte. Necesito admitir que soy débil

La ciencia cognitiva es una empresa bastante reciente (se cristalizó en la década de los setenta) pero ya ha producido ideas en las que vale la pena reflexionar. Una de ellas es la dura realidad de los límites de nuestra mente.

¿Todo es posible?
Durante gran parte del siglo XX, el conductismo —la idea de que solo se debe estudiar la conducta observable y medible— fue la perspectiva dominante en el campo de la psicología. Los conductistas, quienes fueron capaces de enseñar trucos a las palomas y hacer que niños pequeños temieran a los conejos (usando recompensas de comida y acompañando la presentación del animal con un fuertísimo sonido), se animaron por sus descubrimientos acerca del aprendizaje asociativo. Estaban convencidos de que cualquiera podía ser transformado en cualquier cosa:

Entrégame una docena de infantes saludables, bien desarrollados, y mi propio mundo en el que pueda criarlos, y garantizaré tomar cualquiera de ellos al azar y lo entrenaré para convertirse en cualquier clase de especialista que pudiera seleccionar: doctor, abogado, artista, jefe mercante y sí, incluso un mendigo y un ladrón, independientemente de sus talentos, inclinaciones, tendencias, habilidades, vocaciones y la raza de sus ancestros.1

Los conductistas desarrollaron una perspectiva muy optimista de las habilidades humanas. No existía límite para lo que la mente de una persona pudiera lograr. Su credo era que «todas las cosas son posibles para el que tiene el entrenamiento conductual correcto»… un credo que neciamente intento seguir todavía, a pesar de que la evidencia muestra que es engañoso.

Aunque el análisis conductual fue y sigue siendo valioso (¡nunca refuerces con recompensas los berrinches de tus hijos!), la ciencia cognitiva retó los sueños de la mente humana ilimitada con mucha fuerza. Los experimentos de George A. Miller mostraron que las personas solo podían manejar más o menos siete elementos de información al mismo tiempo. Los estudios de Donald Broadbent revelaron cómo debemos enfocarnos en un canal de información a la vez si vamos a encontrarle sentido a los estímulos que estos canales nos hacen llegar. Lento pero seguro, comenzó a acumularse la evidencia de que nuestras capacidades mentales, así como las físicas, son limitadas.

Tu mente es limitada
Siempre he tenido el delirio de que, si paso el tiempo suficiente entre libros y hago suficientes tarjetas de estudio, seré capaz de saberlo todo. Quizá no completamente todo, pero casi.

Como cristiana, tomo el mandamiento de amar a Dios con toda mi mente muy seriamente, en respuesta al amor de Dios mostrado en la cruz. Esa es la razón por la que me siento decepcionada cuando los versículos que pasé horas memorizando hace quince años desaparecen de mi mente. Me reprocho a mí misma por no captar el nombre de la nueva mujer que se presentó en la iglesia mientras sonaba una canción de fondo muy pegadiza. Me avergüenza que me tome diez horas escribir un artículo en lugar de cinco.

La ciencia cognitiva nos invita a mantener los pies en la tierra, conscientes de nuestros límites naturales como seres humanos

Mi instinto para la santidad (¿o la autojusticia?) me obliga a señalarme a mí misma y a otros que puedan cometer estos mismos errores como pecadores perezosos y centrados en uno mismo. Pero la ciencia cognitiva me invita a detenerme y considerar: ¿No es esto simplemente parte de lo que significa ser un ser humano limitado?

Los recuerdos que no se repasan constantemente se pierden de la memoria a largo plazo. Esa es la razón por la que no puedo recordar los 176 versículos del Salmo 119. Si un canal auditivo está ocupado recibiendo una canción a todo volumen, no va a registrar un nombre. Esa es la razón por la que no sé el nombre de mi nueva conocida. Mi memoria de trabajo solo puede sostener una limitada cantidad de información al mismo tiempo, sin importar lo mucho que me esfuerce. Esa es la razón por la que repasar mis libros y crear algo nuevo me toma el tiempo que me toma.

No me gusta enfrentarme a la realidad de mi debilidad; admitir mis limitaciones cognitivas es humillante. Pero las palabras del apóstol Pablo me hacen recordar que, aunque no lo parece, esto glorifica a Dios: «[Él] me ha dicho: “Te basta Mi gracia, pues Mi poder se perfecciona en la debilidad”. Por tanto, con muchísimo gusto me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí» (2 Co 12:9). No necesito ser fuerte. Necesito admitir que soy débil.

La ciencia cognitiva nos invita a mantener los pies en la tierra, conscientes de nuestros límites naturales como seres humanos. Curiosamente, también nos permite examinar nuestros corazones, los cuales —de acuerdo con la Biblia— no solo representan nuestros afectos posiblemente pecaminosos, sino también los pensamientos y procesos dentro de nuestras mentes.

1 John B. Watson, Behaviorism, 2nd ed. (London: Kegan Paul & Co., 1931), 82. Vía Barrett, Justin L.. Cognitive Science, Religion, and Theology (Templeton Science and Religion Series) p. 174.


Ana Ávila es escritora senior en Coalición por el Evangelio, Química Bióloga Clínica, y parte de Iglesia El Redil. Es autora de «Aprovecha bien el tiempo: Una guía práctica para honrar a Dios con tu día». Vive en Guatemala junto con su esposo Uriel y sus dos hijos. Puedes encontrarla en YouTube, Instagram y Twitter.

¿Por qué hay pastores que no pastorean?

¿Por qué hay pastores que no pastorean?
Por Oscar Morales

Hace aproximadamente unos 15 años solía escuchar a través de la radio casi todos los días a un pastor de una congregación grande de mi país. Sus enseñanzas las consideraba de bastante bendición y mucho conocimiento, por lo que decidí un día ir a su iglesia para poder aprender un poco más. Al llegar a la congregación tomé mi lugar y el servicio empezó, sin embargo no lograba localizar visualmente al pastor. Al terminar el momento de alabanza una señora subió a dar algunos anuncios y luego hizo la presentación del pastor. El pastor salió de una de las puertas de al lado del escenario junto con tres personas más. Estas personas estaban vestidas de la misma forma y tenían walkie-talkies en las manos, uno de ellos llevaba una Biblia, la cual después de dejar al pastor en el púlpito entregó a él. Estos eran lo que hoy conocemos como “escuderos del pastor”, algo que yo en aquel tiempo no tenía ni la menor idea de qué significaba. Después de que el pastor subió, la señora le entregó un vaso de agua y junto con estas personas se sentaron en unas sillas en el escenario, justo detrás del pastor.

Años después, a través de varios amigos, me enteré que este pastor le decía clara y constantemente a la gente que por favor no le buscaran, que su labor era predicar y nada más, el no tenía tiempo ni le gustaba saludar gente. Que la razón de tener a este equipo de personas era para que le ayudaran a que nadie se le acercara después de haber predicado.

¿Un pastor que no pastorea?
¿Puede alguien ser un pastor que no pastorea? Tristemente, esto se mira demasiado. Pero, ¿debería ser así? El llamado pastoral descrito en la Palabra de Dios es un llamado serio del cual todos daremos cuentas de lo que hicimos (Heb. 13:17). Es un llamado en la mayoría de casos a sufrir juntamente con Cristo (1 Co. 16:8-9; 2 Co. 1:8-11; 4:8-11; 6:3-5; 11:16-33). También es un llamado el cual Dios nos advierte que no deberíamos buscarlo con ligereza (Stg. 3:1). Y sumado a todo esto, la Biblia también nos da las características de quienes buscan el llamado, la descripción y las responsabilidades de este llamado (1 Tim. 3, Tito 1, 1 Pd. 5). El que Dios en Su infinita sabiduría y soberanía haya usado la figura del “pastor de un rebaño” para describir la labor del liderazgo de ancianos en la iglesia no es para nada casualidad, y no solo eso, Jesús mismo se describe como “el buen Pastor” (Jn. 10). Esta es una de las más grandes responsabilidades y privilegios que Dios nos ha dado (1 P. 5:3; Jn. 21:15-19). Entonces, surge otra pregunta.

¿Por qué hay pastores que no pastorean?
Las razones pueden ser varias. Desde problemas emocionales, miedo al hombre y a los conflictos hasta la inmadurez, inexperiencia o la peor y más peligrosa razón: simple y sencilla indiferencia. Al final, ellos fueron llamados a enseñar, ocupar el púlpito, ser admirados excesivamente, recibir toda clase de elogios y aplausos, pero ¡Dios guarde que tengan que ensuciarse las manos con las personas que Dios ha permitido que estén bajo su cuidado!

Pueden ser varias las razones, pero al final la raíz creo que es la misma: no han entendido lo que significa ser pastor. El pastorear no es una labor fácil y mucho menos con caducidad de tiempo. El pastorear involucra tiempo, esfuerzo, paciencia, y por sobre todo amor para con el rebaño. Es curioso que Jesús en su conversación con Pedro haya usado dos palabras para enfatizar la labor que por amor a Él debía de hacer, apacentar y pastorear las ovejas.

Cuando Cristo no está sentado en el trono de nuestro corazón por completo, amamos más otras cosas, personas y experiencias que a Él. Probablemente estamos amando más la admiración, la posición, el liderazgo, el reconocimiento, etcétera; cosas que desde el inicio del mundo el mismo diablo ofreció a nuestros primeros padres: “… serán como Dios” (Gn. 3:5), y al mismo Jesús “…todo esto te daré” (Mt. 4:9), a cambio de adorarle a él y desobedecer a Dios.

Pongamos atención a la conversación de Jesús con Pedro, la condición para poder pastorear y apacentar al rebaño era su amor por su Señor. ¿Cómo puede alguien que se dice pastor decir que no tiene tiempo ni ganas ni llamado para atender, escuchar o estar con la gente? ¡Que Dios nos perdone y tenga misericordia!

Pastor, ¿estamos obedeciendo a Dios en nuestras responsabilidades como pastores de Su rebaño? ¿Estamos siendo buenos mayordomos de ese llamado? No tenemos empleados, son ovejas. No tenemos jefes, son ovejas. No tenemos sirvientes, son ovejas. No tenemos sub-ordinados, son ovejas. Ovejas por las cuales nuestro Señor Jesucristo dio su vida por amor y nos encomendó enseñarles, modelarles y amarlos a través de ese mismo mensaje. Recuerdo una vez haber leído una frase de Ed Stetzer que decía:

“El evangelio vino a los griegos y los griegos lo volvieron filosofía. El evangelio vino a los romanos y los romanos lo volvieron un sistema. El evangelio vino a los europeos y los europeos lo volvieron a la cultura. El evangelio vino a América y nosotros lo hemos vuelto un sistema de empresa/negocio.”

Amado pastor, oremos al Señor, arrepintámonos día a día, regresemos a la cruz y el evangelio a cada minuto y preguntémonos si estamos levantando día a día el reino de Jesús en la vida de quienes nos rodean. ¿O es solo nuestro propio reino? Estamos desarrollando más lideres para des-centralizar el liderazgo de la iglesia y poder pastorear adecuadamente al pueblo de Dios ¿o queremos ser “el único”? Te ves como el presidente ejecutivo de una compañía multinacional ¿o te ves como el siervo más humilde que lava los pies de quien incluso lo iba a traicionar? (Jn. 13:1-15) ¿Permites que un Zaqueo pueda compartir su vida contigo? (Lc. 19:1-10). ¿Dejas que los niños se acerquen contigo o sientes que interrumpen y aturden al “siervo de Dios”? (Mt. 19:14). O incluso ¿permites que una mujer con flujo de sangre (considerada sucia) te toque sin decirle a tus “escuderos” que estás muy ocupado? (Lc. 8:43-48).

Recuerda, amado pastor, que de todo lo que hagamos con el rebaño, daremos cuenta un día delante de Dios.

Oscar Morales

Es pastor en Iglesia Reforma, ha trabajado por más de 20 años en el ministerio. Está casado con Regina, es papá de Alex y Sofía. Disfruta de la música, de los deportes y la tecnología. Lo puedes encontrar en Twitter o en su blog personal.