6/17 – Siete vacas flacas

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: La Vida de José

6/17 – Siete vacas flacas

David Barceló

 

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

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5/17 – Dos sueños en la cárcel 

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: La Vida de José

5/17 – Dos sueños en la cárcel

David Barceló

 

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

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4/17 – ¡Huye de la Tentación!

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: La Vida de José

4/17 – ¡Huye de la Tentación!

David Barceló

 

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

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3/17 – Vendido por sus hermanos

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: La Vida de José

3/17 – Vendido por sus hermanos

David Barceló

 

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

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12 maneras en las que puedes pastorear a tu pastor

Coalición por el Evangelio

12 maneras en las que puedes pastorear a tu pastor

David Barceló

El ministerio pastoral está lleno de retos. En su peregrinaje hacia el cielo, cada pastor debe velar por su corazón y por el de todos aquellos que el Señor ha puesto bajo su cuidado: su esposa, sus hijos, su iglesia. La labor del pastor puede llegar a ser compleja y demandante… reuniones, consejerías, eventos, retiros, conflictos matrimoniales, finanzas, bodas, entierros, sermones… Ha de proteger al rebaño cuando rondan lobos disfrazados de oveja. Debe lidiar con cabras que desvían a los corderos hacia al acantilado. Muchos pastores ven cómo sus fuerzas se desgastan. Su tiempo de oración se ve mermado. Su esfuerzo en el estudio se debilita. Se apaga la ilusión, y aún las más pequeñas cosas terminan convirtiéndose en una pesada carga. Hay quienes se arrastran durante años soportando un ministerio seco… mientras otros abandonan por el camino… y entonces es cuando la iglesia se pregunta “¿Qué ha pasado? ¿Qué podríamos haber hecho por nuestro pastor?”.

Aunque en el ministerio, lo ideal es la pluralidad pastoral, lamentablemente muchos siervos del Señor están muy solos. Entonces, más que nunca, hemos de recordar el llamado de “cuidarnos los unos a los otros” expresado de tantas formas en la Palabra de Dios (cp. 1 Tes. 5:11Santiago 5:161 Pedro 1:22Hebreos 3:13 y 10:24…).

Querido hermano, huye del “consumismo evangélico” que te empuja a “usar” la iglesia y la atención de sus líderes. Si eres cristiano, tú no “vas” a la iglesia. Tú “eres” iglesia, y si el día de mañana Dios te pregunta por el bienestar de tu hermano –el pastor incluido- nunca podrás responder como Caín respondió: “¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?” (Génesis 4:9). Más bien pregúntate, ¿de qué manera puedes amar a tu pastor y cuidar de él? ¿Cómo puedo pastorear a mi pastor?

Como pastor, e hijo de pastor, quisiera compartir algunas áreas que he observado y en las que podemos cuidar de aquellos que cuidan a otros. Por favor, que quede claro que nada de todo esto lo escribo como indirecta para los miembros de mi propia iglesia (¡aunque harán bien en leer estas líneas!). Me mueve a escribir este artículo mi profunda preocupación por muchos pastores que están solos y abatidos, y la tristeza que siento cada vez que oigo que un predicador ha dejado su púlpito y su rebaño.

Veamos 12 consejos muy prácticos:

(1) Ora por él y por su familia. El diablo está muy interesado en derribar a los que están en lugares de liderazgo. Sabe que si ellos caen, puede hacer caer a muchos otros que tenían sus ojos puestos sobre ellos. Ora por tu pastor. Ora con tenacidad. Ora por su matrimonio. Ora por sus hijos. Ora por su vida de oración. Ora por que el Señor le fortalezca y avive. Ora por que tu pastor no caiga en desánimo ni pierda la ilusión. Ora por que el Señor le guarde de todo mal.

(2) Ama a tu pastor y a su esposa. Ámale, con un amor práctico. Ama a tu pastor de palabra, expresando tu afecto y cuidado. Pero también ámale con gestos y acciones concretas (1 Tesalonicenses 5:12-13). Que se sienta querido levantará su ánimo y le hará sentir parte del cuerpo de Cristo. Es el pastor, pero también es un hermano, y necesita del cariño y afecto de su familia espiritual. El rol del pastor es difícil, porque ha de ayudar a mucha gente, pero más difícil aún es el rol de aquella que ayuda al que ayuda. Si tienes oportunidad de cuidar de la esposa del pastor, hazlo; con tus palabras de ánimo, con tus oraciones, con tu servicio. A veces su marido llega tan agotado a casa, que ella tiene el difícil reto de levantar su espíritu. La esposa de un siervo del Señor necesita mucho de tus palabras de aliento.

 (3) Vela por sus necesidades materiales. Hay pastores que prefieren ganar su sustento por otros medios (1 Tesalonicenses 2:9), y hay quienes no pueden ser sostenidos por la iglesia local. Sin embargo, vemos claramente en la Palabra que el obrero es digno de su salario (1 Timoteo 5:17-18). Es cierto –tristemente– que hay líderes religiosos que oprimen al rebaño para vivir con opulencia, y también es cierto que hay iglesias que pretenden que el pastor viva de las migajas que caen de la mesa. Ni una cosa ni la otra. La iglesia tiene la responsabilidad de sostener de una forma digna a su pastor y su familia, según sus necesidades y según la capacidad de la iglesia.

(4) Obedécele servicialmente. A veces es fácil obedecer, cuando entendemos el porqué se nos pide algo. Otras veces no es tan fácil, porque no lo entendemos, o no estamos de acuerdo. Confía en que tu pastor busca el bien del rebaño, sírvele con confianza. Dice la Palabra “Obedeced a vuestros pastores… porque ellos velan por vuestras almas… para que lo hagan con alegría, y no quejándose…” (Hebreos 13:17). Si hay en nosotros rebeldía, o insumisión, esto “no os es provechoso”. Será en detrimento del bien de toda la congregación y una fuerte traba en su ministerio.

(5) Protégele. No es un superhombre. Es humano. De carne y hueso. Está sujeto a las mismas tentaciones y amenazas que cualquiera de nosotros. ¿Qué peligros has visto rondando cerca de él? Tal vez su cansancio es demasiado grande… o su doctrina hace aguas… o un nuevo lobo ronda las ovejas… o un falso maestro siembra cizaña… o una mujer muy perfumada se le acerca peligrosamente… o todo eso a la vez… ¡Protégele! Habla con él, con su esposa, o con los demás pastores según sea el caso, pero no le dejes a su suerte (Hechos 20:28-31).

(6) Infórmale. Hay hombres a los que Dios realmente ha capacitado de una forma prodigiosa para el ministerio pastoral, pero aún así, ¡no tienen el don de la omnisciencia! El pastor no puede saber si un hermano está en casa enfermo, o de viaje, o abatido, o pasando una crisis familiar… pero se le puede tener informado. La tecnología de hoy día nos permite comunicarnos con suma facilidad. Tan solo un mensaje le permitirá saber al pastor cómo estás, cómo puede orar por ti, y cómo puede ayudarte mejor. Recuerda, que él debe dar cuentas a Dios por tu alma (Hebreos 13:17).

(7) Confía en aquellos en los que él confía. Los pastores de la iglesia tienen el reto de delegar ciertas tareas y funciones en otros hermanos: los diáconos, los líderes de jóvenes, los maestros, los líderes de ministerios… Es necesario aplicar el principio que Jetro dio a Moisés para que el pastor no se agote (Éxodo 18). Si el pastor ha puesto su confianza en alguien para cierta función, confía tú también en esa persona. Todos los asuntos no pueden llegar al pastor, y menos en una iglesia numerosa. Así qué, antes de pedirle o preguntarle algo al pastor, pregúntate a ti mismo: ¿Han delegado los pastores o los diáconos este asunto en alguien? Y si es así, confía en aquellos en los que el pastor confía.

(8) Recuérdale lo hermoso que es el pastorado. En el ministerio uno trata diariamente con dificultades de todo tipo, y el pastor fácilmente puede pensar que todo son solo problemas. Es demasiado fácil olvidar que el ministerio pastoral es un gozo y un honor. Recuérdale que Dios le ha llamado a la labor más preciosa de todas: anunciar todo el consejo de Dios, alcanzar a los perdidos con las Buenas Nuevas, y edificar a los creyentes con la Palabra. Recuérdale que sus esfuerzos tienen implicaciones eternas. Recuérdale que su vida y su labor están siendo usadas por Dios para seguir edificando su Iglesia.

(9) Explícale los frutos de su ministerio. Cuando el sembrador ve crecer el trigo, y ve cómo se dora al sol, tiene mucha satisfacción. Pero el fruto espiritual es invisible. Si en tu corazón hay gozo, o paz, o templanza, no se puede ver. Comparte con tu pastor lo que Dios está haciendo en tu vida a través de su ministerio. Tal como lo expresa el apóstol Pablo, “el que es enseñado en la Palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye” (Gálatas 6:6). El fruto espiritual en tu vida es una muestra de que el Señor está usando a tus pastores como instrumentos para tu edificación.

(10) Sé su amigo. La soledad del pastor puede llegar a ser muy profunda si solo habla con otros para tratar problemas. Acércate a él para explicarle otras cosas. Como harías con un amigo. Pregúntale cómo está. No es nada fácil. Lo sé. Es difícil ser amigo de alguien sin tiempo para la vida social. Exprésale tu cariño y amistad aunque no seas correspondido. Permítele que te diga que no cuando le quieras invitar a algo. No supongas que “no va a poder porque está siempre ocupado”. No supongas que su esposa no podrá, o que sus hijos no podrán. Toma la iniciativa, y permítele que te diga que no puede, aunque te lo diga muchas veces… En algún momento dirá que sí, y tendrá mucho gozo.

(11) Predica el Evangelio a sus hijos. Sí, has oído bien. A veces el pastor puede descuidar a los discípulos que tiene más cerca, y tristemente son muchos los hijos de pastores que se van al mundo. Otras veces el problema no es la negligencia, sino la familiaridad. Sin duda creemos que Dios es soberano en la salvación, pero humanamente hablando, ¿no será que sus hijos ya le tienen muy oído? El domingo escuchan desde el púlpito la misma voz que en casa les dice que han de hacer los deberes o arreglar su habitación. El domingo escuchan hablar de gozo y paz al mismo hombre que a veces ven en casa luchando con el desánimo y la ansiedad. Si el pastor les recuerda el evangelio a los tuyos, recuerda tú recordarles el evangelio a los suyos. Evangeliza a los hijos del pastor.

(12) Ayúdale a descansar. Después de lo intenso que es el domingo, el lunes es el momento de intentar reponer fuerzas lo antes posible. Ayuda a tu pastor a reservar el lunes para descansar. Si no es un tema de vida o muerte, no le llames un lunes. Ni le escribas tampoco. Ayúdale a proteger su tiempo de descanso, sus vacaciones, su tiempo familiar… En el ministerio el pastor gestiona su propia agenda y sus propias fuerzas, y es fácil caer en los dos extremos: la dejadez, o el activismo. Dile que es humano y que sus fuerzas son pocas. Ayúdale a huir del síndrome de “pequeño mesías” recordándole que Dios no depende de él para llevar a cabo sus planes.

Soli Deo Gloria. 

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

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2/17 – Una túnica de colores

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: La Vida de José

2/17 – Una túnica de colores

David Barceló

 

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

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1/17 – José y la Gracia de Dios

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: La Vida de José

1/17 – José y la Gracia de Dios

David Barceló

En este primer sermón, nos adentramos en una historia apasionante, que refleja sin duda alguna el Evangelio del Señor Jesucristo. El Justo, acusado, culpado, exaltado, que salvó a los mismos que antes le ofendían. https://facebook.com/IEGBarcelona http://porGracia.es/ http://sermonaudio.com/iegracia

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

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3 advertencias al cristiano sobre la psicoterapia

Coalición por el Evangelio

3 advertencias al cristiano sobre la psicoterapia

David Barceló

Nota del editor: En Coalición por el Evangelio estamos comprometidos con representar las perspectivas que consideramos se encuentran dentro del cristianismo evangélico, histórico, y conservador. Por esa razón publicamos este artículo. Para una perspectiva diferente a la presentada aquí, puedes escuchar Cristianismo y Psicología.

Empecé mis estudios en la facultad de psicología en 1991. Era un joven de 18 años ilusionado y convencido de que la psicología podía ayudar a la gente y podía ayudar a la iglesia del Señor. Cuando hablaba de ello con pastores, amigos, y líderes cristianos, todos me animaban y me aconsejaban libros sobre cómo integrar la psicología y la fe: “Será muy bueno para ti y para la iglesia”, “¡Ánimo! Necesitamos cristianos que sean psicólogos”, “Toda la verdad es verdad de Dios, no estamos en contra de la ciencia”.

No recibí ni una sola palabra de advertencia, pero pronto pude sentir el ateísmo que inundaba el aula. Gracias al Señor me agarré fuertemente a mi Biblia para mantenerme a flote, tomar aire, y seguir buceando en un mar de humanismo. Dios me sustentó. Recuerdo que en el último año de carrera un compañero me preguntó: “David, ¿tú no eras cristiano? ¿Aún lo eres después de lo que has escuchado?”. Aún hoy me sigue sorprendiendo que algo tan evidente a ojos de un joven ateo no sea percibido por los ojos de muchos cristianos. El gran esfuerzo que algunos hacen por justificar la integración de la psicología y la fe no es, me parece, sino la mayor evidencia de cuán incompatibles son.

Busqué respuestas en los libros de “psicología cristiana”, pero me sonaban a la misma psicología secular, con algunos versículos bíblicos espolvoreados por encima. En medio de mi desorientación, mis padres recordaron una crítica que escucharon años atrás sobre la “consejería noutética”, un modelo que deseaba ser netamente bíblico. A partir de ahí empecé a leer a Jay Adams, Wayne Mack, John MacArthur, David Powlison, Tedd Tripp, y Ed Welch, entre otros, y en un cambio radical de cosmovisión adopté la consejería bíblica, y Dios me llamó al ministerio.

En la providencia del Señor, diez años después de entrar en la facultad de psicología me preparaba para aprender teología. Junto con mi esposa Elisabet, y ya con nuestro primer hijo Moisés, nos mudamos a Norteamérica para estudiar en el seminario Westminster. Entonces sí que llegaron las advertencias, y algunas fueron muy vehementes: “Cuidado con el seminario”, “Ya sabes que la doctrina divide”, “La letra mata, pero el espíritu vivifica”, “No es tan necesario, ¿no te parece?”, “Westminster ¿es antipsicología, no? ¡A ver qué te enseñan ahí!”. Cuanto más lo recuerdo, más psicodélico me parece. Es como aconsejarle a tu hijo que no beba del “vaso teológico” porque el cristal pudiera estar sucio… pero animarle a beber del “vaso psicológico” invitándole a separar el agua del veneno con la lengua mientras va tragando.

Sé que el tema es profundo, y este artículo es pequeño. Quisiera con la ayuda del Señor escribir más en el futuro sobre otros asuntos relacionados con este, pero en un espacio tan breve solo deseo compartir algunas advertencias que yo no escuché en su día. Es necesario recalcar que al hablar de psicología me refiero a la clínica, a las psicoterapias, al intento del hombre por tratar los asuntos del alma. Hay otras aplicaciones, por ejemplo, en el campo de la educación o la empresa, con las que no tenemos conflicto. Usamos las observaciones de la psicología al ayudar a un niño en su proceso de aprendizaje, o en la selección de personal en una empresa. Otras ramas de la psicología están más cerca de la fisiología o la biología. El conflicto se produce cuando la psicología pretende responder a aquello que la Palabra de Dios responde. Entonces los temores, las ansiedades, y las tristezas del alma son medicadas como asuntos meramente orgánicos, o encaminadas con alguna de las muchas psicoterapias, que son el intento de sanar mediante la conversación según las filosofías de vida del mundo.

Esas psicoterapias son las que llamamos coloquialmente psicología, o psicologías —con “p” minúscula y en plural, como prefiero llamarlas dada su falta de acuerdo—, y representan el esfuerzo del hombre por cambiar al hombre con los recursos del hombre. Son más de 400 filosofías de ayuda, que expresan el desesperado intento de la humanidad por repararse a sí misma. El esfuerzo es loable, pero intentar entender al ser humano aparte de la Revelación de Dios es como intentar leer un idioma desconocido. El humanismo puede contentar a los incrédulos, pero no debiera satisfacer a los creyentes, y espero que estas letras nos hagan pensar sobre las repercusiones de dejar entrar las psicologías en nuestras vidas y en nuestras iglesias. Podríamos hablar largo y tendido sobre si las psicoterapias funcionan como una medicina para el alma o más bien como una droga, pero lo que es seguro es que vienen sin prospecto y causan serios efectos secundarios.

Advertencia 1: La psicoterapia te aleja gradualmente de las Escrituras  

La cultura psicológica que nos rodea es titánica, y en el caso de acabar entrando en la iglesia la inundación puede ser irreversible. Conferencias, publicaciones, retiros, entidades, y un sinfín de eventos introducen el discurso psicológico en las iglesias y en los púlpitos. A la psicología poco a poco se le atribuye más autoridad y mayores competencias. La sabiduría humana va reemplazando la sabiduría divina. La ansiedad, el temor, o las relaciones familiares dejan de ser asuntos espirituales para pasar a ser problemas psicológicos, y los cristianos van buscando respuestas fuera de la Palabra, y ven la Biblia cada vez más como un libro lleno de buenos consejos pero sin soluciones para los retos de la vida.

Pero la psicología tiene apenas doscientos años de existencia. ¿Cómo ha tratado siempre los asuntos de la vida la iglesia del Señor? Si en los momentos turbulentos la iglesia busca dirección en las filosofías de ateos como Freud, Rogers, o Skinner, es señal de que necesitamos urgentemente una nueva Reforma que redescubra la suficiencia de la Palabra de Dios. Sin embargo, la consejería bíblica aboga por el sola Scriptura de los reformadores (2 Ti. 3:16-17), porque aquello que llamamos “consejería bíblica” supone ministrar la Palabra de Dios en privado.

Si bien la predicación y la enseñanza tienen una función formativa, la consejería bíblica tiene un rol curativo. La consejería bíblica supone el reto de predicar la Palabra en medio de la tormenta, de tal modo que encontremos en Cristo todo el sentido, consuelo, y dirección que el alma necesita. La consejería bíblica pregona el sola Scriptura, y la iglesia que practica la consejería bíblica crece más y más en su apetito por la Palabra de Dios al ver su riqueza y trascendencia para los asuntos cotidianos (2 Pe. 1:3).

Advertencia 2: La psicoterapia estorba seriamente la santidad 

No hemos sido redimidos para vivir vidas felices, sino para vivir vidas santas y dedicadas al Señor (1 Pe. 1:15). Todos queremos ver iglesias que crezcan en santidad, pero muchos son los obstáculos que el enemigo, el mundo, y nuestra propia concupiscencia lanzan a nuestros pies para hacernos tropezar. En medio de las dificultades, Dios usa el sufrimiento de una forma muy especial para purificarnos al mostrarnos los ídolos que escondemos en el corazón, y al renovar nuestras fuerzas con su Espíritu.

Pero vivimos en una época muy impaciente y hedonista. La idea de proceso de cambio produce aversión, y dejarse arrastrar por las rápidas respuestas de la industria psiquiátrica supone una gran tentación porque la meta de las psicologías es la felicidad. Con una etiqueta diagnóstica, la persona halla una explicación rápida y plausible a su dolor. Pero el etiquetaje victimiza y aleja a los cristianos de las respuestas bíblicas.

En las iglesias parece haber, por tanto, cada vez menos pecadores y cada vez más enfermos que se han refugiado en la cosmovisión psicológica de sus experiencias. Ese rol pasivo ante la vida nos aleja de la santificación para la cual fuimos comprados, y la lucha contra el pecado es sustituida por psicoterapia.

Sin embargo, allá donde la consejería bíblica está presente, Dios es el centro de la ecuación. Los síntomas físicos se tratan con compasión, y la responsabilidad humana es encarada con valentía. La meta del cristiano sigue siendo la misma a pesar de las emociones y circunstancias, y el creyente comprende que debe seguir creciendo en santidad aun en medio de su fragilidad. Como Job en su dolor, como José en prisión, como Daniel en el exilio, somos llamados a dar gloria a Dios aun en la adversidad sin dejar que nuestra historia excuse nuestra conducta. El vocabulario bíblico nunca nos mueve a la pasividad o el victimismo, sino al deseo de reconocer nuestras debilidades, nuestras culpas, y nuestras pruebas, y en medio de ellas confiar en Jesucristo al ir hacia la meta en el poder del Espíritu. La consejería bíblica, en tu vida y en tu iglesia, estorba la carnalidad y fomenta la formación del carácter de Cristo.

Advertencia 3: La psicoterapia mina profundamente el ministerio pastoral 

En mi juventud pensé que la psicología sería una gran ayuda para el ministerio de los pastores. Pero es más bien todo lo contrario. No lo alimenta. Lo devora. Hace unos años visité un pastor conocido en Estados Unidos. Durante el almuerzo, él y su esposa me contaban lo bien que estaban en su iglesia. “La gente es muy amable y simpática —decía ella—. Estamos muy felices aquí”. Parecían estar viviendo un ministerio de ensueño. Ella añadió: “Son tan amables. Nuestra gente nunca nos dice sus problemas”. Eso me inquietó. Por la tarde me pasearon por las instalaciones del precioso edificio que habían construido, y en la zona de despachos mi mirada se clavó atónita sobre el rótulo de una de las puertas: “Psychologist”.

En las iglesias donde la psicología ha hecho su nido, el pastor va perdiendo terreno en su labor de cura de almas. A algunos no les molesta, pero muchos otros lo viven con frustración al ver cómo el intrusismo del psicólogo les va dejando fuera de la vida de sus feligreses. El llamado “secreto profesional”, versión secular del secreto de confesión, cierra la puerta a cualquier exhortación pastoral o disciplina eclesial que pudiera ser necesaria, al desautorizar a los líderes que Dios ha puesto en la congregación (Heb. 13:17).

Ante esta inundación psicológica, muchos pastores reemplazan la cura de almas por el evangelio social, sucedáneo de la tarea pastoral que han abandonado en manos de los psicólogos. El mito de la integración no ha llevado la Biblia a las facultades de psicología, pero sí ha introducido en los seminarios el DSM, el manual de diagnósticos psiquiátricos.

Muchos siervos del Señor se sienten incapacitados y frustrados al no poder desempeñar bien su tarea, y cansados de derivar sus ovejas al “psicólogo cristiano” más cercano, acaban viéndose abocados a estudiar psicología ellos mismos. Pero allá donde la consejería bíblica resurge, el pastor apacienta las almas que Dios le ha encomendado (1 Pe. 5:2). Allá donde la consejería bíblica abunda, el pastor habla a los corazones de sus hermanos tal como la iglesia del Señor ha hecho a lo largo de los siglos, exponiendo las Escrituras (Heb. 4:12).

Usemos los recursos de Dios

Querido hermano, prosigamos adelante en la tarea de “hacer discípulos a todas las naciones” (Mt. 28:19), lo cual implica la evangelización de los pueblos y el establecimiento de iglesias sanas. Pero la gran comisión también implica enseñar a guardar “todas las cosas que el Señor nos ha mandado” (Mt. 28:20). Esa tarea supone enseñar lo que el Señor nos dijo sobre cómo lidiar con la ansiedad, cómo vencer el temor, cómo vivir en el matrimonio, como afrontar el sufrimiento, la ira, el perdón, la tristeza, y cómo aplicar la Palabra a nuestras vidas de forma cotidiana. En esta hermosa tarea de edificar la Iglesia de Cristo, tengamos siempre a Cristo como el centro de todo.

Seamos precavidos. Las psicologías son filosofías de ayuda que representan el esfuerzo del hombre por cambiar al hombre, y se nos presentan como aquellas “filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” de las que nos advierte el apóstol Pablo (Col. 2:8).

Sin embargo, la consejería bíblica supone ayudar al hombre con los recursos de Dios. Aconsejemos con la Palabra, para ver cómo la consejería bíblica vigoriza a la iglesia y la llena de compromiso, cómo nos hace crecer en santidad y nos aleja del victimismo y el letargo espiritual, y cómo llena a los pastores de una confianza renovada en su labor. Que todos con pasión y compasión llevemos a cabo la labor que el Señor nos encomendó, y para la cual nos compró con su sangre preciosa.

David Barceló

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

La ofrenda; 10 principios prácticos

Soldados de Jesucristo

La ofrenda; 10 principios prácticos

David Barceló

El tema del dinero es muy delicado, lo es más hablar de la ofrenda en el contexto de la religión. Fácilmente podemos caer en dos extremos. Por un lado, la idolatría. La Palabra de Dios nos advierte seriamente sobre el amor al dinero, que es raíz de todos los males (1 Timoteo 6:10), y sin embargo vemos en ciertos contextos —aún en ciertas iglesias— que tan solo se habla del dinero. Qué triste es comprobar que hay líderes religiosos más preocupados por lo que sus feligreses tienen en la cartera que por lo que tienen en el corazón. Debemos de tener cuidado con la avaricia, pues el amor al dinero es idolatría (Colosenses 3:5). Pero el otro extremo es igualmente triste: la negligencia. No podemos cerrar los ojos ante este tema, porque el dinero es un tema importante, y el Señor Jesús habla varias veces sobre nuestro uso de los bienes materiales. Hemos de confiar en Dios, nuestro proveedor, y hemos de ser buenos mayordomos de todo lo que Él pone en nuestras manos.

¿Cómo podemos entonces tener una visión bíblica del dinero? ¿Qué principios podemos seguir para saber cómo agradar al Señor con nuestras ofrendas? Veamos 10 principios prácticos de forma muy resumida:

1. Todo es del Señor

En ningún momento pienses que “le estás haciendo un favor a Dios” con tus ofrendas. Todo es suyo. Tu casa, tu coche, tu familia, tu dinero y tu vida. Pero Él es tan generoso, que todo lo que es suyo deja que lo llames “mío”. Cuando ofrendamos, no hacemos más que darle al Señor una pequeña parte de lo mucho que Él nos da.

2. La ofrenda es algo espiritual, no material

No se trata de ofrendar simplemente para cubrir los gastos de la iglesia. Nuestro uso del dinero expresa las prioridades de nuestro corazón. Usamos el dinero en aquello que nos interesa, aquello que amamos, o creemos que es importante. ¿En qué inviertes tu dinero? ¿Libros, pasatiempos, deporte, dulces, ropa? ¿Qué prioridad tienen las cosas del Señor en tu vida? ¿Qué importancia le das a la iglesia local y a la extensión del Reino? El presupuesto mensual es un reflejo de lo que está en nuestro corazón.

3. Ofrenda para el Señor, no para los hombres

La ofrenda es una forma más de expresar nuestra devoción hacia el Señor. En la iglesia que pastoreo en Barcelona, tenemos la costumbre de ofrendar usando un buzón en la sala de cultos, de modo que el creyente pueda ofrendar de forma privada y habiendo meditado delante de Dios. La oración, la lectura de la Palabra, o la ofrenda, son aspectos de nuestra adoración al Señor. Eso quiere decir, lamentablemente, que corremos el peligro de descuidar las ofrendas así como corremos el peligro de descuidar nuestra vida de devoción privada. Pero recordemos que el hecho de que solo Dios vea qué ofrendamos, no hace las ofrendas algo menos importante, sino todo lo contrario.

4. No ofrendes para que Dios te dé; ofrenda porque Dios te ha dado

El mal llamado “evangelio de la prosperidad” presenta el ofrendar como una forma de “negociar con Dios”. Algunos dicen “ofrenda, para que Dios te bendiga”, otros dicen “ofrenda, o Dios te castigará”, y usan algunos pasajes fuera de contexto para justificarse. Recordemos que en el Antiguo Testamento las bendiciones materiales eran sombra y figura de las bendiciones espirituales bajo el Nuevo Pacto. Hoy, Cristo es nuestra Tierra Prometida y todas las bendiciones celestiales las tenemos en Él (Efesios 1:3). No creemos que debamos ofrendar “para que Dios nos bendiga” sino al revés. Ofrendamos, porque Dios nos ha bendecido. ¿Te ha dado algo el Señor? ¿Tienes sustento y abrigo? ¿Dios provee para ti cada día? Nuestras ofrendas no son para “negociar” con Dios, sino una muestra de nuestra gratitud y devoción por su bondad y generosidad con nosotros.

5. Ofrendar es un privilegio

Hay causas muy nobles en las cuales vale la pena invertir dinero, pero no hay causa más excelente que la obra de la extensión del evangelio. No es de extrañar que haya creyentes que hayan ofrendado mucho para el avance del Reino. Vale la pena. Quien ha encontrado el tesoro escondido, ya no tiene el mismo apego a las cosas terrenales. Si Dios entregó lo más precioso, su Hijo, y el Hijo entregó lo más precioso, su vida, el cristiano es por naturaleza alguien que da generosamente porque ha sido objeto de la generosidad de Dios y desea que muchos más escuchen del camino de salvación.

6. Ofrendar es una responsabilidad

En algunos casos Dios ha usado a los incrédulos para proveer para su causa, como cuando los egipcios entregaron el oro a los hebreos. Pero en general, ese no es el caso. Los creyentes son los que con sus ofrendas envían misioneros, sostienen a sus pastores, construyen sus iglesias, etc. El apoyo de cada iglesia local es una responsabilidad de los miembros que la componen. El creyente puede ofrendar de muchas maneras, y a muchos lugares, pero nunca debiera de obviar esta responsabilidad principal con su propia iglesia.

7. Ofrenda con generosidad

No se trata de debatir si hemos de hacer el diezmo, o más, o menos. En el Antiguo Testamento el diezmo era parte de la ley, y no había uno sino varios diezmos (Deuteronomio 26:12-13). Normalmente, quien cuestiona el diezmo no es porque quiera ofrendar más. El diezmo ha quedado para nosotros como un baremo de lo que ofrendar, no una imposición. Hay momentos en los cuales no nos es posible hacer el diezmo, y otros momentos en los que el diezmo será muy poco. Cada uno ofrende “según haya prosperado” (1 Corintios 16:2). En el Nuevo Pacto la ofrenda obedece a principios espirituales, y debe ser generosa, en amor, y con gozo, porque la ofrenda brota de la actitud de adoración de un corazón agradecido, y está expresando nuestra dependencia de Dios (Lucas 21:3-4).

8. La ofrenda es una inversión espiritual

En 2 Corintios 9 el apóstol Pablo da instrucciones sobre cómo ofrendar. En el v.6 escribe El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará”. Todos queremos ver pecadores venir a Cristo, y bautismos, y nuevas iglesias, y el evangelio llegando a todas las naciones, pero para segar es necesario sembrar. Dios usa el esfuerzo, el tiempo, y las ofrendas de los creyentes para traer fruto espiritual en su tiempo. No veamos las ofrendas como dinero perdido, sino como dinero invertido en una causa con implicaciones eternas.

9. Ofrenda con gozo

Nos recuerda también 2 Corintios 9:7 que hemos de ofrendar “no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre”. Recuerda, que la ofrenda es parte de tu culto al Señor. ¿Acaso cantas enfadado, y oras con fastidio? ¡Claro que no! Pues tampoco ofrendes con tristeza. Que aquello que decidas ofrendar sea con alegría y gratitud en tu corazón, porque no solo ofrendas dinero. La mejor ofrenda que los magos trajeron a Belén no fue el oro, ni el incienso, ni la mirra, sino la actitud de verdadera adoración (Mateo 5:23-24).

10. Ofrenda medidamente

De nuevo 2 Corintios 9 expresa claramente “Cada uno dé como propuso en su corazón”. La ofrenda no se debe improvisar el domingo, rascando en el bolsillo a ver qué encuentro. Cuando el dinero llegue a tus manos, ya sea el salario, o un regalo, o una herencia de tu bisabuelo, decide en oración delante del Señor qué hacer con ello. ¿Vas a ofrendar? ¿Cuánto? ¿Tienes la actitud correcta en tu corazón? Y según hayas meditado, prepara tu ofrenda para llevarla el domingo. En el caso de aquellas familias donde haya varios salarios y una sola administración, la familia debe decidir junta qué van a ofrendar. En el caso de ser el único creyente en casa, decide qué vas a ofrendar con el consentimiento de tus padres, o de tu esposo, o de tu esposa. Seamos sabios, y recordemos que todo es de Dios.

David Barceló

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

http://www.sdejesucristo.org/10-principios-practicos-sobre-la-ofrenda/

1/7 – Toda Potestad Me Es Dada

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: A todas las naciones (La gran comisión)

1/7 – Toda Potestad Me Es Dada

David Barceló

 

David Barceló

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.