El Cabo de Buena Esperanza

Domingo 22 Enero

El mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre… nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia.

2 Tesalonicenses 2:16

No os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.

1 Tesalonicenses 4:13

El Cabo de Buena Esperanza

En 1488, una tripulación portuguesa que estaba buscando un paso marítimo hacia las Indias bautizó con el nombre de «Cabo de las Tormentas» un punto situado muy cerca del extremo sur de África. En efecto, los fuertes vientos que se presentaban allí hacían que este fuera un lugar temible para la navegación. Pero muy pronto comprendieron que aquel punto abría el paso a las Indias, y el nombre fue cambiado por «Cabo de Buena Esperanza».

Para todos los seres humanos, la muerte es ese cabo de las tormentas. Es la sentencia de Dios a la desobediencia del hombre (Génesis 2:17). Nadie puede escapar de él; la Biblia lo describe como el “rey de los espantos” (Job 18:14). Pero para los que depositaron su confianza en Jesucristo y recibieron por fe la vida eterna, la muerte pasa a ser ese cabo de buena esperanza, la puerta de entrada del paraíso (Lucas 23:43). Saben que Jesús su Salvador pasó por la muerte y salió de ella victorioso, y tienen la seguridad de que resucitarán como él (1 Corintios 15). Por esta razón pueden esperar el momento de su partida sabiendo que su Salvador los acompañará en ese difícil paso.

Pero también están esos “otros que no tienen esperanza”, de quienes habla el apóstol Pablo. Si usted está entre esos otros y si siente mucha angustia cada vez que piensa en la muerte, no es demasiado tarde para echar mano de la esperanza que Dios propone. Crea en Jesucristo, quien murió por usted para darle la vida eterna y liberarlo del miedo a la muerte.

1 Samuel 17:31-58 – Mateo 14:13-36 – Salmo 15 – Proverbios 4:10-13

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Dios me parecía tan lejano

Sábado 21 Enero

Mas a todos los que le recibieron (a Jesús), a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.

Juan 1:12

Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.

Mateo 5:44

Dios me parecía tan lejano

«Nací en Marruecos. Cuando nuestra familia vino a instalarse en Francia, continué practicando mi religión, pero Dios me parecía tan lejano. Deseaba tener una relación mucho más profunda con él, lo buscaba, pero siempre sentía un gran vacío. En esa época mi hermana mayor, Fátima, se convirtió al cristianismo. Para nosotros era una vergüenza. Rompimos su Biblia, pero no logramos destruir la fe interior que poseía. El fervor, la paz y el amor que mi hermana irradiaba me llamaron la atención. Mis padres me mandaron a «vigilarla». Tenía muchos prejuicios sobre el cristianismo, pero cuando entré en el lugar donde mi hermana se reunía y vi cómo aquellos cristianos adoraban a Dios, quedé realmente impresionado. ¡Aquellos cristianos amaban a Dios más que yo!

Entonces leí la Biblia, y la persona de Cristo me cautivó. ¡Un gran rey que deja la gloria del cielo para nacer en un establo! Un rey que me decía: ¡Ama a tus enemigos y ora por los que te persiguen! Sabía qué era el pecado: robar, mentir… pero ante la cruz de Jesús me di cuenta de mi miseria y pedí perdón a Dios.

Luego pedí perdón a muchas personas a las que había hecho daño. Detestaba a mi padre, pero lo abracé pidiéndole perdón y perdonándolo. Mi padre tuvo la misma experiencia que yo, es decir, aceptó a Jesús en su vida.

Al recibir a Jesús encontré a Dios, quien es mi Padre celestial. Recibí la seguridad de la vida eterna».

Saïd

1 Samuel 17:1-30 – Mateo 13:44-14:12 – Salmo 14 – Proverbios 4:7-9

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Maestro, ¿dónde moras?

Viernes 20 Enero

Jesús… les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras? Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora décima.

Juan 1:38-39

Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros.

Santiago 4:8

Maestro, ¿dónde moras?

Algunas preguntas de la Biblia

Andrés y Juan decidieron seguir a Jesús. Lo conocían muy poco, solo habían oído decir que era el Cordero de Dios, el Mesías que Dios había prometido. Como empezaron a seguirle, Jesús les preguntó: “¿Qué buscáis?”.

Esta pregunta nos interpela. ¿Qué buscamos en la fe cristiana? ¿Una enseñanza religiosa, una forma de desarrollo personal, una regla de conducta? Quizá todo esto nos haría bien, pero preguntémosle primero al Señor: “¿Dónde moras?”. Primero que todo necesitamos su presencia, la presencia de Dios. Andrés y Juan quizá no estaban dispuestos a abandonarlo todo para seguir a Jesús, pero deseaban acercarse a él para conocerlo verdaderamente. Entonces el Señor les invitó a venir y ver. El llamado del Evangelio es: “Ven y ve” (Juan 1:46). No es: busque en usted mismo, sino: vaya a lo que Dios propone. ¡Experimente, valore y agradezca!

Este llamado es personal, pero Andrés y Juan lo oyeron juntos. Fueron a ver dónde vivía Jesús y se quedaron con él aquel día… y siempre.

Como ellos, podemos buscar juntos la presencia del Señor. ¿Dónde está el Señor? Él mismo da la respuesta: donde dos o tres se reúnen en torno a él (Mateo 18:20). Allí donde nos reunimos para orar y estudiar la Biblia, donde adoramos a Dios. Vivir en la presencia de Cristo es un acto de fe responsable ligado a la necesidad de conocerle mejor.

1 Samuel 16 – Mateo 13:24-43 – Salmo 13 – Proverbios 4:1-6

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Como el hombre trae a su hijo

Jueves 19 Enero

El Señor tu Dios te ha traído, como trae el hombre a su hijo, por todo el camino que habéis andado, hasta llegar a este lugar.

Deuteronomio 1:31

Los sustentaste cuarenta años en el desierto.

Nehemías 9:21

Como el hombre trae a su hijo

Aquella noche la familia de Guillermo estaba de visita en casa de unos amigos. La conversación se prolongó y el niño, cansado de jugar, se acurrucó en una esquina del salón, esperando que los mayores acabasen sus conversaciones.

Cuando sus padres decidieron marcharse, el niño estaba profundamente dormido. Su padre lo tomó cuidadosamente en sus brazos… La cabeza del pequeño cayó pesadamente en el hombro paterno. Estaba completamente abandonado a los cuidados de sus padres. Su madre, temiendo que se resfriara, puso su abrigo sobre el niño. Su padre lo instaló en el automóvil, teniendo cuidado para no despertarlo. Cuando llegaron a casa acostó a Guillermo en su cama. El niño seguía durmiendo y no se dio cuenta de todos los cuidados que sus padres le brindaron.

Este tipo de escena se repite muchas veces. ¿Qué padre no sintió gran ternura al llevar en sus brazos a su niño dormido, quien descansaba sobre él con plena confianza? ¿Qué madre no cubrió tiernamente a un bebé mientras dormía?

Y nosotros, ¿seremos indiferentes al lenguaje divino, cuando Dios afirma que cuidó de su pueblo “como trae el hombre a su hijo”? Esto nos muestra la infinita ternura de nuestro Dios hacia aquellos que dependen de él. Hijos de Dios, estamos rodeados de sus tiernos cuidados, y muy a menudo sin que nos demos cuenta de ello. ¡Abandonémonos, pues, a sus cuidados paternos con total confianza!

1 Samuel 15 – Mateo 13:1-23 – Salmo 12 – Proverbios 3:32-35

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¡Gracias a Dios por su don inefable!

Miércoles 18 Enero

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros… Siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo.

Romanos 5:8, 10

¡Gracias a Dios por su don inefable!

2 Corintios 9:15

El vagón del metro

Estaba de pie en un vagón lleno de gente del metro parisiense. Personas de todas las edades, de orígenes diferentes y de todas las condiciones sociales se hallaban momentáneamente reunidas. A mi lado había un hombre sentado trabajando en su ordenador, más lejos había una persona exponiendo por teléfono su triste situación en medio de la indiferencia generalizada. Muchos estaban encerrados en sus pensamientos o preocupaciones. Algunos me parecían simpáticos, otros realmente antipáticos… ¡A algunos nunca los invitaría a mi casa!

De repente me vino a la cabeza un versículo de la Biblia: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

¡“Todo aquel”! ¿Es posible? ¿No se toma en cuenta la condición social, económica o el grado de instrucción? ¡No! “Todo aquel” se refiere a cada uno de los que están en el vagón, sin excepción. ¿Es posible que Dios haya sacrificado a su Hijo muy amado por estas personas como lo hizo por mí? ¡Sí! Y esta generosa oferta no excluye a nadie; a todo aquel que cree, Dios le ofrece el perdón de los pecados, la vida eterna y un lugar en el cielo junto a su Hijo. A estas personas Dios no solo las invita y les ofrece su perdón, sino que quiere hacer de ellas sus propios hijos. Verdaderamente solo el Dios de amor puede abrir sus brazos a todos, incluso al más desamparado. La oferta divina es para usted y para mí. ¡Dios lo está esperando!

1 Samuel 14:23-52 – Mateo 12:38-50 – Salmo 11 – Proverbios 3:27-31

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Los cristianos y la Navidad

Diciembre 17

Los cristianos y la Navidad

El que hace caso del día, lo hace para el Señor. (Romanos 14:6)

Los puritanos de los primeros años en América del Norte rechazaron por completo las celebraciones de la Navidad. Deliberadamente trabajaban el 25 de diciembre para demostrar su menosprecio. En 1644 se aprobó una ley en Inglaterra que reflejaba una influencia puritana parecida. La ley establecía oficialmente el día de Navidad como día de trabajo. Durante algún tiempo en Inglaterra era literalmente ilícito cocinar pudín de pasas o pastel de fruta para esa festividad.

Por lo general hoy los cristianos no se oponen a la celebración de la Navidad. La festividad misma no significa nada, y el observarla no es cuestión de bueno o malo. Como escribiera Pablo: “Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios” (Ro. 14:5-6).

Cada día, incluso el de Navidad, es una celebración para nosotros que lo conocemos y lo amamos.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.comUsted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

 

LA NORMA DE VIDA DE DIOS

LA NORMA DE VIDA DE DIOS

Charles R. Swindoll

17 de diciembre, 2018

 Salmos 15

Benjamín Franklin dijo una vez que el Salmo 15 de David era el «salmo de un caballero». Para él, representaba el parámetro de vida con el cual un caballero debía medir su propia vida. Esa es una buena descripción, pero la canción de David es aún más profunda. Yo diría que es el «salmo del cristiano». Esa canción expresa, no tanto la forma en que la persona encuentra al Señor, sino más bien la forma en que debemos vivir una vez que el Señor ha entrado en nuestras vidas. En otras palabras, el salmo no trata sobre la forma en que alguien se hace cristiano, sino más bien como un cristiano debe mantener una vida de integridad. Expresa muchas de las características éticas y morales que Dios desea en la vida diaria de sus hijos, ya sea en público o en privado.

No debería sorprendernos saber que vivimos en una época de integridad raquítica. Haga una pausa por un momento y recuerde algunos de los ejemplos más prominentes:

Oficiales militares que se encontraban en una embajada en el extranjero, y que tenían la responsabilidad de proteger documentos confidenciales, intercambiaron nuestros secretos por gratificación sexual.

Los escándalos sexuales en la política se han vuelto algo común aun en que aquellos que defienden los «valores familiares».

Hombres y mujeres que dirigen las mayores instituciones financieras se han aprovechado de sus clientes y aun del gobierno de los Estados Unidos con tal de obtener una ganancia financiera.

Aun el mundo religioso no ha escapado a la descomposición de su integridad. Escándalos sexuales y el abuso de los fondos ministeriales han manchado el rostro de varios tele-evangelistas y con ello también han afectado el testimonio de otros ministerios en los medios de comunicación, sin importar que éstos sean totalmente transparentes. Cuando una nube de sospecha aparece por encima de varios personajes famosos, aun los personajes que no son famosos sienten el efecto de su sombra.

Al igual que muchas de las canciones de David, no podemos saber que fue lo que hizo que David escribiera este salmo. Tal vez fue algo intencional.

Al dejar de lado los detalles personales, David nos permite escribir nuestros propios detalles. Sus palabras se convierten en nuestras palabras al lamentarnos por el afán de una integridad debilitada.

Además de las preocupaciones específicas de David y de las nuestras, el contexto bíblico es más amplio y eso le da un significado muy especial a este salmo. Permítame explicarle.

En el momento que un pecador creyente le da su corazón a Jesucristo, se convierte en recipiente de una gran cantidad de bendiciones espirituales. Estas se convierten en nuestra herencia eterna, la cual nunca cambia. Nos volvemos hijos de Dios (Juan 1:12), somos adoptados en su familia para siempre (Romanos 8:14-17), somos sellados y asegurados en él (Efesios 1:13), hemos sido liberados de la oscuridad al amor de Dios (Colosenses 1:3), somos miembros del sacerdocio (1 Pedro 2:9), etc. estas cosas nunca cambian, sin importar cuál sea nuestro caminar en Cristo. Son nuestra herencia permanente. De esta forma, representan nuestra posición eterna e inmutable ante los ojos de Dios.

Pero también otra cosa es cierta: tenemos una comunión temporal con nuestro Dios. Desde el momento de la salvación, el hijo de Dios tiene el privilegio de vivir bajo el control del Espíritu Santo. Sin embargo, la posibilidad opuesta también existe: el creyente, puede elegir pecar y caminar bajo la carne y por ende romper esa comunión temporal. Cuando el cristiano decide rechazar el poder y las bendiciones de Dios y salirse de esa comunión con Dios, automáticamente está entrando en el área de la disciplina divina. Permítame agregar, eso sí, que esta pérdida trágica de nuestra comunión temporal no necesita durar mucho tiempo. Si el creyente confiesa sus pecados (1 Juan 1:9) y comienza a caminar nuevamente en una dependencia total del Espíritu Santo (Gálatas 5:16; Efesios 5:18), esa comunión temporal será restaurada inmediatamente.

Déjeme aclarárselo de otra forma. Si usted le ha confiado su vida a Cristo, su destino eterno está asegurado, aun a pesar de sus fracasos personales. Sin embargo, usted puede ser excluido de los beneficios de la comunión con Dios en esta vida. Usted puede abandonar la comunión de la mesa del banquete de Dios y elegir comer la cáscara del pecado. Y por ende, usted cosechará las consecuencias de sus elecciones en esta vida: una mala nutrición, soledad, sufrimiento y arrepentimiento.

¿De qué manera esto tiene que ver con el Salmo 15? Esta canción divina tiene que ver con nuestro caminar en el área de la comunión temporal con Dios. De hecho, nos menciona algunas cosas que debemos hacer dentro del marco de referencia de esa comunión. Este salmo trata con esas obras de justicia promovidas por el Espíritu Santo mientras caminamos en dependencia total de nuestro Dios. Cuando estas cosas comienzan a disiparse de nuestras vidas, nuestra integridad inevitablemente se debilita y finalmente dañamos nuestro testimonio.

Afirmando el alma: Una integridad debilitada es un proceso similar a la erosión, algo gradual que con frecuencia se pasa por alto hasta que causa un daño catastrófico. Ninguno de nosotros es inmune a ello; todos debemos estar alerta. ¿Ha notado que su propio parámetro ha comenzado a debilitarse? ¿Es ese el resultado de ser una persona más llena de gracia o es más bien una señal de que usted no está siendo estricto con sus parámetros?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

La gracia da y la fe recibe

Martes 17 Enero

Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.

Romanos 3:24

La gracia da y la fe recibe

Rechazar un regalo significa privarse a sí mismo de ese regalo, pero también es ofender al que lo da. Cuanto más precioso sea el regalo, tanto más grande es la pérdida para el que lo rechaza y la ofensa para el dador. Dios dio a su Hijo unigénito para salvar a todos los que creen en él. No creer en él es, en el fondo, despreciar el regalo de Dios. ¡Qué pérdida y qué afrenta!

Pues bien, muchas personas no quieren recibir el maravilloso regalo de Dios. Pero, ¿cuál es el obstáculo? Probablemente la indiferencia hacia Dios unida al materialismo existente. Pero también existe una razón más oculta: si Dios es un Dios de bondad, es igualmente santo, y la conciencia no está nada cómoda en este plano. Nos gustaría presentar a Dios buenas obras para ser aceptados ante él, para parecer justos. Pero Dios declara: “No hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10). Y Jesús dice: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Lucas 5:32). A estos pecadores Dios les ofrece su gracia. Por definición, la gracia se dirige a aquellos que solo merecen el juicio.

Las innumerables religiones inventadas por los hombres exigen hacer algo para merecer el perdón. ¡Pero nadie puede hallar a Dios basándose en esto! Solo el Evangelio ofrece, por la gracia divina, el perdón a todos los hombres, pues todos somos pecadores.

Si usted admite ser un pecador, reúne la única condición necesaria para recibir el perdón gratuitamente. ¡Recíbalo con sencillez y agradecimiento!

“Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado” (Salmo 32:1).

1 Samuel 14:1-22 – Mateo 12:1-37 – Salmo 10:12-18 – Proverbios 3:21-26

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¿Quién puede ser salvo?

Lunes 16 Enero

Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios… ¿Quién, pues, podrá ser salvo? Entonces Jesús, mirándolos, dijo: Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios.

Marcos 10:25-27

¿Quién puede ser salvo?

Algunas preguntas de la Biblia

Jesús iba caminando cuando un hombre rico llegó corriendo y le dijo: “¿Qué haré para heredar la vida eterna?”. Este hombre siempre había respetado los mandamientos de la Ley, pero amaba las riquezas. Y cuando Jesús le dijo: “Anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme”, se fue triste (Marcos 10:17, 21).

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: “¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!” (v. 23). Sorprendidos, exclamaron: “¿Quién, pues, podrá ser salvo?” (v. 26). Impregnados con ideas de esa época, consideraban la riqueza como una prueba del favor de Dios. Pero Jesús los miró y les respondió: “Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios” (v. 27).

Pobres o ricos, somos incapaces de salvarnos a nosotros mismos. Sin embargo, a los que no tienen nada les es más fácil aceptar el Evangelio… Seamos quienes seamos, reconozcamos que no podemos hacer nada para obtener la vida eterna y depositemos nuestra confianza en Dios. Él lo puede todo. Él da la fe y transmite la vida eterna. “Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8).

¿Quién puede ser salvo? Nadie, si Dios mismo no lo salva. Pero él puede y quiere hacerlo, y nos anima a ir a él cuanto antes, con confianza, por medio de Jesucristo.

1 Samuel 13 – Mateo 11 – Salmo 10:1-11 – Proverbios 3:19-20

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En manos de los hombres

Domingo 15 Enero

Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.

Isaías 53:7

En manos de los hombres

De Getsemaní a la cruz

Judas acababa de traicionar a su Maestro. Era de noche, los soldados detuvieron a Jesús. Lo ataron y lo llevaron a casa de Anás, pariente del sumo sacerdote. Allí lo golpearon en el rostro por primera vez. Luego, en casa de Caifás, donde se habían reunido los jefes religiosos, falsos testigos lo acusaron. Jesús no respondió. Todos lo condenaron y querían matarlo. Le escupieron la cara, lo azotaron… Pedro lo negó tres veces.

Fue entregado a Pilato, el gobernador romano, quien dijo que Jesús era inocente. Pilato lo remitió a Herodes, quien lo trató con desprecio y, para burlarse de él, le puso una ropa resplandeciente y lo devolvió a Pilato. El gobernador trató de liberarlo, pero no lo logró.

Para burlarse de él, negando su posición de rey, vistieron a Jesús con una ropa de color púrpura (ropa real), le pusieron una corona de espinas y lo expusieron así ante la multitud. Esta gritó a una voz pidiendo la liberación de Barrabás, que era un asesino, y exigió la crucifixión de Jesús. Pilato mandó azotarle; los soldados se reunieron en torno a él en el patio del palacio. Le quitaron las vestiduras de púrpura y le pusieron su propia ropa. Jesús guardó silencio y fue llevado hasta el Gólgota para ser crucificado.

Este hombre, llamado Jesús, ¡es el Hijo de Dios! ¿Por qué no mostró resistencia alguna? ¿Por qué no hizo valer su inocencia? Porque “Cristo padeció por nosotros” (1 Pedro 2:21).

Luego, en la cruz, “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios…” (1 Pedro 3:18).

1 Samuel 12 – Mateo 10:26-42 – Salmo 9:15-20 – Proverbios 3:16-18

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