En un bar (1)

Domingo 14 Mayo

El hijo menor se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.

Lucas 15:13

Y volviendo en sí, dijo:… Me levantaré e iré a mi padre.

Lucas 15:17-18

En un bar (1)

Según las costumbres anglosajonas, algunos cristianos entraron en un bar, distribuyeron tratados y empezaron a cantar un himno. Esteban y dos de sus amigos reaccionaron violentamente y arrugaron los tratados antes de tirarlos. Al salir, Esteban tuvo una idea:

–¡Eh, chicos, vamos a hacer como si fuésemos religiosos! Daré un gran sermón sobre el hijo pródigo, y ustedes cantarán. Los tres amigos decidieron llevar a cabo su plan en un bar donde no eran conocidos. Necesitaban una Biblia, por ello Esteban le pidió una a su vecino quien, muy contento de ver su repentino interés por ese libro, le dijo que podía conservarla.

Encontrar la parábola del hijo pródigo no fue fácil, por ello Esteban recorrió todo un evangelio. Algunos pasajes le trajeron recuerdos, pero otros eran completamente nuevos para él. De repente se preguntó: ¿y si me hacen preguntas después del sermón?

La tarde señalada los amigos se encontraron en el bar. El ambiente era el mismo: olor a licor, risas fuertes… Desde su llegada empezaron a cantar: «Si supiera qué Salvador tengo…». Después de algunos instantes de sorpresa, les lanzaron todo tipo de artefactos. Dos hombres se les acercaron mostrando sus puños, pero un hombre fornido se levantó y empujó a los agresores.

–¡Déjenlos cantar!

Nadie se atrevía a contradecirlo. Sus manos de boxeador y su apariencia amenazante imponían el respeto. Esteban predicó y ese hombre lo escuchó atentamente. Los demás continuaron jugando a las cartas. Después del sermón los tres amigos salieron.

(mañana continuará)

1 Reyes 11:1-22 – Marcos 12:1-27 – Salmo 57:6-11 – Proverbios 15:15-16

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El fruto del Espíritu (3)

Sábado 13 Mayo

El Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer.

Romanos 15:13

El gozo del Señor es vuestra fuerza.

Nehemías 8:10

El fruto del Espíritu (3)

El gozo

El gozo y la paz, que forman parte del fruto del Espíritu Santo, embellecen la vida del cristiano y son portadores de esperanza. Son rasgos poco comunes en nuestro mundo que a menudo vive amargado y atormentado…

El gozo, como cualquier emoción, puede ser por una buena o una mala razón. Si es mala, “vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza”, dice el apóstol (Santiago 4:9). Pero en la Biblia la mayoría de las veces el gozo es algo positivo, señal de un vínculo estrecho con Dios (Hechos 8:39).

Algunos cristianos piensan que el gozo no es primordial en la vida cristiana. Sin embargo, este ocupa el segundo lugar en la lista que describe el fruto del Espíritu. Es verdad que en medio de las circunstancias difíciles de la vida puede parecer imposible regocijarse. Pero para cada creyente, el Espíritu Santo es un intercesor y un consolador: permite que el gozo fluya, incluso donde la tristeza reina (Hechos 16:22-25), algo parecido a los rayos solares que penetran a través de la niebla en un día de invierno.

Este es el testimonio de muchos cristianos prisioneros por su fe. Experimentaron angustias, sufrimientos, pero también un gozo interior profundo, el “gozo del Espíritu Santo” (1 Tesalonicenses 1:6). Uno de ellos escribió poco antes de morir en la cárcel: «En mi enfermedad, siempre conservo el gozo en mi corazón».

Amigos cristianos, no nos dejemos robar el gozo que Dios nos da. Este puede conducir a quienes nos rodean a ir a la fuente de ese gozo: Jesús mismo, quien lo renueva en nosotros mediante la acción de su Espíritu.

(continuará el próximo sábado)

1 Reyes 10 – Marcos 11:20-33 – Salmo 57:1-5 – Proverbios 15:13-14

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Cantad al Señor de todo corazón

Viernes 12 Mayo

Cantad al Señor cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.
Salmo 98:1
Su alabanza sea en la congregación de los santos.
Salmo 149:1

Cantad al Señor de todo corazón

Cada uno de los 150 salmos de la Biblia fue compuesto por un autor en una etapa particular de su vida. Los pensamientos y las reflexiones expresadas en ellos nos ayudan a comprender las situaciones que atravesamos hoy. También nos llevan a tener confianza en Dios y a alabarlo. Pero a veces leemos muy superficialmente expresiones como: “Señor, la habitación de tu casa he amado” (Salmo 26:8), o “Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado” (Salmo 16:1).

De hecho, muchos salmos o incluso partes de salmos expresan los pensamientos del hombre perfecto: Jesucristo. Si bien es cierto que solo él puede expresarlos y vivirlos absolutamente, cada uno de nosotros puede leerlos ante Dios con una actitud de adoración. Pero ante estos absolutos, ante estas expresiones que sobrepasan nuestra vida de fe, detengámonos para escuchar a Jesús, el Único. Guardemos silencio, apartemos la mirada de nosotros mismos y volvámonos a lo que Jesús sentía en lo profundo de su ser, especialmente en sus sufrimientos, pero también en su vida de hombre y de adorador perfecto.

Seguramente ciertos salmos puestos en su boca resonarán entonces de forma nueva, más fuerte y más real. Retomemos cada salmo, lentamente, redescubriéndolos uno a uno a la luz de Cristo, y cantemos a Dios de todo corazón. Cantemos su alabanza (Salmo 149:1). Así Jesús nos invita a entrar en sus pensamientos, en sus oraciones e intercesiones.

¡Sin duda alguna, los salmos también son para nosotros!

1 Reyes 9 – Marcos 11:1-19 – Salmo 56:8-13 – Proverbios 15:11-12

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Saulo de Tarso

Jueves 11 Mayo

(Saulo) oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues.

Hechos 9:4-5

En seguida (Saulo) predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que este era el Hijo de Dios.

Hechos 9:20

Saulo de Tarso

Para Saulo de Tarso la situación era clara: los que hablaban de Jesús formaban una secta peligrosa. Había que detenerlos, aunque fuese con violencia. Saulo pensó que había encontrado la solución, pero no había previsto un punto muy importante: Jesús estaba vivo. Saulo había oído a Esteban, el primer mártir, afirmar que veía a Jesús en el cielo, pero no había comprendido y seguía persiguiendo a los cristianos.

Un día, cuando iba camino a Damasco para arrestar a los cristianos, repentinamente se vio rodeado por un resplandor de luz del cielo, y cayó a tierra. Entonces una voz lo interpeló: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues”. En ese instante comprendió y aceptó que Jesús estaba vivo y que era el Señor (ver Hechos 25:19). ¡Toda su vida fue transformada inmediatamente!

Sin tardar anunció que Jesús era el Mesías anunciado por los profetas, el Hijo de Dios. Luego, progresivamente, se apropió el mensaje cristiano y, sobre todo, comprendió que Jesús había muerto para llevar sus pecados.

Amigo lector, ¿está convencido de que Jesús vive? Él no le ha hablado directamente, como a Pablo, pero le interpela mediante este mensaje bíblico. Lo que vivió Saulo, quien se convirtió en el apóstol Pablo, está escrito en la Biblia, para que usted aprenda de su experiencia y crea. ¿Qué hizo Saulo? Oró al Señor. Esto es lo que usted puede hacer, y así, teniendo un encuentro con el Salvador, nacerá a la fe. Luego su voz se añadirá a la de los testigos de Jesús.

1 Reyes 8:31-66 – Marcos 10:32-52 – Salmo 56:1-7 – Proverbios 15:9-10

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El tiempo de Dios y el nuestro

Miércoles 10 Mayo

Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.

Eclesiastés 3:1

Porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.

Hebreos 10:36

El tiempo de Dios y el nuestro

Raramente el tiempo de Dios corresponde al nuestro. A menudo estamos afanados, mientras Dios nunca tiene prisa. En la vida del Señor Jesús aquí en la tierra nunca vemos un momento de agitación o de retraso. Él era el Señor del tiempo y servía perfectamente a su Padre.

¡Qué diferencia con nuestra vida, a menudo llena de estrés, de premuras y de tiempo perdido! El momento de Dios no siempre es el nuestro, pues sus pensamientos no son nuestros pensamientos, y sus caminos no son los nuestros (Isaías 55:8). Entonces, cuando oremos, no le pidamos una respuesta prematura, ni le pongamos ultimátum. Nuestra fe también progresa a través de las luchas, de largas pruebas y períodos de sufrimiento. Dios nunca se equivoca, y sus demoras no son retrasos… Él utiliza todo el curso de nuestra vida a fin de prepararnos para la eternidad. Podemos estar seguros de que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien (Romanos 8:28). Si a menudo pensamos en lo que nos hace falta -algo totalmente natural-, hagamos la lista de todo lo que hemos recibido por la gracia divina y estaremos maravillados y agradecidos.

A nuestra falta de paciencia e impetuosidad natural, Dios responde mediante su Palabra: “La prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna… Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo” (Santiago 1:3-45:11).

1 Reyes 8:1-30 – Marcos 10:1-31 – Salmo 55:16-23 – Proverbios 15:7-8

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Abraham estaba aún delante de Jehová. Génesis 18:22

Manantiales en el Desierto | Lettie B. Cowman

Mayo 9
Abraham estaba aún delante de Jehová. Génesis 18:22

El amigo de Dios puede orar con El por otros. Quizás parezca que la gran fé de Abraham y su amistad están mucho más allá de nuestras pequeñas posibilidades. No debemos de desalentarnos. Abraham aumentó su fé, como también nosotros podemos aumentarla. El fué paso a paso y no a grandes saltos.
El hombre cuya fé ha sido profundamente probada y ha escapado victorioso, es el hombre a quien forzosamente tienen que venirle pruebas supremas.
Las joyas mejores se cortan y pulen con mucho cuidado. Los metales más preciados se prueban con los fuegos más fuertes.
Si Abraham no hubiese sido probado hasta lo sumo, nunca se le hubiese llamado el Padre de la Fé. Lée Génesis capítulo veinte y dos:
«Toma ahora tu hijo, tu único hijo, a quien amas.» ¡Vedle cómo camina hacia las alturas del Moriah; apenado, pensativo, pero con un corazón obediente y abatido. Con el ídolo de su corazón a su lado para sacrificarlo, por habérselo mandado su Dios, a quien él ha amado y servido fielmente!
Esta debe ser una gran reprensión para nosotros, por preguntar, dudar, quejarnos y no aceptar con la resignación de fé lo que El nos manda. Este es un ejemplo que ha de servir como lección en todos los tiempos.

¿Permanecerá para siempre la fé de este hombre para fortalecer y ayudar al pueblo de Dios?

¿Podrá saberse por medio de El que la fé que no duda siempre prueba la fidelidad de Dios?

Sí, Y cuando la fé ha sobrellevado victoriosamente su mayor prueba, entonces el ángel del Señor, el Señor Jesús, Jehová, Aquél en quien «todas las promesas de Dios son sí y amén,» le habló diciendo, «Ahora sé que tú temes a Dios. Tú has confiado en mí hasta lo infinito. Yo confiaré en tí; tú serás Mi amigo para siempre, te bendeciré y haré de tí una bendición.»

Así es siempre, y siempre ha de ser así. «Los que tienen fé, serán bendecidos con el fiel Abraham.»

No es cosa de pequeña importancia estar en términos de relación amistosa con Dios.

¿Hastiado de la vida?

Martes 9 Mayo
Tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo.
Santiago 5:11

¿Hastiado de la vida?
La Biblia nos cuenta la historia de Job, un creyente rico y feliz, pero que perdió todo en muy poco tiempo: sus bienes, sus hijos, la salud… Abrumado por tantas desgracias, Job declaró: “Está mi alma hastiada de mi vida; daré libre curso a mi queja…” (Job 10:1). Si atravesásemos las mismas pruebas, seguramente también estaríamos desanimados. En tales circunstancias, a menudo la primera reacción es acusar a Dios. Job, quien al principio soportó todo de manera ejemplar (Job 2:10), terminó diciendo: “Te has vuelto cruel para mí; con el poder de tu mano me persigues” (Job 30:21). Deseaba comprender por qué le habían sobrevenido tantos sufrimientos. Se consideraba como alguien de bien, que había hecho lo mejor para agradar a Dios. “¡Ojalá pudiese disputar el hombre con Dios, como con su prójimo!” (Job 16:21).

Durante mucho tiempo Job esperó la respuesta de Dios, y esto puso a prueba su paciencia. Pero Dios tenía un plan para bendecir a Job, así como tiene uno para cada uno de nosotros. Podemos estar seguros de que Dios siempre quiere bendecir a su criatura: “Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres” (Lamentaciones 3:32-33).

Contrario a las apariencias, fue el corazón de Dios, lleno de amor por Job, el que permitió tales dificultades, pues Dios sabía que eso llevaría a Job a hacer progresos esenciales en su vida espiritual. Pero, sobre todo, entraría en una relación mucho más estrecha con Dios.

1 Reyes 7:23-51 – Marcos 9:30-50 – Salmo 55:8-15 – Proverbios 15:5-6

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Paseándose en medio del fuego. Daniel 3:25

Manantiales en el Desierto | Lettie B. Cowman

Mayo 8
«Paseándose en medio del fuego.» Daniel 3:25

El fuego no impidió que ellos se moviesen; ellos andaban por medio del mismo. Este era una de las calles que les conducía a su destino.

El consuelo de la revelación de Cristo, no nos enseña a emanciparnos del sufrimiento, sino a emanciparnos por medio del sufrimiento.
Padre Celestial, enséñame que cuando me hallo rodeado de dificultades, me encuentro solamente, por así decir, como en un túnel. Me basta con saber que algún día todo ha de arreglarse.

Me dicen que me quedaré sobre los picos del Olivar, en las alturas de la gloriosa resurrección. Pero yo deseo más, Padre mío; yo quiero que el Calvario sea el que me conduzca a él.
Deseo saber que las obscuridades de este mundo son las sombras de una avenida, la entrada de la casa de mi Padre.

iDime que solamente estoy obligado a trepar porque Tu casa está sobre la
colina!

Aunque camine por medio del fuego, sé que el sufrimiento no ha de herirme.-George Matheson.

En medio del mortal dolor,
La cruenta cruz yo ví;
y allí raudal de gracia hallé,
Bastante para mí.

Sufriendo fué mi corazón,
y apenas pude allí
Creer que gracia habría de hallar
Bastante para mí.

En la cruz fluye sin cesar,
Insondable cual el mar,
Bastante para tí.
Esta gracia que brotó allí
-V. Mendoza.

El corazón del hombre piensa su camino; más el Señor endereza sus pasos. Proverbios 16:9

Lunes 8 Mayo

El corazón del hombre piensa su camino; mas el Señor endereza sus pasos.

Proverbios 16:9

Espera tú un poco para que te declare la palabra de Dios.

1 Samuel 9:27

Dios me buscaba

Testimonio

Era un joven peluquero e iba a mi trabajo en bicicleta. Una mañana iba demasiado rápido, tomé mal una curva y caí fuertemente. Fui llevado al hospital, a la misma habitación donde se hallaba uno de mis vecinos, un cristiano paralizado a raíz de un accidente. Mi vecino me dijo: «Fernando, lo que te falta es un Salvador personal. ¡Tienes que creer en el Señor Jesús!».

Esto me molestó, e incluso me irritó en el momento. ¡Yo estaba totalmente seguro de mí mismo y de mi importancia!

Pero Dios velaba sobre mí. Me sentí movido a abrir una Biblia que había recibido como regalo de cumpleaños. Leí: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados” (1 Juan 1:9). Además del pecado, debía confesar, sobre todo, la superficialidad de mi manera de vivir (1 Pedro 1:18). ¡El amor divino fue más fuerte! Días después me rendí y me arrodillé ante Dios llorando, confesando mi culpabilidad e invocando su perdón: ¡pasé por el nuevo nacimiento! Al recibir a Cristo como Salvador, ¡nací una segunda vez a los dieciocho años!

Algunos años más tarde Dios me mostró que quería que dejara mi trabajo para predicar su Palabra. Con las fuerzas que me da para seguir y servir a mi divino Maestro, trato de mantener siempre la mirada fija en él, mi único modelo. Jesucristo siempre ha sido fiel y lo será hasta el fin. ¡Su gracia me basta, con tal que se haga su voluntad!.

Fernando

1 Reyes 7:1-22 – Marcos 9:1-29 – Salmo 55:1-7 – Proverbios 15:3-4

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La necesidad de un Salvador

Domingo 7 Mayo
Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados.
2 Corintios 5:19
Nuestro Salvador Jesucristo… quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio.
2 Timoteo 1:10

La necesidad de un Salvador

La complejidad extraordinaria del cuerpo humano muestra la inteligencia del Creador que lo formó. Dios creó a los seres humanos, los ama y quiere tener comunicación con ellos. Sin embargo, esta obra prodigiosa, notable demostración de lo que es la vida, está destinada a morir un día. La Palabra de Dios lo declara, la sentencia de muerte pesa sobre el ser humano desde que desobedeció a su Creador y así el pecado entró en el mundo (Romanos 5:12). Debido al pecado, ¿la única perspectiva para el hombre será entonces la muerte? ¡No! Es cierto que el pecado creó una separación entre Dios y el hombre (Isaías 59:2), pero “Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él” (1 Juan 4:9).

Era necesario que Jesús muriese para borrar nuestros pecados y darnos una vida nueva, eterna. Jesús permitió, pues, que lo clavasen en la cruz. Y el Padre recibe con amor a todo aquel que por la fe acepta esa salvación perfecta, ofrecida gratuitamente. ¿Comprendemos el valor que nuestra vida tiene para Dios? Es infinito: no hay amor más grande que dar su vida por los que amamos (Juan 15:13). Arrepentirse reconociendo que somos pecadores ante Dios, y aceptar el sacrificio de Jesús por nosotros, es suficiente para obtener el perdón y la vida eterna.

“¿Quiero yo la muerte del impío? dice el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos? Echad de vosotros todas vuestras transgresiones… y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo” (Ezequiel 18:23, 31).

1 Reyes 6 – Marcos 8:22-38 – Salmo 54 – Proverbios 15:1-2

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