Si no luchamos contra la lujuria

JULIO, 27

Si no luchamos contra la lujuria

Devocional por John Piper

Amados, os ruego… que os abstengáis de las pasiones carnales que combaten contra el alma. (1 Pedro 2:11)

Cuando confronté a un hombre respecto del adulterio en el que estaba viviendo, traté de entender su situación y le rogué que volviera con su esposa. Entonces le dije: «¿Sabes? Jesús dijo que si no peleas contra este pecado con una seriedad que hasta estarías dispuesto a arrancarte el ojo, te irás al infierno y sufrirás allí para siempre».

Como cristiano profesante, me miró con una incredulidad total, como si nunca hubiera escuchado algo igual en su vida, y me dijo: «¿Quieres decir que crees que una persona puede perder su salvación?».

Es así que he podido observar, una y otra vez y por experiencia personal, que hay muchos cristianos profesantes que tienen una visión de la salvación que está desconectada de la vida real, que nulifica las advertencias de la Biblia, y que pone a la persona que peca y que dice ser cristiana fuera del alcance de las exhortaciones bíblicas. Yo creo que esta visión de la vida cristiana está consolando a miles que caminan por el camino ancho que guía a la destrucción (Mateo 7:13).

Jesús dijo que si no peleamos contra la lujuria, no iremos al cielo. No significa que los santos siempre vencen al pecado: la cuestión es que nos determinemos a pelear, no que tengamos una victoria perfecta.

Lo que está en juego es mucho más importante que lo que pasaría si el mundo explotara en mil pedazos a causa de misiles de largo alcance, o si los terroristas bombardearan la ciudad en la que vivimos, o si el calentamiento global derritiera los polos, o si el SIDA arrasara con las naciones. Todas estas calamidades solo pueden matar el cuerpo; pero si no peleamos contra la lujuria, perderemos nuestra alma.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), página 331

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Jueces 10 | Hechos 14 | Jeremías 23 | Marcos 9

27 JULIO

Jueces 10 | Hechos 14 | Jeremías 23 | Marcos 9

Gran parte de Jeremías 23 es una denuncia de los “pastores” que destruyen y dispersan a las ovejas de los pastos del Señor (23:1; compárese Jeremías 10 y la meditación del 14 de julio). La larga sección relativa a los profetas mentirosos (23:9–40) es una de las presentaciones más perspicaces de las diferencias entre los profetas verdaderos y los falsos en todas las Escrituras. Su patetismo se profundiza con los apartes del profeta Jeremías, que no solo revelan algún elemento presente en el verdadero profeta, sino que exponen sus propios sentimientos: “Se me parte el corazón en el pecho y se me estremecen los huesos. Por causa del Señor y de sus santas palabras, hasta parezco un borracho, alguien dominado por el vino” (23:9). La dura condena de los sueños transmitidos con entusiasmo en los círculos proféticos, mientras estos son incapaces de comunicar fielmente la Palabra de Dios (23:25–39), tiene una relevancia contemporánea que solo los ciegos no podrían ver.

No obstante, quiero centrarme en los seis primeros versículos. A la luz de los reyes inmensamente inmorales e idólatras condenados en el capítulo anterior, y de los pastores destructivos de este, Dios presenta la solución definitiva, que consta de tres componentes:

(1) Dios acabará con los pastores destructivos (23:2). Es un tema que ya hemos visto antes y que ocupa buena parte de este capítulo.

(2) Dios mismo reunirá al remanente del rebaño de allá donde esté dispersado, trayéndolo de vuelta a sus pastos. El Señor declara: “Pondré sobre ellas pastores que las pastorearán, y ya no temerán ni se espantarán, ni faltará ninguna de ellas” (23:4). En otras palabras, la promesa del fin del exilio y el retorno del remanente se expresa ahora con la imagen de un rebaño dispersado que vuelve a sus pastos. Sin embargo, existe también un elemento de expectación que trasciende el final histórico del exilio: el propio Señor proveerá unos pastores de una naturaleza que irá más allá de lo que las personas han experimentado en el pasado.

(3) En particular, Dios hará “surgir un vástago justo de la simiente de David” (23:5). El linaje davídico será poco más que un tocón, pero un nuevo “vástago” crecerá de él, un rey que “reinará con sabiduría en el país, y practicará el derecho y la justicia” (23:5). Sus días traerán seguridad y salvación para el pueblo del pacto de Dios. “Este es el nombre que se le dará: ‘El Señor es nuestra salvación’ ” (23:6). Y eso, porque, por él, Dios será al mismo tiempo justo y quien justificará a los impíos, vindicándolos por la vida y muerte del vástago del linaje de David (Romanos 3:20–26).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 208). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La nobleza del hombre

Viernes 27 Julio

Creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios.

Génesis 1:27-28

Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios.

1 Juan 3:1

La nobleza del hombre

¿Tiene el hombre una nobleza natural que lo distingue de los demás seres vivos? Algunos ven en su inteligencia una facultad superior, otros evocan su posibilidad de comunicarse mediante un lenguaje complejo, otros invocan sus aptitudes artísticas. La Biblia presenta al ser humano como la más noble de las criaturas. ¿Por qué? Porque fue creado a imagen de Dios, quien sopló en su nariz un aliento de vida. El hombre puede tener una relación inteligente con Dios. Su conciencia asociada a su inteligencia, su naturaleza espiritual y moral, le confieren todo ese carácter especial.

Pero desde su desobediencia inicial, el hombre perdió toda relación de confianza con su Creador. Se debate entre su rechazo a Dios y sus aspiraciones hacia la armonía que perdió. Privado de la presencia de Dios y de la comunicación con él, siente una profunda nostalgia.

¿Dejará Dios a su criatura en esta situación de oposición y fracaso? No, “porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). El que acepta esta gracia y confiesa su alejamiento de Dios tiene la vida eterna. Esta nueva vida le permite entrar en relación con Dios.

Desde entonces el creyente recibe una nueva nobleza. No solo la de una criatura que tiene buena relación con su Creador, sino también la de un hijo de Dios amado por su Padre. Jesucristo, su Salvador, se convierte en su Modelo, y su deseo es reproducir en su vida algo de su belleza moral.

Números 36 – Lucas 10:21-42 – Salmo 89:1-6 – Proverbios 20:8-9

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Nada de venganza

Nada de venganza

7/26/2018

No paguéis a nadie mal por mal. (Romanos 12:17)

Algunos creen que la ley del Antiguo Testamento de “ojo por ojo, diente por diente” (Éx. 21:24) permite la venganza personal. Pero no se refiere a eso. En realidad quería decir que la severidad del castigo jurídico no debe exceder a la severidad de un delito. En otras palabras, si alguien le saca un ojo a otra persona, no se le puede castigar más allá de la pérdida de su propio ojo.

La autoridad para vengar injusticias civiles y criminales corresponde por mandato divino solamente a los gobiernos. Dios prohíbe que exijamos venganza personal. El apóstol Pedro resumió el principio de esta manera: “Finalmente, sed todos de un mismo sentir… no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición” (1 P. 3:8-9).

DERECHOS DE AUTOR © 2018 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

Qué significa amar el dinero

JULIO, 26

Qué significa amar el dinero

Devocional por John Piper

Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero. (1 Timoteo 6:10)

¿Qué quiso decir Pablo cuando escribió esto? No pudo haberse referido a que el dinero siempre está en nuestra mente cuando pecamos. Cometemos muchos pecados sin estar pensando en el dinero.

Mi interpretación es la siguiente: él se refería a que todos los males del mundo vienen de un cierto tipo de corazón, específicamente, el tipo de corazón que ama el dinero.

Ahora bien, ¿qué significa amar el dinero? No es admirar el papel color verde o las monedas de cobre o los siclos de plata. Para entender qué significa amar el dinero, debemos preguntarnos: ¿qué es el dinero? Yo respondería esa pregunta así: el dinero es simplemente un símbolo que representa recursos humanos. El dinero representa lo que podemos conseguir de los hombres y no de Dios.

Dios trabaja con la moneda de la gracia, no con el dinero: «Todos los sedientos, venid a las aguas; y los que no tenéis dinero, venid, comprad y comed» (Isaías 55:1). El dinero es la moneda de recursos humanos. Por lo tanto, el corazón que ama el dinero es el que pone sus esperanzas y pone su confianza en lo que los recursos humanos pueden ofrecer, y persigue sus placeres.

Así que el amor al dinero es prácticamente lo mismo que poner la fe en el dinero, es decir, tener la convicción (confianza, esperanza, seguridad) de que el dinero suplirá nuestras necesidades y nos hará felices.

El amor al dinero es la alternativa a la fe en la gracia venidera de Dios. El amor al dinero es la fe en los recursos humanos venideros. Por lo tanto, el amor al dinero, o la confianza en el dinero, es la otra cara de la incredulidad en las promesas de Dios. Jesús dijo en Mateo 6:24: «Nadie puede servir a dos señores… No podéis servir a Dios y a las riquezas».

No podemos confiar en Dios y en el dinero al mismo tiempo. Creer en uno es desconfiar del otro. El corazón que ama el dinero —que apuesta su felicidad al dinero— no está apostando a la gracia venidera de Dios para su satisfacción.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), página 323-324

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Jueces 9 | Hechos 13 | Jeremías 22 | Marcos 8

26 JULIO

Jueces 9 | Hechos 13 | Jeremías 22 | Marcos 8

Los lectores concienzudos de Jeremías saben que los diversos oráculos no se dan en orden cronológico. En algunas ocasiones, la secuencia de los mismos es desconcertante; en otras, es claramente temática. En Jeremías 22, encontramos una serie de afirmaciones relativas a los últimos reyes de Judá, pero la lista no está ordenada cronológicamente. Lo importante de estas declaraciones es quizás que ofrecen el contrapunto para la perspectiva de un rey mucho más fructífero, presentado en el siguiente capítulo.

(1) Los nueve primeros versículos continúan con la advertencia a Sedequías y con la petición de que vuelva a las estipulaciones del pacto a fin de evitar el desastre inminente.

(2) Jeremías 22:10–12 se ocupa de Salún, conocido también como Joacaz. Era uno de los hijos del último rey reformador, Josías, que murió en Meguido en 609 a.C. Reinó sólo tres meses antes de que el faraón Necao lo depusiese (durante los últimos años, cuando Judá seguía siendo Estado vasallo de Egipto, antes de que Babilonia asumiese el papel de superpotencia de la región en 605: cp. los comentarios de ayer). Deportado a Egipto, Salún nunca volvió a Israel. Fue el primer rey davídico que murió en el exilio.

(3) El hermano mayor de Salún, Joacim, sucedió a este en el trono (22:13–23). Se vio obligado a pagar duros impuestos a Egipto, pero impuso cargas adicionales para su propia glorificación. Era opresor, codicioso, avaro y necio (cp. 2 Reyes 23:35). Lo peor de todo es que cambió todas las políticas reformadoras de su padre Josías, aprobando los rituales paganos, incluso los del poder dominante, Egipto. Su explotación de los obreros desafiaba el pacto mosaico (Levítico 19:13; Deuteronomio 24:14). La denuncia de Jeremías es mordaz: “¿Acaso eres rey sólo por acaparar mucho cedro? Tu padre no sólo comía y bebía, sino que practicaba el derecho y la justicia, y por eso le fue bien” (22:15). La consecuencia de las desastrosas y malvadas políticas de Joacim fue la destrucción de la nación. En cuanto a él, moriría de forma ignominiosa y echarían su cadáver a la basura (22:19). Dios le dice: “Yo te hablé cuando te iba bien, pero tú dijiste: ‘¡No escucharé!’. Así te has comportado desde tu juventud: ¡Nunca me has obedecido!” (22:21).

(4) Su hijo Jeconías (también llamado Joaquín, o Conías [37:1, nota]) subió al trono en diciembre de 598, al morir Joacim. En esa época, Jerusalén ya estaba sitiada. Jeconías era un muchacho de dieciocho años. Reinó durante tres meses. Después, Jerusalén cayó y lo deportaron a Babilonia, donde vivió el resto de su vida, en la cárcel hasta 561, y posteriormente en la corte babilónica. Ninguno de sus hijos ni de sus nietos se sentaría en el trono de David (22:30). “¡Tierra, tierra, tierra! ¡Escucha la palabra del Señor!” (22:29).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 207). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Morir en paz

Jueves 26 Julio

Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.

Hebreos 9:27

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Juan 11:25

Morir en paz

Un artículo de un periódico describía irónicamente la agitación y el nerviosismo de la gente de hoy. El texto terminaba más o menos así: «Si a las 13:30 se da prisa para almorzar, a las 14:15 ya podría estrellarse con su automóvil contra un muro. Sobre las 14:30 ya podría estar en el hospital. Y si todavía se da prisa, llegaría a tiempo a su propio entierro».

En efecto, mi entierro no tendrá lugar sin mí. Durante toda nuestra vida podemos darnos prisa sin cesar, esforzarnos para no perder nada y evitar todo lo que podría ser desagradable, pero lo cierto es que la muerte nos alcanzará. No podremos evitar nuestro propio entierro, y mucho menos el juicio de Dios. Esto es lo que la Biblia dice en los versículos citados hoy.

Entonces surge una pregunta: ¿Cómo podemos escapar al veredicto de condenación, cómo morir en paz?

La respuesta se resume en una palabra: ¡Jesús! Él, el Hijo de Dios que vino a la tierra, murió en la cruz para llevar los pecados de todo el que cree en él, para sufrir la condenación en su lugar. “El que en él cree, no es condenado” (Juan 3:18). De esta manera el creyente es liberado del justo juicio de Dios. Desde ahora puede vivir con su corazón en paz.

Jesús dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27).

Números 35 – Lucas 10:1-20 – Salmo 88:13-18 – Proverbios 20:6-7

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Debe regir la humildad

Debe regir la humildad

7/25/2018

No seáis sabios en vuestra propia opinión. (Romanos 12:16)

Los cristianos presumidos y egoístas son una seria contradicción. Si hemos de seguir a Cristo debemos someternos a la voluntad de Dios como se presenta en su Palabra. Cualquier confianza que usted tenga en sí mismo, en su propia sabiduría o en sus talentos naturales debe subordinarse a los mandatos del Señor.

De ninguna manera debe ser presumido, ni en ningún sentido considerarse mejor que los demás creyentes. Más bien Dios quiere que usted acepte y abrace a cada miembro del cuerpo de Cristo: “No mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros” (Fil. 2:4).

DERECHOS DE AUTOR © 2018 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

La estrategia de Satanás y nuestra defensa

Julio 25

La estrategia de Satanás y nuestra defensa

Devocional por John Piper

Resistidle firmes en la fe… (1 Pedro 5:9)

Los dos grandes enemigos del alma son el pecado y Satanás; y el pecado es el peor enemigo, porque la única manera de que Satanás nos pueda destruir es haciéndonos pecar.

Dios le puede dar permiso para molestarnos, como lo hizo con Job, o hasta matarnos, como lo hizo con los santos de Esmirna (Apocalipsis 2:10); pero Satanás no puede condenarnos ni robarnos la vida eterna. La única manera de que nos pueda hacer un daño definitivo es incitarnos a pecar —y eso es exactamente lo que intenta a hacer—.

Por lo tanto, el trabajo principal de Satanás es defender, promover, asistir, excitar y confirmar nuestra inclinación al pecado.

Lo vemos en Efesios 2:1-2: «Vosotros… estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo… conforme al príncipe de la potestad del aire». Pecar es «conformarse» al poder de Satanás en el mundo. Cuando él trae maldad moral, lo hace por medio del pecado. Cuando pecamos, nos movemos en su esfera y estamos en conformidad con él. Cuando pecamos, damos «lugar al diablo» (Efesios 4:27).

Lo único que nos condenará en el día del juicio será el pecado no perdonado —no las enfermedades, ni las aflicciones, ni las persecuciones, ni las intimidaciones, ni las apariciones, ni las pesadillas—. Satanás lo sabe. Por eso, centra su atención principalmente no en cómo asustar a cristianos con fenómenos extraños (aunque hay mucho de eso), sino más bien en cómo corromper cristianos con modas pasajeras inútiles y pensamientos de maldad.

Satanás quiere agarrarnos en los momentos en que nuestra fe no esté firme, cuando esté vulnerable. Tiene sentido entonces que lo que Satanás apunte a destruir sean nuestros medios para resistir sus iniciativas. Por eso Pedro dice: «resistidle firmes en la fe». Por esto también es que Pablo dice que «el escudo de la fe» puede «apagar todos los dardos encendidos del maligno» (Efesios 6:16).

La forma de frustrar al diablo es fortaleciendo eso mismo que él más busca destruir: nuestra fe.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), página 321-323

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Jueces 8 | Hechos 12 | Jeremías 21 | Marcos 7

25 JULIO

Jueces 8 | Hechos 12 | Jeremías 21 | Marcos 7

Jerusalén pasó a ser vasallo de Babilonia de 605 a.C. en adelante, después de que esta derrotase a Egipto en la batalla de Carquemis. Más adelante, se rebeló y cayó derrotada en 597, cuando la mayor parte de la familia real, junto a los nobles, los ricos y los artesanos capacitados, fueron llevados a Egipto, con Sedequías como monarca interino. Este era tío del joven rey Joaquín, al que llevaron al exilio. A pesar de las fuertes advertencias de Dios por medio de Jeremías, en las que decía que Israel no debía rebelarse contra los babilonios, las autoridades de Jerusalén prefirieron escuchar a los falsos profetas. Cuando Judá se rebeló, las represalias de Babilonia fueron implacables. Las tropas de Nabucodonosor destruyeron Judá y asediaron Jerusalén, que sucumbió finalmente en 587.

La profecía de Jeremías 21 tiene lugar durante el reinado de Sedequías, cuando las tropas babilónicas se están reuniendo para el asedio final, probablemente en 589 o 588. El Pasur que el rey envió a consultar a Jeremías no es el que se presenta en 20:1. La destrucción total es una amenaza inminente, como Jeremías ha estado prediciendo durante más de tres décadas. Desesperado, Sedequías consulta a todo el que puede, incluyendo a Jeremías, anhelando encontrar el hilo más fino de esperanza. Quizás el Señor hará grandes milagros de nuevo, como realizó en el pasado, en la época del Éxodo, por ejemplo, o cuando los asirios fueron derrotados durante el reinado de Ezequías, salvando a Jerusalén. Dios contesta por medio del profeta, en tres partes:

Primero, lejos de salvar a la ciudad, Dios está decidido a destruirla (21:3–7). Luchará junto a los babilonios: “Yo mismo pelearé contra vosotros. Con gran despliegue de poder, y con ira, furor y gran indignación” (21:5). Sedequías y su entorno no se salvarán.

Segundo, se deduce que la única decisión sabia es rendirse. Según los términos establecidos en las situaciones de asedio, la ciudad que se defendía no podía esperar misericordia. Los que se rendían podían acabar como esclavos o exiliados, pero al menos salvarían su vida. Dios propone dos caminos (21:8–10): el de la vida y el de la muerte. Esta elección no es exactamente igual que otras parecidas en las Escrituras (p. ej. Deuteronomio 30:15, 19; Mt. 7:13–14), pero se asemeja en que distingue entre la obediencia y la desobediencia, y sus respectivas consecuencias.

Tercero, como tantas promesas de juicio de Dios, existe una salida, dado que hay una opción de retorno inmediato a la justicia social y personal en la raíz del pacto mosaico (21:11–14). Sin embargo, sin una rápida transformación, la pequeña nación será condenada. Trágicamente, el cambio no llega y no será la última vez que se ignoran las serias advertencias.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 206). Barcelona: Publicaciones Andamio.