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Jueces 9 | Hechos 13 | Jeremías 22 | Marcos 8

26 JULIO

Jueces 9 | Hechos 13 | Jeremías 22 | Marcos 8

Los lectores concienzudos de Jeremías saben que los diversos oráculos no se dan en orden cronológico. En algunas ocasiones, la secuencia de los mismos es desconcertante; en otras, es claramente temática. En Jeremías 22, encontramos una serie de afirmaciones relativas a los últimos reyes de Judá, pero la lista no está ordenada cronológicamente. Lo importante de estas declaraciones es quizás que ofrecen el contrapunto para la perspectiva de un rey mucho más fructífero, presentado en el siguiente capítulo.

(1) Los nueve primeros versículos continúan con la advertencia a Sedequías y con la petición de que vuelva a las estipulaciones del pacto a fin de evitar el desastre inminente.

(2) Jeremías 22:10–12 se ocupa de Salún, conocido también como Joacaz. Era uno de los hijos del último rey reformador, Josías, que murió en Meguido en 609 a.C. Reinó sólo tres meses antes de que el faraón Necao lo depusiese (durante los últimos años, cuando Judá seguía siendo Estado vasallo de Egipto, antes de que Babilonia asumiese el papel de superpotencia de la región en 605: cp. los comentarios de ayer). Deportado a Egipto, Salún nunca volvió a Israel. Fue el primer rey davídico que murió en el exilio.

(3) El hermano mayor de Salún, Joacim, sucedió a este en el trono (22:13–23). Se vio obligado a pagar duros impuestos a Egipto, pero impuso cargas adicionales para su propia glorificación. Era opresor, codicioso, avaro y necio (cp. 2 Reyes 23:35). Lo peor de todo es que cambió todas las políticas reformadoras de su padre Josías, aprobando los rituales paganos, incluso los del poder dominante, Egipto. Su explotación de los obreros desafiaba el pacto mosaico (Levítico 19:13; Deuteronomio 24:14). La denuncia de Jeremías es mordaz: “¿Acaso eres rey sólo por acaparar mucho cedro? Tu padre no sólo comía y bebía, sino que practicaba el derecho y la justicia, y por eso le fue bien” (22:15). La consecuencia de las desastrosas y malvadas políticas de Joacim fue la destrucción de la nación. En cuanto a él, moriría de forma ignominiosa y echarían su cadáver a la basura (22:19). Dios le dice: “Yo te hablé cuando te iba bien, pero tú dijiste: ‘¡No escucharé!’. Así te has comportado desde tu juventud: ¡Nunca me has obedecido!” (22:21).

(4) Su hijo Jeconías (también llamado Joaquín, o Conías [37:1, nota]) subió al trono en diciembre de 598, al morir Joacim. En esa época, Jerusalén ya estaba sitiada. Jeconías era un muchacho de dieciocho años. Reinó durante tres meses. Después, Jerusalén cayó y lo deportaron a Babilonia, donde vivió el resto de su vida, en la cárcel hasta 561, y posteriormente en la corte babilónica. Ninguno de sus hijos ni de sus nietos se sentaría en el trono de David (22:30). “¡Tierra, tierra, tierra! ¡Escucha la palabra del Señor!” (22:29).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 207). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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