¡Contemos nuestros días!

Domingo 16 Abril
Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.
Salmo 90:12
Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.
Mateo 25:21
¡Contemos nuestros días!
«Hoy es mi cumpleaños… Nuestros días se suman unos a otros, cada vez más rápido, y esta suma solo terminará cuando Jesucristo nos llame a su presencia. ¡Y en ese transcurso continuo, corremos el riesgo de olvidar el valor único del día de hoy!

Tenemos la impresión de que el tiempo se nos escapa, que siempre nos falta… Quizá porque desperdiciamos muchas horas en cosas que no son necesarias, en cosas que no valen la pena, y nosotros los cristianos no nos centramos en lo que debe ser nuestro mayor deseo, es decir, en vivir para al Señor.

A menudo estamos estancados en una rutina llena de cosas inútiles. Pidamos al Señor que nos muestre cuáles son las cosas que nos hacen perder nuestro tiempo, y que nos ayude a dejarlas a un lado. Leyendo los evangelios vemos cómo un encuentro con Jesús transforma la vida. Nuestra vida cambió cuando creímos en el Señor Jesús, pero cada día podemos experimentar este cambio.

Volvamos a leer la parábola de los talentos en Mateo 25:14-30. Dios confió talentos, dones y cualidades a cada uno de nosotros. Es un regalo lleno de promesas, pero también implica una responsabilidad: emplearlos para su servicio y su honor.

Señor, enséñame a contar mis días para que mi prioridad sea conocerte mejor y hablar de ti a mi alrededor, hasta el día en que me llames a tu presencia: en el gozo de mi Señor».

Malou
Ezequiel 39 – 1 Pedro 2:1-10 – Salmo 44:17-26 – Proverbios 13:20-21

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¿Y si tuviera que morir ahora?

Sábado 15 Abril

Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.

Filipenses 1:21

Buscad al Señor… al que… vuelve las tinieblas en mañana.

Amós 5:68

¿Y si tuviera que morir ahora?

Testimonio

Dios siempre me había parecido muy lejano. Pero cuando mi padre murió de un cáncer, y poco después uno de mis primos murió en un accidente de tránsito, no pude eludir el tema por más tiempo. ¿Qué es la muerte? El hecho de que nadie pueda escapar de ella me asustaba muchísimo, por ello me preguntaba: «¿Si muriese ahora, adónde iría?». Sabía lo que la Biblia enseña respecto al más allá. Si en este momento tuviese que morir, no sería salvo. Debía “hacer las paces” con Dios para estar seguro de tener la vida eterna.

El verano siguiente fui a un campamento de jóvenes cristianos esperando hallar esa paz que tanto buscaba. Allí, por fin, comprendí el mensaje de la Biblia: Cristo murió para reconciliarme con Dios el Padre y darme su paz. Él llevó mis pecados y sufrió en mi lugar el castigo que yo merecía. Mi pecado fue puesto sobre Cristo en la cruz, y él, quien era inocente, fue condenado por ello. Mediante la fe comprendí lo que Cristo había hecho por mí; experimenté el amor de Dios por mí y mi vida fue transformada totalmente. Antes, el miedo a la muerte me horrorizaba, pero ahora que Cristo está en mi vida simplemente puedo decir, como el apóstol Pablo: “Para mí… el morir es ganancia”, porque sé a dónde iré después de esta vida terrenal. ¡Estaré con mi Creador y Salvador, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí!.

David

Jesús se hizo hombre “para destruir… al que tenía el imperio de la muerte… y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban… sujetos a servidumbre” (Hebreos 2:14-15).

Ezequiel 38 – 1 Pedro 1:13-25 – Salmo 44:9-16 – Proverbios 13:18-19

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¿Qué precio tiene el ser humano?

Viernes 14 Abril
Y pesaron por mi salario treinta piezas de plata. Y me dijo el Señor: Échalo al tesoro; ¡hermoso precio con que me han apreciado! (profecía concerniente a Jesús, vendido por Judas)
Zacarías 11:12-13
Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo.
1 Corintios 6:20

¿Qué precio tiene el ser humano?
Desde el punto de vista humano, el valor de una persona es muy variable. Los grandes clubes de fútbol están dispuestos a gastar cantidades exorbitantes de dinero para comprar un jugador. Por otro lado, algunos tiranos masacran sin escrúpulos a hombres, mujeres y niños, como si su vida no valiese nada.

Jesús mismo fue estimado en treinta piezas de plata, es decir, el precio de un esclavo. Fue el dinero que Judas recibió por haberlo entregado a los jefes religiosos. Un profeta resumió este vil acto con estas palabras: “No lo estimamos” (Isaías 53:3). Este profundo desprecio y odio dieron como resultado la crucifixión de Jesús.

Los hombres son responsables de su muerte. Pero en la cruz, Jesús pagó con su vida el inmenso precio para salvar al hombre. ¡Él sufrió el abandono, la ira de Dios contra el pecado, la muerte! Jesucristo “se dio a sí mismo en rescate por todos” (1 Timoteo 2:6). Los creyentes fuimos comprados a gran precio: la vida de Cristo, su sangre derramada en la cruz. “Fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir… no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo” (1 Pedro 1:18-19). Dios aceptó este sacrificio, que responde perfectamente a su santidad y a su justicia. ¡No rechacemos su gracia! El precio que pagó para salvarnos está a la medida de su amor: es infinito.

Seamos conscientes del valor que tenemos ante sus ojos, y tratemos de agradarle.

Ezequiel 37 – 1 Pedro 1:1-12 – Salmo 44:1-8 – Proverbios 13:16-17

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Un problema puede esconder otro

Miércoles 12 Abril
A causa de la multitud de las violencias claman, y se lamentan por el poderío de los grandes. Y ninguno dice: ¿Dónde está Dios mi Hacedor, que da cánticos en la noche?
Job 35:9-10

Un problema puede esconder otro
Sin duda, para provocar indignación en Jesús, algunos le contaron que Pilato había hecho masacrar a unos galileos y había mezclado su sangre con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús respondió citando otra tragedia que sucedió sin que fuese por culpa de la maldad del hombre: “Aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén? Os digo: No” (Lucas 13:1-5). Con este ejemplo Jesús demostró que no debemos asociar automáticamente una catástrofe a un castigo divino.

En todos los tiempos se ha tratado de dar un sentido a los acontecimientos negativos, y se ha escrito mucho sobre este tema, pues las catástrofes naturales o los accidentes producen angustia y aflicción.

Jesús no respondió directamente la pregunta, sino que fue a lo esencial: “Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (Lucas 13:5). Hoy muchos quisieran preguntarle a Dios sobre la existencia del mal y del sufrimiento en la tierra. Él no tiene que rendirnos cuentas de nada, pero invita a cada uno a huir del terrible juicio reservado a todos, pues todos le desobedecieron. Y nos muestra cómo ser salvos: por medio del arrepentimiento y la fe en el sacrificio de Jesucristo.

¿Qué responderemos a la gracia de Dios que ofrece la salvación a todo el que se arrepiente? ¡Escuchemos las advertencias de Dios y no confundamos el problema: ¡ante todo, es necesario ser salvos, y esto es posible!

Ezequiel 35:1-36:12 – 2 Tesalonicenses 2 – Salmo 42:7-11 – Proverbios 13:12-13

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Un problema puede esconder otro

Miércoles 12 Abril

A causa de la multitud de las violencias claman, y se lamentan por el poderío de los grandes. Y ninguno dice: ¿Dónde está Dios mi Hacedor, que da cánticos en la noche?

Job 35:9-10

Un problema puede esconder otro

Sin duda, para provocar indignación en Jesús, algunos le contaron que Pilato había hecho masacrar a unos galileos y había mezclado su sangre con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús respondió citando otra tragedia que sucedió sin que fuese por culpa de la maldad del hombre: “Aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén? Os digo: No” (Lucas 13:1-5). Con este ejemplo Jesús demostró que no debemos asociar automáticamente una catástrofe a un castigo divino.

En todos los tiempos se ha tratado de dar un sentido a los acontecimientos negativos, y se ha escrito mucho sobre este tema, pues las catástrofes naturales o los accidentes producen angustia y aflicción.

Jesús no respondió directamente la pregunta, sino que fue a lo esencial: “Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (Lucas 13:5). Hoy muchos quisieran preguntarle a Dios sobre la existencia del mal y del sufrimiento en la tierra. Él no tiene que rendirnos cuentas de nada, pero invita a cada uno a huir del terrible juicio reservado a todos, pues todos le desobedecieron. Y nos muestra cómo ser salvos: por medio del arrepentimiento y la fe en el sacrificio de Jesucristo.

¿Qué responderemos a la gracia de Dios que ofrece la salvación a todo el que se arrepiente? ¡Escuchemos las advertencias de Dios y no confundamos el problema: ¡ante todo, es necesario ser salvos, y esto es posible!

Ezequiel 35:1-36:12 – 2 Tesalonicenses 2 – Salmo 42:7-11 – Proverbios 13:12-13

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Creer… ¡pero a mi manera!

Martes 11 Abril

Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.

Efesios 2:8-9

Creer… ¡pero a mi manera! (1)

Oímos decir a menudo: «Creo a mi manera», o: «Tengo mi religión». Es una respuesta fácil para eliminar las preguntas de fondo. Cada uno se inventa una religión personal que no le molesta mucho, sino que más bien le complace. Así, un criminal de guerra decía que creía en un dios «que no juzgaba el pecado y que no condenaba a nadie».

Es peligroso basarse en sus propias opiniones sin tratar de saber qué piensa Dios.

Caín y Abel eran dos hermanos que creían en Dios. Ambos quisieron ofrecerle una ofrenda: Abel ofreció unos corderos de su rebaño; Caín se acercó a Dios «a su manera», con frutas y verduras de su huerto, sin duda los mejores que él mismo había cultivado. Sin embargo, Dios no aceptó su ofrenda, pues Caín no tuvo en cuenta lo que Dios había dicho: “Maldita será la tierra” (Génesis 3:17). El único sacrificio aceptable era un cordero que anunciaba “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29), es decir, el sacrificio de Jesús para salvar a los hombres.

¿Qué pensaría usted de una persona que pidiese una entrevista con un jefe de Estado y no respetase el protocolo? ¿Sería recibida? En la Biblia Dios nos muestra cómo acercarnos a él de forma sencilla: por medio de su Hijo Jesucristo, no mediante nuestras obras, por muy buenas que sean. “Nadie viene al Padre, sino por mí”, declaró Jesús (Juan 14:6).

“Jesucristo es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Juan 2:2).

(continuará el próximo martes)

Ezequiel 34:11-31 – 2 Tesalonicenses 1 – Salmo 42:1-6 – Proverbios 13:11

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Quién era Jesús para mí y qué llegó a significar

Lunes 10 Abril

(Jesús) por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

2 Corintios 5:15

Quién era Jesús para mí y qué llegó a significar

Testimonio

Había practicado la religión de mi familia, que condenaba severamente la cristiandad. A mis 18 años fui interpelado por una mujer cristiana en un puesto de literatura bíblica. Yo no sabía nada de la Biblia, excepto que estaba «falsificada», según me habían enseñado. Me habían dicho que los cristianos decían que Jesús era el Hijo de Dios, y para mí eso era una blasfemia. Creía que Jesús solo era un hombre, por supuesto un profeta, pero que había sido creado, al igual que Adán.

Decidí estudiar y comparar la Biblia con otros libros religiosos.

A medida que la leía, descubría que era muy diferente de lo que había pensado. Y, sobre todo, la idea que me había hecho de Jesús era falsa. ¡Descubrí que él era un hombre único! ¿Quién pudo, como él, consolar a los pobres, acoger a las personas rechazadas, aliviar a los oprimidos? ¿Quién habló con simplicidad y transmitió la verdad sobre Dios, como Jesús? Y, sobre todo, ¿quién reveló, como Jesús, al Dios y Padre de todos los que depositan su confianza en él?

Luego asistí a reuniones cristianas. ¡Esto me ayudó a comprender el evangelio de la salvación! El amor de Dios, manifestado en la cruz, me conmovió a mí, quien pensaba que Dios era poderoso, pero que no podía perdonar al pecador. ¡Ahora Jesucristo es mi Salvador y Maestro! ¡La paz inundó mi corazón! Conozco a Dios como mi Padre celestial, y esto gracias a Jesús, quien fue crucificado y resucitó por mí.

Jamel

Ezequiel 33:21-34:10 – 1 Tesalonicenses 5 – Salmo 41:7-13 – Proverbios 13:9-10

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Transfigurado y crucificado

Sábado 8 Abril

Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.

Mateo 17:1-2

Transfigurado y crucificado

Para sus discípulos, Jesús era el Mesías que debía reinar en toda la tierra. Varios profetas lo habían anunciado. Sin embargo, Jesús servía a su criatura. Aún más, había anunciado a sus discípulos su rechazo por parte de su pueblo, sus sufrimientos, su muerte y su resurrección. Pero su rechazo no ponía en duda sus glorias futuras de Rey de reyes. Entonces Jesús desveló su gloria a las personas más cercanas a él, poco antes de que fuesen testigos de la vergüenza de la cruz. ¡Qué contraste entre estos dos escenarios!

En la montaña, su rostro resplandeció como el sol; pero en la cruz, su rostro fue desfigurado más que el de cualquier otro hombre (Isaías 52:14). En la montaña, sus vestidos se hicieron blancos como la luz; en la cruz, los soldados echaron suerte sobre sus vestiduras. En la montaña, Moisés y Elías aparecieron hablando con Jesús. En la cruz fue crucificado entre dos malhechores, mientras sus conocidos se mantenían a distancia (Mateo 27:3538Lucas 23:49). En la montaña una nube de luz los cubrió. En la cruz, hubo tinieblas sobre toda la tierra. Por último, en la montaña, Dios rompió el silencio: una voz desde la nube dijo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”; en la cruz, el silencio de Dios, por esto al final de las tres horas de tinieblas, “Jesús clamó a gran voz, diciendo… Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:45-46).

Adoramos a nuestro Señor Jesús por su sacrificio en la cruz. Le adoramos por su gloria: ¡ahora está resucitado, sentado a la diestra de Dios en el cielo!

Ezequiel 32 – 1 Tesalonicenses 3 – Salmo 40:13-17 – Proverbios 13:5-6

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“Padre, perdónalos”

Viernes 7 Abril

Cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

Lucas 23:33-34

“Padre, perdónalos”

El 3 de abril de 2015, un día después del asesinato de 148 estudiantes en Kenya, la mayoría de ellos cristianos, Ciku Muriuki, locutora de radio en ese país, dirigió estas palabras a los autores de la masacre:

–Ustedes admitieron ser los autores de la muerte de 148 estudiantes. Estoy triste por todas esas familias que perdieron a sus seres queridos. Supongo que escogieron a propósito este tiempo de Pascua en el que Cristo dio su vida por todos, incluso por ustedes. Quizá se burlen de esto… otros ya lo hicieron antes que ustedes. Aquel día una multitud enardecida insultó a Jesús pidiendo su muerte. Soldados romanos le escupieron la cara, lo golpearon, pusieron una corona de espinas en su cabeza y lo clavaron en una cruz. ¡Sin embargo, habían visto sus milagros y escuchado sus palabras! ¿Por qué actuaron con tanta crueldad? Jesús miró a sus asesinos y oró por ellos: “Padre, perdónalos”. Nadie mató a Jesús. Él dio su vida voluntariamente. ¡Pagó un precio infinito por nosotros que pecamos por ignorancia, o incluso deliberadamente!

Cristo también murió por ustedes, que mataron a mis hermanas y hermanos cristianos. ¡Yo los perdono! ¡Sí, escucharon bien: los perdono! Así como su corazón está lleno de odio, yo quiero llenar el mío de amor, como Jesús… ¡Él murió, pero resucitó! Los estudiantes que ustedes masacraron también resucitarán, pues Jesús prometió la vida eterna a todos los que creen en él… Cristo también murió en la cruz por ustedes, para salvarlos, si se arrepienten.

Ezequiel 31 – 1 Tesalonicenses 2 – Salmo 40:6-12 – Proverbios 13:4

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Hacia una vida nueva

Jueves 6 Abril

Por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.

1 Corintios 15:10

Tengo valor para Dios (2)

Hacia una vida nueva

Ayer vimos cómo el amor de Dios confiere un valor inestimable a todo el que cree. Debido a este amor de Dios, no debemos temer a la opinión de los demás. Tampoco debemos desesperarnos a causa de nuestros fracasos; podemos levantarnos y volver a empezar, porque Dios es fiel. Como Dios nos amó primero, no es necesario tratar de ganar su amor por medio de acciones religiosas o buenas obras. ¡Tenemos una salvación gratuita, solo por gracia!

Como consecuencia, cuando recibimos este amor inmerecido, él nos conduce a amar también: amamos a Dios y a nuestro prójimo, porque Dios nos amó primero (1 Juan 4:19).

Así la gracia de Dios nos anima y nos da una nueva vida. Gracias a ella podemos superar nuestros miedos y experimentar la verdadera libertad, ser libres de la obsesión por demostrar lo que valemos, de la angustia por no estar a la altura, de esa competencia que nos obliga sin cesar a superarnos… ¡Creer en Dios es dejarse invadir por la acción de la gracia!

Y también, como sabemos que somos amados, podemos agradecer y alabar a Dios por su gracia derramada en nosotros, en especial cuando celebramos el culto. Evidentemente, nunca devolveremos en la medida en que hemos recibido, pero cada vez estaremos más agradecidos con Dios quien nos conduce y nos acompaña en el camino de la vida.

“A aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios… sea gloria y majestad” (Judas v. 24-25).

Ezequiel 30 – 1 Tesalonicenses 1 – Salmo 40:1-5 – Proverbios 13:2-3

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