La misericordia divina

Domingo 15 Julio

Éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo.

Efesios 2:3-5

La misericordia divina

Algunos versículos de la Biblia:

“Vio el Señor que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal… y le dolió en su corazón” (Génesis 6:5-6).

“Se acordó de que eran carne” (Salmo 78:39). “Él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo” (Salmo 103:14).

“En nuestro abatimiento se acordó de nosotros, porque para siempre es su misericordia” (Salmo 136:23).

“Misericordioso y clemente es el Señor; lento para la ira, y grande en misericordia… No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados” (Salmo 103:8, 10).

“Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos” (1 Timoteo 2:5-6).

“El castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5).

“Nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz… nos ha librado de la potestad de las tinieblas”. En él “tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados” (Colosenses 1:12-14).

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1).

“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos” (1 Pedro 1:3).

Números 25 – Lucas 5:1-16 – Salmo 84:1-4 – Proverbios 19:15-16

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No hay lugar para el letargo

14 de julio

No hay lugar para el letargo

Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas.

Eclesiastés 9:10

No hay lugar para el letargo en la vida cristiana. Tal actitud no solo impide que usted haga lo bueno, sino que a veces significa que en realidad ha permitido que prospere el mal. Para que florezca la mala hierba, lo único que tiene que hacer el jardinero es dejar solo el jardín.

El autor de Hebreos se refirió a la recompensa que Dios tiene para quienes le sirven asiduamente: «Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún» (He. 6:10).

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El ministerio: más importante que la vida

JULIO, 14

El ministerio: más importante que la vida

Devocional por John Piper

Pero en ninguna manera estimo mi vida como valiosa para mí mismo, a fin de poder terminar mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús…? (Hechos 20:24)

De acuerdo con el Nuevo Testamento, «ministerio» es lo que todos los cristianos hacen. Los pastores tienen la responsabilidad de capacitar a los santos para el trabajo del ministerio (Efesios 4:12), pero los cristianos comunes y corrientes son los que llevan a cabo el ministerio.

La manera en que el ministerio funcione es tan variada como lo son los cristianos. No es un oficio como el de anciano o diácono; es un estilo de vida dedicado a engrandecer a Cristo.

Significa que «hagamos bien a todos… y especialmente a los de la familia de la fe» (Gálatas 6:10). Ya sea que seamos banqueros o albañiles, significa que apuntamos a promover la fe y santidad de otras personas.

Cumplir nuestro ministerio es más importante que permanecer vivos. Esta convicción es la que hace que seamos inspirados al observar la vida de personas cuya entrega es radical. La mayoría de ellos habla del ministerio como lo hizo Pablo? en Hechos 20. Llevar adelante el ministerio que Dios nos da es más importante que la vida.

Pensarán que necesitan resguardar su vida para llevar adelante su ministerio. Al contrario, la manera en que perdemos la vida puede ser el punto culminante de nuestro ministerio. Ciertamente lo fue para Jesús, a partir de los treinta años.

No debemos preocuparnos por mantenernos vivos para completar nuestro ministerio. Solo Dios conoce el momento designado para nuestro servicio.

Henry Martyn estaba en lo cierto cuando dijo: «Si [Dios] tiene trabajo para mí, no puedo morir». En otras palabras, soy inmortal hasta que mi trabajo esté terminado. Por lo tanto, el ministerio es más importante que la vida.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), página 287

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Dos reflexiones sobre Jeremías 10

14 JULIO

Josué 20–21 | Hechos 1 | Jeremías 10 | Mateo 24

Dos reflexiones sobre Jeremías 10:

En primer lugar, el castigo catastrófico que estaba a punto de caer sobre Judá se atribuye a sus líderes incompetentes: “Los pastores se han vuelto necios, no buscan al Señor; por eso no han prosperado, y su rebaño anda disperso” (10:21). En este contexto, “pastores” incluye a todos los que dirigen los asuntos de una nación: rey, sacerdotes, profetas y otros líderes.

Los ámbitos en que estos líderes son incompetentes no son la administración general, el carisma, la agudeza financiera o el potencial de gestión. Son “necios”, lo cual se manifiesta en el hecho de que “no buscan al Señor”. No quiere decir únicamente que no acudan a las simples formas de requerir el consejo de Dios, como consultar a los profetas y considerar los rituales prescritos como un talismán que trae buena suerte. Significa más bien que no están dispuestos a hacer realmente lo que Dios quiere. No se acercan a él con la contrición y la profunda reverencia por su Palabra de la que Isaías habla (Isaías 66). No lo tratan como si fuese fundamentalmente “otro”, diferente de la multitud de dioses falsos que los rodean. Las naciones y las iglesias siguen la dinámica que marcan sus líderes. Si estos buscar con pasión conocer y obedecer la voluntad de Dios, nuestras perspectivas son excelentes; si son disolutos e intoxicados por el egoísmo, estas son sombrías o incluso desesperadas.

Segundo, en los últimos versículos (10:23–25), Jeremías se identifica con su pueblo de una forma que llama la atención. “SEÑOR, yo sé que el hombre no es dueño de su destino, que no le es dado al caminante dirigir sus propios pasos. Corrígeme, SEÑOR, pero con justicia, y no según tu ira, pues me destruirías” (10:23–24). Estas líneas podrían interpretarse inicialmente refiriéndose a Jeremías como profeta, como individuo y nada más. Ciertamente, cada creyente debería ser consciente de su pecado de forma que pueda suplicar a Dios que lo salve de la destrucción que merece. Sin embargo, un análisis más detenido muestra que los pecados que Jeremías está confesando son los de la nación, en particular la autodeterminación petulante que se niega a reconocer la divinidad absoluta de Dios, la gloriosa verdad de que sólo él es Dios y lo controla todo. El siguiente versículo revela que lo que Jeremías quiere que el Señor salve es “Jacob”, el pueblo del pacto de Dios. Sin duda, se ha decretado el castigo contra él, pero el profeta suplica al Todopoderoso que no borre al pueblo de la faz de la tierra con su ira, sino que reserve el correctivo más duro para “las familias que no invocan tu nombre”. Por tanto, Jeremías clama a Dios por sí mismo, pero también por su pueblo, con el cual se identifica, como hace Pablo en Gálatas 2:17–21 y quizás en Romanos 7:7ss.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 195). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La esclavitud (2)

Sábado 14 Julio

Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.

Juan 8:34

Así que, si el Hijo (de Dios) os libertare, seréis verdaderamente libres.

Juan 8:36

La esclavitud (2)

Rey, libérese a sí mismo

Cierto día un rey fue a ver a Epiceto, el filósofo esclavo a quien admiraba, y le ofreció liberarlo. «Libérese a sí mismo», le respondió Epiceto. Su visitante protestó: «¡Pero yo soy rey!». El filósofo le dijo: «Un rey dominado por sus pasiones es un eslavo; y un esclavo que domina sus pasiones es libre. Rey, ¡libérese a sí mismo!».

El filósofo comprendía que la verdadera libertad es primeramente interior. Y este es uno de los mensajes de la fe cristiana, aunque muchas veces sea percibida como un conjunto de reglas, de frustraciones y de prohibiciones. ¡El Evangelio es un mensaje de libertad! Una libertad que no podemos adquirir mediante nuestros propios esfuerzos, como lo pensaba Epiceto, sino que se recibe como regalo de Dios.

¡Es un asunto de confianza! Recibimos esta libertad creyendo en el Señor Jesús quien, mediante su muerte en la cruz, nos ofrece el perdón de nuestros pecados y nos libera de nuestra esclavitud al mal.

¡Cada día debemos vivir esta nueva libertad! Así se manifiesta plenamente la paradoja enunciada por Jesús: “Todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 16:25). En otras palabras, quien quiera defender su libertad a toda costa, la perderá, pero el que acepte «perderla» poniéndose confiadamente en las manos de Dios, hallará la verdadera libertad, como un maravilloso regalo del amor de Dios.

Números 24 – Lucas 4:16-44 – Salmo 83:9-18 – Proverbios 19:13-14

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Muestre diligencia

Muestre diligencia

7/13/2018

En lo que requiere diligencia, no perezosos. (Romanos 12:11)

La diligencia se aplica a todo lo que usted hace en su vida cristiana. Cualquier cosa que se haga en el servicio del Señor es digna de entusiasmo y
cuidado.

Jesús sabía que su tiempo de ministerio terrenal era limitado y que tenía que aprovechar cualquier oportunidad para servir a su Padre celestial. También nosotros tenemos que hacer “las obras… entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar” (Jn. 9:4). Y otros cristianos sin duda apreciaran nuestras diligentes buenas obras, como exhortó Pablo: “Hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gá. 6:10).

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¿Qué nos mueve a ministrar a otros?

JULIO, 13

¿Qué nos mueve a ministrar a otros?

Devocional por John Piper

Porque el que siembra para su propia carne, de la carne segará corrupción, pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. (Gálatas 6:8)

La fe tiene un apetito insaciable por experimentar la gracia de Dios tanto como pueda. Es por eso que la fe nos empuja hacia el río donde la gracia de Dios fluye más libremente, es decir, el río del amor.

¿Qué otra fuerza nos moverá de nuestras salas de contentamiento para cargar sobre nosotros las inconveniencias y los sufrimientos que el amor requiere?

¿Qué nos impulsará…

  • · a saludar a desconocidos cuando nos sintamos tímidos?
  • · a buscar a un enemigo y pedirle la reconciliación cuando nos sentamos indignados?
  • · a diezmar si jamás lo habíamos intentado?
  • · a hablarle a nuestros colegas de Cristo?
  • · a invitar a nuestros nuevos vecinos a un estudio bíblico?
  • · a cruzar culturas con el evangelio?
  • · a crear un nuevo ministerio para los alcohólicos?
  • · a pasar toda una tarde manejando una camioneta?
  • · a invertir una mañana orando por renovación?

Ninguno de estos actos costosos del amor ocurre de la nada. Son impulsados por un nuevo apetito: el anhelo de la fe por la experiencia más completa de la gracia de Dios.

La fe ama depender de Dios y verlo obrar milagros en nosotros. Por esto, la fe nos impulsa hacia la corriente donde el poder de la gracia venidera de Dios fluye más libremente: la corriente del amor.

Creo que Pablo se refería a esto cuando dijo que debemos «[sembrar] para el Espíritu» (Gálatas 6:8). Por fe, debemos plantar las semillas de nuestra energía en los surcos donde sabemos que el Espíritu está obrando para producir fruto: los surcos del amor.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), páginas 283-284

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Josué 18–19 | Salmos 149–150 | Jeremías 9 | Mateo 23

13 JULIO

Josué 18–19 | Salmos 149–150 | Jeremías 9 | Mateo 23

Una vez más, Jeremías abunda en algunos de los temas que ya ha introducido (Jeremías 9). Por ejemplo, los dos últimos versículos hablan de la circuncisión verdadera y de la falsa (cp. 4:4). Sin embargo, también explora una nueva faceta del pecado del pueblo (9:23–24). Nos detendremos en cuatro elementos presentes en estos versículos:

Primero, la raíz de muchos pecados es la engreída autosuficiencia que les lleva a jactarse de su propia sabiduría, fuerza o riqueza (9:23) Esa es una señal de perdición. Se centra en el ego. Peor aún, no es capaz de reconocer que todo lo que tenemos (y de lo que alardeamos) procede de fuentes externas: no escogemos nuestros genes, padres o legado; todo lo que tenemos lo hemos conseguido en función de los demás, de la salud, de regalos, de apoyos y situaciones, mil factores sobre los que tenemos muy poco control y que, a este lado de la Caída, no tenemos derecho a reclamar. Lo peor de todo es que las personas engreídas y autosuficientes no dan lugar a las prioridades al margen de ellos mismos; no dejan espacio a Dios, porque ellos son su propio dios.

Segundo, no hay nada más importante para los seres humanos en el universo que conocer al Señor (9:24a). Él es Dios, no nosotros; él es el Creador, no nosotros; él reina en su providencia, no nosotros. Él existe por sí mismo y dependemos de él. Él mora en la eternidad, mientras nosotros estamos limitados en nuestro pequeño segmento del tiempo. Él es totalmente santo y glorioso, nosotros estamos tremendamente contaminados por lo impuro y sometidos al juicio. Sin embargo, ¡podemos conocer al Señor! Esto es lo único de lo que verdaderamente podemos “jactarnos”. ¿Dudaremos de ello dentro de doscientos o dos billones de años?

Tercero, aquel al que conocemos es Jehová, que actúa “en la tierra con amor, con derecho y justicia” (9:24b). “Amor” es el del pacto, su misericordia, vinculada a su total fiabilidad, una virtud que contrasta asombrosamente con la volubilidad del pueblo que se rebela contra él.

Cuarto, Pablo entiende que estos versículos se pueden aplicar de forma universal cuando hace alusión a ellos y los cita en parte en 1 Corintios 1:26–31: “No sois muchos de vosotros sabios, según criterios meramente humanos; ni sois muchos poderosos, ni muchos de noble cuna”, el tipo de cosas de las que alardeaban los corintios. Encontramos el concepto “sabios/sabiduría” en ambos contextos; Pablo no interpreta “poderosos” en términos de fuerza física, sino de influencia política y social; los de “noble cuna” son los ricos, pues en el mundo preindustrial ambas cosas iban de la mano. Sin embargo, si nuestra verdadera sabiduría está en Cristo, “es decir, nuestra justificación, santificación y redención” (1 Co. 1:30), entonces, “si alguien ha de gloriarse, que se gloríe en el Señor” (1:31).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 194). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La esclavitud (1)

Viernes 13 Julio

En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia.

Efesios 1:7

Si vosotros permaneciereis en mi palabra… conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

Juan 8:31-32

La esclavitud (1)

Harriet Beecher-Stowe nació en Estados Unidos en 1811 y quedó huérfana desde muy joven. Cuando tenía veinte años se fue a vivir en Ohio; allí se casó, y luego tuvo la inmensa tristeza de perder un hijo a causa del cólera. Pidió al Señor que permitiese que esa prueba la hiciera capaz de hacer el bien a otros.

En esa época el país estaba dividido entre los partidarios de la esclavitud y los que, como ella y su familia, la denunciaban. Como su casa estaba ubicada en la vía que conducía a la libertad, hacia Canadá, Harriet tuvo la oportunidad de alojar a varios fugitivos. Indignada por el tráfico de esclavos y sus condiciones de vida inhumanas, escribió varios artículos en un periódico, luego dedicó un libro a esta causa: «La cabaña del tío Tom». Esta obra, que describe con realismo la triste condición de los esclavos, tuvo gran éxito en el año 1852.

Cuando los esclavos lograban llegar a Canadá, eran libres, y sus amos ya no podían hacer valer ningún derecho sobre ellos.

Todos los hombres, conscientes o no, son esclavos de sus deseos, e incluso del diablo. Pero el que cree en el Señor Jesús halla la libertad, porque Jesús lo redimió al precio de su sangre vertida en la cruz.

¡Nos compró para él! Por gracia estamos libres de aquel que nos tenía cautivos. ¡Somos realmente libres! Aún más, pertenecemos a Cristo quien nos amó, ¡pertenecemos a nuestro poderoso Redentor!

Números 23 – Lucas 4:1-15 – Salmo 83:1-8 – Proverbios 19:11-12

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Honrarse los unos a los otros

Honrarse los unos a los otros

7/12/2018

En cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. (Romanos 12:10)

Si usted está consagrado al amor fraternal, es obvio que usted les dará preferencia a los demás creyentes. Eso quiere decir que usted tendrá una genuina humildad y no tendrá “más alto concepto de sí que el que debe tener” (Ro. 12:3; vea también Fil. 2:3). También significa que usted dará honra a sus hermanos en Cristo y tomará la iniciativa de ponerlos en primer lugar.

No halagará a otro creyente simplemente con la esperanza de que lo halague a usted también o para congraciarse con él. Más bien le expresará sincero aprecio, respeto y amor como un hermano en la fe y miembro de la familia de Dios.

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