La pureza necesaria

Martes 10 Julio

Limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.

2 Corintios 7:1

La pureza necesaria

La falta de higiene a menudo contribuye al desarrollo de enfermedades. Del mismo modo, una buena salud espiritual necesita una «higiene» regular. El Señor Jesús explicó a Pedro que si no le lavaba los pies no podía tener comunión con él (Juan 13:8). Los pies limpios nos hablan de la pureza moral de nuestra conducta, dondequiera que vayamos. Las «impurezas» estropean nuestra comunión con el Señor y nos impiden servirle de forma útil.

Insistimos para que nuestros hijos se laven las manos antes de comer. Del mismo modo, no soportemos tener el corazón o la conciencia sucios; así mantendremos una buena relación con el Señor, sobre todo cuando nos reunimos en torno a él para recordar su muerte en el culto dominical. ¿Pasaremos más tiempo cuidando nuestra apariencia física que preparándonos espiritualmente? ¿Para quién estamos allí reunidos? “El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón” (1 Samuel 16:7).

Cuanto más tiempo el mal esté en nosotros, tanto más difícil será deshacernos de él. En el aspecto físico empleamos el agua para lavarnos. En el espiritual, la Palabra de Dios nos purifica. Jesucristo ama a su Iglesia y la purifica “en el lavamiento del agua por la palabra” (Efesios 5:26).

Leyendo la Biblia cada día podremos ser purificados de “toda contaminación de carne y de espíritu”, visible o invisible, presente en nuestros pensamientos o acciones.

“Desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas” (Santiago 1:21).

Números 20 – Lucas 2:1-20 – Salmo 81:1-10 – Proverbios 19:5-6

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Negarse a ser seducido

Negarse a ser seducido

7/9/2018

Absteneos de toda especie de mal. (1 Tesalonicenses 5:22)

El aborrecimiento del mal lleva a la abstinencia de él. No se puede tener algún interés en el pecado y evitar caer en él. Negándose a ser seducido por la tentación, el justo sabe que “en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche” (Sal. 1:2).

No se puede buscar la justicia y al mismo tiempo tolerar el mal. Por eso Pablo dio a Timoteo y a todos los creyentes este mensaje: “Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor” (2 Ti. 2:22).

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Seis maneras en que Jesús combatió la depresión

JULIO, 09

Seis maneras en que Jesús combatió la depresión

Devocional por John Piper

Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse. (Mateo 26:37)

Jesús tenía varias tácticas en su estratégica batalla contra el desánimo.

1. Escogió a algunos amigos cercanos para que estuvieran con él: «y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo» (Mateo 26:37).

2. Abrió su alma a ellos. Les dijo: «mi alma está muy afligida, hasta el punto de la muerte» (v. 38).

3. Les pidió que intercedieran por él y lo acompañaran en la batalla: «quedaos aquí y velad conmigo» (v. 38).

4. Derramó el corazón ante su Padre en oración: «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa» (v. 39).

5. Su alma descansó en la soberana sabiduría de Dios: «pero no sea como yo quiero, sino como tú quieras» (v. 39).

6. Fijó su mirada en la gloriosa gracia venidera que le esperaba al otro lado de la cruz: «quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, menospreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios» (Hebreos 12:2).

Cuando llega a nuestra vida algo que parece amenazar nuestro futuro, recordemos: las primeras ondas expansivas de la bomba no son pecado. El verdadero peligro es ceder ante ellas. Rendirse. No hacer guerra espiritual. Y la raíz de esa rendición es la incredulidad: fallamos en no luchar por fe en la gracia venidera. No abrazamos todo lo que Dios promete ser para nosotros en Jesús.

Jesús nos muestra otro camino. Este camino no es pasivo ni nos libra del dolor: seguirlo a él. Busquen a amigos espirituales en quien confíen. Ábranles a ellos su alma. Pídanles que velen y oren con ustedes. Derramen su alma delante del Padre. Descansen en la soberana sabiduría de Dios. Y fijen sus ojos en el gozo puesto delante de ustedes en las preciosas y magníficas promesas de Dios.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), páginas 307-308

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Josué 11 | Salmo 144 | Jeremías 5 | Mateo 19

9 JULIO

Josué 11 | Salmo 144 | Jeremías 5 | Mateo 19

Hoy reflexionaremos brevemente sobre una serie de elementos relativos a la depravación en la que cayeron los ciudadanos de Judá (Jeremías 5):

(1) Dios reta a Jeremías a encontrar un solo hombre justo por las calles de Jerusalén (5:1), anticipando la búsqueda de Diógenes en el mundo griego. Una única persona hubiese sido suficiente, según Dios, para impedir el juicio sobre la ciudad. No obstante, es otra forma de decir lo deteriorada que estaba la vida moral de la ciudad, la extensión de su pecado y cómo habían dañado la insinceridad y la corrosión moral a los niños de la ciudad.

(2) En un principio, Jeremías piensa que los resultados negativos de su búsqueda quizás podían achacarse a la mala situación de las clases más bajas. Por supuesto, incluso los pobres debían conocer y guardar la ley de Dios, pero es compasivo hacerles alguna concesión. Así pues, el profeta se dispone a examinar a los sofisticados, los privilegiados, los elocuentes, y encuentra la misma podredumbre moral que en otras partes (5:4–5). Los pecadores inteligentes utilizan esta cualidad para pecar; los sofisticados elaboran complejas razones para creer que el pecado no lo es; los pecadores de la alta sociedad caen en un pecado acorde a su posición. “Ellos quebrantaron el yugo y rompieron las ataduras” (5:5).

(3) La postura común hacia Dios es que está ausente o es ineficaz (5:12); hacia los profetas auténticos, que son como cotorras (5:13). Por tanto, Dios llevará a cabo un juicio catastrófico para demostrar su poder y hablará al pueblo con las palabras de un lenguaje extranjero (5:14–17). Aman demasiado servir a dioses extraños en su propia tierra; de aquí en adelante, servirán a extranjeros en una tierra que no es suya (5:19).

(4) En general, el pueblo ha aprendido poco del sabio y providencial cuidado de Dios (5:24). Del mismo modo, tampoco lo han hecho de la época en la que el Señor los ha castigado privándolos de la cosecha (5:25). Tanto si es bondadoso como firme, tanto si es pacientemente generoso como inmediatamente justo, lo ignoran y se rebelan contra él. ¿Qué debe hacer? Tarde o temprano, ha de responder a la violencia, el engaño y la corrupción en forma de castigo (5:26–29).

(5) Puede haber esperanza para el pueblo de Dios cuando sus líderes lo llamen a volver a ser fiel e íntegro, o cuando Dios examine y derroque a los que lo gobiernan erróneamente. Pero ¿qué encontramos aquí aquí? “Los profetas profieren mentiras, los sacerdotes gobiernan a su antojo, ¡y mi pueblo tan campante! [cp. 2 Timoteo 3:1–7]. Pero, ¿qué vais a hacer vosotros cuando todo haya terminado? (5:31).

¿Cuántos de estos elementos siguen en juego en la actualidad?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 190). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Hijos, obedeced a vuestros padres

Lunes 9 Julio

Hijos, obedeced a vuestros padres… porque esto agrada al Señor.

Colosenses 3:20

Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo.

Efesios 6:1

Hijos, obedeced a vuestros padres

Tú que lees el título de este pequeño texto quizá levantes los hombros, diciendo: «Sí, sí, ya sabemos…». Sin embargo, es una orden de Dios quien añade: “porque esto agrada al Señor”, “porque esto es justo”, es decir, es la voluntad de Dios que sea así. Si Jesucristo es tu Salvador, esta es una manera sencilla de agradarle. Pero hay una condición: que las peticiones de los padres no sean opuestas a las enseñanzas de la Biblia.

Hay varias maneras de obedecer, por ejemplo, estás leyendo un libro y justo en el momento más emocionante tus padres te llaman a comer. ¿Dejarás el libro e irás inmediatamente, o más bien dirás: «Sí, ya voy», pero continúas tranquilamente tu lectura hasta que tus padres se enojen y vayas de mala gana? ¡Está claro que esta no es la obediencia que agrada al Señor!

Observemos en la Biblia el ejemplo de un adolescente de 17 años: José (Génesis 37). Su padre le pidió que fuese a ver cómo estaban sus hermanos, a pesar de que no lo amaban. José no solo obedeció sin protestar, sino que al no encontrar a sus hermanos en el lugar donde deberían estar, insistió en buscarlos hasta encontrarlos, siguiendo las indicaciones de un hombre (v. 12-20).

Esta obediencia tuvo como consecuencia que pasara por momentos difíciles, pero varias veces la Palabra afirma: “El Señor estaba con José” (Génesis 39:2-3, 23). Y, después de muchos años de prueba, Dios lo bendijo mucho más de lo que podía haber imaginado: se convirtió en el hombre más importante de Egipto después del Faraón.

Números 19 – Lucas 1:57-80 – Salmo 80:8-19 – Proverbios 19:3-4

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Los creyentes aborrecen el mal

Los creyentes aborrecen el mal

7/8/2018

Aborreced lo malo. (Romanos 12:9)

El mal es la antítesis de la santidad y por tanto la antítesis de la piedad. Así que el hijo de Dios aborrece lo malo porque Dios aborrece el mal (paráfrasis de Pr. 8:13).

Si verdaderamente usted ama a Dios aborrecerá toda forma de maldad. Como amaba tanto a Dios, David resolvió que “corazón perverso se apartará de mí; no conoceré al malvado” (Sal. 101:4). El fiel cristiano no debe comprometerse con lo malo.

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La fe salvadora ama el perdón

JULIO, 08

La fe salvadora ama el perdón

Devocional por John Piper

Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo. (Efesios 4:32)

La fe que salva no consiste meramente en creer que somos perdonados. La fe que salva mira al horror del pecado y luego mira a la santidad de Dios, y comprende espiritualmente que el perdón de Dios es inexplicablemente glorioso.

Fe en el perdón de Dios no es simplemente la convicción de que ya somos libres. Significa que disfrutamos de la verdad de que un Dios perdonador es la realidad más preciada del universo. La fe salvadora atesora el perdón de Dios a nosotros, y de ahí nace el atesorar al Dios que perdona —y todo lo que él es para nosotros en Jesús—.

El gran acto del perdón es pasado: la cruz de Cristo. Al mirar hacia atrás aprendemos sobre la gracia en la que estaremos parados para siempre (Romanos 5:2). Aprendemos que ahora y siempre seremos amados y aceptos. Aprendemos que el Dios viviente es un Dios perdonador.

Pero la experiencia grandiosa de ser perdonado existe en el futuro. La comunión con el Dios grandioso que perdona es futura. La libertad para perdonar —que fluye de esta completamente gratificante comunión con el Dios que perdona— está en el futuro.

He aprendido que es posible continuar guardando rencor si nuestra fe solo implicara que hemos mirado hacia atrás, a la cruz, y hemos concluido que ya somos libres. Me he visto obligado a profundizar acerca de lo que es una fe verdadera: es ser satisfechos con todo lo que Dios es por nosotros en Jesús. No mira hacia atrás simplemente para descubrir que hemos sido liberados, sino para ver y gustar del Dios que nos ofrece un futuro con un sinfín de mañanas en las que estamos reconciliados y en comunión con él.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), página 271

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Josué 10 | Salmos 142–143 | Jeremías 4 | Mateo 18

8 JULIO

Josué 10 | Salmos 142–143 | Jeremías 4 | Mateo 18

La mayor parte de Jeremías 4 se dedica a describir la devastación que las hordas babilónicas del norte producirán (4:5–31). Gran parte de esta predicción sale de los propios labios de Jehová. Jeremías expresa en un pequeño interludio su propia desolación por lo que ocurrirá: “¡Qué angustia, qué angustia! ¡Me retuerzo de dolor! Mi corazón se agita. ¡Ay, corazón mío! ¡No puedo callarme! Puedo escuchar el toque de trompeta y el grito de guerra” (4:19). Por muy fielmente que transmita las palabras de Dios, por mucho que reconozca que los juicios del Señor son justos, Jeremías se identifica con la agonía que su pueblo soportará, una actitud parecida a la del Señor Jesús, que condena los pecados de su época, pero llora por la ciudad cuando contempla el juicio que llegará inevitablemente.

En los primeros cuatro versículos del capítulo, sin embargo, el Señor explica que aún no es demasiado tarde. De hecho, si Israel vuelve a él, no sólo se salvará, sino que reanudará su papel como vía de bendición para las naciones (cp. Génesis 12:3; Salmos 72:17). No obstante, ese retorno no debe ser una farsa, una simple muestra de arrepentimiento fingido. Israel tiene que abandonar sus ídolos. Debe jurar “con fidelidad, justicia y rectitud… ‘Por la vida del Señor’ ” (4:2). Este juramento tiene al menos dos facetas. La primera es que constituye, a todos los efectos, una renovación del pacto de Sinaí. Si no fuese verdadero y justo, no sólo sería falso, sino también blasfemo. La segunda faceta es que refleja la estipulación mosaica de que los juramentos de la nación deben hacerse en el nombre del Señor (Deuteronomio 10:20). Un pueblo inmerso en la idolatría juraría en el nombre de sus muchos dioses falsos. Si todos los israelitas lo hacen como marcaba la ley, sería porque sólo el Señor es supremo, el único Dios, el Ser más elevado por el que se puede jurar.

Dos imágenes más describen la autenticidad del arrepentimiento y la sinceridad de corazón que Dios exige: (a) “Abrid surcos en terrenos no labrados, y no sembréis entre espinos” (4:3). El pueblo no se muestra verdaderamente receptivo con el Señor y sus palabras. Esa dureza debe quebrantarse. No hay fruto si se siembra donde los espinos ahogan la vida de todo lo que merece la pena (cp. Marcos 4:1–20). (b) Dios quiere algo más que la circuncisión del prepucio, por muy profundamente simbólico que sea el acto. Él exige la circuncisión del corazón (4:4), que se corte lo que es malo, algo vigente también incluso en la época mosaica (Deuteronomio 10:16). Reflexionemos sobre las conclusiones de Pablo (Romanos 2:28–29).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 189). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El tiempo huye, la eternidad se acerca

Domingo 8 Julio

Hazme saber, Señor, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuán frágil soy. He aquí, diste a mis días término corto, y mi edad es como nada delante de ti.

Salmo 39:4-5

El tiempo huye, la eternidad se acerca

En la fachada de una iglesia de un pequeño pueblo se puede leer esta inscripción. Para algunos es una amenaza, otros no le dan importancia, pero esta inscripción no puede dejar indiferente a nadie:

–El tiempo huye, pues nuestra vida es similar a una «cuenta regresiva»: cada día que pasa no vuelve. Sin embargo, nos gustaría volver a vivir algunas épocas en las cuales fuimos felices, aprovechar las ocasiones que perdimos, borrar algunos días que nos avergüenzan. El tiempo huye, pero al igual que en una película, todas nuestras acciones, palabras y pensamientos están grabados: “De toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio” (Mateo 12:36).

–La eternidad se acerca incluso si intentamos no pensar en ella. Algunos dicen que después de la muerte no hay nada, otros dicen que como Dios es bueno nos recibirá a todos en el cielo.

Sin embargo, Dios, quien es bueno pero también justo, nos dice que después de la muerte solo hay dos situaciones posibles:

– “Estar con Cristo” (Filipenses 1:23), para todo el que haya aceptado a Jesús como su Salvador, quien lo libera del día del juicio (Hebreos 9:27);

– o estar solo, condenado, cargado con los pecados, para el que haya rechazado a Cristo.

El tiempo huye: es una invitación a conocer a Jesús como Salvador, y a vivir hoy de forma que le agrade.

La eternidad se acerca: ¿tendrá usted una eternidad de paz y felicidad con Cristo? ¡Todo depende de su decisión!

Números 18 – Lucas 1:26-56 – Salmo 80:1-7 – Proverbios 19:1-2

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El don más importante

El don más importante

7/7/2018

 

Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor. (1 Corintios 13:13)

Si usted es cristiano, el amor es más importante que cualquier don espiritual que tenga. Por lo tanto, no es nada sorprendente que la Biblia diga que el primer “fruto del Espíritu es amor” (Gá. 5:22). Y tiene sentido que por nuestro amor a los demás cristianos “conocerán todos que sois mis discípulos” (Jn. 13:35).

El amor genuino es tan importante para la vida cristiana que, si usted dice que sigue a Jesucristo, debe mostrar tal amor para que sea válida su profesión de fe (1 Jn. 3:14).

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