Cuando otro cristiano nos ofende

JULIO, 07

Cuando otro cristiano nos ofende

Devocional por John Piper

No hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús. (Romanos 8:1)

¿Cuál es la razón por la que no le guardamos rencor a un hermano o hermana que se arrepiente?

Nuestra indignación moral ante una ofensa terrible no se evapora solo porque el ofensor sea cristiano. Es más, podemos sentirnos aún más traicionados. Y muchas veces un simple «lo siento» puede parecer desproporcionado al dolor y a la fealdad de la ofensa.

Pero en este caso estamos lidiando con compañeros cristianos y la promesa de la ira de Dios no aplica porque «no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús» (Romanos 8:1). «Porque no nos ha destinado Dios [a los cristianos] para ira, sino para obtener salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo» (1 Tesalonicenses 5:9).

¿Adónde iremos para asegurarnos que se haga justicia y que el cristianismo no es una burla hacia la seriedad del pecado?

La respuesta está en mirar a la cruz de Cristo. Todas las faltas que otros creyentes hayan cometido contra nosotros fueron vindicadas en la muerte de Jesús. Esa es una implicancia de la simple y asombrosa verdad de que todos los pecados de todos los hijos de Dios fueron puestos sobre Jesús (Isaías 53:61 Corintios 15:3, etc.).

El sufrimiento de Cristo fue la recompensa que Dios recibió por cada daño que me haya hecho un hermano cristiano. Por lo tanto, el cristianismo no trata al pecado con liviandad. No añade insulto a nuestro daño.

Por el contrario, toma el pecado contra nosotros tan seriamente que, para hacer justicia, Dios dio a su propio Hijo para que sufriera mucho más de lo que podríamos hacer sufrir a otra persona por lo que nos haya hecho a nosotros.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), página 268

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Josué 9 | Salmos 140–141 | Jeremías 3 | Mateo 17

7 JULIO

Josué 9 | Salmos 140–141 | Jeremías 3 | Mateo 17

Cuando los autores humanos de la Biblia escribieron las Escrituras, lo más habitual era que hubiesen leído lo que ya se había escrito de las mismas y meditado en ello. Así pues, los primeros escritores del Nuevo Testamento leían constantemente lo que llamamos Antiguo Testamento, citándolo también y haciendo alusiones al mismo, mientras que los más tardíos recurrían al menos a algunos de los primeros libros de aquel (considérese 2 Pedro 3:15–16), algo que se daba de forma parecida en el Antiguo Testamento.

Es muy probable que Jeremías, un profeta del siglo VI a. C., hubiese leído la obra de Oseas, que vivió en el VIII a. C., y reflexionado en ella. El libro de Oseas desarrolla ampliamente la analogía entre Israel y una prostituta: la apostasía es una forma de prostitución espiritual. Esta historia terrible, pero reveladora, se puede entender de muchas maneras, principalmente a través del amor excepcionalmente fiel de Dios por su novia prostituida. Jeremías toma algunos elementos de este tema y los desarrolla (sobre todo en Jeremías 3).

El primer versículo alude a Deuteronomio 24:1–4, donde se establece que, si una mujer se divorcia y se casa con otro, no puede divorciarse del segundo para volver con el primero. Tristemente, el pueblo de Judá se había “prostituido con muchos amantes” (3:1) y ahora pretenden volver al Señor como si no hubiese problema. Creen que pueden entrar tranquilamente en la presencia del Señor y orar con nostalgia: “Padre mío, amigo de mi juventud, ¿vas a estar siempre enojado? ¿Guardarás rencor eternamente?”. Lo dicen como si acercarse a este Dios tremendamente ofendido se tratara de un asunto fácil, como si las consecuencias fuesen inevitables, como si las dificultades que se presentasen recayesen en Dios y su ira inflexible. Sin embargo, la perspectiva del Señor es bastante diferente. Él comenta tranquilamente: “Mientras hablabas, hacías todo el mal posible” (3:5). Pretender estar arrepentidos, las promesas de lealtad y las bonitas alusiones a una relación pasada no significan nada para Dios en comparación con la actitud presente. La palabrería religiosa esconde, con frecuencia, no solo una conducta impía, sino también en deseo secreto de hacer el mal (3:5), aunque la persona que actúa así está normalmente tan ciega que no puede catalogarlo como tal.

El reino norteño de Israel cayó en el adulterio espiritual y Dios le dio “carta de divorcio” (3:6–8), lo envió al exilio en 722 a. C., bajo el rey asirio Sargón II. Su hermano Judá no aprendió nada de este ejemplo: un siglo más tarde hizo lo mismo, pero incluso con menos excusa esta vez, después de ver lo que le había acontecido a Israel (3:9ss.).

¿Hasta qué punto el mundo evangélico contemporáneo está vendiendo el Evangelio, y no ha aprendido nada de la zozobra parecida por el confesionalismo protestante cien años atrás?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 188). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Vale la pena creer!

Sábado 7 Julio

(Jesús les dijo:) Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.

Marcos 2:17

¡Vale la pena creer!

–Buenos días, Andrés, ¿cómo estás?

–Ah, todo va bien desde que abandoné la amable fe de la casa paterna…

Así respondió este joven, con ironía, a un amigo mayor que él.

–Vivo sin obligaciones, soy independiente. No quiero perderme nada de la vida, disfruto de todo. Por fin puedo ser libre…

A este discurso lleno de euforia, el viejo amigo le respondió:

–Tengo que darte saludos de tu amigo médico.

–¿De quién hablas?

–De Isaías, el profeta de la Biblia. Este es su diagnóstico: “Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente” (Isaías 1:5).

En el ámbito espiritual, estás a punto de sufrir un infarto. A los ojos de Dios, tu nueva forma de pensar, tus objetivos, tu vida, muestran que, para él, estás tan enfermo que vas a morir. ¡Pero nunca olvides, Andrés, que Dios te ama!

Algunas semanas más tarde los dos amigos se volvieron a encontrar.

–Juan, tengo que decirte algo de parte del médico Isaías, dijo Andrés.

–Dime…

–Isaías dice: “El castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5). Esto fue lo que me sucedió. Creía que era libre… Luego tuve una gran lucha dentro de mí: ¿por qué camino andaba, por el de la vida o el de la muerte?… El Salvador de los pecadores, Jesucristo, es ahora mi Salvador. ¡Vale la pena creer!

Números 17 – Lucas 1:1-25 – Salmo 79:8-13 – Proverbios 18:23-24

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La mayor virtud

La mayor virtud

7/6/2018

El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. (1 Juan 4:16)

La mayor virtud de la vida cristiana es el amor. El Nuevo Testamento proclama el amor ágape como la virtud suprema bajo la cual deben alinearse las demás virtudes. Se concentra en las necesidades y el bienestar de los seres amados y paga el precio necesario para satisfacer esas necesidades y fomentar ese bienestar.

Jesús dijo con toda claridad que los dos más grandes mandamientos de la Biblia son: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt. 22:37-39).

¿Es esa la mayor de todas las virtudes bíblicas en su vida?

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Cómo conquistó Cristo la amargura

JULIO, 06

Cómo conquistó Cristo la amargura

Devocional por John Piper

Cuando lo maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino que encomendaba la causa al que juzga justamente. (1 Pedro 2:23)

Contra nadie se ha pecado más gravemente que contra Jesús. Cada gramo de hostilidad contra él fue totalmente inmerecido.

Jamás ha existido alguien que fuera más digno de honor que Jesús; y nadie ha sido más deshonrado que él.

Si alguien tenía algún derecho a enojarse y sentir amargura y ser vengativo, esa persona era Jesús. ¿Cómo pudo controlarse cuando unos descarados, cuya vida él sustentaba, le escupían a la cara? 1 Pedro 2:23 nos da la respuesta.

Este versículo se refiere a que Jesús tenía fe en la gracia venidera del justo juicio de Dios. Él no tenía que vengarse de todas las humillaciones que sufrió, porque encomendó su causa a Dios. Él dejó la venganza en las manos de Dios y oró por el arrepentimiento de sus enemigos (Lucas 23:34).

Pedro nos deja entrever la fe de Jesús para que aprendamos a vivir de esta manera también. Él dijo: «porque para este propósito [para soportar con paciencia los tratos crueles] habéis sido llamados, pues también Cristo sufrió por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus pisadas» (1 Pedro 2:21).

Si Cristo conquistó la amargura y la venganza por medio de la fe en la gracia venidera, cuánto más deberíamos hacerlo nosotros, siendo que tenemos mucho menos derecho que él a murmurar por los maltratos.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), página 267

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Josué 8 | Salmo 139 | Jeremías 2 | Mateo 16

6 JULIO

Josué 8 | Salmo 139 | Jeremías 2 | Mateo 16

Pocos pasajes han suscitado más debate en la historia de la iglesia que la confesión de Pedro de que Jesús es “el Cristo, el Hijo del Dios viviente” y sus secuelas (Mateo 16:13–28). Haremos solo tres reflexiones:

(1) A juzgar por su respuesta, Jesús ve esta confesión como un avance significativo, logrado por la revelación del Padre (16:17). Sin embargo, eso no quiere decir que, antes de ese momento, Pedro no tuviese sospechas de que Jesús fuese el Mesías. Tampoco significa que entendiese el término “Mesías” en su sentido cristiano absoluto, relacionado con esta palabra tras la muerte y resurrección de Jesús. Parece claro que, en este punto, Pablo estaba preparado para aceptar a Jesús como Rey de Israel, el Ungido del linaje davídico, pero no sabía en absoluto que debía ser al mismo tiempo rey davídico y Siervo sufridor, como muestran los versículos siguientes. El entendimiento y la fe del apóstol estaban madurando, pero aún tenían muchas carencias. Parte de la llegada de Pedro a una fe cristiana total en estos asuntos dependió absolutamente de la siguiente cita histórica redentora importante: la cruz y la resurrección.

(2) El papado católicoromano ha tomado las palabras de Jesús “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia” (16:18) como su fundamento. Aunque leamos este pasaje de la forma más abierta posible, es difícil interpretar que diga algo acerca de la transmisión de una superioridad por parte de Pedro y aún menos sobre el desarrollo y mejora del papado hasta que se promulgó en 1870 la doctrina de la infalibilidad papal. Ofendidos por semejantes pretensiones extravagantes, muchos protestantes han ofrecido exégesis igualmente increíbles. Quizás Jesús dijo: “Tú eres Pedro” (apuntando hacia el apóstol), “y sobre esta roca edificaré mi iglesia” (señalándose). O quizás la “roca” sobre la cual se construye la iglesia no sea Pedro, sino su confesión, algo que difícilmente explica el juego de palabras en griego: “Tú eres petros y sobre esta petra”.

(3) Es mejor considerar que Pedro posee cierta primacía, lo que se ha llamado “primacía de salvación histórica”. Él fue el primero en ver ciertas cosas, el líder que Dios bendijo en los primeros pasos de organización y evangelización después de la resurrección (como Hechos deja claro). Sin embargo, este liderazgo no sólo tenía relación con el papel único de Pedro en la historia redentora (tan único que no podía transmitirse), sino que la autoridad del Evangelio extendida a él (16:18–19), también se extiende a todos los apóstoles (18:18). Esto es lo que deberíamos esperar: en otros pasajes, se nos dice que la iglesia se ha edificado sobre el fundamento de profetas y apóstoles (Ef. 2:20, cursivas añadidas). Tal como lo expresa la antigua fórmula, Pedro era primus inter pares, primero entre iguales.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 187). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Orar con un corazón sincero

Viernes 6 Julio

(Jesús dijo:) Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.

Lucas 11:9

Orar con un corazón sincero

A menudo el siguiente versículo me ha reconfortado: “Me invocaréis… y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis”. Pero la continuación también me interpela: “porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jeremías 29:12-13).

Puede suceder que oremos, que pronunciemos palabras, pero nuestro corazón no está realmente comprometido. Cierto día Dios hizo este reproche a su pueblo: “Este pueblo se acerca a mí con su boca… pero su corazón está lejos de mí” (Isaías 29:13). La verdadera oración viene del corazón. En los momentos difíciles, el Señor nos enseña a orar desde lo más profundo de nuestro corazón. La Biblia nos muestra numerosos ejemplos de creyentes que, en medio de la prueba, clamaron a Dios y él los escuchó. Ese clamor sincero que sube a Dios es la verdadera oración del corazón.

Hay que orar con el corazón, pero también con una buena conciencia. “La oración de los rectos es su gozo” (Proverbios 15:8). El Señor nos da esta buena conciencia al perdonar nuestras faltas. Pero debemos cuidarla como un tesoro, y para ello debemos seguir el bien y rechazar el mal. Si nos hemos alejado del Señor, volvamos a él sin tardar, confesándole aquello que produjo ese distanciamiento. Entonces experimentaremos esa gozosa confianza en Dios, quien responde a nuestras oraciones.

Aprendamos a orar con perseverancia y con una conciencia iluminada por la luz divina, conscientes de nuestras verdaderas necesidades. Incluso si nuestras peticiones son imperfectas, Dios nos responderá según su sabiduría, para el bien de nuestra alma, porque nos ama.

Números 16:20-50 – 3 Juan – Salmo 79:1-7 – Proverbios 18:22

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Una vida sobrenatural

Una vida sobrenatural

7/5/2018

Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. (Filipenses 2:13)

La vida cristiana obediente y productiva está dirigida y facultada por el Espíritu Santo. Por lo tanto, es una vida sobrenatural. Es algo ajeno al pensamiento del inconverso, y no puede alcanzar semejante vida.

El vivir de modo sobrenatural es conformar la vida externa a la vida interior, y vivir conforme a la nueva naturaleza que se tiene en Jesucristo. Pero no es una vida mística e indefinida basada en conceptos filosóficos abstractos. Es una vida práctica derivada de obediencia consciente a los mandamientos de Dios. Es pensar, hablar y actuar cada día en conformidad con su Palabra y su voluntad.

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Entreguemos a Dios nuestra venganza

JULIO, 05

Entreguemos a Dios nuestra venganza

Devocional por John Piper

Amados, nunca os venguéis vosotros mismos, sino dad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: Mia es la venganza, yo pagare, dice el Señor.

(Romanos 12:19)

¿Por qué esta promesa es tan crucial para superar nuestra inclinación hacia la amargura y la venganza? La razón es que esta promesa responde a uno de los impulsos más fuertes que se hallan detrás del enojo —un impulso que no es enteramente incorrecto—.

Podría ilustrarlo con una experiencia de mi época de seminario. Estaba en un grupo pequeño de parejas que comenzaron a relacionarse de manera bastante profunda y personal. Cuando una noche estábamos conversando sobre el tema del perdón y el enojo, una de las esposas jóvenes dijo que no podía ni quería perdonar a su madre por algo que le había hecho cuando era una niña.

Hablamos acerca de algunos de los mandamientos y advertencias bíblicas acerca de la falta de perdón:

  • «Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo» (Efesios 4:32).
  • «Si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras transgresiones» (Mateo 6:15).

Aun así, ella no quería ceder. Le advertí que su misma alma estaba en peligro si sostenía tal actitud de amargura y falta de perdón. Pero ella seguía obstinada en no perdonar a su madre.

La gracia del juicio de Dios nos es prometida en Romanos 12 como un medio para ayudarnos a vencer al espíritu de venganza y amargura.

El argumento de Pablo es que no debemos vengarnos, porque la venganza pertenece al Señor. Y para motivarnos a rendir nuestros deseos vengativos, él nos da una promesa, que ahora sabemos que es una promesa de gracia venidera: «yo pagaré, dice el Señor».

La promesa que nos libera de un espíritu que no perdona, lleno de amargura y venganza, es la promesa de que Dios saldará nuestras cuentas. Lo hará de una manera más justa y más completa de lo que nosotros jamás podríamos hacer. Por lo tanto, podemos retroceder y dejar lugar para que Dios obre.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), páginas 265–266

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Josué 7 | Salmos 137–138 | Jeremías 1 | Mateo 15

5 JULIO

Josué 7 | Salmos 137–138 | Jeremías 1 | Mateo 15

Jeremías vivió en una época de peligros y declive. Llamado a ser profeta en el decimotercer año del reinado del rey Josías, el último monarca reformador de Judá (alrededor de 627 a.C.), sirvió durante más de cuarenta años. La caída de Jerusalén tuvo lugar en 587 (cuarenta años después del llamamiento de Jeremías) y el profeta continuó su ministerio durante un tiempo. Dicho ministerio parecía condenado a ser improductivo. Sin embargo, Dios le había llamado a hablar la verdad acerca de la nación y del juicio inminente, independientemente de si sus palabras eran bien recibidas o no. Se observa cómo su madurez y determinación van creciendo conforme van pasando sus años de ministerio.

El llamamiento de Jeremías ocupa el primer capítulo (Jeremías 1). Destacamos algunos elementos importantes:

(1) Dios no sólo había comisionado a Jeremías, sino que lo había escogido incluso antes de que naciese (1:5). En las horas de más oscura oposición y trato brutal, esa realidad demostró ser inmensamente tranquilizadora para Jeremías.

(2) Claramente, Jeremías era muy joven cuando Dios lo llamó a su primera comisión. Se quejó diciendo que era demasiado joven, un niño. Sin embargo, el Señor no aceptaría la excusa. Él mismo pondría las palabras en la boca de Jeremías y lo haría una voz profética, no solo sobre Judá sino también sobre las naciones vecinas (1:7–10).

(3) Dos viñetas visionarias clarifican el llamamiento de Jeremías. La primera es una rama de almendro. La palabra hebrea suena de forma muy parecida a otra que significa “vigilar”. Esa rama era la primera que germinaba en primavera, señalando así la llegada de la primavera; en ese doble sentido, la palabra de Dios apunta a su propio cumplimiento, que se producirá inevitablemente. De ahí que se inste al profeta a comunicarla con la total confianza de que lo que el Señor dice es verdad, y de que todo lo que prediga tendrá lugar (1:11–12): Dios lo vigila todo. El segundo elemento visionario es una olla que hierve y se vierte desde el norte, una forma gráfica de indicar que el caldero hirviendo del juicio, el que Babilonia infligirá a la pequeña nación (1:13–16), se derramará sobre Judá desde el norte.

(4) Sobre todo, Dios dice a Jeremías que no tema, una palabra común a los siervos de Dios (p. ej., Abraham, Génesis 15:1; Moisés, Números 21:34 y Deuteronomio 3:2; Daniel, Daniel 10:12, 19; María, Lucas 1:30; Pablo, Hechos 27:24). Dios no esconde las dificultades: Jeremías se enfrentará a mucha oposición y en ocasiones se quedará solo “contra todo el país” (1:18), pero “no te podrán vencer”, dice el Señor, “porque yo estoy contigo para librarte” (1:19). Únicamente estas promesas pueden alimentar una valentía titánica en el profeta.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 186). Barcelona: Publicaciones Andamio.