¿Podemos borrar nuestro pasado?

Jueves 5 Julio

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

Isaías 53:5

Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos.

Romanos 4:7

¿Podemos borrar nuestro pasado?

Una persona que se dedicaba a cuidar a los soldados heridos entró en una carpa donde estaban varios en estado grave. Acercándose a uno de ellos, le dijo: «¿Qué puedo hacer por usted?». La angustia se leía en aquel rostro: «¿Puede borrar mi pasado?». Con una voz ronca le contó en pocas palabras su historia, sus horribles recuerdos que no podía olvidar.

¿Cómo podemos borrar completamente lo que hicimos? ¿Quién puede borrar las manchas indelebles de nuestro pasado? ¡No podemos cometer faltas impunemente! Tarde o temprano tendremos que rendir cuentas a Dios (Romanos 14:10). Muchas personas viven en la indiferencia e incredulidad, haciendo callar su conciencia hasta el día en que, a las puertas de la eternidad, surja ante ellos ese pasado que los abruma, esos pecados que no pueden borrar.

Pero hay alguien que puede hacerlo: ¡Jesús, a quien quizás olvidamos, o despreciamos! Él fue crucificado para llevar el castigo que nosotros merecíamos. Solo él puede cubrir, a los ojos de Dios, esos pecados que nos condenan. ¿Qué hay que hacer para obtener esta gracia? Creer en el Señor Jesús y confesarle nuestras faltas. Gracias al sacrificio de su Hijo en la cruz, Dios puede perdonar completamente nuestros pecados.

“Nuestro Señor… fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:25).

Dios podrá decirnos: “Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados” (Isaías 44:22).

Números 16:1-19 – 2 Juan – Salmo 78:65-72 – Proverbios 18:20-21

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Una vida responsable

Una vida responsable

7/4/2018

Por tanto procuramos también… serle agradables. (2 Corintios 5:9)

Es inconcebible creer que se pueda llevar una vida cristiana fiel y abundante simplemente con buenas intenciones y sentimientos afectuosos. La vida cristiana es una vida responsable, basada en normas y principios específicos. Se fundamenta en los valores y las creencias revelados divinamente que Dios quiere que obedezcamos y sigamos cada uno de nosotros.

Una vez un joven me preguntó: “¿Cómo se puede saber si verdaderamente uno es cristiano? ¿Cómo se puede saber si la decisión de aceptar a Cristo no fue más que una experiencia emotiva?” Le respondí: “La única forma de saber si hemos experimentado la justificación, si estamos en armonía con Él y somos parte de su familia, es observando nuestro corazón y nuestra vida. Si Cristo es nuestro Salvador y Señor, el deseo más profundo de nuestro corazón será servirle y agradarle, y ese deseo se expresará en un anhelo de santidad y una conducta de vida recta”.

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¿Cuándo seremos satisfechos?

JULIO, 04

¿Cuándo seremos satisfechos?

Devocional por John Piper

Yo les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer, para que el amor con que me amaste esté en ellos y yo en ellos. (Juan 17:26)

Imaginemos que podemos disfrutar lo que es más placentero con energía y pasión ilimitadas para siempre.

Esta no es nuestra experiencia actual. Hay tres cosas se interponen entre nosotros y nuestra total satisfacción en este mundo:

1. Nada tiene un valor personal tan alto que pueda satisfacer los deseos más profundos de nuestro corazón.

2. Carecemos de las fuerzas para gozar al máximo de los mejores tesoros.

3. Nuestras alegrías aquí? tienen un final. Nada dura para siempre.

Pero si el objetivo de Jesús en Juan 17:26 se vuelve realidad, todo esto cambiará.

Si el deleite de Dios en el Hijo se vuelve nuestro placer, entonces el objeto de nuestro placer, Jesús, será inagotable en valor personal. Él nunca se tornará aburrido, ni decepcionante, ni frustrante. No hay tesoro concebible que sea más grande que el Hijo de Dios.

Más aún, nuestra incapacidad para gustar de este tesoro inagotable no será limitada por la debilidad humana. Disfrutaremos del Hijo de Dios con el mismo placer de su Padre.

El deleite de Dios en su Hijo estará en nosotros y será nuestro. Y nunca acabará, porque el Padre y el Hijo nunca dejarán de ser. El amor del uno por el otro será nuestro amor por ellos y, por lo tanto, nuestro amor por ellos nunca terminará.

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Josué 6 | Salmos 135–136 | Isaías 66 | Mateo 14

4 JULIO

Josué 6 | Salmos 135–136 | Isaías 66 | Mateo 14

Aunque Isaías 66 termina con una nota de firmeza y esperanza (66:18–24), entremezclada con un tema abiertamente misionero (66:19), el comienzo del capítulo contiene una advertencia más (Isaías 66:1–6), la cual centra aquí nuestra atención.

El texto vislumbra la época en que se reconstruirá el templo de Jerusalén. En todo momento, Isaías ha predicho que Jerusalén sería destruida y con ella, implícitamente, el templo. También profetizó que un remanente volvería a la ciudad y comenzaría a reconstruirla. No obstante, no deben olvidar nunca que Dios no puede reducirse a las dimensiones de un templo: “El cielo es mi trono, y la tierra, el estrado de mis pies. ¿Qué casa me podéis construir? ¿Qué morada me podéis ofrecer? Fue mi mano la que hizo estas cosas; fue así como llegaron a existir” (66:1–2). Salomón comprendió esta idea cuando dirigió a Israel en oración en la dedicación del primer templo (1 Reyes 8:27). Sin embargo, es una lección que se olvidó pronto, pues las sucesivas generaciones cayeron en un “eclesiasticismo” religioso. De alguna forma piensan que son buenos porque cumplen con los actos religiosos ordenados, pero Dios declara que ofrecer un animal prescrito en el nuevo templo cuando el corazón se encuentra lejos del Señor no es mejor que hacerlo con un animal inmundo. De hecho, puede ser tan repulsivo para el Señor como sacrificar a un ser humano, porque todo el ejercicio resulta increíblemente desafiante para Dios (66:3). Estas personas religiosas acaban finalmente persiguiendo a aquellos que quieren obedecer la palabra de Dios (66:5). Una vez más, el Señor amenaza con un juicio total (66:4, 6).

¿Qué buscará entonces el Señor entre el remanente que vuelve del exilio? Él dice: “Yo estimo a los pobres y contritos de espíritu, a los que tiemblan ante mi palabra” (66:2). Pocos versículos después, el profeta se dirige directamente a los fieles como “vosotros que tembláis ante su palabra” (66:5). Se los compara con aquellos que no contestan ni escuchan cuando el Señor llama y habla (66:4). Nada de esto es nuevo. Una de las lecciones que los israelitas debían aprender a lo largo de sus años vagando por el desierto era que “no solo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca del SEÑOR” (Deuteronomio 8:3). Esta idea es de capital importancia. No tanto escuchar atentamente cada palabra que Dios ha hablado, sino hacerlo con humildad, contrición y temor (66:2). Lo que siempre ha distinguido lo verdadero de lo falso en medio del pueblo de Dios, lo bendito de lo maldito, es la fidelidad o deslealtad a su Palabra.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 185). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Mis pecados ante Dios

Miércoles 4 Julio

Oh Dios… lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado.

Salmo 51:1-2

El Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Gálatas 2:20

Mis pecados ante Dios

La idea de que podemos pecar contra Dios tiende a desaparecer. ¡Incluso está ausente en la conciencia de muchos! Oímos decir que el mal empieza cuando hacemos daño a otra persona. Pero esto no es lo que enseña la Biblia, única norma divina. ¿Qué dice ella concretamente?

– “Dios es luz” (1 Juan 1:5). Es santo, justo y no puede tolerar el mal (Habacuc 1:13). Una simple mentira o un pensamiento de envidia me muestran que por naturaleza soy pecador. Esta naturaleza, llamada el pecado, es transmitida de una generación a otra: “Como el pecado entró en el mundo por un hombre (Adán), y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12). “No hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10). Soy, pues, pecador desde mi nacimiento, y debo reconocer que peco por mis faltas y cuando desobedezco a Dios. Merezco su juicio y su condenación.

– Sin embargo, la Biblia también me dice: “Dios es amor” (1 Juan 4:8). Detesta el pecado pero ama a los pecadores, y preparó un medio para salvarme. Jesús, por amor, sufrió en mi lugar el juicio que yo merecía. En la cruz Jesús, el único hombre justo, cargó con todas mis infamias y maldades. Soportó la ira de Dios contra el pecado durante las tres horas tenebrosas de la crucifixión. Hoy tengo la seguridad de que Dios echó todos mis pecados tras sus espaldas (Isaías 38:17).

“Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Isaías 1:18).

Números 15 – 1 Juan 5 – Salmo 78:56-65 – Proverbios 18:18-19

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Ser autodisciplinado

Ser autodisciplinado

7/3/2018

Para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí. (Colosenses 1:29)

Como cristiano, aprenda a cultivar la autodisciplina. He aquí algunas maneras prácticas de alcanzar ese objetivo:

Comience por lo más sencillo. En su hogar, por ejemplo, comience por el gobierno de la casa en el dor­mitorio principal. Cuando se establezca esa disciplina, extiéndala al resto del hogar.

Sea puntual. Haga un hábito el estar a tiempo.

Resuelva primero las tareas difíciles. Si hace primero los trabajos más difíciles, no quedarán a medias.

Sea organizado. En vez de reaccionar ante las circunstancias, tenga un plan para el día y para la semana.

Agradezca la crítica. No esquive la crítica constructiva; acéptela como un medio de autosuperación.

Practique el renunciar. Esto puede comenzar de una manera sencilla: sustituya las comidas rápidas dañinas con una merienda saludable. La disciplina en el ámbito de lo físico se traslada al reino de lo espiritual.

Acepte responsabilidades. Recibir con beneplácito una nueva oportunidad lo obliga a ser organizado.

Estas cosas pudieran parecer insignificantes, pero pueden ser una buena práctica para llegar a ser un mejor siervo de Cristo.

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Buenas noticias: Dios es feliz

JULIO, 03

Buenas noticias: Dios es feliz

Devocional por John Piper

El glorioso evangelio del Dios bendito... ?(1 Timoteo 1:11)

Esta es una hermosa frase de 1 Timoteo que está enterrada bajo la superficie de las palabras de la Biblia con las que estamos familiarizados. Pero cuando la desenterramos, suena más bien así: «las buenas nuevas de la gloria del Dios feliz».

Una gran parte de la gloria de Dios es su felicidad.

Para el apóstol Pablo, era inconcebible que a Dios se le negara el gozo infinito y que aun así fuera totalmente glorioso. Ser infinitamente glorioso significaba ser infinitamente feliz. Él uso la frase «la gloria del Dios feliz» porque es algo glorioso que Dios sea tan feliz como él es.

La gloria de Dios consiste en gran manera en el hecho de que él es más feliz de lo que podamos imaginar jamás. Como dijo el gran predicador del siglo XVIII, Jonathan Edwards: «Parte de la plenitud que Dios comunica es su felicidad. Esta felicidad consiste en disfrutar y regocijarse en sí mismo; en esto también consiste la felicidad de la criatura».

Y ese es el evangelio: «el evangelio de la gloria del Dios feliz». Que Dios sea gloriosamente feliz es una buena noticia. Nadie querría pasar la eternidad con un Dios infeliz.

Si Dios no fuera feliz, la meta del evangelio no sería un objetivo feliz, y esto significa que, al fin y al cabo, no sería evangelio. Pero Jesús nos invita a pasar la eternidad con un Dios feliz cuando nos dice: «entra en el gozo de tu señor» (Mateo 25:23).

Jesús vivió y murió para que su gozo —el gozo de Dios— esté en nosotros y nuestro gozo sea completo (Juan 15:1117:13). Por lo tanto, el evangelio es «el evangelio de la gloria del Dios feliz».

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Josué 5 | Salmos 132–134 | Isaías 65 | Mateo 13

3 JULIO

Josué 5 | Salmos 132–134 | Isaías 65 | Mateo 13

Isaías ha orado: “¡Ojalá rasgaras los cielos, y descendieras!” (64:1). Ahora (Isaías 65), Dios responde con dos perspectivas complementarias.

En primer lugar, el Señor dice que no es tan distante como Isaías cree. A lo largo de la convulsa historia de Israel, él se reveló a las personas una y otra vez (65:1). Siguió haciéndolo, por medio de una larga serie de profetas, a personas que no preguntaron por él, a aquellos que no lo buscaban, a una nación que no clamaba a su nombre. No paraba de decir: “¡Aquí estoy!” (65:1), pero ellos demostraron ser un pueblo obstinado, que andaba “por mal camino, siguiendo sus propias ideas” (65:2). No hay duda de que el profeta quiere que Dios esté cerca, pero ellos, con su rebelión persistente en todos los ámbitos, están diciendo realmente: “¡Mantente alejado! ¡No te acerques a mí! ¡Soy demasiado sagrado para ti!” (65:5). Esta costumbre de pensar que se es mejor que Dios sigue vigente actualmente. Estamos tan interesados en la “espiritualidad” y tan comprometidos con exonerarnos en todo, que no podemos permitirnos someternos a lo que Dios dice, pues lo consideramos poco razonable; somos más sabios y mejores que él, más sagrados. Esto es lo que hay detrás de este juicio (65:6–7).

En segundo lugar, a pesar de la amenaza de juicio, Dios tiene un plan totalmente distinto para el remanente escogido que busca su rostro en contrición y fe. Él les promete mucho más que una Sion terrenal más segura. Tiene preparado para ellos nada menos que “un cielo nuevo y una tierra nueva” (65:17). Eso es lo que significa “Jerusalén” en definitiva (65:18–19); como en Apocalipsis 21, Jerusalén no es tanto un elemento fundamental en los nuevos cielos y la nueva tierra, como otra manera de conceptualizar la misma realidad. La visión es espectacular (65:17–25), semejante a lo que se predijo anteriormente (2:2–5; 11:1–16). Sin embargo, no es para todo el mundo sin excepción. Este capítulo distingue de forma muy clara entre, por un lado, los escogidos de Dios (65:22), el pueblo bendito del Señor (65:23), aquellos que lo buscan (65:10), sus siervos (65:9), y, por el otro, los descritos en los siete primeros versículos, que se distraen con nociones de magia, que juegan con sus dioses de la Fortuna y el Destino (65:11). La cuestión principal es que no contestaron cuando Dios preguntó, no escucharon cuando él habló. “Hicisteis lo malo ante mis ojos y optasteis por lo que no me agrada” (65:12). Esta distinción aparece muy claramente en 65:13–16. “Mis siervos”, dice Dios, experimentarán bendiciones inimaginables, pero el “vosotros” a quien se dirige se enfrentará a un abandono y una reprobación totales.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 184). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Un descuido grave

Martes 3 Julio

¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron.

Hebreos 2:3

Un descuido grave

Tendemos a considerar los descuidos como faltas poco graves, pero todo depende de las consecuencias que resultan de estos. A menudo el descuido del conductor que no respeta una señal de tránsito pasará desapercibido, pero será sancionado si hay un accidente, o incluso si la policía lo ve.

El versículo citado hoy se refiere a los que descuidan “una salvación tan grande”. Quizá nunca se hayan burlado de Dios, no han vivido de forma deliberada en oposición a su voluntad, pero hay algo, quizás una cosa insignificante, que hace que dejen para más tarde el momento de ponerse en relación con él. Para establecer esta relación es preciso aceptar el perdón que Jesús, su Hijo, obtuvo para nosotros dando su vida en la cruz. ¡No aplacemos la decisión de aceptar esta salvación tan grande! ¡Es grande porque es un regalo de Dios; puede salvar al más culpable entre nosotros! Él ofrece la vida eterna; no pide nada al pecador, excepto la fe. ¡La salvación es grande sobre todo porque su autor es el Hijo de Dios! “Aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, (Jesús) vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen” (Hebreos 5:8-9).

Si usted es de los que descuidan la salvación, ¡reflexione bien en las consecuencias que puede tener! ¡Son mucho más graves que un problema económico, de salud o de la pérdida de un ser querido! ¡Lo que está en juego es su futuro eterno! Por favor, ¡no deje para más tarde su decisión!

Números 14:20-45 – 1 Juan 4 – Salmo 78:40-55 – Proverbios 18:16-17

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¿Por qué ser autodisciplinado?

¿Por qué ser autodisciplinado?

7/2/2018

Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado. (2 Timoteo 2:15)

Respecto al vivir disciplinado, Richard Shelley Taylor escribe: “El carácter disciplinado pertenece a la persona que logra un equilibrio al poner bajo control todas sus facultades y todos sus poderes… Con resolución afronta su deber. La domina un sentido de responsabilidad. Tiene recursos interiores y reservas personales que son la admiración de las almas más débiles. Hace que la adversidad la ayude”.

El Señor usa solamente la mente disciplinada que piensa con claridad, entiende su Palabra y presenta con eficiencia su verdad al mundo. Solo la mente disciplinada distingue siempre la verdad del error. Y solo el cristiano disciplinado es un buen testimonio, dentro de la iglesia y delante del mundo.

Dicho de una manera sencilla, la autodisciplina es la obediencia a la Palabra de Dios y la disposición a someter cualquier cosa en la vida a su voluntad, para su excelsa gloria.

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