¿Qué tanto conocemos a Dios?

JULIO, 02

¿Qué tanto conocemos a Dios?

Devocional por John Piper

He aquí, Dios es exaltado, y no le conocemos; el número de sus años es inescrutable. ?(Job 36:26)

Es imposible conocer a Dios demasiado bien.

Él es la persona más importante que existe, y esto es porque él hizo a todas las demás personas y cualquier importancia que ellas tengan es gracias a él.

Cualquier fuerza, inteligencia, habilidad o belleza que tengan proviene de él. Para todos los estándares de excelencia, él es infinitamente más grandioso que la mejor persona que hayamos conocido o de quien hayamos oído hablar.

Al ser infinito, él es inagotablemente interesante. Por lo tanto, es imposible que Dios sea aburrido. Su demostración continua de las acciones más inteligentes e interesantes es volcánica.

Al ser la fuente de todo buen placer, él mismo nos satisface total y finalmente. Si no es así como lo experimentamos, estamos o muertos o dormidos.

Es por eso que es sorprendente lo poco que nos esforzamos por conocer a Dios.

Es como si el presidente de Estados Unidos viniera a vivir a mi casa por un mes y yo solo lo saludara al pasar a su lado cada mañana o día por medio. O como si voláramos a la velocidad de la luz por un par de horas alrededor del sol y el sistema solar, y en vez de mirar por la ventana, jugáramos a los videojuegos. O como si nos invitaran a ver a los mejores actores, cantantes, atletas, inventores y científicos hacer lo que mejor saben hacer, pero nosotros rechazáramos la invitación para poder ver los episodios finales de una novela por televisión.

Oremos para que nuestro grandioso e infinito Dios nos abra los ojos y el corazón para verlo y buscar conocerlo más.

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Josué 4 | Salmos 129–131 | Isaías 64 | Mateo 12

2 JULIO

Josué 4 | Salmos 129–131 | Isaías 64 | Mateo 12

En un capítulo anterior, Isaías escribió: “Vosotros, los que invocáis al Señor, no os deis descanso; ni tampoco lo dejéis descansar, hasta que establezca a Jerusalén y la convierta en la alabanza de la tierra” (Isaías 62:6–7). Ahora, el profeta sigue su propio consejo. Isaías 64 (de forma más exacta, 63:7–64:12) recoge una de las grandes oraciones intercesoras de las Escrituras.

La primera parte de la oración (63:7–19) comienza con una afirmación de la bondad de Dios, manifestada especialmente en el rescate de Israel en la época de Moisés. Isaías no suaviza el problema: el pueblo se rebeló tan gravemente que Dios mismo pasó a ser su enemigo (63:10). No obstante, ¿a quién podía dirigirse el profeta? Apela a su “compasión y ternura” (63:15), a su fidelidad al pacto como Padre y Redentor de su pueblo (aunque Abraham y Jacob pudiesen querer renegar del mismo, 63:16).

Sin embargo, en el capítulo 64, el profeta pronuncia una de las súplicas más desgarradoras que podemos encontrar en las Santas Escrituras: “¡Ojalá rasgaras los cielos, y descendieras! ¡Las montañas temblarían ante ti!” (64:1). Esta es nuestra única esperanza: no podemos salvarnos a nosotros mismos. Nuestras decisiones, nuestros trucos y nuestra religión no bastarán. El propio Dios debe rasgar los cielos y bajar. Isaías no está negando la omnipresencia del Señor; más bien, está diciendo que debe intervenir activamente a favor nuestro para salvarnos, demostrando una vez más su poder, o estaremos perdidos.

No debemos pasar por alto otros tres elementos de la intercesión del profeta. Primero, nadie reconoce más claramente que Isaías que el Dios al que apela es también el Juez al que hemos ofendido. “Pero te enojas si persistimos en desviarnos de ellos. ¿Cómo podremos ser salvos? (64:5), pregunta. Esta es la raíz del problema, y la esperanza. Segundo, Isaías no sólo comprende que el pecado nos aparta de Dios, sino que también se identifica completamente con su pueblo pecador: “Todos somos como gente impura; todos nuestros actos de justicia son como trapos de inmundicia” (64:6). Los mayores intercesores han reconocido siempre que muchas cosas los relacionan con el común de los pecadores en lugar de diferenciarlos de ellos. En cualquier caso, no dudemos en suplicar a Dios por aquellos que no lo harán por sí mismos. Tercero, Isaías comprende totalmente que si Dios nos rescata, debe hacerlo a partir de la gracia, de la misericordia, de la compasión, no porque tengamos nada que reclamarle. Eso explica el tono conmovedor de 64:8–12.

¿Cuándo hemos orado por última vez con ese entendimiento y esa pasión?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 183). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Relojes de sol

Lunes 2 Julio

El hombre nacido de mujer… sale como una flor y es cortado, y huye como la sombra y no permanece.

Job 14:1-2

Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.

Salmo 90:12

Relojes de sol

En ciertos valles alpestres las fachadas de muchas casas están adornadas con relojes de sol. Pintados, grabados o esculpidos, asocian la riqueza del arte de la época con la función utilitaria. También son portadores de mensajes sencillos pero contundentes. Algunos lemas son simplemente moralistas, otros recuerdan al transeúnte su condición frágil y su necesidad de Dios: «Sin el sol no soy nada, y sin ti, Dios, no puedo hacer nada». Son muchos los que recuerdan la huida del tiempo: «El tiempo pasa, el hecho permanece»; o colocan al hombre ante la eternidad: «Todas las horas hieren, la última mata». «Es más tarde de lo que usted cree». Otros invitan a gozar del tiempo presente, no sin pensar en la muerte: «Aprovecha la hora presente y piensa en la última». Esta sabiduría popular de los siglos 18 y 19 nos remite al gran libro de la sabiduría divina, la Biblia. Ella nos dice que Dios, con bondad, nos otorga beneficios para que los aprovechemos (1 Timoteo 6:17), pero que el hombre, si bien se siente libre de actuar como bien le parezca, un día tendrá que responder por sus actos ante Dios (Eclesiastés 11:9).

A menudo la Escritura recuerda la fragilidad de la vida, comparándola a la flor del campo, hoy perfecta, mañana marchita (Isaías 40:6-7).

Cuán urgente es pensar hoy en la eternidad, reconocer que soy pecador y aceptar a Jesucristo como mi Salvador. No sabemos lo que nos acontecerá mañana; recordemos que nuestra alma es inmortal.

Números 14:1-19 – 1 Juan 3 – Salmo 78:32-40 – Proverbios 18:14-15

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El valor de la autodisciplina

El valor de la autodisciplina

7/1/2018

Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura. (1 Corintios 9:26)

La cultura actual está obsesionada con la diversión, los deportes, el materialismo y el placer emocional. En realidad, esas preocupaciones excesivas se han convertido en las características de nuestra superficial, amoral y a veces inmoral sociedad.

Hace un siglo el Presidente Teodoro Roosevelt predijo esos resultados cuando dijo que la prosperidad a cualquier precio, la paz a cualquier precio, la seguridad antes que el deber, el amor a la vida cómoda y la teoría de la vida de hacerse rico destruirían con el tiempo a los Estados Unidos de América.

Un antídoto seguro para semejante manera de vivir es la autodisciplina que se muestra en la vida cristiana genuina. Su dirección y poder espiritual vienen del Señor, pero necesita la autodisciplina si Él va a obrar con eficiencia por medio de usted.

Pablo le escribió a Timoteo: “Porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera” (1 Ti. 4:8). Pídale a Dios que haga eso una realidad en su vida.

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El placer de Dios en hacernos bien

JULIO, 01

El placer de Dios en hacernos bien

Devocional por John Piper

No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino. (Lucas 12:32)

Jesús no se quedará de brazos cruzados, dejándonos en la incredulidad, sin antes dar batalla. Él toma el arma de la Palabra y la pronuncia con poder para todos aquellos que luchan por creer.

Su fin es derrotar al temor de que Dios no es el tipo de Dios que realmente quiere ser bueno con nosotros, o en otras palabras, que Él no es verdaderamente generoso y ayudador y amable y tierno, sino que básicamente está irritado con nosotros —enojado y con mala predisposición—.

En ocasiones, aunque creamos en nuestra mente que Dios es bueno con nosotros, es probable que sintamos que su bondad es de alguna manera forzada u obligada. Quizá como si fuera un juez acorralado por algún abogado astuto debido a un tecnicismo de procedencia jurídica, de modo que el juez tuviera que retirar los cargos contra el prisionero, a quien realmente preferiría enviar a la cárcel.

Pero Jesús se esfuerza para que no nos sintamos de esa manera hacia Dios. En este versículo, él está tratando por todos los medios de describirnos el indescriptible valor y la excelencia del alma de Dios al enseñarnos el placer ilimitado que le da el entregarnos el reino.

«No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino». Cada palabra de esta maravillosa oración es intencionada y busca quitar el temor con el que Jesús sabe que luchamos: que Dios nos da con resentimiento sus beneficios; que él se siente forzado y obligado cuando hace cosas buenas por nosotros; que en el fondo está enojado y ama ventilar su enojo.

Esta una oración acerca de la naturaleza de Dios. Acerca del tipo de corazón que Dios tiene. Es un versículo acerca de lo que hace feliz a Dios —no meramente acerca de lo que Dios hará o tiene que hacer, sino más bien de lo que él disfruta hacer, lo que ama hacer y lo que le da placer hacer—. Cada palabra cuenta.

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Josué 3 | Salmos 126–128 | Isaías 63 | Mateo 11

1 JULIO

Josué 3 | Salmos 126–128 | Isaías 63 | Mateo 11

No deberíamos pasar por alto lo que es obvio: en este pasaje (Mateo 11:2–19), Juan el Bautista está desanimado.

La causa es que Jesús no cumple sus expectativas. Juan ha anunciado a alguien que no sólo bautizaría a las personas con el Espíritu Santo (3:11), sino que vendría con un juicio severo, separando el trigo de la paja y quemando esta (3:12). Sin embargo, aquí está Jesús, predicando ante inmensas multitudes, preparando a sus propios discípulos, haciendo milagros, sin juzgar a los impíos. Juan el Bautista languidece en la cárcel por haber denunciado ferozmente el matrimonio ilícito de Herodes. ¿Por qué no lo ha hecho Jesús, ni lo ha juzgado utilizando su asombroso poder?

Jesús contesta (Mateo 11:4–6) describiendo su ministerio desde la perspectiva de dos pasajes fundamentales de Isaías, 35:5–6 y 61:1–2. Sin embargo, Juan el Bautista seguramente conocía muy bien el libro de Isaías. En otros pasajes, él mismo lo cita (3:3, que alude a Isaías 40:3). Así pues, si Jesús va a referirse a estos pasajes (bien podría preguntarse Juan), ¿por qué no menciona también el tema del juicio en los mismos contextos? Después de todo, Isaías 35:4–6 no sólo menciona a los cojos saltando, por ejemplo, sino también la “retribución divina”. Isaías 61 habla de predicar las buenas nuevas a los pobres, pero también anuncia “el día de la venganza de nuestro Dios” (Isaías 61:2; véase la meditación del 29 de junio). ¿Por qué menciona Jesús las bendiciones y no el juicio?

Es como si el Señor estuviese diciendo: “Juan, mira atentamente: las bendiciones prometidas del reino están llegando. Lo que yo hago cumple las Escrituras con exactitud. Si el juicio aún no ha comenzado, lo hará, en su momento. Ahora mismo, céntrate en el bien que se está haciendo y deja que este confirme que soy quien digo ser”.

Jesús da tres pasos más para defender a Juan, de los cuales nos detendremos brevemente en dos. (a) Advierte a los que estaban escuchando su conversación que no supongan ni por un momento que Juan sea una persona voluble, que los vientos de las circunstancias difíciles tambalean y menos aún alguien interesado en velar por sus propios intereses (11:7–8). Todo lo contrario: (b) su papel en la historia redentora es ser aquel que anuncia la venida del Soberano, destacándolo, en cumplimiento de una profecía de Malaquías (11:10). Este hecho hace de Juan el mayor hombre nacido de mujer hasta ese momento, más que Abraham, David o Isaías, porque realmente anuncia a Cristo y lo señala de forma explícita. Por esta razón, el más pequeño del reino de los cielos, a este lado de la cruz, sigue siendo más grande (11:11): usted y yo mostramos quién es el Mesías con aún más inmediatez y claridad. Ahí reside nuestra grandeza.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 182). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Errante o extranjero?

Domingo 1 Julio

Su íntimo pensamiento es que sus casas serán eternas… dan sus nombres a sus tierras. Mas el hombre no permanecerá en honra.

Salmo 49:11-12

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas… mas el Señor cargó en él el pecado de todos nosotros.

Isaías 53:6

¿Errante o extranjero?

Caín, el hijo de Adán y Eva, mató a su hermano Abel. Entonces Dios lo echó y le dijo que sería “errante y extranjero en la tierra” (Génesis 4:12). Caín no tuvo en cuenta lo que Dios le dijo; construyó una ciudad, sus descendientes se asentaron en ella y se dedicaron a hacer de la tierra un lugar agradable para vivir, sin Dios.

Hoy en día, la tierra está llena de personas errantes. ¡No nos referimos a personas sin domicilio fijo! Poseen o alquilan una casa y tienen todo tipo de ocupaciones importantes en este mundo. Tienen una profesión y están ocupadas durante todo el día. Con sus esfuerzos siempre tratan de hacer de la tierra un lugar agradable para vivir sin Dios. Pero en realidad deambulan hasta el día en que deban dejar este mundo…

También hay otra clase de personas: estas saben que las promesas de Dios son seguras. Jesús es su Salvador. Es cierto que viven en la tierra, pero solo están de paso; son extranjeros (Hebreos 11:13), pues tienen un lugar de destino, un hogar preparado para ellos. Pasan por la tierra para ir al cielo, a su patria. ¡Allí Jesús los está esperando! Dio su vida por ellos en la cruz, y ahora su lugar está preparado “en la casa” del Padre (Juan 14:2).

Si su vida aún no tiene sentido, ¡vuélvase a Jesús! Así no seguirá errando, sino que caminará hacia un destino maravilloso: ¡hacia su Salvador!

Números 13 – 1 Juan 2:18-29 – Salmo 78:21-31 – Proverbios 18:13

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¡Despierte!

¡Despierte!

6/30/2018

Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo. (Efesios 5:14)

El versículo de hoy cita lo que el profeta Isaías dijo en Isaías 60:1: “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti”. Ese versículo era la esperanza del Mesías, y la interpretación de Pablo es una reflexión de lo que Cristo ha hecho.

Muchos comentaristas bíblicos creen que Efesios 5:14 es un verso de un himno de resurrección cantado por la iglesia primitiva. Lo ven como una invitación; una presentación del evangelio. El pecador es el que duerme, y la invitación es a que despierte y resucite. El Salvador es Cristo, que alumbrará la vida.

Al igual que Rip Van Winkle, los hombres y las mujeres están durmiendo a través del tiempo; un tiempo de gracia. Cuando despierten, será demasiado tarde. Por eso Pablo los exhorta, como debemos exhortarlos nosotros, a que despierten y se levanten de los muertos.

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El alivio del cielo en la ira venidera

JUNIO, 30

El alivio del cielo en la ira venidera

Devocional por John Piper

Porque después de todo, es justo delante de Dios retribuir con aflicción a los que os afligen, y daros alivio a vosotros que sois afligidos… cuando el Señor Jesús sea revelado desde el cielo con sus poderosos ángeles en llama de fuego, dando retribución a los que no conocen a Dios, y a los que no obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesús. (2 Tesalonicenses 1:6-8)

Vendrá el tiempo cuando la paciencia de Dios se acabe. Cuando Dios haya visto a su pueblo sufrir por el tiempo designado, y el número previsto de mártires haya sido completado (Apocalipsis 6:11), vendrá la venganza del cielo.

Observemos que la venganza de Dios hacia nuestros ofensores es para nosotros un alivio. En otras palabras, el juicio sobre «los que os afligen» es una forma de gracia hacia nosotros.

Quizá la imagen más notoria del juicio como gracia es la destrucción de Babilonia descrita en Apocalipsis 18. Cuando sea destruida, una gran voz del cielo gritará: «Regocíjate sobre ella, cielo, y también vosotros, santos, apóstoles y profetas, porque Dios ha pronunciado juicio por vosotros contra ella» (Apocalipsis 18:20). Entonces oiremos a una gran multitud diciendo: «¡Aleluya! La salvación y la gloria y el poder pertenecen a nuestro Dios, porque sus juicios son verdaderos y justos, pues ha juzgado a la gran ramera que corrompía la tierra con su inmoralidad, y ha vengado la sangre de sus siervos en ella» (Apocalipsis 19:1-2).

Cuando la paciencia de Dios haya corrido su curso de un largo período de sufrimiento, y esta era termine, y venga el juicio sobre los enemigos del pueblo de Dios, los santos no desaprobarán la justicia de Dios.

Esto significa que la destrucción final de los impenitentes no será una experiencia amarga para el pueblo de Dios.

La renuencia de otros a arrepentirse no encarcelará el afecto de los santos. El infierno no podrá amenazar la felicidad del cielo. El juicio de Dios será aprobado y los santos experimentarán la vindicación de la verdad como una gran gracia.

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Josué 2 | Salmos 123–125 | Isaías 62 | Mateo 10

30 JUNIO

Josué 2 | Salmos 123–125 | Isaías 62 | Mateo 10

Gran parte de la poesía de Isaías 62 trata de las circunstancias de la Sion terrenal. Sin embargo, el lenguaje es muy elevado y las promesas son de gran alcance. Parece claro que se está hablando de algo más que de la restauración de la Jerusalén física después del exilio.
Al final del capítulo 61, Isaías se deleita en el triunfo del Siervo-Mesías que transforma al pueblo de Dios. Allí quien habla es aún el profeta. Después, gradualmente, es el Señor soberano quien lo va haciendo. Al principio, Isaías dice que, a la luz de las gloriosas promesas para Sion, no guardará silencio hasta que la paz y la gloria de esta se establezcan. Esto quiere decir que el profeta hará algo más que continuar con su fiel proclamación. Además de su tarea de vigilancia, los “centinelas” apostados sobre los muros de Jerusalén (62:6) deben advertir del juicio que viene sobre los que no se arrepientan o caigan despreocupadamente en el pecado (cp. Ezequiel 33). No obstante, si hay una proclamación horizontal, es decir, predicar a las personas, también hay una intercesión vertical: “Vosotros, los que invocáis al Señor, no os deis descanso; ni tampoco lo dejéis descansar, hasta que establezca a Jerusalén y la convierta en la alabanza de la tierra” (62:6–7). Del mismo modo que Daniel intercedía ante Dios a la luz de las promesas que este había hecho (Daniel 9), Isaías quiere que hombres y mujeres fieles oren a él y no le den descanso hasta que todas sus gloriosas promesas acerca de Sion se cumplan. Aquí, pues, tenemos un llamamiento a la intercesión ferviente y persistente: “Venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” (Mateo 6:10).
Esta Sion recibirá “un nombre nuevo” (62:2, 12); tendrá una nueva identidad. Ya no se la llamará “Abandonada” y “Desolada”, sino “Mi deleite” y “Mi esposa” (62:4), adoptando la gran tipología que encontramos con tanta frecuencia en el Antiguo Testamento: el Señor soberano es el esposo; el pueblo del pacto, representado aquí por Sion, es la novia (cf. 62:5). El versículo 12 da a conocer más nombres: “Pueblo santo”, los “redimidos del SEÑOR” (que nos recuerda otra vez cómo han sido transformados), “Ciudad anhelada”, Ciudad nunca abandonada”. Estos nombres definen algo mucho más elevado que la Jerusalén física o terrenal después del exilio. Se trata del propio pueblo del pacto, que levanta una bandera “sobre los pueblos” (62:10). Constituye un adelanto de la “Jerusalén celestial” (Gálatas 4:26–27, donde se cita a Isaías), del “monte Sion”, la “Jerusalén celestial, la ciudad del Dios viviente” (Hebreos 12:22), de “la ciudad santa, la nueva Jerusalén”, “preparada como una novia hermosamente vestida para su novio” (Apocalipsis 21:2).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 181). Barcelona: Publicaciones Andamio.