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Josué 2 | Salmos 123–125 | Isaías 62 | Mateo 10

30 JUNIO

Josué 2 | Salmos 123–125 | Isaías 62 | Mateo 10

Gran parte de la poesía de Isaías 62 trata de las circunstancias de la Sion terrenal. Sin embargo, el lenguaje es muy elevado y las promesas son de gran alcance. Parece claro que se está hablando de algo más que de la restauración de la Jerusalén física después del exilio.
Al final del capítulo 61, Isaías se deleita en el triunfo del Siervo-Mesías que transforma al pueblo de Dios. Allí quien habla es aún el profeta. Después, gradualmente, es el Señor soberano quien lo va haciendo. Al principio, Isaías dice que, a la luz de las gloriosas promesas para Sion, no guardará silencio hasta que la paz y la gloria de esta se establezcan. Esto quiere decir que el profeta hará algo más que continuar con su fiel proclamación. Además de su tarea de vigilancia, los “centinelas” apostados sobre los muros de Jerusalén (62:6) deben advertir del juicio que viene sobre los que no se arrepientan o caigan despreocupadamente en el pecado (cp. Ezequiel 33). No obstante, si hay una proclamación horizontal, es decir, predicar a las personas, también hay una intercesión vertical: “Vosotros, los que invocáis al Señor, no os deis descanso; ni tampoco lo dejéis descansar, hasta que establezca a Jerusalén y la convierta en la alabanza de la tierra” (62:6–7). Del mismo modo que Daniel intercedía ante Dios a la luz de las promesas que este había hecho (Daniel 9), Isaías quiere que hombres y mujeres fieles oren a él y no le den descanso hasta que todas sus gloriosas promesas acerca de Sion se cumplan. Aquí, pues, tenemos un llamamiento a la intercesión ferviente y persistente: “Venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” (Mateo 6:10).
Esta Sion recibirá “un nombre nuevo” (62:2, 12); tendrá una nueva identidad. Ya no se la llamará “Abandonada” y “Desolada”, sino “Mi deleite” y “Mi esposa” (62:4), adoptando la gran tipología que encontramos con tanta frecuencia en el Antiguo Testamento: el Señor soberano es el esposo; el pueblo del pacto, representado aquí por Sion, es la novia (cf. 62:5). El versículo 12 da a conocer más nombres: “Pueblo santo”, los “redimidos del SEÑOR” (que nos recuerda otra vez cómo han sido transformados), “Ciudad anhelada”, Ciudad nunca abandonada”. Estos nombres definen algo mucho más elevado que la Jerusalén física o terrenal después del exilio. Se trata del propio pueblo del pacto, que levanta una bandera “sobre los pueblos” (62:10). Constituye un adelanto de la “Jerusalén celestial” (Gálatas 4:26–27, donde se cita a Isaías), del “monte Sion”, la “Jerusalén celestial, la ciudad del Dios viviente” (Hebreos 12:22), de “la ciudad santa, la nueva Jerusalén”, “preparada como una novia hermosamente vestida para su novio” (Apocalipsis 21:2).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 181). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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