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Josué 8 | Salmo 139 | Jeremías 2 | Mateo 16

6 JULIO

Josué 8 | Salmo 139 | Jeremías 2 | Mateo 16

Pocos pasajes han suscitado más debate en la historia de la iglesia que la confesión de Pedro de que Jesús es “el Cristo, el Hijo del Dios viviente” y sus secuelas (Mateo 16:13–28). Haremos solo tres reflexiones:

(1) A juzgar por su respuesta, Jesús ve esta confesión como un avance significativo, logrado por la revelación del Padre (16:17). Sin embargo, eso no quiere decir que, antes de ese momento, Pedro no tuviese sospechas de que Jesús fuese el Mesías. Tampoco significa que entendiese el término “Mesías” en su sentido cristiano absoluto, relacionado con esta palabra tras la muerte y resurrección de Jesús. Parece claro que, en este punto, Pablo estaba preparado para aceptar a Jesús como Rey de Israel, el Ungido del linaje davídico, pero no sabía en absoluto que debía ser al mismo tiempo rey davídico y Siervo sufridor, como muestran los versículos siguientes. El entendimiento y la fe del apóstol estaban madurando, pero aún tenían muchas carencias. Parte de la llegada de Pedro a una fe cristiana total en estos asuntos dependió absolutamente de la siguiente cita histórica redentora importante: la cruz y la resurrección.

(2) El papado católicoromano ha tomado las palabras de Jesús “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia” (16:18) como su fundamento. Aunque leamos este pasaje de la forma más abierta posible, es difícil interpretar que diga algo acerca de la transmisión de una superioridad por parte de Pedro y aún menos sobre el desarrollo y mejora del papado hasta que se promulgó en 1870 la doctrina de la infalibilidad papal. Ofendidos por semejantes pretensiones extravagantes, muchos protestantes han ofrecido exégesis igualmente increíbles. Quizás Jesús dijo: “Tú eres Pedro” (apuntando hacia el apóstol), “y sobre esta roca edificaré mi iglesia” (señalándose). O quizás la “roca” sobre la cual se construye la iglesia no sea Pedro, sino su confesión, algo que difícilmente explica el juego de palabras en griego: “Tú eres petros y sobre esta petra”.

(3) Es mejor considerar que Pedro posee cierta primacía, lo que se ha llamado “primacía de salvación histórica”. Él fue el primero en ver ciertas cosas, el líder que Dios bendijo en los primeros pasos de organización y evangelización después de la resurrección (como Hechos deja claro). Sin embargo, este liderazgo no sólo tenía relación con el papel único de Pedro en la historia redentora (tan único que no podía transmitirse), sino que la autoridad del Evangelio extendida a él (16:18–19), también se extiende a todos los apóstoles (18:18). Esto es lo que deberíamos esperar: en otros pasajes, se nos dice que la iglesia se ha edificado sobre el fundamento de profetas y apóstoles (Ef. 2:20, cursivas añadidas). Tal como lo expresa la antigua fórmula, Pedro era primus inter pares, primero entre iguales.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 187). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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