Vivir nuestro mensaje

Vivir nuestro mensaje

6/19/2018

Todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús,
dando gracias a Dios el Padre por medio de él. (Colosenses 3:17)

Los incrédulos prestarían más atención a nuestro mensaje evangélico si le diéramos algo especial a observar. Pudiéramos comenzar por no mentir y por decir siempre la verdad. ¿Qué sucedería si nunca nos enojáramos hasta pecar, sino que siempre obráramos con amor; que nunca robáramos, sino que siempre compartiéramos lo nuestro; y que nunca dijéramos vulgaridades, sino que siempre pronunciáramos palabras edificantes? ¿Puede imaginarse cómo reaccionarían los perdidos si nunca nos amargáramos, ni enojáramos, ni mostráramos resentimiento, ni fuéramos violentos, ni calumniadores, sino que siempre nos caracterizara la bondad, la compasión y el perdón? Tal vez entonces prestarían más atención.

Examine su conducta. ¿Dice usted la verdad? ¿Controla usted su enojo de tal modo que solo actúa con justicia? ¿Comparte con otros lo que tiene? ¿Habla con misericordia? ¿Es usted bondadoso, compasivo y clemente? Si usted es un nuevo hombre o una nueva mujer en Cristo, vivirá de esa manera.

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La ofensa de temer al hombre

JUNIO, 19

La ofensa de temer al hombre

Devocional por John Piper

Entonces Saúl dijo a Samuel: He pecado; en verdad he quebrantado el mandamiento del Señor y tus palabras, porque temí al pueblo y escuché su voz. (1 Samuel 15:24)

¿Por qué Saúl obedeció al pueblo en lugar de a Dios? Porque temí?a al pueblo en lugar de a Dios. Temí?a las consecuencias humanas de la obediencia más de lo que temí?a las consecuencias divinas del pecado. Temía desagradar al pueblo más de lo que temía desagradar a Dios. Eso es un gran insulto a Dios.

De hecho, Isaí?as dijo que tener miedo de lo que el hombre pueda hacer, al mismo tiempo que hacemos caso omiso de las promesas de Dios, es una clase de orgullo. Él cita a Dios con esta pregunta penetrante: «Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú que temes al hombre mortal, y al hijo del hombre que como hierba es tratado? ¿Has olvidado al Señor, tu Hacedor?» (Isaí?as 51:12-13).

Puede que el temor al hombre no se sienta como orgullo, pero eso es lo que Dios dice que es: «¿Quién crees que eres para temer al hombre y olvidarme a mí, tu Hacedor?».

El punto es el siguiente: si tememos al hombre, hemos comenzado a negar la santidad y el valor de Dios y de su Hijo Jesús. Dios es infinitamente más fuerte. Es infinitamente más sabio e infinitamente más lleno de galardones y gozo.

Darle la espalda por temor a lo que el hombre pueda hacer es pasar por alto todo lo que Dios promete ser para los que le temen. Es un gran insulto. Y en tal insulto Dios no puede complacerse.

Por otra parte, cuando escuchamos las promesas y confiamos en él con valentí?a, temiendo la deshonra que nuestra incredulidad trae a Dios, entonces él es honrado en gran manera, y en ello se complace.

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Deuteronomio 24 | Salmos 114–115 | Isaías 51 | Apocalipsis 21

19 JUNIO

Deuteronomio 24 | Salmos 114–115 | Isaías 51 | Apocalipsis 21

A la luz de las alternativas absolutas presentadas al final de Isaías 50, temer al Señor, obedecer a su Siervo y conocer su bendición, o vivir lejos de Dios y sufrir tormentos, Isaías 51:1–11 comienza con palabras de aliento para el remanente fiel. El pasaje culmina con una grandiosa visión del retorno hacia el Señor, de la entrada en Sion cantando (51:11). Las palabras evocan los peregrinajes que los piadosos acometían cuando estaban en la tierra. Eran ocasiones alegres, llenas de cánticos, de recuerdos personales y familiares, de una expectativa gozosa cuando el pueblo de Dios se ponía en marcha hacia Sion, hacia el templo del Dios viviente. Sin embargo, el peregrinaje que el profeta tiene en mente eclipsa a cualquier otro. Los antiguos tenían lugar tres veces al año, para las fiestas prescritas. Aquí, se conserva el lenguaje de estos, pero podemos atisbar cómo será el final: “Volverán los rescatados del Señor, y entrarán en Sion con cánticos de júbilo; su corona será el gozo eterno. Se llenarán de regocijo y alegría, y se apartarán de ellos el dolor y los gemidos” (51:11). Hemos regresado a la esperanza definitiva expresada en 2:1–5 y 11:1–16.

Sin embargo, el pueblo aún no ha llegado allí. Si están desanimados por ser pocos y por sus circunstancias difíciles, deberían recordar sus orígenes, la roca de la cual han sido cortados: Abraham fue sólo un hombre, pero Dios lo bendijo y lo multiplicó (51:2). Aquí también: “El Señor consolará a Sion; consolará todas sus ruinas” (51:3). De hecho, la salvación de Dios durará eternamente, y su justicia nunca fallará (51:6). Entretanto, el pueblo de Dios debe escucharlo. Tiene la “ley” del Señor en su corazón (51:7): la palabra significa realmente “instrucción”, y aquí puede incluir no solo a la ley de Moisés, sino todas las instrucciones dadas por Dios mediante profetas y sacerdotes. Si esta palabra es la que nos sostiene, el siguiente mandato es razonable: “No temáis el reproche de los hombres, ni os desalentéis por sus insultos” (51:7). A largo plazo, estos desaparecerán como una prenda apolillada, mientras la justicia y salvación de Dios “permanecerán para siempre… por todas las generaciones” (51:8).

Algunos manuscritos conservan (quizás con razón) una lectura diferente en el versículo 4. En lugar de “pueblo mío” y “nación mía”, dicen “pueblos” y “naciones”. Eso significa que 51:4–6 se dirige a otro grupo de peregrinos además de los israelitas, los venidos de alrededor del mundo. Todos ellos, junto con el remanente de israelitas, constituyen el grupo de “los rescatados del Señor” (51:11; cf. Apocalipsis 5:9–10).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 170). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El silencio de Dios me dice: espera

Martes 19 Junio

Bueno es esperar en silencio la salvación del Señor.

Lamentaciones 3:26

Oh Señor, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré.

Salmo 5:3

El silencio de Dios me dice: espera

Dios es un Dios que habla, un Dios muy cercano. “La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). ¡Si Dios no hablase, no habría creyentes! Al leer la Biblia, que es viva y eficaz (Hebreos 4:12), escuchamos lo que Dios nos dice y lo recibimos para vivirlo.

Dios también nos habla en lo íntimo de nuestra conciencia y de nuestro corazón. A menudo no es una voz audible, pero nos da la seguridad de que Dios escuchó nuestra oración y conoce nuestra situación. Esto nos da la paz, una visión nueva, una mejor comprensión de su voluntad…

Sin embargo, a veces Dios calla. La Biblia habla de esos silencios de Dios en la vida de varios creyentes. No nos sorprendamos, pues, si pasamos por momentos en los que Dios parece callar. Cuando este es el caso, ese silencio me dice: ¡Espera!

Corremos el riesgo de construir nosotros mismos respuestas para sustituir ese silencio por palabras que no vienen de Dios, y que en consecuencia nos confunden. Pedir consejo a otros para anticiparse a la respuesta divina, a menudo tendrá el mismo efecto. Y si un amigo me pide mi opinión cuando Dios calla, es mejor decirle: «Espera. Puedo orar contigo, pero no tengo respuesta».

Los tiempos de silencio en nuestras vidas son periodos en los que la fe se vuelve más fuerte si permanecemos confiados, atentos a la respuesta de Dios. Experimentaremos que sus respuestas siempre son más bellas y más grandes de lo que habíamos pensado.

Números 1 – 1 Timoteo 1 – Salmo 72:12-20 – Proverbios 17:19-20
Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Una perspectiva del perdón

Una perspectiva del perdón

6/18/2018

Sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. (Efesios 4:32)

Dios fue bondadoso y compasivo con usted, perdonándolo aun cuando no lo merecía. Si basa su actitud hacia los demás en lo que ellos merecen, no ha entendido bien. No grite a los demás, ni los desacredite ni se enoje con ellos, aun cuando lo merezcan. Quienes ejemplifican el carácter de Dios son amorosos, bondadosos, considerados y clementes. Esa es la actitud que Dios espera de los que son sus nuevas criaturas en Cristo.

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Cómo interceder por los no creyentes

JUNIO, 18

Cómo interceder por los no creyentes

Devocional por John Piper

Hermanos, el deseo de mi corazón y mi oración a Dios por ellos es para su salvación.(Romanos 10:1)

Pablo ora pidiendo que Dios convierta a Israel. ¡Él ora por su salvación! No ora por tener sobre ellos una influencia infructuosa, sino eficaz. Así es como deberíamos orar también nosotros.

Debemos tomar las promesas de Dios del nuevo pacto e interceder a Dios para que las cumpla en nuestros hijos y vecinos, y en todos los campos misioneros del mundo.

Dios, quita de su carne el corazón de piedra y otórgales un nuevo corazón de carne (Ezequiel 11:19). ¡Circuncida su corazón para que te amen! (Deuteronomio 30:6). Padre, pon tu Espí?ritu dentro de ellos y hazlos caminar en tus estatutos (Ezequiel 36:27). Concédeles el arrepentimiento y el conocimiento de la verdad para que escapen del lazo del diablo (2 Timoteo 2:25-26). ¡Abre su corazón para que crean el evangelio! (Hechos 16:14).

Cuando creemos en la soberanía de Dios —es decir, en el derecho y poder de Dios para elegir y después traer a los pecadores endurecidos a la fe y la salvación— entonces seremos capaces de orar sin contradicciones y con grandes promesas bí?blicas por la conversión de los que están perdidos.

Dios se deleita en este tipo de oración porque le atribuye a él el derecho y el honor de ser el Dios libre y soberano que él es en la elección y la salvación.

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Deuteronomio 23 | Salmos 112–113 | Isaías 50 | Apocalipsis 20

18 JUNIO

Deuteronomio 23 | Salmos 112–113 | Isaías 50 | Apocalipsis 20

Isaías 50 tiene una importancia transitoria que contradice su brevedad. En 50:1–3, Dios se dirige a los hijos de Israel en el exilio, especialmente aquellos que creen que él los ha abandonado totalmente. No lo ha hecho. No se ha divorciado de su madre, Sion, ni los ha vendido como esclavos para saldar alguna deuda, de forma que el camino de vuelta a él sigue abierto. A la luz de esta reflexión, las dos últimas líneas de 50:1 deben leerse como una ironía: si los hijos fuesen “vendidos” o la madre “repudiada” en cualquier sentido, sería debido a su pecado, no por una acción legal final por parte de Dios. Además, el Creador soberano es ciertamente capaz de traerlos de vuelta (50:2b–3). La verdadera pregunta es: ¿Por qué no fue ninguno de ellos a él cuando los llamó? (50:2a).

Después, habla el Siervo (50:4–9), más para sí mismo que para los demás, pero de forma que estos lo oigan (50:10–11. ¿Quién es él? Se han hecho muchas sugerencias: Isaías, o uno de sus discípulos del siglo VI a.C.; Jeremías; Israel, personificado como una persona maltratada y que sufre (cp. Salmos 129:1–3). Conforme se va desarrollando el libro, Isaías dejará clara la identidad del Siervo. Incluso ahora, observemos sus características: este Siervo es un buen consejero. Sus palabras sostienen al cansado, porque él mismo oye todo lo que el Señor soberano dice y no se ha rebelado (50:4–5, a diferencia de Israel). Así pues, es un discípulo perfecto, pero del Señor, no de Isaías (compárese con Juan. 5:18ss.). No se aparta de la obediencia (50:5), ni siquiera frente al implacable abuso (50:6; cp. Mateo 27:30; Marcos 14:65; 15:19). El Señor soberano lo sostiene en su misión, por lo que se dispone a completar la tarea asignada a él (50:7; cp. Lucas 9:51), confiando en que Dios lo vindicará (50:7–9; cf. Filipenses 2:9–11).

¿Cómo se relaciona entonces la segunda parte de este capítulo con la primera? Seguramente, de esta forma: aquellos a los que se dirige 50:1–3 siguen pareciendo ajenos, distantes, insensibles, cínicos, mientras aquí, en 50:10–11, se traza una línea en la arena, que concierne al Siervo. A un lado de la misma, se encuentra la persona que “teme al Señor y obedece la voz de su siervo”, que, a pesar de la terrible oscuridad que lo envuelve, “confía en el nombre del Señor” (50:10, cursivas añadidas). Al otro lado, está la persona que trata de proveer su propia luz, que enciende fuegos de rebelión; Dios dice a tal persona: “Esto es lo que vosotros recibiréis de mi mano: en medio de tormentos quedaréis tendidos” (50:11). Así pues, la identidad del “pueblo de Dios” se somete a una sutil redefinición. En 49:8–12, engloba tanto a israelitas como a gentiles; aquí, un elemento que lo define es que obedece la palabra del Siervo del Señor.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 169). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Encomienda al Señor tu camino, y confía en él.

Lunes 18 Junio

Fíate del Señor de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.

Proverbios 3:5-6

Encomienda al Señor tu camino, y confía en él.

Salmo 37:5

Si fracaso…

Delante de las puertas de un instituto, los estudiantes se iban amontonando. Después de haber trabajado duro, venían a presentarse al examen de admisión, objetivo de sus esfuerzos. Los candidatos eran numerosos, pero muy pocos serían seleccionados.

Mientras esperaban que los llamasen, algunos decían: –Cuando pienso que todo mi futuro se va a decidir en las próximas horas, siento escalofríos.

–Me lo juego todo en este examen. Si pierdo… No, ¡no me atrevo ni a pensar en eso!

–Yo, si fracaso, no tengo futuro…

Marcos escuchaba a sus compañeros en silencio. Él también había trabajado duro, estaba estresado como el resto de sus compañeros esa mañana, y quería pasar el examen. Pero Marcos era cristiano; su forma de pensar era diferente. Se había preparado bien, pero había dejado en las manos de Dios, su Padre, el resultado de sus esfuerzos. –¿Y si repruebo? Marcos sabía que a los que aman a Dios, todas las cosas, incluso un eventual fracaso, les ayudan a bien (Romanos 8:28).

Jóvenes creyentes, consideren como una experiencia especialmente útil atravesar con Dios esos momentos de incertidumbre. Tampoco olviden el verdadero objetivo de sus vidas, su futuro celestial, que ya tienen asegurado. ¡Qué contraste con los que no tienen esperanza! Ustedes aprendieron a prepararse para aprobar una etapa de su vida en la tierra. ¡Que esto les ayude a consagrarse a Cristo, a amarle más, a conocerle, a seguirle y a servirle!

Levítico 27 – Efesios 6 – Salmo 72:1-11 – Proverbios 17:17-18
Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Nuestro misericordioso Espíritu

Nuestro misericordioso Espíritu

6/17/2018

No contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. (Efesios 4:30)

El Espíritu Santo se entristece cuando los creyentes no cambian su antigua manera de vivir y adoptan la nueva. Siente dolor cuando los creyentes mienten y ocultan la verdad, cuando se enojan y son implacables, cuando roban y se niegan a compartir, y cuando dicen palabras obscenas y no tienen un espíritu misericordioso.

Cuando usted fue salvo, el Espíritu de Dios puso en usted un sello, que declara que usted es de Dios para siempre. Como Él ha sido tan misericordioso que le dio salvación eterna, lo selló para siempre, y ha guardado su salvación hasta el día de la redención, ¿cómo es posible que lo contriste? Él ha hecho tanto por usted que, como muestra de gratitud, no debe contristarlo.

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El tipo de oración que le agrada a Dios

JUNIO, 17

El tipo de oración que le agrada a Dios

Devocional por John Piper

Pero a éste miraré: al que es humilde y contrito de espíritu, y que tiembla ante mi palabra. (Isaí?as 66:2)

La primera marca de un corazón recto es que tiembla ante la Palabra del Señor.

Isaí?as 66 lidia con el problema de que algunas personas adoran a Dios de una manera que a él le agrada y que otras lo adoran de una manera que no le agrada. El versículo siguiente describe al malo que le presenta sacrificios: «El que mata un buey escomo el que mata a un hombre, el que sacrifica un cordero como el que desnuca un perro». Sus sacrificios son abominación a Dios: van a la par con un asesinato. ¿Por qué?

En el versículo 4 Dios explica: «Porque llamé, mas nadie respondió, hablé, mas no escucharon». Sus sacrificios eran abominación a Dios porque el pueblo no prestaba oídos a su voz. Pero ¿qué hay de aquellos cuyas oraciones Dios escuchaba? Dios dice en el versículo 2: «Pero a éste miraré: al que es humilde y contrito de espíritu, y que tiembla ante mi palabra».

Por consiguiente, concluyo que la primera marca de los justos, cuyas oraciones son una delicia para Dios, es que tiemblan ante la Palabra de Dios. Esas son las personas a quienes el Señor mirará.

Por lo tanto, la oración del recto que agrada a Dios viene de un corazón que en un principio se siente frágil en la presencia de Dios. Tiembla al oír la Palabra de Dios, porque se siente tan lejos del ideal de Dios, tan vulnerable a su juicio, tan indefenso y arrepentido por sus fallas.

Eso es justamente lo que dijo David en Salmos 51:17: «Los sacrificios de Dios son el espíritu contrito;
al corazón contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás». Lo primero en la oración aceptable delante de Dios es el quebranto y la humillación de la persona que ora.

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