Descubrí a un Dios de perdón

Tú eres Dios que perdonas, clemente y piadoso, tardo para la ira, y grande en misericordia.

Nehemías 9:17

Descubrí a un Dios de perdón

«Nací en Vevey (Suiza), en una familia cristiana. Crecí siendo consciente de que Dios existe. Sin embargo, no lo conocía realmente. Los numerosos sermones que oía y los libros que leía penetraban en mi cabeza pero rara vez llegaban a mi corazón. Todo esto me llevó a tener una vida de muchas reglas y costumbres religiosas sin significado real.

En mis estudios obtuve buenos resultados y decidí hacer la carrera de administración de empresas. ¡Todo parecía ir sobre ruedas, pero mi corazón seguía desesperadamente vacío!

Un día conocí a un hombre que tenía todo para lograr éxito en el mundo profesional, pero que había dejado todo para ayudar a los demás. Visitaba a los enfermos, a las personas que sufrían… ¿Por qué su ejemplo me llamaba tanto la atención?

En aquella época también conocí a la mujer que llegaría a ser mi esposa. Ella me hizo preguntas sobre mi relación con Dios. Me preguntó quién era ese Jesús de quien hablaba. ¿Por qué había muerto? ¿Cómo había resucitado? ¿Por qué nos ama? Durante varias semanas leímos la Biblia y debatimos. El amor de Jesús tocó su corazón. Ella aceptó al Señor Jesús como su Salvador. Entonces empezó una nueva vida para ella… y para mí también. Esas conversaciones y preguntas trabajaron en mí, de manera que a medida que los meses iban pasando, mi corazón se ablandó. En lugar de ver a un Dios de reglas y leyes, descubrí a un Dios de amor y de perdón. Por fin comprendí que Jesucristo no solo había muerto por mí, sino que también deseaba transformar mi vida».

Marc

Éxodo 30 – Hechos 21:1-16 – Salmo 34:7-14 – Proverbios 11:25-26

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El signo de exclamación de nuestras oraciones

MARZO, 17

El signo de exclamación de nuestras oraciones

Devocional por John Piper

Pues tantas como sean las promesas de Dios, en Él todas son sí; por eso también por medio de Él, Amén, para la gloria de Dios por medio de nosotros. (2 Corintios 1:20)

La oración es una respuesta a las promesas, es decir, a la certeza de la gracia venidera de Dios.

La oración es como retirar de la cuenta en la que Dios ha depositado todas sus promesas de gracia venidera.

Orar no es tener esperanza, en la oscuridad, de que quizás haya un Dios con buenas intenciones por ahí. La oración va al banco todos los días y gira contra promesas de gracia venidera necesarias para ese día.

No perdamos de vista la conexión entre las dos mitades de este gran versículo. Observemos el «por eso»: «Pues tantas como sean las promesas de Dios, en Él [Cristo] son Sí; por eso (por lo tanto) también por medio de Él, Amén, para la gloria de Dios».

Para asegurarnos de que lo entendemos, vamos a invertir las dos mitades: Cuando oramos, decimos Amén a Dios a través de Cristo, porque Dios ha dicho Amén a todas sus promesas en Cristo. La oración es la súplica con la confianza en que Dios hará el bien según sus promesas de gracia venidera, por la causa de Cristo. La oración conecta nuestra fe en la gracia venidera con el fundamento de todo esto, que es Cristo Jesús.

Lo anterior nos lleva a un último punto: Amén es una palabra preciada y plena en momentos de oración. No significa principalmente: «Sí, ya he dicho toda esta oración». Fundamentalmente significa: «Sí, Dios ha hecho todas estas promesas».

Amén significa: «Sí, Señor, tú lo puedes hacer». Significa: «Sí, Señor, tú eres poderoso. Sí, Señor, tú eres sabio. Sí, Señor, tú eres misericordioso. Sí, Señor, toda gracia para el futuro viene de ti y ha sido confirmada en Cristo».

Amén es un signo de exclamación de esperanza después de una oración pidiendo ayuda.


Devocional tomado del libro “Gracia Venidera”, página 105

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Éxodo 28 | Juan 7 | Proverbios 4 | Gálatas 3

17 MARZO

Éxodo 28 | Juan 7 | Proverbios 4 | Gálatas 3

Por encima de todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23).

(1) En el simbolismo occidental contemporáneo, el corazón es la sede de las emociones: por ejemplo, “te amo con todo mi corazón”. Sin embargo, en el mundo de símbolos de las Escrituras, el corazón engloba la totalidad de la persona. Es un concepto más cercano a lo que denominamos “mente”, aunque en nuestro idioma este término tiene un matiz quizás demasiado cerebral.

(2) Por tanto, “cuida tu corazón” significa algo más que “cuidado con lo que amas o a quién amas”. Podría ser algo como: “Ten cuidado con lo que atesoras, con aquello sobre lo cual depositas tus afectos y pensamientos”.

(3) El “corazón”, en este uso, es la fuente de la vida. Dirige el resto de la vida. Lo que ocupe nuestra mente y nuestras emociones determinará dónde vamos y qué hacemos, pudiendo contaminar toda nuestra vida. Las imágenes son muy elocuentes en esta parte de Proverbios porque los siguientes versículos mencionan otros órganos: “Aleja de tu boca la perversidad; aparta de tus labios las palabras corruptas. Pon la mirada en lo que tienes delante… Allana todos tus caminos” (4:24–26, cursivas añadidas). No obstante, ante todo, guarda tu corazón, “porque de él mana la vida”. Es la fuente de todas las cosas de una forma que, digamos, los pies no son. Jesús emplea en muchas ocasiones estas mismas imágenes: “Camada de víboras, ¿cómo podéis vosotros que sois malos decir algo bueno? De la abundancia del corazón habla la boca. El que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón saca el bien, pero el que es malo, de su maldad saca el mal” (Mateo 12:34–35, cursivas añadidas). Así pues, guardad vuestro corazón.

(4) Esta obligación debe tener suma importancia: “Por encima de todas las cosas, cuida tu corazón”. Podemos ver por qué. Si el corazón no es sino el centro de toda nuestra personalidad, debemos preservarlo. Si nuestra religión es únicamente externa, mientras el “corazón” bulle lleno de egoísmo, ¿qué tiene de bueno la misma? Si nuestro corazón busca con ahínco cosas secundarias (no necesariamente lascivas), desde una perspectiva cristiana pronto estaremos centrados únicamente en lo secundario. Soñar con poseer algo, o anhelar cierto salario o reputación, acaba alterando la forma que debe tener nuestra vida. Sin embargo, si sobre todo lo demás, somos conscientes de que nuestra obligación es guardar el corazón, hacerlo influirá en lo que leemos, en cómo oramos, en cómo invertimos nuestro tiempo. Provocará que examinemos nuestro interior y confesemos, que nos arrepintamos y tengamos fe, transformando así el resto de nuestra vida.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 76). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El perdón del rey y el siervo que no tenía misericordia

Sábado 17 Marzo

Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.

Mateo 18:21-22

El perdón del rey y el siervo que no tenía misericordia

Algunas parábolas (3): Mateo 18:21-35

Resumen: Un rey hizo cuentas con sus siervos. Uno de ellos le debía muchísimo dinero, tanto que nunca podría pagarlo. Entonces rogó a su amo que tuviese paciencia y le prometió que le pagaría todo. El bondadoso rey anuló su gran deuda. Pero tan pronto estuvo libre de su deuda, ese siervo agredió a uno de sus consiervos exigiéndole que le pagase la pequeña cantidad de dinero que le debía. Este también le rogó que tuviese paciencia, pero el otro no lo escuchó… ¡El rey se enteró del asunto y, muy enojado, entregó su siervo a la justicia!

Significado: El rey representa a Dios, quien nos perdonó mucho, muchísimo más de lo que podríamos imaginar. El primer siervo es un creyente que, a pesar de la bondad de Dios, no aprecia su gracia. El segundo siervo es un creyente que se portó mal con otro creyente, pero al que le pide perdón.

Aplicación: Dios nos perdonó una deuda incalculable, dándonos su perdón; entonces, ¿qué son en comparación las injusticias que a veces tenemos que sufrir? El perdón divino que recibimos nos hace responsables de ser misericordiosos con los demás.

El Señor no nos reprocha ninguno de nuestros pecados, pues ¡nos perdonó todo! Pero desea que actuemos con bondad hacia nuestros hermanos creyentes y hacia todos los que nos rodean. “Sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:32).

http://labuenasemilla.net/20180317

(continuará el próximo sábado)

Éxodo 29 – Hechos 20:17-38 – Salmo 34:1-6 – Proverbios 11:23-24

Una alternativa

Una alternativa

3/16/2018

No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente. (Romanos 1:16)

Antes de que Dios enviara a su Hijo a la tierra, el plan de Dios era salvar al mundo por medio de Israel; pero Israel fue incrédulo. Se describe su incredulidad en una parábola acerca de un rey que preparó una fiesta de bodas para su hijo y llamó a los convidados (Israel). Cuando los invitados no quisieron ir, algunos por indiferencia y otros por enemistad, el rey dijo a sus siervos: “Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis” (Mt. 22:9). Jesús empleó esa parábola para describir a los israelitas apóstatas, que rechazaron a su Mesías y se perdieron la fiesta planificada para ellos.

Entonces Dios hizo la invitación a otro grupo: los gentiles. Dios escogió a un pequeño grupo de personas reunidas en un monte de Galilea y a otro grupo de discípulos en Jerusalén para evangelizar al mundo perdido. Por medio de ellos haría la obra que la nación de Israel se había negado a hacer, y a nosotros se nos llama a continuar esa obra.

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Jesús terminará la misión

MARZO, 16

Jesús terminará la misión

Devocional por John Piper

Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin. (Mateo 24:14)

No conozco ninguna promesa sobre misiones que sea más inspiradora que esas palabras de Jesús.

No dice: este evangelio debería ser predicado.

Tampoco dice: este evangelio podría ser predicado.

Sino que dice: este evangelio será predicado.

No es una gran comisión ni un gran mandamiento. Es una gran certeza con gran seguridad.

¿Quién se atreve a hablar de esa manera? ¿Cómo sabe que así será? ¿Cómo puede estar seguro de que la iglesia no fallará en su tarea misionera?

La respuesta: la gracia de servicio misionero es tan irresistible como la gracia de la regeneración. Cristo puede prometer la proclamación universal porque él es soberano. Él conoce el futuro éxito de las misiones porque él crea el futuro. ¡Todas las naciones escucharán!

Una nación no es un país moderno. Cuando el Antiguo Testamento habla sobre naciones, se refiere a los grupos como los jebuseos, los ferezeos, los heveos, los amorreos, los moabitas, los cananeos y los filisteos. Las naciones son grupos étnicos con su propia cultura peculiar. Salmos 117:1 dice: «Alabad al Señor, naciones todas; alabadle, pueblos todos».

Como soberano Hijo de Dios y Señor de la iglesia, Jesús simplemente tomó este propósito divino y lo declaró como una certeza absoluta: «Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones».

El éxito de la causa de las misiones en el mundo está completamente asegurado. No puede fallar. ¿No es razonable, entonces, que oremos con gran fe, que invirtamos con gran confianza y que vayamos con un sentir de triunfo seguro?


Devocional tomado del articulo “Then the End Will Come”

Éxodo 27 | Juan 6 | Proverbios 3 | Gálatas 2

16 MARZO

Éxodo 27 | Juan 6 | Proverbios 3 | Gálatas 2

Proverbios 3 contiene varios textos muy conocidos. Muchos cristianos han recibido el consejo de no ser sabios en su propia opinión (3:7). El pasaje que asemeja la disciplina de los creyentes por parte del Señor a la que un padre ejerce sobre los hijos que ama (3:11–12) se repite en el Nuevo Testamento (Hebreos 12:5–6). Crecí en un hogar cristiano y en muchas ocasiones me dijeron: “Dichoso el que halla sabiduría, el que adquiere inteligencia… [La sabiduría] es más valiosa que las piedras preciosas: ¡ni lo más deseable se le puede comparar!” (3:13, 15). Sabiduría es el plan de Dios o los medios personificados por los que establece todo el orden creado (3:19–20).

Sin embargo, el más importante debe ser 3:5–6, presente en la pared de muchos hogares y aprendido por innumerables generaciones en la escuela dominical: “Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas”. Obsérvese:

(1) La primera parte de este texto familiar ataca a la independencia como raíz de todo pecado. Nuestro propio entendimiento es insuficiente y frecuentemente sesgado. El único camino correcto es confiar en el Señor. Esta confianza en él no es un subjetivismo etéreo, sino la clase de compromiso total (“de todo corazón”, dice Salomón) que abandona las perspectivas centradas en uno mismo por las del Señor. En el contexto de la religión bíblica, eso significa aprender a conocer cuál es la voluntad de Dios y obedecerla independientemente de que sea o no lo que “está de moda” hacer. Lejos de ser una petición de dirección subjetiva, esta confianza en el Señor implica meditar en su palabra, guardarla en el corazón, aprender a pensar como Dios, precisamente de forma que uno no se apoye en su propio entendimiento. Se exigió a Josué que aprendiese esta lección al principio de su liderazgo (Josué 1:6–9). Los reyes de Israel también debían hacerlo (Deuteronomio 17:18–20), pero raramente cumplían con ello.

(2) El segundo pareado, “Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas”, exige algo más que la aceptación de que Dios existe y lo controla todo en su providencia. Significa que debemos admitir ante él que sus caminos, sus leyes y su carácter moldean nuestras decisiones y dirigen nuestra vida. Reconócelo, pues, en todos los caminos, en todas las dimensiones de la vida, no solo en un pequeño ámbito religioso. La alternativa es renegar de Dios.

Así pues, el segundo pareado es esencialmente análogo al primero. El resultado es una vida recta, dirigida por el propio Dios.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 75). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El alfa y la omega

Viernes 16 Marzo

Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.

Apocalipsis 1:8

Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.

Apocalipsis 22:13

El alfa y la omega

El alfa «Α, α» es la primera letra del alfabeto griego, y la omega «Ω, ω» es la última. Cuando el Señor Jesús dice que es el alfa y la omega, esto significa que él es el origen de la historia de este mundo y que también estará ahí cuando el mundo desaparezca. Habló para crear el universo: este fue constituido “por la palabra de Dios” (Hebreos 11:3). Y cuando el tiempo haya dado paso a la eternidad, hablará otra vez: “Hecho está” (Apocalipsis 21:6).

Hubo un comienzo de las cosas visibles. Estas salieron de la nada gracias a la voz del Todopoderoso. Y también tendrán un fin, para dar lugar a las que hoy no podemos ver debido a nuestra condición humana. Esta creación nueva, eterna, será introducida por la misma voz. Todo el tumulto y la agitación de la historia humana, sus suspiros, sus gritos, sus lágrimas como sus cánticos, se sitúan entre esta alfa y esta omega.

Pero “la palabra del Dios nuestro permanece para siempre” (Isaías 40:8).

La ciencia trata de explicar el pasado. También trata de prever el futuro, pero apenas lo consigue en parte. Solo la santa Escritura, la Biblia, nos muestra nuestro origen y nuestro destino, lo que había antes del principio y lo que habrá cuando termine nuestro universo.

“La palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada” (1 Pedro 1:25). No olvidemos indagar lo que dice y escuchar a Aquel que nos creó.

http://labuenasemilla.net/20180316

Éxodo 28 – Hechos 20:1-16 – Salmo 33:16-22 – Proverbios 11:21-22
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Subversivo para el Salvador

MARZO, 15

Subversivo para el Salvador

Devocional por John Piper

Cuando [Jesús] llegó al otro lado, a la tierra de los gadarenos, le salieron al encuentro dos endemoniados… Y gritaron, diciendo: ¿Qué tenemos que ver contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes del tiempo? (Mateo 8:28-29)

Los demonios descubrieron un misterio aquí. Se dieron cuenta de que no tenían ninguna esperanza. Ellos sabían que el Hijo de Dios tendría la victoria, pero hasta entonces no sabían que Cristo vendría antes del tiempo de la victoria final.

Cristo no va a esperar a que la bomba atómica caiga para terminar con la guerra. Él ha empezado a dirigir fuerzas subversivas al territorio de Satanás. Ha entrenado a un «escuadrón» para hacer audaces operaciones de rescate. Cristo ha tramado muchas victorias tácticas antes de la estratégica victoria final.

El resultado de la mentalidad de tiempos de guerra es el siguiente: ya que la ruina de Satanás es segura —y él lo sabe— nosotros siempre podemos hacerle recordar esto cuando nos tiente a seguirlo. Podemos reírnos y decir: «Perdiste la cabeza. ¡¿Quién quiere unirse a las fuerzas de un perdedor?!».

La iglesia es el enemigo liberado del «dios de este mundo». Nosotros somos las guerrillas y los latosos. Somos la insurgencia en el reino rebelde del «príncipe del poder del aire».

No se está a salvo, pero es emocionante. Muchas vidas se pierden. Las fuerzas de Satanás están constantemente vigilando nuestra actividad subversiva. Cristo ha asegurado la resurrección para todos aquellos que peleen hasta la muerte, pero no ha asegurado comodidad, ni la aceptación del mundo, ni prosperidad en territorio enemigo.

Muchos con gusto han dado su vida tras las filas, haciendo mandados para el Comandante. No puedo imaginar una mejor manera de vivir… ¡o de morir!


Devocional tomado del articulo “Before the Time”

Éxodo 26 | Juan 5 | Proverbios 2 | Gálatas 1

15 MARZO

Éxodo 26 | Juan 5 | Proverbios 2 | Gálatas 1

Proverbios 2 es quizás el texto que deja más claro que el antónimo de la sabiduría del Antiguo Testamento es el pecado.

Salomón se dirige a su “hijo”. Puede tratarse de su hijo inmediato y heredero al trono, o de una referencia más general. Salomón quiere que su hijo “guarde” los mandamientos de su padre, que vuelva su oído a la sabiduría y su corazón al entendimiento (2:1–2). Si hace de ello su pasión, entonces (le dice Salomón) “comprenderás el temor del Señor y hallarás el conocimiento de Dios. Porque el Señor da la sabiduría; conocimiento y ciencia brotan de sus labios” (2:5–6). Esa búsqueda de la sabiduría no volverá a la persona maliciosa ni astuta en el sentido negativo de la palabra. Todo lo contrario: “Entonces comprenderás la justicia y el derecho, la equidad y todo buen camino; la sabiduría vendrá a tu corazón, y el conocimiento te endulzará la vida. La discreción te cuidará, la inteligencia te protegerá. La sabiduría te librará del camino de los malvados, de los que profieren palabras perversas” (2:9–12).

Deberíamos reflexionar un poco sobre esta forma de entender la sabiduría. Los cínicos pueden decir de forma condescendiente que esta visión de la misma es demasiado limitada. No es sino el beneficio parroquial de las personas religiosas. En nuestro mundo, la sabiduría auténtica se relaciona frecuentemente con el tipo de “mundanalidad” que pulula cómodamente, y con la misma ausencia de compromiso, entre secularistas, cristianos, budistas, musulmanes y paganos, tomando un poco de cada grupo, rechazando otras cosas, todo en nombre de la sabiduría cosmopolita. Como alternativa, esta puede vincularse con la inteligencia necesaria para dirigir una gran corporación o abrirse camino en los negocios o las artes. No tiene nada que ver necesariamente con la religión.

No debemos despreciar en absoluto un regalo como la inteligencia, pero, por sí misma, esta “sabiduría” se consideraría insensatez absoluta según el punto de vista de la Biblia. Desde la perspectiva de Dios, ¿qué beneficio hay en conseguir la ovación de una cultura que reniega del Señor? Jesús dice: “¿De qué sirve ganar el mundo entero si se pierde el alma? ¿O qué se puede dar a cambio del alma?” (Marcos 8:36–37). Si este es el universo de Dios, si él es nuestro Hacedor y Juez, ¿por qué iba a calificarse como “sabia” cualquier cosa que le ignore, en esta tierra o más allá de ella? ¿Cuánto menos si cae en acciones y actitudes prohibidas por él? Lejos de ser limitada o demasiado religiosa, la sabiduría del Antiguo Testamento es, para los cristianos, que conocen al Dios viviente, la única visión de la misma que tiene sentido. Cualquier otra postura es bastante triste y frecuentemente egoísta.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 74). Barcelona: Publicaciones Andamio.