Con el puño levantado

Jueves 15 Marzo

Vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, (Jesús) ahora os ha reconciliado.

Colosenses 1:21

Con el puño levantado

El emperador Juliano reinó en Roma del año 361 al 363. Fue llamado el Apóstata, porque dejó el cristianismo para volver al paganismo. Renegar de su educación cristiana para volver a la idolatría pagana significaba declarar públicamente la guerra a Dios. Se cuenta que en el año 363, herido de muerte en medio de una guerra, levantó el puño hacia cielo gritando: «¡Venciste, galileo!». Así murió, sublevado contra Jesucristo.

Quizás usted también esté en guerra contra Dios, de forma más o menos abierta: no quiere aceptar el veredicto de su Palabra, la cual declara que todo hombre es pecador. “Como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12). Usted sigue siendo hostil a Dios, mientras su Hijo Jesucristo vino en persona a la tierra para que se reconcilie con él.

Dios está dispuesto a perdonar la actitud más violenta hacia él. ¡Jesús incluso pidió a su Padre que perdonase a los que lo crucificaron!

Hasta ahora usted está resentido contra Dios, pero si acepta inclinarse ante él, bajar ese «puño de sublevación» y apagar esos sentimientos de rebeldía, entonces esa Persona a quien odia aparecerá ante usted como lo que ella es en realidad: el Dios de paz, quien da una paz total y definitiva a todo el que se acerca a él. Esta paz fue hecha por Jesús crucificado: Dios le infligió el castigo que merecía nuestra rebelión.

No rechace ese plan de reconciliación cuya fuente está en el corazón del Dios que lo ama.

Éxodo 27 – Hechos 19:23-41 – Salmo 33:10-15 – Proverbios 11:19-20
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El triunfo es seguro

MARZO, 14

El triunfo es seguro

Devocional por John Piper

Por eso te glorificará un pueblo fuerte,
ciudades de crueles naciones te reverenciarán.
 (Isaías 25:3)

Isaías ve venir el día cuando todas las naciones —representativas de todos los grupos de personas— ya no estarán en desacuerdo con Yahweh, el Dios de Israel y su Mesías, de quien sabemos que es Jesús.

Ya no adorarán a Bel, ni a Nabu, ni a Moloch, ni a Alá, ni a Buda, ni a programas sociales utópicos, ni a las posibilidades de crecimiento capitalista, ni a los ancestros, ni a los espíritus animistas. Por el contrario, vendrán en fe al banquete en la montaña de Dios.

Y estará el velo de la aflicción quitado y la muerte será devorada y la culpa del pueblo de Dios será anulada y las lágrimas desaparecerán para siempre.

Ese es el marco para entender la visión del versículo 3: «Por eso te glorificará un pueblo fuerte,
ciudades de crueles naciones te reverenciarán». En otras palabras, Dios es más fuerte que el «pueblo fuerte» y es tan poderoso y misericordioso que al final él hará que ciudades crueles lo reverencien.

Es así que la imagen que Isaías nos da es una en la que todas las naciones se vuelven a Dios en adoración, un gran banquete para todas las gentes, la eliminación de todo sufrimiento y dolor y culpa de las naciones que se han convertido en su pueblo, y la exterminación de la muerte para siempre.

Este triunfo es seguro porque Dios lo está haciendo. Por lo tanto, podemos tener la certeza de que así será.

No hay una sola vida dedicada a la causa de la evangelización del mundo que haya sido en vano. Ninguna oración, ni dólar, ni sermón, ni carta de aliento enviada, ni pequeña luz brillando en lugar oscuro —nada hecho en honor a la causa del advenimiento del reino es en vano—.

El triunfo es seguro.


Devocional tomado del sermón “Cities of Ruthless Nations Will Revere Thee”

Éxodo 25 | Juan 4 | Proverbios 1 | 2 Corintios 13

14 MARZO

Éxodo 25 | Juan 4 | Proverbios 1 | 2 Corintios 13

Antes de embarcarnos en Proverbios 1, debo decir algo acerca de la “sabiduría” en el Antiguo Testamento. Para nosotros, este término se refiere a algo parecido a la sagacidad. La persona sabia es perspicaz, perceptiva, incluso astuta, capaz de aplicar su conocimiento a personas y circunstancias diversas. Podemos entender por qué T. S. Eliot, en una de sus reflexiones más clarividentes de la era digital, preguntaba dónde está la sabiduría, ahora que se ha perdido en el conocimiento, y dónde se encuentra este, ahora que se ha perdido en la información.

Sin embargo, la sabiduría del Antiguo Testamento, aunque su significado se solape en ocasiones con su uso moderno, tiene sabor propio. Por un lado, se trata de un concepto amplio que engloba la estructura de todas las cosas en el universo de Dios, tanto la sustancia como las relaciones, incluso antes de que nada existiese (cf. 8:22). La gloria de Dios se manifiesta en esa sabiduría; puede hacerlo incluso en su decisión de ocultarla (25:2). No obstante, por otra parte, la sabiduría del Antiguo Testamento es simplemente una habilidad de un tipo u otro. (1) Puede ser la de sobrevivir, razón por la que se dice que las hormigas o los lagartos son extremadamente sabios (30:24–28); (2) la de llevarse bien con las personas, lo que llamamos “habilidades sociales”, tener buena relación con amigos, jefes, gobernantes, esposa y, sobre todo con Dios. Podemos atisbar intuitivamente la conexión entre esta “sabiduría” o habilidad prácticas y la sabiduría fundamental, esto es, cómo son realmente las cosas en el universo de Dios. Este uso del término es sorprendentemente común en Proverbios. (3) Puede referirse a alguna habilidad técnica (Éxodo 28:3). En la visión actual del concepto, uno puede tener “sabiduría” para mover un torno, programar una computadora o confeccionar una bella prenda. Una de estas habilidades prácticas, que se solapa con la segunda entrada, es la administrativa, la sabiduría administrativa, que incluye el discernimiento judicial. No solo implica la mecánica de la gestión, sino ser capaz de escuchar atentamente y llegar hasta la raíz de un asunto (por ejemplo, Deuteronomio 1:15). Esta fue, por supuesto, la “sabiduría” por la que oró Salomón (1 Reyes 3), la que caracteriza al Mesías (Isaías 11:2).

Por tanto, los proverbios de este libro se establecen “para adquirir sabiduría y disciplina; para discernir palabras de inteligencia; para recibir la corrección que dan la prudencia, la rectitud, la justicia y la equidad” (1:2–3). De ahí que lo contrario a sabiduría no sea sólo “necedad” en un sentido intelectual, sino entendida como llena de pecado. Así pues, se exhorta al “hijo” de este capítulo a obedecer las instrucciones de sus padres (1:8) o, de forma más general, a buscar la sabiduría (1:20ss.); la alternativa es ser atraído por los pecadores hacia otro camino (1:10ss.)

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 73). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El GPS

Tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él.

Isaías 30:21

Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos.

Salmo 32:8

El GPS

Gracias a la recepción de señales emitidas por una red de satélites y el desarrollo de la electrónica, existen aparatos que indican con precisión nuestra posición en la tierra. Los GPS ahora se utilizan no solo para la navegación marítima o aérea, sino que también pueden mostrarnos mapas de carreteras y guiarnos a una dirección precisa mediante una voz sintética. Nos costaría comprender que una persona perdida que tiene un GPS no quiera seguir las instrucciones que el aparato le da.

Si comparamos esto con nuestra vida cristiana, todos viajamos hacia la eternidad, y tenemos la posibilidad de dejarnos conducir por un guía digno de confianza: Jesucristo. Él declara: “Yo soy el camino” (Juan 14:6). Su enseñanza es la verdad, nos da la “la luz de la vida” (Juan 8:12). Podemos negarnos a escuchar su voz, pensando que somos capaces de arreglarnos solos; pero entonces no nos extrañemos si nuestro camino nos lleva a un callejón sin salida.

Al contrario, si nos acercamos al Señor Jesús con sinceridad, reconociendo nuestros errores e indecisiones, y quizá nuestra obstinación en querer vivir sin él, nos hará oír su voz y nos enseñará el camino. La Biblia, en particular el Nuevo Testamento, es el «mapa» que indica el buen itinerario. Escuchemos la voz de Jesús y dejémonos guiar por él. Entonces podremos decir llenos de felicidad: “Hazme saber el camino por donde ande, porque a ti he elevado mi alma” (Salmo 143:8).

Éxodo 26 – Hechos 19:1-22 – Salmo 33:1-9 – Proverbios 11:17-18
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Jesús es el Amén de Dios

MARZO, 13

Jesús es el Amén de Dios

Devocional por John Piper

Pues tantas como sean las promesas de Dios, en Él todas son sí; por eso también por medio de Él, Amén, para la gloria de Dios por medio de nosotros. (2 Corintios 1:20)

La oración es el lugar donde repetidamente el pasado y el futuro se conectan en nuestra vida. Menciono esto acá porque Pablo conecta en este versículo la oración con el  de Dios de una manera impresionante.

En 2 Corintios 1:20, él dice (con un griego entrecortado que se refleja en una traducción en lenguaje entrecortado): «por eso también por medio de Él, Amén, para la gloria de Dios por medio de nosotros». Tratemos de explicar esto.

Está queriendo decir lo siguiente: «Por lo tanto, por causa de Cristo, decimos Amén a Dios en nuestras oraciones para mostrar que Dios obtiene la gloria por la gracia venidera en la que confiamos».

Si alguna vez nos preguntamos por qué los cristianos decimos Amén al final de las oraciones y de dónde viene esta costumbre, aquí está la respuesta. Amén es una palabra transferida directamente del hebreo al griego sin haber sido traducida, así como también llegó sin ninguna traducción al español y a la mayoría de los otros idiomas.

En hebreo era una afirmación muy fuerte (ver Números 5:22Nehemías 5:138:6). Es un «estoy de acuerdo» muy formal, solemne y serio, o un «afirmo lo que acaba de decir», o «esto es verdad». De la manera más simple, Amén significa un  muy serio en el contexto de dirigirnos a Dios.

Ahora notemos la conexión entre las dos mitades del versículo 20. La primera mitad dice: «pues tantas como sean las promesas de Dios, en Él todas son Sí». La segunda mitad dice: «por eso también por medio de Él, Amén, para la gloria de Dios por medio de nosotros».

Cuando nos damos cuenta de que ese Amén y el  significan lo mismo, entendemos lo que dice el versículo: en Cristo Jesús, Dios nos da su Sí a través de sus promesas; y en Cristo nosotros decimos Sí a Dios a través de la oración.


Devocional tomado del libro “Gracia Venidera”, página 104

Éxodo 24 | Juan 3 | Job 42 | 2 Corintios 12

13 MARZO

Éxodo 24 | Juan 3 | Job 42 | 2 Corintios 12

Tres reflexiones sobre Job 42:

(a) La respuesta de Job al Señor (42:1–6) no es “Ahora lo comprendo. He entendido”, sino un arrepentimiento total. Incluso resume el razonamiento que Dios le hizo: “’¿Quién es este’, has preguntado, ‘que sin conocimiento oscurece mi consejo?” (42:3). Sin una sola muestra de justificación de sí mismo, Job responde: “Reconozco que he hablado de cosas que no alcanzo a comprender, de cosas demasiado maravillosas que me son desconocidas” (42:3). Ahora, está seguro de que ninguno de los planes de Dios puede desbaratarse (42:2). De hecho, su enorme revelación de sí mismo en palabras a Job ha manifestado tanto de él que Job contrasta lo que ve en el presente con lo que sólo había oído de él en el pasado, lo que nos recuerda, por supuesto, que Dios nos permite “verle” en muchas ocasiones a través de sus palabras en las Escrituras. “Por tanto, me retracto de lo que he dicho, y me arrepiento en polvo y ceniza” (42:6). No quiere decir que los tres amigos tuviesen razón después de todo. Job no está aceptando ahora esa gran culpa secreta que presumiblemente le provocó su sufrimiento, sino la derivada de exigir a Dios una explicación minuciosa.

(b) Dios perdona a los tres amigos por todas las falsedades que dijeron sobre él gracias a la intercesión de Job (42:7–9). Este hecho se ajusta notablemente al delito: han estado condenando a Job, pero sólo las oraciones de este bastarán para su propio perdón. Las cosas erróneas que han dicho acerca de Dios (42:7, 8) únicamente pueden proceder de su teología simplista de la contraprestación según méritos. No han dado lugar al misterio y la grandeza; de forma implícita, no han permitido la gracia.

(c) El relato acaba con una gran vindicación de Job. Dios restaura su riqueza (y la dobla), le da una nueva familia, recuperando e incrementando el honor que disponía. Muchos críticos contemporáneos encuentran esto fantasioso, o incluso creen que puede tratarse de un final secundario que algún necio editor ha añadido al final para sumar matices al libro. Este escepticismo está profundamente equivocado. Una de las principales enseñanzas del libro es que al final el pueblo de Dios será vindicado. El Señor es justo. De forma parecida, no se pide a los cristianos que acepten el sufrimiento sin vindicación, ni la muerte y la negación de sí mismos sin la promesa del cielo. El mal puede resultar misterioso ahora, pero no triunfará. No somos masoquistas espirituales que solo se satisfacen con sufrimiento. Si existe un sentido en el que nos deleitamos en el sufrimiento, es porque seguimos al Señor Jesús, que sufrió. Ni siquiera él lo hizo. El pionero y perfeccionador de nuestra fe fue aquel “quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios” (Hebreos 12:2, cursivas añadidas). Por tanto, “corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante” (Hebreos 12:1).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, pp. 72–73). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Sí, Dios responde!

Martes 13 Marzo

Yo (Jesús) os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis… Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla… ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente?

Lucas 11:9-11

¡Sí, Dios responde!

Erino Dapozzo, evangelista italiano, se encontró un día con una niña que estaba en una gran dificultad: «Perdí mi monedero y somos muy pobres. Mi padre me pegó y he vuelto para buscar otra vez…». «¿Has pedido a Dios que te ayude?», le preguntó él. «Claro que sí, pero no me sirvió de nada, afirmó ella mientras seguía buscando. Dios no me ha escuchado…».

Siguieron hablando… la niña repetía que su oración había sido inútil. ¡Dapozzo afirmaba lo contrario!

«¡Ya ve usted que no encuentro mi monedero!», concluyó diciendo la pequeña.

Entonces Dapozzo sacó unas monedas de su bolsillo y se las dio diciendo: «Crees que Dios no te ha respondido porque no encuentras tu monedero, pero te responde mucho mejor de lo que crees al enviarme a tu encuentro».

Al igual que esta niña, a menudo tenemos una idea sobre la manera como Dios debe respondernos; y cuando la respuesta no tiene la forma que esperábamos, concluimos que Dios no respondió. Esta niña esperaba que Dios la ayudase a encontrar su monedero. Pero la respuesta de Dios fue mucho más lejos: le permitió encontrarse con alguien que conocía al Dios de amor.

Sucesos de nuestra vida cotidiana como una llamada telefónica, un encuentro, pueden ser su respuesta a nuestra oración. Cuando oremos, pidamos a Dios que nos abra los ojos para distinguir y aceptar su respuesta, independientemente de la forma que tenga.

Éxodo 25 – Hechos 18 – Salmo 32:8-11 – Proverbios 11:15-16
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Cuando el alfarero está a nuestro favor

MARZO, 12

Cuando el alfarero está a nuestro favor

Devocional por John Piper

¡Ay del que contiende con su Hacedor,
el tiesto entre los tiestos de tierra!
¿Dirá el barro al alfarero: “Qué haces”?
¿O tu obra dirá: “Él no tiene manos”?
 (Isaías 45:9)

La majestad de Dios se magnifica cuando lo vemos a él a través del lente de la creación ex nihilo (de la nada). Él ordena a la nada, y esta le obedece y se convierte en algo.

De la nada hace el barro, y del barro nos hace a nosotros —la cerámica del Señor (Isaías 45:9)—, su posesión, destinados para su gloria, en total dependencia en él.

«Sabed que Él, el Señor, es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos;
pueblo suyo somos y ovejas de su prado» (Salmos 100:3). Es humillante ser una oveja y una vasija que pertenece a alguien más.

Esta mañana estaba leyendo Isaías y encontré otra declaración acerca de la majestad de Dios. Cuando la pongo junto al poder absoluto de Dios y sus derechos como Creador, se crea una combustión que explota en mi corazón. ¡Bum!

Isaías 33:21 dice: «Porque allí, el Majestuoso, el Señor, será para nosotros…».

¡Para nosotros! ¡Para nosotros! El Creador es por nosotros y no contra nosotros. Teniendo todo el poder del universo y el derecho absoluto a hacer lo que le place con lo que ha creado, ¡él es por nosotros!

«…Ni el ojo había visto a un Dios fuera de ti que obrara a favor del que esperaba en Él» (Isaías 64:4). «Si Dios es por nosotros, ¿quiéncontra nosotros?» (Romanos 8:31).

¿Se les ocurre alguna cosa (quiero decir, cualquier cosa) que sea más reconfortante y que nos dé mayor seguridad y gozo que el hecho de que el Señor en su majestad esté a nuestro favor?


Devocional tomado del articulo “When the Potter Is for Us: Boom!”

Éxodo 23 | Juan 2 | Job 41 | 2 Corintios 11

12 MARZO

Éxodo 23 | Juan 2 | Job 41 | 2 Corintios 11

Del mismo modo que los tres capítulos anteriores, gran parte de Job 41 tiene el propósito de abrir los ojos de Job ante sus limitaciones. Si él admite que no conoce y no puede hacer lo que Dios sí, quizás deje de acusar al Señor tan a la ligera.

Un versículo, Job 41:11, exige una reflexión más detenida. Dios habla: “¿Quién tiene alguna cuenta que cobrarme? ¡Mío es todo cuanto hay bajo los cielos!”.

¿Ante la acusación, la inmunidad de Dios se basa únicamente en su poder? Podemos imaginarnos al ciudadano más insignificante de la Alemania nazi intentando demandar a Hitler, y la contundente respuesta de este: “¿Quién tiene alguna cuenta que cobrarme? ¡Mío es todo cuanto hay en el Tercer Reich! “. Viniendo de Hitler, estas palabras hubiesen constituido una declaración claramente inmoral. ¿Por qué iba Dios a utilizar entonces un argumento así?

En primer lugar, si esta fuese la única declaración que Dios hace de sí mismo, no sería muy buena. Sin embargo, se produce dentro del contexto del libro de Job y del más amplio del canon de las Escrituras. Dentro del libro de Job, este y Dios están de acuerdo en algo: ambos reconocen en última instancia que el Señor es justo. Job no es un escéptico moderno que busca razones para rechazar al Todopoderoso. Dios no es Hitler. Si ambos coinciden en que el Señor es justo, Job debe comprender también en algún momento que este no es un igual al que él pueda llevar ante un tribunal. La confianza en Dios es más importante que intentar justificarse ante él, por muy justo que se haya sido.

En segundo lugar, dentro del contexto del canon completo, Dios ha hecho gala repetidamente de su paciencia con la raza humana, que le ha desafiado constantemente rebelándose. Él es el Dios que podría habernos destruido a todos con perfecta santidad, que ha demostrado en diversas ocasiones su terrible potencial para el juicio (el diluvio, Sodoma y Gomorra, el exilio de su propio pueblo del pacto). Sobre todo, a pesar de la insistencia de la Biblia en que Dios tenía derecho a condenar a todos, él es quien envía a su propio Hijo a morir y dar lugar a una nueva humanidad redimida.

En tercer lugar, dentro de estos marcos, Job 41:11 constituye un recordatorio saludable de que no somos independientes. Incluso si el Señor no fuese el Dios sumamente bueno que es, no habría vuelta atrás. Le pertenecemos; el universo le pertenece; toda la autoridad, las ramas del gobierno divino, el poder judicial absoluto son suyos. No se le puede juzgar desde ningún lugar. Pretender lo contrario es inútil; peor aún, forma parte de la rebelión de nuestra raza contra Dios, imaginando que él nos debe algo o que estamos en buena posición para reprenderle, una fantasía descabellada que no es ni buena ni sensata.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 71). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Venid y ved

Aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros… lleno de gracia y de verdad… Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

Juan 1:14, 16-17

Venid y ved

Lea Juan 4:5-30

Una mujer de Samaria fue a sacar agua al pozo de la ciudad; allí encontró a Jesús sentado y cansado. Esta mujer no era feliz, su corazón estaba sediento, lleno de preguntas. Huía de sus semejantes, porque llevaba una vida moralmente desordenada. Con pocas palabras, Jesús ganó su confianza y le reveló que conocía todo su pasado.

Entonces la mujer dejó su cántaro y se fue. ¿Intentaba huir de la luz que Jesús proyectaba en su vida? No, corrió a la ciudad para llamar a aquellos de quienes huía, para que ellos también viniesen: “Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho”.

Jesús había alcanzado su conciencia, pero también había ganado su corazón. No le dijo: “Estate en tu lugar, no te acerques a mí, porque soy más santo que tú” (Isaías 65:5). Sin embargo, ¿quién era santo como Jesús? Jesús decía fielmente la verdad, pero traía la gracia que permitía soportar esta verdad. En vez de hacer que la samaritana huyese de él, la gracia de Jesús la atraía con poder. En vez de escapar, esta mujer fue a llamar a sus conciudadanos y los invitó a ir a Jesús.

Jesús conoce a cada uno de nosotros, como conocía a esta mujer. Respondamos también a esta invitación: “Venid, ved”. Y, al igual que la gente de esa ciudad, diremos: “Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo” (Juan 4:42).

Éxodo 24 – Hechos 17:16-34 – Salmo 32:5-7 – Proverbios 11:13-14
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