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Éxodo 25 | Juan 4 | Proverbios 1 | 2 Corintios 13

14 MARZO

Éxodo 25 | Juan 4 | Proverbios 1 | 2 Corintios 13

Antes de embarcarnos en Proverbios 1, debo decir algo acerca de la “sabiduría” en el Antiguo Testamento. Para nosotros, este término se refiere a algo parecido a la sagacidad. La persona sabia es perspicaz, perceptiva, incluso astuta, capaz de aplicar su conocimiento a personas y circunstancias diversas. Podemos entender por qué T. S. Eliot, en una de sus reflexiones más clarividentes de la era digital, preguntaba dónde está la sabiduría, ahora que se ha perdido en el conocimiento, y dónde se encuentra este, ahora que se ha perdido en la información.

Sin embargo, la sabiduría del Antiguo Testamento, aunque su significado se solape en ocasiones con su uso moderno, tiene sabor propio. Por un lado, se trata de un concepto amplio que engloba la estructura de todas las cosas en el universo de Dios, tanto la sustancia como las relaciones, incluso antes de que nada existiese (cf. 8:22). La gloria de Dios se manifiesta en esa sabiduría; puede hacerlo incluso en su decisión de ocultarla (25:2). No obstante, por otra parte, la sabiduría del Antiguo Testamento es simplemente una habilidad de un tipo u otro. (1) Puede ser la de sobrevivir, razón por la que se dice que las hormigas o los lagartos son extremadamente sabios (30:24–28); (2) la de llevarse bien con las personas, lo que llamamos “habilidades sociales”, tener buena relación con amigos, jefes, gobernantes, esposa y, sobre todo con Dios. Podemos atisbar intuitivamente la conexión entre esta “sabiduría” o habilidad prácticas y la sabiduría fundamental, esto es, cómo son realmente las cosas en el universo de Dios. Este uso del término es sorprendentemente común en Proverbios. (3) Puede referirse a alguna habilidad técnica (Éxodo 28:3). En la visión actual del concepto, uno puede tener “sabiduría” para mover un torno, programar una computadora o confeccionar una bella prenda. Una de estas habilidades prácticas, que se solapa con la segunda entrada, es la administrativa, la sabiduría administrativa, que incluye el discernimiento judicial. No solo implica la mecánica de la gestión, sino ser capaz de escuchar atentamente y llegar hasta la raíz de un asunto (por ejemplo, Deuteronomio 1:15). Esta fue, por supuesto, la “sabiduría” por la que oró Salomón (1 Reyes 3), la que caracteriza al Mesías (Isaías 11:2).

Por tanto, los proverbios de este libro se establecen “para adquirir sabiduría y disciplina; para discernir palabras de inteligencia; para recibir la corrección que dan la prudencia, la rectitud, la justicia y la equidad” (1:2–3). De ahí que lo contrario a sabiduría no sea sólo “necedad” en un sentido intelectual, sino entendida como llena de pecado. Así pues, se exhorta al “hijo” de este capítulo a obedecer las instrucciones de sus padres (1:8) o, de forma más general, a buscar la sabiduría (1:20ss.); la alternativa es ser atraído por los pecadores hacia otro camino (1:10ss.)

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 73). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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