Hay un solo Dios

Cristo… es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos.

Romanos 9:5

Hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.

1 Timoteo 2:5

Jesucristo, Dios y hombre

«Soy lo que era. No era lo que soy. Me llaman a la vez Dios y hombre». (Traducción de una inscripción en latín del primer siglo de nuestra era).

–«Soy lo que era».

Esta primera declaración solo puede ser hecha por el Dios inmutable. En la primera parte de la Biblia se presenta de manera más conmovedora todavía: “Yo soy el que soy” (Éxodo 3:14). Es Dios, el que subsiste desde siempre y para siempre; no cambia. Sigue siendo santo eternamente; nunca se adapta al mal. Pero también es eternamente amor. Su amor es para cada uno de nosotros. Dios ama a los hombres, a pesar de su gran rebeldía contra él.

–«No era lo que soy».

Eternamente Dios, Jesús pasó a ser lo que no era, es decir, un hombre. ¿Por qué? Debido al mal cometido por los hombres, el Dios santo pronunció sobre ellos una sentencia de muerte. El hombre había pecado; estaba condenado. Esta trágica situación condujo al Hijo de Dios a convertirse en “Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5), a llevar sobre sí mismo el juicio que nosotros merecíamos.

–«Me llaman a la vez Dios y hombre».

Jesucristo es Dios y hombre a la vez. Ha sido Dios desde siempre, pero es hombre desde su nacimiento en Belén, y guarda esa característica ahora que subió a su Padre. El cielo recibió al hombre perfecto, prueba de que recibirá también a todos los que hizo perfectos mediante su sacrificio en la cruz.

Génesis 39 – Mateo 22:23-46 – Salmo 19:7-10 – Proverbios 7:6-23

Cinco beneficios del sufrimiento

FEBRERO, 04

Cinco beneficios del sufrimiento

Devocional por John Piper

Antes que fuera afligido, yo me descarrié, mas ahora guardo tu palabra. (Salmos 119:67)

Ese versículo muestra que Dios envía aflicción para ayudarnos a aprender su palabra. Deberíamos preguntarnos cómo el sufrimiento nos ayuda a entender y guardar la palabra de Dios.

Hay una infinidad de respuestas, así como existe un sinfín de experiencias. He aquí cinco de estas:

1. La aflicción termina con la frivolidad de la vida y nos hace más serios, de manera que nuestra mente esté más acorde con la seriedad de la palabra de Dios.

2. La aflicción derriba el sostén mundano de debajo de nosotros y nos obliga a confiar más en Dios, lo que nos trae a una mayor sintonía con el propósito de la palabra.

3. La aflicción nos hace escudriñar las Escrituras con mayor desesperación para obtener ayuda, en lugar de darle un lugar marginal en la vida.

4. La aflicción nos lleva a compartir el sufrimiento de Cristo de manera que tengamos comunión íntima con él y estemos prontos a ver el mundo a través de sus ojos.

5. La aflicción mortifica los deseos carnales, que son engañosos y nos distraen, y al mismo tiempo nos lleva a un estado espiritual que encaja más con la palabra de Dios.

Que el Espíritu Santo nos dé la gracia para que no aceptemos de mala gana la pedagogía de Dios.

Devocional tomado del articulo “God’s Painful Exegetical Help”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Génesis 37 | Marcos 7 | Job 3 | Romanos 7

4 FEBRERO

Génesis 37 | Marcos 7 | Job 3 | Romanos 7

Desde Job 3 hasta la primera parte del último capítulo del libro, con una excepción al principio del capítulo 32, el texto está escrito en poesía hebrea. Es un drama de proporciones gigantescas, como una obra de Shakespeare. Un discurso sigue a otro; el debate mantenido entre Job y sus tres “amigos” hace progresar el relato. Finalmente, se introduce otro personaje y Dios acaba respondiendo.

El discurso inicial corresponde a Job. La carga de su exposición es inequívoca: desea no haber nacido nunca. No puede maldecir a Dios, pero sí el día que lo trajo al mundo (3:1, 3, 8). Le gustaría eliminar todo lo relacionado con ese día. Ya que no pudo nacer muerto (3:11, 16), ¿por qué no pudo morir de hambre (3:12)?

Por supuesto, implícitamente estas palabras critican a Dios de forma indirecta: “¿Por qué arrincona Dios al hombre que desconoce su destino?” (3:23). Job está experimentando lo que ha temido a lo largo de sus años de abundancia (3:25). No tiene paz, tranquilidad ni sosiego, sino sólo agitación (3:26).

Este primer discurso de pie a cuatro reflexiones:

(1) En el mismo, encontramos la retórica de un hombre con profunda angustia. Así pues, muchas de las cosas de las que nos quejamos son triviales. Incluso las causas más serias de nuestras quejas son habitualmente solo una pequeña parte de lo que Job vivió.

(2) Por tanto, antes de condenar a Job debemos escuchar atentamente, incluso con temor. Cuando nos encontremos con alguien que tenga buenas razones para estar terriblemente desesperado, debemos ser tolerantes. Habría sido maravilloso que uno de los “amigos” hubiese pasado su brazo por el hombro de Job, llorando con él y diciéndole: “Te queremos Job. No pretendemos comprender. Te queremos y haremos todo lo que podamos por ti”.

(3) Job es muy honesto. No se viste externamente de piedad fingida para que nadie piense que está bajando la guardia. Sufre tanto dolor que desea estar muerto, y lo dice.

(4) Tanto aquí como en todo el libro, Job está preparado para debatir con Dios, pero no para rechazarlo. No es el agnóstico moderno o el ateo que trata el problema del mal como si este proveyese una evidencia intelectual de que Dios no existe. Job sabe que Dios existe y cree que es poderoso y bueno. Esta es la razón por la que (como veremos) está tan confundido. La angustia de Job es la de un creyente, no la de un escéptico.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 35). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El clamor de supremo sufrimiento

A la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo… Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?

Marcos 15:34

El clamor de supremo sufrimiento

Las siete expresiones de Jesús en la cruz (4)

Durante las primeras tres horas de su crucifixión, Jesús permaneció mudo ante los que se burlaban de él y lo desafiaban. Unas tinieblas sobrenaturales invadieron entonces el país. ¡Las burlas cesaron, el mundo se silenció! Dios puso un velo sobre el sufrimiento de su Hijo.

Al final de esos sufrimientos, Jesús clamó con una voz potente: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”. Esta expresión traducía una soledad espantosa… ¡Qué expresión misteriosa y solemne!

Algunas horas antes de la crucifixión, Jesús había aceptado cargar con nuestros pecados: “La copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?”. En la cruz Jesús sufrió el juicio de Dios por nuestros pecados.

Solo Dios sabe qué sintió Jesús en ese momento. Y nosotros, con respeto y emoción, impelidos por su clamor lleno de dolor, adoramos. Solo, abandonado por Dios, por quien su amor y su obediencia nunca habían vacilado, tuvo que clamar: “¿Por qué me has desamparado?”.

Jesús fue abandonado por usted y por mí. Soportó en nuestro lugar las consecuencias de nuestro rechazo a Dios. “Llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 Pedro 2:24). “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3:18).

Esta expresión de Jesús es central. Cristo, el único hombre perfecto, fue abandonado, pero esto permitió que multitudes de pecadores se arrepintiesen y recibiesen el perdón de sus pecados y la vida eterna.

(continuará el próximo domingo)
Génesis 38 – Mateo 22:1-22 – Salmo 19:1-6 – Proverbios 7:1-5

Responder a la gloria de Dios

Responder a la gloria de Dios

2/3/2018

Nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. (2 Corintios 3:18)

Cuando glorificamos a Dios, comenzamos a crecer. Gracias a las grandes verdades reveladas en el Nuevo Testamento, los creyentes ahora pueden ver la gloria de Dios con más claridad que podían verla los que estaban bajo la ley. Cuando la vemos, crecemos espiritualmente, yendo de un nivel de gloria al próximo

Al final del versículo de hoy, observe que Pablo dice que el Espíritu Santo es el que imparte energía a nuestro crecimiento. El Espíritu Santo llena de poder nuestra vida, llevándonos a través de niveles de gloria hacia la imagen de Cristo.

No se preocupe por los detalles intrincados de la obra del Espíritu Santo ni por los detalles de su propia actividad. Cerciórese de concentrarse primordialmente en la gloria del Señor.

DERECHOS DE AUTOR © 2018 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

El amor más grande

FEBRERO, 03

El amor más grande

Devocional por John Piper

Os escribo a vosotros, hijos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre. (1 Juan 2:12)

¿Por qué debemos enfatizar que Dios ama, perdona y salva para su propia gloria? He aquí dos razones (entre muchas otras):

1) Porque la Biblia lo hace

Yo, yo soy el que borro tus transgresiones por amor a mí mismo, y no recordaré tus pecados (Isaías 43:25).

Por amor de tu nombre, oh Jehová, perdonarás también mi pecado, que es grande (Salmos 25:11).

Ayúdanos oh Dios de nuestra salvación, por la gloria de tu nombre; líbranos y perdona nuestros pecados por amor de tu nombre (Salmos 79:9).

Aunque nuestras iniquidades testifican contra nosotros, oh Señor, obra por amor de tu nombre.
En verdad han sido muchas nuestras apostasías, contra ti hemos pecado (Jeremías 14:7).

Reconocemos, oh Señor, nuestra impiedad, la iniquidad de nuestros padres, pues hemos pecado contra ti. No nos desprecies, por amor a tu nombre, no deshonres el trono de tu gloria… (Jeremías 14:20-21).

…Dios exhibió públicamente [a Cristo] como propiciación por su sangre a través de la fe, como demostración de su justicia, porque en su tolerancia, Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente, para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús (Romanos 3:25-26).

Os escribo a vosotros, hijos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre (1 Juan 2:12).

2) Porque está claro que Dios nos ama con el amor más grande

Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria… (Juan 17:24).

Dios nos ama no de una manera que nos hace supremos a nosotros, sino de una manera que lo hace supremo a él mismo. El cielo no será una sala de espejos, sino una creciente visión de grandeza infinita. Llegar al cielo para descubrir que somos supremos sería una defraudación completa.

El amor más grande se asegura de que Dios haga todo de manera tal que mantenga y magnifique su propia supremacía, para que así, cuando lleguemos, tengamos algo que engrandezca nuestro gozo para siempre: la gloria de Dios. El amor más grande consiste en que Dios se da a sí mismo a nosotros para nuestro gozo eterno, a costa de la vida de su Hijo (Romanos 8:32).


Devocional tomado del articulo “Why It Matters That God Does Everything for His Own Glory”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Génesis 35–36 | Marcos 6 | Job 2 | Romanos 6

3 FEBRERO

Génesis 35–36 | Marcos 6 | Job 2 | Romanos 6

Una cosa es resistir con firme lealtad cuando las pérdidas, aunque dolorosas, son todas externas, pero, sin embargo, es muy diferente hacerlo cuando uno pierde su salud (Job 2). Algunas reflexiones:

(1) Seguimos hablando del sufrimiento inocente. Dios mismo declara acerca de Job: “No hay en la tierra nadie como él; es un hombre recto e intachable, que me honra y vive apartado del mal. Y aunque tú me incitaste contra él para arruinarlo sin motivo, ¡todavía mantiene firme su integridad!” (2:3).

(2) Llegados a este punto, Dios ha demostrado que Satanás está equivocado: la lealtad de Job no está condicionada por un vulgar trueque interesado. Aquí tenemos un hombre recto y fiel aunque le hayan arrancado su riqueza e incluso todos sus hijos. Eso es lo que induce a Satanás a subir la apuesta: “Extiende la mano y hiérelo, ¡a ver si no te maldice en tu propia cara!” (2:5). Por tanto, se presenta un nuevo nivel de sufrimiento totalmente inocente y se establece el escenario para el resto del libro.

(3) Los creyentes deben hacer preguntas dolorosas en este punto. ¿No parece que Dios esté utilizando a Job en algún experimento fantástico? ¿Por qué debía perder este pobre hombre su riqueza, familia, salud y (como comprobaremos) reputación, simplemente para demostrar que Dios tenía razón en un desafío que este bien podía haber ignorado?

Esta pregunta podría dar lugar a un libro muy largo. No tengo respuestas definitivas ni exhaustivas. No obstante, deberíamos tener en mente algunas cosas. (a) Pertenecemos a Dios. Él puede hacer con nosotros lo que desee. Hay algo muy dentro de nosotros que se rebela cuando se nos recuerda esta verdad elemental. De hecho, nuestra rebelión por ello manifiesta lo mucho que aún seguimos queriendo ocupar el centro del universo, con Dios a nuestro servicio. Este deseo es el fundamento de toda idolatría. (b) Supongamos que Job hubiese conocido el acuerdo entre Dios y Satanás. Un hombre inferior pudo haberse quejado de forma violenta, pero al menos es plausible pensar que Job hubiese utilizado esa información para dotar a su sufrimiento de profundo significado, haciéndolo así más fácil de soportar. Es posible que hubiese considerado que este estaba vinculado a una lucha cósmica más grande entre el bien y el mal. (c) Otros factores a tener en mente deben esperar al final del libro de Job, de hecho, al de la Biblia. Volveremos a tratar algunos de estos asuntos en el devocional del 13 de marzo.

(4) Job se enfrenta ahora a una dolorosa y degradante crisis física, al abandono emocional por parte de su mujer y a la llegada de los tres miserables amigos. El sufrimiento inocente es enormemente difícil de soportar; aún es peor cuando todo apoyo emocional demuestra ser inútil.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 34). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Testimonio de un preso

Algunos moraban en tinieblas y sombra de muerte, aprisionados en aflicción y en hierros, por cuanto fueron rebeldes a las palabras del Señor… Luego que clamaron al Señor en su angustia, los libró de sus aflicciones; los sacó de las tinieblas y de la sombra de muerte, y rompió sus prisiones.

Salmo 107:10-14

Testimonio de un preso

El siguiente testimonio proviene de un hombre encarcelado en Francia por haber cometido un grave delito.

«No conocía a Dios y menos a Jesucristo. Además, no quería oír hablar de él, porque para mí no era más que una fábula. ¿Por qué habría permitido que perdiese a mis padres cuando tenía cuatro años y que fuese separado de mis hermanos para tener una vida sin sentido? Tenía sed de verdad, pero, ¿dónde hallarla en medio de tantas religiones y fanatismo? Entonces opté por ser ateo.

Cuando creía haber arruinado totalmente mi vida, pasó lo siguiente: Una tarde, cuando fui transferido a otra celda, un hombre que regresaba del locutorio me preguntó: «¿Crees en Dios?». Sin dejarse detener por mi incredulidad, me habló de Jesús largo rato. Yo, que no soportaba oír hablar de Dios, escuché lo que el hombre sentado frente a mí me decía. Sus palabras alcanzaron mi corazón. Un poco más tarde, en mi celda, clamé a Dios, le hablé, le supliqué que me perdonase y que me diese su luz y su calor. Por primera vez en mi vida sentí su presencia. El Nuevo Testamento que aquel hombre me dejó se convirtió en un alimento indispensable para mí. Hoy, al cumplir dieciocho meses de estar en la cárcel, conozco a aquel que siempre se interesó por mí, es decir, a mi Salvador Jesucristo. Mi encuentro con mi Salvador es inolvidable, pues comprendí el sentido de la palabra libertad».

Génesis 37 – Mateo 21:23-46 – Salmo 18:43-50 – Proverbios 6:27-35

Génesis 34| Marcos 5 | Job 1 | Romanos 5

2 FEBRERO

Génesis 34| Marcos 5 | Job 1 | Romanos 5

La Biblia se ocupa de la realidad del mal de muchas formas diferentes. En algunas ocasiones, se hace justicia, y lo vemos, en esta vida. Especialmente en el Nuevo Testamento, la recompensa final para el mal está vinculada con el juicio venidero. Algunas veces, el sufrimiento tiene como fin hacernos humildes, desafiando a nuestra continua soberbia. Guerras, pestilencia y hambre son muchas veces armas terribles del juicio de Dios. Estos temas y otros muchos se desarrollan en la Biblia.

El libro de Job es único a la hora de hacernos reflexionar sobre la cuestión del sufrimiento inocente, lo cual se deja claro en Job 1, que configura, de alguna forma, el resto del libro. Job era “un hombre recto e intachable, que temía a Dios y vivía apartado del mal” (1:1). Aunque Job recibió muchas bendiciones en forma de riquezas y una gran familia, no daba nada por sentado. Incluso se dedicó a lo que podría llamarse intercesión preventiva en favor de sus hijos, ya crecidos: oraba y ofrecía sacrificios en su lugar, temeroso de que quizás, en alguna reunión inocente, alguno de ellos hubiese pecado y blasfemado (1:5).

Job no sabe, a diferencia del lector, que se está desarrollando otra trama en la sala del trono de Dios. Se dice poco de esos “ángeles” que se presentan delante del Todopoderoso; se dice poco acerca de Satanás, aunque es obvio que es malvado y hace honor a su nombre, “Acusador”. El diálogo entre Satanás y Dios logra tres cosas. En primer lugar, establece las bases del drama que se desarrolla en el resto del libro. En segundo lugar, da a entender implícitamente que incluso el propio Satanás tiene limitaciones en su poder y no puede actuar sin la aprobación de Dios. En tercer lugar, revela que el propósito del diablo es demostrar que la lealtad humana a Dios no es más que por egoísmo interesado, mientras que el Señor afirma que un hombre como Job es fiel independientemente de las bendiciones que reciba o no.

Job, por supuesto, no sabe nada de estos acuerdos. No podía hacerlo, porque el relato que sigue estaría viciado de lo contrario. Pierde rápidamente su riqueza y sus hijos, debido a causas “naturales”. Él sabe que estas no escapan de la influencia de Dios. Cuando le comunican las últimas malas noticias, Job rasga sus vestiduras y se afeita la cabeza (símbolos de humillación), y adora, diciendo unas palabras que se vuelven famosas: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo he de partir. El Señor ha dado; el Señor ha quitado. ¡Bendito sea el nombre del Señor!” (1:21).

El narrador comenta: “A pesar de todo esto, Job no pecó ni le echó la culpa a Dios” (1:22), lo que por supuesto significa, en el contexto de este capítulo, que la valoración de Dios era correcta y la de Satán errónea.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 33). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El ciclo del perdón

FEBRERO, 02

El ciclo del perdón

Devocional por John Piper

Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación. (Lucas 11:4)

¿Quién perdona a quién primero?

· Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben (Lucas 11:4);

· …como Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros (Colosenses 3:13).

Cuando Jesús nos enseña a orar pidiendo a Dios que nos perdone «porque también nosotros perdonamos», no está diciendo que la iniciativa hacia el perdón es nuestra. Al contrario, dice lo siguiente: Dios nos perdona cuando creemos en Cristo (Hechos 10:43). Entonces, luego de la experiencia de haber estado quebrantados, gozosos, agradecidos y con esperanza por haber sido perdonados, ofrecemos perdón a otros.

Esto significa que el perdón que recibimos nos ha salvado. Es decir, el que nosotros perdonemos a otros muestra que tenemos fe, que estamos unidos a Cristo, que el Espíritu Santo mora en nosotros.

Sin embargo, aún pecamos (1 Juan 1:8,10). Por eso seguimos regresando a Dios para recibir nuevas unciones de la obra que Cristo hizo por nosotros, es decir, para recibir perdón nuevamente. No podríamos hacer esto con ninguna seguridad si estuviéramos albergando sentimientos de un espíritu que no perdona (Mateo 18:23-35).

Es por eso que Jesús dice que oremos por perdón, porque nosotros estamos perdonando. Es como decir: «Padre, continúa otorgándome las misericordias por las que Cristo pagó, porque por ellas yo renuncio a la venganza y otorgo a otros lo que tú me has otorgado».

Que experimenten nuevamente el perdón de Dios hoy, y que esa gracia rebose de su corazón hacia los demás en forma de perdón.


Devocional tomado del articulo “Morning Meditations on 4 Parts of the Bible”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org