Concentrarse en la gloria de Dios

Concentrarse en la gloria de Dios

2/2/2018

A Jehová he puesto siempre delante de mí. (Salmo 16:8)

Todo existe con el propósito de glorificar a Dios. El Catecismo Menor de Westminster del siglo XVII comienza declarando que el principal propósito del hombre es glorificar a Dios y disfrutar de Él para siempre.

El Salmo 19:1 dice: “Los cielos cuentan la gloria de Dios”. La inmensidad del espacio y todo lo que hay en Él glorifica a Dios.

En Isaías 43:20, Dios dice: “Las fieras del campo me honrarán”.

Los ángeles que aparecieron en el nacimiento de Cristo dijeron: “Gloria a Dios en las alturas” (Lc. 2:14).

La Biblia aclara que usted existe para dar gloria a Dios. Que usted siga el ejemplo de David y ponga siempre al Señor delante de usted.

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Jesucristo es el verdadero libertador

Firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres.

Gálatas 5:1

Jesucristo es el verdadero libertador

En Nueva York un evangelista, invitado por americanos de origen africano, entró en la sala prevista para la reunión y fijó su mirada en una estatua de mármol que representaba a un hombre blanco. Sorprendido, el evangelista preguntó a uno de ellos: «¿Quién es ese personaje?». Él respondió con una gran sonrisa: «¡Es Abraham Lincoln, mi libertador!». Lincoln (1809-1865) fue el decimosexto presidente de los Estados Unidos que, en medio de una terrible guerra, luchó por poner fin a la esclavitud en su país. El hombre que hablaba no había vivido esa guerra; no había conocido a Lincoln, pero sabía que gracias a él había adquirido los derechos que tiene un hombre libre.

Hoy todos los hombres están esclavizados de una manera más terrible todavía: Satanás ejerce sobre ellos una esclavitud de la que no pueden liberarse solos, están atados debido a sus pecados.

Para esta tiranía también hay un libertador: Jesucristo. Jesús murió en una cruz hace aproximadamente 2000 años, a fin de liberarnos del miedo a la muerte, y a algunos incluso del ocultismo. En aquella época nosotros todavía no habíamos nacido, pero mediante la fe podemos beneficiarnos personalmente de la liberación que nos brindó. Solo él podía liberarnos de nuestra naturaleza opuesta a Dios, de nuestras faltas, del poder de Satanás y de la muerte.

Si usted no conoce esta liberación, vaya a Jesús tal como es; ponga su confianza en él. Él lo perdonará, lo liberará de la esclavitud del pecado y le dará la paz. “Si el Hijo (de Dios) os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36).

Génesis 36 – Mateo 21:1-22 – Salmo 18:37-42 – Proverbios 6:20-26
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La clave para el crecimiento espiritual

La clave para el crecimiento espiritual

2/1/2018

Creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén. (2 Pedro 3:18)

El crecimiento espiritual no es místico, sentimental, devocional ni psicológico. No es el resultado de alguna fórmula ingeniosa. Es sencillamente el igualar su práctica con su posición.

Como creyentes, nuestra posición en Cristo es perfecta: Estamos completos en Él (Col. 2:10); tenemos todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad (2 P. 1:3); y hemos recibido todas las bendiciones espirituales (Ef. 1:3). Pero ahora tenemos que progresar en nuestra vida diaria de una forma que corresponda con nuestra exaltada posición.

El versículo de hoy presenta el concepto más importante en la comprensión y la experiencia del crecimiento espiritual. El dar gloria a Dios está directamente relacionado con el crecimiento espiritual. Por lo tanto, es esencial que comprendamos lo que significa glorificarlo.

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Incluido en el pacto

FEBRERO, 01

Incluido en el pacto

Devocional por John Piper

Allí haré retoñar el poder de David; he dispuesto lámpara a mi ungido. A sus enemigos vestiré de confusión, mas sobre él florecerá su corona. (Salmos 132:17-18)

¿Quiénes se beneficiarán de las promesas que Dios le hizo a David?

· Haré retoñar el poder de David; he dispuesto lámpara a mi ungido. A sus enemigos vestiré de confusión, mas sobre él florecerá su corona» (Salmos 132:17-18).

· A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed… y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David (Isaías 55:1,3).

Quien venga a Dios a través de Jesucristo, su Hijo, sediento por lo que él es —en lugar de depender de quién sea o qué haga— es con quien Dios hará un pacto.

¿Qué pacto? Un pacto definido y asegurado por Dios en sus «misericordias firmes a David». Lo que entiendo de eso es que estoy incluido en el pacto davídico. Lo que David obtiene, yo lo obtendré en Cristo Jesús.

¿Qué es lo que eso incluye?

Retoñará poder para mí. Eso significa que habrá una gran fuerza que peleará por mí y me protegerá. Habrá una lámpara que Dios preparó para mí, es decir, la luz me rodeará y la oscuridad no me vencerá. Habrá una corona para mí: reinaré con el Hijo de David y me sentaré con él en su trono. «Al vencedor, le concederé sentarse conmigo en mi trono» (Apocalipsis 3:21).

Es impresionante que nos vayamos a beneficiar de las promesas hechas a David. Es la voluntad de Dios que quedemos maravillados. Es su voluntad que nos levantemos de nuestro tiempo devocional sorprendidos por el poder y la autoridad de Dios, y la garantía de que somos amados por él.


Devocional tomado del articulo “Morning Meditations on 4 Parts of the Bible”

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Génesis 33 | Marcos 4 | Ester 9–10 | Romanos 4

1 FEBRERO

Génesis 33 | Marcos 4 | Ester 9–10 | Romanos 4

La historia parece diferente en distintas culturas. No quiero decir simplemente que estas interpreten el mismo pasado de forma diferente (aunque frecuentemente es así), sino que el entendimiento de aquella puede variar de una a otra. De hecho, incluso dentro de una misma cultura pueden existir nociones contrarias de la misma.

Este asunto se ha vuelto incluso más complejo durante las pasadas décadas, debido al avance del posmodernismo y sus ideas innovadoras acerca de cómo es la historia. Este debate es muy importante, pero no vamos a detenernos en él. Nos centraremos en un escenario mayor.

Muchos griegos antiguos creían que la historia transcurría en círculos. No quiere decir que cada ciclo se repita de forma exacta, sino que existe una repetición infinita de patrones, sin culminación final, sin telos, es decir, sin propósito ni objetivo. Gran parte del naturalismo contemporáneo cree que nuestro sol acabará desintegrándose y la vida en la tierra llegará a su fin. Unos sostienen que el propio universo establecerá una distribución de energía más o menos uniforme y morirá; otros piensan que, de alguna forma, este rejuvenecerá desmoronándose y explotando de nuevo para repetir un ciclo parecido al presente. En contraste, para los departamentos de historia de las universidades, los acontecimientos a esa escala son irrelevantes. La historia, tanto si refiere a lo que ha acontecido como a nuestra reconstrucción de ella, abarca el periodo en que el hombre escribía. Todo lo anterior a este es “prehistórico”.

La Biblia tiene sus propias perspectivas acerca de la historia, y algunas de ellas no son negociables: si las perdemos de vista o las rechazamos, no comprenderemos las Escrituras en sus propios términos. Ciertamente, estas cuentan en ocasiones “lo que ha pasado” en categorías parabólicas (compárese 2 Samuel 11 y 12), en condensaciones muy selectivas (por ejemplo, Hechos 7) o en forma poética (Salmo 78). Sin embargo, lo más importante es que no entenderemos la Biblia correctamente si no comprendemos varios elementos clave de su secuencia. En la escala más amplia, la historia comienza en la creación y acaba en el telos supremo, el juicio final y el nuevo cielo y la nueva tierra. No nos movemos simplemente en círculos. En Gálatas 3 (véase la meditación del 27 de septiembre en el volumen I), el argumento de Pablo gira en torno al hecho de que la ley mosaica vino después de las promesas a Abraham. De alguna forma parecida aquí (Romanos 4), la fe de Abraham le fue reconocida como justicia antes de ser circuncidado, por lo que la circuncisión no puede ser una condición para adquirirla. Bajo las condiciones semíticas de filiación, Abraham pasa a ser el padre de todos los que creen, circuncidados o no (4:1–12). Se puede decir algo parecido de la relación de Abraham con la ley de Moisés (4:13–17). La secuencia de la historia bíblica es crucial.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 32). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El silencio de Jesús (2)

Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.

Isaías 53:7

El silencio de Jesús (2)

En el juicio de Jesús, los que conocían los textos sagrados, como los jefes religiosos responsables de su muerte, deberían haber recordado la profecía relacionada con el Servidor de Dios, mencionada en el versículo de hoy.

El escritor del salmo también declara: “Mas yo, como si fuera sordo, no oigo; y soy como mudo que no abre la boca. Soy, pues, como un hombre que no oye, y en cuya boca no hay reprensiones” (Salmo 38:13-14). “Enmudecí, no abrí mi boca, porque tú lo hiciste” (Salmo 39:9). Estos versículos proféticos anuncian lo que tendría que soportar el Salvador que Dios iba a dar a los hombres.

En la tarde del día de su resurrección, el Señor Jesús se juntó en el camino a dos de sus discípulos. Ellos platicaban acerca de los últimos acontecimientos. Jesús tuvo que decirles: “¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!” (Lucas 24:25). Todo lo que los profetas del Antiguo Testamento habían escrito sobre Jesús, el Hijo del Hombre, tenía que cumplirse (Lucas 18:31). “¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?” (Lucas 24:26).

Cuando Felipe se acercó al intendente de la reina de Etiopía, este leía el texto del profeta Isaías concerniente al silencio de Jesús. Felipe le explicó que el profeta había dicho esto sobre Jesús (Hechos 8:32-35). La lectura de dicho pasaje originó la conversión y el bautismo del etíope.

Ese silencio de Jesús es un silencio elocuente, que aún hoy quiere hablar al lector y llevarlo por el camino de la verdad y del gozo en Dios.

Génesis 35 – Mateo 20:16-34 – Salmo 18:31-36 – Proverbios 6:16-19
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Los amigos

Saturday 10 February

El atribulado es consolado por su compañero.

Job 6:14

Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.

Juan 15:13

Los amigos

¿Desea tener muchos amigos? Una de las redes sociales de Internet se lo propone, según el principio que «los amigos de sus amigos son sus amigos». ¡Así el internauta tiene una «familia» de amigos, pero cuya mayoría desconoce! Pero, ¿son realmente «amigos»? Un trágico suceso plantea esta pregunta: una británica había anunciado su suicidio a sus 1048 amigos en Facebook. ¡El día señalado murió de una sobredosis de medicamentos sin que ninguno de sus supuestos amigos hiciese nada!

La Biblia subraya los caracteres de un verdadero amigo:

–El amigo es fiel en los buenos como en los malos momentos: “En todo tiempo ama el amigo” (Proverbios 17:17).

–El amigo puede compensar la lejanía de la familia. La amistad no se detiene en la frontera entre generaciones (Proverbios 27:10).

–El amigo es leal y franco: por el bien de su prójimo, no duda en hacerle observaciones, incluso si pueden ser difíciles de aceptar (Proverbios 27:6).

–El amigo es digno de confianza, es un confidente (Proverbios 19:9).

–El amigo está lleno de atenciones, de compasión (Job 6:14).

–La amistad tiene un efecto benéfico para el alma (Proverbios 27:9).

Jesús dijo que no hay mayor amor que dar su vida por sus amigos. ¡Pero él hizo mucho más que eso: dio su vida por sus enemigos! ¡Su muerte en el Calvario salva a los que se arrepienten! Su amor infinito lo llevó a soportar el juicio de Dios en nuestro lugar. ¿Quién nos amó tanto como Jesucristo?

Génesis 44 – Mateo 25:31-26:13 – Salmo 21:8-13 – Proverbios 8:22-27

Deseoso de servir

Deseoso de servir

1/31/2018

Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma. (Romanos 1:15)

¿Se siente feliz y entusiasta al cumplir la responsabilidad que Dios le ha encomendado? Como se puede decir, según el versículo de hoy, que fue la actitud de Pablo. Estaba dedicado por completo a hacer la obra del ministerio. Nunca su propia vida fue lo más importante. La vida tenía un solo propósito para él, y era el hacer la voluntad de Dios. Siempre estuvo deseoso de predicar.

Pablo era como un caballo de carreras en el portalón o un corredor de carreras cortas en el punto de partida, esperando ganar la victoria. Dios tenía que sujetarlo de vez en cuando porque estaba demasiado deseoso de correr. ¿Está deseoso de servir? ¿Es esa la clase de servicio que usted presta o algunos tienen que aguijonearlo con toda su fuerza para hacer que participe? Si su servicio a Cristo es de todo corazón, entonces estará deseoso de servir.

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Cinco propósitos del sufrimiento

ENERO, 31

Cinco propósitos del sufrimiento

Devocional por John Piper

Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito. (Romanos 8:28)

Rara vez sabemos cuáles son las microrazones de nuestro sufrimiento, pero la Biblia nos da macrorazones que sostienen nuestra fe.

Es bueno tener un plan para recordar algunas de estas razones para que así, cuando nos llegue una aflicción de manera repentina o tengamos la oportunidad de ayudar a otros que están sufriendo aflicciones, podamos traer a memoria algunas verdades que Dios nos ha dado para ayudarnos a no perder la esperanza.

He aquí cinco palabras para ayudarnos a recordar (o escojamos tres, si fuera más fácil, y tratemos de recordarlas).

Los macropropósitos de Dios en nuestro sufrimiento incluyen lo siguiente:

Arrepentimiento: El sufrimiento es un llamado, para nosotros y para otros, a dejar de atesorar cosas mundanas por encima de Dios.

¿O pensáis que aquellos dieciocho, sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, eran más deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalén? Os digo que no; al contrario, si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente (Lucas 13:4-5).

Confianza: El sufrimiento es un llamado a confiar en Dios y no en las cosas que el mundo afirma que necesitamos para vivir.

Fuimos abrumados sobremanera, más allá de nuestras fuerzas, de modo que hasta perdimos la esperanza de salir con vida. De hecho, dentro de nosotros mismos ya teníamos la sentencia de muerte, a fin de que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos… (2 Corintios 1:8-9)

Rectitud: El sufrimiento es la disciplina a la que nos somete nuestro amado Padre Celestial para que compartamos su santidad.

Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo…Él nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de su santidad. Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza; sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, les da después fruto apacible de justicia (Hebreos12:610-11).

Recompensa: El sufrimiento está generando para nosotros una gran recompensa en el cielo que suplirá mil veces más cada pérdida que tengamos acá.

Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación… (2 Corintios 4:17).

Recordatorio: El sufrimiento nos recuerda que Dios envió a su Hijo al mundo a sufrir para que nuestro sufrimiento no fuera la condenación de Dios sino su purificación.

…y conocerle a él, el poder de su resurrección y la participación en sus padecimientos… (Filipenses 3:10)


Devocional tomado del articulo “Preparing for Sudden Suffering”

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Génesis 32 | Marcos 3 | Ester 8 | Romanos 3

31 ENERO

Génesis 32 | Marcos 3 | Ester 8 | Romanos 3

Casi todo en Romanos 3:21–26 es discutido. No disponemos de espacio para justificar una exégesis particular. Sin embargo, en mi opinión, podemos extraer unas conclusiones importantes:

(1) “Pero ahora” (3:21): la expresión es temporal, no meramente lógica. Pablo ha dedicado 1:18–3:20 a demostrar que toda la raza humana, judíos y gentiles por igual, esto es, los que tienen la ley mosaica y los que no, son culpables ante Dios. No obstante, en este punto de la historia redentora, ha ocurrido algo nuevo. Se ha dado a conocer una “justicia de Dios”.

(2) La frase “sin la mediación de la ley” probablemente modifica “se ha manifestado”, es decir, “sin la mediación de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios”.

(3) “La ley” no es “legalismo” aquí, como si Pablo estuviese diciendo que ahora se había dado a conocer una justicia sin el legalismo. La reflexión de Pablo, más bien, es que ahora, con la muerte y la resurrección de Jesús, se ha manifestado una justicia de Dios sin la ley-pacto, la ley de Moisés. Esto no significa que aquella no haya sido anunciada. Todo lo contrario: de ella “dan testimonio la ley y los profetas” (esto es, las sagradas Escrituras). En otras palabras, “la justicia de Dios” que ha venido a nosotros por medio de Jesús apareció de forma independiente a la ley-pacto, pero aun así, la antigua ley, de hecho, toda la Biblia hebrea, contuvo testimonio de ella y la anunció.

(4) Esta “justicia de Dios” viene a todos los que creen (3:22–24). No puede ir a los buenos porque Pablo acaba de invertir dos capítulos demostrando que todos son malos. Viene, por tanto, a aquellos que creen, libremente por la gracia de Dios “mediante la redención que Cristo Jesús efectuó” (3:24).

(5) Dios consiguió esta redención ofreciendo a Cristo Jesús como “sacrificio de expiación” (3:25) o, más precisamente, como “propiciación” (rvr60). Así pues, Dios dio lugar a la muerte de Jesús, de forma que en su crucifixión este murió, “el justo por los injustos” (1 P. 3:18), haciendo a Dios favorable o “propicio” a aquellos que, de lo contrario, solo se enfrentarían a su ira. Por tanto, la muerte de Cristo no es únicamente una “expiación” (cancela nuestro pecado), sino una “propiciación” (hace a Dios propicio). Por supuesto, como es el propio Todopoderoso quien provee el sacrificio, existe un profundo sentido en el que Dios se propicia, es decir, provee por gracia el sacrificio que pacifica su propia ira.

(6) Afirmado de otra forma, Dios no sólo ofrece a Cristo para justificar a los pecadores impíos como nosotros los que tenemos fe en Jesús, sino también para mantener su propia justicia, ser justo, frente a todos los pecados que se han cometido siempre (3:25–26).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 31). Barcelona: Publicaciones Andamio.