1 de diciembre

«Den gracias al SEÑOR por su misericordia, y por sus maravillas para con los hijos de los hombres».

Salmo 107:8 (LBLA)

Si nos lamentáramos menos y alabásemos más al Señor, seríamos más felices y Dios recibiría más gloria. Alabemos, pues, a Dios diariamente por los favores comunes: «comunes» —como los llamamos frecuentemente—, pero tan sumamente valiosos que cuando se nos priva de ellos somos propensos a perecer. Bendigamos a Dios por los ojos que tenemos para contemplar el sol; por la salud y las fuerzas que nos da para andar por todas partes; por el pan que comemos y la ropa que vestimos… Alabemos a Dios porque no se nos arroja entre los desesperados, ni se nos confina con los culpables. Démosle gracias por la libertad, por los amigos y por la unión y el bienestar de nuestras familias. Alabémosle, en verdad, por todo lo que recibimos de su generosa mano; porque poco merecemos y, sin embargo, se nos enriquece con gran abundancia.

Pero, querido amigo, la nota más melodiosa y más alta de nuestros cánticos de alabanza debiera ser aquella del amor redentor. Las obras redentoras de Dios para con sus elegidos son por siempre los temas favoritos de las alabanzas de estos. Si sabemos lo que significa la redención, no rehusaremos entonar nuestros sonetos de acción de gracias. Se nos ha redimido del poder de nuestra maldad, hemos sido levantados del abismo del pecado donde, por naturaleza, estábamos hundidos. Se nos condujo a la cruz de Cristo y nuestras cadenas de pecado quedaron rotas allí. Ya no somos esclavos, sino hijos del Dios viviente, y podemos aguardar anhelantes ese tiempo cuando se nos presentará delante del Trono sin mancha ni arruga ni cosa semejante. Aun ahora, por la fe, agitamos las ramas de palmera y nos cubrimos con el hermoso lino fino que ha de ser nuestro atavío eterno. ¿Cómo no habremos de dar gracias incesantemente al Señor nuestro Redentor? Hijo de Dios, ¿puedes tú permanecer en silencio? ¡Despierta, despierta, heredero de gloria, y lleva cautiva tu cautividad, mientras clamas como David: «Bendice, alma mía, al Señor, y bendiga todo mi ser su santo nombre» (Sal. 103:1, LBLA)! Hagamos que este nuevo mes comience con cánticos renovados.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 346). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

1 Crónicas 29 | 2 Pedro 3 | Miqueas 6 | Lucas 15

1 DICIEMBRE

1 Crónicas 29 | 2 Pedro 3 | Miqueas 6 | Lucas 15

El relato del cronista sobre la muerte de David está precedido por la historia de los generosos regalos que luego financiarían la construcción del templo después de la partida de David, así como por la oración que David pronunció (1 Crónicas 29). Lo más chocante no es la cantidad de dinero que David y los demás ofrendaron, sino la teología de la oración de David. Se destacan los siguientes puntos:

(1) En la doxología inicial (29:10–13), David reconoce que todo le pertenece a Dios (29:11). Si los seres humanos “poseemos” algo, debemos confesar con franqueza: “De ti proceden la riqueza y el honor; tú lo gobiernas todo” (29:12). Por tanto, en el núcleo de su oración, David dice: “tú eres el dueño de todo, y lo que te hemos dado, de ti lo hemos recibido” (29:14); nuevamente, en cuanto a toda esta riqueza que se está recolectando, “de ti procede todo cuanto hemos conseguido para construir un templo a tu santo nombre ¡Todo es tuyo!” (29:16). Esta postura destruye por completo cualquier noción de que podemos “darle” algo a Dios en términos absolutos. Se convierte en un placer ofrendarle a Dios, no sólo porque le amamos, sino porque con alegría reconocemos que todo lo que “poseemos” le pertenece a él.

(2) No debe sorprendernos, entonces, que la oración comience con expresiones exuberantes de alabanza (29:10).

(3) David reconoce que toda la existencia humana es transitoria. Dios mismo debe ser alabado “desde siempre y para siempre” (29:10), pero en cuanto a nosotros, “somos extranjeros y peregrinos, como lo fueron nuestros antepasados. Nuestros días sobre la tierra son sólo una sombra sin esperanza” (29:15). Este pasaje es extraordinario. Los israelitas están en la tierra prometida, en el “descanso”; no obstante, al igual que se refleja en el Salmo 95 y Hebreos 3:6–4:11; 11:13, este no puede ser el descanso final, pues todavía son “extranjeros y peregrinos”. David es rey, la cabeza de una dinastía poderosa y duradera. Sin embargo, individualmente, tanto el monarca como el plebeyo deben confesar que sus días sobre la tierra son como una sombra (29:15). Aquí tenemos a un hombre de fe que sabe que necesita estar fundamentado en Aquel que habita en la eternidad o, de otra manera, no tiene valor alguno.

(4) David enfatiza sobremanera la integridad: “Yo sé, mi Dios, que tú pruebas los corazones y amas la rectitud… y he visto con júbilo que tu pueblo, aquí presente, te ha traído sus ofrendas” (29:17). El éxito de esta recaudación de fondos no se mide en términos de valor monetario, sino por la integridad con la que se dio toda la riqueza.

(5) En el análisis final, David reconoce con honestidad que la devoción constante y la integridad de vida son imposibles fuera de la gracia providente de Dios (29:18). Por ello, cualquier posibilidad de orgullo personal basado en la cantidad de dinero donada se disipa en un reconocimiento agradecido de la soberanía misericordiosa de Dios.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 335). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Preso del cuerpo, mas no del alma (1)

viernes 1 diciembre

El Señor miró desde los cielos a la tierra, para oír el gemido de los presos, para soltar a los sentenciados a muerte.

Salmo 102:19-20

Me ha enviado… a pregonar libertad a los cautivos… a poner en libertad a los oprimidos.

Lucas 4:18

Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.

Juan 8:36

Preso del cuerpo, mas no del alma (1)

Esta fue la feliz expresión de un presidiario liberado de la terrible opresión del pecado, cuando decidió entregar su vida a Cristo. Esta persona extorsionaba desde la misma cárcel, con severas amenazas de muerte a una cristiana. Ella, sin dejarse intimidar por las amenazas, le presentó a Jesucristo, su Salvador personal. Este hombre creía que no alcanzaría el perdón de Dios debido a la multitud de sus graves hechos. La cristiana le replicó: –Eso es lo que te dice tu jefe, Satanás, ya vencido por el mío, Jesucristo, quien te ofrece el perdón de todos tus pecados, si decides recibirlo como tu Salvador. Acepta a Cristo y serás salvo de la condenación eterna (Hechos 16:31).

Después de esta conversación, las amenazas y la extorsión se acabaron. El Espíritu Santo empezó su trabajo (Juan 16:8). Redarguyó ese duro corazón. Y lo maravilloso fue que una noche, a altas horas, la cristiana recibió en su teléfono móvil un mensaje de texto que decía: «Preso del cuerpo, mas no del alma». ¡Qué felicidad para ambos!

Todavía hoy el Evangelio se anuncia por todo el mundo para el perdón de pecados. Así lo ordenó el Señor Jesucristo: “Que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lucas 24:47).

(mañana continuará)

Job 38 – Colosenses 4 – Salmo 136:1-9 – Proverbios 28:27-28

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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EL DIOS DE PAZ

EL DIOS DE PAZ

11/30/2017

El Dios de paz estará con vosotros. (Filipenses 4:9) 

El apóstol Pablo a menudo se refirió al Señor como el Dios de paz. En Romanos dijo: “Y el Dios de paz sea con todos vosotros” (15:33). En 2 Corintios escribió: “El Dios de paz y de amor estará con vosotros” (13:11). Y a los creyentes tesalónicos les dijo: “El mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera” (2 Ts. 3:16).

El versículo de hoy subraya el hecho de que el carácter de Dios es de paz. Él es el origen y el dador de la paz. Cuando nuestras actitudes, nuestros pensamientos y nuestra conducta están en armonía con Dios, la paz de Dios y el Dios de paz nos protegerán. Su paz da consuelo, tranquilidad, quietud y confianza en medio de cualquier prueba que pueda afrontar.

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El oprobio triunfante de la cruz

NOVIEMBRE, 30

El oprobio triunfante de la cruz

Devocional por John Piper

No para ofrecerse a sí mismo muchas veces, como el sumo sacerdote entra al Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario sufrir muchas veces desde la fundación del mundo; pero ahora, una sola vez en la consumación de los siglos, se ha manifestado para destruir el pecado por el sacrificio de sí mismo.(Hebreos 9:25-26)

No hay razón para dar por sentado que el cielo debería recibir a los pecadores con una cálida bienvenida.

Dios es santo, puro y perfectamente justo. No obstante, la Biblia entera es la historia de cómo un Dios tan grande y santo puede dar la bienvenida a personas tan contaminadas como usted y yo en su presencia. ¿Cómo puede ser posible?

Hebreos 9:25 dice que el sacrificio de Cristo por el pecado no es como los sacrificios de los sumos sacerdotes judíos. Ellos entraban en el lugar santo todos los años con un animal para sacrificar por la expiación de los pecados del pueblo. Sin embargo, este pasaje dice que Cristo no entró en los cielos «para ofrecerse a sí mismo muchas veces… de otra manera le hubiera sido necesario sufrir muchas veces desde la fundación del mundo».

Si Cristo se hubiera determinado a seguir el modelo de los sacerdotes, entonces tendría que morir todos los años. Y ya que los pecados que habían de ser cubiertos por su sangre incluyen los pecados de Adán y Eva, tendría que haber empezado a morir anualmente desde la fundación del mundo. Pero el escritor de la carta considera que esta posibilidad es inconcebible.

¿Por qué es inconcebible? Porque haría que la muerte del Hijo de Dios se vea como un acto débil e ineficaz. Si hiciera falta repetirlo año tras año durante siglos, ¿cuál sería la victoria? ¿Dónde veríamos el valor inconmensurable del sacrificio del Hijo? Se desvanecería en la vergüenza de una muerte y sufrimiento anuales.

Hubo vergüenza en la cruz, pero fue un oprobio triunfante: «[menospreció] la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios» (Hebreos 12:2).

Este es el evangelio de la gloria de Cristo, la imagen de Dios (2 Corintios 4:4). Oro para que, sin importar cuán corrompido esté usted por el pecado, pueda ver la luz de esta gloria y creer.


Devocional tomado del libro “Lo que Cristo hizo en la consumación de los siglos”

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«Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles»

30 de noviembre

«Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles».

Apocalipsis 12:7

Siempre habrá guerras entre estos dos grandes reinos hasta que uno u otro sea aplastado. Es imposible que reine la paz entre el bien y el mal: la sola pretensión de que pudiera existir tal paz supondría el triunfo de las fuerzas de las tinieblas. Miguel siempre luchará: su alma santa detesta el pecado y no lo tolerará. Jesús será siempre el enemigo del Dragón: no de un modo pacífico, sino activo, vigoroso, firmemente resuelto a exterminarlo. Todos sus siervos, ya sean ángeles del Cielo o mensajeros en la tierra, quieren y deben luchar también. Ellos nacieron para ser soldados y pactaron ante la cruz no admitir tregua alguna con el mal. Constituyen una compañía belicosa, firme en la defensa y aguerrida en el ataque. La obligación de cada soldado es servir en el ejército del Señor todos los días, con todo el corazón, toda el alma y todas las fuerzas, luchando contra el Dragón.

El Dragón y sus ángeles no decaerán en la lucha, pues son incansables en sus embestidas y emplean todas las armas posibles, ya sean legítimas o ilegítimas. Es una necedad pretender servir a Dios sin oposición. Cuanto más celosos seamos, tanto más atacados seremos por los esbirros del Infierno. La Iglesia puede mostrarse indolente, pero no así su gran Adversario: su incansable espíritu jamás permite que la guerra cese. El Dragón odia a la simiente de la mujer, y de buena gana devoraría a la Iglesia si pudiese. Los siervos de Satanás participan ampliamente de las energías de ese antiguo dragón y, por lo regular, constituyen una raza activa. La guerra ruge en todas partes y es peligroso y fútil soñar con la paz.

¡Gloria a Dios que nosotros conocemos el fin de la guerra! El gran Dragón será echado fuera y destruido para siempre, mientras que Jesús y los suyos recibirán la corona. Afilemos nuestras espadas en esta noche y pidamos al Espíritu Santo que fortalezca nuestros brazos para la lucha. Nunca hubo una batalla tan importante como esta, nunca una corona tan gloriosa. Que cada hombre esté en su puesto, ¡oh soldados de la cruz!, y que el Señor aplaste pronto a Satanás debajo de vuestros pies.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 345). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

1 Crónicas 28 | 2 Pedro 2 | Miqueas 5 | Lucas 14

30 NOVIEMBRE

1 Crónicas 28 | 2 Pedro 2 | Miqueas 5 | Lucas 14

Ya hemos observado que 1 y 2 Crónicas son diferentes de los libros de Samuel y de Reyes (aunque las Crónicas cubren aproximadamente el mismo período de la historia que Samuel y Reyes) porque le pone mucho más énfasis al reino del sur, Judá, una vez se divide la monarquía. Aun en esta coyuntura, sin embargo, durante el período de la monarquía unida, 1 y 2 Crónicas expanden enormemente todo lo que tenga que ver con el templo.

En este marco, 1 Crónicas 28 revela un poco más de detalle, no sólo de la transferencia de poder de David a Salomón, sino del origen de los planes del templo. Sobre esto último, David insta al pueblo a servir bien a Salomón; exhorta a Salomón a servir a Dios el Señor con todo su corazón: “pues el Señor escudriña todo corazón y discierne todo pensamiento. Si lo buscas, te permitirá que lo encuentres; si lo abandonas, te rechazará para siempre” (28:9). En particular, David encomienda a Salomón la construcción del templo, para la cual David mismo había hecho una gran provisión (29:10, 20–21). No se informa nada sobre el intento de Adonías, hijo de David, de usurpar el trono antes de que Salomón fuera coronado, ni de la manera como Betsabé protegió estratégicamente a su hijo Salomón (1 Reyes 1); nada se menciona sobre la sustancial lista de otras disposiciones que David le dejó a Salomón (1 Reyes 2). Todo el énfasis aquí es sobre el traslado de poder y cómo afecta a la construcción del templo.

Hay un nuevo elemento de crucial importancia. Se nos dice que David le dio a Salomón “También le entregó el diseño de todo lo que había planeado para los atrios del templo del Señor, para los cuartos de alrededor, para los tesoros del templo de Dios y para los depósitos de las ofrendas sagradas” (28:12), así como las divisiones de los sacerdotes y levitas, la cantidad de oro o plata que debía utilizar en los instrumentos y otras cosas más (28:13–17). Sobre todo, “también le dio el diseño de la carroza y de los querubines que cubren con sus alas extendidas el arca del pacto del Señor” (28:18) en el Lugar Santísimo. “Todo esto —dijo David— ha sido escrito por revelación del Señor, para darme a conocer el diseño de las obras” (28:19).

Esta es la contrapartida al énfasis constante de Éxodo sobre el hecho de que Moisés y sus colaboradores construyeron el tabernáculo en cumplimiento exacto de los planos que Moisés recibió en el monte. Luego, esto se recoge en Hebreos 8:5, demostrándose que el tabernáculo era sólo una copia de un original mayor (ver la meditación del 14 de marzo). Implícitamente, el mismo cuidado se emplea en la construcción del templo y esta vez, David sirve de mediador en vez de Moisés.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 334). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La intervención del relojero

jueves 30 noviembre

Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo el Señor… pruebo el corazón.

Jeremías 17:9

Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros.

Ezequiel 36:26

La intervención del relojero

Hay pocas personas realmente satisfechas con su vida. La gente se queja de todo: de los demás, del tiempo, de la mala suerte, de Dios, a quien fácilmente hacen responsable de todos los problemas. Y cada uno desea tal o cual cambio que le daría la alegría de vivir.

Es cierto que hay algo que debe cambiar en mi vida. Pero hay que determinar primeramente con honestidad la verdadera causa de mis decepciones e inquietudes. La Palabra de Dios me dice qué es. Lo que me impide ser feliz no son las circunstancias de mi vida, sino más bien mi estado interior. No son solo los demás, sino ante todo yo mismo. ¡No son mis costumbres, sino mi corazón!

El corazón es malo, declara la Escritura, y es responsable de mi perpetua insatisfacción. ¡Ahí es donde debe haber un cambio! ¿Lo conseguiré mediante mis esfuerzos personales? La Biblia no deja que me haga ilusiones con respecto a este punto. Cambiar nuestro corazón es imposible. Un reloj roto no puede funcionar sin la intervención del relojero, y para nosotros es la de nuestro Creador. Aquel que nos dio la vida también quiere dar, por Jesucristo, la vida nueva, un corazón nuevo, a todo el que se reconoce pecador y cree que Jesús murió por sus pecados.

“Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)” (Efesios 2:4-5).

Job 37 – Colosenses 3 – Salmo 135:15-21 – Proverbios 28:25-26

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

EL EJERCICIO HACE MAESTRO AL NOVICIO

EL EJERCICIO HACE MAESTRO AL NOVICIO

11/29/2017

Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced. (Filipenses 4:9) 

En el versículo de hoy, el apóstol Pablo subraya que los creyentes de Filipos necesitaban practicar lo que aprendieron, recibieron, oyeron y vieron en su vida.

En primer lugar, aprendieron de su instrucción personal, que incluía la predicación, la enseñanza y la disciplina (cp. Hch. 20:20). Él presentaba las verdades del Antiguo Testamento y el significado de la reve­la­ción del Nuevo Testamento, explicando cómo se apli­ca­ban a la vida de ellos.

Además, lo que recibieron de Pablo era la revelación directa de Dios. La Biblia pone en claro que Pablo recibió directa revelación del Señor y luego la dio a conocer a los creyentes (cp. 1 Co. 11:2; 15:1-3; 1 Ts. 4:1).

De otras fuentes también oyeron acerca del carácter, de la manera de vivir y de la predicación de Pablo. Estaban conscientes de su impecable reputación.

Y lo que vieron los creyentes de Filipos en Pablo sabían que era cierto por experiencia propia.

Al igual que la de Pablo, su vida debe ser digna de imitación por los demás creyentes. Así que “sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Stg. 1:22).

DERECHOS DE AUTOR © 2017 Gracia a Vosotros
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Lo único que puede limpiar nuestra conciencia

NOVIEMBRE, 29

Lo único que puede limpiar nuestra conciencia

Devocional por John Piper

¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, purificará vuestra conciencia de obras muertas para servir al Dios vivo?(Hebreos 9:14)

Aquí estamos en la era moderna —la era de Internet, los teléfonos inteligentes, los viajes al espacio y los trasplantes de corazón—, y nuestros problemas siguen siendo, en esencia, los mismos de siempre: nuestra conciencia nos condena y nos hace sentir que no somos aceptos delante de Dios. Estamos separados de Dios.

Podemos cortar nuestro propio cuerpo, arrojar a nuestros hijos en un río sagrado, dar millones de dólares a obras de beneficencia, servir en un comedor comunitario, cumplir cien penitencias distintas o infligirnos cien tipos de heridas, y el resultado será el mismo: la mancha permanece y la muerte nos aterra.

Sabemos que nuestra conciencia está corrompida, no por elementos externos como por tocar un cadáver, un lienzo sucio o una porción de cerdo. Jesús dijo que lo que contamina es lo que sale del hombre, no lo que entra en él (Marcos 7:15-23). Estamos contaminados por actitudes como el orgullo, la autocompasión, la amargura, la lujuria, la envidia, los celos, la codicia, la apatía y el temor.

La única solución en esta era moderna, como para cualquier otra época, es la sangre de Cristo. Cuando nuestra conciencia se levanta y nos condena, ¿adónde iremos? Hebreos 9:14 nos da la respuesta: a Cristo.

Volvamos la mirada a la sangre de Cristo. Volvámonos al único agente limpiador en todo el universo que nos puede dar alivio en vida y paz en la muerte.


Devocional tomado del sermón “Purificados para servir al Dios vivo”

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