«El perdón de pecados según las riquezas de su gracia»

27 de noviembre

«El perdón de pecados según las riquezas de su gracia».

Efesios 1:7

¿Podrá haber en cualquier idioma una palabra más dulce que la palabra «perdón», cuando esta suena en los oídos de un pecador culpable como sonaban las notas de las trompetas de plata del jubileo en los oídos de un siervo israelita? ¡Bendita, bendita sea por siempre esa amada estrella del perdón que proyecta su luz adentro de la celda de un condenado y da al que perece un rayo de esperanza en medio de su desesperación! ¿Es posible que el pecado, mi pecado, sea perdonado, perdonado enteramente y para siempre? Como pecador, merezco el Infierno. No hay posibilidad de que me libre de él mientras el pecado permanezca en mí. Ahora bien, ¿puede quitarse el peso del pecado y borrase su mancha escarlata? ¿Podrán las diamantinas piedras de mi prisión desprenderse alguna vez de su lugar o las puertas saltar de sus bisagras? Jesús me dice que aún puedo ser justificado. Bendita sea por siempre la revelación del amor expiatorio que no solo me hace saber que el perdón es posible, sino que garantiza ese perdón para todo el que descansa en Jesús. Yo he creído en la propiciación, he creído en Jesús crucificado y, por tanto, mis pecados están ahora y para siempre perdonados en virtud de sus dolores y de su muerte sufrida en mi lugar. ¡Cuánto gozo produce esto! ¡Qué felicidad supone estar perfectamente perdonado! Mi alma consagra todas sus virtudes a Jesús, quien, por su amor impagable, se convirtió en mi Fiador y efectuó mi redención por medio de su sangre. ¡Qué riquezas de gracia revela ese perdón gratuito que perdona total, plena, libre y eternamente! He aquí una constelación de portentos; y cuando pienso en lo horrendos que fueron mis pecados, lo preciosas que eran las gotas de sangre que me limpiaron de ellos y cuánta gracia caracterizó a la forma en que se me concedió el perdón, adoro a Dios con profundo agradecimiento. Me inclino delante del Trono que me absuelve, abrazo la cruz que me liberta y, de aquí en adelante, serviré todos los días a ese Dios humanado por quien esta noche soy un alma perdonada.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 342). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

1 Crónicas 23 | 1 Pedro 4 | Miqueas 2 | Lucas 11

27 NOVIEMBRE

1 Crónicas 23 | 1 Pedro 4 | Miqueas 2 | Lucas 11

En ciertos aspectos, la estructura de vida de los israelitas, incluyendo algunas facetas de su vida religiosa, cambiaron cuando el pueblo entró en tierra prometida y dejaron de ser nómadas. Los primeros cambios fueron obvios. El Señor ya no envió la porción diaria de maná: la gente tuvo que empezar a recolectar su comida y a sembrar. Comenzó la urbanización. Las leyes del sábado se fueron aplicando cada vez más al comercio y al mercado, al igual que a la vida agraria.

Ahora, con el establecimiento de la monarquía y la inminente construcción del templo, se produce mucha mayor organización y centralización. En particular, David se preocupa, no sólo por proveerle a Salomón los medios para construir el templo, sino además por sentar las bases de una nueva estructura organizativa que será necesaria para mantenerlo operante. Estos asuntos son de principal interés en 1 Crónicas 23–26.

Ya en 1 Crónicas 23, David mismo reflexiona sobre los cambios que están por venir. Uno de los deberes de los levitas en el pasado, desde los años del desierto, era recoger y transportar el tabernáculo de la manera ordenada, siempre que el Señor indicara que era hora de moverse. David reflexiona sobre el hecho de que el Señor ahora le ha dado “descanso” a su pueblo: están en la tierra prometida. Además, ha escogido “habitar en Jerusalén para siempre” (23:25), así que algunas de las tareas de los levitas deben cambiar: “los levitas ya no tienen que cargar el santuario ni los utensilios que se usan en el culto” (23:26). Mientras tanto, se introducen nuevas funciones: se piensa más sobre los coros del templo y, por ende, sobre escuelas de música y entrenamiento.

Así, se reorganizan los levitas. Se dividen en familias principales, clanes menores y demás cosas por el estilo. Además, el templo y sus necesidades ya no van a dominarlo todo. Es cierto que los siguientes capítulos se centran en el tipo de tareas que llevarán a cabo los que sirven en el templo; no sólo los deberes directamente sacerdotales y las tareas menores que conlleva el templo, sino las responsabilidades mayores de mantenimiento, finanzas y administración. No obstante, desde el principio los sacerdotes también tenían que enseñarle la ley al pueblo y servir de “gobernadores y jueces”. Para esto último, David nombró a seis mil levitas (23:4).

De todo ello, derivamos lecciones importantes. Primeramente, nos enseña a contextualizar dentro del canon; es decir, nos muestra cómo tomar los viejos supuestos de la revelación y adaptarlos a un nuevo contexto sin sacrificarlos. A medida que la iglesia se ha expandido hacia nuevos contextos culturales, debemos abordar este tipo de preguntas una y otra vez. Unos se aferrarán a lo que es mero tradicionalismo de otra cultura; otros comenzarán a abandonar lo que en efecto dice la Escritura. Lo que realmente necesitamos es fidelidad y flexibilidad.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 331). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo.

El día del Señor vendrá así como ladrón en la noche… Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón… Seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo. Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él.

1 Tesalonicenses 5:2-10

Esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo.

Filipenses 3:20

Como Salvador o como ladrón

El Señor Jesús volverá pronto. Su regreso, que tendrá lugar en dos etapas distintas, es presentado bajo dos caracteres diferentes: vendrá como el “Salvador” esperado o “como ladrón”.

La venida de un ladrón tiene tres caracteres: es indeseada, inesperada, y empobrece a quien recibe su visita. ¡Qué contraste con la manera en la que el Señor Jesús vendrá por los suyos!

Es deseado: el apóstol Pedro nos dice que, aunque no lo hayamos visto, lo amamos y nos alegramos “con gozo inefable y glorioso” (1 Pedro 1:8). Pablo habla de “los que aman su venida” (2 Timoteo 4:8) y de nuestra “esperanza bienaventurada” (Tito 2:13).

Es esperado: los que tienen fe en su promesa son llamados “los que le esperan” (Hebreos 9:28). A los burlones que les dicen: “¿Dónde está la promesa de su advenimiento?”, les responden con las Santas Escrituras: “El Señor no retarda su promesa” (2 Pedro 3:4, 9).

Enriquecerá a los suyos: Cristo los revestirá con un nuevo cuerpo, semejante al “cuerpo de la gloria suya” (Filipenses 3:21); los hará entrar en posesión de su herencia eterna (Filipenses 3:20-21; Hebreos 9:15).

Job 33 – Colosenses 1:1-14 – Salmo 134 – Proverbios 28:19-20

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Jesús ora por nosotros

NOVIEMBRE, 26

Jesús ora por nosotros

Devocional por John Piper

Por lo cual Él también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos. (Hebreos 7:25)

Cristo es poderoso para salvar completamente para siempre, ya que vive perpetuamente para interceder por nosotros. En otras palabras, no podría salvarnos para siempre si no continuara intercediendo por nosotros para siempre.

Esto significa que nuestra salvación es tan segura como el sacerdocio de Cristo es indestructible. Por eso es que necesitamos un sacerdote mucho más grande que cualquier humano. La deidad de Cristo es garantía de su indestructible sacerdocio por nosotros.

Por lo tanto, no deberíamos hablar de nuestra salvación en los términos estáticos en que solemos hacerlo, como si dependiera de una decisión que una vez tomé y una obra que Cristo una vez llevó a cabo al morir y resucitar, y eso fuese todo. La salvación no se trata únicamente de eso.

Hoy mismo estoy siendo salvo por la eterna intercesión de Jesús en el cielo. Jesús está orando por nosotros y en eso consiste nuestra salvación.

Somos salvos para siempre por las eternas intercesiones de Jesús (Romanos 8:34) y porque Cristo aboga en nuestra defensa (1 Juan 2:1) en el cielo como nuestro sumo sacerdote. Él ora por nosotros, y sus oraciones hallan respuesta porque son perfectas y están basadas en su perfecto sacrificio.


Devocional tomado del sermón “Jesús: de Melquizedec a Salvador Eterno”

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«Se alegrarán y verán la plomada en la mano de Zorobabel»

26 de noviembre

«Se alegrarán y verán la plomada en la mano de Zorobabel».

Zacarías 4:10

Las pequeñeces marcan el principio de la obra en la mano de Zorobabel, pero ninguna de ellas debe despreciarse, pues el Señor ha levantado a uno que perseverará hasta que saque la primera piedra con aclamaciones. La plomada estaba en buenas manos. Aquí reside el consuelo de todo creyente en el Señor Jesús: no importa que la obra de gracia sea siempre tan pequeña en sus comienzos. ¡La plomada está en buenas manos! Un maestro de obras mayor que Salomón ha emprendido la edificación del Templo celestial y él no dejará ni se desalentará hasta acabar el edificio. Si la plomada estuviera en la mano de un ser meramente humano, podríamos temer por la edificación, pero el deseo del Señor prosperará en las manos de Jesús. Las obras no prosiguieron irregularmente y sin cuidado, pues la mano del constructor tenía una buena herramienta. Si se hubieran edificado las murallas sin la debida dirección no habrían estado verticales, pero era el eximio oficial quien utilizaba la plomada. Jesús está siempre vigilando la construcción de su Templo espiritual para que este se edifique con seguridad y con arte. Nosotros optamos por la prisa, Jesús opta por la prudencia. Él utilizará la plomada, y lo que no esté alineado tendrá que derribarse. De ahí el fracaso de muchas obras halagüeñas, la ruina de muchas brillantes profesiones. No nos corresponde a nosotros juzgar a la Iglesia del Señor, pues Jesús tiene mano firme y buena vista, y puede emplear bien la plomada. ¿No nos regocijamos de ver que el juicio se le ha confiado a él?

La plomada estaba en uso, pues se hallaba en la mano del constructor: un indicio seguro de que él se proponía proseguir la obra hasta su culminación. ¡Oh Señor Jesús, cómo nos alegraríamos si, en realidad, pudiésemos verte en tu gran obra! ¡Oh Sion, la hermosa, tus muros están en ruinas aún! Levántate, glorioso Edificador, y haz que sus desolaciones se regocijen con tu venida.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 341). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

1 Crónicas 22 | 1 Pedro 3 | Miqueas 1 | Lucas 10

26 NOVIEMBRE

1 Crónicas 22 | 1 Pedro 3 | Miqueas 1 | Lucas 10

La transición entre el relato del censo que David hizo al pueblo (1 Crónicas 21) y el de las formidables preparaciones de David para la construcción del templo que su hijo Salomón habría de construir (1 Crónicas 22) es un versículo, el primero del capítulo 22, sin paralelo en 2 Samuel: “Entonces dijo David: ‘Aquí se levantará el templo de Dios el Señor, y también el altar donde Israel ofrecerá el holocausto’” (22:1).

De manera que el templo se construyó en el lugar donde David edificó un altar al Señor, clamando a él con ofrendas y sacrificio (21:25–27) y donde el ángel de la muerte envainó su espada.

Así que David consiguió una cantidad impresionante de materiales de construcción y preparó al pueblo para que ayudaran a su hijo Salomón a construir el templo prometido. “Ahora, pues, buscad al Señor vuestro Dios de todo corazón y con toda el alma. Comenzad la construcción del santuario de Dios el Señor, para que trasladéis el arca del pacto y los utensilios sagrados al templo que se construirá en su honor” (22:19).

Podemos aprender algunas lecciones sobre esta ubicación del templo:

(1) El lugar elegido para el templo es donde se ofreció un sacrificio y se aplacó la ira de Dios contra el pecado. Ciertamente, el diseño mismo del tabernáculo y del templo fue hecho para recordarle al pueblo que el pecado necesitaba expiación; que uno no podía sencillamente entrar tranquilamente a la presencia del Dios santo; que una vez al año, el sumo sacerdote designado debía ofrecer los sacrificios que Dios mismo había ordenado, primeramente por sus propios pecados y luego por los pecados del pueblo. Pero la ubicación del templo en este lugar refuerza esta idea. La adoración y la religión no se tratan principalmente de ofrecerle a Dios algo llamado alabanza porque él prefiere vivir con ella. La adoración y la religión suponen principalmente estar centrados en Dios y, puesto que somos rebeldes, esto significa que la adoración y la religión implican en primera instancia reconciliarnos con este Dios, nuestro Creador y Redentor, de quien nos hemos alejado voluntariamente. El corazón del templo no es el incienso, ni los coros ni las ceremonias. El corazón del templo consiste en apaciguar la ira de Dios por los medios que él mismo ha provisto.

(2) La ubicación del templo también combina dos linajes de autoridad: el sacerdotal y el monárquico. Originalmente, sólo los sacerdotes y levitas eran responsables del tabernáculo; la columna de nube determinaba cuándo moverse. Pero aquí, el rey establece el lugar, apuntando a la unión de los oficios de rey y de sacerdote en un hombre: Jesucristo.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 330). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Creer antes de que sea demasiado tarde

domingo 26 noviembre

Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.

Hebreos 9:27

He puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas.

Deuteronomio 30:19

Creer antes de que sea demasiado tarde

Hace algunos años, en una ciudad de Guinea Ecuatorial fue publicada una ley que ordenaba que todos los edificios ubicados a lo largo de las calles principales fuesen construidos en cemento y que tuviesen al menos dos pisos. Los propietarios de las casas que no cumplían la norma fueron advertidos y sus viviendas fueron marcadas con una gran X roja. Algunos arreglaron un poco su casa y plantaron flores al frente, otros no hicieron nada… Pensaban que la demolición nunca llegaría.

Pero un día, sin preaviso, bajo la orden del gobierno, una excavadora llegó para demoler las casas que estaban marcadas con la X, incluso aquellas que habían sido mejoradas o adornadas con flores.

Hagamos un paralelismo con lo que la Biblia dice de los hombres: “Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). La condenación está decretada sobre cada una de las personas que no están en regla con Dios. Muchos piensan que pueden mejorar su vida siendo amables, yendo a la iglesia, haciendo oraciones y buenas obras. Otros desatienden la advertencia, o no creen que la sentencia pueda ser ejecutada. Después de todo, ¿quién querría condenar a gente buena?

Sin embargo Dios tiene ciertas exigencias. Como todos pecamos, todos deberíamos estar lejos de él eternamente. Pero Dios envió a su Hijo Jesucristo para que llevase el castigo por nuestros pecados y diese una vida nueva a aquellos que creen en él. ¡Junto a él usted puede reconstruir su vida, aún hoy!

Job 32 – Hebreos 13 – Salmo 133 – Proverbios 28:17-18

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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DETENCIÓN DE LA CARNE

DETENCIÓN DE LA CARNE

11/26/2017

¿Con qué limpiará el joven su camino?  Con guardar tu palabra.

(Salmo 119:9) 

La conducta santa que produce estabilidad espiritual depende de la obediencia a la norma divina de la Palabra de Dios. La Palabra es la que cultiva las actitudes, los pensamientos y la conducta que evitará que usted sea aplastado por las pruebas y las tentaciones.

A fin de comprender la relación entre las actitudes, los pensamientos y la conducta, considere esta analogía. Si un policía ve a alguien que está a punto de violar la ley, lo detendrá. De igual manera, las actitudes y los pensamientos santos producidos por la Palabra actúan como policías para detener la carne antes que cometa un delito contra la norma de la Palabra de Dios. Pero si no están de guardia, no pueden detener la carne, y la carne está en libertad para violar la ley de Dios.

La analogía enseña que las actitudes y los pensamientos rectos deben preceder a los hábitos rectos. Pablo comprendía que solamente las armas espirituales ayudarán en nuestra lucha contra la carne (2 Co. 10:4). Al usar las armas apropiadas, usted puede llevar “cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (v. 5).

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Contentos y confiados

25 de noviembre

Contentos y confiados

Sustenta mis pasos en tus caminos, para que mis pies no resbalen.

Salmo 17:5

Los cristianos que son espiritualmente estables tienen un testimonio que honra a Cristo. Esa es la clase de testimonio que tenía el apóstol Pablo. Atado en cadenas como preso del Imperio Romano, seguía contento y confiado en el Señor (Fil. 4:11, 13). Pero muchos creyentes no están contentos hoy. En realidad, a los incrédulos les resulta difícil entender cómo un cristiano que cree en un Dios Todopoderoso puede vivir como si Dios fuera débil.

Tal vez haya ocasiones en las que usted se sienta aplastado, débil y sin poder mantenerse firme. Usted sabe lo que es perder su equilibrio espiritual. Nos enfrentamos a las tentaciones y las pruebas de esta vida. No obstante, es esencial que seamos espiritualmente estables no solo por nuestro propio bienestar, sino también por nuestro testimonio cristiano ante el mundo perdido. Así que cerciórese de que está dependiendo de Dios, no de usted mismo, para mantenerse firme.

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Dar gloria dando gracias

NOVIEMBRE, 25

Dar gloria dando gracias

Devocional por John Piper

Porque todo esto es por amor a vosotros, para que la gracia que se está extendiendo por medio de muchos, haga que las acciones de gracias abunden para la gloria de Dios. (2 Corintios 4:15)

La gratitud es el gozo en Dios por su gracia; pero por su misma naturaleza, la gratitud glorifica al dador. Reconoce la propia necesidad y la caridad del dador.

Del mismo modo en que me humillo a mí mismo y exalto a la mesera de un restaurante al decirle «gracias», me humillo a mí mismo y exalto a Dios cuando siento gratitud hacia él. La diferencia, por supuesto, está en que, en verdad, estoy infinitamente en deuda con Dios por su gracia, y todo lo que él hace por mí es gratuito e inmerecido.

Sin embargo, el punto es que la gratitud glorifica al dador. Glorifica a Dios. Esa es la meta de Pablo en todas sus labores: lo hace todo por el bien de la iglesia, claro está; pero, más allá de eso y por sobre todo, lo hace para la gloria de Dios.

Algo que es maravilloso en el evangelio es que la reacción que se requiere de nosotros para la gloria de Dios es la misma reacción que sentirnos más natural y gozosa, es decir, la gratitud por la gracia. La gloria de Dios y nuestro gozo no compiten entre sí.

Una vida que da gloria a Dios por su gracia y una vida profundamente llena de gozo son siempre la misma vida. Lo que las hace una es la gratitud.


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Devocional tomado del libro “Grace, Gratitude, and the Glory of God”